13 marzo, 2026

Santa Eufrasia de Constantinopla, Monja

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13 de marzo
Santa Eufrasia de Constantinopla
Monja 
 
Cada 13 de marzo, la Iglesia celebra a Santa Eufrasia de Constantinopla, monja del siglo IV, una de las figuras más importantes del monacato femenino de la antigüedad. Eufrasia es recordada como ejemplo de piedad, desprendimiento de las cosas de este mundo y caridad.
 
Protegida del emperador
 
Eufrasia fue hija de Antígono, senador de Constantinopla, emparentado con el emperador Teodosio I. Un año después del nacimiento de Eufrasia (ca. 380), Antígono murió, por lo que la pequeña y su madre quedaron bajo la protección de la casa imperial. El emperador se encargó personalmente del cuidado de ambas mujeres.
 
Cuando Eufrasia cumplió los 5 años, según la costumbre, Teodosio I decidió comprometerla en futuro matrimonio con el hijo de un rico senador romano. Mientras tanto, su madre, llamada también Eufrasia, iba fortaleciendo cada vez más con su fe cristiana, al punto que decidió dejar Constantinopla y trasladarse a Egipto con su hija. Eufrasia tendría unos 7 años cuando llegó a ese país al lado de su madre y tuvo su primer contacto con el movimiento espiritual encabezado por eremitas y los monjes de Tebaida.
 
Egipto era una tierra en la que florecía la espiritualidad cristiana, donde grandes santas y santos testimoniaban la grandeza de Dios. Allí, las dos mujeres empezaron a frecuentar el monasterio de Santa María, fundado por San Cirilo de Alejandría y Santa Sara, haciéndose cercanas a las monjas que lo habitaban y adoptando muchas de sus costumbres.
 
Brota una flor en el jardín de la santidad
 
En buena parte, por eso, la pequeña Eufrasia, empezó a sentirse cada vez más atraída por la vida religiosa y, cuando su madre murió, rogó a las monjas que le permitieran permanecer con ellas en el monasterio, tomando los hábitos de novicia a la edad de 8 años.
 
Al cumplir los doce, el emperador Arcadio quiso hacer valer la promesa que había hecho su padre y predecesor, Teodosio I, de manera que envió un mensaje al monasterio en el que estaba Eufrasia, pidiéndole que regresara a casarse con el senador al que fue prometida.
 
La santa se negó a abandonar el convento y escribió una carta al emperador suplicando que la dejara en libertad, a cambio de que vendiese todos los bienes heredados de sus padres y dejase libres a todos los esclavos de su casa. Eufrasia le pidió al emperador que repartiera lo obtenido entre los pobres. Finalmente, pese a oponerse a que se deshaga de su herencia, el emperador accedió a los deseos de Eufrasia.
 
La joven prosiguió con su vida en el monasterio, sobrellevando la disciplina y dificultades del día a día, afrontando también las tentaciones que la invitaban a mirar atrás o soñar con lo que hubiese sido de ella con los privilegios que le correspondían. Eufrasia combatió “el buen combate de la fe” con ayuda de la gracia divina, ejercitándose en la caridad, haciendo penitencia e invocando el nombre de Cristo.
En pie de lucha, levantando una ‘barricada espiritual’
 
Cuenta la tradición que la abadesa del convento, Sara, tuvo una visión en la que Cristo glorioso tomaba a Eufrasia por esposa en el paraíso. Y es que la santa vivía profundamente enamorada de Cristo, guardándose en fidelidad eterna a Él. Sin embargo, son numerosas las historias en las que Satanás tentó a la joven mientras trabajaba o ayunaba. Sara le había procurado una disciplina especial a la santa, entre ayunos y penitencias, acompañadas de oración.
 
Cuando Eufrasia estaba agobiada por las tentaciones tenía una estrategia: dedicarse a las labores sencillas u otra actividad que requería esfuerzo físico. A menudo llevaba piedras pesadas de un lugar a otro, a veces levantando montículos o a veces un muro o una cerca. Según la tradición, una oportunidad, lo hizo durante treinta días seguidos. 
 
La joven salió airosa de muchas batallas espirituales, costosas, áridas, agotadoras, pero de las que aprendió a sacar algún provecho. Cualquier cosa que sucediera podía ser siempre ocasión para aferrarse más al Señor y salir con el alma fortalecida. Entonces, el Señor, por su amor probado, le concedió el don de hacer milagros y echar malos espíritus.
 
La santa curó a muchos enfermos y liberó a muchos poseídos por el demonio. La tradición trae a colación historias como la del niño que no podía andar porque un espíritu maligno lo tenía paralizado, o la de una monja cuya alma había caído en manos del tentador. Santa Eufrasia fue quien libró a aquellos del poder del maligno.
 
Rumbo al cielo junto a sus hermanas
 
Cuando la santa tenía alrededor de 30 años, enfermó gravemente de fiebres, y en su lecho de muerte, tanto Julia, su compañera de celda, como Sara, la abadesa, le imploraron que les concediera la gracia de estar con ella algún día en el cielo.
 
Tres días después de la muerte de Eufrasia (13 de marzo de 410), Julia falleció y solo unos días después, aconteció lo mismo con la abadesa. Aquellas dos también fueron coronadas con los lauros de santidad: ellas fueron Santa Sara y Santa Julia.(ACI Prensa).

12 marzo, 2026

San Maximiliano, Mártir

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12 de marzo
San Maximiliano
Mártir
 
La "pasión" de San Maximiliano es uno de los más valiosos documentos del juicio y muerte de uno de los primeros mártires. 
 
Durante el consulado de Tuscus y Anulinus, comparecieron ante la corte Víctor y su hijo Maximiliano. El juez, al interrogar a Maximiliano sobe sus datos personales, éste le contestó que él era cristiano y que por lo tanto no podía servir como soldado. 
 
El juez volvió a insistir con amenazas de tortura y muerte, pero el santo se mantuvo firme en su adhesión a Jesús.
 
Maximiliano tenía 21 años cuando fue condenado a ser decapitado, sentencia que recibió con mucha alegría y alabanzas a Dios, para sorpresa de sus verdugos. 
 
De camino al sitio de la ejecución, habló a los cristianos: "Amados hermanos, apresúrense a alcanzar la visión de Dios y a merecer una corona como la mía". Al primer golpe lo decapitaron y una mujer llamada Pompeya obtuvo el cuerpo de Maximiliano y le dio cristiana sepultura. 
 
El padre del santo se fue a su casa regocijado, agradeciendo al Señor por permitirle enviar tal regalo al cielo. No tardó mucho en seguir a su hijo.(ACI Prensa).

11 marzo, 2026

Santos Trófimo y Talo de Laodicea, Mártires

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11 de marzo
Santos Trófimo y Talo de Laodicea
Mártires
 
Trofimo y Talo eran dos hermanos, naturales de Estratónica, detenidos, por ser cristianos, durante la persecución de Diocleciano. La detención se practicó en Laodicea, por orden directa del prefecto Asclepiano.
 
Se intentó lapidarlos, pero las piedras no llegaron a tocarlos; parecía)n estar protegidos por un escudo invisible que les hubiera enviado Dios. Sorprendido el prefecto por este prodigio, dejó libres a los mártires, pero de ahí a poco fueron de nuevo denunciados como cristianos y, como ellos hicieran pública profesión de su fe en Jesucristo, se les condenó a morir despedazados por los garfios. Los santos fueron atados a sendos caballetes y los verdugos comenzaron a arrancar trozos de sus cuerpos.
 
En medio de los tormentos, no hacían sino rezar y burlarse de los paganos, de modo que el prefecto ordenó que los crucificaran.
 
Los fieles empaparon lienzos en la sangre que corría de sus heridas y, cuando por fin expiraron, recogieron los cuerpos y les dieron piadosa sepultura en la iglesia de Laodicea, de donde, más tarde, fueron trasladados a Estratónica.

10 marzo, 2026

Santos 40 Mártires de Sebaste

 

¡Oh!, Santos Mártires de Sebaste; vosotros sois
los hijos del Dios de la Vida, sus amados santos
y aquellos que, servíais a terrenas potestades.
Licino, cruel emperador romano un decreto emitió
en el que, se ordenaba la pena de muerte para todo
cristiano que no sea capaz de renegar de su fe.
Pero, vosotros valientes soldados de la Legión
“Fulminata”, conversos al cristianismo, hicisteis
saber al gobernador de Sebaste, que vosotros no
ofreceríais incienso a ningún ídolo pagano y que,
os mantendríais fieles a Jesucristo, a quien
reconocíais como único Dios, y por propia voluntad,
escogisteis poneros en sus manos y abrazaros a su
Cruz, cosa que nada gustó a vuestros verdugos

condenándoos a que murieseis de frío, expuestos
a las bajísimas temperaturas del crudo invierno
aquella región. Y, todos vosotros cantabais felices
el Salmo Noventa: “Al que se declara en mi favor
lo defenderé, lo glorificaré y con él estaré en
la tribulación”. A voz en cuello gritabais: «Por
esta noche de hielo conseguiremos el día sin
fin de la gloria en la eternidad feliz» Entonces,
de pronto la cárcel se iluminó y oísteis que el
mismo Cristo os animaba a sufrir con valentía y
coraje vuestra prueba. Cuando os desnudasteis
para entrar en las frías aguas, uno de vosotros
exclamó: “Al quitarnos las ropas, nos despojamos
del hombre viejo; el invierno es duro, pero el
paraíso es dulce; el frío es fortísimo, pero la
gloria será más agradable”. Y, uno a uno, todos
vosotros elevados fuisteis al cielo, para recibir
corona de luz como premio justo, por vuestro amor
¡Oh!, Santos Mártires de Sebaste, «vivos corazones
para el Dios de la Vida y del Amor. !Aleluya!».

© 2026 by Luis Ernesto Chacón Delgado


 

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10 de Marzo

Santos 40 Mártires de Sebaste

“Al quitarnos las ropas, nos despojamos del hombre viejo; el invierno es duro, pero el paraíso es dulce; el frío es fortísimo, pero la gloria será más agradable”. 

 «Por esta noche de hielo conseguiremos el día sin fin de la gloria en la eternidad feliz», repetían aquellos hombres de Sebaste, convocados al altar del martirio, para animarse unos a otros mientras eran obligados a permanecer dentro de las aguas de un lago congelado.

Hacia el año 320, El emperador Licino emitió un decreto en el que se ordenaba la pena de muerte para todo cristiano que no sea capaz de renegar de su fe. Un grupo de valientes soldados, conversos al cristianismo, hizo saber al gobernador de Sebaste (entonces capital de la provincia de Armenia Menor, en Turquía) que ellos no ofrecerían incienso a ningún ídolo y que se mantendrían fieles a Jesucristo, a quien reconocían como único Dios.

El gobernador, entonces, los tomó prisioneros y los encerró en un calabozo oscuro. Mientras permanecían en sus celdas, un hecho milagroso ocurrió: el lugar, habitualmente oscuro y lúgubre, se iluminó y se escuchó una voz que los animaba a sufrir con valentía. Esa voz era la de Nuestro Señor, manifestándose para darles la fuerza necesaria.

Los hombres del gobernador los ataron y los sacaron de aquel lugar y los condujeron hacia un lago cercano, que por efecto del crudo invierno, lucía una capa gruesa de hielo que lo cubría casi por completo.

Cuando se vieron obligados a desnudarse para entrar en las frías aguas, uno de ellos exclamó: “Al quitarnos las ropas, nos despojamos del hombre viejo; el invierno es duro, pero el paraíso es dulce; el frío es fortísimo, pero la gloria será más agradable”.

Muy cerca del lago había un estanque con agua tibia esperando por aquel que quisiera desanimarse. Resultó que uno de ellos abandonó al grupo y fue conducido al estanque de agua caliente. Aquel hombre murió en el acto cuando tocó las tibias aguas.

La tradición añade que cuarenta ángeles bajaron del cielo, cada uno portando una corona, para colocarlas en las cabezas de los hombres que estaban por entregar la vida. Sin embargo, uno de ellos quedó solo, sin encontrar a quién darle el sagrado premio: era el ángel de la guarda del desertor. En ese momento, un guardia, al ver que los mártires seguían rezando y cantando himnos, gritó: “Yo también creo en Cristo” y se introdujo por sus propios medios en las aguas congeladas. En ese momento, aquel converso pudo ver al ángel del que había desertado que se dirigía hacia él, con la corona del martirio.

Mientras tanto, la soldadesca insistía con el más joven entre los cuarenta para que se desanime. Entre quienes presenciaban la escena estaba la madre de aquel jovencito. Ella lo instó a permanecer fiel y a no perder el ánimo. Al amanecer, los mártires que lograron sobrevivir fueron sacados de las aguas, les rompieron las piernas y los dejaron morir. Entre los sobrevivientes estuvo aquel jovencito, quien terminó muriendo en los brazos de su madre. Cuando todo terminó, el comandante del ejército imperial mandó que los cuerpos fueran quemados.

Los cristianos en Oriente celebran a los cuarenta mártires el 9 de marzo, mientras que en Occidente lo hacemos el día décimo del mes. Esta celebración coincide con los días de Cuaresma, y puede ayudarnos a profundizar en el camino de la fe, que es camino de amor, entrega y sacrificio.

Así como esos mártires, a inicios del S. XX (1915 – 1923), muchos hombres, mujeres y niños padecieron por su fe en las mismas tierras, hoy pertenecientes a Turquía, cuando se produjo el genocidio contra los armenios, pueblo masacrado también por su fe cristiana, a manos del imperio turco (imperio otomano).

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-celebra-a-los-40-martires-de-sebaste-sostenidos-por-la-fe-de-una-madre-55320)

08 marzo, 2026

III DOMINGO DE CUARESMA

 Puede ser una imagen de texto que dice "Tercer Domingo de Cuaresma 2026 "Si conocieras eldond el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirias a él, y él te daría agua viva" Jn Jn4,10 10 aciprensa.com"

08 de marzo
III DOMINGO DE CUARESMA 
 
“Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed”.
Hoy, 8 de marzo, la Iglesia Católica celebra el III Domingo de Cuaresma. La lectura del Evangelio de hoy está tomada del Evangelio de Juan capítulo 4, versículos del 5 al 42 (Juan 4, 5-42).
 
Jesús, al llegar cansado a un pozo en Sicar, Samaria, pidió agua a una mujer samaritana, quien muestra su sorpresa pues el pedido venía de un judío. En su diálogo, Jesús le habló del “agua viva” que sacia “para siempre”, a diferencia del agua que sale del pozo. El Señor, además, se presenta como profeta al revelarle que sabe “que no tiene marido”. Luego, le explica que la verdadera adoración no depende de un lugar, sino de hacerlo en espíritu y verdad: “Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre” —dice Jesús. La mujer, que ya se dio cuenta de que tiene enfrente a alguien único, habla de la llegada del Mesías y Jesús se revela como tal. Ella, conmovida, regresa al pueblo tras el encuentro y da testimonio. Gracias a ello, muchos samaritanos creyeron en Jesús.
 
En la línea de la “escucha” a la que el Papa León XIV se refiere en su Mensaje para la Cuaresma 2026 (tema del que nos ocupamos el domingo anterior), hoy cabe subrayar la delicadeza con la que Jesús puede ir hasta lo más profundo del corazón y desde allí transformarnos, haciéndonos pasar del vacío a la plenitud si “bebemos” su Palabra. El Papa dice que Dios es “un Dios que nos atrae”, alguien “que nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su [nuestro] corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad”.
 
La samaritana quedó impactada en lo profundo por las Palabras de Cristo y eso la impulsó a anunciarlo entre los suyos. Solo si prestamos atención a lo que Él nos quiere decir, seremos capaces de entender nuestra propia realidad – Jesús le reveló a la mujer que era una mujer en pecado – así como entender la realidad que nos rodea – “Las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta” –.
 
Jesús sabe que somos pecadores, ciertamente, pero nos mira con esperanza. Sabe que podemos ser transformados y compartir la alegría del encuentro con Él.
 
A continuación presentamos la lectura del Evangelio correspondiente al III Domingo de Cuaresma (Ciclo A).
 
Evangelio del día
Juan 4, 5-42
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
 
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.
 
La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
 
La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla”. Él le dijo: “Ve a llamar a tu marido y vuelve”. La mujer le contestó: “No tengo marido”. Jesús le dijo: “Tienes razón en decir: ‘No tengo marido’. Has tenido cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad”.
 
La mujer le dijo: “Señor, ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”. Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
 
La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.
 
En esto llegaron los discípulos y se sorprendieron de que estuviera conversando con una mujer; sin embargo, ninguno le dijo: ‘¿Qué le preguntas o de qué hablas con ella?’ Entonces la mujer dejó su cántaro, se fue al pueblo y comenzó a decir a la gente: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será éste el Mesías?” Salieron del pueblo y se pusieron en camino hacia donde él estaba.
 
Mientras tanto, sus discípulos le insistían: “Maestro, come”. Él les dijo: “Yo tengo por comida un alimento que ustedes no conocen”. Los discípulos comentaban entre sí: “¿Le habrá traído alguien de comer?” Jesús les dijo: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. ¿Acaso no dicen ustedes que todavía faltan cuatro meses para la siega? Pues bien, yo les digo: Levanten los ojos y contemplen los campos, que ya están dorados para la siega. Ya el segador recibe su jornal y almacena frutos para la vida eterna. De este modo se alegran por igual el sembrador y el segador. Aquí se cumple el dicho: ‘Uno es el que siembra y otro el que cosecha’. Yo los envié a cosechar lo que no habían trabajado. Otros trabajaron y ustedes recogieron su fruto”.
 
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.
 
O bien: 
 
Juan 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42
 
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria, llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José. Ahí estaba el pozo de Jacob. Jesús, que venía cansado del camino, se sentó sin más en el brocal del pozo. Era cerca del mediodía.
 
Entonces llegó una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús le dijo: “Dame de beber”. (Sus discípulos habían ido al pueblo a comprar comida). La samaritana le contestó: “¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?” (Porque los judíos no tratan a los samaritanos). Jesús le dijo: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva”.
 
La mujer le respondió: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua y el pozo es profundo, ¿cómo vas a darme agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del que bebieron él, sus hijos y sus ganados?” Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed. Pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más tendrá sed; el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial capaz de dar la vida eterna”.
 
La mujer le dijo: “Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed ni tenga que venir hasta aquí a sacarla. Ya veo que eres profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte y ustedes dicen que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén”.
 
Jesús le dijo: “Créeme, mujer, que se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adorarán al Padre. Ustedes adoran lo que no conocen; nosotros adoramos lo que conocemos. Porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, y ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así es como el Padre quiere que se le dé culto. Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y en verdad”.
 
La mujer le dijo: “Ya sé que va a venir el Mesías (es decir, Cristo). Cuando venga, él nos dará razón de todo”. Jesús le dijo: “Soy yo, el que habla contigo”.
 
Muchos samaritanos de aquel poblado creyeron en Jesús por el testimonio de la mujer: ‘Me dijo todo lo que he hecho’. Cuando los samaritanos llegaron a donde él estaba, le rogaban que se quedara con ellos, y se quedó allí dos días. Muchos más creyeron en él al oír su palabra. Y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú nos has contado, pues nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es, de veras, el salvador del mundo”.(ACI Prensa).

06 marzo, 2026

Santa María de la Providencia Fundadora

 Santa María de la Providencia, fundadora

06 de marzo
Santa María de la Providencia
Fundadora
 
Se llama "Divina Providencia" al cuidado amoroso que Dios tiene de cada uno de nosotros. Su nombre era María Eugenia Smet. Y nació en Lila, Francia, en marzo de 1825. Sus estudios los hizo interna en un colegio de religiosas; y allí adquirió una sólida formación religiosa, cuyas características principales fueron una confianza total en la Divina Providencia, un gran amor y devoción por las benditas almas del purgatorio, y una fuerte inclinación hacia la vida religiosa.
 
Al volver a su casa después de terminar sus estudios de bachillerato se propuso estar siempre ocupada y ayudar en lo más posible a los pobres. Cada día cocinaba una enorme olla de sopa y la repartía entre los más indigentes. Y a los que no podían salir de su casa por estar enfermos, les llevaba alimentos a sus propios hogares. Le encantaba ayudar a barrer y adornar los templos.
 
Cuando ya llevaba 7 años dedicada a estas obras, un día asistió a un retiro predicado por un misionero y salió llena de entusiasmo por las Misiones. En adelante se dedicó a recoger ayudas para los misioneros y a hacer rifas para conseguir dinero para las misiones. Los misioneros se quedaban admirados de las cantidades de ayudas que esta joven les conseguía.
 
A los 27 años, con permiso del confesor, hizo voto de castidad.
 
En 1855, por consejo del Santo Cura de Ars y de otros santos sacerdotes, se unió con otras jóvenes piadosas en París y fundó la comunidad de las "Auxiliadoras de las Almas del Purgatorio". María era terca y no le gustaba hacer mucho caso de los consejos de sus directores. Por ello los capellanes de su comunidad no duraban sino muy poco tiempo y la Comunidad no lograba progresar. Pero Dios le concedió el remedio que necesitaba. Le envió un sabio Padre Jesuita que con diplomacia pero con energía fue logrando que la hermana María le hiciera caso y siguiera sus consejos. Ella, que era tan dominante, ahora tenía frente a sí a uno de su talla. Al fin un día le confesó claramente: ¡Padre, Ud. ha logrado dominar mi altanería y mi terquedad! El sacerdote le respondió: "Quiera el cielo que de ahora en adelante lo que Ud. busque sea hacer siempre no lo que sus impulsos y sus caprichos le aconsejen, sino lo que más le parezca que es la voluntad de Dios".
 
Otro día ella le decía al santo jesuita: "Padre, estoy totalmente disgustada de mí misma y del modo como me comporto". Y él le respondió: "Me alegra que no esté contenta de cómo es y de su modo de comportarse. Si estuviera contenta, eso sería una mala señal".
 
El Padre jesuita les redactó las Reglas o Constituciones de la nueva comunidad, las cuales fueron adoptadas, y aceptadas en 1859, y en aquel mismo años, 28 señoritas, ante el Arzobispo de París, juraron cumplir las Reglas de la nueva Congregación. La fundadora se llamó en adelante Madre María de la Providencia.
 
Cuando se desanimaba, le decía su director espiritual: "Usted es una preferida de la Divina Providencia. Si después de todas las maravillas que la Divina Providencia ha hecho en su favor, todavía desconfiara de las ayudas de Dios, esto sería una verdadera infidelidad. Confíe en Dios y vencerá".
 
Fundó casas de su Comunidad en varios sitios de Francia y envió a sus religiosas como misioneras a China.
 
a Divina Providencia permitió que le llegara un dolorosísimo cáncer que la atormentó por bastante tiempo, y que la obligaba frecuentemente a guardar quietud (lo cual le servía para crecer mucho en santidad por medio de la oración y la meditación).
 
En 1871, devorada por el cáncer, murió santamente. Y su rostro, que poco antes de la muerte estaba crispado por los terribles dolores, recobró al morir una muy agradable presencia.
 
Sus religiosas tienen 119 casas en el mundo con 1,100 religiosas, y se dedican a la pastoral de la salud y a la pastoral social.
 
Que como esta santa fundadora, también nosotros logremos dominar nuestros impulsos, nuestras inclinaciones, y dejarnos guiar por las luces e inspiraciones de quienes nos quieren guiar hacia la santidad.(ACI Prensa).

05 marzo, 2026

San Adrián, mártir Patrono de los Soldados, carniceros e intercesor contra las plagas

 

5 de marzo
San Adrián, mártir
Patrono de los Soldados, carniceros e intercesor contra las plagas 
 
Cada 5 de marzo, la Iglesia celebra a San Adrián mártir, víctima de la última y más terrible de las persecuciones que padecieron los cristianos de la antigüedad, promovida por el emperador Diocleciano.
De acuerdo a la tradición, Adrián se enamoró de una joven cristiana de nombre Natalia, con quien contrajo matrimonio.
 
Perseguidor
 
San Adrián, cuyo nombre romano fue Adriano de Nicomedia, nació en Constantinopla (Imperio romano de Oriente) a finales del siglo III (ca. 278). Se cree que fue hijo del césar Marco Aurelio Probo y, como muchos jóvenes pertenecientes a la nobleza, integró el ejército imperial.
 
Adriano fue parte de la guardia del emperador Galerio y antes de su conversión había sido perseguidor de cristianos, primero bajo el mando de Maximiano y después bajo Galerio.
 
La sangre de los mártires
 
En una ocasión, en cumplimiento de su deber, Adriano presenció el juicio organizado contra un grupo de veintidós cristianos, finalmente condenados a ser torturados y ejecutados. La serenidad, la paz y el valor con los que estos hombres afrontaron el dolor y la muerte produjeron un impacto tremendo en su corazón. Tras aquella experiencia el joven soldado decidió convertirse al cristianismo. Bautizado, Adriano contrajo matrimonio con una joven de nombre Natalia, quien como él también alcanzaría la santidad.
 
Lo que vendría después fue un camino marcado por la práctica de la caridad y una experiencia de libertad que jamás pudo alcanzar ni con las riquezas o el honor que solían recibir los militares. Se sabe, no obstante, que aquellos dones y virtudes se perfeccionaron en la prueba: Adriano sería denunciado por su fe y sometido a terribles tormentos después de ser apresado junto a algunos compañeros, con los que se dirigía a Cesarea a anunciar a Cristo.
 
A Adriano le tocó comparecer ante el gobernador de Palestina, Firmiliano, quien lo mandó azotar con garfios de hierro para después arrojarlo a las fieras, claro está, por no haber aceptado la oferta de dejarlo en libertad si renegaba de su fe. Rechazado el indigno ofrecimiento, Adriano solo podía esperarle la muerte.
 
El amor de Natalia
 
San Adrián logró sobrevivir a los ataques de un león, razón por la cual se decidió degollarlo. Su ejecución se produjo alrededor del año 309, en la antigua ciudad de Nicomedia, reino de Bitinia (actual territorio de Turquía). Su esposa, Santa Natalia, lo acompañó en la hora de la prueba, dándole ánimo y consuelo.
 
En algunos lugares su fiesta se celebra el 8 de septiembre, día que corresponde al traslado de sus restos a la antigua iglesia -posteriormente desacralizada- de San Adriano en el Foro, en la ciudad de Roma (Italia).(Catholic.net)