14 noviembre, 2025

San José Maria Pignatelli SJ, Restaurador de la Compañía de Jesús

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14 de noviembre
San José Maria Pignatelli SJ
Restaurador de la Compañía de Jesús
 
Cada 14 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a San José María Pignatelli, jesuita español nacido en Zaragoza (España) en 1737.
 
De ascendencia italiana, vino al mundo en familia de abolengo: fue hijo de don Antonio Pignatelli de Aragón, príncipe del Sacro Imperio Romano Germánico, y de doña Francisca Moncayo y Fernández de Heredia. Su familia, además, fue numerosa: José María fue el séptimo de ocho hijos.
 
Expulsados de territorio español
 
José María ingresó primero al colegio jesuita de Zaragoza, donde estudiaría humanidades. Después fue admitido en el noviciado de la Compañía de Jesús. Durante esos años de formación apoyó habitualmente la catequesis de niños y de los presos en las cárceles.
 
En 1767, cuando se produjo la expulsión de los jesuitas de España y sus territorios por orden del rey Carlos III, “el Político” (r. 1759-1788), a José M. Pignatelli y a uno de sus hermanos -también jesuita- se les ofreció la autorización para quedarse en territorio español con la condición de que renuncien a la orden. Los hermanos rechazaron la propuesta y eligieron el destierro, por lo que terminaron asilados en la isla de Córcega.
 
Supresión de la Compañía de Jesús
 
Los hermanos permanecieron en Córcega hasta que las fuerzas militares francesas invadieron la isla y fueron nuevamente deportados.
 
En 1773, el Papa Clemente XIV (p. 1769-1774) emitió un decreto suprimiendo a la Compañía de Jesús, tanto por presión de la corona española como de sus aliados europeos. Como consecuencia de esta medida, aproximadamente 23 mil jesuitas fueron obligados a abandonar sus respectivos conventos y monasterios.
 
A San José Pignatelli como a la gran mayoría de jesuitas no les quedó otra alternativa que la diáspora o el paso a la clandestinidad, y así vivieron durante al menos las dos siguientes décadas.
 
Rusia
 
El P. José María, con permiso del Papa Pío VI (p. 1775-1799), se afilió a los miembros de la Compañía que vivían en Rusia, y con la ayuda de estos iniciaría un plan para reorganizar la Orden en Italia. Sus principales esfuerzos estuvieron dirigidos a la captación y crecimiento de nuevas vocaciones, las que enviaba a Rusia para su formación y preparación.
 
Llegado el momento, el superior provincial jesuita en Rusia lo nombró Provincial en Italia, contando con la aprobación del Papa Pío VII (p. 1800-1823). Así, la Compañía de Jesús empezaba a renacer, aunque fuera a paso lento y en secreto. El santo oró y trabajó sin descanso para ver a la Orden renacer y cobrar impulso. En 1804, sus esfuerzos dieron fruto: el reino de Nápoles aceptaba el regreso de los jesuitas expulsados.
 
Restauración de los jesuitas
 
Poco tiempo después, con la generosa ayuda de muchísimas familias europeas, Pignatelli logró reabrir varios conventos jesuitas en Roma, Palermo, Orvieto y Cerdeña. Aunque, en 1811, el 15 de noviembre, antes de poder ver el restablecimiento completo de la Compañía de Jesús, el Padre José Maria falleció.
El fruto de su trabajo vería la luz no mucho después. El 7 de agosto de 1814, el Papa Pío VII decretó la restitución de la Compañía de Jesús en el mundo entero.(ACI Prensa).


  • 13 noviembre, 2025

    Santa Francisca ‘Xavier’ (Javiera) Cabrini M.S.C, Patrona de los inmigrantes

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    13 de noviembre
    Santa Francisca ‘Xavier’ (Javiera) Cabrini M.S.C
    Patrona de los inmigrantes 
     
    Cada 13 de noviembre la Iglesia celebra a una religiosa excepcional, cuya vida estuvo consagrada al servicio de los inmigrantes, esto es, de aquellos que dejaron atrás la tierra en que nacieron en busca de una vida mejor: ella es Santa Francisca ‘Xavier’ (Javiera) Cabrini M.S.C.
     
    El Papa León XIII dijo: “La madre Cabrini es una mujer muy inteligente y de gran virtud… es una santa”. Hoy, esa empeñosa mujer es considerada como la patrona de los inmigrantes. Aquel halago del Papa León no fue ni ocasional ni gratuito; León XIII pudo conocer y tratar personalmente a esta religiosa italiana que emigró a Estados Unidos y que, impulsada por el amor a Cristo, se convirtió en testimonio vivo del Señor entre quienes iban poblando el vasto territorio norteamericano.
     
    Como fruto de ese ardor misionero, la Madre Cabrini llegó a ser la primera ciudadana estadounidense en ser canonizada y llegar a los altares.
     
    Si una puerta se cierra, otra se abrirá
     
    María Francisca Saverio Cabrini nació en Sant'Angelo Lodigiano, Lombardía (Italia), el 15 de julio de 1850, en el seno de una familia acomodada. Desde pequeña quedó fascinada con las lecturas y relatos de hombres y mujeres que dejaron la patria y emprendieron empresas misioneras en tierras lejanas con el propósito de anunciar el Evangelio. De jovencita, Francisca tuvo la inquietud de seguir aquel camino, pero sus padres la enviaron a estudiar con las religiosas de Arluno para que fuera maestra de escuela.
     
    En 1870, tiempo después de la muerte de sus padres, Francisca intentó ingresar a la congregación con la que realizó sus estudios, pero no fue admitida debido a sus problemas de salud. Luego, hizo otro intento en una orden diferente, pero tampoco fue recibida.
     
    San Francisco Xavier, misionero modelo
     
    En medio de la decepción por las negativas sufridas, recibió la invitación de un obispo y un sacerdote amigo para ingresar a trabajar en el orfanato “Casa de la Providencia”, donde la fundadora del recinto, la señora Tondini, había realizado una administración deficiente. La santa aceptó y con un grupo de compañeras que ya trabajaban allí fue madurando un proyecto espiritual que desembocaría en la fundación de las Hermanas Misioneras del Sagrado Corazón.
     
    El inspirador del proyecto, a cuya intercesión lo consagraron, fue San Francisco Javier, el célebre evangelizador de Japón. En honor al santo jesuita, Francisca añadiría “Javiera” a su nombre de religiosa.
     
    Las señales se fortalecen: hacia Occidente
     
    Lamentablemente, a pesar de los esfuerzos del grupo de mujeres, el obispo aconsejó a Francisca dejar de lado la institución y cerró el orfanato en 1880. Debido a ello, la Madre Cabrini y sus hermanas tuvieron que trasladarse a un convento franciscano que estaba vacío. Allí, redactaría las reglas del nuevo instituto, que finalmente serían aprobadas por su obispo. A partir de entonces, la obra espiritual de la Madre crecería, abriéndose otras casas para albergar a las nuevas vocaciones.
     
    En 1888, la Madre Cabrini entra en contacto con el obispo de Piacenza, San Juan Bautista Scalabrini (canonizado en 2022), quien la invita por primera vez a colaborar como misionera en América. En mayo de ese mismo año, Mons. Scalabrini vuelve a sugerirle a la Madre Francisca que su congregación sería bien recibida en América, especialmente entre los inmigrantes italianos que eran numerosísimos y cuyos hijos podían quedar a expensas de las iglesias protestantes. Así, la idea de mandar algunas monjas que se hagan cargo de un orfanato y de una escuela cobró mayor fuerza en la mente de la Madre fundadora.
     
    Mons. Scalabrini había recibido ya varios pedidos para enviar misiones a América, en especial de parte del Arzobispo de Nueva York, Michael Augustine Corrigan. El arzobispo estaba pensando en religiosas pertenecientes a otra congregación, pero Scalabrini hizo la propuesta al instituto de la Madre Cabrini y sus religiosas.
     
    La Madre Cabrini entonces emprende viaje a Roma en busca de luces y llega a entrevistarse con el Papa León XIII el 10 de enero de 1889. A pesar del encuentro y la sugerencia del Pontífice de ir a América, la Madre Cabrini no se siente del todo confiada. El 24 de febrero la religiosa tiene un sueño en el que la Virgen María, el Corazón de Jesús y la venerable Antonia Belloni de Codogno (referente de vida virtuosa entre los lombardos) le dicen que no tema ir a América.
     
    Ciertamente, el deseo de la Madre Cabrini en ese momento era otro, su idea era ir a China; sin embargo, el Papa León XIII -en un segundo encuentro- le pone las cosas más claras: «No hacia Oriente, sino hacia Occidente. Su Instituto es todavía joven y tiene necesidad de recursos. Vayan a los Estados Unidos, los encontrarán y con ellos, un gran campo de trabajo».
     
    Ante la duda, fe y obediencia
     
    Así, la Madre cruzó el Atlántico y llegó a Nueva York ese mismo año (1889). Allí se encontró con una realidad pastoral muy dura entre los inmigrantes europeos. Muchos de ellos vivían en la precariedad moral y habían abandonado su fe.
     
    Dadas las dificultades, el Arzobispo de Nueva York, Mons. Corrigan, empezó a dudar sobre la pertinencia de su invitación y pensó que lo mejor sería que las hermanas vuelvan a Italia. Santa Francisca, decidida y firme, respondió con una negativa. Era el Papa quien la había enviado a allí y se iba a quedar con sus hermanas. Con el correr de los meses, Dios fue proveyendo de lo necesario y las religiosas abrieron un orfanato, una casa para ellas y una escuela para los niños. Ese sería el inicio de su gran misión en América.
     
    Derribando muros (y mitos)
     
    Poco a poco, la congregación se fue expandiendo a lo largo y ancho de Estados Unidos, haciendo crecer la obra de Dios, especialmente entre los inmigrantes y los más necesitados. La gente que trataba con la Madre Cabrini la admiraba y la quería. Aunque estricta, Santa Francisca tenía un gran sentido de la justicia, un ingenioso sentido del humor, una vida espiritual muy fuerte y un entusiasmo inagotable. Parecía que ningún obstáculo podía hacerla retroceder cuando se proponía algo. Ni las barreras culturales, ni las dificultades de una lengua que no era la suya -el inglés- lograron hacerla desistir en su afán misionero.
     
    “Amense unas a otras. Sacrifíquense constantemente y de buen grado por sus hermanas. Sean bondadosas; no sean duras ni bruscas, no abriguen resentimientos; sean mansas y pacíficas”, repetía a sus religiosas.
     
    La vida es peregrinar; el cielo, la promesa cumplida
     
    Como misionera, viajó a Nicaragua, Argentina, Costa Rica, Panamá, Chile, Brasil, Francia e Inglaterra.
    En 1907, fueron finalmente aprobadas las constituciones de su congregación, cuando esta ya estaba presente en ocho países y contaba con más de mil religiosas al frente de escuelas, hospitales y otras instituciones de servicio.
     
    Santa Francisca Javiera, la Madre Cabrini, partió a la Casa del Padre el 22 de diciembre de 1917, a los 68 años de edad -víctima de la malaria y la disentería- en la ciudad de Chicago, Illinois.
     
    La Madre Cabrini en la cultura popular
     
    Sobre la primera santa ciudadana de Estados Unidos -la Madre se nacionalizó en 1909- se han realizado dos películas. La primera de ellas en 2016 en formato de Home video, producida y distribuida por EWTN con el título de “Mother Cabrini” [Madre Cabrini]; y otra más reciente, “Cabrini”, estrenada en 2024, dirigida por Alejandro Monteverde, producida y distribuida por Angel Studios.(ACI Prensa).

    12 noviembre, 2025

    San Josafat de Lituania, Mártir

    Delgado

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     ¡Oh!, San Josafat de Lituania; vos, sois el hijo del Dios
    de la Vida, su amado santo y a quien vuestra madre, os enseñó
    a mirar en el crucifijo, al Crucificado y en él, el misterio
    de la vida y del amor a los demás. Por ello, quizás vuestra
    mortificación en la que soportabais a los incomprensivos
    y ásperos, con especial dulzor del cielo caído y, con amor
    paciente, convertíais sus corazones a la “luz de la fe”.
    “Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas
    partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en
    la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo, no
    he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas,
    buscando el bien de las almas.Pero, me considero verdaderamente
    feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes.
    Sé, que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por
    la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo
    Pontífice”. Respondisteis a vuestros agresores. Y, cuando
    os prendieron así: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis
    ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy
    yo para sufrir en vez de ellos”. Al oír esto los jefes de la
    sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” Y, se os
    lanzaron contra vos y de un lanzazo os atravesaron y os pegaron
    un balazo, arrastrándoos y echándoos al río Divna. Pero, ¡oh!
    maravilla de Dios, pues vuestros verdugos se convirtieron
    a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.
    Felizmente “Dios es mi juez”, vuestro santo nombre significa,
    y, en verdad, así fue, pues Él os juzgó y viendo vuestro
    martirio de gloria os llenó y os ciñó corona de luz, como
    premio a vuestra entrega increíble de amor y de fe.¡Aleluya!
    Patrono de los que trabajan por la unión de todos los cristianos;
    ¡oh!, San Josafat “vivo ladrón de almas para el Dios de la Vida”.

    © 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

    12 de Noviembre
    San Josafat de Lituania
    Mártir
    Año 1623

    La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano).

    Josafat es una palabra hebrea que significa “Dios es mi juez”. La nación de Lituania es ahora de gran mayoría católica. Pero en un tiempo en ese país la religión era dirigida por los cismáticos ortodoxos que no obedecen al Sumo Pontífice. Y la conversión de Lituania al catolicismo se debe en buena parte a San Josafat. Pero tuvo que derramar su sangre, para conseguir que sus paisanos aceptaran el catolicismo.

    Nació en 1580, de padres católicos fervorosos. Su madre le enseñó a mirar de vez en cuando el crucifijo y pensar en lo que Jesucristo sufrió por nosotros, y esto le emocionaba mucho y le invitaba a dedicar su vida por hacer amar más a Nuestro Salvador.

    De joven entró de ayudante de un vendedor de telas, y en los ratos libres se dedicaba a leer libros religiosos. Esto le disgustaba mucho al principio al dueño del almacén, pero después, viendo que el joven se dedicaba con tanto esmero a los oficios que tenía que hacer, se dio cuenta de que las lecturas piadosas lo llevaban a ser más bueno y mejor cumplidor de su deber. Y tanto se encariñó aquel negociante con Josafat, que le hizo dos ofertas: permitirle casarse con su hija y dejarlo como heredero de todos sus bienes. El joven le agradeció sus ofrecimientos, pero le dijo que había determinado conseguir más bien otra herencia: el cielo eterno. Y que para ello se iba a dedicar a la vida religiosa.

    Para su fortuna se encontró con dos santos sacerdotes jesuitas que lo fueron guiando en sus estudios, y lo encaminaron hacia el monasterio de la Sma. Trinidad en Vilma, capital de Lituania, y se hizo religioso, dirigido por los monjes basilianos en 1604. Al monasterio lo siguió un gran amigo suyo y personaje muy sabio, Benjamín Rutsky, que será en adelante su eficaz colaborador en todo.

    En 1595 los principales jefes religiosos ortodoxos de Lituania habían propuesto unirse a la Iglesia Católica de Roma, pero los más fanáticos ortodoxos se habían opuesto violentamente y se habían producido muchos desórdenes callejeros. Ahora llegaba al convento el que más iba a trabajar y a sacrificarse por obtener que su nación se pasara a la Iglesia Católica. Pero le iba a costar hasta su propia sangre.

    Josafat fue ordenado de sacerdote, pero su vida siguió siendo como la del monje más mortificado. Muchas horas cada día y cada noche dedicadas a la oración y a la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras y de los libros escritos por los santos. Como penitencias aguantaba los terribles fríos del invierno y los calores bochornosos del verano sin quejarse ni buscar refrescantes.

    Cuando lo sorprendía una espantosa tormenta de lluvias, truenos y rayos en pleno viaje, lo ofrecía todo por sus pecados. Cuando los pobres estaban en grave necesidad se iba de casa en casa pidiendo limosnas para ellos, y la humillación de estar pidiendo la ofrecía por sus pecados y por los de los demás pecadores. Pero su especial mortificación era soportar las gentes ásperas e incomprensivas, sin demostrar jamás disgusto ni resentimiento.

    Fue nombrado superior del monasterio, en Vilma, pero varios de los monjes que allí vivían eran ortodoxos y antirromanos. Con gran paciencia, mucha prudencia y caridad llena de finura y de santa diplomacia, se los fue ganando a todos. Ellos se dieron cuenta de que Josafat tenía el don de consejo, y le iban a consultar sus problemas e inquietudes y sus respuestas los dejaban muy consolados y llenos de paz.

    Con sus sabias conferencias los fue convenciendo poco a poco de que la verdadera Iglesia es la católica y que el sucesor de San Pedro es el Sumo Pontífice y que a él hay que obedecer.

    Con razón los enemigos de la religión lo llamaban “ladrón de almas”. Como jefe de los monasterios tenía el deber de visitar las casas que pertenecían a la religión. Una vez fue a visitar oficialmente una casa donde vivían unos 200 hombres que decían que se dedicaban a la religión, pero que en verdad no llevaban una vida demasiado santa. El jefe de esa casa salió furioso a recibirlo con unos perros bravísimos, anunciándole que si se atrevía a entrar allí sería destrozado por esas fieras. Pero el santo no se acobardó. Les habló de buenas maneras y los logró apaciguar. Ellos habían determinado echarlo al río, pero después de escucharlo y al darse cuenta de que era un hombre de Dios, santo y amable, aceptaron su visita, se hicieron sus amigos y aceptaron sus recomendaciones. Las gentes decían: “Ahora sí que se repitió el milagro antiguo: Daniel fue al foso de los leones y estos no le hicieron nada”.

    En 1617, fue nombrado arzobispo de Polotsk, y se encontró con que su arzobispado estaba en el más completo abandono. Se dedicó a reconstruir templos y a obtener que los sacerdotes se comportaran de la mejor manera posible. Visitó una por una todas las parroquias. Redactó un catecismo y lo hizo circular y aprender por todas partes. Dedicaba sus tiempos libres a atender a los pobres e instruir a los ignorantes. Las gentes lo consideraban un gran santo. Algunos decían que mientras celebraba misa se veían resplandores a su alrededor. En 1620 ya su arzobispado era otra cosa totalmente diferente.

    Pero sucedió que un tal Melecio se hizo proclamar de arzobispo en vez de Josafat (mientras este visitaba Polonia) y algunos revoltosos empezaron a recorrer los pueblos atizando una revuelta contra el santo, diciendo que no querían obedecer al Papa de Roma. Muchos relajados se sentían molestos porque san Josafat atacaba a los vicios y a las malas costumbres.

    En 1623, sabiendo que la ciudad de Vitebsk era la más rebelde y contraria a él, dispuso ir a visitarla para tratar de hacer las paces con ellos. Sus amigos le rogaban que no fuera, y varios le propusieron que llevara una escolta militar. Él no admitió esto y exclamó: “Si Dios me juzga digno de morir mártir, no temo morir“. El recibimiento fue feroz. Insultos, pedradas, amenazas. Cuando una chusma agresiva lo rodeó insultándolo, él les dijo:

    “Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo no he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas, buscando el bien de las almas. Pero me considero verdaderamente feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes. Sé que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo Pontífice”.

    Los enemigos se propusieron poner una trampa al santo para poderlo matar. Le enviaron un individuo que todos los días llegaba a su casa, mañana y tarde a insultarlo. Al fin uno de los secretarios del arzobispo detuvo al insultante para que no faltara más al respeto al prelado, y esta era la señal que los asesinos buscaban. Inmediatamente dieron voz de alarma en toda la ciudad, reunieron la chusma y se lanzaron a despedazar a todos los ayudantes de San Josafat.

    Cuando él vio que iban a linchar a sus colaboradores, salió al patio y gritó a los atacantes: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy yo para sufrir en vez de ellos”.

    Al oír esto los jefes de la sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” y se lanzaron contra él. Le atravesaron de un lanzazo, le pegaron un balazo, y arrastraron su cuerpo por las calles de la ciudad y lo echaron al río Divna. Era el 12 de noviembre de 1623. Meses después los verdugos se convirtieron a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.

    El Papa ha declarado a San Josafat, Patrono de los que trabajan por la unión de los cristianos.

    (http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Josafat_de_Lituania.htm)

    11 noviembre, 2025

    San Martín de Tours, Patrono de la Guardia Suiza Pontificia

     San Martín de Tours

    11 de noviembre
    San Martín de Tours
    Patrono de la Guardia Suiza Pontificia
     
    Cada 11 de noviembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Martín de Tours (siglo IV), el soldado romano convertido al cristianismo que llegó a ser obispo, y que quedó inmortalizado en la memoria de la Iglesia por uno de sus gestos de caridad.
     
    San Martín de Tours es patrono de iglesias, asociaciones, iniciativas y diversos lugares alrededor del mundo.
     
    ‘Soldado de Cristo’
     
    Martín nació en Panonia (actual Hungría) alrededor del año 316. Fue hijo de padres paganos. Su padre fue militar y él, siguiendo la tradición familiar, ingresó a los 15 años a la guardia imperial romana. Mientras integraba el ejército, se convirtió al cristianismo y fue admitido como catecúmeno.
     
    Martín dejó así de ser ‘soldado del emperador’, para ‘defender a otro Señor’ y ‘extender’ su Reino en la tierra. Algo sin duda mejor, muy por encima de los habituales anhelos de gloria y honor que rigen este mundo.
     
    “He combatido el buen combate” (2 tim 4, 7)
     
    Aunque algunos hagan mofa del lenguaje ‘bélico’ -sin duda metafórico- que se usa para explicar ciertos aspectos de la vida cristiana, o vean en este las supuestas trampas del belicismo, que creen inherente a la religión, el cristianismo va en otra dirección: el Reino de Dios no es de este mundo (ver: Jn 18, 33-37). Y el Reino de Dios descansa sobre la justicia y la misericordia divinas y no sobre el capricho humano. Por eso, en la Tradición y en la Escritura -“La vida del hombre sobre la tierra es milicia” (Jb 7,1-4.6-7)- abundan las analogías o símiles entre el campo de batalla, la disciplina militar y el combate real que se ha de librar contra el pecado y el mal, empezando por el propio interior, por el propio corazón.
     
    El ‘soldado’ no es per se alguien carente de juicio, empatía o humanidad, una suerte de asesino amparado en el poder de algunos. La razón de ser del soldado es defender una causa noble, con un nivel de compromiso que puede poner en juego la propia vida, con tal de hacer el bien a los demás. Esa es la esencia del ‘soldado’, o, en todo caso, esa debería ser siempre. La corona del buen soldado es la victoria sobre el mal. ¡Victoria! canta el cielo por Martín.
     
    Patrono de la Guardia del Papa
     
    El vínculo de Martin con la carrera militar hizo que la tradición católica lo eligiera como patrono de la Guardia Suiza, el llamado “ejército del Papa”, que alguna vez cumplió funciones convencionales -propias de las campañas militares-, defendiendo en siglos pasados los Estados Vaticanos, pero que hoy sólo custodia la Ciudad del Vaticano y a quienes residen o transitan por su pequeño territorio.
     
    Caridad “a capa y espada”: Martin y el mendigo
     
    Hacia el año 337, encontrándose Martín con las huestes romanas en Amiens, al norte de Francia, vio a un mendigo recostado junto a la puerta de la ciudad, tiritando de frío. El noble soldado al verlo en esas condiciones, espada en mano, dividió su capa en dos: una mitad la conservó por respeto a quien se la otorgó -el Imperio al que servía- mientras que la otra la usó para cubrir el cuerpo casi congelado del mendigo, dándole el cobijo y abrigo que necesitaba.
     
    El gesto dejó atónitos a quienes lo presenciaron, pues los oficiales romanos, por regla, jamás debían mostrar compasión o piedad por nadie, menos hacia los débiles.
     
    Días después de lo que hizo, Martín tuvo un sueño en el que Cristo se aparecía diciéndole a los ángeles: “Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido”.
     
    Cristo mismo le confirmaba así al santo que «En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mt 25, 40). Ese gesto de amor por el prójimo, de desprendimiento, de valentía y de justicia, ha quedado perennizado. El arte, en óleos y frescos, lo ha representado innumerables veces como puede constatarse fácilmente si se revisa la iconografía del santo, aunque mención aparte merece la impresionante pintura que hizo el Greco (1541-1614) representando a San Martín sobre su caballo, cortando su capa para dársela a un hombre desnudo.
     
    Monje, sacerdote y pastor
     
    Una vez que Martin renunció a la milicia, se unió a los discípulos de San Hilario de Poitiers y adoptó el modo de vida ascético y de oración constante. Lamentablemente, Hilario tuvo que exiliarse y abandonar Poitiers, por lo que Martin decidió también dejar la ciudad y asentarse en Milán. Allí se reencontró con su madre, a quien convirtió al cristianismo. Lamentablemente no tendría la misma suerte con su padre.
    Cuando Hilario regresa a Poitiers, Martin decide ir a su encuentro. De vuelta a la ciudad francesa, se dedicó a impulsar la construcción de un monasterio en Ligugé -el primero en construirse en Europa-. Allí vivió como monje durante una década bajo la dirección espiritual de Hilario, su preceptor espiritual. Este lo prepararía para el diaconado y el sacerdocio. Tras recibir el orden sacerdotal, Martin fue elegido obispo de la ciudad de Tours.
     
    El episodio con Prisciliano
     
    Como obispo, Martin se dedicó a la evangelización y a combatir la influencia pagana dentro de la Iglesia, en especial la producida por el gnosticismo. En ese propósito tuvo que enfrentar al obispo hispanorromano Prisciliano (inspirador de la doctrina herética de índole ascética conocida como priscilianismo, cercana al maniqueísmo).
     
    Martin estuvo permanentemente en disputa con Prisciliano en el campo doctrinal, pero aún con eso, no dudó en mostrar su abierto rechazo al encarcelamiento y condena a muerte de Prisciliano, ordenadas por Magno Máximo, emperador romano, a consecuencia de las presiones políticas ejercidas por Idacio, obispo de Mérida.
     
    Martín intercedió por Prisciliano ante el emperador, pero este no le hizo caso y se inclinó a favor de Idacio. Martín, golpeado por estos tristes sucesos, rompería todo vínculo con el obispo de Mérida hasta el epílogo de sus vidas, cuando se reconciliaron.
     
    Últimas acciones pastorales
     
    El obispo Martín fundó una comunidad denominada “Maius Monasterium” (monasterio mayor), también conocida como Marmoutier (Francia).
     
    Además, en su afán evangelizador, dedicó los últimos 25 años de su vida a viajar por las regiones de Turena, Chartres, París, Autun, Sens y Vienne.​ La muerte lo encontró en Candes (actual Candes-Saint-Martin) en el año 397.
     
    A rezar a la “capilla”
     
    Tras su muerte, la media capa que había regalado alguna vez a aquel mendigo fue hallada y puesta en una urna, construyéndose un santuario pequeño para conservarla, uno que sirviera al mismo tiempo como lugar de culto.
     
    Se cree que el uso del término “capilla” para designar a un templo pequeño proviene de la historia de San Martín. Como en latín “media capa” se dice “capilla”, la gente solía decir: “Vamos a orar donde está la capilla”, en alusión al santuario del santo. La costumbre devino en el uso, más corto y coloquial, de la expresión “vamos a la capilla”.
     
    De esta forma, la palabra “capilla”, mediante su vulgarización, empezó a denotar cualquier edificación o espacio pequeño dedicado exclusivamente a la oración o la liturgia. Fue así, con este significado, como el término quedaría incorporado a muchas lenguas, incluyendo el castellano.
     
    Patronazgos en Europa y América (el caso argentino)
     
    San Martín es patrono de países como Francia y Hungría. También lo es de ciudades importantes como la capital de Argentina, Buenos Aires. En torno a este último patronazgo existe una bella historia.
    La costumbre obligaba a los conquistadores españoles (siglo XVI) a consagrar todas las ciudades que fundaron a algún santo. La “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires” no podría haber sido la excepción. Entonces, los fundadores decidieron barajar nombres y echarlo a suerte. Se confeccionaron las balotas marcadas con los nombres de los candidatos, y se determinó que la ciudad se pusiese bajo la protección del santo o santa que saliese sorteado.
     
    Realizado el sorteo, podía leerse el siguiente nombre en la balota extraída: “San Martín de Tours”. Algunos se alegraron, mientras otros se mostraron disconformes por tratarse de un “santo francés”. Así que decidieron repetir el proceso dos veces más, y las dos veces siguientes volvió a salir el nombre del santo de Tours.
     
    Los fundadores no presentaron más objeciones y aceptaron el resultado como voluntad divina. San Martín de Tours había sido elegido definitivamente patrono de la capital del Virreinato del Río de la Plata, hoy República Argentina. (ACIPrensa).

    10 noviembre, 2025

    San León Magno "El Grande", Pontífice y Doctor de la Iglesia

     San León Magno

    10 de noviembre
    San León Magno "El Grande"
    Pontífice
     
    Cada 10 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a uno de los pontífices más importantes de la antigüedad cristiana, cuya influencia fue determinante en la consolidación de la autoridad espiritual de la Sede de Pedro frente al poder terreno: San León Magno (‘El Grande’), Doctor de la Iglesia. Fue el pontífice número 45, y gobernó la Iglesia entre los años 440 y 461 (siglo V).
     
    San León Magno nació en Toscana (hoy parte de Italia), alrededor del año 390. Llegó a ser secretario de los Papas San Celestino (p. 422-432) y Sixto III (p. 432-440). Este último lo envió, en el año 440, como su representante en misión diplomática en la Galia (hoy Francia) con el objetivo de evitar el enfrentamiento entre dos autoridades imperiales: el jefe militar de la provincia, Aecio, y el tribuno consular de aquella región, Albino. Fue durante el cumplimiento de este encargo eclesial que León recibió la noticia de que había sido elegido Sumo Pontífice.
     
    Servidor de la verdad y la vocación a la santidad
     
    Como sucesor de Pedro, León destacó por ser un gran pastor, siempre atento a las necesidades de su grey. Fue un fervoroso predicador, famoso por sus homilías en las fechas litúrgicas especiales, además de un prolífico escritor. Sus cartas a los cristianos de las periferias de Occidente son un buen ejemplo de la habilidad de su pluma. Se conservan muchos de sus sermones y misivas, considerados auténticos tesoros doctrinales.
     
    “El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor”, escribió el Papa León en uno de sus sermones. Para León la vida cristiana puede interpretarse como una invitación a arrebatar el premio más grande, que es Dios mismo; en consecuencia, la santidad debe ser el propósito natural de la vida, ya que no hay nada que se desee más que el amor verdadero.
     
    Durante sus 21 años de pontificado (440 - 461), el santo trabajó incesantemente por la unidad e integridad de la Iglesia. Luchó contra algunas herejías muy peligrosas como el “nestorianismo”, que afirma que en Jesús hay dos personas de distinta naturaleza, una divina y otra humana; el “monofisismo”, que sostiene que en Cristo solo hay naturaleza divina; el “maniqueísmo”, que sostiene que el espíritu del hombre es de Dios y el cuerpo del demonio; y el “pelagianismo”, que sostiene que el pecado original no es tal y por lo tanto la redención se obtiene por mérito individual, sin necesidad de la gracia (con lo que la redención obrada por Cristo perdería su sentido).
     
    Toda autoridad viene de Dios
     
    La tradición señala al Papa León como un pontífice lúcido y sabio, cuya autoridad era reconocida por todos, incluso por quienes ostentaban algún poder secular. Esta noble consideración no es fruto del azar. La Iglesia Católica, desde su fundador, Jesucristo, ha mostrado con la palabra y la acción que la autoridad no es carta libre para el uso y abuso del poder, sino una puesta en servicio a todos los hombres.
    Quien ostenta autoridad, como el Maestro, se pone de rodillas y le lava los pies a sus discípulos, o a quienes están bajo su mando (ver: Jn 13).
     
    Concilio de Calcedonia: la naturaleza de Cristo
     
    En un episodio memorable, acaecido durante el Concilio de Calcedonia (451), cuarto concilio ecuménico, los 600 obispos congregados en asamblea se pusieron de pie, en señal de adhesión, luego de haber escuchado la carta que San León les había dirigido (Carta dogmática a Flaviano, Tomus Leonis).
     
    En ella, el Pontífice hacía referencia a la plena divinidad de Cristo y a su plena humanidad. Contra la herejía cristológica del momento, el Papa León afirmó la total consustancialidad de Cristo con el Padre, por su divinidad, y su total consustancialidad con nosotros, por su humanidad (unión hipostática). Ergo, Cristo no podía ser considerado menos que el Padre en el orden divino; ni menos, ni más, que cualquiera de los seres humanos. La cristología del Papa León se articulaba sobre la certeza de que en Cristo hay una sola persona “sin confusión ni división”.
     
    La aclamación de la asamblea fue tal que muchos empezaron a decir que “San Pedro había hablado por boca de León”. Tal elogio se popularizó tanto entre los Padres conciliares que quedaron consignadas en la declaración dogmática del concilio.
     
    La Iglesia, faro que ilumina la historia contra la barbarie: Atila y Genserico
     
    Por otro lado, en tiempos del Papa León, la estructura del Imperio Romano de Occidente se hallaba resquebrajada, y se deterioraba con suma rapidez, siendo motivo de gran inestabilidad. El Papa León tuvo que cumplir en consecuencia un papel decisivo en el ordenamiento de la vida civil y política.
     
    Cuando los hunos, liderados por Atila (395-453), habían ocupado el norte de la península itálica, la amenaza de la invasión y destrucción de Roma empezaron a sentirse como inminentes (año 451). Entonces, el Papa salió al encuentro del líder de los hunos, Atila, para disuadirlo de sus planes. Providencialmente el Pontífice logró convencerlo: Atila tomó la decisión de no entrar a Roma.
     
    Así, el más temido de los bárbaros se replegó hacia Hungría, probablemente convencido de que una campaña contra Roma no podría ser afrontada con huestes golpeadas por carencias y enfermedades.
    Años después, en 455, San León se vio obligado a negociar con otro feroz bárbaro, Genserico (389-477), jefe de los vándalos, y aunque no pudo evitar el saqueo de la capital del Imperio, logró que la Ciudad Eterna no fuese incendiada, ni sus habitantes masacrados.
     
    Epílogo
     
    San León I murió el 10 de noviembre de 461, ya con el apelativo de “Magno” (Magnus, El Grande) ganado por su amor al pueblo, en honor a su sabiduría y por su grandeza espiritual. Fue canonizado más de mil años después, en 1574.
     
    “Las mismas divinas palabras de Cristo nos atestiguan cómo es la doctrina de Cristo, de modo que los que anhelan llegar a la bienaventuranza eterna puedan identificar los peldaños de esa dichosa subida” (San León Magno).
     
    ¡San León Magno, ruega por la Iglesia para que se mantenga siempre lejos de la confusión y cerca a la verdad que serviste! (ACI Prensa).

    09 noviembre, 2025

    DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

     Puede ser una imagen de texto que dice ""Destruyan este templo Y el en tres días lo lo reconstruiré" Juan 2, 13-22"

    Domingo 9 de Noviembre

    DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN
     
    Texto del Evangelio (Jn 2,13-22): Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado». Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
     
    Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
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    «Destruid este templo y en tres días lo levantaré»
    Rev. D. Joaquim MESEGUER García
    (Rubí, Barcelona, España)
     
    Hoy, en esta fiesta universal de la Iglesia, recordamos que aunque Dios no puede ser contenido entre las paredes de ningún edificio del mundo, desde muy antiguo el ser humano ha sentido la necesidad de reservar espacios que favorezcan el encuentro personal y comunitario con Dios. Al principio del cristianismo, los lugares de encuentro con Dios eran las casas particulares, en las que se reunían las comunidades para la oración y la fracción del pan. La comunidad reunida era —como también hoy es— el templo santo de Dios. Con el paso del tiempo, las comunidades fueron construyendo edificios dedicados a las reuniones litúrgicas, la predicación de la Palabra y la oración. Y así es como en el cristianismo, con el paso de la persecución a la libertad religiosa en el Imperio Romano, aparecieron las grandes basílicas, entre ellas San Juan de Letrán, la catedral de Roma.
     
    San Juan de Letrán es el símbolo de la unidad de todas las Iglesias del mundo con la Iglesia de Roma, y por eso esta basílica ostenta el título de Iglesia principal y madre de todas las Iglesias. Su importancia es superior a la de la misma Basílica de San Pedro del Vaticano, pues en realidad ésta no es una catedral, sino un santuario edificado sobre la tumba de San Pedro y el lugar de residencia actual del Papa, que, como Obispo de Roma, tiene en la Basílica Lateranense su catedral.
     
    Pero no podemos perder de vista que el verdadero lugar de encuentro del hombre con Dios, el auténtico templo, es Jesucristo. Por eso, Él tiene plena autoridad para purificar la casa de su Padre y pronunciar estas palabras: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2,19). Gracias a la entrega de su vida por nosotros, Jesucristo ha hecho de los creyentes un templo vivo de Dios. Por esta razón, el mensaje cristiano nos recuerda que toda persona humana es sagrada, está habitada por Dios, y no podemos profanarla usándola como un medio.
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    Pensamientos para el Evangelio de hoy
     
    «Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo san Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos» (San Agustín)
     
    «Hoy, fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, recordemos que el Señor desea habitar en todos los corazones. Incluso si sucede que nos alejamos de Él, al Señor le bastan tres días para reconstruir su templo dentro de nosotros» (Francisco)
     
    «Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma que preside en la caridad (…). El Señor hizo de san Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de san Pedro, es la cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 834 y 936) (bigsplash.wordpress.com bitacoradelalma.blogspot.com).

    06 noviembre, 2025

    San Leonardo de Noblat, Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas

    6 de noviembre
    San Leonardo de Noblat
    Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas 
     
    Cada 6 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Leonardo de Noblat, patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas.
     
    Leonardo nació en Galia (actual Francia), probablemente entre los años 491 y 518 (no hay mayor certeza al respecto), en el seno de una familia noble de origen franco, reconocida como tal por el Imperio romano. Se cree que murió hacia el año 545.
     
    A veces también se le designa como ‘San Leonardo de Noblac’.
     
    Conversión: caridad y justicia en las cárceles
     
    Leonardo pertenecía a la corte de Clovis I (Clodoveo), gran unificador de los francos, iniciador de la dinastía Merovingia. Clodoveo y Leonardo se convirtieron al cristianismo durante la navidad de 496, gracias a la compañía e influencia de San Remigio, obispo de Reims, quien les mostró el camino de la caridad y la justicia verdadera.
     
    Leonardo obtuvo de Clovis la autorización para encargarse de los prisioneros que estaban en las cárceles y devolver la libertad a aquellos que hubiesen cumplido un castigo proporcional a su falta, según lo establecido por la justicia. En aquellos tiempos, solía suceder que los prisioneros pasasen encerrados por periodos absurdos o exagerados, sea por su desproporcionalidad o porque simplemente nadie se acordaba más de ellos, y estos se resignaban a morir en las mazmorras. Eso, sin entrar en detalles con respecto a la crueldad de las condiciones de vida.
     
    Leonardo se preocupó por devolverle la libertad a aquellos que estaban muy enfermos, a quienes ya habían cumplido una pena suficiente o a quienes habían sido víctimas de falsas o dudosas acusaciones. Sin proponérselo, el santo inauguró en Occidente lo que podría considerarse una nueva “mirada” al problema de las cárceles: más humana o más consciente de la dignidad incondicional de la persona, aun cuando esta purgue una pena por un delito.
     
    Por esta razón, a San Leonardo se le considera patrono de los prisioneros y promotor del trato justo al que cumple una pena.
     
    Renuncia al mundo y al reconocimiento
     
    A Leonardo de Noblac se le ofreció el cargo de obispo, pero rechazó tal posibilidad. En su tiempo, era muy común que las familias nobles tuvieran como prerrogativa que uno de sus miembros fuese parte de la jerarquía eclesiástica. El rey Clodoveo había sido quien interpuso la oferta para Leonardo, pero él prefirió internarse en un monasterio, lejos del bullicio del mundo.
     
    Primero ingresó al monasterio de Micy y posteriormente tomó una decisión drástica: se fue a vivir a los bosques de Limousine, Aquitania, a donde atrajo a muchos interesados en seguir sus enseñanzas y su ejemplo de vida santa. La mayoría de estos adoptaría el estilo de vida eremita.
     
    La oración es más que útil: ¡salva vidas!
     
    La tradición medieval conserva hermosas historias sobre San Leonardo. Una de ellas evoca su intervención cuando a la reina se le adelantaron los dolores de parto. Se temía lo peor, pero las oraciones y cercanía espiritual de San Leonardo contribuyeron a que la reina diese a luz sin contratiempos.
     
    Debido a esto, Leonardo fue premiado con la posesión de unas tierras en Noblat, las que después cedería para la construcción de la abadía que hoy lleva su nombre: la abadía de San Leonardo de Noblat.
     
    Epílogo devocional
     
    Su devoción se extendió por Europa en los siglos posteriores gracias a los incontables milagros atribuidos a su intercesión, la mayoría de ellos vinculados a la liberación justa de prisioneros o a madres que invocaban su nombre en el difícil momento del parto.
     
    San Leonardo de Noblat murió en el año 545. También se le considera patrono de la conservación del ganado, debido a su vínculo con la vida del campo y la vida pueblerina.
     
    Hoy, cientos de iglesias y capillas llevan su nombre a lo largo de la Europa occidental, incluyendo la parte insular de Portugal y España.(ACI Prensa).