17 agosto, 2026

Santa Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción

 Santa Beatriz de Silva

17 de agosto
Santa Beatriz de Silva
Fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción

Cada 17 de agosto la Iglesia Católica celebra a Santa Beatriz de Silva, religiosa portuguesa del siglo XV, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, conocidas como concepcionistas franciscanas. Beatriz se consagró a la oración contemplativa y a difundir la devoción a María Inmaculada.

Se cree que nació en 1426 en Ceuta, la famosa ciudad ubicada en el norte de África de cara al Mediterráneo. Ceuta se encontraba en ese tiempo bajo el dominio de la corona portuguesa.

La importancia de la formación en la fe

La madre de Beatriz, siguiendo una tradición familiar, encomendó la educación religiosa de sus once hijos a los franciscanos. Ellos inculcaron en los niños un amor especial a la Inmaculada Concepción, la Virgen María. Como fruto de esos años de formación, surgieron varias vocaciones a la vida religiosa dentro de la familia.

Ese fue el caso de Beatriz, aunque ella no fue la única: uno de sus hermanos, Juan o “Joao”, tomaría también el hábito de San Francisco de Asís, adoptando el nombre de Amadeo. Este -el quinto de los hermanos De Silva- impulsó una reforma dentro de la Orden en tierras italianas. Dicha reforma, llegado el momento, se convertiría en una de sus ramas más vivas, la de los llamados “amadeístas” -hoy extintos-.

Una doncella en la corte de Castilla

Años antes de hacerse religiosa, en 1447, Beatriz arribó a Castilla (España) en calidad de doncella, como parte de la comitiva de la reina Isabel de Portugal. La monarca llegaba para contraer matrimonio con Juan II, rey de Castilla. Lamentablemente, ciertos rumores llegaron a oídos de Isabel, quien le retiró a Beatriz su favor y empezó a tratarla con desprecio.

El palacio de Juan II se había transformado en nido de habladurías y conspiraciones por el poder. Beatriz fue acusada de haber intentado seducir al rey, por lo que Isabel empezó a considerarla una traidora y a verla como una amenaza. Como castigo, la reina portuguesa ordenó que la encerraran en un cofre, donde permaneció por tres días.

Consolada por la Inmaculada Concepción

Durante las terribles horas en las que permaneció sin luz, agua o alimento, Beatriz tuvo una visión de la Virgen María, quien se acercó para consolarla y fortalecerla en el dolor. Después de ser liberada, la joven doncella manifestó su voluntad de apartarse de la corte e iniciar un camino espiritual que la conduciría a consagrarse a la Virgen.

Así Beatriz abandonó la corte real, ubicada en Tordesillas (Valladolid), e ingresó al monasterio cisterciense de Santo Domingo de Silos, en Toledo, recinto en el que sirvió a Dios por espacio de 30 años.

Reivindicada por Cristo de toda calumnia

Estando en Silos, la santa tomó la decisión de fundar un nuevo monasterio, el que se convertiría después en la primera sede de la Orden de la Inmaculada Concepción. En 1489, con el apoyo de la reina Isabel La Católica -hija de Isabel de Portugal-, Beatriz consiguió del Papa Inocencio VIII la autorización para fundar el nuevo monasterio, así como la aprobación de las reglas de la Orden. Sin embargo, antes de que se iniciara la vida regular, en 1492, Dios llamó a Beatriz a su presencia.

La nueva familia religiosa, lejos de debilitarse, se extendió rápidamente por Europa y América. Hoy, varios siglos después de su fundación, está integrada por unas 3 mil religiosas que viven en 150 monasterios repartidos por todo el mundo.

Beatriz fue beatificada por el Papa Pío XI, el 28 de julio de 1926. Luego sería canonizada por San Pablo VI, el 3 de octubre de 1976.

Una santa con un mensaje para los hombres y mujeres de hoy

El Papa Pablo VI destacó la actualidad del testimonio de esta santa: “Hay un mensaje que acerca a Santa Beatriz a nuestra experiencia, haciéndonos apreciar toda la actualidad del testimonio que ella nos presenta. Vivimos en una sociedad permisiva, que parece no reconocer frontera alguna. El resultado está a la vista de todos: la expansión del vicio en nombre de una malentendida libertad. La sociedad nobiliaria del período del renacimiento presenta con mucha frecuencia, aunque con nobles excepciones, un panorama en el cual se reflejan bastante bien algunas tristes experiencias de hoy”.

Los restos de Santa Beatriz se conservan para veneración pública en la Casa Madre de las concepcionistas franciscanas, ubicada en Toledo, España.(ACI Prensa).

16 agosto, 2026

Domingo 20 (A) del tiempo ordinario

 JESÚS Y LA MUJER CANANEA

Domingo 20 (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 15,21-28): En aquel tiempo, Jesús salió y se retiró al país de Tiro y Sidón. Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel». Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió de rodillas: «Señor, socórreme». Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos». Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas». En aquel momento quedó curada su hija.

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«Señor; (...) también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos»
Rev. D. Joan SERRA i Fontanet (Barcelona, España)


Hoy contemplamos la escena de la cananea: una mujer pagana, no israelita, que tenía la hija muy enferma, endemoniada, y oyó hablar de Jesús. Sale a su encuentro y con gritos le dice: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo» (Mt 15,22). No le pide nada, solamente le expone el mal que sufre su hija, confiando en que Jesús ya actuará.

Jesús “se hace el sordo”. ¿Por qué? Quizá porque había descubierto la fe de aquella mujer y deseaba acrecentarla. Ella continúa suplicando, de tal manera que los discípulos piden a Jesús que la despache. La fe de esta mujer se manifiesta, sobre todo, en su humilde insistencia, remarcada por las palabras de los discípulos: «Atiéndela, que viene detrás gritando» (Mt 15,23).

La mujer sigue rogando; no se cansa. El silencio de Jesús se explica porque solamente ha venido para la casa de Israel. Sin embargo, después de la resurrección, dirá a sus discípulos: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación» (Mc 16,15).

Este silencio de Dios, a veces, nos atormenta. ¿Cuántas veces nos hemos quejado de este silencio? Pero la cananea se postra, se pone de rodillas. Es la postura de adoración. Él le responde que no está bien tomar el pan de los hijos para echarlo a los perros. Ella le contesta: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos» (Mt 15,26-27).

Esta mujer es muy espabilada. No se enfada, no le contesta mal, sino que le da la razón. Tienes razón, Señor! Parece como si le dijera: —Soy como un perro, pero el perro está bajo la protección de su amo.

La cananea nos ofrece una gran lección: da la razón al Señor, que siempre la tiene. —No quieras tener la razón cuando te presentas ante el Señor. No te quejes nunca y, si te quejas, acaba diciendo: «Señor, que se haga tu voluntad».

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Pensamientos para el Evangelio de hoy

    «Aprendamos la humildad o, mejor, aferrémosla. Si aún no la poseemos, aprendámosla. Si la poseemos, no la perdamos» (San Agustín)

    «El Señor no cierra los ojos ante las necesidades de sus hijos y, si a veces parece insensible a sus peticiones, es sólo para ponerlos a prueba y templar su fe» (Benedicto XVI)

    «Del mismo modo que Jesús ora al Padre y le da gracias antes de recibir sus dones, nos enseña esta audacia filial: ‘todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido’ (Mc 11,24) (…). Tanto como Jesús se entristece por la “falta de fe” de los de Nazaret y la “poca fe” de sus discípulos, así se admira ante la “gran fe” del centurión romano y de la cananea» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.610).(evangeli.net).



15 agosto, 2026

Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, madre y modelo para todo cristianos

 

 Asunción de la Virgen María, 15 de agosto / ACI Prensa

15 de agosto
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María
madre y modelo para todo cristianos 

“La Santísima Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo, anticipando la resurrección de todos los miembros de su cuerpo (CEC 974)”. De esta manera recuerda el Catecismo, María asunta ha sido hecha signo viviente de la promesa cumplida, como adelanto y estímulo para quienes esperan en Dios.

Por esta razón Santa María, asunta a los cielos, debe ser siempre celebrada. Creer en que fue elevada de manos de los ángeles al cielo es ya una respuesta a la invitación que Dios hace, desde toda la eternidad, a participar de su vida íntima. Y es que en María toda la grandeza prometida por Dios a la humanidad se ha cumplido. Es necesario, en consecuencia, reparar en la importancia de Nuestra Madre dentro del plan de salvación y acoger su verdad (dogma mariano). La Madre elevada a las alturas, al lado de la Trinidad, permite avizorar la meta a la que aspira el cristiano.


Dios en su infinita benevolencia

“La Inmaculada siempre Virgen María, Madre de Dios, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria celestial”. Estas líneas pertenecen a la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus” [Benevolísimo Dios], con la que el Papa Pío XII proclamó el dogma de la Asunción de María el 1 de noviembre de 1950. A partir de entonces, cada 15 de agosto, celebramos la Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María.

La Iglesia Católica ha proclamado cuatro dogmas marianos a lo largo de su historia: María es Madre de Dios (Maternidad Divina), María es siempre Virgen (Virginidad Perpetua), María fue preservada del pecado original (Inmaculada Concepción) y María fue asunta a los cielos (Asunción de María).

Caminando a casa de la mano de María

San Juan Pablo II, al referirse al dogma de la Asunción en 1997, señaló lo siguiente: “En efecto, mientras para los demás hombres la resurrección de los cuerpos tendrá lugar al fin del mundo, para María la glorificación de su cuerpo se anticipó por singular privilegio".

Posteriormente, Benedicto XVI, en 2011, afirmó: "María, el arca de la alianza que está en el santuario del cielo, nos indica con claridad luminosa que estamos en camino hacia nuestra verdadera Casa, la comunión de alegría y de paz con Dios”.

Finalmente, el Papa Francisco en el año 2013, refiriéndose al acto por el que María dejó este mundo pasajero para habitar la Casa del Padre, recordaba que “esto no significa que [Ella] esté lejos, que se separe de nosotros; María, por el contrario, nos acompaña, lucha con nosotros, sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal”.(ACI Prensa).


13 agosto, 2026

San Estanislao Kostka, Patrono de los novicios, de los que se preparan al Sacerdocio y de Polonia

 Estanislao Kostka - Wikipedia, la enciclopedia libre

13 de agosto
San Estanislao de Kostka
Patrono de los novicios, de los que se preparan al Sacerdocio y de Polonia

Cada 13 de agosto la Iglesia celebra a San Estanislao de Kostka, novicio polaco de la Compañía de Jesús que vivió entre los años 1550 y 1668. Siendo aún muy joven alcanzó las cumbres de la santidad gracias a su amor a la Virgen María y al deseo de servir a la Iglesia.

San Estanislao es patrono de los novicios, de los que se preparan al sacerdocio y de la República de Polonia.

“Caminar con rapidez por la senda de la vida”

Estanislao nació en el castillo de Rostkowo, provincia de Mazovia (actual Polonia), el 28 de octubre de 1550. Su padre, Juan Kostka, Señor de Zakroczym, era un influyente político del Reino de Polonia que ocupaba el cargo de senador; su madre, Margarita Kryska de Drobni, estaba emparentada con los Duques de Mazovia. Estanislao era el segundo de los siete hijos de la pareja.

Con solo 13 años, Estanislao ingresó al internado jesuita de Viena (Austria), a donde a pesar de su corta edad fue enviado para educarse con la nobleza austríaca. Pronto, el pequeño empezó a destacar por su amor al estudio, pero también por su recogimiento, devoción y afinidad con la oración. Allí Estanislao estudió gramática, humanidades y retórica durante tres años.

Desde los días de su estancia en el internado, Estanislao aprendería mucho sobre las tensiones que surgen entre el poder temporal y los hijos de la Iglesia: el emperador Maximiliano II de Austria empezó a hostigar a los jesuitas hasta el punto de quitarles la casa que el rey Fernando I -su predecesor- había cedido al internado. Es así que Estanislao junto a su hermano Pablo y otros compañeros se vieron obligados a salir del internado y trasladarse lejos de la comunidad. El grupo terminó alojado en casa de un senador luterano residente en Viena.

Amor entrañable a la Eucaristía y a la Virgen

Al poco tiempo, estando de huésped en casa del senador, Estanislao cayó gravemente enfermo, temió lo peor y pidió que se le administrara la Eucaristía. Sin embargo, el dueño de casa, por ser luterano, no permitió que ingresara el sagrado viático a su propiedad.

En esas condiciones, Estanislao, que no paraba de rezar, entró en éxtasis: habiéndose encomendado a Santa Bárbara, a cuya cofradía pertenecía, tuvo una visión en la que la santa, en compañía de dos ángeles, le llevaba la comunión hasta su cuarto.

Pasada la enfermedad, el novicio quedó convencido de que había sido la Madre de Dios quien había intercedido por él para que quedara restablecido. En ese momento, Estanislao tenía solo unos 15 años.

Más adelante, fue la mismísima Virgen María con el Niño Jesús en brazos quienes se le aparecieron. La Madre de Dios le dijo: “Nuestra voluntad es que entres cuanto antes en la Compañía de mi Hijo Jesús”. Estanislao recibió aquellas palabras con profundo gozo, porque su corazón ya manifestaba hacía tiempo el deseo de entregar la vida a Cristo.

“Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí” (Mt 10, 37)

Estanislao pidió ser admitido en la Compañía, pero lamentablemente el provincial jesuita de Viena no accedió a su solicitud para no indisponer a su padre contra los jesuitas, ya que este tenía un alto cargo político y era cercano al emperador Maximiliano.

Estanislao decidió entonces romper lazos con su familia. Primero, fue enviado a Alemania y después a Roma, para hacer su ingreso allí a la orden religiosa. En su paso por Dillingen, Alemania, donde permaneció un tiempo, buscó a Pedro Canisio (más tarde prominente santo) quien era el provincial jesuita en ese país.

Pedro Canisio lo acogió amablemente y le permitió quedarse en la casa de la Compañía, encargándole algunos oficios sencillos como la atención a los estudiantes y la limpieza.

Estanislao intercalaba las horas de trabajo con las de oración intensa en la capilla.

Semanas después, Canisio lo envió a Roma, donde fue recibido por el general de la Orden, Francisco de Borja -quien llegaría a alcanzar también las cumbres de la santidad-, quien lo admitió en el noviciado. Estanislao recibió una carta de su padre en la que lo reprendía duramente y  amenazaba a los jesuitas con ser expulsados de Polonia. El joven santo le respondió de manera filial, pero también le expresó con firmeza su decisión vocacional.

Dejando todo en las manos del Señor, se entregó a la práctica de la oración constante y el estudio. Cada vez que entraba a la Iglesia, su rostro se encendía y con frecuencia era arrebatado en éxtasis durante la Misa, especialmente después de la comunión.

En el mes de la Asunción

El primer día de agosto de 1568, Pedro Canisio, de paso en Roma, se reunió con los novicios jesuitas para darles una plática sobre la urgencia de vivir la vida en constante conversión, condición para ir al cielo. Después de la plática, Estanislao dijo en frente de sus compañeros: “El padre Canisio nos ha exhortado a caminar con rapidez por la senda de la vida; pero su exhortación para mí ha sido un presagio de mi muerte”.

Quienes lo oyeron pronunciar esas palabras quedaron entre sorprendidos e inquietos. Estanislao no parecía, para empezar, ni siquiera enfermo. “Voy a morirme este mes”, concluyó.

A los pocos días, su salud empezó a decaer. Tenía frecuentes desvanecimientos, aparentemente debidos al calor del verano romano que le hacía mucho daño. Al amanecer del día de la Asunción de 1568, después de relatar que había contemplado a la Santísima Virgen rodeada de los ángeles en el cielo, partió a la Casa del Padre a los 18 años de edad.

En una de las celebraciones anteriores del día de la Asunción de la Virgen, San Estanislao había exclamado: “¡Qué día tan feliz debió ser para todos los santos aquél en que María entró en el cielo! Quizá ellos lo celebran con especial gozo, como lo hacemos nosotros en la tierra. Espero estar entre ellos en su próxima celebración”.(ACI Prensa)


12 agosto, 2026

Beato Inocencio XI, Papa

 BEATO INOCENCIO XI, Papa

12 de agosto
Beato Inocencio XI
Papa

Cada 12 de agosto se conmemora al Beato Inocencio XI (1611-1689), Papa, quien condujo la barca de Pedro entre 1676 y 1689. Inocencio XI es considerado por algunos especialistas como el Pontífice más importante del siglo XVII.

Benedetto Giulio Odescalchi -nombre de pila del Papa Inocencio- nació el 16 de mayo de 1611 en la ciudad de Como, al norte de Italia. Realizó sus primeros estudios con los jesuitas, en su ciudad natal. Posteriormente, continuó su formación en la universidad La Sapienza de Roma y en la Universidad de Nápoles, donde se doctoró en derecho civil y derecho canónico (1639).


Es poco o nada lo que se sabe sobre su ordenación sacerdotal e incorporación al clero, pero para 1645, ya había sido designado cardenal diácono de la basílica de San Cosme y Damián por el Papa Inocencio X (1644-1655).

Elección 

El 21 de septiembre de 1676, después de cincuenta días de cónclave, Odescalchi fue elegido Papa. El proceso fue arduo debido a la férrea oposición del rey de Francia a su postulación. Luis XIV quería acrecentar su influencia en Europa y sabía que el cardenal Odescalchi no se lo permitiría. 

Si bien al final el rey desistió de sus intenciones iniciales y terminó apoyando el nombramiento de Odescalchi, pronto surgirían nuevos conflictos entre él y el recién elegido pontífice. 

El Papa, contrapeso del poder temporal

No pasó mucho tiempo cuando Luis XIV de Francia, el “Rey sol”, como se hacía llamar, regresó a la carga. El monarca estaba empecinado en extender el dominio político francés en el continente y le parecía decisivo debilitar el poder papal. Por este motivo, todo el pontificado de Inocencio estuvo caracterizado por las tensiones con Luis XIV. 

Entre las maniobras que llevó a cabo Luis XIV estuvo la convocatoria al clero francés a integrar una asamblea con el propósito de obligar al Papa a que se sometiera al poder estatal. El Papa Inocencio XI se opuso a la constitución de dicha asamblea y amenazó con excomulgar a todo el clero francés si se rendía a las exigencias del monarca. Al final la excomunión se hizo efectiva, pero solo para los candidatos episcopales franceses que se sometieron al rey. 

¿Un cisma francés?

Lo sucedido compuso un escenario tremendamente tenso, al punto de temerse un cisma. Ciertamente, la animadversión de Luis XIV hacia Inocencio XI venía desde antes de su elección -el rey había intentado influir en el cónclave con los votos de sus cardenales afines-, pero la manera como el pontífice manejó uno a uno los momentos críticos -con firmeza y sabiduría-, contribuyó al fortalecimiento de la Iglesia, la que mantuvo su unidad y que demostraba, una vez más, que él era el contrapeso necesario ante los abusos o excesos del poder político francés. 

Este episodio le valió al Papa Inocencio la fama de hombre de paz, de magnífico estratega y gran diplomático, en el contexto característico de la Europa del siglo XVII. 

Detrás de una gran persona está Dios

Aun así, aquellos rasgos humanos del beato no son, por mucho, lo más digno de destacar. Nada del buen desempeño de Inocencio XI hubiese sido posible sin su entrega al servicio del cuerpo místico de Cristo. El Papa Odescalchi fue fundamentalmente un asceta, un hombre bondadoso y muy generoso con los más pobres. Renunció a la opulencia que rodeaba al papado y luchó contra el nepotismo del clero -labor que fue continuada por Inocencio XII, su sucesor-. 

El Papa, además, reformó la administración de la Curia y ordenó las finanzas del Vaticano: los Odescalchi eran una familia de banqueros y por eso Benedetto conocía mucho de estos menesteres.

Su magisterio estuvo dirigido a promover el amor a la Eucaristía entre los fieles, al enriquecimiento de la teología moral, y al conocimiento de sistemas y perspectivas morales, como un intento de aclarar muchas de las controversias de su época. Puso particular interés en fortalecer la doctrina en torno al sacramento de la reconciliación, y el sigilo y discreción que debe caracterizar a los confesores.

El beato que dejó su lugar a San Juan Pablo II

Tras una larga enfermedad, Inocencio XI murió el 12 de agosto de 1689, en el palacio del Quirinal. Llorado por el pueblo romano que lo amó y respetó, fue sepultado en la basílica de San Pedro, en la capilla de San Sebastián. Allí permanecieron sus restos hasta el año 2011, cuando fueron trasladados a otro mausoleo dentro de la basílica. Las autoridades eclesiásticas decidieron en ese momento que su lugar de sepultura sea ocupado por el mausoleo de otro gran Pontífice: el Papa San Juan Pablo II.

Inocencio XI fue beatificado por el Venerable Papa Pío XII el 7 de octubre de 1956. (ACI Prensa).

11 agosto, 2026

Santa Clara, fundadora y patrona de la TV y las comunicaciones

 Santa Clara de Asís

11 de agosto

Santa Clara

Fundadora de las Hermanas Pobres y Patrona de TV y las Comunicaciones 

Cada 11 de agosto, la Iglesia Católica celebra a Santa Clara de Asís, fundadora junto a San Francisco de Asís, de la Orden de las Hermanas Pobres, conocidas póstumamente como “clarisas” en honor a ella. Santa Clara de Asís es considerada patrona de la televisión y las telecomunicaciones. 

La Orden de las Hermanas Pobres es un instituto perteneciente a la Segunda Orden de los “hermanos menores” o franciscanos. Las clarisas constituyen así la rama femenina de los franciscanos.

Francisco de Asís, su hermano

Santa Clara, cuyo nombre evoca pureza y luminosidad, nació el 16 de julio de 1194 en Asís (Italia), en el seno de una de las familias nobles de la ciudad. Desde muy pequeña se esforzó en adquirir y crecer en la virtud: acudía con asiduidad a la oración y la penitencia; solía ocuparse de las tareas más difíciles del hogar y cuidaba de los detalles más pequeños.

A los 18 años acudió como de costumbre a la iglesia de San Giorgio de Asís para la misa. Ese día, San Francisco hizo la prédica en torno a la Cuaresma. Clara, después de escucharlo, le pidió al santo que la ayudara a vivir también “según el modo del Evangelio”. Desde ese momento, él se convirtió en su preceptor espiritual y cultivaron una santa amistad. Clara, conforme se iba comprometiendo más con el Señor, se sentía cada día más atraída por una vida sencilla y de entrega a los pobres: ese era, precisamente, el camino que Jesús le señalaba. 

La noche del Domingo de Ramos de 1212, Clara dejó su casa y se encaminó a la Porciúncula, al lado de la cual vivían los frailes menores (hoy esta pequeña capilla franciscana permanece al interior de la Basílica de Santa María de los Ángeles). 

Esa misma noche, frente al Cristo de San Damián, Clara renunció para siempre a las cosas del mundo «por amor hacia el santísimo y amadísimo Niño envuelto en pañales y recostado sobre el pesebre». Se le entregó el hábito de los hermanos menores y el mismo Francisco cortó sus cabellos dorados. Desde ese instante la santa empezó a ser parte de la Orden de los Hermanos Menores. 

El milagro del pan

Santa Clara vivió casi toda su vida religiosa en el monasterio de San Damián. Cierto día, en la alacena no había más que un solo pan y había que alimentar a cincuenta. Santa Clara lo bendijo e hizo rezar a todas el padrenuestro. Un segundo después se produjo el milagro: Clara multiplicó el pan y lo repartió a sus hermanas. Incluso sobró, y mandó la mitad sobrante a los hermanos menores. Entonces dijo: "Aquél que multiplica el pan en la Eucaristía, el gran misterio de fe, ¿acaso le faltará poder para abastecer de pan a sus esposas pobres?".

Una de sus frases más conocidas es: “El amor que no puede sufrir no es digno de ese nombre”. Y, de hecho, su vida fue una vida llena de amor: alegrías inconmensurables, felicidad profunda, aunque con mortificaciones, ayuno y oración. Solía decir que para ella todo era “su amado Jesús”, fuente de su alegría. Era evidente que la vida de Clara se había transformado: toda ella se había hecho ternura.  

Para Dios nada es imposible

Uno de los episodios más conocidos de su vida sucedió el día de la Solemnidad de la Natividad de Cristo. Estando gravemente enferma, fue transportada milagrosamente desde su cama a la iglesia de San Francisco. Allí asistió a todo el oficio de los maitines y a la Misa de medianoche, además recibió la santa comunión; después, apareció de nuevo en su celda, sobre su cama. 

Ciertamente Clara jamás había gozado de buena salud -se dice incluso que estuvo enferma durante 27 años, mientras vivía en el monasterio-. Debido a esto, gran parte de su vida religiosa estuvo marcada por sufrimientos e incomodidades, los que supo sobrellevar de manera heroica. 

El Sumo Pontífice, Inocencio III (1198-1216), la visitó en el monasterio hasta en dos ocasiones, en alguno de los peores momentos de su enfermedad. En una de esas oportunidades, después de verla, el Papa exclamó: "Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita".

Patrona de las telecomunicaciones y la TV

Muchas ciudades, santuarios y templos alrededor del mundo llevan su nombre, generalmente en lugares donde está presente la familia franciscana. 

A finales de la década de los 50 del siglo pasado, la televisión emergió como una de las formas de comunicación más importantes de la sociedad moderna. En atención a ello, el Papa Pío XII bendijo la nueva tecnología, y ofreció la compañía y protección de la Iglesia Católica para encauzar esta nueva herramienta dentro de los límites de lo rectamente humano. 

Así, en 1958, Pio XII publicó una Carta Apostólica proclamando a Santa Clara Patrona de la Televisión. Por extensión, se le considera también patrona de todas las telecomunicaciones en general. 

En el documento se expresa que la Iglesia apoya la innovación tecnológica y recomienda el uso de la tecnología moderna para proclamar el Evangelio. Además, se reconoce críticamente que la televisión es tan capaz de producir bienes como de lo contrario -lo mismo puede decirse de toda forma de telecomunicación o transferencia de información o data-, por lo que se hace necesario que esta tecnología tenga un santo patrono para la protección espiritual de quienes la utilizan. 

Esa es precisamente Santa Clara, la mujer que fue transportada milagrosamente desde “un punto a otro”, es decir, desde su habitación al altar de la capilla del monasterio.   

En el corazón del Pueblo de Dios

En septiembre del 2010, el Papa Benedicto XVI, comentó que la vida de Santa Clara es un ejemplo de cuán importantes son las mujeres en la vida eclesial. Para el entonces Primado de la Iglesia, Clara había demostrado con creces “cuánto debe toda la Iglesia a las mujeres valientes y ricas de fe como ella, capaces de dar un impulso decisivo a la renovación de la Iglesia".(ACI Prensa).

10 agosto, 2026

San Lorenzo, mártir y patrono de los Diáconos

🔥 San Lorenzo: el diácono que llamó “tesoros de la Iglesia” a los pobres  Cada 10 de agosto, la Iglesia celebra a San Lorenzo de Roma, uno de los  mártires más conocidos

10 de agosto

San Lorenzo

Mártir y Patrono de los Diáconos 

Cada 10 de agosto la Iglesia celebra a San Lorenzo de Roma, mártir, patrono de los diáconos, inmortalizado por la forma en la que se ejecutó su martirio -uno de los más antiguos que están documentados-: fue colocado, vivo, sobre una parrilla incandescente.

San Lorenzo, además de ser patrono de los archiveros (o archivistas) lo es de los tesoreros, patronazgos que ostenta en virtud de su servicio diaconal. En el siglo V a los diáconos les era encomendada la tarea del registro y cuidado de los bienes de la Iglesia de Roma, así como la administración de los recursos para ayudar a los pobres.

San Agustín (354-430) destacó su labor como diácono en uno de sus sermones: “La Iglesia de Roma nos invita hoy a celebrar el triunfo de San Lorenzo, que superó las amenazas y seducciones del mundo, venciendo así la persecución diabólica. Él, como ya se os ha explicado más de una vez, era diácono de aquella Iglesia. En ella administró la sangre sagrada de Cristo, en ella, también, derramó su propia sangre por el nombre de Cristo”. Con estas palabras, San Agustín coloca a San Lorenzo como ejemplo de entrega total al Señor, al punto de imitarlo entregando la propia sangre.

El Papa San Sixto II, mártir

San Lorenzo nació en Huesca, Hispania (España), alrededor del año 225. Fue uno de los siete diáconos “regionarios” de Roma, es decir, tenía a su cargo una de las “regiones” o “cuarteles” de la ciudad. Los diáconos tenían la tarea de asistir al Papa, obispo de Roma, en el cuidado pastoral de los fieles.

Lorenzo, gracias a su servicio, gozó de la cercanía del Papa de aquel entonces, San Sixto II, quien moriría también martirizado. De acuerdo a la tradición, el Papa Sixto II fue ejecutado tres días antes que Lorenzo por manos de los soldados del emperador.

El Pontífice había sido apresado mientras celebraba la Eucaristía en uno de los cementerios de la Ciudad Eterna -práctica específicamente prohibida por el emperador bajo amenaza de muerte-. El emperador Valeriano (253-260) había iniciado una de las persecuciones más desconcertantes. Estaba preocupado por el financiamiento de las campañas romanas y se le ocurrió que los bienes y posesiones de los cristianos debían cubrir cierto déficit en ciernes. La primera medida que tomó fue la confiscación de sus cementerios.

Poco después el Senado respaldó a Valeriano con un conjunto de medidas adicionales: todas las manifestaciones públicas cristianas quedaban prohibidas y las autoridades eclesiales debían ser ejecutadas sin consideración.

La tradición cuenta que San Lorenzo, al ver que iban a matar a Sixto II, le dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y el Santo Padre le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”.

Estos son los tesoros de la Iglesia

Entonces, Lorenzo, considerando que moriría pronto, juntó todos los bienes de la Iglesia de los que disponía en ese momento -como diácono tenía esa potestad-, y empezó a venderlos y repartir el dinero entre los necesitados.

La autoridad imperial encargada de la ciudad sabía muy bien que Lorenzo era el administrador de los bienes eclesiales y lo mandó llamar. Una vez que Lorenzo estuvo en su presencia, el prefecto le exigió que entregue las riquezas a su cargo para costear la próxima campaña militar del emperador. El santo le pidió tres días de plazo para cumplir el cometido, a lo que el prefecto asintió.

Con esto, Lorenzo quería ganar tiempo suficiente para deshacerse de todo.

El joven diácono mientras tanto convocó a los pobres de Roma: lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos -a los que habitualmente ayudaba con limosnas-, reuniendo un número significativo de ellos. Una vez congregados se presentó con ellos ante la autoridad y le dijo: “Estos son los tesoros más preciados de la Iglesia de Cristo”.

Assum est [asado está]

Por esta acción, considerada una afrenta, Lorenzo fue condenado a muerte en el acto por el prefecto. La orden era que muriese lenta y dolorosamente. Se le colocaría sobre una parrilla de hierro encendida hasta que muera. Sería la paga por haber desafiado la autoridad del emperador.

El relato de su martirio da cuenta del esplendor de su rostro ante la muerte, y la leyenda señala que podía sentirse un aroma agradable en medio de la cruel escena. Ese mismo relato añade las palabras que Lorenzo, fortalecido por la gracia, alcanzó a pronunciar mientras se quemaba, para sorpresa de sus verdugos: “Assum est, inqüit, versa et manduca” [“Asado está, parece, dale la vuelta y come”].

San Lorenzo murió ese 10 de agosto del año 258. Tenía unos 33 años.

La sangre de los mártires, semilla de cristianos

El martirio de San Lorenzo produjo un crecimiento del número de bautizados y un golpe muy fuerte para los enemigos de la Iglesia. Por su testimonio, muchos paganos abrazaron la fe en Cristo.

La devoción a este gran santo se ha expandido por todo el mundo y muchos pueblos y ciudades hoy llevan su nombre. En Roma, la Basílica de San Lorenzo es considerada la quinta en importancia en la ciudad.

San Lorenzo y el Papa Francisco

El 10 de agosto de 2019, el Papa Francisco dedicó un breve mensaje en redes sociales dedicado a San Lorenzo: “El testigo cristiano, en el fondo, anuncia solo esto: que Jesús vive y es el secreto de la vida. "San Lorenzo Mártir”.

Como dato anecdótico, el club de fútbol favorito del difunto Papa Francisco lleva el nombre del diácono mártir: el Club Atlético San Lorenzo de Almagro. Dicho nombre fue puesto por uno de los fundadores de la institución, el sacerdote salesiano P. Lorenzo Massa.( ACI Prensa).