16 julio, 2026

Nuestra Señora del Carmen, la madre que nos invita a orar y nos libra del infierno

 Nuestra Señora del Carmen, 16 de julio / ACI Prensa

16 de julio
Nuestra Señora Virgen del Carmen, 
la madre que nos invita a orar y nos libra del infierno

Cada 16 de julio los fieles devotos celebran la memoria de la Virgen del Carmen -también, Nuestra Señora del Carmen o Santa María del Monte Carmelo-, una de las advocaciones marianas más universales y antiguas de la Iglesia Católica.

María, auxilio en la hora final y garante de la vida eterna

El 16 de julio de 1251, San Simón Stock, superior de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas de la antigua observancia), se encontraba en oración, rogando a Dios que fortalezca a sus hermanos carmelitas que padecían persecución. De pronto, la Virgen María se le apareció.

Nuestra Señora se presentó vestida con el hábito de la Orden (la túnica de color marrón castaño) y, dirigiéndose al santo, le extendió la mano para entregarle el escapulario carmelita. La Virgen, entonces, le prometió que libraría del castigo eterno a todo aquel que lo llevase puesto y estuviera en gracia con Dios.

Estos acontecimientos sucedieron en Aylesford (Inglaterra) y, tras ellos, se produjo un gran impulso a esta hermosa devoción, dedicada a la “Reina y Señora del Monte Carmelo”. Desde entonces ha seguido extendiéndose por todo el mundo a lo largo de los siglos sucesivos, con abundantes frutos de santidad.

El escapulario

El escapulario de la Virgen del Carmen recibió reconocimiento oficial gracias a la intervención del Papa Sixto V en 1587, y su uso y difusión han sido respaldados posteriormente por otros pontífices. Es el signo máximo de la devoción a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Gracias a la fuerza simbólica del escapulario para evocar la gran promesa hecha por la Virgen a San Simón, los Carmelitas -tanto de la antigua observancia como los reformados (descalzos), y sus numerosas ramas espirituales- han dado fruto bueno y abundante: hoy los carmelitas -hombres y mujeres, religiosos y laicos, contemplativos e insertos en el mundo- tienen una importante presencia en los cinco continentes, herederos de una larguísima lista de santos y mártires, fieles devotos de la Virgen del Carmen.

El escapulario, por último, encierra un hermoso simbolismo. Evoca el “encuentro” entre la Antigua y la Nueva Alianza, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, como se explica a continuación.

El monte santo

Fue en el monte Carmelo, ubicado cerca de Jerusalén, la Ciudad Santa (Israel), donde los profetas Elías y Eliseo se establecieron para vivir consagrados a la oración de intercesión por el Pueblo escogido (ver: Isaías 35, 2). Y fue en ese mismo monte donde, a mediados del siglo XII d.C., San Bartolo construyó la ermita que congregaría a decenas de sacerdotes de la Iglesia latina para trasladarse allí y empezar una vida como eremitas, en soledad y silencio. Estos devotos llegaron constituyeron la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas), Ordo Fratrum Beatissimæ Virginis Mariæ de Monte Carmelo.

El nombre “Carmelo” proviene del hebreo Karm-El que quiere decir ‘jardín de Dios’ o ‘viña de Dios’. El nombre recuerda la belleza del lugar -se le suele llamar también ‘el jardín de Palestina’- y evoca la riqueza espiritual de una larga tradición que nace con los Profetas del Antiguo Testamento.

Los carmelitas

En 1205, San Alberto (Alberto Avogadro), patriarca de Jerusalén, entregó a los eremitas del Carmelo una regla de vida, que sería aprobada posteriormente por el Papa Honorio III en 1226. Los carmelitas, de acuerdo a dicha regla, debían vivir ‘a la manera’ del Profeta Elías y de María Santísima.

También en el siglo XIII, el Papa Inocencio IV concedió a los carmelitas el privilegio de ser incluidos entre las órdenes mendicantes, junto a franciscanos y dominicos. Eso significó un cambio muy grande para la Orden, que, por lo demás, sería reformada siglos más tarde por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz (siglo XVI).

Devoción

Es imposible enumerar los lugares dedicados a Nuestra Señora del Carmen, o hacer una lista con todos sus patronazgos. Solo en España, por ejemplo, la Virgen del Carmen es patrona de los marineros y pescadores, así como de la Armada Española. Las ciudades que la celebran en la Península son prácticamente incontables.

En América sucede algo similar. En Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay o Venezuela, el día de la Virgen del Carmen es una auténtica fiesta: se realizan procesiones, se concluyen las novenas solemnemente, y los devotos perennizan su gratitud en una variedad de tradiciones populares. Como muestra de ello, en muchos lugares se realizan homenajes a todas las mujeres que se llaman “Carmen” o “Carmela”.

Estas expresiones religiosas o culturales evidencian el profundo impacto que la espiritualidad carmelita ha logrado en el Pueblo de Dios, y que hoy sigue animando a millones de personas a amar y pedir la protección de la Madre de Dios.

¡Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros!(ACI Prensa).

15 julio, 2026

San Buenaventura, teólogo, filósofo y místico franciscano

 San Buenaventura

15 de julio
San Buenaventura, teólogo, filósofo y 
Místico franciscano 

Cada 15 de julio la Iglesia Católica celebra a San Buenaventura, teólogo y filósofo franciscano del s. XIII, que alcanzó las alturas espirituales de la mística. Se desempeñó también como obispo de Albano (Italia) y fue cardenal.

San Buenaventura ostenta el título de Doctor de la Iglesia, y los estudiosos se refieren a él como el “Doctor Seráfico” en virtud a la grandeza de sus escritos, siempre encendidos de amor y fe, y de inmenso provecho para la vida espiritual e intelectual.

El teólogo que sonreía

Giovanni di Fidanza, San Buenaventura, nació en Bagnoregio, Italia, en 1221. Después de recibir el hábito de la orden franciscana, estudió en la Universidad de París (Francia), donde llegaría, años más tarde, a enseñar Teología y Sagrada Escritura, exhibiendo un profundo conocimiento de las relaciones entre la filosofía, la teología y la fe.

Buenaventura dedicaba mucho tiempo a la oración y al estudio. Sus discípulos y hermanos decían que llevaba siempre una discreta y serena sonrisa en el rostro, reflejo de su alma en búsqueda de Dios.
"El gozo espiritual es la mejor señal de que la gracia habita en un alma" (San Buenaventura)

Su finura de espíritu lo llevó a reverenciar más y más la grandeza de Dios, pero también le generó ciertos inconvenientes de naturaleza espiritual. Fray Buenaventura empezó a considerarse indigno, lleno de faltas, y, por eso, algunas veces, dejaba de comulgar. Llegó a ver en sí mismo solo sus pecados y defectos, haciéndose presa de sus escrúpulos.

Dios, entonces, le fue mostrando que su misericordia está más allá de los cálculos humanos. Cuenta la tradición que uno de esos días en los que Fray Buenaventura había decidido no acercarse a recibir la comunión, un ángel llevó un pedacito de una de las hostias consagradas desde el altar hasta su boca.

Después de eso, Buenaventura no volvería a ser el mismo y regresaría a comulgar normalmente, sabiéndose pecador pero, antes que cualquier cosa, amado, profundamente amado por Dios.

Así, el Señor se valdría de esa experiencia de purificación y misericordia para mostrarle que su camino apuntaba hacia el orden sacerdotal.

Eco del Espíritu Santo

Una de las más importantes obras de San Buenaventura fue el “Comentario sobre las sentencias de Pedro Lombardo”, una brillante suma -es decir, compendio- de teología escolástica. Alguna vez el Papa Sixto IV (1471-1484) refiriéndose a esta obra señaló: "La manera como [San Buenaventura] se expresa sobre la teología, indica que el Espíritu Santo hablaba por su boca”.

La Universidad de París

Estando el santo instalado como Maestro de la Universidad de París, vivió tanto los años de florecimiento teológico y filosófico -coincidió en el profesorado con Santo Tomás de Aquino- como los períodos llenos de conflictos o tensiones entre los miembros de la comunidad académica.

Sufrió la hostilidad generada contra los franciscanos, así como los excesos de las pugnas intelectuales en torno a la naturaleza de la teología y su relación con la filosofía o la razón.

La situación llegó a tal punto que los franciscanos fueron retirados de la enseñanza. Afortunadamente, el Papa Alejandro IV intervino, y después de una cuidadosa investigación se les devolvió todas las cátedras a los hijos de San Francisco, empezando por la del propio Buenaventura. En 1257, él y Santo Tomás de Aquino obtuvieron el doctorado.

Trabajando para San Francisco de Asís

Ese mismo año, 1257, Buenaventura es elegido superior general de los frailes menores. Al asumir el cargo se encontró con una Orden dividida entre los que pedían una severidad inflexible y los que deseaban mitigar la regla original. En ese contexto, el santo volvió a las fuentes y empezó a escribir una vida de San Francisco de Asís.

Es en esos días que San Buenaventura recibe la visita de Santo Tomás, quien había tomado conocimiento sobre lo que andaba escribiendo el franciscano. Se dice que el Doctor Angélico, Santo Tomás, al llegar, lo encontró en su celda en plena contemplación y decidió retirarse diciendo: “Dejemos a un santo trabajar por otro santo”.

Al lado del Papa

San Buenaventura sería nombrado posteriormente Obispo de Albano y llamado inmediatamente a Roma. El Papa Gregorio X lo creó cardenal y le encomendó la preparación de los temas del Concilio ecuménico de Lyon -sobre la unidad con los ortodoxos griegos- en el que luego participó activamente.

Renunció al cargo de superior general de su Orden y poco tiempo después partió a la Casa del Padre, la noche entre el 14 y el 15 de julio de 1274 en Lyon, Francia.

Si quieres saber más sobre San Buenaventura, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Buenaventura.(ACI Prensa).

 

14 julio, 2026

San Camilo de Lelis, fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad

 San Camilo de Lelis

14 de julio
San Camilo de Lelis
Fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y
Mártires de la Caridad 

Cada 14 de julio, la Iglesia Católica celebra a San Camilo de Lelis, santo italiano del siglo XVII, fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad, conocidos hoy como los Padres Camilos o Camilianos.

San Camilo es el patrono de los profesionales de la salud y de los hospitales.

A la vanguardia del cuidado de la salud

Los ‘Padres Camilos’, bajo la inspiración de su fundador, han sido quienes dieron origen a lo que hoy conocemos como “enfermería”, particularmente a través de la figura de los “enfermeros o enfermeras de guerra”.

En otras palabras, esta noble profesión apareció al menos dos siglos antes que cualquiera de las instituciones de asistencia modernas, como, por ejemplo, la “Cruz Roja” -organización también de inspiración católica surgida en la segunda mitad del siglo XIX-.

Ganar la batalla más importante

Camilo de Lelis nació en Bucchianico (Chieti, Italia) en 1550. Quedó prontamente huérfano de madre. Su padre tampoco le duraría mucho, pues siendo militar y mercenario, murió pocos años después.

Camilo, siguiendo el ejemplo paterno, se integró al ejército veneciano que luchó contra los turcos. Estando en campaña contrajo una enfermedad que afectó una de sus piernas, mal que lo aquejaría el resto de su vida. Dicha dolencia le produciría abscesos en el pie que reaparecían una y otra vez.

Tras verse imposibilitado, fue ingresado al hospital de San Giacomo de Roma, donde años más tarde colaboraría en calidad de criado. Lamentablemente, aquella experiencia no terminó muy bien, pues pasados unos meses fue despedido a causa de su espíritu indómito. Así, con el fracaso sobre los hombros, Camilo retornaría a las filas del ejército veneciano para enfrentar nuevamente a los turcos.

Eso tampoco duró mucho tiempo. Camilo se retiró de la vida militar, encontrando refugio en el juego. Los juegos de azar se convirtieron en su mayor debilidad y en vicio incontrolable. Cierta vez llegó a perderlo todo en una partida de cartas, incluso hasta la camisa que llevaba puesta. Luego, sumergido en la miseria, consiguió trabajo en la construcción de un convento capuchino en Manfredonia.

Su nueva labor se volvió el medio perfecto para que el Señor toque su corazón. Camilo empezó a escuchar las prédicas en el templo y a asistir a la liturgia. Poco a poco su interior fue abriéndose a la gracia, hasta que llegó el día en que admitiría que era esclavo de sus pecados. Así también pudo conocer la misericordia de Dios.

Reconoció de corazón que había vivido muy mal, y que, a pesar de ello, Jesús le daba una oportunidad que no había previsto: vivir plenamente, sirviéndolo a Él y a los demás.

Cara a cara con el dolor

Durante aquel tiempo fuerte, el joven Camilo se apoyó mucho en los padres capuchinos y llegó a pensar que Dios lo llamaba a ser uno de ellos. Ingresó a la Orden de los Frailes Menores, pero no pudo profesar voto alguno a causa del problema con su pierna. Entonces, retornó al hospital de San Giacomo y se dedicó al cuidado de los enfermos. Hizo tan buena labor allí que fue nombrado superintendente del hospital.

Las innumerables necesidades espirituales y materiales que padecían los ingresados en aquel recinto despertaron en Camilo la idea de fundar una asociación integrada por todo aquel que deseara consagrarse al cuidado de los enfermos. Mientras tanto, con el acompañamiento espiritual de uno de sus coetáneos más célebres, San Felipe Neri, se fue preparando para recibir el Orden sagrado.

Hospitales, prisiones y campos de batalla

El Padre Camilo, junto a dos de sus compañeros, fundó la Congregación de los Siervos de los Enfermos en 1582. El grupo fundacional dejó el Hospital de San Giacomo y se trasladó al Hospital del Espíritu Santo.

Todos los días los “camilos” atendían allí a los pacientes, procurando hacerlo como si cada uno fuese el mismo Cristo. No se preocuparon sólo de su salud física, sino que empezaron a dar catequesis y administrar los sacramentos necesarios.

El servicio de la congregación se fue ampliando y aparecieron nuevos llamados: los camilos asumieron la atención de los enfermos en las prisiones y, al mismo tiempo, comenzaron a hacer rondas de visitas a los que no podían salir de sus casas.

El siguiente reto de San Camilo fue enviar religiosos al lado de las tropas del ejército para que, llegado el momento, atendieran a los heridos. Muchos religiosos murieron en este sacrificado servicio, fuera a consecuencia de los combates o contagiados por la peste. San Camilo y sus hermanos permanecieron heroicamente al lado de los soldados incluso en medio de las circunstancias más extremas.

Las noticias sobre la encomiable labor de los camilos llegó a oídos del Papa San Gregorio XIV, quien en 1591 les concede el estatus de orden religiosa con la denominación de Orden de los Ministros de los Enfermos. El nombre fue elegido por San Camilo para indicar que los miembros de la institución tenían como modelo exclusivamente a Cristo, aquel que dijo: “No he venido para ser servido, sino para servir y dar la vida” (Mt 20,28).

Compartiendo los sufrimientos de Cristo

El santo patrono de los enfermos padeció siempre a causa de su pierna, que por periodos mejoraba y por periodos volvía a hacerlo sufrir. Hubo una época en la que le aparecieron dos dolorosas llagas en las plantas de los pies, las que permanecieron abiertas por años. Finalmente, se sumaron las náuseas y la dificultad para comer en la última etapa de su vida. Aún así, San Camilo no dejaría de preocuparse por “sus hijos”, los enfermos.

En 1607 renunció a la dirección de la Orden. Partió a la Casa del Padre unos años después, el 14 de julio de 1614, a los 64 años de edad. El Papa León XIII lo proclamó patrono de los enfermos junto con San Juan de Dios, y el Papa Pío XI lo declaró patrono y modelo de los trabajadores de la salud.(ACI Pensa).

12 julio, 2026

Domingo 15 (A) del tiempo ordinario

 La parábola del sembrador: por qué no la entienden las personas 

Domingo 15 (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,1-23): Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

»Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

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«Salió un sembrador a sembrar»
P. Jorge LORING SJ (Cádiz, España)


Hoy consideramos la parábola del sembrador. Tiene una fuerza y un encanto especiales porque es palabra del propio Señor Jesús.

El mensaje es claro: Dios es generoso sembrando, pero la concreción de los frutos de su siembra dependen también —y a la vez— de nuestra libre correspondencia. Que el fruto depende de la tierra donde cae es algo que la experiencia de todos los días nos lo confirma. Por ejemplo, entre alumnos de un mismo colegio y de una misma clase, unos terminan con vocación religiosa y otros ateos. Han oído lo mismo, pero la semilla cayó en distinta tierra.

La buena tierra es nuestro corazón. En parte es cosa de la naturaleza; pero sobre todo depende de nuestra voluntad. Hay personas que prefieren disfrutar antes que ser mejores. En ellas se cumple lo de la parábola: las malas hierbas (es decir, las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas) «ahogan la Palabra, y queda sin fruto» (Mt 13,22).

Pero quienes, en cambio, valoran el ser, acogen con amor la semilla de Dios y la hacen fructificar. Aunque para ello tengan que mortificarse. Ya lo dijo Cristo: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). También nos advirtió el Señor que el camino de la salvación es estrecho y angosto (cf. Mt 7,14): lo que mucho vale, mucho cuesta. Nada de valor se consigue sin esfuerzo.

El que se deja llevar de sus apetitos tendrá el corazón como una selva salvaje. Por el contrario, los árboles frutales que se podan dan mejor fruto. Así, las personas santas no han tenido una vida fácil, pero han sido unos modelos para la humanidad. «No todos estamos llamados al martirio, ciertamente, pero sí a alcanzar la perfección cristiana. Pero la virtud exige una fuerza que (…) pide una obra larga y muy diligente, y que no hemos de interrumpir nunca, hasta morir. De manera que esto puede ser denominado como un martirio lento y continuado» (Pío XII).

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Pensamientos para el Evangelio de hoy

    «Es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de la que se respira» (San Gregorio Nacianceno)

    «La semilla se encuentra a menudo con la aridez de nuestro corazón, e incluso cuando es acogida corre el riesgo de permanecer estéril. Con el don de fortaleza el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón» (Francisco)

    «El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los caminos que conducen al Reino de los cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante los actos de cada día, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.724). (Evangeli.net)



10 julio, 2026

San Cristóbal de Licia, Patrono de los viajeros y peregrinos

 San Cristóbal de Licia

10 de julio
San Cristóbal de Licia
Patrono de los viajeros y peregrinos

Cada 10 de julio se recuerda a San Cristóbal de Licia, figura prominente en la historia del cristianismo de los primeros siglos. Y aunque las dificultades para conocerlo y entender su papel histórico son reales, se sabe con bastante certeza que vivió durante el gobierno de Decio, tercer emperador romano, alrededor del año 250.

La historia

Una famosa leyenda, bien conocida en Occidente y que podría haberse inspirado tanto en historias reales de mártires cristianos como en algún personaje de la mitología griega, cuenta cómo Reprobus, al que la tradición bautizaría como “Cristóbal”, llevó sobre sus hombros a un niño desconocido a través de un río caudaloso. El niño le había pedido ayuda para cruzar las aguas puesto que la corriente era muy fuerte.

Cristóbal andaba siempre cerca del río dado que ayudaba habitualmente a cualquiera que quisiera cruzarlo. Este era un servicio que hacía a sugerencia de un ermitaño al que le había preguntado cómo podía servir a Cristo, su Señor.

A la gran mayoría de viajeros le era imposible sobreponerse al caudal, mientras que a Cristóbal le resultaba más fácil cruzar que al resto, dada su fuerza y altura -se dice que medía más de dos metros-. Así que Cristóbal se la pasaba yendo, una y otra vez, de un lado al otro.

Una vez que dejó al niño en la orilla contraria, antes de desaparecer, este le reveló que era Cristo, a quien él intentaba ayudar, ayudando a otros.

Portador de Cristo


Al considerar esta historia, uno puede comprender por qué la tradición bautizó a este santo como “Cristóbal”. El nombre proviene del vocablo griego “Christophoros”, que quiere decir “portador de Cristo”, o “el que lleva a Cristo”. Por eso, desde el siglo IV, San Cristóbal ha sido representado generalmente como un hombre de gran altura y fuerza, con el niño Jesús sobre los hombros, mientras cruza las aguas de un río apoyado en un bastón.

En la baja Edad Media se popularizó la creencia de que bastaba mirar la imagen del santo y encomendarse a él para verse libre de todo peligro durante una travesía; y es así como San Cristóbal devino en patrón de peregrinos, viajeros, navegantes, motoristas y transportistas en general.

Se dice que San Cristóbal probablemente se desempeñó como soldado del Imperio Romano en Canaán, y que una vez que dejó la milicia, empezó a buscar al “rey más poderoso” para servirle. Es, en consecuencia, plausible pensar que en esa búsqueda haya oído hablar de Cristo. También se dice que después de haber tenido ese encuentro personal con Dios hecho niño, se trasladó a Licia para dar su testimonio y consolar a los cristianos que eran perseguidos en dicha región.

Mártir

La tradición señala, además, que tras haberse encontrado con Dios hecho niño, San Cristóbal fue bautizado en Antioquía y se dirigió a consolar a los cristianos perseguidos de Licia y Samos. Precisamente, en una de sus estancias en Licia, habría sido tomado prisionero por el rey Dagón, quien, bajo órdenes del emperador Decio, lo mandó torturar. Al resistirse a abdicar de su fe a pesar de ser torturado, se ordenó degollarlo. Según un relato atribuido a un tal Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo gracias a este santo.

San Cristóbal en la memoria de los pueblos

San Cristóbal es un personaje muy popular tanto en Oriente como en Occidente. Y su devoción ha trascendido el paso de los siglos. Lo es en tal medida que el arte, las costumbres y la fe de los que viajan lo invocan aquí y allá. Incluso poetas considerados contemporáneos como Federico García Lorca y Antonio Machado lo han cantado con inspirados versos. Su imagen, sea esculpida o pintada, casi siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales del mundo, como es el caso de la Catedral de Toledo en España. (ACI Prensa).

09 julio, 2026

San Nicolas Pieck y 18 compañeros Mártires de Gorcum

 

 San Nicolas Pieck y 18 compañeros Presbítero y Mártires 09 de julio En  Brielle, a orillas del río Mosa, en Holanda, pasión de los santos mártires Nicolás  Pieck, presbítero, y de sus

9 de julio 
San Nicolas Pieck y 18 compañeros
Mártires de Gorcum

Martirologio Romano: En Brielle, a orillas del río Mosa, en Holanda, pasión de los santos mártires Nicolás Pieck, presbítero, y de sus diez compañeros religiosos de la Orden de los Hermanos Menores y ocho del clero diocesano o regular, todos los cuales, por defender la presencia real de Cristo en la Eucaristía y la autoridad de la Iglesia Romana, fueron sometidos por los calvinistas a toda clase de escarnios y tormentos, terminando ahorcados finalmente su combate (1572).

Etimológicamente: Nicolás = Aquel que es vencedor por el pueblo, es de origen griego.

Fecha de canonización:  el 29 de junio de 1867 por el Papa Pío IX.

Breve Reseña y Biografía

Es un grupo de 19 mártires a los que sometieron a un cruel martirio los calvinistas en Gorcum, cerca de Dordrecht en Holanda. Había un trasfondo político en este hecho, ya que Flandes en aquellos momentos pertenecía a la corona de española. El duque de Alba, gobernador de la región, fue derrotado por los calvinistas, y estos juraron vengarse no solo de todo lo que fuera leal a España, sino también a todos los católicos, sobre todos los religiosos, ya que se unía catolicismo con España.

Dordrecht y Gorcum, cayeron en manos del capitan calvinista Marino Brandt. La resistencia de las fuerzas leales al rey Felipe II, quedaron reducidas a una pequeña guarnición en la ciudadela de Gorcum. Allí habian buscado refugio el clero secular (3 sacerdotes: Nicolás Janssen, Leonardo Veckel, Godofredo van Duynen) y los religiosos varones de Gorcum; once franciscanos (Antonio de Hoornaer, Antonio de Weest, Cornelio de Wich, Francisco Rod, Jerónimo de Weerden, Nicolás Pieck, Godofredo de Melveren, Nicasio Jonson, Pedro Van Assche, Teodorico van der Eel y Willaldo de Dinamarca). Un canónigo regular de San Agustín (Juan de Oesterwich). Las dos comunidades femeninas –la de los monasterios franciscanos y agustino- se habían disuelto tiempo atrás, ante el peligro.

Los religiosos presintiendo su final se prepararon con la penitencia y la eucaristía que les llevó el dominico alemán Juan de Colonia, párroco de Hoornaert, que venía de Colonia, y había perdido permiso a su prior provincial acudir en ayuda de los católicos holandeses. El conde de La Mark ordenó que los llevaran presos a Brielle. Medio desnudos fueron conducidos en una barca, que se detuvo en Dordrecht para que fueran insultados por el populacho. En Brielle fueron acogidos por el jefe de los "gueux" (mendigos) Lumey, que organizó un simulacro de procesión desde el puerto hasta el centro de la ciudad. Los religiosos sin perder la calma, daban gracias a Dios y cantaban el Te Deum. Llegaron a la cárcel y allí encontraron en prisión a otros tres sacerdotes: dos premostratenses (Adrián Beccan y Jacobo Lacops). Un sacerdote secular: Andrés Wonthers. Fueron interrogados y se les ofreció la libertad si renegaban de su fe, pero ninguno aceptó. Guillermo de Orange, dio la orden que se respetase su vida, pero Lumey se negó a obedecer. Fueron ahorcados en el viejo convento de Santa Isabel, de la ciudad holandesa de Brielle, fueron ahorcados desnudos para más escarnio, además los lazos de las sogas estaban mal hechos para que sufrieran más. Bajaron sus cuerpos y se ensañaron con ellos descuartizándolos y llevándolos por la ciudad como trofeos.

San Nicolás PieckNicolás Pick nació en Gorcum el 29 de agosto de 1543 de familia de príncipes venida a menos, hijo de Juan y Enrica Calvia. Su padre era apegadísimo a la fe católica y en varias circunstancias se distinguió por su celo contra los errores del calvinismo que invadía a Holanda. El futuro mártir fue enviado a estudiar en un colegio en Bois?le?Duc. Apenas terminados los estudios pidió y obtuvo ser recibido en la Orden de los Hermanos Menores, recibió el hábito, hizo el noviciado, profesó y luego fue enviado a la célebre universidad de Lovaina para completar los estudios de filosofía y teología, mereciendo los más altos elogios de sus profesores, en especial del rector, Padre Adan Sasbouth.

En 1558, habiendo crecido en la escuela de los santos y ardiendo en seráfica caridad para con Dios y para con los hermanos, fue ordenado sacerdote. De inmediato se dedicó a la predicación del mensaje evangélico, recorriendo las principales ciudades de Holanda y Bélgica, combatiendo en todas partes la herejía, fortaleciendo a los fieles en la fe católica, reconduciendo a Dios una verdadera multitud de pecadores y a la Iglesia Católica a muchos calvinistas. Por todos era venerado y estimado como auténtico apóstol de Cristo. Fue elegido guardián del convento de Gorcum y supo transformar aquel lugar en un seráfico cenáculo de virtudes, de oración, de ciencia y de santidad.

En Nicolás brillaba la angelical pureza de alma. Alimentaba una filial devoción a la Santísima virgen reina de los ángeles y madre de los creyentes. Consideraba perdido el día en que no hubiera ofrecido un homenaje de piedad o sobre todo algún sacrificio por amor de la Virgen. Cada día, además del oficio divino, recitaba la corona franciscana de ls siete alegrías de María Santísima. La recitación del rosario era para el piadoso religioso la credencial de reconocimiento que marcaba su tierno amor hacia la Madre celestial, era la expresión genuina de su piedad serena y jovial.

En Gorcum trabó amistad con el santo párroco Leonardo Wechel, en cuya compañía en 1572 habría de compartir las duras batallas por la fe y el supremo triunfo del martirio.

En 1572 las herejías de Lutero y Calvino ya habían apartado de la Iglesia a una gran parte de Europa. En Holanda los calvinistas conquistaban poco a poco el poder y perseguían a los católicos. En Gorcum comenzó la vía dolorosa de nuestros mártires y se ejecutó en Brielle, en presencia del cruel Lumay. San Nicolás habló varias veces a sus conciudadanos ante la inminencia del martirio para prevenirlos contra los errores calvinistas, demostrando con sólidos argumentos la presencia real de Jesús en la Eucaristía y el primado del Sumo Pontífice, dogmas negados por los calvinistas. El 9 de julio de 1572 el Santo subió al patíbulo y no cesó de bendecir a Dios. El lazo le quitó la voz y le tronchó la vida, a los 38 años de edad.

Sus compañeros son: santos Jerónimo de Weert, Teodorico van der Eem, Nicasio de Heeze, Willechadus de Dania, Godefrido Coart de Melveren, Antonio d´Hoornaert, Antonio de Weert y Francisco de Roye, presbíteros de la Orden de los Hermanos Menores, y Pedro van der Slagmolen d´Assche y Cornelio de Wijk-bij-Duurstede, religiosos de la misma Orden; Juan Lenaerts, canónigo regular de San Agustín; Juan Coloniense, presbítero de la Orden de Predicadores; Adriano d´Hilvarenbeek, Santiago Lacops, presbítero de la Orden Premostratense; Leonardo Vechel, Nicolás Poppel, Godefrido van Duynen, Andrés Wouters, presbíteros. (Catholic.net).

08 julio, 2026

Beato Papa Eugenio III, "El Papa sufriente"

 Papa Beato Eugenio III

08 de julio
Beato Papa Eugenio III
El Papa Sufriente 

Cada 8 de julio, la Iglesia Católica recuerda al Beato Papa Eugenio III, a quien San Antonio de Padua describió como "uno de los Pontífices más grandes y que más sufrieron".

Su nombre de pila fue Bernardo Paganelli Montemagno, y nació en el desaparecido reino de Pisa (Italia) alrededor del año 1088.


Papa monje, monje Papa


Sobre los primeros años de vida de Bernardo -futuro Eugenio III- no hay mucha información. Sin embargo, se sabe con certeza que hacia el año 1106, con unos 18 o 19 años de edad, empezó a desempeñarse como canónigo del cabildo catedralicio de Pisa. A partir de 1115 aparece registrado como subdiácono de la catedral.

En algún momento entre 1134 y 1137, fue ordenado sacerdote por el Papa Inocencio II, quien residía en Pisa por aquel entonces. Influenciado por la figura de San Bernardo de Claraval, se hizo miembro de la Orden del Císter, en 1138, cuando bordeaba ya los 50 años de edad. Posteriormente se trasladó a la célebre abadía cisterciense de Clairvaux (Claraval), en Francia.

Convertido en monje, tomó el nombre de su abad o superior, ‘Bernardo’, manteniendo así su nombre de pila. Cuando el Papa Inocencio II pidió que algunos cistercienses fuesen a vivir a Roma, San Bernardo envió a su homónimo como jefe de la comitiva. El grupo de cistercienses se estableció en el monasterio de San Anastasio (Tre Fontane) en la localidad de Scandriglia.

Años después, a la muerte del Papa Lucio II en 1145, los cardenales eligieron como sucesor a Bernardo, quien seguía siendo abad de San Anastasio y era reconocido por su rectitud y fortaleza. El nuevo pontífice sería consagrado en la abadía de Farfa, tomando el nombre de Eugenio III. De esta manera, Bernardo, quien había renunciado al mundo para hacerse monje, terminaba erigido como el Papa número 167 de la Iglesia Católica, primer cisterciense en ocupar la Sede de Pedro. Se dice que siempre Eugenio III continuó vistiendo el hábito de su orden mientras ejerció el pontificado, hasta el día de su muerte.


En defensa de la cristiandad


En enero de 1147, Eugenio III aceptó gustoso la invitación que le hizo el rey Luis VII para que fuese a convocar una segunda cruzada a Francia. El monarca francés necesitaba el respaldo pontificio para recuperar la ciudad de Edessa (Turquía), erigida como bastión cristiano en Mesopotamia después de la primera cruzada. Como se sabe esta nueva cruzada, convocada por el Papa Eugenio, terminó en un sonado fracaso.

El Papa permanecería en territorio francés hasta que el clamor popular por la derrota le hizo imposible permanecer más tiempo en el país. Mientras duró su estancia, Eugenio III presidió los sínodos de París y Tréveris (Alemania), así como el Concilio de Reims (Renania, Alemania), que se ocuparon principalmente de fortalecer la enseñanza de la Iglesia contra las herejías del momento. En Reims, por ejemplo, San Bernardo de Claraval tuvo una participación especial en defensa de la doctrina trinitaria, puesta una vez más en cuestión por Gilberto Porretano (1070-1154), teólogo escolástico, quien tuvo que retractarse de sus afirmaciones.

Eugenio III, por un lado, impulsó la renovación de la curia y el episcopado con el propósito de responder a los requerimientos de los seglares que veían en sus autoridades eclesiales un claro antitestimonio cristiano; por otro, promovió la renovación de la vida religiosa, que pasaba también por una profunda crisis. Paralelamente hizo cuanto pudo por reorganizar las principales escuelas de filosofía y teología.

Un mundo en crisis

La naturaleza del mundo medieval es compleja y no puede ser entendida sin romper muchos de los paradigmas contemporáneos, esos con los que los hombres de hoy suelen acercarse a la historia en general. Parte de las dificultades que los medievales enfrentaron tuvo que ver con la separación de fueros. El ámbito espiritual y el ámbito temporal se entrecruzaron innumerables veces, produciendo grandes tensiones, cuando no, simples y directos enfrentamientos a causa de intereses particulares o luchas por el poder.

El saldo de la mayoría de los procesos históricos más importantes de aquel periodo no siempre estuvo de acuerdo a los principios que brotan del Evangelio, tanto dentro como fuera de la Iglesia. Por eso, los Papas que gobernaron cumplieron un papel importantísimo allí donde fue necesario corregir cosas o tomar decisiones en pos de la unidad del mundo cristiano. Ese fue el contexto que le tocó vivir al Papa Eugenio, y en él intentó hacer lo correcto.

Autoridad espiritual

En mayo de 1148 el Pontífice volvió a Italia y excomulgó a Arnoldo de Brescia -sacerdote con pretensiones reformadoras, pero contagiado de las posiciones erróneas de su maestro, el controvertido filósofo Pedro Abelardo-. Brescia había encabezado un movimiento cismático.

Ya el Papa Eugenio había combatido en diversas oportunidades distintos intentos por abolir la jerarquía eclesial y construir una iglesia de “puros” -de “no contaminados” con los evidentes errores o pecados de los miembros del clero-. El Papa Eugenio, además, tuvo que aliviar numerosas tensiones políticas, generadas por las luchas de poder entre las cabezas de los reinos de Italia, las que solo amainaban cuando los poderosos coincidían en la animadversión a la autoridad papal, tanto espiritual como temporal.

San Bernardo, consciente de la dureza de las batallas que el Papa libraba, dedicó al Sumo Pontífice su tratado ascético De Consideratione, donde afirmaba que el Papa tenía como principal deber atender los asuntos espirituales y que no debía dejarse distraer demasiado por asuntos que corresponden a otros fueros.

Eugenio III, quien partió de Roma en el verano de 1150, permaneció dos años y medio en la Campania, procurando obtener el apoyo político del emperador Conrado III y de su sucesor, Federico Barbarroja. Ciertamente, el Papa había excomulgado al cismático Brescia, pero este contaba con la protección de los germanos. En esto, como en el tema de la autonomía de los Estados Pontificios, la intención del Papa fue siempre la de mantener la unidad de Europa en torno a la cristiandad.

Eugenio III murió en Roma el 8 de julio de 1153. Su culto fue aprobado el 3 de octubre de  1872, tras ser declarado beato por el Papa Pio IX.(ACI Prensa).