
BITACORA DEL ALMA
21 febrero, 2026
San Severiano, Obispo de Escitópolis y mártir del siglo V
20 febrero, 2026
Santos Tiranio, Cenobio, y otros Mártires

19 febrero, 2026
San Auxibio de Solías, Sobrino de San Marcos Evangelista

18 febrero, 2026
Miércoles de Ceniza

17 febrero, 2026
Los Siete Santos Fundadores de los Siervos de María o “Servitas”

¡Oh!, Siete Santos Fundadores de los Siervos de María:
Alejo, Amadeo, Hugo, Benito, Bartolomé, Gerardino y Juan;
vosotros, sois los hijos del Dios de la vida, y sus amados
santos, que, todos a la mundana vida renunciasteis por
amor a Nuestra Señora atraídos, y, tan luego lo hicisteis
os despojasteis de vuestras pertenencias, donándolas con
amor entre los pobres y desposeídos de vuestro tiempo.
Y , así, liberados ya, de vuestras cargas, os dedicasteis
a una vida de oración y penitencia constante, todo, bajo
el amparo e influjo divino de María, Santa Madre de Dios,
llamándoos por ello, los “Siervos de María” o “Servitas”.
En el Senario, os hicisteis sacerdotes – menos Alejo- y os
pusisteis a predicar y a propagar el evangelio. Un Viernes
Santo de María la Santa Madre del Redentor, recibisteis la
inspiración de adoptar como reglamento eterno, la escrita
por San Agustín, para invitar a nuevos aspirantes y así,
creció vuestra santa orden de increíble manera. ¡Todos
a su tiempo, sus trabajos y sus vidas ofrecieron a Dios!
En morir, el último fuisteis Alejo, y, quien os conoció,
dijo: “Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno
de los “Siete Santos Fundadores”, era el hermano Alejo,
y de sus labios oímos la tierna historia de todos ellos.
La vida del hermano Alejo, era tan santa y devota, que
servía a todos de un maravilloso ejemplo y demostraba
como debieron ser de santos los otros seis compañeros”.
Hoy, os recordamos a todos vosotros, por haber gastado
vuestras santas vidas en buena lid, y haber recibido con
justicia el premio: ¡coronados ser, con coronas de luz, por
vuestra entrega de amor, fe, y espíritu evangelizador!;
“Santos Siervos de Santa María Virgen, Madre del Dios Vivo”;
¡oh!, Fundadores, “viva Luz de la Santa Madre del Redentor».
© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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17 de Febrero
Los Siete Santos Fundadores de los Siervos de María o “Servitas”
(año 1233)
Que estos Santos Fundadores nos animen a aumentar nuestra devoción a la Virgen Santísima y a no cansarnos nunca de propagar la devoción a la Madre de Dios. Petición: Recuerda la historia de los padres antiguos. ¿Quién confió en Dios y fue abandonado por Él? (S. Biblia. Eclesiástico).
En el monte Senario se dedicaban a hacer muchas penitencias y mucha oración, pero un día recibieron la visita del Sr. Cardenal delegado del Sumo Pontífice, el cual les recomendó que no se debilitaran demasiado con penitencias excesivas, y que más bien se dedicaran a estudiar y se hicieran ordenar sacerdotes y se pusieran a predicar y a propagar el evangelio. Así lo hicieron, y todos se ordenaron de sacerdotes, menos Alejo, el menor de ellos, que por humildad quiso permanecer siempre como simple hermano, y fue el último de todos en morir.
Un Viernes Santo recibieron de la Sma. Virgen María la inspiración de adoptar como Reglamento de su Asociación la Regla escrita por San Agustín, que por ser muy llena de bondad y de comprensión, servía para que se pudieran adaptar a ella los nuevos aspirantes que quisieran entrar en su comunidad. Así lo hicieron, y pronto esta asociación religiosa se extendió de tal manera que llegó a tener cien conventos, y sus religiosos iban por ciudades y pueblos y campos evangelizando y enseñando a muchos con su palabra y su buen ejemplo, el camino de la santidad.
Su especialidad era una gran devoción a la Santísima Virgen, la cual les conseguía maravillosos favores de Dios. El más anciano de ellos fue nombrado superior, y gobernó la comunidad por 16 años. Después renunció por su ancianidad y pasó sus últimos años dedicado a la oración y a la penitencia. Una mañana, mientras rezaba los salmos, acompañado de su secretario que era San Felipe Benicio, el santo anciano recostó su cabeza sobre el corazón del discípulo y quedó muerto plácidamente. Lo reemplazó como superior otro de los Fundadores, Juan, el cual murió pocos años después, un viernes, mientras predicaba a sus discípulos acerca de la Pasión del Señor. Estaba leyendo aquellas palabras de San Lucas: “Y Jesús, lanzando un fuerte grito, dijo: ¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu!” (Lc. 23, 46). El Padre Juan al decir estas palabras cerró el evangelio, inclinó su cabeza y quedó muerto muy santamente.
Lo reemplazó el tercero en edad, el cual, después de gobernar con mucho entusiasmo a la comunidad y de hacerla extender por diversas regiones, murió con fama de santo.
El cuarto, que era Bartolomé, llevó una vida de tan angelical pureza que al morir se sintió todo el convento lleno de un agradabilísimo perfume, y varios religiosos vieron que de la habitación del difunto salía una luz brillante y subía al cielo.
De los fundadores, Hugo y Gerardino, mantuvieron toda la vida entre sí una grande y santísima amistad. Juntos se prepararon para el sacerdocio y mutuamente se animaban y corregían. Después tuvieron que separarse para irse cada uno a lejanas regiones a predicar. Cuando ya eran muy ancianos fueron llamados al Monte Senario para una reunión general de todos los superiores. Llegaron muy fatigados por su vejez y por el largo viaje.
Aquella tarde charlaron emocionados recordando sus antiguos y bellos tiempos de juventud, y agradeciendo a Dios los inmensos beneficios que les había concedido durante toda su vida. Rendidos de cansancio se fueron a acostar cada uno a su celda, y en esa noche el superior, San Felipe Benicio, vio en sueños que la Virgen María venía a la tierra a llevarse dos blanquísimas azucenas para el cielo. Al levantarse por la mañana supo la noticia de que los dos inseparables amigos habían amanecido muertos, y se dio cuenta de que Nuestra Señora había venido a llevarse a estar juntos en el Paraíso Eterno a aquellos dos que tanto la habían amado a Ella en la tierra y que en tan santa amistad habían permanecido por años y años, amándose como dos buenísimos hermanos.
El último en morir fue el hermano Alejo, que llegó hasta la edad de 110 años. De él dijo uno que lo conoció: “Cuando yo llegué a la Comunidad, solamente vivía uno de los Siete Santos Fundadores, el hermano Alejo, y de sus labios oímos la historia de todos ellos. La vida del hermano Alejo era tan santa que servía a todos de buen ejemplo y demostraba como debieron ser de santos los otros seis compañeros”. El hermano Alejo murió el 17 de febrero del año 1310.
(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Siete_Santos_Fundadores.htm)
16 febrero, 2026
San Onésimo, Obispo de Éfeso y Mártir
¡Oh! San Onésimo, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado Obispo y santo, que siendo esclavo os convertisteis
en fugitivo con tal de ser libre y escapar de vuestra
inhumana condición. Sin saberlo, terminasteis encontrando
la libertad en Cristo Jesús, liberador de las esclavitudes
del cuerpo y del alma, entregando vuestra santa vida lapidado
en Roma. A su debido tiempo, os acogió San Pablo, «engendrado
como hijo en la fe». Mientras huíais de la justicia, os
convertisteis, tras haberle robado a Filemón, vuestro amo,
cristiano de la Iglesia de Colosas, cosa que os valió para
entrar en contacto con Pablo, quien os convirtió, bautizó
y os envió a la casa de vuestro antiguo amo, con una carta
de recomendación, como está escrito en la carta a Filemón:
“Te ruego en favor de mi hijo, a quien engendré entre cadenas,
Onésimo, que en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es muy
útil para ti y para mí. Te lo envío de vuelta, y con él va
mi propio corazón”. Y así, San Pablo, se comprometió a pagar
vuestras deudas: «Si en algo te ofendió, o algo te debe,
ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo firmo con mi puño y letra,
yo pagaré». “En cuanto a mí, de todo os informará Tíquico,
el hermano querido, fiel ministro y consiervo en el Señor,
a quien os envío expresamente para que sepáis de nosotros
y consuele vuestros corazones. Y con él a Onésimo, elhermano
fiel y querido compatriota vuestro. Ellos os informarán de todo
cuanto aquí sucede”. Vuestro antiguo amo, Filemón os perdonó
y os puso en libertad, como su esclavo arrepentido y os mandó
reuniros de nuevo con San Pablo. San Jerónimo cuenta que vos,
os hicisteis predicador del Evangelio y llegasteis a ser
obispo de Éfeso, por orden de Pablo. Pero, finalmente, os
tomaron prisionero y llevándoos a Roma, entregasteis vuestra
vida siendo lapidado. Y, así, voló, vuestra alma al cielo,
para coronada ser de luz como premio a vuestro amor y fe;
¡Oh! San Onésimo, “vivo Amor del Dios de la Vida y del Amor".
© by 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 de Febero
San Onésimo
Obispo de Éfeso
Mártir
San
Onésimo fue Obispo de Éfeso, un hombre esclavo que se convertiría en
fugitivo con tal de ser libre y escapar de su inhumana condición. Sin
saberlo, terminó encontrando la libertad verdadera en Cristo Jesús,
liberador de las esclavitudes del cuerpo y del alma. Onésimo murió
mártir, lapidado en Roma. Su nombre en griego significa “provechoso”.
Según
el Martiriologio Romano, Onésimo “fue acogido por San Pablo de Tarso y
engendrado como hijo en la fe”. La conversión de Onésimo sucedió
mientras huía de la justicia, tras haberle robado a Filemón, su amo,
cristiano perteneciente a la Iglesia de Colosas (ubicada en la actual
Turquía).
Fue así que Onésimo entró en contacto con San Pablo,
quien se hallaba por entonces prisionero en Roma. El Apóstol lo
convirtió, bautizó y lo envió a la casa de su antiguo amo con una carta
de recomendación, tal y como está escrito en la carta a Filemón
versículos del 10 al 12: “Te ruego en favor de mi hijo, a quien engendré
entre cadenas, Onésimo, que en otro tiempo te fue inútil, pero ahora es
muy útil para ti y para mí. Te lo envío de vuelta, y con él va mi
propio corazón”.
En l8-19 de la misma epístola, Pablo se
compromete a pagar las deudas de Onésimo: «Si en algo te ofendió, o algo
te debe, ponlo a mi cuenta; yo, Pablo, lo firmo con mi puño y letra, yo
pagaré».
De 25 versículos que contiene la carta de San Pablo a
Filemón, 12 están dedicados a Onésimo como hijo suyo. En su carta a los
colosenses (4, 7-9) es nombrado nuevamente y cuenta que volvió de nuevo a
casa de Filemón y finalmente fue aceptado como un verdadero hermano:
“En
cuanto a mí, de todo os informará Tíquico, el hermano querido, fiel
ministro y consiervo en el Señor, a quien os envío expresamente para que
sepáis de nosotros y consuele vuestros corazones. Y con él a Onésimo,
el hermano fiel y querido compatriota vuestro. Ellos os informarán de
todo cuanto aquí sucede”.
Filemón perdonó y puso en libertad a su esclavo arrepentido y lo mandó reunirse de nuevo con San Pablo.
San
Jerónimo cuenta que Onésimo se hizo predicador del Evangelio y llegó a
ser obispo de Éfeso, por orden de Pablo. Posteriormente, Onésimo fue
hecho prisionero y llevado a Roma, donde murió lapidado.
(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-conmemora-san-onesimo-obispo-de-efeso-40095)
15 febrero, 2026
Domingo 6 (A) del tiempo ordinario
