03 abril, 2016

Fiesta de la Divina Misericordia

 




¡Oh!, Jesús Divina Misericordia

¡Misericordia del Padre!
En las obras Corporales y Espirituales
En los corazones de vuestros discípulos
Y en los hombres de hoy
El camino sois Vos y ninguno más
Misericordia de paz gritamos hoy
«Como El Padre me ha enviado, así también os envío yo»
«Paz a vosotros” dijisteis a vuestros discípulos
Vuestra Paz, es la que anhelan los hombres hoy
Porque vuestra misericordia es eterna
¡Oh!, Jesús Divina Misericordia, en Vos, confío.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
 


Fiesta de la Divina Misericordia  
Segundo Domingo de Pascua


“La humanidad no conseguirá la paz hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia” (Diario, 300)

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje: Dios es Misericordioso y nos ama a todos … “y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia” (Diario, 723). En este mensaje, que Nuestro Señor nos ha hecho llegar por medio de Santa Faustina, se nos pide que tengamos plena confianza en la Misericordia de Dios, y que seamos siempre misericordiosos con el prójimo a través de nuestras palabras, acciones y oraciones… “porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).


Con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla y la Novena a la Divina Misericordia; confesarse -para la cual es indispensable realizar primero un buen examen de conciencia-, y recibir la Santa Comunión el día de la Fiesta de la Divina Misericordia.

La escencia de la devoción

La esencia de la devoción se sintetiza en cinco puntos fundamentales:

1. Debemos confiar en la Misericordia del Señor.

Jesús, por medio de Sor Faustina nos dice: “Deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en mi misericordia. Que se acerquen a ese mar de misericordia con gran confianza. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza en mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con mi paz divina”.


2. La confianza es la esencia, el alma de esta devoción y a la vez la condición para recibir gracias.

“Las gracias de mi misericordia se toman con un solo recipiente y este es la confianza. Cuanto más confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son mi gran consuelo y sobre ellas derramo todos los tesoros de mis gracias. Me alegro de que pidan mucho porque mi deseo es dar mucho, muchísimo. El alma que confía en mi misericordia es la más feliz, porque yo mismo tengo cuidado de ella. Ningún alma que ha invocado mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en mi bondad”.


3. La misericordia define nuestra actitud ante cada persona.

“Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia mí. Debes mostrar misericordia siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte. Te doy tres formar de ejercer misericordia: la primera es la acción; la segunda, la palabra; y la tercera, la oración. En estas tres formas se encierra la plenitud de la misericordia y es un testimonio indefectible del amor hacia mí. De este modo el alma alaba y adora mi misericordia”.


4. La actitud del amor activo hacia el prójimo es otra condición para recibir gracias.

“Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serían juzgadas, porque la misericordia anticiparía mi juicio”.


5. El Señor Jesús desea que sus devotos hagan por lo menos una obra de misericordia
al día.


“Debes saber, hija mía que mi Corazón es la misericordia misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre todo el mundo. Deseo que tu corazón sea la sede de mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre todo el mundo a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede marcharse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas”.

La Santa Sede decreta día de la Divina Misericordia

Una propuesta de Santa Faustina Kowalska

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicó el 23 de mayo del 2000 un decreto en el que se establece, por indicación de Juan Pablo II, la fiesta de la Divina Misericordia, que tendrá lugar el segundo domingo de Pascua. La denominación oficial de este día litúrgico será «segundo domingo de Pascua o de la Divina Misericordia».


Ya el Papa lo había anunciado durante la canonización de Sor Faustina Kowalska, el 30 de abril: «En todo el mundo, el segundo domingo de Pascua recibirá el nombre de domingo de la Divina Misericordia. Una invitación perenne para el mundo cristiano a afrontar, con confianza en la benevolencia divina, las dificultades y las pruebas que esperan al genero humano en los años venideros».


Sin embargo, el Papa no había escrito estas palabras, de modo que no aparecieron en la transcripción oficial de sus discursos de esa canonización.


Santa Faustina, que es conocida como la mensajera de la Divina Misericordia, recibió revelaciones místicas en las que Jesús le mostró su corazón, fuente de misericordia y le expresó su deseo de que se estableciera esta fiesta. El Papa le dedicó una de sus encíclicas a la Divina Misericordia («Dives in misericordia»).


Los apóstoles de la Divina Misericordia están integrados por sacerdotes, religiosos y laicos, unidos por el compromiso de vivir la misericordia en la relación con los hermanos, hacer conocer el misterio de la divina misericordia, e invocar la misericordia de Dios hacia los pecadores. Esta familia espiritual, aprobada en 1996, por la archidiócesis de Cracovia, está presente hoy en 29 países del mundo.


El decreto vaticano aclara que la liturgia del segundo domingo de Pascua y las lecturas del breviario seguirán siendo las que ya contemplaba el misal y el rito romano.

(https://www.aciprensa.com/recursos/fiesta-de-la-divina-misericordia-segundo-domingo-de-pascua-2120/)

San Ricardo de Chichester




¡Oh!, San Ricardo de Chichester, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo y obispo, que, por la realeza
maltratado, os sentisteis todo el tiempo afable y generoso
en ayudar a los pobres y menesterosos. Vivía, en vuestro
tiempo el clero, en los lujos transitorios que el poder da
y el pueblo, en cruel y galopante miseria, además de triste,
y resignado por su ignorancia y sumido en la superstición.
Ante ésta situación, alzasteis vuestra bandera, de justicia
y moral, para luchar contra aquél mal, para restablecer
lo perdido y, de manera especial, contra los avaros. Obispo
vagabundo fuisteis, en vuestra legítima diócesis, e hicisteis
de obispo misionero, a pie, y viajando para la palabra de Dios
diseminarla entra las casas de pescadores y además, catequizar
a gente los humilde, compartiendo de olla, los alimentos.
El poder y los vicios de vuestra época, condenasteis con gran
energía y, a cabo llevasteis, una pastoral de amor y de fe,
con el evangelio de Cristo. Todo un escándalo para altos
eclesiásticos que gustan de fastuosidades y de monjes que
disfrutan de buena mesa! Condenasteis los abusos de poder y
los vicios de vuestra época, con energía y, de modo especial
presentasteis una defensa del derecho frente a la arbitrariedad
y al abuso de poder. Dios, jamás os abandonó y vos, habiendo
gastado vuestra santa vida en buena lid, voló, vuestra santa
alma al cielo en la casa asilo “Mas Dieu” para sacerdotes
pobres y peregrinos, y, ella, coronada fue con corona de luz
como justo premio a vuestra entrega de amor increíble y fe,
gran navegante a contra corriente por la verdad la justicia;
¡oh!, San Ricardo de Chichester, “viva misericordia de Dios”.

© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado

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3 de Abril
San Ricardo de Chichester
Obispo

Martirologio Romano: En Chichester, en Inglaterra, san Ricardo, obispo, que, desterrado por el rey Enrique III y restituido después en la sede, se mostró generoso en ayudar a los pobres (1235).



Etimológicamente: Ricardo = Aquel que es un líder, es de origen germánico.
Fecha de canonización: 22 de enero de 1262 por el Papa Urbano IV.

A finales del siglo XII nace Ricardo, en Wyche, en una familia de trabajadores del campo. Choca la austeridad y dureza permanente de su vida con el estilo de los grandes de su tiempo. Los obispos son “lores” y amantes de los cuidados humanos; los monjes abundan en la prosperidad y el lujo; los nobles son ambiciosos y en el trono se aprecia una corriente fuertemente regalista. La clase baja del pueblo es pobre y está sumida en la ignorancia y en la superstición. Ricardo es enérgico e intransigente cuando se tratan asuntos en los que está presente la injusticia, la inmoralidad o la avaricia.

Posiblemente esta condición natural en él sea lo que le lleva a un distanciamiento, cuando no rechazo de los poderosos. El caso es que la austeridad vivida en casa de sus padres -cuando fue niño- debió prepararle para la misión que había de desempeñar de adulto.

Marcha a estudiar a Oxford donde tiene buenos maestros franciscanos y dominicos; y como los recursos no estiran más, pasó hambre y frío. Una corta estancia en París y vuelta a Oxford, graduándose en Artes. En Bolonia aprende durante siete años los cánones, haciendo lo que hoy llamaríamos la carrera de Derecho. Cuando vuelve a Oxford es nombrado Canciller de la Universidad, Canciller del arzobispado de Canterbury y también de Lincoln, donde estaba de obispo su antiguo amigo y profesor Grosseteste. Ejerce la docencia en Orleáns por dos años y allí se ordena sacerdote.

El Arzobispo de Canterbury lo nombra obispo de Chichester, a la muerte del obispo Ralph Neville. Y aquí comienza una etapa de dificultades mayores y de vigoroso testimonio.

El rey Enrique III, que se apodera por sistema de los beneficios eclesiásticos vacantes, se opone rotundamente a esta elección. Además, prefiere para la sede libre a Roberto Passelewe por razones de “erario real”. Interviene el papa Inocencio IV que está presidiendo en este tiempo el concilio de Lyon, confirmando el nombramiento de Ricardo y consagrándolo personalmente, el 5 de marzo de 1245. Pero esto pone peor las cosas. Y es que el alto prestigio adquirido por el papado desde el siglo IX ha venido a menos desde que se hundió la Casa de Hohenstaufen y los papas se han inclinado hacia Francia; la rivalidad existente entre Inglaterra y Francia provoca de rebote reacciones contra Roma que se manifiestan en un fuerte nacionalismo inglés, en la resistencia del trono a aceptar las decisiones del papa y en intransigencias e intromisiones en las materias mixtas. Hasta los Legados pontificios son mal recibidos, si no ignorados, en la corte inglesa.

En estas circunstancias, el nombramiento de Ricardo ha caído, humanamente, en mal momento. El rey ha mandado cerrarle físicamente las puertas del palacio episcopal y ha prohibido darle cobijo y dinero. El temor de la gente a la venganza real lleva a que se vea a Ricardo-obispo vagabundo por su legítima diócesis, haciendo de obispo misionero, viajando a pie y desprovisto de servicio. Debía ser una estampa curiosa en la época en que los obispos eran “lores” y jamás trabajaban sin séquito. Visita las casas de los pescadores y catequiza a los humildes con quienes comparte alimento. ¡Todo un escándalo para altos eclesiásticos que gustan de fastuosidades y de monjes que disfrutan de buena mesa! Condena los abusos de poder y los vicios de la época con extraordinaria energía; de modo especial presenta una defensa a ultranza del derecho frente a la arbitrariedad y al abuso de poder; predica la doctrina evangélica frente al nepotismo reinante.

Fueron ocho años de obispo en que supo mantenerse, con fortaleza, libre de presiones. De hecho, nadie se explica cómo fue posible reunir una y otra vez a su Cabildo para sacar adelante las Constituciones que son de esa época y sientan los modos de hacer en adelante, señalando una praxis pastoral distinta y más adecuada a los principios evangélicos.

Murió en la casa-asilo -“Mas-Dieu”- para sacerdotes pobres y peregrinos, a los 55 años.

Navegar contra corriente tiene sabor de Evangelio, pero precisa rectitud, austeridad y disposición a aceptar el sufrimiento.
(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)

02 abril, 2016

San Francisco de Paula





 ¡Oh!, San Francisco de Paula, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo. Fundador de los “Mínimos
de Calabria” y ermitaño de vida. Prescribisteis a vuestros
discípulos que, sólo de limosnas viviesen, sin tener
propiedad alguna, ni al dinero apego, y que, en sus días,
de alimentos cuaresmales viviesen. Y, claro, vos, honor h
aciendo al significado de vuestro nombre: “el abanderado”,
así lo fuisteis, pues en guía seguro de vuestros “Mínimos”
os convertisteis en todo género de cosas. Vos, vestisteis
franciscano hábito, a temprana edad y, habiendo desaparecido
de pronto, un cazador, os descubrió alojado en una cueva
en la montaña. Vuestra fama de santo y de vuestros milagros,
llamó a los jóvenes a imitaros en vuestra vida. Pan, agua
pescado, y verduras eran vuestros diarios alimentos. Y,
quiso Dios, que después de haber gastado vuestra santa vida,
en buena lid, que marchase vuestra alma al cielo en un día
especial: ¡Un Viernes Santo glorioso!, para coronado ser
con corona de luz y eternidad, como justo premio, a vuestra
eterna y terrena cuaresma. Santo modelo de valentía para
denunciar “las malversaciones de los poderosos” y además
Santo Patrono de todos los hombres que laboran en la mar;
¡Oh!, San Francisco de Paula; “vivo amor, fe y luz de Cristo”.

 

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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2 de Abril
San Francisco de Paula
Eremita y Fundador de la Orden
de los Mínimos en Calabria


Martirologio Romano: San Francisco de Paula, ermitaño, fundador de la Orden de los Mínimos en Calabria, prescribiendo a sus discípulos que viviesen de limosnas, no teniendo propiedad ni manipulando dinero, y que utilizasen sólo alimentos cuaresmales. Llamado a Francia por el rey Luis XI, le asistió en el lecho de muerte, y célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en Plessis-les-Tours, junto a Tours (1507).

Etimológicamente: Francisco = el abanderado, de origen germano. Fecha de canonización: En 1519 por el Papa León X.

Francisco nació en Paula, región de Calabria (Italia) en el año 1416, y es uno de los más jóvenes fundadores de órdenes religiosas que recuerda la historia.

A los trece años vistió el hábito franciscano, pero dos años más tarde desapareció. Después de algunos años lo descubrió un cazador en un refugio en las ásperas montañas cerca de Cosenza.

La fama de su santidad y de sus milagros atrajo a un buen número de jóvenes deseosos de seguir su ejemplo, con los cuales fundó la Orden de los Mínimos o Ermitaños de san Francisco de Asís.

Los invitó a la penitencia, reduciendo su alimentación durante los 365 días del año a pan, pescado, agua y verduras.

Pero las duras penitencias no acortaron su vida, pues vivió hasta la edad de 91 años. Murió un viernes santo, el 2 de abril de 1507, mientras se encontraba en Francia, en Plessis-les-Tours.

Fue canonizado por el Papa León X en 1519, a los doce años de su muerte, y aún hoy se le propone no sólo como modelo de penitencia, sino también -como dijo Pablo VI el 27 de mayo de 1977- como modelo de valentía para denunciar “las malversaciones de los poderosos”.

Una vez el pobre fraile, flaco y agotado por los ayunos, iba de Cosenza a Reggio Calabria y de aquí necesitaba pasar el estrecho de Mesma, pues se dirigía a Sicilia. Como ninguno de los barqueros quiso llevarlo, el santo extendió su manto y sobre él navegó por el mar hasta Mesina. El prodigio le ganó la reputación de taumaturgo y el título de patrono de los marineros. La vida de este austero santo, que vivió entre honores siquiera sin darse cuenta, está llena de milagros. Su fama superó los confines de Italia y llegó hasta Francia, a donde Luis XI quiso que el Papa lo enviara para que lo curara de una grave enfermedad.

El humilde fraile, avisado por un enviado pontificio, emprendió el viaje a Francia. Cuando llegó a París no le restituyó al rey la salud que pedía, pero sí le dio la del alma: lo reconcilió con Dios y lo convenció a aceptar su Santísima voluntad. Antes de morir, Luis XI lo nombró director espiritual del hijo y sucesor Carlos III.

(http://www.es.catholic.net/santoraldehoy/)

01 abril, 2016

Madre Angélica: Ángel de Dios




 
Madre Angélica

(Canton, Ohio, 20 de Abril 1923- Hanceville, Alabama, 27 de marzo 2016)

¡Oh! Madre Angélica,
Vos, sois la hija del Dios de la Vida
Y su amada sierva que bajó del cielo hecha Ángel del Señor.

 Desde Santa Teresa de Lisieux
Milagro para una nueva vida
Y en las Clarisas Pobres de la Adoración Perpetua
Os llamaron “Hermana María Angélica de la Anunciación”
Convertida así en Esposa del Dios Vivo y Perpetua Sierva de María.

 Os lesionasteis la espalda y os dijeron que perderíais la movilidad de las piernas
Entonces a Dios prometisteis de que si os sanaba
Un monasterio construiríais en los Estados Unidos
Y Dios os curó y vuestra promesa también fue cumplida.

Por Santa Clara de Asís:
Las “Clarisas Pobres de Adoración Perpetua”
Y con cinco monjas vuestras desde la cochera de vuestras hermanas:
EWTN para evangelizar al mundo con la Verdad nació.

Por San Francisco de Asís:
Los “Misioneros Franciscanos del Verbo Eterno”
Y en el cielo alegría plena de Dios Eterno.

Y cumplida la tarea voló el Ángel del Señor al cielo
En plena Resurrección de Cristo
¡Qué premio más sublime!
¡Qué premio más justo!
¡Qué premio más dulce!
¡Oh!, Madre Angélica
“Palabra e Imagen Eterna del Dios Vivo”.

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© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

San Hugo de Grenoble





¡Oh!, San Hugo de Grenoble, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo y, que os esforzasteis en grado
sumo, en reformar de las costumbres del clero y del pueblo.
Vos, nunca quisisteis obispo ser, pero que, os santificasteis
siéndolo. Vuestra diócesis decadente y deprimente era,
pues en ella se compraban y vendían eclesiásticos bienes,
los clérigos concubinos abundaban, la moral de los fieles
por los suelos estaba y deudas por la mala administración
del obispado abundaban. Y, vos, entre llantos y rezos,
penitencias y oración, decidisteis enfrentar los problemas.
Pero, todo ello, por increible que parezca, nunca efecto
surtió, pues vuestra grey, ruda y grosera, insufrible y
amoral era. Y, a vos, no os quedó otra cosa que marcharos.
Y, así, fue, pues, tomasteis el hábito de San Benito, pero,
el Papa os ordenó volver a vuestra iglesia. Y, vos, obediente
como erais, os entregasteis a cumplir con vuestro ministerio.
Llegasteis a vender vuestras mulas para ayudar a los pobres,
y brindarles alimentos y hospedaje. Al antipapa Anacleto,
lo excomulgasteis, y sí, recibisteis al Papa Inocencio II,
quien tampoco aceptó vuestra renuncia, y cuando huíais
de Pedro “el cismático de Lyon”, contribuisteis a eliminar
el cisma de Francia. También, ayudasteis a san Bruno y a
sus seis compañeros en la Cartuja, a establecerse, pues,
para vos, sinónimo de paz era, tanto que, pasabais viviendo
entre ellos, como un fraile más. Al fin, vuestra fidelidad,
premiada fue por Dios, pues, luego de más de medio siglo
de trabajo, se reformaron los clérigos, las costumbres cambiaron,
se ordenaron los nobles y los pobres hospital tuvieron y
paz para sus almas. Al final de vuestra vida, atormentado
fuisteis por tentaciones de duda sobre la Divina Providencia,
perdiendo la memoria, pero vuestra lucidez la tuvisteis
siempre. Y así, hombre de vida ejemplar, voló vuestra alma
al cielo, para recibir corona de luz eterna, como justo
premio a vuestra entrega de amor. No tuvisteis vocación
de obispo, pero, fuisteis sincero, honrado en el trabajo,
piadoso y obediente. Os marchasteis, pero vuestra vida,
quedó como modelo de obispos y de todos los más santos;
¡Oh!, San Hugo de Grenoble, “viva fuerza del Dios Vivo”.

2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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1° de Abril
San Hugo de Grenoble
Obispo



Martirologio Romano: En Grenoble, en Burgundia, san Hugo, obispo, que se esforzó en la reforma de las costumbres del clero y del pueblo, y siendo amante de la soledad, durante su episcopado ofreció a san Bruno, maestro suyo en otro tiempo, y a sus compañeros, el lugar de la Cartuja, que presidió cual primer abad, rigiendo durante cuarenta años esta Iglesia con esmerado ejemplo de caridad (1132).

Etimológicamente: Hugo = Aquel de Inteligencia Clara, es de origen germano.
Fecha de canonización: 22 de abril de 1134 por el Papa Inocencio II.
El obispo que nunca quiso serlo y que se santificó siéndolo.

Nació en Valence, a orillas del Isar, en el Delfinado, en el año 1053. Casi todo en su vida se sucede de forma poco frecuente. Su padre Odilón, después de cumplir con sus obligaciones patrias, se retiró con el consentimiento de su esposa a la Cartuja y al final de sus días recibió de mano de su hijo los últimos sacramentos. Así que el hijo fue educado en exclusiva por su madre.

Aún joven obtiene la prebenda de un canonicato y su carrera eclesiástica se promete feliz por su amistad con el legado del papa. Como es bueno y lo ven piadoso, lo hacen obispo a los veintisiete años muy en contra de su voluntad por no considerarse con cualidades para el oficio -y parece ser que tenía toda la razón-, pero una vez consagrado ya no había remedio; siempre atribuyeron su negativa a una humildad excesiva. Lo consagró obispo para Grenoble el papa Gregorio VII, en el año 1080, y costeó los gastos la condesa Matilde.

Al llegar a su diócesis se la encuentra en un estado deprimente: impera la usura, se compran y venden los bienes eclesiásticos (simonía), abundan los clérigos concubinarios, la moralidad de los fieles está bajo mínimos con los ejemplos de los clérigos, y sólo hay deudas por la mala administración del obispado. El escándalo entre todos es un hecho. Hugo -entre llantos y rezos- quiere poner remedio a todo, pero ni las penitencias, ni las visitas y exhortaciones a un pueblo rudo y grosero surten efecto. Después de dos años todo sigue en desorden y desconcierto. Termina el obispo por marcharse a la abadía de la Maison-Dieu en Clermont (Auvernia) y por vestir el hábito de san Benito. Pero el papa le manda taxativamente volver a tomar las riendas de su iglesia en Grenoble.

Con repugnancia obedece. Se entrega a cumplir fielmente y con desagrado su sagrado ministerio. La salud no le acompaña y las tentaciones más aviesas le atormentan por dentro. Inútil es insistir a los papas que se suceden le liberen de sus obligaciones, nombren otro obispo y acepten su dimisión. Erre que erre ha de seguir en el tajo de obispo sacando adelante la parcela de la Iglesia que tiene bajo su pastoreo. Vendió las mulas de su carro para ayudar a los pobres porque no había de dónde sacar cuartos ni alimentos, visita la diócesis andando por los caminos, estuvo presente en concilios y excomulgó al antipapa Anacleto; recibió al papa Inocencio II -que tampoco quiso aceptar su renuncia- cuando huía del cismático Pedro de Lyon y contribuyó a eliminar el cisma de Francia.

Ayudó a san Bruno y sus seis compañeros a establecerse en la Cartuja que para él fue siempre remanso de paz y un consuelo; frecuentemente la visita y pasa allí temporadas viviendo como el más fraile de todos los frailes.

Como él fue fiel y Dios es bueno, dio resultado su labor en Grenoble a la vuelta de más de medio siglo de trabajo de obispo. Se reformaron los clérigos, las costumbres cambiaron, se ordenaron los nobles y los pobres tuvieron hospital para los males del cuerpo y sosiego de las almas. Al final de su vida, atormentado por tentaciones que le llevaban a dudar de la Divina Providencia, aseguran que perdió la memoria hasta el extremo de no reconocer a sus amigos, pero manteniendo lucidez para lo que se refería al bien de las almas. Su vida fue ejemplar para todos, tanto que, muerto el 1 de abril de 1132, fue canonizado solo a los dos años, en el concilio que celebraba en Pisa el papa Inocencio.

No tuvo vocación de obispo nunca, pero fue sincero, honrado en el trabajo, piadoso, y obediente. La fuerza de Dios es así. Es modelo de obispos y de los más santos de todos los tiempos.

Autor: . | Fuente: Archidiósesis de Madrid

31 marzo, 2016

San Benjamín




¡Oh!, San Benjamín, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo que, de manera y forma contundente
la palabra de Dios predicasteis. Además, le ofrecíais vuestro
dolor con filudas cañas, entre vuestras uñas, y vuestra
palabra y elocuencia convirtió a sacerdotes y magos
del mismísimo Zaratustra, a quienes decíais, con fe y
certeza, de que algún día en sus ojos y en su alma la luz
verdadera brillaría por siempre. “Yo mismo sufriré
el castigo que el Señor reserva a los seguidores que
no sacan a relucir los talentos que él les ha dado”. Les
decíais vos, de no hacerlo así. Por ello, capturado y
castigado y luego decapitado fuisteis. Los meses que
pasasteis en la cárcel os sirvieron para pensar, orar,
meditar y escribir. Así, vuestro cuerpo mataron, más
no vuestra alma, que voló presta al cielo para coronada
ser, con corona de luz y eternidad, para recibir justo
premio por vuestra entrega increíble de amor y fe;
¡oh!, San Benjamín, “vivo predicador de la luz de Cristo”.

 
© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado

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31 de Marzo
San Benjamin
Diacono y Mártir



Martirologio Romano: En el lugar de Argol, en Persia, san Benjamín, diácono, que al predicar insistentemente la palabra de Dios, consumó su martirio con cañas agudas entre sus uñas, en tiempo del rey Vararane V (c. 420).

Etimológicamente: Benjamín = Aquel que es el último nacido o Hijo de dicha, es de origen hebreo.
El rey Yezdigerd, hijo de Sapor II puso fin a la cruel persecución de los cristianos que había sido llevado al cabo en Persia durante el reinado de su padre. Sin embargo, el obispo Abdas con un celo mal entendido incendio el Pireo o templo del fuego, principal objeto del culto de los persas.

El rey amenazó con destruir todas las iglesias de los cristianos, a menos que el obispo reconstruyera el templo, pero éste se rehusó a hacerlo; el rey lo mandó a matar e inició una persecución general que duró 40 años.

Uno de los primeros mártires fue Benjamín, diácono. Después de que fuera golpeado, estuvo encarcelado durante un año.

Benjamín era un joven de un gran celo apostólico en bien de los demás. Hablaba con fluida elocuencia.
Incluso había logrado muchas conversiones entre los sacerdotes de Zaratustra. Los meses que pasó en la cárcel le sirvieron para pensar, orar, meditar y escribir.

En estas circunstancias llegó a la ciudad un embajador del emperador bizantino y lo puso en libertad. Y le dijo el rey Yezdigerd: “Te digo que tú no has tenido culpa alguna en el incendio del templo y no tienes que lamentarte de nada”.

¿No me harán nada los magos?, preguntó el rey al embajador. No, tranquilo. No convertirá a nadie, añadió el embajador.

Sin embargo, desde que lo pusieron en libertad, Benjamín comenzó con mayor brío e ímpetu su trabajo apostólico y convirtió a muchos magos haciéndoles ver que algún día brillará en sus ojos y en su alma la luz verdadera.

De no ser así –decía – yo mismo sufriré el castigo que el Señor reserva a los seguidores que no sacan a relucir los talentos que él les ha dado.

Esta vez no quiso intervenir el embajador. Pero poco después, el rey lo encarceló de nuevo y mandó que le dieran castigos hasta la muerte,siendo luego decapitado
Murió alrededor del año 420.

30 marzo, 2016

San Juan Clímaco





¡Oh!, San Juan Clímaco, vos, sois el hijo del Dios de la vida
su amado santo y el más popular de los escritores ascéticos
por vuestra única obra: “Escala del paraíso”. Daniel, el monje,
redactó poco después de vuestra muerte vuestra biografía.
Vos, joven os presentasteis al monasterio del Sinaí, dispuesto
a consagraros a Dios. Ni los bienes de vuestra casa, que eran
muchos, ni la educación distinguida que habíais recibido, ni
el porvenir de éxito, obstáculo fueron para emprender una
vida humilde y austera. Martirio, os enseñó cómo las cosas
del mundo tendríais que olvidar para ser un buen monje.
Luego de tres años de novicio, entrasteis en la comunidad
de monjes. La obediencia y el estudio fueron vuestra divisa.
Y, Daniel así lo afirma. Años, más tarde, y muerto vuestro
maestro, el monje Martirio, vos, os retirasteis al extremo
del monte, cerca de una ermita, donde vivíais más cerca de Dios.
Allí, entre cuatro paredes, dejasteis el sabor a vuestras oraciones,
contemplaciones, penitencias y hasta lágrimas. Allí, aprendisteis
lo que años después aconsejasteis al abad de Raytún: “Entre
todas las ofrendas que podemos hacer a Dios, la más agradable
a sus ojos es indiscutiblemente la santificación del alma por
medio de la penitencia y de la caridad”. También, allí vencisteis
al demonio de la gula, comiendo poco y lo que permitía la regla
monástica; al mismo tiempo dominabais la vanagloria, y benigno
y amoroso con los visitantes. Erudito y santo, os buscaban para
que vos los aconsejarais. Con amor instruíais, y decíais: “quien con
sus enseñanzas puede contribuir a la salvación de sus hermanos y
no les reparte con plenitud de caridad la ciencia que haya recibido,
tendrá el castigo del que oculta el talento debajo del celemín”.
Os acusaron de charlatán, por lo cual vos mismo os impusisteis la
penitencia de no enseñar con palabras sino con obras de penitencia,
dulzura y modestia. Siendo Abad, desempeñasteis ó el cargo con
sabiduría, bondad de carácter y vida ejemplar. Y, así, habiendo
gastado vuestra vida en buena lid, voló, vuestra alma al cielo, para
coronada ser de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Juan Clímaco, “viva escalera del mundo hacia Dios”.

 

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de marzo
San Juan Clímaco
(† 600)


El monte Sinaí, de tantos recuerdos bíblicos, forma un macizo de cumbres y valles pedregosos y resecos sin apenas vegetación. Cuando lo visitó la monja Eteria, nuestra peregrina, el Sinaí estaba poblado de monjes. Eteria vio varios monasterios, capillas custodiadas por monjes, cuevas en las que moraban anacoretas “y una iglesia en la cabeza del valle; delante de la iglesia hay un amenísimo huerto con agua abundante, en el cual está la zarza; muy cerca se enseña el lugar donde se hallaba el santo Moisés cuando le dijo Dios: Desata la correa de tu calzado”.

Aún se conserva el monasterio de El-Arbain o de los Cuarenta Mártires, llamado así porque, a fines del siglo IV, los beduinos asesinaron en aquel lugar a cuarenta monjes. Mas la iglesia de que nos habla Eteria es, sin duda, la que hizo edificar Santa Elena en el siglo IV y que, en 527, fortificó el emperador Justiniano, lo mismo que al monasterio que está junto a ella, Dicho monasterio se llama de Santa Catalina, puesto que guarda las reliquias de la santa alejandrina desde hace muchos siglos. Justiniano fortificó también otros monasterios sinaítas para proteger a los monjes de las incursiones de los beduinos de los desiertos cercanos.
El monasterio de Santa Catalina, única que ha mantenido la vida monacal en aquellos parajes agrestes, está situado a más de dos mil metros al pie del Djebel-Musa o monte de Moisés. De la parte trasera del monasterio arranca un caminito escarpado, con peldaños labrados en la roca (tres mil en total) que lleva a la cumbre. Vive en él una comunidad de monjes ortodoxos griegos y guarda una famosa biblioteca con 500 manuscritos antiguos. En el siglo pasado fue descubierto en ella el Códice Sinaítico, del siglo IV, con todo el Nuevo Testamento y la mayor parte de la versión griega del Antiguo, Dicho códice fue regalado al zar de Rusia, el cual compensó al monasterio con 9.000 rublos. Estuvo depositado en la Biblioteca de Leningrado hasta 1933, en cuya fecha lo adquirió el Museo Británico por 100.000 libras esterlinas.

El recuerdo de Moisés y de Elías, a quienes había hablado Dios en aquel monte, atrajo desde los primeros tiempos a muchos anacoretas. Después de la legislación que Justiniano dio a los monjes, éstos vivían en recintos cerrados y sólo se permitía la vida solitaria dentro de la clausura. Cada monasterio se regía a su modo, sin regla común; mas todas estaban inspiradas en los preceptos que San Basilio había dado a los monjes. Los divinos oficios duraban seis horas. El resto del día lo ocupaban en el trabajo manual y en el estudio. Se tejían sus propios vestidos: túnica burda de pelo de cabra o de borra, ceñidor, manto y sandalias. Preparaban pergaminos, transcribían e iluminaban códices. Comían una sola vez al día y practicaban extremado ayuno en Cuaresma y Adviento, La caridad en forma de hospitalidad era característica de los monjes. junto a cada monasterio estaba la hospedería para peregrinos y viajeros.
En este ambiente discurrió la vida de San Juan Clímaco, el más popular de los escritores ascéticos de aquellos siglos, debido a su única obra Escala del paraíso. Los pocos datos biográficos que han llegado a nosotros los sabemos principalmente por el monje Daniel, el cual vivía en el monasterio cercano de Raytún, situado hacia el mar Rojo. Daniel los redactó poco después de la muerte del Santo para encabezar el libro de éste.

Juan Clímaco vivió en la segunda mitad del siglo VI y la primera mitad del VII. Era muy joven cuando un buen día se presentó al monasterio del Sinaí dispuesto a consagrarse a Dios. Ni los bienes de su casa, que eran muchos, ni la educación distinguida que había recibido, ni un porvenir halagador fueron obstáculo para emprender una vida humilde y austera. Todo lo fue olvidando heroicamente bajo las instrucciones de un excelente religioso llamado Martirio, y después de tres años de noviciado —el tiempo que preceptuaba la regla— entró en la comunidad de monjes. Desde el primer momento, la obediencia y el estudio fueron su divisa. Daniel afirma escuetamente que era monje sumiso e instruido en letras.

Unos años después había muerto el monje Martirio y nuestro Santo se retiró al extremo del monte a unos cien metros de una ermita. Allí vivía más cerca de Dios en un antro angosto o celda natural, la cual fue testigo, durante muchos años, de sus prolongadas oraciones, contemplaciones, penitencias y lágrimas. Allí aprendió lo que años después aconsejaría al abad de Raytún en una carta que se ha conservado: “Entre todas las ofrendas que podemos hacer a Dios, la más agradable a sus ojos es indiscutiblemente la santificación del alma por medio de la penitencia y de la caridad”. Allí venció al demonio de la gula, comiendo poco; al mismo tiempo que dominaba la vanagloria, comiendo de todo lo que permitía la regla monástica, pues sabía que las extremadas abstinencias fueron motivo de ostentación en otros monjes. Pasó cuarenta años ajeno a la desidia, dado al estudio y al trabajo, larga la oración y breve el sueño, parco en el comer y benigno con los visitantes molestos.

Al principio vivió completamente aislado; mas corrió la fama de su erudición y santidad, y varias personas iban a él en busca de consejo. Juan las instruía con toda caridad; porque, como dejó escrito, “quien con sus enseñanzas puede contribuir a la salvación de sus hermanos y no les reparte con plenitud de caridad la ciencia que haya recibido, tendrá el castigo del que oculta el talento debajo del celemín”. No faltaron envidiosos que le tildaron de charlatán por lo cual él mismo se impuso la penitencia de no enseñar con palabras sino con obras de penitencia, dulzura y modestia. Ello duró hasta que los mismos que le habían difamado fueron a rogarle que renovara sus divinas instrucciones. No estuvo a refugio de las tentaciones, sino que pasó momentos de tristeza y desaliento con ganas de echarlo todo a rodar. Pero se tranquilizaba luego, pensando en que agradaba a Jesucristo y que muchos habían llegado a la santidad por aquel camino.
Cuando murió el abad de Monte Sinaí, los monjes fueron en busca de Juan y le rogaron que aceptara el cargo de sucesor. El Santo opuso excusas y resistencias, pero los monjes no cejaron hasta que aceptó y se fue al monasterio con ellos. No se habían equivocado: Juan desempeñó el cargo con sabiduría, bondad de carácter y vida ejemplar.

Siendo abad, redactó, o terminó por lo menos, Escala del paraíso, fruto de su larga experiencia ascética. Se compone de treinta grados, que son otros tantos capítulos en donde el Santo explica, en forma de aforismos y sentencias, las virtudes del monje y los vicios que deberá vencer. El estilo es muy sencillo y claro; al alcance de todos. Se sirve de ejemplos vividos en los monasterios. Así nos dice que, edificándole la virtud del monje cocinero, le preguntó una vez cómo podía andar recogido en todo momento con una ocupación tan material. El cocinero le respondió: “Cuando sirvo a los monjes me imagino que sirvo al mismo Dios en la persona de sus servidores, y el fuego de la cocina me recuerda las llamas que abrasarán a los pecadores eternamente”.

Los primeros grados de Escala del paraíso son: la renuncia a la vida del mundo, a los afectos terrenos, al afecto de los parientes, la obediencia, la penitencia, el pensamiento de la muerte y el don de lágrimas o, como él dice, la tristeza que nos causa alegría. “Carísimos amigos —escribe el Santo—, en la hora de la muerte, el juez soberano no nos echará en cara el no haber obrado milagros, o no haber sabido sutilizar en materias elevadas de teología, como tampoco el no haber llegado a un elevado grado de contemplación, sino de no haber llorado nuestros pecados de modo que mereciésemos el perdón”. Los grados siguientes son: la dulzura que triunfa de la cólera, olvido de las injurias, huir de la maledicencia, pues ésta reseca la virtud de la caridad; amor al silencio, porque el mucho hablar lleva a la vanagloria; huir de la mentira, que es un acto de hipocresía; combatir el fastidio y la pereza, puesto que esta última destruye por sí sola todas las virtudes; practicar la templanza, porque el golosinear es una hipocresía del estómago, el cual dice que se va a saciar con aquello y no se sacia. Contentando la intemperancia, viene la impureza; de aquí que el grado siguiente sea el amor a la castidad. La castidad —dice— es un don de Dios, y para obtenerlo conviene recurrir a EI, pues a la naturaleza no la podemos vencer con sólo nuestras fuerzas. Siguen los grados que tratan de la pobreza, virtud opuesta a la avaricia, del endurecimiento del corazón, que es la muerte del alma, del sueño, del canto de los salmos, de las vigilias, de la timidez afeminada, de la vanagloria, del orgullo y de la blasfemia. Luego, las virtudes típicamente contemplativas: dulzura del alma, humildad, vida interior, paz del alma, oración y recogimiento. El último grado del libro está dedicado a las virtudes teologales.

Movido de la caridad operante, hizo edificar una hospedería para peregrinos a poca distancia del monasterio. Enterado de ello el papa San Gregorio el Grande, quiso ayudarle enviándole una cantidad junto con una carta, que se ha conservado, en la que se recomienda a sus oraciones.

Murió con la misma simplicidad que había vivido. Su Escala del paraíso se hizo pronto famosa. El libro fue copiado y leído en todos los monasterios, se tradujo al latín y el autor fue siempre conocido con el sobrenombre de Clímaco, del griego clymax, que significa “escalera”. También le llamaron Juan el Escolástico, apelativo que solo se daba a personas de muchos conocimientos. Juan Clímaco es uno de los Santos Padres de la Iglesia griega.

JUAN FERRANDO ROIG

(http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/03/03-30_S_juan_climaco.htm)