22 abril, 2015

San Lucio

¡Oh!, San Lucio, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo y que, dejando vuestra realeza, optasteis
por cristiano ser y, no os equivocasteis pues es Él,
camino, verdad y vida. Nada os importó misionero ser, y
luego su santo Obispo. Os retirasteis más tarde, a Coira
en Suiza, donde un monte y una cueva existen con vuestro
nombre, pues retirado vivisteis allí por algún tiempo,
terminando vuestra santa vida, preso y martirizado, y,
luego decapitado en la fortaleza de Martiola. Pero, vos,
perdisteis vuestra vida, sí; pero, jamás vuestra alma
que vólo, directa al Padre, quien os coronó, con corona
de luz, como justo premio a vuestra emtrega de amor;
¡oh!, San Lucio, “esperanza de Cristo, hecha fe y luz”.

© 2015 Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Abril
San Lucio
Rey

San Lucio es, según una antiquísima tradición, el primero de los reyes de Inglaterra que abrazó el cristianismo, en tiempos del papa Eleuterio (170-185). El martirologio romano y el Liber Pontificalis concuerdan en ello y designan a los santos Fugacio y Damián como los misioneros apostólicos que llevaron la fe de Cristo a Inglaterra y convirtieron a Lucio. La versión histórica nos dice que Lucio era el jefe militar de uno de los pequeños Estados en que estaba dividida entonces Gran Bretaña. 

La tradición señala como causa de su conversión, el milagro de la legión fulminante, la misma que relata que la legión Melitina, en tiempo de Marco Aurelio, compuesta toda ella de cristianos, en su expedición contra los sármatas salvó al ejército de morir de sed, atrayendo sobre ellos una lluvia providencial, al tiempo que caía sobre los enemigos una granizada y una tormenta de rayos que los derrotó. 

Aprovechando Lucio las relaciones políticas con el imperio romano, al que debía su familia el poder, se dirigió a Roma para conocer la floreciente iglesia cristiana de la capital. Vuelve la tradición a completar su vida,situándolo en Coira (Suiza), donde hay un monte y una cueva dedicados a su nombre porque se cree que allí vivió retirado algún tiempo. Su vida terminó con el martirio: fue preso y decapitado en la fortaleza de Martiola. Sus reliquias se conservan en Augsburgo.

21 abril, 2015

San Anselmo

 

 ¡Oh!, San Anselmo; vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo. Aunque vuestra vida, entre dos mundos
transcurrió, más pudo el disipado, pero, éste, duró sólo
por un tiempo, ya que, el Santo Espíritu del Señor, obró
en vos y os premió con el talento de ser “pluma de oro”.
Y, así, de vuestro ser “El Monologio”, sobre la fe y, el
“Prosologio” acerca de la inteligencia, surgieron. Dos
grandes escritos en favor de Aquél que todo lo ve. Profesor
eminente, elocuente predicador y reformador de la vida
monástica, y, sobre todo a ser llegasteis un gran teólogo.
De María Santísima devoto y de viva perfección del amor
de Dios, hoy, no sólo os recordamos por vuestra prolífica
obra, sino, por vuestras palabras al final de vuestra
vida: “Allí donde están los verdaderos goces celestiales,
allí deben estar siempre los deseos de nuestro corazón”.
“Haz, te lo ruego, Señor, que yo sienta con el corazón
lo que toco con la inteligencia”. Y, así, entregasteis
vuestra santa vida, a quien os la dio: Dios, para vivir
en la eternidad, como premio a vuestra entrega de amor y fe;
¡oh!, San Anselmo, “Camino de amor, fe, perfección y luz”.

© 2015 Luis Ernesto Chacón Delgado
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21 de Abril
San Anselmo
Obispo y Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia, que, nacido en Aosta, fue monje y abad del monasterio de Bec, en Normandía, enseñando a los hermanos a caminar por la vía de la perfección y a buscar a Dios por la comprensión de la fe. Promovido a la insigne sede de Canterbury, en Inglaterra, trabajó denodadamente por la libertad de la Iglesia, sufriendo por ello dificultades y destierros (1109).

Etimológicamente: Anselmo=Aquel que tiene la protección divina, es de origen germánico. San Anselmo nació en Aosta (Italia) en 1033 de noble familia. Desde muy niño se sintió inclinado hacia la vida contemplativa. Pero su padre, Gandulfo, se opuso: no podía ver a su primogénito hecho un monje; anhelaba que siguiera sus huellas. A causa de esto, Anselmo sufrió tanto que se enfermó gravemente, pero el padre no se conmovió. Al recuperar la salud, el joven pareció consentir al deseo paterno. Se adaptó a la vida mundana, y hasta pareció bien dispuesto a las fáciles ocasiones de placeres que le proporcionaba su rango; pero en su corazón seguía intacta la antigua llamada de Dios.

En efecto, pronto abandonó la casa paterna, pasó a Francia y luego a Bec, en Normandía, en cuya famosa abadía enseñaba el célebre maestro de teología, el monje Lanfranco.

Anselmo se dedicó de lleno al estudio, siguiendo fielmente las huellas del maestro, de quien fue sucesor como abad, siendo aún muy joven. Se convirtió entonces en un eminente profesor, elocuente predicador y gran reformador de la vida monástica. Sobre todo llegó a ser un gran teólogo.

Su austeridad ascética le suscitó fuertes oposiciones, pero su amabilidad terminaba ganándose el amor y la estima hasta de los menos entusiastas. Era un genio metafísico que, con corazón e inteligencia, se acercó a los más profundos misterios cristianos: “Haz, te lo ruego, Señor—escribía—, que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia”.

Sus dos obras más conocidas son el Monologio, o modo de meditar sobre las razones de la fe, y el Proslogio, o la fe que busca la inteligencia. Es necesario, decía él, impregnar cada vez más nuestra fe de inteligencia, en espera de la visión beatífica. Sus obras filosóficas, como sus meditaciones sobre la Redención, provienen del vivo impulso del corazón y de la inteligencia. En esto, el padre de la Escolástica se asemejaba mucho a San Agustín.

Fue elevado a la dignidad de arzobispo primado de Inglaterra, con sede en Canterbury, y allí el humilde monje de Bec tuvo que luchar contra la hostilidad de Guillermo el Rojo y Enrique I. Los contrastes, al principio velados, se convirtieron en abierta lucha más tarde, a tal punto que sufrió dos destierros.

Fue a Roma no sólo para pedir que se reconocieran sus derechos, sino también para pedir que se mitigaran las sanciones decretadas contra sus adversarios, alejando así el peligro de un cisma. Esta muestra de virtud suya terminó desarmando a sus opositores. Murió en Canterbury el 21 de abril de 1109. En 1720 el Papa Clemente XI lo declaró doctor de la Iglesia.

20 abril, 2015

San Marcelino de Embrun

 


¡Oh! San Marcelino de Embrun, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su amado Obispo y santo, que en el África nacido,
convertisteis a la fe de Cristo, a la mayor parte de la
población de los Alpes Marítimos, y luego, Obispo ordenado
por san Eusebio de Vercelli. De joven os embarcasteis
con Domingo y Vicente, dos amigos con destino a Francia,
con la fe puesta en la evangelización de los Alpes franceses.
A vuestros amigos, os enviasteis a los Alpes Bajos y vos,
os quedasteis, en Embrun, una capilla construyendo para tal
fin, e invitando para su inauguración a san Eusebio de Vercelli,
quien luego de árduo viaje, desde el Piamonte arribó para
consagrar las obras del Señor: Iglesia y Obispo. Y, de aquél
encuentro con el arriero y su bestia cansada y apaleada, al
pueblo entrasteis, cargando el trigo a cuestas y para evitar
que agredieran al abusivo arriero dijisteis: “No le hagáis
daño, es mi bienhechor. ¿No me ha permitido imitar un poco a
Aquel que cargó con nuestros pecados y quiso llevar la cruz
de la salvación?”. Y, con esta prueba de amor a Cristo, la
gente maravillada quedó, logrando vos, más fácilmente vuestra
tarea evangelizadora. También os disteis tiempo para luchar
contra el arrianismo, que implantar quería Constancio II en
aquél tiempo, hasta que la muerte lo alcanzó, y vos quedasteis
al fin, libre. Y, así, gastando vuestra vida en buena lid,
voló vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona de luz
como justo premio a vuestra grande entrega de amor y fe;
¡oh!, San Marcelino de Embrun, “evangelizar por amor a Cristo”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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20 de Abril
San Marcelino de Embrun
Obispo

Martirologio Romano: En Embrún, en la Galia, san Marcelino, primer obispo de esta ciudad, el cual, oriundo de África, convirtió a la fe de Cristo la mayor parte de la población de los Alpes Marítimos, siendo ordenado obispo por san Eusebio de Vercelli († c. 374).

Etimológicamente: Marcelino = Aquel que procede de Marte, con Marte como dios de la guerra romano. Es de origen latino.

Breve Biografía

Vino al mundo en la provincia romana de Africa y murió en Embrun (Alpes), el 13 de abril del año 374.

Este joven tuvo la feliz idea evangélica de embarcarse con dos compañeros, Domingo y Vicente, con destino a Francia.

Les guiaba llana y simplemente la evangelización de los Alpes franceses.

A sus dos amigos los envió a los Alpes Bajos. El se quedó en Embrun. En seguida, llevado por la urgencia de anunciar el evangelio y para tener un lugar apropiado en donde hacerlo, construyó una capilla en la ciudad.

Para su inauguración invitó a san Eusebio de Vercelli. A pesar de la distancia y de los caminos, vino desde el Piamonte para la consagración de la iglesia y, de camino, lo consagró Obispo.
Se cuenta que, a la vuelta de una incursión apostólica, Marcelino se encontró con una reata de mulos que llevaban sacos de trigo, uno de los arrieros le daba golpes al animal porque había caído muerto de extenuación y agotamiento.

Al ver pasar al obispo, le dijo: “Usted va a hacer sus veces”. Y así lo hizo. Cargó con el trigo hasta el pueblo. Cuando los cristianos lo vieron llegar de esta forma extraña, quisieron hacerle daño al arriero, pero Marcelino se lo impidió: “No le hagáis daño, es mi bienhechor. ¿No me ha permitido imitar un poco a Aquel que cargó con nuestros pecados y quiso llevar la cruz de la salvación?”.

Con estas pruebas de amor a Cristo, la gente se quedó alucinada. Gracias a esto, le fue más fácil lograr conversiones para la fe cristiana.

Junto a este amor limpio y sincero para con todo el mundo, también supo luchar con ahínco contra el arrianismo que quería implantar Constancio II en todo el Occidente. Por eso, alguna que otra vez tuvo que huir a las montañas para que no lo cogieran los funcionarios imperiales. Al morir el emperador, quedó libre.

Por: P. Felipe Santos
Fuente: Catholic.net

19 abril, 2015

Santa Emma de Sajonia

 

19 de Abril
Santa Emma de Sajonia
Viuda

Santo Tradicional – No incluido en el actual Martirologio Romano
(Sugerimos leer el artículo ¿Santos descanonizados?)

Vivió en Alemania. hermana del obispo de Paderbon y mujer de Ludger de Sajonia. Habiendo quedado viuda siendo aun muy joven, en una condición muy incómoda y expuesta a mil insidias, usó sus bienes para ayudar a los pobres, a los que se dedicó por el resto de su vida. († c.1040)

También es conocida como: Santa Emma de Lesum.

Etimológicamente: Emma = Aquella que es gentil y fraterna, es de origen germánico

Breve Biografía

Emma nació en el ceno de la noble familia sajona de los Immedinger, descendientes de Widukind. Ella era la hija de Conde Immed (o Imad) de la diócesis de Utrecht y también, según Adán de Bremen, hermana de Meinwerk, Obispo de Paderborn. Se casó con Ludger, hijo de Duque Hermann Billung y hermano de Bernardo I, Duque de Sajonia. El emperador Otto III, en el año 1001, regaló a la pareja el “Pfalz” o “palatium” de Stiepel (ahora Bochum-Stiepel), donde en 1008 Emma construyó una iglesia dedicada a la Virgen María, que más tarde se convertiría en lugar popular de peregrinación. El único niño del matrimonio fue Imad, Consagrado como Obispo de Paderborn en 1051.

Después de la temprana muerte de su marido en 1011 [en algunos documentos se cuenta que, hasta la muerte de su marido, ella tenía un carácter muy explosivo y violento que de vez en cuando la conducía a cometer actos de violencia física], Emma se mudó a Lesum (ahora Bremen-Burglesum), y con su fortuna generosamente apoyaba a la Catedral de Bremen, donde el Arzobispo Unwan era otro de sus parientes, concedió a la catedral su propiedad en Stiepel con su iglesia. Ella es descrita como una gran benefactora de la iglesia, y de verdad fundó varias templos en la zona de Bremen, aunque su mayor preocupación eran los pobres.

Emma más tarde fue venerada como santa, aunque no haya ninguna prueba de que ella formalmente haya sido beatificada o canonizada. Fue enterrada en la Catedral de Bremen, donde su tumba podía todavía ser vista en el siglo XVI.

Cuando la tumba fue abierta, su cuerpo se había convertido en polvo a excepción de su mano derecha (la mano con la que entregaba los regalos). Esa reliquia fue colocada en la abadía de Saint Ludger en Werden.

18 abril, 2015

Santa María de la Encarnación

 

¡Oh!, Santa María de la Encarnación; vos, sois la hija
del Dios de la vida, su amada santa y que, el honor
tuvisteis, de llevar tres nuevas comunidades religiosas a
vuestra patria, tener tres hijas religiosas y un hijo
sacerdote, además de dos hijos buenos católicos y padres
de familia. “Si no me permiten ser esposa de Cristo, al
menos trataré de ser una buena esposa de un buen cristiano”.
Dijisteis vos, y así, fue. Educasteis a vuestros hijos,
con esmero increíble: “Los estoy preparando para que
cumplan siempre y en todo de la mejor manera la voluntad
de Dios”, sentenciabais. Rezabais con vuestras sirvientas,
corregíais mutuamente vuestros defectos, y os leíais
libros piadosos y espiritualmente les ayudabais. Alimentabais
hambrientos, visitabais enfermos, asistíais a los agonizantes,
instruíais a los que no sabían el catecismo, tratabais y
convertíais a los herejes, a los que se habían pasado a
otras religiones y favorecíais a todas las comunidades
religiosas. La lectura de la autobiografía de Santa Teresa
y las “Confesiones” de San Agustín, os salvaron de la mundana
vida. “Muy pobre y miserable es el corazón que en vez de
contentarse con tener a Dios de amigo, se dedica a buscar
amistades que sólo le dejan desilusión”. Esta frase de San
Agustín, os impresionó para siempre. Y, un día, Santa Teresa,
se os apareció y os dijo: “Tú tienes que esforzarte porque
mi comunidad logre llegar a Francia”. Y, así fue. Y, vos,
misma, más tarde entrasteis al convento, para vivir una vida
mística y de frecuentes éxtasis. Y, poco antes de morir y
en pleno éxtasis, os preguntaron: “¿Qué hacía hermana durante
este rato?”. Y respondisteis: “Estaba hablando con mi buen
Padre, Dios”. Y, dicho ello, entregasteis vuestra alma. Y,
Él, feliz de teneros por vuestra incansable tarea de amor y
fe, os coronó con corona de luz, como premio a vuestro amor;
¡oh!, Santa María de la Encarnación, “amor a Dios sobre todo”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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18 de Abril
Santa María de la Encarnación
Madre de familia
Año 1618

He aquí una madre de seis hijos, que se dio el gusto de poder llevar a su país tres nuevas comunidades religiosas, y de llegar a tener tres hijas religiosas y un hijo sacerdote, además de dos hijos muy buenos católicos y padres de familia.

Nació en París en 1565 de noble familia. Sus padres deseaban mucho tener una hija y después de bastantes años de casados no la habían tenido. Prometieron consagrarla a la Sma. Virgen y Dios se la concedió. Tan pronto nació la consagraron a Nuestra Señora y poco después fueron al templo a dar gracias públicamente a Dios por tan gran regalo.

De jovencita deseaba mucho ser religiosa, pero sus padres, por ser la única hija, dispusieron que debería contraer matrimonio. Ella obedeció diciendo: “Si no me permiten ser esposa de Cristo, al menos trataré de ser una buena esposa de un buen cristiano”. Y en verdad que lo fue.

A sus seis hijos los educaba con tanto esmero especialmente en lo espiritual que la gente decía: “Parece que los estuviera preparando para ser religiosos”.

Su esposo Pedro Acarí, un joven abogado, que ocupaba un alto puesto en el Ministerio de Hacienda del gobierno, era muy piadoso y caritativo y ayudaba con gran generosidad especialmente a los católicos que tenían que huir de Inglaterra por la persecución de la Reina Isabel. Pero como todo ser humano, Don Pedro tenía también fuertes defectos que hicieron sufrir bastante a nuestra santa. Pero ella los soportaba con singular paciencia.

A quienes le preguntaban si a sus hijos los estaba preparando para que fueran religiosos, ella les respondía: “Los estoy preparando para que cumplan siempre y en todo de la mejor manera la voluntad de Dios”.

El Sr. Acarí pertenecía a la Liga Católica y este partido fue derrotado y quedó de rey Enrique IV, el cual desterró a los jefes de la Liga y les confiscó todos sus bienes. De un momento a otro la señora de Acarí quedaba sin esposo y sin bienes y con seis hijitos para sostener. Pero ella no era mujer débil para dejarse derrotar por las dificultades. Personalmente asumió ante el gobierno la defensa de su marido y obtuvo que levantaran el destierro y que le devolvieran parte de los bienes que le habían quitado. Y llegó a ganarse la admiración y el aprecio del mismo rey Enrique IV.

Desde los primeros años de su matrimonio dispuso llevar una vida de mucha piedad en su hogar. Al personal de servicio le hacía rezar ciertas oraciones por la mañana y por la noche, y a la vez que les prestaba toda clase de ayudas materiales, se preocupaba mucho porque cada uno cumpliera muy bien sus deberes para con Dios. Se asoció con una de sus sirvientas para rezar juntas, corregirse mutuamente en sus defectos, leer libros piadosos y ayudarse en todo lo espiritual.

La bondad de su corazón alcanzaba a todos Alimentaba a los hambrientos, visitaba enfermos, ayudaba a los que pasaban situaciones económicas difíciles, asistía a los agonizantes, instruía a los que no sabían bien el catecismo, trataba de convertir a los herejes, a los que habían pasado a otras religiones y favorecía a todas las comunidades religiosas que le era posible. Su marido a veces se disgustaba al verla tan dedicada a tantas actividades religiosas y caritativas, pero después bendecía a Dios por haberle dado una esposa tan santa.

La señora de Acarí se hizo amiga de una mujer mundana la cual empezó a tratar en sus charlas de temas profanos, y al iniciarla en lecturas de novelas y de escritos no piadosos. Esto la enfrió mucho en su piedad. Afortunadamente su esposo se dio cuenta y la previno contra el peligro de esa amistad y de esas lecturas y empezó a llevarle los libros escritos por Santa Teresa, y estos libros la transformaron completamente. Otra lectura que la conmovió profundamente fue la de las Confesiones de San Agustín. Una frase de este santo que la movió a dedicarse totalmente a Dios fue la siguiente: “Muy pobre y miserable es el corazón que en vez de contentarse con tener a Dios de amigo, se dedica a buscar amistades que sólo le dejan desilusión”.

Muere su esposo y ella puede ahora dedicarse con más exclusividad a las labores espirituales. Arregla todo de la mejor manera para que sus hijos sigan recibiendo la mejor educación posible y ella dirige todos sus esfuerzos a una labor que le ha sido confiada en una visión.

Un día mientras está orando, después de haber leído unas páginas de la autobiografía de Santa Teresa, siente que ésta santa se le aparece y le dice: “Tú tienes que esforzarte por que mi comunidad de las carmelitas logre llegar a Francia”. Desde esa fecha la Señora Acarí se dedica a conseguir los permisos para que las Carmelitas puedan entrar a su país. Pero las dificultades que se le presentan son muy grandes. Hay leyes que prohiben la llegada de nuevas comunidades. Habla con el rey y con el arzobispo, pero cuando todo parece ya estar listo, de nuevo se les prohibe la entrada. Una nueva aparición de Santa Teresa viene a recomendarle que no se canse de hacer gestiones para que las religiosas carmelitas puedan entrar a Francia, porque esta comunidad va a hacer grandes labores espirituales en ese país. Por sus ruegos el Padre Berule (el futuro Cardenal Berule) se va a España y obtiene que preparen un grupo de carmelitas para enviar a París. Y mientras tanto la Sra. Acarí sigue en la capital haciendo gestiones para conseguirles casa y por obtener todos los permisos del alto gobierno.

Nuestra santa no es de las que se quedan con los brazos cruzados. Sabe que a París ha llegado el famoso obispo San Francisco de Sales a predicar una gran serie de sermones y lo invita a su casa y este santo apóstol que es admirador incondicional de los escritos de Santa Teresa se le convierte en su mejor aliado y habla con las más altas personalidades y le ayuda a conseguir los permisos que necesitan. Otro que les ayudó mucho fue el abad de los Cartujos, que era su confesor. Y entre todos logran conseguir del Papa Clemente VIII un decreto permitiendo la entrada de las hermanas a Francia. 

Un ideal conseguido

En 1604 llegaron a París las primeras hermanas Carmelitas. Iban dirigidas por dos religiosas que después serían beatas: la beata Ana de Jesús y la Madre Ana de San Bartolomé. La señora de Acarí con sus tres hijas las estaba esperando en las puertas de la ciudad, y con ellas lo mejor de la sociedad. Y cantando el salmo 116: “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos”, entraron al pueblo para dar gracias y luego las acompañaron a la casa que les tenían preparada. Poco después las tres hijas de la señora Acarí se hicieron monjas carmelitas y luego lo será ella también.

La comunidad de las carmelitas estaba destinada a hacer un gran bien en Francia por muchos siglos y a tener santas famosas como por ejemplo, Santa Teresita del Niño Jesús.

La beata de la cual estamos hablando en esta biografía tiene la especialidad de haber sido una de las monjas más especiales que ha tenido la Iglesia Católica. Madre de seis hijos (tres religiosas carmelitas, un sacerdote y dos casados) viuda, dama de la alta sociedad y termina siendo humilde monjita en un convento donde su propia hija es la superiora. No es un caso tan fácil de repetirse.

Después de conseguirles muchas novicias a las hermanas carmelitas y de ayudarles a fundar tres conventos en Francia y de haber tenido el gusto de que sus tres hijas se hicieran monjas carmelitas, pidió ella también ser aceptada como hermanita legal en uno de los conventos. Y allí se dedicó a los oficios más humildes y a obedecer en todo como la más sencilla de las novicias. Al ser nombrada su hija como superiora del convento, la mamá de rodillas le juró obediencia.

Los últimos años de la hermana María de la Encarnación (nombre que tomó en la comunidad) fueron de profunda vida mística y de frecuentes éxtasis. Dios le revelaba importantes verdades. Estas elevaciones espirituales, ahora en la vida del convento las podía gozar mucho más tranquilamente. Santa Teresa en una tercera aparición le anunció que ella también llegaría a pertenecer a su comunidad de hermanas carmelitas y esto la animó a hacer la petición para entrar a la santa comunidad.

Desde que se hizo religiosa su ilusión era pasar escondida y en silencio, cumpliendo con la mayor exactitud los reglamentos de la congregación. Las monjitas empezaron pronto a presenciar sus éxtasis y les parecía que esta venerable señora era ante Dios como una niñita sencilla, pura y obediente que tenía su cuerpo acá en la tierra pero que ya su espíritu vivía más en el cielo que en este mundo.

En abril de 1618 enfermó gravemente y quedó medio paralizada. No se cansaba de bendecir a Dios por todas las misericordias que le había regalado en su vida. A una hija que lloraba al sentir que se iba a morir le decía: “Pero hija, ¿te entristeces porque me marcho a una patria mucho mejor que esta?”. Y su lecho de muerte se convierte en cátedra desde donde enseña a todas la santidad. Sin cesar recomienda a quienes la visitan que no se apeguen a los goces de la tierra que son tan pasajeros y que se esfuercen por conseguir los goces del cielo que son eternos.

Las hermanas le preguntan: “¿Le va pedir a Dios que le revele la fecha de su muerte?”, y responde: -”No, yo lo que le pido a Nuestro Señor es que tenga misericordia de mí en esta hora final”. Otra le pregunta: “¿Qué le pedirá a Dios al llegar al cielo? – Le pediré que en todo y en todas partes se haga siempre la voluntad de su querido Hijo Jesucristo”. El 16 de abril de 1618 tiene un éxtasis y al final de él una monjita le pregunta: “¿Qué hacía hermana durante este rato?” Y le responde: “Estaba hablando con mi buen Padre, Dios”. Luego con una suave sonrisa se quedó muerta.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Beata_María_de_la_Encarnación.htm)

17 abril, 2015

San Robert de Chaise-Dieu

 

17 de Abril
San Robert de Chaise-Dieu
Abad

Martirologio Romano: En el monasterio de Chaise-Dieu, de la Alvernia, en Francia, san Roberto, abad, que, habiéndose retirado a este lugar para vivir como solitario, se le juntaron muchos hermanos, y con su predicación y ejemplo de vida reunió a un buen número de ellos . († 1067)

También es conocido como: San Roberto de Turlande.

Etimológicamente: Roberto = Aquel que brilla por su fama, es de origen germánico.
Fecha de canonización: En el año 1351 por el Papa Clemente VI, antiguo abad de La-Chaise-Dieu, rubrica la canonización.

Breve Biografía

Fundador de la Abadía de Chaise-Dieu en Alvernia; nacio en Aurilac, Auvergne, aproximadamente en el año 1000; murió en Auvergne, en 1067.

Por el lado de ascendencia de su padre, perteneció a la familia de los Condes de Aurilac, de quienes se había originado San Geraud.

Estudió en Brioude cerca de la basílica de San Julián, en una escuela abierta para la nobleza de Auvergne, establecida por los cánones de la ciudad. Habiendo entrado en la comunidad, y habiendo sido ordenado sacerdote, Roberto se distinguió por su piedad, caridad, celo apostólico, elocuentes discursos y el don de los milagros. Durante cerca de cuarenta años, permaneció en Cluny para vivir bajo la norma de su compatriota también santo, Abbé Odilo.

Fue forzado a regresar a Brioude, y allí empezó un nuevo proyecto, para lo cual fue a Roma, para consultar con el Papa. Benedicto IX le animó a retirarse junto con dos compañeros al valle boscoso del sureste de Auvergne. Allí construyó una ermita, bajo el nombre de Chaise-Die (Casa de Dios).
Tuvo mucho renombre en sus virtudes y atrajo a un gran número de discípulos, fue obligado entonces a construir un monasterio, el cual fue colocado bajo la norma de San Benedicto (1050).

León IX construyó la Abadía de Chaise-Dieu, el cual llegó a ser uno de los emblemas del floreciente cristianismo.

A la muerte de Roberto, el 17 de abril de 1067, se tenían unos 300 monjes y se habían enviado multitudes al centro de Francia. Roberto también fundó una comunidad para mujeres en Lavadieu cerca de Brioude.

Por medio de la elevación del monje de Chaise-Dieu, Pierre Roger, al solio pontificio, bajo el nombre de Clemente IV, la abadía alcanzó el pináculo de su gloria.

El cuerpo de San Roberto se preservaba allí, fue quemado por los hugonotes durante las guerras religiosas. Su trabajo fue destruido por la Revolución Francesa, pero hay restos que quedan para admiración de los turistas, tales como la iglesia devastada, la tumba de Clemente VI, y la torre clementina.

Fuente: ACI Prensa

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/35393/robert-de-chaise-dieu-santo.html)
 

16 abril, 2015

Santa Bernardita Soubirous


¡Oh!, Santa Bernardita, vos, sois la hija del Dios de la vida y
su amada santa, que siendo niña y de familia pobre, se os mostró
la Inmaculada Santísima Virgen María y, que después la religiosa
vida, llevasteis entregada a Dios solamente. No en vano, vuestro
nombre significa: “Aquella que es una guerrera”, que demostrasteis
con ardor de corazón, pues vos, no sabíais ni leer ni escribir,
pero rezabais todos los días el rosario santo. Por medio de vos,
Nuestra Señora, hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a
la cual acuden peregrinos de todo el mundo para su fe y esperanza
reavivar, pues miles recuperan salud de cuerpo y alma. Nuestra
Señora os dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero
sí en el otro”. Promesa, que fue por Ella cumplida. Vos, a pesar
de haber sido el medio para extender la devoción a la Inmaculada,
no os contaminasteis de la gloria humana. El día que el obispo de
Lourdes, la estatua de la Virgen Inmaculada colocó sobre la roca
de Massabielle, vos, permanecisteis en vuestra celda, víctima
de un ataque de asma. Y, cuando el dolor físico se os apoderaba más,
y más, suspirabais: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y
la paciencia”. Vuestra existencia en la humilde aceptación transcurrió
del dolor físico, como respuesta generosa a Nuestra Señora, para
pagar con la penitencia el rescate de las almas que prisioneras viven
del mal. Mientras se construía el santuario en honor a María, seis
años pasasteis junto a las Hermanas de la Caridad, siendo admitida
después como novicia, tomando el nombre de Sor María Bernarda,
en el que sólo conocisteis el sufrimiento, la indiferencia y la
penitencia recibida de parte de vuestras superioras, quienes os
trataban con indiferencia. Fuisteis enfermera y luego sacristana,
hasta cuando la enfermedad os obligó a permanecer en cama,
entre la vida y la muerte. “María es tan bella que quienes la ven
querrían morir para volver a verla”. Decíais vos a quienes os
preguntaban por Ella. Y, así, voló vuestra alma al cielo, para
premiada ser con corona de luz, como justo premio a vuestro amor;
¡Oh!, Santa Bernardita Soubirous, “guerrera por el amor a Cristo”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 de Abril
Santa Bernardita Soubirous
Vidente de Lourdes

Virgen


Martirologio Romano: En Nevers, en Francia, santa María Bernarda Soubirous, virgen, la cual, nacida en Lourdes de una familia muy pobre, siendo aún niña asistió a las apariciones de la Inmaculada Santísima Virgen María y, después, abrazando la vida religiosa, llevó una vida escondida y humilde. († 1879).
También se la conoce como: Santa Bernardita De Lourdes.También se la conoce como: Santa Bernardette.También se la conoce como: Santa María Bernarda.
Etimológicamente: Bernarda = Aquella que es una guerrera, es de origen germánico.

Fecha de canonización: 8 de diciembre de 1933 por el Papa Pío XI.
El 11 de febrero, fiesta de la Santísima Virgen de Lourdes, nos recuerda las apariciones de la Virgen a una niña de 14 años que no sabía ni leer ni escribir, pero que rezaba todos los días el rosario, Bernardita Soubirous. Nació en Lourdes en 1844 de padres muy pobres. Por medio de ella la Virgen hizo surgir la prodigiosa fuente del milagro, a la cual acuden peregrinos de todo el mundo para reavivar su fe y su esperanza. Muchos regresan de Lourdes curados también en su cuerpo. La Virgen, durante la segunda aparición, le dijo: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, pero sí en el otro”.
A pesar de haber sido dócil instrumento para extener la devoción a la Inmaculada, Bernardita no se contaminó con la gloria humana. El día que el obispo de Lourdes, ante 50.000 peregrinos, colocó la estatua de la Virgen sobre la roca de Massabielle, Bernardita tuvo que permanecer en su celda, víctima de un ataque de asma. Y cuando el dolor físico se hacía más insoportable, suspiraba: “No, no busco alivio, sino sólo la fuerza y la paciencia”. Su breve existencia transcurrió en la humilde aceptación del sufrimiento físico como generosa respuesta a la invitación de la Inmaculada para pagar con la penitencia el rescate de tantas almas que viven prisioneras del mal.
Mientras junto a la gruta de las apariciones se estaba construyendo un grande santuario para acoger a los numerosos peregrinos y enfermos en busca de alivio, Bernardita pareció desaparecer en la sombra. Pasó seis años en el instituto de Lourdes, de las Hermanas de la Caridad de Nevers, y en el que después fue admitida como novicia. Su entrada se demoró debido a su delicada salud. En la profesión tomó el nombre de Sor María Bernarda. Durante los quince años de vida conventual no conoció sino el privilegio del sufrimiento. Las mismas superioras la trataban con indiferencia, por un designio providencial que les impide a las almas elegidas la comprensión y a menudo hasta la benevolencia de las almas mediocres. Al principio fue enfermera dentro del convento, después sacristana, hasta cuando la enfermedad la obligó a permanecer en la cama, durante nueve años, siempre entre la vida y la muerte.
A quien la animaba le contestaba con la radiante sonrisa de los momentos de felicidad cuando estaba a la presencia de la blanca Señora de Lourdes: “María es tan bella que quienes la ven querrían morir para volver a verla”. Bernardita, la humilde pastorcita que pudo contemplar con sus propios ojos a la Virgen Inmaculada, murió el 16 de abril de 1879.
Fue beatificada el 14 de junio de 1925 por el Papa Pío XI, y el mismo Papa la elevó al honor de los altares el 8 de diciembre de 1933.
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