19 abril, 2018

San Expedito




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 ¡Oh!, San Expedito, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su amado santo y mártir, y que, comandante legionario siendo,
defendisteis al Romano Imperio de los Bárbaros con valor y
audacia. Pero, un día, las armas dejasteis para convertiros
en fervoroso cristiano y por ello, martirizado fuisteis, y,
junto a vos, también alzaron vuelo las almas de vuestros
compañeros Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo,
que adornan hoy, la celeste eternidad. En el momento
supremo de vuestra conversión se os acercó el demonio,
en forma de un cuervo que os gritaba: “cras, cras cras”,
que en latín significa “Mañana, Mañana, Mañana”. Así,
trataba de persuadiros para que dejaseis vuestra decisión
para después ya que, el demonio sabe que lo que se deja
para mañana, sin hacer se queda. Pero vos, tomando gran
decisión, lo aplastasteis con rapidez diciendo: “¡Hodie,
Hodie, Hodie!”, que significa “Hoy, Hoy, Hoy”. Acotando:
“No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano”.
Y, así, os convertisteis en soldado de Cristo, utilizando
desde ese momento, vuestro valor y disciplina para el Reino
de Dios. Así, honor hicisteis a vuestro nombre, “Expedito”,
pues significa, prontitud y segura intercesión. Por, ello a
vos, os invocamos en urgentes problemas, sabiendo de que,
lo importante, la renuncia es, a la vida de pecado y luego,
abrazarnos a la Cruz salvadora de Cristo. Por ello, venerado
sois por los jóvenes, los estudiantes, los enfermos y los que,
se encuentran en urgentes problemas laborales y de familia.
Sois, además, de las causas justas su protector. Que nosotros
digamos “HOY”, también a Jesús y que, aplastemos los engaños
del demonmio. En la iconografía, os representan como un
soldado con una cruz, que lleva escrita la palabra “Hodie”,
que significa “Hoy”, con una hoja de palma por vuestro
martirio. A sus pies hay un cuervo y la palabra “cras”,
que significa “mañana”. Por todo ello, vuestro valor y
audacia Cristo, a quien elegisteis, os coronó con corona
de luz, como justo premio a vuestra entrega increíble y
extraordinaria de amor y fe. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh!, San Expedito, “vivas palabras por Cristo: hodie, hodie”.



© 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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19 de Abril San Expedito Mártir

Su nombre no consta en el actual Martirologio Romano. San Expedito fue comandante de una legión romana y como tal defendió al Imperio ante las invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en cristiano fue martirizado (posiblemente por orden del emperador Diocleciano) en Melitene, Armenia (hoy Malatya, Turquía). Junto con él murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires dieron gloria a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San Jorge.

Según la tradición, en el momento de la conversión, se le acercó el demonio, en forma de un cuervo que le gritaba “cras, cras cras” (En latín significa “Mañana, Mañana, Mañana”). Así trataba de persuadirlo a que dejase su decisión para después ya que el demonio sabe que lo que se deja para mañana hay mucha posibilidad de que se quede sin hacer. Pero Expedito aplastó al cuervo tentador con prontitud diciendo “¡HODIE, HODIE, HODIE!” (HOY, HOY, HOY). No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano”. Así se convirtió en soldado de Cristo, utilizando desde ese momento su valor y disciplina para el Reino de Dios.

Aunque se desconoce el origen su nombre, aparece en la Martiriología Romana junto a Hermógenes y compañeros. Su nombre es sinónimo con prontitud y se le tiene por gran y pronto intercesor.

A san Expedito se le invoca en problemas urgentes. Debemos saber que lo mas importante es renunciar a la vida de pecado y decidirnos cabalmente por Cristo. Seamos pues inspirados por su prontitud y valor al seguir a Cristo en tan difíciles circunstancias cuando los cristianos eran perseguidos a muerte. Que nosotros también digamos “HOY” a Jesús y aplastemos los engaños del tentador.

También se le venera como protector de jóvenes, estudiantes, enfermos, problemas laborales y de familia, y juicios.

Se alega que el santo aparece como un error de escribano cuando, en el siglo XIX, una caja de reliquias fue enviada a monjas francesas con la anotación: “expedir”. Sheppard (1969). Pero esta hipótesis no puede ser cierta ya que Expedito era conocido en el siglo XVIII en Alemania y Sicilia y se le invocaba en casos de urgencia (Attwater).

En la iconografía, Expedito es representado como un soldado con una cruz en la que esta escrito “Hodie” (Hoy) y la hoja de palma (martirio). A sus pies hay un cuervo y la palabra “cras” (mañana).
Aunque no aparece en el actual calendario litúrgico no deja de ser un santo reconocido por la Iglesia.

ORACIONES
ORACION A SAN EXPEDITO PARA VENCER LAS PRUEBAS

¡Señor Jesús acudo a tu auxilio!
¡Virgen Santísima socórreme!
San Expedito, tu que lleno de valor abrirste tu corazón a la gracia de Dios
y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega,
ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.
Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio
y tentación con el poder que Jesús me da.
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor,
y no me acobarde ante las pruebas.
Tú que eres el santo de las causas urgentes,
te presento mi necesidad (intención).
Sobre todo te pido que intercedas por mi para que persevere en la fe,
y así llegue al gozo del cielo con Cristo,
con la Virgen María, los ángeles y los santos.
Amén.


ORACIÓN A SAN EXPEDITO

Mi San Expedito de las causas justas y urgentes,
intercede por mi ante Nuestro Señor Jesuscristo,
para que venga en mi socorro en esta hora de aflicción y desesperanza.
Mi San Expedito
tú que eres el Santo guerrero.
Tú que eres el Santo de los afligidos.
Tú que eres el Santo de los desesperados.
Tú que eres el Santo de las causas urgentes,
protégeme, ayúdame, otorgándome: fuerza, coraje y serenidad.
¡Atiende mi pedido! (hacer el pedido).

Mi San Expedito,
ayúdame a superar estas horas difíciles,
protégeme de todos los que puedan perjudicarme,
protege a mi familia, atiende mi pedido con urgencia.
Devuélveme la Paz y la tranquilidad.

Mi San Expedito!
Agradeceré tu intercesión por el resto de mi vida
propagando tu devoción entre los que tienen Fe.
cambiando mi vida y mis costumbres
glorificando desde ahora a nuestro Padre
y anhelando un día gozar contigo de la eterna bienaventuranza


(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=8991)

18 abril, 2018

Santa María de la Encarnación

 
 
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¡Oh!, Santa María de la Encarnación; vos, sois la hija
del Dios de la vida, su amada santa y que llevasteis
tres nuevas comunidades religiosas a vuestra patria,
tener tres hijas religiosas y un hijo sacerdote, además
de dos hijos buenos católicos y padres de familia. “Si
no me permiten ser esposa de Cristo, al menos trataré
de ser una buena esposa de un buen cristiano”. Dijisteis
vos, y así, fue. Educasteis a vuestros hijos, con esmero
increíble: “Los estoy preparando para que cumplan siempre
y en todo de la mejor manera la voluntad de Dios”, decíais.
Rezabais con vuestras sirvientas, corregíais mutuamente
vuestros defectos, y les leíais libros piadosos y así,
les ayudabais. Alimentabais hambrientos, visitabais enfermos,
asistíais a los agonizantes, instruíais a los que no sabían
el catecismo, tratabais y convertíais a los herejes, a
los que se habían pasado a otras religiones y favorecíais a
todas las comunidades religiosas. Leiais la autobiografía
de Santa Teresa y las “Confesiones” de San Agustín, que os
salvaron de llevar una mundana vida. “Muy pobre y miserable
es el corazón que en vez de contentarse con tener a Dios
de amigo, se dedica a buscar amistades que sólo le dejan
desilusión”. Esta frase de San Agustín, os impresionó para
siempre. Y, un día, Santa Teresa, se os apareció y os dijo:
“Tú tienes que esforzarte porque mi comunidad logre llegar a
Francia”. Y, así fue. Y, vos, misma, más tarde entrasteis
al convento, para vivir una vida mística y de frecuentes
éxtasis. Y, poco antes de morir y en pleno éxtasis, os
preguntaron: “¿Qué hacía hermana durante este rato?”. Y
respondisteis: “Estaba hablando con mi buen Padre, Dios”. Y,
dicho ello, entregasteis vuestra alma a Dios, para coronada
ser corona de luz como justo premio a vuestra entrega de amor.
¡oh!, Santa María de la Encarnación, “amor a Dios sobre todo”.


 © 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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18 de Abril Santa María de la Encarnación Madre de familia Año 1618

He aquí una madre de seis hijos, que se dio el gusto de poder llevar a su país tres nuevas comunidades religiosas, y de llegar a tener tres hijas religiosas y un hijo sacerdote, además de dos hijos muy buenos católicos y padres de familia.

Nació en París en 1565 de noble familia. Sus padres deseaban mucho tener una hija y después de bastantes años de casados no la habían tenido. Prometieron consagrarla a la Sma. Virgen y Dios se la concedió. Tan pronto nació la consagraron a Nuestra Señora y poco después fueron al templo a dar gracias públicamente a Dios por tan gran regalo.

De jovencita deseaba mucho ser religiosa, pero sus padres, por ser la única hija, dispusieron que debería contraer matrimonio. Ella obedeció diciendo: “Si no me permiten ser esposa de Cristo, al menos trataré de ser una buena esposa de un buen cristiano”. Y en verdad que lo fue.

A sus seis hijos los educaba con tanto esmero especialmente en lo espiritual que la gente decía: “Parece que los estuviera preparando para ser religiosos”.

Su esposo Pedro Acarí, un joven abogado, que ocupaba un alto puesto en el Ministerio de Hacienda del gobierno, era muy piadoso y caritativo y ayudaba con gran generosidad especialmente a los católicos que tenían que huir de Inglaterra por la persecución de la Reina Isabel. Pero como todo ser humano, Don Pedro tenía también fuertes defectos que hicieron sufrir bastante a nuestra santa. Pero ella los soportaba con singular paciencia.

A quienes le preguntaban si a sus hijos los estaba preparando para que fueran religiosos, ella les respondía: “Los estoy preparando para que cumplan siempre y en todo de la mejor manera la voluntad de Dios”.

El Sr. Acarí pertenecía a la Liga Católica y este partido fue derrotado y quedó de rey Enrique IV, el cual desterró a los jefes de la Liga y les confiscó todos sus bienes. De un momento a otro la señora de Acarí quedaba sin esposo y sin bienes y con seis hijitos para sostener. Pero ella no era mujer débil para dejarse derrotar por las dificultades. Personalmente asumió ante el gobierno la defensa de su marido y obtuvo que levantaran el destierro y que le devolvieran parte de los bienes que le habían quitado. Y llegó a ganarse la admiración y el aprecio del mismo rey Enrique IV.

Desde los primeros años de su matrimonio dispuso llevar una vida de mucha piedad en su hogar. Al personal de servicio le hacía rezar ciertas oraciones por la mañana y por la noche, y a la vez que les prestaba toda clase de ayudas materiales, se preocupaba mucho porque cada uno cumpliera muy bien sus deberes para con Dios. Se asoció con una de sus sirvientas para rezar juntas, corregirse mutuamente en sus defectos, leer libros piadosos y ayudarse en todo lo espiritual.

La bondad de su corazón alcanzaba a todos Alimentaba a los hambrientos, visitaba enfermos, ayudaba a los que pasaban situaciones económicas difíciles, asistía a los agonizantes, instruía a los que no sabían bien el catecismo, trataba de convertir a los herejes, a los que habían pasado a otras religiones y favorecía a todas las comunidades religiosas que le era posible. Su marido a veces se disgustaba al verla tan dedicada a tantas actividades religiosas y caritativas, pero después bendecía a Dios por haberle dado una esposa tan santa.

La señora de Acarí se hizo amiga de una mujer mundana la cual empezó a tratar en sus charlas de temas profanos, y al iniciarla en lecturas de novelas y de escritos no piadosos. Esto la enfrió mucho en su piedad. Afortunadamente su esposo se dio cuenta y la previno contra el peligro de esa amistad y de esas lecturas y empezó a llevarle los libros escritos por Santa Teresa, y estos libros la transformaron completamente. Otra lectura que la conmovió profundamente fue la de las Confesiones de San Agustín. Una frase de este santo que la movió a dedicarse totalmente a Dios fue la siguiente: “Muy pobre y miserable es el corazón que en vez de contentarse con tener a Dios de amigo, se dedica a buscar amistades que sólo le dejan desilusión”.

Muere su esposo y ella puede ahora dedicarse con más exclusividad a las labores espirituales. Arregla todo de la mejor manera para que sus hijos sigan recibiendo la mejor educación posible y ella dirige todos sus esfuerzos a una labor que le ha sido confiada en una visión.

Un día mientras está orando, después de haber leído unas páginas de la autobiografía de Santa Teresa, siente que ésta santa se le aparece y le dice: “Tú tienes que esforzarte por que mi comunidad de las carmelitas logre llegar a Francia”. Desde esa fecha la Señora Acarí se dedica a conseguir los permisos para que las Carmelitas puedan entrar a su país. Pero las dificultades que se le presentan son muy grandes. Hay leyes que prohiben la llegada de nuevas comunidades. Habla con el rey y con el arzobispo, pero cuando todo parece ya estar listo, de nuevo se les prohibe la entrada. Una nueva aparición de Santa Teresa viene a recomendarle que no se canse de hacer gestiones para que las religiosas carmelitas puedan entrar a Francia, porque esta comunidad va a hacer grandes labores espirituales en ese país. Por sus ruegos el Padre Berule (el futuro Cardenal Berule) se va a España y obtiene que preparen un grupo de carmelitas para enviar a París. Y mientras tanto la Sra. Acarí sigue en la capital haciendo gestiones para conseguirles casa y por obtener todos los permisos del alto gobierno.

Nuestra santa no es de las que se quedan con los brazos cruzados. Sabe que a París ha llegado el famoso obispo San Francisco de Sales a predicar una gran serie de sermones y lo invita a su casa y este santo apóstol que es admirador incondicional de los escritos de Santa Teresa se le convierte en su mejor aliado y habla con las más altas personalidades y le ayuda a conseguir los permisos que necesitan. Otro que les ayudó mucho fue el abad de los Cartujos, que era su confesor. Y entre todos logran conseguir del Papa Clemente VIII un decreto permitiendo la entrada de las hermanas a Francia. Un ideal conseguido. En 1604 llegaron a París las primeras hermanas Carmelitas. Iban dirigidas por dos religiosas que después serían beatas: la beata Ana de Jesús y la Madre Ana de San Bartolomé. La señora de Acarí con sus tres hijas las estaba esperando en las puertas de la ciudad, y con ellas lo mejor de la sociedad. Y cantando el salmo 116: “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos”, entraron al pueblo para dar gracias y luego las acompañaron a la casa que les tenían preparada. Poco después las tres hijas de la señora Acarí se hicieron monjas carmelitas y luego lo será ella también.

La comunidad de las carmelitas estaba destinada a hacer un gran bien en Francia por muchos siglos y a tener santas famosas como por ejemplo, Santa Teresita del Niño Jesús.

La beata de la cual estamos hablando en esta biografía tiene la especialidad de haber sido una de las monjas más especiales que ha tenido la Iglesia Católica. Madre de seis hijos (tres religiosas carmelitas, un sacerdote y dos casados) viuda, dama de la alta sociedad y termina siendo humilde monjita en un convento donde su propia hija es la superiora. No es un caso tan fácil de repetirse.

Después de conseguirles muchas novicias a las hermanas carmelitas y de ayudarles a fundar tres conventos en Francia y de haber tenido el gusto de que sus tres hijas se hicieran monjas carmelitas, pidió ella también ser aceptada como hermanita legal en uno de los conventos. Y allí se dedicó a los oficios más humildes y a obedecer en todo como la más sencilla de las novicias. Al ser nombrada su hija como superiora del convento, la mamá de rodillas le juró obediencia.

Los últimos años de la hermana María de la Encarnación (nombre que tomó en la comunidad) fueron de profunda vida mística y de frecuentes éxtasis. Dios le revelaba importantes verdades. Estas elevaciones espirituales, ahora en la vida del convento las podía gozar mucho más tranquilamente. Santa Teresa en una tercera aparición le anunció que ella también llegaría a pertenecer a su comunidad de hermanas carmelitas y esto la animó a hacer la petición para entrar a la santa comunidad.

Desde que se hizo religiosa su ilusión era pasar escondida y en silencio, cumpliendo con la mayor exactitud los reglamentos de la congregación. Las monjitas empezaron pronto a presenciar sus éxtasis y les parecía que esta venerable señora era ante Dios como una niñita sencilla, pura y obediente que tenía su cuerpo acá en la tierra pero que ya su espíritu vivía más en el cielo que en este mundo.

En abril de 1618 enfermó gravemente y quedó medio paralizada. No se cansaba de bendecir a Dios por todas las misericordias que le había regalado en su vida. A una hija que lloraba al sentir que se iba a morir le decía: “Pero hija, ¿te entristeces porque me marcho a una patria mucho mejor que esta?”. Y su lecho de muerte se convierte en cátedra desde donde enseña a todas la santidad. Sin cesar recomienda a quienes la visitan que no se apeguen a los goces de la tierra que son tan pasajeros y que se esfuercen por conseguir los goces del cielo que son eternos.

Las hermanas le preguntan: “¿Le va pedir a Dios que le revele la fecha de su muerte?”, y responde: -”No, yo lo que le pido a Nuestro Señor es que tenga misericordia de mí en esta hora final”. Otra le pregunta: “¿Qué le pedirá a Dios al llegar al cielo? – Le pediré que en todo y en todas partes se haga siempre la voluntad de su querido Hijo Jesucristo”. El 16 de abril de 1618 tiene un éxtasis y al final de él una monjita le pregunta: “¿Qué hacía hermana durante este rato?” Y le responde: “Estaba hablando con mi buen Padre, Dios”. Luego con una suave sonrisa se quedó muerta.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Beata_María_de_la_Encarnación.htm)
Publicado

17 abril, 2018

San Robert de Chaise-Dieu

 
 
17 de Abril San Robert de Chaise-Dieu Abad
Fuente: ACI Prensa

Martirologio Romano: En el monasterio de Chaise-Dieu, de la Alvernia, en Francia, san Roberto, abad, que, habiéndose retirado a este lugar para vivir como solitario, se le juntaron muchos hermanos, y con su predicación y ejemplo de vida reunió a un buen número de ellos . († 1067)

También es conocido como: San Roberto de Turlande.

Etimológicamente: Roberto = Aquel que brilla por su fama, es de origen germánico.

Fecha de canonización: En el año 1351 por el Papa Clemente VI, antiguo abad de La-Chaise-Dieu, rubrica la canonización.


Breve Biografía

Fundador de la Abadía de Chaise-Dieu en Alvernia; nacio en Aurilac, Auvergne, aproximadamente en el año 1000; murió en Auvergne, en 1067.

Por el lado de ascendencia de su padre, perteneció a la familia de los Condes de Aurilac, de quienes se había originado San Geraud.

Estudió en Brioude cerca de la basílica de San Julián, en una escuela abierta para la nobleza de Auvergne, establecida por los cánones de la ciudad. Habiendo entrado en la comunidad, y habiendo sido ordenado sacerdote, Roberto se distinguió por su piedad, caridad, celo apostólico, elocuentes discursos y el don de los milagros. Durante cerca de cuarenta años, permaneció en Cluny para vivir bajo la norma de su compatriota también santo, Abbé Odilo.

Fue forzado a regresar a Brioude, y allí empezó un nuevo proyecto, para lo cual fue a Roma, para consultar con el Papa. Benedicto IX le animó a retirarse junto con dos compañeros al valle boscoso del sureste de Auvergne. Allí construyó una ermita, bajo el nombre de Chaise-Die (Casa de Dios).

Tuvo mucho renombre en sus virtudes y atrajo a un gran número de discípulos, fue obligado entonces a construir un monasterio, el cual fue colocado bajo la norma de San Benedicto (1050).

León IX construyó la Abadía de Chaise-Dieu, el cual llegó a ser uno de los emblemas del floreciente cristianismo.

A la muerte de Roberto, el 17 de abril de 1067, se tenían unos 300 monjes y se habían enviado multitudes al centro de Francia. Roberto también fundó una comunidad para mujeres en Lavadieu cerca de Brioude.

Por medio de la elevación del monje de Chaise-Dieu, Pierre Roger, al solio pontificio, bajo el nombre de Clemente IV, la abadía alcanzó el pináculo de su gloria.

El cuerpo de San Roberto se preservaba allí, fue quemado por los hugonotes durante las guerras religiosas. Su trabajo fue destruido por la Revolución Francesa, pero hay restos que quedan para admiración de los turistas, tales como la iglesia devastada, la tumba de Clemente VI, y la torre clementina.

(http://es.catholic.net/op/articulos/35393/robert-de-chaise-dieu-santo.html#)

16 abril, 2018

Santa Bernardita Soubirous


 

 ¡Oh!, Santa Bernardita, vos, sois la hija del Dios de la vida y
su amada santa, que desde niña se os mostró la Inmaculada Virgen
María, motivando en vos, que abrazaseis la vida religiosa y,
vivieseis entregada a Dios en cuerpo y alma. No en vano, vuestro
nombre significa: “Aquella que es una guerrera”, y que, con ardor
de corazón así lo demostrasteis, pues vos, ni leer, ni escribir
sabiais, pero, rezabais todos los días el rosario santo. Por medio
de vos, Nuestra Señora, surgir hizo, la prodigiosa fuente del milagro
a la cual acuden hasta hoy, peregrinos del mundo todo, para, su fe y
esperanza reavivar, pues, miles maravillados salud de cuerpo y alma
recuperan. María os dijo: “No te prometo hacerte feliz en este
  mundo, pero sí en el otro”. Promesa, que fue por Ella cumplida.
Vos, fuisteis nexo al extender la devoción a Ella, y, no os cegó
la humana gloria. El día que el obispo de Lourdes, colocó la estatua
de la Virgen Inmaculada sobre la roca de Massabielle, vos, estabais
en vuestra celda, víctima de un ataque de asma. Y, cuando el dolor
físico se os apoderaba más, y más; suspirabais: “No, no busco alivio,
sino sólo la fuerza y la paciencia”. Así, en la humilde aceptación
transcurrió vuestra vida, como respuesta generosa a Nuestra Señora,
para pagar con la penitencia el rescate de las almas que prisioneras
viven del mal. Mientras se construía el santuario en honor a María,
seis años pasasteis junto a las Hermanas de la Caridad, siendo luego
admitida después como novicia, tomando el nombre de Sor María
Bernarda, en el que conocisteis el sufrimiento, la indiferencia y
la penitencia, recibida de parte de vuestras superioras, quienes os
trataban con indiferencia. Fuisteis enfermera y luego sacristana,
hasta cuando la enfermedad os obligó a permanecer en cama, entre
la vida y la muerte. “María es tan bella que quienes la ven querrían
morir para volver a verla”. Decíais vos a quienes os preguntaban
por Ella. Y, así, y luego de haber gastado vuestra vida en buena lid,
voló vuestra alma al cielo, para premiada ser con corona de luz,
como justo premio a vuestro increible amor. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh!, Santa Bernardita, “viva guerrera de la Luz por el amor a María".


© 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 de Abril Santa Bernardita Soubirous Vidente de Lourdes Virgen

Martirologio Romano: En Nevers, en Francia, santa María Bernarda Soubirous, virgen, la cual, nacida en Lourdes de una familia muy pobre, siendo aún niña asistió a las apariciones de la Inmaculada Santísima Virgen María y, después, abrazando la vida religiosa, llevó una vida escondida y humilde. († 1879).

También se la conoce como: Santa Bernardita De Lourdes. También se la conoce como: Santa Bernardette. También se la conoce como: Santa María Bernarda.
Etimológicamente: Bernarda = Aquella que es una guerrera, es de origen germánico.
Fecha de canonización: 8 de diciembre de 1933 por el Papa Pío XI.

El 11 de febrero, fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes, nos recuerda las apariciones de la Virgen a una niña de 14 años que no sabía ni leer ni escribir, pero que rezaba todos los días el rosario, Bernardita Soubirous. Nació en Lourdes en 1844 de padres muy pobres. Por medio de ella la Virgen hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a la cual acuden peregrinos de todo el mundo para reavivar su fe y su esperanza. Muchos regresan de Lourdes curados también en su cuerpo. La Virgen, durante la segunda aparición, le dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”.

A pesar de haber sido dócil instrumento para extener la devoción a la Inmaculada, Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes, ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en su celda, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia”. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.

Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y en el que después fue admitida como novicia. Su entrada se demoró debido a su delicada salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte.

A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: “María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla”. Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879.

Fue beatificada el 14 de junio de 1925 por el Papa Pío XI, y el mismo Papa la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

15 abril, 2018

Domingo III (B) de Pascua



 Resultado de imagen para En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustado
   

Día litúrgico: Domingo III (B) de Pascua Ver 1ª Lectura y Salmo

Texto del Evangelio (Lc 24,35-48): En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.

Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para el perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».
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«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo»
Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio todavía nos sitúa en el domingo de la resurrección, cuando los dos de Emaús regresan a Jerusalén y, allí, mientras unos y otros cuentan que el Señor se les ha aparecido, el mismo Resucitado se les presenta. Pero su presencia es desconcertante. Por un lado provoca espanto, hasta el punto de que ellos «creían ver un espíritu» (Lc 24,37) y, por otro, su cuerpo traspasado por los clavos y la lanzada es un testimonio elocuente de que se trata del mismo Jesús, el crucificado: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo» (Lc 24,39).

«Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor», canta el salmo de la liturgia de hoy. Efectivamente, Jesús «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,45). Es del todo urgente. Es necesario que los discípulos tengan una precisa y profunda comprensión de las Escrituras, ya que, en frase de san Jerónimo, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».

Pero esta compresión de la palabra de Dios no es un hecho que uno pueda gestionar privadamente, o con su congregación de amigos y conocidos. El Señor desveló el sentido de las Escrituras a la Iglesia en aquella comunidad pascual, presidida por Pedro y los otros Apóstoles, los cuales recibieron el encargo del Maestro de que «se predicara en su nombre (…) a todas las naciones» (Lc 24,47).

Para ser testigos, por tanto, del auténtico Cristo, es urgente que los discípulos aprendan -en primer lugar- a reconocer su Cuerpo marcado por la pasión. Precisamente, un autor antiguo nos hace la siguiente recomendación: «Todo aquel que sabe que la Pascua ha sido sacrificada para él, ha de entender que su vida comienza cuando Cristo ha muerto para salvarnos». Además, el apóstol tiene que comprender inteligentemente las Escrituras, leídas a la luz del Espíritu de la verdad derramado sobre la Iglesia.
(http://evangeli.net/evangelio/dia/2018-04-15)

14 abril, 2018

San Valeriano

 
 
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¡Oh!, San Valeriano, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, y que felizmente convertido por Cecilia, vuestra
esposa, no tardó mucho en convertir también a vuestro hermano
Tiburcio, mostrando de pronto caridad y amor para con los pobres,
al igual que vuestra esposa Cecilia, hasta que os llega la hora
de confesar con vuestro hermano, ser ambos cristianos de Cristo.
Y, así y todo, aprovechasteis el juicio para adoctrinar a quienes
no sabían del Dios Vivo y verdadero. Entonces, encolerizados y
fuera de sí, vuestros verdugos por ello, optaron por apalearos
pero, de pronto vuestros rostros se encendieron de alegría única,
por la gracia de poder dar vuestra sangre por Jesucristo. Y, así,
“amante de la verdad” como erais, Dios os premió, de verdad y
con el cielo, conjuntamente con vuestra esposa y hermano, y hoy,
participáis del eterno banquete de gloria, coronado todo, con corona
de luz, por vuestra increíble entrega de amor. Y, aquí, en la tierra,
vuestras reliquias son horadas y conservadas para eterna gloria
de Dios, en todos sus santos, quienes son mudos testigos de vuestra
fe, en la iglesia dedicada a Cecilia, vuestra santa esposa;
¡oh!, San Valeriano, “viva robustez y confianza en el Dios vivo”.


© 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado______________________________________

14 de Abril
San Valeriano
Mártir


Martirologio Romano: En Roma, en el cementerio de Pretextato, en la vía Apia, santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, mártires. († s. inc.)
Etimológicamente: Valeriano = Aquel que es fuerte, robusto. Viene de la lengua latina.
Mártir romano, probablemente del tiempo de Juliano el Apóstol, esposo de la popular virgen Cecilia. Según las tradiciones fue convertido por ella el día mismo de la boda con medios sobrenaturales y milagrosos. Sobre su casa se edificó luego un templo, en el que reposan las reliquias de su santa consorte. Fiesta 14 de abril.

Una de las imágenes más sugerentes y humanas con que la divina Palabra nos ha introducido en el misterio de la Redención la constituyen las llamadas bodas del Cordero.

Dios ha amado a la humanidad con amor de Esposo y en el banquete nupcial se entrega a sí mismo como víctima y como alimento. Es realmente un vínculo de sangre el que sella estas bodas sublimes, es la sangre del Cordero, del Hijo de Dios inmolado. Por ello se comprende y se admira el profundo sentido cristiano que guió a la piedad de nuestros antepasados, ya desde muchos siglos atrás, en tejer con minuciosos detalles en torno a unas nupcias, mitad terrenas y mitad espirituales, este bello poema de virginidad y de martirio, de amor y de sacrificio, el poema de Cecilia y Valeriano, el poema de Cristo presente en el amor transparente de los dos jóvenes.

Y el poema es cantado cada año por toda la Iglesia, en el oficio divino en honor de la santa esposa. Valeriano entra como segundo personaje, el convertido, el amante brioso, pero íntegro, que no duda en renunciar al goce sensible para unirse con ella en el amor supremo, el amor que salva y los une a los dos con Dios y en Dios.

La narración es suave e insinuante. Durante el banquete nupcial Cecilia, preparada anteriormente con larga oración y ayuno, sin dejar de participar en el bullicio y la alegría, entona su cántico de confianza: Que mi corazón permanezca inmaculado.

Luego viene el momento del encuentro con el esposo. Valeriano se acerca a Cecilia con toda la ilusión de su juventud, con toda la satisfacción del amor conquistado.

Cecilia pronuncia extrañas palabras. Un ángel guarda su virginidad; le invita a colaborar con el ángel, le promete ver también él al ángel si antes es lavado por un baño sagrado.

Valeriano, enamorado, no duda de Cecilia, se le confía, se convierte, y va en busca de la iglesia en su Cabeza, el Papa oculto. Éste le instruye en el misterio y, tras pedirlo insistente, le administra el santo bautismo.

Vuelve presuroso al tálamo nupcial, y descubre a su esposa en oración, con un ángel a su lado, más resplandeciente que el sol y ofreciendo a los dos una guirnalda de parte del Esposo de las vírgenes. Valeriano adora, cree, goza. Con la esposa.

Y no tarda en conseguir tiempo después la conversión de su hermano Tiburcio, que sigue su mismo camino. Así Cecilia puede presentar a los dos hermanos como sus más preciadas coronas del día de sus esponsales, como el fruto de su amor y de su sabiduría…

Pronto su esposo probará su espíritu y la profundidad con que siente su nueva vida. Primero dedicado intensamente a la caridad para con los pobres, compitiendo con Cecilia en su ya famoso desprendimiento.

Después será su valentía y decisión ante el prefecto Almaquio.
Los dos hermanos confiesan que son cristianos, y pretenden adoctrinar a los que asisten al juicio, en la verdadera religión. Son cruelmente apaleados, pero en pleno suplicio muestran sus rostros llenos de alegría por la gracia de poder dar su sangre por Jesucristo. Y de este modo, pasan delante de Cecilia, que pronto les seguirá en el camino del testimonio sangriento. Valeriano había amado de verdad y en el cielo, junto con su esposa, participa en el eterno banquete de gloria al Cordero. En la tierra, sus reliquias fueron conservadas, para gloria de Dios en sus santos, y se conservan en la iglesia dedicada a Santa Cecilia, en el Trastévere.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

12 abril, 2018

San Zenón de Verona



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San Zenón de Verona Obispo, 12 de abril
Por: . | Fuente: Enciclopedia Católica || ACI Prensa

Martirologio Romano: En Verona, en el territorio de Venecia, Italia, san Zenón, obispo, que con su trabajo y predicación condujo a la ciudad al bautismo de Cristo. († c.372)

Etimológicamente: Zenón = Aquel supeditado al dios Zeus, es de origen griego.

San Ambrosio habla de él como un santo en sus memorias, y San Gregorio relata un milagro en la Iglesia de San Zenón en Verona. Mabillon publica un poema anónimo “De landibus Veronae”, tomado de los escritos de Ratherius, Obispo de Verona (de fecha 974) el que fue encontrado en la abadía en Lobbes en Bélgica. Este ultimo escrito contiene una lista de los obispos de Verona y establece que Zenón fue número ocho.

En el Monasterio de Classe en Ravena, fue encontrada una casulla del Siglo VIII, con los nombres y figures de los treinta y cinco obispos de Verona, tanto en su parte de adelante como de atrás. Entre ellos estaba Zenón. Esta lista fue admitida por Gams en su “Series episcoporum”.

Zenón no había sido reconocido como escritor antes de 1508, cuando dos dominicos, Alberto Castellano y Jacobo de Leuco, editaron en Venecia 105 tractatus o sermons encontrados en la biblioteca Episcopal de Verona, cincuenta años antes.

En 1739 los hermanos Ballerini publicaron “S. Zenonis episcopi Veronae sermons”, con un elaborado prolegómeno. Con base en este escrito, se evidencia que Zenón fue un nativo de África, octavo obispo de Verona (362-80) un hábil conferencista y un indiscutido campeón de la cristiandad contra los arianos. Mucha controversia se suscitó a raíz de atribuir a uno o dos obispos de Verona de nombre Zenón, la autoría de los sermones.

Varias opiniones fueron sostenidas por Sixto de Siena, Baronius, Ughelli, Dupin, Tillemont, Fabricius, y otros. De los 105 sermones, 12 han sido rechazados como pertenecientes a otros autores. Del remanente, 16 son extensos sermones, los otros solamente borradores o fragmentos.

Ellos contienen valioso material sobre la doctrina católica, prácticas y liturgia; tratan respecto a Dios, la creación, la Santísima Virgen, las Santas Escrituras, la Iglesia, los sacramentos, etc., y advierte contra los vicios de hoy en día.

(http://es.catholic.net/op/articulos/34968/zenn-de-verona-santo.html#)