
Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
26 enero, 2025
Domingo 3 (C) del tiempo ordinario
25 enero, 2025
La Conversión de San Pablo

¡Oh! San Pablo Apóstol, bendita la conversión vuestra:
¡Saulo! ¡Saulo! ¿Por qué me persigues? Os dijo el Señor
¿Quién eres, Señor? Preguntasteis vos. ¡Yo soy Jesús,
a quien tú persigues! Os contestó la voz. ¡Levantaos
y entrad en la ciudad que allí se os dirá lo que tenéis
que hacer. Y, vos, os levantasteis del suelo, pero
cuando abristeis los ojos no podíais ver, y os llevaron
a Damasco. Y, allí, estuvisteis ciego tres días, sin
comer, ni beber nada. Y un tal Ananías fue tras vos,
y cuando llegó a la casa, os impuso las manos y os dijo:
“Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció
en el camino, me ha enviado para que recobres la vista
y seas lleno del Espíritu Santo”. Al instante cayó de
vuestros ojos algo como escamas, y recobrasteis la vista.
Os levantasteis y fuisteis bautizado. Y, en seguida
os dedicasteis enseguida a predicar en las sinagogas.
Y, el mundo de entonces, el de hoy y el de mañana, sabe
y reconoce que Jesús es el Hijo del Dios único y verdadero.
Bendita vuestra santa conversión, pues por la vuestra
sabemos con certeza verdadera, que Jesús se entregó a
sí mismo por mi, por tí, y por todos nosotros.¡Aleluya!;
¡oh! San Pablo, «vivo Apóstol de Dios Vivo y Verdadero.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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25 de Enero
La Conversión de San Pablo
Apóstol de los gentiles
Convertirse
significa, para cada uno de nosotros, creer que Jesús se ha entregado a
sí mismo por mi, por ti y por todos nosotros.
Por: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net
Dios, como a Pablo, te invita a la conversión
Hoy,
25 de enero, se hace memoria de la “Conversión de san Pablo” (…) En el
caso de Pablo, algunos prefieren no utilizar el término conversión,
porque -dicen- él ya era creyente, es más hebreo ferviente y por ello no
pasó de la no-fe a la fe, de los ídolos a Dios, ni tuvo que abandonar
la fe hebrea para adherirse a Cristo. En realidad, la experiencia del
Apóstol puede ser el modelo de toda auténtica conversión cristiana.
La
de Pablo maduró en el encuentro con el Cristo resucitado; fue este
encuentro el que le cambió radicalmente la existencia. En el camino de
Damasco sucedió para él lo que Jesús pude en el Evangelio de hoy: Saulo
se convirtió porque, gracias a la luz divina, “creyó en el Evangelio”.
En esto consiste su conversión y la nuestra: en creer en Jesús muerto y
resucitado y en abrirse a la iluminación de su gracia divina.
En
aquel momento, Saulo comprendió que su salvación no dependía de las
obras buenas realizadas según la ley, sino del hecho que Jesús había
muerto también por él -el perseguidor- y que estaba, y está, resucitado.
Esta verdad, que gracias al Bautismo ilumina la existencia de cada
cristiano, alumbra completamente nuestro modo de vivir.
Convertirse
significa, también para cada uno de nosotros, creer que Jesús “se ha
entregado a sí mismo por mí”, muriendo en la cruz (cfr Gal 2,20) y,
resucitado, vive conmigo y en mí. Confiándome al poder de su perdón,
dejándome tomar la mano por Él, puedo salir de las arenas movedizas del
orgullo y del pecado, de la mentira y de la tristeza, del egoísmo y te
toda falsa seguridad, para conocer y vivir la riqueza de su amor.
Queridos
amigos, la invitación a la conversión, valorada por el testimonio de
san Pablo, resuena hoy (…) El Apóstol nos indica la actitud espiritual
adecuada para poder progresar en el camino de la comunión. “Ciertamente
no he llegado a la meta -escribe a los Filipenses -, no he llegado a la
perfección; pero me esfuerzo en correr para alcanzarla, habiendo sido yo
mismo alcanzado por Cristo Jesús” (Fil 3,12).
Ciertamente,
nosotros los cristianos no hemos conseguido llegar aún a la meta de la
unidad plena, pero si nos dejamos continuamente convertir por el Señor
Jesús, llegaremos seguramente.
La Virgen María, Madre de la
Iglesia una y santa, nos obtenga el don de una conversión verdadera,
para que cuanto antes se realice el anhelo de Cristo: “Ut unum sint”.
Fragmento de las palabras de SS Benedicto XVI durante el Ángelus, en la Fiesta de la Conversión de San Pablo 25 enero 2009.
(http://www.es.catholic.net/op/articulos/12632/dios-como-a-pablo-te-invita-a-la-conversin.html)
24 enero, 2025
San Francisco de Sales, Patrono de los periodistas y de los escritores

¡Oh!, San Francisco de Sales; vos, sois, el hijo del Dios
de la Vida, su “apóstol de la palabra y de la verdad” contra
los impíos protestantes, líder y escudo con vuestro verbo
prodigioso. Vos escribíais de día hojas clandestinas y la
metíais por debajo de las puertas, de noche. Por esa razón,
os ganasteis el premio de ser “patrono de los periodistas”.
En uno de vuestros escritos llamado “Introducción a la vida
devota”, nos invitáis dulcemente a amar esta heroica
clase de vida. Vos, decíais: “¿No es una barbaridad querer
desterrar la vida devota del cuartel de los soldados, del
taller de los artesanos, del palacio, de los príncipes y
del hogar de los casados? !Claro que sí! Prescindir de Dios,
que es sólo Amor, es como estar muerto en vida, ir, ciego
y cojo por el mundo, y el cuerpo, atado al eterno fuego.
“No nos enojemos en el camino unos contra otros; caminemos
con nuestros hermanos y compañeros con dulzura, paz y amor.
Y, te lo digo con toda claridad y sin excepción alguna: no
te enojes jamás, si es posible; por ningún pretexto des en
tu corazón entrada al enojo”. ¡Maravilla de maravillas!
Como sabéis vos, vuestra dulzura, no fue algo fácil de lograr,
pues dicen que vos, en vuestra juventud teníais mal genio.
Pero, que vos, supisteis modelar, con vuestra lucha ascética
con el fin de aumentar vuestra capacidad de autodominio.
Prueba de ello, se cuenta que, al haceros la autopsia, os
encontraron con vuestro hígado duro como piedra. Al final,
de vuestra vida, vuestra alma voló al cielo luego de haberla
gastado en buena lid, ganándoos corona de luz, como premio
justo a vuestra entrega grande de amor y fe. Santo Patrono
de los escritores y periodistas del orbe de la tierra;
¡oh!, San Francisco de Sales, “viva dulzura del Dios Vivo".
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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24 de enero
San Francisco de Sales
Obispo
Patrono de los periodistas y escritores
(1567-1622)
Escribía
de día hojas clandestinas y la metía por debajo de las puertas, de
noche. Por esa razón, se ganó el premio “patrono de los periodistas”.
Escribía como un ángel
De
forma, que los franceses lo tienen entre sus clásicos de literatura.
Montañés de cuerpo entero, nacido en los Alpes, en el castillo saboyano
de Sales. Familia exquisita. Le llevan a estudiar a la universidad de
París. Luego a Padua. Canónigo de Annecy, obispo auxiliar de Ginebra,
líder de debates con los protestantes, apóstol de la región de Chablais.
Vuelve a París, trata con san Vicente de Paul, en todas partes se le
recibe con entusiasmo.
Hay un libro: “Introducción a la vida
devota”, cuarenta ediciones en vida del autor, y en aquellos tiempos. Un
libro utilizado muchísimo tiempo como lectura espiritual.
“¿No
es una barbaridad -decía él- querer desterrar la vida devota del cuartel
de los soldados, del taller de los artesanos, del palacio de los
príncipes, del hogar de los casados?”
Hay una amistad que no se puede olvidar. La que mantuvo con Juana Chantal; con ella fundó la Orden de la Visitación.
Una virtud
La dulzura de este hombre, de quien dicen que en su juventud tenía tan mal genio.
Respecto
a esto, es una constante en la biografía de todo santo su lucha
ascética a fin de aumentar su capacidad de autodominio. Pero para
demostrar que esta virtud no se consigue de la noche a la mañana, he
aquí un detalle precisamente referida a nuestro santo.
Se cuenta
que al hacerle al autopsia, le encontraron su hígado endurecido como un
piedra. Esto se explica por la enorme violencia que tuvo que hacerse
este hombre de fuerte carácter para hacerse y aparecer amable, delicado y
bondadoso en el trato. Esa dulzura de la que hablamos antes, no le fue
fácil conseguirla.
San Francisco de Sales escribió: “No nos
enojemos en el camino unos contra otros; caminemos con nuestros hermanos
y compañeros con dulzura, paz y amor; y te lo digo con toda claridad y
sin excepción alguna: no te enojes jamás, si es posible; por ningún
pretexto des en tu corazón entrada al enojo”
(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Francisco_de_Sales.htm)
23 enero, 2025
San Ildefonso, Obispo

¡Oh!, San Ildefonso, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
y su amado santo, que, honor haciendo, al significado
de vuestro nombre: “preparado para el combate”, dedicasteis
vuestra pluma a la “llena de Gracia”, la “Kejaritomene”,
su santa virginidad defendiendo, antes, durante y después
del parto; pues mayor regalo de Dios, recibir no pudo,
la humanidad toda, que, la compañía de Su Unigénito
y Amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, que habita hoy entre
nosotros, por los siglos de los siglos. Y, por ello, Ella
misma os premió, felicitándoos y regalándoos un ornamento
de celebrar la Santa Misa, por haber dicho bien de Ella.
Los pintores desde antiguo, os pintan a vos, recibiendo
el ornamento de manos de la Santísima Virgen. Vos,
erais sobrino de San Eugenio y discípulo de San Isidro,
y escogido fuisteis por la Providencia Divina, a través de
vuestro pueblo, para ser arzobispo de Toledo, capital
en aquél entonces de España. Y, un galardón más, vos,
habéis sido llamado “Doctor de la Virginidad de María”,
con justa causa y derecho, pues la amasteis y la defendisteis
con ardor de corazón en toda circunstancia y tiempo. Por
todo ello, vosotros hermanos míos, estáis llamados a
hacer algo por la Madre del Dios de la Vida, y veréis,
cómo Ella, os dará a manos llenas. ¿Quién dudar podrá
de vuestro amor hacia la Madre Santa de Nuestro Redentor?
¡Nadie ni nada! Y, hoy, gozáis con justicia de las alegrías
de la Patria Celestial, luciendo corona de luz eterna,
como premio justo a vuestra entrega de amor, y fe;
¡oh!, San Ildefonso; “vivo combatiente por María y la Verdad”.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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23 de Enero
San Ildefonso
Arzobispo de Toledo
Año 667
“Tú eres mi capellán y fiel notario. Recibe esta casulla, la cual mi Hijo te envía de su tesorería”, le dijo la Virgen María a San Ildefonso cuando se le apareció en el siglo VII. El Santo tenía una profunda devoción a la Madre de Dios, particularmente con la advocación de la Inmaculada Concepción, cuya veneración profesó y difundió doce siglos antes de la proclamación del dogma. A San Ildefonso se le celebra cada 23 de enero.
Ildefonso nació en Toledo (España), alrededor del año 606. Fue educado en Sevilla por San Isidoro. Ildefonso optó por la vida monástica y llegó a ser Abad de Agali (monasterio agaliense). En 657 es elegido Arzobispo de Toledo y se ocupó de unificar la liturgia en los reinos de España. Escribió muchas obras importantes, las más famosas, dedicadas a la Virgen María, como es el caso de “La virginidad perpetua de Santa María contra tres infieles” (De virginitate Sanctae Mariae contra tres infideles)”, su tratado sobre el culto mariano.
La noche del 18 de diciembre de 665, San Ildefonso junto a sus monjes se dirigieron al templo del monasterio para cantar los himnos propios del final del día, dedicados en honor a la Virgen. En eso vieron que la capilla brillaba con una luz deslumbrante. La mayoría de los presentes huyó del lugar, excepto el santo y dos diáconos.
Cuando los tres hombres se acercaron al altar, vieron a la Virgen María como la Inmaculada Concepción, sentada en la silla del obispo y acompañada de un grupo de vírgenes que entonaban cantos celestiales. La Virgen le indicó a Ildefonso que se acercara. Puesto de rodillas frente a la Madre de Dios, el Santo recibió de Ella una casulla. La Virgen en persona lo invistió y le pidió que la use solo en los días festivos designados en su honor.
Años después, en uno de los Concilios de Toledo, se fijó una fecha especial para perpetuar la memoria de la aparición. Además, todo lo sucedido quedó registrado en el Acta Sanctorum bajo la designación de “El Descendimiento de la Santísima Virgen y de su Aparición”.
San Ildefonso murió en el año 669. Hoy, sus devotos peregrinan para visitar la catedral dedicada a él, donde se conserva la piedra en la que la Madre de Dios posó sus pies cuando se apareció al santo.
Oración a María de San Ildefonso
A ti acudo, única Virgen y Madre de Dios. Ante la única que ha obrado la Encarnación de mi Dios me postro.
Me humillo ante la única que es Madre de mi Señor. Te ruego que por ser la Esclava de tu Hijo me permitas consagrarme a ti y a Dios, ser tu esclavo y esclavo de tu Hijo, servirte a ti y a tu Señor.
A Él, sin embargo, como a mi Creador y a ti como Madre de nuestro Creador; a Él como Señor de las virtudes y a ti como Esclava del Señor de todas las cosas; a Él como a Dios y a ti como a Madre de Dios. Yo soy tu siervo, porque mi Señor es tu Hijo. Tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor.
Concédeme, por tanto, esto, ¡oh Jesús Dios, Hijo del hombre!, creer del parto de la Virgen aquello que complete mi fe en tu Encarnación; hablar de la maternidad virginal aquello que llene mis labios de tus alabanzas; amar en tu Madre aquello que tú llenes en mí con tu amor; servir a tu Madre de tal modo que reconozcas que te he servido a ti; vivir bajo su gobierno de tal manera que sepa que te estoy agradando y ser en este mundo de tal modo gobernado por Ella, que ese dominio me conduzca a que Tú seas mi Señor en la eternidad.
¡Ojalá yo, siendo un instrumento dócil en las manos del sumo Dios, consiga con mis ruegos ser ligado a la Virgen Madre por un vínculo de devota esclavitud y vivir sirviéndola continuamente!
Pues los que no aceptáis que María sea siempre Virgen; los que no queréis reconocer a mi Creador por Hijo suyo, y a Ella por Madre de mi Creador; si no glorificáis a este Dios como Hijo de Ella, tampoco glorificáis como Dios a mi Señor. No glorificáis como Dios a mi Señor los que no proclamáis bienaventurada a la que el Espíritu Santo ha mandado llamar así por todas las naciones; los que no rendís honor a la Madre del Señor con la excusa de honrar a Dios su Hijo.
Sin embargo yo, precisamente por ser siervo de su Hijo, deseo que Ella sea mi Señora; para estar bajo el imperio de su Hijo, quiero servirle a Ella; para probar que soy siervo de Dios, busco el testimonio del dominio sobre mí de su Madre; para ser servidor de Aquel que engendra eternamente al Hijo, deseo servir fielmente a la que lo ha engendrado como hombre.
Pues el servicio a la Esclava está orientado al servicio del Señor; lo que se da a la Madre redunda en el Hijo; lo que recibe la que nutre, termina en el que es nutrido, y el honor que el servidor rinde a la Reina viene a recaer sobre el Rey. Por eso me gozo en mi Señora, canto mi alegría a la Madre del Señor, exulto con la Sierva de su Hijo, que ha sido hecha Madre de mi Creador y disfruto con Aquélla en la que el Verbo se ha hecho carne.
Porque gracias a la Virgen yo confío en la muerte de este Hijo de Dios y espero que mi salvación y mi alegría venga de Dios siempre y sin mengua, ahora, desde ahora y en todo tiempo y en toda edad por los siglos de los siglos. Amén.
22 enero, 2025
Beata Laura Vicuña

¡Oh!, Beata Laura Vicuña, vos sois la hija del Dios de la
Vida y su amada Beata, y también aquella santa criatura
que, ofreciendo vuestra vida y la de la de vuestra madre
salvasteis a la que, en terrible pecado vivía. Si entregó
Cristo su vida por los pecados del mundo, vos, lo imitasteis
entregando vuestra vida, por el ser que al mundo os trajo
y todo por el grande amor que teníais – y tenéis- por Jesús
Sacramentado y por María Auxiliadora; Señora Nuestra
de los cielos. “¡Que contenta se siente el alma a la hora
de la muerte, cuando se ama a Jesús y a María Santísima!
Gracias Jesús, gracias María”, fueron vuestras últimas
palabras y luego voló vuestra alma al cielo, para coronada
ser con corona de luz, como justo premio de vuestro amor
a Jesucristo. “Señor: que yo sufra todo lo que a Ti te parezca
bien, pero que mi madre se convierta y se salve”. ¡Aleluya!
¡Oh!, Beata Laura Vicuña, “viva luz, del amor por Jesús y María”.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Enero
Beata Laura Vicuña
La hija que ofreció la vida por salvar a la madre. Nació en Santiago de Chile, el 5 de abril de 1891 y murió en Argentina el 22 de enero de 1904, a la edad de sólo 13 años. El Papa Juan Pablo II la beatificó el 3 de septiembre de 1988.
Su padre es un alto militar y jefe político de Chile. Una revolución derroca al gobierno y la familia Vicuña tiene que salir huyendo, desterrados a 500 kilómetros de la capital. Allá muere el papá y la familia queda en la miseria. Laura tiene apenas dos años cuando queda huérfana de padre.
La mamá, con sus dos hijas, Laura y Julia, emprende un larguísimo viaje de ocho meses hacia las pampas de Argentina. Allá encuentra un ganadero brutal y matón, y movida por su gran miseria, la pobre Mercedes se va a vivir con él en unión libre. El hombre se llamaba Manuel Mora.
En 1900 Laura es internada en el colegio de las Hermanas Salesianas de María Auxiliadora en el colegio de Junín de los Andes. Allí, en clase de religión, al oír que la profesora dice que a Dios le disgustan mucho los que viven en unión libre, sin casarse, la niña cae desmayada de espanto. En la próxima clase de religión, cuando la religiosa empieza a hablar otra vez de unión libre, la niña empieza a palidecer. La profesora cambia de tema pero consulta el caso con la hermana directora del colegio: “¿Por qué será que Laura Vicuña se asusta tanto cuando se habla del pecado que es el vivir en unión libre?”. La superiora le aconseja: “Vuelva a tratar de ese tema, y si ve que la niña se asusta, cambie de tema”. Así lo hace.
Laurita se ha dado cuenta de un gravísimo mal: su madre, el ser que ella más ama en el mundo, después de Dios y la Virgen, su mamá Mercedes, vive en pecado mortal y está en grave peligro de condenación eterna. ¡Es terrible!.
Y Laura hace un plan: ofrecerá su vida a Dios, con tal de que la mamá abandone a ese hombre con el cual vive en pecado. Comunica el plan al confesor, el Padre Crestanello, salesiano. El le dice: “Mira que eso es muy serio. Dios puede aceptarte tu propuesta y te puede llegar la muerte muy pronto”. Pero la niña está resuelta a salvar el alma de la mamá a cualquier costo, y ofrece su vida al Señor Dios, en sacrificio para salvar el alma de la propia madre.
En el colegio es admirada por las demás alumnas como la mejor
compañera, la más amable y servicial. Las superioras se quedan
maravilladas de su obediencia y del enorme amor que siente por Jesús
Sacramentado y por María Auxiliadora.
El día de su primera comunión
ofrece su vida en sacrificio a Jesús, y al ser admitida como “Hija de
María”, consagra su pureza a la Sma. Virgen María. Va a pasar vacaciones
a donde vive su madre. Manuel Mora trata de irrespetarla pero ella no
lo permite. Prefiere ser abofeteada y azotada brutalmente por él pero no
admite ningún irrespeto a su virtud. Manuel aprende a respetarla.
En una gran inundación que invade el colegio. Laura por salvar la vida de las más pequeñas, pasa largas horas de la noche entre las friísimas aguas sacando niñas en peligro, y adquiere una dolorosa enfermedad en los riñones. Dios empieza a aceptar el sacrificio que le ofreció por salvar el alma de su mamá. Laura empieza a palidecer y a debilitarse. Siente enorme tristeza al oír de los superiores que no la podrán aceptar como religiosa porque su madre vive en concubinato. Sigue orando por ella. Cae a cama. Dolores intensísimos. Vómitos continuos. Se retuerce del dolor. La vida de Laura se está apagando. “Señor: que yo sufre todo lo que a Ti te parezca bien, pero que mi madre se convierta y se salve”.
Va a entrar en agonía. La madre se acerca y ella le dice: ”Mamá, desde hace dos años ofrecí mi vida a Dios en sacrificio para obtener que tu no vivas más en unión libre. Que te separes de ese hombre y vivas santamente”. Mamá: ¿antes de morir tendré la alegría de que te arrepientas, y le pidas perdón a Dios y empieces a vivir santamente? “¡Ay hija mía! Exclama doña Mercedes llorando, ¿entonces yo soy la causa de tu enfermedad y de tu muerte? Pobre de mí ¡Oh Laurita, qué amor tan grande has tenido hacia mí! Te lo juro ahora mismo. Desde hoy ya nunca volveré a vivir con ese hombre. Dios es testigo de mi promesa. Estoy arrepentida. Desde hoy cambiará mi vida”. Laura manda llamar al Padre Confesor. “Padre, mi mamá promete solemnemente a Dios abandonar desde hoy mismo a aquel hombre”. Madre e hija se abrazan llorando.
Desde aquel momento el rostro de Laura se torna sereno y alegre.
Siente que ya nada le retiene en esta tierra. La Divina Misericordia ha
triunfado en el corazón de su amadísma mamacita. Su misión en este mundo
ya está cumplida. Dios la llama al Paraíso.
Recibe la unción de los
enfermos y su última comunión. Besa repetidamente el crucifijo. A su
amiga que reza junto a su lecho de moribunda le dice: ¡Que contenta se
siente el alma a la hora de la muerte, cuando se ama a Jesucristo y a
María Santísima!.
Lanza una última mirada a la imagen que está frente a su cama y exclama: “Gracias Jesús, gracias María”, y muere dulcemente. Era el 22 de enero de 1904. Iba a cumplir los 13 años. La madre tuvo que cambiarse de nombre y salir disfrazada de aquella región para verse libre del hombre que la perseguía. Y el resto de su vida llevó una vida santa.
Laura Vicuña ha hecho muchos milagros a los que le piden que rece por ellos ante Nuestro Señor. Y el Papa Juan Pablo II la declaró Beata en 1988.
Señor Jesús: Tú que concediste a Laura Vicuña la gracia de ofrecer su vida por la salvación del alma de su propia madre, concédenos también a todos nosotros la gracia de obtener buenas obras, la conversión y salvación de muchos pecadores. Amén.
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Laura_Vicuña.htm)
21 enero, 2025
Santa Inés de Roma, Patrona de las mujeres jóvenes, las novias y las prometidas en matrimonio

¡Oh!, Santa Inés, vos, sois la hija del Dios de la vida,
su amada santa y mártir. San Ambrosio habló de vos, así:
“Se refiere que ella tenía sólo trece años cuando fue
martirizada. Y notemos el poder de la fe que consigue
hacer mártires valientes en tan tierna edad. Casi no había
sitio en tan pequeño cuerpo para tantas heridas. Se mostró
valientísima ante las más ensangrentadas manos de los
verdugos y no se desanimó cuando oyó arrastrar con estrépito
las pesadas cadenas. Ofreció su cuello a la espada del soldado
furioso. Llevada contra su voluntad ante el altar de los
ídolos, levantó sus manos puras hacia Jesucristo orando,
y desde el fondo de la hoguera hizo el signo de la cruz,
señal de la victoria de Jesucristo. Presentó sus manos
y su cuello ante las argollas de hierro, pero era tan pequeña
que aquellos hierros no lograban atarla. Todos lloraban
menos ella. Las gentes admiraban la generosidad con la cual
brindaba al Señor una vida que apenas estaba empezando a
vivir. Estaban todos asombrados de que a tan corta edad pudiera
ser ya tan valerosa mártir en honor de la Divinidad. Cuántas
amenazas empleó el tirano para persuadirla. Cuántos halagos
para alejarla de su religión. Mas ella respondía: La esposa
injuria a su esposo si acepta el amor de otros pretendientes.
Únicamente será mi esposo el que primero me eligió, Jesucristo.
¿Por qué tardas tanto verdugo? Perezca este cuerpo que no
quiero sea de ojos que no deseo complacer. Llegado el momento
del martirio. Reza. Inclina la cabeza. Hubierais visto temblar
el verdugo lleno de miedo, como si fuera él quien estuviera
condenado a muerte. Su mano tiembla. Palidece ante el
horror que va a ejecutar, en tanto que la jovencita mira sin
temor la llegada de su propia muerte. He aquí dos triunfos
a un mismo tiempo para una misma niña: la pureza y el
el martirio”. El hijo del alcalde de Roma os pretendía y
a él le dijisteis: “He sido solicitada por otro Amante. Yo amo
a Cristo. Seré la esposa de Aquel cuya Madre es Virgen; lo
amaré y seguiré siendo casta”. ¡Y, éste fue vuestro delito!
Os quitaron vuestra terrena vida, pero, ganasteis, la eternidad
como premio a vuestra entrega increíble de amor a Cristo, pues,
“con mínimas fuerzas superó grandes peligros”, como dice San
Dámaso en vuestro epitafio. !Mártir de la virginidad y Santa
Patrona de las jóvenes vírgenes de todo el orbe de la tierra!;
¡oh!, Santa Inés, “viva pureza del Dios de la Vida y del Amor”.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Hoy, 21 de enero, se celebra la fiesta de Santa Inés, patrona de las jóvenes, las novias, las prometidas en matrimonio, los jardineros y de quienes quieren vivir la virtud de la pureza. A Santa Inés se le vincula, a partir de su nombre, con los corderos blancos y su lana. De hecho, “Inés” proviene del nombre “Agnes”, y este, a su vez, del vocablo latino “Agnus”, cordero. En la liturgia la lana blanca tiene una delicada presencia. Con ella se confecciona el palio arzobispal, ornamento distintivo del arzobispo metropolitano o del Papa cuando preside una celebración.
De acuerdo a la tradición más conocida, Inés era una joven hermosa, de familia noble y que era pretendida por muchos ricos e influyentes jóvenes romanos. Al haberlos rechazado aduciendo que estaba comprometida con Cristo, fue denunciada como cristiana ante las autoridades civiles. Estas dispusieron un execrable castigo -penosamente común entre las doncellas que querían mantenerse vírgenes-: Inés sería llevada a un prostíbulo para ser ultrajada y así doblegar su voluntad. Contra lo que esperaban las autoridades, de acuerdo a la leyenda, Inés escapó ayudada por ángeles, en medio de varias señales celestes que la protegieron. Entonces, los romanos organizaron su recaptura. Al ser hallada, Inés supo que lo que le esperaba era la muerte. Primero, fue puesta en la hoguera, pero las llamas no le hicieron daño. Luego, se decidió concluir el trance llevándola ante el verdugo para ser decapitada. Así murió el año 304.
Constantina -hija del emperador Constantino- edificó una basílica en honor de Inés en la Vía Nomentana de Roma. Su fiesta comenzó a celebrarse a mediados del siglo IV.
De acuerdo al tratado de San Ambrosio sobre las vírgenes, Santa Inés murió con tan solo doce años. Pese a su juventud dio ejemplo de inmensa fortaleza al permanecer firme durante el martirio. Cuenta el Santo que Inés se mantuvo “inalterable, al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas”.
Añade el mismo San Ambrosio: “No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria… Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales”.
Se dice también que el verdugo, inquieto por el monstruoso encargo de asesinar a una niña, hizo lo posible para convencerla de que acepte a alguno de los pretendientes, pero Santa Inés respondió: “sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero”.
La Santa oró y dobló la cerviz ante el verdugo, al que le temblaba la diestra para dar el golpe, mientras ella permanecía serena. “En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio”, recuerda San Ambrosio.
A Santa Inés se le representa como una niña o jovencita orando, con una diadema en la cabeza y una especie de estola sobre los hombros, en alusión al palio -hecho de lana blanca-. A sus pies -o a veces en sus brazos- suele representarse un cordero. Aparece también rodeada de algunos objetos (pira, espada, palma y lirios).
20 enero, 2025
San Sebastián Mártir y Patrono de los arqueros
![]()
¡Oh!, San Sebastián, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
y su amado santo, aquél hombre que, soldado hecho
persististeis en la fe de Cristo, por Él y en Él. Al ser
capitán de la primera corte de la guardia pretoriana, erais
respetado por todos y apreciado por el emperador quien no
sabía de vuestra cualidad de cristiano. Así, cumplíais con
vuestro trabajo militar, pero no participabais en los ritos
idolátricos. Además, como buen cristiano, ejercitabais el
apostolado entre vuestros compañeros, visitabais y alentabais
a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Por
vuestra actitud fuisteis denunciado ante el cruel Maximino,
quien os obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a
Cristo. Y vos, escogisteis la milicia de vuestro Maestro Cristo;
y así, desairado vuestro terreno jefe os amenazó de muerte, pero
vos, convertido en soldado de Cristo por la Confirmación, os
mantuvisteis firme en vuestra fe, cosa que enfureció más, al idólatra
que os condenó a morir a flechazos. Os prendieron y os llevaron
al estadio, donde os desnudaron, os ataron a un poste y
lanzaron sobre vos, una lluvia de flechas, dándoos por muerto.
Pero, vuestros amigos que estaban al acecho, se acercaron,
y al veros con vida aún, os llevaron a casa de Irene, una noble
cristiana romana, que os mantuvo escondido en su casa y os curó
las heridas hasta restableceros. Vuestros amigos os aconsejaron
que os ausentases de Roma, pero vos, os negasteis rotundamente
pues vuestro corazón ardoroso del amor de Cristo, os pedía que
continuaseis anunciando a vuestro Señor. Y, os presentasteis
con valor sobrenatural ante vuestro terrenal jefe, y él, lleno
de pavor y desconcierto, escuchó vuestro reproche enérgico
por su conducta de perseguir a los cristianos. Y, el infeliz
lleno de rabia y cólera, ordenó que os azotaran hasta morir, y los
soldados cumplida su misión, tiraron vuestro cuerpo a un
lodazal. Y, aunque vuestra vida, no la acabaron las flechas,
sino la venganza de Maximino, nunca os mataron el alma que hoy,
goza con justicia divina de las riquezas del prometido cielo,
Santo Patrono de los soldados arqueros y atletas del orbe;
¡oh!, San Sebastián, “viva luz venerable del amor a Cristo Jesús”.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
San Sebastián
Mártir
Sebastián, hijo de familia militar y noble, era oriundo de Narbona, pero se había educado en Milán. Llegó a ser capitán de la primera corte de la guardia pretoriana. Era respetado por todos y apreciado por el emperador, que desconocía su cualidad de cristiano. Cumplía con la disciplina militar, pero no participaba en los sacrificios idolátricos.
Además, como buen cristiano, ejercitaba el apostolado entre sus compañeros, visitaba y alentaba a los cristianos encarcelados por causa de Cristo. Esta situación no podía durar mucho, y fue denunciado al emperador Maximino quien lo obligó a escoger entre ser su soldado o seguir a Jesucristo.
El santo escogió la milicia de Cristo; desairado el Emperador, lo amenazó de muerte, pero San Sebastián, convertido en soldado de Cristo por la confirmación, se mantuvo firme en su fe. Enfurecido Maximino, lo condenó a morir asaeteado: los soldados del emperador lo llevaron al estadio, lo desnudaron, lo ataron a un poste y lanzaron sobre él una lluvia de saetas, dándolo por muerto. Sin embargo, sus amigos que estaban al acecho, se acercaron, y al verlo todavía con vida, lo llevaron a casa de una noble cristiana romana, llamada Irene, que lo mantuvo escondido en su casa y le curó las heridas hasta que quedó restablecido.
Sus amigos le aconsejaron que se ausentara de Roma, pero el santo se negó rotundamente pues su corazón ardoroso del amor de Cristo, impedía que él no continuase anunciando a su Señor. Se presentó con valentía ante el Emperador, desconcertado porque lo daba por muerto, y el santo le reprochó con energía su conducta por perseguir a los cristianos. Maximino mandó que lo azotaran hasta morir, y los soldados cumplieron esta vez sin errores la misión y tiraron su cuerpo en un lodazal.
Los cristianos lo recogieron y lo enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre de San Sebastián.El culto a San Sebastián es muy antiguo; es invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión, y además es llamado además el Apolo cristiano ya que es uno de los santos más reproducidos por el arte en general.