25 febrero, 2026

Santos Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudio, Diodoro, Serapión y Papías

 SANTOS VICTORINO Y COMPAÑEROS MÁRTIRES

25 de febrero 

Santos Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudio, Diodoro, Serapión y Papías

Victorino, Víctor, Nicéforo, Claudio, Diodoro, Serapión y Papías eran ciudadanos de Corinto. El año 249, al principio del reinado de Decio, confesaron allí mismo la fe ante el precónsul Tercio. Después de ser torturados, pasaron a Egipto, aunque no sabemos si la sentencia comprendía ese destierro, y completaron su martirio en Dióspolis, capital de la Tebaida, bajo el gobernador Sabino, en el reinado de Numeriano.
 
Sabino tuvo ocasión de probar la constancia de los mártires en el potro y la flagelación. Victorino fue condenado a perecer despedazado en un mortero de mármol. Los verdugos comenzaron por destrozarle los pies y las piernas, diciéndole a cada golpe: «¡Sálvate! Todavía puedes escapar de la muerte si renuncias a tu nuevo Dios». Pero el gobernador, viendo la constancia de Victorino, perdió la paciencia y ordenó que le descuartizaran. Víctor, a quien se amenazó con el mismo martirio, ardía en deseos de que la sentencia se ejecutase inmediatamente; señalando el mortero de piedra dijo a los verdugos: "La salvación y la felicidad me esperan allí". Los verdugos le destrozaron al punto. El tercero de los mártires, Nicéforo, saltó por su propio pie al mismo pozo de destrucción; el juez, a quien molestó tal audacia, ordenó a los verdugos que le acabaran a golpes. Claudio, el cuarto de los mártires, fue descuartizado. Murió cuando los verdugos le habían cortado ya los pies, las manos, los brazos y las piernas.
 
El gobernador, señalando los miembros y los huesos del mártir que yacían por tierra, dijo a los otros tres confesores de la fe: "En vuestras manos está vuestra suerte; yo no os obligo a sufrir". Los mártires respondieron unánimemente: "Antes que renunciar a nuestra fe, estamos dispuestos a sufrir los más crueles tormentos que puedas imaginar. Jamás traicionaremos la fidelidad que debemos a Dios, ni renegaremos de Jesucristo nuestro Salvador, que es nuestro Dios y Creador, por el que nuestras almas suspiran". Entonces el tirano condenó a Diodoro a ser quemado vivo y ordenó a los verdugos que colgasen a Serapión por los pies y le decapitasen. Papías fue arrojado al mar con una piedra al cuello. La ejecución de los mártires tuvo lugar el 25 de febrero, día en que les conmemoraban los martirologios occidentales. Los griegos veneran su memoria el 21 de enero, fecha en que confesaron la fe en Corinto. El Martirologio Romano movió la celebración al 31 de enero.(Santorun Dei communio).

Sanctorum Dei communio

Sanctorum Dei communio

Sanctorum Dei communio


24 febrero, 2026

San Etelberto de Kent Rey, Primer monarca inglés convertido al cristianismo

 

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 ¡Oh! San Etelberto, vos sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo, que, casado con Berta, princesa cristiana
le concedisteis plena libertad para llevar a Inglaterra
a Liudardo, obispo francés. La piedad y virtudes de Berta,
os impresionaron mucho, pero vos, no os convertisteis
hasta la llegada de San Agustín y sus compañeros, que
enviados por San Gregorio el Grande, desembarcaron en
Thanet. Vos, os rogasteis que permanecieran en la isla
para escucharlos y luego vos, les concedisteis permiso
para predicar en todo el pueblo y, les entregasteis la iglesia
de San Martín, para celebrar la Misa y otras liturgias.
Las conversiones se multiplicaron y pronto vos y vuestra
corte, se bautizaron en Pentecostés. Vos, alentasteis con
fervor la reconstrucción de antiguas iglesias y la construcción
de nuevas. Mejorasteis las condiciones de vida de vuestros
súbitos y, pronto fuisteis apreciado por toda Inglaterra.
Vuestro apoyo a la fe católica, os permitió construir muchos
templos, monasterios y algunas diócesis, como la de Rochester.
Os convertisteis pronto, en un modelo por vuestra nobleza
y la acogida que disteis a los misioneros, junto al gesto de
escucharles sin prejuicios. Con vuestra actitud de no imponer
la fe en vuestros súbditos, a pesar de vuestro celo por
propagarla, favoreció la obra de los misioneros. Después de
cincuenta y seis años de reinado, voló vuestra alma al cielo,
para coronada ser con corona de luz, como justo premio por
vuestra entrega total de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh! San Etelberto, “vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor».

© 2026 by Luis ernesto Chacón Delgado

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24 de enero
San Etelberto de Kent Rey
Primer monarca inglés convertido al cristianismo 
 
San Etelberto (ca. 560 - 616/618) fue rey de Kent, uno de los reinos de la Inglaterra anglosajona. Es considerado el primer monarca inglés que se convirtió al cristianismo.
 
Cuando Inglaterra no era sino un conjunto de reinos que compartían un pasado común de raíces anglosajonas, Etelberto gobernaba la región de Kent, ubicada al sudeste de la Inglaterra de la Alta Edad Media. Su reinado se extendió desde finales del siglo VI hasta inicios del siglo VII.
 
Estuvo casado con Bertha, princesa cristiana de origen franco, cuya piedad y amables virtudes contribuyeron a su conversión. Bertha, al igual que Etelberto, alcanzaría posteriormente la santidad. Al conocerse ambos, Etelberto quedó deslumbrado. No obstante, su conversión no se produciría solo por influencia de su esposa sino también por el testimonio y la cercanía espiritual de San Agustín de Canterbury (Roma, ca. 534 - Canterbury 604). Agustín, llamado ‘el apóstol de Inglaterra’, había llegado a la isla acompañado por un grupo de monjes, enviados por el Papa San Gregorio Magno para evangelizar a los pueblos ingleses.
 
Los inicios de la evangelización de Inglaterra
 
Los primeros misioneros enviados por el Papa llegaron a tierras inglesas con la venia de Etelberto, en tiempos en los que aún era pagano, aunque veía ya con beneplácito a los cristianos gracias a Santa Berta. El grupo estaba a cargo de San Agustín, monje benedictino que llegaría a ser el primer arzobispo de Canterbury.
 
Los monjes arribaron al pueblo de Thanet, donde fueron acogidos cordialmente por los miembros de la corona. En ese primer encuentro, Agustín dio explicaciones sobre el porqué de su presencia, comunicando cuál era el deseo del Papa Gregorio para con esas tierras. El rey entonces concedió a Agustín el permiso para predicar dentro de sus dominios, y confió a los misioneros el cuidado de la iglesia de San Martín, en la localidad de Canterbury, a cuyo lado los monjes establecieron su residencia.
Numerosas conversiones empezaron a suscitarse entre los habitantes de Kent, y no fue mucho el tiempo que pasó para que el rey y su corte pidieran el bautismo. Etelberto fue bautizado en la Solemnidad de Pentecostés del año 597. En los meses posteriores, a ejemplo del rey, se convirtieron unas diez mil personas.
 
Inglaterra católica
 
San Etelberto, quien sería reconocido por el Papa como rey cristiano, continuó apoyando la difusión del Evangelio entre sus súbditos, autorizando la llegada de más misioneros. Sus hijos, salvo uno, se hicieron cristianos. Y aunque Etelberto oró por la conversión de aquel hijo hasta el final de sus días; este nunca se interesó por la fe y murió pagano.
 
Desde el trono, Etelberto dispuso los recursos necesarios para la construcción de templos y monasterios. Algunas diócesis de Kent, como la de Rochester, florecieron en santidad y se convirtieron en núcleos desde los que se impulsó la cristianización de toda Inglaterra. De acuerdo con San Beda el Venerable, historiador y teólogo inglés (ca. 672 - 735), el reino de San Etelberto llegó a extenderse por toda la Inglaterra al sur del estuario de Humber.
 
Tras cincuenta y seis años en el trono, San Etelberto falleció en el año 616. Fue sepultado en la Iglesia de San Pedro y San Pablo, donde descansan también los restos de su esposa, la reina Santa Berta.ACI Prensa).

 

23 febrero, 2026

San Policarpo de Esmirna, Obispo y Mártir

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¡Oh!, San Policarpo, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado santo y, a quien el gobernador os ordenó diciéndoos:
“Declare que el César es el Señor”. Y, vos, respondisteis:
“Yo sólo reconozco como mi Señor a Jesucristo, el Hijo de
Dios”. Y añadió el gobernador: “¿Y qué pierde con echar un
poco de incienso ante el altar del César? Renuncie a su
Cristo y salvará su vida”. Y, vos, en admirable respuesta
dijisteis: “Ochenta y seis años llevo sirviendo a Cristo y
Él nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo le voy yo a fallar a
Él ahora? Yo seré siempre amigo de Cristo”. Y, vuestro
verdugo os dijo: “Si no adora al César y sigue adorando a
Cristo lo condenaré a las llamas”. Y, vos, respondiendo
con fe y valor, le dijisteis: “Me amenazas con fuego que
dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es
no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga”.
Y, vos, orando continuasteis con más fuerza: “Señor Dios,
Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo: yo te
bendigo porque me has permitido llegar a esta situación y
me concedes la gracia de formar parte del grupo de tus
mártires, y me das el gran honor de poder participar del
cáliz de amargura que tu propio Hijo Jesús tuvo que tomar
antes de llegar a su resurrección gloriosa. Concédeme la
gracia de ser admitido entre el grupo de los que sacrifican
su vida por Ti y haz que este sacrificio te sea totalmente
agradable. Yo te alabo y te bendigo Padre Celestial por tu
santísimo Hijo Jesucristo a quien sea dada la gloria junto
al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos”. Tan pronto
terminasteis, prendieron fuego a la leña, y sucedió un milagro,
las llamas, haciendo una gran circunferencia, rodearon
vuestro cuerpo, que ya no parecía un cuerpo humano quemado
sino un hermoso pan tostado, o un pedazo de oro sacado de
un horno ardiente. ¡Y todos los alrededores se llenaron
de un agradable olor como de un fino incienso! Entonces
los verdugos os atravesaron el corazón dedaun lanzazo, y
en ese momento, salió de vos, hacia lo alto una paloma
blanca, y os brotó sangre de vuestro corazón y luego la
hoguera se apagó. Y, así, voló vuestra alma al cielo,
para coronada ser, con corona de luz eterna, como justo
premio a vuestra grande e increíble entrega de amor y fe;
¡oh!, San Policarpo, mártir:  “fidelidad viva al Dios de la Vida».

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 de Febrero
San Policarpo de Esmirna
Obispo y Mártir
(año 155)

Petición

Concédanos el Dios Todopoderoso poder también nosotros como San Policarpo ser fieles a Nuestro Señor Jesucristo hasta el último momento de nuestra vida.

Policarpo significa: el que produce muchos frutos de buenas obras. (poli = mucho, carpo = fruto). San Policarpo tuvo el inmenso honor de ser discípulo del apóstol San Juan Evangelista. Los fieles le profesaban una gran admiración. Y entre sus discípulos tuvo a San Ireneo y a varios varones importantes más.

En una carta a un cristiano que había dejado la verdadera fe y se dedicaba a enseñar errores, le dice así San Ireneo: “Esto no era lo que enseñaba nuestro venerable maestro San Policarpo. Ah, yo te puedo mostrar el sitio en el que este gran santo acostumbraba sentarse a predicar. Todavía recuerdo la venerabilidad de su comportamiento, la santidad de su persona, la majestad de su rostro y las santísimas enseñanza con que nos instruía. Todavía me parece estarle oyendo contar que él había conversado con San Juan y con muchos otros que habían conocido a Jesucristo, y repetir las palabras que había oído de ellos. Y yo te puedo jurar que si San Policarpo oyera las herejías que ahora están diciendo algunos, se taparía los oídos y repetiría aquella frase que acostumbraba decir: Dios mío, ¿por qué me has hecho vivir hasta hoy para oír semejantes horrores? Y se habría alejado inmediatamente de los que afirman tales cosas”.

San Policarpo era obispo de la ciudad de Esmirna, en Turquía, y fue a Roma a dialogar con el Papa Aniceto para ver si podían ponerse de acuerdo para unificar la fecha de fiesta de Pascua entre los cristianos de Asia y los de Europa. Y andando por Roma se encontró con un hereje que negaba varias verdades de la religión católica. El otro le preguntó: ¿No me conoces? Y el santo le respondió: ¡Si te conozco. Tu eres un hijo de Satanás!

Cuando San Ignacio de Antioquía iba hacia Roma, encadenado para ser martirizado, San Policarpo salió a recibirlo y besó emocionado sus cadenas. Y por petición de San Ignacio escribió una carta a los cristianos del Asia, carta que según San Jerónimo, era sumamente apreciada por los antiguos cristianos.

Los cristianos de Esmirna escribieron una bellísima carta poco después del martirio de este gran santo, y en ella nos cuentan datos muy interesantes, por ejemplo los siguientes:

“Cuando estalló la persecución, Policarpo no se presentó voluntariamente a las autoridades para que lo mataran, porque él tenía temor de que su voluntad no fuera lo suficientemente fuerte para ser capaz de enfrentarse al martirio, y porque sus fuerzas no eran ya tan grandes pues era muy anciano. El se escondió, pero un esclavo fue y contó dónde estaba escondido y el gobierno envió un piquete de soldados a llevarlo preso. Era de noche cuando llegaron. El se levantó de la cama y exclamó: “Hágase la santa voluntad de Dios”. Luego mandó que les dieran una buena cena a los que lo iban a llevar preso y les pidió que le permitieran rezar un rato. Pasó bastantes minutos rezando y varios de los soldados, al verlo tan piadoso y tan santo, se arrepintieron de haber ido a llevarlo preso.

El populacho estaba reunido en el estadio y allá fue llevado Policarpo para ser juzgado. El gobernador le dijo: “Declare que el César es el Señor”. Policarpo respondió: “Yo sólo reconozco como mi Señor a Jesucristo, el Hijo de Dios”. Añadió el gobernador: ¿Y qué pierde con echar un poco de incienso ante el altar del César? Renuncie a su Cristo y salvará su vida. A lo cual San Policarpo dio una respuesta admirable. Dijo así: “Ochenta y seis años llevo sirviendo a Jesucristo y El nunca me ha fallado en nada. ¿Cómo le voy yo a fallar a El ahora? Yo seré siempre amigo de Cristo”.

El gobernador le grita: “Si no adora al César y sigue adorando a Cristo lo condenaré a las llamas”,. Y el santo responde: “Me amenazas con fuego que dura unos momentos y después se apaga. Yo lo que quiero es no tener que ir nunca al fuego eterno que nunca se apaga”.

En ese momento el populacho empezó a gritar: ¡Este es el jefe de los cristianos, el que prohibe adorar a nuestros dioses. Que lo quemen! Y también los judíos pedían que lo quemaran vivo. El gobernador les hizo caso y decretó su pena de muerte, y todos aquellos enemigos de nuestra santa religión se fueron a traer leña de los hornos y talleres para encender una hoguera y quemarlo.

Hicieron un gran montón de leña y colocaron sobre él a Policarpo. Los verdugos querían amarrarlo a un palo con cadenas pero él les dijo: “Por favor: déjenme así, que el Señor me concederá valor para soportar este tormento sin tratar de alejarme de él”. Entonces lo único que hicieron fue atarle las manos por detrás.

Policarpo, elevando los ojos hacia el cielo, oró así en alta voz: “Señor Dios, Todopoderoso, Padre de Nuestro Señor Jesucristo: yo te bendigo porque me has permitido llegar a esta situación y me concedes la gracia de formar parte del grupo de tus mártires, y me das el gran honor de poder participar del cáliz de amargura que tu propio Hijo Jesús tuvo que tomar antes de llegar a su resurrección gloriosa. Concédeme la gracia de ser admitido entre el grupo de los que sacrifican su vida por Ti y haz que este sacrificio te sea totalmente agradable. Yo te alabo y te bendigo Padre Cestial por tu santísimo Hijo Jesucristo a quien sea dada la gloria junto al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos”.

“Tan pronto terminó Policarpo de rezar su oración, prendieron fuego a la leña, y entonces sucedió un milagro ante nuestros ojos y a la vista de todos los que estábamos allí presentes (sigue diciendo la carta escrita por los testigos que presenciaron su martirio): las llamas, haciendo una gran circunferencia, rodearon al cuerpo del mártir, y el cuerpo de Policarpo ya no parecía un cuerpo humano quemado sino un hermoso pan tostado, o un pedazo de oro sacado de un horno ardiente. Y todos los alrededores se llenaron de un agradabilísimo olor como de un fino incienso. Los verdugos recibieron la orden de atravesar el corazón del mártir con un lanzazo, y en ese momento vimos salir volando desde allí hacia lo alto una blanquísima paloma, y al brotar la sangre del corazón del santo, en seguida la hoguera se apagó”.

“Los judíos y paganos le pidieron al jefe de la guardia que destruyeran e hicieran desaparecer el cuerpo del mártir, y el militar lo mandó quemar, pero nosotros alcanzamos a recoger algunos de sus huesos y los veneramos como un tesoro más valioso que las más ricas joyas, y los llevamos al sitio donde nos reunimos para orar”.

El día de su martirio fue el 23 de febrero del año 155.Esta carta, escrita en el propio tiempo en que sucedió el martirio, es una narración verdaderamente hermosa y provechosa.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Policarpo.htm)

 

21 febrero, 2026

San Severiano, Obispo de Escitópolis y mártir del siglo V

 

21 de febrero
San Severiano
Obispo de Escitópolis y mártir del siglo V
 
El 21 de febrero, la Iglesia recuerda a San Severiano, obispo de Escitópolis y mártir del siglo V, quien entregó su vida en defensa de la fe ortodoxa frente a la herejía monofisita. Su testimonio resalta la valentía de los pastores de la Iglesia que, aun en tiempos de gran confusión y persecución, se mantuvieron firmes en la verdad del Evangelio.
 
El Concilio de Calcedonia y la Crisis Monofisita
 
En el año 451, se celebró el Cuarto Concilio Ecuménico en Calcedonia, convocado por el emperador Marciano para abordar la creciente controversia cristológica provocada por la herejía de Eutiques. Este monje defendía la doctrina monofisita, que sostenía que en Cristo solo existía una única naturaleza divina, negando la coexistencia de su naturaleza humana y divina.
 
El Concilio reafirmó la doctrina ortodoxa, declarando que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, en dos naturalezas unidas en una sola persona. Aunque muchos monjes de Palestina aceptaron esta enseñanza, un grupo radical encabezado por el monje Teodosio rechazó la decisión y desató una violenta rebelión.
 
San Severiano: Fiel a la Ortodoxia hasta la Muerte
 
En este contexto de división y persecución, San Severiano, obispo de Escitópolis (hoy en Israel), se distinguió por su firme defensa de la fe ortodoxa. No se dejó intimidar por las amenazas ni por la violencia de los rebeldes monofisitas, que buscaban imponer sus creencias por la fuerza.
 
Cuando Teodosio expulsó al patriarca legítimo de Jerusalén, San Juvenal, tomó el control de la ciudad y comenzó una sangrienta represión contra aquellos que permanecían fieles a las enseñanzas del Concilio de Calcedonia. San Severiano fue uno de los principales líderes eclesiásticos que se opuso a esta usurpación y se mantuvo fiel a la doctrina de la Iglesia.
 
Por su lealtad a la fe, fue arrestado por las tropas de Teodosio, quienes lo sacaron fuera de la ciudad y lo asesinaron brutalmente, otorgándole la corona del martirio. Su valentía y sacrificio lo convirtieron en un símbolo de resistencia cristiana ante la imposición de falsas doctrinas.
 
Legado de San Severiano
 
Defensor de la Verdad: En una época de división dentro de la Iglesia, San Severiano se mantuvo firme en la fe definida por el Concilio de Calcedonia, demostrando su compromiso con la doctrina apostólica.
Ejemplo de Valentía: No temió enfrentarse a las autoridades eclesiásticas rebeldes ni a la persecución, prefiriendo entregar su vida antes que traicionar la verdad del Evangelio.
 
Inspiración para la Iglesia: Su testimonio nos recuerda la importancia de defender la fe, incluso en tiempos de crisis y confusión, confiando en la promesa de Cristo de que la verdad siempre prevalecerá.
San Severiano, valiente testigo de la fe, intercede por nosotros.(https://radioestrelladelmar.org/).

20 febrero, 2026

Santos Tiranio, Cenobio, y otros Mártires

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20 de febrero
Santos Tiranio, Cenobio, y otros Mártires
 
SANTOS TIRANIO, CENOBIO y otros Mártires Día festivo: 20 febrero
La Iglesia conmemora también el día de San Tiranio, obispo de Tiro, que había presenciado el triunfo de los mártires y los había alentado, pero seis años después, lo tomaron preso y lo condujeron junto con San Cenobio de Tiro a Antioquía. 
 
Cenobio era médico y sacerdote de la ciudad de Sidón. Tiranio fue arrojado al río Orantes, tras haber sufrido crueles torturas, mientras que Cenobio murió en el potro. 
 
Asimismo, varios cristianos egipcios que se habían establecido en Palestina y otros en Tiro, dieron pruebas de su paciencia y de su constancia en la fe. Después de haber sido golpeados innumerables veces, cosa que soportaron con gran paciencia, fueron arrojados a los leopardos, osos salvajes, jabalíes y toros.
 
Pero cuando las fieras aparecieron en la arena, en vez de devorar o destrozar a los mártires, se mantuvieron a distancia de ellos, sin tocarlos, y se volvieron contra los domadores y cuantos se hallaban cerca. 
 
El hecho se repitió varias veces, pese a que los verdugos reemplazaron dos veces a las fieras y obligaron a los cristianos a agitar a los brazos para provocar a las fieras.
Después de varios intentos inútiles con diferentes animales, los santos fueron finalmente decapitados y sus cuerpos arrojados al mar. 
 
Otros que se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses, murieron apaleados, quemados y también ejecutados en distintas formas.(ACI Prensa).

19 febrero, 2026

San Auxibio de Solías, Sobrino de San Marcos Evangelista

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19 de febrero
San Auxibio de Solías
Sobrino de San Marcos Evangelista
 
Cada 19 de febrero, la Iglesia recuerda a San Auxibio de Solias, conocido también como Auxibio de Solos o Soles (hoy Chipre). Según la tradición Auxibio fue sobrino de San Marcos Evangelista, pues era hijo de una hermana de este.
 
San Auxibio vivió en el siglo I y fue el primer obispo de la isla de Chipre, a cuya comunidad sirvió alrededor de 50 años. Como se sabe, Chipre es una isla ubicada en el mar Mediterráneo, frente a la costa sur de Turquía, en una posición geográfica que resultó decisiva para la expansión del cristianismo primitivo.
 
San Auxibio y San Marcos
 
Auxibio nació en Roma, en el seno de una familia pagana. Su padre deseaba que contrajera matrimonio de acuerdo a la costumbre romana, para asegurar una posición política, pero él estaba más cerca de hacerse cristiano que de pensar en casarse, así que prefirió apartarse del seno familiar.
 
Fue así como Auxibio llega a Chipre y se encuentra con San Marcos, su tío, de quien sabía había dejado todo para seguir las enseñanzas de un tal Jesús de Nazaret. Eran los tiempos posteriores al martirio de San Bernabé, acontecido en la isla en la década del sesenta. Bernabé, judío levita nacido en Chipre y pariente de Marcos, fue uno de los doce apóstoles de Cristo y el primero en evangelizar la isla. Fue Bernabé quien ganó a Mateo para la causa de Jesucristo.
 
San Marcos contribuyó enormemente a que Auxibio conozca la fe en Jesucristo y cuando lo vio comprometido realmente le concedió el bautismo. Luego lo instruiría en la tarea de anunciar el Evangelio. Una vez que Auxibio estuvo listo, Marcos lo envió a predicar a la ciudad de Solos, al norte de Chipre. En ese lugar empezó a proclamar el Evangelio, pero con excesiva discreción. Aun así, su vida ejemplar produjo conversiones, entre ellas la de un sacerdote pagano, adorador de Júpiter.
 
Obispo por orden de Pablo
 
Concluida la predicación de San Marcos en Alejandría (ciudad de la que sería Patriarca más adelante) se fue al encuentro de San Pablo. El Apóstol pediría a San Tito -su cercano colaborador- que ordenase obispo a Auxibio, persuadido por el testimonio favorable de Marcos. Como obispo, San Auxibio dejó atrás los temores y se convirtió en gran predicador. Su santidad condujo a muchos hacia Cristo. Gracias a él, en Solos se llegó a formar una comunidad cristiana próspera y ejemplar.
 
En el ocaso de su vida, el obispo se consagró a la formación del presbiterado y de los candidatos al sacerdocio. Antes de morir, San Auxibio exhortó a su futuro sucesor (llamado también Auxibio) y a la Iglesia en Chipre a permanecer firmes en la fe. Según la tradición, el santo obispo entregó su alma a Dios en el año 102.(ACI Prensa).

18 febrero, 2026

Miércoles de Ceniza

 Miércoles de Ceniza 2026

Miércoles 18 de febrero
Miércoles de Ceniza
 
Hoy, con el Miércoles de Ceniza, la Iglesia Católica inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Durante los siguientes cuarenta días, a través de la vivencia del ayuno, la oración y la limosna, los fieles se preparan para la Semana Santa, momento en que la Iglesia se vuelca totalmente a contemplar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
 
Miércoles de Ceniza: llamado a la conversión y camino pascual
 
En la Cuaresma, los fieles son invitados a la conversión personal, esto es, a incrementar sus esfuerzos por transformar la mente y el corazón según Cristo. La Iglesia exhorta a vivir ese espíritu de forma explícita, desde el primer día, en la liturgia del Miércoles de Ceniza. El celebrante ha de imprimir con ceniza la señal de la cruz en la frente de cada uno de los fieles, mientras dice: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15). Asimismo, con la expresión "acuérdate que eres polvo y al polvo volverás" (Gen 3, 19) -la otra fórmula que se utiliza durante la imposición de las cenizas- se pretende hacer memoria de la caducidad y fragilidad de la vida humana, cuyo destino inevitable es la muerte.
 
En ese gran contexto, es importante tener presente que la conversión personal es un llamado a una vida más plena. El Papa León XIV nos dice en el mensaje para la Cuaresma de este año 2026: “El itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.” (Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 13-02-2026).
 
Un poco de historia: cenizas y penitencia
 
En los primeros siglos de la Iglesia, los fieles iniciaban la Cuaresma con una penitencia pública, hecha durante el primer día, en el que eran salpicados de cenizas, se vestían con un sayal y en muchos casos estaban obligados a mantenerse apartados de la comunidad hasta que se reconciliaran con Dios durante el Jueves Santo. Las cenizas eran parte de una simbología muy potente: caducidad, fragilidad, muerte y pecado.
 
Cuando estas prácticas cayeron en desuso entre los siglos VIII y X, el uso de las cenizas sobrevivió pero en el contexto de la liturgia. Se comenzaron a colocar en la frente o sobre la cabeza de los miembros de la congregación. Eran la marca del penitente.
 
En tiempos más recientes, la liturgia ordena que sea el sacerdote celebrante quien imprima o marque las frentes de todos los fieles con la señal de la cruz. Para ello emplea no cualquier ceniza, sino la obtenida al quemar las hojas de olivo y las palmas que fueron usadas el Domingo de Ramos del año anterior, con lo que se refuerza aún más el sentido penitencial.
 
Evangelio de la misa del día (Mateo 6, 1-6. 16-18)
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
 
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
 
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
 
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará''.(ACI Prensa).