13 mayo, 2017

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El Papa proclama santos a Jacinta y Francisco, dos de los niños de Fátima

El Papa proclama santos a Jacinta y Francisco, dos de los niños de Fátima

El Papa abraza a Lucas, el niño cuya curación otorga la santidad a los pastorcillos.

Se cumplen 100 años de la aparición de la Virgen a los pastorcillos

¿A qué va el Papa Francisco a Fátima?

“Declaramos y definimos Santos a los Beatos Francisco Marto y Jacinta Marto, y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, estableciendo que, en toda la Iglesia, sean devotamente honrados entre los Santos”. 

Con estas palabras y ante miles de fieles reunidos en la explanada de la Basílica de Nuestra Señora de Fátima, el Papa Francisco proclamó santos a dos de los tres niños pastores que, hace 100 años, aseguraron haber visto a la Virgen.

El Pontífice utilizó la fórmula en latín, como es habitual, para declarar la santidad de los pequeños; los primeros niños no considerados mártires que son declarados santos. A Lucía, la tercera pastorcilla, que murió en un convento de clausura en 2005 a los 95 años, también se le ha abierto un proceso de beatificación.

Antes de celebrar la Misa de canonización, Francisco rezó ante las tumbas de Francisco y Jacinta. Poco después, la imagen de la Virgen de Fátima entró en procesión transportada por los cadetes de la Academia Militar, seguida por las dos lámparas que contienen las reliquias de Francisco y Jacinta, que fueron transportadas por la postuladora de la causa, la religiosa Angela Coelho, acompañada por una veintena de niños. La imagen y las reliquias fueron colocadas a la derecha del altar.

Durante la homilía el Pontífice aseguró que la Virgen se apareció en Fátima a tres pequeños pastores para “recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre” y para advertirnos “sobre el peligro del infierno” al que lleva una vida sin Dios. El Papa destacó la ejemplaridad de los pequeños pastores, que recibían de la Virgen “la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos”.

Francisco ofició la ceremonia junto con ocho cardenales, entre los que se encontraba el secretario de Estado Vaticano, Pietro Parolin, el cardenal de Boston, Sean O’Malley, y 73 obispos y arzobispos. A la misa de canonización acudieron el presidente de la República de Portugal, Rebelo de Sousa, y el primer ministro portugués, Antonio Costa, así como otros miembros del gobierno luso.

La ceremonia contó también con la presencia del sacerdote más anciano de Portugal, al que el Papa encontró personalmente poco antes, y que a sus 104 años estaba vivo cuando la Virgen se apareció a los tres pastorcillos en la Cova da Iria, donde hoy surge el santuario mariano.

El milagro de Jacinta y Francisco

Los pequeños hermanos pastores, Jacinta y Francisco Marto, fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II en el año 2000. Se necesita que la Iglesia reconozca dos milagros auténticos para ser elevado a los altares: con el primero se es nombrado beato; con el segundo, santo. En el caso de los dos niños pastores, que fallecieron pocos meses después de las supuestas apariciones, el milagro que los llevará a la santidad es el de la curación de otro niño brasileño: Lucas Baptista.

Los padres del pequeño, que hoy tiene nueve años y abrazó al pontífice durante al ceremonia de canonización, contaron como su hijo fue sanado gracias a la intercesión de los niños pastores. En 2013, Lucas cayó por una ventana mientras jugaba con su hermana pequeña. El golpe que sufrió al caer desde más de seis metros de altura le produjo una pérdida de tejido cerebral. “Lucas se encontraba en estado de coma muy grave. Tuvo dos paros cardíacos y fue operado de urgencia”, contó el padre del pequeño, Joao Baptista.

Los médicos les dieron pocas esperanzas de que el niño sobreviviera y pronosticaron que, en caso de hacerlo, tendría que hacer frente a “discapacidades cognitivas graves o incluso podría quedar en estado vegetal”. La familia pidió consuelo a las monjas del convento de Carmelo de Campo Mourao, que comenzaron a rezar a los beatos Francisco y Jacinta para que salvaran la vida del niño.

“Toda la familia comenzamos a rezar a los pastorcillos y, dos días después, Lucas despertó y comenzó a hablar”, contó emocionado el padre. El niño estaba “milagrosamente” curado, sin secuelas. “Los médicos, entre ellos algunos no creyentes, dijeron que su recuperación no tenía ninguna explicación”, aseguró Joao Baptista.

Ayer, poco después de aterrizar en Portugal, el Papa se dirigió en helicóptero hasta el santuario donde rezó una oración especial y depositó un ramo de flores blancas ante la imagen de la Virgen de Fátima. La efigie mariana todavía conserva en la corona una bala extraída del cuerpo de Juan Pablo II, después del atentado que sufrió el pontífice el 13 de mayo de 1981. El papa polaco siempre lo interpretó como la profecía que la Virgen confió a los tres pastores en el llamado tercer secreto de Fátima en el que predecía el asesinato de “un obispo vestido de blanco”.

(http://www.elmundo.es/sociedad/2017/05/13/5916efd5268e3edd238b460d.html)

El Papa en Fátima: Canonización de Jacinta y Francisco Marto



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El Papa en Fátima: Canonización de Jacinta y Francisco Marto

Texto de la homilía del papa en la misa de canonización de este día 13 de mayo de 2017
 
Tenemos una Madre”. “Fátima es un manto del luz que nos cubre”. Seamos Iglesia “misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

Por: Redaccion Viajes pontificios | Fuente: ZENIT – Roma / 13 de mayo de 2017
(ZENIT – Roma, 13 May. 2017).- En el día del centenario de la primera de las apariciones de María en Fátima, dos de los tres pastorcitos fueron canonizados: Santa Jacinta y san Francisco Marto.

Tras declararlos santos, en medio del júbilo generalizado y los aplausos, el papa Francisco presidió la misa ante varios cientos de miles de peregrinos reunidos en la explanada delante del santuario mariano.

En la homilía el papa Francisco recordó algunos hechos de las apariciones, reiteró con fuerza que “¡Tenemos Madre!”, que “Fátima es un manto del luz que nos cubre”, e invitó a que “con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor”.

El texto:

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre.
Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra.

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?» Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas.

Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía.

No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede.

Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/65328/el-papa-en-fatima-canonizacion-de-jacinta-y-francisco-marto-.html)

Nuestra Señora de Fátima



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Alegría de veros Nuestra Madre
Aquél Trece de Mayo amorosa
Siempre con Cristo y clamorosa
Os posasteis en la obra del Padre

Vos que de los cielos bajasteis Madre
Eternas verdades de luz ansiosa
A tus hijos mostrasteis y gloriosa
El camino para llegar al Padre:

Por el ancho no, sí, por el angosto
Pues, fue el vuestro ir Santa María
De Belén hasta Fátima ¡angosto!

Porque es el Dios de la vida, María,
Y sabe Él, que como aquél cuántos
De Sol vestida ¡Señora Nuestra!



© 2017 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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13 de Mayo
La Virgen de Fátima
(1917)


Desde el 13 de Mayo de 1917 la Sma. Virgen María se apareció por seis veces en Fátima (Portugal) a tres pastorcitos: Lucía, Francisco y Jacinta. En un hermoso libro titulado “Memorias de Lucía” (cuya lectura recomendamos) la que vio a la Virgen cuenta todos los detalles de esas apariciones.

Primera Aparición 13 de Mayo de 1917

El 13 de mayo se produjo el siguiente diálogo:
– ¿De dónde es su merced?
– Mi patria es el cielo.
– ¿Y qué desea de nosotros?
– Vengo a pedirles que vengan el 13 de cada mes a esta hora (mediodía). En octubre les diré quién soy y qué es lo que quiero.
– ¿Y nosotros también iremos al cielo?
– Lucía y Jacinta sí.
– ¿Y Francisco?
Los ojos de la aparición se vuelven hacia el jovencito y lo miran con expresión de bondad y de maternal reproche mientras va diciendo:
– El también irá al cielo, pero antes tendrá que rezar muchos rosarios.
Y la Sma. continuó diciéndoles:
– ¿Quieren ofrecerse al Señor y estar prontos para aceptar con generosidad los sufrimientos que Dios permita que les lleguen y ofreciéndolo todo en desagravio por las ofensas que se hacen a Nuestro Señor?
– Sí, Señora, queremos y aceptamos.
Con un gesto de amable alegría, al ver su generosidad, les dijo:
– Tendrán ocasión de padecer y sufrir, pero la gracia de Dios los fortalecerá y asistirá.

Segunda aparición: 13 de Junio de 1917

La Sma. Virgen le dice a los tres niños: “Es necesario que recen el rosario y aprendan a leer”.
Lucía le pide la curación de un enfermo y la Virgen le dice: “Que se convierta y el año entrante recuperará la salud”.

Lucía le suplica: “Señora: ¿quiere llevarnos a los tres al cielo?”.

– Sí a Jacinta y a Francisco los llevaré muy pronto, pero tú debes quedarte aquí abajo, porque Jesús quiere valerse de ti para hacerme amar y conocer. El desea propagar por el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María.

– ¿Y voy a quedarme solita en este mundo?
– ¡No hijita! ¿Sufres mucho? Pero no te desanimes, que yo no te abandonaré. Mi corazón inmaculado será tu refugio y yo seré el camino que te conduzca a Dios.

Tercera aparición: 13 de julio de 1917

Ya hay 4,000 personas. Nuestra Señora les dice a los videntes: “Es necesario rezar el rosario para que se termine la guerra. Con la oración a la Virgen se puede obtener la paz. Cuando sufran algo digan: ‘Oh Jesús, es por tu amor y por la conversión de los pecadores’”.

La Virgen abrió sus manos y un haz de luz penetró en la tierra y apareció un enorme horno lleno de fuego, y en él muchísimas personas semejantes a brasas encendidas, que levantadas hacia lo alto por las llamas volvían a caer gritando entre lamentos de dolor. Lucía dio un grito de susto. Los niños levantaron los ojos hacia la Virgen como pidiendo socorro y Ella les dijo:

– ¿Han visto el infierno donde van a caer tantos pecadores? Para salvarlos, el Señor quiere establecer en el mundo la devoción al Corazón Inmaculado de María. Si se reza y se hace penitencia, muchas almas se salvarán y vendrá la paz. Pero si no se reza y no se deja de pecar tanto, vendrá otra guerra peor que las anteriores, y el castigo del mundo por sus pecados será la guerra, la escasez de alimentos y la persecución a la Santa Iglesia y al Santo Padre.

Vengo a pedir la Consagración del mundo al Corazón de María y la Comunión de los Primeros Sábados, en desagravio y reparación por tantos pecados. Si se acepta lo que yo pido, Rusia se convertirá y vendrá la paz. Pero si no una propaganda impía difundirá por el mundo sus errores y habrá guerras y persecuciones a la Iglesia. Muchos buenos serán martirizados y el Santo Padre tendrá que sufrir mucho. Varias naciones quedarán aniquiladas. Pero al fin mi Inmaculado Corazón triunfará.

Y añadió Nuestra Señora: Cuando recen el Rosario, después de cada misterio digan: “Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, líbranos del fuego del infierno y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”.

Cuarta aparición: Agosto 1917

La 4ª. Aparición no fue posible el 13 de agosto, porque en este día el alcalde tenía prisioneros a los 3 niños para tratar de hacerlos decir que ellos no habían visto a la Virgen. Aunque no lo logró. La aparición sucedió unos días después.

La Sma. Virgen les dijo en la 4ª. Aparición

“Recen, recen mucho y hagan sacrificios por los pecadores. Tienen que recordar que muchas almas se condenan porque no hay quién rece y haga sacrificios por ellas”. (El Papa Pío XII decía que esta frase era la que más le impresionaba del mensaje de Fátima y exclamaba: “Misterio tremendo: que la salvación de muchas almas dependa de las oraciones y sacrificios que se hagan por los pecadores”.

Desde esta aparición los tres niños se dedicaron a ofrecer todos los sacrificios posibles por la conversión de los pecadores y a rezar con más fervor el Rosario.

Quinta aparición: 13 de Septiembre 1917

Ya hay unas 12,000 personas. Nuestra Señora les recomienda a los videntes que sigan rezando el Rosario y anuncia el fin de la guerra. Lucía le pide por varios enfermos. La Virgen le responde que algunos sí curarán, pero que otros no, porque Dios no se confía de ellos, y porque para la santificación de algunas personas es más conveniente la enfermedad que la buena salud. E invita a todos a presenciar un gran milagro el próximo 13 de octubre.

Sexta y última aparición. 13 de octubre de 1917

En este día hay 70,000 personas. La aparición dice a los tres niños: “Yo soy la Virgen del Rosario. Deseo que en este sitio me construyan un templo y que recen todos los días el Santo Rosario”.

Lucía les dice los nombres de bastantes personas que quieren conseguir salud y otros favores muy importantes. Nuestra Señora le responde que algunos de esos favores serán concedidos y otros serán reemplazados por favores mejores. Y añade: “Pero es muy importante que se enmienden y que pidan perdón por sus pecados”.

Y tomando un aire de tristeza la Sma. Virgen dijo estas sus últimas palabras de las apariciones: QUE NO OFENDAN MAS A DIOS QUE YA ESTA MUY OFENDIDO (Lucía afirma que de todas las frases oídas en Fátima, esta fue la que más le impresionó).

La Sma. Virgen antes de despedirse señaló con sus manos hacia el sol y entonces los 70,000 espectadores presenciaron un milagro conmovedor, un espectáculo maravilloso, nunca visto: la lluvia cesó instantáneamente (había llovido desde el amanecer y era mediodía) las nubes se alejaron y el sol apareció como un inmenso globo de plata o de nieve, que empezó a dar vueltas a gran velocidad, esparciendo hacia todas partes luces amarillas, rojas, verdes, azules y moradas, y coloreando de una manera hermosísima las lejanas nubes, los árboles, las rocas y los rostros de la muchedumbre que allí estaba presente. De pronto el sol se detiene y empieza a girar hacia la izquierda despidiendo luces tan bellas que parece una explosión de juegos pirotécnicos, y luego la multitud ve algo que la llena de terror y espanto.

Ven que el sol se viene hacia abajo, como si fuera a caer encima de todos ellos y a carbonizarlos, y un grito inmenso de terror se desprende de todas las gargantas. “Perdón, Señor, perdón”, fue un acto de contricción dicho por muchos miles de pecadores. Este fenómeno natural se repitió tres veces y duró diez minutos. No fue registrado por ningún observatorio astronómico porque era un milagro absolutamente sobrenatural.

Luego el sol volvió a su sitio y los miles de peregrinos que tenían sus ropas totalmente empapadas por tanta lluvia, quedaron con sus vestidos instantáneamente secos. Y aquel día se produjeron maravillosos milagros de sanaciones y conversiones.

Y nosotros queremos recordar y obedecer los mensajes de la Sma. Virgen en Fátima: “Rezar el Rosario. Hacer oración y sacrificios por la conversión de los pecadores y NO ofender más a Dios, que ya esta muy ofendido”.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Fátima_5_13.htm)