
Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
21 julio, 2024
Domingo 16 (B) del tiempo ordinario
20 julio, 2024
San Apolinar de Rávena, Obispo y Mártir

¡Oh!, San Apolinar de Rávena, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y que, las riquezas de Cristo
difundiendo a la cabeza de vuestra grey, la honrasteis
largamente con vuestra santa vida. Discípulo de Pedro,
lo acompañasteis hasta Roma, para fundar Nuestra
Santa Madre Iglesia, y luego os dirijisteis al norte
de Italia como embajador de la fe, para evangelizar
convirtiéndoos así, en el primer obispo de Rávena.
Os atribuyen el poder de curar a los enfermos de
epilepsia en el nombre de Cristo, y el haber realizado
muchos milagros más. El hereje Vespasiano, creyó acabar
con vuestra tarea al terminar con vuestra santa vida,
pero, erró en falso porque vuestra alma, voló al cielo
para coronada ser de luz, como premio justo a vuestra
entrega de amor y vivo ejemplo ser de la cruenta vida
que pasasteis en aquél tiempo, para dejarnos gloriosa
y a la vez, rica herencia de luz eterna. ¡Aleleuya!
¡Oh!, San Apolinar, “vivo camino del Dios de la Vida”.
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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20 de Julio
San Apolinar de Rávena
Obispo y Mártir
(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)
19 julio, 2024
Santas, Justa y Rufina, Hermanas de sangre Mártires; Patronas de Sevilla y de los Alfareros

¡Oh! Santas, Justa y Rufina vosotras sois las hijas
del Dios de la Vida, sus Mártires y amadas santas
que soportasteis crueles suplicios, prisión, inanición
y otras torturas. Vos, Justa entregasteis vuestra vida
en prisión, y vos Rufina, fuisteis degollada. Vosotras
hermanas carnales y de firmes convicciones cristianas
ayudando al prójimo y evangelizando. Un día los paganos
recaudaban dinero para su "diosa" y vosotras os
negasteis a pagarlo por ser contrario a vuestra fe y, a la
vez la hicisteis añicos, desatando la ira de las devotas
que se lanzaron sobre vosotras, siendo encarcelarlas.
En la cárcel, os animaban a que abandonasen vuestras
creencias, pero vosotras os negasteis a pesar de las
amenazas. Sufristeis el tormento del potro para luego
ser torturadas con garfios de hierro y jamás nunca
abdicasteis y vuestros verdugos, os encerraron en la
cárcel, para sufrir de hambre y sed; sobreviviendo
heroicamente a esta condena y castigadas otra
vez, caminando descalzas hasta llegar a Sierra Morena.
¡Y así, lo hicieron! Y, viendo que nada os vencía, esta
vez, os encarcelaron hasta morir, y la primera en fallecer
fuiste vos, Justa; y vuestro cuerpo tirado a un pozo,
que recuperó después el obispo Sabino. Rufina, vos, os
negasteis a sucumbir con facilidad, y por ello, fuisteis
arrojada al anfiteatro dejándoos a expensas de un león
que solo movió la cola y lamió vuestras vestiduras.
El Prefecto, fuera de sí, y montado en cólera y rabia,
no aguantó más, y os mandó degollar y quemar vuestro
cuerpo, y nuevamente el obispo Sabino recogió vuestros
restos y os enterró junto a vuestra hermana. Y por ello,
por la entrega de vuestras almas, el Dios de la Vida y del
Amor, os coronó con coronas de luz y de eternidad;
¡Oh!, Santas, Justa y Rufina, “vivos luceros del Dios Vivo”.
© 2024 Luis Ernesto Chacón Delgado
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Julio 19
Santas, Justa y Rufina
Hermanas de sangre
Mártires de Sevilla
Martirologio Romano
En Sevilla, Andalucía, España, santas Justa y Rufina, virgenes, que arrestadas por ordenes del governador Diogeniano soportaron crueles suplicios, prisión, inamición y otras torturas. Justa murió en prisión, mientras que Rufina, por haber confesado su fe en el Señor fue degollada.
Etimología:
Justa = justa, del latín.
Rufina = de pelo rojo, del latín.
Eran hermanas carnales, nacidas en Sevilla, Justa en 268 y Rufina en 270, de familia muy modesta con firmes convicciones cristianas. En la época que vivieron dominaban los romanos gran parte del mundo por ellos conocido. En estos tiempos paganos, las hermanas dedicaban su tiempo a ayudar al prójimo y al conocimiento del Evangelio.
Era costumbre celebrar una vez al año una fiesta pagana en honor a Venus y en la que se rememoraba el fallecimiento del admirado Adonis. Según la tradición cristiana, se recorrían las calles de la ciudad con la figura cargada en hombros molestando gravemente al público y exigiendo inmensas limosnas para la fiesta. En cierta ocasión, los paganos llegaron a casa de Justa y Rufina exigiendo el dinero correspondiente, pero las hermanas se negaron a pagarlo por ser el fin de éste contrario a su fe, y no sólo esto sino que decidieron hacer añicos la figura de la diosa entre ambas, provocando de esta manera el enfado general de las devotas que se lanzaron hacia ellas.
El prefecto de Sevilla, Diogeniano, mandó encarcelarlas, animándolas a abandonar sus creencias cristianas si no querían ser víctimas del martirio, las santas se negaron a pesar de las amenazas. Sufrieron el tormento del potro para a continuación ser torturadas con garfios de hierro. Diogeniano esperaba que el trato que se le daba sería suficiente para que renunciaran a su fe, ellas aguantaron todo. Viendo que no surtió efecto el castigo las encerró en una tenebrosa cárcel donde sufrirían las penalidades del hambre y la sed.
Estoicamente sobrevivieron a su condena, por lo que fueron castigadas de nuevo, esta vez debían caminar descalzas hasta llegar a Sierra Morena. Tuvieron la suficiente fuerza para conseguir el objetivo. Viendo que nada las vencía mandó encarcelarlas hasta morir, la primera en fallecer fue Santa Justa, su cuerpo lo tiraron a un pozo, recuperado poco tiempo después por el obispo Sabino.
Una vez que hubo acabado con la vida de Justa, Diogeniano creyó que Rufina sucumbiría a sus deseos con más facilidad, pero no lo consiguió, y decidió acabar con su vida de la forma más lúgubre en aquellos tiempos, la llevó al anfiteatro y la dejó a expensas de un león para que la destrozase. La bestia se acercó y lo más que hizo fue mover la cola y lamer sus vestiduras como haría un animal de compañía. El Prefecto no aguantó más, la mandó degollar y quemar su cuerpo. Nuevamente tras este hecho el obispo Sabino recogió los restos y la enterró junto a su hermana en el año 287.
Por tan cristiana acción, fueron canonizadas. Se les nombró Patronas de Sevilla, y de los gremios de alfareros y cacharreros. También son veneradas como patronas de otras localidades, por ejemplo Orihuela, donde la leyenda cuenta que las santas se aparecieron en forma de dos luceros sobre la sierra de Orihuela tras la valerosa conquista cristiana sobre los musulmanes y su falsa fe impuesta.Tambien es patrona de Payo de Ojeda en Palencia y de la ciudad conquense de Huete.
Las santas Justa y Rufina son especialmente veneradas en Sevilla. La tradición las señala como protectoras de la Giralda y la Catedral, considerando que por su intercesión no cayeron tras el terremoto de Lisboa de 1755.
18 julio, 2024
San Arsenio, Monje anacoreta

¡Oh!, San Arsenio, vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo y, el que, brillo disteis al significado
de vuestro nombre: “fuerte, valeroso y valiente”. Fuerte,
en el combate de la fe, valeroso, en el silencio de los días
y de las noches del desierto, y, valiente, en la palabra
y el buen consejo; pues, vuestros dichos y refranes, hasta
hoy, el caminar iluminan de vuestros fieles. Cierta vez,
la voz de Dios, escuchasteis que os decía: “Apartaos
del trato con la gente y huid a la soledad”. Y, en el acto,
al desierto marchasteis a orar y a penitencia hacer, todo
por el mundano hombre, que falto de si, se entrega a
sus devaneos y falsías. Allí, rica herencia os dejó y vos,
dijisteis: “antes de que él muriera en su cuerpo, yo morí
en mis ambiciones y avaricias. No quiero riquezas mundanas
que me impidan adquirir las riquezas del cielo”. Y, a ellas
renunciando, a los pobres las disteis. La gente, en oración
constante os veía siempre de manera especial, las noches
todas. Y, más, los sábados, la noche caída, de rodillas
y con los brazos en cruz, os desmayabais repentinamente.
“Muchas veces he tenido que arrepentirme de haber
hablado. Pero nunca me he arrepentido de haber guardado
silencio”. Decíais vos, y agregabais: “Siempre he sentido
temor a presentarme al juicio de Dios, porque soy un
pecador”. ¿Para qué abandoné el mundo y me hice religioso?
Y, os respondíais: “me hice religioso porque quiero santificarme
y salvar mi alma. Si esto no lo consigo, he perdido totalmente
mi tiempo”. Pedíais consejos espirituales a monjes que
eran muchísimo más ignorantes que vos. Os preguntaron
un día, el por qué lo hacíais y respondisteis: “Yo sé idiomas,
literatura, filosofía y política, pero en lo espiritual soy un
analfabeto. En cambio estos religiosos que no hicieron
estudios especiales, son unos especialistas en espiritualidad
y de ello saben mucho más que yo”. Un religioso os preguntó
por qué los sabios del mundo son tan ignorantes en lo que
se refiere a la santidad, y en cambio tanta gente «ignorante»
progresa en lo espiritual, y respondisteis: “Es que la ciencia
infla y llena de orgullo, y en un corazón orgulloso Dios no hace
obras de arte en santidad. En cambio los humildes conocen
su debilidad, su ignorancia, y su insuficiencia, y ponen toda su
confianza en Dios, y en ellos sí hace prodigios de santificación
Nuestro Señor”. ¿Dónde podremos encontraros ahora Arsenio?
¡Duda no cabe!: coronado de luz todo, en el paraíso eterno,
!oh¡ San Arsenio, «vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor».
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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18 de julio
San Arsenio
Monje
Año 450
Arsenio significa: fuerte, valeroso, valiente.
De toda palabra indebida que diga una persona, tendrá que rendir cuentas el día del juicio. (Jesucristo, Mt. 12,36).
San Arsenio fue uno de los monjes más famosos de la antigüedad. Sus dichos o refranes fueron enormemente estimados. Las gentes hacían viajes de semanas y meses con tal de ir a consultarle y oír sus consejos. Cuando el emperador Teodosio, el Grande buscaba un buen profesor para sus dos hijos, el Papa San Dámaso le recomendó a Arsenio, que era un senador sumamente sabio y muy práctico en los consejos que sabia dar. Y así durante diez años tuvo que estarse en el palacio imperial tratando de educar a los dos hijos del emperador, Arcadio y Honorio. Pero se dio cuenta de que el uno era demasiado atrevido y el otro demasiado apocado, y desilusionado de ese fracaso como educador de los dos futuros emperadores dispuso dedicarse a otra labor que le fuera de mayor utilidad para su santificación y salvación.
Y estando un día orando, en medio de una gran crisis espiritual, mientras le pedía a Dios que le iluminara lo que debía hacer para santificarse, oyó una voz que le decía: “Apártese del trato con la gente, y váyase a la soledad”. Entonces dispuso irse al desierto a orar y a hacer penitencia con los demás monjes de esa soledad.
Cuando llegó al monasterio del desierto, los monjes, sabiendo que había estado viviendo tanto tiempo como senador y como alto empleado del Palacio imperial, dispusieron ponerle algunas pruebas para saber si en verdad era apto para esa vida de humillación y mortificación. El superior lo recibió fríamente, y al llegar al comedor, no lo hizo sentar a la mesa sino que lo dejó de pie, junto a su mesa. Luego en vez de pasarle un plato de comida, le lanzó una tajada de pan al piso, y le dijo secamente: “Si quiere comer algo, recoja eso”. Arsenio se inclinó humildemente, recogió la tajada de pan y se sentó en el suelo a comer. El superior, al observar este comportamiento admirable, lo consideró lo suficientemente humilde como para ser recibido como monje y lo aceptó en el monasterio, diciendo a los demás religiosos: “Este será un buen hermano”.
Arsenio había pasado toda su vida en el alto gobierno y en lujosos palacios, tratando con gente de mundo, y conservaba algunas costumbres mundanas que los otros monjes no hallaban como corregírselas, porque le tenían mucho respeto. Entonces dispusieron irlo corrigiendo indirectamente, y poco a poco. Así por ejemplo, él acostumbraba montar la pierna, mientras estaba rezando en la capilla. Y los demás para quitarle la tal costumbre, le dijeron a un monje joven que mientras rezaban tuviera la pierna montada, y que ellos le llamarían la atención por eso. Y así lo hicieron, regañando fuertemente al joven por esa actitud. Arsenio entendió muy bien la lección y se corrigió.
San Arsenio se hizo famoso por sus penitencias extraordinarias. Un día llegó un alto empleado del imperio a llevarle un documento en el cual se le comunicaba que un senador riquísimo le dejaba en herencia todas sus grandes riquezas, y que se fuera a reclamarlas. El santo exclamó: “Antes de que él muriera en su cuerpo, yo morí en mis ambiciones y avaricias. No quiero riquezas mundanas que me impidan adquirir las riquezas del cielo”. Y renunció a todo esto en favor de los pobres.
Con frecuencia pasaba toda la noche en oración. Los sábados al anochecer empezaba a rezar de rodillas con los brazos en cruz y permanecía así hasta que caía por el suelo desmayado. Tenía 40 años cuando abandonó el palacio imperial donde tenía todas las comodidades, para irse a un tremendo desierto, donde todo faltaba. Desde los 40 años hasta los 95 años estuvo orando, ayunando y haciendo penitencias en el desierto, por la conversión de los pecadores, la extensión de la religión y el perdón de sus propios pecados.
Como hombre de mundo y de política que había sido, sentía una gran inclinación a tratar con la gente y a charlar con los demás, y en cambio hacía todo lo posible por retirarse del trato con todos, y vivir en la más completa soledad. Cuando un día el superior le llamó la atención porque no se prestaba a quedarse a charlar con las numerosísimas personas que iban a consultarle, le respondió: “Dios sabe que los quiero con toda mi alma y que gozo inmensamente charlando con ellos, pero como penitencia tengo que abstenerme lo más posible de las charlatanerías. El Señor me ha dicho que si quiero santificarme tengo que hacer la mortificación de apartarme del trato con las gentes”. En verdad que a cada persona la lleva Dios a la santidad por caminos diversos. A unos los hace santos haciendo que se dediquen totalmente a tratar con los demás para salvarlos, y a otros les ha pedido que con el sacrificio de no tratar tanto con la gente, le ganen también almas para el cielo.
Por muchos siglos han sido enormemente estimados los dichos o frases breves que San Arsenio acostumbraba decir a las gentes. Desde remotas tierras iban viajeros ansiosos de escuchar sus enseñanzas que eran cortas pero sumamente provechosas.
Recordemos algunos de sus dichos
“Muchas veces he tenido que arrepentirme de haber hablado. Pero nunca me he arrepentido de haber guardado silencio”. “Siempre he sentido temor a presentarme al juicio de Dios, porque soy un pecador”.
El religioso debe preguntarse frecuentemente: “¿Para qué abandoné el mundo y me hice religioso? y responderse: Me hice religioso porque quiero santificarme y salvar mi alma. Si esto no lo consigo, he perdido totalmente mi tiempo” (Esta frase ha conmovido a muchos santos. Por ej. San Bernardo la tenía escrita así en su habitación: “Bernardo: ¿a qué viniste a la vida religiosa? – Quiero salvar mi alma y santificarme”).
San Arsenio pedía consejos espirituales a monjes que eran muchísimo más ignorantes que él. Le preguntaron por qué lo hacía y respondió: “Yo sé idiomas, literatura, filosofía y política, pero en lo espiritual soy un analfabeto. En cambio estos religiosos que no hicieron estudios especiales, son unos especialistas en espiritualidad y de ello saben mucho más que yo”.
Un religioso le preguntó por qué los sabios del mundo que conocen tantas ciencas y han leído muchos libros son tan ignorantes en lo que se refiere a la santidad, y en cambio tanta gentecita ignorante progresa tan admirablemente en lo espiritual, y el santo respondió: “Es que la ciencia infla y llena de orgullo, y en un corazón orgulloso Dios no hace obras de arte en santidad. En cambio los humildes conocen su debilidad, su ignorancia, y su insuficiencia, y ponen toda su confianza en Dios, y en ellos sí hace prodigios de santificación Nuestro Señor”.
Arsenio era muy conocido por su presencia venerable. Alto, flaco, bien parecido, con una barba larguísima y muy blanca, su hermosa figura descollaba majestuosamente entre los demás monjes. Y su santidad superaba a la de los demás compañeros. Las gentes lo veneraban inmesamente y sus consejos han sido apreciados por muchos siglos. Que Arsenio ruegue por nosotros y nos consiga una santidad como la suya.
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Arsenio_7_19.htm)17 julio, 2024
Las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne

17 de Julio
Las dieciséis carmelitas mártires de Compiègne
Un
día después de la fiesta de la Virgen del Carmen, hoy, 17 de julio, la
Iglesia Católica recuerda a las dieciséis carmelitas mártires de
Compiègne (Francia). Estas valerosas mujeres fueron asesinadas por odio a
Cristo en tiempos de la Revolución Francesa (1789-1799). A estas
mártires se les llama también “teresianas”, en alusión a la Beata Teresa
de San Agustín, priora del monasterio carmelita de Compiègne.
Tiempos de confusión
Las
carmelitas se establecieron en Compiègne en 1641 y, fieles al espíritu
de Santa Teresa de Jesús, con su ejemplo se ganaron la estima de los
lugareños. Sin embargo, iniciada la Revolución, se desató un régimen
persecutorio contra la Iglesia y sus representantes. El convento en el
que vivían las religiosas fue cerrado y sus integrantes forzadas a vivir
como seglares, de acuerdo a la ley revolucionaria de 1790.
El
siguiente paso fue obligar a las religiosas a firmar el llamado
“juramento revolucionario”, por el que se comprometían a defender los
valores de la Revolución: libertad, igualdad y fraternidad. Sometiéndose
a dicha ley evitaron ser deportadas, pero tuvieron que disgregarse. Fue
así que las integrantes de la comunidad pasaron a residir en cuatro
casas distintas, en la clandestinidad.
Cuando la situación
parecía haberse calmado un poco, Teresa de San Agustín, antigua priora
del convento, propuso a sus hermanas retomar la disciplina de la vida
conventual, aunque estuviesen exclaustradas. De ese modo, pese a vivir
separadas, las monjas retomaron la relación de obediencia con su
superiora y comenzaron a comunicarse entre ellas a diario.
“En vano se afanan sus constructores, si el Señor no protege la ciudad” (Sal 127,1)
Los
ideales revolucionarios, mientras tanto, quedaban expuestos como
palabras que se lleva el viento. En nombre de estos, al amparo de la
“Razón” y el deseo de justicia, muchas atrocidades fueron cometidas,
como la que se narra a continuación.
En determinado momento,
algunos partidarios de la Revolución en Compiègne se percataron de lo
que las hermanas hacían y las denunciaron ante el “Comité de Salud
Pública”. De inmediato, se ordenó registrar sus casas e incautar toda
"prueba de vida conventual”. Se hallaron una estampa del Sagrado
Corazón, algunas cartas y escritos.
Esto era más que suficiente
para acusarlas de complotar secretamente en pos del “restablecimiento de
la monarquía y la desaparición de la República”. Lo que les esperaba
era, al menos, la cárcel.
Afortunadamente, algunas carmelitas
lograron escapar, aunque la mayoría -unas dieciséis- fue apresada. Los
revolucionarios, entonces, reunieron a las prisioneras en un solo
recinto. Estando una frente a la otra, las mujeres se encomendaron a la
Virgen del Carmen y acordaron retractarse del juramento revolucionario, y
no aceptar más imposiciones que comprometieran su fe.
Cuando se
solicitó que firmaran de nuevo el juramento, las carmelitas se negaron.
Acto seguido, fueron acusadas de “conspiradoras contra la Revolución”.
En la “Ciudad de la Luz”
Las dieciséis fueron enviadas rumbo a París, con las manos atadas, encima de dos carretas con paja. Al arribar a su destino fueron encerradas en la prisión de la Conciergerie, que tenía la fama de ser la antesala de la guillotina. Allí las ubicaron, al lado de presos comunes y, por supuesto, de presbíteros, religiosos y laicos comprometidos acusados de conspiradores también.
En la prisión, las carmelitas se convirtieron en modelo de piedad y firmeza. Establecieron una suerte de régimen de oración conventual y lo cumplían frente a todos, carceleros y reos, sin ningún temor. Las monjas, incluso, se las arreglaron para celebrar a la Virgen del Carmen el 16 de julio.
Aquel fue un día glorioso en la prisión, en el que se pudo respirar algo de serena alegría y solemnidad.
Vestidas de blanco, llevando palmas en las manos
A la mañana siguiente, 17 de julio de 1794, las hermanas comparecieron ante el Tribunal Revolucionario. Este sentenció la pena de muerte para todas; la forma de la ejecución: muerte por decapitación.
Al pie de la guillotina, las carmelitas cantaron el “Te Deum”, renovaron sus promesas y votos, y subieron una por una a entregar la vida, como ofrenda a Cristo. Así se cumpliría lo que cien años antes había vaticinado una carmelita de la misma comunidad de Compiègne. Aquella religiosa tuvo una visión en la que aparecían las monjas del monasterio vestidas de blanco, llevando la palma del martirio en las manos.
Las dieciséis carmelitas de Compiègne fueron beatificadas por el Papa San Pío X en 1906.
(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-recuerda-a-16-carmelitas-martires-decapitadas-durante-la-revolucion-francesa-56300)
16 julio, 2024
Nuestra Señora del Carmen, Patrona de los marineros

¡Oh!, Nuestra Señora del Carmen, Vos, sois la Virgen
“Bienaventurada del Monte Carmelo”, monte en el que Elías
logró, que el pueblo de Israel, a dar culto volviese
al Dios Vivo y eterno que, más tarde, algunos, buscando
la soledad se retiraron para hacer eremítica vida, origen
dando a vuestra orden de contemplativa vida, que os tiene
como “Patrona y Protectora”, Santa Madre de Dios. Desde
los ermitaños establecidos en el Monte Carmelo: “Los
Carmelitas”, por su profunda devoción a Vos, Santísima
Virgen, conocidos son porque ellos, la nube interpretaron
de la visión de Elías, como símbolo Vuestro. Cinco siglos
antes de la proclamación como santísimo dogma, el
misal Carmelita contenía una Misa para Vos, “Inmaculada
Concepción”. Con Elías, profeta, que la pureza de la fe
en el Dios único y verdadero defendió; Vuestra Orden,
“frutos vivos de la fe” ha dado como: Santa Teresa de Ávila,
San Juan de la Cruz, Santa Teresa del Niño Jesús y Santa
Teresa Benedicta de la Cruz, en los tiempos modernos.
Los Carmelitas desde siempre han difundido vuestra devoción,
señalándoos como modelo de oración, contemplación
y de dedicación a Dios, porque Vos, creísteis que Jesús,
Verbo encarnado, el cúlmen es, del encuentro del hombre
con Dios. Los marineros, mucho antes de la cibernética
de las estrellas, para marcar su rumbo en la mar dependían
y por ello, a Vos, se os dirigen como, “Estrella del Mar”,
que guía por las aguas tortuosas y difíciles de la vida, hacia
el puerto seguro que es Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro.
Y, el día aquél en que, por la invasión de los sarracenos,
obligados se vieron a abandonar el Monte Carmelo, Vos, Madre
de Dios, os aparecisteis mientras cantaban el “Salve Regina”
y os prometió ser para vosotros su “Estrella del Mar”. Y, así,
acompañasteis y acompañáis a vuestros hijos, esparcidos
sobre la faz de la tierra, vistiendo hábito en honor a Vos,
porque sus vidas os pertenecen a Vos, y por Vos, a Cristo Jesús;
¡Oh!, Nuestra Señora del Carmen, “Viva Estrella del Mar de Dios”.
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 de julio
Nuestra Señora del Carmen
Advocación Mariana
Patrona de los marineros
Memoria de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, monte en el que Elías consiguió que el pueblo de Israel volviese a dar culto al Dios vivo y en el que, más tarde, algunos, buscando la soledad, se retiraron para hacer vida eremítica, dando origen con el correr del tiempo a una orden religiosa de vida contemplativa, que tiene como patrona y protectora a la Madre de Dios.
Desde los antiguos ermitaños que se establecieron en el Monte Carmelo, Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.
En las palabras de Benedicto XVI, 15,VII,06:
“El Carmelo, alto
promontorio que se yergue en la costa oriental del Mar Mediterráneo, a
la altura de Galilea, tiene en sus faldas numerosas grutas naturales,
predilectas de los eremitas. El más célebre de estos hombres de Dios fue
el gran profeta Elías, quien en el siglo IX antes de Cristo defendió
valientemente de la contaminación de los cultos idolátricos la pureza de
la fe en el Dios único y verdadero. Inspirándose en la figura de Elías,
surgió al Orden contemplativa de los «Carmelitas», familia religiosa
que cuenta entre sus miembros con grandes santos, como Teresa de Ávila,
Juan de la Cruz, Teresa del Niño Jesús y Teresa Benedicta de la Cruz (en
el siglo, Edith Stein). Los Carmelitas han difundido en el pueblo
cristiano la devoción a la Santísima Virgen del Monte Carmelo,
señalándola como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a
Dios. María, en efecto, antes y de modo insuperable, creyó y experimentó
que Jesús, Verbo encarnado, es el culmen, la cumbre del encuentro del
hombre con Dios. Acogiendo plenamente la Palabra, «llegó felizmente a la
santa montaña» (Oración de la colecta de la Memoria), y vive para
siempre, en alma y cuerpo, con el Señor. A la Reina del Monte Carmelo
deseo hoy confiar todas las comunidades de vida contemplativa esparcidas
por el mundo, de manera especial las de la Orden Carmelitana, entre las
que recuerdo el monasterio de Quart, no muy lejano de aquí [Valle de
Aosta]. Que María ayude a cada cristiano a encontrar a Dios en el
silencio de la oración.
La estrella del Mar y los Carmelitas
Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.
Los Carmelitas y la devoción a la Virgen del Carmen se difunden por el mundo
La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos se venera en el Carmelo. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: “Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo”. En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.
La devoción a la Virgen del Carmen se propagó particularmente en los lugares donde los carmelitas se establecieron.
España
Entre los lugares en que se venera en España la Virgen de España como patrona está Beniaján, Murcia. Vea ahí mas imágenes.
América
Es patrona de Chile; en el Ecuador es reina de la región
de Cuenca y del Azuay, recibiendo la coronación pontificia el 16 de
Julio del 2002. En la iglesia del monasterio de la Asunción en Cuenca se
venera hace más de 300 años. Es además venerada por muchos en todo el
continente.
(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31890/nuestra-seora-del-carmen.html)
15 julio, 2024
San Buenaventura, Místico, Religioso, Cardenal y Escritor.

¡Oh!, San Buenaventura, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo, y, que, a la vida vuelto por San Francisco
con aquella famosa y preciosa frase: “Juan: ¡Buena Ventura!”.
Y, así, os quedasteis con ella para siempre, hasta convertiros
en el maravilloso “Doctor seráfico”, que sois. Vos, que en santo
amor ardíais por el Dios de la Vida, vuestros sermones, escritos
trabajos y estudios, a Él, os lo ofrecisteis. En “Itinerario del
alma hacia Dios”, bellísimo libro vuestro y muestra perfecta
del bien obrar, donde sutilmente mostráis, cómo el hombre,
alcanzar debe su ascenso hacia la Casa del Padre Eterno.
Vos, con humildad las tareas sencillas del convento realizabais
a la sazón joven Cardenal hecho, con amor puro y alegría
y que, junto a vuestro amabilísimo trato conciliador, os
ganabais a toda la gente de vuestro tiempo. El meditar en la
pasión y muerte de nuestro Señor jesucristo, os llevaba a menudo
a esforzaros por amor y, a cumplir las palabras que Él,
alguna vez dijo: “Aprended de mí que soy manso y humilde
de corazón”. Vuestro amor a María Virgen, recomendabais
complementarlo con el rezo del Santo Rosario y el Ángelus.
¡Qué hermoso! debió haber sido, cuando se os encargó
escribir la biografía del fundador de vuestra orden, San
Francisco de Asís, que, hasta Santo Tomás de Aquino, un día
se apeó a vuestra celda, y os vio, como “ido” de este mundo
y exclamó para sí: “dejemos que un santo escriba la vida
de otro santo”. Al final de vuestra santa vida ¿dónde
os fuisteis San Buenaventura? ¿dónde? Y, mayor ni mejor
respuesta hay: ¡al cielo os fuisteis todo coronado, con
corona de luz y gloria, como premio a vuestra increíble
entrega de amor, fe y misericordia sin fin. Inocencio,
Papa, en vuestro entierro dijo de vos: “Su amabilidad
era tan grande que empezar a tratarlo era quedar ya
amigos de él para siempre. Y su unción al predicar
y escribir era tan admirable, que escucharlo o leer sus
escritos, era ya empezar a sentir deseos de amar a Dios
y conseguir la santidad”. ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh!, San Buenaventura, “vivo Amor por el Dios de la Vida”.
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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15 de julio
San Buenaventura
Religioso, Cardenal y Escritor.
Año 1274
San Buenaventura: pide a Nuestro Señor que nosotros lo amemos como lo amaste tú.
Un nombre profético
Nació en Bañoreal, cerca de Vitervo (Italia) en 1221. Se llamaba Juan, pero dicen que cuando era muy pequeño enfermó gravemente y su madre lo presentó a San Francisco, el cual acercó al niñito de cuatro meses a su corazón y le dijo: “¡BUENA VENTURA!”que significa: “¡BUENA SUERTE. BUEN EXITO!”. Y el niño quedó curado. Y por eso cambio su nombre de Juan por el de Buenaventura. Y en verdad que tuvo buena suerte y buen éxito en toda su vida.
Un doctor muy especial
En agradecimiento a San Francisco su benefactor, se hizo religioso franciscano. Estudió en la universidad de París, bajo la dirección de famoso maestro Alejandro de Ales, y llegó a ser uno de los más grandes sabios de su tiempo. Se le llama “Doctor seráfico”, porque “Serafín” significa “el que arde en amor por Dios” y este santo en sus sermones, escritos y actitudes demostró vivir lleno de un amor inmenso hacia Nuestro Señor.
Los que lo conocieron y trataron dicen que todos sus estudios y trabajos los ofrecía para gloria de Dios y salvación de las almas. A sus clases concurrían en grandes cantidades gente de todas las clases sociales y sus oyentes afirmaban que mientras hablaba parecía estar viendo al invisible. Su inocencia y santidad de vida eran tales que su maestro, Alejandro de Alex, exclamaba “Buenaventura parece que hubiera nacido sin pecado original”.
Escrúpulos peligrosos
Él no veía en si mismo sino faltas y miserias y por eso empezó a padecer la enfermedad de los escrúpulos, que consiste en considerar pecado lo que no es pecado. Y creyéndose totalmente indigno empezó a dejar de comulgar. Afortunadamente la bondad de Dios le concedió un valor especial, y observó en visión que Jesucristo en la Santa Hostia se venía desde el copón en el cual el sacerdote estaba repartiendo la Sagrada Comunión, y llegaba hasta sus labios. Con esto reconoció que el dejar de comulgar por escrúpulos era una equivocación.
Escritor famoso
Buenaventura, además de dedicarse muchos años a dar clases en la Universidad de París donde se formaban estudiantes de filosofía y teología de muchos países, escribió numerosos sermones y varias obras de piedad que por siglos han hecho inmenso bien a infinidad de lectores. Una de ellas se llama “Itinerario del alma hacia Dios”. Allí enseña que la perfección cristiana consiste en hacer bien las acciones ordinarias y todo por amor de Dios. El Papa Sixto IV decía que al leer las obras de San Buenaventura se siente uno invadido de un fervor especial, porque fueron escritas por alguien que rezaba mucho y amaba intensamente a Dios.
Una noticia muy alagadora. San Buenaventura fue nombrado Superior General de los Padres Franciscanos, y el Papa le concedió el título de Cardenal. Y aunque era famoso mundialmente por su sabiduría, sin embargo seguía siendo muy humilde y se iba a la cocina a lavar platos con los hermanos legos (dicen que la noticia de su nombramiento como Cardenal le llegó mientras estaba un día lavando platos en la cocina) y Fray Gil, uno de los hermanos legos más humildes, le preguntó un día: “Padre Buenaventura, ¿un pobre ignorante como yo, podrá algún día estar tan cerca de Dios, como su Reverencia que es tan inmensamente sabio?”
El gran sabio le respondió: “Oh mi querido Fray Gil: si una pobre viejecita ignorante tiene más amor de Dios que Fray Buenaventura, estará más cerca de Dios en la eternidad que Fray Buenaventura”. Al oír semejante noticia, el humilde frailecito empezó a aplaudir y a gritar: “Ay Fray Gil borriquillo de Dios, aunque seas más ignorante que la más pobre viejecita, si amas a Dios más que Fray Buenaventura, estarás en el cielo más cerca de Dios que el gran Fray Buenaventura”. Y de pura emoción se fue elevando por los aires, y quedó allí suspendido entre cielo y tierra en éxtasis. Es que había escuchado la más halagadora de las noticias: que el puesto en el cielo dependerá del grado de amor que hayamos tenido hacia el buen Dios.
La simpatía de San Buenaventura
Este gran doctor, que por 17 años fue Superior General de los Padres Franciscanos y recorrió el mundo visitando las casas de su comunidad y animando a todos a dedicarse a la santidad, y que fue el hombre de confianza del Sumo Pontífice para resolver muchos casos difíciles, y que dirigió en nombre del Papa el Concilio de Lyon y tuvo el honor de que la oración fúnebre el día de su entierro la hiciera el mismo Sumo Pontífice, tenía una cualidad especialísima: una exquisita bondad en su trato, una amabilidad que le ganaba los corazones, un modo conciliador que lo alejaba de los extremos, de la extrema rigidez que amarga la vida de los otros y de la relajación que deja a todos seguir por el camino del mal sin corregirlos.
Sus virtudes preferidas eran la humildad y la paciencia, y la meditación frecuente en la pasión y muerte de Cristo lo llevaba a esforzarse por cumplir aquel consejo de Jesús: “Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón”. Su crucifijo lo tenía totalmente desgastado de tanto besarle las manos, los pies, la cabeza y la herida del costado. Su amor a la Virgen María era intenso y por todas partes recomendaba el rezo del Angelus (o de las tres Aves Marías).
Un santo elogia a otro santo
A San Buenaventura le recomendaron que escribiera la biografía de su gran protector San Francisco de Asís (la cual resulto muy hermosa) y dicen que cuando estaba redactándola, llegó a visitarlo el sabio más famoso de su tiempo, Santo Tomás de Aquino, el cual al asomarse a su celda y verlo sumido en la contemplación y como en éxtasis, exclamó: “dejemos que un santo escriba la vida de otro santo”, y se fue. Así que estos dos sabios tan famosos no se trataron en vida pero se admiraron mutuamente.
Muerte solemne
En el año 1274 se celebro el concilio de Lyon (o reunión de todos los obispos católicos del mundo). Terminando el Concilio con gran éxito, todo dirigido por San Buenaventura, por orden del Sumo Pontífice, el santo sintió que le faltaban las fuerzas, y el 15 de julio de 1274 murió santamente asistido por el Papa en persona. Todos los obispos del Concilio asistieron a sus funerales y caso único en la historia, el Santo Padre ordenó que todos los sacerdotes del mundo celebran una misa por el alma del difunto.
Un elogio muy especial
El Papa Inocencio V predicó la homilía en el entierro de San Buenaventura y dijo de él: “Su amabilidad era tan grande que empezar a tratarlo era quedar ya amigos de él para siempre. Y su unción al predicar y escribir era tan admirable, que escucharlo o leer sus escritos, era ya empezar a sentir deseos de amar a Dios y conseguir la santidad”. Bello elogio en verdad.