07 agosto, 2023

San Cayetano Patrono del Pan y del Trabajo

 

 

 

 ¡Oh! San Cayetano, vos sois el hijo del Dios
de la Vida, y su amado santo que sois popular
entre los comerciantes y ganaderos. Huérfano
de padre, vuestra madre se esmeró de manera
especial para formaros de maravilla. Con dos
doctorados encima, sobresalisteis por vuestra
bondad y exquisitez que os hacía ganar amistades.
Fuisteis secretario del Papa Julio II, y notario
de la Santa Sede por vuestra gran responsabilidad
y amor al trabajo. Os ordenaron sacerdote a los
treintitrés años, y respetasteis a la Santa Misa
tanto que, pasasteis preparándoos tres meses para
vuestra primera Misa. Erais socio de la llamada
“Del Amor Divino”, y en ella os esmerasteis por
llevar una vida fervorosa y por ayudar a los pobres
y a los enfermos. En aquellos días, los católicos
estaban seriamente relajados y se comportaban de
manera escandalosa y os propusisteis fundar una
comunidad de sacerdotes que se dedicaran a llevar
una vida lo más santa posible y a enfervorizar a
los fieles. Y así, creasteis a los Padres Teatinos
Vos le escribisteis a un amigo: “Me siento sano del
cuerpo pero enfermo del alma, al ver cómo Cristo
espera la conversión de todos, y son tan poquitos
los que se mueven a convertirse”. En vuestro tiempo
Lutero fundó a los evangélicos y le declaró la guerra
a la Iglesia Católica. Vos, les respondisteis a los
disidentes de manera contundente: “Lo primero que hay
que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse
uno a sí mismo”. Vos, como erais de familia rica,
os desprendisteis todos vuestros bienes y los disteis
a los pobres. En una carta escribisteis vuestra
razón: “Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré
a seguir viviendo como rico?” Veo a mi Cristo
humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que
me rindan honores? Oh, que ganas siento de llorar al
ver que las gentes no sienten deseos de imitar al
Redentor Crucificado”. Cuando alguien quiso regalaros
fincas le respondisteis: “Dios es el mismo aquí y en
todas partes, y El nunca nos ha desamparado, si
siquiera por un minuto”. Fundasteis los “Montes de
piedad”, que prestaban dinero a gentes pobres. Sentíais
inmenso amor por Nuestro Señor, y lo adorabais
en la Sagrada Hostia en la Eucaristía, recordando la
santa infancia de Jesús, pues teníais como imagen
preferida al Divino Niño Jesús. Las gentes decían de
vos, que erais: “El padrecito sabio, pero a la vez muy
santo”. Vuestros ratos libres os dedicabais, a atender
a los enfermos en los hospitales, de manera especial
a los más abandonados y repugnantes. Un día en vuestra
casa religiosa no había nada para comer porque todos
habían repartido sus bienes entre los pobres. Y, vos,
os fuisteis al altar y dando unos golpecitos en la
puerta del Sagrario donde estaban las Santas Hostias,
le dijisteis con toda confianza: “Jesús amado, te
recuerdo que no tenemos hoy nada para comer”. Al poco
rato llegaron unas mulas trayendo provisiones, y los
arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.
Estando enfermo, vuestro médico os recomendó que usarais
un colchón de lana y vos dijisteis: “Mi Salvador murió
sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí que
soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas”. Y así
voló vuestra alma al cielo, para coronada ser con
corona de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡Oh! San Cayetano, "vivo Amor por el Dios Vivo y eterno".

© 2023 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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07 de Agosto
San Cayetano
Año 1547

San Cayetano bendito: lo que tú más deseabas: la conversión de los que somos tan pecadores, es un favor inmenso que no hemos logrado conseguir, pero que tú con tu intercesión nos puedes obtener. Pídele a Dios que nos logremos convertir.

 Dichoso el que Confía en Dios (Salmo 83).

Este santo, muy popular entre los comerciantes y ganaderos porque los protege de muchos males, nació en 1480 en Vicenza, cerca de Venecia, Italia. Su padre, militar, murió defendiendo la ciudad contra un ejército enemigo. El niño quedó huérfano, al cuidado de su santa madre que se esmeró intensamente por formarlo muy buen.

Estudió en la Universidad de Padua donde obtuvo dos doctorados y allí sobresalía por su presencia venerable y por su bondad exquisita que le ganaba muchas amistades. Se fue después a Roma, y en esa ciudad capital llegó a ser secretario privado del Papa Julio II, y notario de la Santa Sede.

A los 33 años fue ordenado sacerdote. El respeto que tenía por la Santa Misa era tan grande, que entre su ordenación sacerdotal y su primera misa pasaron tres meses, tiempo que dedicó a prepararse lo mejor posible a la santa celebración. En Roma se inscribió en una asociación llamada “Del Amor Divino”, cuyos socios se esmeraban por llevar una vida lo más fervorosa posible y por dedicarse a ayudar a los pobres y a los enfermos.

Viendo que el estado de relaajación de los católicos era sumamente grande y escandaloso, se propuso fundar una comunidad de sacerdotes que se dedicaran a llevar una vida lo más santa posible y a enfervorizar a los fieles. Y fundó los Padres Teatinos (nombre que les viene a Teati, la ciudad de la cual era obispo el superior de la comunidad, Msr. Caraffa, que después llegó a ser el Papa Pablo IV)

San Cayetano le escribía a un amigo: “Me siento sano del cuerpo pero enfermo del alma, al ver cómo Cristo espera la conversión de todos, y son tan poquitos los que se mueven a convertirse”. Y este era el más grande anhelo de su vida: que las gentes empezaran a llevar una vida más de acuerdo con el santo Evangelio.

Y donde quiera que estuvo trabajó por conseguirlo

En ese tiempo estalló la revolución de Lutero que fundó a los evangélicos y se declaró en guerra contra la Iglesia de Roma. Muchos querían seguir su ejemplo, atacando y criticando a los jefes de la santa Iglesia Católica, pero San Cayetano les decía: “Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo”.

San Cayetano era de familia muy rica y se desprendió de todos sus bienes y los repartió entre los pobres. En una carta escribió la razón que tuvo para ello: “Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico?” Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? Oh, que ganas siento de llorar al ver que las gentes no sienten deseos de imitar al Redentor Crucificado”.

En Nápoles un señor rico quiere regalarle unas fincas para que viva de la renta, junto con sus compañeros, diciéndole que allí la gente no es tan generosa como en otras ciudades. El santo rechaza la oferta y le dice: “Dios es el mismo aquí y en todas partes, y El nunca nos ha desamparado, si siquiera por un minuto”.

Fundó asociaciones llamadas “Montes de piedad” (Montepíos) que se dedicaban a prestar dinero a gentes muy pobres con bajísimos intereses. Sentía un inmenso amor por Nuestro Señor, y lo adoraba especialmente en la Sagrada Hostia en la Eucaristía y recordando la santa infancia de Jesús. Su imagen preferida era la del Divino Niño Jesús.

La gente lo llamaba: “El padrecito que es muy sabio, pero a la vez muy santo”

Los ratos libres los dedicaba, donde quiera que estuviera, a atender a los enfermos en los hospitales, especialmente a los más abandonados y repugnantes. Un día en su casa de religioso no había nada para comer porque todos habían repartido sus bienes entre los pobres. San Cayetano se fue al altar y dando unos golpecitos en la puerta del Sagrario donde estaban las Santas Hostias, le dijo con toda confianza: “Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer”. Al poco rato llegaron unas mulas trayendo muy buena cantidad de provisiones, y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.

En su última enfermedad el médico aconsejó que lo acostaran sobre un colchón de lana y el santo exclamó: “Mi Salvador murió sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí que soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas”. Y así murió el 7 de agosto del año 1547, en Nápoles, a la edad de 67 años, desgastado de tanto trabajar por conseguir la santificación de las almas. En seguida empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1671.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Cayetano.htm)