31 julio, 2026

San Ignacio de Loyola, fundador de los Jesuitas

📅 31 de Julio – San Ignacio de Loyola 🙏 Fundador de la Compañía de Jesús ( Jesuitas) Hoy recordamos a un hombre que transformó su vida para dedicarla  al servicio de los

31 de julio 
San Ignacio de Loyola
Fundador de la Compañía de Jesús    

Cada 31 de julio la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, orden religiosa que desempeñó un papel decisivo en la Reforma Católica -también llamada Contrarreforma- de los siglos XVI y XVII.

Los miembros de la Compañía -cuyo primer general (superior) fue Ignacio- son conocidos como “jesuitas”, y hoy continúan trabajando al servicio de la Iglesia, vinculados al mundo de la educación y la cultura.

San Ignacio de Loyola ejerce muchos patronazgos, de variada índole. Se le considera, por ejemplo, patrono de los ejercicios espirituales, los retiros y las jornadas de conversión o meditación; y, al mismo tiempo, es patrono de quienes integran el ejército o las Fuerzas Armadas.

 

Maestro del discernimiento

Este gran santo es uno de los maestros del “discernimiento de espíritus” (la capacidad de encontrar la voz del Espíritu de Dios en los detalles o situaciones de la vida cotidiana). Así mismo imprimió un carácter renovador a los “ejercicios espirituales”, práctica característica de la tradición cristiana que consiste en silenciar el exterior (el ruido del mundo) para ingresar en la interioridad del alma, santuario en el que resuena la voz del Creador.

En el esfuerzo del seguimiento de Cristo, Ignacio desarrolló una espiritualidad característica que ha inspirado la génesis y el crecimiento de numerosas familias espirituales dentro de la Iglesia, así como de las más diversas iniciativas y obras pastorales.


La Compañía de Jesús, la orden que fundó Ignacio, ha provisto a la Iglesia de misioneros, educadores y evangelizadores por siglos, en todo el mundo. Su más noble fruto han sido los cientos de santos y mártires que dieron la vida para ‘mayor gloria de Dios’. El Papa Francisco se cuenta entre los hijos de San Ignacio.


“Tomad la armadura de Dios” (Ef 6, 11)


Íñigo (Ignacio) López de Loyola nació en Azpeitia, País vasco (España), en 1491. Desde corta edad quiso ser militar y, como tal, llegó a participar de la Batalla de Pamplona (1521), donde fue herido.

Posteriormente abandonó las armas para hacerse servidor de la Iglesia. Su conversión se produjo tras haber leído La vida de Cristo, del cartujo Ludolfo de Sajonia, así como el Flos sanctorum (recopilación de la vida de los santos escrita por el dominico Jacobo de Vorágine). Ambas lecturas lo dejaron impactado y, de manera especial, la segunda lo volcó sobre la vida legendaria de aquellos que vivieron y murieron por Cristo, quien llama a todos a alcanzar la santidad.

Ignacio se cuestionaba así: "¿Y si yo hiciera lo mismo que San Francisco o que Santo Domingo?". Sobre su proceso de conversión, San Juan Pablo II diría: “Ignacio supo obedecer cuando, en pleno restablecimiento de sus heridas, la voz de Dios resonó con fuerza en su corazón. Fue sensible a la inspiración del Espíritu Santo".
 

Por la única gloria

Ad Maiorem Dei Gloriam -en latín, "para mayor gloria de Dios"- es, quizás, el lema con el que mejor se identifica al fundador de los jesuitas. Sin embargo, muchos otros tesoros pueden extraerse de sus textos o dichos. Las palabras de este gran santo poseen siempre una fuerza especial que enciende las mentes y los corazones: “Ruégale a Dios por todos los que como tú deseamos extender el Reino de Cristo, y hacer amar más a nuestro Divino Salvador”.
 

Ejercicios espirituales

Entre sus escritos más importantes destaca los “Ejercicios espirituales”, conjunto de meditaciones desplegadas de forma ordenada para que la persona se encuentre consigo misma y con Dios actuando en su vida. Los Ejercicios son un auténtico pilar de la espiritualidad católica moderna.

En una oportunidad, el Papa Pío XI, haciendo referencia a esta obra, indicó que el método ignaciano de oración "guía al hombre por el camino de la propia abnegación y del dominio de los malos hábitos a las más altas cumbres de la contemplación y el amor divino".
 

 La vocación del jesuita

El Papa Francisco, primer Pontífice jesuita de la historia de la Iglesia, al celebrar la fiesta de su fundador al inicio de su pontificado (2013), hizo una reflexión en torno al lema que identifica a la Compañía: “Iesus Hominum Salvator" [Jesús, Salvador de los hombres]. El Papa recordó a sus hermanos jesuitas que están llamados a tener siempre como centro a Cristo y a la Iglesia, a quienes se han obligado a servir.

San Ignacio de Loyola murió en Roma el 31 de julio de 1556. El Papa Paulo V lo beatificó en 1609, y fue canonizado por Gregorio XV en 1622. Hoy, sus restos reposan en la Iglesia de Gesù en la Ciudad Eterna.

Su legado y testimonio, siempre actuales, son un verdadero don de Dios por el que todo católico debe estar agradecido.

30 julio, 2026

San Pedro Crisólogo, Padre y Doctor de la Iglesia

 San Pedro Crisólogo

30 de julio
San Pedro Crisólogo
Padre y Doctor de la Iglesia

Cada 30 de julio, la Iglesia Católica celebra a San Pedro Crisólogo, 
Padre y Doctor de la Iglesia, quien ocupó la sede arzobispal de Rávena (Italia) entre los años 433 y 450.

Se le llama “crisólogo” (palabra de oro) como reconocimiento a su gran elocuencia, plasmada en numerosos y bellos sermones.


San Pedro Crisólogo fue un incansable predicador, muy dado a animar a los fieles en el ejercicio de la virtud, el amor a Cristo y el deseo de santidad. Basta mostrar un fragmento de sus sermones para que eso quede en evidencia:

“Llevemos íntegra y con plena semejanza la imagen de nuestro Creador: no imitándolo en su soberanía, que sólo a él corresponde, sino siendo su imagen por nuestra inocencia, simplicidad, mansedumbre, paciencia, humildad, misericordia y concordia”.
“Él le dijo: ‘Apacienta a mis ovejas’” (Jn 21, 15)

San Pedro Crisólogo nació en Imola (Italia), alrededor del año 400, sin que se haya podido establecer con exactitud la fecha exacta de su nacimiento.

Estudió sagrada Teología y fue formado por Cornelio, Obispo de Imola, quien le ayudó a comprender que la verdadera grandeza radica en el dominio de uno mismo y de las propias pasiones. En ese esfuerzo, hecho en conjunto con la Gracia de Dios, principio de todo bien, nos hacemos capaces de abrazar a Cristo. El mismo Cornelio lo ordenó diácono al culminar su preparación.

De acuerdo a una tradición muy antigua, a la muerte del arzobispo de Rávena, el clero local y el pueblo se abocaron a elegir a su sucesor. Una vez elegido el candidato, pidieron al Obispo Cornelio que encabece la comitiva que habría de presentar el nombre del elegido al Papa San Sixto III, en la ciudad de Roma, a la espera que este confirme al sucesor.

Pedro -quien no era el candidato elegido- formaba parte de la comitiva.

La noche previa al encuentro, el Pontífice tuvo en sueños una visión en la que aparecían San Pedro Apóstol y San Apolinar, primer obispo de Rávena. Ambos le pidieron que no confirmara al candidato propuesto por la comitiva.

Blanco del rechazo de los suyos

Acogiendo el mensaje, el Papa no aceptó al candidato propuesto, y, en su lugar, señaló nada menos que a uno de los integrantes del grupo llegado de Rávena: Pedro, el diácono que ya destacaba por su talante espiritual y elocuencia.

Acto seguido, el Papa ordenó los arreglos pertinentes para su consagración. Una vez consagrado obispo, Pedro Crisólogo se trasladó de vuelta a Rávena, donde sería recibido con frialdad.

Los designios de Dios son perfectos

Sin embargo, con el tiempo, los fieles empezaron a ver en Pedro a un magnífico pastor. Su sencillez, cercanía y claridad para el discurso le valieron el respeto de muchos de los que le habían dado la espalda.

Además, sus éxitos en la lucha contra las formas de paganismo presentes en su grey y su autoridad para corregir abusos o desviaciones de la doctrina le ganaron el cariño de la comunidad. Enfrentó las herejías del arrianismo, el monofisismo y el pelagianismo; aunque siempre equilibró su tarea apologética con el trabajo en pos del perfeccionamiento moral de los fieles.

El hombre de las palabras de oro

San Pedro era de los que sabía escuchar con igual atención y caridad a los humildes y a los poderosos; y siempre tenía una palabra precisa para todos sus hijos espirituales.

Nada de esto fue tarea fácil, pero el santo supo aferrarse a la Eucaristía y alentar al pueblo a acercarse a Dios en la oración y los sacramentos -entre otras enseñanzas y buenos ejemplos, plasmados en sus sermones-. El arzobispo se había convertido en el “hombre de las palabras de oro”.

Al final de sus días, San Pedro Crisólogo retornó a Imola, donde murió el 31 de julio del año 451 (otras versiones señalan como fecha de su tránsito el 3 de diciembre del 450). Fue declarado Doctor de la Iglesia en 1729 por el Papa Benedicto XIII.

En el Martirologio Romano

Dice el Martirologio Romano: «San Pedro, “Crisólogo” de sobrenombre, obispo de Ravena y doctor de la Iglesia, que, habiendo recibido el nombre del santo apóstol, desempeñó su oficio tan perfectamente que consiguió capturar a multitudes en la red de su celestial doctrina, saciándolas con la dulzura de su palabra. Su tránsito tuvo lugar el día treinta y uno de este mes en Imola, en la región de la Emilia Romagna (c. 450)».(ACI Prensa).



29 julio, 2026

Santos Marta, su hermana María y su hermano Lázaro, amigos y discípulos de Jesús.

 Santos Marta, María y Lázaro

29 de julio
Santa Marta, su hermana María y su hermano Lázaro
Amigos y discípulos de Jesús

Cada 29 de julio la Iglesia Católica celebra a Marta, a su hermana María y a su hermano Lázaro, amigos y discípulos de Jesús. De acuerdo a la Escritura, el Señor se hospedó al menos en tres oportunidades en casa de los tres, en Betania, ciudad ubicada a unos kilómetros de Jerusalén.

Hasta hace unos años, el día 29 de julio estaba destinado sólo a la celebración de Santa Marta. Sin embargo, a partir del 2021 se dispuso que los santos María y Lázaro sean también conmemorados en esta fecha. “El Sumo Pontífice Francisco, acogiendo la propuesta de este Dicasterio, ha dispuesto que el 29 de julio se inscriba en el Calendario Romano General la memoria de los santos Marta, María y Lázaro” (Cardenal Robert Sarah, en ese momento prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos).

Patronazgos

Santa Marta es patrona de los imposibles, del hogar, de las casas de huéspedes; también lo es de las cocineras, las amas de casa, las sirvientas, los hoteleros y lavanderas.

María, por su parte —a veces identificada con María Magdalena o con la mujer que enjugó los pies del Maestro con perfume— es patrona de quienes viven dedicados a la contemplación o la oración, así como de los vendedores de perfumes.

San Lázaro de Betania es patrono de los moribundos y los necesitados.

Lázaro vuelto a la vida

Jesús profesó un cariño muy especial por su amigo Lázaro. Prueba de esto es que, como dice el Martirologio Romano: “Lázaro, hermano de Marta, fue a quien lloró el Señor al enterarse de que había muerto, y al que resucitó” (ver: Jn 11).

De acuerdo al Evangelio, Lázaro había caído gravemente enfermo y sus hermanas enviaron gente para advertirle a Jesús —que no estaba en Betania— de que su amigo podría morir.  Jesús, ocupado en su misión, no acude de inmediato al llamado y Lázaro muere.

Por eso, si hay una buena razón por la que los fieles recurren a Santa Marta para pedir su ayuda en las urgencias y dificultades, es porque ella conmovió a Jesús con su fe: “Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano”. Luego le pide al Maestro con confianza absoluta que lo devuelva a la vida: “Pero aún ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá” (ver: Jn 11, 22).

Jesús le responde: “Tu hermano resucitará” (Jn 11, 23).

Marta y María, hermanadas por Cristo

Es a Marta a quien el Señor dijo, mientras estaba alojado en su casa: “Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será quitada” (Lc 10, 41-42).

Marta, cuyo deseo de servir era auténtico, se dejó interpelar por Jesús. Él le mostró cuál es el sentido último de cuanto hacemos por otros, empezando por el necesario servicio doméstico: amar a Dios. Por eso, así como ella es ejemplo para todo aquel que quiera cumplir sus deberes con diligencia y responsabilidad, María, su hermana, es modélica en torno a la necesidad de la oración y la relación cercana de escucha o contemplación de la Palabra (“la parte buena”). Si el trabajo se hace sin amor, no tiene sentido; lo mismo que si Dios no es el centro, aun las cosas más nobles pueden hacer que se pierda de vista lo esencial (ver: 1 Cor, 13).

Marta hoy

En 1894, en Antigonish, Nueva Escocia (Canadá), fue fundada la congregación de las Hermanas de Santa Marta, institución religiosa inspirada en la figura de la santa de Betania.

La Casa de Santa Marta o Residencia de Santa Marta, ubicada en la Ciudad del Vaticano, adyacente a la Basílica de San Pedro, lleva ese nombre en honor a la discípula de Jesús. Se trata de un edificio construido en 1996 bajo el gobierno del Papa San Juan Pablo II. El Santo Padre dispuso que fuera la residencia de los cardenales electores durante los cónclaves.(ACI Prensa).


28 julio, 2026

San Víctor I, XIV Papa y mártir

Los papas africanos que cambiaron la cristiandad (y nos dieron el día de San  Valentín) - BBC News Mundo 

28 de julio
San Víctor I
XIV Papa y mártir 

Por: Cristina Huete García | Fuente: hagiopedia.blogspot.com

Martirologio Romano: En Roma, san Víctor I, papa, africano de nacimiento, que fijó para todas las Iglesias la celebración de la fiesta de Pascua en el domingo que sigue inmediatamente a la Pascua judía (c. 200).

Breve Biografía

Natural de África. Hijo de Félix. Sucedió a san Eleuterio en el 189. Será el primer papa que afirme la existencia de un magisterio moral del obispado de Roma sobre los otros obispados de la Iglesia y comienza a sustituir el griego utilizado en la liturgia por el latín, aunque la misa seguirá celebrándose en griego hasta el año 230.

Durante su pontificado, Víctor sentó las bases para la celebración de los concilios al ordenar a los obispos del orbe  cristiano que se reunieran en sínodos para considerar -confiaba él- la condena de la celebración de la Pascua según la costumbre judía que la celebraba el día 14 del mes de Nisán aunque no coincidiera en domingo.

Los obispos de Asia Menor, encabezados por Polícrates obispo de Éfeso, rehusaron abandonar la práctica que, según ellos y tal y como le expresó Polícrates al papa en una carta que le envió hacia 190 D.d J.C., esta práctica, conocida como “cuartodecimal” fue la de los apóstoles Felipe y Juan, y la de los santos Policarpo de Esmirna y Melitón de Sardes. Como respuesta, Victor envió una carta a los obispos declarando excluidos de la comunión a las iglesias de Asia. Esta decisión trajo un gran revuelo entre los obispos. Entonces intervino san Ireneo de Lyon y, después de afirmar que él personalmente mantenía el domingo para la celebración de la Pascua, le rogaba al Papa Víctor a seguir la posición de sus predecesores y que aceptara la duplicidad de costumbre.

Parece ser que Víctor quiso imponer su voluntad sobre la celebración dominical de la Pascua, pues Blasto, que era un fuerte defensor de la práctica cuartodecimal se separó de la Iglesia creando un cisma. 

Aproximadamente en el 198, Víctor excomulgó a Teodoto, un curtidor de Bizancio por practicar la doctrina adopcionista, aunque no pudo impedir que sus discípulos siguieron propagando sus ideas en Roma.

Por otra parte, estableció que, en casos de emergencia, se pudiese utilizar cualquier agua para el bautismo, sin necesidad de estar bendecida.

Mantuvo relaciones con la casa imperial a traves de Marcia, catecúmena cristiana que era la concubina del emperador Cómodo. Víctor le entregó una lista de  cristianos condenados a las minas en Cerdeña y consiguió su liberación. Le sucedió san Ceferino.

San Víctor murió antes de que comenzase la persecución de Septimio Severo, pero las persecuciones que debió sufrir por su enérgico celo para defender la fe, le merecen el título de mártir. Según San Jerónimo, este santo fue el primero en celebrar los sagrados misterios en latín.(Catholic.com).

27 julio, 2026

San Pantaleón, Médico y Mártir

 St Pantaleon

27 de julio
San Pantaleón
Médico y Mártir

Por: Redacción | Fuente: Corazones.org

Martirologio Romano: En Nicomedia, de Bitinia, san Pantaleón o Pantalaimón, mártir, venerado en Oriente como médico que ejercía su arte sin retribución alguna (c. 305). Historia

Etimológicamente: Pantaleón = Aquel que se compadece de todos, es de origen griego.
Breve Biografía

Médico nacido en Nikomedia (actual Turquía). Fue decapitado por profesar su fe católica en la persecución del emperador romano Diocleciano, el 27 de julio del 305.


Lo que se sabe de San Pantaleón procede de un antiguo manuscrito del siglo VI que está en el Museo Británico. Pantaleón era hijo de un pagano llamado Eubula y de madre  cristiana. Pantaleón era médico. Su maestro fue Euphrosino, el médico mas notable del imperio. Fue médico del emperador Galerio Maximiano en Nicomedia.

Conoció la fe pero se dejó llevar por el mundo pagano en que vivía y sucumbió ante las tentaciones, que debilitan la voluntad y acaban con las virtudes, cayendo en la apostasía. Un buen  cristiano llamado Hermolaos le abrió los ojos, exhortándole a que conociera "la curación proveniente de lo más Alto", le llevó al seno de la Iglesia. A partir de entonces entregó su ciencia al servicio de Cristo, sirviendo a sus pacientes en nombre del Señor.

En el año 303, empezó la persecución de Diocleciano en Nikomedia. Pantaleón regaló todo lo que tenía a los pobres. Algunos médicos por envidia, lo delataron a las autoridades. Fue arrestado junto con Hermolaos y otros dos  cristianos. El emperador, que quería salvarlo en secreto, le dijo que apostatara, pero Pantaleón se negó e inmediatamente curó milagrosamente a un paralítico para demostrar la verdad de la fe. Los cuatro fueron condenados a ser decapitados. San Pantaleón murió mártir a la edad de 29 años el 27 de julio del 304. Murió por la fe que un día había negado. Como San Pedro y San Pablo, tuvo la oportunidad de reparar y manifestarle al Señor su amor.

Las actas de su martirio nos relatan sobre hechos milagrosos: Trataron de matarle de seis maneras diferentes; con fuego, con plomo fundido, ahogándole, tirándole a las fieras, torturándole en la rueda y atravesándole una espada. Con la ayuda del Señor, Pantaleón salió ileso. Luego permitió libremente que lo decapitaran y de sus venas salió leche en vez de sangre y el árbol de olivo donde ocurrió el hecho floreció al instante. Podría ser que estos relatos son una forma simbólica de exaltar la virtud de los mártires, pero en todo caso, lo importante es que Pantaleón derramó su sangre por Cristo y los cristianos lo tomaron como ejemplo de santidad.

En Oriente le tienen gran veneración como mártir y como médico que atendía gratuitamente a los pobres. También fue muy famoso en Occidente desde la antiguedad.

Se conservan algunas reliquias de su sangre, en Madrid (España), Constantinopla (Turquía) y Ravello (Italia).

El Milagro de su sangre

Una porción de su sangre se reserva en una ampolla en el altar mayor del Real Monasterio de la Encarnación en Madrid de los Austrias, junto a la Plaza de Oriente, Madrid, España. Fue tomada de otra más grande que se guarda en la Catedral italiana de Ravello. Fue donada al monasterio junto con un trozo de hueso del santo por el virrey de Nápoles. En Madrid lo custodian las religiosas Agustinas Recoletas dedicadas a la oración. Hay constancia de que la reliquia ya estaba en la Encarnación desde su fundación en el año 1616.

La sangre, en estado sólido durante todo el año, se licuefacciona [o ocurre el fenómeno de licuefacción], como la sangre de San Jenaro, sin intervención humana. Esto ocurre en la víspera del aniversario de su martirio, o sea, cada 26 de julio. Así ha ocurrido cada año hasta la fecha de este escrito, 2005, cuando se celebran 1700 años de su martirio. En ese año el milagro tuvo lugar mientras las religiosas oraban en el coro del templo y ante la presencia de cientos de visitantes. El monasterio abre las puertas al público para que todos sean testigos. En algunas ocasiones, la sangre ha tardado en solidificarse para señalar alguna crisis, como ocurrió durante las dos guerras mundiales.

Muchas veces se ha intentado explicar el fenómeno mediante mecanismos netamente naturales, como la temperatura o las fases de la luna. Sin embargo, ninguna de las explicaciones ha resultado satisfactoria para la ciencia. La iglesia no se ha definido sobre el milagro. Las hermanas dicen sencillamente que es "un regalo de Dios".

Para facilitar la vista del público y evitar el deterioro de la reliquia, en el 1995 las monjitas instalaron monitores de televisión que aumentan diez veces la imagen de la cápsula que contiene la sangre del santo.

La sangre de un médico mártir se licúa. ¿Qué nos dice Dios con este portento?.

Acaso no necesitamos este testimonio valiente de quien dio su vida por la fe. Su sangre nos recuerda nuestra propia responsabilidad de vivir la fe en un tiempo donde tantos caen en la apostasía o simplemente en la indiferencia. Cuanto necesitamos el ejemplo de San Pantaleón, quien supo vivir su profesión al servicio de Jesucristo.

¡Felicidades a los que lleven este nombre!(Catholic.com).

25 julio, 2026

Santiago Apóstol, uno de los doce apóstoles elegidos por Cristo

 Santiago Apóstol, 25 de julio / ACI Prensa

25 de julio 
Santiago Apóstol o Santiago el Mayor
Apóstol de Cristo

Cada 25 de julio la Iglesia celebra la fiesta de Santiago Apóstol o Santiago el Mayor -conocido también como Santiago el de Zebedeo-, uno de los doce apóstoles elegidos por Cristo. Podemos conocerlo en distintas facetas de su vida gracias a que son varios los textos del Nuevo Testamento en los que aparece mencionado. A este Santiago se le suele denominar ‘el Mayor’ para diferenciarlo de otro de los apóstoles de Cristo, ‘Santiago el Menor’, autor de la epístola neotestamentaria.

El apóstol Santiago ocupa un lugar especial en la historia de la Iglesia primitiva, destacando por su virtud, empuje evangelizador y carácter valeroso. Fue él quien llevó la Palabra de Dios a tierras completamente alejadas de su Galilea natal, como es el caso de la península ibérica. Precisamente por su presencia allí, sembrando la fe, Santiago es reconocido como Patrono de España.

El “Hijo del trueno” –apelativo con el que lo llamaba el Señor– además de ser patrono de España y de la caballería de ese país, es patrono de los curtidores, veterinarios y equitadores.

Jesucristo solía llamar a Santiago y a su hermano Juan – el discípulo amado– con el mismo sobrenombre: “Hijo del trueno” en alusión al padre de ambos, Zebedeo, pescador conocido por su particular carácter. La palabra ‘trueno’ es una referencia al temperamento enérgico, impetuoso y apasionado. El Evangelio de Marcos los identifica así: “Santiago, hijo de Zebedeo, y Juan, hermano de Santiago, a los que dio el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno” (Mc 3, 17).

Cerca de Jesús

Santiago nació en Betsaida, Galilea, hacia el año 5 a.C. Fue uno de los primeros convocados por Jesús, quien se acercó a él mientras pescaba en el lago de Genesaret junto a Juan, su hermano (Mc 1, 19).

De acuerdo a los Evangelios, Santiago fue testigo, con Juan y Pedro, de algunos de los momentos más intensos de la vida del Señor Jesús, lo que evidencia su cercanía con el Hijo de Dios. Algunos de esos momentos son, por ejemplo, la Transfiguración en el Monte Tabor, la pesca milagrosa y la noche en la que Jesús permanece orando en Getsemaní, en la víspera de su Pasión.

El más valiente: ¡Santiago, ayúdanos!

El nombre con que lo conocemos proviene de la unión de las voces ‘Sant’ y ‘Iacob’. Mientras la partícula ‘Sant’ equivale a ‘san’ o ‘santo’; ‘Iacob’ es el término hebreo para ‘Jacob’, que en griego se dice Ἰάκωβος, Ἰákobos. Ambas partículas - ‘Sant’ y ‘Iacob’- quedaron yuxtapuestas desde los albores de la España cristiana de los primeros siglos, cuyos guerreros se lanzaban a la batalla al grito de "¡Sant Iacob, ayúdanos!": la rapidez con la que se pronunciaba aquel grito de guerra produjo la voz amalgamada Sant-iago. De ahí el “¡Santiago, ayúdanos!”.

De manera paralela quedaría también su nombre asociado a la tradición bélica, al punto que buena parte de la iconografía lo representa como soldado montado en un caballo, blandiendo una lanza, en actitud de lucha. Es así que Santiago devino en ícono o símbolo de la lucha contra el mal y el pecado personal.

También es posible encontrar otra tradición iconográfica donde el apóstol aparece más bien como peregrino, vestido con una túnica sencilla, cubierto de una capa y sosteniendo un cayado o vara. Ese es el Santiago que se marcha hacia los rincones más apartados ‘del mundo’ llevando a Cristo a todos los corazones hambrientos de Él.

Es así como el arte a lo largo de la historia ha intentado representar simbólicamente los aspectos resaltantes de la personalidad del discípulo de Cristo; eso que muy bien expresó San Juan Crisóstomo cuando dijo de él: “Fue el apóstol más atrevido y valiente”.

Por España a América

El mundo hispánico estará siempre asociado, desde sus raíces, a Santiago. Las huellas que dejó este sobre el largo sendero de la historia son constituyentes del alma y la cultura de los pueblos hispanohablantes.

Si bien el arribo del apóstol a la antigua Hispania (España) respondía al primer anhelo de anunciar el Evangelio a todas las gentes, dicho anuncio pasó a integrar la matriz constituyente de la identidad española.

Uno de los símbolos de ese aporte identitario es evidentemente la catedral de Santiago de Compostela, considerada el principal santuario dedicado al apóstol en donde reposan sus restos. Hoy, como en el medioevo, miles de personas peregrinan a Compostela cada año, deseosas de recorrer la ruta del santo patrono de España -el Camino de Santiago-. Así lo hicieron santos, mártires y misioneros, muchos de ellos enviados después a América a evangelizar. El Nuevo Continente, por eso, abunda en expresiones de devoción al aguerrido apóstol.

Una de estas expresiones populares, muy importante, pero a veces olvidada, tiene que ver con la fundación de varias ciudades de América durante los periodos de la conquista y el virreinato. Los españoles, en su afán fundacional, característico del siglo XVI, dedicaron muchos lugares al santo y bautizaron varias ciudades con su nombre. Es el caso, por ejemplo, de Santiago de Chile, Santiago en República Dominicana, o Santiago de Cuba en Cuba.

Santiago de Compostela: una nota breve sobre la Virgen María

El 9 de noviembre de 1982, San Juan Pablo II visitó la catedral de Santiago de Compostela e hizo un llamado a toda Europa a reavivar “aquellos valores auténticos” que la constituyeron, “porque los otros continentes te miran y esperan también de ti la misma respuesta que Santiago dio a Cristo: ‘lo puedo’”.

San Juan Pablo II añadiría con gran elocuencia:

“Yo, Sucesor de Pedro en la Sede de Roma, una Sede que Cristo quiso colocar en Europa y que ama por su esfuerzo en la difusión del cristianismo en todo el mundo. Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces”.

De acuerdo a la tradición, el apóstol Santiago fue quien preparó el camino para que la Virgen María sea reconocida como el "Pilar" o columna de la Iglesia, y de la hispanidad mariana que se extendió por el globo a lo largo de los siglos posteriores. En tiempos (segunda mitad del siglo I) en los que se extendía la idea del aparente fracaso del anuncio de Cristo en la Península, la Virgen María aparecería sobre una columna, ‘el Pilar de Zaragoza’, para animar a Santiago y a sus discípulos a no desfallecer en la tarea encomendada. Y Dios les concedió la victoria.(ACI Prensa).

24 julio, 2026

San Chárbel Makhlouf, sacerdote, asceta y religioso libanés

 San Chárbel Makhlouf, 24 de julio / ACI Prensa

24 de julio
San Chárbel Makhlouf
Sacerdote, asceta y religioso libanés

Cada 24 de julio se celebra a San Chárbel Makhlouf, sacerdote, asceta y religioso libanés que perteneció a la Iglesia Católica maronita -Iglesia oriental que data del siglo V, hoy una de las 24 Iglesias “sui iuris” (de derecho propio) que integran la Iglesia Católica-.

San Chárbel fue el primer santo de Oriente en ser canonizado después de varios siglos (desde el siglo XIII no se canonizaba a ningún miembro de la Iglesia Oriental); y es uno de los santos más queridos en el mundo de habla hispana, especialmente en México.

Monje maronita y sacerdote

San Chárbel, cuyo nombre original fue Youssef Antoun (José Antonio) Makhlouf (Majluf), nació en Beqakafra, Líbano, el 8 de mayo de 1828. Quedó huérfano de padre a los tres años, por lo que quedó bajo el cuidado solo de su madre. Ella contrajo segundas nupcias con un sacerdote maronita -en el rito maronita se permite que los sacerdotes puedan casarse- quien terminaría siendo una influencia muy positiva para el santo.

En general, los Makhlouf fueron una familia marcada por la fe y la piedad -dos de los tíos de Youssef fueron monjes ermitaños-, gracias a lo cual el santo pudo crecer en un ambiente religioso, rodeado de auténtica espiritualidad.

A los veintitrés años, Youssef dejó el hogar materno e ingresó al monasterio de Nuestra Señora de Mayfouq en calidad de candidato, adoptando posteriormente el nombre de un famoso mártir sirio: Chárbel.

Será años más tarde cuando descubre el llamado a la vida en soledad y pasa a vivir como ermitaño. Para ello, dada su condición canónica, requería un permiso especial. El santo recibiría la esperada autorización el 13 de febrero de 1875.

Desde ese día hasta su muerte, en 1898, San Chárbel estuvo dedicado a la ascesis, la penitencia, el trabajo manual y a la oración. Esto incluía un régimen de oración con las horas principales e intermedias de la Liturgia de las horas (en siete momentos diferentes del día)-, y, naturalmente, la Misa diaria. San Chárbel solo comía una vez al día y pasaba la mayor parte del tiempo en silencio. Eventualmente interrumpía sus horas de meditación para recibir a los numerosos visitantes, quienes llegaban atraídos por su reputación de sabiduría y santidad. Gente de todo tipo llegaba en busca de consejo espiritual, alguna promesa de oración o, directamente, en pos de algún milagro -San Chárbel se había ganado la fama de taumaturgo por las curaciones milagrosas acontecidas entre quienes se acercaban a él-.

Hombre universal

San Chárbel murió el 24 de diciembre de 1898. El Papa San Pablo VI lo beatificó el 5 de diciembre de 1965 durante la clausura del Concilio Vaticano II. Años más tarde, el mismo Pablo VI lo canonizaría el 9 de octubre de 1977, en el marco de las celebraciones del Sínodo Mundial de los Obispos.

La devoción a San Chárbel se ha extendido dentro y fuera de las fronteras del Líbano, incluso en territorios muy alejados, poseedores de formas culturales muy distintas. Prueba de ello es la particular y fuerte veneración de la que goza en México, y otras partes de América Latina. En ese sentido, San Chárbel se ha convertido en un “puente” muy real entre Oriente y Occidente, un vínculo que ha tendido el Espíritu Santo.

Lazo entre Oriente y Occidente

El caso de la devoción a San Chárbel en México constituye algo realmente especial. Esta se debe en gran parte a la inmigración maronita a ese país -iniciada en el siglo XIX- como al notable número de milagros atribuidos a la intercesión del santo libanés.

Estos merecen mención aparte: se dice que la Iglesia ha registrado e investigado un número que sobrepasa las dos decenas de miles. Algunos de estos, incluso, llegaron a tener impacto mediático.

¡San Chárbel Makhlouf, ruega por nosotros!(ACI Prensa).

23 julio, 2026

Santa Brígida, patrona de Suecia y fundadora de la Orden del Santísimo Salvador

 Santa Brígida de Suecia, nacida en 1303, es un modelo de santidad que  abarcó diversas vocaciones en su vida: esposa, madre, religiosa y mística.  Brígida se casó a los trece años con

23 de julio 
Santa Brígida, Patrona de Suecia
Fundadora de la Orden del Santísimo Salvador y
Copatrona de Europa 

Cada 23 de julio la Iglesia celebra a Santa Brígida, patrona de Suecia, fundadora de la Orden del Santísimo Salvador, madre de Santa Catalina de Suecia y, desde hace poco más de dos décadas, copatrona de Europa. Fue el Papa San Juan Pablo II quien le concedió dicho título durante la vigilia del gran jubileo del año 2000.

Santa Brígida comparte el patronazgo de Europa con San Benito de Nursia, Santa Catalina de Siena, los santos Cirilo y Metodio, y Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein).


Dignidad de la mujer

El Papa Benedicto XVI afirmaba que la vida de Santa Brígida muestra el papel y la dignidad de la mujer dentro de la Iglesia, evidenciada en su “actitud de respeto y de fidelidad plena al Magisterio de la Iglesia, en particular al Sucesor del apóstol Pedro".

Poniendo como ejemplo a esta extraordinaria mujer, el entonces Pontífice añadía: “De hecho, en la gran tradición cristiana se reconoce a la mujer una dignidad propia, y —siguiendo el ejemplo de María, Reina de los Apóstoles— un lugar propio en la Iglesia, que, sin coincidir con el sacerdocio ordenado, es igualmente importante para el crecimiento espiritual de la comunidad. Además, la colaboración de consagrados y consagradas, siempre en el respeto de su vocación específica, reviste una gran importancia en el mundo de hoy”.

Por eso, como tantas otras mujeres ejemplares en la Iglesia, Santa Brígida sigue “hablándole” al corazón de las mujeres y hombres de hoy.

Esposa, madre y mística


Brígida Birgersdotter nació en Norrtälje, Uppland (Suecia) en 1302. Fue entregada en matrimonio a Ulf Gudmarsson con solo 15 años. Tuvo ocho hijos, a quienes educó en la fe con esmero. Al quedar viuda, renunció a la posibilidad de un segundo matrimonio para dedicarse a la oración, la penitencia y las obras de caridad. Vendió sus posesiones, las entregó a la Iglesia, e ingresó -sin que mediara consagración religiosa- al monasterio cisterciense de Alvastra, en su país natal.

A esta santa y mística, el Señor le reveló un conjunto de plegarias u oraciones, así como visiones de su Pasión y mensajes que invitan al consuelo espiritual. Además, la Virgen María la instruyó a través de revelaciones particulares en temas concernientes a la unidad de la Iglesia y el Papado.

Las Revelaciones

El relato de las gracias particulares concedidas a Santa Brígida está contenido en sus Revelaciones, dictadas a sus confesores y secretarios, y que conforman una extensa obra en ocho volúmenes. En estos textos se encuentran contenidas grandes promesas para la conversión y salvación de las almas.

Asimismo, en el marco de sus experiencias místicas, la santa fue instruida por la Santísima Virgen María en la devoción a sus “Siete Dolores”. La práctica de esta devoción implica rezar siete avemarías diariamente, meditando las lágrimas y los dolores de la Madre de Dios. A quien se haga devoto, la Virgen le concederá paz y cuanto le haya sido solicitado, siempre y cuando no vaya en contra de la voluntad de Dios. Además, la Virgen le defenderá en el combate espiritual, entre otras gracias.

Por otro lado, el Señor Jesús reveló a Santa Brígida quince oraciones para ser rezadas a lo largo de un año -acompañadas también de grandes promesas-, así como el famoso conjunto de oraciones destinadas a ser rezadas a lo largo de doce años. En la basílica de San Pablo Extramuros en Roma se encuentra el crucifijo milagroso, esculpido por Pietro Cavallini (1250-1330), ante el cual la santa recibió de rodillas las oraciones que el Señor le reveló.

Patrona de Europa

Santa Brígida falleció en Roma (Italia) a los 70 años, el 23 de julio de 1373. Fue canonizada dieciocho años después de su muerte.

Su proclamación como Patrona de Europa responde a ciertas características de su ejemplar vida: habiendo pertenecido a la nobleza sueca, mostró total desapego a esta por motivaciones espirituales. Además, recorrió toda Europa, contribuyendo a afirmar las raíces católicas del Continente -hizo, por ejemplo, el camino de Compostela al lado de su esposo Ulf-, y, más tarde, ya viuda, se embarcó con sus hijos espirituales -futuros miembros de la orden que fundaría- rumbo a Tierra Santa, a donde arribó en 1371.

Después de la muerte de Ulf, Brígida se consagró por entero a la oración y al fortalecimiento, en diversos lugares, del espíritu y la letra de la vida monástica, en particular de la rama femenina. Fruto de este empeño fue la fundación de la Orden del Santísimo Salvador (Ordo Sancti Salvatoris).

Su periplo en este mundo acabó el 23 de julio de 1373, en la ciudad de Roma, mientras aguardaba el regreso del Papa Gregorio XI (diciembre de 1370-marzo de 1378), exiliado en Avignon en ese momento. Santa Brígida había mostrado previamente su desacuerdo con que los Papas residieran fuera de Roma, por lo que al mismo Gregorio XI se lo solicitó directamente mediante una misiva, en la que también criticaba los fallos y escándalos suscitados por miembros de la curia.

En 1378, se produjo la segunda y definitiva aprobación de las reglas de la Orden fundada por la santa. Sus restos, después de haber permanecido en Roma, fueron repatriados a Suecia donde permanecen hasta hoy en la abadía de Vadstena. (ACI Prensa).

22 julio, 2026

Santa María Magdalena, discípula del Señor.

 Santa María Magdalena

22 de julio
Santa María Magdalena
Discípula del Señor

Cada 22 de julio la Iglesia Católica celebra la fiesta de Santa María Magdalena, discípula cercana del Señor. Fue originaria de Magdala, una población situada en la orilla occidental del lago de Genesaret (mar de Galilea), razón por la que recibió el apelativo de “Magdalena”.

Mensajera de la Pascua

María Magdalena siguió de cerca las enseñanzas de nuestro Señor Jesucristo, quien la eligió para ser testigo de su Resurrección, incluso antes que los apóstoles. Ella recibió el encargo de testimoniar lo que sus ojos habían visto: la victoria definitiva del Maestro sobre la muerte.

Ese llamado particular de su discipulado hace de Santa María Magdalena un modelo para todo aquel que está llamado a evangelizar. Ella encarna la figura del que anuncia el mensaje gozoso de la Pascua: hay, para todos, una nueva vida en Cristo.

El Papa Benedicto XVI, en el año 2006, resumía con precisión la relevancia de Santa María Magdalena para la vida cristiana: “La historia de María de Magdala recuerda a todos una verdad fundamental: discípulo de Cristo es quien, en la experiencia de la debilidad humana, ha tenido la humildad de pedirle ayuda, ha sido curado por él, y le ha seguido de cerca, convirtiéndose en testigo de la potencia de su amor misericordioso, que es más fuerte que el pecado y la muerte”.

Discípula firme y fiel

El Evangelio está lleno de referencias a María Magdalena: como la pecadora perdonada (Lc 7, 37-50); como una de las mujeres que seguían al Señor (Jn 20, 10-18); como María de Betania, la hermana de Lázaro (Lc. 10, 38-42). La liturgia romana identifica a las tres mujeres con el nombre de María Magdalena, siguiendo la tradición occidental que viene desde los tiempos del Papa San Gregorio Magno (siglo VI - inicios del siglo VII).

La ‘Magdalena’ acompañó a Jesús incluso hasta el Calvario y estuvo de pie frente a su cuerpo yacente. En la mañana del Domingo de Resurrección, fue la primera que vio a Cristo resucitado, en cuerpo glorioso. En consecuencia, la Iglesia reconoce desde siempre la importancia que tuvo ella en la vida del Salvador y en la experiencia de la primera comunidad cristiana, tal y como queda en evidencia en las narraciones del Evangelio.

"A quien poco se le perdona, poco amor muestra" (Lc 7, 47)

Siempre que se vuelve sobre la vida de esta santa es inevitable el encuentro con el misterio de la misericordia infinita de Dios. Ella, antes de conocer a Jesús, había hecho de su vida extravío y perdición -María llevaba el alma herida, y no sabía siquiera de su propio valor como persona-.

Tras conocer al Señor sucede todo lo contrario. Él le revela el sentido último de su existencia y la grandeza de su dignidad. Por eso, la conversión de María Magdalena es ejemplo del poder transformador del perdón y la gracia, capaces de brindar una ‘nueva vida’, libre del poder del pecado y sus terribles consecuencias. El perdón divino tiene el poder de reconstruir lo que estaba roto, y permite el nacimiento de un ‘hombre nuevo’, de una nueva persona, que vive y anuncia el Amor.

En la liturgia, hoy

El 10 de junio del 2016, el Cardenal Robert Sarah, entonces Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, emitió un decreto en el que, siguiendo la voluntad del Papa Francisco, la ‘memoria’ litúrgica de Santa María Magdalena quedaba elevada al rango de ‘fiesta’.(ACI Prensa). 

21 julio, 2026

San Lorenzo de Brindis, Doctor de la Iglesia

 

21 de julio
San Lorenzo de Brindis
Doctor de la Iglesia

Cada 21 de julio la Iglesia celebra a San Lorenzo de Brindis (Brindisi), franciscano capuchino que vivió entre los siglos XVI y XVII y que sería proclamado Doctor de la Iglesia por el Papa San Juan XXIII en 1959.

En el mundo de habla hispana es conocido como San Lorenzo de ‘Brindis’, castellanización del italiano ‘Brindisi’ (nombre de la ciudad de la región italiana de Apulia, antiguo Reino de Nápoles). La Iglesia le ha otorgado el título de Doctor apostolicus [Doctor apostólico] (Breve pontificio: “Celsitudo ex humilitate”).

“Me basta Jesús crucificado” (San Lorenzo)

Giulio Cesare Russi -nombre de pila del santo- destacó en los estudios desde pequeño gracias a su buena memoria y a la claridad de su razonamiento. De adolescente, tocó las puertas de los franciscanos capuchinos de su ciudad y fue recibido por ellos con beneplácito. Giulio se descubría llamado a seguir de cerca los pasos de San Francisco de Asís.

A poco de haber ingresado a la vida religiosa, tuvo un diálogo con su prior que quedaría grabado en su memoria para siempre. El prior quiso advertirle de la dureza y austeridad de la vida franciscana -al probarla la mayoría de jóvenes jóvenes desistía hasta de los más firmes propósitos-.

Giulio prometió abrazar el espíritu de pobreza franciscana consciente de que le era posible con la ayuda del Señor: “Al mirar a Cristo Crucificado tendré fuerzas para sufrir, por amor a Él, cualquier padecimiento… Me basta Jesús crucificado”.

Como diácono empezó a predicar con insistencia en diversos lugares. Dios le concedió un ánimo especial para la predicación, y el joven fraile se esmeró en desarrollar ese talento. No pasaría mucho tiempo para que Fray Lorenzo suscitara las primeras conversiones entre quienes lo oían. El franciscano sería ordenado en 1583.

Después, ya de sacerdote, el Papa Clemente VIII le encomendó un ministerio muy especial: predicar a los judíos e intentar ganarlos para Cristo. Muy pocos conocían y dominaban la lengua hebrea como Fray Lorenzo, y el Pontífice deseaba que el Evangelio fuera anunciado con cercanía y calidez a quienes son “nuestros hermanos mayores” (expresión con la que el Papa Juan Pablo II solía referirse al pueblo judío).

Ya desde los tiempos universitarios en Padua, Lorenzo había demostrado una habilidad poco común: conocía casi a la perfección el hebreo, el arameo y el caldeo, además del latín y el griego. El franciscano también hablaba español, italiano, francés y alemán.
El secreto de una buena homilía

Cierto día un sacerdote le preguntó a Lorenzo cuál era su “secreto” para predicar tan bien, a lo que él respondió: "En buena parte se debe a mi buena memoria. En otra buena parte, a que dedico muchas horas a prepararme. Pero la causa principal es que encomiendo mucho a Dios mis predicaciones, y cuando empiezo a predicar se me olvida todo el plan que tenía y empiezo a hablar como si estuviera leyendo en un libro misterioso venido del cielo".

Fray Lorenzo fue también ejemplo de ascetismo y sobriedad con las cosas materiales: dormía sobre tablas, se levantaba en las noches a rezar los salmos, ayunaba con pan y verduras, huía de los honores y hacía su mejor esfuerzo para mantener el buen humor con todos.

Viajó a Alemania para unir fuerzas con el Beato Benito de Urbino. Ambos capuchinos se dedicaron a la atención de las víctimas de la peste que asoló ese país hacia el último cuarto del siglo XVI. De la mano del beato, fundó conventos en Praga, Viena y Gorizia.

Contrarreforma

Lorenzo deseaba contribuir con su apostolado al movimiento de la contrarreforma. En ese propósito, se inspira en lo hecho por el holandés Pedro Canisio y se entrena en la dialéctica teológica. Fruto de sus disputas con teólogos protestantes son, por ejemplo, las Lutheranismi hypotyposis [El luteranismo hipotético] escritas en tres volúmenes, y una síntesis de las Disputationes de Roberto Belarmino.

Fray Lorenzo sería elegido superior general de su Orden, los Hermanos Menores Capuchinos, desempeñándose en ese cargo entre 1602 y 1605. Después de ese periodo solicitó no ser reelegido, pues estaba convencido de que Dios lo prefería dedicado a otro tipo de menesteres. Y vaya que Dios tenía otros planes para el franciscano.

«Seguro de que él solo valdría lo que un ejército» (Papa Clemente VIII)

El Papa Clemente VIII le pide a Lorenzo que colabore de cerca con el emperador germano Rodolfo II, y lo convierte en su representante diplomático. En un momento complicadísimo para los germanos, el santo tuvo que lidiar para conseguir el apoyo de todos los príncipes alemanes y poder hacer frente a una inminente invasión turca.

Involucrado por la obediencia con la casta militar, Fray Lorenzo se hizo capellán del ejército imperial.

Así, antes de la batalla definitiva, el franciscano arengó a los soldados, poniéndose de pie ante todos y dando instrucciones con voz fuerte. Luego sale al frente del ejército, en la primera línea, con sus dos únicas armas: el crucifijo y su fe. Ese día, los turcos sufrieron una aplastante derrota. El Papa, después de recibir la noticia del triunfo exclamó: “Seguro de que él solo [Lorenzo] valdría lo que un ejército» (Clemente VIII).

Obrero de la paz

De vuelta tras la victoria, el santo permaneció en el convento de Gorizia. Después el Papa le encomendó otras misiones diplomáticas en favor de la consolidación de la paz en diversas partes de Europa.(ACI Prensa).

El santo se retiró finalmente al convento de Caserta. Allí era frecuente verlo arrebatado, en éxtasis, durante la celebración de la Misa.

San Lorenzo de Brindis partió a la Casa del Padre el 22 de julio de 1619, el mismo día de su cumpleaños. Fue canonizado en 1881 y, en 1959, San Juan XIII le otorgó el título de Doctor de la Iglesia.

 

17 julio, 2026

Las Dieciséis Carmelitas mártires de Compiègne

 Mártires de Compiègne, 17 de julio / ACI Prensa

17 de julio
Las Dieciséis Carmelitas 
Mártires de Compiègne 

Cada 17 de julio, un día después de la fiesta de la Virgen del Carmen, la Iglesia Católica celebra a las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne (Francia). Estas valerosas mujeres fueron asesinadas por odio a Cristo en tiempos de la Revolución Francesa (1789-1799).

A estas mártires se les suele llamar también “teresianas”, en alusión a Teresa de San Agustín, priora del monasterio carmelita de Compiègne.

Tiempos de confusión

Las carmelitas se establecieron en Compiègne en 1641 y, fieles al espíritu de Santa Teresa de Jesús, con su santidad se ganaron la estima de los lugareños. Sin embargo, iniciada la Revolución, se desató un régimen persecutorio contra la Iglesia y sus representantes. El convento en el que vivían las religiosas fue cerrado y sus integrantes forzadas a vivir como seglares, de acuerdo a la ley revolucionaria de 1790.

El siguiente paso fue obligar a las religiosas a firmar el llamado “juramento revolucionario”, por el que se comprometían a defender los valores de la revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Sometiéndose a dicha ley evitaron ser deportadas, pero tuvieron que disgregarse. Fue así que las integrantes de la comunidad pasaron a residir en cuatro casas distintas, en la clandestinidad.

Cuando la situación parecía haberse calmado un poco, Teresa de San Agustín, antigua priora del convento, propuso a sus hermanas retomar la disciplina de la vida conventual, aunque estuviesen exclaustradas. De ese modo, pese a vivir separadas, las monjas retomaron la relación de obediencia con su superiora y comenzaron a comunicarse entre ellas a diario.

“En vano se afanan sus constructores; si el Señor no protege la ciudad” (Sal 127, 1)


Los ideales revolucionarios, mientras tanto, quedaban expuestos ante todos como palabras que las lleva el viento. En nombre de estas ideas, al amparo de la “Razón” y el deseo de “justicia”, se cometieron muchas atrocidades, como lo que se hizo con las mártires carmelitas.

En determinado momento, algunos partidarios de la Revolución en Compiègne se percataron de lo que las hermanas hacían -desafiar el autoritarismo del Régimen del Terror- y las denunciaron ante el “Comité de Salud Pública”. De inmediato, se ordenó registrar sus casas y confiscar toda "prueba de vida conventual”. Encontraron una estampa del Sagrado Corazón, algunas cartas y escritos.

Esto era más que suficiente para acusarlas de conspirar secretamente en pos del “restablecimiento de la monarquía y la desaparición de la República”. Lo que les esperaba era, al menos, la cárcel.

Afortunadamente, algunas carmelitas lograron escapar, aunque la mayoría -unas dieciséis- fue apresada. Los revolucionarios reunieron a las prisioneras en un solo recinto. Estando una frente a la otra, las mujeres se encomendaron a la Virgen del Carmen y acordaron retractarse del juramento revolucionario y no aceptar más imposiciones contra su fe.

Cuando se solicitó que firmaran de nuevo el juramento, las carmelitas se negaron. Acto seguido, fueron acusadas de “conspiradoras contra la revolución”.

En la “Ciudad de la Luz”

Las dieciséis fueron enviadas a París, con las manos atadas, encima de dos carretas con paja. Al llegar a su destino fueron encerradas en la prisión de la Conciergerie, que tenía la fama de ser la antesala de la guillotina. Allí las ubicaron al lado de presos comunes y, por supuesto, de presbíteros, religiosos y laicos acusados de conspiradores también.

En la prisión, las carmelitas fueron un modelo de piedad y firmeza. Establecieron una suerte de régimen de oración conventual y lo cumplían frente a todos, carceleros y reos, sin ningún temor. Las monjas, incluso, se las arreglaron para celebrar a la Virgen del Carmen el 16 de julio.

Aquel fue un día glorioso en la prisión, en el que se pudo respirar algo de serena alegría y solemnidad.

Vestidas de blanco, llevando palmas en las manos

A la mañana siguiente, el 17 de julio de 1794, las hermanas comparecieron ante el Tribunal Revolucionario. Este sentenció la pena de muerte para todas; la forma de la ejecución: muerte por decapitación.

Al pie de la guillotina las carmelitas cantaron el “Te Deum”, renovaron sus promesas y votos, y subieron una por una a entregar la vida como ofrenda a Cristo. Así se cumpliría lo que cien años antes había vaticinado una carmelita de la misma comunidad de Compiègne. Aquella religiosa tuvo una visión en la que aparecían las monjas del monasterio vestidas de blanco, llevando la palma del martirio en las manos.

Las dieciséis carmelitas de Compiègne fueron beatificadas por el Papa San Pío X en 1906. El Papa Francisco autorizó su proceso de canonización por ‘equipolencia’ [equivalencia], el 3 de marzo de 2022. Este proceso es conocido como ‘canonización extraordinaria’, y se da cuando el Papa reconoce, acepta y ordena el culto público y universal de una persona sin pasar por el procedimiento ordinario (reconocimiento de algún milagro), dada la extensión o antigüedad de la veneración, condición que se cumple en el caso de las mártires de Compiègne.(ACI Prensa).

16 julio, 2026

Nuestra Señora del Carmen, la madre que nos invita a orar y nos libra del infierno

 Nuestra Señora del Carmen, 16 de julio / ACI Prensa

16 de julio
Nuestra Señora Virgen del Carmen, 
la madre que nos invita a orar y nos libra del infierno

Cada 16 de julio los fieles devotos celebran la memoria de la Virgen del Carmen -también, Nuestra Señora del Carmen o Santa María del Monte Carmelo-, una de las advocaciones marianas más universales y antiguas de la Iglesia Católica.

María, auxilio en la hora final y garante de la vida eterna

El 16 de julio de 1251, San Simón Stock, superior de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas de la antigua observancia), se encontraba en oración, rogando a Dios que fortalezca a sus hermanos carmelitas que padecían persecución. De pronto, la Virgen María se le apareció.

Nuestra Señora se presentó vestida con el hábito de la Orden (la túnica de color marrón castaño) y, dirigiéndose al santo, le extendió la mano para entregarle el escapulario carmelita. La Virgen, entonces, le prometió que libraría del castigo eterno a todo aquel que lo llevase puesto y estuviera en gracia con Dios.

Estos acontecimientos sucedieron en Aylesford (Inglaterra) y, tras ellos, se produjo un gran impulso a esta hermosa devoción, dedicada a la “Reina y Señora del Monte Carmelo”. Desde entonces ha seguido extendiéndose por todo el mundo a lo largo de los siglos sucesivos, con abundantes frutos de santidad.

El escapulario

El escapulario de la Virgen del Carmen recibió reconocimiento oficial gracias a la intervención del Papa Sixto V en 1587, y su uso y difusión han sido respaldados posteriormente por otros pontífices. Es el signo máximo de la devoción a Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Gracias a la fuerza simbólica del escapulario para evocar la gran promesa hecha por la Virgen a San Simón, los Carmelitas -tanto de la antigua observancia como los reformados (descalzos), y sus numerosas ramas espirituales- han dado fruto bueno y abundante: hoy los carmelitas -hombres y mujeres, religiosos y laicos, contemplativos e insertos en el mundo- tienen una importante presencia en los cinco continentes, herederos de una larguísima lista de santos y mártires, fieles devotos de la Virgen del Carmen.

El escapulario, por último, encierra un hermoso simbolismo. Evoca el “encuentro” entre la Antigua y la Nueva Alianza, entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, como se explica a continuación.

El monte santo

Fue en el monte Carmelo, ubicado cerca de Jerusalén, la Ciudad Santa (Israel), donde los profetas Elías y Eliseo se establecieron para vivir consagrados a la oración de intercesión por el Pueblo escogido (ver: Isaías 35, 2). Y fue en ese mismo monte donde, a mediados del siglo XII d.C., San Bartolo construyó la ermita que congregaría a decenas de sacerdotes de la Iglesia latina para trasladarse allí y empezar una vida como eremitas, en soledad y silencio. Estos devotos llegaron constituyeron la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo (carmelitas), Ordo Fratrum Beatissimæ Virginis Mariæ de Monte Carmelo.

El nombre “Carmelo” proviene del hebreo Karm-El que quiere decir ‘jardín de Dios’ o ‘viña de Dios’. El nombre recuerda la belleza del lugar -se le suele llamar también ‘el jardín de Palestina’- y evoca la riqueza espiritual de una larga tradición que nace con los Profetas del Antiguo Testamento.

Los carmelitas

En 1205, San Alberto (Alberto Avogadro), patriarca de Jerusalén, entregó a los eremitas del Carmelo una regla de vida, que sería aprobada posteriormente por el Papa Honorio III en 1226. Los carmelitas, de acuerdo a dicha regla, debían vivir ‘a la manera’ del Profeta Elías y de María Santísima.

También en el siglo XIII, el Papa Inocencio IV concedió a los carmelitas el privilegio de ser incluidos entre las órdenes mendicantes, junto a franciscanos y dominicos. Eso significó un cambio muy grande para la Orden, que, por lo demás, sería reformada siglos más tarde por Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz (siglo XVI).

Devoción

Es imposible enumerar los lugares dedicados a Nuestra Señora del Carmen, o hacer una lista con todos sus patronazgos. Solo en España, por ejemplo, la Virgen del Carmen es patrona de los marineros y pescadores, así como de la Armada Española. Las ciudades que la celebran en la Península son prácticamente incontables.

En América sucede algo similar. En Argentina, Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú, Paraguay, Uruguay o Venezuela, el día de la Virgen del Carmen es una auténtica fiesta: se realizan procesiones, se concluyen las novenas solemnemente, y los devotos perennizan su gratitud en una variedad de tradiciones populares. Como muestra de ello, en muchos lugares se realizan homenajes a todas las mujeres que se llaman “Carmen” o “Carmela”.

Estas expresiones religiosas o culturales evidencian el profundo impacto que la espiritualidad carmelita ha logrado en el Pueblo de Dios, y que hoy sigue animando a millones de personas a amar y pedir la protección de la Madre de Dios.

¡Nuestra Señora del Carmen, ruega por nosotros!(ACI Prensa).

15 julio, 2026

San Buenaventura, teólogo, filósofo y místico franciscano

 San Buenaventura

15 de julio
San Buenaventura, teólogo, filósofo y 
Místico franciscano 

Cada 15 de julio la Iglesia Católica celebra a San Buenaventura, teólogo y filósofo franciscano del s. XIII, que alcanzó las alturas espirituales de la mística. Se desempeñó también como obispo de Albano (Italia) y fue cardenal.

San Buenaventura ostenta el título de Doctor de la Iglesia, y los estudiosos se refieren a él como el “Doctor Seráfico” en virtud a la grandeza de sus escritos, siempre encendidos de amor y fe, y de inmenso provecho para la vida espiritual e intelectual.

El teólogo que sonreía

Giovanni di Fidanza, San Buenaventura, nació en Bagnoregio, Italia, en 1221. Después de recibir el hábito de la orden franciscana, estudió en la Universidad de París (Francia), donde llegaría, años más tarde, a enseñar Teología y Sagrada Escritura, exhibiendo un profundo conocimiento de las relaciones entre la filosofía, la teología y la fe.

Buenaventura dedicaba mucho tiempo a la oración y al estudio. Sus discípulos y hermanos decían que llevaba siempre una discreta y serena sonrisa en el rostro, reflejo de su alma en búsqueda de Dios.
"El gozo espiritual es la mejor señal de que la gracia habita en un alma" (San Buenaventura)

Su finura de espíritu lo llevó a reverenciar más y más la grandeza de Dios, pero también le generó ciertos inconvenientes de naturaleza espiritual. Fray Buenaventura empezó a considerarse indigno, lleno de faltas, y, por eso, algunas veces, dejaba de comulgar. Llegó a ver en sí mismo solo sus pecados y defectos, haciéndose presa de sus escrúpulos.

Dios, entonces, le fue mostrando que su misericordia está más allá de los cálculos humanos. Cuenta la tradición que uno de esos días en los que Fray Buenaventura había decidido no acercarse a recibir la comunión, un ángel llevó un pedacito de una de las hostias consagradas desde el altar hasta su boca.

Después de eso, Buenaventura no volvería a ser el mismo y regresaría a comulgar normalmente, sabiéndose pecador pero, antes que cualquier cosa, amado, profundamente amado por Dios.

Así, el Señor se valdría de esa experiencia de purificación y misericordia para mostrarle que su camino apuntaba hacia el orden sacerdotal.

Eco del Espíritu Santo

Una de las más importantes obras de San Buenaventura fue el “Comentario sobre las sentencias de Pedro Lombardo”, una brillante suma -es decir, compendio- de teología escolástica. Alguna vez el Papa Sixto IV (1471-1484) refiriéndose a esta obra señaló: "La manera como [San Buenaventura] se expresa sobre la teología, indica que el Espíritu Santo hablaba por su boca”.

La Universidad de París

Estando el santo instalado como Maestro de la Universidad de París, vivió tanto los años de florecimiento teológico y filosófico -coincidió en el profesorado con Santo Tomás de Aquino- como los períodos llenos de conflictos o tensiones entre los miembros de la comunidad académica.

Sufrió la hostilidad generada contra los franciscanos, así como los excesos de las pugnas intelectuales en torno a la naturaleza de la teología y su relación con la filosofía o la razón.

La situación llegó a tal punto que los franciscanos fueron retirados de la enseñanza. Afortunadamente, el Papa Alejandro IV intervino, y después de una cuidadosa investigación se les devolvió todas las cátedras a los hijos de San Francisco, empezando por la del propio Buenaventura. En 1257, él y Santo Tomás de Aquino obtuvieron el doctorado.

Trabajando para San Francisco de Asís

Ese mismo año, 1257, Buenaventura es elegido superior general de los frailes menores. Al asumir el cargo se encontró con una Orden dividida entre los que pedían una severidad inflexible y los que deseaban mitigar la regla original. En ese contexto, el santo volvió a las fuentes y empezó a escribir una vida de San Francisco de Asís.

Es en esos días que San Buenaventura recibe la visita de Santo Tomás, quien había tomado conocimiento sobre lo que andaba escribiendo el franciscano. Se dice que el Doctor Angélico, Santo Tomás, al llegar, lo encontró en su celda en plena contemplación y decidió retirarse diciendo: “Dejemos a un santo trabajar por otro santo”.

Al lado del Papa

San Buenaventura sería nombrado posteriormente Obispo de Albano y llamado inmediatamente a Roma. El Papa Gregorio X lo creó cardenal y le encomendó la preparación de los temas del Concilio ecuménico de Lyon -sobre la unidad con los ortodoxos griegos- en el que luego participó activamente.

Renunció al cargo de superior general de su Orden y poco tiempo después partió a la Casa del Padre, la noche entre el 14 y el 15 de julio de 1274 en Lyon, Francia.

Si quieres saber más sobre San Buenaventura, te recomendamos leer este artículo de la Enciclopedia Católica: https://ec.aciprensa.com/wiki/San_Buenaventura.(ACI Prensa).

 

14 julio, 2026

San Camilo de Lelis, fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad

 San Camilo de Lelis

14 de julio
San Camilo de Lelis
Fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y
Mártires de la Caridad 

Cada 14 de julio, la Iglesia Católica celebra a San Camilo de Lelis, santo italiano del siglo XVII, fundador de la Congregación de Ministros de los Enfermos y Mártires de la Caridad, conocidos hoy como los Padres Camilos o Camilianos.

San Camilo es el patrono de los profesionales de la salud y de los hospitales.

A la vanguardia del cuidado de la salud

Los ‘Padres Camilos’, bajo la inspiración de su fundador, han sido quienes dieron origen a lo que hoy conocemos como “enfermería”, particularmente a través de la figura de los “enfermeros o enfermeras de guerra”.

En otras palabras, esta noble profesión apareció al menos dos siglos antes que cualquiera de las instituciones de asistencia modernas, como, por ejemplo, la “Cruz Roja” -organización también de inspiración católica surgida en la segunda mitad del siglo XIX-.

Ganar la batalla más importante

Camilo de Lelis nació en Bucchianico (Chieti, Italia) en 1550. Quedó prontamente huérfano de madre. Su padre tampoco le duraría mucho, pues siendo militar y mercenario, murió pocos años después.

Camilo, siguiendo el ejemplo paterno, se integró al ejército veneciano que luchó contra los turcos. Estando en campaña contrajo una enfermedad que afectó una de sus piernas, mal que lo aquejaría el resto de su vida. Dicha dolencia le produciría abscesos en el pie que reaparecían una y otra vez.

Tras verse imposibilitado, fue ingresado al hospital de San Giacomo de Roma, donde años más tarde colaboraría en calidad de criado. Lamentablemente, aquella experiencia no terminó muy bien, pues pasados unos meses fue despedido a causa de su espíritu indómito. Así, con el fracaso sobre los hombros, Camilo retornaría a las filas del ejército veneciano para enfrentar nuevamente a los turcos.

Eso tampoco duró mucho tiempo. Camilo se retiró de la vida militar, encontrando refugio en el juego. Los juegos de azar se convirtieron en su mayor debilidad y en vicio incontrolable. Cierta vez llegó a perderlo todo en una partida de cartas, incluso hasta la camisa que llevaba puesta. Luego, sumergido en la miseria, consiguió trabajo en la construcción de un convento capuchino en Manfredonia.

Su nueva labor se volvió el medio perfecto para que el Señor toque su corazón. Camilo empezó a escuchar las prédicas en el templo y a asistir a la liturgia. Poco a poco su interior fue abriéndose a la gracia, hasta que llegó el día en que admitiría que era esclavo de sus pecados. Así también pudo conocer la misericordia de Dios.

Reconoció de corazón que había vivido muy mal, y que, a pesar de ello, Jesús le daba una oportunidad que no había previsto: vivir plenamente, sirviéndolo a Él y a los demás.

Cara a cara con el dolor

Durante aquel tiempo fuerte, el joven Camilo se apoyó mucho en los padres capuchinos y llegó a pensar que Dios lo llamaba a ser uno de ellos. Ingresó a la Orden de los Frailes Menores, pero no pudo profesar voto alguno a causa del problema con su pierna. Entonces, retornó al hospital de San Giacomo y se dedicó al cuidado de los enfermos. Hizo tan buena labor allí que fue nombrado superintendente del hospital.

Las innumerables necesidades espirituales y materiales que padecían los ingresados en aquel recinto despertaron en Camilo la idea de fundar una asociación integrada por todo aquel que deseara consagrarse al cuidado de los enfermos. Mientras tanto, con el acompañamiento espiritual de uno de sus coetáneos más célebres, San Felipe Neri, se fue preparando para recibir el Orden sagrado.

Hospitales, prisiones y campos de batalla

El Padre Camilo, junto a dos de sus compañeros, fundó la Congregación de los Siervos de los Enfermos en 1582. El grupo fundacional dejó el Hospital de San Giacomo y se trasladó al Hospital del Espíritu Santo.

Todos los días los “camilos” atendían allí a los pacientes, procurando hacerlo como si cada uno fuese el mismo Cristo. No se preocuparon sólo de su salud física, sino que empezaron a dar catequesis y administrar los sacramentos necesarios.

El servicio de la congregación se fue ampliando y aparecieron nuevos llamados: los camilos asumieron la atención de los enfermos en las prisiones y, al mismo tiempo, comenzaron a hacer rondas de visitas a los que no podían salir de sus casas.

El siguiente reto de San Camilo fue enviar religiosos al lado de las tropas del ejército para que, llegado el momento, atendieran a los heridos. Muchos religiosos murieron en este sacrificado servicio, fuera a consecuencia de los combates o contagiados por la peste. San Camilo y sus hermanos permanecieron heroicamente al lado de los soldados incluso en medio de las circunstancias más extremas.

Las noticias sobre la encomiable labor de los camilos llegó a oídos del Papa San Gregorio XIV, quien en 1591 les concede el estatus de orden religiosa con la denominación de Orden de los Ministros de los Enfermos. El nombre fue elegido por San Camilo para indicar que los miembros de la institución tenían como modelo exclusivamente a Cristo, aquel que dijo: “No he venido para ser servido, sino para servir y dar la vida” (Mt 20,28).

Compartiendo los sufrimientos de Cristo

El santo patrono de los enfermos padeció siempre a causa de su pierna, que por periodos mejoraba y por periodos volvía a hacerlo sufrir. Hubo una época en la que le aparecieron dos dolorosas llagas en las plantas de los pies, las que permanecieron abiertas por años. Finalmente, se sumaron las náuseas y la dificultad para comer en la última etapa de su vida. Aún así, San Camilo no dejaría de preocuparse por “sus hijos”, los enfermos.

En 1607 renunció a la dirección de la Orden. Partió a la Casa del Padre unos años después, el 14 de julio de 1614, a los 64 años de edad. El Papa León XIII lo proclamó patrono de los enfermos junto con San Juan de Dios, y el Papa Pío XI lo declaró patrono y modelo de los trabajadores de la salud.(ACI Pensa).

12 julio, 2026

Domingo 15 (A) del tiempo ordinario

 La parábola del sembrador: por qué no la entienden las personas 

Domingo 15 (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 13,1-23): Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente se quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas.

Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».

Y acercándose los discípulos le dijeron: «¿Por qué les hablas en parábolas?». Él les respondió: «Es que a vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene se le dará y le sobrará; pero a quien no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. En ellos se cumple la profecía de Isaías: ‘Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis. Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no sea que vean con sus ojos, con sus oídos oigan, con su corazón entiendan y se conviertan, y yo los sane’. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Pues os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron.

»Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. Sucede a todo el que oye la Palabra del Reino y no la comprende, que viene el Maligno y arrebata lo sembrado en su corazón: éste es el que fue sembrado a lo largo del camino. El que fue sembrado en pedregal, es el que oye la Palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene raíz en sí mismo, sino que es inconstante y, cuando se presenta una tribulación o persecución por causa de la Palabra, sucumbe enseguida. El que fue sembrado entre los abrojos, es el que oye la Palabra, pero las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas ahogan la Palabra, y queda sin fruto. Pero el que fue sembrado en tierra buena, es el que oye la Palabra y la comprende: éste sí que da fruto y produce, uno ciento, otro sesenta, otro treinta».

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«Salió un sembrador a sembrar»
P. Jorge LORING SJ (Cádiz, España)


Hoy consideramos la parábola del sembrador. Tiene una fuerza y un encanto especiales porque es palabra del propio Señor Jesús.

El mensaje es claro: Dios es generoso sembrando, pero la concreción de los frutos de su siembra dependen también —y a la vez— de nuestra libre correspondencia. Que el fruto depende de la tierra donde cae es algo que la experiencia de todos los días nos lo confirma. Por ejemplo, entre alumnos de un mismo colegio y de una misma clase, unos terminan con vocación religiosa y otros ateos. Han oído lo mismo, pero la semilla cayó en distinta tierra.

La buena tierra es nuestro corazón. En parte es cosa de la naturaleza; pero sobre todo depende de nuestra voluntad. Hay personas que prefieren disfrutar antes que ser mejores. En ellas se cumple lo de la parábola: las malas hierbas (es decir, las preocupaciones del mundo y la seducción de las riquezas) «ahogan la Palabra, y queda sin fruto» (Mt 13,22).

Pero quienes, en cambio, valoran el ser, acogen con amor la semilla de Dios y la hacen fructificar. Aunque para ello tengan que mortificarse. Ya lo dijo Cristo: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). También nos advirtió el Señor que el camino de la salvación es estrecho y angosto (cf. Mt 7,14): lo que mucho vale, mucho cuesta. Nada de valor se consigue sin esfuerzo.

El que se deja llevar de sus apetitos tendrá el corazón como una selva salvaje. Por el contrario, los árboles frutales que se podan dan mejor fruto. Así, las personas santas no han tenido una vida fácil, pero han sido unos modelos para la humanidad. «No todos estamos llamados al martirio, ciertamente, pero sí a alcanzar la perfección cristiana. Pero la virtud exige una fuerza que (…) pide una obra larga y muy diligente, y que no hemos de interrumpir nunca, hasta morir. De manera que esto puede ser denominado como un martirio lento y continuado» (Pío XII).

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Pensamientos para el Evangelio de hoy

    «Es necesario acordarse de Dios con más frecuencia de la que se respira» (San Gregorio Nacianceno)

    «La semilla se encuentra a menudo con la aridez de nuestro corazón, e incluso cuando es acogida corre el riesgo de permanecer estéril. Con el don de fortaleza el Espíritu Santo libera el terreno de nuestro corazón» (Francisco)

    «El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los caminos que conducen al Reino de los cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante los actos de cada día, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1.724). (Evangeli.net)



10 julio, 2026

San Cristóbal de Licia, Patrono de los viajeros y peregrinos

 San Cristóbal de Licia

10 de julio
San Cristóbal de Licia
Patrono de los viajeros y peregrinos

Cada 10 de julio se recuerda a San Cristóbal de Licia, figura prominente en la historia del cristianismo de los primeros siglos. Y aunque las dificultades para conocerlo y entender su papel histórico son reales, se sabe con bastante certeza que vivió durante el gobierno de Decio, tercer emperador romano, alrededor del año 250.

La historia

Una famosa leyenda, bien conocida en Occidente y que podría haberse inspirado tanto en historias reales de mártires cristianos como en algún personaje de la mitología griega, cuenta cómo Reprobus, al que la tradición bautizaría como “Cristóbal”, llevó sobre sus hombros a un niño desconocido a través de un río caudaloso. El niño le había pedido ayuda para cruzar las aguas puesto que la corriente era muy fuerte.

Cristóbal andaba siempre cerca del río dado que ayudaba habitualmente a cualquiera que quisiera cruzarlo. Este era un servicio que hacía a sugerencia de un ermitaño al que le había preguntado cómo podía servir a Cristo, su Señor.

A la gran mayoría de viajeros le era imposible sobreponerse al caudal, mientras que a Cristóbal le resultaba más fácil cruzar que al resto, dada su fuerza y altura -se dice que medía más de dos metros-. Así que Cristóbal se la pasaba yendo, una y otra vez, de un lado al otro.

Una vez que dejó al niño en la orilla contraria, antes de desaparecer, este le reveló que era Cristo, a quien él intentaba ayudar, ayudando a otros.

Portador de Cristo


Al considerar esta historia, uno puede comprender por qué la tradición bautizó a este santo como “Cristóbal”. El nombre proviene del vocablo griego “Christophoros”, que quiere decir “portador de Cristo”, o “el que lleva a Cristo”. Por eso, desde el siglo IV, San Cristóbal ha sido representado generalmente como un hombre de gran altura y fuerza, con el niño Jesús sobre los hombros, mientras cruza las aguas de un río apoyado en un bastón.

En la baja Edad Media se popularizó la creencia de que bastaba mirar la imagen del santo y encomendarse a él para verse libre de todo peligro durante una travesía; y es así como San Cristóbal devino en patrón de peregrinos, viajeros, navegantes, motoristas y transportistas en general.

Se dice que San Cristóbal probablemente se desempeñó como soldado del Imperio Romano en Canaán, y que una vez que dejó la milicia, empezó a buscar al “rey más poderoso” para servirle. Es, en consecuencia, plausible pensar que en esa búsqueda haya oído hablar de Cristo. También se dice que después de haber tenido ese encuentro personal con Dios hecho niño, se trasladó a Licia para dar su testimonio y consolar a los cristianos que eran perseguidos en dicha región.

Mártir

La tradición señala, además, que tras haberse encontrado con Dios hecho niño, San Cristóbal fue bautizado en Antioquía y se dirigió a consolar a los cristianos perseguidos de Licia y Samos. Precisamente, en una de sus estancias en Licia, habría sido tomado prisionero por el rey Dagón, quien, bajo órdenes del emperador Decio, lo mandó torturar. Al resistirse a abdicar de su fe a pesar de ser torturado, se ordenó degollarlo. Según un relato atribuido a un tal Gualterio de Espira, la nación Siria y el mismo Dagón se convirtieron a Cristo gracias a este santo.

San Cristóbal en la memoria de los pueblos

San Cristóbal es un personaje muy popular tanto en Oriente como en Occidente. Y su devoción ha trascendido el paso de los siglos. Lo es en tal medida que el arte, las costumbres y la fe de los que viajan lo invocan aquí y allá. Incluso poetas considerados contemporáneos como Federico García Lorca y Antonio Machado lo han cantado con inspirados versos. Su imagen, sea esculpida o pintada, casi siempre colosal y gigantesca, decora muchísimas catedrales del mundo, como es el caso de la Catedral de Toledo en España. (ACI Prensa).