06 octubre, 2025

Beato Bartolo Longo Laico, abogado y Fundador del Santuario de la Virgen del Rosario

 
 
 
6 de octubre
Beato Bartolo Longo
Laico y abogado y Fundador del Santuario de la Virgen del Rosario 
 
Cada 6 de octubre la Iglesia recuerda al Beato Bartolo Longo (1841-1926), laico y abogado italiano, fundador del Santuario de la Virgen del Rosario de Pompeya (Italia). Fervoroso catequista y hombre dedicado a asistir a los más necesitados, reconocido como uno de los más grandes difusores de la devoción del Santo Rosario en el siglo XX.
 
En su juventud, Bartolo se involucró con el mundo del ateísmo militante, dando inicio a una espiral descendente que lo llevaría al espiritismo, contagiado por las modas anticristianas de su tiempo. Permaneció viviendo así hasta que finalmente dejó que Dios tocara su corazón, regresando a la fe cristiana de manera definitiva.
 
En su proceso de conversión, la Virgen María ejerció un papel decisivo, al punto que Ella se convertiría en el motivo de inspiración para su vida. No por casualidad, Bartolo fue llamado “el hombre de la Virgen” por el Papa San Juan Pablo II.
 
Caminando entre las sombras
 
Bartolo Longo nació en la localidad de Latiano (Italia), el 10 de febrero de 1841. Antes de obtener la licenciatura como abogado en la Universidad de Nápoles, se enredó en el mundillo de las prácticas anticristianas, muy comunes en la época. Mientras se dedicaba a la política, cayó presa de las supersticiones y el espiritismo. Incluso se dice que llegó a ser “medium” de primer rango y “sacerdote espiritista”.
 
Por otro lado, la filosofía de Hegel y el racionalismo sin trascendencia de Renán lo tuvieron ideológicamente capturado. En el proceso empezó a odiar a la Iglesia, organizando eventos y conferencias contra ella, alabando a todo aquél que la criticara.
 
El hombre de la Virgen María
 
Después de una crisis interior, y con la ayuda de su amigo Vicente Pepe y del dominico Padre Alberto Radente, volvió de nuevo a la fe. Su conversión se produjo el día de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús en 1865, en la Iglesia del Rosario de Nápoles. Tras su encuentro con Cristo abandonó la vida libertina y se dedicó a las obras de caridad y al estudio de la religión.
 
Más tarde escribiría, en alusión a su propia experiencia, que “no puede haber ningún pecador tan perdido, ni alma esclavizada por el despiadado enemigo del hombre, Satanás, que no pueda salvarse por la virtud y eficacia admirable del santísimo Rosario de María, agarrándose de esa cadena misteriosa que nos tiende desde el cielo la Reina misericordiosísima de las místicas rosas, para salvar a los tristes náufragos de este borrascosísimo mar del mundo”.
 
Mil veces el Rosario
 
En 1876, bajo sugerencia del obispo de Nola, Longo inició una campaña para construir un templo en Pompeya. Como resultado de su esfuerzo y de la cooperación de muchos ciudadanos se construyó el hermoso Santuario dedicado a la Virgen del Rosario, la gran patrocinadora de la obra.
 
El 5 de octubre de 1926, a la edad de 85 años, Bartolo Longo murió en Pompeya. En su testamento dejó escrito lo siguiente: “Deseo morir como terciario dominico… entre los brazos de la Virgen del Rosario, con la asistencia de mi padre Santo Domingo y de mi madre Santa Catalina de Siena”. Sus restos descansan, junto con los de sus más cercanos colaboradores (la condesa de Fusco, el padre y la hermana de María Concetta Lital), en la cripta debajo de la Basílica que construyó.
 
Longo y el Papa San Juan Pablo II
 
En la homilía de su beatificación, el 26 de octubre de 1980, el Papa San Juan Pablo II dijo que él “por amor a María se convirtió en escritor, apóstol del Evangelio, propagador del Rosario, fundador del célebre santuario (dedicado a la Virgen del Rosario) en medio de enormes dificultades y adversidades; por amor a María creó institutos de caridad y se hizo mendigo para los hijos de los pobres”.
 
Luego el Santo Padre continuó: “ Transformó Pompeya en una ciudadela de bondad humana y cristiana; por amor a María soportó en silencio tribulaciones y calumnias, pasando a través de un largo Getsemaní, confiando siempre en la Providencia, obediente siempre al Papa y la Iglesia”.(ACI Prensa).

 

05 octubre, 2025

Domingo 27 (C) del tiempo Ordinario

 FE  

Domingo 27 (C) del tiempo Ordinario
Domingo 05 de octubre
 
Texto del Evangelio (Lc 17,5-10): En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor; «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido.
 
»¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».
 
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«Somos siervos»
Rev. D. Javier BAUSILI Morenza
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España).
 
Hoy se nos presenta un Evangelio con dos partes que parecen inconexas. ¿Qué tiene que ver la fe con el servicio? Sin darnos cuenta, constantemente reducimos la fe a conceptos e ideas. Relegamos la Fe simplemente a creer en Dios. ¡Y nos olvidamos de la dimensión relacional!
 
No se puede simplemente creer en Dios, no se trata de una idea; se trata de una relación viva, personal, transformadora, y eso lo cambia todo. La fe también es vivir el Evangelio. Y vivir el Evangelio, relacionarse con el Señor, nos sitúa como siervos, como servidores del Reino, en palabras del Papa León XIV: «En primer lugar, pues, está la relación con el Señor, cultivar el diálogo con Él. Entonces Él nos convertirá en sus obreros y nos enviará al campo del mundo como testigos de su Reino».
 
Así comprendemos por qué el Señor termina de este modo su enseñanza. Cuando el corazón está inundado por el Amor del Señor y la fe se vuelve realidad vivida, darlo a conocer es lo mínimo que podemos hacer (cf. Lc 17,10). Vivir como Él nos ofrece no es una forma de pagar lo recibido, pues es de valor incalculable; vivir como Él nos ofrece es el dinamismo natural del corazón enamorado. «Él me acompaña con su Espíritu, me ilumina y me transforma en instrumento de su amor para los demás, para la sociedad y para el mundo» (Papa León XIV).
 
Y ésa es nuestra labor como cristianos: ser luz en el mundo, hacer brillar este don que hemos recibido. A través de las obras y de las palabras en todo momento y lugar (cf. 2Tim 4,2). Eso es posible no por acciones concretas, sino porque toda nuestra vida se convierte en testimonio vivo del Amor que ha redimido al mundo. 
 
—«Señor, auméntanos la fe» (Lc 17,5), y seremos tus siervos.
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«El Señor compara la fe perfecta al grano de mostaza porque en su aspecto es humilde, pero ardiente en lo interior» (San Beda el Venerable)
 
«Quien está sólidamente fundado en la fe, quien tiene plena confianza en Dios y vive en la Iglesia, es capaz de llevar la fuerza extraordinaria del Evangelio» (Benedicto XVI)
 
«La salvación viene sólo de Dios; pero puesto que recibimos la vida de la fe a través de la Iglesia, ésta es nuestra madre: Creemos en la Iglesia como la madre de nuestro nuevo nacimiento (…) (Fausto de Riez). Porque es nuestra madre, es también la educadora de nuestra fe» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 169)

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Otros comentarios
 
«Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer»
Rev. D. Josep VALL i Mundó
(Barcelona, España)
 
Hoy, Cristo nos habla nuevamente de servicio. El Evangelio insiste siempre en el espíritu de servicio. Nos ayuda a ello la contemplación del Verbo de Dios encarnado —el siervo de Yavé, de Isaías— que «se anonadó y tomó la condición de esclavo» (Flp 2,2-7). Cristo afirma también: «Yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lc 22,27), pues «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos» (Mt 20,28). En una ocasión, el ejemplo de Jesús se concretó realizando el trabajo de un esclavo al lavar los pies de sus discípulos. Quería dejar así bien claro, con este gesto, que sus seguidores debían servir, ayudar y amarse unos a otros, como hermanos y servidores de todos, tal como propone la parábola del buen samaritano.
 
Debemos vivir toda la vida cristiana con sentido de servicio sin creer que estamos haciendo algo extraordinario. Toda la vida familiar, profesional y social —en el mundo político, económico, etc.— ha de estar impregnada de este espíritu. «Para servir, servir», afirmaba san Josemaría Escrivá; él quería dar a entender que para “ser útil” es preciso vivir una vida de servicio generoso sin buscar honores, glorias humanas o aplausos.
 
Los antiguos afirmaban el “nolentes quaerimus” —«buscamos para los cargos de gobierno a quienes no los ambicionan; a quienes no desean figurar»— cuando había que hacer nombramientos jerárquicos. Ésta es la intencionalidad propia de los buenos pastores dispuestos a servir a la Iglesia como ella quiere ser servida: asumir la condición de siervos como Cristo. Recordemos, según las conocidas palabras de san Agustín, cómo debe ejercerse una función eclesial: «Non tam praeesse quam prodesse»; no tanto con el mando o la presidencia sino, más bien, con la utilidad y el servicio.(Evangeli net).

04 octubre, 2025

San Francisco de Asís, Fundador

 Quién es San Francisco de Asís, el santo al que se dedica cada 4 de octubre?

      

¡Oh!; San Francisco de Asís, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo, que, recibisteis los estigmas de Nuestro Señor
Jesucristo, y ser declarado “santo” mucho antes de que el Papa,
así lo hiciera. Cuando teníais veinte años surgió una guerra
entre Asís y Perugia, y salisteis a combatir por vuestra ciudad
cayendo preso y, meditasteis en vuestra vida. Terminada vuestra
prisión os incorporasteis otra vez en el ejército, y con lujosa
armadura y costoso caballo os fuisteis a batalla. Por el camino
se os presentó un pobre militar a quien le obsequiasteis todo vuestro
equipo. Esa noche en sueños se os presentaron a cambio de lo
regalado “otras armaduras” para enfrentaros a los enemigos
del espíritu: Y, Dios, os dijo: “¿Por qué dedicarse a servir a los
jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de
de todos?». Y, en vuestro pueblo todos os miraban cambiado
 y decíais: “Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura
y santificadora que existe”: ¡Os habíais enamorado de la pobreza
o sea del mismo Cristo! Luego, vendisteis todos vuestros bienes
y,  los disteis a los pobres. Y, de aquél beso al leproso, Dios, os dio
gran fuerza para vuestros instintos dominar y poder sacrificaros
en favor de los demás. “Francisco, tienes que reparar mi casa,
porque está en ruinas”. Y, vos, creísteis que Jesús, os mandaba
arreglar las paredes de la iglesia. Y, así, comenzó vuestro caminar
de gloria. “Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De
hoy en adelante podré decir: Padre Nuestro que estás en los cielos”.
Le dijisteis a vuestro padre, y con Cristo os marchasteis. Fundasteis
vuestra orden de los “Franciscanos” y más tarde, con Clara, la bella
y santa de Asís, fundasteis las “Damas Pobres” o “Clarisas”, cuyos
conventos esparcidos están hoy en todo el mundo entero. A vos,
las avecillas del campo, os seguían todas felices y formaban
una cruz por donde predicabais. Y del “regalo” de Cristo, en vuestro
cuerpo, se os formaron las mismas heridas en las manos,
en los pies y en el costado. “¡El Amor no es amado!”. Decíais, para
que, la gente amara a Jesucristo aún más. Os aventurasteis a viajar
a Egipto, y a Tierra Santa, visitando los lugares Santos, donde Jesús
nació, vivió, murió y resucitó. Y, por ello, hasta hoy, son vuestros
hermanos los que los custodian por los tiempos de los tiempos
y con devoción viva, aquellos “vivos” lugares de la Tierra Santa. Vos,
poeta como erais, le cantabais himnos a todas las criaturas a Dios
alabando: ¡A el sol, la luna, la tierra, las estrellas, el fuego, el
viento, el agua, la flora y la fauna que felices se sentían al oiros!
“Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por
los que saben perdonar”, cantabais. Y, cómo olvidar vuestro saludo:
“Paz y bien”, porque, con él ganasteis de Dios la gloria lleno
de alegría, de paz y de Su amor, que se hacen visibles cada día
y noche del ayer, del hoy, y por siempre del mañana. Además, fuisteis
vos, quien dejó la costumbre de los “Pesebres de Navidad” por
vuestro amor por el Dios de la Vida. Y, el día que tanto habíais
ansiado, para ver el rostro de vuestro Creador, os llegó y acostado
en el duro suelo, cubierto con un hábito que os prestaron de limosna,
y pidiendo a vuestros seguidores que se amaran siempre, como Cristo
los amó, entregasteis vuestra santísima alma a Dios, para coronada
ser con corona de luz, como justo premio a vuestro increíble amor y fe;
¡oh!, San Francisco de Asís, “vivo Jesucristo, Dios y Señor Nuestro Vivo”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Oración Por La Paz

Oh, Señor, haz de mí un instrumento de Tu Paz .
Donde hay odio, que lleve yo el Amor.
Donde haya ofensa, que lleve yo el Perdón.
Donde haya discordia, que lleve yo la Unión.
Donde haya duda, que lleve yo la Fe.
Donde haya error, que lleve yo la Verdad.
Donde haya desesperación, que lleve yo la Alegría.
Donde haya tinieblas, que lleve yo la Luz.
Oh, Maestro, haced que yo no busque tanto ser consolado, sino consolar;
Ser comprendido, sino comprender;
Ser amado, como amar.
Porque es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo, que se resucita a la Vida Eterna.
Amén.

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4 de Octubre
San Francisco de Asís
Fundador

Dicen que a San Francisco lo declaró santo el pueblo, antes de que el Sumo Pontífice le concediera ese honor, y que si se hace una votación entre los cristianos (aún entre los protestantes) todos están de acuerdo en declarar que es un verdadero santo. Todos, aun los no católicos, lo quieren y lo estiman.

Nació en Asís (Italia) en 1182. Su madre se llamaba Pica y fue sumamente estimada por él durante toda su vida. Su padre era Pedro Bernardone, un hombre muy admirador y amigo de Francia, por la cual le puso el nombre de Francisco, que significa: “el pequeño francesito”. Cuando joven a Francisco lo que le agradaba era asistir a fiestas, paseos y reuniones con mucha música. Su padre tenía uno de los mejores almacenes de ropa en la ciudad, y al muchacho le sobraba el dinero. Los negocios y el estudio no le llamaban la atención. Pero tenía la cualidad de no negar un favor o una ayuda a un pobre siempre que pudiera hacerlo.

Tenía veinte años cuando hubo una guerra entre Asís y la ciudad de Perugia. Francisco salió a combatir por su ciudad, y cayó prisionero de los enemigos. La prisión duró un año, tiempo que él aprovechó para meditar y pensar seriamente en la vida. Al salir de la prisión se incorporó otra vez en el ejército de su ciudad, y se fue a combatir a los enemigos. Se compró una armadura sumamente elegante y el mejor caballo que encontró. Pero por el camino se le presentó un pobre militar que no tenía con qué comprar armadura ni caballería, y Francisco, conmovido, le regaló todo su lujoso equipo militar. Esa noche en sueños sintió que le presentaban en cambio de lo que él había obsequiado, unas armaduras mejores para enfrentarse a los enemigos del espíritu.

Francisco no llegó al campo de batalla porque se enfermó y en plena enfermedad oyó que una voz del cielo le decía: “¿Por qué dedicarse a servir a los jornaleros, en vez de consagrarse a servir al Jefe Supremo de todos?”. Entonces se volvió a su ciudad, pero ya no a divertirse y parrandear sino a meditar en serio acerca de su futuro. La gente al verlo tan silencioso y meditabundo comentaba que Francisco probablemente estaba enamorado. Él comentaba: “Sí, estoy enamorado y es de la novia más fiel y más pura y santificadora que existe”. Los demás no sabían de quién se trataba, pero él sí sabía muy bien que se estaba enamorando de la pobreza, o sea de una manera de vivir que fuera lo más parecida posible al modo totalmente pobre como vivió Jesús. Y se fue convenciendo de que debía vender todos sus bienes y darlos a los pobres.

Paseando un día por el campo encontró a un leproso lleno de llagas y sintió un gran asco hacia él. Pero sintió también una inspiración divina que le decía que si no obramos contra nuestros instintos nunca seremos santos. Entonces se acercó al leproso, y venciendo la espantosa repugnancia que sentía, le besó las llagas. Desde que hizo ese acto heroico logró conseguir de Dios una gran fuerza para dominar sus instintos y poder sacrificarse siempre a favor de los demás. Desde aquel día empezó a visitar a los enfermos en los hospitales y a los pobres. Y les regalaba cuanto llevaba consigo.

Un día, rezando ante un crucifijo en la iglesia de San Damián, le pareció oír que Cristo le decía tres veces: “Francisco, tienes que reparar mi casa, porque está en ruinas”. Él creyó que Jesús le mandaba arreglar las paredes de la iglesia de San Damián, que estaban muy deterioradas, y se fue a su casa y vendió su caballo y una buena cantidad de telas del almacén de su padre y le trajo dinero al Padre Capellán de San Damián, pidiéndole que lo dejara quedarse allí ayudándole a reparar esa construcción que estaba en ruinas. El sacerdote le dijo que le aceptaba el quedarse allí, pero que el dinero no se lo aceptaba (le tenía temor a la dura reacción que iba a tener su padre, Pedro Bernardone) Francisco dejó el dinero en una ventana, y al saber que su padre enfurecido venía a castigarlo, se escondió prudentemente.

Pedro Bernardone demandó a su hijo Francisco ante el obispo declarando que lo desheredaba y que tenía que devolverle el dinero conseguido con las telas que había vendido. El prelado devolvió el dinero al airado papá, y Francisco, despojándose de su camisa, de su saco y de su manto, los entregó a su padre diciéndole: “Hasta ahora he sido el hijo de Pedro Bernardone. De hoy en adelante podré decir: Padrenuestro que estás en los cielos”. El Sr. Obispo le regaló el vestido de uno de sus trabajadores del campo: una sencilla túnica, de tela ordinaria, amarrada en la cintura con un cordón. Francisco trazó una cruz con tiza, sobre su nueva túnica, y con ésta vestirá y pasará el resto de su vida. Ese será el hábito de sus religiosos después: el vestido de un campesino pobre, de un sencillo obrero.

Se fué por los campos orando y cantando. Unos guerrilleros lo encontraron y le dijeron: “¿Usted quién es? – Él respondió: – Yo soy el heraldo o mensajero del gran Rey”. Los otros no entendieron qué les quería decir con esto y en cambio de su respuesta le dieron una paliza. Él siguió lo mismo de contento, cantando y rezando a Dios. Después volvió a Asís a dedicarse a levantar y reconstruir la iglesita de San Damián. Y para ello empezó a recorrer las calles pidiendo limosna. La gente que antes lo había visto rico y elegante y ahora lo encontraba pidiendo limosna y vestido tan pobremente, se burlaba de él. Pero consiguió con qué reconstruir el pequeño templo.

La Porciúncula

Este nombre es queridísimo para los franciscanos de todo el mundo, porque en la capilla llamada así fue donde Fracisco empezó su comunidad. Porciúncula significa “pequeño terreno”. Era una finquita chiquita con una capillita en ruinas. Estaba a 4 kilómetros de Asís. Los padres Benedictinos le dieron permiso de irse a vivir allá, y a nuestro santo le agradaba el sitio por lo pacífico y solitario y porque la capilla estaba dedicada a la Sma. Virgen

En la misa de la fiesta del apóstol San Matías, el cielo le mostró lo que esperaba de él. Y fue por medio del evangelio de ese día, que es el programa que Cristo dio a sus apóstoles cuando los envió a predicar. Dice así: “Vayan a proclamar que el Reino de los cielos está cerca. No lleven dinero ni sandalias, ni doble vestido para cambiarse. Gratis han recibido, den también gratuitamente”. Francisco tomó esto a la letra y se propuso dedicarse al apostolado, pero en medio de la pobreza más estricta. Cuenta San Buenaventura que se encontró con el santo un hombre a quien un cáncer le había desfigurado horriblemente la cara. El otro intentó arrodillarse a sus pies, pero Francisco se lo impidió y le dio un beso en la cara, y el enfermo quedó instantáneamente curado. Y la gente decía: “No se sabe qué admirar más, si el beso o el milagro”.

El primero que se le unió en su vida de apostolado fue Bernardo de Quintavalle, un rico comerciante de Asís, el cual invitaba con frecuencia a Francisco a su casa y por la noche se hacía el dormido y veía que el santo se levantaba y empleaba muchas horas dedicado a la oración repitiendo: “mi Dios y mi todo”. Le pidió que lo admitiera como su discípulo, vendió todos sus bienes y los dio a los pobres y se fue a acompañarlo a la Porciúncula. El segundo compañero fue Pedro de Cattaneo, canónigo de la catedral de Asís. El tercero, fue Fray Gil, célebre por su sencillez. Cuando ya Francisco tenía 12 compañeros se fueron a Roma a pedirle al Papa que aprobara su comunidad. Viajaron a pie, cantando y rezando, llenos de felicidad, y viviendo de las limosnas que la gente les daba.

En Roma no querían aprobar esta comunidad porque les parecía demasiado rígida en cuanto a pobreza, pero al fin un cardenal dijo: “No les podemos prohibir que vivan como lo mandó Cristo en el evangelio”. Recibieron la aprobación, y se volvieron a Asís a vivir en pobreza, en oración, en santa alegría y gran fraternidad, junto a la iglesia de la Porciúncula. Dicen que Inocencio III vio en sueños que la Iglesia de Roma estaba a punto de derrumbarse y que aparecían dos hombres a ponerle el hombro e impedir que se derrumbara. El uno era San Francisco, fundador de los franciscanos, y el otro, Santo Domingo, fundador de los dominicos. Desde entonces el Papa se propuso aprobar estas comunidades.

A Francisco lo atacaban a veces terribles tentaciones impuras. Para vencer las pasiones de su cuerpo, tuvo alguna vez que revolcarse entre espinas. Él podía repetir lo del santo antiguo: “trato duramente a mi cuerpo, porque él trata muy duramente a mi alma”. Clara, una joven muy santa de Asís, se entusiasmó por esa vida de pobreza, oración y santa alegría que llevaban los seguidores de Francisco, y abandonando su familia huyó a hacerse monja según su sabia dirección. Con santa Clara fundó él las Damas Pobres o Clarisas, que tienen hoy conventos en todo el mundo.

Francisco tenía la rara cualidad de hacerse querer de los animales. Las golondrinas le seguían en bandadas y formaban una cruz, por encima de donde él predicaba. Cuando estaba solo en el monte una mirla venía a despertarlo con su canto cuando era la hora de la oración de la medianoche. Pero si el santo estaba enfermo, el animalillo no lo despertaba. Un conejito lo siguió por algún tiempo, con gran cariño. Dicen que un lobo feroz le obedeció cuando el santo le pidió que dejara de atacar a la gente.

Francisco se retiró por 40 días al Monte Alvernia a meditar, y tanto pensó en las heridas de Cristo, que a él también se le formaron las mismas heridas en las manos, en los pies y en el costado. Los seguidores de San Francisco llegaron a ser tan numerosos, que en el año 1219, en una reunión general llamado “El Capítulo de las esteras”, se reunieron en Asís más de cinco mil franciscanos. Al santo le emocionaba mucho ver que en todas partes aparecían vocaciones y que de las más diversas regiones le pedían que les enviara sus discípulos tan fervorosos a que predicaran. Él les insistía en que amaran muchísimo a Jesucristo y a la Santa Iglesia Católica, y que vivieran con el mayor desprendimiento posible hacia los bienes materiales, y no se cansaba de recomendarles que cumplieran lo más exactamente posible todo lo que manda el santo evangelio.

Francisco recorría campos y pueblos invitando a la gente a amar más a Jesucristo, y repetía siempre: “El Amor no es amado”. Las gentes le escuchaban con especial cariño y se admiraban de lo mucho que sus palabras influían en los corazones para entusiasmarlos por Cristo y su religión. Dispuso ir a Egipto a evangelizar al sultán y a los mahometanos. Pero ni el jefe musulmán ni sus fanáticos seguidores quisieron aceptar sus mensajes. Entonces se fue a Tierra Santa a visitar en devota peregrinación los Santos Lugares donde Jesús nació, vivió y murió: Belén, Nazaret, Jerusalén, etc. En recuerdo de esta piadosa visita suya los franciscanos están encargados desde hace siglos de custodiar los Santos Lugares de Tierra Santa. Por no cuidarse bien de las calientísimas arenas del desierto de Egipto se enfermó de los ojos y cuando murió estaba casi completamente ciego. Un sufrimiento más que el Señor le permitía para que ganara más premios para el cielo.

San Francisco, que era un verdadero poeta y le encantaba recorrer los campos cantando bellas canciones, compuso un himno a las criaturas, en el cual alaba a Dios por el sol, y la luna, la tierra y las estrellas, el fuego y el viento, el agua y la vegetación. “Alabado sea mi Señor por el hermano sol y la madre tierra, y por los que saben perdonar”, etc. Le agradaba mucho cantarlo y hacerlo aprender a los demás y poco antes de morir hizo que sus amigos lo cantaran en su presencia. Su saludo era “Paz y bien”.

Cuando sólo tenía 44 años sintió que le llegaba la hora de partir a la eternidad. Dejaba fundada la comunidad de Franciscanos, y la de hermanas Clarisas. Con esto contribuyó enormemente a enfervorizar la Iglesia Católica y a extender la religión de Cristo por todos los países del mundo. Los seguidores de San Francisco (Franciscanos, Capuchinos, Clarisas, etc.) son el grupo religioso más numeroso que existe en la Iglesia Católica. El 3 de octubre de 1226, acostado en el duro suelo, cubierto con un hábito que le habían prestado de limosna, y pidiendo a sus seguidores que se amen siempre como Cristo los ha amado, murió como había vivido: lleno de alegría, de paz y de amor a Dios.

Cuando apenas habían transcurrido dos años después de su muerte, el Sumo Pontífice lo declaró santo y en todos los países de la tierra se venera y se admira a este hombre sencillo y bueno que pasó por el mundo enseñando a amar la naturaleza y a vivir desprendido de los bienes materiales y enamorados de nuestro buen Dios. Fue él quien popularizó la costumbre de hacer pesebres para Navidad.

(http://www.ewtn.com/padrepio/sp/franciscan/st_francis.htm)

03 octubre, 2025

San Francisco Borja, Fundador al lado de San Ignacio de Loyola de la Compañía de Jesús

 Imagen

03 de octubre
San Francisco Borja
Fundador al lado de San Ignacio de Loyola, de la Compañía de Jesús 
 
Cada 3 de octubre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Francisco de Borja S.J. (Valencia, España, 1510 - Estados Pontificios, 1572); hombre inicialmente llamado por Dios al matrimonio -formó una familia y tuvo prole-, que, tras enviudar tempranamente, descubrió una llamada singular: seguir los pasos de Cristo como religioso.
 
El llamado
 
Durante el tiempo en el que estuvo casado, Francisco conoció a algunos miembros de la Compañía de Jesús con los que entabló amistad. El aprecio inicial por los jesuitas se convertiría, tras la muerte de su esposa, en motivación para una búsqueda más intensa de Dios y del camino que Él podría haber trazado para su vida -enviudar en la juventud no está en los planes de nadie-. Fue así que, tras un tiempo de búsqueda y discernimiento, Francisco le daría un vuelco completo a su vida.
 
El noble valenciano dejó atrás el mundo que había construido, vinculado a los círculos sociales que rodeaban la corte real y la aristocracia, para dedicarse por completo al servicio de la Santa Madre Iglesia, al lado de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús.
 
Hombre de familia, hombre de mundo
 
Francisco de Borja nació en Gandía (Valencia) en 1510. Dado que su familia pertenecía a la realeza, fue educado como parte de la élite. Con solo 19 años, el buen Francisco contrajo matrimonio con doña Leonor de Castro. Su hogar fue bendecido con ocho hijos, a quienes crió con gran esmero.
 
En su juventud desempeñó diversos cargos públicos -tanto honoríficos como administrativos- muy de acuerdo con los títulos que ostentaba: fue erigido IV duque de Gandía, I marqués de Lombay, Grande de España y Virrey de Cataluña. Incluso llegó a desempeñarse como consejero personal del emperador Carlos I de España y V de Alemania.
 
Un virrey cara a cara con la muerte
 
En los días en que Francisco llevaba sobre sí el peso del cargo de virrey de Cataluña, recibió la orden real de trasladar los restos mortales de la emperatriz Isabel al lugar donde estos reposarían de manera definitiva, la sepultura real de Granada. El viaje tomaría varios días.
 
Cuando el virrey llegó al lugar donde estaba el cuerpo de la emperatriz, según el protocolo fúnebre de la época, ingresó a la cámara donde había sido colocado. Tenía que verlo, reconocerlo y certificar oficialmente el deceso de Isabel.
 
En el instante en que vio el cadáver, un abismo de espanto se abrió frente a sus ojos, y sintió una sensación de vacío sin precedentes. El rostro de la difunta emperatriz, alguna vez lleno de lozanía y frescura, yacía enfrente, desfigurado, deforme, en franco proceso de descomposición.
 
Haber contemplado, aunque sea solo por unos momentos, tan lamentable espectáculo produjo estragos en su interior. La muerte había remecido sus habituales seguridades y trocado de golpe su forma de entender la vida.
 
El virrey había decantado por vez primera la fatuidad de la existencia humana, siempre aferrada a ‘castillos de arena’ que ocultan su caducidad y miseria hasta que se desploman. Años después, el santo se referiría a estos acontecimientos como “el día de su conversión”. De ahí su célebre promesa: “¡No serviré nunca más a un señor que pudiese morir!".
 
"Él no es Dios de muertos, sino de vivos” (Mc 12, 17)
 
Después de la muerte de Leonor, su esposa (Monasterio de San Jerónimo de Cotalba, 27 de marzo de 1546), y de reflexionar sobre su paternidad, cumplida de acuerdo a la ley de Dios, Francisco renunció a sus títulos y bienes e ingresó a la Compañía de Jesús (junio de 1546). Con los jesuitas aprendió a ser servidor de todos y no esperar ser servido. Incluso, por un buen tiempo, en la compañía le tocó ser ayudante de cocinero, oficio al que se dedicó con diligencia.
 
La formación rigurosa, la oración y el estudio fueron ennobleciendo su alma y preparándolo para el sacerdocio -vale recordar que Jesús instauró, en el mundo, con su sacrificio un tipo diferente de “nobleza”-. Así, llegaría el día de su ordenación y el consecuente nombramiento como Provincial de la Compañía en España. Abrió nuevos conventos y colegios, y se convirtió en consejero de reyes y prelados. Se sabe, incluso, que el Papa solicitaba su opinión a discreción.
 
General de la Compañía: “Techó el edificio y arregló el interior” (R.P. Verjus SJ)
 
Para 1566, el santo fue nombrado Tercer Superior General de la Compañía de Jesús y, bajo su mandato, se fortaleció el espíritu misionero de la Orden. En lo que respecta a la educación, Francisco de Borja se convertiría en el impulsor del Colegio Romano, a cargo de la Compañía, que más tarde se convertiría en la prestigiosa Universidad Gregoriana.
 
San Francisco de Borja murió la medianoche del 30 de septiembre de 1572. De él diría el famoso P. Verjus, biógrafo del santo y también miembro de la Compañía de Jesús: “San Ignacio de Loyola proyectó el edificio y echó los cimientos; el P. Laínez construyó los muros; San Francisco de Borja techó el edificio y arregló el interior y, de esta suerte, concluyó la gran obra que Dios había revelado a San Ignacio".(ACI Prensa).

02 octubre, 2025

Los Santos Ángeles de la Guarda

Santos Ángeles Custodios 

       

¡Oh!, Santos Ángeles de la Guarda, vosotros, sois
los hijos espirituales de Dios y sus amados Ángeles.
Significa vuestro nombre “mensajero”, y por vuestra
espiritual pureza, estáis cerca de Dios, para adorarlo,
y sus órdenes cumplir, llevando mensajes a los hombres.
Decía Orígenes, el gran sabio: “Los cristianos creemos
que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos
guíe y proteja”. Y, ello, citado está en el Salmo noventa:
“A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden
en tus caminos”. Y, con la frase de Jesús: “Cuidad de no
escandalizar a ninguno de estos pequeñuelos, porque
sus ángeles están siempre contemplado el rostro de mi
Padre Celestial”.  Judit, libertadora exclamaba: “El Ángel del
Señor me acompañó en el viaje de ida, en mi estadía allá
y en el viaje de venida”. Y, en el Nuevo Testamento 
se confirma aquello de que cada uno tiene un ángel
custodio cuando San Pedro, sacado es de la cárcel.
San Bernardo, hizo acerca del Ángel de la Guarda
un hermoso y bello sermón, dejándonos vivas reflexiones:
Su presencia respetemos, portándonos como es debido;
agradezcámosle sus favores que son muchos más de
los que nos podemos imaginar, y en su ayuda confiemos
que es poderosa y superior a la de los demonios que nos
atacan y a nuestras pasiones que nos traicionan. San
Juan Bosco, dice que el día de la fiesta del Ángel
de la Guarda, recomendó a sus muchachos que en los
momentos de peligro, invocaran a su Ángel Custodio
y así fue: Dos jóvenes obreros estaban en un andamio
alcanzando materiales y de pronto se partió la tabla
y se vinieron abajo. Uno de ellos recordó el consejo
oído y exclamó: “Ángel de mi guarda!”. Cayeron sin
sentido ambos. Fueron a recoger al uno y lo encontraron
muerto, y cuando levantaron al segundo, este recobró
el sentido y como si nada le hubiera pasado. “Cuando vi
que me venía abajo invoqué a mi Ángel de la Guarda
y sentí como si me pusieran por debajo una sábana y me
bajaran suavecito. Y después ya no recuerdo más”. Por
ello, os invito a orar a vuestros ángeles así: “Ángel
del Señor, que por orden de su piadosa providencia sois
mi guardián, custodiadme de día y de noche, iluminad
mi entendimiento, dirigid mis afectos, gobernad mis
sentimientos e impulsos , para que jamás os ofenda Dios
mío. Amén y Amén”. ¡Gloria a los Ángeles Custodios!
¡Oh!, Ángeles de la Guardia: “vivos Mensajeros del Dios Vivo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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2 de Octubre
Los Santos Ángeles de la Guarda

Angel de mi guarda, mi dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día, hasta que me pongas en los brazos de Jesús, José y María.

En la S. Biblia la palabra Ángel significa “Mensajero”. Un espíritu purísimo que está cerca de Dios para adorarlo, y cumplir sus órdenes y llevar sus mensajes a los seres humanos. Ya en el siglo II el gran sabio Orígenes decía: “Los cristianos creemos que a cada uno nos designa Dios un ángel para que nos guíe y proteja”.

Y se basa esta creencia en la frase del Salmo 90: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios, para que te guarden en tus caminos”. Y en aquella otra frase tan famosa de Jesús: “Cuidad de no escandalizar a ninguno de estos pequeñuelos, porque sus ángeles están siempre contemplando el rostro de mi Padre Celestial”. Y Judit en la Biblia al ser recibida como libertadora de Betulia exclamaba: “El ángel del Señor me acompañó en el viaje de ida, en mi estadía allá , y en el viaje de venida”.

En el Nuevo Testamento es tan viva la creencia de que cada uno tiene un ángel custodio, que cuando San Pedro al ser sacado de la cárcel llega a llamar a la puerta de la casa donde están reunidos los discípulos de Jesús, ellos creen al principio, que no es Pedro en persona y exclaman: “Será su ángel” (Hechos 12, 15).

Ya en el año 800 se celebraba en Inglaterra una fiesta a los Ángeles de la Guarda y desde el año 1111 existe una oración muy famosa al Ángel de la Guarda. Dice así: “Ángel del Señor, que por orden de su piadosa providencia eres mi guardián, custodiame en este día (o en esta noche) ilumina mi entendimiento, dirige mis afectos, gobierna mis sentimientos, para que jamás ofenda a Dios Señor. Amen”.

En el año 1608 el Sumo Pontífice extendió a toda la Iglesia universal la fiesta de los Ángeles Custodios y la colocó el día 2 de octubre. Consejos de un santo: San Bernardo en el año 1010 hizo un sermón muy célebre acerca del Ángel de la Guarda, comentando estas tres frases: Respetemos su presencia (portándonos como es debido). Agradezcámosle sus favores (que son muchos más de los que nos podemos imaginar). Y confiemos en su ayuda (que es muy poderosa porque es superior en poder a los demonios que nos atacan y a nuestras pasiones que nos traicionan).

San Juan Bosco narra que el día de la fiesta del Ángel de la Guarda, un dos de octubre, recomendó a sus muchachos que en los momentos de peligro invocaran a su Ángel Custodio y que en esa semana dos jóvenes obreros estaban en un andamio altísimo alcanzando materiales y de pronto se partió la tabla y se vinieron abajo. Uno de ellos recordó el consejo oído y exclamó: “Ángel de mi guarda!”. Cayeron sin sentido. Fueron a recoger al uno y lo encontraron muerto, y cuando levantaron al segundo, al que había invocado al Ángel Custodio, este recobró el sentido y subió corriendo la escalera del andamio como si nada le hubiera pasado. Preguntado luego exclamó: “Cuando vi que me venía abajo invoqué a mi Ángel de la Guarda y sentí como si me pusieran por debajo una sábana y me bajaran suavecito. Y después ya no recuerdo más”. Así lo narra el santo.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Angeles_de_la_Guarda.htm)




30 septiembre, 2025

San Jerónimo, Traductor de la Sagrada Biblia y Doctor de la Iglesia

 Puede ser una imagen de 1 persona y texto que dice "San Jerónimo Doctor de la glesia. El más grande traductor de la Biblia. 30 de septiembre aciprensa.com AAYEN"
        
30 de septiembre
San Jerónimo
Traductor de la Sagrada Biblia y
Doctor de la Iglesia
 
Cada 30 de septiembre, la Iglesia Católica celebra a San Jerónimo (c. 340 - 420), el más célebre traductor de la Biblia de toda la historia. Forma parte del grupo de los Padres de la Iglesia latina al lado de San Agustín, San Ambrosio y San Gregorio. San Jerónimo ostenta además el título de Doctor de la Iglesia.
 
Jerónimo de Estridón, como también se le conoce, fue el gran traductor de la Biblia en los tiempos antiguos (siglo IV). Por la pulcritud de su trabajo y su profundo conocimiento, tanto de la Escritura como de las lenguas antiguas (el hebreo, el griego y el latín), dejó una huella imborrable en la tradición exegética de la Iglesia.
 
San Jerónimo tradujo los distintos libros que componen la Biblia (libros canónicos) al latín, tomando como punto de partida los textos antiguos en sus lenguas originales, es decir, las versiones en griego y en hebreo del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Como se sabe, el latín fue la lengua más importante de su tiempo y hasta el día de hoy se le considera la lengua oficial de la Iglesia Católica. Esta titánica labor la realizó Jerónimo por encargo del Papa Dámaso I (p.366-384).
 
Por eso, para la Tradición, este santo representa el amor a la Palabra de Dios por antonomasia, amor que expresó de la siguiente manera: "Ama la sagrada Escritura, y la sabiduría te amará; ámala tiernamente, y te custodiará; hónrala y recibirás sus caricias”.
 
La Vulgata
 
Eusebio Hierónimo (Jerónimo) nació en Estridón (Dalmacia) hacia el año 340. Estudió en Roma y allí fue bautizado. Luego se trasladó a Oriente, donde sería ordenado presbítero. Después de retornar a Roma, se convirtió en secretario del Papa Dámaso.
 
En esa época, por encargo del Sumo Pontífice, Jerónimo empezó a trabajar en una traducción de la Biblia al latín -su lengua materna-. El santo destacaba también en el manejo de las lenguas más importantes de aquellos tiempos y en vista a que los libros de las Sagradas Escrituras estaban originalmente escritos en hebreo, arameo y griego, el Papa vio en Jerónimo la persona más adecuada para realizar esa tarea.
 
San Jerónimo corrigió la versión latina del Nuevo Testamento (Vetus Latina) y después comenzó a traducir el Antiguo Testamento directamente del hebreo. Se sabe que empleó la Septuaginta, es decir, la versión de la biblia en griego, conocida como la Biblia Griega o de los Setenta, proveniente de Alejandría.
 
En medio del proceso de traducción, el santo se trasladó a Belén (Tierra Santa) con el propósito de conocer mejor la cultura y perfeccionar su hebreo -eso lo convirtió técnicamente en una suerte de padre de la filología como disciplina-. Vivió allí por varios años (aproximadamente una década) dedicándose a la par a escribir comentarios e interpretaciones de la Sagrada Escritura. De esta etapa surgieron la mayoría de sus grandes comentarios sobre una variedad de pasajes bíblicos.
 
A la traducción de la Biblia hecha por San Jerónimo se le conoce como “Vulgata” (“Vulgata Editio”, es decir, “edición para el pueblo”), concluida hacia el año 405 y que fue considerada por siglos como la versión oficial de la Biblia por la Iglesia Católica. De hecho, más de un milenio después, en 1546, los Padres Conciliares de Trento (Concilio de Trento, 1545-1563) reconocieron que la Vulgata latina gozaba de dicha condición.
 
La historia de la gruta de Belén
 
De acuerdo a la tradición, una noche de Navidad, después de que los fieles cristianos se retiraron de la gruta de Belén, el santo se quedó rezando solo en el lugar.
 
De pronto, escuchó en su interior que el Niño Jesús le decía: "Jerónimo ¿qué me vas a regalar en mi cumpleaños?". Él respondió: "Señor te regalo mi salud, mi fama, mi honor, para que dispongas de todo como mejor te parezca". El Niño Jesús añadió: "¿Y ya no me regalas nada más?". “¡Oh mi amado Salvador! -exclamó Jerónimo- por ti repartí ya mis bienes entre los pobres. Por ti he dedicado mi tiempo a estudiar las Sagradas Escrituras... ¿Qué más te puedo regalar? Si quisieras, te daría mi cuerpo para que lo quemaras en una hoguera y así poder desgastarme todo por Ti".
 
El Divino Niño entonces le dijo: "Jerónimo: regálame tus pecados para perdonártelos". El santo al oír esto se echó a llorar de emoción y exclamó: "¡Loco tienes que estar de amor, cuando me pides esto!".
 
Septiembre, mes de la Biblia
 
San Jerónimo murió el 30 de septiembre del año 420. Por eso, cada mes de septiembre -en el que se celebra su fiesta litúrgica- la Iglesia promueve entre los fieles el conocimiento y amor a la Biblia. Decía el santo: “Ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”.
 
El Papa Benedicto XVI, en la audiencia general del 7 de noviembre de 2007, recordó las palabras que San Jerónimo dirigió a San Paulino de Nola (354-431): “En la palabra de Dios recibimos la eternidad, la vida eterna. Dice San Jerónimo: ‘Tratemos de aprender en la tierra las verdades cuya consistencia permanecerá también en el cielo’”.(ACI Prensa).

 

28 septiembre, 2025

Domingo 26 (C) del tiempo ordinario

 JESÚS Y LOS FARISEOS (NO TODOS): JUSTICIA 

Domingo 28 de septiembre
Domingo 26 (C) del tiempo ordinario
Lectura del santo Evangelio según San Lucas
Lucas 16, 19-31
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: "Había un hombre rico, que se vestía de púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo, llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a lamerle las llagas.
 
Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro junto a él.
 
Entonces gritó: 'Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas'. Pero Abraham le contestó: 'Hijo, recuerda que en tu vida recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo, mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá'.
 
El rico insistió: 'Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en este lugar de tormentos'. Abraham le dijo: 'Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen'. Pero el rico replicó: 'No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo, entonces sí se arrepentirán'. Abraham repuso: 'Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto'".
 
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La palabra de los Papas
 
Hoy el evangelio de san Lucas presenta la parábola del hombre rico y del pobre Lázaro (cf. Lc 16, 19-31). El rico personifica el uso injusto de las riquezas por parte de quien las utiliza para un lujo desenfrenado y egoísta, pensando solamente en satisfacerse a sí mismo, sin tener en cuenta de ningún modo al mendigo que está a su puerta. El pobre, al contrario, representa a la persona de la que solamente Dios se cuida: a diferencia del rico, tiene un nombre, Lázaro, abreviatura de Eleázaro (Eleazar), que significa precisamente "Dios le ayuda". A quien está olvidado de todos, Dios no lo olvida; quien no vale nada a los ojos de los hombres, es valioso a los del Señor. La narración muestra cómo la iniquidad terrena es vencida por la justicia divina: después de la muerte, Lázaro es acogido "en el seno de Abraham", es decir, en la bienaventuranza eterna, mientras que el rico acaba "en el infierno, en medio de los tormentos". Se trata de una nueva situación inapelable y definitiva, por lo cual es necesario arrepentirse durante la vida; hacerlo después de la muerte no sirve para nada. (Papa Benedicto XVI, Ángelus, 30 de septiembre de 2007) (Vatican News).
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Aprended a ser ricos y pobres tanto los que tenéis algo en este mundo, como los que no tenéis nada. Pues también encontráis al mendigo que se ensoberbece y al acaudalado que se humilla. ¡Dios mira al interior!» (San Agustín)
 
«Ante una cultura de la indiferencia, que con frecuencia termina por ser despiadada, nuestro estilo de vida ha de estar lleno de piedad, de empatía, de compasión, de misericordia, que extraemos cada día del pozo de la oración» (Francisco)
 
«(…) El drama del hambre en el mundo llama a los cristianos que oran en verdad a una responsabilidad efectiva hacia sus hermanos, tanto en sus conductas personales como en su solidaridad con la familia humana (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.831) (Evangeli net).