07 mayo, 2026

Beata Sor María de San José, primera beata de Venezuela

 

07 de mayo
Beata Sor María de San José
primera beata de Venezuela
 
Hoy celebramos a la primera beata nacida en Venezuela, Sor María de San José. Ella fue una dedicada religiosa, cofundadora de la Congregación de las Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús y su primera superiora general.
 
Las Hermanas Agustinas Recoletas se dedican al cuidado de adultos mayores en estado de abandono, personas sin recursos económicos, niños de la calle y enfermos en general; para el cumplimiento de su tarea cuentan con albergues y hospitales.
 
Laura Alvarado Cardozo, conocida como la Madre María de San José, o, simplemente, la Madre María, nació el 25 de abril de 1875 en el pueblo de Choroní (Venezuela). Fue bautizada en octubre de ese mismo año recibiendo el nombre de Laura Evangelista.
 
Consagrada a amar y servir
 
Cuando tenía 5 años toda la familia se mudó a la ciudad de Maracay, capital del estado de Aragua, en la región central del país. El 8 de diciembre de 1888, día de la Inmaculada Concepción, Laura hizo la Primera Comunión y prometió al Señor, de forma privada, que se mantendría virgen a perpetuidad. En ese momento tenía solo 13 años.
 
Unos años más tarde, a los 18, Laura empezó a ser la encargada de la preparación para la Primera Comunión en su parroquia. Era 1893 y la joven, con la compañía espiritual del sacerdote y párroco de Maracay, P. Justo Vicente López Aveledo, se convirtió en cofundadora de la Sociedad de las Hijas de María. Laura integraba el grupo inicial de voluntarias y hace sus primeros votos a los 22 años. Por ese entonces, el P. López inaugura el primer hospital de la ciudad, el Hospital San José, donde la beata se dedica al cuidado de los enfermos. A punto de cumplir los 24 años, en 1899, Laura recibe del P. López un encargo importantísimo: ser la directora y administradora del Hospital San José.
 
Los frutos de la caridad y la oración
 
Para 1901 el P. Vicente López, con la mente puesta en el crecimiento de esta obra que Dios había suscitado, funda la congregación de las ‘Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús’, Orden aprobada por San Pio X, a la que Laura se integra el 22 de enero de 1901. La joven se consagra como hermana hospitalaria agustina y adopta el nombre de ‘Sor María de San José’. Dos años más tarde, en 1903, la ‘Madre Laura’ se convertía en la primera superiora de la congregación.
 
En los años sucesivos, las agustinas recoletas se dedican con esfuerzo y tenacidad a trabajar por y con los más débiles. Se fundan asilos, orfanatos, casas maternas, hospitales y colegios. Y como si esto fuera poco, las hermanas agustinas recoletas llegaron a abrir hasta 35 casas a lo largo y ancho del territorio venezolano.
 
La Madre María se ocuparía de servir a su comunidad religiosa y sus obras apostólicas por muchos años, viviendo y trasladándose por distintas partes de Venezuela como Maracaibo, Caracas, Coro, Ciudad Bolívar, la mayoría de las veces laborando como directora en centros de salud u hospitales, pero siempre en contacto directo con los que sufren.
 
A la etapa inmediatamente posterior a la fundación de la Orden pertenece la creación del Instituto Agustiniano Casa Hogar ‘Doctor Gualdrón’, a la que seguiría la fundación de la que sería la Unidad Educativa (U.E.) Instituto ‘Madre María’ en 1945. Tras la muerte de la Madre, dicho Instituto fue cedido a la Arquidiócesis de Barquisimeto.
 
La Madre María de San José falleció el 2 de abril de 1967 en su querida Maracay. Sus restos reposan en la Capilla de las Hermanas Agustinas de la Casa Hogar ‘Inmaculada Concepción’ de su ciudad, donde la Madre vivió la mayor parte de su vida.
 
Una profecía y el milagro
 
En 1982 ocurrió el milagro por el que la Madre María sería beatificada. Se trata de la curación de la Hermana Teresa Silva, quien había quedado inválida a causa de una penosa enfermedad. La Madre le había profetizado su curación años antes de morir.
 
El 7 de mayo de 1995, el Papa San Juan Pablo II proclamó ‘beata’ a la Madre María. En la ceremonia de beatificación, el Santo Padre dijo: "La Madre María es una mujer que supo fundir de manera admirable oración y acción (...) consumándose en un amor ilimitado hacia Dios y en la práctica de la más genuina caridad hacia el prójimo".(ACI Prensa).

06 mayo, 2026

Santo Domingo Savio, Discípulo de San Juan Bosco

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06 de abril
Santo Domingo Savio
Discípulo de San Juan Bosco
 
Cada 6 de mayo la Iglesia Católica celebra a Santo Domingo Savio (Domenico Savio) (1842-1857), el pequeño discípulo de San Juan Bosco en el Oratorio de San Francisco de Sales.
 
Domingo, dada su madurez espiritual, se hizo santo precozmente; el único que, sin haber padecido el martirio, ha llegado a los altares con sólo catorce años.
 
¡Quién no quiere ser feliz!
 
“¡Quiero ser santo!”, exclamaba Domingo cada vez que se le presentaba una buena oportunidad para esforzarse. Esta era su alegre forma de dirigirse a Dios, ofreciéndole amorosamente cada instante de su vida.
 
Este jovencito italiano es el santo patrono de los niños que integran los coros de las iglesias, y de todos aquellos que participan en el ministerio de la música. También lo es de las embarazadas, en virtud a un encargo recibido de la Virgen María y que cumplió con el patrocinio de su preceptor, San Juan Bosco.
 
El Oratorio de San Francisco de Sales y la Compañía de María
 
Domingo Savio nació en San Giovanni da Riva, Piamonte (Italia), en 1842. Desde muy pequeño se sintió llamado al sacerdocio y, apenas conoció a Don Bosco, en octubre de 1854, le pidió ingresar al Oratorio de San Francisco de Sales en Turín.
 
Allí organizó un grupo de amigos devotos llamado la “Compañía de la Inmaculada”, para la que escribió un “reglamento” que San Juan Bosco aprobaría haciéndole mínimas modificaciones.
Junto a sus compañeros de la ‘Compañía’ frecuentaba los sacramentos, rezaba el Rosario, ayudaba en los quehaceres domésticos y cuidaba de los niños más difíciles. Era de los que mantenía siempre el espíritu alegre; un niño como cualquier otro, que le gustaba jugar y estudiar, pero que tenía una disposición interior única: quería hacerle las cosas fáciles a Jesús, evitando cualquier cosa que pudiera empañar la amistad que tenía con Él.
 
Don Bosco
 
El primer biógrafo de Santo Domingo Savio fue el propio San Juan Bosco. El fundador de los salesianos quería conservar por escrito la vida aleccionadora y llena de amor del pequeño Domingo. Impulsado por ese deseo, se animó a escribir una biografía del pequeño. Se dice que después de haberla concluido, la releía con cierta frecuencia. Y cada vez que lo hacía, las lágrimas terminaban rodando por sus mejillas.
 
En aquella Vita (biografía), intitulada Vida del jovencito Domingo Savio, alumno del Oratorio de San Francisco de Sales (1859), Don Bosco no solo relató aquellos pasajes de la vida de Domingo que revelaban su madurez para las cosas de Dios, sino también esos momentos en los que se gastaba bromas con los amigos o arrancaba sonrisas. Quedaron también plasmadas las imágenes que permanecerían para siempre en la memoria del sacerdote, como las varias ocasiones en las que vio a Domingo arrobado después de recibir la Eucaristía o hincado de rodillas rezando en la capilla.
 
En la Vita del Giovanetto Savio Domenico [Vida del jovencito Domingo Savio] se describe un episodio singular.
 
Cierto día, Don Bosco encontró a Domingo en el coro del templo. Dijo el santo: «Voy a ver, y hallo a Domingo que hablaba y luego callaba, como si diese lugar a contestación; entre otras cosas entendí claramente estas palabras: “Sí, Dios mío, os lo he dicho y os lo vuelvo a repetir: os amo y quiero seguir amándoos hasta la muerte. Si veis que he de ofenderos, mandadme la muerte; sí, antes morir que pecar”». Cuando Don Bosco le preguntó qué hacía en esos momentos, Domingo le contestó: “Es que a veces me asaltan tales distracciones que me hacen perder el hilo de mi oración, y me parece ver cosas tan bellas que se me pasan las horas en un instante”».
 
Intercesor de las mujeres en estado de buena esperanza
 
Durante el proceso de investigación llevado a cabo para su canonización, la hermana de Domingo, Teresa, narró que cierta vez el pequeño santo se presentó ante Don Bosco y le pidió permiso para ir a casa de su familia. Don Bosco le preguntó el motivo y el joven le contestó: “Mi madre está muy delicada y la Virgen la quiere curar”.
 
Entonces, el sacerdote le preguntó quién le había hecho llegar tales noticias, a lo que Domingo contestó que nadie, pero que él lo sabía con certeza. Don Bosco, que ya conocía de los sorprendentes dones del chiquillo, le concedió el permiso y le dio dinero para el viaje.
 
El 12 de septiembre de 1856, cuando el muchacho llegó a ver a su madre en Mondonio, se percató de que estaba embarazada, pero que sufría de fuertes dolores. Domingo, acto seguido, la abrazó fuertemente, la besó y se sentó junto a ella para oírla. La madre le pidió que fuera inmediatamente con unos vecinos. Domingo, por supuesto, obedeció.
 
Al rato llegó el doctor y después de examinarla vio que la mujer estaba repuesta y lucía sana. Mientras el médico y algunas vecinas preparaban todo para que la madre diera a luz, quedó al descubierto alrededor del cuello de la mujer una cinta verde que estaba unida a una seda doblada y cosida como un escapulario. Era el presente que Domingo le había dado como signo de que la Virgen sería su compañía. Sin mayores contratiempos, ese día nació su hermana Catalina.
 
Después, Domingo le pediría a su madre que conservara el escapulario y que lo prestase a las mujeres del pueblo cada vez que lo necesitaran. Así se hizo; y muchas de ellas obtuvieron gracias particulares por haber tenido puesto el escapulario de la Virgen.
 
“Prefiero morir antes que pecar” (Domingo Savio)
 
No pasaron muchos días hasta que Domingo Savio emprendió el retorno hacia el oratorio salesiano. Lamentablemente, no permanecería allí por mucho tiempo más. Su salud se resquebrajó al punto que los médicos se convencieron de que no sobreviviría. Aparentemente estaba desarrollando una pulmonía.
Savio tuvo que despedirse de Don Bosco y sus compañeros y volver a su casa en Mondonio. Antes de morir, con su último aliento, alcanzó a decir: “¡Qué cosa tan hermosa veo!”; ¡bendita visión del cielo!
Santo Domingo Savio partió a la Casa del Padre el 9 de marzo de 1857, a los catorce años de edad.(ACI Prensa). 
 

05 mayo, 2026

San Ángel, Mártir Carmelita

 

05 de mayo
San Ángel
Mártir Carmelita
 
Martirologio Romano: En Licata, de Sicilia, en Italia, santo Ángel, presbítero, carmelita y mártir. (1225)
Etimológicamente: Ángel = Aquel que es portador de un mensaje, es de origen griego.
Nació en Jerusalén, en el seno de una familia de judíos conversos.
 
A la temprana muerte de su hermano gemelo, San Ángel decide ingresar a la Orden Carmelita, y es admitido en el monasterio en el Monte Carmelo, en Palestina.
 
En el siglo trece, los Carmelitas pasaron de ser una orden contemplativa a ser una orden de mendicantes; recordemos que era el siglo de la revolución espiritual de San Francisco de Asís y de Santo Domingo de Guzmán.
 
San Ángel es enviado eventualmente a Roma, para llevar un mensaje al papa Honorio III. A continuación recibe la encomienda de dirigirse a Sicilia, para ayudar a predicar contra la herejía de los cátaros, que habían tomado control de la isla.
 
Sin embargo, a poco de haber desembarcado en Sicilia, San Ángel fue asesinado a traición con cinco puñaladas por la espalda, ordenadas por el líder de los herejes. En el sitio donde murió se edificó una iglesia, y su sepulcro se convirtió muy pronto en sitio de peregrinación.
 
La Orden Carmelita venera a San Ángel como santo por lo menos desde 1456. En 1459, el papa Pío II aprobó su culto.(Catholic.net).

04 mayo, 2026

Beata Sandra Sabattini "El Ángel de la Caridad”

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4 de mayo
Beata Sandra Sabattini
"El Ángel de la Caridad”
 
Cada 4 de mayo se conmemora a la Beata Sandra Sabattini, universitaria italiana que perteneció a la Comunidad Papa Juan XXIII y que fuera beatificada en octubre del año 2021, en una ceremonia presidida por el entonces prefecto de la Congregación (hoy Dicasterio) para las Causas de los Santos, Cardenal Marcello Semeraro.
 
El Cardenal Semeraro llamó a Sabattini ‘artista de la caridad’. Y es que eso fue Sandra: una chica con un ingenio y una creatividad muy especiales, condiciones que puso al servicio de quienes llamaba ‘los últimos’: los pobres y vulnerables, aquellos que son en realidad “primeros” para Dios.
 
Una familia católica como cualquier otra
 
Sandra Sabattini nació el 19 de agosto de 1961 en Riccione, Rimini (Italia), siendo la primera de dos hijos del matrimonio de don Giuseppe Sabattini y doña Agnese Bonini, ambos piadosos católicos. Hoy, su hermano, Raffaele Sabattini, trabaja como médico en el Hospital Ceccarini en Riccione.
 
Sandra vivió sus primeros años en la casa parroquial de San Girolamo donde su tío, que era el párroco, había acogido a su familia después de que esta se mudara desde el Misano Adriatico.
 
Dios no abandona a nadie
 
En 1972, la pequeña Sandra empezó a escribir un diario espiritual, donde plasmaba sus pensamientos inspirados en el amor a Dios, que iba creciendo rápidamente en su interior. Al año siguiente conoció al Siervo de Dios Oreste Benzi, fundador de la Comunidad Papa Juan XXIII, en una de las reuniones organizadas por su tío en la parroquia.
 
En el verano de 1974, animada por la Comunidad, participó en un programa de ayuda a personas discapacitadas. Aquella experiencia la transformó, la llenó de entusiasmo y la llevó a exclamar esas palabras inspiradas que hoy la identifican: “Nos hemos roto los huesos, pero son personas a las que nunca abandonaré”.
 
Aquellas no fueron palabras que se las llevó el viento. Hacia 1980, la joven empezó sus estudios en la facultad de medicina de la Universidad de Bolonia; ella quería hacer de su profesión un canal por el que pudiese llegar el amor de Dios a los abandonados.
 
Luego vendrían dos veranos más (1982-1983) en los que Sandra estuvo comprometida con su Comunidad en la asistencia y acompañamiento a personas con adicciones a las drogas. Fueron días en los que se levantaba de madrugada para orar frente al Santísimo Sacramento y luego asistir a la Eucaristía. Su espíritu juvenil la llevó también a participar de un coro y a aprender algo de piano.
 
Una novia en el cielo
 
Con 20 años, en medio de las fiestas de carnaval, conoció a Guido Rossi, quien poco después sería su novio. La amistad entre ambos y el amor a Cristo que compartían llenaron de sueños sus corazones: planeaban casarse, formar una familia santa y embarcarse en la aventura de las misiones médicas en África.
 
Lamentablemente esos sueños no se concretaron. El 29 de abril de 1984, Sandra Sabatinni sufrió un grave accidente automovilístico: en el momento preciso en el que descendía del auto en el que estaba fue embestida por un vehículo que venía en sentido contrario; Sandra se disponía a asistir a un encuentro de la Comunidad Papa Juan XXIII. Esa mañana la acompañaban Guido, su novio, y Elio, uno de sus amigos, que también resultó herido. Sandra quedó en coma y murió unos días después, el 2 de mayo, a los 22 años.
 
Cada minuto cuenta para amar
 
La Beata Sandra Sabatinni ha sido definida como ‘santa de lo cotidiano’. No hubo “grandes acontecimientos” que hayan rodeado su vida, a no ser que la grandeza se mida por el amor entregado. En una oración escrita en 1982, la beata escribió: "Señor, haz que cada acción mía esté determinada por el hecho de querer el bien de los jóvenes, cada minuto es una ocasión de amor que hay que aprovechar". Su biógrafa, Laila Lucci, destacó ese aspecto de Sandra en su extensa obra intitulada La santa de al lado; donde subraya que lo extraordinario está en hacer de la propia vida algo lleno de sentido, porque a cada instante se puede amar y amar.
 
El 6 de marzo de 2018, el Papa Francisco aprobó el decreto que reconoció las virtudes heroicas de Sandra Sabattini. El 24 octubre de 2021 se celebró la ceremonia de beatificación. Ese día se realizó la procesión de una reliquia de la nueva beata, llevada al altar por Stefano Vitali, expresidente de la Comunidad de Rimini, curado milagrosamente de una grave enfermedad por intercesión de Sabattini. La reliquia fue un poco de cabello guardado por quien fuera su novio, Guido, colocado en una cajita de dulces que la propia Sandra alguna vez decoró.(ACI Prensa).

17 abril, 2026

Beata Mariana de Jesús, mística mercedaria y copatrona de Madrid

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17 de abril
Beata Mariana de Jesús, mística mercedaria y 
copatrona de Madrid (España).
 
Su vida estuvo inicialmente marcada por la incomprensión y la hostilidad de su familia, aunque también por los abundantes consuelos que Dios y la Virgen le alcanzaron. Suele decirse que al cumplir los 33 años, el mismo Jesús la ciñó con una corona espiritual de espinas, queriéndola hacer partícipe de su Pasión.
 
Tomada de la mano del Señor
 
María Ana de Jesús Navarro nació en Madrid en 1565, en el seno de una familia noble. Cuando tenía nueve años, murió su madre y, poco tiempo después, su padre se volvió a casar. Su madrastra, lamentablemente, resultó ser una mujer insensible y cruel.
 
El dolor que siente una niña que extraña a su madre suele ser muy grande, como difícil la relación que surge cuando una madrastra maltrata a una hija adoptiva. Ambas cosas impulsaron a Mariana a acogerse al Señor en busca de fuerza y consuelo. Tomada de la mano de Cristo, la joven fue descubriendo que el amor es más grande que todas las vicisitudes o miserias humanas. En el crisol de esa experiencia se sintió llamada por Dios a su servicio.
 
Consagrada a su Merced
 
Aún muy joven, la beata hizo un voto perpetuo de virginidad en privado. Lamentablemente fue su padre quien, en primer lugar, se opuso a tal compromiso. Y es que este había decidido otro camino para su hija: la había comprometido a casarse con un joven perteneciente a una familia acomodada.
 
Ningún esfuerzo de Mariana para librarse del arreglo pareció dar resultado. Ni siquiera el haberse rapado el cabello con el propósito de suscitar el rechazo del pretendiente.
 
Fue tal la ira de su padre y su esposa que un día arremetieron contra ella, la golpearon y la llenaron de insultos. Desde entonces no se sintió más a gusto con ellos. En 1598 dejó el hogar paterno de manera definitiva y emprendió un camino distinto, con dirección a la consagración religiosa. Gracias a Dios contó con la ayuda espiritual del reformador de los mercedarios, Fray Juan Bautista del Santísimo Sacramento.
 
Experiencias místicas y caridad
 
La Beata Mariana entonces se apartó del mundo para encontrarse plenamente con Jesús. Comenzó a vivir como penitente en la ermita de Santa Bárbara, cerca al convento de los mercedarios descalzos. En su celda llegaría a dedicarse -por años- a la oración, la penitencia y la ayuda a los menesterosos. Posteriormente sería admitida en la Tercera Orden de la Merced y recibiría el hábito de terciaria. En 1614 hizo su profesión perpetua.
 
Para ese tiempo, Mariana empezó a experimentar éxtasis en la oración y a tener visiones particulares concedidas por Dios.
 
Rápidamente los habitantes de Madrid, puestos al tanto de aquellos sucesos, comenzaron con las habladurías, pero ella se mantuvo al margen, tanto de los halagos como de las diatribas. Por otro lado, sus superiores y las autoridades eclesiásticas le mandaron escribir el contenido de sus experiencias místicas.
 
Una mujer con los dolores de la Pasión
 
Uno de los relatos más conocidos es el episodio en el que, estando en éxtasis, Jesús le pidió experimentar algo de su martirio; a lo que ella asintió, y pudo sentir en carne propia los dolores de la crucifixión. Mientras eso sucedía, sus compañeras vieron cómo ella, extendida sobre su lecho, estiraba las extremidades y se quedaba rígida por largo tiempo.
 
También se dice que Mariana pasaba horas conversando con la Virgen María sobre los misterios de la fe cristiana. Por este tipo de hechos y por su caridad a la vista de todos, Mariana se ganó varios sobrenombres de parte de sus coetáneos: "Tesoro de la ciudad", "Estrella de Madrid" y "Beata del Pueblo", le decían.
 
Estrella de Madrid
 
El 17 de abril de 1624, a los 59 años de edad, Mariana de Jesús partió a la Casa del Padre en el convento mercedario de Santa Bárbara, víctima de una enfermedad pulmonar.
 
En 1783, el Papa Pío VI la proclamó beata. Y, por petición de los madrileños, fue declarada copatrona de la ciudad junto a San Isidro Labrador.
 
Su cuerpo se mantiene incorrupto hasta hoy y suele ser expuesto el día de su fiesta, a pesar de que su rostro fue dañado cuando, luego de morir, le pusieron una mascarilla mortuoria de manera inadecuada. (ACI Prensa).

16 abril, 2026

Santa Bernardette Soubirous, Mística y religiosa francesa

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16 de abril
Santa Bernardette Soubirous
Mística y religiosa francesa
 
Cada 16 de abril, la Iglesia Católica celebra a Santa Bernadette Soubirous (María-Bernarda Sobirós), más conocida como Santa Bernardita de Lourdes, mística y religiosa francesa, vidente de las apariciones marianas de Lourdes.
 
“Sí, Madre querida, tú te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña… Tú, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de más humilde según el mundo" (Santa Bernardita).
 
Bernardita nació en Lourdes (Francia), el 7 de enero de 1844, en el seno de una familia muy pobre. Su padre era un sencillo molinero y eventualmente se dedicaba al recojo de basura; mientras que su madre se dedicaba a las labores del hogar y hacía trabajos de costura esporádicamente. Bernardita fue la mayor de nueve hermanos.
 
Al ser bautizada, la santa recibió el nombre de Marie-Bernard (María Bernarda), pero tanto sus familiares como sus amigos empezaron a llamarla con el diminutivo “Bernardette” (Bernardita) como expresión de cariño.
 
Las difíciles condiciones económicas por las que atravesaba la familia Soubirous obligaron a sus miembros a permanecer la mayor parte del tiempo trabajando en el campo, por lo que la pequeña Bernardette quedó a cargo de una nodriza. Una vez que creció y podía valerse mínimamente por sí misma, también fue enviada a pastorear ovejas -era muy común que los niños en la campiña francesa, dadas las carencias de la época, tuviesen que trabajar desde muy pequeños-.
 
El sueño más hermoso: recibir la Primera Comunión
 
A Bernardette se le hacía muy difícil el trabajo, no porque no quisiera ayudar a su familia, sino porque le impedía prepararse para recibir la Primera Comunión -algo que se había convertido, a su pesar, en una suerte de “sueño inalcanzable”-: era la única niña del pueblo con casi 14 años que no había recibido aún la Eucaristía. En parte, que la hubiesen dejado así se debía a que era muy buena pastora y por eso la forzaban a permanecer más tiempo con las ovejas.
 
Sin embargo, llegó el momento en que Bernardette ya no quiso esperar más. Sentía que su vida espiritual no debía ser postergada más tiempo, más aún cuando su corazón deseaba ardientemente recibir a Cristo en la Eucaristía y llevarlo en el pecho. Entonces, pidió a sus padres retornar a casa y recibir la debida preparación para su Primera Comunión, largamente postergada. Sus padres aceptaron y la jovencita empezó la catequesis con incomparable entusiasmo.
 
María es la Inmaculada Concepción
 
El 11 de febrero de 1858 se produjo la primera aparición de la Virgen. En casa de los Soubirous se había terminado la leña y Bernadette se ofreció para recoger un poco en los alrededores, junto a Toinette y Juana Abadie, dos de sus hermanas. Las tres niñas caminaron hasta Masse-Vieille. De pronto, Bernadette oyó un fuerte rumor del viento, sin que nada raro pudiera divisarse alrededor. Luego se produjo un segundo ventarrón, y, entonces, dirigiendo la mirada hacia la pequeña gruta que estaba cerca, divisó la figura de una mujer joven en el interior. Era la Virgen María.
Esa sería la primera de dieciocho apariciones consecutivas, cuya decimosexta quizás sea la más célebre gracias al auspicioso contenido de su revelación: la Virgen María se presentaba a sí misma como la “Inmaculada Concepción”.
 
Fueron seis meses de apariciones consecutivas, de dolores y alegrías, en los que Bernadette recibió numerosas revelaciones de la Virgen María en la pequeña gruta de Masse-Vieille (Massabielle).
 
Al fin con Jesús en el corazón
 
Bernardita hizo su Primera Comunión el 3 de junio de 1858, día del Corpus Christi. Habían pasado varias semanas desde la primera vez que vio a la Madre de Dios y sentía que Ella había hecho posible que su sueño se hiciera realidad.
 
No obstante, la cercanía con la Madre de Dios no le ahorró ni dolores ni tribulaciones: igual que muchos otros santos, Bernardita sería blanco de incomprensiones y burlas. Su salud tampoco le jugó a favor: padecía de dolores en los huesos, vómitos, asma crónica, tuberculosis, problemas gástricos, abscesos en los oídos y, al final, un tumor en una rodilla.
 
Parecía el cumplimiento -a cabalidad- de lo que la Virgen le dijo en uno de sus encuentros: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo”.
 
“Habitaré en la casa del Señor durante días sin fin” (Sal 23, 6)
 
En 1860 las Hermanas de la Caridad de Nevers, le ofrecieron asilo a Bernardita. Con ellas, la jovencita finalmente tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir. Abrazó la vida religiosa y pidió ser aceptada en el hospicio de la Orden. A los 22 años ingresó al noviciado, mientras su salud iba en declive. El día de su profesión, el 30 de octubre de 1867, su voz estaba prácticamente extinta y tuvo que dar su consentimiento mediante gestos. Un año más tarde, hizo sus votos perpetuos.
 
Sus padecimientos continuaron los años siguientes. Al final quedó postrada por un tumor que le apareció en una de sus rodillas y que le hacía imposible caminar.
 
A los dolores físicos le acompañaron los del alma. Tuvo que soportar mil veces la arremetida de un mar de tentaciones; a veces la asaltaban las dudas sobre si Dios la había abandonado o si finalmente llegaría siquiera a salvarse. Con todo, Bernardita perseveró dirigiendo todos sus esfuerzos a aferrarse a la Madre de Dios, y dejarse guiar por Ella.
 
“Penitencia, penitencia y penitencia”
 
El 16 de abril de 1879, en el marco de la Semana Santa, Bernardita pidió a sus hermanas religiosas que rezaran juntas el Rosario. Durante la oración la santa entregó su último aliento, adornada por su serena sonrisa, de esas que siempre regaló cuando estaba en presencia de María. De acuerdo al testimonio de quienes la acompañaron en el momento del tránsito, la santa alcanzó a decir: “Santa María, Madre de Dios, ruega por mí, pobre pecadora… pecadora”. Esas fueron sus últimas palabras.
 
Hoy, su cuerpo permanece incorrupto en la capilla que le ha sido dedicada en Nevers (Francia), ciudad donde falleció. (ACI Prensa)

15 abril, 2026

San Telmo, Patrono de los navegantes y marineros

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Cada 15 de abril la Iglesia celebra a San Pedro González Termo, conocido popularmente como San Telmo (1190-1246), sacerdote español que iniciara su carrera eclesiástica como canónigo en su natal Palencia, y después pasaría a ser miembro de la Orden de Predicadores (dominicos).

“Salvado” por la tradición de la Iglesia

San Telmo es considerado patrono de los marineros, aunque no ha recibido dicho título formalmente. Es curioso que tampoco se haya llamado “Telmo” -lo que ha suscitado algunas confusiones de carácter histórico-. Al parecer el nombre con el que se hizo conocido a lo largo de la historia es una alteración de su apellido materno.

San Telmo ‘el confesor’ fue beatificado en 1254 por el Papa Inocencio IV, y ostenta la condición de ‘santo’ de manera excepcional gracias a la intervención del Papa Benedicto XIV, quien, el 13 de diciembre de 1741, aprobó su culto de manera universal por la vía de la ‘equipollens canonizatio’ [canonización equivalente]. Es decir, en el caso de Telmo, el Papa decidió omitir el proceso tradicional que se sigue para declarar a alguien como ‘santo’. Esto sólo puede ocurrir cuando la veneración de un siervo de Dios proviene desde muy antiguo y se ha mantenido de manera constante a través de los siglos.

Buscando la gloria de este mundo, encontró los tesoros que encierra la humildad

Pedro González nació el 9 de marzo de 1190, en el seno de una prestigiosa familia. Fue natural de Frómista, Palencia (España), donde su tío Tello Téllez de Meneses ocupaba la sede episcopal. El obispo lo favoreció enviándolo a los ‘Estudios Generales’ de la ciudad, nombre con el que se conocía a la Universidad de Palencia. Después lo hizo canónigo y le otorgó el título honorífico de deán -título eclesiástico que suele otorgarse a los canónigos de mayor edad-. Obviamente, “Telmo” no cumplía en ese momento con ese requisito por lo que pasó ante los ojos de todos por el engreído del obispo.

Con lo que sí cumplía, si es posible decirlo así, era con la habilidad de la elocuencia y una inteligencia por encima del promedio. En los Estudios Generales, Telmo había demostrado claramente su talento para la retórica cristiana u homilética.

Había que levantarse del lodo

No obstante, Dios tiene sus caminos y estos no suelen coincidir con los nuestros. Cuenta la historia que Telmo se presentó para recibir el cargo de deán excesivamente animoso, elegante y montado a caballo. Grande fue su vergüenza cuando el caballo se tropezó y él acabó en el suelo cubierto de fango, apabullado por las carcajadas y burlas de los pueblerinos. Este hecho fortuito y del que otros podrían haberse recuperado fácilmente, a Telmo le golpeó el amor propio. Tras un periodo corto de reflexión tomó un rumbo inesperado: pidió ser admitido en la Orden de Predicadores e ingresar en el monasterio que el mismo Santo Domingo de Guzman había fundado en Palencia.

Fray Pedro fue nombrado capellán militar. Le tocó acompañar a las huestes de Fernando III de Castilla, apodado ‘el santo’, quien reconoció en él su habilidad oratoria y su compromiso espiritual con los soldados. Fernando III -unificador de los reinos de Castilla y de León- lo convocó a su corte y lo nombró su confesor (de ahí que se ganara el epíteto del ‘Confesor’).

Como confesor del rey, lo animó a limitar el poder e influencia de los andalusíes -los árabes invasores de la península ibérica- y por eso se mantuvo cerca de él durante la campaña de conquista de Córdoba y Sevilla. En ambas ciudades San Telmo consagró antiguas mezquitas y las convirtió en templos católicos.

Galicia, el mar y el camino de Santiago

San Telmo dejaría la corte del rey al final de esta campaña y tomaría rumbo hacia Asturias y Galicia (norte de Portugal). Es de esta época de donde proviene la mayoría de historias sobre milagros concedidos por intercesión del santo. Muchos también se convirtieron por su testimonio de humildad, de cercanía con los pobres y de amor al Señor. Sobre el fraile se dice esto en el Martirologio romano:

«En Tuy, de Galicia, en España, beato Pedro González, llamado vulgarmente “Telmo”, presbítero de la Orden de Predicadores, que trató de ser tan humilde como antes había deseado la gloria, entregándose a ayudar a los más humildes, sobre todo a marineros y pescadores (1246)».

Conocida es la simpatía del santo por los hombres de mar. Con todo, el Señor quiso que sirviera a su Orden en calidad de prior, servicio que realizó en el monasterio de Guimarães, (Portugal).

Al final de su vida, pasando los sesenta años se retiró a Tuy (Galicia). Murió tras caer enfermo en la Pascua de 1246, mientras iba como peregrino a la tumba del apóstol Santiago, el célebre ‘camino de Santiago’.

San Telmo y el Papa Francisco

Tras siglos de espera, la historia de este santo podría dar un giro sorprendente. En el año 2016, la Diócesis de Tuy-Vigo ha iniciado el proceso formal para la canonización de Pedro González, “San Telmo”. Sus devotos de Tuy, Oporto y Frómista se han unido para solicitar oficialmente su canonización al Papa Francisco, quien fuera hace muchos años obispo del barrio de San Telmo, ubicado en Buenos Aires, Argentina.