04 enero, 2021

Santa Isabel Ana Bayley

 

 

 Hoy es la fiesta de Isabel Bayley Seton, primera santa nacida en Estados Unidos

 

Isabel Ana Bayley viuda de Seton es la primera santa nacida en los Estados Unidos, país donde fundó la primera escuela católica y la primera congregación estadounidense de religiosas bajo el nombre de Hermanas de la Caridad de San José. Se le considera patrona de las escuelas católicas, las viudas y los niños en peligro de muerte.

Isabel nació el 28 de agosto de 1774 en Nueva York. Sus padres, el Dr. Richard Bayley y su esposa, Catalina Charlton, eran anglicanos y leales miembros del partido conservador.

A los 20 años, la Santa conoció a William Magee Seton, un reconocido hombre de negocios con el que se casó luego de un breve tiempo de noviazgo y con el que tuvo cinco hijos.

El 27 de diciembre de 1803, su esposo falleció debido a una tuberculosis. Encontrándose en una difícil situación, fue acogida durante varios meses en la casa de la familia italiana Felicchi.

En los días de su estancia con los Felicchi, Isabel entró en contacto con el catolicismo. Desde el principio, la devoción y calor humano de los dueños de casa le había tocado el corazón, por lo que decidió conocer con mayor profundidad la fe de los Felicchi. El 14 de marzo de 1805, Isabel expresó su deseo de convertirse en católica. Dos cosas la habían impresionado de la Iglesia católica y la impulsaron a convertirse: la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y la devoción a la Virgen María.

De regreso a Nueva York, se encontró con la incomprensión de sus familiares por haberse hecho católica.

Pese a este duro golpe, Isabel no se arredra sino que empieza a trabajar como voluntaria, en el papel de maestra o educadora. Su compromiso con los que más sufren la impulsó a concretar la idea de la fundación de una comunidad religiosa. En 1809, fundó en Baltimore, el Instituto de Hermanas de la Caridad de San José, la primera congregación religiosa femenina fundada en Norteamérica. Después de su muerte, las Hermanas se unen a la Compañía de las Hijas de la Caridad de París, tal como fue su deseo inicial. Isabel también fundó la primera escuela parroquial católica en Estados Unidos, con lo que marcó el derrotero que seguiría la educación religiosa en ese país.

Isabel Ana Bayley Seton falleció en Maryland el 4 de enero de 1821. Fue beatificada el 17 de marzo de 1963 por el Papa San Juan XXIII y luego canonizada el 14 de septiembre de 1975 por el Papa San Pablo VI.

Hoy, una imagen suya adorna una de las puertas principales de la Catedral de San Patricio en Nueva York

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-isabel-bayley-seton-primera-santa-nacida-en-estados-unidos-36246)

03 enero, 2021

Día del Santísimo Nombre de Jesús

 

Hoy es el día del Santísimo Nombre de Jesús

 

¡Oh!, Santísimo y Gloriosísimo Nombre de Jesús;
¿Quién más sino Vos, para llevar ese Santísimo
Nombre? ¡Nadie, más que Vos! ¡Maravilloso Nombre!
Vuestro Amadísimo Padre, os lo dio, para vivo
y sempiterno recuerdo de todas las bendiciones que
recibimos de Vos, a cada nada, pues él, nos ayuda
en nuestras corporales necesidades, gracias
a Vuestra promesa: “En mi nombre expulsarán demonios,
hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes
en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño;
impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán
bien”. Y, vuestros Apóstoles así, lo hicieron dando
fuerza a los lisiados, vida a los muertos, consuelo
en las aflicciones espirituales y recordándole al justo
el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero
de Dios. También Vuestro Santísimo Nombre, nos protege
de Satanás y de sus engaños, pues él teme Vuestro
Nombre: ¡Jesús!, porque lo vencisteis en la Cruz.
Además, con Vuestro Nombre obtenemos toda bendición
y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Vos, mismo
dijisteis: “lo que pidáis al Padre, os lo dará en
mi nombre”. Y, la Iglesia, todas sus plegarias las
concluye, así: “Por Jesucristo Nuestro Señor”. ¡Amén!
¡Bendito sea el Santísimo Nombre de “Jesús”. ¡Aleluya!
¡Oh!, Santísimo y Gloriosísimo Nombre de “Jesús”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Cada 3 de enero la Iglesia celebra el Día del Santísimo Nombre de Jesús. “Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia”, decía San Bernardino de Siena.

El nombre “Jesús” es la forma latina del griego “Iesous”, que a su vez es la transliteración del hebreo “Jeshua” o “Joshua”, o también “Jehoshua”, que significa “Yahveh es salvación”.

La aparición de la veneración al Santísimo Nombre de Jesús se remite a las celebraciones litúrgicas del siglo XIV. San Bernardino de Siena, en el siglo XV, junto a sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús, y un siglo después, hacia 1530, el Papa Clemente VII concedió por primera vez a la Orden Franciscana la autorización para la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

En su tiempo, San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la Eucaristía con rayos saliendo de ella en la que se podía ver el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ). Más adelante, la tradición devocional le añade un nuevo sentido a dicho monograma, convirtiéndolo en un “cristograma”: “I” por “Iesus” (Jesús); “H” por Hominum (de los hombres); “S” por “Salvator” (Salvador). Es decir IHS quiere decir “Jesús, Salvador de los hombres”. Nuevos sentidos se añadirán posteriormente.

San Ignacio de Loyola y los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de la Compañía de Jesús.

El Nombre de Jesús, invocado con confianza:

  • Brinda ayuda en las necesidades corporales, según la promesa de Cristo: “En mi nombre agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc. 16,17-18). En el Nombre de Jesús, los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hch. 3,6; 9,34) y vida a los muertos (Hch. 9,40).
  • Da consuelo en las pruebas espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador el “padre del hijo pródigo” y el buen samaritano; al justo le recuerda el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.
  • Nos protege de Satanás y sus artimañas, ya que el diablo le teme al Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.
  • En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: “lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre.” (Jn. 16,23). Por lo tanto, la Iglesia concluye todas sus oraciones con las palabras: “Por Jesucristo Nuestro Señor”, etc. Así se cumple la palabra de San Pablo: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos.” (Flp. 2,10).
  • (https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-el-dia-del-santisimo-nombre-de-jesus-86549)

02 enero, 2021

San Basilio y San Gregorio, Doctores de la Iglesia

 

 Hoy es fiesta de los Santos Basilio Magno y Gregorio Nacianceno, Doctores de la Iglesia

 

¡Oh!, Santos Basilio Magno y Gregorio Nazianceno, vosotros,
sois los hijos del Dios de la vida y sus amados santos. Basilio,
asceta del desierto, que, en vuestro libro “Constituciones”,
las reglas volcasteis, más elevadas para, la santidad alcanzar
en la vida religiosa. Amado como erais por cristianos, judíos
y paganos, haciendo carne el amor de Dios y, diciendo a los cuatro
vientos: “Óyeme cristiano que no ayudas al pobre: tú eres un
verdadero ladrón. El pan que no necesitas le pertenece al
hambriento. Los vestidos que ya no usas le pertenecen al
necesitado. El calzado que ya no empleas le pertenece al
descalzo. El dinero que gastas en lo que no es necesario es un
robo que le estás haciendo al que no tiene con que comprar lo
que necesita. Si pudiendo ayudar no ayudas, eres un verdadero
ladrón”. Elegido Arzobispo de Cesarea, el delegado del gobierno
quiso haceros renegar de la fe y vos respondisteis: ¿Qué me
vas a poder quitar si no tengo casas ni bienes, pues todo lo
repartí entre los pobres? ¿Acaso me vas a atormentar? Es
tan débil mi salud que no resistiré ni un día de tormentos sin
morir y no podrás seguir atormentándome. ¿Qué me vas a
desterrar? A cualquier sitio a donde me destierres, allá estará
Dios, y donde esté Dios, allí es mi patria, y allí me sentiré
contento. El gobernador os respondió admirado: “Jamás nadie
me había contestado a sí”. Y vos, añadisteis: “Es que jamás
te habías encontrado con un obispo”. Y, admirado el gobernante
no os castigó. Por vuestra parte, vos, Gregorio, obispo fuisteis
de Sancina, en Constantinopla y, de Nacianzo. Defendisteis
con ardor de corazón la divinidad del Verbo eterno y por ello
os llamaron “Teólogo”. Vuestra inspiración poética nos legó
unos cuatrocientos poemas. Vuestros sermones y escritos
tesoro son de testimonio ortodoxo. Con vos, y vuestro hermano
menor Gregorio de Nisa, los tres recibieron el título de los “Tres
capadocios”. Y, hoy, hay alegría en la Iglesia por celebrar en
conjunto vuestra santa memoria. Hoy, brilláis con corona
de luz, como premio a vuestra grande entrega de amor y fe;
¡Oh!, Santos Basilio y Gregorio, “vivo” amor de Jesucristo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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“Basilio santo, nació entre santos. Basilio pobre vivió pobre entre los pobres. Basilio hijo de mártires, sufrió como un mártir. Basilio predicó siempre con sus labios, y con sus buenos ejemplos y seguirá predicando siempre con sus escritos admirables”; con estas palabras, San Gregorio Nacianceno describió a quien fue su gran amigo, San Basilio Magno. La Iglesia recuerda a ambos santos por su defensa de la fe en contra de las herejías que negaban la divinidad de Jesús; y los celebra unidos, el mismo día, cada 2 de enero.

San Basilio

San Basilio nació en Cesarea (Asia Menor) alrededor del año 330, en una familia que floreció en frutos de santidad. Sus hermanos fueron San Gregorio de Nicea, Santa Macrina la Joven y San Pedro de Sebaste. Su padre fue San Basilio, el Viejo; su madre, Santa Emelia, y su abuela, Santa Macrina.

Su compañero de estudios e inseparable amigo fue San Gregorio Nacianceno. Cuando San Basilio se encontraba en la cúspide de la fama profesional, sintió un gran impulso por abandonar el mundo. Necesitado de ayuda y orientación, acudió a su hermana, Santa Macrina, quien vivía apartada del mundo, en compañía de su viuda madre y de otras mujeres.

Basilio pidió el bautismo, y como nuevo cristiano se dedicó a buscar el lugar que Dios quería para él. Visitó algunas comunidades cristianas pero decidió vivir en soledad en un sitio agreste, entregado a la plegaria y el estudio. Con el tiempo, se le unieron algunos discípulos y con quienes formó el primer monasterio del Asia Menor. Sus enseñanzas fueron decisivas para la comprensión del estilo de vida monacal y se ponen en práctica hasta hoy, especialmente, entre los monjes de Oriente. Por estas razones, Basilio fue una de las influencias más importantes de San Benito, quien lo consideraba su “maestro”.

Al ser ordenado sacerdote, San Basilio fue animado por San Gregorio Nacianceno a que le ayude en la defensa del sacerdocio, la Iglesia y las verdades de fe. Fue nombrado primer auxiliar del arzobispo de Cesarea y, como muchos otros hombres conversos al cristianismo, usó la herencia que le dejó su madre para ayudar a los más necesitados. Él mismo se encargaba del reparto de comida a la entrada del monasterio, tarea que quedó plasmada en cierta iconografía que lo representa con una suerte de delantal de cocina y un cucharón en la mano.

A la muerte de su arzobispo, fue nombrado su sucesor, emprendiendo la tarea de defender la autonomía de la Iglesia frente al emperador Valente. Como arzobispo promovió la devoción a la Eucaristía y la necesidad de este sacramento en la vida del cristiano. Partió a la Casa del Padre el 1 de enero del año 379.

San Gregorio

San Gregorio Nacianceno nació en Capadocia (actual Turquía), el mismo año que San Basilio. Su padre fue San Gregorio el Mayor, Obispo de Nacianzo; su madre Santa Nona y sus hermanos, Santos Cesáreo y Gorgonia.

Se unió a San Basilio en el deseo de ser fiel a Cristo en la vida solitaria, y, como él, también sirvió como sacerdote. Sin embargo, no todo sería cordialidad entre ambos, como a veces sucede incluso entre quienes son amigos. Hacia el año 372, San Basilio quiso consagrarlo obispo de Sasima. Aquella región constituía territorio en disputa entre las denominadas “Dos Capadocias”. Esto produjo tensiones entre ambos, que supieron superar años más tarde. Después de recorrer varias ciudades, San Gregorio se estableció en Constantinopla donde fue consagrado obispo. Como pastor, su fidelidad le valió numerosos sufrimientos a causa de difamaciones promovidas, paradójicamente, entre algunos cristianos y por los “ataques” contra la doctrina, promovidos por los herejes.

El Concilio de Constantinopla (381) confirmó las conclusiones y enseñanzas establecidas en el Concilio de Nicea en relación a las herejías que negaban la divinidad de Cristo. San Gregorio, en calidad de obispo de Constantinopla, se apoyó en el magisterio conciliar para fortalecer su propia enseñanza. Lamentablemente, sus enemigos pusieron en duda la validez de su elección, por lo que el Santo, para restaurar la paz, decidió volver a Nacianzo. Allí se convertiría en el nuevo obispo. San Gregorio partió a la Casa del Padre el 25 de enero del año 389 (c. 390).

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-celebra-a-los-santos-basilio-magno-y-gregorio-nacianceno-doctores-de-la-iglesia-33764)

01 enero, 2021

¡Feliz Solemnidad de María, Madre de Dios!

 

 ¡Feliz Solemnidad de María, Madre de Dios!

 

Comienza un nuevo año y la Iglesia, cada 1 de enero, lo inicia celebrando la Solemnidad de María, Madre de Dios. La Iglesia católica se encomienda así, desde el primer día, a los cuidados maternales de María, verdadera Madre de Dios. La Virgen, quien tuvo la dicha de concebir, dar a luz y criar al Salvador, es también la que protege a todos sus hijos en Cristo, los asiste y acompaña durante su peregrinar en este mundo.

A continuación presentamos algunos datos que pueden ayudarnos a entender cómo es que surge este título en honor a la Virgen, y lo que hicieron los primeros cristianos para defenderlo.

La celebración dedicada a “María, Madre de Dios” (Theotokos) es la más antigua que se conoce en Occidente. En las catacumbas de Roma -los subterráneos que sirvieron de refugio a la cristiandad primigenia y donde los cristianos se reunían para celebrar la Santa Misa- han sido halladas numerosas inscripciones y pinturas que dan cuenta de la antigüedad de esta celebración mariana.

Por otro lado, de acuerdo un antiguo escrito del siglo III, los cristianos de Egipto ya se dirigían a María como “Madre de Dios”, usando las siguientes palabras: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios: no desoigas la oración de tus hijos necesitados; líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita”. Esta oración está recogida en la Liturgia de las Horas desde hace siglos.

Para el siglo IV, el título de “Madre de Dios” ya estaba incorporado en la oración de los fieles y se usaba con frecuencia tanto en la Iglesia de Oriente (“Theotokos”) como en la de Occidente (”Mater Dei”). Para ese entonces, era parte del sentir común de la cristiandad dirigirse a la Virgen María como “Madre de Dios”; para decirlo de algún modo, los cristianos habían hecho suyo dicho título mariano y lo consideraban integrante de su devoción e identidad.

Sin embargo, en el siglo V, Nestorio -quien incurrió en herejía- cuestionó que María pudiese ser llamada Madre de Dios, porque -a su modo de ver- no lo era. “¿Entonces Dios tiene una madre? En consecuencia no condenemos la mitología griega, que les atribuye una madre a los dioses”. El cuestionamiento de Nestorio tenía implicancias cristológicas, es decir, no solo deshonraba a la Virgen María, sino que ponía en entredicho que fuese efectivamente madre de la “persona” -una y única- de Cristo, segunda persona de la Santísima Trinidad.

Nestorio había caído en un gravísimo error. Había introducido una separación -más bien una ruptura- entre las dos naturalezas –divina y humana– presentes en el Señor Jesús. María no podía ser solo “madre” de la humanidad de Cristo sin afectar toda la obra salvífica de la encarnación.

Los obispos, por su parte, reunidos en el Concilio de Éfeso (año 431), afirmaron la subsistencia de la naturaleza divina y de la naturaleza humana en la única persona del Hijo; y declararon: “La Virgen María sí es Madre de Dios porque su Hijo, Cristo, es Dios”. Aquel día, los padres conciliares, acompañados por el pueblo y portando antorchas encendidas, realizaron una gran procesión al canto de: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

San Juan Pablo II, en noviembre de 1996, señaló lo siguiente: “La expresión Theotokos, que literalmente significa ‘la que ha engendrado a Dios’, a primera vista puede resultar sorprendente, pues suscita la pregunta: ¿cómo es posible que una criatura humana engendre a Dios? La respuesta de la fe de la Iglesia es clara: la maternidad divina de María se refiere solo a la generación humana del Hijo de Dios y no a su generación divina”. Luego añadió:

“El Hijo de Dios fue engendrado desde siempre por Dios Padre y es consustancial con él. Evidentemente, en esa generación eterna María no intervino para nada. Pero el Hijo de Dios, hace dos mil años, tomó nuestra naturaleza humana y entonces María lo concibió y lo dio a luz”.

Asimismo, señaló que la maternidad de María “no atañe a toda la Trinidad, sino únicamente a la segunda Persona, al Hijo, que, al encarnarse, tomó de ella la naturaleza humana”. Además, “una madre no es madre sólo del cuerpo o de la criatura física que sale de su seno, sino de la persona que engendra”, enfatizó San Juan Pablo II.

Para terminar, es importante recordar que María no es sólo Madre de Dios, sino que también es madre nuestra porque así lo quiso Jesucristo en la cruz. Por ello, al comenzar el nuevo año, pidámosle a María que nos ayude a ser cada vez más como su Hijo.

(https://www.aciprensa.com/noticias/feliz-solemnidad-de-maria-madre-de-dios-47284)

31 diciembre, 2020

Oración para despedir el año que termina y recibir el Año Nuevo

  Oración para despedir el año que termina y recibir el Año Nuevo

 

Se acerca el fin del 2020 y el mundo entero se prepara para recibir el nuevo año con fiestas y fuegos artificiales, pero muchos olvidan de celebrarlo con Dios, dueño de la vida y el tiempo. Por ello te compartimos esta oración para rezarla junto con tu familia, comunidad o amigos antes de la medianoche del 31 de diciembre.

Se recomienda estar alrededor del nacimiento o pesebre. Juntos comienzan diciendo: “En el nombre del Padre…”

Luego se hace la siguiente oración:

Lector 1: “Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro. Al terminar este año queremos darte gracias por todo aquello que recibimos de ti.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser. Te ofrecemos cuanto hicimos en este año, el trabajo que pudimos realizar, las cosas que pasaron por nuestras manos y lo que con ellas pudimos construir.

Lector 2: Te presentamos a las personas que a lo largo de estos meses quisimos, las amistades nuevas y los antiguos que conocimos, los más cercanos a nosotros y los que estén más lejos, los que nos dieron su mano y aquellos a los que pudimos ayudar, con los que compartimos la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor, hoy queremos pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Todos: Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo. También por la oración que poco a poco se fue aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte. Por todos los olvidos, descuidos y silencios, nuevamente te pido perdón.

A pocos minutos de iniciar un nuevo año, detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo tú sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría. Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes. Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso. Amén.”

Para terminar, los participantes se agarran de las manos y rezan un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria. Luego, entre todos, se dan un abrazo diciendo: “La paz sea contigo. ¡Feliz año Nuevo!”

(https://www.aciprensa.com/noticias/te-invitamos-a-rezar-esta-oracion-para-agradecer-a-dios-por-el-ano-nuevo-28842)

San Silvestre, Papa

 

Hoy se conmemora a San Silvestre, el primer Papa que no murió mártir 
 
San Silvestre, Papa  (270-335) fue el trigésimo tercer Papa de la Iglesia Católica. Su pontificado duró alrededor de 21 años, desde el año 314 hasta su muerte. Nació en Roma y gobernó a la Iglesia en la etapa en la que el Imperio Romano detuvo la persecución religiosa, gracias al Edicto de Milán (313). Una etapa de nuevos retos para los cristianos, en la que se afrontó la aparición y difusión de muchas herejías, el declive del espíritu religioso y las intromisiones del poder imperial, ocasionadas por Constantino, en los asuntos eclesiales.

En este contexto, Dios quiso que el Papa San Silvestre, elegido el 31 de enero del 314, asumiera el liderazgo de la Iglesia. Pasada la persecución, el arrianismo dividía a obispos y fieles. Cuando el emperador Constantino ordenó el Concilio de Nicea en el 325 -el primer concilio ecuménico- el Pontífice envió un obispo y dos sacerdotes en su nombre. En este concilio se condenó la herejía de Arrio (siglo III), que negaba la divinidad de Jesucristo y su consustancialidad con el Padre; además, se formuló el Credo de Nicea, luego aprobado por Silvestre.

El emperador y muchas familias conversas al cristianismo donaron bienes y riquezas a la Iglesia. San Silvestre se convirtió, entonces, en el primer Papa administrador. Ordenó la edificación de templos y convirtió el Palacio Laterano, donado por Constantino, en la primera catedral de Roma, hoy llamada San Juan de Letrán.

Murió el 31 de diciembre del 335 y por ello se le conmemora en este día. Fue el primer Pontífice que no murió mártir, después de 32 papas.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-conmemora-a-san-silvestre-el-primer-papa-que-no-murio-martir-71571)

24 diciembre, 2020

Visión de la Mística Alemana Santa Catalina Emmerick, sobre el nacimiento de Jesús

 APOSTOLADO CABALLERO DE LA INMACULADA: PROFECÍA DE LA BEATA ANA CATALINA  EMMERICK SOBRE EL FALSO ECUMENISMO

A finales del siglo XVIII e inicios del XIX vivió en Alemania la famosa mística Ana Catalina Emmerick (1774-1824), quien llevó consigo los estigmas de la Pasión de Cristo y en los últimos años de vida solo se alimentó de la Eucaristía.

Dios le concedió revelaciones místicas de la vida de Jesús, San Juan Pablo II la beatificó en 2004 y el actor y director Mel Gibson se inspiró en sus visiones para realizar la película “La Pasión”. A continuación compartimos el relato de Ana Catalina Emmerick sobre lo que vio del nacimiento de nuestro Señor:

"He visto que la luz que envolvía a la Virgen se hacía cada vez más deslumbrante, de modo que la luz de las lámparas encendidas por José no eran ya visibles. María, con su amplio vestido desceñido, estaba arrodillada con la cara vuelta hacia Oriente. Llegada la medianoche la vi arrebatada en éxtasis, suspendida en el aire, a cierta altura de la tierra. Tenía las manos cruzadas sobre el pecho".

"El resplandor en torno a ella crecía por momentos. Toda la naturaleza parecía sentir una emoción de júbilo, hasta los seres inanimados. La roca de que estaban formados el suelo y el atrio parecía palpitar bajo la luz intensa que los envolvía".

"Luego ya no vi más la bóveda. Una estela luminosa, que aumentaba sin cesar en claridad, iba desde María hasta lo más alto de los cielos. Allá arriba había un movimiento maravilloso de glorias celestiales, que se acercaban a la Tierra, y aparecieron con claridad seis coros de ángeles celestiales. La Virgen Santísima, levantada de la tierra en medio del éxtasis, oraba y bajaba las miradas sobre su Dios, de quien se había convertido en Madre. El Verbo eterno, débil Niño, estaba acostado en el suelo delante de María".

"Vi a Nuestro Señor bajo la forma de un pequeño Niño todo luminoso, cuyo brillo eclipsaba el resplandor circundante, acostado sobre una alfombrita ante las rodillas de María. Me parecía muy pequeñito y que iba creciendo ante mis ojos; pero todo esto era la irradiación de una luz tan potente y deslumbradora que no puedo explicar cómo pude mirarla. La Virgen permaneció algún tiempo en éxtasis; luego cubrió al Niño con un paño, sin tocarlo y sin tomarlo aún en sus brazos".

"Poco tiempo después vi al Niño que se movía y le oí llorar. En ese momento fue cuando María pareció volver en sí misma y, tomando al Niño, lo envolvió en el paño con que lo había cubierto y lo tuvo en sus brazos, estrechándole contra su pecho. Se sentó, ocultándose toda ella con el Niño bajo su amplio velo, y creo que le dio el pecho. Vi entonces que los ángeles, en forma humana, se hincaban delante del Niño recién nacido para adorarlo".

"Cuando había transcurrido una hora desde el nacimiento del Niño Jesús, María llamó a José, que estaba aún orando con el rostro pegado a la tierra. Se acercó, lleno de júbilo, de humildad y de fervor. Sólo cuando María le pidió que apretase contra su corazón el Don Sagrado del Altísimo, se levantó José, recibió al Niño entre sus brazos, y derramando lágrimas de pura alegría, dio gracias a Dios por el Don recibido del Cielo".

"María fajó al Niño: tenía solo cuatro pañales. Más tarde vi a María y a José sentados en el suelo, uno junto al otro: no hablaban, parecían absortos en muda contemplación. Ante María, fajado como un niño común, estaba recostado Jesús recién nacido, bello y brillante como un relámpago. ‘¡Ah, decía yo, este lugar encierra la salvación del mundo entero y nadie lo sospecha!’".

"He visto en muchos lugares, hasta en los más lejanos, una insólita alegría, un extraordinario movimiento en esta noche. He visto los corazones de muchos hombres de buena voluntad reanimados por un ansia, plena de alegría, y en cambio, los corazones de los perversos llenos de temores. Hasta en los animales he visto manifestarse alegría en sus movimientos y brincos".

"Las flores levantaban sus corolas, las plantas y los árboles tomaban nuevo vigor y verdor y esparcían sus fragancias y perfumes. He visto brotar fuentes de agua de la tierra. En el momento mismo del nacimiento de Jesús brotó una fuente abundante en la gruta de la colina del Norte".

"A legua y media más o menos de la gruta de Belén, en el valle de los pastores, había una colina. En las faldas de la colina estaban las chozas de tres pastores. Al nacimiento de Jesucristo vi a estos tres pastores muy impresionados ante el aspecto de aquella noche tan maravillosa; por eso se quedaron alrededor de sus cabañas mirando a todos lados".

"Entonces vieron maravillados la luz extraordinaria sobre la gruta del pesebre. Mientras los tres pastores estaban mirando hacia aquel lado del cielo, he visto descender sobre ellos una nube luminosa, dentro de la cual noté un movimiento a medida que se acercaba. Primero vi que se dibujaban formas vagas, luego rostros, y finalmente oí cantos muy armoniosos, muy alegres, cada vez más claros".

"Como al principio se asustaron los pastores, apareció un ángel entre ellos, que les dijo: ‘No temáis, pues vengo a anunciaros una gran alegría para todo el pueblo de Israel. Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo, el Señor. Por señal os doy ésta: encontraréis al Niño envuelto en pañales, echado en un pesebre’".

"Mientras el ángel decía estas palabras, el resplandor se hacía cada vez más intenso a su alrededor. Vi a cinco o siete grandes figuras de ángeles muy bellos y luminosos. Oí que alababan a Dios cantando: ‘Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad’".

"Más tarde tuvieron la misma aparición los pastores que estaban junto a la torre. Unos ángeles también aparecieron a otro grupo de pastores cerca de una fuente, al Este de la torre, a unas tres leguas de Belén. Los he visto consultándose unos a otros acerca de lo que llevarían al recién nacido y preparando los regalos con toda premura. Llegaron a la gruta del pesebre al rayar el alba".(ACI prensa).