14 mayo, 2026

San Matías, Discípulo que ocupó el lugar de Judas Iscariote

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14 de mayo
San Matías
Discípulo que ocupó el lugar de Judas Iscariote
 
Cada 14 de mayo, la Iglesia conmemora a San Matías Apóstol, el discípulo elegido para ocupar el lugar que el traidor, Judas Iscariote, había dejado entre los Apóstoles. A San Matías se le considera patrono de los carniceros y de los arquitectos.
 
En los Hechos de los Apóstoles es posible encontrar señales inequívocas del aprecio del que gozaba Matías entre los miembros de la Iglesia primigenia. San Lucas, autor del relato de su elección para completar a los Doce, deja esto en evidencia, especialmente cuando recoge, una a una, las palabras del Apóstol Pedro (como se verá a continuación). Los candidatos fueron José, llamado Barsabás, cuyo sobrenombre era ‘Justo’, y Matías.
 
“Desde el Bautismo de Juan hasta la Ascensión”
 
Después de la Ascensión del Señor, los Apóstoles, junto con María y algunos discípulos, se encontraban a la espera del Espíritu Santo, cuya llegada había sido anunciada por Jesús resucitado. En esos días de oración y expectativa, Pedro invitó a la comunidad a que se pronuncie sobre quién debía reemplazar a Judas Iscariote:
 
“Es necesario que uno de los que han estado en nuestra compañía durante todo el tiempo que el Señor Jesús permaneció con nosotros, desde el bautismo de Juan hasta el día de la ascensión, sea constituido junto con nosotros testigo de su resurrección” (Hch 1, 21-22).
 
Acto seguido, señala Lucas: “Se propusieron dos nombres: José, llamado Barsabás, de sobrenombre ‘el justo’, y Matías. Y oraron así: ‘Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de los dos elegiste para desempeñar el ministerio del apostolado, dejado por Judas al irse al lugar que le correspondía’. Echaron suertes, y la elección cayó sobre Matías, que fue agregado a los once Apóstoles” (Hch 1, 23-26).
 
Reemplazar el mal con la santidad
 
No se sabe con certeza mucho más sobre San Matías, salvo que se mantuvo fiel hasta el final de sus días. Se cree que murió apedreado o crucificado en Cólquida (actual Georgia) a donde habría llegado para anunciar a Cristo. Su muerte se habría producido hacia el año 80 d. C.
 
El Papa Benedicto XVI, en el año 2006, compartió una hermosa reflexión que tenía como base la figura del santo, y que constituye una clave para comprender y enfrentar el pecado y el mal dentro de la Iglesia: “De aquí [del ejemplo de San Matías] sacamos una última lección: ‘Aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador’" (Benedicto XVI, Audiencia General, 18 de octubre de 2006). (ACI Prensa).
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13 mayo, 2026

Nuestra Señora de Fátima

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13 de mayo
Nuestra Señora de Fátima 
 
Cada 13 de mayo la Iglesia celebra a Nuestra Señora de Fátima, una de las advocaciones marianas más extendidas y queridas en el mundo católico. Fue un 13 de mayo, pero de 1917, cuando la Madre de Dios se apareció por primera vez a tres humildes pastorcitos en Cova de Iría, Fátima (Portugal).
 
El nombre oficial de esta advocación mariana es ‘Nuestra Señora del Rosario de Fátima’. La mención al Santo Rosario responde a los constantes pedidos de la Virgen a que sea rezado por todos los católicos, especialmente para que haya paz en el mundo.
 
Un portento frente a nuestros ojos
 
“No tengáis miedo. No os haré daño”, le dijo la Virgen María a Lucía, Jacinta y Francisco, los tres niños portugueses que, impactados por su presencia maravillosa, se llenaron comprensiblemente de temor. Aquellos pequeños -como probablemente cualquiera en esta tierra- fueron sobrepasados por lo que veían sus ojos: aquella “señora vestida de blanco, más brillante que el sol”.
 
Tras el impacto inicial, nuestra dulce Madre les reveló de dónde venía: había bajado del cielo para ayudar a fortalecer el lazo que hay entre Dios y los hombres. A continuación, pediría a los tres que volvieran a aquel mismo lugar el día 13 de cada mes, a la misma hora, por los siguientes seis meses. 
 
Después preguntó:
 
“¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que Él quisiera enviaros como reparación de los pecados con que Él es ofendido, y de súplica por la conversión de los pecadores?".
 
Los pequeños respondieron que sí, por lo que la Virgen, con franqueza y ternura, les advirtió que sufrirían mucho porque los pecados de los hombres eran grandes. Sin embargo, también les consoló diciendo que la gracia de Dios estaría siempre a su lado, dándoles fuerza. De inmediato, la Señora abrió las manos y una fuerte luz cubrió a los niños, quienes cayeron de rodillas y empezaron a rezar: “Santísima Trinidad, yo te adoro. Dios mío, Dios mío, yo te amo en el Santísimo Sacramento”.
 
Antes de partir, la Virgen pediría: “Rezad el rosario todos los días para alcanzar la paz del mundo y el fin de la guerra”. Dicho esto se elevó hasta que no pudieron verla más.
 
La Madre portaba un mensaje de paz en días de horror para la humanidad: se desarrollaba la Primera Guerra Mundial y el comunismo empezaba a acechar al mundo como nunca antes.
 
En los siguientes meses, los niños acudieron a las citas con la Señora, tal y como ella había pedido. Lamentablemente, eso les valdría a los pequeños pastores convertirse en blanco de burlas, calumnias, e incluso amenazas de cárcel -el mundo se resistía a creer y aceptar su testimonio-. Es cierto que muchos corazones fueron tocados en ese momento, pero también brotó mucha incomprensión. Las autoridades políticas de la localidad evidenciaron inmediatamente su disgusto por las grandes movilizaciones de gente, y un inesperado renacimiento religioso.
 
Incontables gracias para el mundo
 
Meses después de ocurridas las apariciones, Francisco y Jacinta Marto -quienes eran hermanos- fallecieron víctimas de la enfermedad. Lucía Santos les sobreviviría y se convertiría en monja de clausura.
 
Con los años, la Iglesia reconocería el testimonio de los niños y la veracidad de las apariciones milagrosas de la Madre de Dios, mientras tanto, la devoción a la Virgen de Fátima se iba expandiendo por el mundo como ninguna otra advocación mariana previa.
 
Algunas décadas más tarde, el Papa San Juan Pablo II consagró Rusia -nación esclavizada por el comunismo, ideología contraria a Dios y al ser humano- al Inmaculado Corazón de María, en cumplimiento del pedido de la Madre de Dios.
 
Finalmente, el Papa Peregrino, en el año 2000, beatificaría a los videntes Jacinto y Francisca, en una ceremonia que contó con la presencia de Sor Lucía, la última sobreviviente de los tres videntes. La religiosa falleció sólo unos años más tarde, en 2005.
 
Pedidos que la Virgen de Fátima hizo a los pastorcitos
 
En su Cuarta memoria, Sor Lucía Santos da cuenta de un pedido especial de la Virgen, hecho en la aparición del 13 de julio de 1917:
“Sacrificaos por los pecadores, y decid muchas veces, en especial cuando hagáis algún sacrificio: Oh Jesús, es por vuestro amor, por la conversión de los pecadores y en reparación por los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de María”.
 
Luego insistió: “Cuando recéis el rosario decid, al final de cada misterio: Oh Jesús mío, perdonadnos, libradnos del fuego del infierno, llevad al Cielo a todas las almas, especialmente las más necesitadas de vuestra misericordia”.
 
Elevados a los altares
 
El 13 de mayo de 2017, el Papa Francisco viajó a la ciudad de Fátima con motivo del primer centenario de las Apariciones. Ese día el Papa canonizó a los pastorcitos Francisco y Jacinta Marto, quienes se convirtieron en los santos no mártires más jóvenes de la Iglesia.
 
En 2022, se realizó la Peregrinación Internacional de Aniversario, con ocasión del 5º aniversario de la canonización de los hermanitos Marto.
 
¡Jacinta y Francisco, intercedan por el bien de la Iglesia!
¡Nuestra Señora de Fátima, ruega por nosotros!(ACI Prensa).


12 mayo, 2026

Beato Álvaro del Portillo, Obispo

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12 de mayo
Beato Álvaro del Portillo
Obispo 
 
Cada 12 de mayo se conmemora al Beato Álvaro del Portillo, obispo español quien fuera figura prominente de la ‘Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei’, más conocida simplemente como Opus Dei [obra de Dios] siempre recordado por su talante espiritual, afable y sereno.
 
Monseñor Álvaro del Portillo, a quien cariñosamente la gente sigue llamando ‘Don Álvaro’, fue el primer sucesor de San Josemaría Escrivá de Balaguer en el gobierno de la Prelatura. San Josemaría fundó el Opus Dei el 2 de octubre de 1928.
 
Don Álvaro fue de profesión ingeniero civil (ingeniero de caminos), grado obtenido junto a los títulos de Doctor en filosofía y Doctor en Derecho Canónico.
 
En el corazón de la Iglesia
 
Álvaro del Portillo nació en Madrid (España) el 11 de marzo de 1914, en el seno de una familia muy devota. Ingresó al Opus Dei en 1935, mientras era estudiante de la Escuela de Ingenieros de Caminos de Madrid.
 
El 25 de junio de 1944, tras finalizar los estudios civiles y eclesiásticos, fue ordenado sacerdote en la capital española por el obispo local, Mons. Eijo y Garay. En la diócesis de Madrid ejerció su ministerio hasta que, en 1946, fue trasladado a Roma (Italia). Allí tuvo la oportunidad de continuar sus estudios y se doctoró en Filosofía y Letras, así como en Derecho Canónico.
 
Álvaro del Portillo llegó a ser consultor de varios dicasterios de la curia romana y participó del Concilio Vaticano II, donde fue secretario de la comisión que elaboró el decreto Presbyterorum Ordinis, Sobre el ministerio y la vida de los presbíteros. Asimismo, mantuvo una estrecha relación con varios pontífices, especialmente con San Pablo VI, uno de los primeros amigos que conoció en la Ciudad Eterna, antes de ser Papa.
 
Tras la muerte de San Josemaría Escrivá en 1975 Don Álvaro fue elegido para sucederle al frente del Opus Dei. Don Álvaro gobernó la Prelatura durante 19 años, hasta el día de su muerte.
 
Pastor de almas
 
El 28 de noviembre de 1982, al ser erigida ‘la Obra’ como Prelatura Personal, el Papa San Juan Pablo II nombró como Prelado del Opus Dei a Don Álvaro. Posteriormente, el 6 de enero de 1991, el mismo San Juan Pablo II le confirió la ordenación episcopal.
 
Álvaro del Portillo falleció el 23 de marzo de 1994, a los 80 años, después de haber participado en una peregrinación a Tierra Santa. San Juan Pablo II, durante su funeral, se presentó a orar ante sus restos mortales, como signo de reconocimiento por el servicio que el beato prestó al pueblo de Dios.
 
Camino a los altares
 
El 5 de julio del 2013 se hizo público el milagro concedido por intercesión de Don Álvaro. Este consistió en la curación del bebé chileno José Ignacio Ureta Wilson, quien con solo unos pocos días de vida sufrió numerosas y graves complicaciones de salud.
 
Al cumplir un mes, José Ignacio sufrió un paro cardíaco que duró entre 30 y 45 minutos. Sus padres pidieron la intercesión de Don Álvaro y el niño sobrevivió. Actualmente, José Ignacio goza de buena salud y no presenta secuelas de gravedad.
 
El Prelado del Opus Dei fue beatificado en Valdebebas (Madrid) por el Cardenal Ángelo Amato, el 27 de septiembre de 2014, en una Misa a la que asistieron más de 200 mil personas provenientes de todo el mundo.(ACI Prensa).

11 mayo, 2026

San Francisco de Gerónimo, Apóstol de Nápoles

 

11 de mayo
San Francisco de Gerónimo
Apóstol de Nápoles
 
San Francisco de Gerónimo (también, Francisco de Jerónimo S.J.) fue un misionero jesuita natural Grottaglie, Tarento (Italia) quien vivió dedicado a la predicación y al servicio apostólico en el desaparecido Reino de Nápoles. Precisamente por esa razón se le suele llamar "el apóstol de Nápoles".
 
Valiente predicador
 
Francisco se hizo célebre por su incansable trabajo en favor de la conversión de los pecadores, a  quienes buscó a ejemplo del Buen Pastor, Jesucristo, que va en busca de la oveja perdida del rebaño. No temió ni las calles peligrosas ni acercarse a aquellos cuya reputación o indignidad eran motivo de rechazo. En ese sentido, Francisco dejó que a través de su noble corazón pobres, enfermos y oprimidos pudieran conocer el amor de Dios, y miró con compasión y amor fraterno a los pecadores empedernidos e irredentos, y precisamente entre ellos conquistó muchas almas para Dios, devolviéndoles el sentido de la vida.
 
Jesús, a quien Francisco adoró en la Eucaristía y frecuentó en la oración, fue quien moldeó su alma y lo animó a anunciar su Palabra ‘a tiempo y a destiempo’. Francisco respondió al amor de Dios con su vida disciplinada y ejemplar.
 
Amor y obediencia; obediencia y caridad
 
Francisco de Gerónimo nació el 17 de diciembre de 1642 en Grottaglie, una ciudad del sur de Italia. A los 16 años entró al colegio de Tarento, donde estuvo bajo la tutela de la Compañía de Jesús. En aquella institución estudió humanidades y filosofía, con tal éxito que el obispo lo envió a Nápoles para que asistiera a conferencias de Teología Canónica en el famoso colegio Gesu Vecchio [El colegio antiguo de Jesús], que por aquel entonces rivalizaba con las más grandes universidades de Europa.
 
El 1 de julio de 1670 ingresó al noviciado de la Compañía de Jesús. Al final de su primer año de prueba, fue enviado como misionero a un lugar cercano al municipio italiano de Otranto, para poner en práctica su habilidad para la predicación. Allí confirmó su llamado a ser una voz que anuncia la alegría del Evangelio. Quiso ser enviado a lugares lejanos, pero sus superiores no aceptaron sus pedidos y prefirieron que permaneciera en Nápoles. Francisco, obediente, entendió que el Señor lo quería donde estaba y dejó de insistir.
 
“Muy gustosamente gastaré y me desgastaré totalmente por vuestras almas” (II Cor, 12)
 
Después de 4 años predicando en pequeños pueblos y de culminar sus estudios de teología, sus superiores lo nombraron predicador de la iglesia del Gesú Nuovo [La iglesia nueva de Jesús] en Nápoles. Sus sermones elocuentes, breves y enérgicos, llegaron a conmover a muchos, removiendo conciencias estancadas y despertando el sentido de la fe. Muchas conversiones obró el Señor a través de sus palabras, especialmente de personas que tenían el corazón endurecido y no sentían culpa alguna por sus malas obras.
 
En algunas ocasiones pasó por no menos de cinco aldeas en un solo día, predicando en calles, plazas públicas e iglesias. La gente que lo conocía solía decir que convertía por lo menos a unos 400 pecadores al año.
 
Una de sus obras de caridad habituales fue visitar hospitales y cárceles. Y cientos de veces fue en busca de algún alma perdida por calles peligrosas o lugares de mala reputación. Eso le valió más de una paliza a manos de delincuentes, pero no por eso dejó de insistir en el llamado a la conversión, sabiéndose él  mismo un pecador perdonado. Ayudó mucho en su difícil misión, su aspecto ascético y a veces severo, siempre en actitud orante y de atención con los que sufren.
 
San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de la Compañía de Nápoles.  Fue beatificado en 1758 por Benedicto XIV y canonizado en 1839 por el Papa Gregorio XVI.(ACI Prensa).

10 mayo, 2026

Domingo 6 (A) de Pascua

 
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Domingo 6 (A) de Pascua
Ver 1ª Lectura y Salmo
 
 
Texto del Evangelio (Jn 14,15-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».
 
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«Yo le amaré y me manifestaré a él»
P. Julio César RAMOS González SDB
(Mendoza, Argentina)
 
Hoy, Jesús —como lo hizo entonces con sus discípulos— se despide, pues vuelve al Padre para ser glorificado. Parece ser que esto entristece a los discípulos, que aún le miran con la sola mirada física, humana, que cree, acepta y se aferra a lo que únicamente ve y toca. Esta sensación de los seguidores, que también se da hoy en muchos cristianos, le hace asegurar al Señor que «no os dejaré huérfanos» (Jn 14,18), pues Él pedirá al Padre que nos envíe «otro Paráclito» (Auxiliador, Intercesor: Jn 14,16), «el Espíritu de la verdad» (Jn 14,17); además, aunque el mundo no le vaya a “ver”, «vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis» (Jn 14,19). Así, la confianza y la comprensión en estas palabras de Jesús suscitarán en el verdadero discípulo el amor, que se mostrará claramente en el “tener sus mandamientos” y “guardarlos” (cf. v. 21). Y más todavía: quien eso vive, será amado de igual forma por el Padre, y Él —el Hijo— a su discípulo fiel le amará y se le manifestará (cf. v. 21).
 
¡Cuántas palabras de aliento, confianza y promesa llegan a nosotros este Domingo! En medio de las preocupaciones cotidianas —donde nuestro corazón es abrumado por las sombras de la duda, de la desesperación y del cansancio por las cosas que parecen no tener solución o haber entrado en un camino sin salida— Jesús nos invita a sentirle siempre presente, a saber descubrir que está vivo y nos ama, y a la vez, al que da el paso firme de vivir sus mandamientos, le garantiza manifestársele en la plenitud de la vida nueva y resucitada.
 
Hoy, se nos manifiesta vivo y presente, en las enseñanzas de las Escrituras que escuchamos, y en la Eucaristía que recibiremos. —Que tu respuesta sea la de una vida nueva que se entrega en la vivencia de sus mandamientos, en particular el del amor.
 
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Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«La vida verdadera y auténtica es el Padre, la fuente de la que, por mediación del Hijo, en el Espíritu Santo, manan sus dones para todos, y, por su benignidad, también a nosotros los hombres se nos han prometido verídicamente los bienes de la vida eterna» (San Cirilo de Jerusalén)
 
 
«Ser cristianos no significa principalmente adherirse a una cierta doctrina, sino más bien vincular la propia vida a la persona de Jesús. El Espíritu nos enseña la única cosa indispensable: amar como Dios ama» (Francisco)
 
«Lo que el Padre nos da cuando nuestra oración está unida a la de Jesús, es ‘otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad’ (Jn 14,16-17). Esta novedad de la oración y de sus condiciones aparece en todo el Discurso de despedida. En el Espíritu Santo, la oración cristiana es comunión de amor con el Padre, no solamente por medio de Cristo, sino también en Él» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2.615)(evangeli.net)

 

09 mayo, 2026

Santa Luisa de Marillac, Cofundadora de las Hijas de la Caridad junto a San Vicente de Paúl

 Santo del Día: Santa Luisa de Marillac, Madre de los Pobres

 
 
09 de mayo
Santa Luisa de Marillac
Cofundadora de las Hijas de la Caridad junto a
San Vicente de Paúl 
 
Cada 9 de mayo la Iglesia celebra a Santa Luisa de Marillac (1591-1660), mujer de temple extraordinario y gran generosidad, quien encabezó la reforma de los servicios sociales de la Francia de inicios del siglo XVII, especialmente en lo concerniente a la atención de los enfermos y necesitados.
 
Luisa contrajo matrimonio, pero enviudó. Después encontraría en el servicio al Señor sufriente la razón última de su existencia. Fue cofundadora, junto a San Vicente de Paul, de la Compañía de las Hijas de la Caridad.
 
Santa Luisa es un hermoso ejemplo de entrega incondicional al prójimo y de cómo “administrar” un espíritu impetuoso. Ella puso todas sus fuerzas al servicio de la misión que Dios le fue encomendando, pese a la dolencia que la acompañó a lo largo de su vida.
 
Abrazando la pobreza
 
Luisa de Marillac nació en París (Francia) en 1591. Fue hija natural de Luis de Marillac, señor de Ferrieres-in-Brie y de Villiers Adam, y de una mujer desconocida, que no formaba parte de la nobleza.
 
Hasta los 13 años recibió la educación que le correspondía a las niñas nobles, asistiendo al Monasterio Real de Saint Louis, en Poissy. Entre las religiosas que vivían en ese monasterio estaba una tía suya, quien le enseñó a leer, escribir y pintar; además de brindarle las bases de una rica formación humanística.
 
A la muerte de sus padres y de su tía más cercana, Luisa quedó al cuidado de su tío Miguel. Debido a la precaria situación económica en la quedó la familia, la pequeña Luisa experimentó en carne propia las carencias materiales que sufrían muchos franceses de su tiempo. Tuvo que aprender, por ejemplo, a desempeñarse en trabajos sencillos y a hacerse cargo de los quehaceres del hogar. Su nueva condición social de “señorita pobre” le produjo una suerte de complejo de inferioridad, algo que arrastraría en el alma durante años.
 
Amando la voluntad de Dios
 
En su juventud Luisa comenzó a frecuentar el convento de las hermanas capuchinas de Faubourg. Es en esta etapa que percibe los primeros indicios de una posible vocación religiosa. Sin embargo, su director espiritual desaconsejó su ingreso al convento porque su salud era muy frágil -sufría de constantes fatigas, probablemente a causa de algún problema respiratorio-. A la larga, Luisa logró persuadirse de que su camino era el matrimonio y la santidad en la familia.
 
En 1613, Luisa de Marillac se casó con Antonio Le Gras, con quien tuvo un hijo. Lamentablemente, Antonio contrajo una penosa enfermedad y moriría unos años más tarde.
 
En 1616, Luisa conoció a San Vicente de Paul, quien se convertiría en su confesor. El P. de Paul en aquel tiempo estaba organizando sus ‘Cofradías de la Caridad’ -grupos de asistencia a los más pobres- con el objetivo de mejorar la situación de miseria que se vivía en el ámbito rural. Para ello, San Vicente de Paul necesitaba a alguien que pudiese ayudarlo y que al mismo tiempo infundiera respeto, alguien que tuviera empatía y la capacidad de ganarse el corazón de la gente. 
 
Conforme iba pasando el tiempo y San Vicente conocía mejor a Luisa, se dio cuenta de que ella era la persona que había estado buscando. Cuando enviudó, San Vicente le propuso que se comprometiera con la obra. Fue así como Luisa empezó a considerar que quizás Dios la quería en un camino distinto.
 
Para 1629, la santa sería enviada de visita a la Cofradía de la Caridad de Montmirail. ‘Madame Le Gras’, como la conocían, realizó este viaje con entusiasmo y compromiso.
 
“Amad a los pobres”
 
Cuando San Vicente le solicitó a Luisa que forme un centro de capacitación para voluntarias, ella puso a disposición la casa que había alquilado tras la muerte de su esposo. Allí acogió a cuatro candidatas que fueron instruidas por ella en el servicio a los pobres y enfermos.
 
En 1634, ya comprometida completamente con el proyecto, redactó la regla de vida que deberían seguir los miembros de la comunidad. Cuando San Vicente obtuvo el permiso pontificio para formar una congregación, la regla redactada por Luisa se convirtió en el estatuto de las Hermanas de la Caridad.
 
En Angers, Luisa se hizo cargo de un hospital que se encontraba en situación de abandono, y, en París, cuidó de los afectados por una epidemia. También socorrió a las víctimas de la llamada ‘Guerra de los 30 años’ y de quienes padecían la violencia cotidiana de París, ciudad grande y turbulenta. Pese a su delicada salud, siempre estuvo presta a servir e irradiar entusiasmo.
 
Para ese momento el monasterio de las Hermanas de la Caridad se había convertido en la casa de los pobres y los sin hogar, de aquellos que, forzados por las circunstancias, deambulaban por las calles de la capital francesa. Luisa y Vicente enviaban todos los días a los religiosos y religiosas de la congregación fuera del claustro para animar y socorrer a la mayor cantidad de gente necesitada.
 
En sus últimos años de vida, las dolencias de la santa le impidieron movilizarse. Postrada, antes de partir a la presencia de Dios, dejó un encargo a sus hermanas espirituales: "Sed empeñosas en el servicio de los pobres... amad a los pobres, honradlos, hijas mías, y honraréis al mismo Cristo".
 
Santa Luisa de Marillac murió el 15 de marzo de 1660. San Vicente de Paul la seguiría sólo medio año después.
 
Luisa de Marillac fue canonizada en 1934 por el Papa Pio XI. En 1960 el Papa San Juan XXIII la nombró ‘patrona de los asistentes sociales’.
 
Festividad
 
La fiesta de Santa Luisa solía celebrarse el 15 de marzo, sin embargo, desde el año 2016, se celebra el 9 de mayo, día del aniversario de su beatificación.
 
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos -hoy convertida en Dicasterio- solicitó a la Congregación de la Misión –nombre que adquirió la fundación de San Vicente de Paul- cambiar la fecha para celebrar a Santa Luisa todos los años, debido a que “siempre [su día] cae en Cuaresma y es preferible no celebrar solemnidades durante ese tiempo litúrgico”.
 
El P. Gregorio Gay, Superior General de la Congregación, recibió la mencionada solicitud, fechada el 14 de diciembre de 2015, y así, el 4 de enero del año siguiente, 2016, fue publicado el decreto en el que se dejaba constancia de la aceptación del cambio.(ACI Prensa).

08 mayo, 2026

San Severino, Patrono de las ciudades de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).

 San Severino


08 de mayo
San Severino
Patrono de las ciudades de Viena (Austria) y
de Baviera (Alemania).
 
Cada 8 de enero la Iglesia celebra a San Severino de Nórico, santo del siglo V, patrono de las ciudades de Viena (Austria) y de Baviera (Alemania).
 
Severino fue un hombre apasionado por el anuncio del Evangelio y muy preocupado por la salvación de las almas. Llamaba constantemente a la conversión y a la penitencia. Además, poseía los dones de curar a los enfermos y de aconsejar a los desorientados. No obstante, fue fundamentalmente un hombre sencillo y de caridad vivida intensamente: "Si quieren tener la bendición de Dios, respeten mucho lo que les corresponde a los demás”, solía decir el santo.
 
Vida contemplativa, vida activa
 
San Severino nació en Roma (ca. 410) en el seno de una familia noble y rica. Sin embargo, respondiendo al llamado de Dios, quiso apartarse del mundo y vivir como eremita. Pasó algunos años bajo ese régimen espiritual hasta que, conmovido por la destrucción y muerte que dejaban las invasiones de los bárbaros a su paso, decidió ponerse al servicio de las poblaciones devastadas. Así, abandonó las tierras circundantes a Roma y se fue a predicar a orillas del río Danubio, entre Austria y Alemania.
 
¡Señor, arranca de nosotros el corazón de piedra! (ver: Ez 11, 19-20)
 
En esa región, todavía provincia del Imperio romano, se estableció en la ciudad de “Asturis”, donde profetizó que si los pobladores no se alejaban de los vicios y volvían a Dios con oraciones, sacrificios y obras de caridad, sufrirían un terrible castigo. Lamentablemente, nadie le tomó importancia a dicho vaticinio.
 
Ese rechazo motivó a Severino a dirigirse hacia Cumana (o Cumagenis), una provincia cercana. No pasó mucho tiempo cuando las hordas de los hunos llegaron desde Hungría y dejaron a Asturis semidestruida, y a su población masacrada.
 
¡Y concédenos un corazón de carne! (ver: Ez 11, 19-20)
 
En Comagenis, Severino también profetizó castigos si los pobladores no se convertían. Nadie le creyó inicialmente, por lo que podría pensarse que la ciudad correría la misma suerte de Asturis. Sin embargo, un sobreviviente de dicho lugar llegó a Cumanegis y dio testimonio de lo que pasó a su ciudad de origen: nadie en Asturis hizo caso de las advertencias de Severino; y por no escuchar la voz del hombre que los quería ayudar, no se prepararon para defender sus tierras y siguieron viviendo frívolamente.
 
Llegados los hunos cometieron mil atrocidades sin encontrar resistencia. En Comagenis, entonces, los pobladores se fueron a orar a los templos, cerraron cantinas y lugares de mal vivir, y cambiaron su conducta haciendo sacrificios y penitencias. La población, aleccionada, se organizó para defenderse y detener al invasor. Lamentablemente todo preparativo y esfuerzo para la defensa parecía insuficiente.
 
Es en ese momento que sucedió algo que cambió el curso de los acontecimientos: estando el enemigo al acecho, se produjo un terremoto de tal magnitud en la región, que los hunos se llenaron de temor. Estos consideraron lo sucedido como un signo de mal augurio. Así los invasores decidieron huir y no entrar a la ciudad.
 
Es Dios quien protege y anima a los hombres a través de sus santos
 
Concluído el episodio, San Severino se hizo del respeto de todos, incluso entre los bárbaros que se llenaban de temor de solo oir su nombre. A partir de entonces, fue Severino quien se convirtió en el defensor de los pueblos invadidos y sus víctimas.
 
Su fama se acrecentó aún más por las curaciones milagrosas que hacía. Cabe decir que no fue un “simple taumaturgo”. Severino enseñaba que a veces Dios permite el sufrimiento como un medio para alcanzarlo a Él. Precisamente, la tradición recoge una curiosa historia en la que el santo le dice a su discípulo, Bonoso: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder". Y es que, por 40 años, Bonoso había sufrido una enfermedad penosa. Bonoso finalmente entendió que Dios se había valido de aquel sufrimiento para hacerlo más santo, más fuerte, y más pleno.
 
A San Severino le gustaba repetir frases de la Biblia y recordar siempre que todo pecado trae consecuencias y que, en muchas oportunidades, dadas la gravedad o insistencia en la falta, pueden venir castigos del cielo.
 
Evangelizando siempre
 
Durante 30 años Severino se dedicó a fundar monasterios. Recorría descalzo las inmensas llanuras de Austria y Alemania, incluso durante el invierno, así nevara. Su sencillez en el vestir, vestía una túnica desgastada, y su vocación de servicio le ganaron el cariño de todos.
 
El 6 de enero del 482, tuvo una premonición sobre su propia muerte, así que mandó a llamar a las autoridades civiles de la ciudad de Nórico (provincia del Imperio donde vivía) para pedirles que respeten los derechos de los demás si querían tener la bendición de Dios. “Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar en todo lo posible a los monasterios y a los templos", pidió el santo.
 
Severino murió el 8 de enero del 482 tras repetir las palabras del Salmo 150: "Todo ser que tiene vida, alabe al Señor". Seis años después, su tumba fue abierta y se encontró su cuerpo incorrupto. Al levantarle los párpados los que realizaban la exhumación vieron que sus ojos azules brillaban como cuando estaba vivo. Sus reliquias se encuentran hoy en Nápoles (Italia).(ACI Prensa)