02 agosto, 2021

San Pedro Julián Eymard, Apóstol de la Eucaristía

 Hoy es la fiesta de San Pedro Julián, apóstol de la Eucaristía

 

 ¡Oh!, San Pedro Julián Eymard, vos sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, os llaman con justicia
“Apóstol de la Eucaristía”. En vuestras horas libres
estudiabais latín y recibíais clases de teología. Ya
sacerdote ingresasteis a la Congregación de los Maristas
y el Obispo os dijo: “La mejor prueba de estima que
puedo dar a esa congregación es permitir a un sacerdote
como vos ingresar en ella”. El centro de vuestra vida
espiritual siempre fue vuestra devoción al Santísimo
Sacramento. Vos deciais: “Sin Él, perdería yo mi alma”.
En cierta ocasión llevabais al Santísimo en vuestras
manos y dijisteis: “Mi alma se inundó de fe y de amor
por Jesús en el Santísimo Sacramento. Las dos horas
pasaron como un instante. Puse a los pies del Señor
a la Iglesia de Francia, al mundo entero, a mi mismo.
Mis ojos estaban llenos de lágrimas, como si mi corazón
fuese un lagar. Hubiese yo querido en ese momento
que todos los corazones estuvieran con el mío y se
incendiaran con un celo como el de San Pablo”. Ante
Nuestra Señora de Fourviéres dijisteis: “Me obsesionaba
la idea de que no hubiese ninguna congregación consagrada
a glorificar al Santísimo Sacramento, con una dedicación
total. Debía existir esa congregación. Entonces prometí
a María trabajar para ese fin. Se trataba aún de un
plan muy vago y no me pasaba por la cabeza abandonar
la Compañía de María. ¡Que horas tan maravillosas pasé ahí!”.
Y luego, fundasteis la Congregación de Sacerdotes adoradores
del Santísimo Sacramento. Como toda obra nueva sufristeis
críticas y oposición a ella, y el de haberos marchado
de la Compañía de María. Vos dijisteis entonces: “No
comprenden la obra y creen que hacen bien en oponerse
a ella. Ya sabía yo que la obra iba a ser perseguida.
¿Acaso el Señor no fue perseguido durante su vida?”.
Pero, vos, confiado en la divina Providencia, seguisteis
adelante con vuestra labor. Vuestros sacerdotes rezan
el oficio divino en coro y ejercen ministerios pastorales
siendo su misión principal, la adoración del Santísimo
Sacramento. Fundáis también la congregación de las Siervas
del Santísimo Sacramento, la Liga Eucarística Sacerdotal,
la “Obra de Adultos”. Organizasteis la Archicofradía
del Santísimo Sacramento. Escribisteis sobre la Eucaristía.
En vuestro tiempo os consideraban un verdadero santo,
pues se os notaba en todo: vuestra vida diaria, de obras
y virtudes llena, en especial vuestro amor, y vuestros dones
sobrenaturales. Teníais proféticas visiones, adivinabais
los pensamientos y leíais los corazones. San Juan Bautista
Vianney os conoció y dijo de vos: “Es un santo. El mundo se
opone a su obra porque no la conoce, pero se trata de una
empresa que logrará grandes cosas por la gloria de Dios.
¡Adoración Sacerdotal, que maravilla! Decid al P. Eymard
que pediré diariamente por su obra”. Alguna vez, dijisteis
desalentado: “Estoy abrumado bajo el peso de la cruz,
aniquilado, deshecho. Tengo que llevar la cruz totalmente
solo para no asustar o desalentar a mis hermanos”. Y, así,
luego de haber gastado vuestra santa vida, voló, vuestra
alma al cielo, que coronada fue, con corona de luz, como
justo premio a vuestra entrega increíble de amor y fe;
¡Oh!, San Pedro Julián Eymard, “vivo Apóstol de la Eucaristía”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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2 de Agosto
San Pedro Julián Eymard
Apóstol de la Eucaristía
Fundador de los Sacerdotes del Santísimo Sacramento, Las Siervas del Santísimo Sacramento, Archicofradía del Santísimo Sacramento y otras obras.

Pedro Julián nació en un pueblito de la diócesis francesa de Grénoble, llamado Mure d’Isére, en el año 1811. En la misma diócesis ocurrieron las apariciones de la Virgen en La Salette. Trabajó con su padre en su fábrica de cuchillos y mas tarde en una prensa de aceite, hasta que cumplió 18 años. En sus horas libres estudiaba latín y recibía clases de un sacerdote de Grénoble, con quien también trabajo por un tiempo.

En 1831 entra en el seminario de Grénoble y en tres años es ordenado sacerdote.

En sus primeros cinco años de sacerdote sirvió en una parroquia en Chatte y Monteynard. Luego pidió permiso al obispo para ingresar en la Congregación de los Maristas. El obispo le concede diciendo: “La mejor prueba de estima que puedo dar a esa congregación es permitir a un sacerdote como vos ingresar en ella”. Al terminar su noviciado, Pedro Julián fue nombrado director espiritual del seminario menor de Belley y mas tarde fue elegido provincial de Lyon en 1845.

La Eucaristía incendia su corazón

El centro de su vida espiritual había sido siempre la devoción al Santísimo Sacramento. El santo decía: “Sin El, perdería yo mi alma”. El santo nos relata una experiencia extraordinaria en una procesión de Corpus Christi, mientras llevaba al Santísimo en sus manos: “Mi alma se inundó de fe y de amor por Jesús en el Santísimo Sacramento. Las dos horas pasaron como un instante. Puse a los pies del Señor a la Iglesia de Francia, al mundo entero, a mi mismo. Mis ojos estaban llenos de lágrimas, como si mi corazón fuese un lagar. Hubiese yo querido en ese momento que todos los corazones estuvieran con el mío y se incendiaran con un celo como el de San Pablo”.

Hizo una peregrinación al Santuario de Nuestra Señora de Fourviéres en 1851: “Me obsesionaba la idea de que no hubiese ninguna congregación consagrada a glorificar al Santísimo Sacramento, con una dedicación total. Debía existir esa congregación … Entonces prometí a María trabajar para ese fin. Se trataba aún de un plan muy vago y no me pasaba por la cabeza abandonar la Compañía de María…¡Que horas tan maravillosas pasé ahí! “.

Las Fundaciones y las pruebas

Fue aconsejado por sus superiores a no tomar ninguna decisión hasta que su proyecto estuviera más maduro. Después de 4 años en la Seyne, alentado por los mismos fundadores de los Maristas, Pío IX y el venerable Juan Colin, decide salir de la Compañía de María para fundar la nueva Congregación de Sacerdotes adoradores del Santísimo Sacramento, en 1856. Presenta su plan al Monseñor Sibour, Arzobispo de París. Recibió la aprobación de Mons. Sibour a los 12 días.

Pedro Julián junto con un compañero se instaló en la casa que el mismo Monseñor puso a su disposición. El 6 de enero de 1857, en la capilla de la casa, Julián por primera vez expuso el Santísimo Sacramento y predicó en la nueva congregación.

El Padre Eymard tuvo que enfrentar muchas críticas por haberse salido de la Compañía de María y sufrió oposición a su obra. El Santo les decía: “No comprenden la obra y creen que hacen bien en oponerse a ella. Ya sabía yo que la obra iba a ser perseguida. ¿Acaso el Señor no fue perseguido durante su vida?”.

Muchos eran los llamados, pero pocos los escogidos. Los P.P. de Cuers y Champion fueron los primeros miembros de la Congregación. El progreso fue lento y con muchas dificultades. Tuvieron que cambiar de casa. En 1858 consiguieron una capillita en el suburbio de Saint-Jacques. El P. Eymard llamó a ese lugar “la capilla de los milagros” porque por 9 años, el Señor se derramó allí en abundancia. El Santísimo se exponía 3 veces por semana. El siguiente año, Pío IX emitió un breve en alabanza a la congregación.

Se abre la segunda casa en Marsella y la tercera en Angers en 1862. Para entonces habían suficientes miembros para establecer un noviciado regular. Los sacerdotes rezan el oficio divino en coro y ejercen ministerios pastorales. Su principal misión es la adoración del Santísimo Sacramento, en lo cual ayudan los hermanos legos.

El P. Eymard funda la congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento en 1852, también dedicadas a la adoración perpetua y a propagar el amor al Señor. También funda la Liga Eucarística Sacerdotal cuyos miembros se comprometen a una hora diaria de oración ante el Santísimo.

Trabajar con los sacerdotes y religiosas no fue su único objetivo. Funda la “Obra de Adultos”, organización que se dedica a preparar a hombres y mujeres adultos para la primera comunión cuando por razón de edad o trabajo no podían asistir a la catequesis parroquial.

Organizó la Archicofradía del Santísimo Sacramento que luego el derecho canónico ordena establecer en todas las parroquias. Escribió varias obras sobre la Eucaristía que han sido traducidas a varios idiomas.

Muchos lo consideraban un verdadero santo, se le notaba en todo: en su vida diaria llena de obras y virtudes, en especial el amor, y en sus dones sobrenaturales. Tenía visiones proféticas, adivinaba los pensamientos y leía los corazones.

San Juan Bautista Vianney lo conoció personalmente y dijo de él: “Es un santo. El mundo se opone a su obra porque no la conoce, pero se trata de una empresa que logrará grandes cosas por la gloria de Dios. ¡Adoración Sacerdotal, que maravilla! … Decid al P. Eymard que pediré diariamente por su obra”.

En sus últimos años de vida, el P. Eymard tuvo una gota reumática, padecía de insomnio y otras tantas enfermedades. A sus sufrimientos se añadían innumerables dificultades.

Una vez dejó ver el desaliento que sufría, según escribe el P. Mayet en 1868: “Nos abrió su corazón y nos dijo: ‘Estoy abrumado bajo el peso de la cruz, aniquilado, deshecho’. Necesitaba el consuelo de un amigo, ya que, según nos explicó: ‘Tengo que llevar la cruz totalmente solo para no asustar o desalentar a mis hermanos’ “.

Presentía su muerte. Su hermana le pidió en febrero que fuera con mas frecuencia a Mure, el le dijo: “Volveré mas pronto de lo que imaginas”. El P. Eymard fue a visitar a sus amigos y penitentes, hablándoles como si fuese la última vez que los veía. El 21 de febrero el Padre Eymard salió de Grénoble rumbo a la Mure. Por el intenso calor y cansancio, llega casi sin conocimiento y con un ataque de parálisis parcial.

Muere el 1 de agosto. Antes de finalizar ese año ocurren varios milagros en su tumba. En 1895 la Santa Sede confirmó la Congregación “in perpetuum”. El Padre Eymard es beatificado en 1925 y es canonizado el 9 de diciembre de 1962 por S.S. Juan XXIII.

Bibliografía:
J.M. Lambert, Colección Les Saints (1925).

(http://www.corazones.org/santos/pedro_julian.htm)

El “Perdón de Asís” o la “indulgencia de la Porciúncula”

 Detalle de la Porciúncula. Foto: Mercedes De La Torre / ACI Prensa

El tradicional “perdón de Asís” o la “indulgencia de la Porciúncula” se realizó este 1 y 2 de agosto manteniendo las medidas sanitarias para evitar contagios del coronavirus COVID-19.

De acuerdo con el programa publicado por la Diócesis de Asís – Nocera Umbra – Gualdo Tadino, el sábado 1 de agosto se llevó a cabo la apertura de la solemnidad del perdón a las 11:00 a.m. (hora local) con una Misa presidida por Fray Massimo Fusarelli OFM recientemente elegido ministro general del Orden de los Frailes Menores Franciscanos.

Al finalizar la Eucaristía inició “la apertura del perdón” en la que ha sido posible recibir la indulgencia plenaria hasta las 12:00 a.m. del 2 de agosto.

El “perdón de Asís” se expande a todas las iglesias parroquiales y a las iglesias franciscanas del mundo.

Para obtener la indulgencia plenaria para sí mismo o para un difunto al visitar la Porciúncula es necesaria la confesión, la participación a la Misa y la Eucaristía, además de rezar el Credo y el Padre Nuestro por las intenciones del Papa.

El domingo por la tarde, 1 de agosto, el Obispo de Asís – Nocera Umbra – Gualdo Tadino, Mons. Domenico Sorrentino, presidió el rezo de vísperas de la Solemnidad del Perdón de Asís en la Basílica de Santa María de los Ángeles.

En el solemne momento de oración, Mons. Sorrentino reflexionó sobre la importancia del “perdón de Asís” y explicó qué es lo que hay en “esta grande gracia obtenida por San Francisco para toda la Iglesia, especialmente para los pobres” ya que “la gracia del perdón de Dios, la cual todos tenemos siempre necesidad, la pedimos en la liturgia, el Sacramento de la Reconciliación cuando presentamos nuestros pecados”.

Sin embargo, el Prelado destacó qué es lo que nos “hace volver al abrazo de Dios, a que esa enemistad no exista más, y volvemos a tener relación de hijos” que nos permite ser santos.

Gracias al don del Bautismo “estamos llamados a vivir cada vez más el camino de santidad, de modo que nuestra vida sea el reflejo puro de Dios” es decir, que “nuestra vida se convierta en un paraíso”, afirmó Mons. Sorrentino.

“San Francisco nos dice eso con la gracia del perdón: que el paraíso puede comenzar desde acá”, señaló.

En esta línea, el Obispo de Asís destacó que San Francisco, tras la experiencia mística de la “alegría tan grande del paraíso”, dijo: “Deseo que sea para todos, que la vida en esta tierra también sea un paraíso”; por lo que pidió a la Virgen para que “quienes visiten esta iglesia se sientan también en el paraíso”.

Por ello, Mons. Sorrentino invitó a liberarse de los grandes pecados y de los “pequeños defectos cotidianos” para “vivir más allá de la mediocridad con el deseo de santidad” y agregó que ese es el don de la Indulgencia, que nos permite “abrir el corazón a Dios y ser santos”.

Sin embargo, el Prelado advirtió que “no funciona en forma mágica” sino que “es necesario que nosotros de verdad queramos abrir el corazón y querer ser santos, no es automático. Funciona con la gracia de Dios, que es segura, por lo que es necesario recibir esta gracia”.

“Nosotros realizamos un camino al acudir a la Porciúncula, es un camino, es una decisión que tomamos, es una gracia que recibimos. Es necesario en el compromiso de santidad de vida”, destacó.

Por último, el Obispo de Asís invitó a “testimoniar a Jesús y el Evangelio en forma fuerte. En este momento, más que nunca, es necesario una Iglesia que resplandezca en santidad”.

“Debemos testimoniar que el encuentro con Jesús transforma nuestra vida, y con ella, nuestras relaciones, transforma nuestra familia, nuestra comunidad, la economía, la política. Jesús es capaz de transformar todo”, concluyó Mons. Sorrentino.

Historia de la Porciúncula

La Porciúncula es una pequeña capilla dentro de la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles en las afueras de Asís en Italia. Allí, San Francisco de Asís recibió su vocación en el año 1208 y vivió la mayor parte de su vida en este lugar.

En el año 1216, mientras Francisco estaba en la Porciúncula, en oración y en contemplación, se le apareció Cristo y le ofreció que le pidiera el favor que él quisiera. En el centro del corazón de San Francisco siempre estaba la salvación de las almas.

Él soñaba que su amada Porciúncula fuese un santuario donde muchos se pudieran salvar, entonces le pidió al Señor que le concediera una indulgencia plenaria (o sea, una completa remisión de todas las culpas), para que todos aquellos que vinieran a visitar la pequeña capilla, una vez que se hubieran arrepentido de sus pecados y confesado, pudieran obtenerla. Nuestro Señor accedió a su petición con la condición de que el Papa ratificara la indulgencia. Y fue el Papa Honorio III quien aprobó esta indulgencia.

La Porciúncula fue también el lugar donde San Francisco recibió los votos de Santa Clara. El 3 de octubre de 1226, muere San Francisco, y en su lecho de muerte, le confía el cuidado y protección de la capilla a sus hermanos.

(https://www.aciprensa.com/noticias/asi-se-vivio-el-perdon-de-asis-en-la-porciuncula-este-2021-68281)