02 septiembre, 2013

San Antolin de Pamiers

 
Oh, San Antolin de Pamiers, vos,
sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo y mártir de la fe,
pues los paganos os mataron, porque
sus ídolos gentiles destruisteis,
en sus templos mismos, en venganza,
cuando a construir empezabais una
Iglesia. Y, quiso Dios, que vuestro
martirio no quedara desapercibido,
y sucedió que el rey don Sancho,
hallándose de caza, un jabalí divisó
y éste, buscó un hoyo donde se refugió,
y cuando lanzaba una flecha sobre
el animal, su brazo, paralizado quedó,
entendiendo entonces, que se hallaba
en lugar santo y que, castigado había
sido, por cometer sacrilegio. El rey,
hizo entonces, promesa, de que, si se
recuperaba de su parálisis, una catedral
levantaría en el lugar. Y, así lo hizo
y curado quedó, al instante. Y, hoy,
la catedral palentina, dedicada a vos,
está Antolín, como premio a vuestra
entrega de amor. Y, hoy, lucís corona
de luz, Santo Patrono de Palencia;
oh, San Antolín de Pamiers, “fe y luz”.
 
© 2013 Luis Ernesto Chacón Delgado
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2 de Septiembre
San Antolin de Pamiers
Mártir
Patrono de Palencia (España)
 
Martirologio Romano: En Apamea, lugar de Siria, san Antolin, mártir de la fe, de quien se dice que los paganos lo mataron por destruir ídolos gentiles cuando tenía veinte años de edad. († s.IV)
De acuerdo con la leyenda oriental, Antonino o Antolin era un tallador de piedra sirio que con un extraordinario desinterés reconvino a los idólatras de su ciudad natal por adorar imágenes de piedra. Después de aquel acto impetuoso, salió apresuradamente de la ciudad y se refugió en la celda de un ermitaño con el que vivió durante dos años.
 
Entonces decidió regresar a la ciudad y tuvo el desconsuelo de advertir que los habitantes aún rendían culto a los falsos dioses, por lo cual adoptó una actitud más enérgica todavía: entró a los templos y arrojó por tierra a los ídolos. Después, huyó más que de prisa de la ciudad y se refugió en Apamea. Allí, el obispo le dio instrucciones para que construyera una iglesia, a lo que accedió Antolin. Pero, apenas comenzada la obra, los paganos se enfurecieron a tal punto que, tras de organizar un tumulto para acabar con la construcción, asesinaron a Antolin, que ni siquiera trató de defenderse. El santo no tenía más de veinte años de edad.
 
Una tradición legendaria sobre sus reliquias se conserva en España. La misma narra que el rey don Sancho, hallándose de caza en la espesura de un bosque, en el lugar donde hoy se extiende la ciudad de Palencia, divisó un jabalí, que en su huida fue a refugiarse en una oquedad del terreno (la cripta de San Antolín, aún en pie hoy bajo la catedral gótica de la ciudad). Adentrándose el rey en la misma, se disponía a lanzar una flecha para matar al animal, cuando su brazo quedó paralizado, comprendiendo el rey que estaba en un lugar santo y que había sido castigado por cometer sacrilegio. El monarca hizo entonces un voto por el que si recuperaba de la repentina parálisis levantaría una catedral en el lugar. Al instante quedó curado. Agradecido el rey Sancho por el milagro, y halladas las reliquias del mártir que habían quedado abandonadas durante la invasión musulmana, se erigió el templo en cumplimiento de la promesa. Debido a esto la catedral palentina está dedicada a san Antolín.
 
Se tiene entendido que este Antolin mártir es el que figura en el Martirologio Romano como sacrificado en Pamiers, donde existen leyendas locales sobre él. Algunas de sus supuestas reliquias fueron trasladadas a Palencia, España, ciudad ésta de la que el santo es patrono y que tiene su propia versión sobre la leyenda de Pamiers, en la que el santo es, además, diácono (lo que explica muchas de sus representaciones iconográficas).
 
El nombre de san Antolin se asocia con los de san Almaquio y san Juan, de quienes se supone que sufrieron con él. También hay otro error en relación con Capua, donde se venera, el 3 de Septiembre, a un «niño san Antonino» junto con san Aristeo. A raíz de la mención de este mártir en el martirologio más antiguo de cuantos se conocen, el Hieronymianum, surgieron grandes confusiones.
 

01 septiembre, 2013

San Gil o Egidio

 
Oh, San Gil, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, y, el mismo
que, honor hicisteis al significado de vuestro
nombre: “El Protegido”. El Ródano, de vos,
sabe tanto, como lo de ermitaño y anacoreta
que fuisteis, pues, así, amar al Dios vivo
elegisteis. Muchos milagros se os atribuyeron
a lo largo de vuestra vida. En el Medioevo,
se os llamó: “de los pecadores abogado”,
porque, contribuisteis a que, Carlos rey,
convertido fuera. “Protector de los pobres,
tullidos y arqueros”, porque, a los pobres
y enfermos amabais y, una flecha, más que
de dolor, de amor os hirió. “Abogado contra
el miedo y el incubo”, por ayudar a una cierva
en peligro de muerte y “Defensor contra
las enfermedades del cáncer y la epilepsia”.
Hoy, entre nosotros estáis, anacoreta pintado
y orlado con la cierva, lirio, flecha clavada
en el brazo, dos puertas y un mensaje celeste.
Y, bien ganado tenéis hoy, el cielo, donde
gozáis de premio justo, coronado de luz eterna;
oh, San Gil, “luz y amigo de los pobres”.
 
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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1º de Septiembre
San Gil o Egidio
Abad y Anacoreta
 
(”El Protegido o Defendido” en latín; o “cabrito” en griego). Ermitaño de origen griego que vivió entre los siglos VI y VII. Algunas leyendas piadosas lo consideraban un rico heredero emigrado de Marsella y establecido como anacoreta en un bosque, en la desembocadura del río Ródano. Con el tiempo edificó un monasterio.
 
Se le atribuyen algunos milagros y la piedad en el Medioevo lo llamó: Abogado de los pecadores, por haber ayudado en su conversión al Rey Carlos; Protector de pobres, tullidos y arqueros, por haber sido herido por una flecha; Abogado contra el miedo y el incubo, por ayudar a una cierva en peligro; y Defensor contra las enfermedades del cáncer y la epilepsia, llamada “mal de San Gil”.
 
Se le consideró uno de los “14 santos auxiliares”. Se le representa como anacoreta, con varios atributos: cierva, lirio, flecha clavada en el brazo, dos puertas (regalo del Papa a su monasterio) y un mensaje celeste en una filacteria por haber descubierto un pecado oculto del Rey Carlos y hacérselo confesar.
 

31 agosto, 2013

San Ramón Nonato

 
 
Oh, San Ramón Nonato; vos, sois
el hijo del Dios de la vida y, su
amado santo, y, aunque vuestro
nombre significa no-nacido, las
maravillas por Dios obradas, así,
lo quisieron para asombro de la
gente de vuestro tiempo y más,
del nuestro. Muerta vuestra madre
vos, extraído fuiste, de su santo
vientre. Y, por ello, aunque sin
los cuidados y el amor de una
madre, mostrasteis amor y devoción
por Nuestra Señora, en la ermita
de san Nicolás. Amigo fuisteis de
Pedro Nolasco, quien os contagio
el abandonar el mundo y entrar al
clero. Y entonces, María misma,
os pide, que ingreséis, en la Orden
de la Merced y hacéis real, el voto
cuarto mercedario, que es el de
redimir a los cautivos y de rehén
servir en su lugar. Predicasteis
en el norte del África, y allí mismo
brindasteis consuelo, curasteis, y
disteis paciencia y fortaleza a los
cautivos de los piratas berberiscos.
Vos, mismo, soportasteis cárcel y la
tortura, pues, vuestra boca cerrada
fue, con candado para impediros la
predicación. Cardenal fuisteis nombrado,
por vuestros méritos y virtuosa vida.
Y, Dios Padre, os llamó de este mundo,
para coronaros con corona de luz,
como justo premio, a vuestro amor.
Santo Patrono, de las parturientas;
Oh, San Ramón Nonato, “puro amor”.
 
© 2013 Luis Ernesto Chacón Delgado
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31 de agosto
San Ramón Nonato
Cardenal
Patrón de las parturientas
 
Martirologio Romano: En Cardona, de Cataluña, san Ramón Nonato, que fue uno de los primeros socios de san Pedro Nolasco en la Orden de la Bienaventurada Virgen María de la Merced, y es tradición que, por el nombre de Cristo, sufrió mucho para la redención de los cautivos (c. 1240).
Fecha de canonización: Fue canonizado en 1657 por el Papa Alajandro VII
 
Nació en los mismos comienzos del siglo XIII. Su nombre deja boquiabierto a quien lo oye o lo lee por primera vez. Nonnato -Nonato por más breve- sugiere a un santo sólo potencial; como si la palabra fuera un slogan publicitario que estuviera invitando a quien lo lee o escucha a que se decidiera a iniciar una programa que acabara con la santidad del guión preestablecido. De hecho, significa no-nacido. ¿Pretenderá decir el extraño nombre que, por no haber nacido todavía el santo que rellene el expediente completo de sus cualidades y virtudes, está como esperando la Iglesia a que haya uno que se decida de una vez a reproducirlas? Eso sería, lógicamente, confundir la santidad como algo que brota de la voluntad y decisión humana, cuando ella es en verdad el resultado de la acción del Espíritu Santo con quien se coopera libremente. Sería sencillamente pelagianismo.
 
El calificativo -que ha pasado ya a ser nombre- le viene a Ramón por el hecho de haber sido sacado del claustro materno, por medio de una intervención quirúrgica, cuando ya había muerto su madre. Por eso no nació como nacen normalmente los niños, lo extrajeron. Fue en Portell, en Lérida, cuando se iniciaba el siglo XIII.
 
La buena y alta situación de su padre le posibilitó crecer en buen ambiente y formación, aunque sin el cariño y los cuidados de una madre. Cuentan de su primera juventud la devoción especialísima a la santísima Virgen que le llevaba con frecuencia a visitar la ermita de san Nicolás donde pasaba ratos mientras sus rebaños pastaban. Luego su padre quiso irlo incorporando poco a poco a las tareas de administración de sus posesiones y esa fue la razón por la que se le encuentra en Barcelona en el intento de aprender letras y números. Allí tuvo ocasión de trabar amistad con Pedro Nolasco -que por aquel entonces era comerciante- y de compartir mutuamente los deseos de fidelidad a la fe cristiana vivida con radicalidad, llegando incluso a considerar la posibilidad de entrar en el estado clerical.
 
Como el padre disfruta de un gran sentido práctico, lo reincorpora al terruño de Portell y le encarga la explotación de varias de sus fincas. Pero, sigue diciendo la antigua crónica, que la misma Virgen María le comunica su deseo de que ingrese en la recién fundada Orden de la Merced y allí está de nuevo en Barcelona puesto a disposición completa en las manos de su antes amigo Pedro Nolasco.
Noviciado, profesión, ordenación sacerdotal y ministerio en el hospital de santa Eulalia se suceden con la normalidad propia de quien tiene prisa para cumplir el cuarto voto mercedario consistente en redimir a los cautivos y servir de rehén en su lugar si procede.
 
En el norte del continente negro predica, consuela, cura, fortalece, atiende y transmite paciencia a los cautivos de los piratas berberiscos; comprende bien su situación y se hace cargo de que están rodeados de todos los peligros para su fe. Incluso él mismo tuvo que soportar cárcel y la tortura de que sellaran sus labios por ocho meses con un candado para impedirle la predicación.
 
A su vuelta a España entre el clamor de las multitudes, lo nombra Cardenal de la Iglesia el papa Gregorio IX, reconociendo sus méritos y virtud de la caridad practicada de modo heroico; pero no le dio tiempo a llegar a Roma por morir, antes de cumplir los cuarenta años, cuando se disponía a hacerlo.
 
Por el empeño de hacerse cargo de su cuerpo tanto los frailes mercedarios como los nobles señores de Cardona, decidieron de común acuerdo darle sepultura allá donde lo decidiera una mula ciega que lo llevó a lomos hasta que quiso pararse ante la ermita de San Nicolás, de Portell.
 
Desaparecieron las reliquias, irrecuperables ya para la veneración, en el año 1936. Lo que no ha sido relegado al olvido por sus paisanos es la figura del santo y su acción caritativa. Esa devoción secular que se refleja incluso en las fiestas y en el folklore. No digamos nada sobre la devoción que le profean todas las parturientas que lo tienen como especial patrón para su trance.

Se divulgó por el mundo la pintura que lo muestra con la Custodia en la mano derecha expresando así la fuente de su caridad con los hombres.

30 agosto, 2013

Santa Rosa de Lima Patrona de las Américas, el Perú, y las Filipinas

 
Oh, Santa Rosa de Lima, vos, sois la hija del Dios
de la vida y, su amada santa, que, cierto día,
a vuestra madre, respondisteis, cuando a los
los pobres y enfermos os entregabais por amor:
“Cuando servimos a los pobres y a los enfermos,
servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar
a nuestro prójimo, porque en ellos servimos
a Jesús”. Vuestra vida, de piedad y de virtud,
halló conforte cuando vestisteis el hábito de la
Orden de Santo Domingo. En la penitencia, la
mística y la contemplación, grande camino
hicisteis. Por modelo de santidad a Santa Catalina
de Siena, tomasteis, a pesar de la oposición y
las burlas de vuestros padres y amigos. De vuestro
corazón desterrasteis todo rasgo de amor propio,
y aplastasteis así, el orgullo, mediante la humildad,
la obediencia y la abnegación de la voluntad
propia. Jamás desobedecisteis a vuestros padres,
y en silencio, la incomprensión sufristeis. El día entero
en el huerto, trabajabais, y cosíais, para, a vuestra
familia ayudar. Luchasteis contra las propuestas de
matrimonio a cada nada, y entonces, votos
de virginidad hicisteis, a Dios, a quien os habíais
consagrado desde siempre, tanto que llevabais
sobre la cabeza, corona de espinas, por amor a Él.
Y, cuando de Él, hablabais, cambiaba vuestro tono
de voz, y vuestro rostro, se inflamaba reflejando
el sentimiento de vuestra alma y vuestro corazón,
y era más, cuando os hallabais en presencia del
Santísimo Sacramento y cuando estabais en plena
comunión con Dios. Dios, permitió que sufrieses
mucho, y que vuestros amigos os persiguieran
y vuestra alma, sumida se vio entonces, en la más
profunda desolación espiritual, que el maligno
aprovechaba, para molestaros, con tentaciones
violentas. Vos, que habíais padecido tanto y más,
en vuestros últimos momentos de vida, así, decíais:
“Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame
en la misma medida tu amor”. Y Dios, os escuchó
y os llamó para coronaros de eternidad y de gloria.
Y, si, ya no estáis aquí, porque gozáis de las alegrías
de cielo, toda coronada de luz, como premio justo
a vuestra entrega de amor, fe y esperanza. Santa
Patrona de las Américas, el Perú y las Filipinas;
Oh, Santa Rosa de Lima, “amorosa rosa de la luz”.
 
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de agosto
Santa Rosa de Lima
“Rosa de Santa María”
Patrona de América,
el Perú y las Filipinas
 
El día en que su madre le reprendió por atender en la casa a pobres y enfermos, Santa Rosa de Lima le contestó: “Cuando servimos a los pobres y a los enfermos, servimos a Jesús. No debemos cansarnos de ayudar a nuestro prójimo, porque en ellos servimos a Jesús”.-(Catecismo de la Iglesia Católica, 2449).
 
Nació en Lima (Perú) el año 1586; cuando vivía en su casa, se dedicó ya a una vida de piedad y de virtud, y, cuando vistió el hábito de la tercera Orden de santo Domingo, hizo grandes progresos en el camino de la penitencia y de la contemplación mística. Murió el día 24 de agosto del año 1617.
 
Biografía
 
Rosa de Lima, la primera santa americana canonizada, nació de ascendencia española en la capital del Perú en 1586. Sus humildes padres son Gaspar de Flores y María de Oliva. Aunque la niña fue bautizada con el nombre de Isabel, se la llamaba comúnmente Rosa y ése fue el único nombre que le impuso en la Confirmación el arzobispo de Lima, Santo Toribio. Rosa tomó a Santa Catalina de Siena por modelo, a pesar de la oposición y las burlas de sus padres y amigos. En cierta ocasión, su madre le coronó con una guirnalda de flores para lucirla ante algunas visitas y Rosa se clavó una de las horquillas de la guirnalda en la cabeza, con la intención de hacer penitencia por aquella vanidad, de suerte que tuvo después bastante dificultad en quitársela. Como las gentes alababan frecuentemente su belleza, Rosa solía restregarse la piel con pimienta para desfigurarse y no ser ocasión de tentaciones para nadie.
 
Una dama le hizo un día ciertos cumplimientos acerca de la suavidad de la piel de sus manos y de la finura de sus dedos; inmediatamente la santa se talló las manos con barro, a consecuencia de lo cual no pudo vestirse por sí misma en un mes. Estas y otras austeridades aún más sorprendentes la prepararon a la lucha contra los peligros exteriores y contra sus propios sentidos. Pero Rosa sabía muy bien que todo ello sería inútil si no desterraba de su corazón todo amor propio, cuya fuente es el orgullo, pues esa pasión es capaz de esconderse aun en la oración y el ayuno. Así pues, se dedicó a atacar el amor propio mediante la humildad, la obediencia y la abnegación de la voluntad propia.
 
Aunque era capaz de oponerse a sus padres por una causa justa, jamás los desobedeció ni se apartó de la más escrupulosa obediencia y paciencia en las dificultades y contradicciones. Rosa tuvo que sufrir enormemente por parte de quienes no la comprendían. El padre de Rosa fracasó en la explotación de una mina, y la familia se vio en circunstancias económicas difíciles. Rosa trabajaba el día entero en el huerto, cosía una parte de la noche y en esa forma ayudaba al sostenimiento de la familia. La santa estaba contenta con su suerte y jamás hubiese intentado cambiarla, si sus padres no hubiesen querido inducirla a casarse. Rosa luchó contra ellos diez años e hizo voto de virginidad para confirmar su resolución de vivir consagrada al Señor.
 
Al cabo de esos años, ingresó en la tercera orden de Santo Domingo, imitando así a Santa Catalina de Siena. A partir de entonces, se recluyó prácticamente en una cabaña que había construido en el huerto. Llevaba sobre la cabeza una cinta de plata, cuyo interior era lleno de puntas sirviendo así como una corona de espinas. Su amor de Dios era tan ardiente que, cuando hablaba de El, cambiaba el tono de su voz y su rostro se encendía como un reflejo del sentimiento que embargaba su alma. Ese fenómeno se manifestaba, sobre todo, cuando la santa se hallaba en presencia del Santísimo Sacramento o cuando en la comunión unía su corazón a la Fuente del Amor.
 
Extraordinarias pruebas y gracias
 
Dios concedió a su sierva gracias extraordinarias, pero también permitió que sufriese durante quince años la persecución de sus amigos y conocidos, en tanto que su alma se veía sumida en la más profunda desolación espiritual. El demonio la molestaba con violentas tentaciones. El único consejo que supieron darle aquellos a quienes consultó fue que comiese y durmiese más. Más tarde, una comisión de sacerdotes y médicos examinó a la santa y dictaminó que sus experiencias eran realmente sobrenaturales.
 
Rosa pasó los tres últimos años de su vida en la casa de Don Gonzalo de Massa, un empleado del gobierno, cuya esposa le tenía particular cariño. Durante la penosa y larga enfermedad que precedió a su muerte, la oración de la joven era: “Señor, auméntame los sufrimientos, pero auméntame en la misma medida tu amor”. Dios la llamó a Sí el 24 de agosto de 1617, a los treinta y un años de edad. El capítulo, el senado y otros dignatarios de la ciudad se turnaron para transportar su cuerpo al sepulcro.
 
El Papa Clemente X la canonizó en 1671
 
Aunque no todos pueden imitar algunas de sus prácticas ascéticas, ciertamente nos reta a todos a entregarnos con mas pasión al amado, Jesucristo. Es esa pasión de amor la que nos debe mover a vivir nuestra santidad abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo, en el desierto o en el claustro.
 
De los escritos de santa Rosa de Lima
 
“El salvador levantó la voz y dijo, con incomparable majestad:
“¡Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conforme al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe: esta es la única verdadera escala del paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo!”.
 
“Oídas estas palabras, me sobrevino un impetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas, de cualquier edad, sexo, estado y condición que fuesen: “Oíd pueblos, oíd, todo género de gentes: de parte de Cristo y con palabras tomadas de su misma boca, yo os aviso: Que no se adquiere gracia sin padecer aflicciones; hay necesidad de trabajos y más trabajos, para conseguir la participación íntima de la divina naturaleza, la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma.”
 
“Este mismo estímulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacía sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, sino que se había de romper la prisión y, libre y sola, con más agilidad se había de ir por el mundo, dando voces:
 
“¡Oh, si conociesen los mortales qué gran cosa es la gracia, qué hermosa, qué noble, qué preciosa, cuántas riquezas esconde en sí, cuántos tesoros, cuántos júbilos y delicias! Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones; andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos, en vez de aventuras, por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conocieran las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres.”

Bibliografía
Butler, Vida de los Santos
 

29 agosto, 2013

El Martirio de San Juan Bautista


oh San Juan Bautista, vos, sois
el hijo del Dios de la vida y su
amado santo, y que, por orden
de Herodes, arrestado y encadenado
fuisteis en la cárcel, por causa
de Herodías, mujer de Filipo,
su hermano, con quien, el rey
se había casado. Vos, dijisteis
a Herodes: “No te está permitido
tener la mujer de tu hermano”.
Por ello, Herodías os aborrecía
y quería mataros, pero a la vez
no podía, pues el rey, os temía
pues sabía, que erais hombre
justo y santo, y os protegía
y al oíros impresionado quedaba,
y os escuchaba con gusto. Y,
llegó el cumpleaños del rey, y
un banquete dio, y la hija de
Herodías, danzó, y gustó mucho
al rey, y a sus invitados. Y,
dijo a la muchacha “Pídeme lo
que quieras y te lo daré. Te daré
lo que me pidas, hasta la mitad
de mi reino”. Y, ella, consultó
con su madre “¿Qué voy a pedir?”.
Y ella le dijo: “La cabeza de Juan
el Bautista”. Y, ella, le dijo
al rey: “Quiero que ahora mismo
me des, en una bandeja, la cabeza
de Juan el Bautista”. Y, el rey
de tristeza se llenó, y al instante
mandó que le trajeran la cabeza
de Juan, en una bandeja, y se la
dio a la muchacha, y ésta a su
madre. vuestra vida toda, giró
en torno a la Persona de Jesús,
de manera que sin Él, vuestra
existencia y vuestra tarea, vana
hubiera sido. Él, os santificó
desde el vientre materno, y vos,
saltasteis entusiasmado dentro
del vuestra madre, Santa Isabel,
hasta encumbraros a la gloria de
Dios, que os premió, con corona
de luz, como premio a vuestro amor;
Oh, San Juan Bautista, amor y luz.


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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29 de Agosto
El Martirio de San Juan Bautista
Año 30


Señor: Te rogamos por tantas parejas que viven sin casarse y en pecado. Perdónales y concédeles la verdadera conversión. Y te suplicamos que nunca dejes de enviarnos valientes predicadores, que como Juan Bautista no dejen a los pecadores estar tranquilos en su vida de pecado por que los puede llevar a la perdición, y que despierten las conciencias de sus oyentes para que cada uno prefiera morir antes que pecar.
 
El evangelio de San Marcos nos narra de la siguiente manera la muerte del gran precursor, San Juan Bautista: “Herodes había mandado poner preso a Juan Bautista, y lo había llevado encadenado a la prisión, por causa de Herodías, esposa de su hermano Filipos, con la cual Herodes se había ido a vivir en unión libre. Porque Juan le decía a Herodes: “No le está permitido irse a vivir con la mujer de su hermano”. Herodías le tenía un gran odio por esto a Juan Bautista y quería hacerlo matar, pero no podía porque Herodes le tenía un profundo respeto a Juan y lo consideraba un hombre santo, y lo protegía y al oírlo hablar se quedaba pensativo y temeroso, y lo escuchaba con gusto”.
 
“Pero llegó el día oportuno, cuando Herodes en su cumpleaños dio un gran banquete a todos los principales de la ciudad. Entró a la fiesta la hija de Herodías y bailó, el baile le gustó mucho a Herodes, y le prometió con juramento: “Pídeme lo que quieras y te lo daré, aunque sea la mitad de mi reino”.
 
La muchacha fue donde su madre y le preguntó: “¿Qué debo pedir?”. Ella le dijo: “Pida la cabeza de Juan Bautista”. Ella entró corriendo a donde estaba el rey y le dijo: “Quiero que ahora mismo me des en una bandeja, la cabeza de Juan Bautista”.
 
El rey se llenó de tristeza, pero para no contrariar a la muchacha y porque se imaginaba que debía cumplir ese vano juramento, mandó a uno de su guardia a que fuera a la cárcel y le trajera la cabeza de Juan. El otro fue a la prisión, le cortó la cabeza y la trajo en una bandeja y se la dio a la muchacha y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse los discípulos de Juan vinieron y le dieron sepultura (S. Marcos 6,17).
 
Herodes Antipas había cometido un pecado que escandalizaba a los judíos porque esta muy prohibido por la Santa Biblia y por la ley moral. Se había ido a vivir con la esposa de su hermano. Juan Bautista lo denunció públicamente. Se necesitaba mucho valor para hacer una denuncia como esta porque esos reyes de oriente eran muy déspotas y mandaban matar sin más ni más a quien se atrevía a echarles en cara sus errores.
 
Herodes al principio se contentó solamente con poner preso a Juan, porque sentía un gran respeto por él. Pero la adúltera Herodías estaba alerta para mandar matar en la primera ocasión que se le presentara, al que le decía a su concubino que era pecado esa vida que estaban llevando. Cuando pidieron la cabeza de Juan Bautista el rey sintió enorme tristeza porque estimaba mucho a Juan y estaba convencido de que era un santo y cada vez que le oía hablar de Dios y del alma se sentía profundamente conmovido. Pero por no quedar mal con sus compinches que le habían oído su tonto juramento (que en verdad no le podía obligar, porque al que jura hacer algo malo, nunca le obliga a cumplir eso que ha jurado) y por no disgustar a esa malvada, mandó matar al santo precursor.
 
Este es un caso típico de cómo un pecado lleva a cometer otro pecado. Herodes y Herodías empezaron siendo adúlteros y terminaron siendo asesinos. El pecado del adulterio los llevó al crimen, al asesinato de un santo.
 
Juan murió mártir de su deber, porque él había leído la recomendación que el profeta Isaías hace a los predicadores: “Cuidado: no vayan a ser perros mudos que no ladran cuando llegan los ladrones a robar”. El Bautista vio que llegaban los enemigos del alma a robarse la salvación de Herodes y de su concubina y habló fuertemente. Ese era su deber. Y tuvo la enorme dicha de morir por proclamar que es necesario cumplir las leyes de Dios y de la moral. Fue un verdadero mártir.
 
Una antigua tradición cuenta que Herodías años más tarde estaba caminando sobre un río congelado y el hielo se abrió y ella se consumió hasta el cuello y el hielo se cerró y la mató. Puede haber sido así o no. Pero lo que sí es histórico es que Herodes Antipas fue desterrado después a un país lejano, con su concubina. Y que el padre de su primera esposa (a la cual él había alejado para quedarse con Herodías) invadió con sus Nabateos el territorio de Antipas y le hizo enormes daños. Es que no hay pecado que se quede sin su respectivo castigo.
 

28 agosto, 2013

San Agustín de Hipona

 
 
Oh, San Agustín, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, confesor, Doctor
de la Gracia, y con justicia llamado “La Gran
Lumbrera de Occidente”. “Si queréis recibir
la vida del Espíritu Santo, conservad la caridad,
amad la verdad y desead la unidad para llegar
a la eternidad”. “Tarde te amé, hermosura tan
antigua y tan nueva Tarde te amé!. Tú estabas
dentro de mí y yo fuera y por fuera te buscaba.
Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón
estará insatisfecho hasta que descanse en Ti,
pues la medida del amor es el amor sin medida”.
Escribisteis en “Confesiones”. Vuestra madre,
os enseñó a orar, pero luego, vos, os apartasteis,
y el mal, hecho cuerpo maniqueo, os atrapó y ella,
lloró por vos, casi toda su vida. Vos, buscasteis,
la verdad y sólo ella, y por ella, estudiasteis
varias filosóficas corrientes. Os gustó el maniqueísmo,
o el conflicto entre el bien y el mal, que al
final os desilusionó, y optasteis por el escepticismo.
Os movíais en círculos neoplatónicos y apareció
en vuestra vida, Ambrosio, hombre santo de Dios,
y os, ilustró en las ciencias divinas. A menudo
rezabais así: “Señor, dame castidad, pero no ahora”.
Pero un día, escuchasteis una voz, como la de
un niño, que os decía: Tolle et legge (toma y lee)
y al leer las Santas Escrituras, leísteis al azar:
“No deis vuestros miembros, como armas de iniquidad
al pecado, sino ofreceos más bien a Dios como
quienes, muertos, han vuelto a la vida, y dad
vuestros miembros a Dios, como instrumentos de
justicia. Porque el pecado no tendrá ya dominio
sobre vosotros, pues que no estáis bajo la Ley,
sino bajo la gracia”. Y así, os decidisteis sin
reserva a entregaros en alma y cuerpo a Dios,
su ley siguiendo y explicándola a otros. Y, a la
edad de Cristo, fuisteis bautizado en la Pascua
de Resurrección, y vuestra madre, de gozo se llenó
y dijo: “¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra?
Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano
católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios”.
Y, al poco tiempo, una fiebre tomó su cuerpo y murió
feliz, en vuestros brazos. Y del niño y el agua
de mar, Dios, os respondió, la imposibilidad
humana de interpretar siquiera, la Trinidad Santa.
Vos, hoy, os encontráis todo coronado de gloria
y de eternidad, por vuestra entrega de amor y fe;
oh, San Agustín, “Doctor de la gracia y de luz”.
 
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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28 de agosto
San Agustín de Hipona 
Obispo
Confesor y Doctor de la Iglesia
“Doctor de la Gracia”
“La Gran Lumbrera de Occidente”.
 
“Si queréis recibir la vida del Espíritu Santo, conservad la caridad, amad la verdad y desead la unidad para llegar a la eternidad”. “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva…¡Tarde te amé!. Tú estabas dentro de mí y yo fuera…, y por fuera te buscaba…”. “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en Tí…”. ”La medida del amor es el amor sin medida…”.
 
San Agustín de Hipona (354-430), es el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los más eminentes doctores de la Iglesia occidental, nació en el año 354 en Tagaste (Argelia actual). Sus padre, Patricio, un pagano de cierta estación social acomodada, que luego de una larga y virulenta resistencia a la fe, hacia el final de su vida se convierte al cristianismo. Mónica, su madre, natural de África, era una devota cristiana, nacida a padres cristianos. Al enviudar, se consagró totalmente a la conversión de su hijo Agustín. Lo primero que enseñó a su hijo Agustín fue a orar, pero luego de verle gozar de esas santas lecciones sufrió al ver como iba apartándose de la Verdad hasta que su espíritu se infectó con los errores maniqueos y, su corazón, con las costumbres de la disoluta Roma.”Noche y día oraba y gemía con más lágrimas que las que otras madres derramarían junto al féretro de sus hijos”, escribiría después Agustín en sus admirables Confesiones. Pero Dios no podía consentir se perdiese para siempre un hijo de tantas lágrimas. Mónica murió en Ostia, puerto de Roma, el año de 387, asistida por su hijo.
 
Juventud y estudios
 
Agustín se educó como retórico en las ciudades norteafricanas de Tagaste, Madaura y Cartago. Entre los 15 y los 30 años vivió con una mujer cartaginesa cuyo nombre se desconoce, con quien tuvo un hijo en el año 372, llamado Adeodatus, que en latín significa regalo de Dios.
 
Contienda intelectual
 
Inspirado por el tratado Hortensius de Cicerón, Agustín se convirtió en un ardiente buscador de la verdad, que le llevó a estudiar varias corrientes filosóficas. Durante nueve años, del 373 al 382, se adhirió al maniqueísmo, filosofía dualista persa, muy extendida en aquella época por el imperio romano. Su principio fundamental es el conflicto entre el bien y el mal, y a Agustín el maniqueísmo le pareció una doctrina que parecía explicar la experiencia y daba respuestas adecuadas sobre las cuales construir un sistema filosófico y ético. Además, su código moral no era muy estricto; Agustín recordaría posteriormente en sus Confesiones: “Concédeme castidad y continencia, pero no ahora mismo”. Desilusionado por la imposibilidad de reconciliar ciertos principios maniqueístas contradictorios, Agustín, abandona la doctrina y decide por el escepticismo.
 
En el año 383 se traslada de Cartago a Roma, y un año más tarde se va a Milán como profesor de retórica. Allí se mueve en círculos neoplatónicos. Allí también conoce al obispo de la ciudad, al gran Ambrosio, la figura eclesial de mayor renombre por santidad y conocimiento de aquel momento en Italia. Ambrosio le recibió con bondad y le ilustró en las ciencias divinas. Y así, poco a poco, renace en Agustín un nuevo interés por el cristianismo. Su mente, tan prodigiosa, inquita y curiolsa, va descubriendo la Verdad que hasta ahora le había eludido, sin embargo, vacilaba en su compromiso por debilidades de la carne, temía comprometerse porque sabía que tendría que reformar su vida disoluta, y dejar atrás muchos gustos y placeres que tanto le atraían.
 
Rezaba a menudo, “Señor, dame castidad, pero no ahora. “Pero un día, según su propio relato, escuchó una voz, como la de un niño, que le decía: Tolle et legge (toma y lee). Pero, al darse cuenta que estaba completamente solo, le pareció inspiración del cielo y una exhortación divina a leer las Santas Escrituras. Abrió y leyó el primer pasaje que apareció al azar: “…no deis vuestros miembros, como armas de iniquidad al pecado, sino ofreceos más bien a Dios como quienes, muertos, han vuelto a la vida, y dad vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia. Porque el pecado no tendrá ya dominio sobre vosotros, pues que no estaís bajo la Ley, sino bajo la gracia” (Rom 13, 13-14). Es entonces cuando Agústín se decide, y sin reserva, se entrega en alma y cuerpo a Dios, siguiendo su ley y explicandola a otros. A los 33 años de edad recibe el santo bautismo en la Pascua del año 387. Su madre que se había trasladado a Italia para estar cerca de él, se llenó de gran gozo.
 
Agustín, ya convertido, se dispuso volver con su madre a su tierra en África, y juntos se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había obtenido de Dios lo que más anhelaba en esta vida y podía morir tranquila. Sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, por la noche, mientras ambos platicaban debajo de un cielo estrellado de las alegrías que esperaban en el cielo, Mónica exclamó entusiasmada : “¿Y a mí que más me puede amarrar a la tierra ? Ya he obtenido mi gran deseo, el verte cristiano católico. Todo lo que deseaba lo he conseguido de Dios”. Poco días después le invadió una fiebre y murió. Murió pidiendo a su hijo “que se acordara de ella en el altar del Señor”. Murió en el año 387, a los 55 años de edad.
 
Obispo y teólogo
 
Agustín regresó al norte de África y fue ordenado sacerdote el año 391, y consagrado obispo de Hipona (ahora Annaba, Argelia) en el 395, a los 41 años, cargo que ocuparía hasta su muerte. Fue un periodo de gran agitación política y teológica; los bárbaros amenazaban el imperio romano llegando incluso a saquear a Roma en el 410, y el cisma y la herejía amenazaban internamente la unidad de la Iglesia. Agustín emprendió con entusiasmo la batalla teológica y refutó brillantemente los argumentos paganos que culpaban al cristianismo por los males que afectaban a Roma. Combatió la herejía maniqueísta y participó en dos grandes conflictos religiosos, el uno contra los donatistas, secta que sostenía que eran inválidos los sacramentos administrados por eclesiásticos en pecado.
 
El otro, contra las creencias de los pelagianos, seguidores de un monje británico de la época que negaba la doctrina del pecado original. Durante este conflicto, que duró por mucho tiempo, Agustín desarrolla sus doctrinas sobre el pecado original y la gracia divina, soberanía divina y predestinación. Sus argumentos sobre la gracia divina, le ganaron el título por el cual también se le conoce, Doctor de la Gracia. La doctrina agustiniana se situaba entre los extremos del pelagianismo y el maniqueísmo. Contra la doctrina de Pelagio mantenía que la desobediencia espiritual del hombre se había producido en un estado de pecado que la naturaleza humana era incapaz de cambiar. En su teología, los hombres y las mujeres son salvos por el Don de la Gracia Divina. Contra el maniqueísmo defendió con energía el papel del libre albedrío en unión con la gracia. Agustín murió en Hipona el 28 de agosto del año 430.
 
Obras
 
La importancia de San Agustín entre los Padres y Doctores de la Iglesia es comparable a la de San Pablo entre los Apóstoles. Como prolífico escritor, apologista y brillante estilista. Su obra más conocida es su autobiografía “Confesiones” (400), donde narra sus primeros años y su conversión. En su gran obra apologética “La Ciudad de Dios” (413-426), formula una filosofía teológica de la historia, y compara en ella la ciudad de Dios con la ciudad del hombre. De los veintidós libros de esta obra diez están dedicados a polemizar sobre el panteísmo. Los doce libros restantes se ocupan del origen, destino y progreso de la Iglesia, a la que considera como oportuna sucesora del paganismo.
 
Sus otros escritos incluyen las Epístolas, de las que 270 se encuentran en la edición benedictina, fechadas entre el año 386 y el 429; sus tratados “De libero arbitrio” (389-395), “De doctrina Christiana” (397-428), “De Baptismo”, “Contra Donatistas” (400-401), “De Trinitate” (400-416), “De natura et gratia” (415), “Retracciones” (428) y homilías sobre diversos libros de la Biblia.
(información recopilada de varias fuentes).
 
San Agustín y el niño
 
La historia de San Agustín con el niño es por muchos conocida. La misma surge del mucho tiempo que dedicó este gran santo y teólogo a reflexionar sobre el misterio de la Santísima Trinidad, de cómo tres personas diferentes podían constituir un único Dios.
 
Cuenta la historia que mientras Agustín paseaba un día por la playa, pensando en el misterio de la Trinidad, se encontró a un niño que había hecho un hoyo en la arena y con una concha llenaba el agujero con agua de mar. El niño corría hasta la orilla, llenaba la concha con agua de mar y depositaba el agua en el hoyo que había hecho en la arena. Viendo esto, San Agustín se detuvo y preguntó al niño por qué lo hacía, a lo que el pequeño le dijo que intentaba vaciar toda el agua del mar en el agujero en la arena. Al escucharlo, San Agustín le dijo al niño que eso era imposible, a lo que el niño respondió que si aquello era imposible hacer, más imposible aún era el tratar de decifrar el misterio de la Santísima Trinidad.
 
Oración
 
Renueva, Señor, en tu Iglesia el espíritu que infundiste en San Agustín para que, penetrados de ese mismo espíritu, tengamos sed de Tí, fuente de sabiduría, te busquemos como el único amor verdadero y sigamos los pasos de tan gran santo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amén.
 
Oración por las Vocaciones
 
Glorioso Padre San Agustín, que abriste un camino de entrega a Dios  al descubrir la hermosura de la vida religiosa; concédeme a mí, que me creo también llamado por Él, a ver claramente mi camino; ayúdame a ser fiel a esa vocación divina; que la estime en todo su valor, que huya de las personas y cosas que me la pueden arrebatar; que sea desde hoy muy generoso para decir sí el día de mi total entrega. Amén.
 

27 agosto, 2013

Santa Mónica

 
 
Oh, Santa Mónica, vos, sois la hija del Dios
de la vida, su amada santa, y la abnegada
madre de San Agustín. Dios, vuestras plegarias
escuchó, y vuestro esposo converso fue,
y así, su alma pudo volar hacia Dios. Viuda,
y con vuestro Agustín, rebelde, y sin causa
aparente, jamás dejasteis, de orar por su cambio
y conversión, pues, en manos de la secta
Maniquea, su alma había caído. Y, en un sueño
y la voz secreta que os habló, y os dijo: “tu
hijo volverá contigo”. Y, enseguida y presta,
se lo narrasteis a Agustín, y pensó él, que
maniquea pronto seríais. Pero, vos, a ello,
respondisteis: “En el sueño no me dijeron,
la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá
a la madre”. Y, en medio de vuestra aflicción,
un Obispo os dijo: “Esté tranquila, es imposible
que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Estas
palabras siempre os fortalecían y os daban
confianza en el Dios vivo. Y, aunque Agustín
se fuga, vos, vais tras la “oveja perdida”. Y,
en el camino, San Ambrosio, os abrió su corazón
de bondad y de sabiduría lleno, que os dio
sabios consejos, que trasmitisteis a Agustín,
que fue impactado. Más tarde, él, mismo
lo escuchaba con atención y respeto, tanto
que, al fin, abrió su mente y corazón a la fe
y las verdades católicas, bautizándose, para
alegría del cielo y de vos, en plena Pascua
de Resurrección. Así, vos, conseguisteis todo
lo que anhelabais en esta vida, y poder tranquila
morir. Y, junto al mar, mientras conversabais,
con vuestro hijo, exclamasteis: ” ¿ Y a mí que
más me amarra a la tierra? Ya he obtenido
de Dios mi gran deseo, el verte cristiano.”
Y, poco después, vuestra alma al cielo voló,
para recibir celestial corona de luz y de gloria;
oh, Santa Mónica, “vivo amor, fe y esperanza”.
 
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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27 de Agosto
Santa Mónica
Madre de San Agustín
(Año 332- 387)
 
Mónica, la madre de San Agustín, nació en Tagaste (África del Norte) a unos 100 km de la ciudad de Cartago en el año 332. Sus padres encomendaron la formación de sus hijas a una mujer muy religiosa y estricta en disciplina. Ella no las dejaba tomar bebidas entre horas (aunque aquellas tierras son de clima muy caliente ) pues les decía : “Ahora cada vez que tengan sed van a tomar bebidas para calmarla. Y después que sean mayores y tengan las llaves de la pieza donde esta el vino, tomarán licor y esto les hará mucho daño.” Mónica le obedeció los primeros años pero, después ya mayor, empezó a ir a escondidas al depósito y cada vez que tenía sed tomaba un vaso de vino. Más sucedió que un día regañó fuertemente a un obrero y éste por defenderse le gritó ¡Borracha ! Esto le impresionó profundamente y nunca lo olvidó en toda su vida, y se propuso no volver a tomar jamás bebidas alcohólicas. Pocos meses después fue bautizada ( en ese tiempo bautizaban a la gente ya entrada en años) y desde su bautismo su conversión fue admirable.
 
Su esposo
 
Ella deseaba dedicarse a la vida de oración y de soledad pero sus padres dispusieron que tenía que esposarse con un hombre llamado Patricio. Este era un buen trabajador, pero de genio terrible, además mujeriego, jugador y pagano, que no tenía gusto alguno por lo espiritual. La hizo sufrir muchísimo y por treinta años ella tuvo que aguantar sus estallidos de ira ya que gritaba por el menor disgusto, pero éste jamás se atrevió a levantar su mano contra ella. Tuvieron tres hijos : dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor Agustín, la hizo sufrir por varias décadas.
 
La fórmula para evitar discusiones
 
En aquella región del norte de Africa donde las personas eran sumamente agresivas, las demás esposas le preguntaban a Mónica porqué su esposo era uno de los hombres de peor genio en toda la ciudad, pero que nunca la golpeaba, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les respondió : “Es que, cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos y yo no acepto entrar en pelea, pues….no peleamos”.
 
Viuda, y con un hijo rebelde
 
Patricio no era católico, y aunque criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad tan grande hacia los pobres, nunca se opuso a que dedicará de su tiempo a estos buenos oficios. Quizás, el ejemplo de vida de su esposa logro su conversión. Mónica rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371 Patricio se hiciera bautizar, y que lo mismo hiciera su suegra, mujer terriblemente colérica que por meterse demasiado en el hogar de su nuera le había amargado grandemente la vida a la pobre Mónica. Un año después de su bautizo, Patricio murió, dejando a la pobre viuda con el problema de su hijo mayor.
 
El muchacho difícil: Agustín
 
Patricio y Mónica se habían dado cuenta de que Agustín era extraordinariamente inteligente, y por eso decidieron enviarle a la capital del estado, a Cartago, a estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero a Patricio, en aquella época, solo le interesaba que Agustín sobresaliera en los estudios, fuera reconocido y celebrado socialmente y sobresaliese en los ejercicios físicos. Nada le importaba la vida espiritual o la falta de ella de su hijo y Agustín, ni corto ni perezoso, fue alejándose cada vez más de la fe y cayendo en mayores y peores pecados y errores.
 
Una madre con carácter
 
Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años y empezaron a llegarle a Mónica noticias cada vez más preocupantes del comportamiento de su hijo. En una enfermedad, ante el temor a la muerte, se hizo instruir acerca de la religión y propuso hacerse católico, pero al ser sanado de la enfermedad abandonó su propósito de hacerlo. Adoptó las creencias y prácticas de una la secta Maniquea, que afirmaban que el mundo no lo había hecho Dios, sino el diablo. Y Mónica, que era bondadosa pero no cobarde, ni débil de carácter, al volver su hijo de vacaciones y escucharle argumentar falsedades contra la verdadera religión, lo echó sin más de la casa y cerró las puertas, porque bajo su techo no albergaba a enemigos de Dios.
 
La visión esperanzadora
 
Sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que se vio en un bosque llorando por la pérdida espiritual de su hijo, se le acercó un personaje muy resplandeciente y le dijo: “tu hijo volverá contigo”, y enseguida vio a Agustín junto a ella. Le narró a su hijo el sueño y él le dijo lleno de orgullo, que eso significaba que ello significaba que se iba a volver maniquea, como él. A eso ella respondió: “En el sueño no me dijeron, la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá a la madre”. Su respuesta tan hábil impresionó mucho a su hijo Agustín, quien más tarde consideró la visión como una inspiración del cielo. Esto sucedió en el año 437. Aún faltaban 9 años para que Agustín se convirtiera.
 
La célebre respuesta de un Obispo
 
En cierta ocasión Mónica contó a un Obispo que llevaba años y años rezando, ofreciendo sacrificios y haciendo rezar a sacerdotes y amigos por la conversión de Agustín. El obispo le respondió: “Esté tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Esta admirable respuesta y lo que oyó decir en el sueño, le daban consuelo y llenaban de esperanza, a pesar de que Agustín no daba la más mínima señal de arrepentimiento.
 
El hijo se fuga, y la madre va tras de él
 
A los 29 años, Agustín decide irse a Roma a dar clases. Ya era todo un maestro. Mónica se decide a seguirle para intentar alejarlo de las malas influencias pero Agustín al llegar al puerto de embarque, su hijo por medio de un engaño se embarca sin ella y se va a Roma sin ella. Pero Mónica, no dejándose derrotar tan fácilmente toma otro barco y va tras de él.
 
Un personaje influyente
 
En Milán; Mónica conoce al santo más famoso de la época en Italia, el célebre San Ambrosio, Arzobispo de la ciudad. En él encontró un verdadero padre, lleno de bondad y sabiduría que le impartió sabios consejos. Además de Mónica, San Ambrosio también tuvo un gran impacto sobre Agustín, a quien atrajo inicialmente por su gran conocimiento y poderosa personalidad. Poco a poco comenzó a operarse un cambio notable en Agustín, escuchaba con gran atención y respeto a San Ambrosio, desarrolló por él un profundo cariño y abrió finalmente su mente y corazón a las verdades de la fe católica.
 
La conversión tan esperada
 
En el año 387, ocurrió la conversión de Agustín, se hizo instruir en la religión y en la fiesta de Pascua de Resurrección de ese año se hizo bautizar.
 
Puede morir tranquila
 
Agustín, ya convertido, dispuso volver con su madre y su hermano, a su tierra, en África, y se fueron al puerto de Ostia a esperar el barco. Pero Mónica ya había conseguido todo lo que anhelaba es esta vida, que era ver la conversión de su hijo. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando ahí en una casa junto al mar, mientras madre e hijo admiraban el cielo estrellado y platicaban sobre las alegrías venideras cuando llegaran al cielo, Mónica exclamó entusiasmada: ” ¿ Y a mí que más me amarra a la tierra? Ya he obtenido de Dios mi gran deseo, el verte cristiano.” Poco después le invadió una fiebre, que en pocos días se agravó y le ocasionaron la muerte. Murió a los 55 años de edad del año 387.
 
A lo largo de los siglos, miles han encomendado a Santa Mónica a sus familiares más queridos y han conseguido conversiones admirables. En algunas pinturas, está vestida con traje de monja, ya que por costumbre así se vestían en aquél tiempo las mujeres que se dedicaban a la vida espiritual, despreciando adornos y vestimentas vanidosas. También la vemos con un bastón de caminante, por sus muchos viajes tras del hijo de sus lágrimas. Otros la han pintado con un libro en la mano, para rememorar el momento por ella tan deseado, la conversión definitiva de su hijo, cuando por inspiración divina abrió y leyó al azar una página de la Biblia.