16 enero, 2025

San Marcelo, Papa

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¡Oh!, San Marcelo, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su Papa y amado santo, que, honor hicisteis al significado de
vuestro nombre: “guerrero”, porque con valor enfrentasteis
a Diocleciano y su persecución impía y cruel, animando
a los fieles a permanecer fieles al cristianismo, aunque
los martirizaran, porque Dios, en la hora justa, premiaría
a sus hijos con la eternidad de la vida. Reorganizasteis
a la iglesia y, aunque Magencio emperador os desterró, vos,
seguisteis a Dios, celebrando clandestinamente en casa
de Lucina, vuestra fiel sierva. San Dámaso, Papa; escribió
vuestro epitafio diciendo que, expulsado fuisteis por haber
sido acusado injustamente. Por ello, el “Libro Pontifical”,
afirma que en vez de iros al destierro, vos, os escondisteis
en la casa de vuestra sierva fiel Lucina, y que, desde
allí siguisteis dirigiendo a los cristianos. Un Martirologio
redactado en el siglo quinto, dice que el emperador os
descubrió dónde estabais escondido e hizo trasladar sus mulas
y caballos y os obligó a asearlos y que, en plena faena, voló
vuestra alma a Dios, para coronada ser, con corona de luz,
como justo premio a vuestro amor y fidelidad. Quedan de vos,
como vivo recuerdo la “casa de Lucina”, convertida en Templo
que vuestro santo y fidelísimo nombre lleva por siempre;
¡oh!, San Marcelo, Papa, “vivo guerrero de la Luz de Cristo”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 de Enero
San Marcelo I, Papa
Papa

En la serie de los Pontífices (que hasta 1994 ya eran 265) el Papa Marcelo ocupa el puesto número 30. Fue Pontífice por un año: del 308 al 309. El nombre “Marcelo” significa: “Guerrero”. Era uno de los más valientes sacerdotes de Roma en la terrible persecución de Diocleciano en los años 303 al 305.

Animaba a todos a permanecer fieles al cristianismo aunque los martirizaran. Elegido Sumo Pontífice se dedicó a reorganizar la Iglesia que estaba muy desorganizada porque ya hacía 4 años que había muerto el último Pontífice, San Marcelino. Era un hombre de carácter enérgico, aunque moderado, y se dedicó a volver a edificar los templos destruidos en la anterior persecución.

Dividió Roma en 25 sectores y al frente de cada uno nombró a un Presbítero (o párroco). Construyó un nuevo cementerio que llegó a ser muy famoso y se llamó “Cementerio del Papa Marcelo”. Muchos cristianos habían renegado de la fe, por miedo en la última persecución, pero deseaban volver otra vez a pertenecer a la Iglesia.

Unos (los rigoristas) decían que nunca más se les debía volver a aceptar. Otros (los manguianchos) decían que había que admitirlos sin más ni más otra vez a la religión. Pero el Papa Marcelo, apoyado por los mejores sabios de la Iglesia, decretó que había que seguir un término medio: sí aceptarlos otra vez en la religión si pedían ser aceptados, pero no admitirlos sin más ni más, sino exigirles antes que hicieran algunas penitencias por haber renegado de la fe, por miedo, en la persecución.

Muchos aceptaron la decisión del Pontífice, pero algunos, los más perezosos para hacer penitencias, promovieron tumultos contra él. Y uno de ellos, apóstata y renegado, lo acusó ante el emperador Majencio, el cual, abusando de su poder que no le permitía inmiscuirse en los asuntos internos de la religión, decretó que Marcelo quedaba expulsado de Roma. Era una expulsión injusta porque él no estaba siendo demasiado riguroso sino que estaba manteniendo en la Iglesia la necesaria disciplina, porque si al que a la primera persecución ya reniega de la fe se le admite sin más ni más, se llega a convertir la religión en un juego de niños.

El Papa San Dámaso escribió medio siglo después el epitafio del Papa Marcelo y dice allí que fue expulsado por haber sido acusado injustamente por un renegado. El “Libro Pontifical”, un libro sumamente antiguo, afirma que en vez de irse al destierro, Marcelo se escondió en la casa de una señora muy noble, llamada Lucina, y que desde allí siguió dirigiendo a los cristianos y que así aquella casa se convirtió en un verdadero templo, porque allí celebraba el Pontífice cada día.

Un Martirologio (o libro que narra historias de mártires) redactado en el siglo quinto, dice que el emperador descubrió dónde estaba escondido Marcelo e hizo trasladar allá sus mulas y caballos y lo obligó a dedicarse a asear esa enorme pesebrera, y que agotado de tan duros trabajos falleció el Pontífice en el año 309. La casa de Lucina fue convertida después en “Templo de San Marcelo” y es uno de los templos de Roma que tiene por titular a un Cardenal.

Señor Dios: concédenos la gracia de no renegar jamás de nuestras creencias cristianas, y haz que te ofrezcamos las debidas penitencias por nuestros pecados. Amen.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Marcelo_papa.htm)

15 enero, 2025

San Pablo "el Ermitaño", uno de los Padres del Desierto

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 ¡Oh!, San Pablo ermitaño, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, quien, viendo, que, Decio, hereje y criminal
perseguía a los cristianos, para que, de su fe renegasen
y obligarlos a paganos volverse, vos, abandonasteis
la ciudad y al desierto marchasteis, para en una cueva
vivir por el resto de vuestra vida. Con hojas de palmera,
vuestro cuerpo cubríais y sus dátiles de alimento os
servían. Hacíais penitencias y oración para la conversión
de los pecadores, y vuestra vida pasasteis, orando,
ayunando y meditando por más de setenta años. Creíais
vos, que morirías sin volver a ver humano rostro, y sin
ser conocido por nadie; pero Dios, dispuso cumplir aquella
palabra que dijo Cristo: “Todo el que se humilla será
engrandecido”. Y,  Dios altísimo, os mostró a San Antonio
Abad, otro monje habitante del desierto y permitió que
se vieran y luego de agradecerle a Él; dijisteis vos:
“Mira cómo es Dios de bueno. Cada día me manda medio pan,
pero como hoy has venido tú, el Señor me envía un pan
entero”. Vos, cuando sentíais que ibais a morir le dijisteis
a San Antonio: “Vete a tu monasterio y me traes el manto
que San Atanasio, el gran obispo, te regaló. Quiero que
me amortajen con ese manto”. Cuando ya venía de vuelta,
San Antonio contempló en una visión que vuestra alma,
al cielo rodeado de apóstoles y de ángeles subía. Y
exclamó: “Pablo, Pablo, ¿por qué te fuiste sin decirme
adiós?”. Y él, dijo de vos, a sus monjes: “Yo soy un
pobre pecador, pero en el desierto conocí a uno que era
tan santo como un Juan Bautista: era Pablo el ermitaño”.
Vos, os fuisteis de este mundo, en la ocupación a la
cual habíais dedicado la mayor parte de las horas de
vuestra vida: orar al Señor. Y, Antonio se preguntaba
cómo haría para cavar una sepultura allí, si no tenía
herramientas. Pero de pronto oyó que se acercaban dos
leones, como con muestras de tristeza y respeto, y ellos,
con sus garras cavaron una tumba entre la arena y se
fueron. Y allí depositó San Antonio, vuestro cadáver.
Vos, partisteis de este mundo a los ciento trece años
y cuando llevabais noventa años orando y penitencia
haciendo por la salvación del mundo. A vos, se os conoce
como el primero que en iros al desierto a vivir totalmente
retirado del mundo, dedicado a la oración y a la meditación.
San Jerónimo decía: “Si el Señor me pusiera a escoger,
yo preferiría la pobre túnica de hojas de palmera con la
cual se cubría Pablo el ermitaño, porque él era un santo,
y no el lujoso manto con el cual se visten los reyes tan
llenos de orgullo”. Y, así y luego de haberos gastado
en vida, en buena lid, voló vuestra alma al cielo para
coronada ser con corona de luz como premio a vuestro amor;
«¡Oh!, San Pablo, “vivo amor por el Dios Vivo y eterno».

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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15 de Enero
San Pablo el Ermitaño
Padres del Desierto

La vida de este santo fue escrita por el gran sabio San Jerónimo, en el año 400. Nació hacia el año 228, en Tebaida, una región que queda junto al río Nilo en Egipto y que tenía por capital a la ciudad de Tebas. Fue bien educado por sus padres, aprendió griego y bastante cultura egipcia. Pero a los 14 años quedó huérfano. Era bondadoso y muy piadoso. Y amaba enormemente a su religión.

En el año 250 estalló la persecución de Decio, que trataba no tanto de que los cristianos llegaran a ser mártires, sino de hacerlos renegar de su religión. Pablo se vio ante estos dos peligros: o renegar de su fe y conservar sus fincas y casas, o ser atormentado con tan diabólica astucia que lo lograran acobardar y lo hicieran pasarse al paganismo con tal de no perder sus bienes y no tener que sufrir más torturas. Como veía que muchos cristianos renegaban por miedo, y él no se sentía con la suficiente fuerza de voluntad para ser capaz de sufrir toda clase de tormentos sin renunciar a sus creencias, dispuso más bien esconderse. Era prudente.

Pero un cuñado suyo que deseaba quedarse con sus bienes, fue y lo denunció ante las autoridades. Entonces Pablo huyó al desierto. Allá encontró unas cavernas donde varios siglos atrás los esclavos de la reina Cleopatra fabricaban monedas. Escogió por vivienda una de esas cuevas, cerca de la cual había una fuente de agua y una palmera. Las hojas de la palmera le proporcionaban vestido. Sus dátiles le servían de alimento. Y la fuente de agua le calmaba la sed.

Al principio el pensamiento de Pablo era quedarse por allí únicamente el tiempo que durará la persecución, pero luego se dio cuenta de que en la soledad del desierto podía hablar tranquilamente a Dios y escucharle tan claramente los mensajes que Él le enviaba desde el cielo, que decidió quedarse allí para siempre y no volver jamás a la ciudad donde tantos peligros había de ofender a Nuestro Señor. Se propuso ayudar al mundo no con negocios y palabras, sino con penitencias y oración por la conversión de los pecadores.

Dice San Jerónimo que cuando la palmera no tenía dátiles, cada día venía un cuervo y le traía medio pan, y con eso vivía nuestro santo ermitaño. (La Iglesia llama ermitaño al que para su vida en una “ermita”, o sea en una habitación solitaria y retirada del mundo y de otras habitaciones).

Después de pasar allí en el desierto orando, ayunando, meditando, por más de setenta años seguidos, ya creía que moriría sin volver a ver rostro humano alguno, y sin ser conocido por nadie, cuando Dios dispuso cumplir aquella palabra que dijo Cristo: “Todo el que se humilla será engrandecido” y sucedió que en aquel desierto había otro ermitaño haciendo penitencia. Era San Antonio Abad. Y una vez a este santo le vino la tentación de creer que él era el ermitaño más antiguo que había en el mundo, y una noche oyó en sueños que le decían: “Hay otro penitente más antiguo que tú. Emprende el viaje y lo lograrás encontrar”. Antonio madrugó a partir de viaje y después de caminar horas y horas llegó a la puerta de la cueva donde vivía Pablo. Este al oír ruido afuera creyó que era una fiera que se acercaba, y tapó la entrada con una piedra. Antonio llamó por muy largo rato suplicándole que moviera la piedra para poder saludarlo.

Al fin Pablo salió y los dos santos, sin haberse visto antes nunca, se saludaron cada uno por su respectivo nombre. Luego se arrodillaron y dieron gracias a Dios. Y en ese momento llegó el cuervo trayendo un pan entero. Entonces Pablo exclamó: “Mira cómo es Dios de bueno. Cada día me manda medio pan, pero como hoy has venido tú, el Señor me envía un pan entero.”

Se pusieron a discutir quién debía partir el pan, porque este honor le correspondía al más digno. Y cada uno se creía más indigno que el otro. Al fin decidieron que lo partirían tirando cada uno de un extremo del pan. Después bajaron a la fuente y bebieron agua cristalina. Era todo el alimento que tomaban en 24 horas. Medio pan y un poco de agua. Y después de charlar de cosas espirituales, pasaron toda la noche en oración.

A la mañana siguiente Pablo anunció a Antonio que sentía que se iba a morir y le dijo: “Vete a tu monasterio y me traes el manto que San Atanasio, el gran obispo, te regaló. Quiero que me amortajen con ese manto”. San Antonio se admiró de que Pablo supiera que San Atanasio le había regalado ese manto, y se fue a traerlo. Pero temía que al volver lo pudiera encontrar ya muerto.

Cuando ya venía de vuelta, contempló en una visión que el alma de Pablo subía al cielo rodeado de apóstoles y de ángeles. Y exclamó: “Pablo, Pablo, ¿por qué te fuiste sin decirme adiós?”. (Después Antonio dirá a sus monjes: “Yo soy un pobre pecador, pero en el desierto conocí a uno que era tan santo como un Juan Bautista: era Pablo el ermitaño”).

Cuando llegó a la cueva encontró el cadáver del santo, arrodillado, con los ojos mirando al cielo y los brazos en cruz. Parecía que estuviera rezando, pero al no oírle ni siquiera respirar, se acercó y vio que estaba muerto. Murió en la ocupación a la cual había dedicado la mayor parte de las horas de su vida: orar al Señor.

Antonio se preguntaba cómo haría para cavar una sepultura allí, si no tenía herramientas. Pero de pronto oyó que se acercaban dos leones, como con muestras de tristeza y respeto, y ellos, con sus garras cavaron una tumba entre la arena y se fueron. Y allí depositó San Antonio el cadáver de su amigo Pablo.

San Pablo murió el año 342 cuando tenía 113 años de edad y cuando llevaba 90 años orando y haciendo penitencia en el desierto por la salvación del mundo. Se le llama el primer ermitaño, por haber sido el primero que se fue a un desierto a vivir totalmente retirado del mundo, dedicado a la oración y a la meditación.

San Antonio conservó siempre con enorme respeto la vestidura de San Pablo hecha de hojas de palmera, y él mismo se revestía con ella en las grandes festividades.

San Jerónimo decía: “Si el Señor me pusiera a escoger, yo preferiría la pobre túnica de hojas de palmera con la cual se cubría Pablo el ermitaño, porque él era un santo, y no el lujoso manto con el cual se visten los reyes tan llenos de orgullo”.

San Pablo el ermitaño con su vida de silencio, oración y meditación en medio del desierto, ha movido a muchos a apartarse del mundo y dedicarse con más seriedad en la soledad a buscar la satisfacción y la eterna salvación.

Oh Señor: Tu que moviste a San Pablo el primer ermitaño a dejar las vanidades del mundo e irse a la soledad del desierto a orar y meditar, concédenos también a nosotros, dedicar muchas horas en nuestra vida, apartados del bullicio mundanal, a orar, meditar y a hacer penitencia por nuestra salvación y por la conversión del mundo. Amen.


(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Pablo_Hermitaño.htm)

14 enero, 2025

San Félix de Nola, Confesor de la fe y Mártir

 SAN FELIX DE NOLA

¡Oh!, San Félix de Nola, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo y que, con amor os abrazasteis a la Cruz
de Cristo, para su soldado por siempre ser. Y, grande debió
ser vuestra obra, para que, a vos os rindieran homenajes
otros santos. Padecisteis las persecuciones por Decio
y Valeriano, pero, san Paulino, gran poeta y obispo de Nola,
vuestra biografía escribió y os tuvo, como santo protector.
También lo hicieron Beda, san Agustín y san Gregorio Turonense,
tanto que, san Dámaso Papa, os dedicó un vívido poema. El
impío Decio, para destruir la Iglesia, ordenó apresar
y procesar a los obispos, presbíteros y diáconos, y entonces,
Máximo, Obispo, en las montañas de los Apeninos se refugió,
y como vos, presbítero erais, en la ciudad os quedasteis
a cargo de vuestros fieles, para cuidarlos y protegerlos.
Y, mientras vuestro Obispo, en las montañas refugiado estaba,
hambre, frío, dolor y tristeza padeciendo; vos, amor, caridad
y lealtad le demostrasteis, socorriéndole y sorteando graves
peligros y riesgos de la persecución de vuestro tiempo. Así,
tamaña fue vuestra humildad, que os negasteis a reemplazar
a Máximo y, preferisteis quedaros como presbítero, para continuar
evangelizando a vuestra grey. Hasta que, un día, arrestado fuisteis
y conducido a la cárcel, atándoos con cadenas, permaneciendo así,
varios meses. Mientras tanto, Máximo, vuestro obispo, fallecía
en las montañas, os pidieron ser su obispo, pero volvisteis
a negaros, y, un tiempo más, vuestra alma voló al cielo, luego
de haberla gastado en buena lid, para corona de luz recibir,
como premio justo a vuestra entrega de grande amor y fidelidad;
¡oh!, San Félix de Nola, “vivo amor y fidelidad al Dios Vivo y eterno ”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón

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14 de enero
San Félix de Nola
Confesor de la fe y Mártir 

San Felix de Nola fue un obispo romano que padeció las persecuciones de los emperadores romanos Decio y Valeriano, por lo que es venerado como confesor de la fe y mártir, aunque no murió de manera violenta.

Lo que se conoce de este santo proviene de la biografía elaborada a fines del siglo IV por el Obispo de Nola de ese entonces, San Paulino, quien además lo tuvo como su santo protector. También escribieron sobre él Beda el Venerable, San Agustín y Gregorio Turonense.

A partir de estas fuentes se sabe que nació en Nola (hoy territorio de Italia) en el siglo III y que fue hijo de un noble sirio. Abrazó el servicio apostólico desde muy joven, distribuyó su herencia entre los pobres al morir su padre y luego fue ordenado sacerdote por el Obispo de Nola de ese entonces, San Máximo.

Durante las persecuciones fue encarcelado y, según la leyenda, liberado por un ángel. Habiendo sobrevivido a la furia desatada por el emperador Decio, Félix se vio nuevamente amenazado, junto con toda su comunidad, por las disposiciones que dictó el emperador Valeriano contra los cristianos, entre los años 256 y 257.

Al morir el Obispo Máximo los cristianos de Nola quisieron que Félix ocupara la silla episcopal, pero él rehusó tal dignidad, prefiriendo continuar su misión evangelizadora como presbítero.

Murió el 14 de enero, se cree que del año 260. Fue enterrado en Nola y su sepulcro se convirtió en lugar de peregrinación. En Roma le fue consagrada una basílica.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-san-felix-de-nola-martir-24368)

12 enero, 2025

El Bautismo del Señor (C)

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12 de enero
El Bautismo del Señor (C)
Ver 1ª Lectura y Salmo
 
Texto del Evangelio (Lc 3,15-16.21-22): En aquel tiempo, como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; respondió Juan a todos, diciendo: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego».
 
Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: «Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido».
 
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«Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido»
Rev. D. Joan BUSQUETS i Masana (Sabadell, Barcelona, España)
 
Hoy contemplamos a Jesús ya adulto. El niño del Pesebre se hace un hombre completo, maduro y respetable, y llega el momento en el que ha de trabajar en la obra que el Padre le ha confiado. Así es como le encontramos en el Jordán en el momento de empezar esta labor: uno más en la fila de aquellos contemporáneos suyos que iban a escuchar a Juan y a pedirle el baño del bautismo, como signo de purificación y renovación interior.
 
Allí, Jesús es descubierto y señalado por Dios: «Puesto en oración, se abrió el cielo, y bajó sobre Él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma; y vino una voz del cielo: ‘Tú eres mi hijo; el Amado, en ti me he complacido’» (Lc 3,21-22). Es la etapa preparatoria del gran camino que está dispuesto a emprender y que le conducirá hasta la Cruz. Es el primer acto de su vida pública, su investidura como Mesías.
 
Es también el proemio de su modo de actuar: no obrará con violencia, ni con gritos y asperezas, sino con silencio y suavidad. No cortará la caña quebrada, sino que la ayudará a mantenerse firme. Abrirá los ojos a los ciegos y librará a los cautivos. Las señales mesiánicas que describía Isaías, se cumplirán en Él. Nosotros somos los beneficiarios de todas estas cosas porque, como leemos hoy en la carta de san Pablo: «Él nos salvó, no por nuestras buenas obras, sino en virtud de su misericordia, por medio del bautismo regenerador y la renovación del Espíritu Santo que derramó abundantemente sobre nosotros (...). De este modo, salvados por su gracia, Dios nos hace herederos conforme a la esperanza que tenemos de alcanzar la vida eterna» (Tit 3,5-7).
 
La fiesta del Bautismo de Jesús debe ayudarnos a recordar nuestro propio Bautismo y los compromisos que por nosotros tomaron nuestros padres y padrinos al presentarnos en la Iglesia para hacernos discípulos de Jesús: «El Bautismo nos ha liberado de todos los males, que son los pecados, pero con la gracia de Dios debemos cumplir todo lo bueno» (San Cesáreo de Arlés).
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Reconoce, cristiano, tu dignidad y, puesto que has sido hecho partícipe de la naturaleza divina, no pienses en volver con un comportamiento indigno a las antiguas vilezas… ¡Tu precio es la sangre de Cristo!» (San León Magno)
 
«En el Bautismo somos consagrados por el Espíritu Santo. La palabra “cristiano” significa esto: consagrado como Jesús, en el mismo Espíritu. Si queréis que vuestros niños lleguen a ser auténticos cristianos, ayudadles a crecer en el calor del amor de Dios, en la luz de su Palabra» (Francisco)
«Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección: [el bautizado] debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento, descender al agua con Jesús, para subir con Él; renacer del agua y del Espíritu para convertirse, en el Hijo, en hijo amado del Padre y ‘vivir una vida nueva’ (Rm 6,4) (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 537)(evangeli net).

11 enero, 2025

Santo Tomás de Cori OFM

 

 NOVENA A SANTO TOMÁS DE CORI... - Fé Católica en El Salvador | Facebook

 

¡Oh¡ Santo Tomás de Cori, vos sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo. “El santito”, os llamaba la gente, y que,
en vuestras horas largas de soledad aprendisteis a ver a ver
a Dios en las cosas sencillas, en la naturaleza y, en la

oración. Os atraía, desde siempre ser discípulo de San
Francisco, pero la responsabilidad de vuestras hermanas os
impió hacerlo, esperando hasta que se casaran y luego, os
aceptaron y os enviaron a Orvieto a estudiar teología y en
ella os odenaron sacerdote y al poco tiempo, os nombraron
maestro de novicios. Vos, os retirasteis a vivir en el convento
de Bellegra. Allí escribisteis los estatutos para la formación
de los religiosos y también para normar la vida en los conventos

de retiro. Vuestra fama de santidad hizo que muchos religiosos
y laicos acudiesen a vos, para pedir consejo o dirección
espiritual. Vuestra predicación era clara y sencilla, tanto que,
conmovían a los más duros corazones, que se veían impulsados
a reconciliarse con Dios y a vivir la fe intensamente en sus
vidas. Vos pasabais largas horas ante el Santísimo sin que nadie
pudiera imaginar que por cuarenta vivierais una gran sequedad
espiritual, sufriendo la ausencia de todo consuelo en la oración
y en la vida espiritual, pero, nunca nadie os vió jamás triste,

siendo para vuestros hermanos un padre afable y lleno de
amabilidad. Algunos, se oponían a la reforma del convento,
pero vos los tratabais con suma paciencia y humildad, ganándoos
sus corazones a fuerza de caridad y de testimonio. Y, así,
y luego de haber gastado vuestra santa vida en buena lid, voló
vuestra al cielo, para ser coronada con corona de luz y eternidad;

¡Oh! Santo Tomás de Cori, «vivo Amor por la Santa Eucaristía».

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado


11 de Enero
Santo Tomás de Cori

Nació en Cori (Italia), el 4 de junio de 1655. A los 14 años quedó huérfano y se quedó a cargo de sus dos hermanas menores. A fin de mantenerlas se dedicó al pastoreo. “El santito”, como cariñosamente lo llamaba la gente, en sus largas horas de soledad aprendió a ver a Dios en las cosas sencillas, en la naturaleza y, sobretodo, en la oración.

Un tiempo después tuvo contacto con los franciscanos de su pueblo y rápidamente se sintió llamado a ser discípulo de San Francisco. Sin embargo, no ingresó a la Orden hasta que ambas se casaron. Una vez aceptado, le enviaron a Orvieto a estudiar teología. En esa ciudad es ordenado sacerdote en 1683. Poco tiempo después fue nombrado maestro de novicios.

Los franciscanos se habían expandido por todo el mundo; pero no todos vivían con fervor su vocación. Por esos días, aparecieron en varios conventos los llamados “Retiros”, como una iniciativa en la que se acentuaba la vida espiritual y el espíritu de pobreza. Tomás pidió irse a vivir a uno de estos conventos en Bellegra. Allí escribió estatutos para la formación de los religiosos y también para normar la vida de este tipo de conventos-retiro.

La Orden reunida en Capítulo General en Murcia, en España, los generalizó para todos los conventos-retiro franciscanos del mundo.

La fama de santidad de Tomás suscitó que muchos religiosos y laicos acudieran a él para pedir consejo o dirección espiritual. Su predicación era de una claridad y sencillez tales que conmovía los corazones de aquellos que acudían a escucharlo y se veían impulsados a reconciliarse con Dios y a vivir la fe intensamente.

Tomás pasaba largas horas ante el Santísimo sin que nadie pudiera imaginar que por 40 años vivió una gran sequedad espiritual, sufriendo la ausencia de todo consuelo en la oración y en la vida espiritual. Nadie lo vio nunca triste.

Santo Tomás de Cori fue para sus hermanos un padre lleno de amabilidad. A algunos que se oponían a la reforma del convento, los trató con suma paciencia y humildad, ganándose sus corazones a fuerza de caridad y de testimonio.

Murió después de una larga jornada en el confesionario el 11 de enero de 1729. Fue canonizado por Juan Pablo II el 21 de noviembre de 1999.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-santo-tomas-de-cori-sacerdote-franciscano-49577)



09 enero, 2025

San Julián y Santa Basilisa Esposos y mártires

 San Julián, mártir y esposa Basilisa

 

¡Oh!, San Julián y Santa Basilisa, vosotros, sois los hijos Dios
  de la Vida y sus amados santos, y, que,  con vuestra esposa
  vivisteis una vida virginal, porque Dios, os permitió ver, en
una visión las maravillas que guarda Él, para quienes puros
se conservan. Y, vuestra esposa aceptó, y luego, al desierto
marchasteis e hicisteis casas de oración en su honor. Desde
entonces, invitasteis a los jóvenes seguidores vuestros
en la pureza, a imitaros en vuestra santa cuaresma de ayuno,
oración, abstinencia y meditación los días todos de vuestra
santa vida. Y, estalló la persecución en Antioquía, y os
apresaron y a todos vuestros monjes. Y, en pleno martirio
defendisteis con valor a Cristo, negándoos a adorar falsos
dioses. Cuando os llegó vuestro turno, le dijisteis a vuestro
perseguidor: “Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios
del cielo. Mi jefe a quien adoro y obedezco es Nuestro Señor
Jesucristo. Él, ya resucitó y está sentado a la derecha de Dios
Padre. Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús,
que es muchísimo más importante y poderoso que el
emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar
los tormentos. Mis padres me están observando desde el cielo
y se sienten muy contentos y muy honrados de que yo proclame
mi fe en Cristo y derrame por El mi sangre”. Seguidamente
empezaron a daros latigazos, y uno de los verdugos se hiere
de un ojo, y escuchando sus terribles gritos vos, lo curasteis.
Luego, os cortan vuestra cabeza. Y, ¡milagro! En ese momento
Celso, hijo del cruel Marciano, al veros con qué valentía y
alegría fuisteis a la muerte por Cristo, os imita, declarándose
también, seguidor de EL, y cristiano se hace. Y, así, feliz
entregasteis, vuestra santa vida. Y, cada quien se preguntará
¿Dónde estaréis ahora? ¿Dónde? Y, la respuesta, esperar no
se deja, del lugar donde estáis, sino, que en el mismo cielo,
coronado de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Julián y Basilisca; “vivos mártires del Amor de Cristo”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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09 de Enero
San Julián y Santa Basilisa
Esposos y mártires

“Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios del cielo”, dijo San Julián ante el juez que lo condenó a morir degollado. Él y su esposa Santa Basilisa vivieron un amor virginal aprobado por el mismo Jesucristo. Él murió mártir. Ella falleció después, tras sobrevivir a la persecución. Ambos vivieron entre los siglos III y IV. La fiesta de estos esposos se celebra el 9 de enero.

San Julián era hijo único de una noble y rica familia. Tuvo una profunda formación en la fe cristiana. A los 18 años sus padres querían que él se casara con una joven noble llamada Basilisa, pero Julián había prometido a Dios mantenerse virgen.

Después de mucho ayuno y oración, Julián entendió que Dios tenía un camino especial trazado para él, y que al lado de Basilisa como esposa podría vivir su promesa de virginidad. San Julián y Santa Basilisa descubrirán juntos, posteriormente, las implicancias de ese camino de amor virginal. La tradición cuenta que el Señor Jesús se les apareció personalmente para darles la autorización de casarse y vivir el matrimonio en completa castidad.

Como muchos santos de los primeros siglos, los nuevos esposos repartieron sus bienes entre los pobres. Luego se retiraron a vivir en dos casas a las afueras de la ciudad, las que se convertirían en monasterios. Con San Julián acuden los varones y con Santa Basilisa van las mujeres. Mucha gente los buscaba para pedir consuelo espiritual y orientaciones para vivir más cristianamente.

El grupo de hombres nombró a San Julián como superior, o abad, de su comunidad. El Santo los dirigió con cariño y prudencia. Era el que más trabajaba, el que más ayudaba y oraba con mucho fervor, dando el ejemplo a sus hermanos. Dedicaba muchas horas a la lectura de textos religiosos antiguos y a la meditación. Fue también un asceta, por lo que vivió en permanente ayuno.

Cuando se trataba de reprender a algún hermano, lo hacía sin altanería, sin malos modos y siempre en privado. La amabilidad o fraternidad fue el sello de su gobierno espiritual. Los monjes se sentían muy cómodos con él y preferían el desierto y la disciplina antes de una vida de comodidades mundanas.

Santa Basilisa, a su vez, era seguida por una multitud de muchachas que se quedaban edificadas con su ejemplo de virtud. Muchas de ellas abrazaron la vida religiosa y vivieron en paz bajo su dirección.

Cabe recordar, que eran tiempos de la persecución de Diocleciano y Maximiano y que todo cristiano corría peligro de ser castigado, incluso con la muerte. Cuando encarcelaron a Julián, terminaron llevándose a todos los que vivían con él en el monasterio. Ante el juez, San Julián proclamó: “Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús, que es muchísimo más importante y poderoso que el emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar los tormentos”.

San Julián fue condenado a muerte, pero antes fue azotado. Uno de los verdugos, al retirar rápidamente el fuete, se hirió a sí mismo en uno de sus ojos con la punta de hierro del látigo. En ese momento, el Santo pidió a Dios que curase al verdugo y efectivamente se produjo el milagro.

Al final, los verdugos le cortaron la cabeza y uno de ellos llamado Celso, hijo de Marciano, se convirtió al cristianismo al ver la valentía y alegría con la que murió este amigo de Cristo. Estos acontecimientos se dieron alrededor del año 304. Santa Basilisa, en cambio, murió por causas naturales.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-san-julian-y-santa-basilisa-esposos-en-amor-virginal-92199)

08 enero, 2025

San Severino Abad y Predicador

 

 

¡Oh!, San Severino, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su abad, predicador y amado santo, y, a quien Él, os proveyó
de dones maravillosos como el de profecía, el del buen
consejo y el de sanación, productos de vuestra oración
constante y fe. Vos, a menudo repetíais la bíblica palabra:
“Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz.
Pero, para los que hacen el mal, la tristeza y castigos
vendrán”. Y, anunciando que quienes dicen: “He pecado
y nada malo me ha pasado”, están completamente equivocados,
pues, todo pecado, trae del cielo, castigos”. Y, esto,
a muchos frenaba y les impedía seguir por la senda del
vicio y del mal. “El remedio es rezar, dar limosnas a
los pobres y hacer penitencia”. Y, la gente os oía y carne
las hacía en sus diarias vidas. “No te dejará mi Señor
Jesucristo que pases del sitio donde está su santa cruz”.
Así, le hablasteis al Danubio, y el río os escuchó y
obedeció de manera maravillosa y nunca más pasaron sus
crecientes aguas de donde dejasteis la Cruz que vos
pusisteis. ¡Qué alegría en vuestro obrar! ¡Qué talento!
¡Qué profecías! ¡Qué amor! Partisteis de este mundo,
vuestra célebre frase pronunciando: “Todo ser que tiene
vida, alabe al Señor”. Y, luego el Salmo ciento cincuenta:
“¡Aleluya! Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su
fuerte firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas,
alabadlo por su inmensa grandeza. Alabadlo tocando
trompetas, alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con
tambores y danzas, alabadlo con trompas y flautas,
alabadlo con platillos sonoros, alabadlo con platillos
vibrantes. Todo ser que alienta alabe al Señor. ¡Aleluya!”.
Así, os despedisteis de este mundo, para recibir justo
premio: corona de luz y eternidad por siempre jamás;
¡oh!, San Severino; “viva profecía del Dios Vivo y eterno".
 
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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08 enero
San Severino
Abad y Predicador

«Si quieren tener la bendición de Dios, respeten mucho los derechos de los demás”, decía San Severino, patrono de las ciudades de Viena en Austria y de Baviera, Alemania. Fue un hombre apasionado por el anuncio del Evangelio, y muy preocupado por la salvación de las almas. Llamaba constantemente a la conversión y a la penitencia. Además, tenía los dones de curación y consejo. La Iglesia católica celebra su fiesta el 8 de enero.

San Severino nació en Roma (c.410) y provenía de una familia noble y rica. Sin embargo, respondiendo al llamado de Dios, quiso apartarse del mundo y vivir como un eremita. Vivió como tal por unos años, hasta que, conmovido por la destrucción y muerte que dejaban los invasores bárbaros, decidió ponerse al servicio de las poblaciones devastadas. Así, abandonó las tierras circundantes a Roma y se fue a predicar a orillas del río Danubio entre Austria y Alemania.

En esa región, aún provincia del Imperio romano, se estableció en la ciudad de Asturis (o Asturia), donde profetizó a los pobladores que si los no dejaban los vicios y se dedicaban a rezar más, con sacrificios y obras de caridad, sufrirían un terrible castigo. Nadie le tomó importancia. Tal rechazo lo motivó a irse a Cumana (o Cumagenis), una provincia cercana. No pasaría mucho tiempo para que las hordas de los hunos llegasen desde Hungría. Astura quedó semidestruida y su población masacrada.

En Cumagenis, Severino también profetizó castigos si los pobladores no se convertían. Nadie le creía, por lo que parecía que podía correr la misma suerte de Asturis, hasta que un sobreviviente de dicha ciudad llegó a Cumanegis y contó lo sucedido, cómo nadie hizo caso de las advertencias de San Severino. Por no escuchar al hombre que los quería ayudar, no se prepararon para defender sus tierras, siguieron viviendo frívolamente y de esa manera llegados los hunos cometieron un sinnúmero de atrocidades sin encontrar resistencia. En Comagenis, los pobladores se fueron a orar a los templos, cerraron cantinas y lugares de mal vivir y cambiaron su conducta haciendo sacrificios y penitencia. La población, aleccionada, se organizó para defenderse y detener la invasión. Lamentablemente todo esfuerzo en ese sentido parecía insuficiente. Es allí que sucedió algo que cambió el curso de los acontecimientos. Estando cerca los bárbaros, un tremendo terremoto se produjo en la región, aterrorizando a los hunos, quienes consideraron esto como un signo de mal augurio. Entonces decidieron huir y no entrar a la ciudad.

San Severino se hizo del respeto de todos, incluso entre los bárbaros. Muchas autoridades civiles e imperiales le manifestaron respeto. Fue él quien se convirtió en el intercesor y defensor de los que sufrían las consecuencias de las invasiones. Su fama se acrecentó porque hizo muchos milagros entre los enfermos. Sin embargo, no fue un “simple” taumaturgo. También enseñaba que a veces Dios permite el sufrimiento como un medio para alcanzarlo. Precisamente, hay una historia que la tradición recuerda en la que le dice a su discípulo Bonoso: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder». Por 40 años, Bonoso sufrió una enfermedad incurable y Dios quiso que fuese el camino por el que llegó a alcanzar la santidad. A San Severino le gustaba repetir frases de la Biblia y recordaba siempre que todo pecado trae consecuencias y, en muchas oportunidades, por la gravedad o insistencia en la falta, vienen castigos del cielo.

Durante 30 años se dedicó a fundar monasterios. Severino recorría descalzo las inmensas llanuras de Austria y Alemania, incluso en las heladas nieves. Su sencillez en el vestir, su túnica desgastada y vieja, y su espíritu de servicio le ganó el respeto de todos.

El 6 de enero del 482, tuvo una premonición sobre su propia muerte, así que mandó a llamar a las autoridades civiles de la ciudad de Nórico (provincia del Imperio donde vivía en ese tiempo) para pedirles que respeten los derechos de los demás si querían tener la bendición de Dios. “Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo en todo lo posible a los monasterios y a los templos».

Murió el 8 de enero del 482 pronunciando las palabras del Salmo 150: «Todo ser que tiene vida, alabe al Señor». Seis años su tumba fue abierta y encontraron su cuerpo incorrupto. Le levantaron los párpados y vieron que sus ojos azules aún brillaban. Sus reliquias se encuentran hoy en Nápoles.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-universal-celebra-a-san-severino-69121)