03 julio, 2025

Santo Tomás Apóstol, Patrono de jueces, arquitectos y teólogos

Santo Tomás Apóstol 

¡Oh!, Santo Tomás, Apóstol, vos, sois el hijo del Dios de
la Vida, su amado Apóstol y santo. Vos, evangelizabais Persia   
y entregasteis vuestra santa alma como mártir en la India.  
Os recordamos tres veces en el evangelio: La primera, cuando Jesús 
 se dirige por última vez a Jerusalén, para ser atormentado y luego
morir. Entonces vos, intervenís, según refiere San Juan:
“Tomás, llamado Dídimo, dijo a los demás: Vayamos también
nosotros y muramos con Él”. Demostrando con ello, vuestro
admirable valor. Alguien dijo, que vos, no solo demostrasteis
“una fe esperanzada, sino una desesperación leal”. O sea jamás
abandonar a Jesús. La segunda, en la Última Cena, cuando
Jesús os dijo a todos vosotros apóstoles: “A donde Yo voy,
ya sabéis el camino”. Y, vos, muy triste le respondisteis:
“Señor: no sabemos a donde vas, ¿cómo podemos saber el
camino?” Mostrabais así vuestra sinceridad para con Él,
para entender aquello que les estaba diciendo. Y, Jesús
os dijo: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va
al Padre sino por mí”. “Yo voy para allá, síganme, que yo
soy el Camino para llegar con toda seguridad”. Y, la vez
tercera: Dice San Juan “En la primera aparición de Jesús
resucitado a sus apóstoles no estaba con ellos Tomás. Los
discípulos le dijeron: “Hemos visto al Señor”. Y, vos les
contestasteis: “si no veo en sus manos los agujeros de los
clavos, y si no meto mis dedos en los agujeros sus clavos,
 y no meto mi mano en la herida de su constado, no creeré”.
Y, ocho días después estaban los discípulos reunidos y vos,
con ellos. Se presentó Jesús y os dijo: “Acerca tu dedo:
aquí tienes mis manos. Trae tu mano y métela en la herida
de mi costado, y no seas incrédulo sino creyente”. Y, vos,
contestasteis: “¡Señor mío y Dios mío!” Jesús os dijo:
“Has creído porque me has visto. Dichosos los que creen
sin ver”. Luego os fuisteis a propagar el evangelio, hasta
morir martirizado por proclamar vuestra fe en Jesucristo
resucitado. Y, así, creyendo en el Dios de la Vida, voló
vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona de luz
como un justo premio a vuestra entrega increíble de amor.
¡Santo Patrono de teólogos, jueces y arquitectos de la tierra!
¡Oh!, Santo Tomás: “vivo amor y fe: ¡Señor Mío y Dios Mío!”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Julio
Santo Tomás

Apóstol

Cada 3 julio la Iglesia Católica celebra la fiesta de Santo Tomás Apóstol, el sencillo pescador de Galilea a quien Jesús llamó a ser su discípulo. Quizá su incredulidad inicial, acaecida frente a los testimonios que hablaban de la Resurrección del Señor, ha quedado subrayada en exceso, un poco en detrimento de su posterior acto de fe cuando reconoció la divinidad de Jesús con firmeza y claridad. A él debemos, precisamente, aquellas hermosas palabras tomadas del Evangelio y que repetimos en cada misa, de rodillas, frente a Dios Eucaristía: “Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28) -reconocimiento de la presencia real de Cristo en el altar-.

El apóstol Tomás pronunció esas palabras a ocho días de la resurrección de Cristo, cuando este se apareció nuevamente a sus discípulos. Jesús dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Mt 28, 27).

Incredulidad y decepción, luego la fe fortalecida

El Evangelio de San Juan da cuenta de la incredulidad de Santo Tomás. Los discípulos le habían dicho: «Hemos visto al Señor», sin embargo, Tomás, que no estuvo con ellos cuando el Maestro apareció, no creyó y dijo: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré” (Jn 20, 25).

Entonces, «… se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: “La paz con vosotros». Luego le dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente» (Jn 20, 27). Tomás respondió: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20, 28).

La actitud inicial de Tomás refleja las dudas que probablemente le agobiaban el alma, incluso quizás hasta un sentimiento de decepción que lo atormentaba. Él había puesto su confianza en Jesús y había permanecido a su lado por mucho tiempo, y de pronto todo se mostraba confuso, oscuro, incierto. Tomás había creído en el amigo y confiaba en Él, pero tras la muerte de este, andaba desorientado.

“Apóstoles de los migrantes”: obispo mexicano alaba labor de la Iglesia ante migración forzada

Por eso Jesús, en su bondad, le da la oportunidad de redimirse y él aceptará la invitación. Sus palabras finales -como hemos visto- saldan la cuenta. Tomás, con la ayuda del Espíritu, logra vencer su falta de fe: “Señor Mío y Dios Mío”. Ahora el apóstol está seguro de que es el mismo Jesús quien tiene enfrente y que es el Dios verdadero. Tomás se ha convertido así en el primero de los apóstoles en reconocer plenamente la divinidad de Cristo resucitado.

El hombre de rodillas frente a la divinidad

Tiempo atrás hubo un momento entre Tomás y Jesús de características similares, y que vale la pena recordar hoy, en este contexto: “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”, dijo Jesús revelando su naturaleza. El Maestro se expresó así a propósito de una pregunta hecha por Tomás: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” (Jn 14, 5).

Una vez que los Apóstoles fueron enviados por el Espíritu Santo a predicar la Buena Noticia a todas las naciones, Tomás se dirigió a Persia y sus alrededores, así como a Etiopía e India, donde la tradición da cuenta del final de su vida, sometido al martirio.

El cinto de la Virgen María

Al santo se le atribuye haber recibido el cinto de la Santísima Virgen María, con el que es a veces representado artísticamente. De acuerdo a una antigua tradición, Tomás tampoco creyó en la Asunción de la Virgen María, e hizo abrir la tumba donde algunos decían que se hallaba el cuerpo de la Virgen. Esa misma tradición señala que Tomás se encontró solo con las abundantes flores que llenaban la fosa y que la Madre de Dios, desde el cielo, se desató el cinturón y lo dejó caer en las manos del apóstol.

Santo Tomás es considerado patrono de los arquitectos, constructores, jueces, teólogos y de las ciudades de Prato, Parma y Urbino en Italia.

“El Señor sabe por qué hace las cosas”

El día de la fiesta de Santo Tomás de 2013, el Papa Francisco hizo una reflexión sobre el apóstol Tomás, y recordó a los fieles que “el Señor sabe por qué hace las cosas. A cada uno de nosotros le da el tiempo que él piensa que es mejor para nosotros. A Tomás le ha concedido una semana. Jesús se presenta con sus llagas: todo su cuerpo estaba limpio, hermoso, lleno de luz, pero las llagas estaban y están todavía, y cuando el Señor vendrá, al final del mundo, nos enseñará sus llagas (…)”.

“Tomás, para creer, quería meter sus dedos en las llagas: era un testarudo. Pero el Señor quiso precisamente un testarudo para hacernos comprender algo más grande. Tomás vio al Señor, que le invitó a meter el dedo en la herida de los clavos, a poner su mano en el costado y no dijo: es verdad: el Señor ha resucitado. ¡No! Fue más allá. Dijo: ¡Dios! Es el primer discípulo que confiesa la divinidad de Cristo después de la resurrección, y que adora propiamente» (Papa Francisco). (ACI prensa).


02 julio, 2025

San Junípero Serra, Evangelizador de California

 Puede ser una imagen de 2 personas y texto que dice "San Bernardino Realino póstol de las periferias" 2 2dejulio aciprensa.com"

 
¡Oh!, San Bernardino Realino, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo que, os nombraron “Patrono
Celestial” de Lecce, vuestra ciudad, antes de morir
y donde entregasteis vuestra alma a Dios. “Grande es nuestro
dolor, oh padre muy amado, al ver que nos dejáis, pues
nuestro más ardiente deseo sería que os quedarais para
siempre entre nosotros. No queriendo, sin embargo, oponernos
a la voluntad de Dios, que os convida con el cielo, deseamos,
por lo menos, encomendaros a nosotros mismos y a toda
esta ciudad, tan amada por vos, y que tanto os ha amado
 y reverenciado. Así lo haréis, ¡oh! padre, por vuestra inagotable
caridad, la cual nos permite esperar que queráis ser nuestro
protector y patrono en el paraíso, pues por tal os elegimos
desde ahora para siempre, seguros de que nos aceptaréis
por fieles siervos e hijos, ya que con vuestra ausencia nos
dejáis sumergidos en el más profundo dolor”. Dijo el alcalde
y contestasteis vos, un “Sí, señores”, casi moribundo, y que,
de alegría llenó al alcalde y a la la ciudad. “Habiéndome
introducido por senda tan resbaladiza, vino el ángel del Señor
a amonestarme de mis errores, y, retrayéndome de las puertas
del infierno, me colocó otra vez en la ruta del cielo.” Clorinda
se llamó “vuestro ángel”, duró poco a vuestro lado, porque dejó
este mundo. Y, vos, volvisteis a casa, os encerrasteis en vuestra
habitación y no recibir quisiste a nadie durante varios días
y luego os abrazasteis a la cruz de Cristo. María Virgen, se os
apareció y ella, os ordenó entrar en la Compañía de Jesús. León
Trece, dijo de vos: “Lo que fue San Felipe Neri en la Ciudad
Eterna, esto mismo fue para Lecce el Beato Bernardino Realino.
La más alta nobleza hasta los últimos harapientos, encarcelados
y esclavos turcos, no había quien no le conociese como universal
apóstol y bienhechor de la ciudad”. Vuestra santidad se acrisoló,
recibiendo favores del cielo. Una noche de Navidad, una penitente
notó que vos, temblabais a causa del frío y os ordenaron retiraros
a vuestra habitación y meditar sobre la Navidad, de repente
una luz vivísima brilló en vuestro aposento y la figura dulcísima
de María se dibujó ante vos, con el Niño Jesús en sus brazos y os
dijo: “¿Por qué tiemblas, Bernardino?”, y vos respondisteis:
“Estoy tiritando de frío”, con suma ternura y amor, para luego
entregaros al Niño Jesús. “Un ratito más, Señora; un ratito más.”
Dijisteis vos, y, en aquel invierno no volvisteis a sentir frío.
Cuando os llegaba la hora de partir dijisteis: “Me voy al cielo”,
y rezando la jaculatoria: “Oh Virgen mía Santísima”, voló vuestra
alma al cielo, para coronada ser con corona de luz y eternidad,
como justo premio a vuestra entrega increíble de vivo amor y fe;
¡Oh¡, San Bernardino Realino; “vivo apóstol del Dios de la Vida”.

© 2025 Luis Ernesto Chacón Delgado
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1 de julio
San Junípero Serra
Evangelizador de California
 
Cada 1 de julio, en Estados Unidos se conmemora a San Junípero Serra, fraile franciscano del siglo XVIII que encabezó muchas de las misiones evangelizadoras más importantes que se realizaron en América del Norte cuando esta aún no estaba constituida tal y como hoy la conocemos. En el resto del mundo su festividad se celebra el 21 de agosto.
 
A San Junípero se le considera, además, en la lista de los grandes exploradores del continente. Fue canonizado por el Papa Francisco en el año 2015.
Las misiones
 
En el siglo XVIII se denominaban ‘misiones' a los poblados fundados y organizados por diversas órdenes religiosas provenientes de Europa y que llegaban al Nuevo Mundo animadas por un afán evangelizador.
 
Dadas las condiciones generales en las que vivían los nativos americanos, los evangelizadores entendieron que el anuncio de Cristo tenía que ir acompañado de la transmisión de elementos propios de la civilización. Así, el mensaje cristiano contribuyó a elevar la calidad de vida de las poblaciones originarias de América. No es de extrañar, en consecuencia, que muchas de las misiones que San Junípero fundó se transformaran con el tiempo en pequeñas urbes y, después, en algunas de las grandes ciudades de la costa este de Estados Unidos.
 
América
 
Miguel José Serra Ferrer nació el 24 de noviembre de 1713 en Petra, Mallorca (España). A los 16 años se convirtió en fraile franciscano y cambió su nombre por el de ‘Junípero’.
 
En 1749 partió junto con veinte misioneros franciscanos hacia el Virreinato de la Nueva España (México). Allí empezó apoyando la labor evangelizadora desde el Colegio de Misioneros de San Fernando, y seis meses después de su arribo recibió la aprobación del Virrey para fundar una ‘misión’ en Sierra Gorda, un territorio montañoso donde ya habían fracasado otros franciscanos. Fray Junípero permanecería en ese lugar por los siguientes nueve años.
 
Expulsión de los jesuitas
 
Siendo que en 1767, el rey de España, Carlos III, decretó la expulsión de todos los miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas) de los dominios de la corona -medida que incluyó al Virreinato de Nueva España- las misiones jesuíticas quedaron abandonadas.
 
Hasta ese momento, habían sido los jesuitas los que atendían espiritualmente a la población indígena y europea que habitaba las llamadas “Californias” (del norte y del sur). Dada su expulsión, los jesuitas fueron sustituidos por misioneros de la orden franciscana, dieciséis en total, encabezados por Fray Junípero.
 
El grupo de franciscanos salió de Ciudad de México el 14 de julio de 1767, para embarcarse posteriormente en el puerto de San Blas rumbo a la península de Baja California. Tras una corta travesía, arribaron a Loreto -sede de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California-.
 
Presencia de los hermanos de San Francisco en el Nuevo Mundo
 
Una vez llegados los misioneros a la península, decidieron seguir explorando la Alta California, movidos por el deseo de anunciar a Cristo a la población indígena de la región. El 3 de julio de 1771 se erigió la ‘Misión de San Carlos Borromeo’. En el mismo mes, se estableció la ‘Misión de San Antonio de Padua’, y en agosto la de ‘San Gabriel’, ubicada en la actual área metropolitana de Los Ángeles, California. El 1 de septiembre de 1772, se funda una misión más, la de San Luis, Obispo de Tolosa. La Misión de San Francisco de Asís -fundación franciscana- dio lugar a la actual ciudad de San Francisco.
 
Los misioneros catequizaban a los indígenas, y también les enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería; les proporcionaban semillas y animales; y los asesoraban en el trabajo de la tierra.
 
Junípero Serra falleció en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California) el 28 de agosto de 1784. Sus restos se encuentran en la Basílica del lugar.
 
Huellas de fe en la historia de EE.UU.
 
El Papa San Juan Pablo II beatificó a Fray Junípero en 1988; décadas más tarde, el Papa Francisco lo proclamaría santo, el 23 de septiembre de 2015. La ceremonia de canonización tuvo lugar en Estados Unidos y por ello se generó gran expectativa. Era la primera vez que se celebraba una ceremonia de este tipo en territorio norteamericano -para la anécdota quedó que aquella fue la primera vez que el Papa Francisco visitaba el país-.
 
En la homilía de la misa principal, el Papa Francisco recordó que Fray Junípero Serra “tuvo un lema que inspiró sus pasos y que plasmó en su vida. Supo decir, pero especialmente supo vivir diciendo: ‘siempre adelante’”.
 
San Junípero Serra es el único español que tiene una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio en Washington DC, sede del poder legislativo de Estados Unidos, y lugar donde están representados los personajes más ilustres de la historia de esa gran nación.(ACI prensa).

01 julio, 2025

San Junípero Serra, Evangelizador de California

 Santo del día 28 de agosto: San Junípero Serra. Santoral católico | ACI  Prensa

1 de julio
San Junípero Serra
Evangelizador de California
 
Cada 1 de julio, en Estados Unidos se conmemora a San Junípero Serra, fraile franciscano del siglo XVIII que encabezó muchas de las misiones evangelizadoras más importantes que se realizaron en América del Norte cuando esta aún no estaba constituida tal y como hoy la conocemos. En el resto del mundo su festividad se celebra el 21 de agosto.
 
A San Junípero se le considera, además, en la lista de los grandes exploradores del continente. Fue canonizado por el Papa Francisco en el año 2015.
Las misiones
 
En el siglo XVIII se denominaban ‘misiones' a los poblados fundados y organizados por diversas órdenes religiosas provenientes de Europa y que llegaban al Nuevo Mundo animadas por un afán evangelizador.
 
Dadas las condiciones generales en las que vivían los nativos americanos, los evangelizadores entendieron que el anuncio de Cristo tenía que ir acompañado de la transmisión de elementos propios de la civilización. Así, el mensaje cristiano contribuyó a elevar la calidad de vida de las poblaciones originarias de América. No es de extrañar, en consecuencia, que muchas de las misiones que San Junípero fundó se transformaran con el tiempo en pequeñas urbes y, después, en algunas de las grandes ciudades de la costa este de Estados Unidos.
 
América
 
Miguel José Serra Ferrer nació el 24 de noviembre de 1713 en Petra, Mallorca (España). A los 16 años se convirtió en fraile franciscano y cambió su nombre por el de ‘Junípero’.
 
En 1749 partió junto con veinte misioneros franciscanos hacia el Virreinato de la Nueva España (México). Allí empezó apoyando la labor evangelizadora desde el Colegio de Misioneros de San Fernando, y seis meses después de su arribo recibió la aprobación del Virrey para fundar una ‘misión’ en Sierra Gorda, un territorio montañoso donde ya habían fracasado otros franciscanos. Fray Junípero permanecería en ese lugar por los siguientes nueve años.
 
Expulsión de los jesuitas
 
Siendo que en 1767, el rey de España, Carlos III, decretó la expulsión de todos los miembros de la Compañía de Jesús (jesuitas) de los dominios de la corona -medida que incluyó al Virreinato de Nueva España- las misiones jesuíticas quedaron abandonadas.
 
Hasta ese momento, habían sido los jesuitas los que atendían espiritualmente a la población indígena y europea que habitaba las llamadas “Californias” (del norte y del sur). Dada su expulsión, los jesuitas fueron sustituidos por misioneros de la orden franciscana, dieciséis en total, encabezados por Fray Junípero.
 
El grupo de franciscanos salió de Ciudad de México el 14 de julio de 1767, para embarcarse posteriormente en el puerto de San Blas rumbo a la península de Baja California. Tras una corta travesía, arribaron a Loreto -sede de la Misión de Nuestra Señora de Loreto, considerada la madre de las misiones de la Alta y Baja California-.
 
Presencia de los hermanos de San Francisco en el Nuevo Mundo
 
Una vez llegados los misioneros a la península, decidieron seguir explorando la Alta California, movidos por el deseo de anunciar a Cristo a la población indígena de la región. El 3 de julio de 1771 se erigió la ‘Misión de San Carlos Borromeo’. En el mismo mes, se estableció la ‘Misión de San Antonio de Padua’, y en agosto la de ‘San Gabriel’, ubicada en la actual área metropolitana de Los Ángeles, California. El 1 de septiembre de 1772, se funda una misión más, la de San Luis, Obispo de Tolosa. La Misión de San Francisco de Asís -fundación franciscana- dio lugar a la actual ciudad de San Francisco.
 
Los misioneros catequizaban a los indígenas, y también les enseñaban nociones de agricultura, ganadería y albañilería; les proporcionaban semillas y animales; y los asesoraban en el trabajo de la tierra.
 
Junípero Serra falleció en la Misión de San Carlos Borromeo (Monterrey, California) el 28 de agosto de 1784. Sus restos se encuentran en la Basílica del lugar.
 
Huellas de fe en la historia de EE.UU.
 
El Papa San Juan Pablo II beatificó a Fray Junípero en 1988; décadas más tarde, el Papa Francisco lo proclamaría santo, el 23 de septiembre de 2015. La ceremonia de canonización tuvo lugar en Estados Unidos y por ello se generó gran expectativa. Era la primera vez que se celebraba una ceremonia de este tipo en territorio norteamericano -para la anécdota quedó que aquella fue la primera vez que el Papa Francisco visitaba el país-.
 
En la homilía de la misa principal, el Papa Francisco recordó que Fray Junípero Serra “tuvo un lema que inspiró sus pasos y que plasmó en su vida. Supo decir, pero especialmente supo vivir diciendo: ‘siempre adelante’”.
 
San Junípero Serra es el único español que tiene una estatua en el Salón Nacional de las Estatuas del Capitolio en Washington DC, sede del poder legislativo de Estados Unidos, y lugar donde están representados los personajes más ilustres de la historia de esa gran nación.(ACI prensa).

30 junio, 2025

Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana

 

Puede ser una imagen de 1 persona y texto que dice "Santos protomártires de la Iglesia Romana 30 30dejunio de junio aciprensa.com"

 

¡Oh!, Santos Protomártires de la Iglesia Romana, vosotros, sois
los hijos del Dios de la Vida, sus “primeros mártires” y amados
santos del cielo, a quienes os persiguió el impío, desquiciado
y pirómano Nerón, después de que, él mismo, ordenara incendiar
Roma. Pero, como escrito está: “la mentira, patas cortas tiene” y he
aquí, la gran verdad en la pluma de Cornelio Tácito historiador:
“Como corrían voces que el incendio de Roma había sido doloso,
Nerón presentó como culpables, castigándoles con penas
excepcionales, a los que, odiados por sus abominaciones, el pueblo
llamaba cristianos”. Vuestro único delito, no profesar culto
a paganos dioses celosos y vengativos y, que, por el contrario, sí,
lo hacíais con la certeza de la fe y el amor, con un único Dios
Verdadero Santo y Trino, y, por el que, muy felices vosotros
disteis vuestras almas santas. Y, Él, os recompensó, coronándoos
con coronas de gloria, luz y eternidad. Arde Nerón hoy, por los
siglos de los siglos en el mismo infierno y, en el orbe de la tierra
toda, nunca más escucharemos al vulgo gritar: ¡Los cristianos a los
leones! ¡Los cristianos a los leones! ¡Los cristianos a los leones!
¡Nunca más! ¡Nunca más! ¡Nunca más! Y, en su remplazo se oye
cada vez más fuerte, más certera la envidiable y viva frase que
resonó, resuena y resonará por los siglos de los siglos: ¡Que viva
Cristo! ¡Que viva Cristo! !Que viva Cristo! ¡Ayer, hoy y siempre!
Entre los mártires encontramos al gran Pedro, el príncipe de los
apóstoles, que crucificado en el circo neroniano y, en donde
hoy está la Basílica de San Pedro. Y, el apóstol de los gentiles, el
otro grande: Pablo, que decapitado en la “Acque Galvie”
fue enterrado en la vía Ostiense. Por ello, después de la fiesta de
estas gigantes “Dos Columnas”, celebra el calendario nuevo la
“Memoria de los mártires incógnitos”, que no tienen especial
Lugar en la liturgia. Allí están entre otros, las antorchas humanas,
Rociadas con brea y dejadas ardiendo en los jardines de la colina
Oppio, aquellas mujeres y niños vestidos con pieles de animales
y dejados a merced de las bestias feroces en el circo romano
y otros miles, que suscitaron un sentido de compasión y de horror
en el mismo pagano pueblo romano. “Entonces se manifestó un
sentimiento de piedad, aun tratándose de gente merecedora de
los más ejemplares castigos, porque se veía que eran eliminados
no por el bien público, sino para satisfacer la crueldad de un
individuo, Nerón”. Escribió Cornelio Tácito, historiador, senador,
cónsul y gobernador del Imperio romano. Y, así en cruenta lid,  
vuestras almas volaron al cielo para coronadas ser con coronas
de luz y eternidad, como premio a vuestras entregas de amor y fe;
¡oh!, Santos Protomártires, “Vivo Amor por el Dios de la Vida y del Amor”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de junio
Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana

Cada 30 de junio recordamos a los “Santos Protomártires de la Santa Iglesia Romana”. Ellos murieron durante la primera persecución de la historia, organizada contra la Iglesia Católica (segunda mitad del siglo I). Padecieron terribles tormentos y entregaron la vida solo por llamarse ‘cristianos’, seguidores de Jesús de Nazareth. La Iglesia les ha concedido, en consecuencia, el título de ‘protomártires’ -término proveniente del griego antiguo- que quiere decir ‘primeros mártires’ o ‘primeros testigos’.

Una multitud vestida de blanco

Las fuentes históricas que dan cuenta de su martirio son tanto paganas (no religiosas) como cristianas. Así, por ejemplo, Tácito (c. 55-c. 120), político e historiador romano, registró lo sucedido en sus Anales; mientras que lo propio hizo el obispo de Roma de ese entonces, el Papa San Clemente (f.d.-97).

“A estos hombres [Pedro y Pablo], maestros de una vida santa, vino a agregarse una gran multitud de elegidos que, habiendo sufrido muchos suplicios y tormentos también por emulación, se han convertido para nosotros en un magnífico ejemplo”, escribe San Clemente en su carta a los Corintios.

Mentira y crimen de odio

Con el anuncio de la Buena Nueva encabezado por los Apóstoles, el número de fieles fue cada vez más en aumento. Lamentablemente, el clima anticristiano suscitó que el senado romano rechazara la “nueva religión” por considerarla contraria a las tradiciones romanas, declarándola “ilícita” en el año 35 d.C.

Posteriormente, el emperador Nerón, para librarse de la acusación de haber mandado incendiar Roma, aprovechó la situación y culpó a los cristianos de ser los verdaderos autores del incendio. Nerón culpaba a los cristianos de practicar una religión maléfica, que incluía el canibalismo -alusión distorsionada y perversa a la Eucaristía-, y de promover el incesto, debido a la costumbre de llamarse hermanos entre ellos y saludarse con el beso de la paz.

De esta manera, Nerón desencadenó una infame persecución en la que muchos perecieron por proclamar y creer en el Dios verdadero, el Dios del amor, revelado en Jesucristo.

En la memoria de la Iglesia

El Martirologio jeronimiano es el primero en registrar la conmemoración de estos sangrientos hechos, en los que más de 900 cristianos fueron asesinados. En dicho documento se señala el 29 de junio como el día destinado a la memoria de estos hombres y mujeres, coincidiendo con la efeméride de San Pedro y San Pablo, apóstoles y columnas de la Iglesia. Se le atribuye a San Pío V, en el siglo XVI, la primera mención a los protomártires en el Martirologio Romano, con fecha 24 de junio. En la actualidad, la Iglesia los conmemora cada 30 de junio, un día después de la Solemnidad de San Pedro y San Pablo.(ACI prensa).

29 junio, 2025

Solemnidad de San Pedro y San Pablo, Apóstoles y Día del Papa

 Puede ser una imagen de 2 personas y texto que dice "SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO FIESTA DE LA UNIDAD LA CATOLICIDAD DE LA IGLESIA 29 de Junio"
 
29 de junio
Solemnidad de San Pedro y San Pablo
Apóstoles
 
Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
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«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»
 
Mons. Jaume PUJOL i Balcells, Arzobispo Emérito de Tarragona (Tarragona, España)
 
Hoy celebramos la solemnidad de San Pedro y San Pablo, los cuales fueron fundamentos de la Iglesia primitiva y, por tanto, de nuestra fe cristiana. Apóstoles del Señor, testigos de la primera hora, vivieron aquellos momentos iniciales de expansión de la Iglesia y sellaron con su sangre la fidelidad a Jesús. Ojalá que nosotros, cristianos del siglo XXI, sepamos ser testigos creíbles del amor de Dios en medio de los hombres tal como lo fueron los dos Apóstoles y como lo han sido tantos y tantos de nuestros conciudadanos.
 
En una de las primeras intervenciones del Papa Francisco, dirigiéndose a los cardenales, les dijo que hemos de «caminar, edificar y confesar». Es decir, hemos de avanzar en nuestro camino de la vida, edificando a la Iglesia y confesando al Señor. El Papa advirtió: «Podemos caminar tanto como queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, alguna cosa no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia, esposa del Señor».
 
Hemos escuchado en el Evangelio de la misa un hecho central para la vida de Pedro y de la Iglesia. Jesús pide a aquel pescador de Galilea un acto de fe en su condición divina y Pedro no duda en afirmar: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Inmediatamente, Jesús instituye el Primado, diciendo a Pedro que será la roca firme sobre la cual se edificará la Iglesia a lo largo de los tiempos (cf. Mt 16,18) y dándole el poder de las llaves, la potestad suprema.
 
Aunque Pedro y sus sucesores están asistidos por la fuerza del Espíritu Santo, necesitan igualmente de nuestra oración, porque la misión que tienen es de gran trascendencia para la vida de la Iglesia: han de ser fundamento seguro para todos los cristianos a lo largo de los tiempos; por tanto, cada día nosotros hemos de rezar también por el Santo Padre, por su persona y por sus intenciones.
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Otros comentarios
 
«Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo»
 
Mons. Pere TENA i Garriga Obispo Auxiliar Emérito de Barcelona (Barcelona, España)
 
Hoy es un día consagrado por el martirio de los apóstoles san Pedro y san Pablo. «Pedro, primer predicador de la fe; Pablo, maestro esclarecido de la verdad» (Prefacio). Hoy es un día para agradecer la fe apostólica, que es también la nuestra, proclamada por estas dos columnas con su predicación. Es la fe que vence al mundo, porque cree y anuncia que Jesús es el Hijo de Dios: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo» (Mt 16,16). Las otras fiestas de los apóstoles san Pedro y san Pablo miran a otros aspectos, pero hoy contemplamos aquello que permite nombrarlos como «primeros predicadores del Evangelio» (Colecta): con su martirio confirmaron su testimonio.
 
Su fe, y la fuerza para el martirio, no les vinieron de su capacidad humana. No fue ningún hombre de carne y sangre quien enseñó a Pedro quién era Jesús, sino la revelación del Padre de los cielos (cf. Mt 16,17). Igualmente, el reconocimiento “de aquel que él perseguía” como Jesús el Señor fue claramente, para Saulo, obra de la gracia de Dios. En ambos casos, la libertad humana que pide el acto de fe se apoya en la acción del Espíritu.
 
La fe de los apóstoles es la fe de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Desde la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, «cada día, en la Iglesia, Pedro continúa diciendo: ‘¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo!’» (San León Magno). Desde entonces hasta nuestros días, una multitud de cristianos de todas las épocas, edades, culturas, y de cualquier otra cosa que pueda establecer diferencias entre los hombres, ha proclamado unánimemente la misma fe victoriosa.
 
Por el bautismo y la confirmación estamos puestos en el camino del testimonio, esto es, del martirio. Es necesario que estemos atentos al “laboratorio de la fe” que el Espíritu realiza en nosotros (San Juan Pablo II), y que pidamos con humildad poder experimentar la alegría de la fe de la Iglesia.
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Como no hay que oponerse a la voluntad del Señor que decide, he respondido con obediencia a lo que ha querido hacer de mí la mano misericordiosa del Maestro» (San Gregorio Magno)
 
«Y tú, ¿has sentido alguna vez en ti esta mirada de amor infinito que, más allá de todos tus pecados, limitaciones y fracasos, continúa fiándose de ti y mirando tu existencia con esperanza?» (Francisco)
 
«(…) ‘Y enseguida se puso a predicar a Jesús en las sinagogas: que Él era el Hijo de Dios’ (Hch 9,20). Este será, desde el principio, el centro de la fe apostólica profesada en primer lugar por Pedro como cimiento de la Iglesia» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 442) (evangeli.net)

 

28 junio, 2025

Solemnidad del Sagrado Corazón de María

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28 de junio
Solemnidad del Sagrado Corazón de María 
 
Un día después de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra la Memoria del Corazón Inmaculado de la Bienaventurada Virgen María (sábado, 28 de junio de 2025). 
 
La contigüidad entre ambas celebraciones expresa simbólicamente la unidad existente entre el corazón de la Madre y del Hijo; al tiempo que subraya que en María todo está siempre en referencia a Jesús. Es por eso, precisamente, que la Iglesia entiende a María como camino seguro que conduce al Señor, y nos invita a conocer mejor y amar su Sagrado Corazón.
 
La celebración del Inmaculado Corazón de María está vinculada a las apariciones y revelaciones de la Virgen en Fátima, Portugal, en 1917. Dijo la Virgen en una ocasión a Lucía, una de los tres pastorcitos: “Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas, que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes”.
 
Momentos claves en los últimos tiempos
 
Hay una larga historia en torno a la devoción al Sagrado Corazón de María que es posible rastrear hasta los Padres de la Iglesia, y si se sigue por esa línea, claramente es también posible remitirse a la Escritura.
 
El siglo XIX fue un siglo muy importante en el desarrollo al culto al Sagrado Corazón de Jesús y al Sagrado Corazón de María. 
 
En tiempos más recientes (s. XX), la festividad del Inmaculado Corazón de María cobró carácter universal a través del decreto Cultus liturgicus [El culto litúrgico], sobre el culto al Corazón de la Santísima Virgen María. Este decreto fue promulgado por la Sagrada Congregación de Ritos de aquél entonces (disuelta en 1969) y refrendadoel 4 de mayo de 1944. La Congregación le asignó el 22 de agosto como día propio.  por el Papa Pío XII 
 
El Misal Romano publicado tras el Concilio Vaticano II (1969), trasladó la fiesta del Inmaculado Corazón al día posterior al Sagrado Corazón de Jesús, razón por la que la celebración oscila entre el 30 de mayo y el 3 de julio. 
 
La intención del Papa Pío XII era que la Iglesia aquilate aún mejor la profundidad del amor mariano, volcado primero sobre Jesús y, por Él, al resto de los hombres, convertidos en hijos de María. Pio XII quiso hacer explícita la convicción de que “con el auxilio de la Santísima Madre de Dios, obtengan todos los pueblos la paz y la Iglesia de Cristo la libertad, los pecadores, libres de sus reatos [obligación que queda a la pena correspondiente al pecado, aun después de perdonado], y todos los fieles en fin se hagan fuertes en el amor a la pureza y en el ejercicio de las virtudes” (Decreto Cultus liturgicus). Décadas más tarde, el Papa San Juan Pablo II declaró la observancia obligatoria de esta festividad en honor a la Madre de Dios; es decir, esta memoria tiene carácter de obligatoria y no debe tomarse como opcional -ha de realizarse en todo el mundo católico-.
 
Devoción al Inmaculado Corazón
 
En una de las apariciones de la Virgen en Fátima (1917), Nuestra Señora dijo a Lucía, una de los tres pastorcitos videntes: “Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. Quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón”. Luego, añadió: “A quien le abrazare prometo la salvación y serán queridas sus almas por Dios como flores puestas por mí para adornar su Trono".
 
En una ocasión posterior, la Virgen dijo a los tres niños: "¡Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, y especialmente cuando hagáis un sacrificio: ‘Oh, Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María!’”.
 
La gran promesa 
 
Años después, siendo Lucía postulante del convento carmelita de las Doroteas en Pontevedra (España), la Virgen se le apareció nuevamente (1929). En aquella ocasión, María se presentó con el Niño Jesús en brazos y le mostró su corazón rodeado de espinas; luego le dijo: “Mira, hija mía, mi Corazón cercado de espinas que los hombres ingratos me clavan sin cesar con blasfemias e ingratitudes”.
 
“Tú, al menos, [continuó la Virgen] procura consolarme y di que a todos los que, durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la Sagrada Comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de la muerte con las gracias necesarias para su salvación", concluyó la Madre de Dios.)ACI prensa

San Ireneo, Padre de la Iglesia y Obispo de Lyon

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28 de junio
San Ireneo
Padre de la Iglesia y Obispo de Lyon

Cada 28 de junio, la Iglesia Católica celebra a San Ireneo, Padre de la Iglesia, obispo de la ciudad francesa de Lyon y una de las figuras más importantes de los primeros siglos de la cristiandad. Ireneo fue un autor prolífico y sus obras contribuyeron a forjar los cimientos de la teología, en gran medida como parte del esfuerzo por confrontar y corregir los errores del gnosticismo del siglo II, así como de otras doctrinas que tergiversaban el mensaje de Cristo.

Ireneo fue discípulo de San Policarpo, quien a su vez fue discípulo del Apóstol San Juan.

Su escrito principal lleva el nombre de Contra las herejías, texto que compila en cinco volúmenes las refutaciones a las principales tesis gnósticas.

Gnosis y el gnosticismo del siglo II

El gnosticismo es una herejía muy antigua que plantea, en líneas generales, que la salvación del alma se obtiene a través de cierto “conocimiento”, proveniente de la mezcla de diversas doctrinas, tradiciones y creencias religiosas -en las que están incluidas verdades del cristianismo- acerca de los misterios del universo y de la naturaleza humana. Sobre la base de esta amalgama, el gnosticismo alienta a alcanzar la perfección, pero sobre la base de posturas que son, en el fondo, claramente incompatibles o contradictorias. Los gnósticos pretendieron “articular” indebidamente un camino de perfección sin el Dios verdadero, sin auténtica conversión de la mente y el corazón, y, además, en medio de su error, relegaban a todos aquellos que considerados “no iniciados”; de manera muy semejante a como los movimientos de la Nueva Era (New Age) han venido operando en las últimas décadas.

El Papa Benedicto XVI, en su catequesis sobre San Ireneo del 28 de marzo de 2007, recordaba las particularidades del gnosticismo que conoció este santo: “La Iglesia del siglo II estaba amenazada por la gnosis, una doctrina que afirmaba que la fe enseñada por la Iglesia no era más que un simbolismo para los sencillos, que no pueden comprender cosas difíciles; por el contrario, los iniciados, los intelectuales —se llamaban «gnósticos»— comprenderían lo que se ocultaba detrás de esos símbolos y así formarían un cristianismo de élite, intelectualista”. Ireneo denunció ese “cristianismo dualista” contaminado por la división -”iniciados” versus “legos”- y peligroso para la unidad de la Iglesia en torno a la verdad que le había sido confiada.

Heredero de los Apóstoles

San Ireneo nació en Asia Menor en la primera mitad del siglo II. Se desconoce la fecha exacta de su nacimiento, pero se conviene en que fue alrededor del año 125. Recibió una educación esmerada y alcanzó un gran conocimiento de las Sagradas Escrituras y el saber de su tiempo, centrado en la búsqueda filosófica. San Policarpo, obispo de Esmirna, fue su maestro y formador.

Conocemos su vida y obra gracias a las notas biográficas transmitidas por Eusebio de Cesarea en el quinto libro de su Historia eclesiástica, cuya fuente es el mismo Ireneo.

No hay plena certeza de cómo ni por qué dejó el Asia Menor y llegó a las Galias (Francia). Hay seguridad sí, de que estuvo allí en calidad de presbítero. Durante la persecución de Marco Aurelio, fue enviado con una carta para el Papa a Roma, por lo que probablemente se salvó de ser ajusticiado como muchos otros. Tras el martirio de San Potino, obispo de Lyon, Ireneo lo sucede como obispo de la ciudad.

Como pastor su labor fue notable. Se propuso dos cosas: “Defender de los asaltos de los herejes la verdadera doctrina y exponer con claridad las verdades de la fe” (Papa Benedicto XVI, audiencia del 28 de marzo de 2007).

Teólogo eminente

Durante la paz religiosa que siguió a la persecución de Marco Aurelio, el obispo repartió esfuerzos entre la sede episcopal y su labor de intelectual cristiano. Dos grandes obras suyas han llegado a nuestras manos: Contra las herejías y La exposición de la predicación apostólica. Especialmente, esta última puede ser considerada una suerte de primer catecismo de la doctrina cristiana. En el mismo sentido, el aporte del santo ha sido crucial para el establecimiento y delimitación de la denominada «regla de la fe» -lo que se expresa en el símbolo de la fe o Credo- y de su transmisión, centro de la doctrina de la Iglesia.

La tradición de la Iglesia lo cuenta entre los mártires.(ACI prensa).