Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
11 enero, 2016
San Higinio, Papa y mártir
¡Oh!, San Higinio, vos, sois el hijo del Dios de la vida, y
su amado santo. Y, hay que decirlo, a vos, os debemos, que
hayáis determinado varias atribuciones del clero y que,
definieras los grados de la jerarquía eclesiástica. Además,
el instituisteis el padrino y la madrina, en el bautismo
de los recién nacidos, para, en la vida cristiana guiarlos.
También, que las iglesias viviesen siempre consagradas.
Se os consideró como filósofo y como tal, os comportasteis
durante vuestro pontificado, contra los gnósticos luchando
con arador de corazón. Vos, erais hombre de superior ingenio,
de eminente sabiduría, de extraordinaria grandeza de alma,
de inflexible tesón, y de inacabable intrepidez, que mirasteis
con desprecio los mayores peligros, tanto que, parecíais
buscar la corona del martirio, y que, hallándola al fin,
terminasteis y donde vuestra prístina alma, al cielo voló,
luego de haber gastado vuestra santa vida, por Cristo Jesús,
Dios y Señor Nuestro, para coronado ser con corona eterna
de luz, como premio, a vuestra grande entrega de amor;
¡Oh!, San Higinio, “vivo amor y fe por el Dios de la Vida”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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11 de Enero
San Higinio Papa
Grecia 136-140
Mártir Ateniense
Elegido en 136, murió en el 140. Determinó varias atribuciones del clero y definió los grados de la jerarquía eclesiástica. Instituyó el padrino y la madrina en el bautismo de los recién nacidos para guiarlos en la vida cristiana y decretó que las iglesias viniesen consagradas.
S. HIGINIO (136-140) Nació en Atenas. Se le consideró un filósofo y como tal se comportó duran-te su pontificado, sobre todo en la lucha contra los gnósticos. Tuvo que encararse en particular a Cerdón, quien negaba la validez del Antiguo Testamento y de parte del Evangelio de S. Lucas.
Dictó algunas disposiciones destinadas a reglamentar una jerarquía de sacerdotes que iba formándose; medida que se hizo necesaria si se considera la creciente expansión de las comunidades cristianas.
Dispuso la presencia de un padrino o de una madrina en el bautizo de los niños, con el fin de guiarles y aleccionarles en la vida cristiana. Prescribió que las iglesias fueran dedicadas.
La suya fue una época de persecuciones. En una de éstas probablemente fue martirizado. Fue enterrado cerca de la tumba de S. Pedro.
San Higinio fue griego de nación, natural de Atenas, hijo de un filósofo, cuyo nombre y genealogía se ignora, quien por su eminente y recomendables prendas ascendió a la cátedra apostólica por muerte de San Telésforo, hacia la mitad del siglo II, en el reinado del emperador Antonino Pío.
En tiempo de su pontificado fueron muchas y graves las calamidades del mundo, y con especialidad del Imperio romano; y atribuyendo los gentiles estos males y castigos a la divina Justicia, a los vicios y delitos de los cristianos; enemigos de sus dioses, con esta falsa preocupación los perseguían de muerte, con el fin de aplacar el enojo de sus ídolos, a quienes suponían gravemente ofendidos.
No menos cruel que la persecución de los paganos fue la que sobrevino a la Iglesia en la época de este Papa por la malignidad de los herejes, que no perdonaban medio alguno para corromper la pureza de la fe y la santidad de las costumbres. Casi todos los enemigos declarados de Jesucristo habían concurrido a Roma con la perversa intención de envenenar la fuente de matriz de la doctrina evangélica, con singular atractivo y cultos modales hacía grandes progresos en su secta, engañando al vulgo con su doctrina afectación de reforma y una muy bien estudiada exterioridad de virtud.
Marción, otro famoso heresiarca, separado de la Iglesia por su mismo padre, obispo después de viudo, no pudiendo conseguir en Roma ser admitido a la comunión de los fieles, por más que se cubrió con la máscara de virtud y austeridad, precipitado por la herejía de Cerdon, añadiendo muchas impiedades a las de aquel perverso maestro, engañó a muchos sencillos y simples con las apariencias de arrepentido y devoto. Contra estos y otros herejes tuvo que luchar Higinio; y como era un hombre de superior ingenio, de eminente sabiduría, de extraordinaria grandeza de alma, de inflexible tesón, y de tanta intrepidez, que miraba con desprecio los mayores peligros, les persiguió hasta exterminarles, y no perdonó diligencia alguna para precaver a su rebaño de la ponzoña con el antídoto oportuno.
Mucho sirvió para la consecución de progresos tan felices San Justino Mártir, luz brillante de su siglo, y después mártir de Jesucristo, quien por aquel tiempo compuso su doctísima Apología en favor de los cristianos, capaz de confundir vergonzosamente a todos los enemigos del Evangelio, teniéndose por dichoso en contribuír a las empresas de tan gran Pontífice, a cuya vigilancia y celo se debió el fervor que en su tiempo acreditaron los fieles a pesar de las persecuciones de los gentiles y esfuerzos de los herejes.
Conseguidos tan recomendables triunfos, aplicó a la reforma del clero en los grados de su jerarquía; porque aunque ésta se hallaba ya establecida desde el tiempo apostólico con varios reglamentos posteriores de disciplina, confundidos unos, y relajados otros con motivo de las persecuciones de Trajano y Adriano, según escribe Baronio, los restituyó y perfeccionó Higinio, ordenando en cada uno de los grados eclesiásticos el modo y forma de ejercer sus respectivas funciones. También estableció muchos decretos útiles, entre ellos varios ritos y ceremonias para la celebración del Santo Sacrificio.
Señaló asimismo que fuese uno el padrino o madrina en el Bautismo, por haberse introducido mayor número, con inhibición de que lo fuese en el sacramento de la Confirmación el del Bautismo. Igualmente mandó que en la consagración de los templos se celebrase el Santo Sacrificio de la Misa, y que las Iglesias no se erigiesen o demoliesen sin licencia de los obispos, prohibiendo que lo cedido para el culto divino sirviese en usos profanos. Tres veces hizo órdenes en el mes de diciembre, en las que creó quince presbíteros, cinco diáconos, y siete obispos para diferentes Iglesias.
Hacía mucho tiempo que suspiraba nuestro Santo por la corona del martirio. Aquel ardiente celo que mostraba en todas sus acciones y providencias por dilatar el reino de Jesucristo, y consevar en su pureza el Sagrado Depósito de la Fe, le hacía acreedor a este favor del cielo; el cual alcanzó en efecto con la persecución de Antonio Pío, el 11 de enero del año 140, después de haber gobernado la nave de la Iglesia cuatro años, tres meses y ocho días, sufriendo infinitos trabajos y fatigas por la defensa de la religión cristiana.
Legado de San Higinio: Jerarquizó los grados del clero eclesiástico, permitió en el sacramento del bautismo el padrino y la madrina.
(http://www.oremosjuntos.com/Papa/SanHiginio.html)
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1/11/2016 09:15:00 a.m.
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10 enero, 2016
Solemnidad del Bautismo del Señor
¡Oh!, Solemnidad del Bautismo del Señor,
por el que San Juan, el “Evangelista”, en
su carta primera escribió así: “Jesucristo
vino por agua y sangre”. Y, que “tres son
los que dan testimonio de Jesucristo: el
Espíritu, el agua y la sangre, y los tres
están de acuerdo”. Por ello, Vos, Jesús mío,
y Señor mío, sin necesitarlo, bautizado
fuisteis por el “Bautista” Juan, primo
vuestro, en las aguas del Jordán eterno, y
saliendo del agua, se abrieron los cielos y
el Espíritu Santo descendió sobre Vos, en
forma de paloma, y se oyó una voz del cielo
que decía: “Este Es mi Hijo, el amado, mi
predilecto”. ¡Oh!, agua que sois realidad
presente en todos y cada uno de nosotros
bautizados, demostrando con ello, vuestra
riqueza simbólica con los demás elementos
que os acompañan a diferencia de nuestros
hermanos separados, que se han quedado con
el agua, sin conocer el bautismo del espíritu;
¡Oh!, Solemnidad del Bautismo del Señor.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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10 de Enero Solemnidad del Bautismo del Señor
Fiesta, con la cual se cierra el tiempo litúrgico de Navidad
Por: P. Juan Pablo Esquivel | Fuente: Catholic.net
Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es
dedicado a celebrar el bautismo de Cristo, este año se celebra el
domingo 10 de enero y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o
de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al
tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario.
Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser
bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. Llegó el
Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo
el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El
Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536:
Hay una diferencia importante entre los dos bautismos:
El de Juan: con agua, exterior, signo de arrepentimiento para el perdón de los pecados.
El de JESÚS: con Espíritu Santo, renovación interior que nos hace “partícipes de la naturaleza divina”
“No soy digno ni siquiera de desatar la correa de su sandalia…”
trabajo reservado al más inútil de los esclavos… Juan destaca la
infinita distancia entre él y Jesús…
¿Porqué entonces Jesús se hace bautizar por Juan? [es una escena tan
impresionante, que podría resultar incomprensible, y hasta escandalosa]…
Pero admitámoslo, y descubramos nuevamente el “modo” que Dios emplea
para salvarnos: hoy se pone en la fila de los pecadores, y aunque no lo
necesitaba, se somete también a un bautismo de penitencia… Se ha hecho
semejante a nosotros en todo, y por eso no se avergüenza de colocarse en
la fila de aquellos que se preparaban para la llegada del Reino de
Dios… así como tampoco se avergonzó de nosotros cuando tomó sobre sí
todos nuestros pecados, y subió a la Cruz como si fuese un delincuente…
Pero el bautismo que recibió Jesús fue muy “especial”: ciertos hechos nos indican que con Él comienza un nuevo bautismo:
El cielo abierto (ya nunca más cerrado por los pecados, como hasta
este momento) Es decir, comienza una nueva etapa de relación entre Dios y
los hombres: el Cielo viene a nosotros, y nosotros vamos allá: viene
con Cristo y el Espíritu Santo. Llega todo, porque Dios mismo viene, y
Él será para nosotros y nos dará todo. Estamos frente al comienzo de una
nueva humanidad, divinizada.
En la proposición que San Marcos hace en su Evangelio, el Padre no
“presenta” a su Hijo (“Éste es mi Hijo amado”), sino que se dirige a Él
(“Tú eres mi Hijo…”): Cristo nos representa a todos, que desde ese
momento pasamos a ser hijos amados, complacencia del Padre… Cuando somos
bautizados, esta vocación eterna se verifica efectivamente,
verdaderamente: somos una nueva creación. Por lo tanto, nuestra
dignidad, nuestra gloria, y nuestro compromiso pasa por VIVIR NUESTRO
BAUTISMO…
“Éste es mi Hijo” (Evang.)… “Éste es el servidor sufriente” (Iª lect.)…
Sigamos a Cristo por la Cruz a la Luz.
(http://es.catholic.net/op/articulos/18182/bautismo-del-seor.html)
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1/10/2016 11:20:00 a.m.
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09 enero, 2016
San Julián
¡Oh!, San Julián, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
y, su amado santo, y, que, a la vida en común con vuestra
novia, os negasteis, porque Dios, os permitió ver, en una
visión las maravillas que guarda Él, para quienes puros
se conservan. Y, vuestra novia aceptó, y luego, al desierto
marchasteis e hicisteis casas de oración en su honor. Desde
entonces, invitasteis a los jóvenes seguidores vuestros
en la pureza, a imitaros en vuestra santa cuaresma de ayuno,
oración, abstinencia y meditación los días todos de vuestra
santa vida. Y, estalló la persecución en Antioquía, y os
apresaron y a todos vuestros monjes. Y, en pleno martirio
defendisteis con valor a Cristo, negándoos a adorar falsos
dioses. Cuando os llegó vuestro turno, le dijisteis a vuestro
perseguidor: “Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios
del cielo. Mi jefe a quien adoro y obedezco es Nuestro Señor
Jesucristo. Él, ya resucitó y está sentado a la derecha de Dios
Padre. Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús,
que es muchísimo más importante y poderoso que el
emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar
los tormentos. Mis padres me están observando desde el cielo
y se sienten muy contentos y muy honrados de que yo proclame
mi fe en Cristo y derrame por El mi sangre”. Seguidamente
empezaron a daros latigazos, y uno de los verdugos se hiere
de un ojo, y escuchando sus terribles gritos vos, lo curasteis.
Luego, os cortan vuestra cabeza. Y, ¡milagro! En ese momento
Celso, hijo del cruel Marciano, al veros con qué valentía y
alegría fuisteis a la muerte por Cristo, os imita, declarándose
también, seguidor de EL, y cristiano se hace. Y, así, feliz
entregasteis, vuestra santa vida. Y, cada quien se preguntará
¿Dónde estaréis ahora? ¿Dónde? Y, la respuesta, esperar no
se deja, del lugar donde estáis, sino, que en el mismo cielo,
coronado de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Julián; “vivo mártir del amor y la luz de Jesucristo”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
y, su amado santo, y, que, a la vida en común con vuestra
novia, os negasteis, porque Dios, os permitió ver, en una
visión las maravillas que guarda Él, para quienes puros
se conservan. Y, vuestra novia aceptó, y luego, al desierto
marchasteis e hicisteis casas de oración en su honor. Desde
entonces, invitasteis a los jóvenes seguidores vuestros
en la pureza, a imitaros en vuestra santa cuaresma de ayuno,
oración, abstinencia y meditación los días todos de vuestra
santa vida. Y, estalló la persecución en Antioquía, y os
apresaron y a todos vuestros monjes. Y, en pleno martirio
defendisteis con valor a Cristo, negándoos a adorar falsos
dioses. Cuando os llegó vuestro turno, le dijisteis a vuestro
perseguidor: “Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios
del cielo. Mi jefe a quien adoro y obedezco es Nuestro Señor
Jesucristo. Él, ya resucitó y está sentado a la derecha de Dios
Padre. Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús,
que es muchísimo más importante y poderoso que el
emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar
los tormentos. Mis padres me están observando desde el cielo
y se sienten muy contentos y muy honrados de que yo proclame
mi fe en Cristo y derrame por El mi sangre”. Seguidamente
empezaron a daros latigazos, y uno de los verdugos se hiere
de un ojo, y escuchando sus terribles gritos vos, lo curasteis.
Luego, os cortan vuestra cabeza. Y, ¡milagro! En ese momento
Celso, hijo del cruel Marciano, al veros con qué valentía y
alegría fuisteis a la muerte por Cristo, os imita, declarándose
también, seguidor de EL, y cristiano se hace. Y, así, feliz
entregasteis, vuestra santa vida. Y, cada quien se preguntará
¿Dónde estaréis ahora? ¿Dónde? Y, la respuesta, esperar no
se deja, del lugar donde estáis, sino, que en el mismo cielo,
coronado de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Julián; “vivo mártir del amor y la luz de Jesucristo”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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9 de Enero
San Julián
Mártir
Año 304
Nació San Julián en la ciudad de Antioquía (en Siria), de una familia
que se preocupó por darle una muy buena formación religiosa. Los papás
querían que se casara con una joven muy virtuosa y de familia muy rica,
pero Julián tuvo una visión en la cual vio algunos de los premios que
Dios reserva para quienes conservan su virginidad y narró su visión a la
novia. Y entonces los dos, de común acuerdo, hicieron voto de castidad o
sea un juramento de conservarse siempre puros.
Los papás creían que ellos formarían un hogar, pero los novios se
habían comprometido a conservar para siempre su virginidad. Y poco
tiempo después murieron los padres de los dos jóvenes, y entonces Julián
y su prometida se fueron cada uno a un desierto a orar, y a hacer
penitencia y cada cual fundó un monasterio. Julián un monasterio para
hombres y ella uno para mujeres.
Muchos hombres deseosos de conseguir la santidad se fueron a
acompañar a Julián en su vida de religioso y lo nombraron superior. El
los dirigió con especial cariño y con gran prudencia. Era el que más
duro trabajaba, el que mayores favores hacía a todos y el más fervoroso
en la oración. Y dedicaba muchas horas a la lectura de libros religiosos
y a la meditación.
Su vida fue una continua Cuaresma, o sea un ayunar y guardar
abstinencia y orar y meditar, todos los días, sin cansarse. A los
súbditos nunca los reprendía con altanería ni con malos modos o delante
de los demás, sino en privado, con frases amables, comprensivas y
animadoras, que les demostraban el gran aprecio y amor que les tenía, y
que llegaban al fondo del alma y obtenían verdaderas conversiones.
Los religiosos decían que Julián era muy exigente y duro para sí
mismo, pero admirablemente comprensivo y amable para con los demás, y
que gobernaba con tal prudencia y caridad a los monjes que éstos se
sentían en aquél desierto más felices que si estuvieran en el más cómodo
convento de la ciudad.
La persecución
Y sucedió que estalló en Antioquía la persecución contra los
cristianos, y el gobernador Marciano ordenó apresar a Julián y a todos
sus monjes. Centenares de cristianos fueron siendo quemados por
proclamar su amor a Jesucristo, y cuando le llegó el turno a nuestro
santo, se produjo el siguiente diálogo entre el perseguidor y Julián:
– Le ordenamos que adore la estatua de nuestro emperador.
– Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios del cielo.
– Su Dios y emperador es el Cesar de Roma.
– Mi jefe a quien adoro y obedezco es Nuestro Señor Jesucristo.
– ¿Cómo se le ocurre creer en uno que fue crucificado?
– Es que el crucificado ya resucitó y está sentado a la derecha de Dios Padre.
– ¿Te ríes de nuestros dioses y del emperador? Pues ahora que te atormenten te arrepentirás de haber procedido así.
– Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús, que es
muchísimo más importante y poderoso que el emperador, me dará las
fuerzas y el valor para soportar los tormentos.
El perseguidor, viendo que con amenazas no lo conmueve, se propone
cambiar de táctica y ofrecerle a Julián grandes premios si deja la santa
religión:
– Tus padres eran personas muy importantes en esta ciudad. Si dejas
de ser cristiano y adoras a nuestros dioses, te concederemos puestos de
primera clase.
– Mis padres me están observando desde el cielo y se sienten muy
contentos y muy honrados de que yo proclame mi fe en Cristo y derrame
por El mi sangre.
Empiezan a darle a Julián terribles latigazos, con fuetes que tienen
pedacitos de hierro en los extremos, pero uno de los verdugos al retirar
rápidamente el fuete, es herido gravemente en un ojo por la punta de
hierro del látigo. Julián oye el grito de dolor y llamando al verdugo le
coloca sus manos sobre el ojo destrozado y se obtiene inmediatamente la
curación.
Los verdugos le cortan la cabeza al santo, pero en ese momento el
joven Celso, hijo del perseguidor Marciano, al ver con qué gran valentía
y alegría ha ido a la muerte este amigo de Cristo, se declara él
también seguidor de Jesús y se hace cristiano. Esta conversión fue
considerada como un verdadero milagro espiritual obtenido por el
martirio de Julián.
Y los amigos de Jesús queremos proclamar siempre y en todas partes
nuestra fe, y preferir mil muertes y diez mil tormentos, antes que dejar
nuestra santísima religión por irnos a religiones falsas que ni dan
felicidad en esta vida ni consiguen salvación eterna.
San Julián: pídele a Cristo que nosotros logremos perseverar fieles a nuestra santa religión hasta la muerte.
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1/09/2016 10:32:00 a.m.
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08 enero, 2016
San Severino
¡Oh!, San Severino, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, y, a quien, Él, os proveyó de maravillosos
dones: el de profecía y el del buen consejo, que el Espíritu
Santo, administraba, por vuestra oración constante y fe
inmaculada. Vos, a menudo repetíais la bíblica palabra:
“Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz.
Pero, para los que hacen el mal, la tristeza y castigos
vendrán”. Y, anunciando que quienes dicen: “He pecado
y nada malo me ha pasado”, están completamente equivocados,
pues, todo pecado, trae del cielo, castigos”. Y, esto, a
muchos frenaba y les impedía seguir por la senda del vicio
y del mal. “El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres
y hacer penitencia”. Y, la gente os oía y carne las hacía
en sus diarias vidas. “No te dejará mi Señor Jesucristo
que pases del sitio donde está su santa cruz”. Así, le
hablasteis al Danubio, y el río os escuchó y obedeció
de manera maravillosa y nunca más pasaron sus crecientes
aguas de donde dejasteis la Cruz que vos pusisteis. ¡Qué
alegría vuestro obrar! ¡Qué talento! ¡Qué profecías! ¡Qué
amor! Partisteis de este mundo, vuestra célebre frase
pronunciando: “Todo ser que tiene vida, alabe al Señor”.
Y, seguidamente el Salmo ciento cincuenta: “¡Aleluya!
Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte
firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo
por su inmensa grandeza. Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y
danzas, alabadlo con trompas y flautas, alabadlo con
platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo
ser que alienta alabe al Señor. ¡Aleluya!”. Así, os despedisteis
de este mundo, para recibir vuestro muy justo premio:
corona de luz y vida eterna, por los siglos de los siglos;
¡oh!, San Severino; “viva profecía del Dios de la vida”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Enero
San Severino
Predicador
Murió el 9 de enero del año 482, pronunciado la última frase del último salmo de la S. Biblia (el 150): “Todo ser que tiene vida, alabe al Señor”.
Había nacido probablemente en Roma el año 410. Es patrono de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).
Su biografía la escribió su discípulo Eugipio. A nadie decía que era de Roma (la capital del mundo en ese entonces) ni que provenía de una familia noble y rica, pero su perfecto modo de hablar el latín y sus exquisitos modales y su trato finísmo lo decían.
San Severino tenía el don de profecía (anunciar el futuro) y el don de consejo, dos preciosos dones que el Espíritu Santo regala a quienes le rezan con mucha fe.
Se fue a misionar en las orillas del río Danubio en Austria y anunció a las gentes de la ciudad de Astura que si no dejaban sus vicios y no se dedicaban a rezar más y a hacer sacrificios, iban a sufrir un gran castigo. Nadie le hizo caso, y entonces él, declarando que no se hacía responsable de la mala voluntad de esas cabezas tan duras, se fue a la ciudad de Cumana. Pocos días después llegaron los terribles “Hunos”, bárbaros de Hungría, y destruyeron totalmente la ciudad de Astura, y mataron a casi todos sus habitantes.
En Cumana, el santo anunció que esa ciudad también iba a recibir castigos si la gente no se convertía. Al principio nadie le hacía caso, pero luego llegó un prófugo que había logrado huir de Astura y les dijo: “Nada de lo terrible que nos sucedió en mi ciudad habría sucedido si le hubiéramos hecho caso a los consejos de este santo. El quiso liberarnos, pero nosotros no quisimos dejarnos ayudar”. Entonces las gentes se fueron a los templos a orar y se cerraron las cantinas, y empezaron a portarse mejor y a hacer pequeños sacrificios, y cuando ya los bárbaros estaban llegando, un tremendo terremoto los hizo salir huyendo. Y no entraron a destruir la ciudad.
En Faviana, una ciudad que quedaba junto al Danubio, había mucha carestía porque la nieve no dejaba llegar barcos con comestibles. San Severino amenazó con castigos del cielo a los que habían guardado alimentos en gran cantidad, si no los repartían. Ellos le hicieron caso y los repartieron. Entonces el santo, acompañado de mucho pueblo, se puso a orar y el hielo del río Danubio se derritió y llegaron barcos con provisiones.
Su discípulo preferido, Bonoso, sufría mucho de un mal de ojos. San Severino curaba milagrosamente a muchos enfermos, pero a su discípulo no lo quiso curar, porque le decía: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder.” Y por 40 años sufrió Bonoso su enfermedad, pero llegó a buen grado de santidad.
El santo iba repitiendo por todas partes aquella frase de la S. Biblia: “Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz. Pero para los que hacen el mal, la tristeza y castigos vendrán” (Romanos 2). Y anunciaba que no es cierto lo que se imaginan muchos pecadores: “He pecado y nada malo me ha pasado”. Pues todo pecado trae castigos del cielo. Y esto detenía a muchos y les impedía seguir por el camino del vicio y del mal.
San Severino era muy inclinado por temperamento a vivir retirado rezando y por eso durante 30 años fue fundando monasterios, pero las inspiraciones del cielo le mandaban irse a las multitudes a predicar penitencia y conversión. Buscando pecadores para convertir recorría aquellas inmensas llanuras de Austria y Alemania, siempre descalzo, aunque estuviera andando sobre las más heladas nieves, sin comer nada jamás antes de que se ocultara el sol cada día; reuniendo multitudes para predicarles la penitencia y la necesidad de ayudar al pobre y sanando enfermos, despertando en sus oyentes una gran confianza en Dios y un serio temor a ofenderle; vistiendo siempre una túnica desgastada y vieja, pero venerado y respetado por cristianos y bárbaros, y por pobres y ricos, pues todos lo consideraban un verdadero santo.
Se encontró con Odoacro, un pequeño reyezuelo, y le dijo proféticamente: “Hoy te vistes simplemente con una piel sobre el hombro. Pronto repartirás entre los tuyos los lujos de la capital del mundo”. Y así sucedió. Odoacro con sus Hérulos conquistó Roma, y por cariño a San Severino respetó el cristianismo y lo apoyó.
Cuando Odoacro desde Roma le mandó ofrecer toda clase de regalos y de honores, el santo lo único que le pidió fue que respetara la religión y que a un pobre hombre que habían desterrado injustamente, le concediera la gracia de poder volver a su patria y a su familia. Así se hizo.
Giboldo, rey de los bárbaros alamanos, pensaba destruir la ciudad de Batavia, San Severino le rogó por la ciudad y el rey bárbaro le perdonó por el extraordinario aprecio que le tenía a la santidad de este hombre.
En otra ciudad predicó la necesidad de hacer penitencia. La gente dijo que en vez de enseñarles a hacer penitencia les ayudara a comerciar con otras ciudades. El les respondió: “¿Para qué comerciar, si esta ciudad se va a convertir en un desierto a causa de la maldad de sus habitantes?”. Y se alejó de la ciudad. Poco después llegaron los bárbaros y destruyeron la ciudad y mataron a mucha gente.
En Tulnman llegó una terrible plaga que destruía todos los cultivos. La gente acudió a San Severino, el cual les dijo: “El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres y hacer penitencia”. Toda la gente se fue al templo a rezar con él. Menos un hacendado que se quedó en su campo por pereza de ir a rezar. A los tres días la plaga se había ido de todas las demás fincas, menos de la inca del haciendo perezoso, el cual vio devorada por plagas toda su cosecha de ese año.
En Kuntzing, ciudad a las orillas del Danubio, este río hacía grandes destrozos en sus inundaciones, y le hacía mucho daño al templo católico que estaba construido a la orilla de las aguas. San Severino llegó, colocó una gran cruz en la puerta de la Iglesia y dijo al Danubio: “No te dejará mi Señor Jesucristo que pases del sitio donde está su santa cruz”. El río obedeció siempre y ya nunca pasaron sus crecientes del lugar donde estaba la cruz puesta por el santo.
El 6 de enero del año 482, fiesta de la Epifanía, sintió que se iba a morir, llamó entonces a las autoridades civiles de la ciudad y les dijo: “Si quieren tener la bendición de Dios respeten mucho los derechos de los demás. Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo lo más posible a los monasterios y a los templos”. Y entonando el salmo 150 se murió, el 8 de enero.
A los seis años fueron a sacar sus restos y lo encontraron incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Al levantarle los párpados vieron que sus bellos ojos azules brillaban como si apenas estuviera dormido.
Sus restos han sido venerados por muchos siglos, en Nápoles. En Austria todavía se conserva en uno de los conventos fundados por él, la celda donde el santo pasaba horas y horas rezando por la conversión de los pecadores y la paz del mundo.
Señor Jesús: que no nos suceda nunca ser castigados por la justicia Divina como aquellos pueblos que no quisieron escuchar la invitación de San Severino a convertirse. Recuérdanos la frase del libro santo: “Hoy si escucháis la voz de Dios no endurezcáis vuestro corazón” (Salmo 94). Que escuchemos siempre a los profetas que nos llaman a la conversión, y que dejando nuestra mala vida pasada, salvemos nuestra alma. Amén.
su amado santo, y, a quien, Él, os proveyó de maravillosos
dones: el de profecía y el del buen consejo, que el Espíritu
Santo, administraba, por vuestra oración constante y fe
inmaculada. Vos, a menudo repetíais la bíblica palabra:
“Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz.
Pero, para los que hacen el mal, la tristeza y castigos
vendrán”. Y, anunciando que quienes dicen: “He pecado
y nada malo me ha pasado”, están completamente equivocados,
pues, todo pecado, trae del cielo, castigos”. Y, esto, a
muchos frenaba y les impedía seguir por la senda del vicio
y del mal. “El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres
y hacer penitencia”. Y, la gente os oía y carne las hacía
en sus diarias vidas. “No te dejará mi Señor Jesucristo
que pases del sitio donde está su santa cruz”. Así, le
hablasteis al Danubio, y el río os escuchó y obedeció
de manera maravillosa y nunca más pasaron sus crecientes
aguas de donde dejasteis la Cruz que vos pusisteis. ¡Qué
alegría vuestro obrar! ¡Qué talento! ¡Qué profecías! ¡Qué
amor! Partisteis de este mundo, vuestra célebre frase
pronunciando: “Todo ser que tiene vida, alabe al Señor”.
Y, seguidamente el Salmo ciento cincuenta: “¡Aleluya!
Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte
firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo
por su inmensa grandeza. Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y
danzas, alabadlo con trompas y flautas, alabadlo con
platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo
ser que alienta alabe al Señor. ¡Aleluya!”. Así, os despedisteis
de este mundo, para recibir vuestro muy justo premio:
corona de luz y vida eterna, por los siglos de los siglos;
¡oh!, San Severino; “viva profecía del Dios de la vida”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Enero
San Severino
Predicador
Murió el 9 de enero del año 482, pronunciado la última frase del último salmo de la S. Biblia (el 150): “Todo ser que tiene vida, alabe al Señor”.
Había nacido probablemente en Roma el año 410. Es patrono de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).
Su biografía la escribió su discípulo Eugipio. A nadie decía que era de Roma (la capital del mundo en ese entonces) ni que provenía de una familia noble y rica, pero su perfecto modo de hablar el latín y sus exquisitos modales y su trato finísmo lo decían.
San Severino tenía el don de profecía (anunciar el futuro) y el don de consejo, dos preciosos dones que el Espíritu Santo regala a quienes le rezan con mucha fe.
Se fue a misionar en las orillas del río Danubio en Austria y anunció a las gentes de la ciudad de Astura que si no dejaban sus vicios y no se dedicaban a rezar más y a hacer sacrificios, iban a sufrir un gran castigo. Nadie le hizo caso, y entonces él, declarando que no se hacía responsable de la mala voluntad de esas cabezas tan duras, se fue a la ciudad de Cumana. Pocos días después llegaron los terribles “Hunos”, bárbaros de Hungría, y destruyeron totalmente la ciudad de Astura, y mataron a casi todos sus habitantes.
En Cumana, el santo anunció que esa ciudad también iba a recibir castigos si la gente no se convertía. Al principio nadie le hacía caso, pero luego llegó un prófugo que había logrado huir de Astura y les dijo: “Nada de lo terrible que nos sucedió en mi ciudad habría sucedido si le hubiéramos hecho caso a los consejos de este santo. El quiso liberarnos, pero nosotros no quisimos dejarnos ayudar”. Entonces las gentes se fueron a los templos a orar y se cerraron las cantinas, y empezaron a portarse mejor y a hacer pequeños sacrificios, y cuando ya los bárbaros estaban llegando, un tremendo terremoto los hizo salir huyendo. Y no entraron a destruir la ciudad.
En Faviana, una ciudad que quedaba junto al Danubio, había mucha carestía porque la nieve no dejaba llegar barcos con comestibles. San Severino amenazó con castigos del cielo a los que habían guardado alimentos en gran cantidad, si no los repartían. Ellos le hicieron caso y los repartieron. Entonces el santo, acompañado de mucho pueblo, se puso a orar y el hielo del río Danubio se derritió y llegaron barcos con provisiones.
Su discípulo preferido, Bonoso, sufría mucho de un mal de ojos. San Severino curaba milagrosamente a muchos enfermos, pero a su discípulo no lo quiso curar, porque le decía: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder.” Y por 40 años sufrió Bonoso su enfermedad, pero llegó a buen grado de santidad.
El santo iba repitiendo por todas partes aquella frase de la S. Biblia: “Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz. Pero para los que hacen el mal, la tristeza y castigos vendrán” (Romanos 2). Y anunciaba que no es cierto lo que se imaginan muchos pecadores: “He pecado y nada malo me ha pasado”. Pues todo pecado trae castigos del cielo. Y esto detenía a muchos y les impedía seguir por el camino del vicio y del mal.
San Severino era muy inclinado por temperamento a vivir retirado rezando y por eso durante 30 años fue fundando monasterios, pero las inspiraciones del cielo le mandaban irse a las multitudes a predicar penitencia y conversión. Buscando pecadores para convertir recorría aquellas inmensas llanuras de Austria y Alemania, siempre descalzo, aunque estuviera andando sobre las más heladas nieves, sin comer nada jamás antes de que se ocultara el sol cada día; reuniendo multitudes para predicarles la penitencia y la necesidad de ayudar al pobre y sanando enfermos, despertando en sus oyentes una gran confianza en Dios y un serio temor a ofenderle; vistiendo siempre una túnica desgastada y vieja, pero venerado y respetado por cristianos y bárbaros, y por pobres y ricos, pues todos lo consideraban un verdadero santo.
Se encontró con Odoacro, un pequeño reyezuelo, y le dijo proféticamente: “Hoy te vistes simplemente con una piel sobre el hombro. Pronto repartirás entre los tuyos los lujos de la capital del mundo”. Y así sucedió. Odoacro con sus Hérulos conquistó Roma, y por cariño a San Severino respetó el cristianismo y lo apoyó.
Cuando Odoacro desde Roma le mandó ofrecer toda clase de regalos y de honores, el santo lo único que le pidió fue que respetara la religión y que a un pobre hombre que habían desterrado injustamente, le concediera la gracia de poder volver a su patria y a su familia. Así se hizo.
Giboldo, rey de los bárbaros alamanos, pensaba destruir la ciudad de Batavia, San Severino le rogó por la ciudad y el rey bárbaro le perdonó por el extraordinario aprecio que le tenía a la santidad de este hombre.
En otra ciudad predicó la necesidad de hacer penitencia. La gente dijo que en vez de enseñarles a hacer penitencia les ayudara a comerciar con otras ciudades. El les respondió: “¿Para qué comerciar, si esta ciudad se va a convertir en un desierto a causa de la maldad de sus habitantes?”. Y se alejó de la ciudad. Poco después llegaron los bárbaros y destruyeron la ciudad y mataron a mucha gente.
En Tulnman llegó una terrible plaga que destruía todos los cultivos. La gente acudió a San Severino, el cual les dijo: “El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres y hacer penitencia”. Toda la gente se fue al templo a rezar con él. Menos un hacendado que se quedó en su campo por pereza de ir a rezar. A los tres días la plaga se había ido de todas las demás fincas, menos de la inca del haciendo perezoso, el cual vio devorada por plagas toda su cosecha de ese año.
En Kuntzing, ciudad a las orillas del Danubio, este río hacía grandes destrozos en sus inundaciones, y le hacía mucho daño al templo católico que estaba construido a la orilla de las aguas. San Severino llegó, colocó una gran cruz en la puerta de la Iglesia y dijo al Danubio: “No te dejará mi Señor Jesucristo que pases del sitio donde está su santa cruz”. El río obedeció siempre y ya nunca pasaron sus crecientes del lugar donde estaba la cruz puesta por el santo.
El 6 de enero del año 482, fiesta de la Epifanía, sintió que se iba a morir, llamó entonces a las autoridades civiles de la ciudad y les dijo: “Si quieren tener la bendición de Dios respeten mucho los derechos de los demás. Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo lo más posible a los monasterios y a los templos”. Y entonando el salmo 150 se murió, el 8 de enero.
A los seis años fueron a sacar sus restos y lo encontraron incorrupto, como si estuviera recién enterrado. Al levantarle los párpados vieron que sus bellos ojos azules brillaban como si apenas estuviera dormido.
Sus restos han sido venerados por muchos siglos, en Nápoles. En Austria todavía se conserva en uno de los conventos fundados por él, la celda donde el santo pasaba horas y horas rezando por la conversión de los pecadores y la paz del mundo.
Señor Jesús: que no nos suceda nunca ser castigados por la justicia Divina como aquellos pueblos que no quisieron escuchar la invitación de San Severino a convertirse. Recuérdanos la frase del libro santo: “Hoy si escucháis la voz de Dios no endurezcáis vuestro corazón” (Salmo 94). Que escuchemos siempre a los profetas que nos llaman a la conversión, y que dejando nuestra mala vida pasada, salvemos nuestra alma. Amén.
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1/08/2016 09:00:00 a.m.
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07 enero, 2016
San Raimundo de Peñafort
¡¡Oh!, San Raimundo de Peñafort, vos, sois el hijo
del Dios de la vida y su amado santo, que, de Él,
“la eficacia de la palabra” recibisteis, y, con
ella, a propios y extraños conquistasteis, con
ardor de corazón, cuando os oían hablar en favor
de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. Con
vuestra pluma, constancia dejasteis de cómo, los
antiguos respondían respecto de la fe, en vuestros
libros “Summa” y los “Decretales”, para saber qué
ordenaron y qué prohibieron los Santos Pontífices,
en los concilios del tiempo antiguo. Con San Pedro
Nolasco, la Orden de los “Mercedarios”, fundasteis,
dedicada al rescate de los secuestrados cristianos
en manos de los musulmanes. Y, además convertisteis
miles de aquellos a la doctrina de Vuestro Maestro.
Y, así, con la vida longeva que Dios os dio, marchó
vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona
de luz de luz eterna, padre santo del “Buen Consejo”.
¡oh!, San Raimundo de Peñafort, “vivo consejo de Dios”.
© 2016 by Luis Ernesto Chacón DelgadoOh!,
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7 de Enero San Raimundo de Peñafort
Raimundo significa “Buen consejo”. Nació en
Peñafort, cerca de Barcelona, España, en 1175. A los 20 años ya era profesor de
filosofía en un colegio de Barcelona, y a los 30 años era profesor en la famosa
Universidad de Bolonia (Italia), donde se había doctorado.
En 1222 entró en la Comunidad de Padres Dominicos
cuando apenas hacía ocho meses que había muerto San Domingo de Guzmán, el
fundador de esa Comunidad.
Pidió a sus superiores que le pusieran oficios
duros y humillantes para hacer penitencia de sus pecados, especialmente de su
orgullo. Pero los superiores le pusieron por oficio y tarea el dedicarse a
coleccionar las respuestas que los sabios antiguos de la Iglesia daban a
ciertas preguntas difíciles de los fieles, lo cual llamó “Casos de conciencia”
y compuso entonces su famoso libro llamado “Summa” o resumen de respuestas
difíciles en la confesión.
Raimundo obtuvo de Dios la “eficacia de la
palabra”, o sea que su predicación lograra conmover a los oyentes y
convertirlos. Y así recorrió ciudades y campos de Aragón, Castilla y Cataluña y
los que lo acompañaban decían que parecía casi imposible que un predicador
lograra tantas transformaciones con sus sermones.
Junto con San Pedro Nolasco, Raimundo fundó la
Comunidad de los Padres Mercedarios, dedicada a rescatar a los cristianos
secuestrados por los mahometanos o turcos.
En 1230 el Papa Gregorio IX llamó a Raimundo a
Roma y entre otros cargos que le dio, lo nombró su confesor. Una de las
penitencias que éste santo le puso al Sumo Pontífice fue que atendiera siempre
muy bien las peticiones que le hicieran los pobres.
El Papa le encomendó que recogiera y publicara
todos los decretos que habían dado los Pontífices y los Concilios. Después de
tres años de trabajo publicó su famosísimo libro titulado “Decretales”, el cual
han tenido que consultar después por varios siglos todos los que quieren saber
que ordenaron o qué prohibieron los Pontífices y Concilios de la antigüedad.
El Pontífice lo nombró obispo, pero poco después
el santo obtuvo que el Papa le aceptara la renuncia. Los religiosos de su
Comunidad lo eligieron Superior General, pero a los dos años renunció. Se
consideraba apto para predicar y escribir, pero no para mandar.
Los últimos 33 años de su vida los dedicó a
convertir cristianos pecadores y a obtener que muchos musulmanes se pasaran al
cristianismo. En una carta a su superior en 1256 le informa que ya ha logrado
que 10,000 mahometanos se vuelvan cristianos.
Este santo murió cuando estaba por cumplir los
100 años, en 1275. Dos reyes asistieron a su entierro y en su sepulcro se
obraron maravillosos milagros.
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1/07/2016 10:40:00 a.m.
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06 enero, 2016
Solemnidad de la Epifanía del Señor
6° de Enero
Solemnidad de la Epifanía del Señor
Vimos su estrella en el Oriente y venimos a adorarle
Esos magos le llevaron unos regalos al Niño Dios, pero no
se dieron cuenta de que ellos fueron quienes recibieron el mayor regalo.
Por: P Juan Pablo Menéndez | Fuente: Catholic.net
Del santo Evangelio según san Mateo 2, 1-12
Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos
magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo:
«¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella
en el Oriente y hemos venido a adorarle.» AL oír esto, el rey Herodes se
sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos
sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del
lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de
Judea, porque así está escrito por medio del profeta: Y tú, Belén,
tierra de Judá, no eres, no, la menor entre los principales clanes de
Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo
Israel.Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó
el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén,
les dijo: Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le
encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle. Ellos, después
de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que
habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se
detuvo encima del lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se
llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con
María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y
le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que
no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.
Oración introductoria
Jesús, vengo a este rato de meditación para contemplarte y adorarte,
como aquellos magos de Oriente. Ayúdame a encontrarte, como ellos lo
hicieron, en los brazos de María.
Petición
Jesús, dame la gracia de buscarte siempre. Que seas Tú la causa de todas mis alegrías.
Meditación del Papa Francisco
Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en
el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra
de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el
Mesías. Así escaparon al letargo de la noche del mundo, reemprendieron
su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, y el Evangelio dice
que se llenaron de “inmensa alegría”. Esa estrella que no se veía en la
oscuridad de la mundanidad de aquel palacio.
Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la
santa “astucia”. Es también una virtud, la santa “astucia”. Se trata de
esa sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros y
evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, de
regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de
Herodes, sino marchar por otro camino. (S.S. Francisco, 6 de enero de
2014).
Reflexión
Hoy es uno de esos días en que todos quisiéramos de nuevo ser niños.
¡Qué alegría y qué ilusión al habernos ido a la cama pensando: “Esta
noche pasarán por casa los Magos de Oriente y dejarán en ella muchos
regalos para mí” El ejemplo de estos “magos” (en la actualidad
equivaldrían a una especie de astrónomos y no a aquellos que aparecen y
desaparecen un conejo de su sombrero) es un ejemplo de fe y de
sencillez. Su vida estaba resuelta. Eran felices. Tenían una familia
maravillosa. ¿Para qué despeinarse? ¡Vaya ganas de complicarse la vida! Y
sin embargo, ven la estrella y no tardan en seguirla.
Tenían fe y supieron descubrir en el brillo de esa estrella diminuta,
que a ratos se les escabullía, el paso de Dios por sus vidas. Y es que,
hace falta tener los oídos interiores bien limpios para escuchar la voz
de Dios. El rey Herodes, a través de estos magos, recibió también una
invitación de Dios para sumarse a los que adorarían al Niño. Pero la
basura del egoísmo y el ruido del poder acumulado en sus oídos, no le
permitieron escuchar. Se quedó en su palacio y se ensució el alma con la
muerte de tantos inocentes. La sencillez de los magos, se nos presenta
unida a su fe, en el momento del encuentro con el Niño: Y de hinojos le
adoraron, abriendo sus cofres, le ofrecieron como dones de oro, incienso
y mirra…
Unos hombres venían de oriente. Ellos habían visto una estrella
diferente a las demás. Una estrella nacida hacía unos días, lo que
equivaldría a un fenómeno extraordinario. Lo comentan con todos los
habitantes de la ciudad en donde están. La ciudad se sobresalta por tal
anuncio. ¿Qué harías si hoy te preguntaran si has visto la estrella que
acaba de nacer? Al menos yo me sentiría confuso, dado que no soy un
astrónomo, además las noches las ocupo en otras cosas que en estar
mirando el cielo.
Estos hombres los recordamos hoy. Hace más de dos mil años que
observaron el fenómeno de la estrella, y aún hoy se observa este
milagro. Una estrella ha nacido, y nace en esta Navidad, y nacerá en las
siguientes navidades. Esa Estrella la llamamos Jesús. Un Niñito nacido
un lejano 24 de diciembre, y que sigue recibiendo la visita de unos
magos cada año. Unos magos que eran de oriente y que hoy los niños del
mundo quieren muchísimo. Esos magos le llevaron unos regalos al Niño
Dios, pero no se dieron cuenta de que ellos fueron quienes recibieron el
mayor regalo, el conocimiento de Dios a través de la Fe.
Ojalá que en este día, escuchemos la voz del recién nacido. Y si no
la percibimos, lavémonos los oídos, curemos nuestra sordera de alma y no
nos quedemos solos y tristes como Herodes.
Propósito
Vayamos al portal de Belén y con fe y sencillez, desde lo más
profundo de nuestro corazón, adoremos a Jesús, prometiéndole que
seguiremos siempre su estrella.
Diálogo con Cristo
La adoración de los magos me recuerda lo cerca que estás siempre,
esperando que me dé el tiempo para contemplar y apreciar el infinito
amor que me ofreces. Mi entorno social ofrece tantas falsas alegrías que
necesito, como los magos, seguir tu estrella que muestra el camino, que
aunque a veces parezca difícil, es el único donde podré encontrar la
felicidad verdadera. Señor, ayúdame a salir a predicar tu mensaje de
amor, dame la gracia de salir de mí para ejercer una labor de fermento
dentro de mi familia y en el círculo de mis amigos, para comenzar a
vivir un cristianismo militante, dinámico, lleno de celo, que nunca
pierde de vista la estrella de tu amor.
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1/06/2016 08:06:00 a.m.
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05 enero, 2016
San Eduardo III, el Confesor
5 de Enero
San Eduardo III, el Confesor
Rey
Por: P. Angel Amo | Fuente: Catholic.net
Martirologio Romano: En Londres, en Inglaterra, san
Eduardo, apellidado el Confesor, que, siendo rey de los ingleses, fue
muy amado por su eximia caridad, y trabajó incansablemente por mantener
la paz en sus estados y la comunión con la Sede Romana (1066).
Etimología: Eduardo = Aquel que es un guardián glorioso.
Eduardo, nieto de San Eduardo llamado el Mártir, nació en 1004 en
Islip, cerca de Oxford. Su padre era el rey Etelredo II, llamado el
Desaconsejado. Siendo todavía niño, tuvo que emprender el camino del
destierro y vivió del 1014 al 1041 en Normandía con unos familiares de
su madre.
Se dice que hizo el voto de ir en peregrinación a Roma si la Divina
Providencia lo llevaba de nuevo a su patria. Cuando esto sucedió,
Eduardo quería cumplir fielmente el voto, pero el Papa lo dispensó. El
dinero que iba a gastar en el viaje lo dio a los pobres y otra parte del
mismo lo dedicó a la restauración del monasterio al oeste de Londres
(west minster, hoy Westminster).
A pesar de los fracasos políticos de su gobierno, Eduardo rey de
Inglaterra del 1043 al 1066, dejó un vivísimo recuerdo en su pueblo.
Las razones de esta veneración, que continuó con los siglos, hay que
buscarlas no sólo en algunas medidas sabias administrativas, como la
abolición de un pesado impuesto militar que agobiaba a toda la nación,
sino sobre todo en su temperamento suave y generoso (jamás un desacato o
una palabra de reproche o un gesto de ira ni siquiera con los súbditos
más humildes) y en su vida privada.
Un año después de su coronación se había casado con la cultísima
Edith Godwin, hija de su más terrible adversario del barón Godwin de
Wessex.
Había sido una hábil jugada política de su suegro, pues tenía la
esperanza de que Eduardo, a quien ya llamaban “el Confesor”, le
confiaría la administración del gobierno para dedicarse con más libertad
a sus oraciones y a la meditación.
El plan, demasiado sutil, sólo tuvo éxito en parte, porque hacia 1051
el barón fue desterrado y la reina fue encerrada en un convento. Pero
sólo fue un paréntesis, porque el acuerdo entre Eduardo y la reina era
muy profundo, hasta el punto que, según los biógrafos, los dos habían
hecho de común acuerdo voto de virginidad.
La solemne inauguración del famoso coro del Monasterio de
Westminster, que él mismo había financiado, tuvo lugar el 28 de
diciembre de 1065. Pero el rey ya estaba gravemente enfermo.
Murió el 5 de enero de 1066 y fue enterrado en la Iglesia de la
abadía recientemente restaurada. Pronto hubo muchas peregrinaciones a su
tumba. En el reconocimiento de 1102 encontraron su cuerpo incorrupto y
el 17 de febrero de l161 el Papa Alejandro III lo incluyó en la lista de
los santos. El día de su fiesta coincide con la fecha en que Santo
Tomás Bechet trasladó solemnemente sus reliquias al coro de la misma
Iglesia.
Hoy, a la distancia de casi diez siglos, aún Inglaterra llama a su Corona “de San Eduardo”.
No lo tuvo fácil ¿verdad? Recuerdo ahora ese maravilloso refrán
castellano que dice: “Todos los días son buenos para alabar a Dios”.
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luisernestochacondelgado@gmail.com
a la/s
1/05/2016 09:17:00 a.m.
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