27 enero, 2016

Santa Angela de Merici

 

 ¡Oh! Santa Angela Merici, vos, sois la hija del Dios
de la vida, su amada santa y que honor hicisteis al
significado de vuestro nombre: “mensaje de Dios”. Vos,
fundasteis la congragación de las Hermanas Ursulinas,
y sobre vos, reposa el mérito de haber fundado la primera
comunidad religiosa femenina para educar a las niñas.
En vuestra familia, humilde, pero muy creyente os leían
cada noche, las vidas de santos, lo que catapultó vuestro
entusiasmo por la religión. A temprana edad, quedasteis
huérfana de padre y madre y, más tarde, pediríais a
Dios, perdón, por no haber confiado suficientemente
en vuestra juventud en la Providencia Divina, que a
nadie abandona. Os hicisteis, Terciaria Franciscana, y
sin haber hecho sino estudios de primaria, llegasteis
a ser Consejera de gobernadores, obispos, doctores y
sacerdotes, pues habíais recibido del Espíritu Santo
el Don del Consejo. Y, viendo que las niñas no tenían
quién las educara y las librara de peligros mortales,
y que las teorías nuevas llevaban a la gente a querer
organizar la vida como si Dios no existiera, fundasteis
la Comunidad de Hermanas Ursulinas, en honor a Santa
Ursula, la santa mártir del siglo Cuarto, que dirigía
el grupo de muchachas llamadas “Las once mil vírgenes,
que murieron por defender su religión y su castidad.
Las niñas de aquél entonces, no sabían nada o casi
nada de religión y sus papás menos y no deseaban
enseñarles catecismo, por ello, organizasteis a
vuestras amigas para enseñar catecismo en cada barrio.
Os arropaban a vos, vuestras cualidades de liderazgo
y vuestra persuasión, para influir en los demás, con
vuestra simpatía y trato agradable. Con vuestras amigas
y en vuestra casa, fundasteis vuestra Comunidad. Y,
en una visión contemplasteis un grupo de jóvenes vestidas
de blanco que volaban hacia el cielo, y una voz os dijo:
“Estas son tus religiosas educadoras”. Un hombre os
preguntó en plena calle: ¿Qué consejo me recomienda
para comportarme debidamente? Y vos le respondisteis
“Compórtese cada día como deseara haberse comportado
cuando le llegue la hora de morirse y de darle cuenta
a Dios”. Vuestras últimas palabras fueron “Dios mío, yo
te amo”. Y, así y luego de haberos gastado en buena lid,
voló vuestra alma al cielo, para coronada ser con coronada
de luz, como justo premio, a vuestra entrega de amor;¡
¡oh! Santa Angela Merici, vivo amor del Dios de la Vida.


© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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27 de Enero
Santa Angela de Merici
(+ 1540)


Es la fundadora de las Hermanas Ursulinas. Su nombre significa “Mensaje de Dios”. Nació en Italia en 1474 y tiene el mérito de haber fundado la primera comunidad religiosa femenina para educar niñas.

Se crió en una familia campesina muy creyente, donde cada noche leían la vida de un Santo, y esto la enfervorizaba mucho y la entusiasmaba por la religión.

Quedó huérfana de padre y madre cuando aún era muy niña y esto la impresionó muchísimo. Después durante toda su vida le pediría perdón a Dios por no haber confiado lo suficientemente en su juventud en la Providencia Divina que a nadie abandona.

Su infancia es muy sufrida y tiene que trabajar duramente pero esto la hace fuerte y la vuelve comprensiva con las niñas pobres que necesitan ayuda para poderse instruir debidamente.

Se hace Terciaria Franciscana y sin haber hecho sino estudios de primaria, llega a ser Consejera de gobernadores, obispos, doctores y sacerdotes. Es que había recibido del Espíritu Santo el Don del Consejo, que consiste en saber lo que más conviene hacer y evitar en cada ocasión.

Viendo que las niñas no tenían quién las educara y las librara de peligros mortales, y que las teorías nuevas llevaban a la gente a querer organizar la vida como si Dios no existiera, fundó la Comunidad de Hermanas Ursulinas (en honor a Santa Ursula, la santa mártir del siglo IV, que dirigía el grupo de muchachas llamadas “Las once mil vírgenes, que murieron por defender su religión y su castidad).

Lo que más le impresionaba era que las niñas de los campos y pueblos que visitaba no sabían nada o casi nada de religión. Sus papás o no sabían o no querían enseñarles catecismo. Por eso ella organizó a sus amigas en una asociación dedicada a enseñar catecismo en cada barrio y en cada vereda.

Angela era de baja estatura pero tenía todas las cualidades de líder y de guía para influir en los demás. Y además tenía mucha simpatía y agradabilidad en su trato.

En Brescia fundó una escuela y de allí se extendió su Comunidad de Ursulinas por muchas partes. Un grupo de 28 muchachas muy piadosas se vino a vivir en casa de Angela y con ellas fundó la Comunidad. En una visión contempló un enorme grupo de jóvenes vestidas de blanco que volaban hacia el cielo, y una voz le dijo: “Estas son tus religiosas educadoras”.

La gente consideraba a Santa Ursula como una gran líder o guía de mujeres. Por eso Angela puso a sus religiosas el nombre de Ursulinas.

La Comunidad de Ursulinas fue fundada en 1535, y cinco años después murió su fundadora, Santa Angela, el 27 de enero de 1540. Fue canonizada en 1807.

Un hombre le preguntó un día en plena calle: ¿Qué consejo me recomienda para comportarme debidamente? Y ella le respondió: “Compórtese cada día como deseara haberse comportado cuando le llegue la hora de morirse y de darle cuenta a Dios”.

Sus últimas palabras fueron: “Dios mío, yo te amo”. Que estas sean también las palabras que nosotros digamos no sólo al tiempo de morir, sino muchísimas veces durante toda nuestra vida.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Angela_de_Merici.htm)

26 enero, 2016

Santos Timoteo y Tito



¡Oh!, Santos Timoteo y Tito, obispos, vosotros, sois,
los hijos del Dios de la vida y sus amados santos y
discípulos del apóstol san Pablo, a quien ayudasteis,
presidiendo las Iglesias de Éfeso y de Creta. Timoteo,
tal y conforme significa vuestro nombre “Aquel que
siente amor o adoración a Dios” y Tito “Aquel que
es protegido y honrado”, ambos hicisteis honor a
vuestros nombres. Vos, Timoteo, sois la imagen del
discípulo ejemplar: obediente, discreto y valiente,
y por estas cualidades, Pablo quiso que fuerais su
compañero de apostolado, en vez de Juan Marcos,
durante el segundo viaje. Pablo, os encontró, en Listra,
durante su primer viaje, y fuisteis de los primeros
convertidos al Evangelio; pues habíais sido educado
en la religión hebrea por vuestra abuela Loida y por
vuestra madre Eunice. Desde entonces acompañasteis
a Pablo. En una palabra fuisteis el viajero incansable,
del apóstol de los gentiles, y mantuvisteis contactos
entre él, y las jóvenes comunidades cristianas recién
fundadas, llevando cartas y dándole noticias respecto
de las mismas comunidades. Estando como jefe de la
Iglesia de Éfeso, desde Roma Pablo os escribió una
otra carta, invitándoos a visitarlo antes del invierno,
pidiéndoos que os llevaseis el abrigo que había dejado
en Tróade, pues le serviría para el frío en la cárcel
de Roma. Además, vos, Timoteo estuvisteis presente
en el martirio de vuestro maestro Pablo; después
regresasteis a Éfeso, para entregar vuestra santa vida
cómo mártir. San Tito, el otro maravillosos amigo y fiel
colaborador de Pablo, convertido y bautizado por el
mismo apóstol, os trataba afablemente como “hijo mío”.
Con vos, hizo otro viaje misionero y fuisteis quien
llevó la “carta de las lágrimas” de Pablo a los fieles
de Corinto, restableciendo la armonía y organizó la
limosna para los pobres de Jerusalén. Luego del cautiverio
de Roma, Pablo, os dejó, con la misión de organizar la
primera comunidad cristiana. Aquí recibisteis la carta
de Pablo, después fuisteis a Roma y allí, os mandó a
evangelizar a Dalmacia, en donde aún, está difundido
vuestro culto. Finalmente, vos, entregasteis vuestra
alma al cielo, después de haberos gastado por Dios;
¡oh! Timoteo y Tito, “vivos y fieles amigos de Pablo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Eenro
Santos Timoteo y Tito
Obispos y Discípulos de San Pablo

Fuente: Archidiócesis de Madrid

Martirologio Romano: Memoria de los santos Timoteo y Tito, obispos y discípulos del apóstol san Pablo, que le ayudaron en su ministerio y presidieron las Iglesias de Éfeso y de Creta, respectivamente. Les fueron dirigidas cartas por su maestro que contienen sabias advertencias para los pastores, en vista de la formación de los fieles (s. I).

Etimología: Timoteo = Aquel que siente amor o adoración a Dios, es de origen griego.
Etimología: Tito = Aquel que es protegido y honrado, es de origen latino.

Breve Biografía

San Pablo nombró obispos a Timoteo y Tito, sus discípulos y colaboradores.
Los Santos Timoteo y Tito vivieron en la órbita del grande apóstol de las Gentes, y el nuevo calendario los coloca después de la fiesta de la “conversión” de San Pablo.

Timoteo es la imagen del discípulo ejemplar: obediente, discreto, eficaz, valiente. Por estas cualidades Pablo quiso que fuera su compañero de apostolado, en vez de Juan Marcos, durante el segundo viaje misionero en el año 50.

Había nacido en Listra, en donde Pablo lo encontró durante el primer viaje, y fue de los primeros convertidos al Evangelio; había sido educado en la religión hebrea por la abuela Loida y por la madre Eunice. Desde su encuentro con Pablo, siguió su itinerario apostólico; lo acompaña a Filipos y a Tesalónica.

Después los encontramos juntos en Atenas, en Corinto, en Éfeso y finalmente en Roma durante el primer cautiverio de Pablo. Fue un infatigable “viajero enviado” por el apóstol de las Gentes, y mantuvo los contactos entre Pablo y las jóvenes comunidades cristianas fundadas por él.

A menudo le llevaba las cartas y le daba noticias respecto de las mismas comunidades. Entre el 63 y el 66, cuando recibió la primera carta que le envió Pablo, Timoteo era el jefe de la Iglesia de Éfeso. Desde Roma Pablo le escribió una segunda carta, invitándolo a visitarlo antes del invierno. Es conmovedora la petición del anciano apóstol al “hijo” Timoteo, para que le llevara el abrigo que había dejado en Tróade, pues le servía para el frío en la cárcel de Roma. Timoteo estuvo presente en el martirio de Pablo; después regresó definitivamente a la sede de Éfeso, en donde, según una antigua tradición, murió mártir en el año 97.

El segundo fiel colaborador de Pablo fue San Tito, de origen pagano. Convertido y bautizado por el mismo apóstol, que lo llama “hijo mío”, se encuentra en compañía de Pablo en Jerusalén, en el año 49. Hizo con él el tercer viaje misionero y fue Tito quien llevó la “carta de las lágrimas” de Pablo a los fieles de Corinto, entre los cuales restableció la armonía y organizó la colecta para los pobres de Jerusalén.

Después del cautiverio de Roma, Pablo, de paso por Creta, dejó ahí a Tito con la misión de organizar la primera comunidad cristiana. Aquí recibió la carta de Pablo. Es un documento muy importante, porque nos informa sobre la vida interna de la Iglesia apostólica. Después Tito fue a Roma donde su Maestro, que lo mandó probablemente a evangelizar a Dalmacia, en donde todavía hoy está muy difundido su culto. Una antigua tradición, históricamente no confirmada, dice que Tito murió en Creta, de edad muy avanzada.

25 enero, 2016

Fiesta de la Conversión de San Pablo

 



¡Oh! Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol,
en la que vos, viajando hacia Damasco, cuando aún
tramabais muerte contra los discípulos del Señor, el
mismo Jesús glorioso, se os reveló en el camino y, os
eligió para que, lleno del Espíritu Santo, anunciaseis la
Buena Nueva, para la salvación a los gentiles. En
aquellos días, martirizaban a Esteban, el Protomártir
de la Iglesia, cuando los testigos sus vestiduras a vuestros
pies depositaron, para que vos las guardaseis. Vos,
mismo y Lucas, describisteis vuestra vívida experiencia
en el camino de Damasco. Vuestro encuentro con
el Señor, el Kyrios resucitado, os obligó a un cambio
de vida, convirtiéndoos de fariseo en famoso apóstol.
¿Qué puede importar si vuestros acompañantes
en pie y mudos se quedaron, o si cayeron por tierra?
El mensaje esencial transmitido a vos, es el mismo:
“Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” “¿Quién eres
tú, Señor?” “Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues”.
Y, vos, mismo, escribisteis acerca de esta experiencia,
en la que Dios, tuvo a bien revelaros a su Hijo, para
que predicarais a los gentiles la “Buena Noticia” a
a Jesús, referida. “¿Acaso no soy apóstol? ¿Es que no
he visto a Jesús, Nuestro Señor?” os preguntabais siempre.
Por ello, por amor a Cristo os hicisteis “todo para todos”
y os convertisteis en incomparable “siervo de Cristo”,
al estilo de los grandes siervos de Dios del Antiguo
Testamento como Moisés, Josué, David, y quizás
como el mismo Siervo de Yahvé. Aquella revelación
del “Señor de la gloria”, hizo de vos, el fariseo, no sólo
apóstol, sino también el primer teólogo cristiano.
A vos, se os apareció Cristo, después Pentecostés, y
esta visión os situó, de igual forma con los Doce que
habían visto al Kyrios. Comparasteis aquella experiencia
con la creación de la luz por Dios: “Porque el Dios que
dijo: “De la tiniebla, brille la luz”, es el que brilló en
nuestros corazones para resplandor del conocimiento
de la gloria de Dios en el rostro de Cristo”. Y, fue,
el impulso de la gracia de Dios, que os urgía a trabajar
al servicio de Cristo; dando como respuesta una fe viva,
con la que confesasteis, juntamente con la primitiva Iglesia,
que “Jesús es el Señor” ¡Es el Dios de la Vida y del Amor!
¡Oh! Fiesta de la Conversión de San Pablo, Apóstol.


© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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25 de Enero
La Conversión de San Pablo
Fiesta litúrgica


Por: Joseph A. Fitzmyer |
Fuente: Libro: Teología de San Pablo


Fiesta Litúrgica

Martirologio Romano: Fiesta de la Conversión de san Pablo, apóstol. Viajando hacia Damasco, cuando aún maquinaba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, el mismo Jesús glorioso se le reveló en el camino, eligiéndole para que, lleno del Espíritu Santo, anunciase el Evangelio de la salvación a los gentiles. Sufrió muchas dificultades a causa del nombre de Cristo.

Breve Reseña

No es segura la fecha en que Pablo se convirtió, pero está relacionada con el martirio de Esteban, cuando los testigos depositaron sus vestiduras a los pies de Saulo (Hch 7, 58; cf. 22, 20) para que las guardara. Este martirio y la subsiguiente persecución de la Iglesia, encaja bien en el cambio de Prefectos Romanos que se produjo en el año 36. Esta fecha corresponde bien a los catorce años que median entre la conversión de Pablo y su visita a Jerusalén con ocasión del “concilio” (Gál 2, 1; año 49). Sin embargo, algunos comentaristas prefieren fechar la conversión el año 33 (cf. J. Finegan, Biblical Chronology, 321).

El mismo Pablo y Lucas en los Hechos de los Apóstoles describen la experiencia vivida en el camino de Damasco y el giro que significó en la vida del Apóstol. Fue un encuentro con el Señor (Kyrios) resucitado, que obligó a Pablo a adoptar un nuevo estilo de vida; fue la experiencia que convirtió al fariseo Pablo en el apóstol Pablo.

Pablo relata el acontecimiento en Gálatas 1, 13-17 desde su propio punto de vista apologético y polémico. En Hechos (9, 3-19; 22, 6-16; 26, 12-18) hay otros tres relatos: todos subrayan el carácter arrollador e inesperado de esta experiencia, que tuvo lugar en medio de la persecución que Pablo dirigía contra los cristianos.

Si bien hay variantes en cuanto a los detalles en los tres relatos (si los acompañantes quedaron en pie sin poder hablar o si cayeron por tierra; si oyeron o no la voz; asimismo, el hecho de que Jesús hablara a Pablo “en idioma hebreo”, pero citando un proverbio griego…), el mensaje esencial transmitido a Pablo es el mismo.

Los tres relatos están de acuerdo en este punto: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?”, “¿Quién eres tú, Señor?”, “Yo soy Jesús (de Nazaret), a quien tú persigues”. Las variantes pueden ser debidas a las diferentes fuentes de información utilizadas por Lucas.

Pablo mismo escribió, acerca de esta experiencia, que Dios tuvo a bien revelarle a su Hijo, para que predicara a los gentiles la buena noticia referente a Jesús (Gál 1, 15-16). Fue una experiencia que nunca olvidó, a la que asociaba frecuentemente su misión apostólica. “¿Acaso no soy apóstol? ¿Es que no he visto a Jesús, Nuestro Señor?” (1 Cor 9,1; cf. 15, 8).

Esta revelación de Jesús el Señor en el camino de Damasco habría de ser el factor decisivo que dominara en adelante toda su vida. Por amor a Cristo se hizo “todo para todos” (1 Cor 9, 22). En consecuencia se convirtió en “siervo de Cristo” (Gál 1, 10; Rom 1, 1; etc.), como los grandes siervos de Dios del AT (Moisés: 2 Re 18, 12; Josué: Jue 2, 8; David: Sal 78, 70), y puede que incluso como el mismo Siervo de Yahvé (Is 49, 1; cf. Gál 1, 15).

LA REVELACIÓN DE PABLO

La teología de Pablo se vio influida, sobre todo, por la experiencia que tuvo en el camino de Damasco y por la fe en Cristo resucitado, como Hijo de Dios, que creció a partir de esa experiencia.
Los actuales investigadores del NT son menos propensos que los de las generaciones pasadas a considerar aquella experiencia como una “conversión” explicable de acuerdo con los antecedentes judíos de Pablo o con Rom 7 (entendido como relato biográfico). El mismo Pablo habla de esta experiencia como de una revelación del Hijo que le ha concedido el Padre (Gál 1, 16). En ella “vio a Jesús, el Señor” (1 Cor 9, 1; cf. 1Cor 15, 8; 2 Cor 4, 6; 9, 5).

Aquella revelación del “Señor de la gloria” crucificado (1 Cor 2, 8) fue un acontecimiento que hizo de Pablo, el fariseo, no sólo apóstol, sino también el primer teólogo cristiano.

La única diferencia entre aquella experiencia, en que Jesús se le apareció (1 Cor 15, 8), y la experiencia que tuvieron los testigos oficiales de la Resurrección (Hch 1, 22) consistía en que la de Pablo fue una aparición ocurrida después de Pentecostés. Esta visión le situó en plano de igualdad con los Doce que habían visto al Kyrios.

Más tarde Pablo hablaba, refiriéndose a esta experiencia, del momento en que había sido “tomado” por Cristo Jesús (Flp 3, 12) y una especie de “necesidad” le impulsó a predicar el evangelio (1 Cor 9, 15-18). Él comparó esa experiencia con la creación de la luz por Dios: “Porque el Dios que dijo: “De la tiniebla, brille la luz”, es el que brilló en nuestros corazones para resplandor del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Cristo” (2 Cor 4-6).

El impulso de la gracia de Dios le urgía a trabajar al servicio de Cristo; no podía “cocear” (dar coces) contra este aguijón (Hch 26, 14). Su respuesta fue la de una fe viva, con la que confesó, juntamente con la primitiva Iglesia, que “Jesús es el Señor” (1 Cor 12, 12; CF. Rom 10, 9; Flp 2, 11). Pero esta experiencia iluminó, en un acto creador, la mente de Pablo y le dio una extraordinaria penetración de lo que él llamó más tarde “el misterio de Cristo” (Ef 3, 4).

Fuente: mercaba.org

24 enero, 2016

San Francisco de Sales


 

 ¡Oh¡, San Francisco de Sales; vos, sois, el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo, el “apóstol de la palabra y
de la verdad” contra los impíos protestantes y, además,
líder y escudo con vuestro verbo prodigioso. Con vuestro
libro “Introducción a la vida devota”, nos invitasteis
dulcemente a amar esta heroica clase de vida. Vos, decíais:
“¿No es una barbaridad querer desterrar la vida devota
del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos,
del palacio, de los príncipes y del hogar de los casados?”
!Claro que sí! Prescindir de Dios, que es sólo Amor,
es como estar muerto en vida, ir, ciego y cojo por el mundo,
y el cuerpo, atado al eterno fuego. “No nos enojemos
en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros
hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor. Y, te lo
digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te
enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en
tu corazón entrada al enojo”. Así, escribisteis sobre
el enojo. Como sabéis vos, vuestra dulzura, no fue algo
fácil de lograr, pues dicen que vos, en vuestra juventud
teníais mal genio. Pero, que vos, supisteis modelar,
con vuestra lucha ascética con el fin de aumentar vuestra
capacidad, de autodominio. Prueba de ello, se cuenta que,
al haceros la autopsia, os encontraron con vuestro hígado
duro como piedra. Al final, vuestra alma voló al cielo
luego de haberla gastado en buena lid, ganándoos corona
de luz, como premio justo a vuestra entrega de amor;
Santo Patrono de los escritores y periodistas del mundo;
¡oh!, San Francisco de Sales, “viva virtud y dulzura”.


© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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24 de enero
San Francisco de Sales
Obispo
Patrono de los periodistas y escritores
(1567-1622)


Se dice que escribía de día hojas clandestinas y la metía por debajo de las puertas, de noche. Por esa razón, se ganó el premio “patrono de los periodistas”.

Escribía como un ángel

De forma, que los franceses lo tienen entre sus clásicos de literatura. Montañés de cuerpo entero, nacido en los Alpes, en el castillo saboyano de Sales. Familia exquisita. Le llevan a estudiar a la universidad de París. Luego a Padua. Canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra, líder de debates con los protestantes, apóstol de la región de Chablais. Vuelve a París, trata con san Vicente de Paul, en todas partes se le recibe con entusiasmo.

Hay un libro: “Introducción a la vida devota”, cuarenta ediciones en vida del autor, y en aquellos tiempos. Un libro utilizado muchísimo tiempo como lectura espiritual.

“¿No es una barbaridad -decía él- querer desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los príncipes, del hogar de los casados?”

Hay una amistad que no se puede olvidar.La que mantuvo con Juana Chantal; con ella fundó la Orden de la Visitación.

Una virtud

La dulzura de este hombre, de quien dicen que en su juventud tenía tan mal genio.
Respecto a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha ascética a fin de aumentar su capacidad de autodominio. Pero para demostrar que esta virtud no se consigue de la noche a la mañana, he aquí un detalle precisamente referida a nuestro santo.

Se cuenta que al hacerle al autopsia, le encontraron su hígado endurecido como un piedra. Esto se explica por la enorme violencia que tuvo que hacerse este hombre de fuerte carácter para hacerse y aparecer amable, delicado y bondadoso en el trato. Esa dulzura de la que hablamos antes, no le fue fácil conseguirla.

San Francisco de Sales escribió: “No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en tu corazón entrada al enojo”

23 enero, 2016

San Ildefonso




 ¡Oh!, San Ildefonso, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
y su amado santo, que, honor haciendo, al significado
de vuestro nombre: “preparado para el combate”, dedicasteis
vuestra pluma a la “llena de Gracia”, la “Kejaritomene”,
su santa virginidad defendiendo, antes, durante y después
del parto; pues mayor regalo de Dios, recibir no pudo,
la humanidad toda, que, la compañía de Su Unigénito y
Amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que habita hoy entre
nosotros, por los siglos de los siglos. Y, por ello, Ella
misma os premió, felicitándoos y regalándoos un ornamento
de celebrar la Santa Misa, por haber dicho bien de Ella.
Los pintores desde antiguo, os pintan a vos, recibiendo
el ornamento de manos de la Santísima Virgen. Además, vos,
erais sobrino de San Eugenio y discípulo de San Isidro,
y escogido fuisteis por la Providencia Divina, a través de
vuestro pueblo, para ser arzobispo de Toledo, capital
en aquél entonces de España. Y, un galardón más, vos,
habéis sido llamado “Doctor de la Virginidad de María”,
con justa causa y derecho, pues la amasteis y la defendisteis
con ardor de corazón en toda circunstancia y tiempo. Por
todo ello, vosotros hermanos míos, estáis llamados a
hacer algo por la Madre del Dios de la Vida, y veréis,
cómo Ella, os dará a manos llenas. ¿Quién dudar podrá
de vuestro amor hacia la Madre Santa de Nuestro Redentor?
¡Nadie ni nada! Y, hoy, gozáis con justicia de las alegrías
de la Patria Celestial, luciendo corona de luz eterna,
como premio justo a vuestra entrega de amor, y esperanza;
¡oh!, San Ildefonso; “vivo combatiente por María y la verdad”.



© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 de Enero
San Ildefonso
Arzobispo de Toledo
Año 667

El nombre “Ildefonso” significa “preparado para el combate”.

San Ildefonso ha sido considerado como una de las glorias de la Iglesia Escribió un famoso libro acerca de la Virginidad de María, y por su gran devoción a la Madre de Dios fue llamado “El Capellán de la Virgen”. Se cuenta que Nuestra Señora se le apareció para felicitarlo y darle las gracias por haber hablado tan fervorosamente acerca de Ella y que le regaló un ornamento de celebrar la Santa Misa. En los cuadros antiguos se pinta a San Ildefonso, recibiendo el ornamento de manos de la Santísima Virgen.

Sobrino de San Eugenio y discípulo de San Isidro, fue escogido por el pueblo para ser arzobispo de Toledo, que era en ese tiempo la capital de España.

San Ildefonso ha sido llamado “Doctor de la Virginidad de María”. Si tu haces algo por la Virgen María, la Virgen María hará mucho más por ti.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Ildefonso.htm)

22 enero, 2016

San Vicente




 ¡Oh!, San Vicente, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, y, aquél hombre que, persistiendo junto
a Valerio, vuestro Obispo, en la fe, dijisteis: “Estamos
dispuestos a padecer todos los sufrimientos posibles
con tal de permanecer fieles a la religión de Nuestro
Señor Jesucristo”. Entonces, Daciano, desterró a vuestro
Obispo y se dedicó a imponeros, sufrir impensables
torturas para tratar de haceros abandonar vuestra fe.
El primer martirio fue un tormento llamado “el potro” y
os amarraron cables a los pies y a las manos y tiraron
en cuatro direcciones distintas al mismo tiempo, pero vos,
fiel a vuestro nombre, que significa «valeroso”, soportasteis
este suplicio rezando y sin dejar de proclamar vuestro
amor a Jesucristo. El segundo tormento fue apalearlo y
vuestro cuerpo, fue masacrado y envuelto en sangre. Pero,
seguisteis declarando que no admitíais más dioses que
el Dios verdadero, ni más religión sino la de Cristo. Y,
el jefe de los verdugos admirado se quedó, ante vuestro
increíble valor. Entonces el gobernador os pidió que dijeses
dónde estaban las Sagradas Escrituras para quemarlas,
cosa a la que os negasteis, diciendo que preferíais la muerte,
antes que decirle tal secreto. Entonces, vino el tercer
tormento: La parrilla al rojo vivo, entonces, os extendieron
sobre ella, y los verdugos echaban sal a vuestras heridas,
sufriendo con ellas mucho más, y por increíble que pareciera,
vos, sólo alababais y bendecíais a Dios. San Agustín dice
de vos: “El que sufría era Vicente, pero el que le daba tan
grande valor era Dios. Su carne al quemarse le hacía llorar y
su espíritu al sentir que sufría por Dios, le hacía cantar”.
Dios, os concedió un valor extraordinario, para aguantar
los tormentos y sobrellevarlos. Finalmente, el mísero tirano
mandó que os llevaran a un oscuro calabozo, con piso
de vidrios cortantes, para dejaros hasta el día siguiente,
amarrado y de pie, para seguiros atormentando y ver si
abandonabais a Cristo. Prudencio, el poeta dice: “El calabozo
era un lugar más negro que las mismas tinieblas; un covacho
que formaban las estrechas piedras de una bóveda inmunda;
era una noche eterna donde nunca penetraba la luz”. Pero
vuestro Amado Dios, no os abandonó jamás y a medianoche
el calabozo se llenó de luz. Se os soltaron las cadenas. El
piso se cubrió de flores. Se oyó música celestial. Y una voz
os dijo: “Ven valeroso mártir a unirte en el cielo con el grupo
de los que aman a Nuestro Señor”. Al oír este hermoso mensaje,
vos moristeis de pura emoción, tanto que el carcelero cristiano
se volvió y vuestro perseguidor lloró de rabia al día siguiente
al derrotado sentirse, vencido por vos, valiente diácono. Y, así,
vano es preguntarse siquiera ¿dónde estáis ahora vos? ¿Dónde?
Porque vos, coronado de luz estáis en el cielo, como premio
a vuestra extraordinaria e increíble entrega de amor, fe, y valor;
¡oh!, San Vicente, “vivo amor, y luz victoriosa del Dios de la vida”
.

 © 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Enero
San Vicente
Mártir Año 304

San Vicente: ¡que nos consigas del cielo la gracia de Dios que nos vuelva muy valientes para proclamar nuestra fe!

Vicente significa: «Vencedor, victorioso”. San Vicente era un diácono español, y su martirio se hizo tan famoso que San Agustín le dedicó cuatro sermones y dice de él que no hay provincia donde no le celebren su fiesta. Roma levantó tres iglesias en honor de San Vicente y el Papa San León lo estimaba muchísimo. El poeta Prudencio compuso en honor de este mártir un himno muy famoso.


Era diácono o ayudante del obispo de Zaragoza, San Valerio. (Diácono es el grado inmediatamente inferior al sacerdocio). Como el obispo tenía dificultades para hablar bien, encargaba a Vicente la predicación de la doctrina cristiana, lo cual hacía con gran entusiasmo y consiguiendo grandes éxitos por su elocuencia y su santidad.


El emperador Diocleciano decretó la persecución contra los cristianos, y el gobernador Daciano hizo poner presos al obispo Valerio y a su secretario Vicente y fueron llevados prisioneros a Valencia. No se atrevieron a juzgarlos en Zaragoza porque allí la gente los quería mucho. En la cárcel les hicieron sufrir mucha hambre y espantosas torturas para ver si renegaban de la religión. Pero cuando fueron llevados ante el tribunal, Vicente habló con tan grande entusiasmo en favor de Jesucristo, que el gobernador regañó a los carceleros por no haberlo debilitado más con más atroces sufrimientos. Les ofrecieron muchos regalos y premios si dejaban la religión de Cristo y se pasaban a la religión pagana. El obispo encargó a Vicente para que hablara en nombre de los dos, y éste dijo: «Estamos dispuestos a padecer todos los sufrimientos posibles con tal de permanecer fieles a la religión de Nuestro Señor Jesucristo”. Entonces el perseguidor Daciano desterró al obispo y se dedicó a hacer sufrir a Vicente las más espantosas torturas para tratar de hacerlo abandonar su santa religión.


El primer martirio fue un tormento llamado «el potro”


Consistía en amarrarles cables a los pies y a las manos y tirar en cuatro direcciones distintas al mismo tiempo. Este tormento hacía que se desanimaran todos los que no fueran muy valientes. Pero Vicente, fiel a su nombre, que también significa «valeroso”, aguantó este terrible suplicio rezando y sin dejar de proclamar su amor a Jesucristo.


El segundo tormento fue apalearlo


El cuerpo de Vicente quedó masacrado y envuelto en sangre. Pero siguió declarando que no admitía más dioses que el Dios verdadero, ni más religión sino la de Cristo. El mismo jefe de los verdugos se quedó admirado ante el valor increíble de este mártir.


Entonces el gobernador le pidió que ahora sí le dijera dónde estaban las Sagradas Escrituras de los cristianos para quemarlas. Vicente dijo que prefería morir antes que decirle este secreto.


Y vino el tercer tormento: La parrilla al rojo vivo


Lo extendieron sobre una parrilla calientísima erizada de picos al rojo vivo. Los verdugos echaban sal a sus heridas y esto le hacía sufrir mucho más. Y en todo este feroz tormento, Vicente no hacía sino alabar y bendecir a Dios.


San Agustín dice: «El que sufría era Vicente, pero el que le daba tan grande valor era Dios. Su carne al quemarse le hacía llorar y su espíritu al sentir que sufría por Dios, le hacía cantar”. Si no hubiera sido porque Nuestro Señor le concedió un valor extraordinario, Vicente no habría sido capaz de aguantar tantos tormentos. Pero Dios cuando manda una pena, concede también el valor para sobrellevarla.


El tirano mandó que lo llevaran a un oscuro calabozo cuyo piso estaba lleno de vidrios cortantes y que lo dejaran amarrado y de pie hasta el día siguiente para seguirlo atormentando para ver si abandonaba la religión de Cristo. El poeta Prudencio dice: «El calabozo era un lugar más negro que las mismas tinieblas; un covacho que formaban las estrechas piedras de una bóveda inmunda; era una noche eterna donde nunca penetraba la luz”.


Interviene Dios

Pero a medianoche el calabozo se llenó de luz. A Vicente se le soltaron las cadenas. El piso se cubrió de flores. Se oyeron músicas celestiales. Y una voz le dijo: «Ven valeroso mártir a unirte en el cielo con el grupo de los que aman a Nuestro Señor”. Al oír este hermoso mensaje, San Vicente se murió de emoción. el carcelero se convirtió al cristianismo, y el perseguidor lloró de rabia al día siguiente al sentirse vencido por este valeroso diácono.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Vicente.htm)

21 enero, 2016

Santa Inés

 

¡Oh!, Santa Inés, vos, sois la hija del Dios de la vida y
su amada santa y mártir. San Ambrosio habló de vos así: “Se
refiere que ella tenía sólo trece años cuando fue martirizada.
Y notemos el poder de la fe que consigue hacer mártires
valientes en tan tierna edad. Casi no había sitio en tan
pequeño cuerpo para tantas heridas. Se mostró valientísima
ante las más ensangrentadas manos de los verdugos y no se
desanimó cuando oyó arrastrar con estrépito las pesadas
cadenas. Ofreció su cuello a la espada del soldado furioso.
Llevada contra su voluntad ante el altar de los ídolos,
levantó sus manos puras hacia Jesucristo orando, y desde
el fondo de la hoguera hizo el signo de la cruz, señal
de la victoria de Jesucristo. Presentó sus manos y su cuello
ante las argollas de hierro, pero era tan pequeña que aquellos
hierros no lograban atarla. Todos lloraban menos ella. Las
gentes admiraban la generosidad con la cual brindaba al
Señor una vida que apenas estaba empezando a vivir. Estaban
todos asombrados de que a tan corta edad pudiera ser ya tan
valerosa mártir en honor de la Divinidad. Cuántas amenazas
empleó el tirano para persuadirla. Cuántos halagos para
alejarla de su religión. Mas ella respondía: La esposa
injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes.
Únicamente será mi esposo el que primero me eligió, Jesucristo.
¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no
quiero sea de ojos que no deseo complacer. Llegado el momento
del martirio. Reza. Inclina la cabeza. Hubierais visto
temblar el verdugo lleno de miedo, como si fuera él quien
estuviera condenado a muerte. Su mano tiembla. Palidece
ante el horror que va a ejecutar, en tanto que la jovencita
mira sin temor la llegada de su propia muerte. He aquí
dos triunfos a un mismo tiempo para una misma niña: la
pureza y el martirio”. El hijo del alcalde de Roma os pretendía
y a él le dijisteis: “He sido solicitada por otro Amante. Yo
amo a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen;
lo amaré y seguiré siendo casta”. Y, éste fue vuestro delito.
Os quitaron vuestra terrena vida, pero, ganasteis, la eternidad
como premio a vuestra entrega increíble de amor y esperanza.
Mártir de la virginidad y Santa Patrona de las jóvenes vírgenes;
¡oh!, Santa Inés, “vivo amor y pureza al Dios de la Vida”.


 

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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21 de Enero Santa Inés Mártir

San Ambrosio en una de sus homilías habló de Santa Inés como un personaje muy conocido de las gentes de aquel tiempo. Recuerda que su nombre viene de Agnus, y significa «pura”.

Y añade el santo: «Se refiere que ella tenía sólo trece años cuando fue martirizada. Y notemos el poder de la fe que consigue hacer mártires valientes en tan tierna edad. Casi no había sitio en tan pequeño cuerpo para tantas heridas. Se mostró valientísima ante las más ensangrentadas manos de los verdugos y no se desanimó cuando oyó arrastrar con estrépito las pesadas cadenas. Ofreció su cuello a la espada del soldado furioso. 

Llevada contra su voluntad ante el altar de los ídolos, levantó sus manos puras hacia Jesucristo orando, y desde el fondo de la hoguera hizo el signo de la cruz, señal de la victoria de Jesucristo. Presentó sus manos y su cuello ante las argollas de hierro, pero era tan pequeña que aquellos hierros no lograban atarla. Todos lloraban menos ella. Las gentes admiraban la generosidad con la cual brindaba al Señor una vida que apenas estaba empezando a vivir.

Estaban todos asombrados de que a tan corta edad pudiera ser ya tan valerosa mártir en honor de la Divinidad. Cuántas amenazas empleó el tirano para persuadirla. Cuántos halagos para alejarla de su religión. Mas ella respondía: La esposa injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes. Únicamente será mi esposo el que primero me eligió, Jesucristo. ¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no quiero sea de ojos que no deseo complacer. Llegado el momento del martirio. Reza. Inclina la cabeza. 

Hubierais visto temblar el verdugo lleno de miedo, como si fuera él quien estuviera condenado a muerte. Su mano tiembla. Palidece ante el horror que va a ejecutar, en tanto que la jovencita mira sin temor la llegada de su propia muerte. H aquí dos triunfos a un mismo tiempo para una misma niña: la pureza y el martirio”.
Era de la noble familia romana Clodia. Nació cerca del año 290. Recibió muy buena educación cristiana y se consagró a Cristo con voto de virginidad.

Volviendo un día del colegio, la niña se encontró con el hijo del alcalde de Roma, el cual se enamoró de ella y le prometió grandes regalos a cambio de la promesa de matrimonio. Ella respondió: «He sido solicitada por otro Amante. Yo amo a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen; lo amaré y seguiré siendo casta”.

El hijo recurre a su padre, el alcalde. Este la hace apresar. La amenazan con las llamas si no reniega de su religión pero no teme a las llamas. Entonces la condenan a morir degollada. Sus padres recogen el cadáver. La sepultan en el sepulcro paterno. Pocos días después su hermana Emerenciana cae martirizada a pedradas por estar rezando junto al sepulcro.

«Con mínimas fuerzas superó grandes peligros”, dice San Dámaso en su epitafio. Todos los historiadores coinciden en proclamarla mártir de la virginidad. Es patrona de las jóvenes que desean conservar la pureza. Cada año, el 21 de enero, día de Santa Inés, se bendicen los corderos con cuya lana se tejen los «palios”, o sea el distintivo de los arzobispos.

En este tiempo de materialismo sea ella un modelo de castidad para la juventud. La liturgia la presenta como modelo de los éxitos que logra alcanzar una persona cuando tiene una gran fe. La fe en Dios y en la eternidad lleva al heroísmo.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Inés.htm)