16 febrero, 2018

Santos Elías, Jeremías, Isaías y nueve compañeros, mártires


 
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Santos Elías, Jeremías, Isaías y nueve compañeros, mártires

En Cesarea de Palestina, santos mártires Elías, Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel, cristianos egipcios, que, por haber servido a los confesores condenados a las minas, fueron apresados por el prefecto Firmiliano, en tiempo de Galerio Maximiano, y, después de duros tormentos, perecieron decapitados. Tras ellos fueron martirizados Pánfilo, presbítero, Valente, diácono de Jerusalén, y Pablo, oriundo de la ciudad de lamnia, que habían permanecido dos años en la cárcel, así como Porfirio, siervo de Pánfilo, además de Seleuco, capadocio que ostentaba un grado en la milicia, y Teódulo, anciano servidor del prefecto Firmiliano. Finalmente, el capadocio Julián, llegado como peregrino en aquel momento, fue denunciado como cristiano por haber besado los cuerpos de los mártires, y por orden del prefecto lo quemaron a fuego lento.

En la sección de la «Historia Eclesiástica» dedicada a los confesores de Palestina, Eusebio de Cesarea describe a su maestro Pánfilo como al «más ilustre mártir de su época, por sus vastos conocimientos filosóficos y por todas las virtudes que le adornaban». Esta vez no se trata de un mero panegírico convencional, porque hay un inconfundible tono de sinceridad en las palabras que utiliza el historiador cuando habla de «su señor Pánfilo», puesto que siempre hace esta aclaración: «no sería conveniente que yo mencionara el nombre de ese santo y bendito hombre, sin darle el título de ‘mi señor’». Con agradecida veneración, se auto-impuso lo que él llama «un nombre triplemente amado para mí», y firmaba Eusebius Pamphili (Eusebio [discípulo] de Pánfilo) al escribir la biografía de su héroe, en tres volúmenes que conoció san Jerónimo, pero que ya no existen.

Pánfilo, vástago de una familia rica y honorable, nació en Berytus (Beirut), en Fenicia. Tras distinguirse en todas las ramas de la enseñanza secular que se impartía en su ciudad natal, tan renombrada como centro del saber, se fue a Alejandría para estudiar en la famosa escuela catequética, donde estuvo bajo la influencia de Pierio, el discípulo de Orígenes. El resto de su vida lo pasó en Cesarea, que por entonces era la capital de Palestina. Allí fue ordenado sacerdote. También allí formó una magnífica biblioteca que se conservó hasta el siglo VII, cuando fue destruida por los árabes. Pánfilo fue el más notable estudioso de la Biblia en su época y el fundador de una escuela de literatura sagrada. Después de salvar infinitas dificultades, de revisar y corregir miles de manuscritos, hizo una traducción de las Sagradas Escrituras más correcta que cualquiera de las que circulaban hasta entonces. Toda la versión fue transcrita por su mano y distribuida por medio de copias que hizo sacar a los alumnos más dignos de confianza de su escuela. La mayoría de las veces, entregó su trabajo gratuitamente puesto que, a más de ser un hombre muy generoso, estaba ansioso por alentar los estudios sagrados.

Como trabajador infatigable, llevó una existencia muy austera y fue notable por su humildad. A sus criados y empleados los trataba como hermanos; entre sus parientes, amigos y particularmente, entre los pobres, distribuyó las riquezas heredadas de su padre. Una vida tan ejemplar tuvo su merecida culminación en el martirio. En el año 308, Urbano, el gobernador de Palestina, lo mandó aprehender, lo sometió a crueles torturas y lo encerró en prisión, por negarse a sacrificar ante los dioses. Durante su cautiverio, colaboró con Eusebio, que tal vez fuera su compañero de prisión, para escribir una «Apología de Orígenes», cuyas obras había copiado y admiraba grandemente.

Dos años después de haber sido detenido, Pánfilo fue llevado ante el gobernador Firmiliano, sucesor de Urbano, para un examen de su causa y un nuevo juicio. En esa ocasión le acompañaban Pablo de Jamnia, hombre de gran fervor, y Valente, un anciano diácono de Jerusalén que tenía en su crédito haberse aprendido toda la Biblia de memoria. Encontrando a los tres acusados enteramente firmes en su fe, Firmiliano dictó contra ellos la sentencia de muerte. Tan pronto como se dio a conocer el veredicto, Porfirio, un estudiante joven e inteligente a quien Pánfilo amaba como a un hijo, abordó resueltamente al juez para pedirle permiso de recoger y sepultar los restos de su maestro. Firmiliano inquirió si también él era cristiano y, al recibir una respuesta afirmativa, mandó que se le diera tormento. A pesar de que sus carnes fueron desgarradas hasta mostrar los huesos y las entrañas, Porfirio no lanzó ni un lamento. Para matarlo, lo quemaron a fuego lento, mientras él invocaba el nombre de Jesús.

Al mismo tiempo, un capadocio llamado Seleuco, que proclamó en voz alta el triunfo de Porfirio y alabó su constancia, fue condenado a morir decapitado con todos los demás. El tirano estaba enfurecido, que ni siquiera la servidumbre de su casa escapó a su cólera; por un simple informe de que el anciano Teódulo, su criado favorito, era cristiano, puesto que había besado el cadáver de uno de los mártires, Firmiliano lo mandó crucificar inmediatamente. El mismo día, en la tarde, por una ofensa similar, un catecúmeno llamado Juliano fue quemado a fuego lento. Los otros confesores, Pánfilo, Pablo, Valente y Seleuco murieron decapitados. Sus cadáveres, arrojados por los verdugos en las afueras de la ciudad, fueron respetados por las aves de rapiña y las fieras salvajes, de manera que los cristianos pudieron recogerlos intactos y darles sepultura.

Corría el año 309, y mientras estos martirios ocurrían, cinco egipcios fueron a visitar a los confesores de la fe, condenados a trabajos forzados en las minas de Cilicia. A su regreso les detuvieron los guardias a las puertas de Cesarea. Los cinco confesaron al punto que eran cristianos y declararon el motivo de su viaje. Al día siguiente, comparecieron ante el gobernador Firmiliano. El juez, según su costumbre, ordenó que los cinco egipcios fuesen torturados en el potro, antes de ser juzgados. Después de que habían sufrido ya muchos suplicios, el gobernador preguntó al que hacía cabeza, su nombre y su nacionalidad. El mártir respondió que su nombre de bautismo era Elías, y que sus compañeros se llamaban Jeremías, Isaías, Samuel y Daniel. Como Firmiliano le preguntase nuevamente por su nacionalidad, Elías contestó que eran ciudadanos de Jerusalén, refiriéndose a la Jerusalén celestial, verdadera patria de todos los cristianos. El gobernador ordenó a los verdugos que torturasen a Elías, quien fue azotado con las manos atadas a la espalda y los pies brutalmente aplastados en yugos de madera. Después el gobernador mandó que los cinco fuesen decapitados. La orden se ejecutó inmediatamente.

La historia de todos estos santos es de gran interés para todos los especialistas en hagiografía cristiana, por venir narrada de primera mano, por un testigo de la calidad de Eusebio, padre de la historia eclesiástica.

(http://www.evangeliodeldia.org/main.php?language=SP&module=saintfeast&localdate=20160216&id=16188&fd=0)

15 febrero, 2018

Santos Faustino y Jovita

 
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 ¡Oh!, Santos Faustino y Jovita, sois, vosotros,
los hijos del Dios de la vida y sus amados santos.
Hermanos de sangre, pero, más, hermanos en la fe,
pues, en vuestra niñez, mostrabais ya, modestia,
virtud y unión, todos, enrumbados hacia el amor
de Dios. Vos, Faustino, sacerdote y, Jovita,
vuestra hermana, diaconisa. Y, así, ambos, de fe
armados, os lanzasteis al mundo de entonces,
frutos admirables logrando, en vuestro ministerio
hasta que, el averno, seducirlos quiso, para que, a
falsos dioses adoraseis. Vosotros, nunca cedisteis
jamás y derretisteis al “sol”, que estatua hecho,
no soportó vuestra oración. Luego hambrientas fieras
os echaron y ellas, a vuestros pies se posaron y
más bien, a los infieles atacaron hasta matarlos.
Vuestros verdugos, desesperados os pasearon por media
Italia, haciéndolos padecer tormentos varios. Pero,
vos y vuestra hermana, firmes en vuestra fe seguisteis y
  os devolvieron a vuestra patria, donde degollados
fuisteis. Y, de esta manera, vuestras almas vuelo
alzaron al cielo, para coronadas ser con corona de luz
como justo premio a vuestra grande entrega de amor;
¡Oh!, Faustino y Jovita, “vivos mártires del amor de Dios”.

 © 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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15 de Febrero
Santos Faustino y Jovita
Mártires
(+ 122)


Los Santos Faustino y Jovita, hermanos, nacieron en Brescia, ciudad de Lombardia, y desde niños fueron modestos, virtuosos y unidos entre sí con vínculos de caridad. A Faustino, que era el mayor, ordenó de sacerdote Apolonio, obispo de aquella ciudad, y a Jovita de diácono. Comenzaron a ejercitar su sagrado ministerio con tanto aprovechamiento, que muchos gentiles se convirtieron a nuestra santa fe.

Llegó esto a noticia del emperador Adriano, el cual dio comisión a Itálico para que procediese contra los santos hermanos. Procuró aquél por todos los medios que adorasen a los falsos dioses, y viendo que los Santos no le hacían caso, esperó que llegase el emperador, el cual los mandó llevar delante de una estatua del Sol, y con la oración que hicieron los Santos se deshizo y resolvió en ceniza. Enfurecido Adriano, los hizo echar a las fieras; mas éstas se arrojaron a sus pies como corderos y despedazaron a muchos de los infieles.

Después de haber llevado a los Santos a diferentes ciudades de Italia y hécholes padecer varios tormentos, los volvieron a su patria, y allí fueron degollados el día 15 de Febrero año 122.

(http://www.magnificat.ca/cal/esp/02-15.htm)

14 febrero, 2018

Miércoles de Ceniza

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 ¡Oh!, Santo Miércoles de Ceniza,
escuchad al sacerdote, cuando os
diga amorosamente: “Concédenos,
Señor, el perdón y haznos pasar del
pecado a la gracia y de la muerte a la vida”.
“Recuerda que polvo eres y en polvo
te convertirás” “Arrepiéntete y cree
en el Evangelio”. Y, dicho esto, reflexionad
aquellas palabras a cerca del deber
de la conversión, recordando
la caducidad y fragilidad de la vida
humana, sujeta a la muerte física.
Porque, sinónimo de “conversión”
es la palabra “penitencia”.
Penitencia, como cambio de mentalidad.
Penitencia para seguir de manera libre a Cristo.
¡Penitencia para cambiarlo todo!
¡Las puertas de la Cuaresma abiertas están!:
¡Penitencia, ayuno y conversión!
¡Ayuno, conversión, penitencia!
¡Conversión, penitencia, ayuno!
“Memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris”
¡Oh!, Miércoles de Ceniza, “viva conversión”.




© 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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14 de Febrero
Miércoles de Ceniza: 

Inicio de la Cuaresma

Por: Tere Valles / Luis Gutiérrez | Fuente: Catholic.net


La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo. La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.
Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

“Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”
“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.

Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un “hábito penitencial”. Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.


Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se “arrepentirían” durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio
Al hacer sacrificios (cuyo significado es “hacer sagradas las cosas”), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.
Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

Sugerencias para vivir la fiesta
Asistir a la iglesia a ponerse ceniza con la actitud de conversión que debemos tener.
Leer la parábola del hijo pródigo, San Lucas 15, 11-32 o el texto evangélico de San Mateo 6, 1-8.
Les invito a leer el mensaje del Santo Padre para la Cuaresma de 2018
Celebración del Miércoles de Ceniza con los niños
“Caput Cuadragesimae”. Cabeza de la Cuaresma por Jesús Martí Ballester
Especial de Cuaresma

(https://es.catholic.net/op/articulos/18284/hoy-es-miercoles-de-ceniza-el-inicio-de-la-cuaresma)

13 febrero, 2018

San Benigno de Todi

 
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¡Oh!, San Benigno de Todi, vos, sois el hijo del Dios de la Vida y  
amado santo, y el que, honor hicisteis al significado de vuestro
nombre: “aquel que actúa con benevolencia”. Cuentan que un fraile,
quiso llevar a su convento vuestra cabeza, que reposaba dentro
de un relicario de plata en el monasterio de benedictinas, pero,
no pudo salir del templo, por no haber podido localizar las puertas,
así, se vio obligado a depositar vuestras reliquias en el sitio
donde estaban. Vos, en vida, os disteis a conocer como un gran
propagador de la fe cristiana; haciéndolo con alegría y con notable
entusiasmo. Y, Ponciano, que os conocía muy bien, os consagró
presbítero para apoyarse en vos, para la propagación de la fe. Los
crueles Maximiano y Diocleciano, están persiguiendo a los creyentes,
pero la grey confortada está, por vos, que con riesgo de vuestra
vida, la hacéis fuerte y valerosa. Socorréis a los confesores,
los presos en las cárceles, visitáis las casas de los débiles
buscándolos por los campos y estáis cerca de los que torturados
son, acompañándolos en su martirio. Lleno, del Espíritu Santo,
predicabais imitando a vuestro Maestro, Jesucristo, para intentar
convertir a los paganos idolátricos, animándolos a comprender
que, los ídolos son una falsía y su culto tributado, es ofensa a
Dios. Y, no os importa ya vuestra vida, pues, sois de la verdad
portador y, conocéis bien que ella no os pertenece. Por ello,
incómodo para los impíos resultasteis y luego, la maldad cuerpo
tomó: fuisteis apresado y obligado a apostatar, cosa que jamás
hicisteis a pesar de los tormentos que soportasteis vos, y
vuestro valiente discípulo, hasta que logran cortaros la cabeza,
aquella misma que el fraile aquél, quiso llevar a “mejores manos”.
Pero, ¡qué bien hicisteis vuestra tarea catequética de mano del
maravilloso Espíritu Santo, que nunca os abandonó. Hoy, hacen
falta muchos sacerdotes en el mundo que os imiten, no sólo
en la palabra, sino en la obra. Así, voló vuestra alma al cielo,
para corona de luz recibir como premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Benigno de Todi, “vivo amor por la grey del Dios Vivo”.

 

2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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13 de Febrero
San Benigno de Todi
Presbítero y Mártir
Fuente: Archidiócesis de Madrid

Martirologio Romano: En Todi, ciudad de la Umbría, san Benigno, presbítero y mártir (s. IV).


Etimología: Benigno = Aquel que actúa con Benevolencia, es de origen latino.
Breve Biografía

Dicen que un fraile, en un arrebato de falsa devoción, quiso llevarse a su convento -eso que se llama robar una cosa sagrada y como agravante en un sitio también sagrado- la cabeza del santo que reposaba dentro de un relicario de plata en el monasterio de benedictinas que se llama «De las Milicias», en Todes. En su intento, y sin saber muy bien lo que pasaba, no pudo salir del templo por no poder localizar las puertas hasta poco antes tan expeditas. Así, se vio obligado a depositar la reliquia de san Benigno en el sitio que le correspondía.

Todes es una de las primeras ciudades evangelizadas de Hungría. Benigno vive en la segunda mitad del siglo III. Y se ha dado conocer entre los suyos como un insigne propagador de la fe cristiana; lo hace con alegría y con notable entusiasmo. El obispo Ponciano conoce su afán apostólico y está al tanto de la sinceridad de su vida; un día lo consagra presbítero para apoyarse en él en el cumplimiento obligado de atender a su grey y de extender la Salvación.

Llegada la persecución de Maximiano y Diocleciano, la comunidad de creyentes está confortada por la atención espiritual que con riesgo constante de su vida le presta el buen sacerdote Benigno. Socorre a los confesores de la fe presos en las cárceles; visita las casas de los débiles y les busca por los campos que los cobijan para darles aliento; y se las arregla para estar cerca de los que son torturados, acompañando hasta donde es posible humanamente a los que se disponen al martirio.

Pasado el peor momento de estupor, se llena de la audacia del Espíritu Santo y comienza a predicar con fortaleza de Jesucristo. Ahora lo hace públicamente en el intento de convertir a los paganos que están en el terrible error de la idolatría. El principal foco de atención de su discurso es hacerles comprender que los ídolos son una necedad y el culto que se les tributa supone una verdadera ofensa al único Dios que merece adoración y puede darles la salvación ofrecida a todos los hombres sin excepción. Ya no le importa su vida. Se sabe portador de la verdad y conoce bien que ella no es exclusivamente para él. Sólo Jesús es el Señor y todos han de servirle.

Lo que era presumible con ese comportamiento se hace realidad. Es apresado y obligado a apostatar, siendo inútiles los tormentos que tuvo que soportar el fiel y valiente discípulo. Por fin, muere el 13 de febrero del año 303 con la cabeza cortada, aquella que el fraile quiso cambiar de sitio.

La catequesis, es decir, llevar a Cristo a los demás, comporta la responsabilidad de ser fiel a lo que se propone y ni que decir tiene que en este contexto la vida humana no es ningún valor absoluto. ¡Qué bien lo supo hacer san Benigno sin tener que darle vueltas a los textos de las bibliotecas de las universidades que aún no se habían inventado! Fue sencillamente el don del Espíritu Santo. Hoy también hacen bastante falta sacerdotes -no sólo en Hungría- cuidadosos menos de su propia vida que de la Salvación que ofrecen y ¡obispos que los descubran!

(http://es.catholic.net/op/articulos/32021/benigno-de-todi-santo.html)

12 febrero, 2018

Santa Eulalia


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¡Oh!, Santa Eulalia, vos, sois la hija del Dios de la vida, y
su amada santa, y, que, alguna vez dijisteis: “Al sólo Dios
del cielo adoro, a El únicamente le ofreceré sacrificios y
le quemaré incienso. Y a nadie más”. Daciano, antes de ello,
intentó ofreceros regalos y haceros promesas de ayuda para
que vos, de opinión cambiarais, pero vos, más convencida
seguisteis de vuestra fe cristiana. Entonces, mostrándoos
como iba a torturaros, os dijo: “De todos estos sufrimientos
te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les
quemas este poquito de incienso en los altares de ellos”.
Vos, entonces lanzasteis lejos el pan y, echasteis por el
suelo el incienso. Entonces, el juez pagano mandó que os
destrozaran golpeándoos con varillas de hierro y que os
colocasen antorchas encendidas en vuestras heridas. Vuestra
cabellera se incendió y vos, ahogada expirasteis. Por ello,
a vuestra protección, a los jóvenes de nuestro tiempo os
encomendamos, para que se opongan a quienes desean que su
vida la dediquen a la sensualidad, a las drogas, a vicios
repugnantes y a las malas amistades, pues lo que ellos matan,
no es el cuerpo, sino, la vida del alma, que es la vida
de Dios. Prudencio, el poeta, constancia dejó de que al
morir vos, vio la gente de que una blanca paloma volaba hacia
el cielo, y que, vuestros verdugos huyendo salieron de pavor
llenos, por haberos matado. Y, de pronto, cubrió la nieve
vuestro cadáver y el suelo, hasta que os dieron sepultura
honrosa. Allí mismo, y en vuestro honor, se levantó un templo,
donde los peregrinos a orar llegan, ante vuestros restos.
Hoy, en la estancia celeste vivís, toda coronada de luz,
como premio justo a vuestra entrega increíble de grande amor;
¡oh!, Santa Eulalia; “vivo amor al Dios de la Vida y del Amor”.



© 2018 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Febrero
Santa Eulalia
Mártir
(año 304)


Eulalia significa: “la que habla bien” Eu = bien, Lal = hablar.
Santa Eulalia es una de las santas más famosas de España. Los datos acerca de su vida y de su muerte los encontramos en un himno que en honor de ella se escribe el poeta Prudencio en el siglo cuarto. Y allí se cuenta lo siguiente:

Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y mandándoles que debían adorar a los falsos ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno.

Viendo la mamá que la jovencita podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevó a vivir al campo, pero ella se vino de allá y llegó a la ciudad de Mérida.

Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían al verdadero Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.

Daciano intentó al principio ofrecer regalos y hacer promesas de ayudas a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador que mandaba adorar ídolos y prohibía adorar a Jesucristo. Y le dijo: “De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos”.

La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo valientemente: “Al sólo Dios del cielo adoro; a El únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más”.
Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.

Dice el poeta Prudencio que al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí en el sitio de su sepultura se levantó un templo de honor de Santa Eulalia, y dice el poeta que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos a orar ante los restos de tan valiente joven y a conseguir por medio de ella muy notables favores de Dios.

El culto de Santa Eulalia se hizo tan popular que hasta el gran San Agustín hizo sermones en honor de esta joven santa. Y en la muy antigua lista de mártires de la Iglesia Católica, llamada “Martirologio romano”, hay esta frase: “el 12 de febrero, se conmemora a Santa Eulalia, mártir de España, muerta por proclamar su fe en Jesucristo”.

Oración

Joven mártir Eulalia; a tu protección encomendamos tantas personitas jóvenes que en este tiempo tienen que enfrentarse, no ya, a los perseguidores que matan a quienes se niegan a ofrecer sacrificios a los ídolos, sino que tienen que oponerse a quienes quieren que dediquen su vida a la sensualidad, a las drogas, a los vicios, a las malas amistades y al pecado, que son monstruos mucho peores que los ídolos, y son perseguidores más crueles que los que mataban el cuerpo, porque lo que ellos matan es la vida del alma. Santa Eulalia; te recomendamos a nuestra juventud que vive en medio de tantos peligros y que corre cada día el riesgo de ser infiel a Cristo. Que de tan grandes peligros nos libre siempre el Señor.

Dijo Jesús: Quien sacrifica su vida por mi, la ganará para la vida eterna.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Eulalia.htm)

11 febrero, 2018

Nuestra Señora de Lourdes


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 11 de Febrero
Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes

Cada 11 de febrero la Iglesia celebra la Fiesta de Nuestra Señora de Lourdes, quien en una de sus apariciones le dijo a Santa Bernardita: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo”. Aquí el significado de sus apariciones, el mensaje que dejó y los milagros que se dieron con su intercesión.

Era el 11 de febrero de 1858, Bernardita, su hermana y otra niña iban al campo a buscar leña seca, cerca de una gruta. Para llegar ahí tenían que pasar por un arroyo. Bernardita no se atrevía a adentrarse porque el agua estaba muy fría. Se empezó a sacar los zapatos, cuando de pronto escuchó un ruido fuerte proveniente de la gruta.

Se acercó a ver lo que pasaba y ahí en ese lugar sucio y pedregoso se apareció la Virgen envuelta en una luz resplandeciente, con un traje blanco de un tejido desconocido, una cinta azul en la cintura, un largo velo blanco y dos rosas doradas brillantes que le cubrían la parte superior de los pies.

En sus manos, la Virgen tenía un largo rosario blanco y dorado. Entonces juntas empezaron a rezarlo. El domingo 14 de febrero, Bernardita en la gruta reza la primera decena del Rosario y María se aparece. La niña le tira agua bendita para asegurarse que no era una obra del enemigo. La Virgen sonríe, se persigna con el Rosario y lo rezan juntas.

El jueves 18 la Virgen le pide a Bernardita que regrese por quince días seguidos a la gruta. Ante la aceptación y promesa de la pequeña, María le promete hacerla dichosa en el otro mundo. Los rumores de las apariciones se empiezan a esparcir.

El 19 de febrero, Bernardita va con una vela bendecida y encendida. Es así que nace la costumbre de ir con velas para encenderlas ante la gruta. El 20 de febrero la Señora le enseña una oración personal a Bernardita.

El domingo 21, la niña ve que la Virgen estaba triste, le pregunta lo que le pasa y Nuestra Señora le contesta: “Rogad por los pecadores”. Para ese entonces las autoridades amenazaron a Bernardita con llevarla a la cárcel y todos se burlaban de ella.

El 22 la Virgen no se le apareció, pero la niña no perdía la esperanza de volverla a ver. El 23, diez mil personas fueron a ver lo que pasaba. La Virgen se le apareció a Bernardita y le pidió que les diga a los sacerdotes que eleven ahí un santuario, a donde se debe ir en procesión.

La niña va y le comenta al sacerdote, quien a cambio pide el nombre de la Señora y que florezca un rosal silvestre sobre el que se aparecía.

El 24 la pequeña le cuenta todo a la Virgen, quien sólo sonrió. Luego María la mandó a rogar por los pecadores y exclamó: “¡Penitencia, penitencia, penitencia!… ¡Ruega a Dios por los pecadores! ¡Besa la tierra en penitencia por los pecadores!” Bernardita así lo hizo y pedía a los espectadores que hicieran lo mismo.

El 25 de febrero la Virgen le ordena beber, lavarse los pies en la fuente y comer hierba. Bernardita, por indicación de María, escarbó en el fondo de la gruta y empezó a brotar agua.

El 26 se produce el primer milagro. El pobre obrero Bourriete, que tenía el ojo izquierdo mutilado, ora y se frota el ojo con el agua de la fuente. Luego empezó a gritar de alegría y fue recuperando la vista. El 27 la Virgen permanece en silencio, Bernardita bebe del agua del manantial y hace los gestos recurrentes de penitencia.

El 28 Bernardita va a la gruta, pero luego es llevada a casa el juez y amenazada de ir a cárcel. En la noche, Catalina Latapie moja su brazo dislocado y el brazo y la mano recuperan su agilidad, produciéndose un segundo milagro.

El martes 2 de marzo, Bernardita va de nuevo donde el párroco a recordarle el pedido de la Virgen.
El 3 de marzo la pequeña le pregunta de nuevo su nombre y la Virgen sonríe. Ese día, una madre en su desesperación lleva en brazos a su hijo que estaba medio muerto. Lo metió 15 minutos en el agua fría y al llegar a casa notó mejoría en la respiración del niño.

Al día siguiente, el niño estaba lleno de vida y completamente sano. Los médicos certificaron el milagro y lo llamaron de primer orden.

El 4 de marzo, al finalizar los quince días, la visión permanece silenciosa. El 25 de ese mes la Virgen se apareció a Bernardita, levantó los ojos hacia el cielo, juntó en signo de oración las manos que tenía abiertas y tendidas hacia el suelo y le dijo a Bernardita: “Soy la Inmaculada Concepción”.

La pequeña salió corriendo a decirle al párroco, quien se conmueve ante la revelación del nombre ya que cuatro años antes se había proclamado el dogma de la Inmaculada Concepción.

El 7 de abril, Bernardita en la gruta y en éxtasis pone su mano sobre la llama de la vela encendida que había llevado y no se quema. Después de la aparición, su mano estaba ilesa y fue comprobado por un médico que presenció el hecho.

El 16 de julio se produjo la última aparición. Bernardita sintió la misteriosa llamada y al llegar a la gruta se dio cuenta que estaba vallada y no se podía pasar. Se dirige entonces al otro lado, enfrente de la gruta, y vio a la Madre de Dios. ”Me pareció que estaba delante de la gruta, a la misma distancia que las otras veces, no veía más que a la Virgen. ¡Jamás la había visto tan bella!”, dijo Santa Bernardita.

Algunos consideran que la aparición de Nuestra Señora de Lourdes es un agradecimiento del cielo por el dogma de la Inmaculada Concepción y es exaltación a las virtudes de pobreza y humildad como la que tenía la pequeña Bernardita.

Asimismo afirman que es un llamado a aceptar la cruz para ser felices en la otra vida, la importancia de la oración, del Santo Rosario y la penitencia con una misericordia infinita por los pecadores y los enfermos.

El agua de la gruta ha sido analizada por químicos, quienes señalaron que es un agua virgen, pura, natural, sin propiedad térmica y en la que ninguna bacteria sobrevive. Para los cristianos esto es símbolo de la Inmaculada Concepción.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-los-catolicos-celebramos-a-la-virgen-de-lourdes-70994)

Día litúrgico: Domingo VI (B) del tiempo ordinario

Día litúrgico: Domingo VI (B) del tiempo ordinario


Resultado de imagen para En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso suplicándole, y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme».

Texto del Evangelio (Mc 1,40-45): En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso suplicándole, y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.
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«Si quieres, puedes limpiarme»
Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos invita a contemplar la fe de este leproso. Sabemos que, en tiempos de Jesús, los leprosos estaban marginados socialmente y considerados impuros. La curación del leproso es, anticipadamente, una visión de la salvación propuesta por Jesús a todos, y una llamada a abrirle nuestro corazón para que Él lo transforme.

La sucesión de los hechos es clara. Primero, el leproso pide la curación y profesa su fe: «Si quieres, puedes limpiarme» (Mc 1,40). En segundo lugar, Jesús -que literalmente se rinde ante nuestra fe- lo cura («Quiero, queda limpio»), y le pide seguir lo que la ley prescribe, a la vez que le pide silencio. Pero, finalmente, el leproso se siente impulsado a «pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia» (Mc 1,45). En cierta manera desobedece a la última indicación de Jesús, pero el encuentro con el Salvador le provoca un sentimiento que la boca no puede callar.

Nuestra vida se parece a la del leproso. A veces vivimos, por el pecado, separados de Dios y de la comunidad. Pero este Evangelio nos anima ofreciéndonos un modelo: profesar nuestra fe íntegra en Jesús, abrirle totalmente nuestro corazón, y una vez curados por el Espíritu, ir a todas partes a proclamar que nos hemos encontrado con el Señor. Éste es el efecto del sacramento de la Reconciliación, el sacramento de la alegría.

Como bien afirma san Anselmo: «El alma debe olvidarse de ella misma y permanecer totalmente en Jesucristo, que ha muerto para hacernos morir al pecado, y ha resucitado para hacernos resucitar para las obras de justicia». Jesús quiere que recorramos el camino con Él, quiere curarnos. ¿Cómo respondemos? Hemos de ir a encontrarlo con la humildad del leproso y dejar que Él nos ayude a rechazar el pecado para vivir su Justicia.

(http://evangeli.net/evangelio/dia/2018-02-11)