02 octubre, 2026

Santos Ángeles Custodios

 2 de octubre

Santos Ángeles Custodios

Cada 2 de octubre, la Iglesia Católica celebra a los Santos Ángeles Custodios. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña con toda claridad que la existencia de los ángeles constituye verdad de fe (cfr. CEC 327-328). Dice el artículo 327 del Catecismo: “La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición”.

Y, como sostenía San Basilio (c.330-379): “Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida”, refiriéndose al ángel custodio que, como confirma la tradición, vela por el bien y la salud espiritual de cada uno de los seres humanos.

Siempre a nuestro lado, siempre

San Basilio enseña precisamente que Dios ha dispuesto que toda alma no esté “sola”, sino que cuente con un protector con la misión específica de acompañar y guiar a una persona a lo largo de la vida. Esta tarea ha de cumplirse desde el momento de la concepción hasta la hora de la muerte.

Nuestro ángel custodio no nos abandona ni se aleja. Lamentablemente, la mayor parte del tiempo no somos conscientes de su presencia. Por eso, es una santa costumbre que cada 2 de octubre recordemos y celebremos la fiesta de los Ángeles custodios, nuestros guardianes.

La palabra “ángel” proviene del griego antiguo ἄγγελος [ángelos] voz que significa “mensajero”, o “el que lleva un encargo”.

En la Biblia

La Sagrada Escritura da cuenta de la existencia de los ángeles y cómo, en momentos cruciales de la historia de la salvación, ellos han aparecido con el propósito de cumplir una misión especial dada por Dios. Son creaturas como nosotros, pero gozan de una condición particular. No son seres corpóreos, y por lo tanto, no están sometidos a las leyes que regulan la materia, el tiempo y el espacio. Son creaturas espirituales y como tales poseen inteligencia.

Los ángeles custodios son los espíritus celestiales de los que habla el Salmo 90: "A sus ángeles ha dado órdenes Dios para que te guarden en tus caminos"; y de los que da cuenta el Evangelio cuando, por ejemplo, Jesús dice: "Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus Ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial" (Mt. 18,10).

En la tradición y enseñanza de la Iglesia

San Agustín de Hipona (354-430) dice al respecto: "El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel".

El Catecismo de la Iglesia Católica complementa (CEC, 329): «Los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20)”».

La Iglesia celebra la fiesta de los Ángeles Custodios desde el siglo XVII. Dicha celebración fue instituida por el Papa Clemente X (p. 1670-1676). (ACI Prensa).

01 octubre, 2026

Santa Teresita del Niño Jesús

1 de octubre

Santa Teresita del Niño Jesús

Patrona de las Misiones

Cada 1 de octubre recordamos a Santa Teresita de Lisieux, conocida también como Santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz, religiosa carmelita descalza nacida en Francia, quien vivió durante el último cuarto del siglo XIX. Ella, quien vivió como monja de clausura, es decir, en el encierro voluntario de un monasterio, fue proclamada patrona universal de las misiones. Además, desde 1997 ostenta el título de Doctora de la Iglesia.

Santa Teresita tuvo una vida particularmente difícil, pero precisamente fue en la dificultad como se santificó sostenida por su fe y confianza únicas en Dios. Dichas virtudes le llenaron el corazón de tal amor por Cristo que este parecía desbordar a través de sus tiernos ojos y la dulzura de su sonrisa.

Oración y acción: entre el cielo y la tierra

Si hay una frase que identifica a Santa Teresita es esta: "Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra”. Aquí, un poco más de contexto: «Siento que pronto va a empezar mi misión de hacer amar a Dios como yo le amo, y de enseñar a muchos el camino espiritual de la sencillez y de la infancia espiritual. El deseo que le he expresado al buen Dios es el de pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra, hasta el fin del mundo. Sí, quiero pasar mi cielo haciendo el bien sobre la tierra».

Son palabras que dejan entrever la belleza de su alma y su sencillez, y, simultáneamente, contienen una profundidad inusitada: retratan su forma de entender la vida, de verse a sí misma. Para ella, alcanzar el cielo prolonga el servicio aquí en la tierra -y, aquí, servir, amar y orar fueron una misma cosa para ella-. O, si se quiere, Teresita se sentía ya en el cielo -ha ingresado al Carmelo- y se percibía más allá arriba que aquí en la tierra, y precisamente por eso, su alma quiere ser un nexo que acerque más al mundo al cielo que se nos ha prometido: ha de hacer el bien.

Solo de cara a Cristo es posible percibir que la oración es, de todas las tareas, la ayuda más importante. Es indispensable.

"Has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños" (Mt 11, 25)

María Francisca Teresa Martin Guérin -nombre de pila de Teresita- vivió solo 24 años, siempre en Francia: nació el 2 de enero de 1873 en Normandía, y murió el 30 de septiembre de 1897 en Lisieux, víctima de tuberculosis.

Su vida estuvo caracterizada por la austeridad, lejos de los reconocimientos y el ruido del mundo. Murió casi en el anonimato y a su funeral, en el antiguo cementerio de Lisieux, no asistieron más de 30 personas. Por eso, puede que más de uno quede sorprendido al considerar que una jovencita proveniente de la campiña haya podido dejar uno de los testimonios de vida más excepcionales a la Iglesia y el mundo, llegando a ser proclamada Doctora de la Iglesia.

Historia de un alma

Una de las formas más sencillas para acercarse y comprender el legado de esta Teresita es a través de Historia de un alma, un libro que reúne sus escritos personales, y que fuera publicado un año después de su muerte. Se trata de un texto que descubre el itinerario personal de Santa Teresita, una narración de lo que sucede en un alma que se ha dejado transformar por Jesús.

En la audiencia general del 6 de abril de 2011, el Papa Benedicto XVI decía lo siguiente:  “Historia de un alma es una maravillosa historia de Amor, narrada con tanta autenticidad, sencillez y lozanía que el lector no puede menos de quedar fascinado ante ella. ¿Cuál es ese Amor que colmó toda la vida de Teresa, desde su infancia hasta su muerte? Queridos amigos, este Amor tiene un rostro, tiene un nombre: ¡es Jesús! La santa habla continuamente de Jesús”. Además, el Papa recordó que su predecesor, San Juan Pablo II definió a Santa Teresita como “experta en la scientia amoris” [experta en el conocimiento del amor].

Doctora de la Iglesia

Santa Teresa de Lisieux fue canonizada el 17 de mayo de 1925 por el Papa Pio XI, y proclamada Doctora de la Iglesia por San Juan Pablo II el 19 de octubre de 1997. El Papa Peregrino dijo aquella vez: “Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz es la más joven de los ‘Doctores de la Iglesia’, pero su ardiente itinerario espiritual manifiesta tal madurez, y las intuiciones de fe expresadas en sus escritos son tan vastas y profundas, que le merecen un lugar entre los grandes maestros del espíritu… El deseo que Teresa expresó de pasar su cielo haciendo el bien en la tierra sigue cumpliéndose de modo admirable. ¡Gracias, Padre, porque hoy nos la haces cercana de una manera nueva, para alabanza y gloria de tu nombre por los siglos!”, concluyó San Juan Pablo II.(ACI Prensa).

30 septiembre, 2026

San Jerónimo, Padre, Doctor de la Iglesia y Traductor de la Biblia

30 de septiembre 

San Jerónimo 

Padre, Doctor de la iglesia y traductor de la Biblia

Cada 30 de septiembre, la Iglesia Católica celebra a San Jerónimo (c. 340 - 420), el más célebre traductor de la Biblia de toda la historia. Forma parte del grupo de los Padres de la Iglesia latina al lado de San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio. San Jerónimo ostenta además el título de Doctor de la Iglesia.

Jerónimo de Estridón, como también se le conoce, fue el gran traductor de la Biblia en los tiempos antiguos (siglo IV). Por la pulcritud de su trabajo y su profundo conocimiento, tanto de la Escritura como de las lenguas antiguas (el hebreo, el griego y el latín), dejó una huella imborrable en la tradición exegética de la Iglesia.

San Jerónimo tradujo los distintos libros que componen la Biblia (libros canónicos) al latín, tomando como punto de partida los textos antiguos en sus lenguas originales, es decir, las versiones en griego y en hebreo del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Como se sabe, el latín fue la lengua más importante de su tiempo y hasta el día de hoy se le considera la lengua oficial de la Iglesia Católica. Esta titánica labor la realizó Jerónimo por encargo del Papa Dámaso I (p.366-384).

Por eso, para la Tradición, este santo representa el amor a la Palabra de Dios por antonomasia, amor que expresó de la siguiente manera: "Ama la sagrada Escritura, y la sabiduría te amará; ámala tiernamente, y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias”.

La Vulgata

Eusebio Hierónimo (Jerónimo) nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340. Estudió en Roma y allí fue bautizado. Luego se trasladó a Oriente, donde sería ordenado presbítero. Después de retornar a Roma, se convirtió en secretario del Papa Dámaso.

En esa época, por encargo del Sumo Pontífice, Jerónimo empezó a trabajar en una traducción de la Biblia al latín -su lengua materna-. El santo destacaba también en el manejo de las lenguas más importantes de aquellos tiempos y en vista a que los libros de las Sagradas Escrituras estaban originalmente escritos en hebreo, arameo y griego, el Papa vio en Jerónimo la persona más adecuada para realizar esa tarea.

San Jerónimo corrigió la versión latina del Nuevo Testamento (Vetus Latina) y después comenzó a traducir el Antiguo Testamento directamente del hebreo. Se sabe que empleó la  Septuaginta, es decir, la versión de la biblia en griego, conocida como la Biblia Griega o de los Setenta, proveniente de Alejandría.

En medio del proceso de traducción, el santo se trasladó a Belén (Tierra Santa) con el propósito de conocer mejor la cultura y perfeccionar su hebreo -eso lo convirtió técnicamente en una suerte de padre de la filología como disciplina-. Vivió allí por varios años (aproximadamente una década) dedicándose a la par a escribir comentarios e interpretaciones de la Sagrada Escritura. De esta etapa surgieron la mayoría de sus grandes comentarios sobre una variedad de pasajes bíblicos.

A la traducción de la Biblia hecha por San Jerónimo se le conoce como “Vulgata” (“Vulgata Editio”, es decir, “edición para el pueblo”), concluida hacia el año 405 y que fue considerada por siglos como la versión oficial de la Biblia por la Iglesia Católica. De hecho, más de un milenio después, en 1546, los Padres Conciliares de Trento (Concilio de Trento, 1545-1563) reconocieron que la Vulgata latina gozaba de dicha condición.

La historia de la gruta de Belén

De acuerdo a la tradición, una noche de Navidad, después de que los fieles cristianos se retiraron de la gruta de Belén, el santo se quedó rezando solo en el lugar.

De pronto, escuchó en su interior que el Niño Jesús le decía: "Jerónimo ¿qué me vas a regalar en mi cumpleaños?". Él respondió: "Señor te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca". El Niño Jesús añadió: "¿Y ya no me regalas nada más?". “¡Oh mi amado Salvador! -exclamó Jerónimo- por ti repartí ya mis bienes entre los pobres. Por ti he dedicado mi tiempo a estudiar las Sagradas Escrituras... ¿Qué más te puedo regalar? Si quisieras, te daría mi cuerpo para que lo quemaras en una hoguera y así poder desgastarme todo por Ti".

El Divino Niño entonces le dijo: "Jerónimo: regálame tus pecados para perdonártelos". El santo al oír esto se echó a llorar de emoción y exclamó: "¡Loco tienes que estar de amor, cuando me pides esto!".

Septiembre, mes de la Biblia

San Jerónimo murió el 30 de septiembre del año 420. Por eso, cada mes de septiembre -en el que se celebra su fiesta litúrgica- la Iglesia promueve entre los fieles el conocimiento y amor a la Biblia. Decía el santo: “Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”.

El Papa Benedicto XVI, en la audiencia general del 7 de noviembre de 2007, recordó las palabras que San Jerónimo dirigió a San Paulino de Nola (354-431): “En la palabra de Dios recibimos la eternidad, la vida eterna. Dice San Jerónimo: ‘Tratemos de aprender en la tierra las verdades cuya consistencia permanecerá también en el cielo’”.(ACI Prensa).

29 septiembre, 2026

Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel

 29 de septiembre 

Santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel

Cada 29 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Sus nombres permanecen grabados en el alma de los cristianos de todos los tiempos en virtud a su grandeza y obediencia a la voluntad de Dios.

A Miguel, Rafael y Gabriel los conocemos bien porque aparecen mencionados en la Sagrada Escritura, cada uno llevando a cabo alguna misión crucial, bajo mandato divino, dentro de la historia de la salvación.

(Al final de esta nota están citados algunos artículos del Catecismo de la Iglesia Católica con respecto a la naturaleza de los ángeles).

Los nombres de los Arcángeles

San Miguel Arcángel es quien está al mando de los ejércitos celestiales. El nombre “Miguel” en hebreo significa “¡Quién como Dios!” (a veces la exclamación aparece como pregunta); expresión que evoca la omnipotencia de Dios, así como su amor y justicia infinitas. Su nombre es el grito de guerra que resuena triunfante en la batalla contra el Adversario, Satanás, y su corte de ángeles caídos.

“Rafael”, por su parte, quiere decir “medicina de Dios” o “Dios ha obrado la salud”. San Rafael es el arcángel amigo de los caminantes y peregrinos; es también el médico de quienes padecen alguna enfermedad.

Por último, “Gabriel” significa “fortaleza de Dios”. A San Gabriel se le encomendó la misión de anunciar a la Virgen María que ella era la elegida para ser Madre del Salvador.

Dios ha querido revelarnos su poder a través de los Santos Arcángeles

En una de sus homilías, el Papa San Gregorio Magno (c. 540-604), Padre y Doctor de la Iglesia, señala que Dios quiso revelar los nombres personales de estos tres arcángeles como una forma de conocer “cuál es la misión específica para la cual nos son enviados”. De esa manera, es posible acudir a ellos en situaciones particulares, de acuerdo al poder que Dios le concedió a cada uno.

El 29 de septiembre de 2017, el Papa Francisco, con ocasión de la festividad que hoy se celebra, afirmó: «Hoy celebramos el día de tres de estos arcángeles porque han tenido un papel importante en la historia de la salvación. Y conmemoramos a estos tres porque también tienen un papel importante en nuestro camino hacia la salvación».

¡Miguel, Rafael y Gabriel, velad por los hijos de la Iglesia!

….......

Nota catequética:

El siguiente texto ha sido extraído del Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 328-330):

I Los ángeles

La existencia de los ángeles, verdad de fe

328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.

Quiénes son los ángeles

329 San Agustín dice respecto a ellos: Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus ("El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel") (Enarratio in Psalmum, 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).

330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (cf Pío XII, enc. Humani generis: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9-12).(ACI Prensa).

28 septiembre, 2026

San Wnceslao de Bohemia, gran defensor del Cristianismo

28 de septiembre 

San Wenceslao

Evangelizador y gran defensor del cristianismo 

Cada 28 de septiembre la Iglesia celebra a San Wenceslao de Bohemia (907-935), soberano checo que evangelizó a su pueblo y se convirtió en gran defensor del cristianismo. Gobernó con virtud y justicia, modificó el sistema judicial de su nación y, entre otras reformas inspiradas en el Evangelio, puso límites a las condenas, especialmente a aquellas relativas a la pena capital o a la tortura.

Dice de él el Martirologio romano: “Fue severo consigo, pacífico en la administración del reino y misericordioso para con los pobres, redimiendo para ser bautizados a esclavos paganos que estaban en Praga para ser vendidos”.

Nieto de una santa

Wenceslao nació en Stochov en 907, en la región histórica de Bohemia, hoy parte de República Checa (antes Checoslovaquia). Vivió durante las primeras décadas del siglo X. Fue hijo de Bratislao I de Bohemia y de la reina Drahomira. Su abuela, Santa Ludmila (860-921), esposa del primer duque cristiano de Bohemia, fue quien se encargó de su educación y le enseñó a amar y servir a Dios.

De joven, Wenceslao perdió a su padre de manera inesperada, lo que precipitó que su madre, Drahomira, asumiera el poder. Una vez instalada en el trono, la nueva reina empezó a gobernar en contra de la Iglesia y de los cristianos de la nación. Ciertamente, la mayoría de los nobles de Bohemia la apoyaba, pues detestaban lo que consideraban una religión foránea, contraria a sus tradiciones. Wenceslao entonces buscó refugio con su abuela Ludmila.

Santo en medio de las conspiraciones políticas

Drahomira, madre de Wenceslao gobernó con mano de hierro y sumió al ducado en la miseria moral. Dada la situación, Ludmila persuade a Wenceslao de que recupere el poder que legítimamente le correspondía y detenga el hostigamiento en contra de los cristianos. Apenas se enteró de esto la reina Drahomira, organizó una conspiración para asesinar a su suegra. La orden de matarla portaba cierto detalle: Ludmila debía ser estrangulada.

Providencialmente, antes de que el crimen fuera consumado, el descontento generalizado entre el pueblo forzó a la reina a abandonar el trono. Así, Wenceslao encontró el camino limpio para ser proclamado rey con el apoyo popular.

En los meses siguientes, Wenceslao, a pesar de su juventud, encaró con prudencia la división entre sus súbditos. Gobernó con un elevado sentido de la justicia y firmeza, pero con claros gestos de misericordia. Mientras él ocupó el trono, impulsó una serie de reformas para fortalecer la paz y la unidad de su reino, reformas inspiradas en principios morales extraídos del Evangelio.

El rey santo, en ese trajín, le otorgaría a la Iglesia Católica un lugar protagónico tanto en las reformas como en la formación moral y espiritual de sus súbditos.

Víctima de la ambición desmedida por el poder

Lamentablemente, Boleslao, hermano de Wenceslao, ambicionaba el poder, así que conspiró arteramente en contra del buen gobernante. Aprovechando la realización de las festividades de Bohemia y el descuido de la guardia a consecuencia del ambiente festivo, se presentó en el aposento de su hermano y lo asesinó de una puñalada. El Martirologio posee un relato diferente sobre su muerte: “Después de sufrir muchas dificultades en gobernar a sus súbditos y formarles en la fe, traicionado por su hermano Boleslao fue asesinado por sicarios en la iglesia de Stara Boleslav, en Bohemia (929/935)”.

Tres años más tarde, el mismo Boleslao, a quién después de su traición apodaban “el cruel”, se arrepintió de su crimen y mandó trasladar los restos de Wenceslao a la catedral de San Vito.

Un gobernante amado por su pueblo

El pueblo proclamó al rey asesinado “mártir de la fe”. Y es que en Bohemia -y fuera de ella- todos reconocían la piedad y profunda espiritualidad de Wenceslao. El rey había hecho de la corona un puesto para servir y no para servirse. Muy pronto, su tumba se convertiría en lugar de peregrinación.

San Wenceslao es por antonomasia el patrón de Bohemia, por lo que su patronazgo es reconocido hoy tanto por la República Checa como por Eslovaquia.(ACI Prensa).

27 septiembre, 2026

Domingo 26 (A) del tiempo ordinario

Domingo 27 de septiembre 

Domingo 26 (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 21,28-32): En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes: «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Llegándose al primero, le dijo: ‘Hijo, vete hoy a trabajar en la viña’. Y él respondió: ‘No quiero’, pero después se arrepintió y fue. Llegándose al segundo, le dijo lo mismo. Y él respondió: ‘Voy, Señor’, y no fue.

»¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?». «El primero», le dicen. Díceles Jesús: «En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros por camino de justicia, y no creísteis en Él, mientras que los publicanos y las rameras creyeron en Él. Y vosotros, ni viéndolo, os arrepentisteis después, para creer en Él».

«¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?»

Dr. Josef ARQUER

(Berlin, Alemania)

Hoy, contemplamos al padre y dueño de la viña pidiendo a sus dos hijos: «Hijo, vete hoy a trabajar en la viña» (Mt 21,29). Uno dice “sí”, y no va. El otro dice “no”, y va. Ninguno de los dos mantiene la palabra dada.

Seguramente, el que dice “sí” y se queda en casa no pretende engañar a su padre. Será simplemente pereza, no sólo “pereza de hacer”, sino también de reflexionar. Su lema: “A mí, ¿qué me importa lo que dije ayer?”.

Al del “no”, sí que le importa lo que dijo ayer. Le remuerde aquel desaire con su padre. Del dolor arranca la valentía de rectificar. Corrige la palabra falsa con el hecho certero. “Errare, humanum est?”. Sí, pero más humano aún —y más concorde con la verdad interior grabada en nosotros— es rectificar. Aunque cuesta, porque significa humillarse, aplastar la soberbia y la vanidad. Alguna vez habremos vivido momentos así: corregir una decisión precipitada, un juicio temerario, una valoración injusta... Luego, un suspiro de alivio: —Gracias, Señor!

«En verdad os digo que los publicanos y las rameras llegan antes que vosotros al Reino de Dios» (Mt 21,31). San Juan Crisóstomo resalta la maestría psicológica del Señor ante esos “sumos sacerdotes”: «No les echa en cara directamente: ‘¿Por qué no habéis creído a Juan?’, sino que antes bien les confronta —lo que resulta mucho más punzante— con los publicanos y prostitutas. Así les reprocha con la fuerza patente de los hechos la malicia de un comportamiento marcado por respetos humanos y vanagloria».

Metidos ya en la escena, quizá echemos de menos la presencia de un tercer hijo, dado a las medias tintas, en cuyo talante nos sería más fácil reconocernos y pedir perdón, avergonzados. Nos lo inventamos —con permiso del Señor— y le oímos contestar al padre, con voz apagada: ‘Puede que sí, puede que no…’. Y hay quien dice haber oído el final: ‘Lo más probable es que a lo mejor quién sabe…’.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

«Nada hay tan fácil que nuestra mucha tibieza no nos lo presente difícil y pesado» (San Juan Crisóstomo)

«En esta transformación del ‘no’ en ‘sí’, en esta inserción de la voluntad de la criatura en la voluntad del Padre, Él transforma la humanidad y nos redime. Y nos invita a entrar en este movimiento suyo: salir de nuestro ‘no’ y entrar en el ‘sí’ del Hijo» (Benedicto XVI)

«Dios es el Señor soberano de su designio. Pero para su realización se sirve también del concurso de las criaturas. Esto no es un signo de debilidad, sino de la grandeza y bondad de Dios Todopoderoso (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 306) (Evangeli.net)

26 septiembre, 2026

Santos Cosme y Damián, hermanos gemelos y mártires

Santos Cosme y Damián

Hermanos gemelos y Mártires 

Patronos de los médicos y cirujanos 

Cada 26 de septiembre se celebra a los mártires San Cosme y San Damián, los hermanos gemelos dedicados a la medicina que murieron martirizados durante la persecución del emperador Diocleciano, en el siglo III.

Junto a San Lucas Evangelista, estos hermanos son considerados habitualmente como los santos patronos de médicos y cirujanos.

Médicos ejemplares

Según la tradición, Cosme y Damián nacieron en algún lugar de la Arabia peninsular, entre Asia y África. Aprendieron ciencias en Siria y destacaron en el campo de la medicina de aquellos tiempos. Se dice, además, que estos mártires realizaron numerosas curaciones milagrosas. Sus vidas evocan proezas y milagros: alivio de dolores extremos, sanación de extrañas enfermedades e, incluso, sorprendentes cirugías -incluyendo un milagroso trasplante de pierna-; todo hecho con los mínimos recursos con los que se contaba en la época.

Ambos se hicieron de gran fama y la gente llegó a apreciarlos muchísimo, en concreto, porque nunca pidieron dinero a cambio del servicio que prestaban. En Oriente, aún hoy, se les llama “los santos sin dinero” (anargiros o enemigos del dinero).

Cosme y Damián entendieron a la perfección que ponerse al servicio de la gente era una manera de anunciar a Cristo, Servidor de la humanidad; así como de servirlo. Ellos sabían muy bien que el servicio es algo que compromete de palabra y acción, que además mueve a la oración constante y que llena el corazón de amor a los demás.

Con ese espíritu, los hermanos se convirtieron en cristianos y en “médicos del cuerpo y del alma”.

Testigos de Aquél que cura toda herida y enfermedad

Los hermanos continuaron gozando del cariño y respeto de sus coetáneos. Lamentablemente, durante la persecución de Diocleciano (e. 284- ca.305), ambos fueron apresados por ser cristianos y después condenados a muerte.


Dios quiso manifestarse a través de ellos y por eso les concedió una gran fortaleza. Fueron varios los intentos para quitarles la vida que no dieron resultado. Se dice que primero los arrojaron al mar atados a pesadas rocas para que se ahogaran; no funcionó, pues las ataduras se soltaron una y otra vez de manera inexplicable. Luego, ante el fracaso de los primeros verdugos, se les quiso matar a flechazos. Ninguno de los arqueros pudo asestar un golpe mortal.

Moribundos, los hermanos fueron echados en la hoguera, pero el fuego no les hizo daño. Finalmente, a la usanza romana, los verdugos los ejecutaron cortándoles la cabeza. Eran los violentos inicios del siglo IV.

La misión de los santos

Después de muertos, cuenta la tradición, Cosme y Damián siguieron apareciéndose en sueños a mucha gente. Particularmente a los enfermos que imploraban su intercesión. Estos obtenían alivio en el dolor o la anhelada curación.

Hoy, muchos fieles siguen recurriendo a la intercesión de los médicos mártires. Se hace para pedir la curación de alguna enfermedad que se padece, o la de un familiar o amigo.

La imagen de los mártires suele estar en algún hospital, enfermería, consultorio médico o sala de espera, como recuerdo o símbolo de que en los momentos difíciles Dios siempre nos envía alguien para que nos asista o nos ayude.

Patronazgo y legado: la espada

San Cosme y Damián, además de ser patrones de los médicos y cirujanos, también lo son de los farmacéuticos y dentistas, así como de aquellos que ejercen oficios -servicios al fin y al cabo- como la peluquería, o los trabajos de acondicionamiento y limpieza que se realizan en playas y balnearios.

De acuerdo a cierta tradición, hoy se conserva la espada con que fueron decapitados ambos mártires en la catedral de Essen, Alemania. Esta lleva la siguiente inscripción: “Gladius cum quo decolatti fuerunt nostri patroni” [La espada con la que nuestros patronos fueron decapitados].(ACI Ptensa).