04 junio, 2014

San Quirino de Tivoli

 
 
Oh, San Quirino de Tivoli, vos, sois el hijo
del Dios de la vida y su amado santo. Y, fuisteis
vos, el que, primero, el martirio recibisteis
de los demás “quirinos”, así llamados como vos.
Diocleciano, cruel emperador, ordenó que todos
vieran, que sacrificios hicierais a los dioses
paganos. Y, vos, con valor os negasteis a esta
propuesta, y marchasteis feliz a las mazmorras.
Y, allí, ni los barrotes, impidieron que dejaseis
de predicar sobre Cristo. Y, el milagro se produjo,
cuando de pronto, Marcelo, el guardián, la Cruz
de Cristo, abrazó. Y el enemigo enterado, cesó
jamás de intentar haceros cambiar de actitud,
pero vos, más firme que nunca, rechazasteis
aquella infeliz propuesta y os mantuvisteis,
a vuestra fe, fiel. Y así, vencisteis, tanto que
el idólatra Diocleciano, de rabia lleno, y viendo
vuestra valentía, ordenó que os arrojaran al río,
atándoos una piedra al cuello, mientras que vos,
orabais al Dios de la vida a voz viva. Más tarde,
recogieron vuestro cuerpo los cristianos y os dieron
sepultura digna. En el siglo V, os llevaron a Roma
para colocaros en un mausoleo. Sí, en verdad os
quitaron la vida, pero, al hacerlo, os dieron
vida eterna, porque, hoy, corona de luz, lucís,
como premio a vuestra increíble entrega de amor y fe;
oh, San Quirino de Tívoli, “mártir de la fe y la luz”.
 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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4 de Junio
San Quirino de Tivoli
Mártir
 
Etimológicamente significa “del dios Qurinal”. Viene de la lengua latina.
 
Fue uno de los cinco mártires con este nombre en los primeros siglos. Todos sabemos ya los duros golpes que les infligían a los cristianos por el sólo hecho de confesarse como tales. Los emperadores pensaban que era una afrenta contra el imperio y sus muchos dioses protectores.
 
El Quirino de hoy fue el primero que recibió el martirio. Su cuerpo lo enterraron en las catacumbas de san Ponciano, una vez que lo sacaron del río Tíber, en donde lo habían arrojado.
 
Pero según César Baronio, está en la iglesia de san Lorenzo de Tivoli. Pero hay otro santo con el mismo nombre que se celebra también en este día. Este homonimo fue obispo en Siscia (Croacia).
Siguiendo con la historia de Quirino de Tivoli, cuando Diocleciano hacía de las suyas contra los creyentes. Lo mandó prender para que, delante de todo el mundo, hiciera sacrificios a los dioses, tal y como prescribía el edicto imperial; con la fuerza interior que Dios da a sus amigos, rechazó tal oferta. Entonces lo metieron en la cárcel. Incluso en ella no dejaba de predicar y enseñar la vida de Jesús. De este modo, pudo convertir al guardián Marcelo.
 
Al cabo de los tres días, otro juez le hizo recapacitar en su decisión. Y se mantuvo fiel en su fe.
Cansado y al mismo tiempo admirado de su valentía, dictaminó que lo echaran al río Sava con una piedra atada al cuello.
 
Los cristianos recogieron su cuerpo y le dieron sepultura. Ya en el siglo V se lo llevaron a Roma y lo colocaron en un mausoleo, detrás de la basílica de san Sebastián en la Via Apia.
 
Su nombre se hizo muy popular entre los romanos para designar a los Sabinos y los Quirites
 

03 junio, 2014

San Carlos Luanga y Mártires Compañeros de Uganda

 
 
Oh, San Carlos Luanga y mártires compañeros
de Uganda, vosotros sois los hijos del Dios
de la vida, sus amados santos, que, instruidos
en la verdad de los evangelios santos y el temor
a Dios, os, convertisteis en ejemplo y vivo
germen de la fe y cristiandad del África y
del mundo, sobre todo, de los jóvenes del tiempo
vuestro y del nuestro, porque, con vuestra vida,
defendisteis el templo del Espíritu Santo,
-vuestros santos cuerpos-, negándoos a que,
mancillado fuera por aquél tirano y depravado
reyezuelo Muanga. El reyezuelo los volvió a reunir
y os preguntó: “¿Siguen decididos a seguir
siendo cristianos?”. Y vosotros respondisteis
en coro: “Cristianos hasta la muerte”. El
infame rey, montado en ira, os mandó mataros
envolviéndoos en esteras de juncos secos,
y un inmenso montón de leña seca, colocándoos
allí y prendiéndoos fuego. De entre las llamas
sus voces aclamando a Cristo salían y cantaban
a Dios, hasta el último aliento de sus vidas.
Y, así, pudo sí, con vuestros cuerpos, pero
jamás nunca, con las almas vuestras, que felices
se tornaron a la Casa del Padre, quien os
la dio, y a donde fuisteis todos, con coronas
de luz, como premio, a vuestra entrega de amor;
oh, San Carlos Luanga y compañeros “fe y luz”.
 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Junio
San Carlos Luanga y los mártires de Uganda
Año 1886
 
Santos mártires de Uganda
 
Os encomendamos a los jóvenes de nuestro tiempo para que sepan defender valientemente su pureza contra todos los corruptores, y para que nunca jamás se dejen robar por nadie su fe católica.
 
Uganda es un país del Africa. Los padres Blancos del Cardenal Lavigerie empezaron a misionar ese país y pronto hubo muchos negros convertidos al catolicismo y esta religión les transformó muy notablemente su modo de pensar y obrar.
 
Y sucedió que el jefe de esa nación, llamado Muanga, tenía el vicio de la homosexualidad. Y cuando el jefe del personal de mensajeros del palacio José Makasa, se convirtió al catolicismo le hizo saber al jefe que la Biblia condena y prohibe totalmente la homosexualidad y que la llama una “aberración”, o sea algo abominable, que va contra la Ley Divina y que es totalmente impropio de la persona humana. Y que el Libro Sagrado dice que “la homosexualidad es un pecado merecedor de la muerte” ( Levítico 18 ) y “algo que va contra la naturaleza (Rom. 1,26) y que los que lo cometen no poseerán el Reino de Dios (1 Cor. 6,10). Esto indignó tanto al reyezuelo, que ordenó asesinar a José Makasa el 15 de noviembre de 1885, y así este llegó a ser el primero de los 26 mártires de Uganda. (Ahora se llama San José Makasa). Otra de las causas del asesinato de José fue haber reprendido al rey por el asesinato del dos misioneros.
 
Al saber esta terrible noticia, los demás católicos que trabajaban en el palacio real como mensajeros o empleados, en vez de acobardarse, se animaron más fuertemente a preferir morir antes que ofender a Dios.
 
La segunda víctima fue un pequeño mensajero llamado Denis. El jefe Muanga quiso irrespetar a un jovencito llamado Muafa, pero este le dijo que su cuerpo era un templo del Espíritu Santo, y que él se haría respetar costara lo que costara. Averiguó el rey quién le había enseñado al niño estas doctrinas y le dijeron que era otro de los mensajeros, Denis, ¡y le dio muerte! Así este jovencito llegó a ser el segundo mártir San Denis. (Antes de darle muerte, el rey le preguntó: “¿eres cristiano?” y el niño respondió: “Sí, soy cristiano y lo seré hasta la muerte”).
 
Mientras tanto allá en un salón del palacio, el nuevo jefe de los mensajeros, Carlos Luanga (que había reemplazado a San José Makasa) reunía a todos los jóvenes y les recordaba lo que enseña San Pablo en la S. Biblia, que “los que cometen el pecado de homosexualidad tendrán un castigo inevitable por su extravío” ( Rom. 1,18 ) y les recordaba que “homosexualidad es la tendencia a cometer acciones impuras con personas del propio sexo”, y que eso no es amor de caridad que busca el bien de la otra persona, sino que es un “amor de concupiscencia” por el afecto que se siente hacia personas bien parecidas del propio sexo, y que lo que busca es satisfacer sus propios apetitos e inclinaciones anormales hacia las cualidades físicas del otro. Y les narraba cómo las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por una lluvia de fuego por cometer ese pecado, y cómo la Biblia anuncia tremendos castigos para los que lo cometen. Carlos terminaba sus charlas recordando aquellas palabras de Jesús: “Al que se declare a mí favor aquí, yo me declararé a su favor en el cielo”.
 
Con estas instrucciones de Carlos Luanga, ya todos los jovencitos mensajeros y empleados del palacio real de Uganda quedaron resueltos a perder su vida antes que renunciar a las creencias católicas o perder la pureza de su alma con un pecado de homosexualidad. Y ahora iba a llegar el desenlace fatal y sangriento.
 
El reyezuelo tenía como primer ministro al terrible brujo Katikiro, el cual estaba disgustadísimo porque los que se volvían cristianos católicos, ya no se dejaban engañar por sus brujerías. Y entonces se propuso convencer al rey de que debía hacer morir a todos los que se declararon cristianos.
 
El cruel Muanga reunió a todos sus mensajeros y empleados y les dijo: “De hoy en adelante queda totalmente prohibido ser cristiano, aquí en mi reino. Los que dejen de rezar al Dios se los cristianos, y dejen de practicar esa religión, quedarán libres. Los que quieran seguir siendo cristianos irán a la cárcel y a la muerte”. Y luego les dio una orden mortal: – Los que quieran seguir siendo cristianos darán un paso hacia adelante”.
 
Inmediatamente Carlos Luanga, jefe de todos los empleados y mensajeros del palacio, dio el paso hacia adelante. Lo siguió el más pequeño de los mensajeros, que se llamaba Kisito. Y enseguida 22 jóvenes más dieron el paso decisivo. Inmediatamente entre golpes y humillaciones fueron llevados todos a prisión.
 
El Padre misionero no había alcanzado a bautizar a algunos de ellos, y entonces estos jóvenes valientes viendo que su muerte estaba ya muy próxima pidieron a Carlos que los bautizara. Y allí en la oscuridad de la prisión Carlos Luanga bautizó a los que aún no estaban bautizados, y se prepararon todos para su paso a la eternidad feliz, que ya estaba muy cerca.
 
El reyezuelo los volvió a reunir y les preguntó: “¿Siguen decididos a seguir siendo cristianos?”. Y ellos respondieron a coro: “Cristianos hasta la muerte”. Entonces por orden del cruel ministro Katikiro fueron llevados prisioneros a 60 kilómetros de distancia por el camino, y allí mismo fueron asesinados por los guardias.
 
Después de haberlos tenido siete días en prisión en esas lejanías, en medio de los más atroces sufrimientos, mientras reunían la leña para el holocaustos el 3 de junio del año 1886, día de la Ascensión, los envolvieron en esteras de juncos muy secos, y haciendo un inmenso montón de leña seca los colocaron allí y les prendieron fuego. Entre las llamas salían sus voces aclamando a Cristo y cantando a Dios, hasta el último aliento de su vida.
 
Por el camino se llevaron los verdugos a dos mártires más, ya mayores de edad. El uno por haber convertido y bautizado a unos niños (San Matías Kurumba) y el otro por haber logrado que su esposa se hiciera cristiana (San Andrés Kawa). Ellos se unieron a los otros mártires (de los cuales 17 eran jóvenes mensajeros) y en total murieron en aquel año 26 mártires católicos por defender su fe y su castidad.
 
El cruel Katikiro fue fusilado y echado a los perros unos años después en una revolución. El reyezuelo Muanga fue derrotado por sus enemigos y desterrado a terminar sus años en una isla solitaria. Y los 26 mártires de Uganda, con Carlos Luanga a la cabeza, fueron declarados santos por el Papa Pablo VI, y ahora en Uganda hay un millón de católicos: “La sangre de los mártires, produce nuevos cristianos”.
 

02 junio, 2014

Santos Marcelino y Pedro, Mártires

 
 
 
Oh, Santos Marcelino y Pedro, vosotros
sois los hijos del Dios de la vida y sus
amados santos. Vos, Marcelino, sacerdote
del Dios Altísimo. Y, vos, Pedro, cristiano
ferviente y, con dones especiales dotado:
el de demonios expulsar. Cada quien, con
vuestra tarea cumplisteis, desde el púlpito
y en contra del demonio, y por ello, la cárcel
fue vuestro destino. Pero allí, con más
fervor y más fuerza aún, y más entusiasmo,
hablaron de Jesús, tanto que, carcelero,
mujer e hijos y prisioneros convertidos
fueron. Y, cuánto, debieron de haber dado
gracias al Dios vivo, por ese milagro,
que, los herejes de aquél tiempo, os dieron
muerte. Sí, habían matado vuestros cuerpos,
pero no, vuestras almas, que, felices
marcharon a la casa del Padre, donde
con justicia, coronados fueron de luz y
eternidad. Y, Constantino, una basílica os
regaló y, quiso, que Elena, su madre Santa,
sepultada fuera allí mismo. Y, las voces
de aquél tiempo, se escuchan hasta hoy:
“Marcelino y Pedro poderosos protectores,
escuchad nuestros clamores”. Amor, fe y luz;
oh, Santos Marcelino y Pedro, “verbos de fe”.
 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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2 de Junio
Santos Marcelino y Pedro
Mártires
Año 304
 
El primero de estos dos santos mártires era un sacerdote muy estimado en Roma, y el segundo era un fervoroso cristiano que tenía el poder especial de expulsar demonios. Fueron llevados a prisión por los enemigos de la religión, pero en la cárcel se dedicaron a predicar con tal entusiasmo que lograron convertir al carcelero y a su mujer y a sus hijos, y a varios prisioneros que antes no eran creyentes. Disgustados por esto los gobernantes les decretaron pena de muerte.
 
A Marcelino y Pedro los llevaron a un bosque llamado “la selva negra”, y allá los mataron cortándoles la cabeza y los sepultaron en el más profundo secreto, para que nadie supiera dónde estaban enterrados. Pero el verdugo, al ver lo santamente que habían muerto se convirtió al cristianismo y contó dónde estaban sepultados, y los cristianos fueron y sacaron los restos de los dos santos, y les dieron honrosa sepultura. Después el emperador Constantino construyó una basílica sobre la tumba de los dos mártires, y quiso que en ese sitio fuera sepultada su santa madre, Santa Elena.
 
Las crónicas antiguas narran que ante los restos de los santos Marcelino y Pedro, se obraron numerosos milagros. Y que las gentes repetían: “Marcelino y Pedro poderosos protectores, escuchad nuestros clamores”.
 
 

01 junio, 2014

Solemnidad de la Ascensión del Señor

 
 
“Y les dijo: Vayan por todo el
mundo y anuncien la Buena Nueva
a toda la creación. El que crea y
se bautice se salvará. El que
se resista a creer se condenará”.


“Yo estaré con vosotros hasta
el final de los tiempos”. Así,
dijisteis Vos, Señor y Dios de
la vida, antes de llevado ser
al Padre, glorificado de luz.


“Hombres de Galilea, ¿qué hacen
ahí mirando al cielo? Este que ha
sido llevado, este mismo Jesús,
vendrá como lo han visto subir al cielo”
Vuestros ángles así dijeron aquél día.
 
Y, duda alguna no queda, pues
Vos, sois verdadera comida
y verdadera bebida. Luz que
brilla en la oscuridad absoluta
y puro amor insondable sin fin.
 
Permitidnos, pues Amadísimo
Señor, alados ser junto a Vos,
y, al final de los tiempos, por
nuestras obras, con Vos, vivir,
la gloria santa de la vida eterna.


¡Gloria al Padre!
¡Gloria a Vos!
¡Gloria al Espíritu Santo!
Por los siglos de los siglos
Amén.

 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Domingo 1° de Junio
Solemnidad de la Ascensión del Señor
 
Cuarenta días después de la Resurrección, la Palabra de Dios describe cómo Jesús se despide físicamente de sus discípulos, dándoles las últimas instrucciones:
 
“Y les dijo: – Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará. Y estas señales acompañarán a los que crean en mi Nombre: echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes y si beben algún veneno no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán- Así pues, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”(Mc 16, 15-19; cfr. Lc 24, 50-51).
 
Mientras miraban fijamente al cielo hacia donde iba Jesús, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al cielo”. (Hch 1, 3-11).
 
Celebración
 
Celebramos la Ascensión del Señor, es el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés, son solemnidades muy importantes de la Iglesia, nos hablan de nuestro destino final: ir al Padre como Jesús y de la fundación y misión de nuestra Iglesia Católica. Se usa el color blanco, tanto en el altar como en las vestiduras del sacerdote.
 
Significado de la expresión
 
Los evangelistas describen al final de los evangelios y al principio del libro de los Hechos de los Apóstoles, que Jesús “fue elevado al cielo”, por lo que los cristianos repetimos en nuestro Credo:
“Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”. Esta afirmación es un modo de hablar para decir que Jesús se fue al Padre, llevando consigo su naturaleza humana. La ida de Jesús al Padre constituyó nuestro cielo.
 
Jesús, al ir al Padre, no entra en un lugar, sino en una nueva dimensión, en donde no tienen sentido nuestras expresiones: arriba, abajo, subir, bajar… Ir al cielo significa, ir a Dios. En el cielo, iremos a unirnos al cuerpo de Cristo resucitado todos los que aceptamos su salvación.
 
Significado de la fiesta en la iglesia
 
Según la narración de San Lucas, la Iglesia celebra la Ascensión del Señor a los cuarenta días de su resurrección. Esta fiesta está dentro del tiempo pascual que consta de cincuenta días y concluye con la Venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. (Cf. Lc 24, 49-53; Hch 1, 3-11; 2, 1-41) La fiesta de la Ascensión no nos habla de un alejamiento de Cristo, sino de su glorificación en el Padre. Su cuerpo humano adquiere la gloria y las propiedades de Dios antes de encarnarse. Con la Ascensión, Cristo se ha acercado más a nosotros, con la misma cercanía de Dios. Es también una fiesta de esperanza, pues con Cristo una parte, la primicia de nuestra humanidad, está con Dios. Con él, todos nosotros hemos subido al Padre en la esperanza y en la promesa.
 
En la Ascensión celebramos la subida de Cristo al Padre y nuestra futura ascensión con él. Al celebrar el misterio de la Ascensión del Señor, recuerda que EL CIELO ES NUESTRA META y que la vida terrena es el camino para conseguirla.
 
(http://www.rosario.org.mx/biblioteca/ascension.htm)

31 mayo, 2014

La Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel

 
 
Oh; Señora Nuestra María, Vos, que,
en vuestro seno llevando al Dios de
la vida y Señor Nuestro Jesucristo,
y que, de alborozo llena, visitasteis
a vuestra santa prima Isabel; quien,
al igual que Vos, a Juan, llevaba
en sus entrañas, Vos y ella felices
y de alegría llenas, y, desde vuestros
vientres, ambos niños, con sonrisas
celestiales: uno Divino, por la gracia
de Dios Padre y el otro, precursor
del primero, por los caminos de la vida,
y, más tarde, con agua a los gentiles
bautizando, hasta el día aquél, en el río
Jordán, cuando se abrieron los cielos
de par en par, y el Espíritu Santo, bajó
sobre Él. Y, la voz del Padre, que decía:
“Este es mi Hijo amado, en quien tengo
complacencia”. Y, en verdad así fue,
es y será, por los siglos de los siglos;
Oh, María e Isabel, Madres y Santas.
 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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31 de MayoLa Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel 
Fiesta Litúrgica
 
Luego que María Santísima oyó del ángel Gabriel que su prima Isabel también esperaba un hijo, sintióse iluminada por el Espíritu Santo y comprendió que debería ir a visitar a aquella familia y ayudarles y llevarles las gracias y bendiciones del Hijo de Dios que se había encarnado en Ella. San Ambrosio anota que fue María la que se adelantó a saludar a Isabel puesto que es la Virgen María la que siempre se adelanta a dar demostraciones de cariño a quienes ama.
 
Por medio de la visita de María llevó Jesús a aquel hogar muchos favores y gracias: el Espíritu Santo a Isabel, la alegría a Juan, el don de Profecía, etc, los cuales constituyen los primeros favores que nosotros conocemos que haya hecho en la tierra el Hijo de Dios encarnado. San Bernardo señala aquí que desde entonces María quedó constituida como un “Canal inmenso” por medio del cual la bondad de Dios envía hacia nosotros las cantidades más admirables de gracias, favores y bendiciones.
 
Además, nuestra Madre María recibió el mensaje más importante que Dios ha enviado a la tierra: el de la Encarnación del Redentor en el mundo, y en seguida se fue a prestar servicios humildes a su prima Isabel. No fue como reina y señora sino como sierva humilde y fraterna, siempre dispuesta a atender a todos que la necesitan.
 
Este fue el primero de los numerosos viajes de María a ayudar a los demás. Hasta el final de la vida en el mundo, Ella estará siempre viajando para prestar auxilios a quienes lo estén necesitando. También fue la primera marcha misionera de María, ya que ella fue a llevar a Jesús a que bendijera a otros, obra de amor que sigue realizando a cada día y cada hora. Finalmente, Jesús empleó a su Madre para santificar a Juan Bautista y ahora ella sigue siendo el medio por el cual Jesús nos santifica a cada uno de nosotros que somos también hijos de su Santa Madre.
 
 

30 mayo, 2014

Santa Juana de Arco

 
 
Oh, Santa Juana de Arco; vos, sois
la hija del Dios de la vida y su amada
santa. Aquella mujer que, desde pequeña,
os entregasteis a Su divina providencia.
Cada sábado recogíais bellas y maravillosas
flores del campo para llevarlas al altar
de Nuestra Señora. San Miguel Arcángel,
Santa Catalina y Santa Margarita, fueron
tras de vos y os hablaron así: “Vos debéis
salvar a vuestra nación y al rey”. Y, así,
los colores de Jesús y María, estandartes
hechos, que flameasen dejasteis sobre
los campos de batalla, y, las victorias,
a raudales se dieron. Así, como brilló
la luz de la verdad prontamente sobre vos,
así también, la oscuridad del maligno os
envolvió y, por la envidia de los hombres,
crueles martirios sufristeis en la cárcel.
Pero, nada os importó el desprecio,
el sobrevivir en las mazmorras, el descrédito
y el martirio de quemada ser viva. Y, vos,
inmutable y feliz, tres veces pronunciasteis
el santo nombre de Jesús. Y, vuestra joven
alma partió, a los brazos de Aquél que os
la dio, para, coronada ser con corona de luz,

Patrona de Francia y Doncella de Orleáns;
oh, Santa Juana de Arco; “amor, fe y verdad”.
 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de Mayo
Santa Juana de Arco
Mártir
(1431
)
 
Historia
 
Esta santa a los 17 años llegó a ser heroína nacional y mártir de la religión. Juana de Arco nació en el año 1412 en Donremy, Francia. Su padre se llamaba Jaime de Arco, y era un campesino.
 
Juana creció en el campo y nunca aprendió a leer ni a escribir. Pero su madre que era muy piadosa le infundió una gran confianza en el Padre Celestial y una tierna devoción hacia la Virgen María. Cada sábado la niña Juana recogía flores del campo para llevarles al altar de Nuestra Señora. Cada mes se confesaba y comulgaba, y su gran deseo era llegar a la santidad y no cometer nunca ningún pecado. Era tan buena y bondadosa que todos en el pueblo la querían.
 
Su patria Francia, estaba en muy grave situación porque la habían invadido los ingleses que se iban posesionando rápidamente de muchas ciudades y hacían grandes estragos. A los catorce años la niña Juana empezó a sentir unas voces que la llamaban. Al principio no sabía de quién se trataba, pero después empezó a ver resplandores y que se le aparecían el Arcángel San Miguel, Santa Catalina y Santa Margarita y le decían: “Tú debes salvar a la nación y al rey”.
 
Por temor no contó a nadie nada al principio, pero después las voces fueron insistiéndole fuertemente en que ella, pobre niña campesina e ignorante, estaba destinada para salvar la nación y al rey y entonces contó a sus familiares y vecinos. Las primeras veces las gentes no le creyeron, pero después ante la insistencia de las voces y los ruegos de la joven, un tío suyo se la llevó a donde el comandante del ejército de la ciudad vecina. Ella le dijo que Dios la enviaba para llevar un mensaje al rey. Pero el militar no le creyó y la despachó otra vez para su casa.
 
Sin embargo unos meses después Juana volvió a presentarse ante el comandante y este ante la noticia de una derrota que la niña le había profetizado la envió con una escolta a que fuera a ver al rey.
 
Llegada a la ciudad pidió poder hablarle al rey. Este para engañarla se disfrazó de simple aldeano y colocó en su sitio a otro. La joven llegó al gran salón y en vez de dirigirse hacia donde estaba el reemplazo del rey, guiada por las “voces” que la dirigían se fue directamente a donde estaba el rey disfrazado y le habló y le contó secretos que el rey no se imaginaba. Esto hizo que el rey cambiara totalmente de opinión acerca de la joven campesina.
 
Ya no faltaba sino una ciudad importante por caer en manos de los ingleses. Era Orleans. Y estaba sitiada por un fuerte ejército inglés. El rey Carlos y sus militares ya creían perdida la guerra. Pero Juana le pide al monarca que le conceda a ella el mando sobre las tropas. Y el rey la nombra capitana. Juana manda hacer una bandera blanca con los nombres de Jesús y de María y al frente de diez mil hombres se dirige hacia Orleans.
 
Animados por la joven capitana, los soldados franceses lucharon como héroes y expulsaron a los asaltantes y liberaron Orleans. Luego se dirigieron a varias otras ciudades y las liberaron también.
 
Juana no luchaba ni hería a nadie, pero al frente del ejército iba de grupo en grupo animando a los combatientes e infundiéndoles entusiasmo y varias veces fue herida en las batallas.
 
Después de sus resonantes victorias, obtuvo Santa Juana que el temeroso rey Carlos VII aceptara ser coronado como jefe de toda la nación. Y así se hizo con impresionante solemnidad en la ciudad de Reims.
 
Pero vinieron luego las envidias y entonces empezó para nuestra santa una época de sufrimiento y de traiciones contra ella. Hasta ahora había sido una heroína nacional. Ahora iba a llegar a ser una mártir. Muchos empleados de la corte del rey tenían celos de que ella llegara a ser demasiado importante y empezaron a hacerle la guerra.
 
Faltaba algo muy importante en aquella guerra nacional: conquistar a París, la capital, que estaba en poder del enemigo. Y hacia allá se dirigió Juana con sus valientes. Pero el rey Carlos VII, por envidias y por componendas con los enemigos, le retiró sus tropas y Juana fue herida en la batalla y hecha prisionera por los Borgoñones.
 
Los franceses la habían abandonado, pero los ingleses estaban supremamente interesados en tenerla en la cárcel, y así pagaron más de mil monedas de oro a los de Borgoña para que se la entregaran y la sentenciaron a cadena perpetua.
 
Los ingleses la hicieron sufrir muchísimo en la cárcel. Las humillaciones y los insultos eran todos los días y a todas horas, hasta el punto que Juana llegó a exclamar: “Esta cárcel ha sido para mí un martirio tan cruel, como nunca me había imaginado que pudiera serlo”. Pero seguía rezando con fe y proclamando que sí había oído las voces del cielo y que la campaña que había hecho por salvar a su patria, había sido por voluntad de Dios.
 
En ese tiempo estaba muy de moda acusar de brujería a toda mujer que uno quisiera hacer desaparecer. Y así fue que los enemigos acusaron a Juana de brujería, diciendo que las victorias que había obtenido era porque les había hecho brujerías a los ingleses para poderlos derrotar. Ella apeló al Sumo Pontífice, pidiéndole que fuera el Papa de Roma el que la juzgara, pero nadie quiso llevarle al Santo Padre esta noticia, y el tribunal estuvo compuesto exclusivamente por enemigos de la santa. Y aunque Juana declaró muchas veces que nunca había empleado brujerías y que era totalmente creyente y buena católica, sin embargo la sentenciaron a la más terribles de las muertes de ese entonces: ser quemada viva.
 
Encendieron una gran hoguera y la amarraron a un poste y la quemaron lentamente. Murió rezando y su mayor consuelo era mirar el crucifijo que un religioso le presentaba y encomendarse a Nuestro Señor. Invocaba al Arcángel San Miguel, al cual siempre le había tenido gran devoción y pronunciando por tres veces el nombre de Jesús, entregó su espíritu. Era el 29 de mayo del año 1431. Tenía apenas 19 años.
 
Varios volvieron a sus casas diciendo: “Hoy hemos quemado a una santa”. 23 años después su madre y sus hermanos pidieron que se reabriera otra vez aquel juicio que se había hecho contra ella. Y el Papa Calixto III nombró una comisión de juristas, los cuales declararon que la sentencia de Juana fue una injusticia. El rey de Francia la declaró inocente y el Papa Benedicto XV la proclamó santa.
 
Petición
 
Juana de Arco: concédenos un gran amor por nuestra patria.
 
 

29 mayo, 2014

Santa Hilda de Whitby

 
 
Oh, Santa Hilda de Whitby, vos, sois la hija
del Dios de la vida y su amada santa, que,
fundando un monasterio en Whitby, permanecisteis
en él, el resto de vuestra santa vida, hasta
vuestra muerte. En vuestro tiempo, las propiedades
y los bienes eran de todos y los valores
cristianos, ejercidos eran de igual manera,
sobre todo la paz y la caridad. Todos también,
estudiaban la Santa Biblia y hacían obras
de caridad. Cinco hombres del monasterio
se convirtieron en obispos y uno venerado
fue como santo: San Juan de Beverley. La
Reina Eanfleda de Deira, y su hija Alfleda
se convirtieron al cristianismo, luego en
monjas y más tarde en abadesas de Whitby,
después de que vos, moristeis. El gran
Beda, os describe como una mujer de gran
energía y una audaz y eficaz administradora
y maestra. Vos os ganasteis la reputación
de sabiduría, pues, incluso reyes, príncipes
y obispos buscaban vuestra ayuda. Os preocupaba
también, la gente sencilla, como Caedmon,
un pastor y poeta religioso. Aunque vos,
teníais un carácter fuerte, inspirabais
cariño, aprecio y afecto. Beda dijo: “Todos
aquellos que la conocían la llamaban madre
por su gran devoción y gracia“. Una fiebre
rara, os abrazó un tiempo largo, y a pesar
de ello, seguisteis trabajando hasta el día
en que, vuestra alma, voló al cielo, y os
acompañó el tañer repentino de las campanas,
mientras coronada era, con corona de luz;
oh, Santa Hilda de Whitby, “amor, fe y luz”.
 
© 2014 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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29 de Mayo
Santa Hilda de Whitby (Ilda)
Abadesa
 
No se sabe el lugar de nacimiento de Hilda, pero de acuerdo a Beda el Venerable fue en el año 614. Ella fue la segunda hija de Hereric, sobrino de Edwin de Northumbria, y su esposa Breguswita. Su hermana mayor, Hereswita, se casó con Ethelric, hermano del rey Anna de Anglia Oriental. Cuando era apenas una bebe su padre fue envenenado mientras pasaba su exilio en la corte del rey de Elmet (en lo que hoy en día es West Yorkshire). Se asume que ella creció en la corte de Ediwn en Northumbria.
 
En 627 el rey Edwin de Northumbria fue bautizado durante la Pascua junto a toda su corte, la cual incluía a Hilda, en una pequeña capilla de madera construida especialmente para la ocasión, cerca de lo que hoy en día es la Catedral de York Minster.
 
La ceremonia fue oficiada por el monje-obispo Paulinus, quien había venido desde Roma junto a San Agustín de Canterbury. Luego acompaño a Ethelburga, una princesa cristiana, cuando ella regreso a Kent para casarse con Edwin.
 
Hilda como monja
 
No se sabe dónde fue que Hilda empezó su vida como monja, excepto que fue al norte de las orillas del río Wear. Aquí, con unos cuantos compañeros aprendieron las tradiciones del monasticismo del Cristianismo Celta el cual San Aidan había traído desde Iona. Después de un año San Aidan nombró a Hilda como la segunda Abadesa de Hartlepool. No quedan rastros de esta abadía pero el cementerio monástico se ha encontrado cerca de la presente Iglesia de Santa Hilda.
 
En 657 Hilda fundo un nuevo monasterio en Whitby (en ese entonces conocida como Streonshalh), donde permaneció el resto de su vida hasta su muerte en 680.
 
Vida monástica en Whitby
 
En el acantilado oriental de Whitby se levantan las impresionantes ruinas de un abadía benedictina del siglo XII. Este, sin embargo, no fue el edificio que Hilda conoció. Evidencia arqueológica muestra que el monasterio era en estilo celta con sus miembros viviendo en pequeñas casas para dos o tres personas. La tradición de monasterios dobles, como los de Hartlepool y Whitby, era para que hombres y mujeres vivieran separadamente pero que pudieran rezar juntos en misa.
 
No se sabe donde exactamente la iglesia monástica de Hilda se levantó, tampoco sabemos cuantos monjes y monjas vivían en Whitby. Lo que Beda nos cuenta es que las ideas originales de monasticismo eran estrictamente seguidas en la abadía de Hilda. Todas las propiedades y bienes eran de propiedad común, los valores cristianos eran ejercidos, especialmente paz y caridad, todos tenían que estudiar la Biblia y hacer obras de caridad.
 
Cinco hombres del monasterio se convirtieron en obispos y uno fue venerado como santo, San Juan de Beverley.
 
La Reina Eanfleda de Deira, y su hija Alfleda se convirtieron en monjas y juntas fueron abadesas de Whitby después de la muerte de Hilda.
 
Carácter de Santa Hilda
 
Beda describe a Hilda como una mujer de gran energía quien era una audaz y eficaz administradora y maestra. Ella se ganó una reputación de sabiduría, que incluso reyes, príncipes y obispos buscaban su ayuda, pero también se preocupaba por la gente ordinaria como Caedmon, un pastor y bardo religioso. Aunque Hilda tenía un carácter fuerte ella también inspiraba afecto. Beda dijo “Todos aquellos que la conocían la llamaban madre por su gran devoción y gracia“.
 
Muerte de Santa Hilda
 
Hilda sufrió de una fiebre los últimos seis años de su vida, pero continuó trabajando hasta su muerte en el 680, en lo que entonces era una edad muy avanzada de sesenta y seis. En su último año ella fundo otro monasterio, a 14 millas de Whitby, en Hackness. Ella murió después de recibir el viaticum, y según la leyenda, en el momento de su muerte las campanas del monasterio en Hackness sonaron.