
30 diciembre, 2025
Santa Anisia, Virgen y mártir
29 diciembre, 2025
Santo Tomás Becket, Arzobispo y Mártir

¡Oh!, Santo Tomás Becket, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo. Aquél mismo que, su vida
entregara por la defensa de la Doctrina Católica.
Dijisteis a vuestro rey premonitoriamente así: “Si
acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que
hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi
gran enemigo”. “Ya verá que los envidiosos tratarán
de poner enemistades entre nosotros dos. Además el
poder civil tratará de imponer leyes que vayan contra
la Iglesia Católica y no podré aceptar eso. Y hasta
el mismo rey me pedirá que yo le apruebe ciertos
comportamientos suyos, y me será imposible hacerlo”.
¡Y, sucedió tal cual lo habíais anunciado! Vos,
a menudo decíais a vuestros sacerdotes: “Muchos ojos
ven mejor que dos. Si ven en mi comportamiento algo
que no está de acuerdo con mi dignidad de arzobispo,
les agradeceré de todo corazón si me lo advierten”.
Vuestra rutina diaria: orar, teología estudiar, repartir
limosnas a los pobres, compartir vuestra mesa y durante
ellas escuchar la lectura de algún libro religioso
y visitar enfermos. Además, os dabais tiempo para con
vuestros sacerdotes, examinándolos rigurosamente en su
conducta y su preparación. Os opusisteis de radical
manera, a los cuantiosos impuestos a los bienes de
la Iglesia Católica. En uno de sus terribles estallidos
de cólera, Enrique II exclamó: «No podrá haber más
paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no
hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo
que me quiere hacer la vida imposible?». Y, así, lleno
de rabia y de sed de venganza el impío reyezueo
ordenó que os atacaran mientras orabais, cortándoos
la cabeza y con ella vuestra vida, no sin antes decir:
“Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de
la Iglesia Católica”, siendo coronado con corona de luz
como justo premio a vuestra entrega de amor y lealtad;
¡oh!, Santo Tomás Becket, “vivo defensor del Dios Vivo».
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
29 de Diciembre
Santo Tomás Becket
Arzobispo y Mártir
Año 1170
Quiera Dios que también los jefes actuales de la Santa Iglesia Católica en todos los sitios del mundo, prefieran perder bienes, dignidades y hasta la propia vida, con tal de permanecer fieles a nuestra santísima religión hasta la muerte.
Este mártir que entregó su vida por defender los derechos de la religión católica, nació en Londres en 1118. Era hijo de un empleado oficial, y en sus primeros años fue educado por los monjes del convento de Merton. Después tuvo que trabajar como empleado de un comerciante, al cual acompañaba los días de descanso a hacer largas correrías dedicados a la cacería. Desde entonces adquirió su gran afición por los viajes aunque fueran por caminos muy difíciles.
Un día persiguiendo una presa de cacería, corrió con tan gran imprudencia que cayó a un canal que llevaba el agua para mover un molino. La corriente lo arrastró y ya iba a morir triturado por las ruedas, cuando, sin saber cómo ni por qué, el molino se detuvo instantáneamente. El joven consideró aquello como un aviso para tomar la vida más en serio.
A los 24 años consiguió un puesto como ayudante del Arzobispo de Inglaterra (el de Canterbury) el cual se dio cuenta de que este joven tenía cualidades excepcionales para el trabajo, y le fue confiando poco a poco oficios más difíciles e importantes. Lo ordenó de diácono y lo encargó de la administración de los bienes del arzobispado. Lo envió varias veces a Roma a tratar asuntos de mucha importancia, y así Tomás llegó a ser el personaje más importante, después del arzobispo, en aquella iglesia de Londres. Monseñor afirmaba que no se arrepentía de haber depositado en él toda su confianza, porque en todas las responsabilidades que se le encomendaban se esmeraba por desempeñarlas lo mejor posible.
Dicen los que lo conocieron que Santo Tomás Becket era delgado de cuerpo, semblante pálido, cabello oscuro, nariz larga y facciones muy varoniles. Su carácter alegre lo hacía atractivo y agradable en su conversación. Sumamente franco, trataba de decir siempre la verdad y de no andar fingiendo lo que no sentía, pero siempre con el mayor respeto. Sabía expresar sus ideas de manera tan clara, que a la gente le gustaba oírle explicar los asuntos de religión porque se le entendía todo fácilmente y bien.
Tomás como buen diplomático había obtenido que el Papa Eugenio Tercero se hiciera muy amigo del rey de Inglaterra, Enrique II, y este en acción de gracias por tan gran favor, nombró a nuestro santo (cuando sólo tenía 36 años) como Canciller o Ministro de Relaciones Exteriores. Tomás puso todas sus cualidades al servicio de tan alto cargo, y llegó a ser el hombre de confianza del rey. Este no hacía nada importante sin consultarle. Su presencia en el gobierno contribuyó a que dictaran leyes muy favorables para el pueblo. Acompañaba a Enrique II en todas sus correrías por el país y por el exterior (pues Inglaterra tenía amplias posesiones en Francia) y procuraba que en todas partes quedara muy en alto el nombre de su gobierno. Y no tenía miedo en corregir también al monarca cuando veía que se estaba extralimitando en sus funciones. Pero siempre de la manera más amigable posible.
En el 1161 murió el Arzobispo Teobaldo, y entonces al rey le pareció que el mejor candidato para ser arzobispo de Inglaterra era Tomás Becket. Este le advirtió que no era digno de tan sublime cargo. Que su genio era violento y fuerte, y que tomaba demasiado en serio sus responsabilidades y que por eso podía tener muchos problemas con el gobierno civil si lo nombraban jefe del gobierno eclesiástico. Pero su confesor decía: “En su vida privada es intachable, y sabe mantener una gran dignidad aún en ocasiones peligrosas y en tentaciones de toda especie”. Y un Cardenal de mucha confianza del Sumo Pontífice lo convenció de que debía aceptar, y al fin aceptó.
Cuando el rey empezó a insistirle en que aceptara el oficio de Arzobispo, Santo Tomás le hizo una profecía o un anuncio que se cumplió a la letra. Le dijo así: “Si acepto ser Arzobispo me sucederá que el rey que hasta ahora es mi gran amigo, se convertirá en mi gran enemigo”. Enrique no creyó que fuera a suceder así, pero sí sucedió.
Ordenado de sacerdote y luego consagrado como Arzobispo, pidió a sus ayudantes que en adelante le corrigieran con toda valentía cualquier falta que notaran en él. Les decía: “Muchos ojos ven mejor que dos. Si ven en mi comportamiento algo que no está de acuerdo con mi dignidad de arzobispo, les agradeceré de todo corazón si me lo advierten”.
Desde que fue nombrado arzobispo (por el Papa Alejandro III) la vida de Tomás cambió por completo. Se levantaba muy al amanecer. Luego dedicaba una hora a la oración y a la lectura de la S. Biblia. Después del desayuno estudiaba otra hora con un doctor en teología, para estar al día en conocimientos religiosos. Cada día repartía el personalmente las limosnas a muchísimos pobres que llegaban al Palacio Arzobispal. Muy pronto ya los pobres que allí recibían ayuda, eran el doble de los que antes iban a pedir limosna.
Cada día tenía algunos invitados a su mesa, pero durante las comidas, en vez de música escuchaba la lectura de algún libro religioso. Casi todos los días visitaba algunos enfermos del hospital. Examinaba rigurosamente la conducta y la preparación de los que deseaban ser sacerdotes, y a los que no estaban bien preparados o no habían hecho los estudios correspondientes no los dejaba ordenarse de sacerdotes, aunque llegaran con recomendaciones del mismo rey.
Tomás había dicho al rey cuando este le propuso el arzobispado: “Ya verá que los envidiosos tratarán de poner enemistades entre nosotros dos. Además el poder civil tratará de imponer leyes que vayan contra la Iglesia Católica y no podré aceptar eso. Y hasta el mismo rey me pedirá que yo le apruebe ciertos comportamientos suyos, y me será imposible hacerlo”. Esto se fue cumpliendo todo exactamente.
El rey se propuso ponerles enormes impuestos a los bienes de la Iglesia Católica. El arzobispo se opuso totalmente a ello, y desde entonces el cariño de Enrique hacía su antiguo canciller Tomás, se apagó casi por completo. Luego pretendió el rey imponer un fuerte castigo a un sacerdote. El arzobispo se opuso, diciendo que al sacerdote lo juzga su superior eclesiástico y no el poder civil. La rabia del mandatario se encendió furiosamente. Enrique redactó una ley en la cual la Iglesia quedaba casi totalmente sujeta al gobierno civil. El arzobispo exclamó: “No permita Dios que yo vaya jamás a aprobar o a firmar semejante ley”. Y no la aceptó. ¡Nueva rabia del rey! Enseguida este se propuso que en adelante sería el gobierno civil quien nombrara para ciertos cargos eclesiásticos. Tomás se le opuso terminantemente. Resultado: tuvo que salir del país.
Tomás se fue a Francia a entrevistarse con el Papa Alejandro III y pedirle que lo reemplazara por otro en este cargo tan difícil. “Santo Padre le digo yo soy un pobre hombre orgulloso. Yo no fui nunca digno de este oficio. Por favor: nombre a otro, y yo terminaré mis días dedicado a la oración en un convento”. Y se fue a estarse 40 días rezando y meditando en una casa de religiosos.
Pero el Pontífice intervino y obtuvo que entre Enrique y Tomás hicieran las paces. Y así volvió a Inglaterra. Sin embargo, el problema peor estaba por llegar.
Después de seis años de destierro y cuando ya le habían sido confiscados por el rey todos sus bienes y los de sus familiares, el arzobispo Tomás regresó a Inglaterra el 1º de diciembre con el título de “Delegado del Sumo Pontífice”. El trayecto desde que desembarcó hasta que llegó a su catedral de Canterbury fue una marcha triunfal. Las gentes aglomeradas a lo lago de la vía lo aclamaban. Las campanas de todas las iglesias repicaban alegremente y parecía que la hora de su triunfo ya había llegado. Pero era otra clase de triunfo distinta la que le esperaba en ese mes de diciembre. La del martirio.
Como él mismo lo había anunciado, los envidiosos empezaron a llevar cuentos y cuentos al rey contra el arzobispo. Y dicen que un día en uno de sus terribles estallidos de cólera, Enrique II exclamó: “No podrá haber más paz en mi reino mientras viva Becket. ¿Será que no hay nadie que sea capaz de suprimir a este clérigo que me quiere hacer la vida imposible?”.
Al oír semejante exclamación de labios del mandatario, cuatro sicarios se fueron donde el santo arzobispo resueltos a darle muerte. Estaba él orando junto al altar cuando llegaron los asesinos. Era el 29 de diciembre de 1170. Lo atacaron a cuchilladas. No opuso resistencia. Murió diciendo: “Muero gustoso por el nombre de Jesús y en defensa de la Iglesia Católica”. Tenía apenas 52 años.
Se llama apoteosis la glorificación y gran cantidad de honores que se rinden a una persona. La noticia del asesinato de un arzobispo recorrió velozmente Europa causando horror y espanto en todas partes. El Papa Alejandro III lanzó excomunión contar el rey Enrique, el cual profundamente arrepentido duró dos años haciendo penitencia y en el año 1172 fue reconciliado otra vez con su religión y desde entonces se entendió muy bien con las autoridades eclesiásticas. El mártir Tomás consiguió después de su muerte, esto que no había logrado obtener durante su vida.
Tres años después el Sumo Pontífice lo declaró santo, a causa de su martirio y por los muchos milagros que se obraban en su sepulcro.
Dos personajes con nombres de Tomás, ocuparon el cargo de Canciller en Inglaterra, junto con dos reyes de nombre Enrique. Y ambos fueron martirizados por defender a la santa Iglesia Católica. Santo Tomás Becket, martirizado por deseos de Enrique II y Santo Tomás Moro, martirizado por orden del impío rey Enrique VIII.
28 diciembre, 2025
La Sagrada Familia (A)

Domingo 28 de diciembre
Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».
«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel»
Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (Tremp, Lleida, España)Hoy contemplamos el misterio de la
Sagrada Familia. El Hijo de Dios inicia su andadura entre los hombres
en el seno de una familia. Es el designio del Padre. La familia será
siempre el hábitat humano insustituible. Jesús tiene un padre legal que
le “lleva” y una Madre que no se separa de Él. Dios se sirvió en todo
momento de san José, hombre justo, esposo fiel y padre responsable para
defender a la Familia de Nazaret: «El Ángel del Señor se apareció en
sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y
huye a Egipto’» (Mt 2,13).
Hoy, más que nunca, la Iglesia está llamada a proclamar la buena noticia
del Evangelio de la Familia y la vida. Hoy más que nunca, una cultura
profundamente inhumana intenta imponer un anti-evangelio de confusión y
de muerte. San Juan Pablo II nos lo recordaba en su exhortación Ecclesia
in Europa: «La Iglesia ha de proponer con fidelidad la verdad sobre el
matrimonio y la familia. Es una necesidad que siente de manera
apremiante, porque sabe que dicha tarea le compete por la misión
evangelizadora que su Esposo y Señor le ha confiado y que hoy se plantea
con especial urgencia. El valor de la indisolubilidad matrimonial se
tergiversa cada vez más; se reclaman formas de reconocimiento legal de
las convivencias de hecho, equiparándolas al matrimonio legítimo...».
«Herodes va a buscar al niño para matarle» (Mt 2,13). Herodes ataca de
nuevo, pero no temamos, porque la ayuda de Dios no nos faltará. ¡Vayamos
a Nazaret! Redescubramos la verdad de la familia y de la vida.
Vivámosla gozosamente y anunciémosla a nuestros hermanos sedientos de
luz y esperanza. El Papa nos convoca a ello: «Es preciso reafirmar
dichas instituciones [el matrimonio y la familia] como provenientes de
la voluntad de Dios. Además es necesario servir al Evangelio de la
vida».
De nuevo, «el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y
le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en
camino de la tierra de Israel’» (Mt 2,19-20). ¡El retorno de Egipto es
inminente!
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
«Cuando los magos anuncian a Herodes que ha nacido un Rey, él se turba, y, para no perder su reino, lo quiere matar. Si hubiera creído en Él, estaría seguro aquí en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida» (San Quodvultdeus)
«¡Cuán importante es que cada niño, al venir al mundo, sea acogido por el calor de una familia! No importan las comodidades exteriores: Jesús nació en un establo y como primera cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amados» (Benedicto XVI)
«La Huida a Egipto y la matanza de los inocentes manifiestan la oposición de las tinieblas a la luz: ‘Vino a su Casa, y los suyos no lo recibieron’ (Jn 1,11)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 530) (evangeli.net).
26 diciembre, 2025
San Esteban, Protomártir
¡Oh!, San Esteban, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su protomártir y amado santo. En
aquél tiempo, tembló el Sanedrín, al oíros
hablar del Dios de la vida, Cristo Jesús,
Señor y Dios Nuestro, con ardor de corazón.
Y, ellos, entre cólera y rabia, vuestra muerte
decidieron. Y, en pleno martirio, visteis
la gloria de Dios y, a Jesús, estar de pie,
a la derecha de Él. Y, exclamasteis a viva
voz: “Estoy viendo los cielos abiertos y al
Hijo del hombre en pie, a la derecha de Dios”.
Y, ellos, para callaros, llenos de más ira
os lapidaron sin misericordia alguna. Y,
mientras eso sucedía, vuestro cuerpo todo,
vieron que, como el oro brillaba. Y, en ese
instante mismo se oyó, a vos decir: “¡Señor
Jesús! Mi espíritu recibid y no les tengáis
en cuenta el crimen contra mi”. Y, habiendo
dicho ésto, voló vuestra alma al cielo, y
el Dios de la Vida todo conmovido, os extendió
sus amorosos brazos para recibiros y coronaros
con corona de luz y eternidad, como justo
premio a vuestra entrega grande de amor y fe;
¡oh! San Esteban, “vivo mártir del Dios Vivo”.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Diciembre
San Esteban
Protomártir
Siglo I
Se le llama “protomartir” porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.
Después de Pentecostés, los apóstoles dirigieron el anuncio del mensaje cristiano a los más cercanos, a los hebreos, despertando el conflicto por parte de las autoridades religiosas del judaísmo. Como Cristo, los apóstoles fueron inmediatamente víctimas de la humillación, los azotes y la cárcel, pero tan pronto quedaban libres, continuaban la predicación del Evangelio. La primera comunidad cristiana, para vivir integralmente el precepto de la caridad fraterna, puso todo en común, repartían todos los días cuanto bastaba para el sustento.
Cuando la comunidad creció, los apóstoles confiaron el servicio de la asistencia diaria a siete ministros de la caridad, llamados diáconos. Entre éstos sobresalía el joven Esteban, quien, a más de desempeñar las funciones de administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia, y lo hizo con tanto celo y con tanto éxito que los judíos “se echaron sobre él, lo prendieron y lo llevaron al Sanedrín. Después presentaron testigos falsos, que dijeron: Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley; pues lo hemos oído decir que este Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés”.
Esteban, como se lee en el capítulo 7 de Los Hechos de los apóstoles, “lleno de gracia y de fortaleza”, se sirvió de su autodefensa para iluminar las mentes de sus adversarios. Primero resumió la historia hebrea desde Abrahán haste Salomón, luego afirmó que no había blasfemado contra Dios ni contra Moisés, ni contra la Ley o el templo. Demostró, efectivamente, que Dios se revela aun fuera del templo, e iba a exponer la doctrina universal de Jesús como última manifestación de Dios, pero sus adversarios no lo dejaron continuar el discurso, porque “lanzando grandes gritos se taparon los oídos…y echándolo fuera de la ciudad, se pusieron a apedrearlo”.
Doblando las rodillas bajo la lluvia de piedras, el primer mártir cristiano repitió las mismas palabras de perdón que Cristo pronunció en la cruz: “Señor, no les imputes este pecado”. En el año 415 el descubrimiento de sus reliquias suscitó gran conmación en el mundo cristiano.
Cuando parte de estas reliquias fueron llevadas más tarde por Pablo Orosio a la isla de Menorca, fue tal el entusiasmo de los isleños que, ignorando la lección de caridad del primer mártir, pasaron a espada a los hebreos que se encontraban allí. La fiesta del primer mártir siempre fue celebrada inmediatamente después de la festividad navideña, es decir, entre los “comites Christi”, los más cercanos a la manifestación del Hijo de Dios, porque fueron los primeros en dar testimonio de él.
20 diciembre, 2025
Santo Domingo de Silos, Patrono de las mujeres gestantes, cautivos y prisioneros

19 diciembre, 2025
Beato Urbano V

18 diciembre, 2025
Nuestra Señora de la Esperanza

17 diciembre, 2025
San Lázaro Amigo de Jesús y Patrono de moribundos y necesitados

y su amado santo y el amigo fiel de Jesús, hermano de Marta
y María, a quien resucitó de entre los muertos. “Lázaro”
quiere decir “Dios ayuda”, y el Evangelio, muestras da
evidentes de cómo Jesús planificó el de vuestro nombre.
Vos, fuisteis amigo de Jesús, y el de ser, vivo actor de
uno de sus milagros increíbles: volver a la vida de uno
que se contaba entre los muertos. «Señor, si hubieras
estado aquí, no habría muerto mi hermano», dijo una de
vuestras hermanas a Jesús. Al enfermar vos, Lázaro, y al
ver que vuestra vida corría peligro, vuestras hermanas
enviaron a alguien a buscar a Jesús, con un mensaje de
amor y a la vez de tristeza lleno: «Señor, el que tú amas,
está enfermo», y entonces Jesús, de un momento a otro
regresa a Judea, y les dice a sus discípulos: “Lázaro,
nuestro amigo, se ha dormido; pero voy a despertarlo».
Luego de cuatro días llegó a Betania, y viendo el dolor
por la muerte de su amigo, se compadeció y lloró, tanto
que los judíos que lo vieron dijeron: “¡Cómo lo amaba!”.
¡Cuán grande era el amor de Jesús por vos! ¡Cuán dolorosa
es la muerte incluso para el Dios hecho Hombre! Pero,
al mismo tiempo, ¡qué grande es el poder de Dios! Jesús,
llegando al lugar del sepulcro, os gritó: «“¡Lázaro, ven
afuera! Y vos, salisteis, ligados vuestros brazos y
vuestras piernas con vendas, y vuestro rostro envuelto
en un sudario. Jesús les dijo a las gentes: «Desatadlo,
y dejadlo ir». Y así, vos, recibisteis de Dios una “nueva
vida” y vuestra amistad con Jesús “transformaron” vuestra
existencia. Fuisteis alzado sobre la muerte, para que
creamos en la gloria de Dios, para que confiemos en que
la muerte no tiene última palabra y para que, nuestra
esperanza sea inextinguible. Vuestra resurrección,
antecede a la resurrección de vuestro amigo y, también
a la nuestra. Recordad hermanos, Jesús ha dicho: «Yo soy
la resurrección y la vida, El que cree en mí, aunque
muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá
jamás”. Y, vos, Lázaro habéis sido uno en aquél tiempo;
¡Oh! San Lázaro, «testigo vivo del poder del Dios Vivo».
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 diciembre, 2025
Santa Adelaida, Patrona de las novias y mujeres que detentan poder
