24 abril, 2016

Santa Salomé



¡Oh!, Santa Salomé, vos, sois la hija del Dios de la vida y
su amada santa, además, madre de los Apóstoles Santiago y
Juan,  y, que  con María de Cleofás y María Magdalena, 
al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro
del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer
anuncio de la Resurrección. Vos, fuisteis  una de las primeras
cristianas, que os sentisteis fascinada por la revolución
que trajo Cristo al mundo, a la sazón erais esposa del Zebedeo,
marinero conocido de Betsaida,  en Israel. Y, algo maravilloso
erais madre de dos de los primeros discípulos que el Señor
eligió para su ministerio: Santiago y Juan. A vos, no os encantaba
admirar a Jesús, y os involucraseis hasta el mismo sepulcro
de Dios de la vida. Lo seguías por todas partes y, además,
prestabais un servicio a todos los seguidores de Nuestro Señor.
Vos, quisisteis que vuestros hijos, estuvieran uno a la derecha y
el otro a la izquierda de Jesús, porque aún no habíais comprendido
la escencia del reino que Él, vino a implantar en la tierra. Vos,
soñabais con un Mesías poderoso, aguerrido y triunfador, pero,
después os disteis cuenta de todo lo contrario. En el día
de la Pasión, vos, estabais al pie mismo de la Cruz, y lo poco
o mucho de dinero que teníais, lo empleasteis con amor
para comprar aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús.
Y, como premio, fuisteis la mujer que quedasteis impresionada
cuando el domingo de Resurrección, encontrasteis vacía
la tumba. Aquella dulce mañana, en que el Dios de la vida
resucitó, tuvisteis la suerte de ver mucho antes que otros que
lo que había dicho el Señor se había cumplido tal y como lo dijo.
¡Oh!, Santa Salomé, “viva fe por la gracia de Nuestro Señor Jesús”.

 
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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24 de abril
Santa Salomé  
Madre de los Apóstoles Santiago y Juan
Santa del Nuevo Testamento


Por: P. Felipe Santos |


Martirologio Romano: En Jerusalén, conmemoración de las santas mujeres María de Cleofás y Salomé, que junto con María Magdalena, al amanecer del día de Pascua, se dirigieron al sepulcro del Señor para ungir su cuerpo y allí recibieron el primer anuncio de la Resurrección. († s.I)

Etimológicamente: Salomé = Paz, viene de la lengua hebrea

Breve Biografía


Un cristiano que pone su confianza en el hombre, no llega a ningún puerto con seguridad y mucho menos al corazón de Dios, el primero al que debemos amar y el primero en el que hay que confiar.


Salomé fue una cristiana de las primeras que se sintió fascinada por la revolución que trajo Cristo al mundo. Pertenece al siglo I.


Era la esposa del Zebedeo, uno de los marineros más conocidos de Betsaida, Israel.

Era también la madre de dos de los primeros discípulos que el Señor eligió para el ministerio, Santiago y Juan.


Esta mujer no se contentaba con admirar a Jesús simplemente. Se mojó en todo el sentido pleno de la palabra.


Lo seguía por todas partes y, además, prestaba un servicio estimable a todos los seguidores de Cristo el Señor.


Ella, como toda madre, quería que sus dos hijos estuvieran uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús.

No había comprendido todavía nada del reino que Jesús vino a predicar e implantar en la tierra.


Ella soñaba con un Mesías poderosos, aguerrido y triunfador. Después se daría cuenta de todo lo contrario.

En el día de la Pasión, ella estaba al pie mismo de la Cruz.

Igualmente, lo poco que tuviera de dinero, lo empleó para comprar aromas para embalsamar el cuerpo de Jesús.


Fue también la mujer que se quedó impactada cuando el domingo de Resurrección, al ir a la tumba, la encontró vacía.


En el alba de la preciosa mañana en que Cristo resucitó, tuvo la suerte de ver mucho antes que otros que lo que había dicho el Señor se había cumplido tal y como lo dijo.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/35153/salom-santa.html)

23 abril, 2016

San Jorge




¡Oh!, San Jorge, bendito, vos, sois el hijo del Dios
de la vida, y su amado santo, y aquél que, al dragón
vencisteis, y, luego de éxtasis lleno, a Jesucristo
entre las multitudes aclamasteis, animándolas de corazón
a cristianos ser. Diocleciano, emperador, enterado,
enfureció y mandó que todos adorasen a sus falsarios
dioses, prohibiendo con el Dios de la vida hacerlo. Y,
vos, por negaros, obligado fuisteis a aquella traición,
pero, os negasteis y ratificasteis como seguidor fiel
de Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro. Y, así y todo,
ellos os llevaron en frente de sus falsarias estatuas
albergando que os arrepentiríais, y tan solo ante
vuestra presencia, aquellas cayeron y se despedazaron.
Y, bastó ello y condenado al martirio y la muerte
fuisteis por el infame emperador. Entonces, vuestra
alma, a Dios os encomendasteis, diciendo: “Señor, en
tus manos encomiendo mi alma”. ¿Mataron vuestro cuerpo?
Sí, pero, no, vuestra alma, que, presta, a la Celeste
Patria marchó, para cubriros, con corona de luz, como
premio a vuestro grande amor y entrega de vida y fe;
Patrono Santo de Inglaterra y de los Boys Scouts;
¡Oh!; San Jorge, “vivo agricultor del Dios de la vida”.


© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 de Abril
San Jorge
Mártir (303)


Que Dios nos conceda valor como a San Jorge para luchar contra el dragón infernal y vencerlo y no permitirle que nos esclavice con sus tentaciones. Los que siembran entre pesares, cosechan entre cantares. (S. Biblia Salmos).
Jorge significa: el agricultor.

Biografía

Nacido en Lydda, Palestina, la tierra de Jesús, era hijo de un agricultor muy estimado. Entró al ejército y llegó a ser capitán. Se hizo famoso porque al llegar a una ciudad de Oriente se encontró con que un terrible caimán (o dragón o tiburón) devoraba a mucha gente y nadie se atrevía a acercársele. San Jorge lo atacó valientemente y acabó con tan feroz animal. Y reuniendo a todos los vecinos que estaban llenos de admiración y de emoción, les habló muy hermosamente de Jesucristo y obtuvo que muchos de ellos se hicieran cristianos.

Pero el emperador Diocleciano mandó que todos tenían que adorar ídolos o dioses falsos y prohibió adorar a Jesucristo. El capitán Jorge declaró que él nunca dejaría de adorar a Cristo y que jamás adoraría ídolos. Entonces el emperador declaró pena de muerte contra él. De paso para el sitio del martirio lo llevaron al templo de los ídolos para ver si los adoraba, pero en su presencia varias de esas estatuas cayeron derribadas por el suelo y se despedazaron.

A Jorge lo martirizaron y mientras lo azotaban, él se acordaba de los azotes que le dieron a Jesús, y no abría la boca, y sufría todo por Nuestro Señor sin gritar ni llorar. Muchos al verlo exclamaban: “Es valiente. En verdad que vale la pena ser seguidor de Cristo”. Cuando lo iban a matar decía: “Señor, en tus manos encomiendo mi alma”. El siempre rezaba y Dios siempre lo escuchaba. Al oír la noticia de que ya le iban a cortar la cabeza se puso muy contento, porque él tenía muchos deseos de ir al cielo a estar junto a Nuestro Señor Jesucristo.

San Jorge mártir es el Patrono de Inglaterra y de los Boys Scouts

Su culto alcanzó gran celebridad desde muy antiguos tiempos en la Iglesia. La Iglesia de Oriente lo llama “El gran mártir”.

En tiempos de Las Cruzadas, el rey Ricardo Corazón de León se convenció en Tierra Santa de que San Jorge tenía un gran poder de intercesión en favor de los que lo invocaban y llevó su devoción a Europa, especialmente a Inglaterra.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Jorge_4_23.htm)

22 abril, 2016

San Lucio





¡Oh!; San Lucio, vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo, y el primero de los reyes Ingleses
que abrazasteis el cristianismo, en tiempos de Eleuterio
Papa, gracias a los santos Fugacio y Damián, misioneros
apostólicos, que la fe de Cristo os hicieron conocer y os
convirtieron. Además, fue la causa de vuestra conversión
el milagro de la legión fulminante, donde la Melitina
legión, toda de cristianos, salvó a vuestro ejército de morir
de sed, atrayendo sobre vosotros una providencial lluvia,
al mismo tiempo que, sobre vuestros enemigos una granizada
caía y una tormenta de rayos que los derrotó. Lograsteis
buenas relaciones con el romano imperio, a quien debíais
el poder. Y, así, os dirigisteis a Roma, para conocer
la iglesia del Dios de la vida. Más tarde, os encontramos
en Coira, en un monte y en una cueva que vuestro nombre
lleva, pues vos, vivisteis retirado del mundanal ruido
antes de ofrendar vuestra santa vida, con vuestro martirio,
luego de estar preso y ser decapitado en la fortaleza
de Martiola. Desde allí, voló vuestra alma al cielo, para
coronada ser con corona de luz, como justo premio a
vuestra entrega de amor, fe y esperanza. Vuestras
reliquias, se conservan en Augsburgo, para plena alegría
de quienes intentamos seguiros desde este valle de lágrimas;
¡oh!, San Lucio, “viva esperanza de Cristo, hecha fe y luz”.

© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Abril
San Lucio
Rey


San Lucio es, según una antiquísima tradición, el primero de los reyes de Inglaterra que abrazó el cristianismo, en tiempos del papa Eleuterio (170-185). El martirologio romano y el Liber Pontificalis concuerdan en ello y designan a los santos Fugacio y Damián como los misioneros apostólicos que llevaron la fe de Cristo a Inglaterra y convirtieron a Lucio. La versión histórica nos dice que Lucio era el jefe militar de uno de los pequeños Estados en que estaba dividida entonces Gran Bretaña.

La tradición señala como causa de su conversión, el milagro de la legión fulminante, la misma que relata que la legión Melitina, en tiempo de Marco Aurelio, compuesta toda ella de cristianos, en su expedición contra los sármatas salvó al ejército de morir de sed, atrayendo sobre ellos una lluvia providencial, al tiempo que caía sobre los enemigos una granizada y una tormenta de rayos que los derrotó.

Aprovechando Lucio las relaciones políticas con el imperio romano, al que debía su familia el poder, se dirigió a Roma para conocer la floreciente iglesia cristiana de la capital. Vuelve la tradición a completar su vida,situándolo en Coira (Suiza), donde hay un monte y una cueva dedicados a su nombre porque se cree que allí vivió retirado algún tiempo. Su vida terminó con el martirio: fue preso y decapitado en la fortaleza de Martiola. Sus reliquias se conservan en Augsburgo.

(http://www.elalmanaque.com/santoral/abril/22-4-lucio.htm)

21 abril, 2016

San Anselmo

 

 ¡Oh!, San Anselmo; vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su amado santo, obispo y doctor de la Iglesia. Aunque
vuestra vida, entre dos mundos transcurrió, más pudo
el disipado, pero, éste, duró sólo por un tiempo, ya que,
el Santo Espíritu del Señor, obró en vos, y os premió
con el talento de ser “pluma de oro”. Y, así, de vuestro
santo ser, “El Monologio”, sobre la fe y, el “Prosologio”,
acerca de la inteligencia, surgieron prístinamente. Dos
grandes escritos en favor de Aquél que todo lo ve. Profesor
eminente, elocuente predicador y reformador de la vida
monástica, y, sobre todo, gran teólogo. Vuestras obras
filosóficas, como vuestras meditaciones sobre la Redención,
provienen del vivo impulso de vuestro corazón y de vuestra
inteligencia. Así, ganasteis ser llamado “padre de la
Escolástica”, porque os asemejabais mucho a San Agustín.
Más tarde, fuisteis elevado a la dignidad de arzobispo
primado de Inglaterra, y allí, con la humildad que os
caracterizaba, luchasteis contra la hostilidad de Guillermo
“el Rojo” y Enrique I, que al final se convirtieron
en dos destierros. En medio de todo, viajasteis a Roma,
para vuestros derechos reclamar, pero también, para que,
disminuyesen las sanciones contra vuestros adversarios.
Y, así, desarmasteis la maldad de vuestros opositores.
De María Santísima fiel devoto y de viva perfección
del amor de Dios, hoy, no sólo os recordamos por vuestra
prolífica obra, sino, por vuestras palabras al final
de vuestra vida: “Allí donde están los verdaderos goces
celestiales, allí deben estar siempre los deseos de n
vuestro corazón”. “Haz, te lo ruego, Señor, que yo sienta
con el corazón lo que toco con la inteligencia”. Y, así,
entregasteis vuestra vida, a quien os la dio: ¡Dios!,
para vivir en la eternidad, como premio a vuestro amor;
¡oh!, San Anselmo, “vivo amor, y perfección de Cristo”.

 

© 2016 Luis Ernesto Chacón Delgado
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21 de Abril
San Anselmo
Obispo y Doctor de la Iglesia


Martirologio Romano: San Anselmo, obispo y doctor de la Iglesia, que, nacido en Aosta, fue monje y abad del monasterio de Bec, en Normandía, enseñando a los hermanos a caminar por la vía de la perfección y a buscar a Dios por la comprensión de la fe. Promovido a la insigne sede de Canterbury, en Inglaterra, trabajó denodadamente por la libertad de la Iglesia, sufriendo por ello dificultades y destierros (1109).

Etimológicamente: Anselmo=Aquel que tiene la protección divina, es de origen germánico. San Anselmo nació en Aosta (Italia) en 1033 de noble familia. Desde muy niño se sintió inclinado hacia la vida contemplativa. Pero su padre, Gandulfo, se opuso: no podía ver a su primogénito hecho un monje; anhelaba que siguiera sus huellas. A causa de esto, Anselmo sufrió tanto que se enfermó gravemente, pero el padre no se conmovió. Al recuperar la salud, el joven pareció consentir al deseo paterno. Se adaptó a la vida mundana, y hasta pareció bien dispuesto a las fáciles ocasiones de placeres que le proporcionaba su rango; pero en su corazón seguía intacta la antigua llamada de Dios.

En efecto, pronto abandonó la casa paterna, pasó a Francia y luego a Bec, en Normandía, en cuya famosa abadía enseñaba el célebre maestro de teología, el monje Lanfranco.

Anselmo se dedicó de lleno al estudio, siguiendo fielmente las huellas del maestro, de quien fue sucesor como abad, siendo aún muy joven. Se convirtió entonces en un eminente profesor, elocuente predicador y gran reformador de la vida monástica. Sobre todo llegó a ser un gran teólogo.

Su austeridad ascética le suscitó fuertes oposiciones, pero su amabilidad terminaba ganándose el amor y la estima hasta de los menos entusiastas. Era un genio metafísico que, con corazón e inteligencia, se acercó a los más profundos misterios cristianos: “Haz, te lo ruego, Señor—escribía—, que yo sienta con el corazón lo que toco con la inteligencia”.

Sus dos obras más conocidas son el Monologio, o modo de meditar sobre las razones de la fe, y el Proslogio, o la fe que busca la inteligencia. Es necesario, decía él, impregnar cada vez más nuestra fe de inteligencia, en espera de la visión beatífica. Sus obras filosóficas, como sus meditaciones sobre la Redención, provienen del vivo impulso del corazón y de la inteligencia. En esto, el padre de la Escolástica se asemejaba mucho a San Agustín.

Fue elevado a la dignidad de arzobispo primado de Inglaterra, con sede en Canterbury, y allí el humilde monje de Bec tuvo que luchar contra la hostilidad de Guillermo el Rojo y Enrique I. Los contrastes, al principio velados, se convirtieron en abierta lucha más tarde, a tal punto que sufrió dos destierros.

Fue a Roma no sólo para pedir que se reconocieran sus derechos, sino también para pedir que se mitigaran las sanciones decretadas contra sus adversarios, alejando así el peligro de un cisma. Esta muestra de virtud suya terminó desarmando a sus opositores. Murió en Canterbury el 21 de abril de 1109. En 1720 el Papa Clemente XI lo declaró doctor de la Iglesia.

20 abril, 2016

San Marcelino de Embrun





¡Oh! San Marcelino de Embrun, vos sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo y obispo, que, en el África
nacido, convertisteis a la fe de Cristo, a la mayoría
de la población de los Alpes Marítimos, y luego, Obispo
ordenado por carismático san Eusebio de Vercelli. De joven
os embarcasteis con Domingo y Vicente, dos amigos con
destino a Francia, con la fe puesta en la evangelización
de los Alpes franceses. A vuestros amigos, os enviasteis
a los Alpes Bajos y vos, os quedasteis, en Embrun, donde
construisteis una capilla, e invitasteis para su inauguración
a san Eusebio de Vercelli, quien, luego de arduo viaje,
desde el Piamonte, arribó para consagrar las obras del Señor:
Iglesia y Obispo. Y, de aquél encuentro con el arriero y
su bestia cansada y apaleada, al pueblo entrasteis, cargando
el trigo a cuestas y para evitar que agredieran al abusivo
arriero dijisteis: “No le hagáis daño, es mi bienhechor.
¿No me ha permitido imitar un poco a Aquel que cargó con
nuestros pecados y quiso llevar la cruz de la salvación?”.
Y, con esta prueba de amor a Cristo, la gente maravillada
quedó, logrando vos, más fácilmente vuestra evangelizadora
tarea. También, os disteis tiempo para luchar contra
el arrianismo, que implantar quería Constancio II en aquél
tiempo, hasta que la muerte lo alcanzó, y vos, quedasteis
al fin, libre. Y, así, gastando vuestra vida en buena lid,
voló vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona
de luz, como justo premio a vuestra grande entrega de amor;
¡oh!, San Marcelino, “vivo evangelio del amor por Cristo”.

 
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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20 de Abril
San Marcelino de Embrun
Obispo


Martirologio Romano: En Embrún, en la Galia, san Marcelino, primer obispo de esta ciudad, el cual, oriundo de África, convirtió a la fe de Cristo la mayor parte de la población de los Alpes Marítimos, siendo ordenado obispo por san Eusebio de Vercelli († c. 374).

Etimológicamente: Marcelino = Aquel que procede de Marte, con Marte como dios de la guerra romano. Es de origen latino.
Breve Biografía

Vino al mundo en la provincia romana de Africa y murió en Embrun (Alpes), el 13 de abril del año 374.
Este joven tuvo la feliz idea evangélica de embarcarse con dos compañeros, Domingo y Vicente, con destino a Francia.

Les guiaba llana y simplemente la evangelización de los Alpes franceses.

A sus dos amigos los envió a los Alpes Bajos. El se quedó en Embrun. En seguida, llevado por la urgencia de anunciar el evangelio y para tener un lugar apropiado en donde hacerlo, construyó una capilla en la ciudad.

Para su inauguración invitó a san Eusebio de Vercelli. A pesar de la distancia y de los caminos, vino desde el Piamonte para la consagración de la iglesia y, de camino, lo consagró Obispo.

Se cuenta que, a la vuelta de una incursión apostólica, Marcelino se encontró con una reata de mulos que llevaban sacos de trigo, uno de los arrieros le daba golpes al animal porque había caído muerto de extenuación y agotamiento.

Al ver pasar al obispo, le dijo: “Usted va a hacer sus veces”. Y así lo hizo. Cargó con el trigo hasta el pueblo. Cuando los cristianos lo vieron llegar de esta forma extraña, quisieron hacerle daño al arriero, pero Marcelino se lo impidió: “No le hagáis daño, es mi bienhechor. ¿No me ha permitido imitar un poco a Aquel que cargó con nuestros pecados y quiso llevar la cruz de la salvación?”.

Con estas pruebas de amor a Cristo, la gente se quedó alucinada. Gracias a esto, le fue más fácil lograr conversiones para la fe cristiana.

Junto a este amor limpio y sincero para con todo el mundo, también supo luchar con ahínco contra el arrianismo que quería implantar Constancio II en todo el Occidente. Por eso, alguna que otra vez tuvo que huir a las montañas para que no lo cogieran los funcionarios imperiales. Al morir el emperador, quedó libre.
Por: P. Felipe Santos

Fuente: Catholic.net

(http://es.catholic.net/op/articulos/34973/marcelino-de-embrun-santo.html)

19 abril, 2016

San Expedito

 


¡Oh!, San Expedito, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su amado santo y mártir, y que, comandante legionario siendo,
defendisteis al Romano Imperio de los Bárbaros enemigos.
Pero, vos, un día, las armas dejasteis para convertiros
en fervoroso cristiano y por ello, martirizado fuisteis, y,
junto a vos también, alzaron vuelo las almas de vuestros
compañeros Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo,
que adornan hoy, la celeste eternidad. Según la tradición,
en el momento de vuestra conversión, se os acercó el demonio,
en forma de un cuervo que os gritaba “cras, cras cras”,
que en latín significa “Mañana, Mañana, Mañana”. Así,
trataba de persuadiros para que dejaseis vuestra decisión
para después ya que, el demonio sabe que lo que se deja
para mañana, se quede sin hacer. Pero vos, tomando gran
decisión, lo aplastasteis con rapidez diciendo “¡Hodie,
Hodie, Hodie!”, que significa “Hoy, Hoy, Hoy”. Acotando,
“No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano”.
Así, os convertisteis en soldado de Cristo, utilizando
desde ese momento vuestro valor y disciplina para el Reino
de Dios. Y, así, honor hicisteis a vuestro nombre, “Expedito”,
pues significa, prontitud y segura intercesión. Por, ello
a vos, os invocamos en urgentes problemas, sabiendo de que,
lo importante, la renuncia es, a la vida de pecado y luego,
abrazarnos a la Cruz salvadora de Cristo. Desde allí, vos,
venerado sois por los jóvenes, los estudiantes, los enfermos
y los que se encuentran en problemas laborales y de familia.
Sois, además, de los juicios, su protector. Que nosotros
digamos “HOY”, también a Jesús y aplastemos los engaños
del tentador. En la iconografía, San Expedito, representado
es como un soldado, con una cruz en la que está escrita
la palabra “Hodie”, Hoy, y la hoja de palma que su martirio
nos recuerda. A sus pies hay un cuervo y la palabra “cras”,
mañana. Por todo ello, y vuestro gran valor y audacia, Cristo,
a quien elegisteis, os coronó con corona de luz, como justo
premio a vuestra entrega increíble de amor, fe y esperanza;
¡oh!, San Expedito, “vivas palabras por Cristo: hodie, hodie”.

 
© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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19 de Abril
San Expedito
Mártir


Su nombre no consta en el actual Martirologio Romano. San Expedito fue comandante de una legión romana y como tal defendió al Imperio ante las invasiones de los Bárbaros. Al convertirse en cristiano fue martirizado (posiblemente por orden del emperador Diocleciano) en Melitene, Armenia (hoy Malatya, Turquía). Junto con él murieron sus compañeros de armas: Caio, Gálatas, Hermógenes, Aristónico y Rufo. Muchos otros mártires dieron gloria a Dios en su época, entre ellos Santa Filomena y San Jorge.

Según la tradición, en el momento de la conversión, se le acercó el demonio, en forma de un cuervo que le gritaba “cras, cras cras” (En latín significa “Mañana, Mañana, Mañana”). Así trataba de persuadirlo a que dejase su decisión para después ya que el demonio sabe que lo que se deja para mañana hay mucha posibilidad de que se quede sin hacer. Pero Expedito aplastó al cuervo tentador con prontitud diciendo “¡HODIE, HODIE, HODIE!” (HOY, HOY, HOY). No dejaré nada para mañana, a partir de HOY seré cristiano”. Así se convirtió en soldado de Cristo, utilizando desde ese momento su valor y disciplina para el Reino de Dios.

Aunque se desconoce el origen su nombre, aparece en la Martiriología Romana junto a Hermógenes y compañeros. Su nombre es sinónimo con prontitud y se le tiene por gran y pronto intercesor.

A san Expedito se le invoca en problemas urgentes. Debemos saber que lo mas importante es renunciar a la vida de pecado y decidirnos cabalmente por Cristo. Seamos pues inspirados por su prontitud y valor al seguir a Cristo en tan difíciles circunstancias cuando los cristianos eran perseguidos a muerte. Que nosotros también digamos “HOY” a Jesús y aplastemos los engaños del tentador.

También se le venera como protector de jóvenes, estudiantes, enfermos, problemas laborales y de familia, y juicios.

Se alega que el santo aparece como un error de escribano cuando, en el siglo XIX, una caja de reliquias fue enviada a monjas francesas con la anotación: “expedir”. Sheppard (1969). Pero esta hipótesis no puede ser cierta ya que Expedito era conocido en el siglo XVIII en Alemania y Sicilia y se le invocaba en casos de urgencia (Attwater).

En la iconografía, Expedito es representado como un soldado con una cruz en la que esta escrito “Hodie” (Hoy) y la hoja de palma (martirio). A sus pies hay un cuervo y la palabra “cras” (mañana).
Aunque no aparece en el actual calendario litúrgico no deja de ser un santo reconocido por la Iglesia.

ORACIONES
ORACION A SAN EXPEDITO PARA VENCER LAS PRUEBAS

¡Señor Jesús acudo a tu auxilio! ¡Virgen Santísima socórreme!  
San Expedito, tu que lleno de valor abrirste tu corazón a la gracia de Dios y no te dejaste llevar por la tentación de postergar tu entrega, ayúdame a no dejar para mañana lo que debo hacer hoy por amor a Cristo.
Ayúdame desde el cielo a renunciar a todo vicio y tentación con el poder que Jesús me da.  
Que sea yo diligente, valiente y disciplinado al servicio del Señor, y no me acobarde ante las pruebas. Tú que eres el santo de las causas urgentes, te presento mi necesidad (intención).  
Sobre todo te pido que intercedas por mi para que persevere en la fe, y así llegue al gozo del cielo con Cristo, con la Virgen María, los ángeles y los santos.
Amén.


ORACIÓN A SAN EXPEDITO

Mi San Expedito de las causas justas y urgentes, intercede por mi ante Nuestro Señor Jesuscristo, para que venga en mi socorro en esta hora de aflicción y desesperanza.  

Mi San Expedito tú que eres el Santo guerrero. 
Tú que eres el Santo de los afligidos.  
Tú que eres el Santo de los desesperados.  
Tú que eres el Santo de las causas urgentes, protégeme, ayúdame, otorgándome: fuerza, coraje y serenidad. ¡Atiende mi pedido! (hacer el pedido).

Mi San Expedito, ayúdame a superar estas horas difíciles, protégeme de todos los que puedan perjudicarme, protege a mi familia, atiende mi pedido con urgencia. 
Devuélveme la Paz y la tranquilidad.

Mi San Expedito! Agradeceré tu intercesión por el resto de mi vida propagando tu devoción entre los que tienen Fe. cambiando mi vida y mis costumbres glorificando desde ahora a nuestro Padre y anhelando un día gozar contigo de la eterna bienaventuranza

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=8991)

18 abril, 2016

Beata María de la Encarnación

 

 ¡Oh!, Beata María de la Encarnación; vos, sois la hijia
del Dios de la vida y su amada beata, y que, el honor
tuvisteis, de llevar tres nuevas comunidades religiosas a
vuestra patria y tener tres hijas religiosas y un hijo
sacerdote, además de dos hijos, buenos católicos y padres
de familia. “Si no me permiten ser esposa de Cristo, al
menos trataré de ser una buena esposa de un buen cristiano”.
Dijisteis vos, y así, fue. Educasteis a vuestros hijos,
con esmero increíble y decíais: “Los estoy preparando
para que cumplan siempre y en todo de la mejor manera la
voluntad de Dios”. Rezabais con vuestras sirvientas,
y corregíais mutuamente vuestros defectos. Leíais libros
piadosos y espiritualmente les ayudabais. Hambrientos
alimentabais, visitabais enfermos, instruíais a los que
no sabían el catecismo y asistíais a los agonizantes.
Además, tratabais y convertíais a los herejes, y, a los
que se habían pasado a otras religiones. Favorecíais a
todas las comunidades religiosas. La autobiografía de
Santa Teresa y las Confesiones de San Agustín, os salvaron
de la mundana vida. “Muy pobre y miserable es el corazón
que en vez de contentarse con tener a Dios de amigo, se
dedica a buscar amistades que sólo le dejan desilusión”.
Esta frase de San Agustín, os impresionó para siempre.
Y, un día, Santa Teresa, se os apareció y os dijo: “Tú
tienes que esforzarte porque mi comunidad logre llegar a
Francia”. Y, así fue. Y, vos misma, más tarde entrasteis
al convento, para vivir una vida mística y de frecuentes
éxtasis. Y, poco antes de morir y en pleno éxtasis, os
preguntaron: “¿Qué hacía hermana durante este rato?”.
Y respondisteis: “Estaba hablando con mi buen Padre, Dios”.
Y, dicho ello, voló, vuestra alma, al cielo, para coronada
ser de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor.
¡oh!, Beata María de la Encarnación, “vivo” amor por Cristo”.

 
 © 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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18 de Abril
Beata María de la Encarnación
Madre de familia
Año 1618


He aquí una madre de seis hijos, que se dio el gusto de poder llevar a su país tres nuevas comunidades religiosas, y de llegar a tener tres hijas religiosas y un hijo sacerdote, además de dos hijos muy buenos católicos y padres de familia.

Nació en París en 1565 de noble familia. Sus padres deseaban mucho tener una hija y después de bastantes años de casados no la habían tenido. Prometieron consagrarla a la Sma. Virgen y Dios se la concedió. Tan pronto nació la consagraron a Nuestra Señora y poco después fueron al templo a dar gracias públicamente a Dios por tan gran regalo.

De jovencita deseaba mucho ser religiosa, pero sus padres, por ser la única hija, dispusieron que debería contraer matrimonio. Ella obedeció diciendo: “Si no me permiten ser esposa de Cristo, al menos trataré de ser una buena esposa de un buen cristiano”. Y en verdad que lo fue.

A sus seis hijos los educaba con tanto esmero especialmente en lo espiritual que la gente decía: “Parece que los estuviera preparando para ser religiosos”.

Su esposo Pedro Acarí, un joven abogado, que ocupaba un alto puesto en el Ministerio de Hacienda del gobierno, era muy piadoso y caritativo y ayudaba con gran generosidad especialmente a los católicos que tenían que huir de Inglaterra por la persecución de la Reina Isabel. Pero como todo ser humano, Don Pedro tenía también fuertes defectos que hicieron sufrir bastante a nuestra santa. Pero ella los soportaba con singular paciencia.

A quienes le preguntaban si a sus hijos los estaba preparando para que fueran religiosos, ella les respondía: “Los estoy preparando para que cumplan siempre y en todo de la mejor manera la voluntad de Dios”.

El Sr. Acarí pertenecía a la Liga Católica y este partido fue derrotado y quedó de rey Enrique IV, el cual desterró a los jefes de la Liga y les confiscó todos sus bienes. De un momento a otro la señora de Acarí quedaba sin esposo y sin bienes y con seis hijitos para sostener. Pero ella no era mujer débil para dejarse derrotar por las dificultades. Personalmente asumió ante el gobierno la defensa de su marido y obtuvo que levantaran el destierro y que le devolvieran parte de los bienes que le habían quitado. Y llegó a ganarse la admiración y el aprecio del mismo rey Enrique IV.

Desde los primeros años de su matrimonio dispuso llevar una vida de mucha piedad en su hogar. Al personal de servicio le hacía rezar ciertas oraciones por la mañana y por la noche, y a la vez que les prestaba toda clase de ayudas materiales, se preocupaba mucho porque cada uno cumpliera muy bien sus deberes para con Dios. Se asoció con una de sus sirvientas para rezar juntas, corregirse mutuamente en sus defectos, leer libros piadosos y ayudarse en todo lo espiritual.

La bondad de su corazón alcanzaba a todos Alimentaba a los hambrientos, visitaba enfermos, ayudaba a los que pasaban situaciones económicas difíciles, asistía a los agonizantes, instruía a los que no sabían bien el catecismo, trataba de convertir a los herejes, a los que habían pasado a otras religiones y favorecía a todas las comunidades religiosas que le era posible. Su marido a veces se disgustaba al verla tan dedicada a tantas actividades religiosas y caritativas, pero después bendecía a Dios por haberle dado una esposa tan santa.

La señora de Acarí se hizo amiga de una mujer mundana la cual empezó a tratar en sus charlas de temas profanos, y al iniciarla en lecturas de novelas y de escritos no piadosos. Esto la enfrió mucho en su piedad. Afortunadamente su esposo se dio cuenta y la previno contra el peligro de esa amistad y de esas lecturas y empezó a llevarle los libros escritos por Santa Teresa, y estos libros la transformaron completamente. Otra lectura que la conmovió profundamente fue la de las Confesiones de San Agustín. Una frase de este santo que la movió a dedicarse totalmente a Dios fue la siguiente: “Muy pobre y miserable es el corazón que en vez de contentarse con tener a Dios de amigo, se dedica a buscar amistades que sólo le dejan desilusión”.

Muere su esposo y ella puede ahora dedicarse con más exclusividad a las labores espirituales. Arregla todo de la mejor manera para que sus hijos sigan recibiendo la mejor educación posible y ella dirige todos sus esfuerzos a una labor que le ha sido confiada en una visión.

Un día mientras está orando, después de haber leído unas páginas de la autobiografía de Santa Teresa, siente que ésta santa se le aparece y le dice: “Tú tienes que esforzarte por que mi comunidad de las carmelitas logre llegar a Francia”. Desde esa fecha la Señora Acarí se dedica a conseguir los permisos para que las Carmelitas puedan entrar a su país. Pero las dificultades que se le presentan son muy grandes. Hay leyes que prohiben la llegada de nuevas comunidades. Habla con el rey y con el arzobispo, pero cuando todo parece ya estar listo, de nuevo se les prohibe la entrada. Una nueva aparición de Santa Teresa viene a recomendarle que no se canse de hacer gestiones para que las religiosas carmelitas puedan entrar a Francia, porque esta comunidad va a hacer grandes labores espirituales en ese país. Por sus ruegos el Padre Berule (el futuro Cardenal Berule) se va a España y obtiene que preparen un grupo de carmelitas para enviar a París. Y mientras tanto la Sra. Acarí sigue en la capital haciendo gestiones para conseguirles casa y por obtener todos los permisos del alto gobierno.

Nuestra santa no es de las que se quedan con los brazos cruzados. Sabe que a París ha llegado el famoso obispo San Francisco de Sales a predicar una gran serie de sermones y lo invita a su casa y este santo apóstol que es admirador incondicional de los escritos de Santa Teresa se le convierte en su mejor aliado y habla con las más altas personalidades y le ayuda a conseguir los permisos que necesitan. Otro que les ayudó mucho fue el abad de los Cartujos, que era su confesor. Y entre todos logran conseguir del Papa Clemente VIII un decreto permitiendo la entrada de las hermanas a Francia. Un ideal conseguido. En 1604 llegaron a París las primeras hermanas Carmelitas. Iban dirigidas por dos religiosas que después serían beatas: la beata Ana de Jesús y la Madre Ana de San Bartolomé. La señora de Acarí con sus tres hijas las estaba esperando en las puertas de la ciudad, y con ellas lo mejor de la sociedad. Y cantando el salmo 116: “Alabad al Señor todas las naciones, aclamadlo todos los pueblos”, entraron al pueblo para dar gracias y luego las acompañaron a la casa que les tenían preparada. Poco después las tres hijas de la señora Acarí se hicieron monjas carmelitas y luego lo será ella también.

La comunidad de las carmelitas estaba destinada a hacer un gran bien en Francia por muchos siglos y a tener santas famosas como por ejemplo, Santa Teresita del Niño Jesús.

La beata de la cual estamos hablando en esta biografía tiene la especialidad de haber sido una de las monjas más especiales que ha tenido la Iglesia Católica. Madre de seis hijos (tres religiosas carmelitas, un sacerdote y dos casados) viuda, dama de la alta sociedad y termina siendo humilde monjita en un convento donde su propia hija es la superiora. No es un caso tan fácil de repetirse.

Después de conseguirles muchas novicias a las hermanas carmelitas y de ayudarles a fundar tres conventos en Francia y de haber tenido el gusto de que sus tres hijas se hicieran monjas carmelitas, pidió ella también ser aceptada como hermanita legal en uno de los conventos. Y allí se dedicó a los oficios más humildes y a obedecer en todo como la más sencilla de las novicias. Al ser nombrada su hija como superiora del convento, la mamá de rodillas le juró obediencia.

Los últimos años de la hermana María de la Encarnación (nombre que tomó en la comunidad) fueron de profunda vida mística y de frecuentes éxtasis. Dios le revelaba importantes verdades. Estas elevaciones espirituales, ahora en la vida del convento las podía gozar mucho más tranquilamente. Santa Teresa en una tercera aparición le anunció que ella también llegaría a pertenecer a su comunidad de hermanas carmelitas y esto la animó a hacer la petición para entrar a la santa comunidad.

Desde que se hizo religiosa su ilusión era pasar escondida y en silencio, cumpliendo con la mayor exactitud los reglamentos de la congregación. Las monjitas empezaron pronto a presenciar sus éxtasis y les parecía que esta venerable señora era ante Dios como una niñita sencilla, pura y obediente que tenía su cuerpo acá en la tierra pero que ya su espíritu vivía más en el cielo que en este mundo.

En abril de 1618 enfermó gravemente y quedó medio paralizada. No se cansaba de bendecir a Dios por todas las misericordias que le había regalado en su vida. A una hija que lloraba al sentir que se iba a morir le decía: “Pero hija, ¿te entristeces porque me marcho a una patria mucho mejor que esta?”. Y su lecho de muerte se convierte en cátedra desde donde enseña a todas la santidad. Sin cesar recomienda a quienes la visitan que no se apeguen a los goces de la tierra que son tan pasajeros y que se esfuercen por conseguir los goces del cielo que son eternos.

Las hermanas le preguntan: “¿Le va pedir a Dios que le revele la fecha de su muerte?”, y responde: -”No, yo lo que le pido a Nuestro Señor es que tenga misericordia de mí en esta hora final”. Otra le pregunta: “¿Qué le pedirá a Dios al llegar al cielo? – Le pediré que en todo y en todas partes se haga siempre la voluntad de su querido Hijo Jesucristo”. El 16 de abril de 1618 tiene un éxtasis y al final de él una monjita le pregunta: “¿Qué hacía hermana durante este rato?” Y le responde: “Estaba hablando con mi buen Padre, Dios”. Luego con una suave sonrisa se quedó muerta.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Beata_María_de_la_Encarnación.htm)