31 enero, 2026

San Juan Bosco, Patrono de la Juventud y Fundador de la Familia Salesiana

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 ¡Oh!, San Juan Bosco; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, y su amado santo. Dotado estabais de
magnífica voz y de oído finísimo, cantabais y tocabais
armonio, piano y violín. Además, poseíais una memoria
e inteligencia prodigiosas y dominabais la teología
y la filosofía maravillosamente. Las literaturas griega,
italiana, latina y hebrea las conocíais y las hablabais
además del francés y el alemán. De todo ello, os proveyó
Dios, para cumplir la misión que os asignó Jesús, desde
vuestro primer sueño, y, que vos, cumplisteis al pie
de la letra con todo, primero, fundando la “Sociedad
de la Alegría”, los llamados “oratorios festivos” y los
“diarios”. Para atraer a los jóvenes, al catecismo,
os hicisteis hábil titiritero, atleta e ilusionista.
Un cierto día leíste en el mismo cielo: “Hic domus mea;
inde Gloria mea”: “aquí mi casa; de aquí saldrá mi
gloria”. Y, así, fue. Edificasteis una casa y una
capillita, y luego una Iglesia que dedicasteis a San
Francisco de Sales, a quien vos, mucho admirabais. Más
tarde, la congregación de los “Salesianos”, siempre en
honor a vuestro amado santo y la de las “Hijas de María
Auxiliadora” fundasteis, construyendo un santuario a
Nuestra Señora. Incursionasteis en la literatura, la
prensa, la música y la imprenta. Leíais las conciencias,
predecíais el futuro, curabais toda clase de enfermedades
y resucitabais muertos. Sois también, sin duda alguna
“uno de los hombres que más han trabajado en el mundo”,
y, “uno de los que más han amado a los niños”, dejando
para aquellos y nosotros “el trabajo y la piedad” como
lema. Entregasteis vuestra alma al Padre, para, coronada
ser, con corona de luz, como justo premio a vuestro
desgaste de «amor y fidelidad». Patrono santo del cine,
de las escuelas de artes y oficios, de los ilusionistas
como vos mismo fuisteis. ¡Santo de la juventud! ¡Santo
de los obreros! ¡Santo de la alegría! ¡Santo de Nuestra
Señora María Auxiliadora! ¡Santo de todos los niños!
¡oh!, San Juan Bosco; “vivo amor por el Dios de la Vida”.

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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31 de Enero
San Juan Bosco
Fundador
(† 1888)

Como dice Pío XI en la bula de canonización, muy difícil es bosquejar en pocas líneas esta figura gigantesca. Nació en Becchi (Casteinovo de Asti – Italia), el 16 de agosto de 1815, y el mismo día fue regenerado con el agua bautismal. A los dos años quedó huérfano de padre, que se llamaba Francisco. Afortunadamente su madre, Margarita Occhiena, inteligente y santa mujer, supo educar a sus dos hijos José y Juan y al hijastro Antonio como mejor no se podía pedir. Modelo de madres, su vida merece ser conocida, difundida e imitada.

Desde la más tierna infancia Juan manifestaba gran despejo de inteligencia, apego a su propio juicio, tenacidad en sus propósitos, tendencia al dominio sobre los demás, ternura de corazón, desprendimiento y generosidad. Margarita supo cultivar lo bueno y cercenar lo malo de todas estas inclinaciones. Ante todo, fomentó en sus hijos la piedad, una piedad varonil y profundamente sentida, franca y abiertamente practicada. “Dios nos ve; Dios está en todas partes; Dios es nuestro Padre, nuestro Redentor y nuestro Juez, que de todo nos tomará cuenta, que castigará a los que desobedecen sus leyes y mandatos y premiará con largueza infinita a los que le aman y obedecen. Debemos acostumbrarnos a vivir siempre en la presencia de Dios, puesto que Él está presente en todo”.

Les enseñó a amar e invocar a la Virgen Santísima y al ángel de la guarda, y a apreciar debidamente el tesoro del tiempo.

Pronto se desarrolló en Juanito la sagrada fiebre del apostolado. Ya a los siete años reunía a sus compañeros para enseñarles a rezar, repetirles lo que ola en las pláticas y lo que su santa madre le enseñaba, pacificarlos en sus riñas y disensiones, corregirlos cuando hablaban o procedían mal, jugar con ellos y entretenerlos “para ayudarlos a hacerse buenos”.

Juan Bosco es uno de los hombres que más han “soñado”, es decir, que Dios le manifestaba en sueños su voluntad y le decía muchas cosas, como a José, el hijo de Jacob, que precisamente por sus sueños llegó a ser virrey de Egipto; como al profeta Daniel; como al mismo patriarca San José. A los nueve años tuvo el primero de sus “grandes sueños”. Bajo la alegoría de una turba de animales feroces que se truecan en corderos y algunos en pastores, se le indica su misión en el mundo: educar la juventud, trocar, mediante la instrucción religiosa, cívica, intelectual y moral, a los díscolos en buenos y perfeccionar a los buenos. Es el mismo Jesús quien se la asigna, y para que pueda desempeñarla, le da por madre y maestra a la Virgen Auxiliadora. Para cumplirla, desea hacerse sacerdote.

Pero ¡cuántas dificultades le salen al paso!: pobreza, oposición de su hermanastro, burlas, muerte de su principal bienhechor… Mas de todas triunfa con la constancia y la confianza en Dios.

Aunque deseara ardientemente hacer la primera comunión, sólo a los diez años – y eso tan sólo en atención a su gran preparación – se le concede. En esa ocasión hizo propósitos que fueron norma de toda su vida.

Antes de poder estudiar regularmente, y durante sus primeros estudios, para ayudar a pagarse la pensión tuvo que servir como mozo en granjas y en cafés, trabajar de sastre, de zapatero, de carpintero y herrero, de repostero y sacristán, como que tenía que fundar y dirigir prácticamente escuelas profesionales y agrícolas. En todas partes seguía ejerciendo el apostolado. Entre sus compañeros fundó la “Sociedad de la Alegría” y una especie de academia artístico – literaria, Y para atraer a los catecismos a chicos y mayores se hizo hábil titiritero, atleta e ilusionista. Dotado de una magnífica voz y de un oído finísimo, cantaba y tocaba armonio, piano, violín y algunos otros instrumentos. Poseyendo una memoria prodigiosa y una inteligencia comprensiva, además de las asignaturas de los cursos filosóficos y teológicos, estudió a fondo las literaturas italiana, griega, latina y hebrea, y llegó a hablar el francés y el alemán lo suficiente para entender y hacerse entender. Todo esto era una providencial preparación para cumplir debidamente la misión asignada por Jesús, desde el primer sueño. Estos seguían jalonando su vida, a medida que se iba acercando el tiempo de ponerla en ejecución.

Mientras estudiaba el segundo año de teología hizo pacto con su compañero Luis Comollo de que el primero que muriera vendría, permitiéndolo Dios, a darle al otro noticia de la otra vida. Murió Comollo y la misma noche se presentó en el dormitorio con tremendo aparato, para decir al amigo, oyéndolo todos, que estaba salvo. De la impresión muchos enfermaron, entre ellos el mismo Juan, quien dice en sus memorias que “esos pactos no se deben hacer, porque la pobre naturaleza no puede resistir impunemente esas manifestaciones sobrenaturales”.

Ordenado sacerdote en 1841, por consejo de su director San José Cafasso, siguió en el Convictorio Eclesiástico de Turín los tres cursos de perfeccionamiento de la teología moral y pastoral, y al mismo tiempo estudiaba las condiciones sociales de la ciudad, del campo y del tiempo en que vivía. Ejerciendo el ministerio en cárceles y hospitales, y reparando en lo, que sucedía en las calles y plazas, en los talleres industriales y en las construcciones, le llamó la atención el número enorme de chicos que, abandonados de los padres, o huérfanos, vagabundeaban, con evidente peligro de perversión y constituyendo una amenaza social: y decidió remediarlo en cuanto pudiera. Así concibió la idea de los “oratorios festivos” y diarios. Pronto la Providencia le deparó la ocasión de empezar.

En la iglesia de San Francisco de Asís – el santo del amor universal – estaba revistiéndose para celebrar la santa misa, cuando entró, curioseando, un chico de quince años, albañil de oficio, y pueblerino. El sacristán le dijo que ayudara la misa y como no sabia, lo riñó y golpeó. Don Bosco tomó su defensa y, terminada la misa, se entretuvo consolándolo y haciéndole las preguntas que convenían a su intento. Ignoraba hasta el padrenuestro y el avemaría, lo invitó a arrodillarse con el ante un cuadro de la Virgen, y rezaron con inmenso fervor el avemaría. Y, acto seguido, le dio la primera clase de catecismo. Le invitó para el domingo siguiente. Y el chico cumplió, trayendo otros compañeros. La obra de los oratorios festivos habla nacido y con ella toda la grandiosa obra salesiana. Aquella oración a la Virgen le dio gracia y fecundidad.

Al salir del Convictorio se le ofrecieron halagadores empleos en la diócesis. Mas como no sentía atractivo hacia ninguno de ellos, consultó con su santo director San José Cafasso. Este le consiguió la dirección del “refugio”, obra para niñas, de la piadosa marquesa Julieta Colber de Barolo y allí, a su vera, pudo desarrollar su Oratorio. Como éste crecía sin cesar y a la señora marquesa le molestaba la algazara de los chicos, lo puso en opción o de abandonar a los chicos o de, dejar el refugio. Dejó el refugio. Y… se encontró en la calle, con una grande obra entre manos, sin un céntimo, por añadidura. En sueños, la Virgen le conforto, Y algunos medios le vinieron. El Oratorio tuvo una vida trashumante: una plaza, un cementerio abandonado, unos prados. Pero hasta de éstos tuvo que emigrar. Fue la única vez que sus chicos le vieron triste y llorar. Mientras paseaba lleno de amargura por un extremo del prado, llama su atención hacia otro prado vecino un resplandor: ve una grande iglesia y alrededor de su cúpula este letrero de luz y oro: Hic domus mea; inde gloria mea: (“aquí mi casa; de aquí saldrá mi gloria”). Por la noche, otro sueño más detallado le dejó entrever el porvenir y hasta la fundación de una nueva congregación religiosa adaptada a las necesidades de los nuevos tiempos.

Pudo comprar el prado. Su dueño, el señor Pinardi, le dio facilidades. La providencia le mandó bienhechores y cooperadores. Edificó una casa y una capillita.

Pero aún estaba solo. Propuso a su madre fuera a acompañarlo. Y aquella santa mujer, que aun en su pobreza vivía como una reina con su hijo José y sus nietecitos, lo abandonó todo, y fuese a Turín a compartir con su hijo sacerdote la pobreza y las penalidades, pero también la gloria y las satisfacciones de un apostolado original y fecundísimo. Diez años vivió allí, siendo la madre de tantos huérfanos, viendo la proliferación de aquella obra que se consolidó en unas escuelas de externos e internos y dio origen a varios otros oratorios base de nuevas obras, hasta el 25 de noviembre de 1856, día en que el Señor se la llevó para premiarle sus sacrificios y la caridad ejercidos por su amor. Algún tiempo después se apareció a Juan y le dejó entrever una ráfaga de las delicias del cielo.

El Santo levantó una iglesia para sus niños, dedicándola a San Francisco de Sales. Las visiones o sueños le daban a entender que debía fundar una congregación religiosa que, aplicando sus métodos, educara a las juventudes, especialmente a los obreros, y tratara de armonizar las clases sociales, y que los socios tendría que formárselos entresacándolos de los mismos niños que él educaba. Así nació la sociedad salesiana, cuyos primeros socios profesaron en 1859 y que fue definitivamente aprobada en 1868.

En 1865 puso la primera piedra del santuario de María Auxiliadora, y en 1867 la última. A fuerza de milagros la Virgen se había edificado su casa. El santuario – basílica es uno de los cuatro o cinco en que se manifiesta más claro y poderoso el influjo de la Virgen. Con el santuario nació la “Archicofradía de María Auxiliadora”.

En 1872 fundó la Congregación de las Hijas de María Auxiliadora, con reglas similares a las de los salesianos. También se fundó la Asociación de Antiguos Alumnos. En 1875 fue aprobada por la Santa Sede la “Pía Unión de los Cooperadores Salesianos” o Tercera Orden Salesiana. Por órgano le dio El Boletín Salesiano.

La actividad del Santo se desplegaba en todos los campos del apostolado católico. La prensa le debe multitud de publicaciones fijas y periódicas: hojas volantes, libros de texto y de. propaganda, colecciones de clásicos italianos, latinos, griegos, biblioteca de la juventud, biblioteca de dramas, comedias, cantos, romanzas, zarzuelas, música religiosa. Entre los talleres de sus escuelas profesionales nunca falta la imprenta. Hasta fundó una fábrica de papel, la primera que funcionó en Piamonte. Don Bosco es también un gran escritor. Presta a la Iglesia grandes servicios como diplomático oficioso.

Las dos congregaciones y la Tercera Orden crecieron fabulosamente. Tuvieron casas en todas partes. En 1875 inauguró las misiones, cuya primera expedición destinó a la evangelización de las tribus de la Patagonia y Tierra del Fuego, en Argentina y Chile.

“Lo sobrenatural se había hecho natural en él”, según frase de Pío XI. Leía en las conciencias, predecía el futuro, con la bendición de María Auxiliadora, toda clase de enfermedades, resucitó tres muertos. Sobre todo en sus últimos años, las multitudes lo seguían pidiéndole la bendición. Triunfales fueron sus visitas a París y Barcelona. En sus últimos años edificó la iglesia de San Juan Evangelista, en Turín, y la basílica del Sagrado Corazón, en Roma.

Aunque de fibra robustísima, el Señor le purificó con frecuentes enfermedades y molestias que no lograron debilitar su celo ni aminorar su espíritu de trabajo. En efecto, Don Bosco “es uno de los hombres que más han trabajado en el mundo”, como es “uno de los que más han amado a los niños”. Y dejó a los suyos el trabajo y la piedad como lema.

Murió en Turín el 31 de enero de 1888. San Pío X lo declaró venerable en 1907; Pío XI, que le había tratado personalmente, lo beatificó en 1929 y lo canonizó solemnemente el día de Pascua de Resurrección, 1 de abril de 1934. Es el patrono del cine, de las escuelas de artes y oficios, de los ilusionistas.

(http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/01/01-31_JUAN_BOSCO.htm)

30 enero, 2026

Santa Martina, Virgen y mártir

 SANTA MARTINA, Virgen y Mártir

  

¡Oh!, Santa Martina, vos, sois la hija del Dios
de la Vida, y su amada santa. San Urbano, Papa,
dijo de vos: “Martinae celebri plaudite nomini,
Cives Romulci, plaudite gloriae”. O sea, una
invitación para honraros a vos: en la santa vida
inmaculada, en la caridad ejemplar y vali
ente en el
testimonio que demostrasteis a Cristo, con vuestro
martirio increíble. Por ello y por mucho, honrada
sois, pues, con vuestra vida ejemplar, disteis
testimonio valiente de Jesús, Dios y Señor Nuestro.
Cuando os presentaron ante la estatua de Apolo,
en polvo la convertisteis y temblando la tierra,
muertos fueron todos sus sacerdotes. Y, luego con
el templo de Artemisa, lo mismo sucedió, pero,
vuestros verdugos, no cesaron nunca sus ultrajes,
y aún así, salisteis ilesa con la ayuda del Espíritu Santo.
Por ello quizás, de furia y rabia llenos decidieron
terminar con vos, cortándoos la cabeza, haciendo que
vuestra sangre regara las entrañas de la tierra, fertilizando
así, la santa Iglesia de Cristo, Dios Vivo y eterno. Tal vez,
pensaron aquellos impíos, que quitándoos la vida física,
también mataron vuestra alma, pero, como vos misma
sabéis, ella, voló rauda al cielo azul, para coronada ser
con corona de eterna de luz, como premio a vuestra grande
e increíble entrega de puro e incomparable amor y fe;
¡oh!, Santa Martina, “viva sierva del Dios Vivo y del Amor”.

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de Enero
Santa Martina
Virgen y mártir
(+ 226)

Ramillete espiritual: Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos. Mt. 5,16

La historia de esta joven santa comienza por su tumba, 1400 años después de su martirio; es decir, cuando en 1634 el activísimo Urbano VIII, empeñado en lo espiritual en la contrarreforma católica, y en lo material en la restauración de famosas iglesias romanas, descubrió las reliquias de la mártir, les propuso a los romanos la devoción a Santa Martina y fijó la celebración para el 30 de enero. El mismo compuso el elogio con el himno: “Martinae celebri plaudite nomini, Cives Romulci, plaudite gloriae”, que era una invitación a honrar a la santa en la vida inmaculada, en la caridad ejemplar y en el valiente testimonio que demostró a Cristo con su martirio.

¿Quién era en realidad Santa Martina, que resurge de improviso y con fuerza en la devoción popular, hasta el punto de ser considerada como una de las patronas de Roma, después de tantos siglos de olvido? Son pocas las noticias históricas. La más antigua es del siglo VI, cuando el Papa Onorio le dedicó una iglesia en Roma. Quinientos años después, al hacer excavaciones en esta iglesia, se encontraron efectivamente las tumbas de tres mártires. En el siglo VIII ya se celebraba la fiesta de la santa. No se sabe nada más, y por eso es necesario buscar noticias en una Passio legendaria. Según esta narración, Santa Martina era una diaconisa, hija de un noble romano. Debido a su abierta profesión de fe, la arrestaron y la llevaron al tribunal del emperador Alejandro Severo (222-235). Este príncipe semioriental, abierto a todas las curiosidades, hasta el punto de incluir a Cristo entre los dioses venerados en la familia imperial, fue muy tolerante con los cristianos y su gobierno marcó un fructuoso paréntesis de calma respecto de la Iglesia, que en ese tiempo logró una gran expansión misionera.

El autor de la Passio ignora todo esto, y hace más bien una lista de las atroces torturas con que el emperador martirizó a la santa. Cuenta que cuando Martina fue llevada ante la estatua de Apolo, la convirtió en pedazos y ocasionó un terremoto que destruyó el templo y mató a los sacerdotes del dios.

El prodigio se repitió con la estatua y el templo de Artemidas. Todo esto hubiera debido hacer pensar a sus perseguidores; pero no, se obstinaron más y sometieron a la jovencita a crueles tormentos, de los que salió siempre ilesa. Entonces resolvieron cortarle la cabeza con una espada, y su sangre corrió a fertilizar el terreno de la Iglesia romana.

(http://www.magnificat.ca/cal/esp/01-30.htm)

 

29 enero, 2026

Beato Bronislaw Markiewicz, Fundador de la Congregación de San Miguel Arcángel

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29 de enero
Beato Bronislaw Markiewicz
Fundador de la Congregación de San Miguel Arcángel 
 
Cada 29 de enero recordamos al Beato Bronislao (Bronislaw) Markiewicz, sacerdote polaco, fundador de la Congregación de San Miguel Arcángel (Congregatio Sancti Michaëlis Archangeli), vinculada a la familia salesiana, la Pía Sociedad de San Francisco de Sales.
 
La espiritualidad de la Congregación se resume en dos hermosos lemas: “¡Quién como Dios!” -el grito de San Miguel- y “¡Templanza y trabajo!”. Sus integrantes, inspirados en el testimonio y la enseñanza de San Juan Bosco, se dedican de manera especial a la recuperación y formación de la niñez y juventud abandonadas.
 
San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla
 
Bronislao Markiewicz nació el 13 de julio de 1842 en Galitzia, región del sur de Polonia. Fue el sexto de once hijos, todos integrantes de una devota familia de clase media baja.
 
Ingresó al Seminario Mayor de Przemysl en 1863, de donde egresaría cuatro años más tarde para ser ordenado sacerdote.
 
Markiewicz fue considerado siempre un hombre fuera de lo común, muy entregado al servicio apostólico, humilde, un buscador empedernido del consejo de quienes sirven a Dios fielmente. Fomentó la devoción a la Eucaristía y la piedad filial a la Virgen Santísima. De forma semejante alentó la devoción a San Miguel Arcángel, a quien eligió como su protector en la lucha diaria contra el mal. El P. Markiewicz consagró su sociedad al Arcángel San Miguel y lo nombró patrono de sus hijos espirituales.
 
Tras las huellas de San Juan Bosco
 
Luego de algunos años como vicario y párroco, el P. Markiewicz fue descubriendo un llamado particular a la vida religiosa. En noviembre de 1885 partió hacia Italia para formarse con los salesianos. Allí tuvo la oportunidad de conocer a Don Bosco, quien le tomaría los votos religiosos el 25 de marzo de 1887.
 
En 1892 regresó a Polonia como salesiano y fue nombrado párroco de Miejsce, Galitzia, donde se dio por entero al servicio de la juventud polaca pobre y abandonada. Algunas de las necesidades que más preocuparon al Beato Markiewicz fueron la protección y defensa de la fe y la moral cristianas, constantemente atacadas por la cultura secular.
 
El párroco había percibido con claridad la falta de formación entre los católicos y los numerosos peligros que afronta la fe en los tiempos modernos. Para responder con eficacia a estos retos, promovió la vivencia radical de la espiritualidad de Don Bosco. La fundación de la sociedad llamada “Templanza y trabajo” fue el fruto más evidente de este propósito.
 
Legado
 
El P. Bronislao Markiewicz falleció el 29 de enero de 1912, a los 69 años, en Miejsce Piastowe, Imperio austrohúngaro (Estado que duró de 1867-1918).
 
Nueve años después de su muerte, el 29 de enero de 1912, las ramas masculina y femenina de la Sociedad fueron reconocidas oficialmente por la Iglesia, dando origen a las dos congregaciones que hoy conocemos, consagradas bajo la protección de Miguel, Jefe de los Ejércitos Celestiales. A sus miembros se les conoce como “miguelinos”.
 
El Papa Benedicto XVI proclamó beato al padre Markiewicz el 19 de junio de 2005.(ACI Prensa).

28 enero, 2026

Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, patrono de los estudiantes, filósofo y teólogo

 

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¡Oh! Santo Tomás de Aquino, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo y, a quien Él, sabiduría
e inteligencia concedió, dones con los que, vos, os
adentrasteis en sus secretos. Vuestro pensar y vuestra
palabra en “Summa Teológica”, grabados quedaron
y ella sola, pilar es de Nuestra Santa Madre Iglesia
Católica. El “Pangelingua” y el “Tantumergo”, sublimes
himnos, que, en honor a la Fiesta del Cuerpo y Sangre
de Jesucristo compusisteis con viva fe y gran amor.
Vuestro tratado sobre el Ave María, el cúlmen es de
vuestro portento de fe. San Alberto Magno, de vos, dijo:
“Vosotros lo llamais el “buey mudo”. Pero, este “buey”
llenará un día con sus mugidos el mundo entero”. ¡Y, así
fue! Cuando Jesús, se os apareció, os dijo: “Tomás,
habéis hablado bien de Mi. ¿Qué queréis a cambio?”. Vos,
respondisteis: “Señor, lo único que quiero yo es amarte,
amarte mucho, y agradarte cada vez más”. Vuestros
compañeros de aquél tiempo, comentaron de vos así:
“La ciencia de Tomás es muy grande, pero su piedad es
más grande todavía. Pasa horas y horas rezando, y en
Misa, después de la elevación, parece que estuviera
en el Paraíso del cielo. Y hasta se le llena el rostro de
resplandores de vez en cuando mientras celebra la
Eucaristía”. Siempre en cuenta a Nuestra Señora teníais,
pues en el borde de vuestros cuadernos escribíais “Dios
te Salve María, martillo de los herejes”. Pocos meses
antes de morir tuvisteis una visión celestial y sobrenatural
que hizo que dejasteis de escribir, y, el hermano
Reginaldo os preguntó a acerca de la causa por la cual
ya no lo hacíais más y, respondisteis: “Es que,
comparando con lo que vi en aquella visión, lo que he
escrito es muy poca cosa”. Más tarde, el Santo Padre,
os envió al Concilio de Lyon, pero os sentisteis mal,
y os llevaron por última vez la Sagrada Comunión
y exclamasteis: “Ahora te recibo a Ti mi Jesús, que
pagaste con tu sangre el precio de la redención de
mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan
mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia
Católica, de quien me profeso hijo obediente”.
Y, así, voló vuestra alma al cielo, para corona de luz
recibir, como premio justo a vuestra entrega de amor.
Santo Patrono de la Educación y de las Escuelas Católicas;
¡Oh!, Santo Tomás de Aquino; “vivo mugido del Dios Vivo”.

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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27 de enero

Santo Tomás de Aquino
Doctor de la Iglesia, patrono de los estudiantes
Filósofo y teólogo 
 
Cada 28 de enero, la Iglesia celebra a Santo Tomás de Aquino, Doctor de la Iglesia, patrono de los estudiantes; insigne filósofo y teólogo, autor de la monumental Summa Theologiae (Suma teológica), el compendio de teología más sólido e influyente de toda la historia de la humanidad.
 
Santo Tomás ostenta varios títulos: “Doctor Angélico”, “Doctor Común” y “Doctor de la Humanidad”, sobrenombres que la tradición le ha impuesto y que reflejan la magnitud de su pensamiento y el impacto de su obra. Hoy, él sigue siendo referente obligado para quienes estudian filosofía y teología o han decidido navegar en esas aguas no siempre calmas.
 
El pensamiento de Tomás, movido por un auténtico amor a la Verdad, se caracteriza por su espíritu acucioso y penetrante. Como resultado, su obra sienta las bases de lo que hoy entendemos como ‘ciencia teológica’ o ‘teología sistemática’, marcando para siempre el derrotero que seguiría el diálogo -o intercambio- entre fe y razón, el creer y el saber, entre la teología y la filosofía.
 
Amigo de la Verdad
 
Santo Tomás de Aquino nació en Roccasecca, localidad cercana a Aquino, Nápoles, en el año 1225. Realizó sus primeros estudios con los monjes del monasterio benedictino de Montecassino, ubicado cerca del castillo perteneciente a sus padres. El siguiente paso lo condujo a la Universidad de Nápoles, donde destacó por su inteligencia y agudeza.
 
Al entrar en contacto con la naciente Orden de Predicadores (dominicos), Tomás quiere vincularse a esta; sin embargo, encuentra una férrea oposición por parte de su familia. Sus padres no estaban de acuerdo con que el brillante joven formara parte de una Orden mendicante, en ese entonces carente de “prestigio”.
 
Entonces, Tomás huye rumbo a Alemania, pero será interceptado en el camino y apresado por sus propios hermanos, quienes lo llevan de regreso a Roccasecca y lo encierran en el castillo familiar. Allí, el futuro teólogo permanece prisionero, encerrado por dos años, durante los cuales se aboca al estudio de la Sagrada Escritura, la filosofía y la teología.
 
Susc hermanos, al ver que Tomás no desistía del propósito de ser religioso, hacen ingresar a una prostituta a su celda con el objetivo de quebrar su voluntad. El santo, sin embargo, se resistió a ser seducido y expulsó a la mujer con un tizón encendido en la mano.
 
Liberado finalmente de su encierro, Tomás se trasladó a Colonia (Alemania) donde conoció a San Alberto Magno y se unió al grupo de sus discípulos.
 
Sus compañeros habrían de tomarlo por tonto al verlo robusto y al mismo tiempo callado y tímido. Lo apodaron “el buey mudo” para burlarse de él. Cierto día, un compañero le pidió a Tomás sus apuntes, los que sinuosamente fueron a parar a manos de San Alberto, con el propósito de que éste quizás dejara mal parado al discípulo. Para sorpresa de todos, el maestro, después de revisar las notas comentó: "Ustedes lo llaman ‘el buey mudo’, pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero".
 
A la par de su inteligencia, destacaba en Tomás su corazón lleno de devoción. El jovencito solía pasar mucho tiempo en oración y recogimiento expresando su gran amor a la Eucaristía.
El buen Tomás se graduó como doctor de teología en la Universidad de París y a sus cortos 27 años se convirtió en maestro.
 
Siervo y maestro
 
Dedicado al estudio y la enseñanza, Tomás pensó en la necesidad de contar con una obra sistemática en la que se desarrollen y aclaren de manera didáctica los principales temas en torno a Dios y su conocimiento. Esto lo animó a elaborar un compendio general -por demás detallado en términos argumentativos- al que se denominó Suma teológica, su obra de mayor envergadura.
 
La Suma está compuesta de 14 tomos, en los que concurren el saber filosófico y científico de su tiempo -con una marcada influencia de grandes filósofos griegos como Aristóteles- con el saber proveniente de la revelación y la tradición. Esta obra se convertiría, siglos más tarde, en uno de los principales textos consultados durante el Concilio de Trento, e iniciaría por sí misma una explosión de comentarios, profundizaciones, desarrollos y reflexiones que no se detienen hasta hoy.
 
El pensamiento de Santo Tomás de Aquino, por eso, es considerado como la cúspide o pináculo del ‘escolasticismo’ -el movimiento cultural al que perteneció Tomás- y probablemente de toda la doctrina cristiana.
 
Razón y fe
 
Pieza clave del desarrollo de la Suma teológica son las “5 vías para demostrar la existencia de Dios” (clasificadas como pruebas a posteriori), en las que Santo Tomás argumenta en favor de la razón como facultad capaz de afirmar, con plena seguridad, que Dios existe; y que es posible conocerlo, al menos incipientemente, de manera racional (capítulo de la filosofía que recibe el nombre de Teología natural o Teodicea) a partir de la naturaleza como efecto o creación.
 
Siendo que Dios existe como causa o principio de todo lo que es, afirmar su existencia no es ni una locura, ni solo cuestión de fe. Dios se hace accesible al conocimiento racional para bien del hombre, tendiendo un puente -o poniendo las bases, si se quiere- para que la fe corone y plenifique dicho conocimiento. Esto es, la fe y la razón se hacen complementarias y recíprocas, se reconocen distintas ciertamente, pero no se excluyen ni se repudian.
 
Enamorado de Cristo
 
Santo Tomás de Aquino suele ser reconocido por su grandeza intelectual, pero no siempre por su alma piadosa y cordial. No es muy frecuente -y debería serlo- que se recuerde que él fue quien compuso los himnos eucarísticos “Pange Lingua” y “Tantum ergo”, así como otros excelsos cantos incorporados a la tradición litúrgica. Ambos himnos se hicieron por encargo del Papa para la fiesta del Corpus Christi. Asimismo, generalmente se olvida que su devoción a la Virgen María fue tal, que en sus cuadernos escribía siempre “Dios te salve María” y a Ella dedicó un tratado sobre la oración del Avemaría.
 
Cierta tradición sostiene que Jesucristo se le apareció y le dijo: “Tomás, has hablado bien de mí. ¿Qué quieres a cambio?". A lo que Santo Tomás respondió: "Señor: lo único que yo quiero es amarte, amarte mucho, y agradarte cada vez más".
 
Al final de sus días fue enviado por el Papa Gregorio X al Concilio de Lyon, pero enfermó en el camino. Fue recibido en el monasterio cisterciense de Fosanova donde permaneció hasta su muerte. Agonizante, recibió la Eucaristía y pronunció estas palabras: "Ahora te recibo a Ti, mi Jesús, que pagaste con tu sangre el precio de la redención de mi alma. Todas las enseñanzas que escribí manifiestan mi fe en Jesucristo y mi amor por la Santa Iglesia Católica, de quien me profeso hijo obediente".
 
Santo Tomás de Aquino partió a la Casa del Padre el 7 de marzo de 1274 a los 49 años. Su cuerpo fue llevado a la Catedral de Toulouse el 28 de enero del año siguiente. Fue declarado Doctor de la Iglesia en 1567.(ACI Prensa).

26 enero, 2026

Santos Timoteo y Tito, Obispos y Discípulos de San Pablo

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¡Oh!, Santos Timoteo y Tito, obispos, vosotros, sois
los hijos del Dios de la Vida, sus amados santos
y discípulos del Apóstol San Pablo, a quien ayudasteis
presidiendo las Iglesias de Éfeso y de Creta. Timoteo,
tal y conforme significa vuestro nombre: “Aquel que
siente amor o adoración a Dios” y Tito: “Aquel que
es protegido y honrado”, ambos hicisteis grande honor
a vuestros nombres. Vos, Timoteo, sois la imagen del
discípulo ejemplar: obediente, discreto y valiente,
y por estas cualidades Pablo, quiso que fuerais su
compañero de apostolado en vez de Juan Marcos,
durante el segundo viaje. Os encontró en Listra,
en su primer viaje, y así, fuisteis de los primeros
convertidos al Evangelio. Desde entonces acompañasteis
a Pablo, cual viajero incansable del «Apóstol de los
gentiles», llevando cartas y noticias dándole, respecto
de los mismos. Presente estuvisteis en el martirio
de vuestro maestro Pablo, regresando después a Éfeso,
para entregar vuestra santa vida como mártir. Y, vos,
Tito, el otro maravillosos amigo y fiel colaborador
de Pablo, convertido y bautizado por el mismo apóstol.
Os trató afablemente como hijo suyo, y con vos, hizo
otro viaje misionero, y fuisteis vos, quien llevó la “carta
de las lágrimas” de Pablo a los fieles de Corinto,
restableciendo la armonía y organizando la limosna
para los pobres de Jerusalén. Luego del cautiverio
de Roma, Pablo, os dejó, con la misión de organizar la
primera comunidad cristiana. Aquí, recibisteis la carta
de Pablo, luego fuisteis a Roma y allí, os mandó a
evangelizar a Dalmacia, en donde aún, está difundido
vuestro culto. Finalmente, vos, entregasteis vuestra
alma al cielo, después de haberos inmolado por Dios.
¡Timoteo y Tito!, santos obispos, vosotros, gastasteis
vuestras vidas en buena lid, para coronadas ser hoy, con
coronas de luz eterna, como justo premio a vuestro amor y fe;
¡oh! Timoteo y Tito, “vivos y fieles amigos de Pablo y Cristo”.

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado


26 de Eenro
Santos Timoteo y Tito
Obispos y Discípulos de San Pablo

Fuente: Archidiócesis de Madrid

Martirologio Romano: Memoria de los santos Timoteo y Tito, obispos y discípulos del apóstol san Pablo, que le ayudaron en su ministerio y presidieron las Iglesias de Éfeso y de Creta, respectivamente. Les fueron dirigidas cartas por su maestro que contienen sabias advertencias para los pastores, en vista de la formación de los fieles (s. I).

Etimología: Timoteo = Aquel que siente amor o adoración a Dios, es de origen griego.
Etimología: Tito = Aquel que es protegido y honrado, es de origen latino.

Breve Biografía

San Pablo nombró obispos a Timoteo y Tito, sus discípulos y colaboradores.

Los Santos Timoteo y Tito vivieron en la órbita del grande apóstol de las Gentes, y el nuevo calendario los coloca después de la fiesta de la “conversión” de San Pablo.

Timoteo es la imagen del discípulo ejemplar: obediente, discreto, eficaz, valiente. Por estas cualidades Pablo quiso que fuera su compañero de apostolado, en vez de Juan Marcos, durante el segundo viaje misionero en el año 50.

Había nacido en Listra, en donde Pablo lo encontró durante el primer viaje, y fue de los primeros convertidos al Evangelio; había sido educado en la religión hebrea por la abuela Loida y por la madre Eunice. Desde su encuentro con Pablo, siguió su itinerario apostólico; lo acompaña a Filipos y a Tesalónica.

Después los encontramos juntos en Atenas, en Corinto, en Éfeso y finalmente en Roma durante el primer cautiverio de Pablo. Fue un infatigable “viajero enviado” por el apóstol de las Gentes, y mantuvo los contactos entre Pablo y las jóvenes comunidades cristianas fundadas por él.

A menudo le llevaba las cartas y le daba noticias respecto de las mismas comunidades. Entre el 63 y el 66, cuando recibió la primera carta que le envió Pablo, Timoteo era el jefe de la Iglesia de Éfeso. Desde Roma Pablo le escribió una segunda carta, invitándolo a visitarlo antes del invierno. Es conmovedora la petición del anciano apóstol al “hijo” Timoteo, para que le llevara el abrigo que había dejado en Tróade, pues le servía para el frío en la cárcel de Roma. Timoteo estuvo presente en el martirio de Pablo; después regresó definitivamente a la sede de Éfeso, en donde, según una antigua tradición, murió mártir en el año 97.

El segundo fiel colaborador de Pablo fue San Tito, de origen pagano. Convertido y bautizado por el mismo apóstol, que lo llama “hijo mío”, se encuentra en compañía de Pablo en Jerusalén, en el año 49. Hizo con él el tercer viaje misionero y fue Tito quien llevó la “carta de las lágrimas” de Pablo a los fieles de Corinto, entre los cuales restableció la armonía y organizó la colecta para los pobres de Jerusalén.

Después del cautiverio de Roma, Pablo, de paso por Creta, dejó ahí a Tito con la misión de organizar la primera comunidad cristiana. Aquí recibió la carta de Pablo. Es un documento muy importante, porque nos informa sobre la vida interna de la Iglesia apostólica. Después Tito fue a Roma donde su Maestro, que lo mandó probablemente a evangelizar a Dalmacia, en donde todavía hoy está muy difundido su culto. Una antigua tradición, históricamente no confirmada, dice que Tito murió en Creta, de edad muy avanzada.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/34507/timoteo-y-tito-santos.html)

25 enero, 2026

Domingo 3 (A) del tiempo ordinario

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Domingo 25 de enero
Domingo 3 (A) del tiempo ordinario
 
LECTURA DEL DÍA
 
Primera lectura
 
Lectura del libro de Isaías

 1ª Lectura (Is 8,23b–9,3): En otro tiempo, humilló el Señor la tierra de Zabulón y la tierra de Neftalí, pero luego ha llenado de gloria el camino del mar, el otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaba en tierra y sombras de muerte, y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el gozo; se gozan en tu presencia, como gozan al segar, como se alegran al repartirse el botín. Porque la vara del opresor, el yugo de su carga, el bastón de su hombro, los quebrantaste como el día de Madián. 
 
Segunda lectura
 
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios
1 Corintios 1, 10-13. 17
Hermanos: Los exhorto, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, a que todos vivan en concordia y no haya divisiones entre ustedes, a que estén perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar.
Me he enterado, hermanos, por algunos servidores de Cloe, de que hay discordia entre ustedes. Les digo esto, porque cada uno de ustedes ha tomado partido, diciendo: “Yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Pedro, yo de Cristo”. ¿Acaso Cristo está dividido? ¿Es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O han sido bautizados ustedes en nombre de Pablo?
Por lo demás, no me envió Cristo a bautizar, sino a predicar el Evangelio, y eso, no con sabiduría de palabras, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo.
 
EVANGELIO DEL DÍA
 
Lectura del santo evangelio según san Mateo
Mateo 4, 12-23
 
Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:
Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.
Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos”.
Una vez que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado después Pedro, y Andrés, los cuales estaban echando las redes al mar, porque eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y los haré pescadores de hombres”. Ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Pasando más adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que estaban con su padre en la barca, remendando las redes, y los llamó también. Ellos, dejando enseguida la barca y a su padre, lo siguieron.
Andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.
 
LAS PALABRAS DE LOS PAPAS
 
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz” (Is 9,1). (…) El evangelista san Mateo usa esta profecía como prólogo a la actividad docente de Jesús en Galilea, cuando, desde su hogar en Nazaret, vino a vivir a la ciudad de Cafarnaúm. (…) Jesús comienza a enseñar en Cafarnaúm; y el contenido de su enseñanza está contenido en las palabras: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca” (Mt 4,17). “Arrepiéntanse” significa precisamente ver “una luz”. ¡Ver “una gran luz”! La luz que viene de Dios. La luz que es Dios mismo. A través del Evangelio, que Cristo proclama, se cumplen las palabras proféticas de Isaías: “Sobre los que habitaban en tierra de densas tinieblas brilló una luz” (Is 9,1). En la oscuridad —símbolo de confusión, error e incluso muerte— irrumpe de repente la luz, que es el mismo Hijo de Dios, que asumió la naturaleza humana; Él, la Palabra, «la luz verdadera que ilumina a todo hombre» (Jn 1,9). (San Juan Pablo II - Homilía en la Santa Misa en la Parroquia de Santa Rita en Torbellamonaca, 22 de enero de 1984) (Vatican.news).


24 enero, 2026

San Francisco de Sales, Obispo y Patrono de los periodistas y escritores

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 ¡Oh!, San Francisco de Sales; vos, sois, el hijo del Dios
de la Vida, su “apóstol de la palabra y de la verdad” contra
los impíos protestantes, líder y escudo con vuestro verbo
prodigioso. Vos escribíais de día hojas clandestinas y la
metíais por debajo de las puertas, de noche. Por esa razón,
os ganasteis el premio de ser “patrono de los periodistas”.
En uno de vuestros escritos llamado “Introducción a la vida
devota”, nos invitáis dulcemente a amar esta heroica
clase de vida. Vos, decíais: “¿No es una barbaridad querer
desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del
taller de los artesanos, del palacio, de los príncipes y
del hogar de los casados? !Claro que sí! Prescindir de Dios,
que es sólo Amor, es como estar muerto en vida, ir, ciego
y cojo por el mundo, y el cuerpo, atado al eterno fuego.
“No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos
con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor.
Y, te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no
te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en
tu corazón entrada al enojo”. ¡Maravilla de maravillas!
Como sabéis vos, vuestra dulzura, no fue algo fácil de lograr,
pues dicen que vos, en vuestra juventud teníais mal genio.
Pero, que vos, supisteis modelar, con vuestra lucha ascética
con el fin de aumentar vuestra capacidad de autodominio.
Prueba de ello, se cuenta que, al haceros la autopsia, os
encontraron con vuestro hígado duro como piedra. Al final,
de vuestra vida, vuestra alma voló al cielo luego de haberla
gastado en buena lid, ganándoos corona de luz, como premio
justo a vuestra entrega grande de amor y fe. Santo Patrono
de los escritores y periodistas del orbe de la tierra;
¡oh!, San Francisco de Sales, “viva dulzura del Dios Vivo".

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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24 de enero
San Francisco de Sales
Obispo
Patrono de los periodistas y escritores
(1567-1622)

Escribía de día hojas clandestinas y la metía por debajo de las puertas, de noche. Por esa razón, se ganó el premio “patrono de los periodistas”.


Escribía como un ángel

De forma, que los franceses lo tienen entre sus clásicos de literatura. Montañés de cuerpo entero, nacido en los Alpes, en el castillo saboyano de Sales. Familia exquisita. Le llevan a estudiar a la universidad de París. Luego a Padua. Canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra, líder de debates con los protestantes, apóstol de la región de Chablais. Vuelve a París, trata con san Vicente de Paul, en todas partes se le recibe con entusiasmo.

Hay un libro: “Introducción a la vida devota”, cuarenta ediciones en vida del autor, y en aquellos tiempos. Un libro utilizado muchísimo tiempo como lectura espiritual.

“¿No es una barbaridad -decía él- querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?”

Hay una amistad que no se puede olvidar. La que mantuvo con Juana Chantal; con ella fundó la Orden de la Visitación.

Una virtud

La dulzura de este hombre, de quien dicen que en su juventud tenía tan mal genio.

Respecto a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha ascética a fin de aumentar su capacidad de autodominio. Pero para demostrar que esta virtud no se consigue de la noche a la mañana, he aquí un detalle precisamente referida a nuestro santo.

Se cuenta que al hacerle al autopsia, le encontraron su hígado endurecido como un piedra. Esto se explica por la enorme violencia que tuvo que hacerse este hombre de fuerte carácter para hacerse y aparecer amable, delicado y bondadoso en el trato. Esa dulzura de la que hablamos antes, no le fue fácil conseguirla.

San Francisco de Sales escribió: “No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo”

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Francisco_de_Sales.htm)

23 enero, 2026

San Idelfonso Obispo, defensor de la Virginidad de la Virgen María y del sentido del sacramento del Bautismo

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23 de enero
San Idelfonso Obispo
Defensor de la virginidad de María y el sentido auténtico del sacramento del bautismo.
 
Cada 23 de enero, la Iglesia Católica celebra la memoria de San Ildefonso, obispo, quien desarrolló una extraordinaria labor catequética en tiempos de la España visigoda (siglo VII), especialmente, en torno a dos temas trascendentales de la teología cristiana: la defensa de la virginidad de María y el sentido auténtico del sacramento del bautismo.
 
De San Ildefonso generalmente se destaca su elocuencia, inspirada y muy cercana a la tradición patrística. Se pone en relevancia también su esfuerzo y habilidad para explicar con amable sencillez “la doctrina de los antiguos”.
 
Ildefonso nació en Toledo (España) alrededor del año 607. Fue educado por monjes sevillanos quienes le proporcionaron una destacada formación humanística, como queda en evidencia en sus escritos, buena parte de los cuales han llegado hasta nosotros.
 
Desde pequeño, Ildefonso se sintió atraído por la vida monacal, por lo que optó, ya de adulto, por seguir ese camino. Como monje, llegó a ocupar el puesto de abad del ‘monasterio agaliense’, precisamente, el de su ciudad natal, Agalí.
 
Pastor y catequista
 
En el año 657 Ildefonso fue elegido arzobispo de Toledo, sede desde la cual trabajó por la unificación de la liturgia en los reinos de España. Escribió muchas obras importantes; la más famosa de ellas dedicada a la Virgen María: De virginitate Sanctae Mariae contra tres infideles [La virginidad perpetua de Santa María contra tres infieles]. Es importante mencionar también su tratado sobre el bautismo: Liber de cognitione baptismi unus [Anotaciones sobre el conocimiento del bautismo].
 
El santo tenía una profunda devoción a la Madre de Dios, particularmente bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, cuya veneración profesó y cuya verdad difundió con entusiasmo doce siglos antes de la proclamación del dogma.
 
El obsequio de manos de la Virgen
 
La noche del 18 de diciembre de 665, San Ildefonso junto a un grupo de monjes se dirigieron al templo de su monasterio para cantar los himnos propios del final de la jornada, dedicados estos en honor de la Virgen. En eso, vieron cómo la capilla se llenaba de un brillo deslumbrante. La mayoría de los presentes quedó espantado y huyó del lugar, excepto San Ildefonso y dos diáconos.
 
Los tres hombres, de pie, cara al altar, quedaron atónitos. Allí estaba la Virgen María, de blanco radiante, presentándose como la Inmaculada Concepción. Estaba sentada sobre la sede del obispo y acompañada de un grupo de vírgenes que entonaban cantos celestiales. La Madre de Dios, entonces, le indicó a Ildefonso que se acercara.
 
Caído de rodillas frente a la Madre, el santo recibió de Ella una casulla. La Virgen en persona lo invistió con esta y le pidió que la usara solo en los días festivos designados en su honor. "Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla, la cual mi Hijo te envía de su tesorería", le dijo la Virgen a Ildefonso.
 
Su Teología, mariana y sacramental
 
Que la Virgen se le haya aparecido al santo y lo haya elogiado de manera singular no es un hecho casual; es, por el contrario, un ‘gesto maternal’ de natural gratitud con el hijo juicioso y atento.
 
Ese Elogium [Elogio], entonces, parece responder a la convicción con la que el santo solía referirse al parto virginal por el que Jesús nació: «No quiero que alegues que la pureza de nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto... no quiero que rompas su virginidad por la salida del que nace, no quiero que a la Virgen la prives del título de madre, no quiero que a la madre la prives de la plenitud de la gloria virginal» (Sobre la virginidad perpetua de Santa María, cap. I). Esa convicción queda expuesta, de igual forma, en la insistencia de Ildefonso en proclamar que María es ‘Madre de todos los hombres’.
 
Con respecto a su doctrina sacramental, el santo recomienda la comunión diaria: «Pedimos, en esta oración del Padrenuestro, que este pan, el mismo Cristo, se nos dé cada día» (Anotaciones, cap. 136). Además, defendió que el bautismo administrado es válido siempre que no se omita en la fórmula a alguna de las Tres Personas Divinas; y que este solo puede ser conferido por los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad.
 
María Santísima, aparecida en Toledo
 
Años después, en uno de los Concilios celebrados en la ciudad de Toledo, quedó fijada una fecha especial para perpetuar la memoria de la aparición mariana acontecida a San Ildefonso. Todo lo sucedido en ese día memorable quedaría registrado en el Acta Sanctorum [Acta de los santos) bajo la designación de El descendimiento de la Santísima Virgen y de su aparición.
 
San Ildefonso murió el 23 de enero del año 667. Hoy, sus devotos peregrinan para visitar la catedral dedicada a él, donde se conserva la piedra en la que la Madre de Dios posó sus pies cuando se apareció al santo. (ACI Prensa).

 

22 enero, 2026

San Vicente de Huesca, Mártir y Patrono de Valencia, satres y modistas

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¡Oh!, San Vicente, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su amado santo y, aquél que, junto a Valerio, vuestro Obispo,
no dudasteis en proclamar la fe de Cristo Jesús, Dios y Señor
Nuestro; diciendo: “Estamos dispuestos a padecer todos los
sufrimientos posibles con tal de permanecer fieles a la religión
de Nuestro Señor Jesucristo”. Entonces, Daciano, desterró a
vuestro obispo y se dedicó a imponeros sufrir impensables
torturas para tratar de haceros abandonar vuestra religión.
A pesar de los sufrimientos y el cruel martirio, permanecisteis
fiel a nuestra santa religión, para rabia y sorpresa de vuestros
verdugos. La providencia de Dios, jamás os abandonó y hecha voz,
se dejó escuchar, rodeada toda de celestes cánticos y lluvia
de flores decir: “ven valeroso mártir a unirte en el cielo
con el grupo de los que aman a Nuestro Señor”. Y, vuestra alma,
así, al regazo de nuestro Creador llegó, para recibir vuestro
premio: coronado ser, con corona de luz inextinguible. ¿Habrá
otro premio mayor, para tan semejante entrega? ¡No lo hay! ¡No!,
tanto que, San Agustín escribió: “El que sufría era Vicente,
pero el que le daba tan grande valor era Dios. Su carne al
quemarse le hacía llorar y su espíritu al sentir que sufría
por Dios, le hacía cantar”. Así voló vuestra alma al cielo
para coronada ser con corona de luz, como justo premio a
vuestra entrega increíble de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
!Qué maravilloso amor! !Qué valentía! ¡Qué coraje!¡Qué Amor!
¡oh!, San Vicente, “viva luz vencedora y victoriosa de Cristo”.


© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de enero
San Vicente de Huesca
Mártir
 
Vicente descendía de una familia de cónsules romanos afincados en Huesca, y su madre, según se dice, fue hermana del mártir San Lorenzo. Su fecha de nacimiento no está bien determinada, pero debe de haber sido hacia la última parte del siglo III.
 
Estudió la carrera eclesiástica en Zaragoza junto al obispo Valero, quien lo nombró primer diácono. Tal nombramiento respondía a una curiosa razón; Valero era muy mal orador y Vicente muy bueno, así que el obispo encontró con creces a quien debía suplirle y exonerarlo de la sagrada cátedra.
 
La persecución
 
Los tiempos en los que vivió Vicente fueron los del emperador Diocleciano, por lo que sobran explicaciones sobre la hostilidad que se vivía contra los cristianos. Daciano era el encargado de ejecutar las órdenes imperiales en España.
 
Las cárceles, anteriormente reservadas para los delincuentes, estaban abarrotadas de presbíteros, diáconos e incluso obispos. Cuando Daciano llega a Zaragoza, manda detener al obispo Valero y a su diácono, Vicente, y los envía a Valencia.
 
“Invicto”
 
En Valencia, obispo y diácono son interrogados. Valero no encuentra las palabras apropiadas para defenderse y Vicente es quien finalmente responde por ambos. Su retórica se dirige a cuestionar el poder del cónsul sobre lo espiritual, y eso no hizo más que enfurecer a Daciano, quien castiga a Valero con el destierro.
 
Vicente, por su parte, no corre la misma suerte: es sometido primero a la tortura del potro. Su piel, luego, sería desgarrada con unos garfios de acero. Mientras lo torturaban, el juez presente le ofrecía el indulto si abjuraba. Vicente soportó cuanto dolor pudo sin dar un paso atrás.
Daciano, sintiéndose desafiado, le ofrece el perdón si blasfema. Ante la nueva negativa, exasperado, mandó aplicarle un tormento aún más cruel: colocarlo sobre un lecho de hierro incandescente.
Señala la tradición que Vicente se encomendó a su paisano San Lorenzo para que le ayude a sortear aquella prueba. Luego, con la piel quemada, fue arrojado a un calabozo fétido. En palabras de Prudencio, se trataba de "un lugar más negro que las mismas tinieblas".
 
¿Dónde está, muerte, tu victoria?
 
En esos momentos de extremo sufrimiento, Dios es su consuelo. Dice el poeta que un coro de ángeles lo vino a consolar al mártir. Aquel horrible lugar se llena inesperadamente de luz, y la pestilencia desaparece. El carcelero, conmovido, se convierte y confiesa a Cristo.
 
Daciano, pérfido, manda poner bálsamos a Vicente, pensando que un poco de alivio será la mejor antesala para hacerlo luego sufrir aún más. Pero apenas cargado para ser llevado nuevamente ante el verdugo, Vicente expira y su alma vuela hacia Dios. Era el mes de enero del año 304.
 
El Prefecto ordena mutilar el cuerpo del santo y arrojarlo al mar, pero las olas lo devuelven un par de días después. Los cristianos entonces lo recogen y le dan sepultura. Ahora ellos proclaman el triunfo de Dios en Vicente, al que llamaron “Invicto”.
 
Epílogo
 
“San Vicente de Huesca es uno de los tres grandes diáconos que dieron su vida por Cristo. Junto con Lorenzo y Esteban -Corona, Laurel y Victoria- forma el más insigne triunvirato. Este mártir, celebrado por toda la cristiandad, encontró sus panegiristas en San Agustín, San León Magno y San Ambrosio”.(ACI Prensa).

21 enero, 2026

Santa Inés, Patrona de las mujeres jóvenes, las novias y las prometidas en matrimonio

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21 de enero
Santa Inés
Patrona de las mujeres jóvenes, las novias y las prometidas en matrimonio 
 
Cada 21 de enero, la Iglesia Católica celebra a Santa Inés de Roma, patrona de las mujeres jóvenes, las novias y las prometidas en matrimonio; así como de los jardineros y de quienes aspiran a vivir la virtud de la pureza.
 
Inés, sinónimo de las cosas más bellas
 
Ya dede su sencillo y hermoso nombre, Santa Inés evoca virtud y grandeza.
El nombre “Inés” proviene del griego Ἁγνή (Hagnḗ), que significa “pura” o “santa”. De ahí llegará al italiano como “Agnese” y al francés como “Agnès” -de donde proviene el inglés “Agnes”; mientras que al español llegará como “Inés”.
 
Para enriquecer aún más la etimología del nombre, habrá que considerar el curso que tomó el término griego en su transliteración al latín: “Agnes” o “Inés” vienen de “agnus”, cordero, figura que representa al Mesías, tal y como se consigna en el Evangelio (Cfr. Jn 1, 29).
 
El cordero, el más dócil entre los animales, es símbolo de cosas como la nobleza, la mansedumbre, la ternura, la pureza, el abrigo, la sencillez, la delicadeza. No en vano es símbolo de Cristo.
Esta riqueza simbólica se preserva de una manera especial en la liturgia, incluso de formas “silenciosas”. Por ejemplo, con la lana blanca del cordero se confecciona el “palio arzobispal”, ornamento distintivo de los arzobispos metropolitanos o del Papa cuando preside una celebración.
 
Virgen y mártir
 
De acuerdo a la tradición más conocida, Inés fue una hermosa joven romana que nació en el seno de una familia noble; se cree que alrededor del año 291. Desde muy joven fue pretendida por muchos ricos e influyentes jóvenes patricios. Al haberlos rechazado uno a uno aduciendo estar comprometida con Cristo, fue denunciada por desacatar las órdenes del emperador ante las autoridades civiles.
 
Estas, de inmediato, dispusieron un execrable castigo -eran los tiempos del cruel Diocleciano-, muy común para sancionar a las doncellas que querían mantenerse vírgenes: Inés sería llevada a un prostíbulo para ser ultrajada hasta doblegar su voluntad. Sin embargo, contra lo que esperaban los romanos, la joven pudo escapar, según la tradición, ayudada por ángeles. Entonces, los hombres del emperador organizaron su recaptura.
 
Al ser hallada, Inés entendió que lo que le esperaba inexorablemente era la muerte. Tenía tan solo 13 años.
 
Primero fue llevada encadenada a la hoguera, pero las llamas no le hicieron daño alguno. Luego, ante el portentoso fracaso de sus verdugos, se decidió concluir el trance de manera “expeditiva”: Inés moriría decapitada. Era el año 304.
 
“Inés” también quiere decir firmeza
 
Se dice que el verdugo principal, inquieto por el monstruoso encargo de asesinar a una niña, hizo lo posible para convencerla de que acepte a alguno de los pretendientes, pero la jovencita se negó, según lo testimonia San Ambrosio de Milán: “Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”, increpó Inés.
 
La santa oró y oró. Luego dobló la cerviz ante aquel que le daría muerte, uno al que le empezó a temblar la diestra antes de dar el golpe -mientras que la niña permanecía serena-. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, concluye San Ambrosio.
 
La niña mártir, fruto maduro de la Iglesia
 
Como consta en el tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, Santa Inés murió con tan solo doce o trece años. Pese a su juventud dio ejemplo de inmensa fortaleza al permanecer firme durante el martirio. Dice el santo que Inés se mantuvo “inalterable, al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas” durante su suplicio.
 
Añade el célebre arzobispo de Milán: “No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”.
 
Santa Inés en la tradición católica
 
Años después de la muerte de Santa Inés, Constantina, hija del emperador Constantino, mandó a edificar una basílica en honor de la niña mártir en la Vía Nomentana de Roma. Su fiesta comenzaría a celebrarse recién a mediados del siglo IV.
 
A Santa Inés se le suele representar como una niña o jovencita en posición orante, con una diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio -hecho de lana blanca-. A sus pies -o a veces entre sus brazos- aparece generalmente un cordero. Es frecuente que su figura se muestre rodeada de algunos objetos simbólicos que evocan el martirio: la pira, una espada, la palma o los lirios.( ACI Prensa).