01 julio, 2021

San Junípero Serra, fraile franciscano misionero

 

Hoy es la fiesta de San Junípero Serra, Padre de California

 

Cada 1 de julio, en Estados Unidos, se conmemora a San Junípero Serra, fraile franciscano del siglo XVIII que encabezó numerosas misiones en América del Norte. En aquel entonces se denominaban “misiones” a los poblados fundados y organizados por religiosos evangelizadores en su afán civilizador. Muchas de las misiones que San Junípero fundó se convirtieron con el tiempo en las grandes ciudades norteamericanas de hoy.

Junípero Serra Ferrer nació el 24 de noviembre de 1713 en Petra, Mallorca (España). A los 16 años se convirtió en fraile y cambió su nombre por el de Junípero. En 1749 partió junto con veinte misioneros franciscanos hacia el Virreinato de la Nueva España (México). Allí empezó apoyando la labor evangelizadora desde el Colegio de Misioneros de San Fernando, pero solo seis meses después recibió la aprobación del Virrey para fundar una nueva misión en Sierra Gorda, un territorio montañoso donde ya habían fracasado algunos franciscanos. Fray Junípero permaneció en ese lugar los siguientes 9 años.

Como en 1767 el rey de España, Carlos III, decretó la expulsión de todos los miembros jesuitas de los dominios de la corona -medida que incluía al Virreinato de Nueva España- los jesuitas tuvieron que abandonar las misiones que tenían. Hasta entonces, ellos eran los que atendían espiritualmente a la población indígena y europea de las “Californias”, pero dada la expulsión fueron sustituidos por 16 misioneros de la orden franciscana, encabezados por fray Junípero.

La comitiva franciscana salió de la ciudad de México el 14 de julio de 1767, para posteriormente embarcar por el puerto de San Blas, rumbo a la península de Baja California. Tras una corta travesía, arribaron a Loreto -sede de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, que es considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California-.

Una vez llegados los misioneros a la península, movidos por su gran celo apostólico, decidieron seguir explorando la Alta California para llevar la luz del Evangelio a la población indígena de esa región. El 3 de julio se erigió la Misión de San Carlos Borromeo. Ese mismo mes, julio de 1771, se estableció la Misión de San Antonio de Padua, y en agosto la de San Gabriel, que se encuentra en la actual área metropolitana de Los Ángeles. El 1 de septiembre de 1772, se fundó la misión de San Luis Obispo de Tolosa.

Los misioneros catequizaban a los indígenas, les enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería, les proporcionaban semillas y animales y les asesoraban en el trabajo de la tierra. Junípero Serra falleció en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California), el 28 de agosto de 1784. Sus restos se encuentran en la Basílica de esta misma misión.

San Juan Pablo II beatificó a fray Junípero en 1988, y fue proclamado santo el 23 de septiembre de 2015 por el Papa Francisco. La ceremonia de canonización se realizó en territorio de Estados Unidos, por lo que fue la primera vez que se llevó a cabo una ceremonia de este tipo en ese país. Un dato llamativo de la canonización involucró al Papa Francisco: era la primera vez que visitaba Estados Unidos en su vida.

En la homilía de la misa principal, el Santo Padre recordó que fray Junípero Serra “tuvo un lema que inspiró sus pasos y que plasmó en su vida. Supo decir, pero especialmente supo vivir diciendo: ‘siempre adelante’”.

San Junípero Serra es el único español que tiene una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas en el Capitolio, donde reside el poder legislativo de los Estados Unidos y lugar donde están representados los personajes más ilustres de esa nación.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-estados-unidos-celebra-al-beato-junipero-serra-a-quien-quieren-sacar-del-capitolio-70208)

30 junio, 2021

Santos Protomártires Romanos

 

Hoy se celebra a los santos protomártires de Roma, víctimas de la mentira de Nerón

¡Oh!, Santos Protomártires de la Iglesia Romana, vosotros, sois
los hijos del Dios de la Vida, sus “primeros mártires” y amados
santos del cielo, a quienes os persiguió el impío, desquiciado
y pirómano Nerón, después de que, él mismo, ordenara incendiar
Roma. Pero, como escrito está: “la mentira, patas cortas tiene” y he
aquí, la gran verdad en la pluma de Cornelio Tácito historiador:
“Como corrían voces que el incendio de Roma había sido doloso,
 Nerón presentó como culpables, castigándolos con penas
excepcionales, a los que, odiados por sus abominaciones, el pueblo
llamaba cristianos”. Vuestro único delito fue, no profesar culto
a paganos dioses celosos y vengativos y, que, por el contario, sí,
lo hacíais con la certeza de la fe y el amor, con un único Dios
Verdadero Santo y Trino, y, por el que, muy felices vosotros
disteis vuestras almas santas. Y, Él, os recompensó, coronándoos
con coronas de gloria, luz y eternidad. Arde Nerón hoy, por los
siglos de los siglos en el mismo infierno y, en el orbe de la tierra
toda, nunca más escucharemos al vulgo gritar: ¡Los cristianos a los
leones! ¡Los cristianos a los leones! ¡Los cristianos a los leones!
¡Nunca más! ¡Nunca más! ¡Nunca más! Y, en su remplazo se oye
cada vez más fuerte, más certera la envidiable y viva frase que
resonó, resuena y resonará por los siglos de los siglos: ¡Que viva
Cristo! ¡Que viva Cristo! !Que viva Cristo! Ayer, hoy y siempre.
Entre los mártires encontramos al gran Pedro, el príncipe de los
apóstoles, que crucificado fue en el circo neroniano y, en donde
hoy, está la Basílica de San Pedro. Y, el apóstol de los gentiles, el
otro grande Pablo, que decapitado fue en las “Acque Galvie”
y enterrado en la vía Ostiense. Por ello, después de la fiesta de
estas gigantes “Dos Columnas”, celebra el calendario nuevo la
“Memoria de los mártires incógnitos”, que no tienen especial
Lugar en la liturgia. Allí están entre otros, las antorchas humanas,
Rociadas con brea y dejadas ardiendo en los jardines de la colina
Oppio, aquellas mujeres y niños vestidos con pieles de animales
y dejados a merced de las bestias feroces en el circo romano
y otros miles, que suscitaron un sentido de compasión y de horror
en el mismo pagano pueblo romano. “Entonces se manifestó un
sentimiento de piedad, aun tratándose de gente merecedora de
los más ejemplares castigos, porque se veía que eran eliminados
no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de un
individuo, Nerón”. Escribió Cornelio Tácito, historiador, senador,
cónsul y gobernador del Imperio romano. Y, así en cruenta lid,  
vuestras almas volaron al cielo para coronadas ser con coronas
de luz y eternidad, como premio a vuestras entregas de amor y fe;
¡oh!, Santos Protomártires, “Vivo Amor por el Dios de la Vida”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de Junio
Santos Protomártires Romanos
Mártires de la persecución de Nerón luego del incendio de Roma

La celebración de hoy, introducida por el nuevo calendario romano universal, se refiere a los protomártires de la Iglesia de Roma, víctimas de la persecución de Nerón después del incendio de Roma, que tuvo lugar el 19 de julio del año 64.

¿Por qué Nerón persiguió a los cristianos? Nos lo dice Cornelio Tácito en el libro XV de los Annales: “Como corrían voces que el incendio de Roma había sido doloso, Nerón presentó como culpables, castigándolos con penas excepcionales, a los que, odiados por sus abominaciones, el pueblo llamaba cristianos”.

En tiempos de Nerón, en Roma, junto a la comunidad hebrea, vivía la pequeña y pacífica de los cristianos. De ellos, poco conocidos, circulaban voces calumniosas. Sobre ellos descargó Nerón, condenándolos a terribles suplicios, las acusaciones que se le habían hecho a él. Por lo demás, las ideas que profesaban los cristianos eran un abierto desafío a los dioses paganos celosos y vengativos… “Los paganos—recordará más tarde Tertuliano— atribuyen a los cristianos cualquier calamidad pública, cualquier flagelo. Si las aguas del Tíber se desbordan e inundan la ciudad, si por el contrario el Nilo no se desborda ni inunda los campos, si hay sequía, carestía, peste, terremoto, la culpa es toda de los cristianos, que desprecian a los dioses, y por todas partes se grita: ¡Los cristianos a los leones!”.

Nerón tuvo la responsabilidad de haber iniciado la absurda hostilidad del pueblo romano, más bien tolerante en materia religiosa, respecto de los cristianos: la ferocidad con la que castigó a los presuntos incendiarios no se justifica ni siquiera por el supremo interés del imperio.

Episodios horrendos como el de las antorchas humanas, rociadas con brea y dejadas ardiendo en los jardines de la colina Oppio, o como aquel de mujeres y niños vestidos con pieles de animales y dejados a merced de las bestias feroces en el circo, fueron tales que suscitaron un sentido de compasión y de horror en el mismo pueblo romano. “Entonces —sigue diciendo Tácito—se manifestó un sentimiento de piedad, aún tratándose de gente merecedora de los más ejemplares castigos, porque se veía que eran eliminados no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de un individuo”, Nerón. La persecución no terminó en aquel fatal verano del 64, sino que continuó hasta el año 67.

Entre los mártires más ilustres se encuentran el príncipe de los apóstoles, crucificado en el circo neroniano, en donde hoy está la Basílica de San Pedro, y el apóstol de los gentiles, san Pablo, decapitado en las “Acque Galvie” y enterrado en la vía Ostiense. Después de la fiesta de los dos apóstoles, el nuevo calendario quiere celebrar la memoria de los numerosos mártires que no pudieron tener un lugar especial en la liturgia.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

Santos Apóstoles Pedro y Pablo


Biografías de San Pedro y San Pablo, Solemnidad - ACI Prensa

 

¡Oh!, Santos Apóstoles Pedro y Pablo; vosotros, sois,
los hijos del Dios de la Vida, sus Apóstoles santos,
pilares amados y, además, fieles testigos de la fe,
que, con distintos dones el Reino de Dios, expandisteis.
Y, tal como vuestro Divino Maestro, lo había hecho;
con vuestra sangre sellasteis vuestro predicar de luz,
por el mundo de entonces, y cuya estela alumbró, nos
alumbra, y alumbrará por los siglos de los siglos, hasta
el final de los tiempos. Vosotros, y vuestra obra, sois
el vivo signo de la unidad nuestra Santa Madre Iglesia, pues,
ambos sois una sola cosa. Vos, Pedro, os, abrazasteis a la
fe de Cristo, y Pablo, vos, la explicasteis de maravillosa
manera. Vosotros, sois los inicios de la venerable Iglesia,
en la que ella, cree, reza y anuncia a Jesús, Dios y Señor
Nuestro, como Redentor del mundo. Y, no solo brilláis en Roma,
también lo hacéis, en los corazones de todos los creyentes
que, por vuestras enseñanzas y ejemplo, el camino de la fe,
la esperanza y la caridad siguen. Por todo ello, y en recuerdo
vuestro, cada quien, tiene en esta tierra, grandes obras
hechas en vuestro honor: Vos, Pedro, la Basílica Vaticana
y la Plaza, que lleva vuestro santo nombre. Y, vos, Pablo,
la Basílica en la Vía Ostiense. Roma, os rinde honores, pues
lleva en su historia, inscrita, los signos de vuestras vidas
y también de vuestras gloriosas muertes, tanto que, os han
elegido como Protectores. Y, así, porque Dios quiso, vos, Pedro,
humilde Pescador de Galilea y vos, Pablo, Apóstol de los gentiles,
en columnas indestructibles se convirtieron de Nuestra Santa
Madre Iglesia; y, por ello, hoy, brilláis coronados de luz y gloria;
¡oh!, Santos Apóstoles, Pedro y Pablo, “vivos pilares del Dios Vivo”.

© 2021 Luis Ernesto Chacón Delgado
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29 de Junio
San Pedro y San Pablo
Apóstoles y Mártires

El sentido de tener una fiesta es recordar lo que estos dos grandes santos hicieron, aprender de su ejemplo y pedirles en este día especialmente su intercesión por nosotros.

La fiesta de San Pedro y San Pablo, apóstoles y testigos de Jesús, que dieron un mravilloso testimonio como columnas fundamentales del edificio de la fe cristiana y entregaron su vida por Jesús y gracias a ellos el cristianismo se extendió por todo el mundo. Los cadáveres de San Pedro y San Pablo estuvieron sepultados juntos por unas décadas, después se les devolvieron a sus sepulturas originales. En 1915 se encontraron estas tumbas y, pintadas en los muros de los sepulcros, expresiones piadosas que ponían de manifiesto la devoción por San Pedro y San Pablo desde los inicios de la vida cristiana. Se cree que en ese lugar se llevaban a cabo las reuniones de los cristianos primitivos. Esta fiesta doble de San Pedro y San Pablo ha sido conmemorada el 29 de Junio desde entonces.

San Pedro

San Pedro fue uno de los doce apóstoles de Jesús. Su nombre era Simón, pero Jesús lo llamó Cefas que significa “piedra” y le dijo que sería la piedra sobre la que edificaría Su Iglesia. Por esta razón, le conocemos como Pedro. Era pescador de oficio y Jesús lo llamó a ser pescador de hombres, para darles a conocer el amor de Dios y el mensaje de salvación. Él aceptó y dejó su barca, sus redes y su casa para seguir a Jesús.

Pedro era de carácter fuerte e impulsivo y tuvo que luchar contra la comodidad y contra su gusto por lucirse ante los demás. No comprendió a Cristo cuando hablaba acerca de sacrificio, cruz y muerte y hasta le llegó a proponer a Jesús un camino más fácil; se sentía muy seguro de sí mismo y le prometió a Cristo que nunca lo negaría, tan sólo unas horas antes de negarlo tres veces.

Vivió momentos muy importantes junto a Jesús:

Vio a Jesús cuando caminó sobre las aguas. Él mismo lo intentó, pero por desconfiar estuvo a punto de ahogarse.

Prensenció la Transfiguración del Señor.

Estuvo presente cuando aprehendieron a Jesús y le cortó la oreja a uno de los soldados atacantes.

Negó a Jesús tres veces, por miedo a los judíos y después se arrepintió de hacerlo.

Fue testigo de la Resurrección de Jesús.

Jesús, después de resucitar, le preguntó tres veces si lo amaba y las tres veces respondió que sí. Entonces, Jesús le confirmó su misión como jefe Supremo de la Iglesia.

Estuvo presente cuando Jesús subió al cielo en la Ascensión y permaneció fiel en la oración esperando al Espíritu Santo.

Recibió al Espíritu Santo el día de Pentecostés y con la fuerza y el valor que le entregó, comenzó su predicación del mensaje de Jesús. Dejó atrás las dudas, la cobardía y los miedos y tomó el mando de la Iglesia, bautizando ese día a varios miles de personas.

Realizó muchos milagros en nombre de Jesús.

En los Hechos de los Apóstoles, se narran varias hazañas y aventuras de Pedro como primer jefe de la Iglesia. Nos narran que fue hecho prisionero con Juan, que defendió a Cristo ante los tribunales judíos, que fue encarcelado por orden del Sanedrín y librado milagrosamente de sus cadenas para volver a predicar en el templo; que lo detuvieron por segunda vez y aún así, se negó a dejar de predicar y fue mandado a azotar.

Pedro convirtió a muchos judíos y pensó que ya había cumplido con su misión, pero Jesús se le apareció y le pidió que llevara esta conversión a los gentiles, a los no judíos. En esa época, Roma era la ciudad más importante del mundo, por lo que Pedro decidió ir allá a predicar a Jesús. Ahí se encontró con varias dificultades: los romanos tomaban las creencias y los dioses que más les gustaban de los distintos países que conquistaban. Cada familia tenía sus dioses del hogar. La superstición era una verdadera plaga, abundaban los adivinos y los magos. Él comenzó con su predicación y ahí surgieron las primeras comunidades cristianas. Estas comunidades daban un gran ejemplo de amor, alegría y de honestidad, en una sociedad violenta y egoísta. En menos de trescientos años, la mayoría de los corazones del imperio romano quedaron conquistados para Jesús. Desde entonces, Roma se constituyó como el centro del cristianismo.

En el año 64, hubo un incendio muy grande en Roma que no fue posible sofocar. Se corría el rumor de que había sido el emperador Nerón el que lo había provocado. Nerón se dio cuenta que peligraba su trono y alguien le sugirió que acusara a los cristianos de haber provocado el incendio. Fue así como se inició una verdadera “cacería” de los cristianos: los arrojaban al circo romano para ser devorados por los leones, eran quemados en los jardines, asesinados en plena calle o torturados cruelmente. Durante esta persecución, que duró unos tres años, murió crucificado Pedro por mandato del emperador Nerón.

Pidió ser crucificado de cabeza, porque no se sentía digno de morir como su Maestro. Treinta y siete años duró su seguimiento fiel a Jesús. Fue sepultado en la Colina Vaticana, cerca del lugar de su martirio. Ahí se construyó la Basílica de San Pedro, centro de la cristiandad.

San Pedro escribió dos cartas o epístolas que forman parte de la Sagrada Escritura.

¿Qué nos enseña la vida de Pedro?

Nos enseña que, a pesar de la debilidad humana, Dios nos ama y nos llama a la santidad. A pesar de todos los defectos que tenía, Pedro logró cumplir con su misión. Para ser un buen cristiano hay que esforzarse por ser santos todos los días. Pedro concretamente nos dice: “Sean santos en su proceder como es santo el que los ha llamado” (I Pedro, 1,15) Cada quien, de acuerdo a su estado de vida, debe trabajar y pedirle a Dios que le ayude a alcanzar su santidad. Nos enseña que el Espíritu Santo puede obrar maravillas en un hombre común y corriente. Lo puede hacer capaz de superar los más grandes obstáculos.

La Institución del Papado

Toda organización necesita de una cabeza y Pedro fue el primer jefe y la primera cabeza de la Iglesia. Fue el primer Papa de la Iglesia Católica. Jesús le entregó las llaves del Reino y le dijo que todo lo que atara en la Tierra quedaría atado en el Cielo y todo lo que desatara quedaría desatado en el Cielo. Jesús le encargó cuidar de su Iglesia, cuidar de su rebaño. El trabajo del Papa no sólo es un trabajo de organización y dirección. Es, ante todo, el trabajo de un padre que vela por sus hijos.

El Papa es el representante de Cristo en el mundo y es la cabeza visible de la Iglesia. Es el pastor de la Iglesia, la dirige y la mantiene unida. Está asistido por el Espíritu Santo, quien actúa directamente sobre Él, lo santifica y le ayuda con sus dones a guiar y fortalecer a la Iglesia con su ejemplo y palabra. El Papa tiene la misión de enseñar, santificar y gobernar a la Iglesia.

Nosotros, como cristianos debemos amarlo por lo que es y por lo que representa, como un hombre santo que nos da un gran ejemplo y como el representante de Jesucristo en la Tierra. Reconocerlo como nuestro pastor, obedecer sus mandatos, conocer su palabra, ser fieles a sus enseñanzas, defender su persona y su obra y rezar por Él.

Cuando un Papa muere, se reúnen en el Vaticano todos los cardenales del mundo para elegir al nuevo sucesor de San Pedro y a puerta cerrada, se reúnen en Cónclave (que significa: cerrados con llave). Así permanecen en oración y sacrificio, pidiéndole al Espíritu Santo que los ilumine. Mientras no se ha elegido Papa, en la chimenea del Vaticano sale humo negro y cuando ya se ha elegido, sale humo blanco como señal de que ya se escogió al nuevo representante de Cristo en la Tierra.

San Pablo

Su nombre hebreo era Saulo. Era judío de raza, griego de educación y ciudadano romano. Nació en la provincia romana de Cilicia, en la ciudad de Tarso. Era inteligente y bien preparado. Había estudiado en las mejores escuelas de Jerusalén. Era enemigo de la nueva religión cristiana ya que era un fariseo muy estricto. Estaba convencido y comprometido con su fe judía. Quería dar testimonio de ésta y defenderla a toda costa. Consideraba a los cristianos como una amenaza para su religión y creía que se debía acabar con ellos a cualquier costo. Se dedicó a combatir a los cristianos, quienes tenían razones para temerle. Los jefes del Sanedrín de Jerusalén le encargaron que apresara a los cristianos de la ciudad de Damasco.

En el camino a Damasco, se le apareció Jesús en medio de un gran resplandor, cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” ( Hechos de los Apóstoles 9, 1-9.20-22.). Con esta frase, Pablo comprendió que Jesús era verdaderamente Hijo de Dios y que al perseguir a los cristianos perseguía al mismo Cristo que vivía en cada cristiano. Después de este acontecimiento, Saulo se levantó del suelo, y aunque tenía los ojos abiertos no veía nada. Lo llevaron a Damasco y pasó tres días sin comer ni beber. Ahí, Ananías, obedeciendo a Jesús, hizo que Saulo recobrara la vista, se levantara y fuera bautizado. Tomó alimento y se sintió con fuerzas. Estuvo algunos días con los discípulos de Damasco y después empezó a predicar a favor de Jesús, diciendo que era el Hijo de Dios. Saulo se cambió el nombre por Pablo. Fue a Jerusalén para ponerse a la orden de San Pedro.

La conversión de Pablo fue total y es el más grande apóstol que la Iglesia ha tenido. Fue el “apóstol de los gentiles” ya que llevó el Evangelio a todos los hombres, no sólo al pueblo judío. Comprendió muy bien el significado de ser apóstol, y de hacer apostolado a favor del mensaje de Jesús. Fue fiel al llamado que Jesús le hizo en al camino a Damasco.

Llevó el Evangelio por todo el mundo mediterráneo. Su labor no fue fácil. Por un lado, los cristianos desconfiaban de él, por su fama de gran perseguidor de las comunidades cristianas. Los judíos, por su parte, le tenían coraje por “cambiarse de bando”. En varias ocasiones se tuvo que esconder y huir del lugar donde estaba, porque su vida peligraba. Realizó cuatro grandes viajes apostólicos para llevar a todos los hombres el mensaje de salvación, creando nuevas comunidades cristianas en los lugares por los que pasaba y enseñando y apoyando las comunidades ya existentes.

Escribió catorce cartas o epístolas que forman parte de la Sagrada Escritura.

Al igual que Pedro, fue martirizado en Roma. Le cortaron la cabeza con una espada pues, como era ciudadano romano, no podían condenarlo a morir en una cruz, ya que era una muerte reservada para los esclavos.

¿Qué nos enseña la vida de San Pablo?

Nos enseña la importancia de la labor apostólica de los cristianos. Todos los cristianos debemos ser apóstoles, anunciar a Cristo comunicando su mensaje con la palabra y el ejemplo, cada uno en el lugar donde viva, y de diferentes maneras.

Nos enseña el valor de la conversión. Nos enseña a hacer caso a Jesús dejando nuestra vida antigua de pecado para comenzar una vida dedicada a la santidad, a las buenas obras y al apostolado.

Esta conversión siguió varios pasos: 1. Cristo dio el primer paso: Cristo buscó la conversión de Pablo, le tenía una misión concreta. 2. Pablo aceptó los dones de Cristo: El mayor de estos dones fue el de ver a Cristo en el camino a Damasco y reconocerlo como Hijo de Dios. 3. Pablo vivió el amor que Cristo le dio: No sólo aceptó este amor, sino que los hizo parte de su vida. De ser el principal perseguidor, se convirtió en el principal propagador de la fe católica. 4. Pablo comunicó el amor que Cristo le dio: Se dedicó a llevar el gran don que había recibido a los demás. Su vida fue un constante ir y venir, fundando comunidades cristianas, llevando el Evangelio y animando con sus cartas a los nuevos cristianos en común acuerdo con San Pedro.

Estos mismos pasos son los que Cristo utiliza en cada uno de los cristianos. Nosotros podemos dar una respuesta personal a este llamado. Así como lo hizo Pablo en su época y con las circunstancias de la vida, así cada uno de nosotros hoy puede dar una respuesta al llamado de Jesús.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

28 junio, 2021

San Ireneo de Lyon Obispo y Mártir

 

Hoy se celebra a San Ireneo, Obispo de Lyon y Padre de la Iglesia

 

¡Oh!, San Irineo, vos, sois el hijo del Dios de la Vida y su amado
santo y el mismo que, a la cristiandad librasteis de falsarias
gnósticas enseñanzas; que, llenar intentaban las mentes
de las gentes de vuestro tiempo; la fe y la revelación
de lado dejando. A, vos, que, el privilegio tuvisteis de
educado ser por San Policarpo, otrora del gran San Juan
evangelista discípulo; os bastaron cinco libros solo, para
rebatir su doctrina oscura. “Con un poquito de ciencias
raras que aprenden, los gnósticos ya se imaginan que bajaron
directamente del cielo; se pavonean como gallos orgullosos
y parece que estuvieran andando de gancho con los ángeles”.
Así, escribisteis vos, con brillantez suma, que, vuestros
libros traducidos y divulgados fueron por las iglesias
todas, de aquél tiempo. Y, así de cumplir luego, con el
esplendor de mostrar la verdad; a la patria celeste os
fue vuestra alma, para coronada ser con corona de luz
como premio a vuestra entrega de grande y especial amor;
¡oh!, San Irineo, “fe, oración y caridad del Dios de la Vida”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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28 de junio
San Ireneo de Lyon
Obispo y Mártir

Martirologio Romano: Memoria de san Ireneo, obispo, que, como atestigua san Jerónimo, de niño fue discípulo de san Policarpo de Esmirna y custodió con fidelidad la memoria de los tiempos apostólicos. Ordenado presbítero en Lyon, fue el sucesor del obispo san Potino y, según cuenta la tradición, murió coronado por un glorioso martirio. Debatió en muchas ocasiones acerca del respeto a la tradición apostólica y, en defensa de la fe católica, publicó un célebre tratado contra la herejía. († c.202)

Breve Biografía

Pacificador de nombre y de hecho (el nombre “Ireneo” en griego quiere decir pacífico y pacificador), san Ireneo fue presentado al Papa por los cristianos de la Galia con palabras de grande elogio: “Guardián del testamento de Cristo”. En Roma honró su nombre sugiriendo moderación al Papa Víctor, aconsejándole respetuosamente que no excomulgara a las Iglesias de Asia que no querían celebrar la Pascua en la misma fecha de las otras comunidades cristianas.

Con los mismos fines pacificadores este hombre ponderado insistió a los obispos de las otras comunidades cristianas para que trabajaran por el triunfo de la concordia y de la unidad, sobre todo manteniéndose unidos a la tradición apostólica para combatir el racionalismo gnóstico. De sus escritos nos quedan, efectivamente, Los cinco libros del Adversus hæreses, en los que Ireneo aparece no sólo como el teólogo más equilibrado y penetrante de la Encarnación redentora, sino también como uno de los pastores más completos, más apostólicos y más católicos que hayan servido a la Iglesia. Se nota que sus argumentaciones contra Los herejes, aunque nacieron de la polémica, son fruto de la oración y de la caridad.

Ireneo era oriundo de Asia Menor. Entre sus recuerdos de juventud se encuentra el contacto con Policarpo de Esmirna, el santo obispo “que fue instruido por los testigos oculares de la vida del Verbo”, sobre todo por el apóstol Juan, que había fijado su sede en Esmirna. Ireneo, pues, por medio de Policarpo se une a los Apóstoles. Después de dejar el Asia Menor, pasa a Roma y sigue para Lyon (Francia). No perteneció a la lista de los mártires de Lyon, víctimas de la persecución del 177, porque precisamente en ese tiempo su Iglesia lo había enviado a Roma para presentar al Papa Eleuterio algunos asuntos de orden doctrinal, relacionados sobre todo con el error montanista. Este error se debía a un grupo de fanáticos que habían llegado de Oriente, predicando el disgusto por las cosas del mundo y anunciando el inminente regreso de Cristo. De regreso a Lyon, Ireneo sucedió en el 178 al obispo mártir san Fotino, y gobernó la Iglesia de Lyon hasta su muerte, hacia el año 200. Aunque no está comprobado su martirio, la Iglesia lo venera como mártir.

En todo caso, él fue un auténtico testigo de la fe en un período de dura persecución; su campo de acción fue muy vasto, si se tiene en cuenta que probablemente no había ningún otro obispo en las Galias ni en las tierras limítrofes de Alemania. Su lengua era el griego, pero aprendió las lenguas “bárbaras” para poder evangelizar a esos pueblos.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31934/ireneo-de-lyon-santo.html)

27 junio, 2021

Historia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

 

 

 

Patrona de los Padres Redentoristas y cuyo icono original está en el altar mayor de la Iglesia de San Alfonso. Esta imagen recuerda el cuidado de la Virgen por Jesús, desde su concepción hasta su muerte, y que hoy sigue protegiendo a sus hijos que acuden a ella.  

Se dice que en el siglo XV un comerciante adinerado del Mar Mediterráneo tenía la pintura del Perpetuo Socorro, aunque se desconoce el cómo llegó a sus manos. Para proteger el cuadro de ser destruido, decidió llevarlo a Italia y en la travesía se desató una terrible tormenta.   El comerciante tomó el cuadro en alto, pidió socorro y el mar se calmó. Estando ya en Roma, él tenía un amigo, a quien le mostró el cuadro y le dijo que un día el mundo entero rendiría homenaje a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

Después de un tiempo, el mercader enfermó y, antes de morir, le hizo prometer a su amigo que colocaría la pintura en una iglesia ilustre. Sin embargo, la esposa del amigo se encariño con la pintura y este no realizó su promesa.   Nuestra Señora se le apareció al hombre en varias ocasiones pidiéndole cumpliera, pero al no querer disgustar a su mujer, enfermó y murió. Más adelante la Virgen habló con la hija de seis años y le dio el mismo mensaje de que deseaba que el cuadro fuera puesto en una iglesia. La pequeña fue y se lo contó a su madre.   La mamá se asustó y a una vecina que se burló de lo ocurrido le vinieron unos dolores tan fuertes que solo se alivió cuando invocó arrepentida la ayuda de la Virgen y tocó el cuadro.

Nuestra Señora se volvió a aparecer a la niña y le dijo que la pintura debía ser puesta en la iglesia de San Mateo, que quedaba entre las Basílicas Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Finalmente, así se hizo y se obraron grandes milagros.   Siglos después, Napoleón destruyó muchas iglesias, entre ellas la de San Mateo, pero un padre agustino logró llevarse secretamente el cuadro y más adelante fue colocado en una capilla agustiniana en Posterula.  

Los Redentoristas construyen la Iglesia de San Alfonso sobre las ruinas de la iglesia de San Mateo y en sus investigaciones descubrieron que antes ahí estaba el milagroso cuadro de del Perpetuo Socorro y que lo tenían los Agustinos. Gracias a un sacerdote jesuita conocieron el deseo de la Virgen de ser honrada en ese lugar.   Es así que el superior de los Redentoristas solicitó al Beato Pío IX, quien dispuso que el cuadro fuera devuelto a la Iglesia entre Santa María la Mayor y San Juan de Letrán. Asimismo, encargó a los Redentoristas que hicieran que Nuestra Señora del Perpetuo Socorro fuera conocida.  

Los Agustinos, una vez que supieron la historia y el deseo del Pontífice, gustosos devolvieron la imagen mariana para complacer a la Virgen.   Hoy en día la devoción a Nuestra Señora del perpetuo Socorro se ha expandido por diversos lugares, construyéndose iglesias y santuarios en su honor. Su retrato es conocido y venerado en todas partes del mundo.

(https://www.aciprensa.com/recursos/biografia-2638)

Domingo 13 (B) del tiempo ordinario

 

 

 

 

Texto del Evangelio (Mc 5,21-43): En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor
. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

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«Solamente ten fe» Fray Valentí SERRA i Fornell (Barcelona, España)

Hoy, san Marcos nos presenta una avalancha de necesitados que se acerca a Jesús-Salvador buscando consuelo y salud. Incluso, aquel día se abrió paso entre la multitud un hombre llamado Jairo, el jefe de la sinagoga, para implorar la salud de su hijita: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva» (Mc 5,23).

Quién sabe si aquel hombre conocía de vista a Jesús, de verle frecuentemente en la sinagoga y, encontrándose tan desesperado, decidió invocar su ayuda. En cualquier caso, Jesús captando la fe de aquel padre afligido accedió a su petición; sólo que mientras se dirigía a su casa llegó la noticia de que la chiquilla ya había muerto y que era inútil molestarle: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?» (Mc 5,35).

Jesús, dándose cuenta de la situación, pidió a Jairo que no se dejara influir por el ambiente pesimista, diciéndole: «No temas; solamente ten fe» (Mc 5,36). Jesús le pidió a aquel padre una fe más grande, capaz de ir más allá de las dudas y del miedo. Al llegar a casa de Jairo, el Mesías retornó la vida a la chiquilla con las palabras: «Talitá kum, que quiere decir: ‘Muchacha, a ti te digo, levántate’» (Mc 5,41).

También nosotros debiéramos tener más fe, aquella fe que no duda ante las dificultades y pruebas de la vida, y que sabe madurar en el dolor a través de nuestra unión con Cristo, tal como nos sugiere el papa Benedicto XVI en su encíclica Spe Salvi (Salvados por la esperanza): «Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito».

(https://evangeli.net/evangelio/dia/2021-06-27)

26 junio, 2021

San Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei

 

San Josemaría Escrivá de Balaguer - ACI Prensa

 

¡Oh!, San Josemaría Escrivá de Balaguer, vos, sois el hijo
del Dios de la Vida, su amado santo y, fundador del Opus Dei
para gloria eterna del Dios Vivo. Desde pequeño mostrasteis
vuestro espíritu de servicio hacia a los demás. La frase
de Jesús que más os impresionaba era esta: “El hijo del
hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar
la vida en redención de muchos”. Comprendisteis que Jesús,
desde su nacimiento en el pesebre, hasta su muerte no tuvo
otro fin que el de dar gloria al Padre Dios y hacer el mayor
bien al hombre. Y, otro tanto lo hicisteis vos, ya ordenado
de sacerdote dedicándoos al apostolado con ardor
de corazón, con vuestro lema: “El sacerdote está constituido
a favor de los hombres”. Vuestra madre, Doña Dolores, os
enseñó una frase que decía: “Para lo único que hay que tener
vergüenza es para pecar”. Y, así, a vos, jamás os dió
vergüenza hablar de Cristo y de su mensaje a todo el mundo.
Dios, os concedió todas las cualidades para lograr vuestro
cometido, pues erais sumamente alegre y jovial, y ello
os hacía ganar simpatía en todos los ambientes. Alguien
dijo de vos: “Me consta que jamás Monseñor Escrivá se sintió
enemigo de nadie”. Ninguno de vuestros triunfos apostólicos
lo atribuíais a vuestras cualidades o esfuerzos personales,
sino todo a la bendición de Dios. Un día, en pleno invierno,
sobre la nieve visteis las huellas de unos pies descalzos
de un capuchino, que por amor de Dios y por salvar almas
andaba así. Y vos, os preguntasteis: “Todo esto hacen
los demás, y yo ¿qué voy a hacer por Cristo y por las almas?”.
Allí, os propusisteis desgastaros por hacer amar más
a Dios y por conseguir salvar almas. Y, entonces durante unos
Ejercicios Espirituales, Dios os iluminó aquél día y, así,
fundasteis una asociación en la cual cada persona, siguiendo
sus labores ordinarias en el mundo, se dedicara a conseguir
la santidad y a propagar el reino de Cristo: El “Opus Dei”,
la Obra de Dios, que hoy, extendida está, por el mundo,
con el lema de San Pablo: “Esta es la voluntad de Dios:
vuestra santificación”. Y, vos decíais: “El creyente, ya sea
barrendero o gerente, ya sea pobre o rico, sabio o ignorante,
conseguirá su santificación y un gran puesto en el cielo si
todo lo que tiene que hacer lo hace por amor de Dios y con
todo el esmero que le sea posible. En el servicio de Dios
no hay oficios de poca categoría. Todos son de gran categoría
si se hacen por amor a Nuestro Señor”. Vos, escribisteis
un librito hermoso llamado “Camino”, con mil pensamientos
acerca de los temas para alcanzar la santidad. San Juan Pablo
II dijo de vos: “comprendió más claramente que la misión
de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo
sobre toda realidad humana, y sintió surgir de su interior
la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes”.
Y, así, y luego de gastar vuestra vida en buena lid, voló
vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona de luz,
como justo premio a vuestra grande e increible entrega de amor;
¡oh!, San Josemaría “vivo creador de la Obra del Dios Vivo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de junio
San Josemaría Escrivá de Balaguer
Fundador del Opus Dei
Año 1975

San Josemaría Escrivá es uno de los más populares fundadores y apóstoles del siglo XX. Nació en Barbastro Aragón, España, de un hogar sumamente creyente y ejemplar y fundó en 1928 una de las asociaciones apostólicas más fuertes del mundo, el Opus Dei.

Desde muy pequeño tuvo una gran cualidad: su espíritu de servicio a los demás. Parecía que su oficio más agradable era poder ser útil a los demás en todo lo que le fuera posible ayudarles. La frase de Jesús que más le impresionaba era esta: “El hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar la vida en redención de muchos” (Mt. 20, 28). Y le impresionaba el meditar que Jesús desde su nacimiento en el pesebre hasta su muerte en la cruz, no tuvo otro fin que el de dar gloria al Padre Dios y hacer el mayor bien a las criaturas humanas. Y él se propuso emplear también todas sus cualidades al servicio de Dios y de las personas humanas.

José María se propuso pues imitar el espíritu de servicio de Jesús, y dedicar su vida entera a lograr hacer el mayor bien posible a toda clase de gentes.

Después de obtener su doctorado en la universidad, fue ordenado de sacerdote en 1925 y se dedicó al apostolado con todas las fuerzas de su alma, tendiendo como lema aquella frase de la S. Biblia: “El sacerdote está constituido a favor de los hombres” (Hebr. 5, 1).

Su madre, Doña Dolores, le había enseñado una frase que ella repitió muchas veces y que a él le fue muy útil en el apostolado: “Para lo único que hay que tener vergüenza es para pecar”. Así que al joven sacerdote no le dio jamás vergüenza hablar de Cristo y de su mensaje en todas partes y ante toda clase de personas. Y esto mismo enseñó con la palabra y el ejemplo a sus millares de discípulos de todo el mundo.

Cuando Dios encamina a una persona hacia una gran obra le concede todas las cualidades necesarias para desempeñar bien el oficio que le ha encomendado. Al Padre Escrivá le concedió un espíritu sumamente alegre y jovial que le ganaba la simpatía a todos los ambientes. Una alegría que se contagiaba a los que lo escuchaban. Lo dotó también la Divina Providencia de un corazón sumamente generoso para amar a todos. Uno de sus socios, que lo acompañó por muchos años, declaró: “Me consta que jamás Monseñor Escrivá se sintió enemigo de nadie”. Quiso bien a todos y los seguía queriendo aún después de que lo trataran mal. Su única moneda de cambio con quienes se dedicaban a atacarlo, era rezar por ellos.

José María fue un instrumento en las manos de Dios, por medio del cual la Iglesia Católica logró conseguir líderes apostólicos en todos los continentes y empezó nuevas obras de apostolado en muchas naciones. Pero él siempre se consideraba un simple instrumento en manos de Dios. Ninguno de sus triunfos apostólicos lo atribuía a sus cualidades o a sus esfuerzos personales, sino todo solamente a la bendición de Dios. Recordaba la famosa frase del libro de los proverbios: “Lo que nos produce éxitos es la bendición de Dios. Nuestros afanes no le añaden nada”. Sabía que cuanto mejor preparado está el instrumento (por ejemplo el pincel, con el cual le agradaba mucho compararse) mejor saldrá la obra del artista. Por eso trataba de prepararse lo mejor posible siempre, pero también estaba convencido de que sin la acción del artista, (que siempre en el apostolado es Dios) el instrumento nada logra conseguir por sí mismo.

Pero la humildad de Escrivá no era un apocamiento, un creerse sin valor o un inútil y sin cualidades (porque eso sería mentira. Y la humildad es la verdad). Su humildad no era un no atreverse a proponer nuevas iniciativas o dejar de exigir derechos que son deberes. Era un estar convencido de que se es incapaz de realizar nada valioso sin la bendición de Dios, pero a la vez una convicción de que entre más preparado y calificado esté el apóstol, mayores éxitos podrá obtener si confía plenamente en la ayuda divina.

Siendo muy joven en Logroño en pleno y terrible invierno vio sobre la nieve las huellas de unos pies de un religioso capuchino, que por amor de Dios y por salvar almas andaba descalzo sobre ese hielo tan temible. Y José María se preguntó: “Todo esto hacen los demás, y yo ¿qué voy a hacer por Cristo y por las almas?”. Desde entonces se propuso gastarse y desgastarse por hacer amar más a Dios y por conseguir salvar almas.

El 2 de octubre de 1928 José María sintió que Dios le iluminaba una idea maravillosa (durante unos Ejercicios Espirituales), fundar una asociación en la cual cada persona, siguiendo sus labores ordinarias en el mundo, se dedicara a conseguir la santidad y a propagar el reino de Cristo. Y fundó entonces la famosa organización llamada Opus Dei (Obra de Dios) que ahora está extendida por todos los países del mundo. Su lema era la frase de San Pablo: “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1 Tes. 4, 3).

El famoso fundador repetía: “El creyente, ya sea barrendero o gerente, ya sea pobre o rico, sabio o ignorante, conseguirá su santificación y un gran puesto en el cielo si todo lo que tiene que hacer lo hace por amor de Dios y con todo el esmero que le sea posible. En el servicio de Dios no hay oficios de poca categoría. Todos son de gran categoría si se hacen por amor a Nuestro Señor”.

Desde 1928 hasta su muerte en 1975, José María Escrivá dedicó todas sus energías y sus grandes cualidades y todo su tiempo, a extender y a perfeccionar la obra maravillosa que Dios le había encomendado: El Opus Dei, una asociación para llevar hacia la santidad a las personas, pero permaneciendo cada cual en su propia profesión y oficio.

Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II en Roma el 17 de mayo de 1992.

Escribió Monseñor Escrivá un librito pequeño pero hermosísimo que ha influido en millones de personas en el mundo entero. Se llama “Camino”. Son mil pensamientos (numerados) acerca de los temas más importantes para conseguir la santidad. Su estilo es simpático, impactante, incisivo y muy agradable. Y como antes de escribir rezó mucho por lo que iba a redactar, las frases del libro “Camino” llegan hasta el corazón de sus lectores y lo conmueven profundamente.

He aquí algunos de esos pensamientos cortos de su libro “Camino”: Acostúmbrate a decir No a lo que es malo… ¿Qué no puedes hacer más? ¿No será que no puedes hacer menos?… ¿Virtud sin orden? ¿Y a eso llamas virtud?… ¡Qué hermoso desgastar la vida por Dios y por los demás!… Tu mayor enemigo es: tu egoísmo… Si no te dominas a ti mismo, aunque seas poderoso, eres poca cosa… Al que puede ser sabio no se le perdona que no lo sea… Tu orgullo: ¿de qué?…

Dios le concedió la gracia de ser muy simpático para los universitarios, para los profesionales y para los de las clases dirigentes. Y él empleó este don tan especial para conseguir que muchísimos líderes de diversos países aprovecharan sus notables influencias en los demás para llevarles los mensajes de la Iglesia Católica y extender así nuestra Santa Religión. La simpatía personal del Padre Escrivá le atraía amigos en todas las naciones a donde llegaba su influencia y muchos de ellos ocupan ahora puestos influyentes, para gloria de Dios.

El 6 de octubre de 2002, más de 400.000 personas asisten en la plaza de san Pedro a la canonización de Josemaría Escrivá. En la homilía, Juan Pablo II señaló que el nuevo santo “comprendió más claramente que la misión de los bautizados consiste en elevar la Cruz de Cristo sobre toda realidad humana, y sintió surgir de su interior la apasionante llamada a evangelizar todos los ambientes.

El Papa animó a los peregrinos llegados desde los cinco continentes a seguir sus huellas. “Difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad. Esforzaos por ser santos vosotros mismos en primer lugar, cultivando un estilo evangélico de humildad y servicio, de abandono en la Providencia y de escucha constante de la voz del Espíritu”.

(http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/06/06-26_San_josemaria_escriva_de_balague.htm)