10 octubre, 2026

San Cernobio, Obispo de Populonia

10 de octubre

San Cerbonio

Obispo de Populonia

San Cerbonio, San Régulo y otros obispos fueron expulsados de África a principios del siglo VI.

San Cerbonio y San Régulo se establecieron en Populonia (Piombino de Toscana) y, poco después, este último fue elegido obispo de la ciudad. 

San Gregorio dice en sus "Diálogos" (lib. 111, c. 11) que Totila, rey de los invasores ostrogodos, condenó a San Cerbonio a enfrentarse con un oso por haber dado asilo a unos soldados romanos; pero la fiera, en vez de hacerle daño, le lamió mansamente los pies y entonces Totila puso en libertad al santo.

Los lombardos le desterraron más tarde a Elba, donde murió treinta años después. Su cuerpo fue trasladado a Populonia, donde se le venera como patrón de la diócesis de Massa Marítima.

La biografía del santo, muy posterior e indigna de crédito, afirma que el Papa San Vigilio le mandó llamar para reprenderle por su terquedad en celebrar la misa del domingo a hora tan temprana, que las gentes no podían asistir a ella. Pero, en vista de los numerosos milagros realizados por San Cerbonio durante el viaje a Roma, el Papa y todo el clero de la ciudad salieron a recibirle en triunfo y le restituyeron honrosamente a su sede.

El Martirologio Romano menciona también hoy a otro San Cerbonio, obispo de Verona, sobre el que no poseemos ninguna noticia.

La fiesta de San Cerbonio de Populonia reviste particular solemnidad entre los canónigos regulares de Letrán, porque el santo vivía en común con su clero.(Catholic.net)

09 octubre, 2026

San Luis Beltrán, Misionero y Predicador

09 de octubre

San Luis Beltrán OP

Misionero y predicador 

Cada 9 de octubre la Iglesia Católica celebra a San Luis Beltrán (1526-1581), misionero español de la Orden de Predicadores (Dominicos) que llegó a América para evangelizar los territorios del virreinato de Nueva Granada. San Luis se estableció en la parte norte de lo que hoy es Colombia, donde ganó muchísimas almas para Dios entre las poblaciones indígenas.

La República de Colombia lo considera su santo Patrono, razón por la cual los colombianos se encomiendan de manera especial a su intercesión en este día.

Rodeado de santos

San Luis Beltrán nació en Valencia (España) en el año 1526. A los días de nacer fue bautizado en la misma pila bautismal donde 175 años antes había sido bautizado San Vicente Ferrer, otro hijo ilustre de la Orden que fundó Santo Domingo de Guzmán. Se dice que Luis guardaba algún parentesco con San Vicente a través de su familia paterna.

Ingresó a la Orden de Predicadores en 1544 y fue ordenado sacerdote por Santo Tomás de Villanueva. Luis destacaba por su prudencia, su capacidad de discernimiento y la claridad con la que brindaba consejo a quien lo requiriera. En cierta ocasión, Santa Teresa de Ávila le hizo una consulta en torno a la reforma que ella llevaba a cabo en el Carmelo y si debía fundar un convento en su ciudad.

San Luis Beltrán le respondió: "El asunto sobre el cual me pide información es tan importante que me dediqué por varios días a pedirle a Nuestro Señor que me iluminara lo que le debía responder… Ahora le digo que sí, que lo debe fundar. Y le añado una noticia más: su comunidad va a ser tan ayudada por Dios, que dentro de cincuenta años será una de las más importantes en la Iglesia Católica".

Misionero en el Nuevo Mundo

En 1562 fue enviado como misionero a América y, según los escritos que él mismo dejó, bautizó a más de 15 mil lugareños. En 1568 fue elegido prior del convento de Santo Domingo, en Santa Fe de Bogotá.

En aquella ciudad, gracias a su preocupación por los nativos, se hizo de peligrosos enemigos, especialmente entre algunos encomenderos españoles que solían maltratar a los indígenas. Estos buscaron la oportunidad para hacerle daño y, en una ocasión, intentaron matarlo: un hombre le alcanzó un vaso con agua envenenada; San Luis la recibió y la bendijo antes de tomarla. En ese instante, el vaso se hizo trizas en sus manos, sin explicación alguna.

Como este, hay muchísimos relatos de hechos portentosos y milagros obrados por este santo varón. Uno de estos suele aparecer en su iconografía. Se dice que un encomendero quiso matarlo con su arcabuz, pero en cuanto disparó el arma se convirtió en un crucifijo en sus manos, y San Luis quedó ileso, frente a él, mirándolo con benevolencia.

Apóstol de dos mundos

En 1569, San Luis Beltrán regresó a Valencia para ser maestro de novicios, tal y como lo había sido muchos años atrás. Allí se dedicaría a la formación de los futuros misioneros que llegarían a América. Fray Luis, en sus últimos años, padeció diversas enfermedades y achaques, pero aún en ese estado mantuvo siempre el espíritu apostólico.

Por haber anunciado a Cristo en España y América con abundantes frutos, se le suele llamar "El Apóstol de dos Mundos". Murió el 9 de octubre de 1581.(ACI Prensa).

08 octubre, 2026

Santas Tais y Pelagia

Santas Tais y Pelagia

Dos mujeres con destino diferente

Pero que Convirtieron sus vidas para el Señor

Cada 8 de octubre recordamos a dos santas mujeres que vivieron entre los siglos IV y V, ellas son Tais y Pelagia. Aunque no se conocieron entre ellas, la tradición las ha unido por el parecido de sus historias; especialmente, porque ambas dieron un vuelco total a sus vidas después de haber oído hablar de Cristo. Santa Tais vivió en Alejandría (Egipto) y Santa Pelagia en Antioquía (actual Turquía).

Tais y Pelagia, siendo muy jóvenes, cayeron seducidas por el desenfreno, la lujuria y la influencia de la cultura pagana que las rodeaba. A pesar de ello, cuando recibieron el anuncio del Evangelio dejaron todo atrás para seguir su ejemplo, reparar el daño que se hicieron a sí mismas e ir en pos de la santidad. Tais fue una famosa meretriz y Pelagia una bailarina cortesana.

Rescatada del meretricio

Santa Tais fue educada como cristiana, pero abandonó su fe y se alejó completamente de Dios, atraída por las riquezas, el lujo y los placeres carnales. Fue tal su alejamiento que era imposible reconocerla más como cristiana, de lo desfigurada que tenía el alma. Sin embargo, a los ojos de Dios seguía siendo su hija amada a quien no dejaría de buscar como a oveja perdida.

De acuerdo al testimonio atribuido al obispo San Pafnucio -el santo del desierto de Tebaida- Tais logró reencontrarse con su fe. El santo relata cómo, después de haber vivido entre la perdición y el escándalo, y de haber avergonzado a sus hermanos cristianos, Tais cedió a su anuncio insistente y dejó que el buen Jesús le toque el corazón. Arrepentida, la joven imploró perdón y cambió de vida.

Santa Tais, después, ingresó a un monasterio en el que viviría unos tres años, en una celda aislada, en régimen de penitencia y dedicada a la oración. Tras ese periodo, se integró a la vida del monasterio, aunque no por mucho tiempo: moriría dos semanas después, en paz y reconciliada con el Creador. Esto sucedió alrededor del año 348. 

Tais aparece en las Menologías ortodoxas (calendario ortodoxo) y las Iglesias católicas orientales honran su memoria hasta hoy. Es patrona de Alejandría y suele ser representada vestida con ricas y coloridas sedas, un espejo cerca de su figura o en la mano -símbolo de la vanidad- y un collar de perlas, como representando la futilidad de las cosas que se adquieren lejos de Dios.

Libre de una vida cortesana

Pelagia, por el contrario, nació y creció como pagana y su conversión al cristianismo se produjo por mediación del obispo de Antioquía, Nono, anacoreta de Tabenas. Bastó que la santa lo oyera predicar para que Dios moviera su corazón hacia una conversión sincera, y pidiera el bautismo. Pelagia cambió las danzas, máscaras y abalorios, por penitencias y horas de oración. 

Una vez bautizada, la mujer se trasladó a Jerusalén, donde viviría en un monasterio cerca del Monte de los Olivos. Murió alrededor del año 468. Es patrona de los cómicos y de los arrepentidos.( ACI Prensa).

07 octubre, 2026

Nuestra Señora del Rosario, Patrona de los Dominicos

 07 de octubre

Nuestra Señora del Rosario

Patrona de los Dominicos


Cada 7 de octubre se celebra a la Virgen del Rosario, advocación que nos recuerda la importancia de dirigirnos afectuosamente a nuestra Madre en la oración, en particular a través del rezo del Santo Rosario. Fue la mismísima Virgen María quien nos pidió que lo recemos y lo demos a conocer, para que podamos obtener gracias abundantes.

Jesús, núcleo del Santo Rosario

El Rosario es inobjetablemente una oración mariana -ayuda certera para crecer en amor a la Mujer por quien vino la salvación-. Sin embargo, no siempre reparamos en que es, antes que nada, una oración “cristocéntrica”; es decir, una oración centrada en Cristo.

La enunciación de los misterios y las Avemarías que se suceden unas a otras nos ayudan a contemplar y meditar la vida de Nuestro Salvador, Jesucristo; y a hacerlo en compañía de María, su Madre, siempre cercana a su Hijo. Ella, entonces, nos enseña a contemplar los misterios de Jesús a través de su mirada maternal, porque todo en Maria es una invitación a amar a su Hijo.

Podemos decir, en consecuencia, que el Rosario es la “escuela de oración” de la Virgen. En otras palabras, al lado de María aprendemos a escuchar la voz de Jesús con toda reverencia.

Un poco de historia

En el año 1208 la Virgen María se le apareció a Santo Domingo de Guzmán, fundador de los dominicos, y le entregó en las manos un Rosario, muy probablemente con la forma en que hoy lo conocemos. Luego, la Madre de Dios le enseñó al santo español la manera cómo habría que rezarlo. El Rosario era la “respuesta” de la Virgen a los ruegos de Santo Domingo, quien le pedía ayuda para que la herejía albigense (otra versión del catarismo o religión de los puros) fuese derrotada.

Antes de retirarse, Nuestra Madre le encomendó a Santo Domingo que difundiera la oración. Así lo hizo el santo, y el Rosario, en los siglos posteriores, fue calando cada vez más hondo en el alma de los católicos y extendiéndose como práctica universal.

Simultáneamente nacía y crecía la devoción a Nuestra Señora, la Virgen del Rosario.

Lepanto 

Uno de los episodios determinantes que contribuyen al arraigo histórico de esta advocación mariana y para la difusión del Santo Rosario en la historia de la Iglesia fue lo ocurrido en la “Batalla de Lepanto”, ocurrida el 7 de octubre de 1571 en el golfo de Patras, frente Naupacto, ciudad griega en ese entonces conocida como Lepanto. En dicha batalla, una coalición de tropas y fuerzas navales cristianas debían enfrentarse a la armada del imperio Otomano, de raigambre islámica, con el propósito de detener sus ambiciones expansionistas en Occidente (Europa) y recuperar la soberanía sobre el Mediterráneo (guerras habsburgo-otomanas o austro-turcas, conocidas también como las guerras del turco, en las que interviene también el reino de Venecia).

Antes de la batalla, las milicias cristianas se encomendaron a la Virgen María y rezaron juntos el Rosario. Ese día los cristianos obtuvieron un triunfo contundente que fue atribuido a la intercesión de la Madre de Dios, protectora de la cristiandad, de ahí el extraordinario simbolismo de Lepanto.

La celebración

Enterado del triunfo, el Papa San Pío V (p. 1566-1572), quien había sido dominico, en agradecimiento a la Virgen María, instituyó la fiesta de la “Virgen de las Victorias” a celebrarse el primer domingo de octubre. Además, incorporó el título de “Auxilio de los Cristianos” en las letanías dedicadas a la Virgen María, como un homenaje a la Señora que armó de valor a los defensores de la cristiandad.

Años más adelante, el Papa Gregorio XIII (p. 1572-1585) cambió el nombre de la fiesta por el de “Nuestra Señora del Rosario”; y el Papa Clemente XI (p. 1700-1721) extendió la celebración a toda la Iglesia de Occidente. A inicios del Siglo XX, San Pío X (p. 1903-1914) fijó definitivamente el 7 de octubre como el día oficial para esta fiesta e inmortalizó estas palabras que intentan recoger el espíritu de esta devoción: “Denme un ejército que rece el Rosario y este vencerá al mundo”.

La Virgen del Rosario y los sucesores de Pedro

“Rosario” significa “corona de rosas” y, tal como lo definió el propio San Pío V, “es un modo piadosisimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un padrenuestro entre cada diez avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la vida de Nuestro Señor".

En los albores del siglo XXI, San Juan Pablo II (p. 1978-2005) -quien añadió los “misterios luminosos” al rezo del Santo Rosario- señalaba en su carta apostólica “Rosarium Virginis Mariae” [El Rosario de la Virgen Maria] que esta oración mariana “en su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad”. El Rosario es la oración propicia para estos “tiempos recios” para el mundo y la Iglesia.

El Papa Peregrino concluía aquel documento con esta hermosa oración compuesta por el Beato Bartolomé Longo, el “Apóstol del Rosario”:

Oh Rosario bendito de María, dulce cadena que nos une con Dios,

vínculo de amor que nos une a los Ángeles,

torre de salvación contra los asaltos del infierno,

puerto seguro en el común naufragio, no te dejaremos jamás.

Tú serás nuestro consuelo en la hora de la agonía.

Para ti el último beso de la vida que se apaga.

Y el último susurro de nuestros labios será tu suave nombre,

oh Reina del Rosario de Pompeya,

oh Madre nuestra querida,

oh Refugio de los pecadores,

oh Soberana consoladora de los tristes.

Que seas bendita por doquier, hoy y siempre, en la tierra y en el cielo. Amén.

La Virgen del Rosario e Hispanoamérica

Actualmente, el santuario más famoso del mundo dedicado a la Virgen del Rosario es el de Pompeya (Italia), fundado precisamente por el Beato Bartolo Longo a mediados del siglo XIX.

La Virgen del Rosario es la Patrona de la Orden de Predicadores (dominicos), de la República de Colombia (Nta. Señora del Rosario de Chiquinquirá) y de la Unidad Militar de Emergencias (UME) de España. Es ampliamente venerada en Argentina, Ecuador, El Salvador, España, Guatemala, México, Panamá y otros países de hispanoamérica como el Perú, a donde llegó la primera imagen de la Virgen del Rosario a tierras americanas, donada por el Rey Carlos V de España en 1643.(ACI Prensa).

06 octubre, 2026

San Bruno, Fundador de los Cartujos

6 de octubre

San Bruno de Colonia

Fundador de los Cartujos

Cada 6 de octubre, la Iglesia recuerda a San Bruno de Colonia, sacerdote fundador, en 1084, de los Cartujos, orden contemplativa que se ha mantenido, de manera notable, bajo el espíritu de la sencillez y la austeridad.

La Cartuja

Ya en el siglo XVII, el sabio y piadoso Cardenal Giovanni Bona describía a los monjes cartujos de esta manera: "[Son] el gran milagro del mundo: viven en el mundo como si estuviesen fuera de él; son ángeles en la tierra, como Juan Bautista en el desierto".

Y es que estos monjes han intentado ser siempre fieles al legado de San Bruno y hacer de sus monasterios un “adelanto” de las realidades espirituales que nos esperan si amamos a Dios; un signo de su presencia en el mundo.

Baste considerar el lema de la “Cartuja” (nombre con el que se designa coloquialmente a la Orden): “Stat Crux dum volvitur orbis”, que en latín quiere decir: “La Cruz se mantiene firme mientras el mundo da vueltas".

Búsqueda espiritual

San Bruno (c. 1030 - 6 de octubre de 1101) nació en Colonia, en ese entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico. Fue profesor de Filosofía y Teología en la Escuela de Reims (Francia), donde enseñó durante 18 años.

Allí se hizo conocido por su habilidad para la enseñanza, lo que le valió prestigio académico a esa casa de estudios. Tras su paso por Reims, asumió como el canciller de la diócesis, nombrado por el Arzobispo Manasés.

Bruno de Colonia tenía, en ese momento, todos los pergaminos para seguir una carrera eclesiástica. Sin embargo, empezó a descubrir el llamado a una vida de oración al estilo monacal.

Dejar atrás el mundo y sus vanidades

Junto a un grupo de compañeros, Bruno se estableció en la comuna normanda de Saint-Pierre-de-Chartreuse. En ese momento no se tenía la menor intención de fundar una orden religiosa. Si se llegó a eso fue por el fervor y la entrega de aquellos hombres, los que llamaron la atención del delfín de Francia y de las autoridades eclesiales. Así, la Iglesia formuló una invitación a los monjes a instituirse.

Más adelante, el conde Rogelio -hermano del famoso normando Roberto Guiscardo, Duque de Apulia y Calabria- le regaló a San Bruno el fértil valle de La Torre, en la diócesis de Squillace (Calabria, Italia). Ahí se estableció el santo con algunos otros discípulos.

Dios, en el camino, suscitó en San Bruno el deseo de una vida de estilo eremítico. Es cierto que en su itinerario espiritual se acercó a la forma cenobítica del monacato -monjes aislados del mundo pero que compartían una vida en común-; sin embargo, optó finalmente por la vida en completa soledad, de cara a Dios.

La Iglesia, en virtud a tal espíritu de desprendimiento y dedicación a Dios, considera la vida de los cartujos como paradigma del estado de contemplación y penitencia.

Vivir en el mundo como si se estuviese fuera de él

San Bruno de Colonia murió el domingo 6 de octubre de 1101. Un tiempo después, los monjes enviaron un relato sobre su muerte a las principales iglesias y monasterios de Italia, Francia, Alemania, Inglaterra e Irlanda, pues era entonces costumbre pedir oraciones por las almas de los que habían fallecido.

Ese documento, junto con los Elogia (Elogios al difunto), escritos por los 178 monjes que recibieron el relato de su muerte, es uno de los más completos y valiosos testimonios que existen y que confirman la vida ejemplar del santo.

Santo por aclamación

San Bruno no ha sido canonizado formalmente, pues los Cartujos han rehuido generalmente a las manifestaciones públicas desde siempre, incluso a las eclesiásticas. Sin embargo, en 1514, obtuvieron del Papa León X el permiso para celebrar la fiesta de su fundador. El Papa Clemente X extendió esta festividad a toda la Iglesia occidental en 1674.

El santo es particularmente popular en Calabria, y el culto que se le tributa hoy refleja en buena medida el doble aspecto, activo y contemplativo, de su vida.(ACI Prensa)

05 octubre, 2026

Santa Faustina Kowalska, Mística y Apóstol de la Divina Misericordia

05 de octubre 

Santa Faustina Kowalska

Mística y Apóstol de la Divina Misericordia 

Cada 5 de octubre la Iglesia Católica celebra a Santa Faustina Kowalska (1905-1938), religiosa y mística nacida en Polonia. Ella mantuvo un diálogo místico con Jesús que inspiró y dio forma a la muy extendida devoción a la Divina Misericordia. Por esta razón, ella ostenta el título de “Apóstol de la Divina Misericordia” (San Juan Pablo II).

"A las almas que propagan la devoción a mi misericordia, las protejo durante su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el juez, sino el Salvador Misericordioso”, le dijo el Señor Jesús a su servidora, Santa Faustina.

Y, “¿acaso no es la misericordia un ‘segundo nombre’ del amor?”, se preguntaba San Juan Pablo II, y añadía: “En este amor debe inspirarse la humanidad hoy para afrontar la crisis de sentido, los desafíos de las necesidades más diversas y, sobre todo, la exigencia de salvaguardar la dignidad de toda persona humana. Así, el mensaje de la misericordia divina es, implícitamente, también un mensaje sobre el valor de todo hombre. Toda persona es valiosa a los ojos de Dios, Cristo dio su vida por cada uno, y a todos el Padre concede su Espíritu y ofrece el acceso a su intimidad” (San Juan Pablo II, Homilía de la Misa de canonización de Beata María Faustina Kowalska).

Una niña sencilla y amorosa

Helena Kowalska -nombre de pila de Santa Faustina- nació en Lodz, Polonia, en 1905. Desde pequeña mostró una sensibilidad especial para los asuntos espirituales, algo que sus padres -piadosos y disciplinados católicos- ayudaron a forjar.

El día que recibió la Primera Comunión, Faustina estaba tan emocionada por el don recibido que expresó su gratitud besando las manos de sus progenitores, agradeciéndoles que la educaron en el amor a Cristo y pidiendo perdón por haberles ofendido.

Helena fue la tercera de ocho hermanos. Esto la obligó rápidamente a aprender a cuidar a sus hermanos más pequeños y ayudar en los quehaceres del hogar. En casa, o estaba ayudando a su madre en la cocina o estaba cuidando a sus hermanos; en el establo, se ocupaba de ordeñar a las vacas. Asistió a la escuela, pero sólo pudo completar los primeros tres años de estudio porque los Kowalska no contaban con el dinero suficiente para costear su educación.

“Ninguno que poniendo su mano en el arado y mira hacia atrás es apto para el reino de Dios” (Lc 9, 62)

A los 15 años empezó a tener inquietudes por la vida religiosa. Sin embargo, sabía que no sería aceptada en un convento sin tener algo de dinero. Por eso, empezó a trabajar como empleada doméstica para ayudarse económicamente y, al mismo tiempo, apoyar a su familia.

Cuando le comunicó a sus padres el deseo de ser religiosa, ellos se opusieron. Eso la desanimó por un tiempo, hasta que un día, mientras rezaba, sintió que Jesús le pedía que deje todo y vaya a Varsovia. Una vez allí podría ser aceptada en alguna de las órdenes cuyos conventos estaban en esa ciudad.

Casi sin despedirse de sus padres, viajó a la capital polaca tan solo con el vestido que llevaba puesto y algunas mínimas pertenencias. En Varsovia se puso en contacto con un sacerdote, quien le consiguió hospedaje en casa de una familia amiga. Posteriormente, volvió a trabajar como empleada doméstica para asegurar su manutención. Este fue un periodo de gran incertidumbre para ella, en el que se sintió fuertemente probada, dado que ninguna comunidad religiosa quiso acogerla a pesar de su insistencia.

“Tengo preparadas para ti muchas gracias”

Finalmente, Faustina fue recibida en la Casa Madre de la congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. La jovencita experimentó tal alegría al verse por fin acogida que sentía que el corazón le ardía de gratitud. Su más grande sueño empezaba a hacerse realidad. Lamentablemente esto no duraría demasiado. Solo unas pocas semanas después de haber sido aceptada, enfrentó por primera vez la tentación de dejar el convento. No entendía bien qué le sucedía y por qué su corazón se encontraba turbado y entristecido.

De esos días data una de sus primeras visiones: vio que Jesús se le aparecía con el rostro destrozado y cubierto de llagas. Ella, entonces, preguntó: "Jesús, ¿quién te ha herido tanto?". A lo que Él contestó: "Este es el dolor que me causarías si te vas de este convento. Es aquí donde te he llamado y no a otro; y tengo preparadas para ti muchas gracias" (Diario, 19).

Faustina entendió entonces lo que Dios quería de ella. Se mantuvo firme y desistió de la idea de dejar el convento; y más bien empezó a enamorarse de la vida que allí iba encontrando. Así, el tiempo pasó, vino el noviciado, la recepción del hábito y los primeros votos. Finalmente llegaría la consagración a perpetuidad -el nombre de ‘Helena’ cambiaría por el de ‘Faustina’-.

Vendrían años intensos, vividos con sencillez, con vocación de servicio. Faustina pasaría por varios cargos en el convento y realizaría distintos oficios: fue cocinera, jardinera y portera. Al mismo tiempo, sin que diese el más mínimo signo de afectación o dramatismo, Faustina llevaba una intensa vida espiritual, marcada por experiencias místicas que la convirtieron en portavoz de Cristo, cuyo sufrimiento se prolonga por los siglos a causa del pecado de los hombres.

La Divina Misericordia

A esta humilde mujer -piadosa, alegre y caritativa- Dios la había escogido para revelarse de una manera particular: Jesús se le apareció en numerosas oportunidades con la intención de mostrarle su amor misericordioso por la humanidad, una actualización de ese amor que lo llevó a la cruz.

De aquellas visiones místicas proviene la imagen de la Divina Misericordia que se conoce popularmente. En esta se ve a Jesús vestido de blanco, mirando de frente, fijamente, mostrando su corazón, desde el cual emanan rayos de luz blancos y rojos (esos haces de luz representan respectivamente el agua y la sangre que brotaron del corazón de Cristo cuando fue traspasado por la lanza del centurión romano en el Gólgota). Aquella imagen no es sino la representación pictórica de cómo Santa Faustina vio al Señor (visión de Jesús de Nazaret acontecida el 22 de febrero de 1931). A esta, posteriormente, le fue añadida la expresión “Jesús, en vos confío” por pedido expreso del Señor.

Jesús escogió a Sor Faustina por “secretaria” para transmitir al mundo este mensaje: “En el Antiguo Testamento —le dijo— enviaba a los profetas con truenos a mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla con mi Corazón misericordioso” (Diario, 1588). Sus memorias místicas, escritas a solicitud de sus confesores, están reunidas en su Diario, la Divina Misericordia en mi alma.

La Coronilla

Faustina recibió muchas otras gracias extraordinarias -los estigmas ocultos, el don de profecía, así como numerosas revelaciones particulares como la Coronilla de la Divina Misericordia como camino de oración-. Ella siempre acogió estos favores con la consciencia de que eran inmerecidos:

“Ni las gracias ni las revelaciones, ni los éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hacen perfecta, sino la comunión interior del alma con Dios... Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios” (Diario, 1107).

Muerte y canonización

El 5 de octubre de 1938, a los 33 años, después de un período de sufrimientos soportados virtuosamente, la santa fue llamada a la Casa del Padre.

En el año 2000, Faustina fue canonizada por su compatriota, el Papa San Juan Pablo II, quien estableció que el segundo domingo de Pascua sea el “Domingo de la Misericordia Divina”; y su fiesta se celebre cada 5 de octubre, recordando el día del tránsito final de la santa.(ACI Prensa)

04 octubre, 2026

San Francisco de Asís

 04 de octubre

San Francisco de Asís 

Recibió los estigmas de Nuestro Señor Jesús 

Cada 4 de octubre se celebra la fiesta de San Francisco de Asís, uno de los santos más conocidos y queridos de la Iglesia, cuyo nombre fue tomado por el Papa Francisco en su honor. 

A continuación, te presentamos 12 hechos sobre su vida.

1. Los retratos más antiguos de San Francisco se encuentran en Italia

El primero (izquierda) se encuentra en el monasterio benedictino de Subiaco. El retrato fue pintado durante una visita al monasterio y presenta a San Francisco sin aureola ni estigmas.

El segundo fresco (derecha) se halla en la Basílica inferior de Asís y fue pintado por Cimabue. El fresco completo representa a la Virgen con el Niño entronizados, cuatro ángeles y San Francisco.

2. Se le llamó Francisco por el pueblo de Francia

Su padre, Pedro Bernardone, fue un comerciante que trabajaba en Francia. Como se encontraba en dicho país cuando nació su hijo, la gente le apodó "Francesco" (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan.

3. Fue prisionero de guerra durante un año

Cuando tenía cerca de 19 años, antes de su conversión, se unió al ejército y luchó en una guerra que se libró entre las ciudades de Perugia y Asís. Fue hecho prisionero durante un año, pero finalmente fue liberado ileso.

4. Su vida se inspiró en Mateo 10,9

En Mateo 10,9, Jesús dice a sus discípulos: "no lleven oro, plata o monedas en el cinturón" cuando viajen para predicar el Evangelio. El santo se sintió inspirado a hacer lo mismo y comenzó a viajar para predicar el arrepentimiento en pobreza.

5. En el plazo de un año ganó 11 seguidores

Para el año 1210 había 12 de ellos en total, es decir, igual número que los apóstoles. En ese entonces, San Francisco redactó una regla breve e informal con consejos evangélicos para alcanzar la perfección, principalmente. Luego, viajaron a Roma para presentar el escrito para la aprobación del Papa. El viaje fue a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad y viviendo de las limosnas que la gente les daba.

6. El Papa Inocencio III decidió apoyar a los franciscanos después de un sueño sobrenatural

El Papa Inocencio III se mostró adverso a darle apoyo a San Francisco y su nuevo grupo de seguidores. Entonces, tuvo un sueño en el que vio al santo sosteniendo con su cuerpo la Basílica de San Juan de Letrán, la catedral de la diócesis de Roma, que estaba a punto de derrumbarse.

El Santo Padre interpretó el sueño como una indicación de que San Francisco y su grupo podrían servir de apoyo a la Iglesia y así les dio el reconocimiento oficial como una orden religiosa.

7. Asistió al IV Concilio de Letrán, donde conoció a Santo Domingo de Guzmán

El IV Concilio de Letrán fue el concilio ecuménico número 12 de la Iglesia Católica en el que se ratificó la transubstanciación y la primacía papal, entre otras cosas. Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores o Dominicos, también estuvo presente.

8. Visitó a un sultán musulmán, le predicó el Evangelio y lo desafió 

Durante la quinta cruzada, San Francisco y un acompañante viajaron a un territorio musulmán para visitar al sultán de Egipto y Siria, Al-Kamil. El santo predicó ante el sultán y para demostrar su gran fe en la religión cristiana, desafió a los presentes a un "juicio de fuego" que consistía en que él y un musulmán caminen por un sendero en llamas, con la idea de que el seguidor de la religión verdadera debía ser protegido por Dios.

San Francisco se ofreció a ir en primer lugar, pero Al-Kamil rechazó el desafío. No obstante, el sultán quedó tan impresionado por su fe que le dio permiso al santo para predicar en su tierra.

9. Detuvo los milagros de un franciscano fallecido

En 1220, San Francisco se retiró del gobierno de la Orden y nombró como su Vicario a Pedro Cattani. Sin embargo, Pedro murió sólo cinco meses después. Los visitantes a su tumba reportaron muchos milagros, lo que llevó a grandes multitudes al lugar. Las muchedumbres causaban problemas en la zona por lo que el santo le rezó a Cattani para que se detuvieran los milagros y estos cesaron.

10. Recibió estigmas mientras realizaba ayuno de 40 días

Los estigmas son una condición en la que las heridas de Cristo aparecen sobrenaturalmente en el cuerpo de una persona. Un franciscano que lo acompañó dijo: "De repente vio una visión de un serafín, un ángel de seis alas en una cruz. Este ángel le dio el don de las cinco llagas de Cristo".

Esto sucedió en 1224 durante un ayuno de 40 días en el Monte Alvernia, cuando se preparaba para la Fiesta de San Miguel Arcángel, el 29 de septiembre.

11. La primera piedra de la Basílica de San Francisco de Asís se colocó al día siguiente de su canonización

El santo murió el 3 de octubre de 1226. Fue canonizado por el Papa Gregorio IX el 16 de julio de 1228, y al día siguiente, el Santo Padre puso personalmente la primera piedra de la nueva basílica de San Francisco de Asís.

12. Su tumba se perdió durante siglos hasta que fue redescubierta en 1818

Su cuerpo fue trasladado a su basílica en 1230, pero pronto fue ocultado por los franciscanos para protegerlo de los invasores sarracenos. La ubicación de su cuerpo quedó en el olvido y no fue redescubierto hasta 1818, casi seis siglos después.(ACI Prensa)