02 junio, 2026

San Félix de Nicosia OFMC, Iletrado, pero sabio

 San Félix de Nicosia, 2 de junio

 
02 de junio
San Félix de Nicosia OFMC
Iletrado, pero sabio
 
Cada 2 de junio se celebra a San Félix de Nicosia, humilde fraile capuchino (Orden de los Frailes Menores Capuchinos) del siglo XVIII, ejemplo de austeridad, entrega y, por sobre todo, de amor a Dios, manifestado en la obediencia y la caridad con los pobres y vulnerables.
 
San Félix nació en la ciudad siciliana de Nicosia (Italia) en el año 1715. Su nombre de pila fue Filippo Giacomo Amoroso. A los 20 años, pidió ser admitido en el convento de los franciscanos capuchinos en condición de hermano lego, ya que, por ser analfabeto, no podía aspirar a ser clérigo.
 
Fue rechazado durante 8 años consecutivos, hasta que finalmente fue admitido en el convento de Mistretta, Sicilia. Hizo su profesión perpetua el 10 de octubre de 1774, y, de inmediato, fue enviado al convento de Nicosia, su pueblo natal.
 
Limosnero, pero rico
 
Durante gran parte de su vida religiosa ejerció el oficio de limosnero. Cada día recorría las calles de su pueblo llamando a las puertas de los ricos, invitándolos a compartir sus bienes y a acudir a Dios, de quien todos somos deudores.
 
Luego, tocaba las puertas de los pobres, ofreciendo asistencia en sus necesidades y recordándoles que aún en medio de la pobreza hay mucho que ofrecer y compartir. De esta manera, él mismo se convirtió en nexo de unión entre unos y otros, ayudando a romper los muros sociales.
 
Con su conducta amable, San Félix conmovía a sus coetáneos, especialmente porque siempre daba las gracias, tanto cuando recibía donativos como cuando lo rechazaban o maltrataban. En cualquiera de los casos su respuesta era la misma: “Sea por amor de Dios".
 
Iletrado, pero sabio
 
Aunque era analfabeto, conocía bien las Sagradas Escrituras y la doctrina cristiana, pues se esforzaba en retener los pasajes bíblicos que le resultaban más significativos, así como los textos de los maestros espirituales que se leían en el convento durante las comidas.
 
Algo similar hacía con lo que escuchaba en la homilía. El hermano Felix demostró con contundencia que era realmente bueno para atesorar lo que llegaba a sus oídos para, una vez interiorizado, compartirlo con cualquiera que lo necesitara.
 
Fue un gran amante de la Eucaristía (se pasaba horas rezando ante el Sagrario). Profesó una devoción particular a la Virgen de los Dolores (llevó en su pecho durante treinta años una imagen de Ella) y a la Pasión de Cristo (solía meditar sobre el sacrificio de Cristo en la Cruz con los brazos cruzados).
 
Dócil instrumento de Dios
 
San Félix tenía como mayor aspiración corresponder lo mejor posible al amor de Dios. Sabía que si a Dios se aferraba, todo lo restante calzaría en su lugar. Sabía también que si había que preocuparse de algo, debía ser de poner a Dios en primer lugar, siempre.
 
El Señor, sabiéndose reparado por la piedad del humilde santo, adornó su vida con el don de curar enfermedades, tanto del cuerpo como del alma. En nombre de Cristo obró muchos milagros. Es conocido, además, que el buen Hno. Félix recibió el don de la bilocación, gracias al cual sirvió a más gente.
 
El santo murió el 31 de mayo de 1787 en el convento de Nicosia, su hogar, a la edad de 78 años. Fue beatificado el 12 de febrero de 1888 por el Papa León XIII y canonizado el 23 de octubre del 2005 por el Papa Benedicto XVI.
 
"Sea por amor de Dios"
 
En la homilía de la Misa de canonización, el Papa pronunció unas palabras dedicadas a San Félix: «”Sea por amor de Dios”. Así podemos comprender bien cuán intensa y concreta era en él la experiencia del amor de Dios revelado a los hombres en Cristo. Este humilde fraile capuchino, hijo ilustre de la tierra de Sicilia, austero y penitente, fiel a las expresiones más auténticas de la tradición franciscana, fue plasmado y transformado gradualmente por el amor de Dios, vivido y actualizado en el amor al prójimo. Fray Félix nos ayuda a descubrir el valor de las pequeñas cosas que enriquecen la vida, y nos enseña a captar el sentido de la familia y del servicio a los hermanos, mostrándonos que la alegría verdadera y duradera, que anhela el corazón de todo ser humano, es fruto del amor». (ACI Prensa).

01 junio, 2026

San Justino, filósofo, teólogo, mártir y Apologista del siglo II

 Puede ser una imagen de texto que dice "San Justino Patrono de los filósofos 1 dejunio de aciprensa.com"

 
 
1 de junio
San Justino, filósofo, teólogo y mártir
Apologista del siglo II
 
Cada 1 de junio la Iglesia celebra a San Justino, filósofo, teólogo y mártir, a quien el Papa Benedicto XVI llamó "el más importante entre los Padres apologistas del siglo II".
 
San Justino, inicialmente pagano, dedicó su vida al saber y a la búsqueda de la verdad. Precisamente en ese esfuerzo descubrió la fe y la necesidad de dar razón de ella. Llegó a ser un eximio filósofo cuyo talento fue puesto al servicio de la doctrina cristiana.
 
Una vez convertido a la causa de Cristo, Justino se dedicó a defender las verdades reveladas por Dios haciendo uso de las herramientas conceptuales con las que nos provee la razón. Persuadido por la Verdad que viene de lo alto, se comprometió a tal punto con Cristo que no dudó en entregar su vida en el martirio.
 
Buscador de la verdad, servidor de la Verdad
 
San Justino nació alrededor del año 100, en la antigua región de Siquem, en Samaria. Sus padres fueron paganos de origen griego y le otorgaron una educación privilegiada en Filosofía y Letras, lo que le permitió, llegado el momento, aproximarse al cristianismo con profundidad y reverencia.
 
Un día, mientras meditaba acerca de Dios, se le acercó un sabio anciano que le recomendó estudiar la religión cristiana a través de la Escritura, “porque es la única que habla de Dios debidamente y de manera que el alma queda plenamente satisfecha”, le dijo.
 
En ese momento Justino tenía unos 30 años. Tocado por las palabras de aquel hombre sabio, a partir de entonces se dedicó a leer las Sagradas Escrituras, en las que encontró no sólo “un conjunto de maravillosas enseñanzas”, sino la Verdad que había buscado de corazón, algo que ningún otro conocimiento podía superar.
 
Posteriormente, San Justino fundó una escuela en Roma, en la que enseñaba gratuitamente a quienes querían conocer la nueva religión que se expandía por el imperio. Justino consideró al saber revelado como una verdadera filosofía y fuente para aprender el arte de vivir con rectitud.
 
El haber enseñado esta luminosa doctrina le acarreó ser denunciado y condenado a muerte. Como otros tantos mártires, se le dio la oportunidad de adorar dioses extraños a cambio de respetar su vida. San Justino no aceptó tan indigna oferta y fue ejecutado. Murió decapitado alrededor del año 165 en tiempos de Marco Aurelio, perseguidor de la Iglesia.
 
Defensor de la fe y la praxis cristianas
 
El término “apologista” o “apologeta” equivale a “defensor”; y fue justamente ese papel el que San Justino asumió contra aquellos que rechazaban al cristianismo.
 
El santo escribió varios textos, la mayoría desaparecidos, pero hay algunos que han llegado hasta nuestros días. Entre estos destacan las famosas “Apologías” (defensa del cristianismo en dos partes), escritas para el emperador Tito Aurelio (Antonino Pío), los miembros del Senado y las principales autoridades romanas.
 
En ellas, Justino tiene la intención de dar a conocer las razones por las que los cristianos no deberían ser perseguidos y a su vez sus costumbres deberían ser respetadas.
 
Tanto la primera como la segunda apología ofrecen, además, detalles sobre la vida y costumbres de los cristianos antes del año 200, por lo que constituyen una fuente invalorable que ha hecho posible que hoy podamos comprender y apreciar muchos de los rasgos característicos de la Iglesia primitiva. Las Apologías gozaron de gran difusión y fueron ampliamente conocidas desde el Asia Menor hasta Roma.
 
Además de las “Apologías”, también se conserva el llamado “Diálogo con Trifón”. Este texto, igualmente de carácter apologético, se aboca a las semejanzas y diferencias entre el cristianismo y el judaísmo. Su propósito es afirmar que Jesucristo representa la plenitud de la Ley y que, por lo tanto, debe ser reconocido por el pueblo judío como el Mesías esperado.
 
Para conseguir ese objetivo, San Justino se apoya constantemente en la Escritura, echando mano del recurso literario del diálogo (ficción argumentativa), en el que discute con un rabino de nombre “Trifón”.
 
El Papa Benedicto XVI señaló en torno a las obras del santo: “Ilustran ante todo el proyecto divino de la creación y de la salvación que se cumple en Jesucristo, el Logos, el Verbo de Dios, del que participa todo hombre, como creatura racional. Su primera Apología es una crítica implacable a la religión pagana y a los mitos de entonces” (Benedicto XVI, 2007).(ACI Prensa).

29 mayo, 2026

San Pablo VI, Patrono de los cursillos de cristiandad

 San Pablo VI

29 de mayo
San Pablo VI
Patrono de los cursillos de cristiandad
 
Cada 29 de mayo celebramos a San Pablo VI, el Pontífice que llevó a término el acontecimiento eclesial más importante de los tiempos modernos: el Concilio Vaticano II. El Papa San Pablo VI marcó un antes y un después en términos de la defensa de la vida y la familia, en virtud a su famosa encíclica Humanae vitae (Sobre la vida humana).
 
Servidor de Cristo
 
Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, el Papa Pablo VI, nació en Lombardía (Italia) el 26 de septiembre de 1897. Fue el segundo de los tres hijos del matrimonio de Giorgio Montini -abogado, periodista, director de la Acción Católica y parlamentario italiano- y doña Giudetta Alghisi.
 
El 29 de mayo de 1920, a la edad de 22 años, Giovanni Battista Montini fue ordenado sacerdote y enviado a Roma para culminar su formación. Cursó estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana, en la Universidad de Roma La Sapienza y en la Academia Pontificia Eclesiástica. Una vez concluidos sus estudios, fue asignado a la oficina de la Secretaría de Estado, donde trabajó por 30 años.
 
El 1 de noviembre de 1954, con 57 años de edad, Montini fue nombrado Arzobispo de Milán, y unos años más tarde sería creado Cardenal, el 15 de diciembre de 1958.
 
En consonancia con el Espíritu: el Concilio
 
A la muerte del Papa San Juan XXIII en 1963, cuando aún se estaba realizando el Concilio Vaticano II, el Cardenal Montini fue convocado a participar del cónclave que elegiría al sucesor del “Papa bueno”. El cónclave concluyó eligiéndolo como el nuevo Sucesor de Pedro el 21 de junio de ese año.
 
El recién elegido Papa tomaría el nombre de Pablo VI. Su pontificado llevó a buen puerto el trabajo de “renovación en continuidad” que propuso Juan XXIII al iniciar el Concilio. Es decir, una renovación que no significase un quiebre con la tradición, y que al mismo tiempo implique una mirada desde el Evangelio de cara al futuro. Pablo VI supo entender correctamente las mociones del Espíritu Santo y poner a la Iglesia a tono para afrontar los nuevos tiempos.
 
Dio por concluido el Concilio Vaticano II el 8 de diciembre de 1965.
 
Magisterio en favor de la vida y la familia
 
Escribió siete encíclicas: Ecclesiam Suam (6 de agosto de 1964), Mense maio (29 de abril de 1965), Mysterium fidei (3 de septiembre de 1965), Christi Matri (15 de septiembre de 1966), Populorum progressio (26 de marzo de 1967), Sacerdotalis Caelibatus (24 de junio de 1967) y Humanae vitae (25 de julio de 1968) -sobre la regulación de la natalidad-. Esta última constituye un hito histórico al haber marcado el derrotero que ha de seguir la Iglesia en términos de la defensa de la familia, la castidad y la sexualidad, al tiempo que sigue impulsando una auténtica revolución moral y social en un mundo cada vez más secularizado.
 
Un Pontífice para los nuevos tiempos
 
San Pablo VI también impulsó el diálogo ecuménico. Han pasado a la historia algunos de sus gestos de acercamiento a las Iglesias de Oriente, como su memorable abrazo con el Patriarca de Constantinopla Atenágoras en 1964, y el mutuo levantamiento de excomuniones.
 
Además, fue él quien inició la era de los viajes pontificios con visitas a países de los cinco continentes, incluyendo un viaje a Tierra Santa y una presentación en la sede de la ONU en Nueva York. Cabe señalar que, en este esfuerzo por acercar a los miembros de la Iglesia, pasó por momentos difíciles, como el producido en Filipinas en 1970, donde fue blanco de un intento de asesinato.
 
En el motu proprio Ecclesiae sanctae del 6 de agosto de 1966, el Papa Pablo VI estableció que los obispos debían presentar su renuncia al cargo al cumplir los 75 años de edad. Este requisito se hizo extensivo a los Cardenales en 1970. También modificó el proceso de elección papal, al establecer que sólo los Purpurados menores de 80 años pueden participar en los cónclaves. Asimismo, en 1969, el santo promulgó la reforma litúrgica posconciliar.
 
Legado papal
 
Entre otras importantes tareas, Pablo VI celebró seis consistorios entre 1965 y 1977; creó a los Cardenales Karol Wojtyla (Juan Pablo II) en 1967, Albino Luciani (Juan Pablo I) en 1973 y Joseph Ratzinger (Benedicto XVI) en 1977.
 
El Papa San Pablo VI falleció en Castel Gandolfo el 6 de agosto de 1978, después de un pontificado de 15 años. Fue beatificado el 19 de octubre de 2014 y canonizado el 14 de octubre de 2018 por el Papa Francisco.(ACI Prensa).

28 mayo, 2026

Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote

 Puede ser una imagen de texto que dice "JESU JESUCRISTO SUMO Y ETERNO SACERDOTE "Teniendo, pues, un gran Sumo Sacerdote que pen- etró los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, manten- gamos firme la confesión de nuestra fe. Hb 4, 16 MSP"

28 de mayo
Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote
 
En algunos países, el jueves posterior a la Solemnidad de Pentecostés se celebra la fiesta de ‘Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote’. 
 
Origen y desarrollo 
 
Esta festividad tiene sus orígenes en la celebración del Sacerdocio de Cristo que la Iglesia realiza desde siempre, pero que en algunas localidades o diócesis fue cobrando una forma particular con el transcurso de las últimas décadas. Este es el caso, por ejemplo, de España, donde se le dedica un día del año. 
 
Tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II (1962-1965), la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote empezó a hacerse más conocida gracias al impulso apostólico de la Congregación de Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, congregación femenina de vida contemplativa, cuyo carisma consiste en orar por la fidelidad de los sacerdotes y por el aumento de las vocaciones sacerdotales. 
  
La celebración de la fiesta de Jesucristo, Sumo y eterno sacerdote fue introducida en España en 1973 con la aprobación de la Sagrada Congregación para el Culto Divino (hoy, convertida en Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos) y el patrocinio del Papa San Pablo VI. La Sagrada Congregación dispuso además que esta festividad posea textos litúrgicos propios para la celebración de la Santa Misa y el rezo del Oficio, aprobados en 1971.
 
Además de España, otras Conferencias Episcopales han incluido esta fiesta en sus calendarios litúrgicos particulares. Este es el caso de países como Chile, Colombia, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. En algunas diócesis de los países mencionados la fiesta de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote es conocida también como la ‘Jornada por la santificación de los sacerdotes’.
 
Fundamento a la luz del Magisterio 
 
San Juan Pablo II, en la encíclica “Ecclesia de Eucharistia” [La Iglesia vive de la Eucaristía] señalaba que “el Hijo de Dios se ha hecho hombre para reconducir todo lo creado, en un supremo acto de alabanza a Aquél que lo hizo de la nada… De este modo, Él, el sumo y eterno Sacerdote, entrando en el santuario eterno mediante la sangre de su Cruz, devuelve al Creador y Padre toda la creación redimida. Lo hace a través del ministerio sacerdotal de la Iglesia y para gloria de la Santísima Trinidad”.
 
El sacerdocio, encarnado de manera plena en Jesucristo, se constituye en elemento indispensable para salud de las almas y para perfección de todo lo creado, obra de Dios. Todo sacerdote -de acuerdo al grado recibido- participa del mismo sacerdocio de Cristo y prolonga en el tiempo su acción redentora.
 
Raíces bíblicas: Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza 
 
La Escritura provee de abundantes referencias que contribuyen a la comprensión del ‘Sacerdocio definitivo’ de Cristo, del que participan todos y cada uno de los sacerdotes que Dios ha llamado a su servicio. La vocación sacerdotal constituye un llamado para toda la eternidad. 
 
En el Nuevo Testamento la palabra “sacerdote” designa ciertamente a los ministros encargados del culto sacrificial, guardianes de la ley y el templo. Sin embargo, el uso del término se reserva, en su pleno sentido, para denominar a Cristo que congrega al pueblo de Dios; es lo que se denomina ‘Sacerdocio real’: "Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz" (1 Pe 2, 9).
 
En el capítulo 4 de la Carta a los Hebreos se habla del Sumo Sacerdocio de Jesucristo en los siguientes términos:
"Teniendo, pues, tal Sumo Sacerdote que penetró los cielos -Jesús, el Hijo de Dios- mantengamos firmes la fe que profesamos. Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado. Acerquémonos, por tanto, confiadamente al trono de gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar gracia para una ayuda oportuna" (Heb 4, 14-16).
 
La Carta a los Hebreos sugiere explícitamente que el sacrificio de Cristo lo ha erigido como el nuevo, único y definitivo sacerdocio, diferenciándose así de los sacrificios de los sacerdotes de la Antigua Alianza:
"Así también, Cristo no se apropió la gloria de ser sumo sacerdote, sino que Dios mismo le había dicho: Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. O como dice también en otro lugar: Tú eres sacerdote para siempre igual que Melquisedec" (Heb 5, 5-6). Luego se añade: "Cristo ha venido como sumo sacerdote de los bienes definitivos" (Heb 9, 11).
 
Necesitamos ‘otros cristos’ que no se acomoden al mundo
 
Con motivo de la clausura del Año Sacerdotal en 2010, el Papa Benedicto XVI reflexionaba junto a un grupo de sacerdotes venidos de todas partes del mundo en torno a la vocación sacerdotal. 
 
Reproducimos a continuación parte de ese profundo y retador diálogo:
P: Santo Padre, soy Anthony Denton y vengo de Oceanía, de Australia. Esta noche aquí somos muchísimos sacerdotes. Pero sabemos que nuestros seminarios no están llenos y que, en el futuro, en varias partes del mundo, nos espera una disminución, incluso brusca. ¿Qué hacer que sea realmente eficaz para las vocaciones? ¿Cómo proponer nuestra vida, lo que de grande y bello hay en ella, a un joven de nuestro tiempo?
 
BXVI: “... Es grande la tentación de ocuparnos nosotros del asunto, de transformar el sacerdocio —el sacramento de Cristo, el ser elegido por él— en una tarea normal y corriente, en un «oficio» que tiene un horario, y por lo demás uno se pertenece sólo a sí mismo; convirtiéndolo así en una vocación como cualquier otra: haciéndolo accesible y fácil. Pero esta es una tentación que no resuelve el problema. Me hace pensar en la historia de Saúl, el rey de Israel, que antes de la batalla contra los filisteos espera a Samuel para el necesario sacrificio a Dios. Y cuando Samuel, en el momento esperado, no llega, él mismo ofrece el sacrificio, aun sin ser sacerdote (cf. 1 S 13); piensa que así puede resolver el problema, que naturalmente no resuelve, porque se asume él la responsabilidad de lo que no puede hacer, se hace él mismo Dios, o casi, y no puede esperarse que las cosas vayan realmente según el modo de Dios. Así, también nosotros, si desempeñáramos sólo una profesión como los demás, renunciando a la sacralidad, a la novedad, a la diversidad del sacramento que da sólo Dios, que puede venir solamente de su vocación y no de nuestro «hacer», no resolveríamos nada”.(ACI Prensa).

27 mayo, 2026

San Agustín de Canterbury, Primer arzobispo de Canterbury y Patrono de Inglaterra

 Puede ser una imagen de texto que dice "San Agustin de Canterbury Patrono de Inglaterra 27 de 7demayo mayo x x aciprensa.com"

27 de mayo
San Agustín de Canterbury
Primer arzobispo de Canterbury y
Patrono de Inglaterra
 
Cada 27 de mayo, la Iglesia celebra a San Agustín de Canterbury, monje de la Orden de San Benito (benedictinos), quien fuera primer arzobispo de Canterbury (Inglaterra). 
 
A San Agustín se le considera uno de los más grandes evangelizadores de Europa, a lado de San Patricio de Irlanda y San Bonifacio de Maguncia (Alemania).
 
Hacer renacer la fe
 
Se desconoce la fecha exacta del nacimiento de Agustín; sin embargo, se sabe que inició su vida apostólica y misionera en el año 597, cuando deja la ciudad de Roma, donde vivía, y se dirige a la isla de Gran Bretaña. El santo partió en compañía de otros 39 monjes por órdenes del Papa Gregorio Magno, quien deseaba que el territorio insular europeo fuese evangelizado.
 
Gran Bretaña había recibido evangelizadores desde los tiempos apostólicos, no obstante, pasados algunos siglos, la Iglesia no había logrado arraigarse suficientemente, y paulatinamente los antiguos cultos paganos se iban fortaleciendo, especialmente tras la invasión sajona de los siglos V y VI.
 
Acompañado por la Providencia
 
Esta situación daría un giro importante cuando el rey Etelberto de Kent (560-616) -la región de Kent estaba ubicada al sudeste de la Inglaterra medieval- concede el permiso para la llegada de misioneros y evangelizadores, especialmente benedictinos. Etelberto, siendo un pagano, quiso con esta apertura, complacer a su esposa católica, la reina consorte Adalberta -más tarde, Santa Berta de Kent-. Con el tiempo, el rey mismo se convertiría, pediría el bautismo y moriría santo como su esposa.
 
Antes de la llegada de los misioneros al pueblo de Thanet, en Kent, y fueran recibidos por Etelberto, el Papa San Gregorio Magno ya había nombrado abad y designado obispo a Agustín. Tras el encuentro entre el monarca y el novel obispo, el rey concedió permiso a los monjes para la predicación y les entregó en custodia la iglesia de San Martín. Las celebraciones litúrgicas y la prédica pública fueron reanudadas, y con ello empezaron a producirse muchas conversiones. Como corolario de aquel renacimiento de la fe, el rey y los miembros de su corte se bautizaron el día de Pentecostés del año 597.
 
“El apóstol de los ingleses”
 
La afabilidad de los misioneros, su sencillez, generosidad y fortaleza a toda prueba, causaron una profunda impresión en el rey. Agustín, además, destacaba en medio del grupo. Con esto, Etelberto quedó impresionado, y cada vez más compenetrado con la doctrina que enseñaba el santo, expuesta con claridad y elocuencia.
 
Entonces, Agustín tomó la decisión de enviar a dos de sus monjes a Roma para comunicarle al Sumo Pontífice lo que estaba aconteciendo. El Papa en respuesta lo nombró Arzobispo de Canterbury y lo exhortó a mantener el favor del rey mediante la humildad y el agradecimiento. Agustín se convirtió así en el primer Arzobispo de Canterbury, la célebre ciudad catedralicia del sudeste de Inglaterra, que retomaría sus raíces cristianas, hasta que, lamentablemente, siglos más tarde, terminó convirtiéndose en centro del anglicanismo.
 
Inglaterra católica
 
Agustín cumpliría, sin ser del todo consciente, una labor de importancia histórica: siguiendo las indicaciones del Papa, llevó a cabo la repartición de territorios eclesiásticos. El santo erigió varias sedes episcopales que subsisten hasta hoy, una en Londres y otra en Rochester, consagrando obispos a Melito y a Justo.
 
Después de haber trabajado incansablemente por la conversión de Inglaterra, San Agustín de Canterbury murió el 26 de mayo del año 604.(ACI Prensa)

26 mayo, 2026

San Felipe Neri, Fundador del Oratorio de Roma y de la Congregación del Oratorio

 

26 de mayo
San Felipe Neri
Fundador del Oratorio de Roma y de la
Congregación del Oratorio
 
Cada 26 de mayo la Iglesia universal celebra a San Felipe Neri, santo italiano del siglo XVI que impulsó un movimiento de renovación espiritual en momentos en los que la sociedad italiana pasaba por una profunda crisis, alejándose paulatinamente de Dios.
 
Como respuesta a dicha situación, San Felipe Neri fundó el célebre “Oratorio” de Roma y posteriormente la Congregación del Oratorio, integrada por sacerdotes seculares (clérigos) y seglares, unidos en la práctica de la caridad.
  
Hoy como ayer, Felipe Neri es fuente de inspiración para todos los que desean vivir la alegría auténtica, esa que brota de las enseñanzas del Evangelio y que se traduce en amor a Dios y a los hermanos. ¿Cuál fue el “secreto” de San Felipe para conocer y vivir esa alegría? He aquí su respuesta: “Quien quiera algo que no sea Cristo, no sabe lo que quiere; quien pida algo que no sea Cristo, no sabe lo que pide; quien no trabaje por Cristo, no sabe lo que hace”.
 
San Felipe Neri es el patrono de educadores y humoristas.
 
El camino que conduce a Roma
 
Felipe Neri nació en Florencia (Italia) en 1515. Pronto quedaría huérfano de madre; sin embargo, sus hermanos y él encontrarían en la segunda esposa de su padre a una verdadera madre. 
 
A los 17 años fue enviado a la comuna de San Germano para que aprendiera de negocios y otros asuntos terrenales. Paradójicamente, fue allí donde Felipe realizó otro tipo de aprendizaje: el que proviene del encuentro profundo y constante con Dios, ese que cambia la vida. Tan importante fue esta experiencia para Felipe que, en los años venideros, se referiría a ella como ‘el momento de mi conversión’: Dios quería efectivamente que Felipe se ocupara de ciertos “negocios”, aunque estos al final no fueron los de la tierra sino los del cielo.
 
Así, el joven florentino dejó San Germano y se fue a Roma en busca de su destino, sin dinero y sin un proyecto claro, aunque confiando en la Divina Providencia.
 
Asentado en la Ciudad Eterna, consiguió un trabajo como preceptor de los hijos de un aduanero florentino como él. Los chicos se sintieron muy a gusto bajo la dirección de Felipe, y por ello fue bien recompensado. Gracias al dinero que ganó pudo iniciar sus estudios de filosofía y teología. Hasta ese momento todo apuntaba hacia un futuro promisorio y una brillante carrera, pero Felipe empezó a descubrir un llamado distinto que lo condujo a abandonar las aulas y entregarse de lleno al apostolado.
 
Felipe y su “gran corazón”
 
En la víspera de Pentecostés de 1544, mientras el santo permanecía en oración y pedía al Espíritu Santo que le concediera sus dones, del cielo descendió una bola de fuego que se posó sobre su pecho. San Felipe cayó al suelo y le rogó a Dios que se detenga. De pronto perdió la consciencia.
 
Cuando la recuperó se incorporó de inmediato, y sintió algo extraño sobre el pecho: tenía un bulto del tamaño de un puño. Dios le había “agrandado el corazón” como signo de que su Espíritu permanecería siempre con él. La milagrosa “deformación” permaneció con él por el resto de su vida, sin causarle jamás dolor alguno.
 
Esa grandeza de corazón -física y espiritual- se volcó en el servicio a la ciudad de Roma, aquejada por la decadencia moral y la indiferencia. En ese esfuerzo, su testimonio de santidad fue decisivo para renovar espiritualmente a la misma Iglesia, cuyos representantes habían cedido terreno, en algunos casos gravemente, a los intereses mundanos.
 
El buen Felipe acompañó espiritualmente a los florentinos que residían en la ciudad, sus paisanos, pero, como se sabe, se puso al servicio de todos, especialmente de los niños abandonados, los pobres y los necesitados. No por gusto la historia recuerda a San Felipe con el título de “El Apóstol de Roma”.
 
Apacentando a las ovejas
 
Con el tiempo vendría la primera organización fundada por iniciativa de Felipe Neri: la Cofradía de la Santísima Trinidad, conocida como la Cofradía de los pobres.
 
El santo, embarcado en un apostolado fértil y cada vez más sólido, se preparó para el orden sacerdotal. Una vez consagrado, se convirtió en modelo de servicio a las almas a través de la confesión, a la que dedicaba largas horas del día. Con frecuencia caía en éxtasis mientras celebraba la Misa, y no son pocos los testimonios de quienes lo vieron levitar mientras sostenía a Cristo Eucaristía en las manos.
 
El Padre Felipe solía organizar conversaciones espirituales con jóvenes y niños, generalmente de carácter catequético, que concluían siempre con la visita y la adoración al Santísimo Sacramento por parte de los asistentes. El santo tenía un carisma especial con los más pequeños, a quienes congregaba y protegía del abandono y los peligros propios de las grandes ciudades.
 
Aquellas reuniones comenzaron a hacerse muy conocidas entre los romanos, quienes empezaron a llamar a los concurrentes ‘oratorianos’, ya que San Felipe, tras convocar a los asistentes tocando una campana, los reunía a todos en un ‘oratorio’. El oratorio era el lugar para rezar juntos, para cantar, para conversar de la santidad y la vida cristiana. Esa sería la semilla de la que brotó posteriormente la Congregación del Oratorio.
 
Entre lo ordinario y lo extraordinario: de la mano de María
 
Alguna vez, la Virgen María se le apareció para consolarlo en medio de una enfermedad que lo aquejaba; probablemente un mal de la vesícula.
 
La Madre de Dios le concedió el milagro de quedar definitivamente curado y, siendo él un hombre íntegro y sencillo, recibió inesperadamente el don de curar a otros, de leer sus pensamientos en ciertas ocasiones y de profetizar. El santo nunca se ufanó de aquellas gracias y más bien procuraba ocultarlos, a no ser que la necesidad lo obligase. La marca de Felipe fue siempre la humildad, y su serena y contagiante alegría.
 
La corona para quien amó con alegría
 
El 25 de mayo de 1595, día del Corpus Christi, a San Felipe Neri se le vió especialmente contento. Se sentó en el confesionario, administró el sacramento de la reconciliación durante todo el día y recibió a varios visitantes. Ese fue, sorprendentemente, el día de su muerte. Hacia la medianoche, ya más reposado, sufrió un ataque al corazón y partió al encuentro del Padre.
 
“¡Oh Señor que eres tan adorable y me has mandado a amarte!, ¿por qué me diste tan solo un corazón y este tan pequeño?”, decía San Felipe reconociéndose limitado y pobre ante Dios, frente a Aquel que hace de toda grandeza poca cosa. El Padre Felipe había muerto, sí, pero dejaba un tesoro a sus hijos: la prueba fehaciente de que “los últimos serán primeros y los primeros, últimos” (Mt 20, 16).
 
Años más tarde, al ser exhumados los restos de Felipe Neri, se descubrió que el santo tenía dos costillas rotas, y que estas se habían arqueado previamente como para dejar más espacio al corazón, símbolo del amor que dio a lo largo de su vida.
 
Su cuerpo reposa hoy en la Chiesa Nuova, la Iglesia Nueva, hoy llamada Iglesia de Santa María de Vallicella, en Roma. (ACI Prensa)


25 mayo, 2026

Santa Magdalena Sofía Barat, Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús

 Puede ser una imagen de texto que dice "Santa Magdalena Sofía Barat 25 de mayo aciprensa.com"

25 de mayo
Santa Magdalena Sofía Barat
Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús 
 
Cada 25 de mayo, la Iglesia celebra a Santa Magdalena Sofía Barat, fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús.
 
Santa Magdalena Sofía nació en 1779 en Joigny (Francia). Desde pequeña se sintió atraída por la oración y la vida religiosa, pero no sería hasta pasados los peores años de la Revolución Francesa -cuando la libertad religiosa se fue restituyendo- que descubriría el llamado a consagrarse al servicio de Dios y de la Iglesia.
 
Magdalena nació en un hogar humilde, no obstante, gracias a su hermano mayor -quien se convertiría en su preceptor-, recibió un tipo de educación considerada un privilegio para la época. Esto se debía, en primer lugar, a que la mayoría de familias no tenían dinero, y, en segundo lugar, las mujeres casi no tenían acceso a la educación. Su hermano, un joven sacerdote, la puso en contacto con los autores clásicos y con la tradición teológica.
 
Una “revolución” impulsada por la caridad
 
La pequeña Magdalena tenía 10 años cuando estalló la Revolución (1789). Este proceso histórico-político estuvo preñado de aspiraciones de libertad y justicia, pero entendidas a partir del rechazo de toda tradición. Además, los ‘revolucionarios’ se dejaron contagiar por el espíritu anticlerical de muchas de las ‘nuevas ideas’ que flotaban acríticamente en el ambiente, lo que se convirtió en caldo de cultivo para la violencia y el descontrol. Fueron tantas las atrocidades que se cometieron que la Revolución produjo uno de los capítulos más dolorosos de la historia del catolicismo francés.
 
Mientras Magdalena va creciendo, empieza a asumir un compromiso cada vez más sólido con su fe en un contexto bastante complicado. El movimiento revolucionario había dejado una estela de rencor y ruptura entre los franceses, y muchos de ellos se habían apartado de la fe en la que habían crecido. Es así que Magdalena Sofía percibe la necesidad de contribuir, desde el seno de la Iglesia, a reconstruir el tejido social e instaurar una auténtica ‘fraternidad’ -no de esa que devino en la guillotina y en la proliferación de patíbulos, sino una que respetase de verdad los derechos de los seres humanos-.
 
Cristo ha mostrado su corazón
 
Magdalena, entonces, se dedica a la formación de niñas y jóvenes, y a conocer y desarrollar la espiritualidad del Corazón de Cristo. En su niñez había pasado horas orando con su familia frente a una imagen del Sagrado Corazón de Jesús por la liberación de su hermano, preso durante la Revolución solo por ser sacerdote. Esa experiencia marcó profundamente su espiritualidad personal y la animó a aferrarse al Sagrado Corazón. Con el tiempo, las intuiciones y sueños se fortalecieron y la impulsaron a dar pasos más sólidos en su camino vocacional: junto a cuatro compañeras realizó sus primeros votos religiosos en 1800, en la que sería la novel Sociedad del Sagrado Corazón, asumiendo un proyecto que combinaba la contemplación y el apostolado.
 
A inicios del siglo XIX una epidemia diezmó a parte de la sociedad francesa. La cantidad de muertos dejó un saldo terrible: muchos niños quedaron huérfanos o completamente desamparados. Sor Magdalena Sofía y sus hermanas dieron una respuesta eficaz ante el reto que tenían enfrente. La religiosa lo resumió así: “¿No tienen madre? La Sociedad del Sagrado Corazón está fundada para ellos. Aunque no quedaran plazas en el colegio, crearía uno nuevo inmediatamente para los niños huérfanos o abandonados por sus padres”.
 
Amar a los pobres como Jesús
 
Santa Magdalena Sofía Barat solía decir: “A los pobres les daría yo mi piel”. Esa era la hermosa forma con la que expresaba cuánto amaba a Cristo y a sus hijos sufrientes. Esas palabras portaban un claro mensaje: no se guardaría nada para sí. Y como sucede cuando alguien tiene el corazón inflamado por la caridad, la Madre Magdalena ayudó a muchos a fortalecer su amistad y trato con el Señor. Como cabeza de su institución, se preocupó también por la formación en el conocimiento y la virtud de los educadores católicos.
 
“Si volviera a nacer, lo haría solo para obedecer al Espíritu Santo y actuar movida por él” (Santa Magdalena Sofía Barat).
 
La santa partió a la Casa del Padre el 25 de mayo de 1865. Hoy, la pequeña sociedad que fundó se ha convertido en una congregación que cuenta con más de 3500 religiosas en el mundo, especialmente en Europa y América. La Madre fue canonizada en 1925 por el Papa Pio XI.(ACI Prensa).