13 septiembre, 2020

Domingo XXIV (A) del tiempo ordinario

 

 Perdonar hasta setenta veces siete - Perdonar hasta 70 veces 7

 

Texto del Evangelio (Mt 18,21-35): En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda.

»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’. Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: ‘Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré’. Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía.

»Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: ‘Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?’. Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».

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«¿Cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?» Rev. P. Anastasio URQUIZA Fernández MCIU (Monterrey, México)

Hoy, en el Evangelio, Pedro consulta a Jesús sobre un tema muy concreto que sigue albergado en el corazón de muchas personas: pregunta por el límite del perdón. La respuesta es que no existe dicho límite: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (Mt 18,22). Para explicar esta realidad, Jesús emplea una parábola. La pregunta del rey centra el tema de la parábola: «¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?» (Mt 18,33).

El perdón es un don, una gracia que procede del amor y la misericordia de Dios. Para Jesús, el perdón no tiene límites, siempre y cuando el arrepentimiento sea sincero y veraz. Pero exige abrir el corazón a la conversión, es decir, obrar con los demás según los criterios de Dios.

El pecado grave nos aparta de Dios (cf. Catecismo de la Iglesia Católica n. 1470). El vehículo ordinario para recibir el perdón de ese pecado grave por parte de Dios es el sacramento de la Penitencia, y el acto del penitente que la corona es la satisfacción. Las obras propias que manifiestan la satisfacción son el signo del compromiso personal —que el cristiano ha asumido ante Dios— de comenzar una existencia nueva, reparando en lo posible los daños causados al prójimo.

No puede haber perdón del pecado sin algún genero de satisfacción, cuyo fin es: 1. Evitar deslizarse a otros pecados mas graves; 2. Rechazar el pecado (pues las penas satisfactorias son como un freno y hacen al penitente mas cauto y vigilante); 3. Quitar con los actos virtuosos los malos hábitos contraídos con el mal vivir; 4. Asemejarnos a Cristo.

Como explicó santo Tomás de Aquino, el hombre es deudor con Dios por los beneficios recibidos, y por sus pecados cometidos. Por los primeros debe tributarle adoración y acción de gracias; y, por los segundos, satisfacción. El hombre de la parábola no estuvo dispuesto a realizar lo segundo, por lo tanto se hizo incapaz de recibir el perdón.

(http://evangeli.net/evangelio/dia/2020-09-13)

12 septiembre, 2020

Santa Madre del Redentor

 

 12 de septiembre: Santísimo Nombre de María

 

¡Oh!, Santa Madre del Redentor, “María”, es vuestro
Santísimo Nombre, y, el Evangelio así, lo dice: “Y el
nombre de la Virgen era María”. Y, Vuestro nombre,
traído del cielo por el mismo Dios, tenía en secreto,
“misión sagrada”, y, regalado ser como nombre a la
“Madre del Dios Vivo”. Y, así, desde siempre y por siempre,
por todos los siglos, se ha invocado Vuestro Santísimo
Nombre con amor, respeto y confianza. Si los nombres
de los personajes bíblicos importantes son, ¿cuánto más
el de Vos, María? Santa Madre del Redentor en el mundo
y en la eternidad “¡María!”, el dulce y bello de cuantos
nombres que se han pronunciado en esta tierra después
de el de Jesús! San Bernardo, nos dice de Vuestro Nombre
así: “No apartéis vuestra mirada del resplandor de esta
estrella, si no queréis sucumbir entre las olas del mundo.
Cuando soplen vientos de tentaciones y las tribulaciones os
abatan, invocad a María. Cuando las furiosas olas de soberbia,
ambición o envidia os amenacen tragaros, mirad a la estrella,
invocad a María. Si la ira, avaricia o impureza quieren
hundir la nave de vuestra alma, mirad a la estrella, llamad
a María. Si, desesperado estáis por la multitud de vuestros
pecados y anegado por vuestras miserias y empezáis
a desconfiar de vuestra salvación, pensad en María. En los
peligros y sufrimientos, en vuestros trabajos y luchas,
pensad en María, invocad a María. Que su nombre no se aleje
de vuestro corazón ni se separe de vuestros labios». Y, él
mismo, San Bernardo, en su segunda homilía de la Anunciación
dice: “Siguiéndola a ella, no te desviarás. Rogándole, serás
fuerte. Mirándola, no te equivocarás. Agarrándote, no caerás.
Siendo ella protectora, no temerás. Capitana, no te fatigarás.
Siendo propicia, llegarás”. Por ello y sólo para Vuestros
nombres el de “Jesús y María”, la liturgia una fiesta especial
ha establecido, porque vosotros sois “Redentor y Corredentora”.
¡Unidos a la Iglesia y con ella, alegrémonos venerando felices el
nombre de María, para merecer llegar a las eternas alegrías del cielo!
¡Oh!, Santísimo Nombre de María, “Vivo Amor del Dios Vivo.

© 2020 Luis Ernesto Chacón Delgado
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“María”

¡Que gozo y alegría!
el nombre de María
pronunciar siempre.

María, por nombre
sus padres, le pusieron.
Y, María, nombre
hebreo es, y en latín
es “Domina”; “Soberana“
o “Señora” significa.
Y, éso, es Ella, por
la autoridad misma
de su Hijo, soberano
y Señor del universo.
Alegres pues, llamemos
a María, Nuestra
Señora, como a Jesús
llamamos Nuestro Señor;
porque su nombre
pronunciado, afirmar
su poder es, implorar
su ayuda y bajo su
maternal protección,
siempre ponernos.

¡Que gozo y alegría!
el nombre de María
pronunciar siempre.

© 2012 luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Setiembre
El Santísimo Nombre de María

Por: Padre Tomás Morales, s. j.

MARÍA, EL NOMBRE DE LA VIRGEN

“Y el nombre de la Virgen era María”, nos dirá el Evangelio. En la Sagrada Escritura y en la liturgia el nombre tiene un sentido más profundo que el usual en el lenguaje de nuestros días. Es la expresión de la personalidad del que lo lleva, de la misión que Dios le encomienda al nacer, la razón de ser de su vida.

El nombre de la Madre de Dios no fue escogido al azar. Fue traído del cielo. Todos los siglos han invocado el nombre de María con el mayor respeto, confianza y amor… Si los nombres de personajes bíblicos juegan papel tan importante en el drama de nuestra redención y están llenos de sentido, ¡cuánto más el de María!… Madre del Salvador, tenía que ser el más simbólico y representativo de su tarea en mundo y eternidad. El más dulce y suave, y, al mismo tiempo, el más bello de cuantos nombres se han pronunciado en la tierra después del de Jesús. Sólo para los nombres de María y Jesús ha establecido la liturgia una fiesta especial en su calendario.

España se anticipó en solicitar y obtener de la Santa Sede la celebración de la fiesta del Dulce Nombre de María. Nuestros cruzados, después de ocho siglos de Reconquista, apenas descubierta América, pidieron su celebración en 1513. Cuenca fue la primera diócesis que la solemnizó.

La Virgen en sus distintas advocaciones, coronada de estrellas o atravesada de espadas dolorosas, resume en su culto los amores de la Península Ibérica. Creció bajo su manto, desde las montañas de Covadonga al iniciar la gran cruzada de Occidente, hasta terminarla invocando su nombre en aguas de Lepanto. La carabela de Colón descubriendo América, la prodigiosa de Magallanes dando la primera vuelta al mundo, bordarán también entre los pliegues de sus velas henchidas al viento, el dulce nombre de María, Reina y Auxilio de los cristianos.

Después de la derrota de Lepanto, los turcos se retiran hacia el interior de Persia. Cien años más tarde, con inesperado coraje, reaccionan y ponen sitio a Viena. Alborea límpido y radiante el sol del 12 de septiembre de 1663. El ejército cruzado ‑sólo unos miles de hombres‑ se consagra a María. El rey polaco Juan Sobieski ayuda la misa con brazos en cruz. Sus guerreros le imitan. Después de comulgar, tras breve oración, se levanta y exclama lleno de fe: ¡Marchemos bajo la poderosa protección de la Virgen Santa María!»

Se lanzan al ataque de los sitiadores. Una tormenta de granizo cae inesperada y violenta sobre el campamento turco. Antes de anochecer, el prodigio se ha realizado. La victoria sonríe a las fuerzas cristianas que se habían lanzado al combate invocando el nombre de María, vencedora en cien batallas. Inocencio XI extiende a toda la iglesia la festividad del dulce y santísimo nombre de María para conmemorar este triunfo de la Virgen.

«Y el nombre de la Virgen era María»… Preguntas: «¿quién eres?»> Con suavidad te responde: «Yo, como una viña, di aroma fragante. Mis flores y frutos son bellos y abundantes. Soy la madre del amor hermoso, del temor, de la santa esperanza. Tengo la gracia del camino y de la verdad. En mí está la esperanza de la vida» (cf. Si 24, 16‑21).

ESTRELLA, LUZ, DULZURA

María, Estrella del mar. En las tormentas de la vida, cuando la galerna ruge y encrespa olas, cuando la navecilla del alma está a punto de naufragar: Dios te salve, María, Estrella del mar.

María, Esperanza. Eso significa también su nombre arco iris de ilusión y anhelo que une el cielo con la tierra. «Feliz el que ama tu santo nombre ‑grita San Buenaventura , pues es fuente de gracia que refresca el alma sedienta y la hace fecunda en frutos de justicia».

Está llena de luz y transparencia. Sostiene en sus brazos a la luz del mundo (cf. Jn 8, 12). Irradia pureza. El nombre de María indica castidad, apunta Pedro Crisólogo. Azucenas y jazmines, nardos y lirios, embalsaman el ambiente con la fragancia de sus perfumes. Pero María, iluminada y pura, nos embriaga con el aroma de su virginidad incontaminada. Nos invita a todos: ,Venid a mí los que me amáis, saciaos de mis frutos. Mi recuerdo es más dulce que la. miel, mi heredad mejor que los panales» (Si 24, 19‑20).

María, mar amargo, simboliza asimismo su nombre. Asociada a la redención dolorosa de Cristo, su corazón es mar de amargura inundado de sufrimientos. Pide reparación y amor aún hoy, en Fátima y Lourdes. Dios te salve María, mar amargo de dolores. Angustia de madre, que ve con tristeza que sus hijos se condenan…

«María, nombre cargado de divinas dulzuras» (San Alfonso de Ligorio, ‑ 1 de agosto). «Puede el Altísimo fabricar un mundo mayor, extender un cielo más espacioso ‑exclama Conrado de Sajonia‑, pero una madre mejor y más excelente no puede hacerla»». Años antes, San Anselmo (‑‑ 21 de abril), prorrumpía lleno de admiración: «Nada hay igual a ti, de cuanto existe, o está sobre ti o debajo de ti. Sobre ti, sólo Dios. Debajo de ti, cuanto no es Dios>>.

«Dios te salve, María…» San Bernardo, entusiasmado al mirarla, siente su corazón arrebatarse en amor. Cantaba un día la Salve con sus monjes en un anochecer misterioso. Llenos de melancolía y esperanza, los cistercienses despiden el día rodeando a la Virgen. Al llegar a la petición final ‑‑‑después de este destierro, muéstranos a jesús, fruto bendito de tu vientre‑, Bernardo sigue solo balbuceando lleno de Júbilo, loco de amor: <«¡Oh clementísima, oh piadosísima, oh dulce Virgen María…!»

MIRA A LA ESTRELLA, INVOCA A MARÍA

“Estrella de los mares. Ave, Maris stella”, le canta la Iglesia. La estrella irradia luz sin corromperse. De María nace Jesús sin mancillar su pureza virginal. Ni el rayo de luz disminuye la claridad de la estrella, ni el Hijo de la Virgen marchita su integridad. María es la noble y brillante estrella que baña en su luz todo el orbe. Su resplandor ilumina la tierra. Enardece corazones, florecen virtudes, se amortiguan pasiones y se ahogan los vicios.

Es la estrella bella y hermosa reluciendo en las tinieblas del mundo y marcándonos la ruta del cielo.

San Bernardo nos dice en este día del Santísimo y Dulce Nombre de María: “No apartes tu mirada del resplandor de esta estrella, si no quieres sucumbir entre las olas del mundo. Cuando soplen vientos de tentaciones o te abatan tribulaciones, mira a la estrella, invoca a María. Cuando olas furiosas de soberbia, ambición o envidia amenacen tragarte, mira a la estrella, invoca a María. Si la ira, avaricia o impureza quieren hundir la nave de tu alma, mira a la estrella, llama a María. Si, desesperado por la multitud de tus pecados, anegado por tus miserias, empiezas a desconfiar de tu salvación, piensa en María. En los peligros, en los sufrimientos, en tus trabajos y luchas, piensa en María, invoca a María. Que su nombre no se aleje de tu corazón ni se separe de tus labios”.

«Dios te salve, María…» Es tu santo, el de todos tus hijos. Recibe nuestra felicitación emocionada, llena de confianza en el poder de tu nombre santísimo. Unámonos a la Iglesia y con ella alegrémonos venerando el nombre de María para merecer llegar a las eternas alegrías del cielo.

El Santísimo y Dulce Nombre de María será para nosotros emblema de victoria. Así ella va delante señalando luminosa el camino… Nos apropiamos las palabras de San Bernardo que continúan su segunda homilía de la Anunciación. “Siguiéndola a ella, no te desviarás. Rogándole, serás fuerte. Mirándola, no te equivocarás. Agarrándote, no caerás. Siendo ella protectora, no temerás. Capitana, no te fatigarás. Siendo propicia, llegarás”.

(http://www.mariologia.org/solemnidaddulcenombredemaria01.htm)

11 septiembre, 2020

San Orlando

 Beato Orlando de Vallombrosa | Pregunta Santoral

San Orlando
Monje Benedictino
Márir

Monje benedictino que perteneció a la congregación Vallombrosa, mártir, como San David, pues sufrió torturas después de ser llevado a prisión hasta morir, poco se sabe sobre este servidor del señor, pero era un monje que vivió dentro del monasterio ejerciendo trabajos manuales.

Historia de San Orlando

Este resulta un santo que cuando estuvo en vida fue monje benedictino que perteneció a la congregación, se dice su culto es propio de San Benito, en algunas partes es santo, este hombre fue beatificado, de sus orígenes poco se sabe ni mucho menos cual fue su fecha de nacimiento, de su vida solo se sabe que el se encontraba en Abadia de Vallombrosa en los tiempos de Abab benigno que también se conoce fue muerto en el año 1236.

San Orlando se conoce que fue monje más no sacerdote a lo que en esa época llamaban un hermano converso caustral y esto quiere decir que siempre vivió dentro del monasterio, dedicado al trabajo manual que era su responsabilidad, además e la oración y la entrega al servicio de Dios.

Siempre estaba fiel a los caminos de Dios como San Gines y a las reglas de San Benito, siempre destacaba por su ser un hombre de oración y por su obediencia la cual marcaba la diferencia, entre este grupo de benedictinos el era ejemplo de pureza y además posea un don especial para sacar demonios a través de su poderosa intercesión.

Este gran hombre de nombre Orlando fue totalmente entregado el servicio divino, siempre cumpliendo a cabalidad y responsabilidad todas sus tareas diarias, su entrega a la oración era completa, su comunión con el todo poderoso era única y muy especial, sus ayunos podían ser de hasta tres días seguidos y su único alimento era la oración y la meditación, esto no le impidió seguir en la sencillez de la vida de la regla comunitaria.

El grupo de los benedictinos lo considera como el ermitaño en la orden en compañía del beato llamado Jerónimo esto debido a que veían en este hombre la soledad que reinaba y ese sumido silencio que siempre marco la santa regla. Fue entonces en el año 1242 cuando sucedió lo inesperado, San Orlando murió y tras esto sucedieron muchos milagros y gracias inigualables.

Cuando eran llevados los restos de este monje y se llevaban a cabo los servicios funerarios , llevaron a el templo un hombre endemoniado para que le expulsaran los demonios, al idea era que fuera exorcizado delante del sepulcro donde se encontraba San Juan Gualberto quien haba sido el fundador, pero sucedió que el hombre endemoniado gritaba dando fuertes alaridos y expresando las grandezas de San Orlando y decía las humillaciones de los demonios cuando eran expulsados por este santo hombre que ya estaba fallecido.

El hombre endemoniado, lloraba y daba gritos pidiendo ser liberado y lo hacia pidiendo la intercesión de San Orlando, después de un rato este hombre fue milagrosamente liberado de los demonios que lo atormentaban, es cuando el pueblo ve los prodigios y maravillas que comienzan a surgir, se comprueba su santidad, desde entonces los milagros no dejan de suceder y es costumbre de los monjes siempre invocarlo para la liberación de los demonios.

San Orlando es enterrado cerca del campanario de la iglesia llamada abacial de la bella Vallombrosa, en este sitio San Orlando fue destacado por sus innumerables milagros, este hombre que aunque poco conocido llego a ser un fiel servidor del señor y apegado a la oración y sus buenas costumbres este llego a la santidad y desde entonces se convirtió en santo y milagroso.

No fue sino hasta el año 1600 cuando decidieron llevar las reliquias del beato San Orlando fueron trasladas con las otras reliquias que pertenencian a los otros beatos de la Vallombrosa, las mimas están expuestas a la vista de todos los que quien verlas y la orden fue dada por el obispo Alejandro de Medeci.

Además de rendirle culto público a este beato de esta zona y a otros más, se le construyo una capilla en su honor en el año 1604, para luego en el año 1757 ser reconstruida y ampliada para mayor comodidad de los que rinden culto y veneración a San Orlando por ser tan milagroso, en Vallombrosa existen 10 beatos y dentro de ellos se encuentra San Orlando.

Estos 10 beatos son honrados y festejados al mismo tiempo el 01 de agosto de todos los años, festividad que no pasa por alto y es donde aprovechan sus feligreses de ofrendarlos por los favores condedidos de la mejor manera posible.

(http://hablemosdereligion.com/san-orlando/)

10 septiembre, 2020

San Nicolás de Tolentino

 

San Nicolás de Tolentino - ACI Prensa

¡Oh!, San Nicolás de Tolentino; vos, sois el hijo del Dios
de la vida, su amado santo y que, en gratitud a San Nicolás
de Bari, vuestros padres “Nicolás” os pusieron, que
significa “regalo del cielo”. Y, sí; así fue, pues fuisteis
no solo, un precioso regalo para ellos, sino, para el mundo
entero. Hombre virtuoso, predicador de dulce verbo, amable
y poderoso, al que las gentes de aquél tiempo, en alma y cuerpo
se rindieron, mientras que, de vuestras manos y labios, Dios
os regalaba milagros. Vuestra vida: a las almas del purgatorio
amar, a los afligidos ayudar, convertir a los pecadores
y sembrar paz en los hogares. Vos, visteis en un sueño que un gran
número de almas del purgatorio os suplicaban que ofrecierais
oraciones y misas por ellas. Desde entonces os dedicasteis
a ofrecer muchas misas por el descanso de las benditas almas
y a nosotros nos piden también ese mismo favor las de nuestros
difuntos. Vos, dijisteis antes de morir: “No digan nada a nadie”.
“Den gracias a Dios, y no a mí. Yo no soy más que un poco de tierra.
Un pobre pecador”. Cuarenta años después de vuestra muerte,
hallaron vuestro santo cuerpo ¡incorrupto! Os quitaron vuestros
brazos y manó viva sangre de ellos, guardándose hasta hoy.
Así pues, por la vida pasateis, con una entrega total de amor y fe,
a Jesús, Dios y Señor Nuestro; quien os premió con corona de luz,
como justo premio a vuestra entrega increíble de amor. “Victorioso
con el pueblo santo” y “Santo Patrono de las almas del purgatorio”;
¡Oh!, San Nicolás, “vivo amor por las almas del Dios Vivo”.

© 2020 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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10 de Septiembre
San Nicolás de Tolentino
Año 1305

Obra santa y piadosa es orar por los difuntos, para que descansen de sus penas (2 Macab.) El nombre Nicolás significa: “Victorioso con el pueblo” (Nico = victorioso. Laos = pueblo).

El sobrenombre Tolentino le vino de la ciudad italiana donde trabajó y murió. Sus papás después de muchos años de matrimonio no tenían hijos, y para conseguir del cielo la gracia de que les llegara algún heredero, hicieron una peregrinación al santuario de San Nicolás de Bari. Al año siguiente nació este niño y en agradecimiento al santo que les había conseguido el regalo del cielo, le pusieron por nombre Nicolás.

Ya desde muy pequeño le gustaba alejarse del pueblo e irse a una cueva a orar. Cuando ya era joven, un día entró a un templo y allí estaba predicado un famoso fraile agustino, el Padre Reginaldo, el cual repetía aquellas palabras de San Juan: “No amen demasiado el mundo ni las cosas del mundo. Todo lo que es del mundo pasará”. Estas palabras lo conmovieron y se propuso hacerse religioso. Pidió ser admitido como agustino, y bajo la dirección del Padre Reginaldo hizo su noviciado en esa comunidad.

Ya religioso lo enviaron a hacer sus estudios de teología y en el seminario lo encargaron de repartir limosna a los pobres en la puerta del convento. Y era tan exagerado en repartir que fue acusado ante sus superiores. Pero antes de que le llegara la orden de destitución de ese oficio, sucedió que impuso sus manos sobre la cabeza de un niño que estaba gravemente enfermo diciéndole: “Dios te sanará”, y el niño quedó instantáneamente curado. Desde entonces los superiores empezaron a pesar que sería de este joven religioso en el futuro.

Ordenado de sacerdote en el año 1270, se hizo famoso porque colocó sus manos sobre la cabeza de una mujer ciega y le dijo las mismas palabras que había dicho al niño, y la mujer recobró la vista inmediatamente. Fue a visitar un convento de su comunidad y le pareció muy hermoso y muy confortable y dispuso pedir que lo dejaran allí, pero al llegar a la capilla oyó una voz que le decía: “A Tolentino, a Tolentino, allí perseverarás”. Comunicó esta noticia a sus superiores, y a esa ciudad lo mandaron.

Al llegar a Tolentino se dio cuenta de que la ciudad estaba arruinada moralmente por una especie de guerra civil entre dos partidos políticos, los güelfos y los gibelinos, que se odiaban a muerte. Y se propuso dedicarse a predicar como recomienda San Pablo. Oportuna e inoportunamente”. Y a los que no iban al templo, les predicaba en las calles.

A Nicolás no le interesaba nada aparecer como sabio ni como gran orador, ni atraerse los aplausos de los oyentes. Lo que le interesaba era entusiasmarlos por Dios y obtener que cesara las rivalidades y que reinara la paz. El Arzobispo San Antonino, al oírlo exclamó: “Este sacerdote habla como quien trae mensajes del cielo. Predica con dulzura y amabilidad, pero los oyentes estallan en lágrimas al oírle. Sus palabras penetran en el corazón y parecen quedar escritas en el cerebro del que escucha. Sus oyentes suspiran emocionados y se arrepienten de su mala ida pasada”.

Los que no deseaban dejar su antigua vida de pecado hacían todo lo posible por no escuchar a este predicador que les traía remordimientos de conciencia. Uno de esos señores se propuso irse a la puerta del templo con un grupo de sus amigos a boicotearle con sus gritos y desórdenes un sermón al Padre Nicolás. Este siguió predicando como si nada especial estuviera sucediendo. Y de un momento a otro el jefe del desorden hizo una señal a sus seguidores y entró con ellos al templo y empezó a rezar llorando, de rodillas, muy arrepentido. Dios le había cambiado el corazón. La conversión de este antiguo escandaloso produjo una gran impresión en la ciudad, y pronto ya San Nicolás empezó a tener que pasar horas y horas en el confesionario, absolviendo a los que se arrepentían al escuchar sus sermones.

Nuestro santo recorría los barrios más pobres de la ciudad consolando a los afligidos, llevando los sacramentos a los moribundos, tratando de convertir a los pecadores, y llevando la paz a los hogares desunidos. En las indagatorias para su beatificación, una mujer declaró bajo juramento que su esposo la golpeaba brutalmente, pero que desde que empezó a oír al Padre Nicolás, cambió totalmente y nunca la volvió a tratar mal. Y otros testigos confirmaron tres milagros obrados por el santo, el cual cuando conseguía una curación maravillosa les decía: “No digan nada a nadie”. “Den gracias a Dios, y no a mí. Yo no soy más que un poco de tierra. Un pobre pecador”.

Murió el 10 de septiembre de 1305, y cuarenta años después de su muerte fue encontrado su cuerpo incorrupto. En esa ocasión le quitaron los brazos y de la herida salió bastante sangre. De esos brazos, conservados en relicarios, ha salido periódicamente mucha sangre. Esto ha hecho más popular a nuestro santo.

San Nicolás de Tolentino vio en un sueño que un gran número de almas del purgatorio le suplicaban que ofreciera oraciones y misas por ellas. Desde entonces se dedicó a ofrecer muchas santas misas por el descanso de las benditas almas. Quizás a nosotros nos quieran pedir también ese mismo favor las almas de los difuntos.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Nicolás_de_Tolentino.htm)

09 septiembre, 2020

San Pedro Claver

 

 Biografia de San Pedro Claver

¡Oh! San Pedro Claver, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo, que desde niño mostrasteis gran inteligencia
y espíritu, razón suficiente, para que vuestros padres os
pusieran al servicio de la Iglesia en la Compañía de Jesús.
Aconsejado por San Alfonso Rodríguez, portero del monasterio
decidisteis salir de España y dirigiros a evangelizar las Indias
Occidentales, hoy Colombia y ordenado sacerdote en Cartagena,
y observando el servicio y entrega del P. Alfonso Sandoval
con los esclavos venidos del continente africano, decidisteis
convertiros en “esclavo de los negros para siempre”, y pese
a vuestra timidez y falta de confianza en vos mismo, os disteis
a vuestra misión con valor y entusiasmo. Vuestras labores
empezaban con la visita diaria a las barracas en el puerto,
donde conversabais y predicabais la palabra de Dios, logrando
así, la conversión y el bautismo de miles de vuestros negros.
Allí, atendíais a numerosos enfermos y moribundos, a quienes
llevabais medicinas y alimentos; y a los niños, juguetes
y caramelos. Vuestra obra, se extendió por los valles y haciendas
donde predicabais y velabais por el cuidado de vuestra grey,
venciendo obstáculos que os ponian los hacendados. Vuestra
intensa actividad os deterioró la salud, y luego de bendecir
a vuestro sucesor, un día, voló, vuestra alma al cielo, para
coronada ser con corona de luz como justo premio a vuestra
entrega de amor y fe. Ese día, fue el de la Natividad de Nuestra
Señora, Santa Madre de Dios . ¡Qué grande premio! ¡Aleluya!
Santo Patrono y Esclavo de los negros por siempre jamás;
¡oh!, San Pedro Claver, “vivo esclavo de amor por Cristo”.

© 2020 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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9 de Setiembre
San Pedro Claver

Nació en 1581 en España, y desde niño mostró grandes cualidades de inteligencia y de espíritu, siendo destinado por sus padres al servicio de la Iglesia. Al terminar sus estudios en la universidad de Barcelona, y tras recibir las órdenes menores, el santo fue aceptado por la Compañía de Jesús.

Gracias a la influencia y consejos de San Alfonso Rodríguez -portero del monasterio jesuita donde San Pedro vivía- el santo decidió abandonar España en 1610 para asumir las misiones de evangelización en las Indias Occidentales, específicamente en la colonia de Nueva Granada, hoy república de Colombia.

En 1615 fue ordenado sacerdote en Cartagena, y fue ahí donde el santo, al ver la entrega y servicio del P. Alfonso Sandoval por los miles de esclavos negros provenientes del África, tomó la decición de convertirse en “esclavo de los negros para siempre” y pese a su timidez y falta de confianza en sí mismo, el santo se entregó a aquella misión con tenacidad y mucho entusiasmo. Sus labores empezaban con la visita casi diaria a las barracas en el puerto, donde conversaba y predicaba la palabra de Dios, logrando la conversión y el bautismo de miles de ellos.

Además, atendía a numerosos enfermos y moribundos, a quienes llevaba medicinas y alimentos, y a los niños, algunos dulces y caramelos. Su obra evangelizadora también se extendió por los valles y haciendas donde el santo iba a predicar y velar por el cuidado de sus “negros”, no sin antes vencer dificultades y penurias por parte de los hacendados.

La intensa actividad del santo deterioró su salud, y luego de bendecir a su sucesor en su misión apostólica falleció el 8 de setiembre de 1654, día de la Natividad de Nuestra Señora, y en medio de grandes muestras de amor y cariño popular. Fue canonizado el 1888, al mismo tiempo que su gran amigo San Alfonso Rodríguez.

(http://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=270)

08 septiembre, 2020

Natividad de la Santísima Virgen María

 

Natividad de la Santísima Virgen María - ACI Prensa

 

¡Oh!, Santa María, Vos, sois la hija del Dios de la Vida
y Santa Madre de Jesús, Dios y Señor Nuestro, y que, desde
antes de que, el mundo creado fuera, elegida fuisteis por
Dios Padre, porque, quiso Él, que así fuera, y así fue,
para gloria del universo todo. Así, Vos, os convertisteis
a su tiempo, en la depositaria amorosa de la “Divinidad
de Cristo”, por Dios Padre dada y, a quien, en vuestro seno
cubristeis con vuestra increíble humanidad de santo amor.
Y, desde siempre sois y seréis la “Kejaritomene”, la “Llena
de gracia”, la “Reina del cielo” y la “Bendita entre todas
las mujeres”. Salve, ¡oh!, Vuestra Natividad bendita, Santa
María, Hija amorosa divina y celestial de Santa Ana,
y de San Joaquín, por los siglos de los siglos. San Juan
Damasceno, os saludó Virgen Niña así: “Dios te salve,
Probática, santuario divino de la Madre de Dios ¡Dios te
salve, María, dulcísima hija de Ana!”. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Bienvenida en este día, para traernos al Cristo Amado
Dios y Señor Nuestro, por quien somos y vivimos todos;
¡Oh!, Santa María, ¡Vivo y amoroso regalo de Dios Padre!.

© 2020 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Septiembre
Natividad de la Santísima Virgen María 

Santa Madre del Dios de la Vida y del Amor: Jesús

Fuente: Archidiócesis de Madrid

Fiesta de la Natividad de la bienaventurada Virgen María, de la estirpe de Abrahán, nacida de la tribu de Judá y de la progenie del rey David, de la cual nació el Hijo de Dios, hecho hombre por obra del Espíritu Santo, para liberar a la humanidad de la antigua servidumbre del pecado.

Un anticipo y anuncio inmediato de la redención obrada por Jesucristo es el nacimiento de su Madre la Virgen María, concebida sin mancha de pecado, llena de gracia y bendita entre todas las mujeres.

En Jerusalén, en la Iglesia de Santa Ana.

La primera fuente de la narración del nacimiento de la Virgen es el apócrifo Protoevangelio de Santiago, que coloca el nacimiento de la Virgen en Jerusalén, en el lugar en que debió existir una basílica en honor a la María Santísima, junto a la piscina probática, según cuentan diversos testimonios entre los años 400 y 600. Después del año 603 el patriarca Sofronio afirma que ése es el lugar donde nació la Virgen. Posteriormente, la arqueología ha confirmado la tradición.

La fiesta de la Natividad de la santísima Virgen surgió en oriente, y con mucha probabilidad en Jerusalén, hacia el s. v. Allí estaba siempre viva la tradición de la casa natalicia de María. La fiesta surgió muy probablemente como dedicación de una iglesia a María, junto a la piscina probática; tradición que se relaciona con el actual santuario de Santa Ana.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/31860/natividad-de-la-santsima-virgen.html)

07 septiembre, 2020

Santa Regina, Virgen y Mártir


Hoy es la fiesta de Santa Regina, virgen y mártir | Radio Pentecostés RD

 

¡Oh!, Santa Regina, vos sois la hija del Dios de la Vida
y su amada santa. ¿Qué diré de vos, si fue todo dicho,
aquél día por vos? ¡Nada diré!, pues vuestro martirio, en
medio de prodigios del cielo; lo saben la blanca paloma
aquella y los paganos convertidos en vuestro holocausto.
Reina y virgen a imitación de María, la vida por Cristo
disteis y rechazaste al pagano aquél, ganando el cielo.
Os suplicamos pues, que; en base a vuestros méritos
intercedáis ante el Dios de la Vida, para que las niñas
de nuestro tiempo, sepan acumular para el cielo riquezas,
y se libren del mal que sólo brinda espejismos de vida,
pues vos, cuando teníais quince años conocisteis a Cristo
y le entregasteis vuestro corazón y bautizándoos decidisteis
darle para siempre vuestra virginidad. El prefecto de vuestro
tiempo se enamoró de vos al solo veros. Pero, en presencia
de aquél, le confesasteis vuestra fe. Y, allí mismo, comenzaron
vuestros problemas, siendo puesta en la cárcel y con una
amenaza: que, al regreso del prefecto vos, deberíais cambiar
de religión. Y, a  la vuelta del sujeto vos, os negasteis
a hacer sacrificio a los ídolos, padeciendo terribles torturas
y en el ambiente hay prodigios en él: se producen terremotos,
se oyen voces celestiales y una paloma se acerca a curaros.
Y en ese instante, la gente se convierte a centenares, hasta
que pr fin, os deguellan, y así, alza vuelo vuestra alma para
recibir corona de luz como premio justo a vuestra fidelidad;
¡oh!, Santa Regina; “viva fideliad al Dios de la Vida y del Amor”

© 2020 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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7 de Septiembre
Santa Regina
Mártir

Los niños piden -al menos así lo hacían en tiempos pasados- a los mayores que les cuenten un cuento a la hora de dormir. La condescendencia de los que les quieren, procurando su bien dormir, les lleva a ilustrar su imaginación con historias que unas veces son sólo producto del genio humano y otras… adornan la verdad de hechos ocurridos en la ordinariez de la vida con amplificaciones que hacen fantástica, amable y hasta apasionante la historia real. No sé si la historia de Regina servirá para rellenar esos momentos previos al descanso nocturno de los pequeños, pero no me cabe duda de que sí servirán a los adultos para que detengamos un momento nuestro ardoroso caminar.

Regina es palabra latina que se vierte al castellano por Reina. Así se llamaba nuestra protagonista de hoy. Fue una francesita hija de padre romano y de madre gala. Era el tiempo del Imperio. Cuando tenía quince años conoció a Cristo y le entregó su corazón, se bautizó y decidió darle para siempre su virginidad.

Es hermosa en demasía. El prefecto romano se enamoró de ella al verla. En su presencia, Regina confiesa su fe. Desde este momento comienzan las dificultades para la fidelidad. Fue puesta en la cárcel y con una amenaza: al regreso del prefecto, que necesariamente ha de ausentarse, ella debe haber cambiado de religión o conocerá el furor romano.

Sucede a la vuelta del personaje lo previsible con la gracia de Dios. Ella se niega a sacrificar a los ídolos, llegan las torturas, los hierros arañan y cortan su carne. También hay prodigios del Cielo: se producen terremotos, se oyen voces celestiales… hasta una paloma se acerca para consolarla, darle ánimos y curarla.

El ejemplo es tan llamativo que la gente se convierte a centenares. Por fin, es degollada. La candidez de la historia narrada, pletórica de elementos hiperbólicos y de adornos donados por la fantasía, expone un drama común y diario de mucha gente que bien merece la atención y el mimo del poeta, me refiero a todos esos que están dispuestos en serio a dar la vida por la fe que tienen y, llegado el momento, darla.

Fuente: Archidiócesis de Madrid

(http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/09/09-07_S_regina_martir.htm)