09 enero, 2021

San Julián y Santa Basilisa

 Hoy es fiesta de San Julián y Santa Basilisa, esposos en amor virginal

¡Oh!, San Julián y Santa Basilisa, vosotros, sois los hijos Dios
  de la Vida y sus amados santos, y, que,  con vuestra esposa
  vivisteis una vida virginal, porque Dios, os permitió ver, en
una visión las maravillas que guarda Él, para quienes puros
se conservan. Y, vuestra esposa aceptó, y luego, al desierto
marchasteis e hicisteis casas de oración en su honor. Desde
entonces, invitasteis a los jóvenes seguidores vuestros
en la pureza, a imitaros en vuestra santa cuaresma de ayuno,
oración, abstinencia y meditación los días todos de vuestra
santa vida. Y, estalló la persecución en Antioquía, y os
apresaron y a todos vuestros monjes. Y, en pleno martirio
defendisteis con valor a Cristo, negándoos a adorar falsos
dioses. Cuando os llegó vuestro turno, le dijisteis a vuestro
perseguidor: “Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios
del cielo. Mi jefe a quien adoro y obedezco es Nuestro Señor
Jesucristo. Él, ya resucitó y está sentado a la derecha de Dios
Padre. Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús,
que es muchísimo más importante y poderoso que el
emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar
los tormentos. Mis padres me están observando desde el cielo
y se sienten muy contentos y muy honrados de que yo proclame
mi fe en Cristo y derrame por El mi sangre”. Seguidamente
empezaron a daros latigazos, y uno de los verdugos se hiere
de un ojo, y escuchando sus terribles gritos vos, lo curasteis.
Luego, os cortan vuestra cabeza. Y, ¡milagro! En ese momento
Celso, hijo del cruel Marciano, al veros con qué valentía y
alegría fuisteis a la muerte por Cristo, os imita, declarándose
también, seguidor de EL, y cristiano se hace. Y, así, feliz
entregasteis, vuestra santa vida. Y, cada quien se preguntará
¿Dónde estaréis ahora? ¿Dónde? Y, la respuesta, esperar no
se deja, del lugar donde estáis, sino, que en el mismo cielo,
coronado de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Julián y Basilisca; “vivos mártires del amor de Cristo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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09 de Enero

San Julián y Santa Basilisa

“Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios del cielo”, dijo San Julián ante el juez que lo condenó a morir degollado. Él y su esposa Santa Basilisa vivieron un amor virginal aprobado por el mismo Jesucristo. Él murió mártir. Ella falleció después, tras sobrevivir a la persecución. Ambos vivieron entre los siglos III y IV. La fiesta de estos esposos se celebra el 9 de enero.

San Julián era hijo único de una noble y rica familia. Tuvo una profunda formación en la fe cristiana. A los 18 años sus padres querían que él se casara con una joven noble llamada Basilisa, pero Julián había prometido a Dios mantenerse virgen.

Después de mucho ayuno y oración, Julián entendió que Dios tenía un camino especial trazado para él, y que al lado de Basilisa como esposa podría vivir su promesa de virginidad. San Julián y Santa Basilisa descubrirán juntos, posteriormente, las implicancias de ese camino de amor virginal. La tradición cuenta que el Señor Jesús se les apareció personalmente para darles la autorización de casarse y vivir el matrimonio en completa castidad.

Como muchos santos de los primeros siglos, los nuevos esposos repartieron sus bienes entre los pobres. Luego se retiraron a vivir en dos casas a las afueras de la ciudad, las que se convertirían en monasterios. Con San Julián acuden los varones y con Santa Basilisa van las mujeres. Mucha gente los buscaba para pedir consuelo espiritual y orientaciones para vivir más cristianamente.

El grupo de hombres nombró a San Julián como superior, o abad, de su comunidad. El Santo los dirigió con cariño y prudencia. Era el que más trabajaba, el que más ayudaba y oraba con mucho fervor, dando el ejemplo a sus hermanos. Dedicaba muchas horas a la lectura de textos religiosos antiguos y a la meditación. Fue también un asceta, por lo que vivió en permanente ayuno.

Cuando se trataba de reprender a algún hermano, lo hacía sin altanería, sin malos modos y siempre en privado. La amabilidad o fraternidad fue el sello de su gobierno espiritual. Los monjes se sentían muy cómodos con él y preferían el desierto y la disciplina antes de una vida de comodidades mundanas.

Santa Basilisa, a su vez, era seguida por una multitud de muchachas que se quedaban edificadas con su ejemplo de virtud. Muchas de ellas abrazaron la vida religiosa y vivieron en paz bajo su dirección.

Cabe recordar, que eran tiempos de la persecución de Diocleciano y Maximiano y que todo cristiano corría peligro de ser castigado, incluso con la muerte. Cuando encarcelaron a Julián, terminaron llevándose a todos los que vivían con él en el monasterio. Ante el juez, San Julián proclamó: “Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús, que es muchísimo más importante y poderoso que el emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar los tormentos”.

San Julián fue condenado a muerte, pero antes fue azotado. Uno de los verdugos, al retirar rápidamente el fuete, se hirió a sí mismo en uno de sus ojos con la punta de hierro del látigo. En ese momento, el Santo pidió a Dios que curase al verdugo y efectivamente se produjo el milagro.

Al final, los verdugos le cortaron la cabeza y uno de ellos llamado Celso, hijo de Marciano, se convirtió al cristianismo al ver la valentía y alegría con la que murió este amigo de Cristo. Estos acontecimientos se dieron alrededor del año 304. Santa Basilisa, en cambio, murió por causas naturales.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-san-julian-y-santa-basilisa-esposos-en-amor-virginal-92199)

08 enero, 2021

San Severino, “El Predicador”

 

Hoy es la fiesta de San Severino, predicador que promovía la oración contra los vicios

 

¡Oh!, San Severino, vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo, y, a quien, Él, os proveyó de maravillosos
dones: el de profecía y el del buen consejo; que el Espíritu
Santo, administraba por vuestra oración constante y fe
inmaculada. Vos, a menudo repetíais la bíblica palabra:
“Para los que hacen el bien, habrá gloria, honor y paz.
Pero, para los que hacen el mal, la tristeza y castigos
vendrán”. Y, anunciando que quienes dicen: “He pecado
y nada malo me ha pasado”, están completamente equivocados,
pues, todo pecado, trae del cielo, castigos”. Y, esto,
a muchos frenaba y les impedía seguir por la senda del vicio
y del mal. “El remedio es rezar, dar limosnas a los pobres
y hacer penitencia”. Y, la gente os oía y carne las hacía
en sus diarias vidas. “No te dejará mi Señor Jesucristo
que pases del sitio donde está su santa cruz”. Así, le
hablasteis al Danubio, y el río os escuchó y obedeció
de manera maravillosa y nunca más pasaron sus crecientes
aguas de donde dejasteis la Cruz que vos pusisteis. ¡Qué
alegría vuestro obrar! ¡Qué talento! ¡Qué profecías! ¡Qué
amor! Partisteis de este mundo, vuestra célebre frase
pronunciando: “Todo ser que tiene vida, alabe al Señor”.
Y, seguidamente el Salmo ciento cincuenta: “¡Aleluya!
Alabad al Señor en su templo, alabadlo en su fuerte
firmamento. Alabadlo por sus obras magníficas, alabadlo
por su inmensa grandeza. Alabadlo tocando trompetas,
alabadlo con arpas y cítaras, alabadlo con tambores y
danzas, alabadlo con trompas y flautas, alabadlo con
platillos sonoros, alabadlo con platillos vibrantes. Todo
ser que alienta alabe al Señor. ¡Aleluya!”. Así, os despedisteis
de este mundo, para recibir vuestro muy justo premio:
corona de luz y vida eterna, por los siglos de los siglos;
¡oh!, San Severino; “viva profecía del Dios de la vida”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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“Si quieren tener la bendición de Dios, respeten mucho los derechos de los demás”, decía San Severino, patrono de las ciudades de Viena en Austria y de Baviera, Alemania. Fue un hombre apasionado por el anuncio del Evangelio, y muy preocupado por la salvación de las almas. Llamaba constantemente a la conversión y a la penitencia. Además, tenía los dones de curación y consejo. La Iglesia católica celebra su fiesta el 8 de enero.

San Severino nació en Roma (c.410) y provenía de una familia noble y rica. Sin embargo, respondiendo al llamado de Dios, quiso apartarse del mundo y vivir como un eremita. Vivió como tal por unos años, hasta que, conmovido por la destrucción y muerte que dejaban los invasores bárbaros, decidió ponerse al servicio de las poblaciones devastadas. Así, abandonó las tierras circundantes a Roma y se fue a predicar a orillas del río Danubio entre Austria y Alemania.

En esa región, aún provincia del Imperio romano, se estableció en la ciudad de Asturis (o Asturia), donde profetizó a los pobladores que si los no dejaban los vicios y se dedicaban a rezar más, con sacrificios y obras de caridad, sufrirían un terrible castigo. Nadie le tomó importancia. Tal rechazo lo motivó a irse a Cumana (o Cumagenis), una provincia cercana. No pasaría mucho tiempo para que las hordas de los hunos llegasen desde Hungría. Astura quedó semidestruida y su población masacrada.

En Cumagenis, Severino también profetizó castigos si los pobladores no se convertían. Nadie le creía, por lo que parecía que podía correr la misma suerte de Asturis, hasta que un sobreviviente de dicha ciudad llegó a Cumanegis y contó lo sucedido, cómo nadie hizo caso de las advertencias de San Severino. Por no escuchar al hombre que los quería ayudar, no se prepararon para defender sus tierras, siguieron viviendo frívolamente y de esa manera llegados los hunos cometieron un sinnúmero de atrocidades sin encontrar resistencia. En Comagenis, los pobladores se fueron a orar a los templos, cerraron cantinas y lugares de mal vivir y cambiaron su conducta haciendo sacrificios y penitencia. La población, aleccionada, se organizó para defenderse y detener la invasión. Lamentablemente todo esfuerzo en ese sentido parecía insuficiente. Es allí que sucedió algo que cambió el curso de los acontecimientos. Estando cerca los bárbaros, un tremendo terremoto se produjo en la región, aterrorizando a los hunos, quienes consideraron esto como un signo de mal augurio. Entonces decidieron huir y no entrar a la ciudad.

San Severino se hizo del respeto de todos, incluso entre los bárbaros. Muchas autoridades civiles e imperiales le manifestaron respeto. Fue él quien se convirtió en el intercesor y defensor de los que sufrían las consecuencias de las invasiones. Su fama se acrecentó porque hizo muchos milagros entre los enfermos. Sin embargo, no fue un “simple” taumaturgo. También enseñaba que a veces Dios permite el sufrimiento como un medio para alcanzarlo. Precisamente, hay una historia que la tradición recuerda en la que le dice a su discípulo Bonoso: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder”. Por 40 años, Bonoso sufrió una enfermedad incurable y Dios quiso que fuese el camino por el que llegó a alcanzar la santidad. A San Severino le gustaba repetir frases de la Biblia y recordaba siempre que todo pecado trae consecuencias y, en muchas oportunidades, por la gravedad o insistencia en la falta, vienen castigos del cielo.

Durante 30 años se dedicó a fundar monasterios. Severino recorría descalzo las inmensas llanuras de Austria y Alemania, incluso en las heladas nieves. Su sencillez en el vestir, su túnica desgastada y vieja, y su espíritu de servicio le ganó el respeto de todos.

El 6 de enero del 482, tuvo una premonición sobre su propia muerte, así que mandó a llamar a las autoridades civiles de la ciudad de Nórico (provincia del Imperio donde vivía en ese tiempo) para pedirles que respeten los derechos de los demás si querían tener la bendición de Dios. “Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo en todo lo posible a los monasterios y a los templos”.

Murió el 8 de enero del 482 pronunciando las palabras del Salmo 150: “Todo ser que tiene vida, alabe al Señor”. Seis años su tumba fue abierta y encontraron su cuerpo incorrupto. Le levantaron los párpados y vieron que sus ojos azules aún brillaban. Sus reliquias se encuentran hoy en Nápoles.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-universal-celebra-a-san-severino-69121)

07 enero, 2021

San Raimundo de Peñafort, Patrono de los Juristas Católicos

 

Hoy la Iglesia celebra a San Raimundo de Peñafort, patrono de los juristas católicos

 

 ¡Oh!, San Raimundo de Peñafort, vos, sois el hijo
del Dios de la vida y su amado santo, que, de Él,
“la eficacia de la palabra” recibisteis, y, con
ella, a propios y extraños conquistasteis, con
ardor de corazón, cuando os oían hablar en favor
de la doctrina de Nuestro Señor Jesucristo. Con
vuestra pluma, constancia dejasteis de cómo, los
antiguos respondían respecto de la fe, en vuestros
libros “Summa” y los “Decretales”, para saber qué
ordenaron y qué prohibieron los Santos Pontífices,
en los concilios del tiempo antiguo. Con San Pedro
Nolasco, la Orden de los “Mercedarios”, fundasteis,
dedicada al rescate de los secuestrados cristianos
en manos de los musulmanes. Y, además convertisteis
miles de aquellos a la doctrina de Vuestro Maestro.
Y, así, con la vida longeva que Dios os dio, marchó
vuestra alma al cielo, para coronada ser con corona
de luz de luz eterna, padre santo del “Buen Consejo”.
¡oh!, San Raimundo de Peñafort, “vivo consejo de Dios”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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“Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos”, escribió una vez San Raimundo de Peñafort, santo dominico que humildemente ocupó cargos importantes, escribió libros que se hicieron famosos y hasta viajó por el mar en una barca hecha con su túnica. Es patrono de los juristas católicos y su fiesta se celebra cada 7 de enero.

Raimundo, cuyo nombre significa “buen consejo”, nació por el año 1175 en Peñafort, cerca de Barcelona en España. Poseía una inteligencia extraordinaria y a los 20 años fue profesor de filosofía en Barcelona.

A los 30 años estudió en la Universidad de Bolognia, Italia, con la finalidad de perfeccionar su conocimiento de derecho civil y canónico. Luego se doctoró y trabajó como docente. Más adelante sirvió como archidiácono de la Diócesis de Barcelona.

En 1222 ingresó a la Orden de Predicadores (Dominicos). El Santo pidió que le impusieran penitencias severas y oficios humillantes. Él consideraba que el orgullo era un peligro para el alma. Sin embargo, los superiores le encomendaron la labor de investigar cómo responder a las  difíciles preguntas sobre moral que los fieles presentaban.

Como resultado se obtuvo el libro “Summa de casibus paenitentialibus”, la primera obra en su género y que se volvió muy famosa, sirviendo de gran provecho para confesores y moralistas.

Trabajaba arduamente en la predicación, instrucción y confesión. En 1230 el Papa Gregorio IX lo llamó a Roma y lo nombró su confesor. Además le encomendó reunir el Corpus canónico de los decretos de los Pontífices y concilios que no estuvieran ya en la colección que Graciano había hecho en 1150.

De esta labor se publicó su famoso libro, en 5 volúmenes, titulado “Decretales”. Esta compilación fue considerada como la mejor colección de derecho canónico hasta la compilación del “Codex Juris Canonici” en 1917.

A pesar de las súplicas del Santo, el Papa lo nombró Obispo de Tarragona, pero poco después San Raimundo enfermó gravemente y el Pontífice lo liberó, pidiéndole que propusiera un candidato apto para el cargo.

Regresó a Barcelona, su tierra natal, para recuperarse de la enfermedad y tanto la Santa Sede como el rey le encomendaron trabajos importantes. De los escritos de San Raimundo destacó la “Summa casuum”, sobre la administración genuina y provechosa del Sacramento de la Penitencia.

En 1238 los diputados del Capítulo General de la Orden Dominica fueron a Barcelona para anunciarle a San Raimundo que había sido elegido como superior general. Por obediencia, el Santo aceptó y visitó a pie todas las casas de la Orden, inculcando el amor a la vida entregada en regularidad, al estudio y los misterios espirituales.

Más adelante obtuvo que se aprobara una medida que aceptara la dimisión voluntaria del superior cuando éste tuviera razones justas. De esta manera pudo renunciar al cargo fundamentándose en su edad, al haber cumplido 65 años.

Los siguientes años los empleó en la evangelización, esclareciendo la doctrina ante herejías y buscando la conversión de todos, incluidos judíos y musulmanes.

Cierta ocasión se encontraba acompañando al rey Jaime a Mayorca, un soberano mujeriego que había prometido enmendarse, pero que no cumplió su promesa. En vista de ello, San Raimundo pidió licencia para ir a Barcelona, pero el rey se lo negó y amenazó de muerte a quien se atreviera a sacarlo de la isla.

Ante esto, el Santo dijo: “Los reyes de la tierra pueden impedirnos la huida, pero el Rey del cielo nos dará los medios para ello”. Luego se fue al mar, extendió su túnica sobre el agua, ató un extremo de ella a un palo para que sirviera de vela, hizo la señal de la cruz y subió sobre la “barca”.

Milagrosamente la “nave” llegó a Barcelona y San Raimundo fue recibido con aclamaciones por la gente que lo vio llegar. El Santo, sin inmutarse, recogió su túnica, que estaba seca, la puso en sus hombros y se fue a su monasterio. En el sitio que desembarcó se construyeron una capilla y una torre.

Durante su última enfermedad fue visitado por los reyes Alfonso de Castilla y Jaime de Aragón. San Raimundo partió a la Casa del Padre el 6 de enero de 1275 con 100 años de edad. Sus restos mortales reposan en la catedral de Barcelona, España.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-celebra-a-san-raimundo-de-penafort-dominico-sabio-y-humilde-20678)

06 enero, 2021

La Epifanía del Señor

 

Hoy la Iglesia celebra la Epifanía del Señor

Cada 6 de enero, en la ciudad de Roma y en muchas otras partes del mundo, se celebra la Solemnidad de la Epifanía (manifestación) del Señor. Se le llama así porque recordamos la “manifestación” del Salvador, el Mesías esperado, que se revela a todos los pueblos de la humanidad representados en los sabios de Oriente.

El Evangelio nos presenta precisamente a estos personajes, conocidos como los Tres Reyes Magos, quienes dejaron atrás sus tierras y sus culturas para salir al encuentro de Aquel que ha venido para devolver la esperanza a la humanidad. Como ellos, presentemos de rodillas nuestros regalos al Niño Dios y adorémosle.

Evangelio: Mateo 2, 1-12

“Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: ‘¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo’. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron: ‘En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel’. Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: ‘Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo’.

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”.

Los Magos encontraron al Mesías acostado en un humilde pesebre, a lado de María, su Madre, y de San José, su padre. Le llevaron regalos: Oro por su realeza, incienso por su divinidad y mirra por su humanidad. ¡Hagámosle un regalo a Jesús! ¡Démosle nuestro corazón! Con toda seguridad, Él nos regalará más, porque nos entregará su amor.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-celebra-la-epifania-del-senor-64269)

05 enero, 2021

San Juan Neumann

 Hoy es fiesta de San Juan Neumann, Obispo de Filadelfia en Estados Unidos

“No me he arrepentido jamás de haberme dedicado a la Misión en América”, escribió San Juan Neumann, misionero redentorista, cuarto Obispo de Filadelfia, Estados Unidos, y fundador del primer sistema de educación católica de ese país. Su fiesta se celebra el 5 de enero de cada año.

Neumann nació en Bohemia, actual República Checa, en 1811. Acudió a la escuela en Budweis y allí ingresó al seminario en 1831. Cuando ya había completado su preparación para ser ordenado sacerdote, el obispo local tomó la decisión de suspender las ordenaciones en su jurisdicción.

Juan, entonces, escribió a algunos obispos de otras diócesis, pero ninguno lo quiso aceptar. A pesar de ello, el Santo no se desanimó, aprendió algo de inglés trabajando en una fábrica y se puso en contacto con obispos de Estados Unidos.

El arzobispo de Nueva York aceptó recibirlo y ordenarlo. De forma que Juan dejó a su familia y amigos para embarcarse en la aventura de anunciar a Cristo en una tierra lejana. En ese momento, Juan se integraría al limitado grupo de 36 presbíteros que debían asistir a los casi 200 mil católicos residentes en Estados Unidos.

Al recién ordenado P. Neumann se le encomendó la administración de una parroquia. La primera dificultad pastoral que enfrentó tuvo que ver con el vasto territorio que la parroquia abarcaba: esta se extendía desde Ontario (Canadá) hasta Pensilvania (EE.UU).

Dado que las necesidades eran inmensas, el P. Neumann se la pasó la mayor parte del tiempo visitando poblados, atravesando territorios inhóspitos, caminando entre altas montañas con el objetivo de cuidar a su grey, poder asistir a los enfermos, dar catequesis, administrar sacramentos, celebrar la Eucaristía. Era habitual verlo predicar, cuando no había una iglesia, en cabañas abandonadas y en las afueras de las tabernas. Muchísimas veces tuvo que celebrar misa en lugares improvisados, como un comedor o una cocina.

Con el tiempo y las dificultades, descubrió la necesidad de apoyarse en una comunidad religiosa y solicitó su ingreso en la Congregación del Santísimo Redentor (redentoristas). Así, tomó los votos en Baltimore en 1842.

Como apóstol, Neumann destacó por su piedad y amabilidad; además de su versatilidad para entender y acompañar a sus feligreses, la mayoría de ellos inmigrantes europeos. Como Neumann conocía hasta seis idiomas, no le fue difícil dirigirse a los católicos que no hablaban el inglés con suficiencia.

En 1847, fue nombrado Visitador de los redentoristas en Estados Unidos. Al término de su servicio, estos quedaron listos para formar una “provincia o inspectoría religiosa” autónoma, lo que se concretó en 1850.

El. P. Neumann fue ordenado Obispo de Filadelfia dos años más tarde. Desde esa ciudad organizó el sistema diocesano de escuelas católicas, convirtiéndose en el gran impulsor de la educación católica en el país. Asimismo, fundó a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco, dedicadas a la enseñanza en las escuelas y fue el promotor de la construcción de más de 80 templos en el país.

San Juan Neumman fue un hombre sencillo, de corta estatura, y, aunque nunca tuvo una salud robusta, realizó una gran actividad pastoral y literaria. Escribió muchos artículos en revistas y periódicos, publicó dos catecismos y una historia de la Biblia para escolares.

El 5 de enero de 1860, con tan solo 48 años de edad, el Señor lo llamó a su presencia. Mons. Neumman sufrió un colapso y se desplomó en la calle. Fue beatificado en 1963 por el Papa San Pablo VI y canonizado en 1977 por el mismo Pontífice.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-fiesta-de-san-juan-neumann-obispo-de-filadelfia-en-estados-unidos-20690)

04 enero, 2021

Santa Isabel Ana Bayley

 

 

 Hoy es la fiesta de Isabel Bayley Seton, primera santa nacida en Estados Unidos

 

Isabel Ana Bayley viuda de Seton es la primera santa nacida en los Estados Unidos, país donde fundó la primera escuela católica y la primera congregación estadounidense de religiosas bajo el nombre de Hermanas de la Caridad de San José. Se le considera patrona de las escuelas católicas, las viudas y los niños en peligro de muerte.

Isabel nació el 28 de agosto de 1774 en Nueva York. Sus padres, el Dr. Richard Bayley y su esposa, Catalina Charlton, eran anglicanos y leales miembros del partido conservador.

A los 20 años, la Santa conoció a William Magee Seton, un reconocido hombre de negocios con el que se casó luego de un breve tiempo de noviazgo y con el que tuvo cinco hijos.

El 27 de diciembre de 1803, su esposo falleció debido a una tuberculosis. Encontrándose en una difícil situación, fue acogida durante varios meses en la casa de la familia italiana Felicchi.

En los días de su estancia con los Felicchi, Isabel entró en contacto con el catolicismo. Desde el principio, la devoción y calor humano de los dueños de casa le había tocado el corazón, por lo que decidió conocer con mayor profundidad la fe de los Felicchi. El 14 de marzo de 1805, Isabel expresó su deseo de convertirse en católica. Dos cosas la habían impresionado de la Iglesia católica y la impulsaron a convertirse: la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y la devoción a la Virgen María.

De regreso a Nueva York, se encontró con la incomprensión de sus familiares por haberse hecho católica.

Pese a este duro golpe, Isabel no se arredra sino que empieza a trabajar como voluntaria, en el papel de maestra o educadora. Su compromiso con los que más sufren la impulsó a concretar la idea de la fundación de una comunidad religiosa. En 1809, fundó en Baltimore, el Instituto de Hermanas de la Caridad de San José, la primera congregación religiosa femenina fundada en Norteamérica. Después de su muerte, las Hermanas se unen a la Compañía de las Hijas de la Caridad de París, tal como fue su deseo inicial. Isabel también fundó la primera escuela parroquial católica en Estados Unidos, con lo que marcó el derrotero que seguiría la educación religiosa en ese país.

Isabel Ana Bayley Seton falleció en Maryland el 4 de enero de 1821. Fue beatificada el 17 de marzo de 1963 por el Papa San Juan XXIII y luego canonizada el 14 de septiembre de 1975 por el Papa San Pablo VI.

Hoy, una imagen suya adorna una de las puertas principales de la Catedral de San Patricio en Nueva York

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-isabel-bayley-seton-primera-santa-nacida-en-estados-unidos-36246)

03 enero, 2021

Día del Santísimo Nombre de Jesús

 

Hoy es el día del Santísimo Nombre de Jesús

 

¡Oh!, Santísimo y Gloriosísimo Nombre de Jesús;
¿Quién más sino Vos, para llevar ese Santísimo
Nombre? ¡Nadie, más que Vos! ¡Maravilloso Nombre!
Vuestro Amadísimo Padre, os lo dio, para vivo
y sempiterno recuerdo de todas las bendiciones que
recibimos de Vos, a cada nada, pues él, nos ayuda
en nuestras corporales necesidades, gracias
a Vuestra promesa: “En mi nombre expulsarán demonios,
hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes
en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño;
impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán
bien”. Y, vuestros Apóstoles así, lo hicieron dando
fuerza a los lisiados, vida a los muertos, consuelo
en las aflicciones espirituales y recordándole al justo
el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero
de Dios. También Vuestro Santísimo Nombre, nos protege
de Satanás y de sus engaños, pues él teme Vuestro
Nombre: ¡Jesús!, porque lo vencisteis en la Cruz.
Además, con Vuestro Nombre obtenemos toda bendición
y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Vos, mismo
dijisteis: “lo que pidáis al Padre, os lo dará en
mi nombre”. Y, la Iglesia, todas sus plegarias las
concluye, así: “Por Jesucristo Nuestro Señor”. ¡Amén!
¡Bendito sea el Santísimo Nombre de “Jesús”. ¡Aleluya!
¡Oh!, Santísimo y Gloriosísimo Nombre de “Jesús”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Cada 3 de enero la Iglesia celebra el Día del Santísimo Nombre de Jesús. “Éste es aquel santísimo nombre anhelado por los patriarcas, esperado con ansiedad, demandado con gemidos, invocado con suspiros, requerido con lágrimas, donado al llegar la plenitud de la gracia”, decía San Bernardino de Siena.

El nombre “Jesús” es la forma latina del griego “Iesous”, que a su vez es la transliteración del hebreo “Jeshua” o “Joshua”, o también “Jehoshua”, que significa “Yahveh es salvación”.

La aparición de la veneración al Santísimo Nombre de Jesús se remite a las celebraciones litúrgicas del siglo XIV. San Bernardino de Siena, en el siglo XV, junto a sus discípulos propagaron el culto al Nombre de Jesús, y un siglo después, hacia 1530, el Papa Clemente VII concedió por primera vez a la Orden Franciscana la autorización para la celebración del Oficio del Santísimo Nombre de Jesús.

En su tiempo, San Bernardino solía llevar una tablilla que mostraba la Eucaristía con rayos saliendo de ella en la que se podía ver el monograma “IHS”, abreviación del Nombre de Jesús en griego (ιησουσ). Más adelante, la tradición devocional le añade un nuevo sentido a dicho monograma, convirtiéndolo en un “cristograma”: “I” por “Iesus” (Jesús); “H” por Hominum (de los hombres); “S” por “Salvator” (Salvador). Es decir IHS quiere decir “Jesús, Salvador de los hombres”. Nuevos sentidos se añadirán posteriormente.

San Ignacio de Loyola y los jesuitas hicieron de este monograma el emblema de la Compañía de Jesús.

El Nombre de Jesús, invocado con confianza:

  • Brinda ayuda en las necesidades corporales, según la promesa de Cristo: “En mi nombre agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc. 16,17-18). En el Nombre de Jesús, los Apóstoles dieron fuerza a los lisiados (Hch. 3,6; 9,34) y vida a los muertos (Hch. 9,40).
  • Da consuelo en las pruebas espirituales. El Nombre de Jesús le recuerda al pecador el “padre del hijo pródigo” y el buen samaritano; al justo le recuerda el sufrimiento y la muerte del inocente Cordero de Dios.
  • Nos protege de Satanás y sus artimañas, ya que el diablo le teme al Nombre de Jesús, quien lo ha vencido en la Cruz.
  • En el nombre de Jesús obtenemos toda bendición y gracia en el tiempo y la eternidad, pues Cristo dijo: “lo que pidan al Padre se los dará en mi nombre.” (Jn. 16,23). Por lo tanto, la Iglesia concluye todas sus oraciones con las palabras: “Por Jesucristo Nuestro Señor”, etc. Así se cumple la palabra de San Pablo: “Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos.” (Flp. 2,10).
  • (https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-el-dia-del-santisimo-nombre-de-jesus-86549)