¡¡Oh!, San Raimundo de Peñafort, vos, sois el hijo
del Dios de la vida y su amado santo, que, de Él,
“la eficacia de la palabra” recibisteis, y, con
ella, a propios y extraños conquistasteis, con
ardor de corazón, cuando os oían hablar en favor
de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. Con
vuestra pluma, constancia dejasteis de cómo, los
antiguos respondían respecto de la fe, en vuestros
libros “Summa” y los “Decretales”, para saber qué
ordenaron y qué prohibieron los Santos Pontífices,
en los concilios del tiempo antiguo. Con San Pedro
Nolasco, la Orden de los “Mercedarios”, fundasteis,
dedicada al rescate de los secuestrados cristianos
en manos de los musulmanes. Y, además convertisteis
miles de aquellos a la doctrina de Vuestro Maestro.
Y, así, con la vida longeva que Dios os dio, marchó
vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona
de luz de luz eterna, padre santo del “Buen Consejo”.
¡oh!, San Raimundo de Peñafort, “vivo consejo de Dios”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón DelgadoOh!,
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7 de Enero San Raimundo de Peñafort
Raimundo significa “Buen consejo”. Nació en
Peñafort, cerca de Barcelona, España, en 1175. A los 20 años ya era profesor de
filosofía en un colegio de Barcelona, y a los 30 años era profesor en la famosa
Universidad de Bolonia (Italia), donde se había doctorado.
En 1222 entró en la Comunidad de Padres Dominicos
cuando apenas hacía ocho meses que había muerto San Domingo de Guzmán, el
fundador de esa Comunidad.
Pidió a sus superiores que le pusieran oficios
duros y humillantes para hacer penitencia de sus pecados, especialmente de su
orgullo. Pero los superiores le pusieron por oficio y tarea el dedicarse a
coleccionar las respuestas que los sabios antiguos de la Iglesia daban a
ciertas preguntas difíciles de los fieles, lo cual llamó “Casos de conciencia”
y compuso entonces su famoso libro llamado “Summa” o resumen de respuestas
difíciles en la confesión.
Raimundo obtuvo de Dios la “eficacia de la
palabra”, o sea que su predicación lograra conmover a los oyentes y
convertirlos. Y así recorrió ciudades y campos de Aragón, Castilla y Cataluña y
los que lo acompañaban decían que parecía casi imposible que un predicador
lograra tantas transformaciones con sus sermones.
Junto con San Pedro Nolasco, Raimundo fundó la
Comunidad de los Padres Mercedarios, dedicada a rescatar a los cristianos
secuestrados por los mahometanos o turcos.
En 1230 el Papa Gregorio IX llamó a Raimundo a
Roma y entre otros cargos que le dio, lo nombró su confesor. Una de las
penitencias que éste santo le puso al Sumo Pontífice fue que atendiera siempre
muy bien las peticiones que le hicieran los pobres.
El Papa le encomendó que recogiera y publicara
todos los decretos que habían dado los Pontífices y los Concilios. Después de
tres años de trabajo publicó su famosísimo libro titulado “Decretales”, el cual
han tenido que consultar después por varios siglos todos los que quieren saber
que ordenaron o qué prohibieron los Pontífices y Concilios de la antigüedad.
El Pontífice lo nombró obispo, pero poco después
el santo obtuvo que el Papa le aceptara la renuncia. Los religiosos de su
Comunidad lo eligieron Superior General, pero a los dos años renunció. Se
consideraba apto para predicar y escribir, pero no para mandar.
Los últimos 33 años de su vida los dedicó a
convertir cristianos pecadores y a obtener que muchos musulmanes se pasaran al
cristianismo. En una carta a su superior en 1256 le informa que ya ha logrado
que 10,000 mahometanos se vuelvan cristianos.
Este santo murió cuando estaba por cumplir los
100 años, en 1275. Dos reyes asistieron a su entierro y en su sepulcro se
obraron maravillosos milagros.