31 marzo, 2016

San Benjamín




¡Oh!, San Benjamín, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo que, de manera y forma contundente
la palabra de Dios predicasteis. Además, le ofrecíais vuestro
dolor con filudas cañas, entre vuestras uñas, y vuestra
palabra y elocuencia convirtió a sacerdotes y magos
del mismísimo Zaratustra, a quienes decíais, con fe y
certeza, de que algún día en sus ojos y en su alma la luz
verdadera brillaría por siempre. “Yo mismo sufriré
el castigo que el Señor reserva a los seguidores que
no sacan a relucir los talentos que él les ha dado”. Les
decíais vos, de no hacerlo así. Por ello, capturado y
castigado y luego decapitado fuisteis. Los meses que
pasasteis en la cárcel os sirvieron para pensar, orar,
meditar y escribir. Así, vuestro cuerpo mataron, más
no vuestra alma, que voló presta al cielo para coronada
ser, con corona de luz y eternidad, para recibir justo
premio por vuestra entrega increíble de amor y fe;
¡oh!, San Benjamín, “vivo predicador de la luz de Cristo”.

 
© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado

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31 de Marzo
San Benjamin
Diacono y Mártir



Martirologio Romano: En el lugar de Argol, en Persia, san Benjamín, diácono, que al predicar insistentemente la palabra de Dios, consumó su martirio con cañas agudas entre sus uñas, en tiempo del rey Vararane V (c. 420).

Etimológicamente: Benjamín = Aquel que es el último nacido o Hijo de dicha, es de origen hebreo.
El rey Yezdigerd, hijo de Sapor II puso fin a la cruel persecución de los cristianos que había sido llevado al cabo en Persia durante el reinado de su padre. Sin embargo, el obispo Abdas con un celo mal entendido incendio el Pireo o templo del fuego, principal objeto del culto de los persas.

El rey amenazó con destruir todas las iglesias de los cristianos, a menos que el obispo reconstruyera el templo, pero éste se rehusó a hacerlo; el rey lo mandó a matar e inició una persecución general que duró 40 años.

Uno de los primeros mártires fue Benjamín, diácono. Después de que fuera golpeado, estuvo encarcelado durante un año.

Benjamín era un joven de un gran celo apostólico en bien de los demás. Hablaba con fluida elocuencia.
Incluso había logrado muchas conversiones entre los sacerdotes de Zaratustra. Los meses que pasó en la cárcel le sirvieron para pensar, orar, meditar y escribir.

En estas circunstancias llegó a la ciudad un embajador del emperador bizantino y lo puso en libertad. Y le dijo el rey Yezdigerd: “Te digo que tú no has tenido culpa alguna en el incendio del templo y no tienes que lamentarte de nada”.

¿No me harán nada los magos?, preguntó el rey al embajador. No, tranquilo. No convertirá a nadie, añadió el embajador.

Sin embargo, desde que lo pusieron en libertad, Benjamín comenzó con mayor brío e ímpetu su trabajo apostólico y convirtió a muchos magos haciéndoles ver que algún día brillará en sus ojos y en su alma la luz verdadera.

De no ser así –decía – yo mismo sufriré el castigo que el Señor reserva a los seguidores que no sacan a relucir los talentos que él les ha dado.

Esta vez no quiso intervenir el embajador. Pero poco después, el rey lo encarceló de nuevo y mandó que le dieran castigos hasta la muerte,siendo luego decapitado
Murió alrededor del año 420.