14 agosto, 2024

San Maximiliano María Kolbe, Mártir

 

¡Oh!, San Maximiliano María Kolbe; vos, sois el hijo
del Dios de la Vida, su amado santo e imitación de Cristo
Vivo, vuestro amado Maestro, porque, Él, dio la vida por
vos y la redención del mundo, y vos, por la del prójimo. Jesús,
había dicho que: “no hay amor más grande, que el amor
de aquél, que la vida da por sus amigos”. Y, vos, así
lo hicisteis, honor haciendo al significado de vuestro
nombre: “El más importante de la familia”. Cuando erais
pequeño tuvisteis un sueño en el cual la Virgen María,
os ofrecía dos coronas, si erais fiel a la devoción
mariana: Una corona blanca y otra roja. La blanca era
la de la virtud de la pureza. Y la roja, la del martirio.
Y, cosas de Dios, tuvisteis la dicha de recibir las dos
coronas.“Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que
ha sido señalado para morir de hambre, porque, él tiene
esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero
y solo, y nadie me necesita”. Así, y lleno del Espíritu Santo
respondisteis aquél día, en que Dios, os probó para el bien.
Mucho antes, habíais gastado vuestra vida, difundiendo el amor
y la veneración a Nuestra Señora, fundando la “Ciudad de
la Inmaculada”, dos diarios: “El Caballero de la Inmaculada”
y “El Pequeño diario” en Polonia y otro similar en el Japón,
además de una revista católica. Y, del cielo bajó el Amor
de Dios, en plena guerra mundial: ¡Nagasaki, destruida
por una bomba atómica, y a vuestra imprenta, no le pasó
nada! Y, en el tiempo, vuestra respuesta resuena eterna
y valerosa por siempre, como modelo de desprendimiento, pues,
la vida disteis, por uno de vuestros compañeros de martirio,
para coronaros de luz y eternidad, como premio justo
a vuestra entrega de amor e imitación perfecta de Cristo Jesús;
Cuando el Santo Padre Pablo VI, os declaró beato, asistió
el hombre por el cual vos habíais ofrecido vuestra santa vida,
y Juan Pablo II, vuestro paisano, os declaró santo para siempre.
Santo Patrono de las familias y de los encarcelados de la tierra;
¡oh!, San Maximiliano María Kolbe, “vivo grano de trigo de Dios Vivo”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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14 de Agosto
San Maximiliano María Kolbe
Mártir
Año 1941

 “Los tiempos modernos estarán dominados por Satanás y en el futuro lo estarán más. El combate contra el Infierno no pueden llevarlo los hombres, incluso lo, s más inteligentes. Sólo María ha recibido de Dios la Promesa de la Victoria sobre el Demonio.”

Maximiliano significa: “El más importante de la familia”. Es este uno de los mártires modernos. Murió en la Segunda Guerra Mundial. Había sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz. Un día se fugó un preso. La ley de los alemanes era que por cada preso que se fugara del campo de concentración, tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4…9…10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: “Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?”.

En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: “Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre”. El oficial le responde: ¿Y por qué? – Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero y solo, y nadie me necesita. El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.

Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941.

Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Sma. Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al santuario nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios. Cuando era pequeño tuvo un sueño en el cual la Virgen María le ofrecía dos coronas, si era fiel a la devoción mariana. Una corona blanca y otra roja. La blanca era la virtud de la pureza. Y la roja, el martirio. Tuvo la dicha de recibir ambas coronas.

Un domingo en un sermón oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario. Le agradó la noticia y con su hermano se dirigió hacia allá. En 1910 fue aceptado como Franciscano, y en 1915 obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. En 1918 fue ordenado sacerdote.

Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Sma. Virgen. En 1927 fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tuvo mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable.

El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Uno titulado “El Caballero de la Inmaculada”, y otro “El Pequeño diario”. Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia, y después se trasladó al Japón y allá fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15,000 ejemplares. Un verdadero milagro en ese país donde los católicos casi no existían. En la guerra mundial la ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica. A su imprenta no le sucedió nada malo.

Los nazis durante la guerra, al invadir Polonia, bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisionero al padre Maximiliano, con todos los que colaboraban. El ya había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista “El caballero de la Inmaculada”, con gran éxito y notable difusión. Todo se lo destruyó la guerra, pero su martirio le consiguió un puesto glorioso en el cielo.

Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió, el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos. En este gran santo sí se cumple lo que dijo Jesús: “Si el grano de trigo cae en tierra y muere, produce mucho fruto. Nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por sus amigos”. Quiera Dios que también nosotros seamos capaces de sacrificarnos como Cristo y Maximiliano, por el bien de los demás.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Maximiliano_Kolbe.htm)

 

13 agosto, 2024

San Estanislao de Kostka, Patrono de los novicios, de los que se preparan al sacerdocio y de la República de Polonia

 

 

 

!Oh! San Estanislao de Kostka, vos sois el hijo
del Dios de la Vida, su seminarista y amado santo,
que destacasteis por vuestro recogimiento, devoción
y oración. En cierta ocasión enfermasteis y pedisteis
que se os administrara la Eucaristía, pero el dueño
de casa, pastor luterano no permitió el ingreso
del viático. Entonces vos, orasteis a Santa Bárbara,
hasta entrar en éxtasis, en ella visteis que la Santa,
acompañada de dos ángeles, os llevaba la comunión.
Cuando despertasteis, quedasteis curado, y supisteis
de que había sido la Madre de Dios quien intercedió.
Un día la Virgen María se os apareció con el Niño
Jesús en brazos y os dijo: “Nuestra voluntad es que
entres cuanto antes en la Compañía de mi Hijo Jesús”.
Y vos, así lo hicisteis porque vuestro corazón ardía
con el deseo de entregarle vuestra vida a Cristo. Así,
pedisteis ser admitido en la orden, pero no lo fuisteis
para no indisponer a vuestro padre, que tenía un cargo
político. Entonces vos, rompisteis con vuestra familia
y buscasteis a otro santo: Pedro Canisio, quien os
acogió en la Compañía de Jesús. Allí, os encargaron
la atención a los estudiantes y la limpieza. Vos, de
manera inteligente llevabais el trabajo y la oración
feliz. Pedro Canisio os envió a Roma, y allá, os
recibió otro santo: Francisco de Borja, quien os
admitió en el noviciado. Vuestro padre, os reprendió
en una carta, y amenazó a los jesuitas con expulsarlos
de Polonia. Vos, os le respondisteis a vuestro padre,
diciéndole que estabais firme en vuestra vocacion.
Y, así, dejando todo en las manos del Señor, os
entregasteis a una vida de oración constante. Cuando
entrabais a la Iglesia, vuestro rostro se encendía y
con frecuencia erais arrebatado en éxtasis durante la
Santa Misa. Vos, hablando de la Asunción de la Virgen
dijisteis: “¡Qué día tan feliz debió ser para todos
los santos aquél en que María entró en el cielo! Quizá
ellos lo celebran con especial gozo, como lo hacemos
nosotros en la tierra. Espero estar entre ellos en su
próxima celebración”. A los pocos días, vuestra salud
decayó. Y, poco antes de abandonar este mundo, contasteis
que habíais visto a la Santísima Virgen rodeada de
ángeles en el cielo. Y, luego, partisteis a la Casa
del Padre. Santo patrono de los novicios, de los que
se preparan al sacerdocio y de la República de Polonia;
!Oh! San Estanislao, «vivo amor por Jesús y María»

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado


13 de Agosto
San Estanislao de Kostka
Patrono de los Novicios y de los que se preparan para el sacerdocio

San Estanislao de Kostka (1550-1668) fue un novicio polaco de la Compañía de Jesús. Nació en el castillo de Rostkowo, provincia de Mazovia (actual Polonia), el 28 de octubre de 1550. Su padre, Juan Kostka, había sido senador e influyente político del Reino de Polonia y tenía el título de Señor de Zakroczym. Estanislao, por su parte, siendo muy joven ingresó al internado jesuita de Viena, Austria, donde a pesar de su corta edad -13 años- empezó a destacar por su recogimiento, devoción y oración. Allí estudió, durante tres años, Gramática, Humanidades y Retórica.

Ya desde los días de su estancia en el internado, Estanislao había conocido de las tensiones que a veces surgen entre el poder temporal y los hijos de la Iglesia. El emperador Maximiliano II de Austria empezó a hostigar a los jesuitas hasta el punto de quitarles la casa que Fernando I -su predecesor- había cedido al internado. Es así que Estanislao junto a su hermano Pablo y otros compañeros se ven obligados a vivir en la casa de un senador luterano residente en Viena.

Al poco tiempo, estando de huésped en casa del senador, Estanislao cayó gravemente enfermo, temió lo peor y pidió que se le administrara la Eucaristía. Sin embargo, el dueño de la casa, por ser luterano, no permitió que ingresara el viático a su propiedad. En estas condiciones, el joven Estanislao, que no paraba de rezar, entró en éxtasis: habiéndose encomendado a Santa Bárbara, a cuya cofradía pertenecía, tuvo una visión en la que la Santa, en compañía de dos ángeles, le llevaba la comunión. Pasada la enfermedad, Estanislao quedó convencido de que había sido la Madre de Dios quien había intercedido para que quedara restablecido. En ese entonces, Estanislao tenía unos 15 años.

Más adelante, fue la misma Virgen María con el Niño Jesús en brazos quienes se le aparecieron. La Madre de Dios le dijo: “Nuestra voluntad es que entres cuanto antes en la Compañía de mi Hijo Jesús”. Estanislao recibió aquellas palabras con profundo gozo, porque su corazón ya manifestaba hacía tiempo el deseo de entregarle la vida a Cristo.

Estanislao pidió ser admitido en la Orden, pero lamentablemente el provincial jesuita de Viena no accedió a su solicitud, para no indisponer a su padre contra la Compañía, ya que este tenía un alto cargo político y era cercano al emperador Maximiliano.

Estanislao decidió entonces romper con su familia. Primero fue enviado a Alemania y después a Roma, para hacer su ingreso a la Orden. En su paso por Dillingen, Alemania, donde permaneció un tiempo, buscó a Pedro Canisio (más tarde San Pedro Canisio) quien era el provincial jesuita en Alemania. Pedro Canisio lo acogió amablemente y le permitió quedarse en la casa de la Compañía de Jesús, encargándole algunos oficios sencillos como la atención a los estudiantes y la limpieza. Estanislao intercalaba las horas de trabajo con las de oración intensa en la capilla.

Semanas después, Pedro Canisio lo envió a Roma, donde fue recibido por el general de la Orden en ese momento, Francisco de Borja -quien luego también sería declarado santo-, quien lo admitió en el noviciado. Estanislao recibió una carta en la que su padre lo reprendía duramente y en la que también amenazaba a los jesuitas con ser expulsados de Polonia. El joven santo le respondió de manera filial a su padre, pero también le hizo saber que estaba muy firme en su decisión vocacional.

Dejando todo en las manos del Señor, se entregó a una vida de oración constante. Cuando entraba a la Iglesia su rostro se encendía y con frecuencia era arrebatado en éxtasis durante la Misa, especialmente después de la comunión.

En una ocasión, hablando de la Asunción de la Virgen, San Estanislao exclamó: “¡Qué día tan feliz debió ser para todos los santos aquél en que María entró en el cielo! Quizá ellos lo celebran con especial gozo, como lo hacemos nosotros en la tierra. Espero estar entre ellos en su próxima celebración”.

A los pocos días, su salud empezó a decaer. Tenía frecuentes desvanecimientos, aparentemente debidos al calor del verano romano que le hacía mucho daño. Al amanecer del día de la Asunción de 1568, después de haber relatado que había contemplado a la Santísima Virgen rodeada de ángeles en el cielo, partió a la Casa del Padre con sólo 18 años de edad.

Su fiesta se celebra cada 13 de agosto. San Estanislao es patrono de los novicios, de los que se preparan al sacerdocio y de la República de Polonia.

(https://www.aciprensa.com/recursos/san-estanislao-de-kostka-seminarista-3019)

12 agosto, 2024

Beato Inocencio XI, Papa

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¡Oh! Beato Inocencio XI Papa, vos, sois el hijo  
del Dios de la Vida, su Papa y amado beato,
El Papa Inocencio X, os nombró cardenal diácono
de la basílica de San Cosme y Damián. Más tarde
y después de cincuenta días de cónclave, os
eligieron como Papa. El rey de Francia se opuso
a vuestra candidatura, porque quería aumentar su
influencia en Europa y vos, no se lo permitirías
jamás. Pero, el “Rey Sol”, regresó a la carga,
por estar decidido en extender su dominio político
debilitando vuestro poder papal. El rey, convocó
en asamblea al clero, para someterlo al al poder
estatal y vos, os opusisteis. Manejasteis con
firmeza y sabiduría aquél trago amargo. Vos, por
estas escaramuzas, os ganasteis la fama de hombre
de paz, de buen estratega y de olfato diplomático.
Vos, siempre priorizasteis vuestro amor y entrega
a Cristo, y la mies que teníais a vuestro cargo.
Vuestro perfil de asceta, hombre bondadoso y generoso
con los más pobres, siempre fue el sello de vuestra
vida. Renunciasteis a la opulencia del papado y
luchasteis decididamente contra el nepotismo del
clero. Reformasteis la administración de la Curia
y ordenasteis las finanzas del Vaticano. Vuestro
magisterio estuvo dirigido a acrecentar el amor
a la Eucaristía, al enriquecimiento de la teología
moral y al discernimiento de la moral y la ética.
Fortalecisteis la doctrina sobre la confesión. Tras
una larga enfermedad voló vuestra alma al cielo
para coronada ser con corona de luz, como justo
premio a vuestra entrega increíble de amor y fe;
¡Oh¡ Beato Inocencio XI, "vivo amor al Dios Vivo".
 

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

 

12 de agosto
Beato Inocencio XI Papa

El Beato Inocencio XI (1611-1689) fue el Papa número 240 de la Iglesia Católica; gobernó entre 1676 y 1689, y es considerado por muchos como el Pontífice más importante del siglo XVII.

Benedetto Giulio Odescalchi -su nombre de pila- nació el 16 de mayo de 1611 en la ciudad de Como, al norte de Italia. Realizó sus primeros estudios con los jesuitas, en su ciudad natal. Posteriormente, continuó su formación en la universidad La Sapienza de Roma y en la Universidad de Nápoles, donde se doctoró en derecho civil y derecho canónico (1639).

Es poco o nada lo que se sabe sobre su ordenación sacerdotal e incorporación al clero, pero para el año 1645, el Papa Inocencio X lo nombró cardenal diácono de la basílica de San Cosme y Damián.

El 21 de septiembre de 1676, después de cincuenta días de cónclave, Odescalchi fue elegido Papa. El proceso había sido muy difícil por la oposición del rey de Francia a su candidatura. Luis XIV quería aumentar su influencia en Europa y sabía que el cardenal Odescalchi no se lo permitiría. Sin bien al final el rey desistió de su plan inicial y apoyó su nombramiento, pronto resurgirían los problemas con el recién elegido Papa.

No pasaría mucho tiempo para que Luis XIV de Francia, el “Rey Sol”, regresara a la carga. Estaba empecinado en extender el dominio político francés en el continente y para ellos era decisivo debilitar el poder papal. Todo el pontificado de Inocencio estuvo caracterizado por las tensiones con Luis XIV. Entre otras cosas, Luis XIV convocó en asamblea al clero francés con el propósito de someterlo al poder estatal. El Papa Inocencio XI se opuso y amenazó con excomulgar al clero francés si se rendía a las exigencias del monarca. La excomunión se hizo efectiva para todos los candidatos episcopales franceses que se sometieron al rey.

El episodio fue tremendamente tenso porque se temía un cisma francés. Ciertamente, la animadversión de Luis XIV hacia Inocencio XI venía desde antes de su elección -el rey había intentado influir en el Cónclave con los votos de sus cardenales afines-, pero la manera como Inocencio XI manejó uno a uno los momentos críticos, con firmeza y sabiduría, trajo como consecuencia el fortalecimiento de la Iglesia, que mantuvo su unidad y que demostraba, una vez más, que podía ser un contrapeso a los abusos o excesos del poder político. Eso le valió al Papa la fama de hombre de paz, de buen estratega y de gran diplomático, dadas las circunstancias particulares que caracterizaron a la Europa del siglo XVII.

Sin embargo, esas características no son ni mucho menos lo más digno de destacar del Beato Inocencio XI. Nada de su buen desempeño hubiese sido posible sin su entrega al servicio de Cristo y de los hermanos humanos. Inocencio XI fue fundamentalmente un hombre asceta, un hombre bondadoso y generoso con los más pobres. Renunció a la opulencia que a veces rodeaba al papado y luchó fuertemente contra el nepotismo del clero -labor que fue continuada por Inocencio XII, su sucesor-. El papa Inocencio XI, además, reformó la administración de la Curia y ordenó las finanzas del Vaticano -él provenía de una familia de banqueros y conocía de estos menesteres-.

Su magisterio estuvo dirigido a acrecentar el amor a la Eucaristía, al enriquecimiento de la teología moral y al conocimiento de sistemas y perspectivas morales, como un intento de aclarar muchas de las controversias de su época. Puso particular interés en fortalecer la doctrina sobre la confesión, y el sigilo y discreción que debe caracterizarla.

Tras una larga enfermedad murió el 12 de agosto de 1689, en el palacio del Quirinal, llorado por el pueblo romano, que lo respetaba y amaba. Fue sepultado en la basílica de San Pedro. Inocencio XI fue beatificado por el Venerable Papa Pío XII el 7 de octubre de 1956. Su fiesta se celebra el 12 de agosto.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-celebra-al-beato-inocencio-xi-papa-45862)

10 agosto, 2024

San Lorenzo mártir, patrono de los diáconos, archivistas y tesoreros

 

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 ¡Oh!, San Lorenzo, sois vos; el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo, que disteis honor al significado de vuestro
nombre: “coronado de laurel” y, a quien servisteis hasta
el mismo martirio con singular fe y valor. Vuestra vida
narrada fue por San Ambrosio, San Agustín, y Prudencio, “el
poeta”. “Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia.
Le aseguro que son más valiosos que los que posee el
emperador”. Así, le respondisteis al alcalde, y luego
le mostrasteis vuestro “oro”, hecho pobres, lisiados,
mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos
y leprosos a los que vos, ayudabais a diario. Y, Valeriano,
impío emperador y perseguidor de cristianos que había
ordenado dar muerte a San Sixto Papa, y a sus diáconos
cuatro días después lo hizo contra vos, enviándoos verdugos
a quienes os enfrentasteis con valor y firmeza, lidiando
en suplicio pleno, tanto que, ardiendo, vivabais a Jesús,
Dios y Señor Nuestro, en la misma cara de los paganos
senadores que, absortos contemplaban el gran poder
de la luz, y, en el acto se convertían llenos de asombro.
“¡Ya estoy asado por un lado! Ahora que me vuelvan hacia
el otro lado para quedar asado por completo”. “¡La carne
ya está lista, pueden comer!”. Decíais, en increíble paz
y calma. Luego, y con una paz maravillosa orasteis
por la conversión de Roma y la expansión de la religión
cristiana. Y, así, vuestra alma en paz, al cielo voló para
recibir corona eterna de luz, como premio a vuestra
entrega de amor, pero, no en vano pues, ésta sirvió
para la conversión de Roma toda y el fin de su idolatría
obstinada y terca. Prudencio, «el poeta», así lo afirma.
San Agustín, cuenta que Dios obró muchos milagros
en Roma, en favor de los que se encomendaban a vos.
El Papa de aquél tiempo, os mandó construiros una
una Basílica en Roma, bautizándola con vuestro santo
nombre: “Basílica de San Lorenzo”, que hasta hoy os
recuerda vívidamente, como testigo de vuestro amor a Cristo;
¡oh!, San Lorenzo, “viva Misericordia y Amor por el Dios Vivo”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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10 de Agosto
San Lorenzo
Mártir
Año 258

Señor Dios: Tú le concediste a este mártir un valor impresionante para soportar sufrimientos por tu amor, y una generosidad total en favor de los necesitados. Haz que esas dos cualidades las sigamos teniendo todos en tu Santa Iglesia: generosidad inmensa para repartir nuestros bienes entre los pobres, y constancia heroica para soportar los males y dolores que tú permites que nos lleguen.

Su nombre significa: “coronado de laurel”.

Los datos acerca de este santo los ha narrado San Ambrosio, San Agustín y el poeta Prudencio. Lorenzo era uno de los siete diáconos de Roma, o sea uno de los siete hombres de confianza del Sumo Pontífice. Su oficio era de gran responsabilidad, pues estaba encargado de distribuir las ayudas a los pobres. En el año 257 el emperador Valeriano publicó un decreto de persecución en el cual ordenaba que todo el que se declarara cristiano sería condenado a muerte. El 6 de agosto el Papa San Sixto estaba celebrando la santa Misa en un cementerio de Roma cuando fue asesinado junto con cuatro de sus diáconos por la policía del emperador. Cuatro días después fue martirizado su diácono San Lorenzo.

La antigua tradición dice que cuando Lorenzo vio que al Sumo Pontífice lo iban a matar le dijo: “Padre mío, ¿te vas sin llevarte a tu diácono?” y San Sixto le respondió: “Hijo mío, dentro de pocos días me seguirás”. Lorenzo se alegró mucho al saber que pronto iría a gozar de la gloria de Dios. Entonces Lorenzo viendo que el peligro llegaba, recogió todos los dineros y demás bienes que la Iglesia tenía en Roma y los repartió entre los pobres. Y vendió los cálices de oro, copones y candeleros valiosos, y el dinero lo dio a las gentes más necesitadas.

El alcalde de Roma, que era un pagano muy amigo de conseguir dinero, llamó a Lorenzo y le dijo: “Me han dicho que los cristianos emplean cálices y patenas de oro en sus sacrificios, y que en sus celebraciones tienen candeleros muy valiosos. Vaya, recoja todos los tesoros de la Iglesia y me los trae, porque el emperador necesita dinero para costear una guerra que va a empezar”.

Lorenzo le pidió que le diera tres días de plazo para reunir todos los tesoros de la Iglesia, y en esos días fue invitando a todos los pobres, lisiados, mendigos, huérfanos, viudas, ancianos, mutilados, ciegos y leprosos que él ayudaba con sus limosnas. Y al tercer día los hizo formar en filas, y mandó llamar al alcalde diciéndole: “Ya tengo reunidos todos los tesoros de la iglesia. Le aseguro que son más valiosos que los que posee el emperador”.

Llegó el alcalde muy contento pensando llenarse de oro y plata y al ver semejante colección de miseria y enfermedad se disgustó enormemente, pero Lorenzo le dijo: “¿por qué se disgusta? ¡Estos son los tesoros más apreciados de la iglesia de Cristo!” .El alcalde lleno de rabia le dijo: “Pues ahora lo mando matar, pero no crea que va a morir instantáneamente. Lo haré morir poco a poco para que padezca todo lo que nunca se había imaginado. Ya que tiene tantos deseos de ser mártir, lo martirizaré horriblemente”.

Y encendieron una parrilla de hierro y ahí acostaron al diácono Lorenzo. San Agustín dice que el gran deseo que el mártir tenía de ir junto a Cristo le hacía no darle importancia a los dolores de esa tortura. Los cristianos vieron el rostro del mártir rodeado de un esplendor hermosísimo y sintieron un aroma muy agradable mientras lo quemaban. Los paganos ni veían ni sentían nada de eso.

Después de un rato de estarse quemando en la parrilla ardiendo el mártir dijo al juez: “Ya estoy asado por un lado. Ahora que me vuelvan hacia el otro lado para quedar asado por completo”. El verdugo mandó que lo voltearan y así se quemó por completo. Cuando sintió que ya estaba completamente asado exclamó: “La carne ya está lista, pueden comer”. Y con una tranquilidad que nadie había imaginado rezó por la conversión de Roma y la difusión de la religión de Cristo en todo el mundo, y exhaló su último suspiro. Era el 10 de agosto del año 258.

El poeta Prudencio dice que el martirio de San Lorenzo sirvió mucho para la conversión de Roma porque la vista del valor y constancia de este gran hombre convirtió a varios senadores y desde ese día la idolatría empezó a disminuir en la ciudad. San Agustín afirma que Dios obró muchos milagros en Roma en favor de los que se encomendaban a San Lorenzo. El santo padre mandó construirle una hermosa Basílica en Roma, siendo la Basílica de San Lorenzo la quinta en importancia en la Ciudad Eterna.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Lorenzo_8_10.htm)

08 agosto, 2024

Santo Domingo de Guzmán, recibió el Rosario de manos de la Virgen

Puede ser una imagen de 2 personas y texto que dice "Santo Domingo de Guzmán Fundador de la Orden de Predicadores y promotor del Santo Rosario 8 de agosto aciprensa.com"

  

¡Oh!, Santo Domingo de Guzmán; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y el “asceta de Cristo”, Señor
y Dios Nuestro, porque, os negasteis a vos mismo, para,
en los pobres y desvalidos de vuestro tiempo, crecer. Y,
de aquél abrazo con Francisco y sus estigmas, huellas de
amor dejasteis: “No puede ser que Cristo sufra hambre en
los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual
podía socorrerlos”. Vuestras armas para convertir: la
oración, la paciencia, la penitencia y horas incontables
para instruir a los ignorantes. A vuestros detractores os
decíais: “Inútil es, tratar de convertir a la gente con
la violencia. La oración hace más efecto que todas las  
armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover
y a volver mejores porque nos ven muy vestidos elegantemente.
En cambio con la humildad sí se ganan los corazones”.
Vuestra Comunidad, con diez y seis compañeros, la creasteis,
preparasteis y enviasteis a predicar, y de ella, surgieron
vuestros famosos conventos. Vuestras normas sencillas y
efectivas: Primero contemplar, y después enseñar. Dedicar
mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las
enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después,
predicar y catequizar las enseñanzas católicas. Cada año
hacíais varias cuaresmas ayunando a pan y agua y durmiendo
sobre duras tablas. Caminabais descalzo por caminos llenos
de piedras y por senderos cubiertos de nieve. Soportabais
los más terribles insultos sin responder ni una sola palabra.
Después de viajar y empapado de agua, vos os ibais con Dios,
Caminasteis descalzo por una senda de piedrecillas afiladas,
y vos exclamasteis: “la próxima predicación tendrá grandes
frutos, porque los hemos ganado con estos sufrimientos”.
¡Y, así fue! Sufríais muchas enfermedades, pero, seguíais
predicando y enseñando catecismo sin cansaros y, sin
desanimaros. La gente os veía siempre lleno de alegría
y de buen humor, gozoso y amable. Vuestros compañeros
decían de vos así: “De día nadie más comunicativo y alegre.
De noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación”.
Vuestros libros favoritos eran el Evangelio de San Mateo
y las Cartas de San Pablo. Una noche, estabais orando
y la Santísima Virgen María, se os apareció en vuestro
auxilio y os entregó el Santo Rosario, como el "arma más
poderosa para ganar almas". Ella misma os enseñó a rezarlo
y os pidió que hicieseis lo mismo con toda vuestra mies,
haciéndoos una promesa: "todo aquel que lo rezara obtendría
gracias abundantes". Poco antes de morir tuvieron que
prestaros un colchón porque no teníais. Mientras os rezaban
las oraciones por los agonizantes y que a la letra dice:
“Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte”, vos,
dijisteis: “¡Qué hermoso, qué hermoso!” y luego, expirasteis.
Así, voló vuestra alma al cielo, para coronada ser con
corona de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, Santo Domingo, “viva predicación del Dios vivo”.


© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Agosto

Santo Domingo de Guzmán
Fundador de los Padres Dominicos
Año 1221

Domingo significa: “Consagrado al Señor”.

El fundador de los Padres Dominicos, que son ahora 6,800 en 680 casas en el mundo, nació en Caleruega, España, en 1171. Su madre, Juana de Aza, era una mujer admirable en virtudes y ha sido declarada Beata. Lo educó en la más estricta formación religiosa.

A los 14 años se fue a vivir con un tío sacerdote en Palencia en cuya casa trabajaba y estudiaba. La gente decía que en edad era un jovencito pero que en seriedad parecía un anciano. Su goce especial era leer libros religiosos, y hacer caridad a los pobres. Por aquel tiempo vino por la región una gran hambre y las gentes suplicaban alguna ayuda para sobrevivir. Domingo repartió en su casa todo lo que tenía y hasta el mobiliario. Luego, cuando ya no le quedaba nada más con qué ayudar a los hambrientos, vendió lo que más amaba y apreciaba, sus libros (que en ese tiempo eran copiados a mano y costosísimos y muy difíciles de conseguir) y con el precio de la venta ayudó a los menesterosos. A quienes lo criticaban por este desprendimiento, les decía: “No puede ser que Cristo sufra hambre en los pobres, mientras yo guarde en mi casa algo con lo cual podía socorrerlos”.

En un viaje que hizo, acompañando a su obispo por el sur de Francia, se dio cuenta de que los herejes habían invadido regiones enteras y estaban haciendo un gran mal a las almas. Y el método que los misioneros católicos estaban empleando era totalmente inadecuado. Los predicadores llegaban en carruajes elegantes, con ayudantes y secretarios, y se hospedaban en los mejores hoteles, y su vida no era ciertamente un modelo de la mejor santidad. Y así de esa manera las conversiones de herejes que conseguían, eran mínimas. Domingo se propuso un modo de misionar totalmente diferente.

Vio que a las gentes les impresionaba que el misionero fuera pobre como el pueblo. Que viviera una vida de verdadero buen ejemplo en todo. Y que se dedicara con todas sus energías a enseñarles la verdadera religión. Se consiguió un grupo de compañeros y con una vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron a evangelizar con grandes éxitos apostólicos.

Sus armas para convertir eran la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas dedicadas a instruir a los ignorantes en religión. Cuando algunos católicos trataron de acabar con los herejes por medio de las armas, o de atemorizarlos para que se convirtieran, les dijo: “Es inútil tratar de convertir a la gente con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores por que nos ven muy elegantemente vestidos. En cambio con la humildad sí se ganan los corazones”.

Domingo llevaba ya diez años predicando al sur de Francia y convirtiendo herejes y enfervorizando católicos, y a su alrededor había reunido un grupo de predicadores que él mismo había ido organizando e instruyendo de la mejor manera posible. Entonces pensó en formar con ellos una comunidad de religiosos, y acompañado de su obispo consultó al Sumo Pontífice Inocencio III. Al principio el Pontífice estaba dudoso de si conceder o no el permiso para fundar la nueva comunidad religiosa. Pero dicen que en un sueño vio que el edificio de la Iglesia estaba ladeándose y con peligro de venirse abajo y que llegaban dos hombres, Santo Domingo y San Francisco, y le ponían el hombro y lo volvían a levantar. Después de esa visión ya el Papa no tuvo dudas en que sí debía aprobar las ideas de nuestro santo.

Y cuentan las antiguas tradiciones que Santo Domingo vio en sueños que la ira de Dios iba a enviar castigos sobre el mundo, pero que la Virgen Santísima señalaba a dos hombres que con sus obras iban a interceder ante Dios y lo calmaban. El uno era Domingo y el otro era un desconocido, vestido casi como un pordiosero. Y al día siguiente estando orando en el templo vio llegar al que vestía como un mendigo, y era nada menos que San Francisco de Asís. Nuestro santo lo abrazó y le dijo: “Los dos tenemos que trabajar muy unidos, para conseguir el Reino de Dios”. Y desde hace siglos ha existido la bella costumbre de que cada año, el día de la fiesta de San Francisco, los Padres dominicos van a los conventos de los franciscanos y celebran con ellos muy fraternalmente la fiesta, y el día de la fiesta de Santo Domingo, los padres franciscanos van a los conventos de los dominicos y hacen juntos una alegre celebración de buenos hermanos.

En agosto de 1216 fundó Santo Domingo su Comunidad de predicadores, con 16 compañeros que lo querían y le obedecían como al mejor de los padres. Ocho eran franceses, siete españoles y uno inglés. Los preparó de la mejor manera que le fue posible y los envió a predicar, y la nueva comunidad tuvo una bendición de Dios tan grande que a los pocos años ya los conventos de los dominicos eran más de setenta, y se hicieron famosos en las grandes universidades, especialmente en la de París y en la de Bolonia.

El gran fundador le dio a sus religiosos unas normas que les han hecho un bien inmenso por muchos siglos. Por ejemplo estas:

*Primero contemplar, y después enseñar. O sea: antes dedicar mucho tiempo y muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su Iglesia, y después sí dedicarse a predicar con todo el entusiasmo posible.

*Predicar siempre y en todas partes. Santo Domingo quiere que el oficio principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, tratar de propagar las enseñanzas católicas por todos los medios posibles. Y él mismo daba el ejemplo: donde quiera que llegaba empleaba la mayor parte de su tiempo en predicar y enseñar catecismo.

La experiencia le había demostrado que las almas se ganan con la caridad. Por eso todos los días pedía a Nuestro Señor la gracia de crecer en el amor hacia Dios y en la caridad hacia los demás y tener un gran deseo de salvar almas. Esto mismo recomendaba a sus discípulos que pidieran a Dios constantemente.

Los santos han dominado su cuerpo con unas mortificaciones que en muchos casos son más para admirar que para imitar. Recordemos algunas de las que hacía este hombre de Dios.

Cada año hacía varias cuaresmas, o sea, pasaba varias temporadas de a 40 días ayunando a pan y agua. Siempre dormía sobre duras tablas.

Caminaba descalzo por caminos irisados de piedras y por senderos cubiertos de nieve. No se colocaba nada en la cabeza ni para defenderse del sol, ni para guarecerse contra los aguaceros.

Soportaba los más terribles insultos sin responder ni una sola palabra.

Cuando llegaban de un viaje empapados por los terribles aguaceros mientras los demás se iban junto al fuego a calentarse un poco, el santo se iba al templo a rezar.

Un día en que por venganza los enemigos los hicieron caminar descalzos por un camino con demasiadas piedrecitas afiladas, el santo exclamaba: “la próxima predicación tendrá grandes frutos, porque los hemos ganado con estos sufrimientos”. Y así sucedió en verdad.

Sufría de muchas enfermedades, pero sin embargo seguía predicando y enseñando catecismo sin cansarse ni demostrar desánimo.

Era el hombre de la alegría, y del buen humor. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y amable. Sus compañeros decían: “De día nadie más comunicativo y alegre. De noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación”. Pasaba noches enteras en oración. Era de pocas palabras cuando se hablaba de temas mundanos, pero cuando había que hablar de Nuestro Señor y de temas religiosos entonces sí que charlaba con verdadero entusiasmo.

Sus libros favoritos eran el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Siempre los llevaba consigo para leerlos día por día y prácticamente se los sabía de memoria. A sus discípulos les recomendaba que no pasaran ningún día sin leer alguna página del Nuevo Testamento o del Antiguo.

El Rosario

Según la tradición, respaldada por numerosos documentos pontificios, cierta noche, Santo Domingo, mientras oraba, tuvo una visión en la que la Virgen María aparecía en su auxilio y le entregaba el Rosario, refiriéndose a este como el arma más poderosa para ganar almas.

La Virgen le enseñó a rezarlo y le pidió que hiciera lo mismo con todo aquél que pudiese. Ella hizo además una promesa: todo aquel que lo rezara obtendría gracias abundantes. Así, Domingo se convertiría en el más grande propagador de la oración a Nuestra Madre, el Santo Rosario, la oración mariana por excelencia.

Los que trataron con él afirmaban que estaban seguros de que este santo conservó siempre la inocencia bautismal y que no cometió jamás un pecado grave. Totalmente desgastado de tanto trabajar y sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía. Y el 6 de agosto de 1221, mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: “Que todos los ángeles y santos salgan a recibirte”, dijo: “¡Qué hermoso, qué hermoso!” y expiró.

A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: “De la santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y San Pablo”.

( http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Domingo_de_Guzmán.htm)

 

07 agosto, 2024

San Cayetano, Patrono del pan y del trabajo

QUIÉN FUE SAN CAYETANO, CUÁL ES SU HISTORIA Y CÓMO ES LA ORACIÓN QUE SE LE  REZA | Radio FM Viñas 96.3 

 

¡Oh! San Cayetano, vos sois el hijo del Dios
de la Vida, y su amado santo. Huérfano de padre,
vuestra madre os formó de maravilla. Con dos
doctorados encima, sobresalisteis por vuestra
bondad y exquisitez que os hacía ganar amistades.
Secretario del Papa Julio II, y notario de la
Santa Sede, por vuestro amor al trabajo. Os
ordenaron sacerdote a los treintitrés años, y
para vuestra primera Misa, os preparasteis tres
meses. Socio erais del "Amor Divino”, y en ella
os esmerasteis por llevar una vida fervorosa,
ayudar a los pobres y a los enfermos. En vuestro
tiempo, los católicos vivían relajados y eran
escandalosos. Por ello, fundasteis una comunidad
de sacerdotes dedicada a llevar una vida lo más
santa posible y a enfervorizar a los fieles: los
Padres Teatinos. Escribisteis a un amigo: “Me
siento sano del cuerpo pero enfermo del alma, al
ver cómo Cristo espera la conversión de todos,
y son tan poquitos los que se mueven a convertirse”.
Lutero, creó a los evangélicos y le declaró la
guerra a la Iglesia Católica. Vos, frente a ello,
les respondisteis así: “Lo primero que hay que
hacer para reformar a la Iglesia es reformarse
uno a sí mismo”. Vos, os desprendisteis de todos
vuestros bienes y los disteis a los pobres: “Veo
a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir
viviendo como rico? Veo a mi Cristo humillado
y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan
honores? Oh, que ganas siento de llorar al
ver que las gentes no sienten deseos de imitar al
Redentor Crucificado”. Fundasteis los “Montes de
piedad”, que prestaban dinero a gentes pobres.
Sentíais inmenso amor por Nuestro Señor, y lo
adorabais en la Sagrada Hostia en la Eucaristía,
recordando la santa infancia de Jesús, pues
teníais como imagen preferida al Divino Niño
Jesús. Las gente decía de vos, que erais: “El
padrecito sabio, pero a la vez muy santo”. Os
dedicabais a atender a los enfermos en los
hospitales a los más abandonados y repugnantes.
“Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada
para comer” le dijisteis a Jesús en el Sagrario.
Al poco rato llegaron las provisiones, y los
arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.
Estando enfermo, el médico os recomendó que usaseis
un colchón y vos dijisteis: “Mi Salvador murió
sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí
que soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas”.
Y así, voló vuestra alma al cielo, para coronada
ser de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡Oh! San Cayetano, "vivo Amor por el Dios Vivo".


© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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07 de Agosto
San Cayetano
Año 1547

San Cayetano bendito: lo que tú más deseabas: la conversión de los que somos tan pecadores, es un favor inmenso que no hemos logrado conseguir, pero que tú con tu intercesión nos puedes obtener. Pídele a Dios que nos logremos convertir.

 Dichoso el que Confía en Dios (Salmo 83).

Este santo, muy popular entre los comerciantes y ganaderos porque los protege de muchos males, nació en 1480 en Vicenza, cerca de Venecia, Italia. Su padre, militar, murió defendiendo la ciudad contra un ejército enemigo. El niño quedó huérfano, al cuidado de su santa madre que se esmeró intensamente por formarlo muy buen.

Estudió en la Universidad de Padua donde obtuvo dos doctorados y allí sobresalía por su presencia venerable y por su bondad exquisita que le ganaba muchas amistades. Se fue después a Roma, y en esa ciudad capital llegó a ser secretario privado del Papa Julio II, y notario de la Santa Sede.

A los 33 años fue ordenado sacerdote. El respeto que tenía por la Santa Misa era tan grande, que entre su ordenación sacerdotal y su primera misa pasaron tres meses, tiempo que dedicó a prepararse lo mejor posible a la santa celebración. En Roma se inscribió en una asociación llamada “Del Amor Divino”, cuyos socios se esmeraban por llevar una vida lo más fervorosa posible y por dedicarse a ayudar a los pobres y a los enfermos.

Viendo que el estado de relaajación de los católicos era sumamente grande y escandaloso, se propuso fundar una comunidad de sacerdotes que se dedicaran a llevar una vida lo más santa posible y a enfervorizar a los fieles. Y fundó los Padres Teatinos (nombre que les viene a Teati, la ciudad de la cual era obispo el superior de la comunidad, Msr. Caraffa, que después llegó a ser el Papa Pablo IV)

San Cayetano le escribía a un amigo: “Me siento sano del cuerpo pero enfermo del alma, al ver cómo Cristo espera la conversión de todos, y son tan poquitos los que se mueven a convertirse”. Y este era el más grande anhelo de su vida: que las gentes empezaran a llevar una vida más de acuerdo con el santo Evangelio.

Y donde quiera que estuvo trabajó por conseguirlo

En ese tiempo estalló la revolución de Lutero que fundó a los evangélicos y se declaró en guerra contra la Iglesia de Roma. Muchos querían seguir su ejemplo, atacando y criticando a los jefes de la santa Iglesia Católica, pero San Cayetano les decía: “Lo primero que hay que hacer para reformar a la Iglesia es reformarse uno a sí mismo”.

San Cayetano era de familia muy rica y se desprendió de todos sus bienes y los repartió entre los pobres. En una carta escribió la razón que tuvo para ello: “Veo a mi Cristo pobre, ¿y yo me atreveré a seguir viviendo como rico?” Veo a mi Cristo humillado y despreciado, ¿y seguiré deseando que me rindan honores? Oh, que ganas siento de llorar al ver que las gentes no sienten deseos de imitar al Redentor Crucificado”.

En Nápoles un señor rico quiere regalarle unas fincas para que viva de la renta, junto con sus compañeros, diciéndole que allí la gente no es tan generosa como en otras ciudades. El santo rechaza la oferta y le dice: “Dios es el mismo aquí y en todas partes, y El nunca nos ha desamparado, si siquiera por un minuto”.

Fundó asociaciones llamadas “Montes de piedad” (Montepíos) que se dedicaban a prestar dinero a gentes muy pobres con bajísimos intereses. Sentía un inmenso amor por Nuestro Señor, y lo adoraba especialmente en la Sagrada Hostia en la Eucaristía y recordando la santa infancia de Jesús. Su imagen preferida era la del Divino Niño Jesús.

La gente lo llamaba: “El padrecito que es muy sabio, pero a la vez muy santo”

Los ratos libres los dedicaba, donde quiera que estuviera, a atender a los enfermos en los hospitales, especialmente a los más abandonados y repugnantes. Un día en su casa de religioso no había nada para comer porque todos habían repartido sus bienes entre los pobres. San Cayetano se fue al altar y dando unos golpecitos en la puerta del Sagrario donde estaban las Santas Hostias, le dijo con toda confianza: “Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer”. Al poco rato llegaron unas mulas trayendo muy buena cantidad de provisiones, y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.

En su última enfermedad el médico aconsejó que lo acostaran sobre un colchón de lana y el santo exclamó: “Mi Salvador murió sobre una tosca cruz. Por favor permítame a mí que soy un pobre pecador, morir sobre unas tablas”. Y así murió el 7 de agosto del año 1547, en Nápoles, a la edad de 67 años, desgastado de tanto trabajar por conseguir la santificación de las almas. En seguida empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y el Sumo Pontífice lo declaró santo en 1671.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Cayetano.htm)

06 agosto, 2024

Fiesta de la Transfiguración del Señor

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¡Oh!, Transfiguración gloriosa de nuestro Señor Jesucristo;
Vos, Dios de la Vida y del Amor, os llevasteis a Pedro, Juan
y Santiago, y subiendo al monte Tabor, orasteis. Y, mientras
lo hacíais, el aspecto de Vuestro rostro cambió, y Vuestros
vestidos tomaron un color enceguecedor y refulgente. Conversabais
con Moisés y Elías, ambos aparecían en gloria, y hablaban
de Vuestra partida que se cumpliría en Jerusalén. Pedro, y
sus compañeros cargados estaban de sueño, pero por alguna
razón, permanecían despiertos. Y, vieron Vuestra gloria y a
los dos hombres que estaban con Vos. Entonces, sin comprender
nada, os dijo Pedro: “Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos
a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra
para Elías”. Y entonces vino una potente voz desde la nube,
que decía: “Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle”. De
pronto, cuando la voz hubo terminado, os encontrasteis solo.
Ellos absortos, callaron y, por aquellos días, no dijeron a
nadie nada de lo que habían visto. Ruego a Dios, que el
Espíritu Santo, no nos haga olvidar, lo maravilloso del Amor
de Él. Su rostro transfigurado, se muestra a cada instante
en aquellas personas que saben decir siempre “sí” ante los
retos del cristianismo: los pobres, necesitados y desterrados;
¡oh!, Cristo Transfigurado, “Vivo Dios de la Vida y del  Amor”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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06 de Agosto
La Transfiguración del Señor
 

Por: Rafael Santos Varela
Fuente: Catholic.net

La maravilla del amor de Dios lo vemos en su rostro transfigurado.

Del santo Evangelio según san Lucas 9, 28-36

En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, Juan y Santiago, y subió al monte a orar. Y sucedió que, mientras oraba, el aspecto de su rostro se mudó, y sus vestidos eran de una blancura fulgurante, y he aquí que conversaban con él dos hombres, que eran Moisés y Elías; los cuales aparecían en gloria, y hablaban de su partida, que iba a cumplir en Jerusalén. Pedro y sus compañeros estaban cargados de sueño, pero permanecían despiertos, y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Y sucedió que, al separarse ellos de él, dijo Pedro a Jesús: Maestro, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías, sin saber lo que decía. Estaba diciendo estas cosas cuando se formó una nube y los cubrió con su sombra; y al entrar en la nube, se llenaron de temor. Y vino una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo, mi Elegido; escuchadle. Y cuando la voz hubo sonado, se encontró Jesús solo. Ellos callaron y, por aquellos días, no dijeron a nadie nada de lo que habían visto.

Reflexión

No hay duda, todos somos capaces de distinguir la belleza de la creación, quedamos maravillados, deslumbrados ante un cielo estrellado, un atardecer.

De la misma manera nos impacta el testimonio de una buena obra, de un hombre santo, de un acto de heroísmo.

También es cierto que cuando algo sobrepasa nuestras capacidades quedamos atónitos, sin poder explicarlo o manifestarlo verbalmente, y, si lo hacemos, lo hacemos “más o menos”.

Sin embargo, el mundo se ha malacostumbrado a pedir milagros que pasen – según él- las líneas de lo meramente natural; quiere lo espectacular, quiere actos de magia, un atardecer o una noche estrellada ya no le dice nada.

Cuándo seremos capaces de saber que la maravilla del amor de Dios, su rostro transfigurado, se muestra en esas personas que saben decir siempre sí ante los retos actuales del cristianismo.

Ahora mismo debo hacerme la pregunta de si realmente contemplando lo maravilloso del rostro de Cristo, me puedo quedar con una actitud sólo de contemplación o de mero espectador, queriendo hacer “mi tiendita” para sentirme solamente “bien” y no ver lo que significa el contemplar el rostro de Cristo y querer el compromiso de llevarle a los demás.

(http://es.catholic.net/op/articulos/4997/la-transfiguracin.html)