12 mayo, 2015

Santos Nereo, Aquileo y Pancrasio

 


¡Oh!, Santos Nereo y Aquileo, vosotros sois, los hijos del Dios
de la vida y sus amados santos, que, servíais al emperador, pero
que, por dentro, vivabais a todo dar el “Nombre sobre todo nombre”:
el de Cristo Jesús, Señor y Dios Nuestro. Nombre Santo, al que
nunca renunciasteis y, por el cual, sufristeis el cruel martirio
de decapitados ser, tal y como lo relata Jerónimo Santo: “Su sangre
derramaron por su fe proclamar”. Y, así, vosotros que renunciando
a servir a mortales hombres, elegisteis poneros al servicio del
Señor, que Inmortal, como es; Él, os acogió en su Reino de plena
luz inconmensurable, donde ahora moráis, como premio a vuestro
amor incesante y porque sabíais que, sin cruz, redención no hay;
¡Oh!, Santos Nereo y Aquileo, “soldados de Cristo en la tierra”

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Mayo
San Nereo y Aquileo
Mártires
Siglo I

Estos dos militares estaban al servicio de Flavia Domitila una de las primeras señoras de Roma. El historiador Eusebio dice que esta noble dama era sobrina del Emperador Domiciano y que el tal mandatario la envió al destierro, porque ella se había declarado seguidora de Jesucristo. Con Domitila fueron enviados también al destierro San Nereo y San Aquileo, porque proclamaban su fe en el Divino Redentor. Afirma San Jerónimo que el destierro fue tan cruel y tan largo que les sirvió de martirio. Después otro emperador mandó que les cortaran la cabeza y así tuvieron el honor de derramar su sangre por proclamar su fe.

El Papa San Dámaso escribió en el año 400 la siguiente inscripción en la tumba de estos dos mártires: “Nereo y Aquileo pertenecían al ejército del emperador. Pero se negaron a cumplir ciertas órdenes que a ellos les parecían crueles. Al convertirse al cristianismo abandonaron toda violencia y prefirieron tener que abandonar el ejército antes que ser crueles con los demás. Proclamaron su amor a Cristo en esta tierra y ahora gozan de la amistad de Cristo en la eternidad”.

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San Pancracio

Oh, San Pancracio; vos, sois el hijo del Dios de la vida
y su amado santo que, adolescente siendo, decidisteis
apartaros del mundo con sus herejías, su impiedad y su
paganismo, y así, abrazaros a la cruz de Cristo. Y, de
valor armado elegisteis el “angosto camino” de piedras
y abrojos lleno, para arribar, mas pronto y más temprano
a la gloria de Aquél que todo lo ve y juzga. Los martirios
más atroces resististeis y mostrabais a vuestro verdugo,
sonrisas sin igual, porque vos, sabíais del premio que
os esperaba en adelante. A vuestra mente deben de haber
arribado en pleno trance de la muerte, las palabras de
vuestra madre cuando os dijo: “Este relicario lo llevarás
colgado al cuello, cuando demuestres que eres tan valiente
como lo fue tu padre”. Y, hoy, desde el cielo, sois ejemplo
de amor a Cristo, en el recuerdo de vuestro padre, porque
Él mismo, os ciñó corona de eterna luz, como justo premio
a vuestra grande e incríble entrega de amor y fe divinas;
¡Oh!, San Pancracio, “amor adolescente hecho Cristo vivo”.

© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Mayo
San Pancracio
Mártir
Año 304

El doce de mayo se celebra también la fiesta de San Pancracio, un jovencito romano de sólo 14 años, que fue martirizado por declarase creyente y partidario de Nuestro Señor Jesucristo.

Dicen que su padre murió martirizado y que la mamá recogió en unos algodones un poco de la sangre del mártir y la guardó en un relicario de oro, y le dijo al niño: “Este relicario lo llevarás colgado al cuello, cuando demuestres que eres tan valiente como lo fue tu padre”.

Un día Pancracio volvió de la escuela muy golpeado pero muy contento. La mamá le preguntó la causa de aquellas heridas y de la alegría que mostraba, y el jovencito le respondió: “Es que en la escuela me declaré seguidor de Jesucristo y todos esos paganos me golpearon para que abandonara mi religión. Pero yo deseo que de mí se pueda decir lo que el Libro Santo afirma de los apóstoles: “En su corazón había una gran alegría, por haber podido sufrir humillaciones por amor a Jesucristo”. (Hechos 6,41).

Al oír esto la buena mamá tomó en sus manos el relicario con la sangre del padre martirizado, y colgándolo al cuello de su hijo exclamó emocionada: “Muy bien: ya eres digno seguidor de tu valiente padre”.

Como Pancracio continuaba afirmando que él creía en la divinidad de Cristo y que deseaba ser siempre su seguidor y amigo, las autoridades paganas lo llevaron a la cárcel y lo condenaron y decretaron pena de muerte contra él. Cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio (en la vía Aurelia, a dos kilómetros de Roma) varios enviados del gobierno llegaron a ofrecerle grandes premios y muchas ayudas para el futuro si dejaba de decir que Cristo es Dios. El valiente joven proclamó con toda la valentía que él quería ser creyente en Cristo hasta el último momento de su vida. Entonces para obligarlo a desistir de sus creencias empezaron a azotarlo ferozmente mientras lo llevaban hacia el lugar donde lo iban a martirizar, pero mientras más lo azotaban, más fuertemente proclamaba él que Jesús es el Redentor del mundo. Varias personas al contemplar este maravilloso ejemplo de valentía se convirtieron al cristianismo.

Al llegar al sitio determinado, Pancracio dio las gracias a los verdugos por que le permitían ir tan pronto a encontrarse con Nuestro Señor Jesucristo, en el cielo, e invitó a todos los allí presentes a creer siempre en Jesucristo a pesar de todas las contrariedades y de todos los peligros.

De muy buena voluntad se arrodilló y colocó su cabeza en el sitio donde iba a recibir el hachazo del verdugo y más parecía sentirse contento que temeroso al ofrecer su sangre y su vida por proclamar su fidelidad a la verdadera religión.

Allí en Roma se levantó un templo en honor de San Pancracio y por muchos siglos las muchedumbres han ido a venerar y admirar en ese templo el glorioso ejemplo de un valeroso muchacho de 14 años, que supo ofrecer su sangre y su vida por demostrar su fe en Dios y su amor por Jesucristo.

Petición

San Pancracio ruégale a Dios por nuestra juventud que tiene tantos peligros de perder su fe y sus buenas costumbres.