21 febrero, 2026

San Severiano, Obispo de Escitópolis y mártir del siglo V

 

21 de febrero
San Severiano
Obispo de Escitópolis y mártir del siglo V
 
El 21 de febrero, la Iglesia recuerda a San Severiano, obispo de Escitópolis y mártir del siglo V, quien entregó su vida en defensa de la fe ortodoxa frente a la herejía monofisita. Su testimonio resalta la valentía de los pastores de la Iglesia que, aun en tiempos de gran confusión y persecución, se mantuvieron firmes en la verdad del Evangelio.
 
El Concilio de Calcedonia y la Crisis Monofisita
 
En el año 451, se celebró el Cuarto Concilio Ecuménico en Calcedonia, convocado por el emperador Marciano para abordar la creciente controversia cristológica provocada por la herejía de Eutiques. Este monje defendía la doctrina monofisita, que sostenía que en Cristo solo existía una única naturaleza divina, negando la coexistencia de su naturaleza humana y divina.
 
El Concilio reafirmó la doctrina ortodoxa, declarando que Cristo es verdadero Dios y verdadero hombre, en dos naturalezas unidas en una sola persona. Aunque muchos monjes de Palestina aceptaron esta enseñanza, un grupo radical encabezado por el monje Teodosio rechazó la decisión y desató una violenta rebelión.
 
San Severiano: Fiel a la Ortodoxia hasta la Muerte
 
En este contexto de división y persecución, San Severiano, obispo de Escitópolis (hoy en Israel), se distinguió por su firme defensa de la fe ortodoxa. No se dejó intimidar por las amenazas ni por la violencia de los rebeldes monofisitas, que buscaban imponer sus creencias por la fuerza.
 
Cuando Teodosio expulsó al patriarca legítimo de Jerusalén, San Juvenal, tomó el control de la ciudad y comenzó una sangrienta represión contra aquellos que permanecían fieles a las enseñanzas del Concilio de Calcedonia. San Severiano fue uno de los principales líderes eclesiásticos que se opuso a esta usurpación y se mantuvo fiel a la doctrina de la Iglesia.
 
Por su lealtad a la fe, fue arrestado por las tropas de Teodosio, quienes lo sacaron fuera de la ciudad y lo asesinaron brutalmente, otorgándole la corona del martirio. Su valentía y sacrificio lo convirtieron en un símbolo de resistencia cristiana ante la imposición de falsas doctrinas.
 
Legado de San Severiano
 
Defensor de la Verdad: En una época de división dentro de la Iglesia, San Severiano se mantuvo firme en la fe definida por el Concilio de Calcedonia, demostrando su compromiso con la doctrina apostólica.
Ejemplo de Valentía: No temió enfrentarse a las autoridades eclesiásticas rebeldes ni a la persecución, prefiriendo entregar su vida antes que traicionar la verdad del Evangelio.
 
Inspiración para la Iglesia: Su testimonio nos recuerda la importancia de defender la fe, incluso en tiempos de crisis y confusión, confiando en la promesa de Cristo de que la verdad siempre prevalecerá.
San Severiano, valiente testigo de la fe, intercede por nosotros.(https://radioestrelladelmar.org/).

20 febrero, 2026

Santos Tiranio, Cenobio, y otros Mártires

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20 de febrero
Santos Tiranio, Cenobio, y otros Mártires
 
SANTOS TIRANIO, CENOBIO y otros Mártires Día festivo: 20 febrero
La Iglesia conmemora también el día de San Tiranio, obispo de Tiro, que había presenciado el triunfo de los mártires y los había alentado, pero seis años después, lo tomaron preso y lo condujeron junto con San Cenobio de Tiro a Antioquía. 
 
Cenobio era médico y sacerdote de la ciudad de Sidón. Tiranio fue arrojado al río Orantes, tras haber sufrido crueles torturas, mientras que Cenobio murió en el potro. 
 
Asimismo, varios cristianos egipcios que se habían establecido en Palestina y otros en Tiro, dieron pruebas de su paciencia y de su constancia en la fe. Después de haber sido golpeados innumerables veces, cosa que soportaron con gran paciencia, fueron arrojados a los leopardos, osos salvajes, jabalíes y toros.
 
Pero cuando las fieras aparecieron en la arena, en vez de devorar o destrozar a los mártires, se mantuvieron a distancia de ellos, sin tocarlos, y se volvieron contra los domadores y cuantos se hallaban cerca. 
 
El hecho se repitió varias veces, pese a que los verdugos reemplazaron dos veces a las fieras y obligaron a los cristianos a agitar a los brazos para provocar a las fieras.
Después de varios intentos inútiles con diferentes animales, los santos fueron finalmente decapitados y sus cuerpos arrojados al mar. 
 
Otros que se negaron a ofrecer sacrificios a los dioses, murieron apaleados, quemados y también ejecutados en distintas formas.(ACI Prensa).

19 febrero, 2026

San Auxibio de Solías, Sobrino de San Marcos Evangelista

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19 de febrero
San Auxibio de Solías
Sobrino de San Marcos Evangelista
 
Cada 19 de febrero, la Iglesia recuerda a San Auxibio de Solias, conocido también como Auxibio de Solos o Soles (hoy Chipre). Según la tradición Auxibio fue sobrino de San Marcos Evangelista, pues era hijo de una hermana de este.
 
San Auxibio vivió en el siglo I y fue el primer obispo de la isla de Chipre, a cuya comunidad sirvió alrededor de 50 años. Como se sabe, Chipre es una isla ubicada en el mar Mediterráneo, frente a la costa sur de Turquía, en una posición geográfica que resultó decisiva para la expansión del cristianismo primitivo.
 
San Auxibio y San Marcos
 
Auxibio nació en Roma, en el seno de una familia pagana. Su padre deseaba que contrajera matrimonio de acuerdo a la costumbre romana, para asegurar una posición política, pero él estaba más cerca de hacerse cristiano que de pensar en casarse, así que prefirió apartarse del seno familiar.
 
Fue así como Auxibio llega a Chipre y se encuentra con San Marcos, su tío, de quien sabía había dejado todo para seguir las enseñanzas de un tal Jesús de Nazaret. Eran los tiempos posteriores al martirio de San Bernabé, acontecido en la isla en la década del sesenta. Bernabé, judío levita nacido en Chipre y pariente de Marcos, fue uno de los doce apóstoles de Cristo y el primero en evangelizar la isla. Fue Bernabé quien ganó a Mateo para la causa de Jesucristo.
 
San Marcos contribuyó enormemente a que Auxibio conozca la fe en Jesucristo y cuando lo vio comprometido realmente le concedió el bautismo. Luego lo instruiría en la tarea de anunciar el Evangelio. Una vez que Auxibio estuvo listo, Marcos lo envió a predicar a la ciudad de Solos, al norte de Chipre. En ese lugar empezó a proclamar el Evangelio, pero con excesiva discreción. Aun así, su vida ejemplar produjo conversiones, entre ellas la de un sacerdote pagano, adorador de Júpiter.
 
Obispo por orden de Pablo
 
Concluida la predicación de San Marcos en Alejandría (ciudad de la que sería Patriarca más adelante) se fue al encuentro de San Pablo. El Apóstol pediría a San Tito -su cercano colaborador- que ordenase obispo a Auxibio, persuadido por el testimonio favorable de Marcos. Como obispo, San Auxibio dejó atrás los temores y se convirtió en gran predicador. Su santidad condujo a muchos hacia Cristo. Gracias a él, en Solos se llegó a formar una comunidad cristiana próspera y ejemplar.
 
En el ocaso de su vida, el obispo se consagró a la formación del presbiterado y de los candidatos al sacerdocio. Antes de morir, San Auxibio exhortó a su futuro sucesor (llamado también Auxibio) y a la Iglesia en Chipre a permanecer firmes en la fe. Según la tradición, el santo obispo entregó su alma a Dios en el año 102.(ACI Prensa).

18 febrero, 2026

Miércoles de Ceniza

 Miércoles de Ceniza 2026

Miércoles 18 de febrero
Miércoles de Ceniza
 
Hoy, con el Miércoles de Ceniza, la Iglesia Católica inicia el tiempo litúrgico de la Cuaresma. Durante los siguientes cuarenta días, a través de la vivencia del ayuno, la oración y la limosna, los fieles se preparan para la Semana Santa, momento en que la Iglesia se vuelca totalmente a contemplar los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.
 
Miércoles de Ceniza: llamado a la conversión y camino pascual
 
En la Cuaresma, los fieles son invitados a la conversión personal, esto es, a incrementar sus esfuerzos por transformar la mente y el corazón según Cristo. La Iglesia exhorta a vivir ese espíritu de forma explícita, desde el primer día, en la liturgia del Miércoles de Ceniza. El celebrante ha de imprimir con ceniza la señal de la cruz en la frente de cada uno de los fieles, mientras dice: "Convertíos y creed en el Evangelio" (Mc 1, 15). Asimismo, con la expresión "acuérdate que eres polvo y al polvo volverás" (Gen 3, 19) -la otra fórmula que se utiliza durante la imposición de las cenizas- se pretende hacer memoria de la caducidad y fragilidad de la vida humana, cuyo destino inevitable es la muerte.
 
En ese gran contexto, es importante tener presente que la conversión personal es un llamado a una vida más plena. El Papa León XIV nos dice en el mensaje para la Cuaresma de este año 2026: “El itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.” (Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 13-02-2026).
 
Un poco de historia: cenizas y penitencia
 
En los primeros siglos de la Iglesia, los fieles iniciaban la Cuaresma con una penitencia pública, hecha durante el primer día, en el que eran salpicados de cenizas, se vestían con un sayal y en muchos casos estaban obligados a mantenerse apartados de la comunidad hasta que se reconciliaran con Dios durante el Jueves Santo. Las cenizas eran parte de una simbología muy potente: caducidad, fragilidad, muerte y pecado.
 
Cuando estas prácticas cayeron en desuso entre los siglos VIII y X, el uso de las cenizas sobrevivió pero en el contexto de la liturgia. Se comenzaron a colocar en la frente o sobre la cabeza de los miembros de la congregación. Eran la marca del penitente.
 
En tiempos más recientes, la liturgia ordena que sea el sacerdote celebrante quien imprima o marque las frentes de todos los fieles con la señal de la cruz. Para ello emplea no cualquier ceniza, sino la obtenida al quemar las hojas de olivo y las palmas que fueron usadas el Domingo de Ramos del año anterior, con lo que se refuerza aún más el sentido penitencial.
 
Evangelio de la misa del día (Mateo 6, 1-6. 16-18)
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.
 
Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
 
Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.
 
Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará''.(ACI Prensa).

17 febrero, 2026

Los Siete Santos Fundadores de los Siervos de María o “Servitas”

 Catholic.net - Fundadores de la Orden de los Servitas, Santos

¡Oh!, Siete Santos Fundadores de los Siervos de María:
Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan;
vosotros, sois los hijos del Dios de la vida, y sus amados
santos, que, todos a la mundana vida renunciasteis por
amor a Nuestra Señora atraídos, y, tan luego lo hicisteis
os despojasteis de vuestras pertenencias, donándolas con
amor entre los pobres y desposeídos de vuestro tiempo.
Y , así, liberados ya, de vuestras cargas, os dedicasteis
a una vida de oración y penitencia constante, todo, bajo
el amparo e influjo divino de María, Santa Madre de Dios,
llamándoos por ello, los “Siervos de María” o “Servitas”.
En el Senario, os hicisteis sacerdotes – menos Alejo- y os
pusisteis a predicar y a propagar el evangelio. Un Viernes
Santo de María la Santa Madre del Redentor, recibisteis la
inspiración de adoptar como reglamento eterno, la escrita
por San Agustín, para invitar a nuevos aspirantes y así,
creció vuestra santa orden de increíble manera. ¡Todos
a su tiempo, sus trabajos y sus vidas ofrecieron a Dios!
En morir, el último fuisteis Alejo, y, quien os conoció,
dijo: “Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno
de los “Siete Santos Fundadores”, era el hermano Alejo,
y de sus labios oímos la tierna historia de todos ellos.
La vida del hermano Alejo, era tan santa y devota, que
servía a todos de un maravilloso ejemplo y demostraba
como debieron ser de santos los otros seis compañeros”.
Hoy, os recordamos a todos vosotros, por haber gastado
vuestras santas vidas en buena lid, y haber recibido con
justicia el premio: ¡coronados ser, con coronas de luz, por
vuestra entrega de amor, fe, y espíritu evangelizador!;
“Santos Siervos de Santa María Virgen, Madre del Dios Vivo”;
¡oh!, Fundadores, “viva Luz de la Santa Madre del Redentor».

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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17 de Febrero
Los Siete Santos Fundadores de los Siervos de María o “Servitas”
(año 1233)

Que estos Santos Fundadores nos animen a aumentar nuestra devoción a la Virgen Santísima y a no cansarnos nunca de propagar la devoción a la Madre de Dios. Petición: Recuerda la historia de los padres antiguos. ¿Quién confió en Dios y fue abandonado por Él? (S. Biblia. Eclesiástico).

Eran siete amigos, comerciantes de la ciudad de Florencia, Italia. Sus nombres: Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan.Pertenecían a una asociación de devotos de la Virgen María, que había en Florencia, y poco a poco fueron convenciéndose de que debían abandonar lo mundano y dedicarse a la vida de santidad. Vendieron sus bienes, repartieron el dinero a los pobres y se fueron al Monte Senario a rezar y a hacer penitencia. La idea de irse a la montaña a santificarse, les llegó el 15 de agosto, fiesta de la Asunción de la Sma. Virgen, y la pusieron en práctica el 8 de septiembre, día del nacimiento de Nuestra Señora. Ellos se habían propuesto propagar la devoción a la Madre de Dios y confiarle a Ella todos sus planes y sus angustias. A tan buena Madre le encomendaron que les ayudara a convertirse de sus miserias espirituales y que bendijera misericordiosamente sus buenos propósitos. Y dispusieron llamarse “Siervos de María” o “Servitas”.

En el monte Senario se dedicaban a hacer muchas penitencias y mucha oración, pero un día recibieron la visita del Sr. Cardenal delegado del Sumo Pontífice, el cual les recomendó que no se debilitaran demasiado con penitencias excesivas, y que más bien se dedicaran a estudiar y se hicieran ordenar sacerdotes y se pusieran a predicar y a propagar el evangelio. Así lo hicieron, y todos se ordenaron de sacerdotes, menos Alejo, el menor de ellos, que por humildad quiso permanecer siempre como simple hermano, y fue el último de todos en morir.

Un Viernes Santo recibieron de la Sma. Virgen María la inspiración de adoptar como Reglamento de su Asociación la Regla escrita por San Agustín, que por ser muy llena de bondad y de comprensión, servía para que se pudieran adaptar a ella los nuevos aspirantes que quisieran entrar en su comunidad. Así lo hicieron, y pronto esta asociación religiosa se extendió de tal manera que llegó a tener cien conventos, y sus religiosos iban por ciudades y pueblos y campos evangelizando y enseñando a muchos con su palabra y su buen ejemplo, el camino de la santidad.

Su especialidad era una gran devoción a la Santísima Virgen, la cual les conseguía maravillosos favores de Dios. El más anciano de ellos fue nombrado superior, y gobernó la comunidad por 16 años. Después renunció por su ancianidad y pasó sus últimos años dedicado a la oración y a la penitencia. Una mañana, mientras rezaba los salmos, acompañado de su secretario que era San Felipe Benicio, el santo anciano recostó su cabeza sobre el corazón del discípulo y quedó muerto plácidamente. Lo reemplazó como superior otro de los Fundadores, Juan, el cual murió pocos años después, un viernes, mientras predicaba a sus discípulos acerca de la Pasión del Señor. Estaba leyendo aquellas palabras de San Lucas: “Y Jesús, lanzando un fuerte grito, dijo: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” (Lc. 23, 46). El Padre Juan al decir estas palabras cerró el evangelio, inclinó su cabeza y quedó muerto muy santamente.

Lo reemplazó el tercero en edad, el cual, después de gobernar con mucho entusiasmo a la comunidad y de hacerla extender por diversas regiones, murió con fama de santo.

El cuarto, que era Bartolomé, llevó una vida de tan angelical pureza que al morir se sintió todo el convento lleno de un agradabilísimo perfume, y varios religiosos vieron que de la habitación del difunto salía una luz brillante y subía al cielo.

De los fundadores, Hugo y Gerardino, mantuvieron toda la vida entre sí una grande y santísima amistad. Juntos se prepararon para el sacerdocio y mutuamente se animaban y corregían. Después tuvieron que separarse para irse cada uno a lejanas regiones a predicar. Cuando ya eran muy ancianos fueron llamados al Monte Senario para una reunión general de todos los superiores. Llegaron muy fatigados por su vejez y por el largo viaje.

Aquella tarde charlaron emocionados recordando sus antiguos y bellos tiempos de juventud, y agradeciendo a Dios los inmensos beneficios que les había concedido durante toda su vida. Rendidos de cansancio se fueron a acostar cada uno a su celda, y en esa noche el superior, San Felipe Benicio, vio en sueños que la Virgen María venía a la tierra a llevarse dos blanquísimas azucenas para el cielo. Al levantarse por la mañana supo la noticia de que los dos inseparables amigos habían amanecido muertos, y se dio cuenta de que Nuestra Señora había venido a llevarse a estar juntos en el Paraíso Eterno a aquellos dos que tanto la habían amado a Ella en la tierra y que en tan santa amistad habían permanecido por años y años, amándose como dos buenísimos hermanos.

El último en morir fue el hermano Alejo, que llegó hasta la edad de 110 años. De él dijo uno que lo conoció: “Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno de los Siete Santos Fundadores, el hermano Alejo, y de sus labios oímos la historia de todos ellos. La vida del hermano Alejo era tan santa que servía a todos de buen ejemplo y demostraba como debieron ser de santos los otros seis compañeros”. El hermano Alejo murió el 17 de febrero del año 1310.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Siete_Santos_Fundadores.htm)

16 febrero, 2026

San Onésimo, Obispo de Éfeso y Mártir

 

St.Onesimus.jpg

 

 

 ¡Oh! San Onésimo, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado Obispo y santo, que siendo esclavo os convertisteis
en fugitivo con tal de ser libre y escapar de vuestra
inhumana condición. Sin saberlo, terminasteis encontrando
la libertad en Cristo Jesús, liberador de las esclavitudes
del cuerpo y del alma, entregando vuestra santa vida lapidado
en Roma. A su debido tiempo, os acogió San Pablo, «engendrado
como hijo en la fe». Mientras huíais de la justicia, os
convertisteis, tras haberle robado a Filemón, vuestro amo,
cristiano de la Iglesia de Colosas, cosa que os valió para
entrar en contacto con Pablo, quien os convirtió, bautizó
y os envió a la casa de vuestro antiguo amo, con una carta
de recomendación, como está escrito en la carta a Filemón:
“Te ruego en favor de mi hijo, a quien engendré entre cadenas,
Onésimo, que en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy
útil para ti y para mí. Te lo envío de vuelta, y con él va
mi propio corazón”. Y así, San Pablo, se comprometió a pagar
vuestras deudas: «Si en algo te ofendió, o algo te debe,
ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo firmo con mi puño y letra,
yo pagaré». “En cuanto a mí, de todo os informará Tíquico,
el hermano querido, fiel ministro y consiervo en el Señor,
a quien os envío expresamente para que sepáis de nosotros
y consuele vuestros corazones. Y con él a Onésimo, elhermano
fiel y querido compatriota vuestro. Ellos os informarán de todo
cuanto aquí sucede”. Vuestro antiguo amo, Filemón os perdonó
y os puso en libertad, como su esclavo arrepentido y os mandó
reuniros de nuevo con San Pablo. San Jerónimo cuenta que vos,
os hicisteis predicador del Evangelio y llegasteis a ser
obispo de Éfeso, por orden de Pablo. Pero, finalmente, os
tomaron prisionero y llevándoos a Roma, entregasteis vuestra
vida siendo lapidado. Y, así, voló, vuestra alma al cielo,
para coronada ser de luz como premio a vuestro amor y fe;
¡Oh! San Onésimo, “vivo Amor del Dios de la Vida y del Amor".

© by 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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16 de Febero
San Onésimo
Obispo de Éfeso
Mártir

San Onésimo fue Obispo de Éfeso, un hombre esclavo que se convertiría en fugitivo con tal de ser libre y escapar de su inhumana condición. Sin saberlo, terminó encontrando la libertad verdadera en Cristo Jesús, liberador de las esclavitudes del cuerpo y del alma. Onésimo murió mártir, lapidado en Roma. Su nombre en griego significa “provechoso”.


Según el Martiriologio Romano, Onésimo “fue acogido por San Pablo de Tarso y engendrado como hijo en la fe”. La conversión de Onésimo sucedió mientras huía de la justicia, tras haberle robado a Filemón, su amo, cristiano perteneciente a la Iglesia de Colosas (ubicada en la actual Turquía).

Fue así que Onésimo entró en contacto con San Pablo, quien se hallaba por entonces prisionero en Roma. El Apóstol lo convirtió, bautizó y lo envió a la casa de su antiguo amo con una carta de recomendación, tal y como está escrito en la carta a Filemón versículos del 10 al 12: “Te ruego en favor de mi hijo, a quien engendré entre cadenas, Onésimo, que en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy útil para ti y para mí. Te lo envío de vuelta, y con él va mi propio corazón”.

En l8-19 de la misma epístola, Pablo se compromete a pagar las deudas de Onésimo: «Si en algo te ofendió, o algo te debe, ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo firmo con mi puño y letra, yo pagaré».

De 25 versículos que contiene la carta de San Pablo a Filemón, 12 están dedicados a Onésimo como hijo suyo. En su carta a los colosenses (4, 7-9) es nombrado nuevamente y cuenta que volvió de nuevo a casa de Filemón y finalmente fue aceptado como un verdadero hermano:

“En cuanto a mí, de todo os informará Tíquico, el hermano querido, fiel ministro y consiervo en el Señor, a quien os envío expresamente para que sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones. Y con él a Onésimo, el hermano fiel y querido compatriota vuestro. Ellos os informarán de todo cuanto aquí sucede”.

Filemón perdonó y puso en libertad a su esclavo arrepentido y lo mandó reunirse de nuevo con San Pablo.

San Jerónimo cuenta que Onésimo se hizo predicador del Evangelio y llegó a ser obispo de Éfeso, por orden de Pablo. Posteriormente, Onésimo fue hecho prisionero y llevado a Roma, donde murió lapidado.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-conmemora-san-onesimo-obispo-de-efeso-40095)

15 febrero, 2026

Domingo 6 (A) del tiempo ordinario

 

Domingo 15 de febrero
Domingo 6 (A) del tiempo ordinario
 
Texto del Evangelio (Mt 5,17-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Sí, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarán antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda. Por tanto, el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el Reino de los Cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos. Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos.
 
»Habéis oído que se dijo a los antepasados: 'No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal'. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego. Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.
 
»Habéis oído que se dijo: 'No cometerás adulterio'. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna. También se dijo: 'El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio'. Pues yo os digo: Todo el que repudia a su mujer, excepto el caso de fornicación, la hace ser adúltera; y el que se case con una repudiada, comete adulterio.
 
»Habéis oído también que se dijo a los antepasados: 'No perjurarás, sino que cumplirás al Señor tus juramentos'. Pues yo digo que no juréis en modo alguno: ni por el Cielo, porque es el trono de Dios, ni por la Tierra, porque es el escabel de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran rey. Ni tampoco jures por tu cabeza, porque ni a uno solo de tus cabellos puedes hacerlo blanco o negro. Sea vuestro lenguaje: "Sí, sí"; "no, no": que lo que pasa de aquí viene del Maligno».
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«No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas»
Pe. Givanildo dos SANTOS Ferreira (Brasilia, Brasil)
 
Hoy, Jesús nos dice «No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento» (Mt 5,17). ¿Qué es la Ley? ¿Qué son los Profetas? Por Ley y Profetas, se entienden dos conjuntos diferentes de libros del Antiguo Testamento. La Ley se refiere a los escritos atribuidos a Moisés; los Profetas, como el propio nombre lo indica, son los escritos de los profetas y los libros sapienciales.
 
En el Evangelio de hoy, Jesús hace referencia a aquello que consideramos el resumen del código moral del Antiguo Testamento: los mandamientos de la Ley de Dios. Según el pensamiento de Jesús, la Ley no consiste en principios meramente externos. No. La Ley no es una imposición venida de fuera. Todo lo contrario. En verdad, la Ley de Dios corresponde al ideal de perfección que está radicado en el corazón de cada hombre. Esta es la razón por la cual el cumplidor de los mandamientos no solamente se siente realizado en sus aspiraciones humanas, sino también alcanza la perfección del cristianismo, o, en las palabras de Jesús, alcanza la perfección del reino de Dios: «El que los observe y los enseñe, ése será grande en el Reino de los Cielos» (Mt 5,19).
 
«Pues yo os digo» (Mt 5,22). El cumplimiento de la ley no se resume en la letra, visto que “la letra mata, pero el espíritu vivifica” (2Cor 3,6). Es en este sentido que Jesús empeña su autoridad para interpretar la Ley según su espíritu más auténtico. En la interpretación de Jesús, la Ley es ampliada hasta las últimas consecuencias: el respeto por la vida está unido a la erradicación del odio, de la venganza y de la ofensa; la castidad del cuerpo pasa por la fidelidad y por la indisolubilidad, la verdad de la palabra dada pasa por el respeto a los pactos. Al cumplir la Ley, Jesús «manifiesta con plenitud el hombre al propio hombre, y a la vez le muestra con claridad su altísima vocación» (Concilio Vaticano II).
 
El ejemplo de Jesús nos invita a aquella perfección de la vida cristiana que realiza en acciones lo que se predica con palabras.
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia» (San Cipriano)
«Rezar por aquel con el que estamos irritados es un hermoso paso en el amor, y es un acto evangelizador» (Francisco)
 
«‘Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor’ (Rm 13,8). La comunión de la Santísima Trinidad es la fuente y el criterio de verdad en toda relación (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.845). (Evangeli net).