11 junio, 2011

San Bernabé Apóstol



Oh, San Bernabé, Apóstol, vos sois
el hijo del Dios del la vida, aquél
que honor hizo, al significado de
de vuestro nombre: “el que anima y
entusiasma”, y el de “el esforzado”.
Vuestra vida entregasteis unida a
la de San Pablo Apóstol; con quien
incesantemente trabajasteis, con
valor y con audacia las Escrituras
Santas expandiendo. Dicen de vos:
“Bernabé era un hombre bueno,
lleno de fe y del Espíritu Santo”,
y esa llenura y fe, os permitió obrar
bajo Aquél poder y fe, por los valles
y cañadas, los mares y los montes,
de noche y de día, con hambre y sed,
injuriado y perseguido, de muerte
amenazado, pero siempre con la fe
puesta en Aquél, en quien todo lo
podíais y vos lo podéis certificar,
porque hoy gozáis de las alegrías
plenas del cielo, luciendo corona
de luz, por vuestros méritos y fe;
Oh, San Bernabé, santo Apóstol.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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11 de junio
San Bernabé Apóstol
Siglo I

Reflexión

¿Qué me enseñará la vida de San Bernabé? ¿A compartir mis bienes con los pobres? ¿A tratar de descubrir las aptitudes que otros tienen para el apostolado y a ayudarles a emplearlas bien? ¿A dedicar mi vida a propagar nuestra santa religión? El Espíritu Santo me ilumine.

La historia de San Bernabé está escrita en el libro de Los Hechos de los apóstoles, en la S. Biblia. Antes se llamaba José, pero los apóstoles le cambiaron su nombre por el de Bernabé, que significa “el esforzado”, “el que anima y entusiasma”. Era judío, de la tribu de Leví, pero nació en la isla de Chipre. Se hizo muy popular en la primitiva Iglesia porque vendió las fincas que tenía y luego llevó el dinero que obtuvo y se lo dio a los apóstoles para que lo repartieran a los pobres.

Un mérito formidable de San Bernabé es el haber descubierto el gran valor que había en aquel recién convertido que se llamaba Saulo y que más tarde se llamaría San Pablo. Cuando después de su conversión Saulo llegó a Jerusalén, los cristianos sospechaban de él y se le alejaban, pero entonces Bernabé lo tomó de la mano y lo presentó a los apóstoles y se los recomendó. Y el será el que lo encaminará después a emprender sus primeras grandes labores apostólicas.

La S. Biblia, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hace de Bernabé unos elogios que es difícil encontrarlos respecto de otros personajes. Dice así: “Bernabé era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo” (Hechos 11, 24). Cuando Saulo o San Pablo tuvo que salir huyendo de Jerusalén porque los judíos trataban de asesinarlo, se fue a su ciudad de Tarso, y allá se quedó un tiempo. Mientras tanto en la ciudad de Antioquía había sucedido algo muy especial.

Al principio los discípulos de Jesús solamente predicaban el Evangelio a los israelitas, pero de pronto algunos empezaron a enseñar las doctrinas cristianas a los paganos en Antioquía, y resultó que aquellas gentes respondieron de una manera admirable y se convirtieron por centenares. Al saber esta noticia, los apóstoles lo enviaron desde Jerusalén a que se informara de lo que allí estaba sucediendo y les llevara noticias. Bernabé se quedó encantado del fervor de aquellos paganos convertidos y estuvo con ellos por un buen tiempo animándolos y acabando de instruirlos. En aquella ciudad fue donde por primera vez se llamó “cristianos” a los seguidores de Cristo.

Entonces se le ocurrió a Bernabé la feliz idea de dirigirse a Tarso a invitar a Saulo a que se le uniera en el apostolado en Antioquía y éste aceptó con gusto. Desde entonces Bernabé y Saulo trabajaban asociados ayudándose en todo el uno al otro, y obteniendo resonantes triunfos. Por todo un año predicaron en Antioquía, cuidad que se convirtió en el gran centro de evangelización, del cual fueron saliendo misioneros a evangelizar a diversos lugares.

Por aquel tiempo hubo una gran hambre en Jerusalén y sus alrededores y los cristianos de Antioquía hicieron una colecta y la enviaron a los apóstoles por medio de Bernabé y Saulo. Ellos al volver a Jerusalén se trajeron a Marcos (el futuro San Marcos evangelista) que era familiar de Bernabé. Venía a ayudarles en la evangelización.

Un día mientras los cristianos de Antioquía estaban en oración, el Espíritu Santo habló por medio de algunos de ellos que eran profetas y dijo: “Separen a Bernabé y Saulo, que los tengo destinados a una misión especial”. Los cristianos rezaron por ellos, les impusieron las manos, y los dos, acompañados de Marcos, después de orar y ayunar, partieron para su primer viaje misionero.

En Chipre, la isla donde había nacido San Bernabé, encontraron muy buena aceptación a su predicación, y lograron convertir al cristianismo nada menos que al mismo gobernador, que se llamaba Sergio Pablo. En honor a esta notable conversión, Saulo se cambió su nombre por el de Pablo. Y Bernabé tuvo la gran alegría de que su tierra natal aceptara la religión de Jesucristo.

Luego emprendieron su primer viaje misionero por las ciudades y naciones del Asia Menor. En la otra ciudad de Antioquía (de Pisidia) al ver que los judíos no querían atender su predicación, Bernabé y Pablo declararon que de ahora en adelante les predicarían a los paganos, a los no israelitas, con lo cual los paganos sintieron una inmensa alegría al saber que la nueva religión no los despreciaba a ellos sino que más bien los prefería. Allí en Iconio estuvieron a punto de ser apedreados por una revolución tramada por los judíos y tuvieron que salir huyendo. Pero dejaron una buena cantidad de convertidos y confirmaron sus enseñanzas con formidables señales y prodigios que Dios obraba por medio de estos dos santos apóstoles.

En la ciudad de Listra, al llegar curaron milagrosamente a un paralítico y entonces la gente creyó que ellos eran dos dioses. A Bernabé por ser alto y majestuoso le decían que era el dios Zeus y a Pablo por la facilidad con la que hablaba lo llamaban el dios Mercurio. Y ya les iban a ofrecer un toro en sacrificio, cuando ellos les declararon que no eran tales dioses, sino unos simples mortales. Luego llegaron unos judíos de Iconio y promovieron un tumulto y apedrearon a Pablo y cuando lo creyeron muerto se fueron, pero él se levantó luego y curado instantáneamente entró otra vez en la ciudad. Después de todo esto Bernabé y Pablo se devolvieron ciudad por ciudad donde habían estado evangelizando y se dedicaron a animar a los nuevos cristianos y les recordaban que “es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios” (Hechos 14, 22).

Al llegar a Antioquía se encontraron con que los cristianos estaban divididos en dos partidos: unos (dirigidos por los antiguos judíos) decían que para salvarse había que circuncidarse y cumplir todos los detalles de las leyes de Moisés. Otros decían que no, que basta cumplir las leyes principales. Bernabé y Pablo se pusieron del lado de los que decían que no había que circuncidarse, y como la discusión se ponía acalorada, los de Antioquía enviaron a Jerusalén una embajada para que consultara con los apóstoles. La embajada estaba presidida por Bernabé y Pablo. Los apóstoles reunieron un concilio y le dieron la razón a Bernabé y Pablo y luego pasaron horas muy emocionantes oyéndoles contar las formidables aventuras de sus viajes misioneros.

Volvieron a Antioquía y dispusieron organizar un segundo viaje misionero. Pero Bernabé quería llevar como ayudante a su primo Marcos, y Pablo se oponía, porque Marcos les había abandonado en la mitad del viaje anterior (por miedo a tantas dificultades). Y así fue que se separaron y Bernabé se fue a acabar de evangelizar en su isla de Chipre y San Pablo se fue a su segundo viaje. Más tarde se encontraron otra vez como amigos misionando en Corinto (1 Cor. 9,6).





10 junio, 2011

Beata Ana María Taigi


Oh, Beata Ana María Taigi;
vos sois la hija del Dios de
la vida, y glorioso de madre
ejemplo, que realidad hizo
aquél adagio viejo que reza:
“Es la paciencia, la mejor
penitencia”. Y, como no iba
a serlo, porque os sometisteis
en alma y cuerpo, a dolores,
penitencias y sacrificios, con
amor, valor y temor de Dios, en
silencio y admirable paciencia,
y, nada cambió dentro de vos,
pues siempre humilde erais y
Dios, os premiaba a cada nada,
con prodigios grandes. Vidente
y consejera de ricos y pobres.
Anunciasteis vuestro final y los
peligros y males que asolarían
a Nuestra Santa Madre Iglesia.
Entregasteis vuestra vida por
Cristo y, Dios Padre, os coronó
con justicia, con corona de luz;
oh, Beata Ana María Taigi, Santa.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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10 de junio
Beata Ana María Taigi

Petición: Ana María; te pedimos bendiciones para todas las madres de familia. Que; de tal manera brille vuestro buen ejemplo, que los demás al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios (Jesucristo).

Durante el siglo XIX una de las mujeres más populares y de mayor fama de santidad en Roma, fue Ana María Taigi, una sirvienta, esposa de un obrero. Nació en 1729 en Siena (Italia). Su padre quedó en la más absoluta pobreza y se fue a vivir a Roma. La pusieron unos meses en la escuela, pero luego llegó una epidemia de viruela y cerraron la escuela. Ella medio aprendió a leer, pero no aprendió a escribir. Apenas medio garabateaba su firma y nada más.

Su familia vivía en una mísera casucha en un barrio pobre de Roma. El papá consiguió trabajo como obrero. Su padre desahogaba el mal genio que le producía su extrema pobreza, insultándola sin compasión. La mamá también la humillaba frecuentemente, y a la pobre muchacha no le quedaba otro remedio que callar y ofrecer todo por amor a Dios. Aprendió a hacer costuras, y trabajando en el almacén de dos señoras fabricaba ropa de señora, y así ayudaba a conseguir la alimentación para su familia. Y aunque sus padres, que en vez de conformarse con sus suerte, eran cada día más irascibles y la trataban con extrema dureza, ella tenía siempre la sonrisa en los labios, tratando de alegrar un poco la amargada vida de su hogar. Su mayor consuelo y alegría los encontraba en la oración.

Un día en la casa donde trabajaba su padre, le avisaron que quedaba vacante un puesto de sirvienta, y él llevó para allí a Ana María. Poco después la mamá fue admitida allí también como sirvienta, y así la familia tuvo ya una habitación fija y la alimentación segura. Ana María era una excelente trabajadora y todos en la casa quedaron muy contentos del modo tan exacto como cumplía sus labores.

Cuando Ana tenía 20 años y era una joven muy hermosa, empezó a encontrarse cada semana con un obrero de 28 años llamado Domingo Taigi que venía a traer mercado a la familia donde ella trabajaba. Se enamoraron y se casaron. El era tosco, malgeniado, y duro de carácter, pero buen trabajador, y ella lo irá transformando poco a poco en un buen cristiano. En su matrimonio tuvieron siete hijos.

Un día en que Domingo y Ana María fueron a visitar la Basílica de San Pedro, un santo sacerdote, el padre Angel, sintió que cuando ella pasaba por frente a él, una voz en la conciencia le decía: “Fíjese en esa mujer. Dios se la va a confiar para que la dirija espiritualmente. Trabaje por su conversión, que está destinada a hacer mucho bien”. El padre grabó bien la imagen de Ana, pero ella se alejó sin saber aquello que había sucedido.

Y he aquí que nuestra santa empezó a sentir un deseo inmenso de encontrar algún buen sacerdote que la dirigiera espiritualmente, para poder llegar a la santidad. Estuvo en varios templos pero ningún sacerdote quería comprometerse a darle dirección espiritual. Además era una simple sirvienta analfabeta y llena de hijos. Pocas esperanzas podía dar una mujer de tal clase.

Pero un día al llegar a un templo vio a un padre confesando y se fue a su confesionario. Era el padre Angel, el cual al verla llegar le dijo: “Por fin ha venido, buena mujer. La estaba aguardando. Dios la quiere guiar hacia la santidad. No desatienda esta llamada de Dios”. Y le contó las palabras que había escuchado el día que la vio por primera vez en la Basílica de San Pedro.

Desde entonces empieza para Ana María una nueva vida espiritual. Bajo la dirección espiritual del padre Angel comienza a llevar una vida de oración y penitencia, pero por consejo de su director espiritual deja de hacer ciertas penitencias que le hacían daño para la salud y se dedica a cumplir aquel viejo lema: “La mejor penitencia es la paciencia”. En pleno verano bajo el calor más ardiente, hace el sacrificio de no tomar bebidas refrescantes. Demuestra gran paciencia cuando su marido estalla en arranques de mal genio. Madruga para tener todo listo para sus hijitos que van a estudiar, y se dedica con todo el esmero posible a educarlos lo mejor posible. Sufre con admirable paciencia las burlas de muchas personas que la tildan de “beata” y “besaladrillos”, etc.

Y sucede entonces algo muy especial. Ana María empieza a ver el futuro en medio de un globo de fuego que se le aparece. Y a su casa llegan a consultarle personas de todas las clases sociales. Cardenales, sacerdotes, obreros y gente de las más diversas profesiones. A unos anuncia lo que les va a suceder y a otros lo que ya les sucedió. Y a todos da admirables consejos, ella que ni siquiera sabe firmar.

Testimonio de Domingo Taigi su esposo

Dejó escrito: ”Cuando llegaba a mi casa la encontraba llena de gente desconocida que venía a consultar a mi mujer. Pero ella tan pronto me veía, dejaba a cualquiera, aunque fuera un monseñor o una gran señora y se iba a atenderme, y a servirme la comida, y a ayudarme con ese inmenso cariño de esposa que siempre tuvo para conmigo. Para mí y para mis hijos, Ana María era la felicidad de la familia. Ella mantenía la paz en el hogar, a pesar de que éramos bastantes y de muy diversos temperamentos. La nuera era muy mandona y autoritaria y la hacía sufrir bastante, pero jamás Ana María demostraba ira o mal genio. Hacía las observaciones y correcciones que tenía que hacer, pero con la más exquisita amabilidad. A veces yo llegaba a casa cansado y de mal humor y estallaba en arrebatos de ira, pero ella sabía tratarme de tal manera bien que yo tenía que calmarme al muy poco rato. Cada mañana nos reunía a todos en casa para una pequeña oración, y cada noche nos volvía reunir para la lectura de un libro espiritual. A los niños los llevaba siempre a la Santa Misa los domingos y se esmeraba mucho en que recibieran la mejor educación posible”.

Para llevarla a la santidad, Dios le permitió muy fuertes sufrimientos, que ella ofrecía siempre por la conversión de los pecadores. Por meses y años tuvo que sufrir una gran sequedad espiritual y angustias interiores. Antes de morir padeció siete meses de dolorosa agonía. Y a pesar de todo su eterna sonrisa no desaparecía de sus labios. Sufrió la pena de ver morir a 4 de sus siete hijos. Además tuvo que sufrir por las calumnias y murmuraciones de la gente.

De varias personas anunció la fecha en que iban a morir y se cumplió exactamente. Anunció también graves peligros y males que iban a llegar a la Santa Iglesia Católica y en verdad que llegaron. Pidió a Dios y obtuvo de El que mientras que ella viviera no llegara la peste del tifo negro a Roma. Y así sucedió. A los ocho días de su muerte llegó a Roma la terrible peste. Murió el 9 de junio de 1867 a la edad de 68 años. Por su intercesión se han obtenido maravillosos milagros. Su cuerpo se conserva incorrupto en Roma.



09 junio, 2011

San Efrén

Oh, San Efrén, vos sois el hijo del
Dios de la vida y su grande poeta
que realce dando al significado de
vuestro nombre: “muy fructífero”,
hubo jamás, hombre alguno como
vos, que gozara de tanta fama y
honor. De himnos religiosos autor
y de Nuestra Señora cantor. Con
razón justa “Arpa del Espíritu Santo”
os llamaban y a vos os debemos,
que hoy cantemos todos en la Iglesia.
La soledad os inspiró como ave del
cielo venida, en aquellos lugares,
donde santos monjes y eremitas hasta
hoy, tributando viven en oración y
silencio constante, las gracias a Dios
Padre Creador. Con vuestra prédica
maravillabais a la gente de vuestro
tiempo, tanto que los que os oían a
Dios clamaban entre lágrimas y llanto.
El día que partisteis, de seguro que
recibido fuisteis, entre cánticos que vos
mismo compusisteis, para coronado ser
con corona de luz, que jamás marchita;
Oh, San Efrén, “muy fructífero ” Doctor.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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9 de junio
San Efrén Doctor de la Iglesia
Poeta
Año 373

Espíritu Santo; envíanos muchos poetas y escritores que como tu fiel discípulo San Efrén, redacten bellos escritos que nos entusiasmen a todos por nuestra santa religión católica.

Efrén significa: “muy fructífero”. San Efrén logró ya durante su vida gran fama como poeta y compositor de himnos religiosos, y en la antigüedad fue el más grande poeta cantor de la Santísima Virgen. La Iglesia Católica lo ha declarado Doctor de la Iglesia y los antiguos lo llamaban “Arpa del Espíritu Santo”. Tenía especialísima cualidad para escribir poesías, y San Basilio dice que era tal la estimación que los antiguos tenían por sus escritos, que después de las lecturas de la Sagrada Escritura, en varias iglesias se leía alguna página escrita por este santo.

El mejor triunfo de San Efrén es el que a él le debemos en gran parte la introducción de los cánticos sagrados e himnos en las ceremonias católicas. Por medio de la música, los himnos se fueron haciendo populares y se extendieron prontamente por todas las iglesias. Los himnos de San Efrén se hicieron famosos por todas partes.

Efrén nació en Nisibe, Mesopotamia (Irak) en el año 306. El afirma de sí mismo que de joven no le daba mucha importancia a la religión, pero que cuando le llegaron las pruebas y los sufrimientos, entonces así se dio cuenta de que necesitaba de Dios.

El santo narra que en un sueño vio que de su lengua nacía una mata de uvas, la cual se extendía por muchas regiones, llevando a todas partes racimos muy agradables y provechosos. Con esto se le anunciaba que sus obras (sus himnos y cantos) se iban a extender por muchas regiones, llevando alegría y agradabilidad.

El obispo lo nombró director de la escuela de canto religioso de su ciudad, y allí formó muchos maestros de canto para que fueran a darle solemnidad a las fiestas religiosas de diversas parroquias.

Los persas de Irán invadieron la ciudad de Nisibe, tratando de acabar con la religión católica, y entonces Efrén junto con gran número de católicos, huyeron a la ciudad de Edesa, y en esa ciudad pasó los últimos años de su vida, dedicado a componer sus inmortales poesías, y a rezar, meditar y enseñar religión a cuantos más podía. Dicen que la idea de dedicarse a componer himnos religiosos le llegó al ver que los herejes llevaban mucha gente a sus reuniones por medio de los cantos que allí recitaban. Y entonces Efrén dispuso hacer también muy simpáticas las reuniones de los católicos, por medio de himnos y cánticos religiosos, y en verdad que logró conseguirlo.

Para mejor inspirarse, nuestro santo buscaba siempre la soledad de las montañas, y en los sitios donde santos monjes y eremitas vivían en oración y en continuo silencio. Allí lejos del remolino de la vida social, le llegaba mejor la inspiración de lo alto.

Pero el obispo de Edesa al darse cuenta de las cualidades artísticas del santo lo nombró director de la escuela de canto de la ciudad y allí estuvo durante 13 años (del 350 al 363) formando maestros de canto para las parroquias. Y sus himnos servían en las iglesias para exponer la doctrina cristiana, alejar las herejías y los vicios, y aumentar el fervor de los creyentes. Y aun hoy sus composiciones poéticas siguen siendo de grandísimo provecho para los lectores. El expone las enseñanzas de la religión católica demostrando gran admiración por nuestros dogmas, o grandes verdades de la fe.

Dicen los historiadores que cuando hablaba de la segunda venida de Cristo y el día del juicio final, empleaba una elocuencia tan vigorosa que el pueblo estallaba en gemidos y sonoros llantos. Y en sus predicaciones consideraba como deber suyo principalísimo prevenir y preparar al pueblo para que nadie se dejara engañar por los errores de las sectas.

Los herejes se quejaban de que los muy bien ensayados coros de Efrén en los templos católicos atraían tantos devotos, que los templos de las sectas se quedaban vacíos. La humildad de San Efrén era tan grande que se creía totalmente indigno de ser sacerdote (Aunque las gentes lo consideraban un gran santo, y su vida era la de un fervoroso monje o religioso). Por eso prefirió quedarse de simple diácono.

La última vez que tomó parte en los asuntos públicos fue en el año 370 cuando hubo una gran carestía y una pavorosa escasez de alimentos. Los ricos habían acaparado los alimentos y se negaban a repartirlos entre los pobres por temor a que se aprovecharan los avivados. Entonces San Efrén se ofreció de mediador y como a él si le tenían total confianza, organizó un equipo de entrenados distribuidores y logró llevar cuantiosos alimentos a las gentes más necesitadas.

En una grandísima epidemia organizó un grupo de 300 camilleros y con ellos recogía a los enfermos y los llevaba a sitios especiales para tratar de conseguir su curación. Uno de sus biógrafos comenta: “Estas dos labores fueron dos ocasiones formidables que Dios le dio a nuestro santo, para que se ganara dos bellísimas coronas más para la eternidad: la de calmar el hambre de los más pobres y la de devolverles la salud a los enfermos más abandonados”.

Seguramente al llegar al cielo, habrá oído de labios de Jesús aquella bellísima frase que El prometió que dirá un día a los que ayudan a los pobres y enfermos: “Estuve enfermo y me fuiste a visitar: tuve hambre y me diste de comer. Ven al banquete preparado desde el comienzo de los siglos”. (Mt. 25,40).

De San Efrén se conservan 77 himnos en honor de Cristo, de la Virgen Santísima y de los temas más sagrados de la religión católica. Su admiración inmensa hacia los sufrimientos son verdaderamente admirables y conmovedoras. Con razón las gentes lloraban cuando lo escuchaban o cuando leían sus emocionantes escritos. Por Jesús y por María tenía los más profundos sentimientos de simpatía y admiración. A María la llama siempre “Madre de Dios”. Su muerte sucedió probablemente en junio del año 373.



08 junio, 2011

San Medardo


Oh, San Medardo, vos sois el hijo
del Dios de la vida y a quien, los
los campesinos claman intercedáis
por que la lluvia se haga y el buen
tiempo entre sus plantaciones reine
y una buena y abundante cosecha
se obtenga. ¿Cuánto aprender de vos,
San Medardo? ¡Mucho!; tanto que
vuestras anécdotas a las fábulas de
Esopo superan, pues las vuestras no
lo fueron, fueron verdad increíble.
Están allí “La vaquita del Santo”,
“Las Matas De Uva” y “Las Colmenas
de San Medardo”, entre las cientos
de tantas, que hablaron por vos, del
poder de Dios, y de cuantos hombres
que del mal camino sacasteis, para
conversos hacerlos buenos y de Él.
“Audaz y valeroso”, como vuestro
nombre, la luz de Cristo os cubrió,
con la eternidad de la vida eterna
coronándoos con corona de luz eterna;
oh, San Medardo, “audaz y valeroso”.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de junio
San Medardo
Obispo
Año 560

Medardo significa: “audaz y valeroso” (Med: audaz. Adr: valeroso. Del antiguo alemán).

San Medardo es el santo preferido de los campesinos de Francia. Le tienen gran fe para que les obtenga lluvias para los tiempos de la siembra, y para que les cuide sus viñedos o plantaciones de uva, contra los ladrones y el mal tiempo.

Siendo muy joven, una vez le regaló su caballo a un pobre viajero que lloraba porque los ladrones le habían robado el caballo en el que viajaba. Su papá al verlo tan generoso para con los necesitados opinó que el hijo más iba a servir para sacerdote que para negociante. Y así sucedió. A los 33 años fue ordenado sacerdote, y siguió ejercitando una gran caridad para con los pobres.

A los estudiantes muy necesitados los sentaba a su mesa, gratuitamente para que se alimentaran lo mejor posible. Con sus oraciones obtuvo lluvias para los campos, y en otras ocasiones libró de granizadas los cultivos.

Anécdotas Muy Curiosas

La vaquita del Santo

Como era un sacerdote verdaderamente ejemplar fue elegido obispo y entonces le sucedieron unas anécdotas que se han hecho famosas. Tenía San Medardo una vaquita, y para saber por dónde andaba el animalejo le había colgado al pescuezo una campanilla que iba anunciando por dónde estaba pastando. Y sucedió que un ladrón le robó la vaca. El ratero le quitó la campanilla del pescuezo y la echó entre las alforjas, pero la campana seguía sonando. Entonces la llenó de pasto y la escondió entre el montón de pasto seco de su pesebrera, pero la campana siguió sonando. Al fin el ladrón dispuso enterrar la campana en el suelo, pero apenas se acostó para dormir, empezó a oír que seguía sonando. Desesperado sacó la campana y colgándola otra vez del pescuezo de la vaca se fue a donde el santo y le devolvió el animal robado, diciéndole: “Padre, aquí le traigo su vaca, porque la campanilla no quiso dejar de sonar ni por un momento”, y San Medardo le dijo sonriente: “Hijo, lo que sonaba no era la campanilla, era tu conciencia, que no quería que te quedaras en paz con este pecado”. Al otro le fue muy provechosa esta lección.

Las Matas De Uva

Tenía San Medardo un cultivo de matas de uva y una noche en pleno tiempo de cosecha entraron los ladrones a robarle las uvas. Pero cuando ya tenían los costales llenos, fueron a salir y no encontraron la puerta de salida. Les parecía como si se hubieran vuelto ciegos, porque por ninguna parte encontraron la puerta de salida. Y así amaneció y llegó el santo, y ellos muy asustados le pidieron perdón y con tal de que no los denunciara, le dejaron también los costales, y así el santo recolectó sus uvas gratis y de encima le dieron los costales.

Las Colmenas de San Medardo

También tenía San Medardo unas colmenas que le producían muy buena miel, y las abejas eran muy mansas y muy buenas. Pero un día llegó un ratero a robarse la miel y las abejas lo persiguieron tan terriblemente que al otro no le quedó otro remedio que meterse a la casa del santo a pedirle que rezara por él. San Medardo echó una bendición a las abejas y estas se fueron muy obedientes, y él vuelto hacia el ladrón le dijo: “Esto es señal de los castigos que te pueden llegar si sigues robando. Ahora son unas sencillas abejas, pero después los que te picarán serán tus remordimientos eternamente”. Y el otro no volvió a robar.



07 junio, 2011

Venerable Mateo Talbot


Oh, Venerable Mateo Talbot, vos sois
el hijo del Dios de la vida, aquél hombre
que escogiera Dios, para hacer de vos,
la gran esperanza de los desesperanzados;
de aquellos que, con la fuerza de voluntad
casi anulada, el alma y el espíritu casi
yertos, sus pasos transitan por las oscuras
y tenebrosas calles del alcoholismo y de
la adicción a las drogas; sus futuros y
vidas preciosas destruyendo, para, como
estropajos humanos sin remedio terminar,
porque, mal uso haciendo de la libertad
escogieron, el sendero ancho de la vida,
que conduce inexorablemente a la tumba;
pero vos, sabías que sólo con vuestra
fuerza, no vencer podríais y os abrazasteis
al Hombre del Madero, y a Su Santa
Madre, que nunca os abandonaron y
oyeron, vieron y vivieron vuestro dolor y
angustia, hasta hacer de vos, un sobrio
hombre de alma, mente, cuerpo y espíritu
por siempre jamás; como vos lo sabéis
ahora mismo, en este instante, porque os
gozáis en Su gloria eterna, coronado con
corona de amor e imperecedera luz eterna;
Oh, Venerable Mateo Talbot, don de Dios.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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7 de junio
Venerable Mateo Talbot: De alcohólico a venerable
(1856 – 7 de junio, 1925)

Biografía

Mateo (Matt) Talbot nació en la pobreza y comenzó a trabajar de obrero en Dublín, Irlanda siendo todavía un niño. A los 12 años cayó en el vicio del alcohol. Su madre le pedía que dejara la bebida y el quería dejarla. Cuando despertaba de su borrachera sentía una profunda vergüenza ante Dios. Pero cada vez que llegaba el día del cobro, al verse con dinero, no tenía la fuerza de voluntad y sucumbía ante la tentación. Su alcoholismo llegó a ser crónico. Vendió todo lo que tenía para suplir a su vicio.

A pesar de todo mantenía su fe y recurrió a Jesucristo. Fue así que, repentinamente, después de 16 años de vició, se liberó completamente pero las tentaciones no le dejaron. Un sacerdote le ayudó, dándole un programa de rehabilitación que incorporaba los12 pasos, los mismos que 50 años mas tarde se harían famosos gracias a la organización llamada “Alcoholicos Anónimos”.

Matt tuvo la humildad de reconocer que sus fuerzas no eran suficientes. No recurrió a una energía etérea sino a Jesucristo, el único que puede transformar al hombre dándole nueva vida. Dios le dio la gracia pero Matt correspondió abrazando la cruz de las tentaciones con todo su corazón para mantenerse fiel. Sufrió una intensa guerra interior. En muchas ocasiones sus compañeros se burlaban de el y tuvo que resistir cuando le ofrecían la botella. Pero con la gracia de Dios y su total entrega, logró la sobriedad. Pero no se olvidó de los que sufren adicción. “Nunca desprecies a un hombre que no puede dejar de beber”, le dijo a su hermana en una ocasión, “es mas fácil salirse del infierno”. La meta de Matt no era solo renunciar al alcohol. Verdaderamente entregó su vida a Cristo de todo corazón. Se dedicó a la oración y a la penitencia, queriendo expiar sus pecados.

Sus armas eran:

1- Eucaristía diaria,
2- Devoción a la Virgen María,
3- Oración intensa
4- Una rigurosa disciplina ascética
5- Lectura espiritual
6- Trabajo

Mantenía un riguroso asceticismo

Su jornada comenzaba a las dos de la madrugada. De rodillas rezaba hasta que las campanas le llamaban a misa; después iba al trabajo y llegaba entre los primeros. Prescindía del almuerzo para ir a una choza a orar en soledad. Llevaba una cadena bajo la ropa de trabajo y dejó de fumar. Después de trabajar 10 horas se conformaba con pocas horas de sueño. Durante muchas noches cuidaba algún amigo enfermo o leía libros religiosos.

Inspirado por su fe, tenía una profunda preocupación por la justicia social. Abogaba por sus compañeros obreros y compartía su salario con los pobres. Hasta contribuyó con un orfanato de New York. Drante cuarenta años Matt sólo fue uno más entre los obreros, haciendo su trabajo con responsabilidad y perseverancia. “Es consistencia lo que Dios busca”, decía Matt.

El 7de junio de 1925, mientras iba a la Santa Misa, Matt Talbot, a los 70 años de edad, cayó desmayado en plena calle y murió allí mismo, antes de que una mano solícita lo pudiese ayudar. Obtuvo la victoria. Vivió por 40 años en completa sobriedad en unión con Cristo hasta su muerte. Matt comprendió la palabra del Señor: “… el Reino de los Cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan (Mt. 11,12)”.

Su vida ha sido una inspiración para innumerables adictos y sobrios en todo el mundo. Juan Pablo II, cuando era joven, escribió un artículo sobre Matt Talbot. Después de su muerte se manifestó la santidad oculta de este heróico hombre de Dios. Cientos de adictos han dado testimonio de su recuperación por su intercesión.

Matt Talbot fue reconocido como “Venerable” en 1973 y esta en proceso de canonización. Si usted obtiene un favor por su intercesión, favor avise escribiendo a:

Fr. Morgan Costelloe, Vice-Postulador de la Causa, 21 Cullenswood Gardens, Ranelagh Dublin 6.
Tel: (01) 497 5201 (Irlanda)

O escriba a info@matt-talbot.com (inglés)

Retiros espirituales

Movimiento Matt Talbot en Estados Unidos. Asiste a alcohólicos en su rehabilitación. Contacto (en inglés): Mr. Mel Wordley, 188 Elmwood Avenue, Glen Rock, NJ 67452, USA. Tel: 201 652 8822

ORACION

“Padre Santo te pido que la victoria de Matt Talbot sobre la adicción traiga esperanza a ________________ y fortalezca su corazón, por Jesucristo, Nuestro Señor, Amen.”

Oración oficial

Señor, en tu siervo, Matt Talbot nos has dado un maravilloso ejemplo de triunfo sobre la adicción, de devoción al deber y de una vida entera de reverencia al Santísimo Sacramento.

Que su vida de oración y penitencia nos de valor para tomar nuestras cruces y seguir los pasos de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Padre, si es tu voluntad que tu amado siervo sea glorificado por tu Iglesia, da a conocer por tus favores celestiales el poder que el goza en tu presencia. Te lo pedimos por el mismo Jesucristo Nuestro Señor. Amen.

BIBLIOGRAFIA

Matt Talbot: Sr. Susan Helen Wallace FSP, (St Paul Books & Media, Boston).
Matt Talbot and his Times: Mary Purcell (Franciscan Herald Press, Chicago.)
Remembering Matt Talbot: Mary Purcell (Veritas Publications; 7 Lr. Abbey Street, Dublin, Ireland)

Panfletos

Matt Talbot: Hope for Addicts: Fr. Morgan Costelloe,(VeritasPublications, Dublin.)
The Making of Matt Talbot: Mary Purcell, (Messenger Publications, 37 Lr Leeson Street, Dublin)
The Mystery of Matt Talbot: Fr. Morgan Costelloe (Messenger Publications)

Padre Jordi Rivero



06 junio, 2011

San Marcelino Champagnat


Oh, San Marcelino Champagnat, vos
sois el hijo del Dios de la vida, y que,
consagrado fuisteis a Nuestra Señora.
Crecisteis sin a la escuela asistir, y erais
ya, fabuloso albañil y hábil negociante.
Por compañero tuvisteis a Juan María
Vianey, el “Santo Cura de Ars”, con el
cual os entendíais, de mil maravillas.
Dedicasteis, toda vuestra alma a acabar
con la libertina vida de la juventud de
aquél entonces, instruyéndolos en la
religión y la catequesis, por la que os
buscaban con afanosa entrega y amor.
Consagrasteis vuestro sacerdocio a
Nuestra Señora, y tan luego, fundasteis
la congregación de los Maristas Hermanos,
por método teniendo, “caridad con todos”,
y así, precursor fuisteis de la escuela activa.
Repetíais vos: “Todo en honor de Jesús,
pero por medio de María. Todo por María,
para llevar hacia Jesús”. Y agregabais:
“Nuestra Comunidad pertenece por
completo a Nuestra Señora la Madre de
Dios. Nuestras actividades deben estar
dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar.
Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes,
y así los llevaremos más fácilmente hacia
Jesucristo” y, vuestra estatura, nunca
fue más grande que vuestra virtud. Así,
luego de haber entregado con pasión vuestra
vida, y amor por los jóvenes; vuestra alma
voló al Padre, para, premio justo recibir,
coronado ser, con corona de luz y eternidad;
oh, San Marcelino Champagnat; “santo”.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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6 de junio
San Marcelino Champagnat
Fundador
Año 1840

Nació en 1789 cerca de Lyon, Francia. Su padre que llegó a ser alcalde del pueblo, por defender y favorecer la religión tuvo que sufrir mucho durante la revolución francesa. La mamá era sumamente devota de la Virgen Santísima y le infundió una gran devoción mariana a Marcelino, desde muy pequeño, y le consagró su hijo a la Madre de Dios. Una tía muy piadosa le leía Vidas de Santos, y estas lecturas lo fueron entusiasmando por la vida de apostolado. La lectura de las Vidas de Santos entusiasma mucho por la virtud.

Creció sin asistir a la escuela, pero las lecturas caseras lo fueron formando en un fuerte amor por la religión. Desde muy niño demostró mucha capacidad para aprender la albañilería, y la practicó en su niñez, y después este oficio le va a ser muy útil en sus fundaciones. También era ágil para el negocio. Compraba corderitos, los engordaba, y luego los vendía y así fue haciendo sus ahorros, con los cuales más tarde ayudará a costearse sus estudios.

Terminada la revolución francesa, el Cardenal Fresh (tío de Napoleón) se propuso conseguir vocaciones para el sacerdocio y fundó varios seminarios. Cerca del pueblo de Marcelino abrieron un seminario mayor y un sacerdote visitador llegó a la casa de los Champagnat a visitar a alguno de los jóvenes a ingresar en el nuevo seminario. A Marcelino le entusiasmó la idea, pero su padre y su tío decían que él no servía para los estudios sino para los oficios manuales. Sin embargo el joven insistió y le permitieron entrar en el seminario.

Como lo habían anunciado el papá y el tío, los estudios le resultaron sumamente difíciles y estuvo a punto de ser echado del seminario por sus bajas notas en los exámenes. Pero su buena conducta y el hacerse repetir las clases por unos buenos amigos, le permitieron poder seguir estudiando para el sacerdocio. En el seminario tenía otro compañero que, como él, tenía menos memoria y menos aptitud para los estudios que los demás, pero los dos sobresalían en piedad y en buena conducta y esto les iba a ser inmensamente útil en la vida. El compañero se llamaba Juan María Vianey, que después fue el Santo Cura de Ars, famoso en todo el mundo.

Poco antes de recibir la ordenación sacerdotal, él y otros 12 compañeros hicieron el propósito de fundar una Comunidad religiosa que propagara la devoción a la Sma. Virgen y fueron en peregrinación a un santuario mariano a encomendar esta gracia. Marcelino logrará cumplir este buen deseo de sus compañeros.

En 1816 fue ordenado sacerdote y lo nombraron como coadjutor o vicario de un sacerdote anciano en un pueblecito donde los hombres pasaban sus ratos libres en las cantinas tomando licor, y la juventud en bailaderos nada santos, y la ignorancia religiosa era sumamente grande.

Marcelino se dedicó con toda su alma a tratar de acabar con las borracheras y los bailaderos y a procurar instruir a sus fieles lo mejor posible en la religión. Como tenía una especial cualidad para atraer a la juventud, pronto se vio rodeado de muchos jóvenes que deseaban ser instruidos en la religión. Y hasta tal punto les gustaba su clase de catequesis, que antes de que abrieran la iglesia a las seis de la mañana, ya estaban allí esperando en la puerta para entrar a escucharle.

Marcelino era todavía muy joven, apenas tenía 27 años, y ya resultó fundando una nueva comunidad. Era de elevada estatura, robusto, de carácter enérgico y amable a la vez. Alto en su aspecto físico y gigante en la virtud. Le había consagrado su sacerdocio a la Virgen María, y en una de sus visitas al Santuario Mariano de la Fourviere, recibió la inspiración de dedicarse a fundar una congregación religiosa dedicada a enseñar catecismo a los niños y a propagar la devoción a Nuestra Señora.

Eso sucedió en 1816, y una placa allá en dicho santuario recuerda este importante acontecimiento. Lo que movió inmediatamente a Marcelino a fundar la Comunidad de Hermanos Maristas fue el que al visitar a un joven enfermo se dio cuenta de que aquel pobre muchacho ignoraba totalmente la religión. Se puso a pensar que en ese mismo estado debían estar miles y miles de jóvenes, por falta de maestros que les enseñaran el catecismo. Lo preparó a bien morir, y se propuso buscar compañeros que le ayudaran a instruir cristianamente a la juventud.

El 2 de enero de 1817 empezó la nueva comunidad de Hermanos Maristas en una casita que era una verdadera Cueva de Belén por su pobreza. Sus jóvenes compañeros se dedicaban a estudiar religión y a cultivar un campo para conseguir su subsistencia. El santo los formaba rígidamente en pobreza, castidad y obediencia, para que luego fueran verdaderamente apóstoles. Pronto empezaron a llegar peticiones de maestros de religión para parroquias y más parroquias.

Marcelino enviaba a los que ya tenía mejor preparados, y la casa se le volvía a llenar de aspirantes. Siempre tenía más peticiones de parroquias para enviarles hermanos catequistas, que jóvenes ya preparados para ser enviados. Y como su casa se llenó hasta el extremo, él mismo se dedicó ayudado por sus novicios, y aprovechando sus conocimientos de albañilería, a ensanchar el edificio.

Ante todo, las labores de sus religiosos estaban todas dirigidas a hacer conocer y amar más a Dios y a nuestra religión. El método empleado era el de la más exquisita caridad con todos. Marcelino no podía olvidar cómo una vez un profesor puso en público un sobrenombre humillante a un alumno y entonces los compañeros de ese pobre muchacho empezaron a humillarlo hasta desesperarlo. Por eso prohibió rotundamente todo trato humillante para con los alumnos. Quitó los castigos físicos y deprimentes. Le dio mucha importancia al canto como medio de hacer más alegre y más eficaz la catequesis. Fue precursor de la escuela activa, en la cual los alumnos participan positivamente en las clases. Cada religioso debía dedicar una hora por día a prepararse en catequesis, y en pedagogía para saber enseñar lo mejor posible.

La quinta esencia de la pedagogía de San Marcelino era su gran devoción a la Virgen Santísima. Repetía a sus religiosos: “Todo en honor de Jesús, pero por medio de María. Todo por María, para llevar hacia Jesús”. Y les decía: “Nuestra Comunidad pertenece por completo a Nuestra Señora la Madre de Dios. Nuestras actividades deben estar dirigidas a hacerla amar, estimar y glorificar. Inculquemos su devoción a nuestros jóvenes, y así los llevaremos más fácilmente hacia Jesucristo”.

Marcelino murió muy joven, apenas de 51 años el 6 de junio de 1840. Los últimos años había sufrido de una gastritis aguda, y un cáncer al estómago le ocasionó la muerte. Al morir dejaba 40 casas de Hermanos Maristas. Ahora sus religiosos son más de 6,000 en 870 casas, en muy diversos países. Marcelino Champagnat fue proclamado santo por el Papa Juan Pablo II el 18 de abril de 1999.



05 junio, 2011

Solemnidad de la Ascensión del Señor


“Yo estaré con vosotros hasta
el final de los tiempos”; dijisteis,
Vos, Señor y Dios de la vida,
antes de ser llevado al Padre.

Vos sois verdadera comida y
verdadera bebida; luz que brilla
en la oscuridad absoluta y amor
insondable y profundo; sin fin.

Permitidnos, pues Amadísimo
Señor, ser alados junto a Vos,
y al final de los tiempos, vivir
con Vos, la eternidad eterna.

© 2011 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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05 de Junio
Ascensión del Señor

Cuarenta días después de la Resurrección, la Palabra de Dios describe cómo Jesús se despide físicamente de sus discípulos, dándoles las últimas instrucciones:

“Y les dijo: – Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará. Y estas señales acompañarán a los que crean en mi Nombre: echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes y si beben algún veneno no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán- Así pues, el Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”
(Mc 16, 15-19; cfr. Lc 24, 50-51).

Mientras miraban fijamente al cielo hacia donde iba Jesús, se les aparecieron dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al cielo”. (Hch 1, 3-11)

Celebración

Celebramos la Ascensión del Señor, es el domingo anterior a la fiesta de Pentecostés, son solemnidades muy importantes de la Iglesia, nos hablan de nuestro destino final: ir al Padre como Jesús y de la fundación y misión de nuestra Iglesia Católica. Se usa el color blanco, tanto en el altar como en las vestiduras del sacerdote.

Significado de la expresión

Los evangelistas describen al final de los evangelios y al principio del libro de los Hechos de los Apóstoles, que Jesús “fue elevado al cielo”, por lo que los cristianos repetimos en nuestro Credo:

“Subió al cielo y está sentado a la derecha del Padre”. Esta afirmación es un modo de hablar para decir que Jesús se fue al Padre, llevando consigo su naturaleza humana. La ida de Jesús al Padre constituyó nuestro cielo.

Jesús, al ir al Padre, no entra en un lugar, sino en una nueva dimensión, en donde no tienen sentido nuestras expresiones: arriba, abajo, subir, bajar… Ir al cielo significa, ir a Dios. En el cielo, iremos a unirnos al cuerpo de Cristo resucitado todos los que aceptamos su salvación.

Significado de la fiesta en la iglesia

Según la narración de San Lucas, la Iglesia celebra la Ascensión del Señor a los cuarenta días de su resurrección. Esta fiesta está dentro del tiempo pascual que consta de cincuenta días y concluye con la Venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia. (Cf. Lc 24, 49-53; Hch 1, 3-11; 2, 1-41) La fiesta de la Ascensión no nos habla de un alejamiento de Cristo, sino de su glorificación en el Padre. Su cuerpo humano adquiere la gloria y las propiedades de Dios antes de encarnarse. Con la Ascensión, Cristo se ha acercado más a nosotros, con la misma cercanía de Dios. Es también una fiesta de esperanza, pues con Cristo una parte, la primicia de nuestra humanidad, está con Dios. Con él, todos nosotros hemos subido al Padre en la esperanza y en la promesa.

En la Ascensión celebramos la subida de Cristo al Padre y nuestra futura ascensión con él. Al celebrar el misterio de la Ascensión del Señor, recuerda que EL CIELO ES NUESTRA META y que la vida terrena es el camino para conseguirla.

(http://www.rosario.org.mx/biblioteca/ascension.htm)