
Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
13 noviembre, 2025
Santa Francisca ‘Xavier’ (Javiera) Cabrini M.S.C, Patrona de los inmigrantes
12 noviembre, 2025
San Josafat de Lituania, Mártir
Delgado

¡Oh!, San Josafat de Lituania; vos, sois el hijo del Dios
de la Vida, su amado santo y a quien vuestra madre, os enseñó
a mirar en el crucifijo, al Crucificado y en él, el misterio
de la vida y del amor a los demás. Por ello, quizás vuestra
mortificación en la que soportabais a los incomprensivos
y ásperos, con especial dulzor del cielo caído y, con amor
paciente, convertíais sus corazones a la “luz de la fe”.
“Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas
partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en
la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo, no
he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas,
buscando el bien de las almas.Pero, me considero verdaderamente
feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes.
Sé, que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por
la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo
Pontífice”. Respondisteis a vuestros agresores. Y, cuando
os prendieron así: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis
ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy
yo para sufrir en vez de ellos”. Al oír esto los jefes de la
sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” Y, se os
lanzaron contra vos y de un lanzazo os atravesaron y os pegaron
un balazo, arrastrándoos y echándoos al río Divna. Pero, ¡oh!
maravilla de Dios, pues vuestros verdugos se convirtieron
a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.
Felizmente “Dios es mi juez”, vuestro santo nombre significa,
y, en verdad, así fue, pues Él os juzgó y viendo vuestro
martirio de gloria os llenó y os ciñó corona de luz, como
premio a vuestra entrega increíble de amor y de fe.¡Aleluya!
Patrono de los que trabajan por la unión de todos los cristianos;
¡oh!, San Josafat “vivo ladrón de almas para el Dios de la Vida”.
© 2025 by Luis Ernesto Chacón Delgado
12 de Noviembre
San Josafat de Lituania
Mártir
Año 1623
La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano).
Josafat es una palabra hebrea que significa “Dios es mi juez”. La nación de Lituania es ahora de gran mayoría católica. Pero en un tiempo en ese país la religión era dirigida por los cismáticos ortodoxos que no obedecen al Sumo Pontífice. Y la conversión de Lituania al catolicismo se debe en buena parte a San Josafat. Pero tuvo que derramar su sangre, para conseguir que sus paisanos aceptaran el catolicismo.
Nació en 1580, de padres católicos fervorosos. Su madre le enseñó a mirar de vez en cuando el crucifijo y pensar en lo que Jesucristo sufrió por nosotros, y esto le emocionaba mucho y le invitaba a dedicar su vida por hacer amar más a Nuestro Salvador.
De joven entró de ayudante de un vendedor de telas, y en los ratos libres se dedicaba a leer libros religiosos. Esto le disgustaba mucho al principio al dueño del almacén, pero después, viendo que el joven se dedicaba con tanto esmero a los oficios que tenía que hacer, se dio cuenta de que las lecturas piadosas lo llevaban a ser más bueno y mejor cumplidor de su deber. Y tanto se encariñó aquel negociante con Josafat, que le hizo dos ofertas: permitirle casarse con su hija y dejarlo como heredero de todos sus bienes. El joven le agradeció sus ofrecimientos, pero le dijo que había determinado conseguir más bien otra herencia: el cielo eterno. Y que para ello se iba a dedicar a la vida religiosa.
Para su fortuna se encontró con dos santos sacerdotes jesuitas que lo fueron guiando en sus estudios, y lo encaminaron hacia el monasterio de la Sma. Trinidad en Vilma, capital de Lituania, y se hizo religioso, dirigido por los monjes basilianos en 1604. Al monasterio lo siguió un gran amigo suyo y personaje muy sabio, Benjamín Rutsky, que será en adelante su eficaz colaborador en todo.
En 1595 los principales jefes religiosos ortodoxos de Lituania habían propuesto unirse a la Iglesia Católica de Roma, pero los más fanáticos ortodoxos se habían opuesto violentamente y se habían producido muchos desórdenes callejeros. Ahora llegaba al convento el que más iba a trabajar y a sacrificarse por obtener que su nación se pasara a la Iglesia Católica. Pero le iba a costar hasta su propia sangre.
Josafat fue ordenado de sacerdote, pero su vida siguió siendo como la del monje más mortificado. Muchas horas cada día y cada noche dedicadas a la oración y a la lectura y meditación de las Sagradas Escrituras y de los libros escritos por los santos. Como penitencias aguantaba los terribles fríos del invierno y los calores bochornosos del verano sin quejarse ni buscar refrescantes.
Cuando lo sorprendía una espantosa tormenta de lluvias, truenos y rayos en pleno viaje, lo ofrecía todo por sus pecados. Cuando los pobres estaban en grave necesidad se iba de casa en casa pidiendo limosnas para ellos, y la humillación de estar pidiendo la ofrecía por sus pecados y por los de los demás pecadores. Pero su especial mortificación era soportar las gentes ásperas e incomprensivas, sin demostrar jamás disgusto ni resentimiento.
Fue nombrado superior del monasterio, en Vilma, pero varios de los monjes que allí vivían eran ortodoxos y antirromanos. Con gran paciencia, mucha prudencia y caridad llena de finura y de santa diplomacia, se los fue ganando a todos. Ellos se dieron cuenta de que Josafat tenía el don de consejo, y le iban a consultar sus problemas e inquietudes y sus respuestas los dejaban muy consolados y llenos de paz.
Con sus sabias conferencias los fue convenciendo poco a poco de que la verdadera Iglesia es la católica y que el sucesor de San Pedro es el Sumo Pontífice y que a él hay que obedecer.
Con razón los enemigos de la religión lo llamaban “ladrón de almas”. Como jefe de los monasterios tenía el deber de visitar las casas que pertenecían a la religión. Una vez fue a visitar oficialmente una casa donde vivían unos 200 hombres que decían que se dedicaban a la religión, pero que en verdad no llevaban una vida demasiado santa. El jefe de esa casa salió furioso a recibirlo con unos perros bravísimos, anunciándole que si se atrevía a entrar allí sería destrozado por esas fieras. Pero el santo no se acobardó. Les habló de buenas maneras y los logró apaciguar. Ellos habían determinado echarlo al río, pero después de escucharlo y al darse cuenta de que era un hombre de Dios, santo y amable, aceptaron su visita, se hicieron sus amigos y aceptaron sus recomendaciones. Las gentes decían: “Ahora sí que se repitió el milagro antiguo: Daniel fue al foso de los leones y estos no le hicieron nada”.
En 1617, fue nombrado arzobispo de Polotsk, y se encontró con que su arzobispado estaba en el más completo abandono. Se dedicó a reconstruir templos y a obtener que los sacerdotes se comportaran de la mejor manera posible. Visitó una por una todas las parroquias. Redactó un catecismo y lo hizo circular y aprender por todas partes. Dedicaba sus tiempos libres a atender a los pobres e instruir a los ignorantes. Las gentes lo consideraban un gran santo. Algunos decían que mientras celebraba misa se veían resplandores a su alrededor. En 1620 ya su arzobispado era otra cosa totalmente diferente.
Pero sucedió que un tal Melecio se hizo proclamar de arzobispo en vez de Josafat (mientras este visitaba Polonia) y algunos revoltosos empezaron a recorrer los pueblos atizando una revuelta contra el santo, diciendo que no querían obedecer al Papa de Roma. Muchos relajados se sentían molestos porque san Josafat atacaba a los vicios y a las malas costumbres.
En 1623, sabiendo que la ciudad de Vitebsk era la más rebelde y contraria a él, dispuso ir a visitarla para tratar de hacer las paces con ellos. Sus amigos le rogaban que no fuera, y varios le propusieron que llevara una escolta militar. Él no admitió esto y exclamó: “Si Dios me juzga digno de morir mártir, no temo morir“. El recibimiento fue feroz. Insultos, pedradas, amenazas. Cuando una chusma agresiva lo rodeó insultándolo, él les dijo:
“Sé que ustedes quieren matarme y que me atacan por todas partes. En las calles, en los puentes, en los caminos, en la Plaza Central, en todas partes me han insultado. Yo no he venido en son de guerra sino como pastor de las ovejas, buscando el bien de las almas. Pero me considero verdaderamente feliz de poder dar la vida por el bien de todos ustedes. Sé que estoy a punto de morir, y ofrezco mi sacrificio por la unión de todas las iglesias bajo la dirección del Sumo Pontífice”.
Los enemigos se propusieron poner una trampa al santo para poderlo matar. Le enviaron un individuo que todos los días llegaba a su casa, mañana y tarde a insultarlo. Al fin uno de los secretarios del arzobispo detuvo al insultante para que no faltara más al respeto al prelado, y esta era la señal que los asesinos buscaban. Inmediatamente dieron voz de alarma en toda la ciudad, reunieron la chusma y se lanzaron a despedazar a todos los ayudantes de San Josafat.
Cuando él vio que iban a linchar a sus colaboradores, salió al patio y gritó a los atacantes: “Por favor, hijos míos, no golpeen a mis ayudantes, que ellos no tienen la culpa de nada. Aquí estoy yo para sufrir en vez de ellos”.
Al oír esto los jefes de la sedición gritaron: “¡Que muera el amigo del Papa!” y se lanzaron contra él. Le atravesaron de un lanzazo, le pegaron un balazo, y arrastraron su cuerpo por las calles de la ciudad y lo echaron al río Divna. Era el 12 de noviembre de 1623. Meses después los verdugos se convirtieron a la fe católica y pidieron perdón de su terrible crimen.
El Papa ha declarado a San Josafat, Patrono de los que trabajan por la unión de los cristianos.
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Josafat_de_Lituania.htm)
11 noviembre, 2025
San Martín de Tours, Patrono de la Guardia Suiza Pontificia

10 noviembre, 2025
San León Magno "El Grande", Pontífice y Doctor de la Iglesia

09 noviembre, 2025
DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN JUAN DE LETRÁN

Domingo 9 de Noviembre
06 noviembre, 2025
San Leonardo de Noblat, Patrón de los prisioneros y de las mujeres parturientas

05 noviembre, 2025
Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús

05 de noviembre
San Zacarías y Santa Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús
Cada 5 de noviembre recordamos a Zacarías e Isabel, padres de San Juan Bautista y tíos de Jesús. “Ambos eran justos a los ojos de Dios y seguían en forma irreprochable todos los mandamientos y preceptos del Señor”, nos recuerda San Lucas en su Evangelio (Lc 1, 6), dejando en claro que eran miembros fieles del pueblo de Israel, respetuosos de la Ley de Dios.
Cada vez es más difícil ver noticias católicas en las redes sociales. Suscríbete a nuestros canales gratuitos hoy:
Según el relato de Lucas, Zacarías pertenecía a la clase sacerdotal de Abías, mientras que Isabel era descendiente de Aarón. Ambos eran de edad avanzada y no habían podido tener hijos porque Isabel era estéril, algo que en el contexto hebreo de la época era motivo de marginación y causa de un dolor inmenso para los esposos.
Cierto día, a Zacarías le tocó ingresar al Sancta Sanctorum (la parte más sagrada del tabernáculo y del templo de Jerusalén, al que solo accedían los sacerdotes), para ofrecer la oración. De pronto, un ángel se le apareció y le dijo que su esposa tendría un hijo, al que llamarían Juan. “Precederá al Señor con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con sus hijos y atraer a los rebeldes a la sabiduría de los justos, preparando así al Señor un Pueblo bien dispuesto” (Lc 1, 17), continuó el ángel.
Zacarías de inmediato preguntó al ángel cómo podía estar seguro de lo que decía, si él y su esposa ya eran ancianos. A lo que este contestó: “Yo soy Gabriel, el que está delante de Dios, y he sido enviado para hablarte y anunciarte esta buena nueva… Mira, te vas a quedar mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, porque no diste crédito a mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo" (Lc 1, 19-20). Por haber dudado, Zacarías quedó mudo en el acto.
No mucho después, Isabel quedaría embarazada, de manera que la que habían llamado estéril, ahora exultaba de gozo y gratitud a Dios: “Esto es lo que el Señor ha hecho por mí, cuando decidió librarme de lo que me avergonzaba ante los hombres” (Lc 1, 25).
Luego de que el ángel Gabriel se le apareció a la Virgen María, esta fue a casa de su prima Isabel con el deseo de ayudarla. Ella, al verla, exclamó: “¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor” (Lc 1, 42-45).
Cuando Juan nació, todos se alegraron en casa de Zacarías por la acción misericordiosa de Dios. El día de la circuncisión de Juan, los familiares de Zacarías pidieron que el recién nacido fuera llamado como su padre, de acuerdo a la costumbre hebrea.
Sin embargo, Isabel se opuso y dijo que se llamaría “Juan”, según lo había requerido Zacarías, quien imposibilitado de hablar, escribió el nombre que llevaría su hijo en una tablilla. Una vez hecho esto, Zacarías recuperó el habla al instante -tal y como el ángel había predicho- y pronunció su célebre cántico, incorporado por la Iglesia en la Liturgia de las Horas (específicamente en las Laudes, la oración de la mañana):
«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por la boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
realizando su misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abrahán.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de los pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz».
(Lc 1, 68-79).
Muchas cosas más se podrían considerar en torno a los santos esposos Zacarías e Isabel, y, con toda certeza, extraer mayores frutos espirituales. Basta recordar, por ejemplo, la delicadeza espiritual de Isabel al recibir a Maria, haciéndose eco del gozo infinito de aquel que llevaba en el vientre. Juan, sin haber nacido, fue capaz de reconocer la presencia de Dios en la Persona del Verbo Encarnado, quien estaba justo frente a sí.
Zacarías e Isabel formaron y educaron a Juan con la conciencia de que eran una pareja a la que Dios había elegido y acompañado con paciencia. Por su parte, Juan, en el epílogo de su vida, daría prueba prístina de aquella fe que recibió de sus padres, de cuál era su linaje.
¡Zacarías e Isabel, rogad por las familias cristianas!(ACI Prensa).