05 noviembre, 2026

San Zacarías y Santa Isabel Padres de Juan el Bautista y tíos de Jesús

 05 de noviembre 

San Zacarías y Santa Isabel 

Padres de Juan el Bautista y tíos de Jesús 

Cada 5 de noviembre recordamos a Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús. “Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor”, nos recuerda San Lucas en su Evangelio (Lc 1, 6), dejando en claro que eran miembros fieles del pueblo de Israel, respetuosos de la Ley de Dios.

Esposos bendecidos

La Iglesia Católica los recuerda y venera en virtud al lugar que ambos ocupan en la historia de la salvación. Para empezar, Zacarías e Isabel conforman la segunda pareja de santos esposos de los que da cuenta el Nuevo Testamento, a través de los cuales Dios deja en evidencia que para Él nada es imposible. Los primeros son evidentemente José y María, padres del Señor Jesús.

Según el relato de Lucas, Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal de Abías, mientras que Isabel era descendiente de Aarón. Ambos eran de edad avanzada y no habían podido tener hijos porque Isabel era estéril, algo que en el contexto hebreo de la época era motivo de marginación y causa de un dolor inmenso para los esposos.

Zacarías y el ángel

Cierto día, a Zacarías le tocó ingresar al Sancta Sanctorum (la parte más sagrada del tabernáculo y del templo de Jerusalén, al que solo accedían los sacerdotes), para ofrecer la oración. De pronto, un ángel se le apareció y le dijo que su esposa tendría un hijo, al que llamarían Juan. “Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto” (Lc 1, 17), continuó el ángel.

Zacarías de inmediato preguntó al ángel cómo podía estar seguro de lo que decía, si él y su esposa ya eran ancianos. A lo que este contestó: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva… Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo" (Lc 1, 19-20). Por haber dudado, Zacarías quedó mudo en el acto.

No mucho después, Isabel quedaría embarazada, de manera que la que habían llamado estéril, ahora exultaba de gozo y gratitud a Dios: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres” (Lc 1, 25).

La Visitación de María a Isabel

Luego de que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María, esta fue a casa de su prima Isabel con el deseo de ayudarla. Ella, al verla, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1, 42-45).

Cuando Juan nació, todos se alegraron en casa de Zacarías por la acción misericordiosa de Dios. El día de la circuncisión de Juan, los familiares de Zacarías pidieron que el recién nacido fuera llamado como su padre, de acuerdo a la costumbre hebrea.

Sin embargo, Isabel se opuso y dijo que se llamaría “Juan”, según lo había requerido Zacarías, quien imposibilitado de hablar, escribió el nombre que llevaría su hijo en una tablilla. Una vez hecho esto, Zacarías recuperó el habla al instante -tal y como el ángel había predicho- y pronunció su célebre cántico, incorporado por la Iglesia en la Liturgia de las Horas 

(específicamente en las Laudes, la oración de la mañana):

Cántico de Zacarías (Benedictus)

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por la boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando su misericordia

que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza

y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.

Para concedernos que, libres de temor,

arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia,

en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor

a preparar sus caminos,

anunciando a su pueblo la salvación,

el perdón de los pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas

y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos

por el camino de la paz».

(Lc 1, 68-79).

Una vida ejemplar

Muchas cosas más se podrían considerar en torno a los santos esposos Zacarías e Isabel, y, con toda certeza, extraer mayores frutos espirituales. Basta recordar, por ejemplo, la delicadeza espiritual de Isabel al recibir a Maria, haciéndose eco del gozo infinito de aquel que llevaba en el vientre. Juan, sin haber nacido, fue capaz de reconocer la presencia de Dios en la Persona del Verbo Encarnado, quien estaba justo frente a sí.

Zacarías e Isabel formaron y educaron a Juan con la conciencia de que eran una pareja a la que Dios había elegido y acompañado con paciencia. Por su parte, Juan, en el epílogo de su vida, daría prueba prístina de aquella fe que recibió de sus padres, de cuál era su linaje.

¡Zacarías e Isabel, rogad por las familias cristianas!(EWTN.COM)

04 noviembre, 2026

San Carlos Borromeo

 04 de noviembre 

San Carlos Borromeo

Co-fundador de la Compañía de Jesús San CAs

Cada 4 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán y personaje importantísimo de la contrarreforma católica del siglo XVI, junto al fundador de la Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola.

El Papa San Juan Pablo II el Grande le tenía un gran aprecio y devoción, y lo consideraba su santo patrono.

Pastor diligente y cuidadoso

San Carlos Borromeo nació en Milán, Italia, el 2 de octubre de 1538, en el seno de una familia noble. Estudió derecho civil y canónico en la Universidad de Pavía, donde se doctoró en 1559. Su tío fue Giovanni Medici, el Papa Pío IV (p.1559-1565), quien lo mandó llamar de Milán a Roma apenas graduado, para que lo asista en la administración de su pontificado. Pio IV lo ordenó diácono en 1560 y a partir de ese momento lo hizo ocupar altos cargos eclesiásticos en los que Carlos se desempeñó con eficiencia y pulcritud.

En 1561 Borromeo fue nombrado secretario de Estado y luego gobernador. También formó parte del Santo Oficio. Por órdenes del Papa, participó en la organización y desarrollo de la tercera sesión del Concilio de Trento (1545-1563) de 1562, haciendo una importante contribución desde la Secretaría de Estado del Vaticano. Independientemente de la parte organizativa, Borromeo participó en la reforma de los cánones arquitectónicos y artísticos de la Iglesia, haciendo sentir su influencia sobre algunos aspectos de la música sacra o litúrgica.

Como funcionario eclesial, se preocupó mucho por la formación de los sacerdotes. Destituyó a muchos presbíteros indignos y los reemplazó por personas que cumplían con las condiciones de honorabilidad y fidelidad a la Iglesia.

Su vida, en medio de todas estas 

responsabilidades dio un giro que terminaría en su asension al episcopado. El 17 de julio de 1563 fue ordenado sacerdote y en la víspera de la Inmaculada Concepción, en diciembre, recibió la ordenación episcopal. Once meses después (noviembre de 1564) sería creado cardenal cuando ya ocupaba hacía unos meses (desde mayo) la sede arzobispal de Milán. En este proceso de conversión y renovación espiritual profunda jugaron un papel muy importante los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, y, por supuesto, la compañía de sus buenos amigos jesuitas.

Complot para acabar con su vida

Por su diligencia y celo evangélico, de la misma manera como cosechó abundantes frutos para Dios, se hizo de peligrosos enemigos. Incluso, en alguna oportunidad, su vida corrió peligro, cuando un grupo de miembros de la Orden de los Humiliati -poseedora de monasterios, tierras y otras propiedades- intentaron desprestigiarlo ante el Papa. Los Humiliati fueron suprimidos posteriormente por bula papal en 1571.

Al no conseguir su cometido, tres priores de la mencionada Orden organizaron una conspiración para matarlo. Jerónimo Donati, sacerdote de los Humiliati, aceptó el encargo de darle muerte a cambio del pago de 20 monedas de oro.

Donati llegó a dispararle a Borromeo mientras rezaba en la capilla de su casa, pero providencialmente la bala no llegó a darle de lleno y solo quedó herido.

Servicio apostólico y epílogo de santidad

Durante la peste que se propagó en Milán, San Carlos se puso al cuidado de los enfermos. Fue el organizador del clero y las órdenes religiosas que salieron al encuentro de los contagiados, necesitados de asistencia médica y espiritual. Borromeo atendió personalmente a cientos de moribundos, y fue gestor de la ayuda económica a las víctimas y sus familias.

Borromeo fue amigo de mucha gente de bien y servidores de la Iglesia, algunos de ellos santos, como es el caso de San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Pío V, San Félix de Cantalicio, San Andrés Avelino, entre otros. Como un dato hermoso, se sabe que fue San Carlos Borromeo quien le dio la primera comunión a un adolescente San Luis Gonzaga.

Carlos Borromeo murió el 4 de noviembre de 1584. Durante los últimos años de su vida siguió dedicado a la implementación de las reformas establecidas en el Concilio de Trento. En esa tarea siempre había encontrado fuerte oposición, al punto de que fue acusado ante los tribunales eclesiásticos de Roma y Madrid.

A los 46 años, durante el retiro anual que realizaba en Monte Varallo, cayó enfermo; y el posterior viaje de retorno a Milán no hizo más que empeorar las cosas. Finalmente fue llamado a la presencia de Dios.

San Carlos Borromeo y San Juan Pablo II el Grande

San Juan Pablo II, en audiencia del 4 de noviembre de 1981, realizada meses después de sufrir aquel trágico atentado a manos del turco Ali Agca (13 de mayo de ese mismo año), resaltó ciertos detalles que lo asemejaban a San Carlos Borromeo y que, de hecho, lo unieron espiritualmente mucho a él.

El Papa empezó su discurso diciendo: “He aquí el papel que San Carlos realiza en mi vida y en la vida de todos los que llevan su nombre… ”. Se trataba de un primer detalle, relacionado precisamente con su nombre de pila: “Karol” [Wojtila] es “Carlos”. San Juan Pablo II había recibido de sus padres el nombre del santo en el bautismo.

Un segundo detalle los unió aún más: ambos habían sido víctimas de atentados contra sus vidas, y, claro está, habían sobrevivido milagrosamente. Así como se pretendió acabar de un disparo con la vida del arzobispo de Milán en el siglo XVI, el Papa Peregrino recibió cuatro disparos en el cuerpo en mayo de 1981. Ambos lograron sobrevivir a aquellas circunstancias, y aunque sus vidas corrieron serio peligro, tuvieron la gracia de una ‘segunda oportunidad’, una ‘segunda vida’.

Juan Pablo II se refería a esta experiencia así: “(Haber sobrevivido permite) mirar la vida de modo nuevo: esta vida (…) está unida a la memoria de mis padres y simultáneamente al misterio del bautismo, y al nombre de San Carlos Borromeo”.

El tercer detalle está en la relación de ambos santos con Concilios importantísimos. San Carlos Borromeo participó en el Concilio de Trento y San Juan Pablo II del Concilio Vaticano II. Al igual que su santo patrono, el Papa Peregrino también fue un gran difusor de las enseñanzas del concilio, trabajando por llevar a la práctica sus intuiciones.

Nota bene: más sobre Carlos Borromeo y Karol Wojtila

A lo reflexionado aquella vez por el Santo Padre, es posible añadir un par de datos más. A los dos los unió un profundo amor y respeto por los pobres y enfermos. Así como recordamos a Juan Pablo II visitando a los más necesitados, Borromeo asistió personalmente a muchos necesitados contagiados por la peste y proveyó de alimento a cientos de menesterosos.

JVCFinalmente, es posible afirmar que tanto San Carlos Borromeo como San Juan Pablo II fueron personajes queridos de manera entrañable. Milán estuvo en vela la noche de la agonía de Borromeo, de la misma manera como el mundo entero estuvo en oración durante las últimas horas de vida de Juan Pablo II.

“Mirando mi vida en la perspectiva del bautismo, mirándola a través del ejemplo de San Carlos Borromeo, doy las gracias a todos los que hoy, en todo el período pasado, y continuamente, también ahora, me sostienen con la oración y a veces incluso con grandes sacrificios personales” (San Juan Pablo II).(EWTN.COM)

03 noviembre, 2026

San Martin de Porres

 03 de noviembre 

San Martín de Porres

“Patrono Universal de La Paz”

Cada 3 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a San Martín de Porres, fraile dominico del siglo XVI, “el santo de la escoba”, llamado así por su oficio de portero y barrendero del convento en el que vivió.

Martín dio testimonio de humildad y sencillez en una época en la que el origen o el color de piel definían cómo se trataba a una persona. Son precisamente las virtudes mencionadas las que dejaron en evidencia en qué reside la libertad y la grandeza de un ser humano.

“Yo te curo y Dios te sana” (Martín de Porres)

“Yo te curo y Dios te sana”, solía decir fray Martín, cada vez que atendía a algún enfermo. Martín fue un “mulato” -antigua denominación para los nacidos de padre blanco y madre negra, o viceversa-, admitido en calidad de “donado” por la Orden de Predicadores (dominicos), a causa de su condición de hijo ilegítimo. Se santificó, entre otras cosas, realizando los servicios más humildes, y también cuidando a enfermos y menesterosos.

San Martín de Porres -o de Porras- fue nombrado pertinentemente por el Papa San Juan XXIII como “Santo Patrono de la Justicia Social” y “Patrón Universal de la Paz” tras los peores momentos del siglo XX, en tiempos marcados por las consecuencias de las guerras y la violencia.

“Muchos últimos serán primeros” (Mt 20, 16)

San Martín nació en Lima (Virreinato del Perú) en 1579. Su nombre completo fue Juan Martín de Porres Velázquez, hijo de un noble español de origen burgalés, don Juan de Porras, y una mujer de raza negra liberta, doña Ana Velázquez, natural de Panamá.

Desde niño, Martín dio muestras de tener un corazón solidario y sensible frente al sufrimiento de la gente. Solía manifestar su preocupación por quienes estaban enfermos o vivían en pobreza. Aprendió el oficio de barbero y algunos rudimentos de medicina, cercanos a lo que haría hoy un ‘herborista’. A los quince años pidió ser admitido en la Orden de Santo Domingo de Guzmán, a la que ingresó como hermano terciario, ya que era hijo ilegítimo y no tenía mayor educación.

Ya en el convento, trabajó como enfermero. Empezó a hacerse conocido por su amabilidad en el trato, sin hacer diferencias entre pobres y ricos, ni entre blancos, negros o indios. Atendía a quien se presentase en la enfermería con el mismo cuidado y esmero. Martín se ganó así el cariño de todos, y aunque inicialmente hubo reservas contra él entre los frailes, dado su origen “ilegítimo”, en 1603, hizo su profesión religiosa.

“Porque nada hay imposible para Dios” (Lc 1, 37)

Con la ayuda de Dios, el santo hizo numerosos milagros, especialmente curaciones de males y enfermedades. Martín jamás se atribuyó portento alguno, por el contrario, recordaba constantemente que él solo era un siervo, y que quien devolvía la salud era Dios -de ahí su hermoso lema, “yo te curo y Dios te sana”-.

Enfermos desahuciados se reponían al solo contacto con sus manos o incluso con su sola presencia. Otros milagros también acontecieron por intercesión de Martín: hubo quienes lo vieron entrar y salir del convento, o de otros recintos, cuando se sabía que el fraile estaba en su celda, o cuando las puertas estaban trancadas. Otros aseguraban haberlo visto en dos lugares distintos a la misma vez (bilocación). Martín atendía a enfermos y menesterosos a tiempo y destiempo, y Dios le concedió el poder de hacer milagros y prodigios.

Martín había querido ser misionero, y todo indica que Dios le dio el don de la bilocación. Existen abundantes testimonios de que apareció en lugares inhóspitos -hablaba de las misiones en China o Japón como quien estuvo de veras allí-. Lo sorprendente fue que misioneros de aquellos lugares atestiguaron haberlo visto curar enfermos y acompañarlos en momentos difíciles, dándoles ánimo y rezando con ellos.

Lima: “Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20)

San Martín de Porres fue amigo muy cercano de otro santo dominico, nacido en España, pero afincado en la capital del virreinato del Perú, San Juan Macías. También se sabe que conoció y colaboró con Santa Rosa de Lima.

La situación de abandono moral en la que se encontraba mucha gente en Lima hizo que Martín se preocupara por ellos. Con la ayuda de algunos personajes acaudalados, entre los que estaba el virrey Luis Jerónimo Fernández de Cabrera y Bobadilla, Martín reunía dinero con el que asistía a personas sin techo, enfermos y limosneros. Mientras tanto, en el convento dominico de la ciudad, cumplía con sus horas de servicio en la portería y haciendo los turnos de limpieza. Se dice que le bastaban tres horas de sueño por las tardes, porque por la noche se mantenía en vela, en oración frente al Señor.

Los moribundos, de cualquier clase social (o “casta” término empleado en la época), pedían que venga el santo hermano Martín a acompañarlos a bien morir, a lo que él nunca se rehusó. La ciudad entera entonces se encontró en determinado momento rendida a la humildad, el carisma y la caridad que irradiaba San Martín.

Incluso, el virrey Fernandez, al enterarse de que su buen amigo Fray Martín estaba muy enfermo y parecía morir, quiso visitarlo en su lecho de muerte y besar su mano, pidiéndole que lo cuide desde el cielo.

San Martín de Porres partió a la Casa del Padre el 3 de noviembre de 1639, en compañía orante de sus hermanos dominicos. El santo entregó el alma a Dios después de besar el crucifijo.

Martín, patrono universal de La Paz

San Martín de Porres ha sido generalmente representado con una escoba en mano, símbolo de su humilde servicio. La tradición, por otro lado, hace referencia no solo a su sencillez sino a la paz que irradiaba con su presencia.

Martín unió a los dominicos, unió a la ciudad de Lima, acercó culturas milenarias, vinculó razas -como se suele decir en Perú: “Hizo comer de un solo plato a perro, pericote (i.e. ratón) y gato”-. Por ello, San Juan XXIII exclamó: “¡Ojalá que el ejemplo de Martín enseñe a muchos lo feliz y maravilloso que es seguir los pasos y obedecer los mandatos divinos de Cristo!” (Homilía de la misa de canonización de San Martín de Porres, 1962).

En estos momentos marcados por sangrientos conflictos internacionales, te pedimos, San Martín de Porres que intercedas por la paz entre los hombres.

¡Martín, ruega por nosotros!(EWTN.COM)

02 noviembre, 2026

Los Fieles Difuntos

02 de noviembre 

Los Fieles Difuntos

Cada 2 de noviembre, la Iglesia Católica conmemora a todos los fieles difuntos. Es decir, a todos aquellos que han muerto, y que debieron comparecer ante Dios, su misericordia y su justicia. Así, recordamos a nuestros antepasados, amigos y familiares que nos han dejado, y para quienes abrigamos la esperanza del reencuentro definitivo, en la Presencia de Dios.

Sentido de la conmemoración

Señala el Martirologio Romano:

“Conmemoración de todos los fieles difuntos. La santa Madre Iglesia, después de su solicitud para celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe solo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha de pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna” (elog. del Martirologio Romano).

Cementerios y campos santos

Hoy miles de personas en todo el mundo visitan los cementerios para honrar la memoria de sus seres queridos y de todos aquellos que partieron al encuentro con Dios.

En este día la Iglesia toda dedica la liturgia a animar a los fieles a orar por el eterno descanso de quienes han fallecido, con la esperanza de que todos, en ‘el día que no conoce el final’, nos podamos reunir en el amor infinito de Dios.

Caridad, memoria y recogimiento

Constituye una obra de caridad indispensable que quienes aún peregrinamos en este mundo oremos y hagamos sacrificios u ofrecimientos por las almas del purgatorio, conscientes de que muchos entre quienes nos han precedido necesitan aún purgar sus faltas para poder gozar de Dios de manera definitiva.

Es importante que todos los católicos guardemos el debido respeto en los cementerios y campos santos. Ciertamente, hay una diversidad de costumbres presentes y arraigadas, que pueden o no ser parte de lo que se denomina la Piedad Popular. Como fuere, esta conmemoración no puede ser pretexto para abandonar el recogimiento, la oración de intercesión o la conciencia de que somos pecadores, y necesitamos todos, vivos y muertos, de la misericordia de Dios.

¿Qué más recomienda la Iglesia para hoy?

Recomendables son las oraciones de intercesión ofrecidas a la Virgen María, de manera especial el Santo Rosario; también es bueno pedir la intercesión de los santos a través de novenas u oraciones votivas; y, finalmente, no debemos olvidar que toda oración debe estar acompañada de obras de caridad o pequeños sacrificios de la vida cotidiana como, por ejemplo, la limosna, esto es, compartir nuestros bienes con los más necesitados.

Una mención aparte merece la asistencia a la Santa Misa. Si bien en la mayoría de lugares no es día de precepto o día de guardar, la celebración eucarística es “la oración por excelencia‘’. Eso no puede ser pasado por alto. Ofrezcamos la Santa Misa por nuestros difuntos.

También es muy recomendable averiguar y poner en práctica las distintas alternativas que da la Iglesia universal o las Iglesias locales para obtener la Indulgencia Plenaria por los difuntos fallecidos sin las debidas asistencias espirituales.

Indulgencia plenaria por la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

La Penitenciaría Apostólica del Vaticano otorga, todos los años, las facilidades para obtener la indulgencia plenaria en el Día de los Fieles Difuntos, que hoy, 2 de noviembre, celebramos. Es una hermosa oportunidad para que, con la cooperación de los miembros de la Iglesia peregrinante en la tierra, muchas almas necesitadas puedan ser rescatadas del purgatorio.(EWTN.COM)

01 noviembre, 2026

Domingo 1 de noviembre: Las Bienaventuranzas

Domingo 1 Noviembre 2026

Las Bienaventuranzas 

Solemnidad de Todos los Santos

Texto del Evangelio (Mt 5,1-12a): En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».

«Alegraos y regocijaos»

Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida

(Lleida, España)

Hoy celebramos la realidad de un misterio salvador expresado en el “credo” y que resulta muy consolador: «Creo en la comunión de los santos». Todos los santos, desde la Virgen María, que han pasado ya a la vida eterna, forman una unidad: son la Iglesia de los bienaventurados, a quienes Jesús felicita: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Al mismo tiempo, también están en comunión con nosotros. La fe y la esperanza no pueden unirnos porque ellos ya gozan de la eterna visión de Dios; pero nos une, en cambio el amor «que no pasa nunca» (1Cor 13,13); ese amor que nos une con ellos al mismo Padre, al mismo Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. El amor que les hace solidarios y solícitos para con nosotros. Por tanto, no veneramos a los santos solamente por su ejemplaridad, sino sobre todo por la unidad en el Espíritu de toda la Iglesia, que se fortalece con la práctica del amor fraterno.

Por esta profunda unidad, hemos de sentirnos cerca de todos los santos que, anteriormente a nosotros, han creído y esperado lo mismo que nosotros creemos y esperamos y, sobre todo, han amado al Padre Dios y a sus hermanos los hombres, procurando imitar el amor de Cristo.

Los santos apóstoles, los santos mártires, los santos confesores que han existido a lo largo de la historia son, por tanto, nuestros hermanos e intercesores; en ellos se han cumplido estas palabras proféticas de Jesús: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12). Los tesoros de su santidad son bienes de familia, con los que podemos contar. Éstos son los tesoros del cielo que Jesús invita a reunir (cf. Mt 6,20). Como afirma el Concilio Vaticano II, «su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Lumen gentium, 49). Esta solemnidad nos aporta una noticia reconfortante que nos invita a la alegría y a la fiesta.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

«La divinidad es pureza, es liberación de las pasiones y remoción de todo mal: si todo eso está en ti, entonces Dios está realmente en ti» (San Gregorio de Nisa)

«No estamos solos; estamos rodeados por una gran nube de testigos: con ellos formamos el Cuerpo de Cristo» (Benedicto XVI)

«La sexta bienaventuranza proclama: ‘Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios’ (Mt 5,8). Los ‘corazones limpios’ designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad, la castidad o rectitud sexual, el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe. Existe un vínculo entre la pureza del corazón, del cuerpo y de la fe» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.518)(EWTN.COM).

31 octubre, 2026

San Quintín, Patrono de los Capellanes y cerrajeros

31 de octubre

San Quintín

Patrono de los Capellanes y los cerrajeros

Cada 31 de octubre la Iglesia Católica recuerda a San Quintín, mártir, nacido en la antigua Roma, aunque no hay certeza ni sobre el año ni el lugar exacto donde nació. Sí la hay sobre el año de su muerte: 287 d.C.

“Quintinus” o Quintín fue el hijo de un senador romano que se convirtió al cristianismo. La tradición sugiere que fue bautizado por el Papa San Marcelino (p. 296-304) y que acompañó a San Luciano de Beauvais (s. III) en su predicación por la Galia (región romana que comprendía la actual Francia y parte de Bélgica).

Convocado a dar testimonio de Cristo

Por siglos se ha sostenido que San Quintín realizó curaciones milagrosas y tenía la potestad de expulsar demonios. Por su testimonio de amor a Cristo suscitó la conversión de muchos paganos, aunque despertó también las sospechas y la mala fe de las autoridades civiles del imperio.

Fue acusado de profesar el cristianismo y conducido a la fuerza ante el gobernador-prefecto Ricciovaro (Rictiovarus). 

Este le reprochó haberse puesto de lado de aquellos que proclamaban la fe en un crucificado, algo que el ciudadano común consideraba deshonroso, propio de delincuentes y cobardes. Quintín le contestó a Ricciovaro que hacerlo constituía para él el más elevado honor, incluso más grande que ser el hijo de un senador.

¡Ay de mí si no evangelizo! (1Cor 9, 16)

Ricciovaro consideró las declaraciones de Quintín como una afrenta a su investidura y lo mandó encadenar y azotar. Luego dispuso que el joven debía ser conducido rumbo a Reims para ser juzgado. Después de ser flagelado, el joven cristiano fue llevado a un calabozo, de donde escaparía milagrosamente aprovechando la oscuridad de la noche.

Libre de nuevo, Quintín retomó la predicación. Lamentablemente fue descubierto de nuevo, y apresado por segunda vez. Se le trasladó a “Augusta Veromanduorum” (hoy la ciudad francesa de Saint-Quentin, en Vermand, renombrada en honor al ilustre santo). Allí permaneció en una mazmorra esperando su ejecución.

San Quintín fue decapitado y sus restos arrojados al río Somme, de cuyas aguas serían rescatados por un grupo de cristianos, se dice, encabezados por Eusebia, una anciana poseedora de cierta riqueza. Corría el año 287.

Hoy sus reliquias permanecen en la basílica de la ciudad que lleva su nombre.

En la cultura popular: “La de San Quintín”

Curiosamente, el nombre de San Quintín evoca hasta hoy muchas cosas. No obstante hay un episodio histórico que lo ha hecho célebre en el habla popular.

A mediados del siglo XVI, las coronas francesa y española se enfrentaron en San Quintín (Saint-Quentin), la localidad que lleva el nombre del santo, ubicada en la región de Picardía, condado de Vermand (Francia). La victoria la obtuvieron los españoles, pero fue tal la violencia y crudeza de la batalla que el nombre del santo fue inmortalizado a través de una frase alusiva al sangriento episodio: “¡Aquí se armó la de San Quintín!”.

San Quintín es el patrono de los capellanes y cerrajeros.(EWTN.COM).

30 octubre, 2026

San Marcelo de León, y otros santos del día de hoy

 SANTORAL DEL 30 DE OCTUBRE

El santoral católico del 30 de octubre recuerda a 15 santos y beatos, entre ellos mártires, obispos y religiosos que vivieron en distintos períodos de la historia. Entre las figuras de esta fecha destacan san Marcelo de León, vinculado a las primeras comunidades cristianas, y la beata Bienvenida Boiani, reconocida por su vida de oración y servicio religioso.

Santos principales del 30 de octubre

San Marcelo de León

San Marcelo de León fue un centurión romano que vivió durante el siglo III. Según la tradición cristiana, estaba casado con santa Nonia y tuvo varios hijos, algunos de los cuales también son venerados como santos. Su historia está vinculada a las persecuciones contra los cristianos durante el Imperio romano.

Su martirio ocurrió en el año 298, cuando manifestó públicamente su fe cristiana y rechazó participar en los ritos religiosos paganos asociados a su servicio militar. Fue trasladado a Tánger, donde recibió una condena a muerte y fue decapitado. La Iglesia católica lo recuerda cada 30 de octubre.

Beata Bienvenida Boiani

Bienvenida Boiani nació en 1254 en Cividale del Friuli, Italia. Fue una religiosa vinculada a la espiritualidad de santo Domingo de Guzmán y dedicó su vida a la oración, la penitencia y la austeridad.

Murió en 1292 y su culto fue reconocido por la Iglesia católica en 1763, durante el pontificado de Clemente XIV. Su memoria litúrgica se celebra el 30 de octubre.

Otros santos del 30 de octubre

Beato Ángel de Acri. 

Fue un sacerdote capuchino italiano del siglo XVIII. Recorrió distintas localidades del reino de Nápoles para predicar el Evangelio con un lenguaje cercano a la población.

Beato Juan Miguel Langevin.

Fue un sacerdote francés martirizado en 1794 durante la Revolución francesa. Murió decapitado por su condición sacerdotal y por mantenerse firme en su fe católica.

Beato Juan Slade. 

Fue un mártir inglés del siglo XVI. En 1583 fue ejecutado por rechazar la autoridad de la reina Isabel I en asuntos espirituales.

Beato Terencio Alberto O’Brien. 

Fue un obispo dominico irlandés que atendió a personas afectadas por la peste. En 1651 fue ejecutado durante el régimen de Oliver Cromwell por su fe católica.

San Claudio de León. 

Es recordado como uno de los mártires cristianos vinculados a León, España. Según la tradición, murió durante las persecuciones del emperador Diocleciano, a comienzos del siglo IV.

San Gerardo de Potenza. 

Fue obispo de Potenza, en el sur de Italia, durante el siglo XII. Es recordado por su ministerio pastoral y su servicio a la comunidad cristiana.

San Germán de Capua. 

Fue obispo de Capua durante el siglo VI. El papa Gregorio I lo mencionó en sus escritos, que contribuyeron a preservar su memoria en la tradición de la Iglesia.

San Lupercio de León. 

Es venerado como mártir cristiano junto a san Claudio y san Victorio. La tradición sitúa su muerte durante las persecuciones romanas de comienzos del siglo IV.

San Marciano de Siracusa. 

Es una figura de la tradición cristiana vinculada a Siracusa, Sicilia. Su nombre aparece en el santoral del 30 de octubre, aunque los datos históricos sobre su vida son limitados.

San Máximo de Cuma. 

Es venerado como mártir cristiano en Cuma, antigua localidad de la región italiana de Campania. Su conmemoración está asociada a las persecuciones contra los cristianos durante el Imperio romano.

San Serapión de Antioquía. 

Fue un obispo cristiano del siglo III relacionado con la defensa de las enseñanzas de la Iglesia primitiva. Su nombre figura entre las celebraciones del santoral de esta fecha.

San Victorio de León. 

Es recordado junto a san Claudio y san Lupercio como uno de los mártires cristianos de León. La tradición sitúa su muerte durante las persecuciones ordenadas bajo el emperador Diocleciano.

Santa Eutropia de Alejandría. 

Fue una mártir cristiana del siglo III. Según la tradición, se negó a renunciar a su fe y sufrió torturas hasta morir en Alejandría, Egipto. (ACENTO).