30 diciembre, 2025

Santa Anisia, Virgen y mártir

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30 de diciembre
Santa Anisia
Virgen y mártir 
 
Santa Anisia, virgen y mártir, fue una joven que vivió entre el siglo III e inicios del IV. Nació en Salónica, Tesalia (Grecia) en el año 284.
 
Comunión de bienes
 
Siendo todavía muy joven, quedó huérfana de padre y madre, razón por la que repentinamente heredó una gran fortuna. Anisia, quien había abrazado la fe cristiana, dispuso de sus bienes de acuerdo a la caridad, y se dedicó a ayudar a la gente necesitada.
 
En aquellos tiempos, los cristianos compartían habitualmente sus posesiones con otros miembros de la Iglesia, o simplemente renunciaban a estas entregándoselas al obispo o diácono local.
 
Víctima de la persecución
 
En los días del gobernador Ducisio se desató una cruel persecución en Tesalónica. El objetivo una vez más era impedir que los cristianos se reúnan y celebren la sagrada eucaristía; o que se administren los sacramentos en general, particularmente el bautismo.
 
Los romanos -de acuerdo a su estructura de poder- veían con extrañeza y repugnancia que alguien se hiciera cristiano, adorador de un Dios muerto en cruz como un criminal.
 
Una respuesta sin titubeos
 
Para edificación de los cristianos de hoy, la tradición conserva el relato del martirio de Anisia. Corría un día cualquiera del año 304, tras cumplir con sus deberes en el hogar, la joven se dirigió al lugar donde se reunía la comunidad cristiana para celebrar la Eucaristía. De pronto fue interceptada por uno de los guardias del emperador, quien le cerró el paso y le preguntó a dónde se dirigía.
 
La santa confesó valientemente que era cristiana y que estaba camino a reunirse con sus ‘hermanos’ para participar del sacrificio eucarístico. La firmeza con la que había respondido Anisia provocó la ira del guardia, quien decidió arrastrarla al templo pagano más cercano y forzarla a que adore a los dioses.
Como Anisia se negó, el soldado la golpeó y le arrancó el velo -signo de sus votos de castidad y pobreza). La muchacha respondió a la afrenta escupiendo la armadura del soldado, quien con frialdad desenvainó su espada y le asestó un corte mortal. Anisia tenía 19 años.
 
Epílogo
 
Muchos años después del sacrificio de Anisia, vuelta la paz a Tesalónica tras el Edicto de Milán (313), los cristianos de aquella región construyeron un oratorio en el lugar donde la joven virgen había sido asesinada.(ACI Prensa)

29 diciembre, 2025

Santo Tomás Becket, Arzobispo y Mártir

 

¡Oh!, Santo Tomás Becket, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo. Aquél mismo que, su vida
entregara por
la defensa de la Doctrina Católica.
Dijisteis a vuestro rey premonitoriamente así: “Si
acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que
hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi
gran enemigo”. “Ya verá que los envidiosos tratarán
de poner enemistades entre nosotros dos. Además el
poder civil tratará de imponer leyes que vayan contra
la Iglesia Católica y no podré aceptar eso. Y hasta
el mismo rey me pedirá que yo le apruebe ciertos
comportamientos suyos, y me será imposible hacerlo”.
¡Y, sucedió tal cual lo habíais anunciado! Vos,
a menudo decíais a vuestros sacerdotes: “Muchos ojos
ven mejor que dos. Si ven en mi comportamiento algo
que no está de acuerdo con mi dignidad de arzobispo,
les agradeceré de todo corazón si me lo advierten”.
Vuestra rutina diaria: orar, teología estudiar, repartir
limosnas a los pobres, compartir vuestra mesa y durante
ellas escuchar la lectura de algún libro religioso
y visitar enfermos. Además, os dabais tiempo para con
vuestros sacerdotes, examinándolos rigurosamente en su
conducta y su preparación. Os opusisteis de radical
manera, a los cuantiosos impuestos a los bienes de
la Iglesia Católica. En uno de sus terribles estallidos
de cólera, Enrique II exclamó: «No podrá haber más
paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no
hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo
que me quiere hacer la vida imposible?». Y, así, lleno
de rabia y de sed de venganza el impío reyezueo
ordenó que os atacaran mientras orabais, cortándoos
la cabeza y con ella vuestra vida, no sin antes decir:
“Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de
la Iglesia Católica”, siendo coronado con corona de luz
como justo premio a vuestra entrega de amor y lealtad;
¡oh!, Santo Tomás Becket, “vivo defensor del Dios Vivo».

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado


29 de Diciembre  

Santo Tomás Becket
Arzobispo y Mártir
Año 1170

Quiera Dios que también los jefes actuales de la Santa Iglesia Católica en todos los sitios del mundo, prefieran perder bienes, dignidades y hasta la propia vida, con tal de permanecer fieles a nuestra santísima religión hasta la muerte.

Este mártir que entregó su vida por defender los derechos de la religión católica, nació en Londres en 1118. Era hijo de un empleado oficial, y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. Después tuvo que trabajar como empleado de un comerciante, al cual acompañaba los días de descanso a hacer largas correrías dedicados a la cacería. Desde entonces adquirió su gran afición por los viajes aunque fueran por caminos muy difíciles.

Un día persiguiendo una presa de cacería, corrió con tan gran imprudencia que cayó a un canal que llevaba el agua para mover un molino. La corriente lo arrastró y ya iba a morir triturado por las ruedas, cuando, sin saber cómo ni por qué, el molino se detuvo instantáneamente. El joven consideró aquello como un aviso para tomar la vida más en serio.

A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del Arzobispo de Inglaterra (el de Canterbury) el cual se dio cuenta de que este joven tenía cualidades excepcionales para el trabajo, y le fue confiando poco a poco oficios más difíciles e importantes. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia, y así Tomás llegó a ser el personaje más importante, después del arzobispo, en aquella iglesia de Londres. Monseñor afirmaba que no se arrepentía de haber depositado en él toda su confianza, porque en todas las responsabilidades que se le encomendaban se esmeraba por desempeñarlas lo mejor posible.

Dicen los que lo conocieron que Santo Tomás Becket era delgado de cuerpo, semblante pálido, cabello oscuro, nariz larga y facciones muy varoniles. Su carácter alegre lo hacía atractivo y agradable en su conversación. Sumamente franco, trataba de decir siempre la verdad y de no andar fingiendo lo que no sentía, pero siempre con el mayor respeto. Sabía expresar sus ideas de manera tan clara, que a la gente le gustaba oírle explicar los asuntos de religión porque se le entendía todo fácilmente y bien.

Tomás como buen diplomático había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y este en acción de gracias por tan gran favor, nombró a nuestro santo (cuando sólo tenía 36 años) como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. Tomás puso todas sus cualidades al servicio de tan alto cargo, y llegó a ser el hombre de confianza del rey. Este no hacía nada importante sin consultarle. Su presencia en el gobierno contribuyó a que dictaran leyes muy favorables para el pueblo. Acompañaba a Enrique II en todas sus correrías por el país y por el exterior (pues Inglaterra tenía amplias posesiones en Francia) y procuraba que en todas partes quedara muy en alto el nombre de su gobierno. Y no tenía miedo en corregir también al monarca cuando veía que se estaba extralimitando en sus funciones. Pero siempre de la manera más amigable posible.

En el 1161 murió el Arzobispo Teobaldo, y entonces al rey le pareció que el mejor candidato para ser arzobispo de Inglaterra era Tomás Becket. Este le advirtió que no era digno de tan sublime cargo. Que su genio era violento y fuerte, y que tomaba demasiado en serio sus responsabilidades y que por eso podía tener muchos problemas con el gobierno civil si lo nombraban jefe del gobierno eclesiástico. Pero su confesor decía: “En su vida privada es intachable, y sabe mantener una gran dignidad aún en ocasiones peligrosas y en tentaciones de toda especie”. Y un Cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice lo convenció de que debía aceptar, y al fin aceptó.

Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de Arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo así: “Si acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo”. Enrique no creyó que fuera a suceder así, pero sí sucedió.

Ordenado de sacerdote y luego consagrado como Arzobispo, pidió a sus ayudantes que en adelante le corrigieran con toda valentía cualquier falta que notaran en él. Les decía: “Muchos ojos ven mejor que dos. Si ven en mi comportamiento algo que no está de acuerdo con mi dignidad de arzobispo, les agradeceré de todo corazón si me lo advierten”.

Desde que fue nombrado arzobispo (por el Papa Alejandro III) la vida de Tomás cambió por completo. Se levantaba muy al amanecer. Luego dedicaba una hora a la oración y a la lectura de la S. Biblia. Después del desayuno estudiaba otra hora con un doctor en teología, para estar al día en conocimientos religiosos. Cada día repartía el personalmente las limosnas a muchísimos pobres que llegaban al Palacio Arzobispal. Muy pronto ya los pobres que allí recibían ayuda, eran el doble de los que antes iban a pedir limosna.

Cada día tenía algunos invitados a su mesa, pero durante las comidas, en vez de música escuchaba la lectura de algún libro religioso. Casi todos los días visitaba algunos enfermos del hospital. Examinaba rigurosamente la conducta y la preparación de los que deseaban ser sacerdotes, y a los que no estaban bien preparados o no habían hecho los estudios correspondientes no los dejaba ordenarse de sacerdotes, aunque llegaran con recomendaciones del mismo rey.

Tomás había dicho al rey cuando este le propuso el arzobispado: “Ya verá que los envidiosos tratarán de poner enemistades entre nosotros dos. Además el poder civil tratará de imponer leyes que vayan contra la Iglesia Católica y no podré aceptar eso. Y hasta el mismo rey me pedirá que yo le apruebe ciertos comportamientos suyos, y me será imposible hacerlo”. Esto se fue cumpliendo todo exactamente.

El rey se propuso ponerles enormes impuestos a los bienes de la Iglesia Católica. El arzobispo se opuso totalmente a ello, y desde entonces el cariño de Enrique hacía su antiguo canciller Tomás, se apagó casi por completo. Luego pretendió el rey imponer un fuerte castigo a un sacerdote. El arzobispo se opuso, diciendo que al sacerdote lo juzga su superior eclesiástico y no el poder civil. La rabia del mandatario se encendió furiosamente. Enrique redactó una ley en la cual la Iglesia quedaba casi totalmente sujeta al gobierno civil. El arzobispo exclamó: “No permita Dios que yo vaya jamás a aprobar o a firmar semejante ley”. Y no la aceptó. ¡Nueva rabia del rey! Enseguida este se propuso que en adelante sería el gobierno civil quien nombrara para ciertos cargos eclesiásticos. Tomás se le opuso terminantemente. Resultado: tuvo que salir del país.

Tomás se fue a Francia a entrevistarse con el Papa Alejandro III y pedirle que lo reemplazara por otro en este cargo tan difícil. “Santo Padre le digo yo soy un pobre hombre orgulloso. Yo no fui nunca digno de este oficio. Por favor: nombre a otro, y yo terminaré mis días dedicado a la oración en un convento”. Y se fue a estarse 40 días rezando y meditando en una casa de religiosos.

Pero el Pontífice intervino y obtuvo que entre Enrique y Tomás hicieran las paces. Y así volvió a Inglaterra. Sin embargo, el problema peor estaba por llegar.

Después de seis años de destierro y cuando ya le habían sido confiscados por el rey todos sus bienes y los de sus familiares, el arzobispo Tomás regresó a Inglaterra el 1º de diciembre con el título de “Delegado del Sumo Pontífice”. El trayecto desde que desembarcó hasta que llegó a su catedral de Canterbury fue una marcha triunfal. Las gentes aglomeradas a lo lago de la vía lo aclamaban. Las campanas de todas las iglesias repicaban alegremente y parecía que la hora de su triunfo ya había llegado. Pero era otra clase de triunfo distinta la que le esperaba en ese mes de diciembre. La del martirio.

Como él mismo lo había anunciado, los envidiosos empezaron a llevar cuentos y cuentos al rey contra el arzobispo. Y dicen que un día en uno de sus terribles estallidos de cólera, Enrique II exclamó: “No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?”.

Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. Lo atacaron a cuchilladas. No opuso resistencia. Murió diciendo: “Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica”. Tenía apenas 52 años.

Se llama apoteosis la glorificación y gran cantidad de honores que se rinden a una persona. La noticia del asesinato de un arzobispo recorrió velozmente Europa causando horror y espanto en todas partes. El Papa Alejandro III lanzó excomunión contar el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido duró dos años haciendo penitencia y en el año 1172 fue reconciliado otra vez con su religión y desde entonces se entendió muy bien con las autoridades eclesiásticas. El mártir Tomás consiguió después de su muerte, esto que no había logrado obtener durante su vida.

Tres años después el Sumo Pontífice lo declaró santo, a causa de su martirio y por los muchos milagros que se obraban en su sepulcro.

Dos personajes con nombres de Tomás, ocuparon el cargo de Canciller en Inglaterra, junto con dos reyes de nombre Enrique. Y ambos fueron martirizados por defender a la santa Iglesia Católica. Santo Tomás Becket, martirizado por deseos de Enrique II y Santo Tomás Moro, martirizado por orden del impío rey Enrique VIII.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Tomas_Becket.htm)

28 diciembre, 2025

La Sagrada Familia (A)

 

Domingo 28 de diciembre   

La Sagrada Familia (A)
 
Texto del Evangelio (Mt 2,13-15.19-23): Después que se fueron los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».
 
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«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel»

Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (Tremp, Lleida, España)

Hoy contemplamos el misterio de la Sagrada Familia. El Hijo de Dios inicia su andadura entre los hombres en el seno de una familia. Es el designio del Padre. La familia será siempre el hábitat humano insustituible. Jesús tiene un padre legal que le “lleva” y una Madre que no se separa de Él. Dios se sirvió en todo momento de san José, hombre justo, esposo fiel y padre responsable para defender a la Familia de Nazaret: «El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto’» (Mt 2,13).

Hoy, más que nunca, la Iglesia está llamada a proclamar la buena noticia del Evangelio de la Familia y la vida. Hoy más que nunca, una cultura profundamente inhumana intenta imponer un anti-evangelio de confusión y de muerte. San Juan Pablo II nos lo recordaba en su exhortación Ecclesia in Europa: «La Iglesia ha de proponer con fidelidad la verdad sobre el matrimonio y la familia. Es una necesidad que siente de manera apremiante, porque sabe que dicha tarea le compete por la misión evangelizadora que su Esposo y Señor le ha confiado y que hoy se plantea con especial urgencia. El valor de la indisolubilidad matrimonial se tergiversa cada vez más; se reclaman formas de reconocimiento legal de las convivencias de hecho, equiparándolas al matrimonio legítimo...».

«Herodes va a buscar al niño para matarle» (Mt 2,13). Herodes ataca de nuevo, pero no temamos, porque la ayuda de Dios no nos faltará. ¡Vayamos a Nazaret! Redescubramos la verdad de la familia y de la vida. Vivámosla gozosamente y anunciémosla a nuestros hermanos sedientos de luz y esperanza. El Papa nos convoca a ello: «Es preciso reafirmar dichas instituciones [el matrimonio y la familia] como provenientes de la voluntad de Dios. Además es necesario servir al Evangelio de la vida».

De nuevo, «el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel’» (Mt 2,19-20). ¡El retorno de Egipto es inminente!

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Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «Cuando los magos anuncian a Herodes que ha nacido un Rey, él se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar. Si hubiera creído en Él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida» (San Quodvultdeus)

  • «¡Cuán importante es que cada niño, al venir al mundo, sea acogido por el calor de una familia! No importan las comodidades exteriores: Jesús nació en un establo y como primera cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amados» (Benedicto XVI)

  • «La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes manifiestan la oposición de las tinieblas a la luz: ‘Vino a su Casa, y los suyos no lo recibieron’ (Jn 1,11)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 530) (evangeli.net).


26 diciembre, 2025

San Esteban, Protomártir

¡Oh!, San Esteban, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su protomártir y amado santo. En
aquél tiempo, tembló el Sanedrín, al oíros
hablar del Dios de la vida, Cristo Jesús,
Señor y Dios Nuestro, con ardor de corazón.
Y, ellos, entre cólera y rabia, vuestra muerte
decidieron. Y, en pleno martirio, visteis
la gloria de Dios y, a Jesús, estar de pie,
a la derecha de Él. Y, exclamasteis a viva
voz: “Estoy viendo los cielos abiertos y al
Hijo del hombre en pie, a la derecha de Dios”.
Y, ellos, para callaros, llenos de más ira
os lapidaron sin misericordia alguna. Y,
mientras eso sucedía, vuestro cuerpo todo,
vieron que, como el oro brillaba. Y, en ese
instante mismo se oyó, a vos decir: “¡Señor
Jesús! Mi espíritu recibid y no les tengáis
en cuenta el crimen contra mi”. Y, habiendo
dicho ésto, voló vuestra alma al cielo, y
el Dios de la Vida todo conmovido, os extendió
sus amorosos brazos para recibiros y coronaros
con corona de luz y eternidad, como justo
premio a vuestra entrega grande de amor y fe;
¡oh! San Esteban, “vivo mártir del Dios Vivo”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Diciembre
San Esteban
Protomártir
Siglo I

Se le llama “protomartir” porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.

Después de Pentecostés, los apóstoles dirigieron el anuncio del mensaje cristiano a los más cercanos, a los hebreos, despertando el conflicto por parte de las autoridades religiosas del judaísmo. Como Cristo, los apóstoles fueron inmediatamente víctimas de la humillación, los azotes y la cárcel, pero tan pronto quedaban libres, continuaban la predicación del Evangelio. La primera comunidad cristiana, para vivir integralmente el precepto de la caridad fraterna, puso todo en común, repartían todos los días cuanto bastaba para el sustento. 

Cuando la comunidad creció, los apóstoles confiaron el servicio de la asistencia diaria a siete ministros de la caridad, llamados diáconos. Entre éstos sobresalía el joven Esteban, quien, a más de desempeñar las funciones de administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia, y lo hizo con tanto celo y con tanto éxito que los judíos “se echaron sobre él, lo prendieron y lo llevaron al Sanedrín. Después presentaron testigos falsos, que dijeron: Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley; pues lo hemos oído decir que este Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés”.

Esteban, como se lee en el capítulo 7 de Los Hechos de los apóstoles, “lleno de gracia y de fortaleza”, se sirvió de su autodefensa para iluminar las mentes de sus adversarios. Primero resumió la historia hebrea desde Abrahán haste Salomón, luego afirmó que no había blasfemado contra Dios ni contra Moisés, ni contra la Ley o el templo. Demostró, efectivamente, que Dios se revela aun fuera del templo, e iba a exponer la doctrina universal de Jesús como última manifestación de Dios, pero sus adversarios no lo dejaron continuar el discurso, porque “lanzando grandes gritos se taparon los oídos…y echándolo fuera de la ciudad, se pusieron a apedrearlo”.

Doblando las rodillas bajo la lluvia de piedras, el primer mártir cristiano repitió las mismas palabras de perdón que Cristo pronunció en la cruz: “Señor, no les imputes este pecado”. En el año 415 el descubrimiento de sus reliquias suscitó gran conmación en el mundo cristiano.

Cuando parte de estas reliquias fueron llevadas más tarde por Pablo Orosio a la isla de Menorca, fue tal el entusiasmo de los isleños que, ignorando la lección de caridad del primer mártir, pasaron a espada a los hebreos que se encontraban allí. La fiesta del primer mártir siempre fue celebrada inmediatamente después de la festividad navideña, es decir, entre los “comites Christi”, los más cercanos a la manifestación del Hijo de Dios, porque fueron los primeros en dar testimonio de él.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

20 diciembre, 2025

Santo Domingo de Silos, Patrono de las mujeres gestantes, cautivos y prisioneros

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20 de diciembre
Santo Domingo de Silos
Patrono de las mujeres gestantes, cautivos y prisioneros 
 
Cada 20 de diciembre se celebra a Santo Domingo de Silos, abad de origen español, perteneciente a la Orden de San Benito.
 
Domingo nació en Cañas, La Rioja (España), alrededor del año 1000. Ingresó como monje al famoso monasterio benedictino de San Millán de la Cogolla, donde hizo grandes progresos en la vida espiritual.
A San Domingo se le reconoce por el don de la sabiduría, del que echó mano para estudiar con lucidez la Sagrada Escritura. Sin duda, algo que solo es posible si se acepta la guía del Espíritu Santo.
 
En San Millán llegó a ser prior. Para nadie que lo conociera era un secreto el amor que profesaba por su monasterio. Por eso, una de las primeras cosas que dispuso como autoridad fue la restauración del edificio que albergaba a los monjes, algo que logró en solo dos años, siendo que los problemas de la construcción habían subsistido por larguísimo tiempo.
 
“Sobre el alma no tienes ningún poder”
 
Cuenta la historia que el prior se enfrentó al mismísimo rey de Navarra, quien se apareció alguna vez a las puertas del monasterio para exigir la entrega de los ornamentos litúrgicos -cálices y copones- y cuanta cosa valiosa hubiera, con la intención de financiar los gastos de su próxima campaña militar.
Santo Domingo de Silos no dudó en salir al frente para negarle al rey aquello que pedía: "Puedes matar el cuerpo y la carne, puedes hacer sufrir, pero sobre el alma no tienes ningún poder. El evangelio me lo ha dicho, y a él debo creer que sólo al que al infierno puede echar el alma debo temer".
 
El rey de Navarra, lleno de indignación, desterró al abad Domingo. Al enterarse de lo ocurrido, el rey Fernando I de Castilla, lo mandó llamar para confiarle el monasterio de Silos, ubicado en un lugar apartado, casi en ruinas y considerado “estéril” por la ausencia de vocaciones.
 
Domingo se encargó de devolverle a aquel monasterio la prestancia espiritual que había perdido y a los monjes la alegría de vivir para Dios. El santo demostró ser un magnífico administrador y restaurador.
Silos se convirtió en un monasterio ejemplar, en el que se cultivaron las artes y el saber; un centro espiritual que renovó y fortaleció la vida de los benedictinos y de la Iglesia. Allí se formó una gran biblioteca, que contribuyó al enriquecimiento del monacato y la cultura española.
 
Dios es quien libera
 
Santo Domingo de Silos también participó en la liberación de numerosos cristianos prisioneros de los moros. Logró que más de 300 de ellos fuesen soltados. En esos días, aquellos que eran tomados prisioneros por los musulmanes solían ser tratados como esclavos. Por esta razón, en el arte, a Domingo se le suele representar acompañado de hombres encadenados.
 
Santo Domingo de Silos murió el 20 de diciembre de 1073 y sus restos se conservan en el famoso monasterio que lleva su nombre.
 
¡Rézale a Santo Domingo!
 
De acuerdo a una vieja tradición, noventa y seis años después de la muerte de Santo Domingo de Silos, este se apareció en sueños a la madre del futuro fundador de la Orden de Predicadores: Santo Domingo de Guzmán. El monje benedictino le anunció a la mujer que tendría un hijo que llegaría a ser un gran apóstol.
 
Por eso, aquel niño recibió el nombre de “Domingo”, en honor al Santo de Silos. Por ello también, muchas madres españolas se encomiendan hasta hoy al santo, para pedir que sus hijos nazcan sanos y lleven una vida santa al crecer.(ACI Prensa).

19 diciembre, 2025

Beato Urbano V

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19 de diciembre
Beato Urbano V
 
Hoy, como cada 19 de diciembre, la Iglesia recuerda al Beato Urbano V, pontífice número 200 de la Iglesia Católica. Gobernó entre los años 1362 y 1370, durante una de las épocas más difíciles de la historia de la Iglesia, conocida como "el destierro de Avignon”.
 
Avignon
 
Durante este período, los Papas tuvieron que dejar la ciudad de Roma, sede del papado desde el siglo I, a causa de las continuas revueltas y conflictos entre las coronas o casas italianas. Los pontífices, en consecuencia, se establecieron en Avignon, Francia, poco después del año 1300. Urbano V fue el sexto Papa en el destierro.
 
Tras la muerte del Papa Inocencio VI, en diciembre de 1361, Urbano V fue elegido como su sucesor. Como en ese momento era un monje ordenado sacerdote que se encontraba en misión diplomática, fue llamado a Roma y en un solo día tuvo que ser consagrado obispo y elevado a pontífice. Poco después de haber asumido el papado, se trasladó a Aviñón.
 
Urbano V nació en Languedoc, Francia, en 1310. Hizo sus estudios universitarios en la Universidad de París y luego se hizo monje benedictino. Durante el curso de su vida monástica destacó por sus cualidades espirituales y capacidad organizativa, llegando a ser superior de varios monasterios.
 
El papel de liderazgo dentro de su Orden le ganó el aprecio de varios pontífices, quienes valoraron su dotes diplomáticos y lo convocaron al servicio de la Santa Sede como representante papal (nuncio).
 
Reforma de la Curia
 
Como Papa se propuso acabar con los abusos de algunas familias italianas que intentaban copar el poder eclesial para ponerlo al servicio de sus coronas o naciones. Además, promovió una política de austeridad, cortando con el exceso de lujos de sus colaboradores y limitando la ostentación de los bienes del palacio pontificio. Urbano V se preocupó realmente por que los miembros de la curia fueran modelos de vida cristiana.
 
Ubicó a personas de reconocida virtud en los cargos eclesiásticos más importantes y luchó por acabar con las malas costumbres instauradas en el clero. Al mismo tiempo, trabajó para fortalecer el papel educativo de la Iglesia, convirtiéndola en protagonista del enriquecimiento cultural de los pueblos. Entre sus obras educativas se cuenta la fundación de la primera academia pontificia de medicina.
 
Urbano V contó con el apoyo de las órdenes mendicantes -franciscanos y dominicos- en la organización de viajes de evangelización a Bulgaria, Ucrania, Bosnia, Albania y Lituania, convirtiéndose en un precursor del moderno espíritu misionero de la Iglesia, consolidado siglos más tarde.
 
Vuelta a la Sede de Pedro
 
Este Pontífice fue el primero en romper el periodo de Avignon, cuando decidió retornar a Roma y devolverle a la Ciudad la condición de Sede Pontificia, algo a lo que no se había atrevido ninguno de sus predecesores. Habían sido más de 50 años los que la Iglesia fue gobernada desde fuera de Roma. Cuando Urbano V estableció su residencia en la Ciudad Eterna, ésta se encontraba en estado de abandono espiritual y deterioro moral.
 
Francia
 
En ese momento, Urbano V mandó reconstruir los monumentos principales y recuperar los edificios y bienes eclesiales. Lamentablemente, el advenimiento de una nueva guerra entre Francia e Inglaterra, y un severo deterioro en su salud, hizo que Urbano dispusiera retornar a Francia en 1370.
 
Un nuevo descontento surgió entre los romanos, en cuyas mentes resonaba la profecía de Santa Brígida. La santa había anunciado que el Papa moriría si abandonaba Roma nuevamente. El 5 de diciembre de 1370 Urbano salió de Roma y solo unos días después, el día 19, falleció. Fue sucedido por el Papa Gregorio XI. Urbano V fue beatificado en 1870 por el Papa Pio IX. (ACI Prensa).

18 diciembre, 2025

Nuestra Señora de la Esperanza

 

18 de diciembre
Nuestra Señora de la Esperanza 
 
Cada 18 de diciembre la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de la “Virgen de la Esperanza”, conocida popularmente como la “Virgen de la O”. Bien podemos llamar a la Virgen de la O: “Madre del Adviento”, porque Ella nos enseña a esperar con paciencia en Dios. Imitemos a María, y aprendamos a esperar en las promesas de Dios. Ella, que vivió “la dulce espera”, sin miedo, sin angustia o ansiedad, nos da ejemplo de confianza en el Altísimo.
 
La maternidad ejercida en el seno del Amor verdadero
  
En ciertos lugares esta hermosa advocación mariana recibe otros nombres: “Virgen de la Dulce Espera” o “La Virgen Encinta”. Cualquiera sea el caso, los fieles devotos miran a María en esa dimensión esencial de su vida: la de la maternidad ejercida, con los cuidados propios de la gestación, y todo aquello que implica eso que llamamos el “estado de buena esperanza” o el periodo de “la dulce espera”.
 
Por eso, así como cada mujer con un hijo en el vientre puede encontrar en la la Madre de Dios una compañía cercana, alivio, fortaleza y esperanza, la celebración de la Virgen de la O resulta también propicia para enriquecer y profundizar en aquello que la Iglesia vive durante los días del Adviento.
 
Origen de la devoción
 
La advocación de la “Virgen de la O” tiene su origen en una antigua tradición inspirada en la Liturgia de las Horas.
 
Entre el 17 y el 23 de diciembre, las antífonas para el cántico evangélico de Vísperas, el Magnificat, empiezan siempre con la exclamación admirativa “oh”. En otras palabras, a María se le invoca durante esos días con exclamaciones como: “Oh, Sabiduría…; “Oh, Adonai…”; “Oh, renuevo del tronco de Jesé…”; “Oh, llave de David...”. A estas se les llama “antífonas mayores” o “antífonas de Adviento”.
 
La repetición constante e insistente del “oh” para introducir las menciones en honor a la Virgen dió origen al título “Virgen de la Oh”. Luego, muy probablemente, dejó de escribirse la letra “h”, siendo esta un grafema sin valor fonético. De esta forma, la advocación pasó a llamarse simplemente “Virgen de la O”.
 
Por otro lado, ya que desde los primeros siglos del cristianismo los fieles querían recordar y celebrar la dulce espera de María, en el año 656, durante el décimo concilio de Toledo (España), se instituyó la fiesta mariana de la “expectación del parto” o “de la espera”. Esta fue fijada para el 18 de diciembre, una semana antes de la Navidad. Así, la fiesta de la Virgen de la O terminó asociada para siempre con el tiempo litúrgico “de la espera”, el Adviento.
 
La espera más dulce
 
La experiencia radicalmente humana -y divina- de engendrar una nueva vida suele transformarlo todo. El anuncio de que un nuevo ser está por venir es siempre motivo de esperanza, o, al menos, debería serlo. Es verdad que en una “cultura” como la nuestra, con visos contrarios a la vida, la llegada al mundo de muchos seres humanos se percibe como un “problema”, que compromete libertades y sueños, cuando debería ser todo lo contrario.
 
¿Qué “sueño” puede ser más grande que ver a un ser humano realizar todo lo que puede ser en la vida? ¿Qué libertad puede ser mayor a la que es posible apreciar en la vida humana que empieza y que, por lo tanto, tiene todo por delante para construir su bien y el de los demás? ¿Qué derecho puede ser más significativo que aquel que se respeta de manera incondicional?
 
La Virgen, como madre que es, alecciona, da ejemplo y acompaña a padres y madres en el sendero que se dirige a recibir una nueva vida. La Virgen de la O, así, se constituye para los progenitores en símbolo de esperanza. Contemplando a la Madre de Dios en los días previos al alumbramiento de Jesús, con muy poco, con casi todo en contra, experimentando soledad y pobreza, vemos a una mujer dispuesta a todo por su hijo. Ella acoge la vida divina con amor y la potencia con su sacrificio en el día a día. Por eso, cualquier madre que se pone en manos de Dios, nunca será defraudada.
 
¡Qué gran bendición es María para las mujeres que llevan a un hijo o hija en sus vientres! Cuánta esperanza, aún con dolor, puede extraerse de su dulce espera. ¡Qué bello el privilegio de gestar o de acoger a alguien que también es hijo de Dios! ¡Cuánta alegría puede haber en ello si se sobrepone el amor a la dificultad! ¡Qué dulzura estar encinta! ¡Qué consuelo en los momentos difíciles!
¡Virgen de la O, ruega por todas las madres del mundo! ¡Intercede por nosotros en este Adviento!
 
Oración
 
Ruega por nosotros, Madre de la Iglesia.
Virgen del Adviento,
esperanza nuestra, de Jesús la aurora,
del cielo la puerta.
Madre de los hombres, de la mar estrella,
llévanos a Cristo, danos sus promesas.
Eres, Virgen Madre, la de gracia llena,
del Señor la esclava, del mundo la Reina.
Alza nuestros ojos, hacia tu belleza. ¡Amén!(ACI Prensa).

17 diciembre, 2025

San Lázaro Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados

 

¡Oh! San Lázaro, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo y el amigo fiel de Jesús, hermano de Marta 
y María, a quien resucitó de entre los muertos. “Lázaro” 
quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio, muestras da 
evidentes de cómo Jesús planificó el de vuestro nombre. 
Vos, fuisteis amigo de Jesús, y el de ser, vivo actor de 
uno de sus  milagros increíbles: volver a la vida de uno 
que se contaba entre los muertos. «Señor, si hubieras 
estado aquí, no habría muerto mi hermano», dijo una de 
vuestras hermanas a Jesús. Al enfermar vos, Lázaro, y al 
ver que vuestra vida corría peligro, vuestras hermanas
enviaron a alguien a buscar a Jesús, con un mensaje de 
amor y a la vez de tristeza lleno: «Señor, el que tú amas, 
está enfermo», y entonces Jesús, de un momento a otro
regresa a Judea, y les dice a sus discípulos: “Lázaro, 
nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo». 
Luego de cuatro días llegó a Betania, y viendo el dolor 
por la muerte de su amigo, se compadeció y lloró, tanto 
que los judíos que lo vieron dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. 
¡Cuán grande era el amor de Jesús por vos! ¡Cuán dolorosa 
es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Pero, 
al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios! Jesús, 
llegando al lugar del sepulcro, os gritó: «“¡Lázaro, ven
afuera! Y vos, salisteis, ligados vuestros brazos y 
vuestras piernas con vendas, y vuestro rostro envuelto 
en un sudario. Jesús les dijo a las gentes: «Desatadlo, 
y dejadlo ir». Y así, vos, recibisteis de Dios una “nueva 
vida” y vuestra amistad con Jesús “transformaron” vuestra
existencia. Fuisteis alzado sobre la muerte, para que 
creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que 
la muerte no tiene última palabra y para que, nuestra 
esperanza sea inextinguible. Vuestra resurrección, 
antecede a la resurrección de vuestro amigo y, también 
a la nuestra. Recordad hermanos, Jesús ha dicho: «Yo soy 
la resurrección y la vida, El que cree en mí, aunque 
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá 
jamás”. Y, vos, Lázaro habéis sido uno en aquél tiempo;
¡Oh! San Lázaro, «testigo vivo del poder del Dios Vivo».


© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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17 de diciembre
San Lázaro
Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados 
 
Cada 17 de diciembre es la fiesta de San Lázaro de Betania, amigo cercano de Jesús, hermano de Marta y María, a quien el Señor resucitó de entre los muertos. “Lázaro” quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio da muestras evidentes de cómo Jesús llenó de sentido aquel nombre. Lázaro de Betania recibió la gracia de ser el protagonista de uno de los milagros más impresionantes realizados por Jesucristo: que uno que se contaba entre los muertos vuelva a la vida. Por ese milagro, el que era amigo cercano de Jesús se convirtió en primicia de la propia resurrección de nuestro salvador, Jesucristo.
 
“Señor si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano" (Jn 11, 21)
 
De acuerdo al Evangelio de Juan (Jn 11, 1-44), Lázaro había enfermado gravemente. Al ver que su vida corría peligro, sus hermanas, Marta y María, enviaron a alguien al lugar en el que se encontraba Jesús con el siguiente mensaje: "Señor, el que tú amas, está enfermo".
 
Llama la atención que Jesús no haya acudido de inmediato al encuentro del amigo. Por el contrario, permanece donde estaba hasta que súbitamente decide regresar a Judea. De pronto, dice a sus discípulos: “Lázaro, nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo" -con esto el Señor hacía referencia a la muerte de Lázaro y no a que estuviese durmiendo, como pensaron los discípulos-.
"Jesús se echó a llorar" (Jn 11, 35)
 
Recién, cuatro días después, el Señor Jesús llega a Betania. Allí encontró a Marta y a María y, viendo su dolor por la muerte de su hermano, se compadeció y lloró. Al ver esto, los judíos que estaban allí presentes exclamaron: “¡Cómo lo amaba!”.
 
Pocos pasajes de la Escritura registran, con tanta elocuencia, los sentimientos del Señor. ¡Cuán grande era el amor de Jesús por su amigo! ¡Cuán dolorosa es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Y, al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios!
 
Jesús, llegado al lugar del sepulcro, gritó: «“¡Lázaro, ven afuera! Y el muerto salió, ligados los brazos y las piernas con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: "Desatadlo, y dejadlo ir"» (Jn 11, 43-44).
 
"Y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?" (Jn 11, 26)
 
San Lázaro es el que recibe de Dios una “nueva vida”. Él es prefigura de cuánto ama Dios a sus hijos, de cuánto el Hijo es capaz de amar a quienes lo aman.
 
La cercanía y amistad con Jesús “transformaron” la existencia de Lázaro completamente. Fue alzado sobre la muerte para que creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que ni la muerte ni el pecado tienen la palabra definitiva y para que nuestra esperanza sea inagotable. Su resurrección “adelanta” la resurrección de Cristo y, en consecuencia, también la nuestra.
 
"Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11, 25- 26).(ACI Prensa).
 

16 diciembre, 2025

Santa Adelaida, Patrona de las novias y mujeres que detentan poder

 Puede ser una imagen de texto que dice "Santa Adelaida Patrona de las novias, viudas y mujeres que detentan poder 16 de diciembre aciprensa.com"

16 de diciembre
Santa Adelaida
Patrona de las novias y mujeres que detentan poder
 
Cada 16 de diciembre recordamos a Santa Adelaida de Borgoña, esposa de Otón I, rey de Francia Oriental y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Ella, a pesar de que vivió desde la cuna rodeada de las vicisitudes y glorias del poder político -era hija de Rodolfo II de Borgoña y de Berta de Suabia-, no se dejó persuadir por este y aprendió a ponerlo en el lugar que le corresponde: al servicio de los más necesitados, de las causas justas y de la Iglesia que Cristo fundó.
 
Santa Adelaida trabajó incansablemente por los más pobres, por construir iglesias y monasterios, financiar misioneros y solventar la vida religiosa en general. En la parte final de su vida vivió como monja -aunque nunca profesó como tal-, dedicada a la oración y la vida espiritual.
 
¡Cuánto heroísmo tiene esta reina!
 
El año en que nació Adelaida no ha podido ser determinado de manera exacta. Probablemente nació entre los años 928 y 933, en el reino de Borgoña -ubicado entre la Francia actual y parte de la Italia del norte-. A los 15 años, por un arreglo político, contrajo matrimonio con Lotario, rey de Italia. Quedó viuda a los 19 años cuando su marido fue asesinado en medio de una conspiración para hacerse del trono.
 
Berengario II de Ivrea (margrave de Italia), interesado en consolidar su poder anexando los dominios de Lotario, quiso casarla con su hijo Adalberto, pero Adelaida se negó. Entonces, el margrave la envió a prisión y le retiró todos sus poderes. Ella afrontó aquellas terribles circunstancias confiada en Dios, con paciencia y serenidad poco comunes, aprovechando su encierro para unirse a Cristo crucificado. Sus propios carceleros decían de ella: "Cuánto heroísmo tiene esta reina ¡No grita, no se desespera, no insulta. Solo reza y sonríe en medio de sus lágrimas!".
 
Adelaida pudo escapar de su presidio y devino en protegida del rey alemán Oton I. Ambos se enamoraron y se unieron en matrimonio en 951. Un año después, en la ciudad de Roma, Otón I sería coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico por el Papa Juan XII, mientras que ella, en la misma ceremonia, sería coronada emperatriz.
 
En el año 973, Santa Adelaida enviudó nuevamente. Nuevamente días de dolor llegaron a su vida, convirtiéndose en blanco de los maltratos de su propio hijastro, el emperador Otón II, quien aspiraba a quedarse con el poder de su padre. Otón II estaba malamente influenciado contra su madrastra por su esposa Teofana, princesa bizantina. Otón II moriría en la guerra tiempo después, y dejaría como sucesor a Otón III, demasiado joven en ese momento para asumir el trono imperial. Fue así que Teofana se arrogó la máxima autoridad en calidad de regente y endureció el trato contra Adelaida.
 
Por su parte, la santa pensaba con insistencia: "Solo en la religión puedo encontrar consuelo para tantas pérdidas y desventuras". Ese fue un tiempo en que Adelaida, a pesar del sufrimiento, seguiría respondiendo a las afrentas a fuerza de más bondad y mansedumbre.
 
“Una maravilla de gracia y de bondad”
 
Tras una enfermedad, Teofana terminaría muriendo en 991, y Adelaida tuvo que volver a la corte imperial como regente, quedando como tutora de su nieto, Otón III. Mientras este crecía, Adelaida usó el poder que recibió en beneficio de su propio pueblo, poniendo en primer lugar el fortalecimiento de las costumbres cristianas dentro del imperio, la asistencia a los pobres, y la construcción y restauración de monasterios e iglesias.
 
De esta manera, Santa Adelaida logró conquistar el cariño de sus súbditos, llegando a ser considerada como una madre bondadosa y justa. Gobernó con espíritu evangelizador, determinado por la consciencia de que el Evangelio no solo tenía que ser anunciado, sino que debía transformar auténticamente la vida de su pueblo. Cuando su nieto Otón III ascendió al trono imperial, ella se retiró a vivir a un monasterio, donde pasó sus últimos días dedicada a la oración.
 
El recurso al consejo, ayuda para alcanzar la santidad
 
A lo largo de su vida, la emperatriz Adelaida tuvo grandes directores espirituales, entre ellos varios santos, como es el caso de San Adalberto, San Mayolo y San Odilón. Ella pudo recibir tal bendición gracias a su cercanía con los monjes del monasterio de Cluny, centro de la reforma espiritual del siglo X. San Odilón escribió sobre ella lo siguiente: "La vida de esta reina es una maravilla de gracia y de bondad".
 
Santa Adelaida murió el 16 de diciembre del año 999, a pocos días del cambio del milenio. Sus patronazgos son múltiples: patrona de las víctimas de abuso, novias, emperatrices, mujeres que detentan poder, exiliados, prisioneros, segundas nupcias, viudas.(ACI Prensa).