12 noviembre, 2025

San Josafat de Lituania, Mártir

Delgado

Puede ser una imagen de texto que dice "San Josafat Patrono de la vuelta a la unidad entre cristianos ortodoxos y católicos 12 de de noviembre aciprensa.com"

   

 ¡Oh!, San Josafat de Lituania; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y a quien vuestra madre, os enseñó
a mirar en el crucifijo, al Crucificado y en él, el misterio
de la vida y del amor a los demás. Por ello, quizás vuestra
mortificación en la que soportabais a los incomprensivos
y ásperos, con especial dulzor del cielo caído y, con amor
paciente, convertíais sus corazones a la “luz de la fe”.
“Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas
partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en
la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo, no
he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas,
buscando el bien de las almas.Pero, me considero verdaderamente
feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes.
Sé, que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por
la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo
Pontífice”. Respondisteis a vuestros agresores. Y, cuando
os prendieron así: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis
ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy
yo para sufrir en vez de ellos”. Al oír esto los jefes de la
sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” Y, se os
lanzaron contra vos y de un lanzazo os atravesaron y os pegaron
un balazo, arrastrándoos y echándoos al río Divna. Pero, ¡oh!
maravilla de Dios, pues vuestros verdugos se convirtieron
a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.
Felizmente “Dios es mi juez”, vuestro santo nombre significa,
y, en verdad, así fue, pues Él os juzgó y viendo vuestro
martirio de gloria os llenó y os ciñó corona de luz, como
premio a vuestra entrega increíble de amor y de fe.¡Aleluya!
Patrono de los que trabajan por la unión de todos los cristianos;
¡oh!, San Josafat “vivo ladrón de almas para el Dios de la Vida”.

© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado

12 de Noviembre
San Josafat de Lituania
Mártir
Año 1623

La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano).

Josafat es una palabra hebrea que significa “Dios es mi juez”. La nación de Lituania es ahora de gran mayoría católica. Pero en un tiempo en ese país la religión era dirigida por los cismáticos ortodoxos que no obedecen al Sumo Pontífice. Y la conversión de Lituania al catolicismo se debe en buena parte a San Josafat. Pero tuvo que derramar su sangre, para conseguir que sus paisanos aceptaran el catolicismo.

Nació en 1580, de padres católicos fervorosos. Su madre le enseñó a mirar de vez en cuando el crucifijo y pensar en lo que Jesucristo sufrió por nosotros, y esto le emocionaba mucho y le invitaba a dedicar su vida por hacer amar más a Nuestro Salvador.

De joven entró de ayudante de un vendedor de telas, y en los ratos libres se dedicaba a leer libros religiosos. Esto le disgustaba mucho al principio al dueño del almacén, pero después, viendo que el joven se dedicaba con tanto esmero a los oficios que tenía que hacer, se dio cuenta de que las lecturas piadosas lo llevaban a ser más bueno y mejor cumplidor de su deber. Y tanto se encariñó aquel negociante con Josafat, que le hizo dos ofertas: permitirle casarse con su hija y dejarlo como heredero de todos sus bienes. El joven le agradeció sus ofrecimientos, pero le dijo que había determinado conseguir más bien otra herencia: el cielo eterno. Y que para ello se iba a dedicar a la vida religiosa.

Para su fortuna se encontró con dos santos sacerdotes jesuitas que lo fueron guiando en sus estudios, y lo encaminaron hacia el monasterio de la Sma. Trinidad en Vilma, capital de Lituania, y se hizo religioso, dirigido por los monjes basilianos en 1604. Al monasterio lo siguió un gran amigo suyo y personaje muy sabio, Benjamín Rutsky, que será en adelante su eficaz colaborador en todo.

En 1595 los principales jefes religiosos ortodoxos de Lituania habían propuesto unirse a la Iglesia Católica de Roma, pero los más fanáticos ortodoxos se habían opuesto violentamente y se habían producido muchos desórdenes callejeros. Ahora llegaba al convento el que más iba a trabajar y a sacrificarse por obtener que su nación se pasara a la Iglesia Católica. Pero le iba a costar hasta su propia sangre.

Josafat fue ordenado de sacerdote, pero su vida siguió siendo como la del monje más mortificado. Muchas horas cada día y cada noche dedicadas a la oración y a la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras y de los libros escritos por los santos. Como penitencias aguantaba los terribles fríos del invierno y los calores bochornosos del verano sin quejarse ni buscar refrescantes.

Cuando lo sorprendía una espantosa tormenta de lluvias, truenos y rayos en pleno viaje, lo ofrecía todo por sus pecados. Cuando los pobres estaban en grave necesidad se iba de casa en casa pidiendo limosnas para ellos, y la humillación de estar pidiendo la ofrecía por sus pecados y por los de los demás pecadores. Pero su especial mortificación era soportar las gentes ásperas e incomprensivas, sin demostrar jamás disgusto ni resentimiento.

Fue nombrado superior del monasterio, en Vilma, pero varios de los monjes que allí vivían eran ortodoxos y antirromanos. Con gran paciencia, mucha prudencia y caridad llena de finura y de santa diplomacia, se los fue ganando a todos. Ellos se dieron cuenta de que Josafat tenía el don de consejo, y le iban a consultar sus problemas e inquietudes y sus respuestas los dejaban muy consolados y llenos de paz.

Con sus sabias conferencias los fue convenciendo poco a poco de que la verdadera Iglesia es la católica y que el sucesor de San Pedro es el Sumo Pontífice y que a él hay que obedecer.

Con razón los enemigos de la religión lo llamaban “ladrón de almas”. Como jefe de los monasterios tenía el deber de visitar las casas que pertenecían a la religión. Una vez fue a visitar oficialmente una casa donde vivían unos 200 hombres que decían que se dedicaban a la religión, pero que en verdad no llevaban una vida demasiado santa. El jefe de esa casa salió furioso a recibirlo con unos perros bravísimos, anunciándole que si se atrevía a entrar allí sería destrozado por esas fieras. Pero el santo no se acobardó. Les habló de buenas maneras y los logró apaciguar. Ellos habían determinado echarlo al río, pero después de escucharlo y al darse cuenta de que era un hombre de Dios, santo y amable, aceptaron su visita, se hicieron sus amigos y aceptaron sus recomendaciones. Las gentes decían: “Ahora sí que se repitió el milagro antiguo: Daniel fue al foso de los leones y estos no le hicieron nada”.

En 1617, fue nombrado arzobispo de Polotsk, y se encontró con que su arzobispado estaba en el más completo abandono. Se dedicó a reconstruir templos y a obtener que los sacerdotes se comportaran de la mejor manera posible. Visitó una por una todas las parroquias. Redactó un catecismo y lo hizo circular y aprender por todas partes. Dedicaba sus tiempos libres a atender a los pobres e instruir a los ignorantes. Las gentes lo consideraban un gran santo. Algunos decían que mientras celebraba misa se veían resplandores a su alrededor. En 1620 ya su arzobispado era otra cosa totalmente diferente.

Pero sucedió que un tal Melecio se hizo proclamar de arzobispo en vez de Josafat (mientras este visitaba Polonia) y algunos revoltosos empezaron a recorrer los pueblos atizando una revuelta contra el santo, diciendo que no querían obedecer al Papa de Roma. Muchos relajados se sentían molestos porque san Josafat atacaba a los vicios y a las malas costumbres.

En 1623, sabiendo que la ciudad de Vitebsk era la más rebelde y contraria a él, dispuso ir a visitarla para tratar de hacer las paces con ellos. Sus amigos le rogaban que no fuera, y varios le propusieron que llevara una escolta militar. Él no admitió esto y exclamó: “Si Dios me juzga digno de morir mártir, no temo morir“. El recibimiento fue feroz. Insultos, pedradas, amenazas. Cuando una chusma agresiva lo rodeó insultándolo, él les dijo:

“Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo no he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas, buscando el bien de las almas. Pero me considero verdaderamente feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes. Sé que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo Pontífice”.

Los enemigos se propusieron poner una trampa al santo para poderlo matar. Le enviaron un individuo que todos los días llegaba a su casa, mañana y tarde a insultarlo. Al fin uno de los secretarios del arzobispo detuvo al insultante para que no faltara más al respeto al prelado, y esta era la señal que los asesinos buscaban. Inmediatamente dieron voz de alarma en toda la ciudad, reunieron la chusma y se lanzaron a despedazar a todos los ayudantes de San Josafat.

Cuando él vio que iban a linchar a sus colaboradores, salió al patio y gritó a los atacantes: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy yo para sufrir en vez de ellos”.

Al oír esto los jefes de la sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” y se lanzaron contra él. Le atravesaron de un lanzazo, le pegaron un balazo, y arrastraron su cuerpo por las calles de la ciudad y lo echaron al río Divna. Era el 12 de noviembre de 1623. Meses después los verdugos se convirtieron a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.

El Papa ha declarado a San Josafat, Patrono de los que trabajan por la unión de los cristianos.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Josafat_de_Lituania.htm)

11 noviembre, 2025

San Martín de Tours, Patrono de la Guardia Suiza Pontificia

 San Martín de Tours

11 de noviembre
San Martín de Tours
Patrono de la Guardia Suiza Pontificia
 
Cada 11 de noviembre la Iglesia Católica celebra la fiesta de San Martín de Tours (siglo IV), el soldado romano convertido al cristianismo que llegó a ser obispo, y que quedó inmortalizado en la memoria de la Iglesia por uno de sus gestos de caridad.
 
San Martín de Tours es patrono de iglesias, asociaciones, iniciativas y diversos lugares alrededor del mundo.
 
‘Soldado de Cristo’
 
Martín nació en Panonia (actual Hungría) alrededor del año 316. Fue hijo de padres paganos. Su padre fue militar y él, siguiendo la tradición familiar, ingresó a los 15 años a la guardia imperial romana. Mientras integraba el ejército, se convirtió al cristianismo y fue admitido como catecúmeno.
 
Martín dejó así de ser ‘soldado del emperador’, para ‘defender a otro Señor’ y ‘extender’ su Reino en la tierra. Algo sin duda mejor, muy por encima de los habituales anhelos de gloria y honor que rigen este mundo.
 
“He combatido el buen combate” (2 tim 4, 7)
 
Aunque algunos hagan mofa del lenguaje ‘bélico’ -sin duda metafórico- que se usa para explicar ciertos aspectos de la vida cristiana, o vean en este las supuestas trampas del belicismo, que creen inherente a la religión, el cristianismo va en otra dirección: el Reino de Dios no es de este mundo (ver: Jn 18, 33-37). Y el Reino de Dios descansa sobre la justicia y la misericordia divinas y no sobre el capricho humano. Por eso, en la Tradición y en la Escritura -“La vida del hombre sobre la tierra es milicia” (Jb 7,1-4.6-7)- abundan las analogías o símiles entre el campo de batalla, la disciplina militar y el combate real que se ha de librar contra el pecado y el mal, empezando por el propio interior, por el propio corazón.
 
El ‘soldado’ no es per se alguien carente de juicio, empatía o humanidad, una suerte de asesino amparado en el poder de algunos. La razón de ser del soldado es defender una causa noble, con un nivel de compromiso que puede poner en juego la propia vida, con tal de hacer el bien a los demás. Esa es la esencia del ‘soldado’, o, en todo caso, esa debería ser siempre. La corona del buen soldado es la victoria sobre el mal. ¡Victoria! canta el cielo por Martín.
 
Patrono de la Guardia del Papa
 
El vínculo de Martin con la carrera militar hizo que la tradición católica lo eligiera como patrono de la Guardia Suiza, el llamado “ejército del Papa”, que alguna vez cumplió funciones convencionales -propias de las campañas militares-, defendiendo en siglos pasados los Estados Vaticanos, pero que hoy sólo custodia la Ciudad del Vaticano y a quienes residen o transitan por su pequeño territorio.
 
Caridad “a capa y espada”: Martin y el mendigo
 
Hacia el año 337, encontrándose Martín con las huestes romanas en Amiens, al norte de Francia, vio a un mendigo recostado junto a la puerta de la ciudad, tiritando de frío. El noble soldado al verlo en esas condiciones, espada en mano, dividió su capa en dos: una mitad la conservó por respeto a quien se la otorgó -el Imperio al que servía- mientras que la otra la usó para cubrir el cuerpo casi congelado del mendigo, dándole el cobijo y abrigo que necesitaba.
 
El gesto dejó atónitos a quienes lo presenciaron, pues los oficiales romanos, por regla, jamás debían mostrar compasión o piedad por nadie, menos hacia los débiles.
 
Días después de lo que hizo, Martín tuvo un sueño en el que Cristo se aparecía diciéndole a los ángeles: “Martín, siendo todavía catecúmeno, me ha cubierto con este vestido”.
 
Cristo mismo le confirmaba así al santo que «En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mt 25, 40). Ese gesto de amor por el prójimo, de desprendimiento, de valentía y de justicia, ha quedado perennizado. El arte, en óleos y frescos, lo ha representado innumerables veces como puede constatarse fácilmente si se revisa la iconografía del santo, aunque mención aparte merece la impresionante pintura que hizo el Greco (1541-1614) representando a San Martín sobre su caballo, cortando su capa para dársela a un hombre desnudo.
 
Monje, sacerdote y pastor
 
Una vez que Martin renunció a la milicia, se unió a los discípulos de San Hilario de Poitiers y adoptó el modo de vida ascético y de oración constante. Lamentablemente, Hilario tuvo que exiliarse y abandonar Poitiers, por lo que Martin decidió también dejar la ciudad y asentarse en Milán. Allí se reencontró con su madre, a quien convirtió al cristianismo. Lamentablemente no tendría la misma suerte con su padre.
Cuando Hilario regresa a Poitiers, Martin decide ir a su encuentro. De vuelta a la ciudad francesa, se dedicó a impulsar la construcción de un monasterio en Ligugé -el primero en construirse en Europa-. Allí vivió como monje durante una década bajo la dirección espiritual de Hilario, su preceptor espiritual. Este lo prepararía para el diaconado y el sacerdocio. Tras recibir el orden sacerdotal, Martin fue elegido obispo de la ciudad de Tours.
 
El episodio con Prisciliano
 
Como obispo, Martin se dedicó a la evangelización y a combatir la influencia pagana dentro de la Iglesia, en especial la producida por el gnosticismo. En ese propósito tuvo que enfrentar al obispo hispanorromano Prisciliano (inspirador de la doctrina herética de índole ascética conocida como priscilianismo, cercana al maniqueísmo).
 
Martin estuvo permanentemente en disputa con Prisciliano en el campo doctrinal, pero aún con eso, no dudó en mostrar su abierto rechazo al encarcelamiento y condena a muerte de Prisciliano, ordenadas por Magno Máximo, emperador romano, a consecuencia de las presiones políticas ejercidas por Idacio, obispo de Mérida.
 
Martín intercedió por Prisciliano ante el emperador, pero este no le hizo caso y se inclinó a favor de Idacio. Martín, golpeado por estos tristes sucesos, rompería todo vínculo con el obispo de Mérida hasta el epílogo de sus vidas, cuando se reconciliaron.
 
Últimas acciones pastorales
 
El obispo Martín fundó una comunidad denominada “Maius Monasterium” (monasterio mayor), también conocida como Marmoutier (Francia).
 
Además, en su afán evangelizador, dedicó los últimos 25 años de su vida a viajar por las regiones de Turena, Chartres, París, Autun, Sens y Vienne.​ La muerte lo encontró en Candes (actual Candes-Saint-Martin) en el año 397.
 
A rezar a la “capilla”
 
Tras su muerte, la media capa que había regalado alguna vez a aquel mendigo fue hallada y puesta en una urna, construyéndose un santuario pequeño para conservarla, uno que sirviera al mismo tiempo como lugar de culto.
 
Se cree que el uso del término “capilla” para designar a un templo pequeño proviene de la historia de San Martín. Como en latín “media capa” se dice “capilla”, la gente solía decir: “Vamos a orar donde está la capilla”, en alusión al santuario del santo. La costumbre devino en el uso, más corto y coloquial, de la expresión “vamos a la capilla”.
 
De esta forma, la palabra “capilla”, mediante su vulgarización, empezó a denotar cualquier edificación o espacio pequeño dedicado exclusivamente a la oración o la liturgia. Fue así, con este significado, como el término quedaría incorporado a muchas lenguas, incluyendo el castellano.
 
Patronazgos en Europa y América (el caso argentino)
 
San Martín es patrono de países como Francia y Hungría. También lo es de ciudades importantes como la capital de Argentina, Buenos Aires. En torno a este último patronazgo existe una bella historia.
La costumbre obligaba a los conquistadores españoles (siglo XVI) a consagrar todas las ciudades que fundaron a algún santo. La “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María de los Buenos Aires” no podría haber sido la excepción. Entonces, los fundadores decidieron barajar nombres y echarlo a suerte. Se confeccionaron las balotas marcadas con los nombres de los candidatos, y se determinó que la ciudad se pusiese bajo la protección del santo o santa que saliese sorteado.
 
Realizado el sorteo, podía leerse el siguiente nombre en la balota extraída: “San Martín de Tours”. Algunos se alegraron, mientras otros se mostraron disconformes por tratarse de un “santo francés”. Así que decidieron repetir el proceso dos veces más, y las dos veces siguientes volvió a salir el nombre del santo de Tours.
 
Los fundadores no presentaron más objeciones y aceptaron el resultado como voluntad divina. San Martín de Tours había sido elegido definitivamente patrono de la capital del Virreinato del Río de la Plata, hoy República Argentina. (ACIPrensa).

10 noviembre, 2025

San León Magno "El Grande", Pontífice y Doctor de la Iglesia

 San León Magno

10 de noviembre
San León Magno "El Grande"
Pontífice
 
Cada 10 de noviembre, la Iglesia Católica celebra a uno de los pontífices más importantes de la antigüedad cristiana, cuya influencia fue determinante en la consolidación de la autoridad espiritual de la Sede de Pedro frente al poder terreno: San León Magno (‘El Grande’), Doctor de la Iglesia. Fue el pontífice número 45, y gobernó la Iglesia entre los años 440 y 461 (siglo V).
 
San León Magno nació en Toscana (hoy parte de Italia), alrededor del año 390. Llegó a ser secretario de los Papas San Celestino (p. 422-432) y Sixto III (p. 432-440). Este último lo envió, en el año 440, como su representante en misión diplomática en la Galia (hoy Francia) con el objetivo de evitar el enfrentamiento entre dos autoridades imperiales: el jefe militar de la provincia, Aecio, y el tribuno consular de aquella región, Albino. Fue durante el cumplimiento de este encargo eclesial que León recibió la noticia de que había sido elegido Sumo Pontífice.
 
Servidor de la verdad y la vocación a la santidad
 
Como sucesor de Pedro, León destacó por ser un gran pastor, siempre atento a las necesidades de su grey. Fue un fervoroso predicador, famoso por sus homilías en las fechas litúrgicas especiales, además de un prolífico escritor. Sus cartas a los cristianos de las periferias de Occidente son un buen ejemplo de la habilidad de su pluma. Se conservan muchos de sus sermones y misivas, considerados auténticos tesoros doctrinales.
 
“El que ama a Dios se contenta con agradarlo, porque el mayor premio que podemos desear es el mismo amor; el amor, en efecto, viene de Dios, de tal manera que Dios mismo es el amor”, escribió el Papa León en uno de sus sermones. Para León la vida cristiana puede interpretarse como una invitación a arrebatar el premio más grande, que es Dios mismo; en consecuencia, la santidad debe ser el propósito natural de la vida, ya que no hay nada que se desee más que el amor verdadero.
 
Durante sus 21 años de pontificado (440 - 461), el santo trabajó incesantemente por la unidad e integridad de la Iglesia. Luchó contra algunas herejías muy peligrosas como el “nestorianismo”, que afirma que en Jesús hay dos personas de distinta naturaleza, una divina y otra humana; el “monofisismo”, que sostiene que en Cristo solo hay naturaleza divina; el “maniqueísmo”, que sostiene que el espíritu del hombre es de Dios y el cuerpo del demonio; y el “pelagianismo”, que sostiene que el pecado original no es tal y por lo tanto la redención se obtiene por mérito individual, sin necesidad de la gracia (con lo que la redención obrada por Cristo perdería su sentido).
 
Toda autoridad viene de Dios
 
La tradición señala al Papa León como un pontífice lúcido y sabio, cuya autoridad era reconocida por todos, incluso por quienes ostentaban algún poder secular. Esta noble consideración no es fruto del azar. La Iglesia Católica, desde su fundador, Jesucristo, ha mostrado con la palabra y la acción que la autoridad no es carta libre para el uso y abuso del poder, sino una puesta en servicio a todos los hombres.
Quien ostenta autoridad, como el Maestro, se pone de rodillas y le lava los pies a sus discípulos, o a quienes están bajo su mando (ver: Jn 13).
 
Concilio de Calcedonia: la naturaleza de Cristo
 
En un episodio memorable, acaecido durante el Concilio de Calcedonia (451), cuarto concilio ecuménico, los 600 obispos congregados en asamblea se pusieron de pie, en señal de adhesión, luego de haber escuchado la carta que San León les había dirigido (Carta dogmática a Flaviano, Tomus Leonis).
 
En ella, el Pontífice hacía referencia a la plena divinidad de Cristo y a su plena humanidad. Contra la herejía cristológica del momento, el Papa León afirmó la total consustancialidad de Cristo con el Padre, por su divinidad, y su total consustancialidad con nosotros, por su humanidad (unión hipostática). Ergo, Cristo no podía ser considerado menos que el Padre en el orden divino; ni menos, ni más, que cualquiera de los seres humanos. La cristología del Papa León se articulaba sobre la certeza de que en Cristo hay una sola persona “sin confusión ni división”.
 
La aclamación de la asamblea fue tal que muchos empezaron a decir que “San Pedro había hablado por boca de León”. Tal elogio se popularizó tanto entre los Padres conciliares que quedaron consignadas en la declaración dogmática del concilio.
 
La Iglesia, faro que ilumina la historia contra la barbarie: Atila y Genserico
 
Por otro lado, en tiempos del Papa León, la estructura del Imperio Romano de Occidente se hallaba resquebrajada, y se deterioraba con suma rapidez, siendo motivo de gran inestabilidad. El Papa León tuvo que cumplir en consecuencia un papel decisivo en el ordenamiento de la vida civil y política.
 
Cuando los hunos, liderados por Atila (395-453), habían ocupado el norte de la península itálica, la amenaza de la invasión y destrucción de Roma empezaron a sentirse como inminentes (año 451). Entonces, el Papa salió al encuentro del líder de los hunos, Atila, para disuadirlo de sus planes. Providencialmente el Pontífice logró convencerlo: Atila tomó la decisión de no entrar a Roma.
 
Así, el más temido de los bárbaros se replegó hacia Hungría, probablemente convencido de que una campaña contra Roma no podría ser afrontada con huestes golpeadas por carencias y enfermedades.
Años después, en 455, San León se vio obligado a negociar con otro feroz bárbaro, Genserico (389-477), jefe de los vándalos, y aunque no pudo evitar el saqueo de la capital del Imperio, logró que la Ciudad Eterna no fuese incendiada, ni sus habitantes masacrados.
 
Epílogo
 
San León I murió el 10 de noviembre de 461, ya con el apelativo de “Magno” (Magnus, El Grande) ganado por su amor al pueblo, en honor a su sabiduría y por su grandeza espiritual. Fue canonizado más de mil años después, en 1574.
 
“Las mismas divinas palabras de Cristo nos atestiguan cómo es la doctrina de Cristo, de modo que los que anhelan llegar a la bienaventuranza eterna puedan identificar los peldaños de esa dichosa subida” (San León Magno).
 
¡San León Magno, ruega por la Iglesia para que se mantenga siempre lejos de la confusión y cerca a la verdad que serviste! (ACI Prensa).

09 noviembre, 2025

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

 Puede ser una imagen de texto que dice ""Destruyan este templo Y el en tres días lo lo reconstruiré" Juan 2, 13-22"

Domingo 9 de Noviembre

DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN
 
Texto del Evangelio (Jn 2,13-22): Cuando se acercaba la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas en sus puestos. Haciendo un látigo con cuerdas, echó a todos fuera del Templo, con las ovejas y los bueyes; desparramó el dinero de los cambistas y les volcó las mesas; y dijo a los que vendían palomas: «Quitad esto de aquí. No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado». Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: El celo por tu Casa me devorará.
 
Los judíos entonces le replicaron diciéndole: «Qué señal nos muestras para obrar así?». Jesús les respondió: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Los judíos le contestaron: «Cuarenta y seis años se han tardado en construir este Santuario, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero Él hablaba del Santuario de su cuerpo. Cuando resucitó, pues, de entre los muertos, se acordaron sus discípulos de que había dicho eso, y creyeron en la Escritura y en las palabras que había dicho Jesús.
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«Destruid este templo y en tres días lo levantaré»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Rubí, Barcelona, España)
 
Hoy, en esta fiesta universal de la Iglesia, recordamos que aunque Dios no puede ser contenido entre las paredes de ningún edificio del mundo, desde muy antiguo el ser humano ha sentido la necesidad de reservar espacios que favorezcan el encuentro personal y comunitario con Dios. Al principio del cristianismo, los lugares de encuentro con Dios eran las casas particulares, en las que se reunían las comunidades para la oración y la fracción del pan. La comunidad reunida era —como también hoy es— el templo santo de Dios. Con el paso del tiempo, las comunidades fueron construyendo edificios dedicados a las reuniones litúrgicas, la predicación de la Palabra y la oración. Y así es como en el cristianismo, con el paso de la persecución a la libertad religiosa en el Imperio Romano, aparecieron las grandes basílicas, entre ellas San Juan de Letrán, la catedral de Roma.
 
San Juan de Letrán es el símbolo de la unidad de todas las Iglesias del mundo con la Iglesia de Roma, y por eso esta basílica ostenta el título de Iglesia principal y madre de todas las Iglesias. Su importancia es superior a la de la misma Basílica de San Pedro del Vaticano, pues en realidad ésta no es una catedral, sino un santuario edificado sobre la tumba de San Pedro y el lugar de residencia actual del Papa, que, como Obispo de Roma, tiene en la Basílica Lateranense su catedral.
 
Pero no podemos perder de vista que el verdadero lugar de encuentro del hombre con Dios, el auténtico templo, es Jesucristo. Por eso, Él tiene plena autoridad para purificar la casa de su Padre y pronunciar estas palabras: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré» (Jn 2,19). Gracias a la entrega de su vida por nosotros, Jesucristo ha hecho de los creyentes un templo vivo de Dios. Por esta razón, el mensaje cristiano nos recuerda que toda persona humana es sagrada, está habitada por Dios, y no podemos profanarla usándola como un medio.
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«Cuando recordemos la Consagración de un templo, pensemos en aquello que dijo san Pablo: ‘Cada uno de nosotros somos un templo del Espíritu Santo’. Ojalá conservemos nuestra alma bella y limpia, como le agrada a Dios que sean sus templos santos» (San Agustín)
 
«Hoy, fiesta de la Dedicación de la Basílica de San Juan de Letrán, recordemos que el Señor desea habitar en todos los corazones. Incluso si sucede que nos alejamos de Él, al Señor le bastan tres días para reconstruir su templo dentro de nosotros» (Francisco)
 
«Las Iglesias particulares son plenamente católicas gracias a la comunión con una de ellas: la Iglesia de Roma que preside en la caridad (…). El Señor hizo de san Pedro el fundamento visible de su Iglesia. Le dio las llaves de ella. El obispo de la Iglesia de Roma, sucesor de san Pedro, es la cabeza del Colegio de los Obispos, Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal en la tierra» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 834 y 936) (bigsplash.wordpress.com bitacoradelalma.blogspot.com).

06 noviembre, 2025

San Leonardo de Noblat, Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas

6 de noviembre
San Leonardo de Noblat
Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas 
 
Cada 6 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Leonardo de Noblat, patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas.
 
Leonardo nació en Galia (actual Francia), probablemente entre los años 491 y 518 (no hay mayor certeza al respecto), en el seno de una familia noble de origen franco, reconocida como tal por el Imperio romano. Se cree que murió hacia el año 545.
 
A veces también se le designa como ‘San Leonardo de Noblac’.
 
Conversión: caridad y justicia en las cárceles
 
Leonardo pertenecía a la corte de Clovis I (Clodoveo), gran unificador de los francos, iniciador de la dinastía Merovingia. Clodoveo y Leonardo se convirtieron al cristianismo durante la navidad de 496, gracias a la compañía e influencia de San Remigio, obispo de Reims, quien les mostró el camino de la caridad y la justicia verdadera.
 
Leonardo obtuvo de Clovis la autorización para encargarse de los prisioneros que estaban en las cárceles y devolver la libertad a aquellos que hubiesen cumplido un castigo proporcional a su falta, según lo establecido por la justicia. En aquellos tiempos, solía suceder que los prisioneros pasasen encerrados por periodos absurdos o exagerados, sea por su desproporcionalidad o porque simplemente nadie se acordaba más de ellos, y estos se resignaban a morir en las mazmorras. Eso, sin entrar en detalles con respecto a la crueldad de las condiciones de vida.
 
Leonardo se preocupó por devolverle la libertad a aquellos que estaban muy enfermos, a quienes ya habían cumplido una pena suficiente o a quienes habían sido víctimas de falsas o dudosas acusaciones. Sin proponérselo, el santo inauguró en Occidente lo que podría considerarse una nueva “mirada” al problema de las cárceles: más humana o más consciente de la dignidad incondicional de la persona, aun cuando esta purgue una pena por un delito.
 
Por esta razón, a San Leonardo se le considera patrono de los prisioneros y promotor del trato justo al que cumple una pena.
 
Renuncia al mundo y al reconocimiento
 
A Leonardo de Noblac se le ofreció el cargo de obispo, pero rechazó tal posibilidad. En su tiempo, era muy común que las familias nobles tuvieran como prerrogativa que uno de sus miembros fuese parte de la jerarquía eclesiástica. El rey Clodoveo había sido quien interpuso la oferta para Leonardo, pero él prefirió internarse en un monasterio, lejos del bullicio del mundo.
 
Primero ingresó al monasterio de Micy y posteriormente tomó una decisión drástica: se fue a vivir a los bosques de Limousine, Aquitania, a donde atrajo a muchos interesados en seguir sus enseñanzas y su ejemplo de vida santa. La mayoría de estos adoptaría el estilo de vida eremita.
 
La oración es más que útil: ¡salva vidas!
 
La tradición medieval conserva hermosas historias sobre San Leonardo. Una de ellas evoca su intervención cuando a la reina se le adelantaron los dolores de parto. Se temía lo peor, pero las oraciones y cercanía espiritual de San Leonardo contribuyeron a que la reina diese a luz sin contratiempos.
 
Debido a esto, Leonardo fue premiado con la posesión de unas tierras en Noblat, las que después cedería para la construcción de la abadía que hoy lleva su nombre: la abadía de San Leonardo de Noblat.
 
Epílogo devocional
 
Su devoción se extendió por Europa en los siglos posteriores gracias a los incontables milagros atribuidos a su intercesión, la mayoría de ellos vinculados a la liberación justa de prisioneros o a madres que invocaban su nombre en el difícil momento del parto.
 
San Leonardo de Noblat murió en el año 545. También se le considera patrono de la conservación del ganado, debido a su vínculo con la vida del campo y la vida pueblerina.
 
Hoy, cientos de iglesias y capillas llevan su nombre a lo largo de la Europa occidental, incluyendo la parte insular de Portugal y España.(ACI Prensa).

05 noviembre, 2025

Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús

San Zacarías y Santa Isabel

 

05 de noviembre

San Zacarías y Santa Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús  

Cada 5 de noviembre recordamos a Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús. “Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor”, nos recuerda San Lucas en su Evangelio (Lc 1, 6), dejando en claro que eran miembros fieles del pueblo de Israel, respetuosos de la Ley de Dios.

Esposos bendecidos

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La Iglesia Católica los recuerda y venera en virtud al lugar que ambos ocupan en la historia de la salvación. Para empezar, Zacarías e Isabel conforman la segunda pareja de santos esposos de los que da cuenta el Nuevo Testamento, a través de los cuales Dios deja en evidencia que para Él nada es imposible. Los primeros son evidentemente José y María, padres del Señor Jesús.

Según el relato de Lucas, Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal de Abías, mientras que Isabel era descendiente de Aarón. Ambos eran de edad avanzada y no habían podido tener hijos porque Isabel era estéril, algo que en el contexto hebreo de la época era motivo de marginación y causa de un dolor inmenso para los esposos.

Zacarías y el ángel

Cierto día, a Zacarías le tocó ingresar al Sancta Sanctorum (la parte más sagrada del tabernáculo y del templo de Jerusalén, al que solo accedían los sacerdotes), para ofrecer la oración. De pronto, un ángel se le apareció y le dijo que su esposa tendría un hijo, al que llamarían Juan. “Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto” (Lc 1, 17), continuó el ángel.

Zacarías de inmediato preguntó al ángel cómo podía estar seguro de lo que decía, si él y su esposa ya eran ancianos. A lo que este contestó: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva… Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo" (Lc 1, 19-20). Por haber dudado, Zacarías quedó mudo en el acto.

No mucho después, Isabel quedaría embarazada, de manera que la que habían llamado estéril, ahora exultaba de gozo y gratitud a Dios: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres” (Lc 1, 25).

La Visitación de María a Isabel

Luego de que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María, esta fue a casa de su prima Isabel con el deseo de ayudarla. Ella, al verla, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1, 42-45).

Cuando Juan nació, todos se alegraron en casa de Zacarías por la acción misericordiosa de Dios. El día de la circuncisión de Juan, los familiares de Zacarías pidieron que el recién nacido fuera llamado como su padre, de acuerdo a la costumbre hebrea.

Sin embargo, Isabel se opuso y dijo que se llamaría “Juan”, según lo había requerido Zacarías, quien imposibilitado de hablar, escribió el nombre que llevaría su hijo en una tablilla. Una vez hecho esto, Zacarías recuperó el habla al instante -tal y como el ángel había predicho- y pronunció su célebre cántico, incorporado por la Iglesia en la Liturgia de las Horas (específicamente en las Laudes, la oración de la mañana):

Cántico de Zacarías (Benedictus)

«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando su misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de los pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz».
(Lc 1, 68-79).

Una vida ejemplar

Muchas cosas más se podrían considerar en torno a los santos esposos Zacarías e Isabel, y, con toda certeza, extraer mayores frutos espirituales. Basta recordar, por ejemplo, la delicadeza espiritual de Isabel al recibir a Maria, haciéndose eco del gozo infinito de aquel que llevaba en el vientre. Juan, sin haber nacido, fue capaz de reconocer la presencia de Dios en la Persona del Verbo Encarnado, quien estaba justo frente a sí.

Zacarías e Isabel formaron y educaron a Juan con la conciencia de que eran una pareja a la que Dios había elegido y acompañado con paciencia. Por su parte, Juan, en el epílogo de su vida, daría prueba prístina de aquella fe que recibió de sus padres, de cuál era su linaje.

¡Zacarías e Isabel, rogad por las familias cristianas!(ACI Prensa).

04 noviembre, 2025

San Carlos Borromeo, Arzobispo de Milán

 Puede ser una imagen de texto que dice "San Carlos Borromeo Patrono personal de San Juan Pablo deSanJuanPablol H 4 de noviembre aciprensa.com"


04 de noviembre
San Carlos Borromeo
Arzobispo de Milán
 
Cada 4 de noviembre la Iglesia Católica celebra a San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán y personaje importantísimo de la contrarreforma católica del siglo XVI, junto al fundador de la Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola.
 
El Papa San Juan Pablo II el Grande le tenía un gran aprecio y devoción, y lo consideraba su santo patrono.
 
Pastor diligente y cuidadoso
 
San Carlos Borromeo nació en Milán, Italia, el 2 de octubre de 1538, en el seno de una familia noble. Estudió derecho civil y canónico en la Universidad de Pavía, donde se doctoró en 1559. Su tío fue Giovanni Medici, el Papa Pío IV (p.1559-1565), quien lo mandó llamar de Milán a Roma apenas graduado, para que lo asista en la administración de su pontificado. Pio IV lo ordenó diácono en 1560 y a partir de ese momento lo hizo ocupar altos cargos eclesiásticos en los que Carlos se desempeñó con eficiencia y pulcritud.
 
En 1561 Borromeo fue nombrado secretario de Estado y luego gobernador. También formó parte del Santo Oficio. Por órdenes del Papa, participó en la organización y desarrollo de la tercera sesión del Concilio de Trento (1545-1563) de 1562, haciendo una importante contribución desde la Secretaría de Estado del Vaticano. Independientemente de la parte organizativa, Borromeo participó en la reforma de los cánones arquitectónicos y artísticos de la Iglesia, haciendo sentir su influencia sobre algunos aspectos de la música sacra o litúrgica.
 
Como funcionario eclesial, se preocupó mucho por la formación de los sacerdotes. Destituyó a muchos presbíteros indignos y los reemplazó por personas que cumplían con las condiciones de honorabilidad y fidelidad a la Iglesia.
 
Su vida, en medio de todas estas responsabilidades dio un giro que terminaría en su asension al episcopado. El 17 de julio de 1563 fue ordenado sacerdote y en la víspera de la Inmaculada Concepción, en diciembre, recibió la ordenación episcopal. Once meses después (noviembre de 1564) sería creado cardenal cuando ya ocupaba hacía unos meses (desde mayo) la sede arzobispal de Milán. En este proceso de conversión y renovación espiritual profunda jugaron un papel muy importante los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, y, por supuesto, la compañía de sus buenos amigos jesuitas.
 
Complot para acabar con su vida
 
Por su diligencia y celo evangélico, de la misma manera como cosechó abundantes frutos para Dios, se hizo de peligrosos enemigos. Incluso, en alguna oportunidad, su vida corrió peligro, cuando un grupo de miembros de la Orden de los Humiliati -poseedora de monasterios, tierras y otras propiedades- intentaron desprestigiarlo ante el Papa. Los Humiliati fueron suprimidos posteriormente por bula papal en 1571.
 
Al no conseguir su cometido, tres priores de la mencionada Orden organizaron una conspiración para matarlo. Jerónimo Donati, sacerdote de los Humiliati, aceptó el encargo de darle muerte a cambio del pago de 20 monedas de oro.
 
Donati llegó a dispararle a Borromeo mientras rezaba en la capilla de su casa, pero providencialmente la bala no llegó a darle de lleno y solo quedó herido.
 
Servicio apostólico y epílogo de santidad
 
Durante la peste que se propagó en Milán, San Carlos se puso al cuidado de los enfermos. Fue el organizador del clero y las órdenes religiosas que salieron al encuentro de los contagiados, necesitados de asistencia médica y espiritual. Borromeo atendió personalmente a cientos de moribundos, y fue gestor de la ayuda económica a las víctimas y sus familias.
 
Borromeo fue amigo de mucha gente de bien y servidores de la Iglesia, algunos de ellos santos, como es el caso de San Francisco de Borja, San Felipe Neri, San Pío V, San Félix de Cantalicio, San Andrés Avelino, entre otros. Como un dato hermoso, se sabe que fue San Carlos Borromeo quien le dio la primera comunión a un adolescente San Luis Gonzaga.
 
Carlos Borromeo murió el 4 de noviembre de 1584. Durante los últimos años de su vida siguió dedicado a la implementación de las reformas establecidas en el Concilio de Trento. En esa tarea siempre había encontrado fuerte oposición, al punto de que fue acusado ante los tribunales eclesiásticos de Roma y Madrid.
 
A los 46 años, durante el retiro anual que realizaba en Monte Varallo, cayó enfermo; y el posterior viaje de retorno a Milán no hizo más que empeorar las cosas. Finalmente fue llamado a la presencia de Dios.
San Carlos Borromeo y San Juan Pablo II el Grande
 
San Juan Pablo II, en audiencia del 4 de noviembre de 1981, realizada meses después de sufrir aquel trágico atentado a manos del turco Ali Agca (13 de mayo de ese mismo año), resaltó ciertos detalles que lo asemejaban a San Carlos Borromeo y que, de hecho, lo unieron espiritualmente mucho a él.
 
El Papa empezó su discurso diciendo: “He aquí el papel que San Carlos realiza en mi vida y en la vida de todos los que llevan su nombre… ”. Se trataba de un primer detalle, relacionado precisamente con su nombre de pila: “Karol” [Wojtila] es “Carlos”. San Juan Pablo II había recibido de sus padres el nombre del santo en el bautismo.
 
Un segundo detalle los unió aún más: ambos habían sido víctimas de atentados contra sus vidas, y, claro está, habían sobrevivido milagrosamente. Así como se pretendió acabar de un disparo con la vida del arzobispo de Milán en el siglo XVI, el Papa Peregrino recibió cuatro disparos en el cuerpo en mayo de 1981. Ambos lograron sobrevivir a aquellas circunstancias, y aunque sus vidas corrieron serio peligro, tuvieron la gracia de una ‘segunda oportunidad’, una ‘segunda vida’.
 
Juan Pablo II se refería a esta experiencia así: “(Haber sobrevivido permite) mirar la vida de modo nuevo: esta vida (…) está unida a la memoria de mis padres y simultáneamente al misterio del bautismo, y al nombre de San Carlos Borromeo”.
 
El tercer detalle está en la relación de ambos santos con Concilios importantísimos. San Carlos Borromeo participó en el Concilio de Trento y San Juan Pablo II del Concilio Vaticano II. Al igual que su santo patrono, el Papa Peregrino también fue un gran difusor de las enseñanzas del concilio, trabajando por llevar a la práctica sus intuiciones.
 
Nota bene: más sobre Carlos Borromeo y Karol Wojtila
 
A lo reflexionado aquella vez por el Santo Padre, es posible añadir un par de datos más. A los dos los unió un profundo amor y respeto por los pobres y enfermos. Así como recordamos a Juan Pablo II visitando a los más necesitados, Borromeo asistió personalmente a muchos necesitados contagiados por la peste y proveyó de alimento a cientos de menesterosos.
 
Finalmente, es posible afirmar que tanto San Carlos Borromeo como San Juan Pablo II fueron personajes queridos de manera entrañable. Milán estuvo en vela la noche de la agonía de Borromeo, de la misma manera como el mundo entero estuvo en oración durante las últimas horas de vida de Juan Pablo II.
 
“Mirando mi vida en la perspectiva del bautismo, mirándola a través del ejemplo de San Carlos Borromeo, doy las gracias a todos los que hoy, en todo el período pasado, y continuamente, también ahora, me sostienen con la oración y a veces incluso con grandes sacrificios personales” (San Juan Pablo II).(ACI Prensa)