12 mayo, 2026

Beato Álvaro del Portillo, Obispo

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12 de mayo
Beato Álvaro del Portillo
Obispo 
 
Cada 12 de mayo se conmemora al Beato Álvaro del Portillo, obispo español quien fuera figura prominente de la ‘Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei’, más conocida simplemente como Opus Dei [obra de Dios] siempre recordado por su talante espiritual, afable y sereno.
 
Monseñor Álvaro del Portillo, a quien cariñosamente la gente sigue llamando ‘Don Álvaro’, fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer en el gobierno de la Prelatura. San Josemaría fundó el Opus Dei el 2 de octubre de 1928.
 
Don Álvaro fue de profesión ingeniero civil (ingeniero de caminos), grado obtenido junto a los títulos de Doctor en filosofía y Doctor en Derecho Canónico.
 
En el corazón de la Iglesia
 
Álvaro del Portillo nació en Madrid (España) el 11 de marzo de 1914, en el seno de una familia muy devota. Ingresó al Opus Dei en 1935, mientras era estudiante de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid.
 
El 25 de junio de 1944, tras finalizar los estudios civiles y eclesiásticos, fue ordenado sacerdote en la capital española por el obispo local, Mons. Eijo y Garay. En la diócesis de Madrid ejerció su ministerio hasta que, en 1946, fue trasladado a Roma (Italia). Allí tuvo la oportunidad de continuar sus estudios y se doctoró en Filosofía y Letras, así como en Derecho Canónico.
 
Álvaro del Portillo llegó a ser consultor de varios dicasterios de la curia romana y participó del Concilio Vaticano II, donde fue secretario de la comisión que elaboró el decreto Presbyterorum Ordinis, Sobre el ministerio y la vida de los presbíteros. Asimismo, mantuvo una estrecha relación con varios pontífices, especialmente con San Pablo VI, uno de los primeros amigos que conoció en la Ciudad Eterna, antes de ser Papa.
 
Tras la muerte de San Josemaría Escrivá en 1975 Don Álvaro fue elegido para sucederle al frente del Opus Dei. Don Álvaro gobernó la Prelatura durante 19 años, hasta el día de su muerte.
 
Pastor de almas
 
El 28 de noviembre de 1982, al ser erigida ‘la Obra’ como Prelatura Personal, el Papa San Juan Pablo II nombró como Prelado del Opus Dei a Don Álvaro. Posteriormente, el 6 de enero de 1991, el mismo San Juan Pablo II le confirió la ordenación episcopal.
 
Álvaro del Portillo falleció el 23 de marzo de 1994, a los 80 años, después de haber participado en una peregrinación a Tierra Santa. San Juan Pablo II, durante su funeral, se presentó a orar ante sus restos mortales, como signo de reconocimiento por el servicio que el beato prestó al pueblo de Dios.
 
Camino a los altares
 
El 5 de julio del 2013 se hizo público el milagro concedido por intercesión de Don Álvaro. Este consistió en la curación del bebé chileno José Ignacio Ureta Wilson, quien con solo unos pocos días de vida sufrió numerosas y graves complicaciones de salud.
 
Al cumplir un mes, José Ignacio sufrió un paro cardíaco que duró entre 30 y 45 minutos. Sus padres pidieron la intercesión de Don Álvaro y el niño sobrevivió. Actualmente, José Ignacio goza de buena salud y no presenta secuelas de gravedad.
 
El Prelado del Opus Dei fue beatificado en Valdebebas (Madrid) por el Cardenal Ángelo Amato, el 27 de septiembre de 2014, en una Misa a la que asistieron más de 200 mil personas provenientes de todo el mundo.(ACI Prensa).

11 mayo, 2026

San Francisco de Gerónimo, Apóstol de Nápoles

 

11 de mayo
San Francisco de Gerónimo
Apóstol de Nápoles
 
San Francisco de Gerónimo (también, Francisco de Jerónimo S.J.) fue un misionero jesuita natural Grottaglie, Tarento (Italia) quien vivió dedicado a la predicación y al servicio apostólico en el desaparecido Reino de Nápoles. Precisamente por esa razón se le suele llamar "el apóstol de Nápoles".
 
Valiente predicador
 
Francisco se hizo célebre por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, a  quienes buscó a ejemplo del Buen Pastor, Jesucristo, que va en busca de la oveja perdida del rebaño. No temió ni las calles peligrosas ni acercarse a aquellos cuya reputación o indignidad eran motivo de rechazo. En ese sentido, Francisco dejó que a través de su noble corazón pobres, enfermos y oprimidos pudieran conocer el amor de Dios, y miró con compasión y amor fraterno a los pecadores empedernidos e irredentos, y precisamente entre ellos conquistó muchas almas para Dios, devolviéndoles el sentido de la vida.
 
Jesús, a quien Francisco adoró en la Eucaristía y frecuentó en la oración, fue quien moldeó su alma y lo animó a anunciar su Palabra ‘a tiempo y a destiempo’. Francisco respondió al amor de Dios con su vida disciplinada y ejemplar.
 
Amor y obediencia; obediencia y caridad
 
Francisco de Gerónimo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Tarento, donde estuvo bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En aquella institución estudió humanidades y filosofía, con tal éxito que el obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias de Teología Canónica en el famoso colegio Gesu Vecchio [El colegio antiguo de Jesús], que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades de Europa.
 
El 1 de julio de 1670 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Al final de su primer año de prueba, fue enviado como misionero a un lugar cercano al municipio italiano de Otranto, para poner en práctica su habilidad para la predicación. Allí confirmó su llamado a ser una voz que anuncia la alegría del Evangelio. Quiso ser enviado a lugares lejanos, pero sus superiores no aceptaron sus pedidos y prefirieron que permaneciera en Nápoles. Francisco, obediente, entendió que el Señor lo quería donde estaba y dejó de insistir.
 
“Muy gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por vuestras almas” (II Cor, 12)
 
Después de 4 años predicando en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo [La iglesia nueva de Jesús] en Nápoles. Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos, llegaron a conmover a muchos, removiendo conciencias estancadas y despertando el sentido de la fe. Muchas conversiones obró el Señor a través de sus palabras, especialmente de personas que tenían el corazón endurecido y no sentían culpa alguna por sus malas obras.
 
En algunas ocasiones pasó por no menos de cinco aldeas en un solo día, predicando en calles, plazas públicas e iglesias. La gente que lo conocía solía decir que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año.
 
Una de sus obras de caridad habituales fue visitar hospitales y cárceles. Y cientos de veces fue en busca de algún alma perdida por calles peligrosas o lugares de mala reputación. Eso le valió más de una paliza a manos de delincuentes, pero no por eso dejó de insistir en el llamado a la conversión, sabiéndose él  mismo un pecador perdonado. Ayudó mucho en su difícil misión, su aspecto ascético y a veces severo, siempre en actitud orante y de atención con los que sufren.
 
San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de la Compañía de Nápoles.  Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 por el Papa Gregorio XVI.(ACI Prensa).

10 mayo, 2026

Domingo 6 (A) de Pascua

 
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Domingo 6 (A) de Pascua
Ver 1ª Lectura y Salmo
 
 
Texto del Evangelio (Jn 14,15-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».
 
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«Yo le amaré y me manifestaré a él»
P. Julio César RAMOS González SDB
(Mendoza, Argentina)
 
Hoy, Jesús —como lo hizo entonces con sus discípulos— se despide, pues vuelve al Padre para ser glorificado. Parece ser que esto entristece a los discípulos, que aún le miran con la sola mirada física, humana, que cree, acepta y se aferra a lo que únicamente ve y toca. Esta sensación de los seguidores, que también se da hoy en muchos cristianos, le hace asegurar al Señor que «no os dejaré huérfanos» (Jn 14,18), pues Él pedirá al Padre que nos envíe «otro Paráclito» (Auxiliador, Intercesor: Jn 14,16), «el Espíritu de la verdad» (Jn 14,17); además, aunque el mundo no le vaya a “ver”, «vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis» (Jn 14,19). Así, la confianza y la comprensión en estas palabras de Jesús suscitarán en el verdadero discípulo el amor, que se mostrará claramente en el “tener sus mandamientos” y “guardarlos” (cf. v. 21). Y más todavía: quien eso vive, será amado de igual forma por el Padre, y Él —el Hijo— a su discípulo fiel le amará y se le manifestará (cf. v. 21).
 
¡Cuántas palabras de aliento, confianza y promesa llegan a nosotros este Domingo! En medio de las preocupaciones cotidianas —donde nuestro corazón es abrumado por las sombras de la duda, de la desesperación y del cansancio por las cosas que parecen no tener solución o haber entrado en un camino sin salida— Jesús nos invita a sentirle siempre presente, a saber descubrir que está vivo y nos ama, y a la vez, al que da el paso firme de vivir sus mandamientos, le garantiza manifestársele en la plenitud de la vida nueva y resucitada.
 
Hoy, se nos manifiesta vivo y presente, en las enseñanzas de las Escrituras que escuchamos, y en la Eucaristía que recibiremos. —Que tu respuesta sea la de una vida nueva que se entrega en la vivencia de sus mandamientos, en particular el del amor.
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«La vida verdadera y auténtica es el Padre, la fuente de la que, por mediación del Hijo, en el Espíritu Santo, manan sus dones para todos, y, por su benignidad, también a nosotros los hombres se nos han prometido verídicamente los bienes de la vida eterna» (San Cirilo de Jerusalén)
 
 
«Ser cristianos no significa principalmente adherirse a una cierta doctrina, sino más bien vincular la propia vida a la persona de Jesús. El Espíritu nos enseña la única cosa indispensable: amar como Dios ama» (Francisco)
 
«Lo que el Padre nos da cuando nuestra oración está unida a la de Jesús, es ‘otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad’ (Jn 14,16-17). Esta novedad de la oración y de sus condiciones aparece en todo el Discurso de despedida. En el Espíritu Santo, la oración cristiana es comunión de amor con el Padre, no solamente por medio de Cristo, sino también en Él» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.615)(evangeli.net)

 

09 mayo, 2026

Santa Luisa de Marillac, Cofundadora de las Hijas de la Caridad junto a San Vicente de Paúl

 Santo del Día: Santa Luisa de Marillac, Madre de los Pobres

 
 
09 de mayo
Santa Luisa de Marillac
Cofundadora de las Hijas de la Caridad junto a
San Vicente de Paúl 
 
Cada 9 de mayo la Iglesia celebra a Santa Luisa de Marillac (1591-1660), mujer de temple extraordinario y gran generosidad, quien encabezó la reforma de los servicios sociales de la Francia de inicios del siglo XVII, especialmente en lo concerniente a la atención de los enfermos y necesitados.
 
Luisa contrajo matrimonio, pero enviudó. Después encontraría en el servicio al Señor sufriente la razón última de su existencia. Fue cofundadora, junto a San Vicente de Paul, de la Compañía de las Hijas de la Caridad.
 
Santa Luisa es un hermoso ejemplo de entrega incondicional al prójimo y de cómo “administrar” un espíritu impetuoso. Ella puso todas sus fuerzas al servicio de la misión que Dios le fue encomendando, pese a la dolencia que la acompañó a lo largo de su vida.
 
Abrazando la pobreza
 
Luisa de Marillac nació en París (Francia) en 1591. Fue hija natural de Luis de Marillac, señor de Ferrieres-in-Brie y de Villiers Adam, y de una mujer desconocida, que no formaba parte de la nobleza.
 
Hasta los 13 años recibió la educación que le correspondía a las niñas nobles, asistiendo al Monasterio Real de Saint Louis, en Poissy. Entre las religiosas que vivían en ese monasterio estaba una tía suya, quien le enseñó a leer, escribir y pintar; además de brindarle las bases de una rica formación humanística.
 
A la muerte de sus padres y de su tía más cercana, Luisa quedó al cuidado de su tío Miguel. Debido a la precaria situación económica en la quedó la familia, la pequeña Luisa experimentó en carne propia las carencias materiales que sufrían muchos franceses de su tiempo. Tuvo que aprender, por ejemplo, a desempeñarse en trabajos sencillos y a hacerse cargo de los quehaceres del hogar. Su nueva condición social de “señorita pobre” le produjo una suerte de complejo de inferioridad, algo que arrastraría en el alma durante años.
 
Amando la voluntad de Dios
 
En su juventud Luisa comenzó a frecuentar el convento de las hermanas capuchinas de Faubourg. Es en esta etapa que percibe los primeros indicios de una posible vocación religiosa. Sin embargo, su director espiritual desaconsejó su ingreso al convento porque su salud era muy frágil -sufría de constantes fatigas, probablemente a causa de algún problema respiratorio-. A la larga, Luisa logró persuadirse de que su camino era el matrimonio y la santidad en la familia.
 
En 1613, Luisa de Marillac se casó con Antonio Le Gras, con quien tuvo un hijo. Lamentablemente, Antonio contrajo una penosa enfermedad y moriría unos años más tarde.
 
En 1616, Luisa conoció a San Vicente de Paul, quien se convertiría en su confesor. El P. de Paul en aquel tiempo estaba organizando sus ‘Cofradías de la Caridad’ -grupos de asistencia a los más pobres- con el objetivo de mejorar la situación de miseria que se vivía en el ámbito rural. Para ello, San Vicente de Paul necesitaba a alguien que pudiese ayudarlo y que al mismo tiempo infundiera respeto, alguien que tuviera empatía y la capacidad de ganarse el corazón de la gente. 
 
Conforme iba pasando el tiempo y San Vicente conocía mejor a Luisa, se dio cuenta de que ella era la persona que había estado buscando. Cuando enviudó, San Vicente le propuso que se comprometiera con la obra. Fue así como Luisa empezó a considerar que quizás Dios la quería en un camino distinto.
 
Para 1629, la santa sería enviada de visita a la Cofradía de la Caridad de Montmirail. ‘Madame Le Gras’, como la conocían, realizó este viaje con entusiasmo y compromiso.
 
“Amad a los pobres”
 
Cuando San Vicente le solicitó a Luisa que forme un centro de capacitación para voluntarias, ella puso a disposición la casa que había alquilado tras la muerte de su esposo. Allí acogió a cuatro candidatas que fueron instruidas por ella en el servicio a los pobres y enfermos.
 
En 1634, ya comprometida completamente con el proyecto, redactó la regla de vida que deberían seguir los miembros de la comunidad. Cuando San Vicente obtuvo el permiso pontificio para formar una congregación, la regla redactada por Luisa se convirtió en el estatuto de las Hermanas de la Caridad.
 
En Angers, Luisa se hizo cargo de un hospital que se encontraba en situación de abandono, y, en París, cuidó de los afectados por una epidemia. También socorrió a las víctimas de la llamada ‘Guerra de los 30 años’ y de quienes padecían la violencia cotidiana de París, ciudad grande y turbulenta. Pese a su delicada salud, siempre estuvo presta a servir e irradiar entusiasmo.
 
Para ese momento el monasterio de las Hermanas de la Caridad se había convertido en la casa de los pobres y los sin hogar, de aquellos que, forzados por las circunstancias, deambulaban por las calles de la capital francesa. Luisa y Vicente enviaban todos los días a los religiosos y religiosas de la congregación fuera del claustro para animar y socorrer a la mayor cantidad de gente necesitada.
 
En sus últimos años de vida, las dolencias de la santa le impidieron movilizarse. Postrada, antes de partir a la presencia de Dios, dejó un encargo a sus hermanas espirituales: "Sed empeñosas en el servicio de los pobres... amad a los pobres, honradlos, hijas mías, y honraréis al mismo Cristo".
 
Santa Luisa de Marillac murió el 15 de marzo de 1660. San Vicente de Paul la seguiría sólo medio año después.
 
Luisa de Marillac fue canonizada en 1934 por el Papa Pio XI. En 1960 el Papa San Juan XXIII la nombró ‘patrona de los asistentes sociales’.
 
Festividad
 
La fiesta de Santa Luisa solía celebrarse el 15 de marzo, sin embargo, desde el año 2016, se celebra el 9 de mayo, día del aniversario de su beatificación.
 
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos -hoy convertida en Dicasterio- solicitó a la Congregación de la Misión –nombre que adquirió la fundación de San Vicente de Paul- cambiar la fecha para celebrar a Santa Luisa todos los años, debido a que “siempre [su día] cae en Cuaresma y es preferible no celebrar solemnidades durante ese tiempo litúrgico”.
 
El P. Gregorio Gay, Superior General de la Congregación, recibió la mencionada solicitud, fechada el 14 de diciembre de 2015, y así, el 4 de enero del año siguiente, 2016, fue publicado el decreto en el que se dejaba constancia de la aceptación del cambio.(ACI Prensa).

08 mayo, 2026

San Severino, Patrono de las ciudades de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).

 San Severino


08 de mayo
San Severino
Patrono de las ciudades de Viena (Austria) y
de Baviera (Alemania).
 
Cada 8 de enero la Iglesia celebra a San Severino de Nórico, santo del siglo V, patrono de las ciudades de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).
 
Severino fue un hombre apasionado por el anuncio del Evangelio y muy preocupado por la salvación de las almas. Llamaba constantemente a la conversión y a la penitencia. Además, poseía los dones de curar a los enfermos y de aconsejar a los desorientados. No obstante, fue fundamentalmente un hombre sencillo y de caridad vivida intensamente: "Si quieren tener la bendición de Dios, respeten mucho lo que les corresponde a los demás”, solía decir el santo.
 
Vida contemplativa, vida activa
 
San Severino nació en Roma (ca. 410) en el seno de una familia noble y rica. Sin embargo, respondiendo al llamado de Dios, quiso apartarse del mundo y vivir como eremita. Pasó algunos años bajo ese régimen espiritual hasta que, conmovido por la destrucción y muerte que dejaban las invasiones de los bárbaros a su paso, decidió ponerse al servicio de las poblaciones devastadas. Así, abandonó las tierras circundantes a Roma y se fue a predicar a orillas del río Danubio, entre Austria y Alemania.
 
¡Señor, arranca de nosotros el corazón de piedra! (ver: Ez 11, 19-20)
 
En esa región, todavía provincia del Imperio romano, se estableció en la ciudad de “Asturis”, donde profetizó que si los pobladores no se alejaban de los vicios y volvían a Dios con oraciones, sacrificios y obras de caridad, sufrirían un terrible castigo. Lamentablemente, nadie le tomó importancia a dicho vaticinio.
 
Ese rechazo motivó a Severino a dirigirse hacia Cumana (o Cumagenis), una provincia cercana. No pasó mucho tiempo cuando las hordas de los hunos llegaron desde Hungría y dejaron a Asturis semidestruida, y a su población masacrada.
 
¡Y concédenos un corazón de carne! (ver: Ez 11, 19-20)
 
En Comagenis, Severino también profetizó castigos si los pobladores no se convertían. Nadie le creyó inicialmente, por lo que podría pensarse que la ciudad correría la misma suerte de Asturis. Sin embargo, un sobreviviente de dicho lugar llegó a Cumanegis y dio testimonio de lo que pasó a su ciudad de origen: nadie en Asturis hizo caso de las advertencias de Severino; y por no escuchar la voz del hombre que los quería ayudar, no se prepararon para defender sus tierras y siguieron viviendo frívolamente.
 
Llegados los hunos cometieron mil atrocidades sin encontrar resistencia. En Comagenis, entonces, los pobladores se fueron a orar a los templos, cerraron cantinas y lugares de mal vivir, y cambiaron su conducta haciendo sacrificios y penitencias. La población, aleccionada, se organizó para defenderse y detener al invasor. Lamentablemente todo preparativo y esfuerzo para la defensa parecía insuficiente.
 
Es en ese momento que sucedió algo que cambió el curso de los acontecimientos: estando el enemigo al acecho, se produjo un terremoto de tal magnitud en la región, que los hunos se llenaron de temor. Estos consideraron lo sucedido como un signo de mal augurio. Así los invasores decidieron huir y no entrar a la ciudad.
 
Es Dios quien protege y anima a los hombres a través de sus santos
 
Concluído el episodio, San Severino se hizo del respeto de todos, incluso entre los bárbaros que se llenaban de temor de solo oir su nombre. A partir de entonces, fue Severino quien se convirtió en el defensor de los pueblos invadidos y sus víctimas.
 
Su fama se acrecentó aún más por las curaciones milagrosas que hacía. Cabe decir que no fue un “simple taumaturgo”. Severino enseñaba que a veces Dios permite el sufrimiento como un medio para alcanzarlo a Él. Precisamente, la tradición recoge una curiosa historia en la que el santo le dice a su discípulo, Bonoso: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder". Y es que, por 40 años, Bonoso había sufrido una enfermedad penosa. Bonoso finalmente entendió que Dios se había valido de aquel sufrimiento para hacerlo más santo, más fuerte, y más pleno.
 
A San Severino le gustaba repetir frases de la Biblia y recordar siempre que todo pecado trae consecuencias y que, en muchas oportunidades, dadas la gravedad o insistencia en la falta, pueden venir castigos del cielo.
 
Evangelizando siempre
 
Durante 30 años Severino se dedicó a fundar monasterios. Recorría descalzo las inmensas llanuras de Austria y Alemania, incluso durante el invierno, así nevara. Su sencillez en el vestir, vestía una túnica desgastada, y su vocación de servicio le ganaron el cariño de todos.
 
El 6 de enero del 482, tuvo una premonición sobre su propia muerte, así que mandó a llamar a las autoridades civiles de la ciudad de Nórico (provincia del Imperio donde vivía) para pedirles que respeten los derechos de los demás si querían tener la bendición de Dios. “Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar en todo lo posible a los monasterios y a los templos", pidió el santo.
 
Severino murió el 8 de enero del 482 tras repetir las palabras del Salmo 150: "Todo ser que tiene vida, alabe al Señor". Seis años después, su tumba fue abierta y se encontró su cuerpo incorrupto. Al levantarle los párpados los que realizaban la exhumación vieron que sus ojos azules brillaban como cuando estaba vivo. Sus reliquias se encuentran hoy en Nápoles (Italia).(ACI Prensa)

07 mayo, 2026

Beata Sor María de San José, primera beata de Venezuela

 

07 de mayo
Beata Sor María de San José
primera beata de Venezuela
 
Hoy celebramos a la primera beata nacida en Venezuela, Sor María de San José. Ella fue una dedicada religiosa, cofundadora de la Congregación de las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús y su primera superiora general.
 
Las Hermanas Agustinas Recoletas se dedican al cuidado de adultos mayores en estado de abandono, personas sin recursos económicos, niños de la calle y enfermos en general; para el cumplimiento de su tarea cuentan con albergues y hospitales.
 
Laura Alvarado Cardozo, conocida como la Madre María de San José, o, simplemente, la Madre María, nació el 25 de abril de 1875 en el pueblo de Choroní (Venezuela). Fue bautizada en octubre de ese mismo año recibiendo el nombre de Laura Evangelista.
 
Consagrada a amar y servir
 
Cuando tenía 5 años toda la familia se mudó a la ciudad de Maracay, capital del estado de Aragua, en la región central del país. El 8 de diciembre de 1888, día de la Inmaculada Concepción, Laura hizo la Primera Comunión y prometió al Señor, de forma privada, que se mantendría virgen a perpetuidad. En ese momento tenía solo 13 años.
 
Unos años más tarde, a los 18, Laura empezó a ser la encargada de la preparación para la Primera Comunión en su parroquia. Era 1893 y la joven, con la compañía espiritual del sacerdote y párroco de Maracay, P. Justo Vicente López Aveledo, se convirtió en cofundadora de la Sociedad de las Hijas de María. Laura integraba el grupo inicial de voluntarias y hace sus primeros votos a los 22 años. Por ese entonces, el P. López inaugura el primer hospital de la ciudad, el Hospital San José, donde la beata se dedica al cuidado de los enfermos. A punto de cumplir los 24 años, en 1899, Laura recibe del P. López un encargo importantísimo: ser la directora y administradora del Hospital San José.
 
Los frutos de la caridad y la oración
 
Para 1901 el P. Vicente López, con la mente puesta en el crecimiento de esta obra que Dios había suscitado, funda la congregación de las ‘Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús’, Orden aprobada por San Pio X, a la que Laura se integra el 22 de enero de 1901. La joven se consagra como hermana hospitalaria agustina y adopta el nombre de ‘Sor María de San José’. Dos años más tarde, en 1903, la ‘Madre Laura’ se convertía en la primera superiora de la congregación.
 
En los años sucesivos, las agustinas recoletas se dedican con esfuerzo y tenacidad a trabajar por y con los más débiles. Se fundan asilos, orfanatos, casas maternas, hospitales y colegios. Y como si esto fuera poco, las hermanas agustinas recoletas llegaron a abrir hasta 35 casas a lo largo y ancho del territorio venezolano.
 
La Madre María se ocuparía de servir a su comunidad religiosa y sus obras apostólicas por muchos años, viviendo y trasladándose por distintas partes de Venezuela como Maracaibo, Caracas, Coro, Ciudad Bolívar, la mayoría de las veces laborando como directora en centros de salud u hospitales, pero siempre en contacto directo con los que sufren.
 
A la etapa inmediatamente posterior a la fundación de la Orden pertenece la creación del Instituto Agustiniano Casa Hogar ‘Doctor Gualdrón’, a la que seguiría la fundación de la que sería la Unidad Educativa (U.E.) Instituto ‘Madre María’ en 1945. Tras la muerte de la Madre, dicho Instituto fue cedido a la Arquidiócesis de Barquisimeto.
 
La Madre María de San José falleció el 2 de abril de 1967 en su querida Maracay. Sus restos reposan en la Capilla de las Hermanas Agustinas de la Casa Hogar ‘Inmaculada Concepción’ de su ciudad, donde la Madre vivió la mayor parte de su vida.
 
Una profecía y el milagro
 
En 1982 ocurrió el milagro por el que la Madre María sería beatificada. Se trata de la curación de la Hermana Teresa Silva, quien había quedado inválida a causa de una penosa enfermedad. La Madre le había profetizado su curación años antes de morir.
 
El 7 de mayo de 1995, el Papa San Juan Pablo II proclamó ‘beata’ a la Madre María. En la ceremonia de beatificación, el Santo Padre dijo: "La Madre María es una mujer que supo fundir de manera admirable oración y acción (...) consumándose en un amor ilimitado hacia Dios y en la práctica de la más genuina caridad hacia el prójimo".(ACI Prensa).

06 mayo, 2026

Santo Domingo Savio, Discípulo de San Juan Bosco

 Puede ser una imagen de texto que dice "Santo Domingo Savio Patrono de las embarazadas 6 de mayo aciprensa.com"

06 de abril
Santo Domingo Savio
Discípulo de San Juan Bosco
 
Cada 6 de mayo la Iglesia Católica celebra a Santo Domingo Savio (Domenico Savio) (1842-1857), el pequeño discípulo de San Juan Bosco en el Oratorio de San Francisco de Sales.
 
Domingo, dada su madurez espiritual, se hizo santo precozmente; el único que, sin haber padecido el martirio, ha llegado a los altares con sólo catorce años.
 
¡Quién no quiere ser feliz!
 
“¡Quiero ser santo!”, exclamaba Domingo cada vez que se le presentaba una buena oportunidad para esforzarse. Esta era su alegre forma de dirigirse a Dios, ofreciéndole amorosamente cada instante de su vida.
 
Este jovencito italiano es el santo patrono de los niños que integran los coros de las iglesias, y de todos aquellos que participan en el ministerio de la música. También lo es de las embarazadas, en virtud a un encargo recibido de la Virgen María y que cumplió con el patrocinio de su preceptor, San Juan Bosco.
 
El Oratorio de San Francisco de Sales y la Compañía de María
 
Domingo Savio nació en San Giovanni da Riva, Piamonte (Italia), en 1842. Desde muy pequeño se sintió llamado al sacerdocio y, apenas conoció a Don Bosco, en octubre de 1854, le pidió ingresar al Oratorio de San Francisco de Sales en Turín.
 
Allí organizó un grupo de amigos devotos llamado la “Compañía de la Inmaculada”, para la que escribió un “reglamento” que San Juan Bosco aprobaría haciéndole mínimas modificaciones.
Junto a sus compañeros de la ‘Compañía’ frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres domésticos y cuidaba de los niños más difíciles. Era de los que mantenía siempre el espíritu alegre; un niño como cualquier otro, que le gustaba jugar y estudiar, pero que tenía una disposición interior única: quería hacerle las cosas fáciles a Jesús, evitando cualquier cosa que pudiera empañar la amistad que tenía con Él.
 
Don Bosco
 
El primer biógrafo de Santo Domingo Savio fue el propio San Juan Bosco. El fundador de los salesianos quería conservar por escrito la vida aleccionadora y llena de amor del pequeño Domingo. Impulsado por ese deseo, se animó a escribir una biografía del pequeño. Se dice que después de haberla concluido, la releía con cierta frecuencia. Y cada vez que lo hacía, las lágrimas terminaban rodando por sus mejillas.
 
En aquella Vita (biografía), intitulada Vida del jovencito Domingo Savio, alumno del Oratorio de San Francisco de Sales (1859), Don Bosco no solo relató aquellos pasajes de la vida de Domingo que revelaban su madurez para las cosas de Dios, sino también esos momentos en los que se gastaba bromas con los amigos o arrancaba sonrisas. Quedaron también plasmadas las imágenes que permanecerían para siempre en la memoria del sacerdote, como las varias ocasiones en las que vio a Domingo arrobado después de recibir la Eucaristía o hincado de rodillas rezando en la capilla.
 
En la Vita del Giovanetto Savio Domenico [Vida del jovencito Domingo Savio] se describe un episodio singular.
 
Cierto día, Don Bosco encontró a Domingo en el coro del templo. Dijo el santo: «Voy a ver, y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: “Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofenderos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar”». Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “Es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”».
 
Intercesor de las mujeres en estado de buena esperanza
 
Durante el proceso de investigación llevado a cabo para su canonización, la hermana de Domingo, Teresa, narró que cierta vez el pequeño santo se presentó ante Don Bosco y le pidió permiso para ir a casa de su familia. Don Bosco le preguntó el motivo y el joven le contestó: “Mi madre está muy delicada y la Virgen la quiere curar”.
 
Entonces, el sacerdote le preguntó quién le había hecho llegar tales noticias, a lo que Domingo contestó que nadie, pero que él lo sabía con certeza. Don Bosco, que ya conocía de los sorprendentes dones del chiquillo, le concedió el permiso y le dio dinero para el viaje.
 
El 12 de septiembre de 1856, cuando el muchacho llegó a ver a su madre en Mondonio, se percató de que estaba embarazada, pero que sufría de fuertes dolores. Domingo, acto seguido, la abrazó fuertemente, la besó y se sentó junto a ella para oírla. La madre le pidió que fuera inmediatamente con unos vecinos. Domingo, por supuesto, obedeció.
 
Al rato llegó el doctor y después de examinarla vio que la mujer estaba repuesta y lucía sana. Mientras el médico y algunas vecinas preparaban todo para que la madre diera a luz, quedó al descubierto alrededor del cuello de la mujer una cinta verde que estaba unida a una seda doblada y cosida como un escapulario. Era el presente que Domingo le había dado como signo de que la Virgen sería su compañía. Sin mayores contratiempos, ese día nació su hermana Catalina.
 
Después, Domingo le pediría a su madre que conservara el escapulario y que lo prestase a las mujeres del pueblo cada vez que lo necesitaran. Así se hizo; y muchas de ellas obtuvieron gracias particulares por haber tenido puesto el escapulario de la Virgen.
 
“Prefiero morir antes que pecar” (Domingo Savio)
 
No pasaron muchos días hasta que Domingo Savio emprendió el retorno hacia el oratorio salesiano. Lamentablemente, no permanecería allí por mucho tiempo más. Su salud se resquebrajó al punto que los médicos se convencieron de que no sobreviviría. Aparentemente estaba desarrollando una pulmonía.
Savio tuvo que despedirse de Don Bosco y sus compañeros y volver a su casa en Mondonio. Antes de morir, con su último aliento, alcanzó a decir: “¡Qué cosa tan hermosa veo!”; ¡bendita visión del cielo!
Santo Domingo Savio partió a la Casa del Padre el 9 de marzo de 1857, a los catorce años de edad.(ACI Prensa). 
 

05 mayo, 2026

San Ángel, Mártir Carmelita

 

05 de mayo
San Ángel
Mártir Carmelita
 
Martirologio Romano: En Licata, de Sicilia, en Italia, santo Ángel, presbítero, carmelita y mártir. (1225)
Etimológicamente: Ángel = Aquel que es portador de un mensaje, es de origen griego.
Nació en Jerusalén, en el seno de una familia de judíos conversos.
 
A la temprana muerte de su hermano gemelo, San Ángel decide ingresar a la Orden Carmelita, y es admitido en el monasterio en el Monte Carmelo, en Palestina.
 
En el siglo trece, los Carmelitas pasaron de ser una orden contemplativa a ser una orden de mendicantes; recordemos que era el siglo de la revolución espiritual de San Francisco de Asís y de Santo Domingo de Guzmán.
 
San Ángel es enviado eventualmente a Roma, para llevar un mensaje al papa Honorio III. A continuación recibe la encomienda de dirigirse a Sicilia, para ayudar a predicar contra la herejía de los cátaros, que habían tomado control de la isla.
 
Sin embargo, a poco de haber desembarcado en Sicilia, San Ángel fue asesinado a traición con cinco puñaladas por la espalda, ordenadas por el líder de los herejes. En el sitio donde murió se edificó una iglesia, y su sepulcro se convirtió muy pronto en sitio de peregrinación.
 
La Orden Carmelita venera a San Ángel como santo por lo menos desde 1456. En 1459, el papa Pío II aprobó su culto.(Catholic.net).

04 mayo, 2026

Beata Sandra Sabattini "El Ángel de la Caridad”

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4 de mayo
Beata Sandra Sabattini
"El Ángel de la Caridad”
 
Cada 4 de mayo se conmemora a la Beata Sandra Sabattini, universitaria italiana que perteneció a la Comunidad Papa Juan XXIII y que fuera beatificada en octubre del año 2021, en una ceremonia presidida por el entonces prefecto de la Congregación (hoy Dicasterio) para las Causas de los Santos, Cardenal Marcello Semeraro.
 
El Cardenal Semeraro llamó a Sabattini ‘artista de la caridad’. Y es que eso fue Sandra: una chica con un ingenio y una creatividad muy especiales, condiciones que puso al servicio de quienes llamaba ‘los últimos’: los pobres y vulnerables, aquellos que son en realidad “primeros” para Dios.
 
Una familia católica como cualquier otra
 
Sandra Sabattini nació el 19 de agosto de 1961 en Riccione, Rimini (Italia), siendo la primera de dos hijos del matrimonio de don Giuseppe Sabattini y doña Agnese Bonini, ambos piadosos católicos. Hoy, su hermano, Raffaele Sabattini, trabaja como médico en el Hospital Ceccarini en Riccione.
 
Sandra vivió sus primeros años en la casa parroquial de San Girolamo donde su tío, que era el párroco, había acogido a su familia después de que esta se mudara desde el Misano Adriatico.
 
Dios no abandona a nadie
 
En 1972, la pequeña Sandra empezó a escribir un diario espiritual, donde plasmaba sus pensamientos inspirados en el amor a Dios, que iba creciendo rápidamente en su interior. Al año siguiente conoció al Siervo de Dios Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII, en una de las reuniones organizadas por su tío en la parroquia.
 
En el verano de 1974, animada por la Comunidad, participó en un programa de ayuda a personas discapacitadas. Aquella experiencia la transformó, la llenó de entusiasmo y la llevó a exclamar esas palabras inspiradas que hoy la identifican: “Nos hemos roto los huesos, pero son personas a las que nunca abandonaré”.
 
Aquellas no fueron palabras que se las llevó el viento. Hacia 1980, la joven empezó sus estudios en la facultad de medicina de la Universidad de Bolonia; ella quería hacer de su profesión un canal por el que pudiese llegar el amor de Dios a los abandonados.
 
Luego vendrían dos veranos más (1982-1983) en los que Sandra estuvo comprometida con su Comunidad en la asistencia y acompañamiento a personas con adicciones a las drogas. Fueron días en los que se levantaba de madrugada para orar frente al Santísimo Sacramento y luego asistir a la Eucaristía. Su espíritu juvenil la llevó también a participar de un coro y a aprender algo de piano.
 
Una novia en el cielo
 
Con 20 años, en medio de las fiestas de carnaval, conoció a Guido Rossi, quien poco después sería su novio. La amistad entre ambos y el amor a Cristo que compartían llenaron de sueños sus corazones: planeaban casarse, formar una familia santa y embarcarse en la aventura de las misiones médicas en África.
 
Lamentablemente esos sueños no se concretaron. El 29 de abril de 1984, Sandra Sabatinni sufrió un grave accidente automovilístico: en el momento preciso en el que descendía del auto en el que estaba fue embestida por un vehículo que venía en sentido contrario; Sandra se disponía a asistir a un encuentro de la Comunidad Papa Juan XXIII. Esa mañana la acompañaban Guido, su novio, y Elio, uno de sus amigos, que también resultó herido. Sandra quedó en coma y murió unos días después, el 2 de mayo, a los 22 años.
 
Cada minuto cuenta para amar
 
La Beata Sandra Sabatinni ha sido definida como ‘santa de lo cotidiano’. No hubo “grandes acontecimientos” que hayan rodeado su vida, a no ser que la grandeza se mida por el amor entregado. En una oración escrita en 1982, la beata escribió: "Señor, haz que cada acción mía esté determinada por el hecho de querer el bien de los jóvenes, cada minuto es una ocasión de amor que hay que aprovechar". Su biógrafa, Laila Lucci, destacó ese aspecto de Sandra en su extensa obra intitulada La santa de al lado; donde subraya que lo extraordinario está en hacer de la propia vida algo lleno de sentido, porque a cada instante se puede amar y amar.
 
El 6 de marzo de 2018, el Papa Francisco aprobó el decreto que reconoció las virtudes heroicas de Sandra Sabattini. El 24 octubre de 2021 se celebró la ceremonia de beatificación. Ese día se realizó la procesión de una reliquia de la nueva beata, llevada al altar por Stefano Vitali, expresidente de la Comunidad de Rimini, curado milagrosamente de una grave enfermedad por intercesión de Sabattini. La reliquia fue un poco de cabello guardado por quien fuera su novio, Guido, colocado en una cajita de dulces que la propia Sandra alguna vez decoró.(ACI Prensa).