28 mayo, 2026

Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

 Puede ser una imagen de texto que dice "JESU JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE "Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que pen- etró los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, manten- gamos firme la confesión de nuestra fe. Hb 4, 16 MSP"

28 de mayo
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
 
En algunos países, el jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés se celebra la fiesta de ‘Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote’. 
 
Origen y desarrollo 
 
Esta festividad tiene sus orígenes en la celebración del Sacerdocio de Cristo que la Iglesia realiza desde siempre, pero que en algunas localidades o diócesis fue cobrando una forma particular con el transcurso de las últimas décadas. Este es el caso, por ejemplo, de España, donde se le dedica un día del año. 
 
Tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II (1962-1965), la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote empezó a hacerse más conocida gracias al impulso apostólico de la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, congregación femenina de vida contemplativa, cuyo carisma consiste en orar por la fidelidad de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones sacerdotales. 
  
La celebración de la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino (hoy, convertida en Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos) y el patrocinio del Papa San Pablo VI. La Sagrada Congregación dispuso además que esta festividad posea textos litúrgicos propios para la celebración de la Santa Misa y el rezo del Oficio, aprobados en 1971.
 
Además de España, otras Conferencias Episcopales han incluido esta fiesta en sus calendarios litúrgicos particulares. Este es el caso de países como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. En algunas diócesis de los países mencionados la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote es conocida también como la ‘Jornada por la santificación de los sacerdotes’.
 
Fundamento a la luz del Magisterio 
 
San Juan Pablo II, en la encíclica “Ecclesia de Eucharistia” [La Iglesia vive de la Eucaristía] señalaba que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza a Aquél que lo hizo de la nada… De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.
 
El sacerdocio, encarnado de manera plena en Jesucristo, se constituye en elemento indispensable para salud de las almas y para perfección de todo lo creado, obra de Dios. Todo sacerdote -de acuerdo al grado recibido- participa del mismo sacerdocio de Cristo y prolonga en el tiempo su acción redentora.
 
Raíces bíblicas: Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza 
 
La Escritura provee de abundantes referencias que contribuyen a la comprensión del ‘Sacerdocio definitivo’ de Cristo, del que participan todos y cada uno de los sacerdotes que Dios ha llamado a su servicio. La vocación sacerdotal constituye un llamado para toda la eternidad. 
 
En el Nuevo Testamento la palabra “sacerdote” designa ciertamente a los ministros encargados del culto sacrificial, guardianes de la ley y el templo. Sin embargo, el uso del término se reserva, en su pleno sentido, para denominar a Cristo que congrega al pueblo de Dios; es lo que se denomina ‘Sacerdocio real’: "Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pe 2, 9).
 
En el capítulo 4 de la Carta a los Hebreos se habla del Sumo Sacerdocio de Jesucristo en los siguientes términos:
"Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Heb 4, 14-16).
 
La Carta a los Hebreos sugiere explícitamente que el sacrificio de Cristo lo ha erigido como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la Antigua Alianza:
"Así también, Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Heb 5, 5-6). Luego se añade: "Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Heb 9, 11).
 
Necesitamos ‘otros cristos’ que no se acomoden al mundo
 
Con motivo de la clausura del Año Sacerdotal en 2010, el Papa Benedicto XVI reflexionaba junto a un grupo de sacerdotes venidos de todas partes del mundo en torno a la vocación sacerdotal. 
 
Reproducimos a continuación parte de ese profundo y retador diálogo:
P: Santo Padre, soy Anthony Denton y vengo de Oceanía, de Australia. Esta noche aquí somos muchísimos sacerdotes. Pero sabemos que nuestros seminarios no están llenos y que, en el futuro, en varias partes del mundo, nos espera una disminución, incluso brusca. ¿Qué hacer que sea realmente eficaz para las vocaciones? ¿Cómo proponer nuestra vida, lo que de grande y bello hay en ella, a un joven de nuestro tiempo?
 
BXVI: “... Es grande la tentación de ocuparnos nosotros del asunto, de transformar el sacerdocio —el sacramento de Cristo, el ser elegido por él— en una tarea normal y corriente, en un «oficio» que tiene un horario, y por lo demás uno se pertenece sólo a sí mismo; convirtiéndolo así en una vocación como cualquier otra: haciéndolo accesible y fácil. Pero esta es una tentación que no resuelve el problema. Me hace pensar en la historia de Saúl, el rey de Israel, que antes de la batalla contra los filisteos espera a Samuel para el necesario sacrificio a Dios. Y cuando Samuel, en el momento esperado, no llega, él mismo ofrece el sacrificio, aun sin ser sacerdote (cf. 1 S 13); piensa que así puede resolver el problema, que naturalmente no resuelve, porque se asume él la responsabilidad de lo que no puede hacer, se hace él mismo Dios, o casi, y no puede esperarse que las cosas vayan realmente según el modo de Dios. Así, también nosotros, si desempeñáramos sólo una profesión como los demás, renunciando a la sacralidad, a la novedad, a la diversidad del sacramento que da sólo Dios, que puede venir solamente de su vocación y no de nuestro «hacer», no resolveríamos nada”.(ACI Prensa).

27 mayo, 2026

San Agustín de Canterbury, Primer arzobispo de Canterbury y Patrono de Inglaterra

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27 de mayo
San Agustín de Canterbury
Primer arzobispo de Canterbury y
Patrono de Inglaterra
 
Cada 27 de mayo, la Iglesia celebra a San Agustín de Canterbury, monje de la Orden de San Benito (benedictinos), quien fuera primer arzobispo de Canterbury (Inglaterra). 
 
A San Agustín se le considera uno de los más grandes evangelizadores de Europa, a lado de San Patricio de Irlanda y San Bonifacio de Maguncia (Alemania).
 
Hacer renacer la fe
 
Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de Agustín; sin embargo, se sabe que inició su vida apostólica y misionera en el año 597, cuando deja la ciudad de Roma, donde vivía, y se dirige a la isla de Gran Bretaña. El santo partió en compañía de otros 39 monjes por órdenes del Papa Gregorio Magno, quien deseaba que el territorio insular europeo fuese evangelizado.
 
Gran Bretaña había recibido evangelizadores desde los tiempos apostólicos, no obstante, pasados algunos siglos, la Iglesia no había logrado arraigarse suficientemente, y paulatinamente los antiguos cultos paganos se iban fortaleciendo, especialmente tras la invasión sajona de los siglos V y VI.
 
Acompañado por la Providencia
 
Esta situación daría un giro importante cuando el rey Etelberto de Kent (560-616) -la región de Kent estaba ubicada al sudeste de la Inglaterra medieval- concede el permiso para la llegada de misioneros y evangelizadores, especialmente benedictinos. Etelberto, siendo un pagano, quiso con esta apertura, complacer a su esposa católica, la reina consorte Adalberta -más tarde, Santa Berta de Kent-. Con el tiempo, el rey mismo se convertiría, pediría el bautismo y moriría santo como su esposa.
 
Antes de la llegada de los misioneros al pueblo de Thanet, en Kent, y fueran recibidos por Etelberto, el Papa San Gregorio Magno ya había nombrado abad y designado obispo a Agustín. Tras el encuentro entre el monarca y el novel obispo, el rey concedió permiso a los monjes para la predicación y les entregó en custodia la iglesia de San Martín. Las celebraciones litúrgicas y la prédica pública fueron reanudadas, y con ello empezaron a producirse muchas conversiones. Como corolario de aquel renacimiento de la fe, el rey y los miembros de su corte se bautizaron el día de Pentecostés del año 597.
 
“El apóstol de los ingleses”
 
La afabilidad de los misioneros, su sencillez, generosidad y fortaleza a toda prueba, causaron una profunda impresión en el rey. Agustín, además, destacaba en medio del grupo. Con esto, Etelberto quedó impresionado, y cada vez más compenetrado con la doctrina que enseñaba el santo, expuesta con claridad y elocuencia.
 
Entonces, Agustín tomó la decisión de enviar a dos de sus monjes a Roma para comunicarle al Sumo Pontífice lo que estaba aconteciendo. El Papa en respuesta lo nombró Arzobispo de Canterbury y lo exhortó a mantener el favor del rey mediante la humildad y el agradecimiento. Agustín se convirtió así en el primer Arzobispo de Canterbury, la célebre ciudad catedralicia del sudeste de Inglaterra, que retomaría sus raíces cristianas, hasta que, lamentablemente, siglos más tarde, terminó convirtiéndose en centro del anglicanismo.
 
Inglaterra católica
 
Agustín cumpliría, sin ser del todo consciente, una labor de importancia histórica: siguiendo las indicaciones del Papa, llevó a cabo la repartición de territorios eclesiásticos. El santo erigió varias sedes episcopales que subsisten hasta hoy, una en Londres y otra en Rochester, consagrando obispos a Melito y a Justo.
 
Después de haber trabajado incansablemente por la conversión de Inglaterra, San Agustín de Canterbury murió el 26 de mayo del año 604.(ACI Prensa)

26 mayo, 2026

San Felipe Neri, Fundador del Oratorio de Roma y de la Congregación del Oratorio

 

26 de mayo
San Felipe Neri
Fundador del Oratorio de Roma y de la
Congregación del Oratorio
 
Cada 26 de mayo la Iglesia universal celebra a San Felipe Neri, santo italiano del siglo XVI que impulsó un movimiento de renovación espiritual en momentos en los que la sociedad italiana pasaba por una profunda crisis, alejándose paulatinamente de Dios.
 
Como respuesta a dicha situación, San Felipe Neri fundó el célebre “Oratorio” de Roma y posteriormente la Congregación del Oratorio, integrada por sacerdotes seculares (clérigos) y seglares, unidos en la práctica de la caridad.
  
Hoy como ayer, Felipe Neri es fuente de inspiración para todos los que desean vivir la alegría auténtica, esa que brota de las enseñanzas del Evangelio y que se traduce en amor a Dios y a los hermanos. ¿Cuál fue el “secreto” de San Felipe para conocer y vivir esa alegría? He aquí su respuesta: “Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere; quien pida algo que no sea Cristo, no sabe lo que pide; quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace”.
 
San Felipe Neri es el patrono de educadores y humoristas.
 
El camino que conduce a Roma
 
Felipe Neri nació en Florencia (Italia) en 1515. Pronto quedaría huérfano de madre; sin embargo, sus hermanos y él encontrarían en la segunda esposa de su padre a una verdadera madre. 
 
A los 17 años fue enviado a la comuna de San Germano para que aprendiera de negocios y otros asuntos terrenales. Paradójicamente, fue allí donde Felipe realizó otro tipo de aprendizaje: el que proviene del encuentro profundo y constante con Dios, ese que cambia la vida. Tan importante fue esta experiencia para Felipe que, en los años venideros, se referiría a ella como ‘el momento de mi conversión’: Dios quería efectivamente que Felipe se ocupara de ciertos “negocios”, aunque estos al final no fueron los de la tierra sino los del cielo.
 
Así, el joven florentino dejó San Germano y se fue a Roma en busca de su destino, sin dinero y sin un proyecto claro, aunque confiando en la Divina Providencia.
 
Asentado en la Ciudad Eterna, consiguió un trabajo como preceptor de los hijos de un aduanero florentino como él. Los chicos se sintieron muy a gusto bajo la dirección de Felipe, y por ello fue bien recompensado. Gracias al dinero que ganó pudo iniciar sus estudios de filosofía y teología. Hasta ese momento todo apuntaba hacia un futuro promisorio y una brillante carrera, pero Felipe empezó a descubrir un llamado distinto que lo condujo a abandonar las aulas y entregarse de lleno al apostolado.
 
Felipe y su “gran corazón”
 
En la víspera de Pentecostés de 1544, mientras el santo permanecía en oración y pedía al Espíritu Santo que le concediera sus dones, del cielo descendió una bola de fuego que se posó sobre su pecho. San Felipe cayó al suelo y le rogó a Dios que se detenga. De pronto perdió la consciencia.
 
Cuando la recuperó se incorporó de inmediato, y sintió algo extraño sobre el pecho: tenía un bulto del tamaño de un puño. Dios le había “agrandado el corazón” como signo de que su Espíritu permanecería siempre con él. La milagrosa “deformación” permaneció con él por el resto de su vida, sin causarle jamás dolor alguno.
 
Esa grandeza de corazón -física y espiritual- se volcó en el servicio a la ciudad de Roma, aquejada por la decadencia moral y la indiferencia. En ese esfuerzo, su testimonio de santidad fue decisivo para renovar espiritualmente a la misma Iglesia, cuyos representantes habían cedido terreno, en algunos casos gravemente, a los intereses mundanos.
 
El buen Felipe acompañó espiritualmente a los florentinos que residían en la ciudad, sus paisanos, pero, como se sabe, se puso al servicio de todos, especialmente de los niños abandonados, los pobres y los necesitados. No por gusto la historia recuerda a San Felipe con el título de “El Apóstol de Roma”.
 
Apacentando a las ovejas
 
Con el tiempo vendría la primera organización fundada por iniciativa de Felipe Neri: la Cofradía de la Santísima Trinidad, conocida como la Cofradía de los pobres.
 
El santo, embarcado en un apostolado fértil y cada vez más sólido, se preparó para el orden sacerdotal. Una vez consagrado, se convirtió en modelo de servicio a las almas a través de la confesión, a la que dedicaba largas horas del día. Con frecuencia caía en éxtasis mientras celebraba la Misa, y no son pocos los testimonios de quienes lo vieron levitar mientras sostenía a Cristo Eucaristía en las manos.
 
El Padre Felipe solía organizar conversaciones espirituales con jóvenes y niños, generalmente de carácter catequético, que concluían siempre con la visita y la adoración al Santísimo Sacramento por parte de los asistentes. El santo tenía un carisma especial con los más pequeños, a quienes congregaba y protegía del abandono y los peligros propios de las grandes ciudades.
 
Aquellas reuniones comenzaron a hacerse muy conocidas entre los romanos, quienes empezaron a llamar a los concurrentes ‘oratorianos’, ya que San Felipe, tras convocar a los asistentes tocando una campana, los reunía a todos en un ‘oratorio’. El oratorio era el lugar para rezar juntos, para cantar, para conversar de la santidad y la vida cristiana. Esa sería la semilla de la que brotó posteriormente la Congregación del Oratorio.
 
Entre lo ordinario y lo extraordinario: de la mano de María
 
Alguna vez, la Virgen María se le apareció para consolarlo en medio de una enfermedad que lo aquejaba; probablemente un mal de la vesícula.
 
La Madre de Dios le concedió el milagro de quedar definitivamente curado y, siendo él un hombre íntegro y sencillo, recibió inesperadamente el don de curar a otros, de leer sus pensamientos en ciertas ocasiones y de profetizar. El santo nunca se ufanó de aquellas gracias y más bien procuraba ocultarlos, a no ser que la necesidad lo obligase. La marca de Felipe fue siempre la humildad, y su serena y contagiante alegría.
 
La corona para quien amó con alegría
 
El 25 de mayo de 1595, día del Corpus Christi, a San Felipe Neri se le vió especialmente contento. Se sentó en el confesionario, administró el sacramento de la reconciliación durante todo el día y recibió a varios visitantes. Ese fue, sorprendentemente, el día de su muerte. Hacia la medianoche, ya más reposado, sufrió un ataque al corazón y partió al encuentro del Padre.
 
“¡Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado a amarte!, ¿por qué me diste tan solo un corazón y este tan pequeño?”, decía San Felipe reconociéndose limitado y pobre ante Dios, frente a Aquel que hace de toda grandeza poca cosa. El Padre Felipe había muerto, sí, pero dejaba un tesoro a sus hijos: la prueba fehaciente de que “los últimos serán primeros y los primeros, últimos” (Mt 20, 16).
 
Años más tarde, al ser exhumados los restos de Felipe Neri, se descubrió que el santo tenía dos costillas rotas, y que estas se habían arqueado previamente como para dejar más espacio al corazón, símbolo del amor que dio a lo largo de su vida.
 
Su cuerpo reposa hoy en la Chiesa Nuova, la Iglesia Nueva, hoy llamada Iglesia de Santa María de Vallicella, en Roma. (ACI Prensa)


25 mayo, 2026

Santa Magdalena Sofía Barat, Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús

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25 de mayo
Santa Magdalena Sofía Barat
Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús 
 
Cada 25 de mayo, la Iglesia celebra a Santa Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.
 
Santa Magdalena Sofía nació en 1779 en Joigny (Francia). Desde pequeña se sintió atraída por la oración y la vida religiosa, pero no sería hasta pasados los peores años de la Revolución Francesa -cuando la libertad religiosa se fue restituyendo- que descubriría el llamado a consagrarse al servicio de Dios y de la Iglesia.
 
Magdalena nació en un hogar humilde, no obstante, gracias a su hermano mayor -quien se convertiría en su preceptor-, recibió un tipo de educación considerada un privilegio para la época. Esto se debía, en primer lugar, a que la mayoría de familias no tenían dinero, y, en segundo lugar, las mujeres casi no tenían acceso a la educación. Su hermano, un joven sacerdote, la puso en contacto con los autores clásicos y con la tradición teológica.
 
Una “revolución” impulsada por la caridad
 
La pequeña Magdalena tenía 10 años cuando estalló la Revolución (1789). Este proceso histórico-político estuvo preñado de aspiraciones de libertad y justicia, pero entendidas a partir del rechazo de toda tradición. Además, los ‘revolucionarios’ se dejaron contagiar por el espíritu anticlerical de muchas de las ‘nuevas ideas’ que flotaban acríticamente en el ambiente, lo que se convirtió en caldo de cultivo para la violencia y el descontrol. Fueron tantas las atrocidades que se cometieron que la Revolución produjo uno de los capítulos más dolorosos de la historia del catolicismo francés.
 
Mientras Magdalena va creciendo, empieza a asumir un compromiso cada vez más sólido con su fe en un contexto bastante complicado. El movimiento revolucionario había dejado una estela de rencor y ruptura entre los franceses, y muchos de ellos se habían apartado de la fe en la que habían crecido. Es así que Magdalena Sofía percibe la necesidad de contribuir, desde el seno de la Iglesia, a reconstruir el tejido social e instaurar una auténtica ‘fraternidad’ -no de esa que devino en la guillotina y en la proliferación de patíbulos, sino una que respetase de verdad los derechos de los seres humanos-.
 
Cristo ha mostrado su corazón
 
Magdalena, entonces, se dedica a la formación de niñas y jóvenes, y a conocer y desarrollar la espiritualidad del Corazón de Cristo. En su niñez había pasado horas orando con su familia frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús por la liberación de su hermano, preso durante la Revolución solo por ser sacerdote. Esa experiencia marcó profundamente su espiritualidad personal y la animó a aferrarse al Sagrado Corazón. Con el tiempo, las intuiciones y sueños se fortalecieron y la impulsaron a dar pasos más sólidos en su camino vocacional: junto a cuatro compañeras realizó sus primeros votos religiosos en 1800, en la que sería la novel Sociedad del Sagrado Corazón, asumiendo un proyecto que combinaba la contemplación y el apostolado.
 
A inicios del siglo XIX una epidemia diezmó a parte de la sociedad francesa. La cantidad de muertos dejó un saldo terrible: muchos niños quedaron huérfanos o completamente desamparados. Sor Magdalena Sofía y sus hermanas dieron una respuesta eficaz ante el reto que tenían enfrente. La religiosa lo resumió así: “¿No tienen madre? La Sociedad del Sagrado Corazón está fundada para ellos. Aunque no quedaran plazas en el colegio, crearía uno nuevo inmediatamente para los niños huérfanos o abandonados por sus padres”.
 
Amar a los pobres como Jesús
 
Santa Magdalena Sofía Barat solía decir: “A los pobres les daría yo mi piel”. Esa era la hermosa forma con la que expresaba cuánto amaba a Cristo y a sus hijos sufrientes. Esas palabras portaban un claro mensaje: no se guardaría nada para sí. Y como sucede cuando alguien tiene el corazón inflamado por la caridad, la Madre Magdalena ayudó a muchos a fortalecer su amistad y trato con el Señor. Como cabeza de su institución, se preocupó también por la formación en el conocimiento y la virtud de los educadores católicos.
 
“Si volviera a nacer, lo haría solo para obedecer al Espíritu Santo y actuar movida por él” (Santa Magdalena Sofía Barat).
 
La santa partió a la Casa del Padre el 25 de mayo de 1865. Hoy, la pequeña sociedad que fundó se ha convertido en una congregación que cuenta con más de 3500 religiosas en el mundo, especialmente en Europa y América. La Madre fue canonizada en 1925 por el Papa Pio XI.(ACI Prensa).


24 mayo, 2026

Solemnidad de Pentecostés, Día del Espíritu Santo y del Nacimiento de la Iglesia

 Solemnidad de Pentecostés

domingo 24 Mayo 2026
Solemnidad de Pentecostés, Día del Espíritu Santo y del Nacimiento de la Iglesia
 
Texto del Evangelio (Jn 20,19-23): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas,  por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
 
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«Recibid el Espíritu Santo»
Mons. José Ángel SAIZ Meneses, Arzobispo de Sevilla
(Sevilla, España)
 
Hoy, en el día de Pentecostés se realiza el cumplimiento de la promesa que Cristo había hecho a los Apóstoles. En la tarde del día de Pascua sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo» (Jn 20,22). La venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés renueva y lleva a plenitud ese don de un modo solemne y con manifestaciones externas. Así culmina el misterio pascual.
 
El Espíritu que Jesús comunica, crea en el discípulo una nueva condición humana, y produce unidad. Cuando el orgullo del hombre le lleva a desafiar a Dios construyendo la torre de Babel, Dios confunde sus lenguas y no pueden entenderse. En Pentecostés sucede lo contrario: por gracia del Espíritu Santo, los Apóstoles son entendidos por gentes de las más diversas procedencias y lenguas.
 
El Espíritu Santo es el Maestro interior que guía al discípulo hacia la verdad, que le mueve a obrar el bien, que lo consuela en el dolor, que lo transforma interiormente, dándole una fuerza, una capacidad nuevas.
 
El primer día de Pentecostés de la era cristiana, los Apóstoles estaban reunidos en compañía de María, y estaban en oración. El recogimiento, la actitud orante es imprescindible para recibir el Espíritu. «De repente, un ruido del cielo, como de un viento recio, resonó en toda la casa donde se encontraban. Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno» (Hch 2,2-3).
 
Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y se pusieron a predicar valientemente. Aquellos hombres atemorizados habían sido transformados en valientes predicadores que no temían la cárcel, ni la tortura, ni el martirio. No es extraño; la fuerza del Espíritu estaba en ellos.
 
El Espíritu Santo, Tercera Persona de la Santísima Trinidad, es el alma de mi alma, la vida de mi vida, el ser de mi ser; es mi santificador, el huésped de mi interior más profundo. Para llegar a la madurez en la vida de fe es preciso que la relación con Él sea cada vez más consciente, más personal. En esta celebración de Pentecostés abramos las puertas de nuestro interior de par en par.
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Donde está la Iglesia, allí está también el Espíritu de Dios; y donde está el Espíritu de Dios, allí está también la Iglesia y toda la gracia» (San Ireneo de Lyon)
 
«El sacramento de la Penitencia, surge directamente del misterio pascual. El perdón no es el fruto de nuestros esfuerzos, sino que es un regalo, un don del Espíritu Santo, que nos llena con el baño de misericordia y de gracia que fluye sin cesar del corazón abierto de par en par de Cristo crucificado y resucitado» (Francisco)
 
«El Símbolo de los Apóstoles vincula la fe en el perdón de los pecados a la fe en el Espíritu Santo, pero también a la fe en la Iglesia y en la comunión de los santos. Al dar el Espíritu Santo a sus apóstoles, Cristo resucitado les confirió su propio poder divino de perdonar los pecados» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 976)
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Otros comentarios
 
MISA DE LA VIGILIA (Jn 7,37-39) «De su seno correrán ríos de agua viva»
Rev. D. Joan MARTÍNEZ Porcel
(Barcelona, España)
 
Hoy contemplamos a Jesús en el último día de la fiesta de los Tabernáculos, cuando puesto en pie gritó: «Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí, como dice la Escritura: ‘De su seno correrán ríos de agua viva’» (Jn 7,37-38). Se refería al Espíritu.
 
La venida del Espíritu es una teofanía en la que el viento y el fuego nos recuerdan la trascendencia de Dios. Tras recibir al Espíritu, los discípulos hablan sin miedo. En la Eucaristía de la vigilia vemos al Espíritu como un “río interior de agua viva”, como lo fue en el seno de Jesús; y a la vez descubrimos que también, en la Iglesia, es el Espíritu quien infunde la vida verdadera. Habitualmente nos referimos al papel del Espíritu en un nivel individual, en cambio hoy la palabra de Dios remarca su acción en la comunidad cristiana: «El Espíritu que iban a recibir los que creyeran en Él» (Jn 7,39). El Espíritu constituye la unidad firme y sólida que transforma la comunidad en un solo cuerpo, el cuerpo de Cristo. Por otra parte, Él mismo es el origen de la diversidad de dones y carismas que nos diferencian a todos y a cada uno de nosotros.
 
La unidad es signo claro de la presencia del Espíritu en nuestras comunidades. Lo más importante de la Iglesia es invisible, y es precisamente la presencia del Espíritu que la vivifica. Cuando miramos la Iglesia únicamente con ojos humanos, sin hacerla objeto de fe, erramos, porque dejamos de percibir en ella la fuerza del Espíritu. En la normal tensión entre unidad y diversidad, entre iglesia universal y local, entre comunión sobrenatural y comunidad de hermanos necesitamos saborear la presencia del Reino de Dios en su Iglesia peregrina. En la oración colecta de la celebración eucarística de la vigilia pedimos a Dios que «los pueblos divididos (...) se congreguen por medio de tu Espíritu y, reunidos, confiesen tu nombre en la diversidad de sus lenguas».
 
Ahora debemos pedir a Dios saber descubrir el Espíritu como alma de nuestra alma y alma de la Iglesia.

22 mayo, 2026

Santa Rita de Casia

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22 de mayo
Santa Rita de Casia
 
Cada 22 de mayo la Iglesia Católica celebra a una de las santas más queridas y populares de todos los tiempos: Santa Rita de Casia.
 
Su nombre de pila fue “Margherita”, de donde probablemente viene el sobrenombre ‘Rita’, como forma abreviada y afectuosa de llamarla. Sea este o no el caso, el nombre, por sí mismo, “Rita” ha llegado a evocar muchísimas cosas bellas, empezando por el amor a Cristo que brota en los corazones que se esfuerzan en amar, así como la ternura con que Él responde a ese amor, especialmente derramada sobre los que sufren.
 
Una experiencia dolorosa del matrimonio
 
Rita fue una mujer sencilla y a la vez extraordinaria. Siendo adolescente se sintió llamada a la vida religiosa, pero sus padres no estuvieron dispuestos a apoyarla y decidieron casarla. Ella, por obediencia, aceptó contraer matrimonio. Lamentablemente, lo que vendría después sería muy doloroso para ella, ya que su esposo resultó ser un hombre violento y empezó a maltratarla.
 
Con el tiempo, sin embargo, gracias a su adhesión al Señor crucificado, así como a su oración constante y entereza -siempre dispuesta a devolver bien por mal-, Rita logró que su marido cambiara de vida y se convirtiera. Precisamente por eso esta santa mujer ha merecido el sobrenombre de ‘la santa de los imposibles’.
 
Santa Rita de Casia no solo es la patrona de las causas imposibles, también todos aquellos que pasan necesidad.
 
Amar hasta donde no se puede dar más
 
Margherita Lotti nació en 1381, en Roccaporena, muy cerca de Cascia (provincia de Perugia, Italia) en una época caracterizada por las conquistas, rebeliones y la corrupción en los círculos de poder. Tanto ella como sus padres fueron pobres y no recibieron mayor educación. Rita se mantuvo analfabeta por muchos años, sin embargo, Dios le concedió la habilidad extraordinaria de aprender a leer por cuenta propia.
 
Habiendo renunciado al deseo de ser religiosa, decidió llevar su matrimonio como Dios manda. Y lo intentó de veras, a pesar de que Paolo, su esposo, era un hombre de malas juntas, bebedor, mujeriego y maltratador. Rita aceptó su dolorosa situación, decidió honrar el sacramento que la unió a su marido y se propuso ganar su alma para Cristo.
 
Los esposos tuvieron dos gemelos, Jacobo y Paolo, quienes desarrollaron un temperamento muy semejante al de su padre.
 
Tras veinte años de matrimonio -años de ejercitarse en la paciencia y la confianza en Dios- el esposo de Rita se convirtió. Ella perdonó sus faltas y juntos emprendieron un camino distinto. Penosamente esto no duraría mucho: antiguos enemigos buscaron a Paolo, lo emboscaron y asesinaron.
 
Entonces, sus hijos, Jacobo y Paolo, juraron vengar la muerte de su padre. No hubo ruego que pudiera persuadirlos de lo contrario. Rita, consciente de lo que estaba en juego, imploró a Cristo que los salvara y les tuviera misericordia. Incluso en su plegaria de angustia le dijo al Señor que preferiría que tomara la vida de sus hijos antes de que se condenaran para siempre en el infierno.
 
Jacobo y Paolo, de manera inesperada, contrajeron una terrible enfermedad y murieron solo unos días después, por causas naturales.
 
Abrazada a la Cruz
 
El tiempo pasó y Dios hizo brotar de nuevo en el corazón de la santa el deseo de consagrarse a Él como religiosa.
 
Rita intentaría ser aceptada en el monasterio de las hermanas agustinas, pero estas la rechazaron por haber estado casada y porque cargaba a cuestas una historia sombría.
 
Cuenta la tradición que una noche estando en oración, Rita oyó que la llamaban tres veces por su nombre. Se incorporó y abrió la puerta de su habitación: frente a sí estaban San Agustín, San Nicolás de Tolentino y San Juan Bautista -de quien era muy devota-, componiendo, los tres, una visión extraordinaria. Entonces, los tres santos la invitaron a que los siguiera fuera. Después de recorrer algunas calles, sintió que se elevaba en el aire y que de pronto una fuerza sobrenatural la estaba conduciendo suavemente hacia Cascia (Casia), en dirección al Monasterio de Santa María Magdalena.
Cuando volvió del éxtasis, Rita estaba dentro del Monasterio. Por esa razón, tras lo sucedido, las monjas agustinas se sintieron compelidas a recibirla.
 
Rita hizo su profesión religiosa ese mismo año (1417). Duras pruebas sufriría en el monasterio, pero el Señor no la abandonó. Por el contrario, la invitó a unirse a Él en el camino más difícil: el de su Cruz. Cristo le impuso sus estigmas y las marcas de la corona de espinas en la cabeza. Son ampliamente conocidos los testimonios sobre la herida que Rita llevaba en la frente, herida que la acompañó por años y que despedía un olor repugnante.
 
El dulce aroma de la santidad
 
Después de su grave y dolorosa enfermedad, Santa Rita de Casia murió el año del Señor de 1457. La herida de su frente desapareció y en su lugar quedó una mancha roja como un rubí, que exudaba una fragancia semejante a la de las rosas. ¡Cuán grande fue el amor de Santa Rita que Dios decidióadornarla con estos detalles! Hoy, el cuerpo de la santa permanece incorrupto.
¡Santa Rita de Casia, ruega por nosotros!(ACI Prensa).

21 mayo, 2026

Santa María Magdalena de Pazzi, Maestra de novicias

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21 de mayo
Santa María Magdalena de Pazzi
Maestra de Novicias
 
Por: P. Ángel Amo 
 
Martirologio Romano: Santa María Magdalena de Pazzi, virgen de la Orden de Carmelitas, que en la ciudad de Florencia, en la Toscana, llevó una vida de oración abnegadamente escondida en Cristo, rezando con empeño por la reforma de la Iglesia. Distinguida por Dios con muchos dones, dirigió de un modo excelente a sus hermanas hacia la perfección. (� 1607).
 
Fecha de canonización: 28 de abril de 1669 por el Papa Clemente IX
 
La familia de Pazzi, a cuyo nombre está unida la famosa conjuración contra el gran duque de Médici, en tiempos de nuestra santa, era todavía de las más importantes de Florencia. Catalina de Pazzi (María Magdalena es el nombre que asumió la santa carmelita el día de su profesión religiosa) nació en 1566, en un siglo rico de acontecimientos en la historia civil y religiosa de Italia y caracterizado por el florecimiento excepcional de grandes santos.
 
También María Magdalena de Pazzi participó en la situación histórica y social de su tiempo escribiendo cartas muy valientes al Papa, a los cardenales, a los obispos y a los príncipes, señalando las causas de los males que afligían a la Iglesia, que ella atribuía a las deficiencias espirituales de los cristianos y de sus pastores.
 
Este es uno de los lados maravillosos de la santa, asociada a la pasión de Cristo con los estigmas y otros fenómenos místicos como las visiones, los éxtasis, los arrobamientos, durante los cuales trataba de difíciles cuestiones teológicas.
 
Tres hermanas, encargadas por el director espiritual, transcribían las revelaciones de Sor    María  
Magdalena. El libro, titulado Contemplaciones y redactado de ese modo tan excepcional es considerado como un importante tratado de teología mística, y al mismo tiempo nos revela el itinerario espiritual de la santa, que a los 18 años había entrado al más austero convento florentino, el de las carmelitas.
 
Desde muy niña, Catalina de Pazzi se mostró más inclinada a la devoción que a la vida cómoda de su tiempo. Efectivamente, tuvo el privilegio, en ese tiempo muy raro, de hacer la primera Comunión a la edad de diez años.