06 diciembre, 2013

San Nicolás de Mira y de Bari


Oh, San Nicolás de Mira y de Bari;
 vos, sois el hijo del Dios de la vida
 y su amado santo, y además, su solícito
 Obispo, que, de la niñez del tiempo
 vuestro enamorado, regalabais a aquellos,
 maravillosos juguetes y por ello hasta
 hoy, en el mundo todo, en la Natividad
 del Dios Niño, os recuerdan, confundiendo
 quizás algunos hombres, vuestro amor
 por Aquél que todo lo ve, haciendo
 de estas fiestas un sórdido mundo
 de materialismo, comercio, despilfarro
 y consumismo, de lado dejando al Autor
 y centro de la vida toda. De vos, escribieron
 San Juan Crisóstomo y San Metodio, éste
 último, vuestra santa biografía. Los
 marineros, os tienen como patrono,
 porque empezaron a decir en medio una
 tempestad: “Oh Dios, por las oraciones
 de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos”.
Y en ese momento os vieron aparecer
 sobre el barco bendiciendo al mar, que
 se pronto se calmó. Luchasteis también
 contra la herejía de Arrio, y con sabiduría
 impedisteis que ellos tomaran Mira.
 Interceded pues, para que, el mundo todo,
 reflexione sobre el sentido verdadero
 de la Natividad y que, sea el amor,
 el que prime sobre la “careta” festiva
 y falsaria de aquella divina noche,
 y que volver nuestros ojos podamos, sobre
 el pesebre luminoso del Dios del amor
 y de la vida, como vos, lo habéis hecho
 en vuestra terrena vida, para brillar hoy,
 coronado de luz, como justo premio a vuestro
 amor por todos los niños del orbe de la tierra;
 Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía;
 oh, San Nicolás de Mira y de Bari, “luz”.


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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6 de Diciembre
 San Nicolás
 Obispo
 Año 345


San Nicolás bendito, ruégale a Dios que nos libre de todo peligro del alma y del cuerpo.
 
Su nombre significa “Protector y defensor de pueblos“. Este santo fue tan popular en la antigüedad, que se le han consagrado en el mundo más de dos mil templos. Era invocado en los peligros, en los naufragios, en los incendios y cuando la situación económica se ponía difícil, y la gente conseguía por su intercesión favores admirables.

Por haber sido tan amigo de la niñez, en su fiesta se reparten dulces y regalos a los niños, y prácticamente con esta fecha se empezaban las festividades de diciembre. Como en alemán se llama “San Nikolaus”, lo empezaron a llamar Santa Claus, y lo pintan como un anciano vestido de rojo, con una barba muy blanca, que pasaba de casa en casa repartiendo regalos y dulces a los niños (entre nosotros lo llamaron Papá Noel).
 
De San Nicolás escribieron muy hermosamente San Juan Crisóstomo y otros grandes santos. Su biografía la escribió San Metodio, Arzobispo de Constantinopla, y de ella sacamos los siguientes datos curiosos.
 
Nació en Licia, Turquía, de padres muy ricos. Desde niño se caracterizó porque todo lo que conseguía lo repartía entre los pobres. Decía a sus padres: “sería un pecado no repartir mucho, siendo que Dios nos ha dado tanto”.
 
Tenía un tío que era obispo y este lo consagró como sacerdote. Al morir sus padres atendiendo a los enfermos en una epidemia, él quedó heredero de una inmensa fortuna. Entonces repartió sus riquezas entre los pobres y se fue de monje a un monasterio. Después quiso visitar la Tierra Santa donde vivió y murió Jesús, y al volver de allá llegó a la ciudad de Mira (en Turquía) donde los obispos y sacerdotes estaban en el templo discutiendo a quién deberían elegir como nuevo obispo de la ciudad, porque el anterior se había muerto. Al fin dijeron: “elegiremos al próximo sacerdote que entre al templo”. Y en ese momento sin saber esto, entró Nicolás y por aclamación de todos fue elegido obispo. Por eso se le llama San Nicolás de Mira.
 
La especialidad de este santo fueron los milagros tan numerosos que logró conseguir de Dios. Lo pintaban con unos niños, porque los antiguos contaban que un criminal hirió a cuchillo a varios niñitos, y el santo al rezar por ellos obtuvo su curación instantánea. También pintan junto a él a una señorita, porque en su ciudad había un anciano muy pobre con tres hijas y no lograba que se casaran por ser en tan extremo pobres. Entonces el santo por tres días seguidos, cada noche le echó por la ventana una bolsa con monedas de oro, y así el anciano logró casar a sus hijas muy bien.Es Patrono de los marineros, porque estando unos marineros en medio de una terribilísima tempestad en alta mar, empezaron a decir: “Oh Dios, por las oraciones de nuestro buen Obispo Nicolás, sálvanos”. Y en ese momento vieron aparecer sobre el barco a San Nicolás, el cual bendijo al mar, que se calmó, y en seguida desapareció.
 
Otro día iban a condenar injustamente a tres amigos suyos que estaban muy lejos. Ellos rezaron pidiendo a Dios que por la intercesión de Nicolás su obispo los protegiera. Y esa noche en sueños el santo se apareció al juez y le dijo que no podía condenar a esos tres inocentes. Y fueron absueltos.
El emperador Licino decretó una persecución contra los cristianos y Nicolás fue encarcelado y azotado, pero siguió aprovechando toda ocasión que se le presentaba, para enseñar la religión a cuantos trataban con él. Más tarde llegó el emperador Constantino y lo liberó a él junto con todos los demás prisioneros cristianos.
 
Luego apareció la herejía de Arrio que decía que Jesucristo no es Dios. San Nicolás se opuso con toda su sabiduría y con su gran ascendiente y no permitió que los arrianos entraran a su ciudad de Mira.
 
Dicen que el santo murió el 6 de diciembre del año 345.
 
En oriente lo llaman Nicolás de Mira, por la ciudad donde estuvo de obispo, pero en occidente se le llama Nicolás de Bari, porque cuando los mahometanos invadieron a Turquía, un grupo de católicos sacó de allí en secreto las reliquias del santo y se las llevó a la ciudad de Bari, en Italia. En esa ciudad se obtuvieron tan admirables milagros al rezarle a este gran santo, que su culto llegó a ser sumamente popular en toda Europa. Es Patrono de Rusia, de Grecia y de Turquía. En Roma ya en el año 550 le habían construido un templo en su honor.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Nicolás.htm)

05 diciembre, 2013

Santa Ada (Adrehildis) de Le Mans

 Oh, Santa Ada, vos, sois la hija
 del Dios de la vida y su amada santa
 y que honor hicisteis al significado
 de vuestro nombre: “Aquella que lleva
 adorno y es bella”. Claro, adorno y
 belleza de vuestro espíritu de santidad-
 Fuisteis, monja, abadesa y consagrada
 virgen, por vuestra entrega de amor
 a Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro,
 y con justicia divina, Patrona nombrada
 de las mujeres religiosas y monjas
 de toda Francia. Entregasteis vuestra
 alma a Dios, y él, os coronó de luz;
 oh, Santa Ada, “amor, fe y luz”.

© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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4 de Diciembre
Santa Ada (Adrehildis) de Le Mans
Abadesa


Martirologio Romano: En Cenómano (hoy Le Mans), de Neustria, santa Adrehildis o Ada, abadesa del monasterio de Santa María (c. 692).

Etimología: Ada = “Aquella que lleva adorno y es bella”, es de origen hebreo

Fue monja, abadesa, y virgen consagrada.

Vivió en el siglo VII.

Ella era sobrina de San Engelbert quien fue asesinado por su propio primo.

Ella y su familia eran muy devotos.

Fue monja en Soissons, Francia, y posteriormente abadesa de San Julien de Prés, Le Mans, Francia.

Es la santa patrona de las mujeres religiosas y monjas en Francia.

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=34166)

04 diciembre, 2013

San Juan Damasceno

 
Oh, San Juan Damasceno; vos, sois
 el hijo del Dios de la vida y su amado
 santo, que, en el ayer, vuestra voz,
 alzasteis, y con vuestra pluma, a favor
 escribisteis del culto a las imágenes
 y en contra de los paganos iconoclastas,
 que, en su desespero esbozaron irritas
 razones, para no hacerlo. Pero vos,
 escribisteis y con razón sabia que:
 “lo que es un libro para los que saben
 leer, es una imagen para los que no leen.
 Lo que se enseña con palabras al oído,
 lo enseña una imagen a los ojos. Las
 imágenes son el catecismo de los que
 no leen”. ¡Pluma sabia! Santo escrito
 y don del Dios eterno. Combatisteis
 al iconoclasta León el Isaúrico, quien
 decía que los católicos, las imágenes
 adoran, y vos, le respondisteis que
 ello, falso era, pues las veneramos.
 Además, le aclarasteis, pues “adorar”
 creer es, que una imagen es un Dios
 que puede milagros hacernos, y que ello,
 es pecado de idolatría. “Venerar”, rendirle
 culto es, a una imagen pues ella nos
 recuerda un personaje que mucho amamos.
 De furia lleno, León, impío, la mano
 derecha cortaros ordenó, pero, vos,
 devotísimo, de Nuestra Señora, os curó
 de milagro, y con ella, escribisteis
 bellísimos sermones en su favor. Por
 todo ello y por más, coronado fuisteis
 con corona de luz y de gloria, como premio
 vuestra entrega de amor y fideliadad
 Oh, San Juan Damasceno; “fe y luz”.

© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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4 de Diciembre
 San Juan Damasceno
 Obispo y Doctor de la Iglesia
 Año 749
 
Se le llama “Damasceno”, porque era de la ciudad de Damasco (en Siria). Su fama se debe principalmente a que él fue el primero que escribió defendiendo la veneración de las imágenes.

Era hijo de un alto empleado del Califa de Damasco, y ejerció también el importante cargo de ministro de Hacienda en esa capital. Pero de pronto dejó todos sus bienes, los repartió entre los pobres y se fue de monje al monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén, y allí se dedicó por completo a leer y escribir.

Juan se dio cuenta de que Dios le había concedido una facilidad especial para escribir para el pueblo, y especialmente para resumir los escritos de otros autores y presentarlos de manera que la gente sencilla los pudiera entender.

Al principio sus compañeros del monasterio se escandalizaban de que Juan se dedicara a escurrir versos y libros, porque ese oficio no se había acostumbrado en aquella comunidad. Pero de pronto cambiaron de opinión y le dieron plena libertad de escribir (dice la tradición que este cambio se debió a que el superior del monasterio oyó en sueños que Nuestro Señor le mandaba dar plena libertad a Damasceno para que escribiera).

En aquel tiempo un emperador de Constantinopla, León el Isaúrico, dispuso prohibir el culto a las imágenes, metiéndose él en los asuntos de la Iglesia, cosa que no le pertenecía, y demostrando una gran ignorancia en religión, como se lo probó en carta famosa el Papa Gregorio II. Y fue entonces cuando le salió al combate con sus escritos San Juan Damasceno. Como nuestro santo vivía en territorios que no pertenecían al emperador (Siria era de los Califas mahometanos), podía escribir libremente sin peligro de ser encarcelado. Y así fue que empezó a propagar pequeños escritos a favor de las imágenes, y estos corrían de mano en mano por todo el imperio.

El iconoclasta León el Isaúrico, decía que los católicos adoran las imágenes (se llama iconoclasta al que destruye imágenes). San Juan Damasceno le respondió que nosotros no adoramos imágenes, sino que las veneramos, lo cual es totalmente distinto. Adorar es creer que una imagen es un Dios que puede hacernos milagros. Eso sí es pecado de idolatría. Pero venerar es rendirle culto a una imagen porque ella nos recuerda un personaje que amamos mucho, por ej. Jesucristo, la Sma. Virgen o un santo.


Los católicos no adoramos imágenes (no creemos que ellas son dioses o que nos van a hacer milagros. Son sólo yeso o papel o madera, etc.) pero sí las veneramos, porque al verlas recordamos cuanto nos han amado Jesucristo o la Virgen o los santos. Lo que la S. Biblia prohíbe es hacer imágenes para adorarlas, pero no prohibe venerarlas (porque entonces en ningún país podían hacerse imágenes de sus héroes y nadie podría conservar el retrato de sus padres).

San Juan Damasceno decía en sus escritos: “lo que es un libro para los que saben leer, es una imagen para los que no leen. Lo que se enseña con palabras al oído, lo enseña una imagen a los ojos. Las imágenes son el catecismo de los que no leen”.

Dicen autores muy antiguos que el emperador León, por rabia contra San Juan Damasceno por lo bien que escribía en favor de las imágenes, mandó a traición que le cortaran la mano derecha, con la cual escribía. Pero el santo que era devotísimo de la Sma. Virgen, se encomendó a Ella con gran fe y la Madre de Dios le curó la mano cortada y con esa mano escribió luego sermones muy hermosos acerca de Nuestra Señora.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Juan_Damasceno.htm)
 

03 diciembre, 2013

San Francisco Javier

 
 
Oh, San Francisco Javier, vos, sois
el hijo del Dios de la vida, su amado
santo, y con justicia llamado “El gigante
de la historia de las misiones”. “Señor,
Tú, has querido que varias naciones
llegaran al conocimiento de la verdadera
religión por medio de la predicación
de San Francisco Javier”. Reza así, una
oración por vuestro día. “Si no consigo
barco, iré nadando”. Dijisteis, cuando
ansiabais viajar al Japón y viajasteis.
“¿De qué le sirve a un hombre ganar el
mundo entero, si se pierde a sí mismo?”.
Os repetía San Ignacio, y ello, os liberó
de vuestra mundanidad y os encaminasteis
hacia la vida espiritual. La India, Indostán,
Japón y otras naciones, a pie recorristeis,
con el libro de oraciones como único
equipaje, enseñando, enfermos, atendiendo,
obrando curaciones admirables, gentes
bautizando por centenares y millares,
aprendiendo idiomas extraños, y parecíais,
cansancio no sentir. “Basta Señor: si me
mandas tantos consuelos me vas a hacer
morir de amor”. Decíais vos, con mucho amor
y humildad. “Hágase amar y así logrará
influir en ellos. Si emplea la amabilidad
y el buen trato verá que consigue efectos
admirables”. Recomendabais a vuestros amigos.
Y, así era. Popularizasteis, la costumbre
de confesarse y comulgar. Os asemejabais,
a la vida pobre de las gentes que os escuchaban.
Comíais sólo arroz y bebiais sólo agua.
Dormiais en una pobre choza, en el suelo
y os ganabais la simpatía de los niños y
a ellos os enseñabais historias bíblicas.
"En medio de todas estas penalidades
e incomodidades, siento una alegría tan
grande y un gozo tan intenso que los consuelos
recibidos no me dejan sentir el efecto
de las duras condiciones materiales y de la
guerra que me hacen los enemigos de la religión”.
Escribisteis. Y, en San Cian, lejos de Hong
Kong y más lejos vuestra patria; solo,
abandonado, enfermo y con fiebre, voló
vuestra preciosa alma al cielo, pronunciando
el dulce nombre de Jesús, Vuestro amadísimo
Maestro. Os dieron cristiana sepultura
un catequista que os asistía, un portugués
y dos hermanos negros. Y, hallá estáis hoy,
al lado de Santa Teresa, San Ignacio, San Felipe
y San Isidro, coronado de luz y de gloria,
como justo premio a vuestra entrega de amor.
“Santo Patrono de los Misioneros del mundo”
oh, San Francisco Javier, “Camino, verdad y vida”.
 
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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3 de Diciembre
San Francisco Javier
Misionero
Año 1552


Francisco Javier: maravilloso misionero; pídele a Dios que conceda un espíritu como el tuyo a todos los misioneros del mundo. Piensa en el final de tu vida y evitarás muchos pecados (S. Biblia Ecl. 7, 36).

El Papa Pío X nombró a San Francisco Javier como Patrono de todos los misioneros porque fue si duda uno de los misioneros más grandes que han existido. Ha sido llamado: “El gigante de la historia de las misiones”. La oración del día de su fiesta dice así: “Señor, tú has querido que varias naciones llegaran al conocimiento de la verdadera religión por medio de la predicación de San Francisco Javier…”. Esto es un gran elogio.

Empezó a ser misionero a los 35 años y murió de sólo 46. En once años recorrió la India (país inmenso), el Japón y varios países más. Su deseo de ir a Japón era tan grande que exclamaba: “si no consigo barco, iré nadando”. Fue un verdadero héroe misional.

Francisco nació cerca de Pamplona (España) en el castillo de Javier, en el año 1506. Era de familia que había sido rica, pero que a causa de las guerras había venido a menos. Desde muy joven tenía grandes deseos de sobresalir y de triunfar en la vida, y era despierto y de excelentes cualidades para los estudios. Dios lo hará sobresalir pero en santidad.

Fue enviado a estudiar a la Universidad de París, y allá se encontró con San Ignacio de Loyola, el cual se le hizo muy amigo y empezó a repetirle la famosa frase de Jesucristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?” Este pensamiento lo fue liberando de sus ambiciones mundanas y de sus deseos de orgullo y vanidad, y lo fue encaminando hacia la vida espiritual. Aquí se cumplió a la letra la frase del Libro del Eclesiástico: “Encontrar un buen amigo es como encontrarse un gran tesoro”. La amistad con San Ignacio transformó por completo a Javier.

Francisco fue uno de los siete primeros religiosos con los cuales San Ignacio fundó la Compañía de Jesús o Comunidad de Padres Jesuitas. Ordenado Sacerdote colaboró con San Ignacio y sus compañeros en enseñar catecismo y predicar en Roma y otras ciudades.

El Sumo Pontífice pidió a San Ignacio que enviara algunos jesuitas a misionar en la India. Fueron destinados otros dos, pero la enfermedad les impidió marchar, y entonces el santo le pidió a Javier que se quisiera embarcar para tan remotas tierras. Él obedeció inmediatamente y emprendió el larguísimo viaje por el mar. En el barco aprovechó esas interminables semanas, para catequizar lo más posible a los marineros y viajeros. Con San Javier empezaron las misiones de los jesuitas.

Son impresionantes las distancias que Francisco Javier recorrió en la India, Indostán, Japón y otras naciones. A pie, solamente con el libro de oraciones, como único equipaje, enseñando, atendiendo enfermos, obrando curaciones admirables, bautizando gentes por centenares y millares, aprendiendo idiomas extraños, parecía no sentir cansancio.

Por las noches, después de pasar todo el día evangelizando y atendiendo a cuanta persona le pedía su ayuda, llegaba junto al altar y de rodillas encomendaba a Dios la salvación de esas almas que le había encomendado. Si el sueño lo rendía, se acostaba un rato en el suelo junto al sagrario, y después de dormir unas horas, seguía su oración. De vez en cuando exclamaba: “Basta Señor: si me mandas tantos consuelos me vas a hacer morir de amor”. Con razón su palabra tenía efectos fulminantes para convertir. Era que llegaba precedida de muchas oraciones y acompañada de costosos sacrificios. Algunas noches no era capaz de levantar su mano derecha. Tan cansada estaba de tanto bautizar a los que se habían convertido con sus predicaciones.

La gente lo consideraba un verdadero santo y le llevaban sus enfermos para que los bendijera. Cuando se conseguían curaciones milagrosas, él consideraba que esto se debía a otras causas y no a su santidad, o a su poder de intercesión,

Desde 1510 Goa era una ciudad portuguesa en la India. Y allá puso su centro de evangelización nuestro santo (en esa ciudad se conservan ahora sus restos). A los portugueses se les había olvidado que eran cristianos y lo único que les interesaba era enriquecerse y divertirse. Así que tuvo el misionero que dedicarse con todas sus fuerzas y su gran ascendiente a volver fervorosos otra vez a aquellos comerciantes sin conciencia y sin escrúpulos (él decía en una de sus cartas: “estoy aterrado de la variedad tan monstruosa de acciones que tienen estos hombres para poder robar”).

Empezó a ganarse la buena voluntad de las gentes con su gran amabilidad (a uno de sus compañeros le escribía: “hágase amar y así logrará influir en ellos. Si emplea la amabilidad y el buen trato verá que consigue efectos admirables”). Estableció clases de catecismo para niños y adultos. Popularizó la costumbre de confesarse y comulgar. Enseñaba la religión por medio de hermosos cantos que los fieles repetían con verdadero gusto.

Por 13 veces consecutivas hizo larguísimos viajes por la nación enseñando la religión cristiana a esos paganos que nunca habían oído hablar de ella. Los de las clases altas (los brahamanes) no le hicieron caso, pero los de las clases populares se convertían por montones. En cada región dejaba catequistas para que siguieran instruyendo a la gente, y de vez en cuando les enviaba a algún jesuita para enfervorizarlos. Esas gentes nunca habían oído hablar de Jesucristo ni de sus maravillosas enseñanzas.

Francisco se esmeraba por asemejarse lo más posible a la vida pobre de las gentes que le escuchaban. Comía como ellos, simplemente arroz. En vez de bebidas finas sólo tomaba agua. Dormía en una pobre choza, en el suelo. Se ganaba la simpatía de los niños y a ellos les enseñaba las bellas historias de la S. Biblia, recomendándoles que cada uno las contara en su propia casa, y así el mensaje de nuestra religión llegaba a muchos sitios.


Visitó muchas islas y en cada una de ellas enseñó la religión cristiana. Sus viajes eran penosos y sumamente duros, pero escribía: “En medio de todas estas penalidades e incomodidades, siento una alegría tan grande y un gozo tan intenso que los consuelos recibidos no me dejan sentir el efecto de las duras condiciones materiales y de la guerra que me hacen los enemigos de la religión”. Podría repetir la frase de San Pablo: “Sobreabundo en gozo en medio de mis tribulaciones”.

Dispuso irse a misionar al Japón pero resultó que allá lo despreciaban porque vestía muy pobremente (y en cambio en la India lo veneraban por vestir como los pobres del pueblo). Entonces se dio cuenta de que en Japón era necesario vestir con cierta elegancia. Se vistió de embajador (y en realidad el rey de Portugal le había conferido el título de embajador) y así con toda la pompa y elegancia, acompañado de un buen grupo de servidores muy elegantes y con hermosos regalos se presentó ante el primer mandatario. Al verlo así, lo recibieron muy bien y le dieron permiso para evangelizar. Logró convertir bastantes japoneses, y se quedó maravillado de la buena voluntad de esas gentes.

Su gran anhelo era poder misionar y convertir a la gran nación china. Pero allá estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa. Al fin consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a 100 kilómetros de Hong – Kong, pero allí lo dejaron abandonado, y se enfermó y consumido por la fiebre, en un rancho tan maltrecho, que el viento entraba por todas partes, murió el tres de diciembre de 1552, pronunciando el nombre de Jesús. Tenía sólo 46 años. A su entierro no asistieron sino un catequista que lo asistía, un portugués y dos negros.


Cuando más tarde quisieron llevar sus restos a Goa, encontraron su cuerpo incorrupto (y así se conserva). Francisco Javier fue declarado santo por el Sumo Pontífice en 1622 (junto con Santa Teresa, San Ignacio, San Felipe y San Isidro).

02 diciembre, 2013

Santa Bibiana (Viviana)

Oh Santa Bibiana, vos sois la hija
 del Dios de la vida y su amada santa,
 que víctima fuisteis de la persecución
 de Julián el Apóstata y que éste,
 os obligó a apostatar de vuestra fe
 encerrándoos en la cárcel. Vos, así
 enfrentasteis al gobernador con valor
 y arrojo, hasta que os ataron a una
 columna y os flagelaron y jamás
 desististeis de vuestra fe. Así,
 mataron vuestro cuerpo, pero vuestra
 alma, intacta voló a su único Amo:
 Dios, quien os coronó, con corona
 de luz y de eternidad, como premio
 a vuestra entrega de amor, fe, valor
 y constancia. Hoy, luego de capilla,
 está la basílica, sobre el monte
 Esquilino construida por Simplicio
 Papa; en cuyo pórtico se lee: “juxta
 Licinianum ubi corpus eius requiescit”;
 oh, Santa Bibiana, “aquella que vive”.

© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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2 de Diciembre
Santa Bibiana (Viviana)
Mártir
 
Martirologio Romano: En Roma, santa Bibiana, mártir, a quien el papa san Simplicio dedicó una basílica en el Esquilino (s. inc.).
 
Etimología: Bibiana = “aquella que vive”, es de origen latino.
 
Ya se menciona en el Liber Pontificalis el culto a la mártir Bibiana cuando se afirma en él que el Papa Simplicio (468 – 473) le dedicó una basílica. Restaurada en el siglo XVII por el infatigable papa Urbano VIII quien con su pasión renacentista, además de salvar un monumento antiguo, quiso dejar un testimonio litúrgico del hallazgo incluyendo en el calendario de la Iglesia universal la fiesta de Santa Bibiana en el día 2 de Diciembre. La basílica tiene tres naves divididas por ocho columnas antiguas y contiene una escultura graciosa de la Santa esculpida por Bernini. Está situada cerca de la vía férrea, da nombre al túnel por donde se ésta se cruza —Arcos de Santa Bibiana— se halla próxima a la Stazione Termini.
 
¿Quién fue Santa Bibiana?
 
Bernini, todo arte, la representa con los instrumentos del martirio que le dieron la Vida: la columna donde fue flagelada, los azotes, la corona del martirio y la sonrisa en su cara. Pero todo ello, con ser verdadero, es cosa común y aplicable a la mayor parte de los mártires cristianos en la Roma pagana, por lo que es decir mucho y, al mismo tiempo, nada acerca de un personaje concreto.
 
El relato de las actas no es fiable. Las actas de los mártires que comienzan a proliferar y los escritos aún más tardíos del martirio no son dignos de crédito histórico por las añadiduras apócrifas y contradicciones que contienen. Incluso los datos que se mencionan, como hacer responsable de su martirio al emperador Juliano el Apóstata, adolecen de un pronunciado desinterés cronológico. La leyenda de nuestra santa que relata pormenorizadamente su martirio es una novela ejemplar que aplica un esquema general romano.
 
Pero es cierto que Santa Bibiana existió y que fue mártir. Posiblemente también existieron su madre Dafrosa y su hermana Demetria cuyos sarcófagos intactos se descubrieron debajo de los dos vasos de vidrio con inscripciones que conservaban las reliquias de la Santa. La historia se remonta como más remoto documento al papa Simplicio que se sitúa en el siglo V. La veneración de esta mártir es anterior al ese dato. Y por ello no está lejos de la verdad histórica la afirmación de que vivió santa Bibiana a finales del siglo III, antes incluso de lo que cantan las actas.
 
Es, pues, Bibiana una santa de la que poco sabemos por los documentos que pueden aducirse con valoración histórica cierta. Conocemos su existencia y la entrega colmada, definitiva, que de su vida hizo a Dios, dándole un sí apoteósico con el martirio. Todo lo demás ¿qué importa? Al fin y al cabo, las piedras talladas, papiros, pellejos, papeles y datos informáticos en donde pueda constar la historia más completa de cualquier santo no son más que raspar en la corteza sin alcanzar jamás ese núcleo personal de la relación entre el santo —la santa en nuestro caso— y Dios. Lo que consta en los archivos nos puede llevar al reconocimiento de sus virtudes, pero la reciprocidad de amores entre redimido y Redentor es un misterio siempre escondido para la historia y patente sólo cabe Dios.
 

01 diciembre, 2013

Primer Domingo de Adviento



 
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
Oíd y escuchad hermanos míos
las palabras de Jesús, que por
Marcos evangelista sabemos
pues, certeras son cuando dice:
“Así que velad, porque no
sabéis cuándo llegará el dueño
de la casa, si al atardecer
o a media noche, al canto
del gallo o al amanecer.
No sea que llegue de improviso
y os encuentre dormidos”.
Y, si esto no os basta oíd
a Isaías, cuando dice: “Nadie
invocaba Vuestro nombre, nadie
salía del letargo para adherirse
a Vos, porque Vos, nos escondías
Vuestro rostro y nos entregabais
a nuestras maldades”.
Y, con María Virgen, Madre
Vuestra y Señora Nuestra
guía de nuestro adviento,
digamos junto al Profeta
del Señor, Isaías: “Señor, Vos,
sois Nuestro Padre; nosotros
somos de arcilla y Vos, el que
nos plasma, todos nosotros
somos obra de Vuestras manos”
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!.
 
© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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1° de Diciembre
Primer Domingo de Adviento
Autor: SS Benedicto XVI
Fuente: Catholic.net
 
Adviento: tiempo en el que se despiertan los corazones ¡Velad! Es una llamada a recordar que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que es proyectada hacia un “más allá”
 
Palabras de SS Benedicto XVI durante el rezo del Ángelus en el primer domingo de Adviento, 27 noviembre 2011
 
¡Queridos hermanos y hermanas!
 
Iniciamos en toda la Iglesia el nuevo Año litúrgico: un nuevo camino de fe, a vivir juntos en las comunidades cristianas, pero también, como siempre, a recorrer dentro de la historia del mundo, para abrirla al misterio de Dios, a la salvación que viene de su amor. El Año litúrgico empieza con el Tiempo de Adviento: tiempo estupendo en el que se despierta en los corazones la espera de la vuelta de Cristo y la memoria de su primera venida, cuando se despojó de su gloria divina para asumir nuestra carne mortal.
 
“¡Velad!”. Este es el llamamiento de Jesús en el Evangelio. Lo dirige no sólo a sus discípulos, sino a todos: “¡Velad!” (Mt 13,37). Es una llamada saludable a recordar que la vida no tiene sólo la dimensión terrena, sino que es proyectada hacia un “más allá”, como una plantita que germina de la tierra y se abre hacia el cielo. Una plantita pensante, el hombre, dotada de libertad y responsabilidad,por lo que cada uno de nosotros será llamado a rendir cuentas de cómo ha vivido, de cómo ha usado las propias capacidades: si las ha conservado para sí o las ha hecho fructificar también para el bien de los hermanos.
 
También Isaías, el profeta del Adviento, nos hace reflexionar con una sentida oración, dirigida a Dios en nombre del pueblo. Reconoce las faltas de su gente, y en un cierto momento dice: “Nadie invocaba tu nombre, nadie salía del letargo para adherirse a tí; porque tu nos escondías tu rostro y nos entregabas a nuestras maldades” (Is 64,6).
 
¿Cómo no quedar impresionados por esta descripción? Parece reflejar ciertos panoramas del mundo postmoderno: las ciudades donde la vida se hace anónima y horizontal, donde Dios parece ausente y el hombre el único amo, como si fuera él el artífice y el director de todo: construcciones, trabajo, economía, transportes, ciencias, técnica, todo parece depender sólo del hombre. Y a veces, en este mundo que parece casi perfecto, suceden cosas chocantes, o en la naturaleza, o en la sociedad, por las que pensamos que Dios pareciera haberse retirado, que nos hubiera, por así decir, abandonado a nosotros mismos.
 
En realidad, el verdadero “dueño” del mundo no es el hombre, sino Dios.
 
El Evangelio dice: “Así que velad, porque no sabéis cuándo llegará el dueño de la casa, si al atardecer o a media noche, al canto del gallo o al amanecer. No sea que llegue de improviso y os encuentre dormidos” (Mc 13,35-36). El Tiempo de Adviento viene cada año a recordarnos esto para que nuestra vida reencuentre su justa orientación hacia el rostro de Dios. El rostro no de un “amo”, sino de un Padre y de un Amigo.
 
Con la Virgen María, que nos guía en el camino del Adviento, hagamos nuestras las palabras del profeta: “Señor, tu eres nuestro padre; nosotros somos de arcilla y tu el que nos plasma, todos nosotros somos obra de tus manos” (Is 64,7).
 

30 noviembre, 2013

San Andrés Apóstol

 
Oh, San Andrés, vos, sois el hijo del Dios
 de la vida, su Apóstol y amado santo. El
 primero en encontrar a Jesús, y convertiros
 en su primer discípulo, junto con San Juan
 “el evangelista”, y ambos, de Juan “el Bautista”,
 discípulos. Éste, viendo a Jesús, ver pasar
 dijo: “He ahí el Cordero de Dios”. Y, vos,
 os emocionasteis, y con Él, marchasteis. Mas
 tarde, a Simón, vuestro hermano os lo dijisteis,
 diciéndole: “Hemos encontrado al Salvador
 del mundo”. Y, también, se fue él, con Jesús.
 Y, vos, el propiciador del “milagro de los
 cinco panes”, visteis los milagros de Jesús,
 y sus sermones todos, escuchasteis. El Espíritu
 Santo, en Pentecostés recibisteis, hecho
 lenguas de fuego. A vos, también os consultó
 el apóstol San Juan, para escribir el Evnagelio
 Cuarto, pues dudaba el hacerlo. Y vos, le
 dijisteis: “Debe escribirlo. Y que los hermanos
 revisen lo que escriba”. Predicasteis la Buena
 Nueva, por las ciudades, los campos y los montes
 de vuestro tiempo, con valentía, milagros y prodigios
 obrando, hasta agotaros y entregar vuestra santa
 vida, en una muerte y también muerte en cruz,
 en forma de equis. “Yo te venero oh Cruz Santa
 que me recuerdas la Cruz donde murió mi Divino
 Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en
 este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme
 en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro
 en el cielo”. Y, así, fue. Cristo mismo os ciñó
 corona de gloria y eternidad, como premio a
 a vuestra grande entrega de amor y fidelidad;
 Oh, San Andrés, Apóstol, “martirio, luz y fe”.

© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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30 de Noviembre
San Andrés Apóstol
Siglo I
 
« Dichoso tú, querido apóstol Andrés, que tuviste la suerte de ser el primero de los apóstoles en encontrar a Jesús. Pídele a Él que nosotros le seamos totalmente fieles en todo, hasta la muerte. »

San Andrés (cuyo nombre significa “varonil”) nació en Betsaida, población de Galilea, situada a orillas del lago Genesaret. Era hijo del pescador Jonás y hermano de Simón Pedro. La familia tenía una casa en Cafarnaum, y en ella se hospedaba Jesús cuando predicaba en esta ciudad.

Andrés tiene el honor de haber sido el primer discípulo que tuvo Jesús, junto con San Juan el evangelista. Los dos eran discípulos de Juan Bautista, y este al ver pasar a Jesús (cuando volvía el desierto después de su ayuno y sus tentaciones) exclamó: “He ahí el cordero de Dios”. Andrés se emocionó al oír semejante elogio y se fue detrás de Jesús (junto con Juan Evangelista), Jesús se volvió y les dijo: “¿Qué buscan?”. Ellos le dijeron: “Señor: ¿dónde vives?”. Jesús les respondió: “Vengan y verán”. Y se fueron y pasaron con Él aquella tarde. Nunca jamás podría olvidar después Andrés el momento y la hora y el sitio donde estaban cuando Jesús les dijo: “Vengan y verán”. Esa llamada cambió su vida para siempre.

Andrés se fue luego donde su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al Salvador del mundo” y lo llevó a donde Jesús. Así le consiguió a Cristo un formidable amigo, el gran San Pedro.

Al principio Andrés y Simón no iban con Jesús continuamente sino que acudían a escucharle siempre que podían, y luego regresaban a sus labores de pesca. Pero cuando el Salvador volvió a Galilea, encontró a Andrés y a Simón remendando sus redes y les dijo: “Vengan y me siguen”, y ellos dejando a sus familias y a sus negocios y a sus redes, se fueron definitivamente con Jesús. Después de la pesca milagrosa, Cristo les dijo: “De ahora en adelante serán pescadores de almas”.

El día del milagro de la multiplicación de los panes, fue Andrés el que llevó a Jesús el muchacho que tenía los cinco panes. Andrés presenció la mayoría de los milagros que hizo Jesús y escuchó, uno por uno, sus maravillosos sermones. Vivió junto a Él por tres años.

En el día de Pentecostés, Andrés recibió junto con la Virgen María y los demás Apóstoles, al Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego, y en adelante se dedicó a predicar el evangelio con gran valentía y obrando milagros y prodigios.

Un escrito que data del siglo III, el “Fragmento de Muratori” dice: “Al apóstol San Juan le aconsejaban que escribiera el Cuarto Evangelio. Él dudaba, pero le consultó al apóstol San Andrés, el cual le dijo: ‘Debe escribirlo. Y que los hermanos revisen lo que escriba”.

Una tradición muy antigua cuenta que el apóstol Andrés fue crucificado en Patrás, capital de la provincia de Acaya, en Grecia. Que lo amarraron a una cruz en forma de X y que allí estuvo padeciendo durante tres días, los cuales aprovechó para predicar e instruir en la religión a todos los que se le acercaban. Dicen que cuando vio que le llevaban la cruz para martirizarlo, exclamó: “Yo te venero oh cruz santa que me recuerdas la cruz donde murió mi Divino Maestro. Mucho había deseado imitarlo a Él en este martirio. Dichosa hora en que tú al recibirme en tus brazos, me llevarán junto a mi Maestro en el cielo”.
 
La tradición coloca su martirio en el 30 de noviembre del año 63, bajo el imperio cruel de Nerón.
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Andrés_Apostol.htm)