18 febrero, 2020

San Eladio de Toledo

 
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¡Oh!, San Eladio de Toledo, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su Arzobispo y ejemplar santo. Administrabais los negocios con
destreza, y el rey, os nombró su hombre de confianza. Honores,
riquezas y poder despreciasteis, sin impresionaros la grandeza,
pues la teníais con vos en la devoción y fidelidad a la práctica
de la cristiana vida. San Ildefonso, dice de vos, así: “aunque vestía
secular, vivía como un monje”. Y, como el día sucede a la noche, así,
Dios, os propuso un cambio, y, con voluntad y humildad, dejasteis
vuestros bienes, los afanes del mundo, las comodidades y la familia.
Además, os resististeis a aceptar la distinción de arzobispo, pero,
Toledo, os necesitaba después de la muerte de Aurasio. Y, así,
reformasteis el estamento eclesiástico, mejorasteis estado secular
y cuidado del culto divino. Como obispo, no olvidasteis a los más
necesitados, y vuestro discípulo y sucesor Ildefonso, escribió así:
“Las limosnas y misericordias que hacía Eladio eran tan copiosas
que era como si entendiese que de su estómago estaban asidos como
miembros los necesitados, y de él se sustentaban sus entrañas”.
Con Sisebuto, jefe judío, negociasteis sobre la convivencia entre
las comunidades de judíos y cristianos, causa fija de conflictos
religiosos y de desorden social, haciendo de abogado de los pobres.
Así, pues y luego de haberos gastado en buena lid, voló, vuestra alma
al cielo, para coronada ser con corona de luz y eternidad,
como premio justo a vuestra entrega grande e increíble de amor y fe;
¡oh!, San Eladio de Toledo, “vivo amor y caridad de Cristo Jesús”.

© 2020 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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18 de Febrero
San Eladio de Toledo
Arzobispo


 
Martirologio Romano: En Toledo, en Hispania, san Eladio, que, después de haber dirigido los asuntos públicos en el palacio real, fue abad del monasterio de Agali y, elevado después al obispado de Toledo, se distinguió por los ejemplos de caridad (632).

Arzobispo importante por su cometido entre los visigodos toledanos de su tiempo. Tuvo el buen gusto de admitir al diaconado a san Ildefonso que le sucedería también en la sede arzobispal de Toledo. Pasó dieciocho años al servicio de los cristianos como sucesor de los Apóstoles, desde que murió Aurasio, su antecesor en el mismo ministerio, y construyó también el templo de santa Leocadia.

Su padre llevó antes que él su nombre y ocupaba un cargo importante en la Corte. En familia de buenos cristianos nació Eladio, en Toledo, pasando la segunda mitad del siglo VI. Llega a sobresalir tanto en el cuidado de los negocios y tan merecedor es de confianza que el rey lo nombra administrador de sus finanzas ¡un antecedente de los ministros de Hacienda de hoy!

No se le sube a la cabeza de mala manera el honor, ni las riquezas, ni el poder que su cargo conlleva. No, no se dejó deslumbrar por la grandeza. Desde siempre era conocida su devoción y la fidelidad a las prácticas de vida cristiana. San Ildefonso dice de él que «aunque vestía secular, vivía como un monje». Y no le faltaba razón, porque frecuentaba el retiro monacal del monasterio Agaliense próximo a Toledo y algo se le pegaría.

Entre los afanes de las cuentas, recaudaciones, ajustes y distribución de dineros le llega la hora de la vocación a cosas más altas. Hay un cambio de negocio y quien lo propone es el Señor. Con voluntad desprendida deja bienes, afanes terrenos, comodidades, familia y mucho honor. Tomado hábito, a la muerte del abad, los monjes le eligen para esa su misión.

Después viene otra muerte, porque así vamos pasando los hombres. Se resiste Eladio a aceptar la distinción de arzobispo, pero la silla toledana necesita un sucesor después de la muerte de Aurasio. Los años no son obstáculo para reformar el estamento eclesiástico, mejorar el estado secular y cuidar el culto divino. Como obispo no puede olvidar a los más necesitados en lo material porque sin caridad no hay cristianismo creíble; y es en este punto donde su discípulo y sucesor Ildefonso escribe: «Las limosnas y misericordias que hacía Eladio eran tan copiosas que era como si entendiese que de su estómago estaban asidos como miembros los necesitados, y de él se sustentaban sus entrañas»; este era un motivo más para cuidar la austeridad de su mesa arzobispal, debía ser frugal en la comida para no defraudar a los pobres.

Aún tuvo más entresijos su vida; negoció delicadamente con Sisebuto la ardua cuestión que planteaba la convivencia diaria entre las comunidades de judíos y cristianos que era fuente permanente de conflictos religiosos y de desorden social. Murió el 18 de febrero del año 632.

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=636)