17 junio, 2015

San Ismael

¡Oh!, San Ismael, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, que, con vuestros
hermanos Manuel y Savelio, de lleno os disteis
a evangelizar, pues habían recibido formación
cristiana, y con ello, querían que, Juliano llamado
“el Apóstata” y el rey de Persia, acordasen que
la paz a sus súbditos llegara. Vuestra vida, y
testimonio os llevó, sin querer, a veros envuelto
en persecuciones que lugar tuvieron que en aquél
tiempo. El templo de Apolo ardió, y no hallaron
culpable mejor, que achacaros a vos, y por ello,
más tarde, luego de falsos interrogatorios, os
entregaron al martirio y para luego decapitaros
con vuestros hermanos. Y, así, vuestra alma, al
cielo voló, para coronada ser, con corona de luz,
como justo premio a vuestra entrega grande de amor;
¡oh!, San Ismael, “mártir del puro amor a Dios”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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17 de Junio
San Ismael
¿? – † 326

Personaje bíblico, hijo mayor del patriarca Abraham y de su esclava egipcia Agar. Ismael y dos hermanos, Manuel y Savelio, quisieron humanizar a los pueblos. En el hogar, habían recibido una densa y práctica formación cristiana, al mismo tiempo que una amplia cultura, gracias a su preceptor Eunoico. Eran muy conocidos en Calcedonia y Bitinia porque querían que Juliano el Apóstata y el rey de Persia llegaran a un acuerdo para que reinase la paz entre los súbditos.

El testimonio de sus vidas les llevó, sin querer, a verse envueltos en un acontecimiento que dio lugar a otra de las duras persecuciones que tuvieron. El templo de Apolo se incendió. Y, naturalmente, les echaron la culpa a ellos.

Vinieron una serie de interrogatorios postizos, una pura farsa. Al final de los mismos, se les entregó al martirio tal día como hoy del año 326 en el que fueron decapitados.

De las brasas de su martirio por la fe en Cristo, su testimonio continuó ardiendo por siglos y siglos. Juliano el Apóstata no respetó los tratados de paz, y le hizo la vida imposible a los persas.

En su vida Ismael tuvo doce hijos, y sus descendientes, o ismaelitas, se establecieron en el gran contorno que se extiende entre la frontera de Egipto y el golfo Pérsico. Muchas son las tribus, especialmente las de Arabia del Norte, que han pretendido descender de Ismael, y el mismo Mahoma lo reconoció al colocarlo a la cabeza de su genealogía, como padre del pueblo árabe. Así, según el islamismo ayudó a Abraham en la construcción del templo de La Meca.

Los que llevan este nombre celebran su onomástica el 17 de junio, fecha en que se conmemora San Ismael mártir. Aunque es precisamente el Ismael bíblico el que les sirve de modelo y referente. Un estímulo para superar todas las dificultades por grandes que éstas sean, un ejemplo de confianza en sí mismo, de capacidad de positivar cualquier situación y de encontrar nuevos caminos a pesar de que las circunstancias sean adversas.

16 junio, 2015

San Juan Francisco de Regis

¡Oh!, San Juan Francisco de Regis; vos, sois el hijo
del Dios de la vida y su amado santo, y el mismo que,
lenguaje sencillo usasteis para conocer hacer el mensaje
de Nuestro Señor, y así, hicisteis que marchasen a su
conversión, sin importaros la elegancia del sermón.
Uno de vuestros compañeros dijo de vos: “Juan Francisco
se humilla él mismo hasta el extremo, pero demuestra
por los demás un aprecio admirable”. Confesar y predicar
sin dejar de repartir vuestro amor a los pobres y recuperar
las perdidas ovejas para el Reino de los cielos ganar
fue vuestra vida. Pío XII Papa, de vos dijo: “Un predicador
que merece muy bien llamado ser Patrono de las misiones
populares”. Entre católicos y herejes vuestra tarea
desplegasteis: gente corrompida y buena; pobres y ricos;
sabios e ignorantes, que frutos abundantes dio y sus
antiguas y malas vidas abandonaron. Poco antes de morir
dijisteis vos: “veo a Nuestro Señor y a su Santísima Madre,
que preparan un sitio en el cielo para mí”. Y diciendo:
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, sus amorosos
brazos recibieron vuestra alma, que coronada fue con corona
de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor. Y,
más tarde, el joven San Juan Vianey, ante vuestra santa
tumba, ser sacerdote, se propuso a toda costa. ¡Y, lo fue!
¡Y qué sacerdote! ¡Qué amor! ¡Qué fe! ¡Qué milagros y dones!
¡oh!, San Juan Francisco Regis; “amor, fe y luz de Cristo”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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14 de junio
San Juan Francisco de Regis
Predicador y Misionero
Año 1640

Cuando un sacerdote o un apóstol muere desgastado de tanto trabajar por extender el reino de Dios, ese día la Iglesia ha conseguido un gran triunfo para la eternidad.(San Juan Bosco)

El Papa Pío XII llegó a exclamar: “Un predicador que merece muy bien ser llamado Patrono de las misiones populares es San Francisco Regis”. Francisco nace en 1597 de familia acaudalada en Narbona, Francia y a los 19 años empieza a no sentirse a gusto en la vida mundana. Siente aversión por los placeres mundanales. Y súbitamente cae en la cuenta de que la santidad no será conseguida por él, sigue viviendo entre las gentes mundanas. Cerca de su ciudad había una abadía de monjes que lo estimaban, pero a él le atraía más la Compañía de Jesús, porque los Jesuitas se dedicaban más al apostolado entre el pueblo. Pidió ser admitido entre los jesuitas y en su noviciado demostraba tal fervor que uno de sus compañeros llegó a declarar: “Juan Francisco se humilla él mismo hasta el extremo, pero demuestra por los demás un aprecio admirable”.

Siendo estudiante, el compañero de habitación lo acusó ante el superior diciéndole que Regis en vez de dormir lo suficiente pasaba muchas horas rezando en la capilla. El Padre Rector le respondió: “No le impidas sus devociones. No te opongas a sus comunicaciones con Dios. a mi me parece que este joven es un santo y que un día nuestra Comunidad celebrará una fiesta en su honor”. Y esta respuesta resultó profética. A los 33 años fue ordenado de sacerdote y al año siguiente lo destinaron a un trabajo que estaba muy de acuerdo con sus aspiraciones y con su fuerte constitución física: dedicarse a predicar misiones entre el pueblo. Y se dedicó a este trabajo con tal energía que sus compañeros exclamaban: “Juan Francisco hace el oficio de 5 misioneros”.

En 43 años de vida, 24 como religioso, diez como sacerdote y 9 como misionero popular, logró inmensos éxitos y tuvo el mismo calificativo en todos los sitios donde estuvo predicando: “el santo”. A diferencia del estilo muy elegante y rebuscado que se usaba entonces para predicar, el padre Juan Francisco se dedicó a predicar de manera extremadamente sencilla, con estilo directo, a veces hasta rayando en demasiado ordinariote, pero que iba directamente al alma y con una elocuencia y un fervor, que los pecadores no eran capaces de no conmoverse al escucharle. Sus sermones atraían a las multitudes formadas por católicos y herejes, gente buena y gente corrompida, pobres y ricos, sabios e ignorantes.

Le encantaba predicar a los pobres, pero decía que con sus sermones había logrado convertir también a muchos ricos. Los oyentes comentaban: “Este padre no dice solamente lo que sabe, sino que parece que lo que está diciendo lo estuviera viendo”. Al escucharle se conmovían aun los corazones más indiferentes. Un predicador de fama fue a escucharle, y después decía a sus colegas: “El Padre Juan Francisco predica con extrema sencillez y convierte pecadores por millares y nosotros que predicamos con tanta elegancia, ¿a quién logramos convertir?”.

Otro testigo afirmaba: “Lo que a mí me admira es que un hombre de tan pobre presencia, con su sotana llena de remiendos, diciendo lo que todos dicen, sin adornos en su lenguaje, siendo a veces tan duro en su hablar, tiene tan grande inspiración divina que uno no es capaz de escucharle y seguir en paz con sus pecados”. Algunos doctores se dirigieron al superior de los jesuitas diciéndole que el Padre Regis predicaba muy burdamente. Que un modo de predicar así era un deshonrar la altísima dignidad de predicador. Entonces el superior provincial se fue con su secretario a escuchar un sermón del santo, mezclados entre el pueblo. El superior quedó tan profundamente impresionado por su predicación, que les dijo a los acusadores: “Ojalá quisiera Dios que todos los misioneros predicaran con toda unción como este sacerdote. El dedo de Dios está aquí. Si yo viviera en esta región, no me perdería ni un solo sermón de este padre”.

Un párroco afirmaba: “En mi parroquia, después de una misión predicada por el Padre Juan Francisco, mis parroquianos cambiaron de tal manera, que a mí me parecía que eran otras personas”. El Sr. Obispo lo envió a misionar a una región que durante 40 años había sido invadida por los calvinistas, y en la cual la corrupción de costumbres era espantosa y el anticatolicismo era tan feroz que el mismo Sr. Obispo no podía nunca aparecer por allí. Y el poder de convicción del Padre Regis fue tan arrollador que las conversiones se obraron por montones.

Una de las más terribles calvinistas, al oír que el santo sacerdote le preguntaba: “¿Y Ud. cuándo es que se va a convertir?”, sintió una fuerza de la gracia de Dios tan avasalladora, que le respondió: “Pues, ¡me quiero convertir ahora mismo!”, y en verdad que dejó su mala vida pasada y empezó a vivir como una buena católica. Como con sus predicaciones acababa con muchos vicios, aquellos que vieron afectados con esto sus malos negocios, lo acusaron con calumnias ante el Sr. Obispo y hasta en Roma. El padre sufrió mucho con esto, pero afortunadamente Dios hizo que el secretario del obispo se diera cuenta de las mentiras que le estaban inventando y le defendió ante Monseñor, el cual escribió a Roma, hablando muy bien del gran misionero.

Mientras tanto el santo seguía misionando por las regiones más apartadas y de más difícil acceso. Y las multitudes lo seguían. Los campesinos se encontraban y el saludo que se daban era: “Vamos a escuchar al santo”. Y en las ciudades, los templos se llenaban hasta más no poder, y los feligreses repetían: – Vayamos a oír al santo. A muchísimas mujeres las sacó de la vida corrompida y las encaminó hacia una vida virtuosa. Los vicios que convirtió fueron incontables. A las tres de la madrugada estaba levantado. Pasaba la mañana confesando y predicando y la tarde consiguiendo ayuda para los pobres. Muchas veces se olvidaba de comer.

A dos ciegos les hizo recobrar la vista. Con la imposición de las manos curó a muchos enfermos. Su despensa daba y daba a los pobres y no se agotaba y el milagro más grande que conseguía era convertir a los pecadores de su mala vida. Se fue a predicar una misión a una región terriblemente fría y apartada. Por el camino lo sorprendió una tempestad de nieve que le impidió continuar el viaje y tuvo que pasar la noche en medio de terrible ventarrón y en plena nieve. Y le sobrevino una pulmonía. Sin embargo así de enfermo pronunció tres sermones el primer día de la misión y dos el segundo día. Toda la mañana de este día la pasó confesando. En ayunas celebró la misa a las dos de la tarde, y cuando se dirigió a su confesionario para seguir su labor heroica, cayó desmayado.

Lo llevaron a la casa cural y poco antes de morir exclamó: “Veo a Nuestro Señor y a su Santísima Madre que preparan un sitio en el cielo para mí”. Y luego exclamó: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”, y murió. Era el año 1640. Al visitar el sepulcro de San Juan Francisco Regis, se propuso después el joven San Juan Vianey, ser sacerdote, costara lo que costara. Es que los ejemplos de su vida son admirables.

15 junio, 2015

San Vito

15 de junio
San Vito de Lucania

Hoy, 15 de junio, conmemoramos a San VITO DE LUCANIA, Adolescente Mártir.

SAN VITO DE LUCANIA (fines del s.III-304) nació en Mazzara, la actual Mazara del Vallo, en Sicilia, Italia, en la época de las persecuciones dictadas por el emperador romano Diocleciano.

Según la leyenda, San Vito fue hijo de un senador romano, pagano. De niño fue criado por los instructores contratados por su familia, sin saber que eran fervientes cristianos: Santa Crescencia y San Modesto, quienes instruyeron al pequeño Vito en la fe y lo bautizaron sin tener el consentimiento de su familia.

San Vito habría intentado convertir sin éxito al hijo del gobernador. Cuando su padre descubrió su devoción, fiel a las normas romanas lo entregó a las autoridades y lo expulsó de su familia. El juez habría ordenado que fuera azotado, pero al juez y a los verdugos se les paralizarían los brazos, y sólo sanarían con los rezos de San Vito.

La leyenda continúa con varios sucesos en los que San Vito y sus preceptores, Santa Crescencia y San Modesto, salen siempre bien librados de los suplicios (por ejemplo un león que debería devorarlo termina lamiéndole dócilmente los pies), o bien consiguen escapar, por ejemplo en un barco que un ángel les proporciona para viajar hasta Lucania.

San Vito y sus santos tutores fueron llevados finalmente ante Diocleciano, el emperador, ante el cual se niegan a rendir culto a los dioses paganos. Los tres murieron en Lucania a causa de los tormentos recibidos, aunque la misma leyenda cuenta que ángeles se aparecieron, les retiraron las cadenas y condujeron sus cuerpos hasta un río, donde más tarde los encontró una anciana viuda cristiana.

El culto de San Vito se extendió rápidamente por Europa, especialmente en los países alemanes; de ello dan cuenta los 30 patronatos que se le adscriben.

Una tradición cuenta que el obispo Otto de Bamberg, al evangelizar a los pomeranos, que rendían culto al gallo, les presentó un relicario de plata con vestigios de San Vito, el cual estaba coronado con un gallo. Los pomeranos relacionaron al gallo de San Vito con su deidad, y en el acto accedieron a ser bautizados.

SAN VITO DE LUCANIA nos ofrece un ejemplo de la popularidad de que gozaron algunos santos mártires durante la Edad Media.

14 junio, 2015

San Eliseo,


 

 ¡Oh!, San Eliseo, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su Profeta amado y santo que, al significado de vuestro
nombre: “Dios es mi salvación”, honor le hicisteis, de Elías
heredando, vuestro padre espiritual, su “doble espíritu”.
Y, así, Dios, os eligió de especial manera, para que vos,
lo siguierais a Él. Vos, a vuestro “maestro” por la cantidad
de vuestros milagros superasteis, porque vos, “maestro
y padre” de las gentes de vuestro tiempo, fuisteis. Vuestro
mensaje, a través de los tiempos resplandece, y se oye vuestra
voz aún, a todas las gentes exhortando de la tierra, para
“que estemos dispuestos a dejarlo todo por seguir la llamada.
Que, procuremos encarnar el doble espíritu: oración y apostolado.
Que seamos fieles a nuestro Maestro. Que procuremos el bien
de todos nuestros hermanos”. El Monte Carmelo, de vos, sabe
y, vuestro ejemplo surge en medio del mundo de hoy, donde
el relativismo, reinar quiere, porque saber de Dios, ya no
desea. Precursor carmelitano, gozáis hoy, de las alegrías
del cielo, como justo premio, a vuestro grande amor y fe;
¡oh!, San Eliseo, Profeta, “Dios es mi salvación eterna”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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14 de junio
San Eliseo Profeta
Año 850 a. de C.

Omnipotente y sempiterno Dios, que te manifiestas admirablemente en la elección de los profetas; concédenos, te rogamos, que, así como el espíritu de Elías lo duplicaste en Eliseo, así también te dignes duplicar en nosotros la gracia del Espíritu Santo, para que podamos realizar obras virtuosas. Amén.

Biografía

Eliseo (”Dios es mi salvación”) es una figura dominante del siglo IX antes de Cristo. Conocemos el nombre de su padre, Safat, originario de Abel Meholah, al sur de Bewt-Shan, y sabemos que su familia era acomodada (1 Re 19, 16-19). El Carmelo desde siempre consideró a este discípulo de San Elías, de quien heredó su doble espíritu, como su segundo padre espiritual.

Dios le elige directa y especialmente (1 Re 19,16) para que vaya en seguimiento de Elías (1 Re 19,l9ss), al cual sucederá después de la misteriosa desaparición de éste, heredando su espíritu en la medida establecida por la Ley para los primogénitos: el doble que los otros herederos [2 Re 2,1-15]. 

Su condición de “hombre de Dios” se revela principalmente en los prodigios de todo género con que está entretejida su vida. Los obra por si mismo, para personas particulares y para comunidades enteras. Vivió hacia 850-800, sucesor de san Elias, al que supera ciertamente por el número y lo llamativo de sus milagros, pero no por su personalidad y su influencia religiosa. Así, Elías es mencionado en el Nuevo Testamento, significativamente, 30 veces; Eliseo sólo una vez (Lc 4,27).

Su historia, casi legendaria y a veces plagiada de la de Elías, fue recogida en 1 y 2 Re (1 Re 19, 19-21,2 Re, 13-8, 15,9,1-15,13, 14,-21). Con la unción de Yehú provocó la caída de la dinastía de Ajab. Gozaba de gran estimación entre los reyes Yosafat (2 Re 3,12) y Yoás (2 Re 13,14-19). Parece que incluso sus propios huesos obraban milagros (2 Re 13,20s). Eliseo aparece en la Biblia cuando Elías es arrebatado y su carisma pasa a Eliseo (2 Re 1), y concluye con el milagro que tuvo lugar con el cadáver del profeta ya enterrado (2Re 13,21).

La mayoría de las narraciones, que semejan hermosas “florecillas”, muestran a Eliseo rodeado de unos grupos que reciben el nombre de “discípulos (o hijos) de los profetas”.

¿Los carmelitas sucesores de “los hijos de los Profetas”?

Esta es una cuestión ya superada, pero quizá sea bueno recordar aquí quiénes eran estos “hijos de los Profetas” a los que muchos autores de dentro y fuera de la Orden señalaron durante siglos como predecesores de los actuales carmelitas, que tienen su verdadero origen a finales del siglo XII. San Eliseo era el Maestro y Padre de todos estos grupos, a quien acudían y obedecían: 2 Re 4,38;6, 1-2,12-21…

Quizá no nos equivoquemos si consideráramos a esas confraternidades de profetas como los últimos portadores de una fe en Yahvé, pura y sin mezcla; ni tampoco nos equivoquemos, si estimamos en alto grado su importancia en orden a la pervivencia de la fe en Yahvé, y en especial para el sello característico que tendrá en adelante. En último término, éste es el punto del que partió aquella inaudita radicación de la fe yahvista y del derecho divino que nos encontramos en los profetas más tardíos.

Los sorprendentes descubrimientos en las grutas situadas al noroeste del mar Muerto, no solamente nos proporcionan noticia de un establecimiento de esenios de estricta observancia, un siglo antes y un siglo después del nacimiento de Cristo, sino que nos proporcionan también una visión exacta de las ordenanzas rigurosas de su vida comunitaria dirigida autoritativamente (todo ello gracias al documento llamado “Reglas de la secta”), muestran bajo nueva luz los relatos referentes a las fraternidades de profetas de la época de Eliseo.

Su mensaje

Que estemos dispuestos a dejarlo todo por seguir la llamada.
Que procuremos encarnar el doble espíritu: oración y apostolado.
Que seamos fieles a nuestro Maestro.
Que procuremos el bien de todos nuestros hermanos.

13 junio, 2015

Sagrado Corazón de María

¡Oh!, Sagrado Corazón de María, Vos, sois,
fuente y principio de todas las grandezas
y excelencias que os adornan y que os hacen
estar por encima de todas las creaturas; por
ser Hija predilecta de Dios Padre, Madre muy
amada de Vuestro Amadísimo Hijo, Nuestro
Señor Jesús y Esposa fiel del Espíritu Santo.
Además, Vuestro Corazón, profeta fue en Fátima,
porque Vos, os manifestasteis a aquellos
Pastorcillos diciendo que Dios, salvar quería
al mundo, por medio de Vuestro Inmaculado
Corazón. Vuestro Corazón, como un tesoro
Conservó el anuncio del Ángel sobre vuestra
Maternidad divina, la adoración de los pastores
ante el pesebre, la visita de los Magos de
Oriente, la profecía del anciano Simeón, y el
viaje a Egipto. Vuestro corazón, sufrió la
pérdida de Jesús en Jerusalén, nunca olvidó
cómo murió en la Cruz, ni las palabras que
dijo: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Y cuando
miró a Juan, Vos, nos visteis a todos nosotros
y desde aquel momento nos amasteis con Vuestro
Corazón de Madre, con ese mismo Corazón, que
amasteis a Jesús. Vos, ejercisteis Vuestra
maternidad desde antes que se consumase la
redención en el Calvario, pues Vos, sois,
Madre y corredentora nuestra, desde siempre;
¡Oh!, Sagrado Corazón de María, “vida y luz”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Junio
Sagrado Corazón de María
Sábado posterior al segundo domingo después de Pentecostés

La devoción al Inmaculado Corazón de María, junto con la del Sagrado Corazón de Jesús, fue promovida por San Juan Eudes en el siglo 17.

El Papa Pío VII y Pío IX sugirieron su celebración como Purísimo Corazón de María. En 1944, el Papa Pío extendió esta devoción a toda la Iglesia fijando la celebración del Inmaculado Corazón de María el 22 de agosto, ocho días después de la Asunción.

Con la renovación litúrgica, se le restó importancia a esta fiesta para dársela a las principales fiestas marianas y, se cambió la fecha para un día después de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús.

San Juan Eudes, decía que el Corazón de María es la fuente y el principio de todas las grandezas y excelencias que la adornan y que la hacen estar por encima de todas las creaturas; por ser hija predilecta de Dios Padre, madre muy amada de Jesús y esposa fiel del Espíritu Santo. Y que ese santísimo Corazón de María es fuente de todas las virtudes que practicó.

También San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros del Inmaculado Corazón de María, profesó un inmenso amor a esta advocación. Quiso que sus misioneros, salieran por todo el mundo extendiendo la devoción al Inmaculado Corazón de María. Fue un profeta de Fátima, porque en Fátima la Virgen personalmente nos manifestó que Dios quería salvar al mundo, por medio de su Inmaculado Corazón.

La fiesta del Inmaculado Corazón de María sigue a la del Sagrado Corazón de Jesús. El corazón expresa y es símbolo de la intimidad de la persona. La primera vez que se menciona en el Evangelio el Corazón de María es para expresar toda la riqueza de esa vida interior de la Virgen: “María conservaba estas cosas en su corazón”.

El corazón de María conservaba como un tesoro el anuncio del Ángel sobre su Maternidad divina; guardó para siempre todas las cosas que tuvieron lugar en la noche de Belén, o la adoración de los pastores ante el pesebre, y la presencia, un poco más tarde, de los Magos con sus dones,… y la profecía del anciano Simeón, y las preocupaciones del viaje a Egipto.

Más tarde, el corazón de María sufrió por la pérdida de Jesús en Jerusalén a los doce años de edad, según lo relata San Lucas en el evangelio de hoy. Pero María conservaba todas estas cosas en el corazón…. Jamás olvidaría los acontecimientos que rodearon a la muerte de su Hijo en la Cruz, ni las palabras que le oyó decir: “Mujer, he ahí a tu hijo”. Y al mirar a Juan ella nos vio a todos nosotros. Vio a todos los hombres. Desde aquel momento nos amó con su Corazón de madre, con el mismo Corazón que amó a Jesús.

Pero María ejerció su maternidad desde antes que se consumase la redención en el Calvario, pues Ella es madre nuestra desde que prestó su colaboración a la salvación de los hombres en la Anunciación.
En el relato de las bodas de Cana, San Juan nos revela un rasgo verdaderamente maternal del Corazón de María: su atenta disposición a las necesidades de los demás. Un corazón maternal es siempre un corazón atento, vigilante.

La devoción al Corazón de María no es una devoción más. Nos lleva a aprender a tratar a nuestra Madre con más confianza, con la sencillez de los niños pequeños que acuden a sus madres en todo momento: no sólo se dirigen a ellas cuando están en gravísimas necesidades, sino también en los pequeños apuros que le salen al paso. Las madres les ayudan a resolver los problemas más insignificantes. Y ellas – las madres – lo han aprendido de nuestra Madre del Cielo.

Hoy queremos encontrarnos con María, con nuestra madre. Si recurrimos confiados a ella, ella nos va a decir qué debemos hacer y sentiremos su amor por nosotros. Ese mismo amor que Jesús tiene por cada uno de nosotros. y ella nos dirá que nos quiere, que nos quiere con toda su alma.

Pidamos a Dios que preparó en el Corazón de María, una morada digna al Espíritu Santo, que haga que nosotros, por intercesión de la Santísima Virgen lleguemos a ser templos dignos de su gloria.
Consagración al Sagrado Corazón de María

Oh Corazón Inmaculado de María, por tu perfecta comunión de amor con el Corazón de Jesús, eres la escuela viviente de total consagración y dedicación a Su Corazón.

En tu Corazón, Oh Madre, queremos vivir para aprender a amar, sin divisiones, al Corazón de Jesús; a obedecerle con diligencia y exactitud; servirle con generosidad y a cooperar activa y responsablemente en los designios de Su Corazón.

Deseamos consagrarnos totalmente a tu Corazón Inmaculado y Doloroso que es el camino perfecto y seguro de llegar al Corazón de Jesús. Tu Corazón, es también refugio seguro de gracia y santidad, donde nos vamos liberando y sanando de todas nuestras oscuridades y miserias.

Deseamos pertenecer a tu Corazón, Oh Virgen Santísima, sin reservas y en total disponibilidad de amor a la voluntad de Dios, que se nos manifestará a través de tu mediación maternal.

En virtud de esta consagración, Oh Inmaculado Corazón, te pedimos que nos guardes y protejas de todo peligro espiritual y físico. Qué nuestros corazones ardan con el fuego del Espíritu como arde tu Corazón.

Qué unidos a ti, que eres la portadora por excelencia de Cristo para el mundo, y ungidos por el poder del Espíritu Santo, seamos instrumentos para dar a un mundo tan árido y frío, el amor, la alegría y la paz del Corazón de Jesús.

Consulta también al P. Jesus Martí Ballester en su artículo El Inmaculado Corazón de María y Fiesta del Inmaculado Corazón de María

(http://es.catholic.net/celebraciones/120/302/articulo.php?id=2113)

12 junio, 2015

Sagrado Corazón de Jesús




¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús,
todo bondad, compasión y cariño
que a los hombres nos amáis como
a hermanos vuestros, sin exclusión
de ninguno y sin medida tampoco.
Vos, que habitáis en el cuerpo
del Varón Perfecto, sois el modelo
acabado de cómo hay que amar siempre,
preguntándonos a cada nada, así:
¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo era el amor
de su corazón? ¿Qué características
tenía? ¿Hacia quién iba siempre
dirigido? ¿Cómo se comprometía
con aquellos a quienes amaba? ¡Y,
la respuesta, no es otra, que amar
imitándoos a Vuestro Corazón!;
¡Oh! Sagrado Corazón de Jesús.


© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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¿Cómo es el corazón de Jesús? 

Es todo bondad, compasión, cariño. A los hombres nos ama como a verdaderos hermanos suyos, a todos, sin excluir a ninguno.

Todos estamos convencidos de que Jesucristo es el hombre más perfecto que ha existido y existirá jamás, y que es, por lo tanto, el tipo y ejemplar de toda humanidad. Y Jesucristo, que nos dio como primer mandato y como distintivo el amor en todas sus dimensiones, es también el modelo acabado de cómo hay que amar.

Hoy los antropólogos, los médicos y los sicólogos se han querido adentrar en el alma de Jesús, para estudiarla a fondo, para descubrir todos los matices de su exquisita sensibilidad. Sobre todo, para captar las modalidades más íntimas de su amor.
El resultado que nos dan esos estudios es que Jesús fue un amante extraordinario. Un amador como no se ha dado otro. Y de una manera tan cabal, que es la suma de la perfección del amor.
No es extraño entonces que Jesús sea también el hombre más amado, porque sus incondicionales han sabido pagarle con la misma moneda que Él usó…

Todos nos hacemos estas preguntas:

¿Cómo amó Jesús? ¿Cómo era el amor de su corazón? ¿Qué características tenía? ¿Hacia quién iba siempre dirigido? ¿Cómo se comprometía con aquellos a quienes amaba?

Cuando hallamos la respuesta adecuada, nos sentimos arrastrados al amor de Aquél que así supo amarnos a nosotros. El Evangelio es el libro siempre abierto que nos descubre en cada una de sus líneas el alma tan amante de Jesús.

El amor de Jesús fue, ante todo, muy afectivo. Era todo bondad, compasión, cariño, benignidad, comprensión. No lo podía disimular. Se le escapaba el corazón ante los niños, ante la mujer en aquel entonces tan relegada en la sociedad, ante la pareja de los novios de Caná, ante sus discípulos, cuya compañía busca en medio de la angustia de Getsemaní.

La manera como abre la Ultima Cena es conmovedora:
– ¡Con cuánta ilusión he deseado comer esta pascua con vosotros!
Y antes de salir para el Huerto les pide a los Doce, y en ellos a nosotros, como un mendigo suplicante:
– ¡Permaneced en mi amor!
Al mismo Judas le llama dolido, pero con toda sinceridad: ¡Amigo!…

Este amor tan apasionado de su corazón se vuelve divinamente celoso de la salvación nuestra. Se declara nuestro Pastor, un Pastor que conoce a cada una de sus ovejas y de las que dice que nadie se las arrebatará de la mano…

Un amor que no se queda en romanticismos y en palabras vacías, sino que se convierte en servicio, expresado en el gesto insólito de arrodillarse a los pies de los discípulos para lavárselos con sus pro-pias ma-nos…

El amor de Jesús tenía, igual que en nosotros y mucho más que en nosotros, una doble vertiente, a saber, a Dios su Padre y a nosotros los hombres.

A los hombres nos ama como a verdaderos hermanos suyos, a todos, sin excluir a ninguno; si alguna preferencia tiene es precisamente con los más alejados, con los pecadores y con los pobres.

Es el suyo un amor generoso, complaciente, dulce y suave, magnánimo y tolerante.

Pero es también un amor que no le deja parar cuando se trata de nuestro bien, y toda su ternura y delicadeza se convierten en audacia, valentía y decisión que no le detienen ante ningún peligro.

Si miramos el amor de Jesús a Dios su Padre, vemos como al fin Dios ha conseguido el objetivo de toda la creación: verse amado como Dios se merece, porque este hombre, su Hijo, es capaz de darle con su humildad y su obediencia todo el honor y toda la gloria que el primer hombre le arrebató con su orgullo y su rebeldía:

• Se pasa horas y noches enteras en oración con Dios su Padre.
• Se somete a su voluntad hasta aceptar el tormento de la cruz.
• Se siente lleno de celo por su gloria y dice no tener más alimento que hacer la voluntad de su Padre Dios
.
Este es el amante Jesús del Evangelio. El amor le llevará a la cruz, pero también se atraerá hacia Sí todos los corazones, tal como lo había anunciado: Cuando yo sea levantado sobre la tierra, todo lo atraeré a mí.

Así lo entendió aquella artista de París. Avanzada la noche, después de la ruidosa función de teatro, se retira en el hotel a la habitación designada. Colgando de la pared, un Crucifijo de marfil sobre una cruz negra. La artista lo contempla extasiada. Pasan las horas…, amanece, y la pobre muchacha todavía lo está contemplando. Hasta que toma la resolución:

– ¡Fuera la vida que he llevado hasta ahora! En adelante, entregada del todo a Jesús.
Hubo de marchar. Pero en el ébano del Crucifijo habían quedado talladas estas palabras:
– Así ama el amor.

Si se entiende el amor de Jesucristo, se sabe cómo juzgar de los amores que nos brinda la vida. Un amor que Dios bendice no mata el amor de Cristo. Amor que Dios rechaza, es amor que desplaza al de Cristo en el corazón.

El amor de Cristo es un amor muchas veces no correspondido. Pero es también un amor correspondido como ningún otro amor lo ha conseguido nunca…

Todos estamos convencidos de que Jesucristo es el hombre más perfecto que ha existido y existirá jamás, y que es, por lo tanto, el tipo y ejemplar de toda humanidad. Y Jesucristo, que nos dio como primer mandato y como distintivo el amor en todas sus dimensiones, es también el modelo acabado de cómo hay que amar.

Autor: Pedro García, Misionero Claretiano | Fuente: Catholic.net

(http://www.es.catholic.net/meditaciondehoy)/meditaciondehoy/)

11 junio, 2015

San Bernabé Apóstol

¡Oh!, San Bernabé Apóstol, vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado Apóstol. Os llamabais José, y los
apóstoles os pusieron Bernabé, que significa “el esforzado”,
“el que anima y entusiasma”. Erais judío, y en la primitiva
Iglesia, os hicisteis conocido, porque vendisteis vuestras
fincas, y, el dinero lo donasteis a los apóstoles para,
a los pobres repartirlo. Vos, el descubridor de Saulo
fuisteis, llamado Pablo depués, a quien presentasteis a
los apóstoles para continuar con la evangelización. En los
Hechos de los Apóstoles, os elogian así: “Bernabé era un
hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo”. Antioquía
sabe mucho de vos, porque allí, por vez primera se llamó
“cristianos” a los seguidores de Cristo. Como compañero
a Saulo tuvisteis y juntos trabajaron ayudándoos el uno
al otro, obteniendo increíbles triunfos. Cuando hubo hambre
en Jerusalén, socorristeis a los Apóstoles, ayudado por Pablo.
Invitasteis también a Marcos; el futuro evangelista, vuestro
familiar, para ayudaros en vuestra tarea de evangelización.
Un día el Espíritu Santo, os habló y dijo: “Separen a Bernabé
y Saulo, que los tengo destinados a una misión especial”. Y,
así, fue, los cristianos rezaron por vosotros, os impusieron
las manos, y acompañados de Marcos, después de orar y ayunar,
partisteis para vuestro primer viaje misionero. Chipre, la
isla donde nacisteis, os alegró mucho, pues convirtieron al
mismo gobernador, de nombre Sergio Pablo y en su honor, Saulo,
vuestro compañero cambió su nombre y se puso Pablo. Y vos,
os llenasteis de alegría inmensa porque, en vuestra tierra
natal se aceptara la religión de Jesucristo. En Listra, vos
y Pablo, curaron milagrosamente a un paralítico y entonces
la gente creyó que vosotros erais dioses. A, vos os llamaron
el dios “Zeus” y a Pablo lo llamaban el dios “Mercurio”. Allí,
a los nuevos cristianos os recordabais que “es necesario pasar
por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”. Y,
pasado el tiempo, llegó vuestro martirio, lapidado siendo por
judíos, que, terminaron con vos, pero, sin saber que, al hacerlo,
os dieron vida eterna. Y, Dios Padre, en su amor inmenso os
premió, con justicia, coronándoos con corona eterna de luz,
como premio justo a vuestra entrega total de amor, fe y luz;
¡oh!, San Bernabé Apóstol, “Amor, fe, y esperanza en Dios”.

© 2015 Luis Ernesto Chacón Delgado
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11 de junio
San Bernabé Apóstol
Siglo I

Reflexión

¿Qué me enseñará la vida de San Bernabé? ¿A compartir mis bienes con los pobres? ¿A tratar de descubrir las aptitudes que otros tienen para el apostolado y a ayudarles a emplearlas bien? ¿A dedicar mi vida a propagar nuestra santa religión? El Espíritu Santo me ilumine.

La historia de San Bernabé está escrita en el libro de Los Hechos de los apóstoles, en la S. Biblia.
Antes se llamaba José, pero los apóstoles le cambiaron su nombre por el de Bernabé, que significa “el esforzado”, “el que anima y entusiasma”. Era judío, de la tribu de Leví, pero nació en la isla de Chipre. Se hizo muy popular en la primitiva Iglesia porque vendió las fincas que tenía y luego llevó el dinero que obtuvo y se lo dio a los apóstoles para que lo repartieran a los pobres.

Un mérito formidable de San Bernabé es el haber descubierto el gran valor que había en aquel recién convertido que se llamaba Saulo y que más tarde se llamaría San Pablo. Cuando después de su conversión Saulo llegó a Jerusalén, los cristianos sospechaban de él y se le alejaban, pero entonces Bernabé lo tomó de la mano y lo presentó a los apóstoles y se los recomendó. Y el será el que lo encaminará después a emprender sus primeras grandes labores apostólicas.

La S. Biblia, en el libro de los Hechos de los Apóstoles, hace de Bernabé unos elogios que es difícil encontrarlos respecto de otros personajes. Dice así: “Bernabé era un hombre bueno, lleno de fe y de Espíritu Santo” (Hechos 11, 24). Cuando Saulo o San Pablo tuvo que salir huyendo de Jerusalén porque los judíos trataban de asesinarlo, se fue a su ciudad de Tarso, y allá se quedó un tiempo. Mientras tanto en la ciudad de Antioquía había sucedido algo muy especial. Al principio los discípulos de Jesús solamente predicaban el Evangelio a los israelitas, pero de pronto algunos empezaron a enseñar las doctrinas cristianas a los paganos en Antioquía, y resultó que aquellas gentes respondieron de una manera admirable y se convirtieron por centenares. Al saber esta noticia, los apóstoles lo enviaron desde Jerusalén a que se informara de lo que allí estaba sucediendo y les llevara noticias. Bernabé se quedó encantado del fervor de aquellos paganos convertidos y estuvo con ellos por un buen tiempo animándolos y acabando de instruirlos. En aquella ciudad fue donde por primera vez se llamó “cristianos” a los seguidores de Cristo.

Entonces se le ocurrió a Bernabé la feliz idea de dirigirse a Tarso a invitar a Saulo a que se le uniera en el apostolado en Antioquía y éste aceptó con gusto. Desde entonces Bernabé y Saulo trabajaban asociados ayudándose en todo el uno al otro, y obteniendo resonantes triunfos. Por todo un año predicaron en Antioquía, cuidad que se convirtió en el gran centro de evangelización, del cual fueron saliendo misioneros a evangelizar a diversos lugares.

Por aquel tiempo hubo una gran hambre en Jerusalén y sus alrededores y los cristianos de Antioquía hicieron una colecta y la enviaron a los apóstoles por medio de Bernabé y Saulo. Ellos al volver a Jerusalén se trajeron a Marcos (el futuro San Marcos evangelista) que era familiar de Bernabé. Venía a ayudarles en la evangelización.

Un día mientras los cristianos de Antioquía estaban en oración, el Espíritu Santo habló por medio de algunos de ellos que eran profetas y dijo: “Separen a Bernabé y Saulo, que los tengo destinados a una misión especial”. Los cristianos rezaron por ellos, les impusieron las manos, y los dos, acompañados de Marcos, después de orar y ayunar, partieron para su primer viaje misionero.

En Chipre, la isla donde había nacido San Bernabé, encontraron muy buena aceptación a su predicación, y lograron convertir al cristianismo nada menos que al mismo gobernador, que se llamaba Sergio Pablo. En honor a esta notable conversión, Saulo se cambió su nombre por el de Pablo. Y Bernabé tuvo la gran alegría de que su tierra natal aceptara la religión de Jesucristo.

Luego emprendieron su primer viaje misionero por las ciudades y naciones del Asia Menor. En la otra ciudad de Antioquía (de Pisidia) al ver que los judíos no querían atender su predicación, Bernabé y Pablo declararon que de ahora en adelante les predicarían a los paganos, a los no israelitas, con lo cual los paganos sintieron una inmensa alegría al saber que la nueva religión no los despreciaba a ellos sino que más bien los prefería. Allí en Iconio estuvieron a punto de ser apedreados por una revolución tramada por los judíos y tuvieron que salir huyendo. Pero dejaron una buena cantidad de convertidos y confirmaron sus enseñanzas con formidables señales y prodigios que Dios obraba por medio de estos dos santos apóstoles.

En la ciudad de Listra, al llegar curaron milagrosamente a un paralítico y entonces la gente creyó que ellos eran dos dioses. A Bernabé por ser alto y majestuoso le decían que era el dios Zeus y a Pablo por la facilidad con la que hablaba lo llamaban el dios Mercurio. Y ya les iban a ofrecer un toro en sacrificio, cuando ellos les declararon que no eran tales dioses, sino unos simples mortales. Luego llegaron unos judíos de Iconio y promovieron un tumulto y apedrearon a Pablo y cuando lo creyeron muerto se fueron, pero él se levantó luego y curado instantáneamente entró otra vez en la ciudad. Después de todo esto Bernabé y Pablo se devolvieron ciudad por ciudad donde habían estado evangelizando y se dedicaron a animar a los nuevos cristianos y les recordaban que “es necesario pasar por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios” (Hechos 14, 22).

Al llegar a Antioquía se encontraron con que los cristianos estaban divididos en dos partidos: unos (dirigidos por los antiguos judíos) decían que para salvarse había que circuncidarse y cumplir todos los detalles de las leyes de Moisés. Otros decían que no, que basta cumplir las leyes principales. Bernabé y Pablo se pusieron del lado de los que decían que no había que circuncidarse, y como la discusión se ponía acalorada, los de Antioquía enviaron a Jerusalén una embajada para que consultara con los apóstoles. La embajada estaba presidida por Bernabé y Pablo. Los apóstoles reunieron un concilio y le dieron la razón a Bernabé y Pablo y luego pasaron horas muy emocionantes oyéndoles contar las formidables aventuras de sus viajes misioneros.

Volvieron a Antioquía y dispusieron organizar un segundo viaje misionero. Pero Bernabé quería llevar como ayudante a su primo Marcos, y Pablo se oponía, porque Marcos les había abandonado en la mitad del viaje anterior (por miedo a tantas dificultades). Y así fue que se separaron y Bernabé se fue a acabar de evangelizar en su isla de Chipre y San Pablo se fue a su segundo viaje. Más tarde se encontraron otra vez como amigos misionando en Corinto (1 Cor. 9,6).