28 diciembre, 2013

Los Santos Inocentes


¡Oh! santas criaturas inocentes;
 vosotros sois los hijos del Dios
 de la vida y sus amados santos,
 que, vuestras vidas entregasteis
 por el Dios eterno. Y, en ésa
 silenciosa entrega, a Jesús, nos
 legasteis, para perpetua salvación
 de los hombres todos, por los
 siglos de los siglos. Herodes,
 vuestro verdugo, en el en el mismo
 averno y vosotros todos, habitantes
 felices del paraíso prometido.
 Estáis además, convertidos todos
 en protomártires, viviendo hoy,
 en aquella mansión dulce, acogidos,
 y de luz prístina bañados y llenos
 de aquella eternidad prometida,
 con coronas de luz brillando,
 como premio justo, a la entrega
 de vuestras vidas, a favor del Dios
 vivo, donadas por la eternidad toda.
 Herodes, en el mismo averno y
 vosotros, habitantes del paraíso.
“Un griterío se oye en Ramá, es Raquel
 que llora a sus hijos, y no se quiere
 consolar, porque ya no existen”
¡Oh!, Santas criaturas inocentes.


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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28 de Diciembre
Los Santos Inocentes


Dios hace fracasar los planes de los malvados (S. Biblia).

Hoy celebramos la fiesta de los Niños Inocentes que mandó matar el cruel Herodes. Nos cuenta el evangelio de San Mateo que unos Magos llegaron a Jerusalén preguntando dónde había nacido el futuro rey de Israel, pues habían visto aparecer su estrella en el oriente, y recordaban la profecía del Antiguo Testamento que decía: “Cuando aparezca una nueva estrella en Israel, es que ha nacido un nuevo rey que reinará sobre todas las naciones” (Números 24, 17) y por eso se habían venido de sus lejanas tierras a adorar al recién nacido.
 
Dice San Mateo que Herodes se asustó mucho con esta noticia y la ciudad de Jerusalén se conmovió ante el anuncio tan importante de que ahora sí había nacido el rey que iba a gobernar el mundo entero. Herodes era tan terriblemente celoso contra cualquiera que quisiera reemplazarlo en el puesto de gobernante del país que había asesinado a dos de sus esposas y asesinó también a varios de sus hijos, porque tenía temor de que pudieran tratar de reemplazarlo por otro. Llevaba muchos años gobernando de la manera más cruel y feroz, y estaba resuelto a mandar matar a todo el que pretendiera ser rey de Israel. Por eso la noticia de que acababa de nacer un niñito que iba a ser rey poderosísimo, lo llenó de temor y dispuso tomar medidas para precaverse.
 
Herodes mandó llamar a los especialistas en Biblia (a los Sumos Sacerdotes y a los escribas) y les preguntó en qué sitio exacto tenía que nacer el rey de Israel que habían anunciado los profetas. Ellos le contestaron: “Tiene que ser en Belén, porque así lo anunció el profeta Miqueas diciendo: “Y tú, Belén, no eres la menor entre las ciudades de Judá, porque de ti saldrá el jefe que será el pastor de mi pueblo de Israel” (Miq. 5, 1).
 
Entonces Herodes se propuso averiguar bien exactamente dónde estaba el niño, para después mandar a sus soldados a que lo mataran. Y fingiendo todo lo contrario, les dijo a los Magos: – “Vayan y se informan bien acerca de ese niño, y cuando lo encuentren vienen y me informan, para ir yo también a adorarlo”. Los magos se fueron a Belén guiados por la estrella que se les apareció otra vez, al salir de Jerusalén, y llenos de alegría encontraron al Divino Niño Jesús junto a la Virgen María y San José; lo adoraron y le ofrecieron sus regalos de oro, incienso y mirra.
 
Y sucedió que en sueños recibieron un aviso de Dios de que no volvieran a Jerusalén y regresaron a sus países por otros caminos, y el pérfido Herodes se quedó sin saber dónde estaba el recién nacido. Esto lo enfureció hasta el extremo.
 
Entonces rodeó con su ejército la pequeña ciudad de Belén, y mandó a sus soldados a que mataran a todos los niñitos menores de dos años, en la ciudad y sus alrededores. Ya podemos imaginar la terribilísima angustia para los papás de los niños al ver que a sus casas llegaban los herodianos y ante sus ojos asesinaban a su hijo tan querido. Con razón el emperador César Augusto decía con burla que ante Herodes era más peligroso ser Hijo (Huios) que cerdo (Hus), porque a los hijos los mataba sin compasión, en cambio a los cerdos no, porque entre los judíos esta prohibido comer carne de ese animal.
 
San Mateo dice que en ese día se cumplió lo que había avisado el profeta Jeremías: “Un griterío se oye en Ramá (cerca de Belén), es Raquel (la esposa de Israel) que llora a sus hijos, y no se quiere consolar, porque ya no existen” (Jer. 31, 15).
 
Como el hombre propone y Dios dispone, sucedió que un ángel vino la noche anterior y avisó a José para que saliera huyendo hacia Egipto, y así cuando llegaron los asesinos, ya no pudieron encontrar al niño que buscaban para matar.
 
Y aquellos 30 niños inocentes, volaron al cielo a recibir el premio de las almas que no tienen mancha y a orar por sus afligidos padres y pedir para ellos bendiciones. Y que rueguen también por nosotros, pobres y manchados que no somos nada inocentes sino muy necesitados del perdón de Dios.
 

27 diciembre, 2013

San Juan Apóstol y Evangelista


Oh, San Juan Evangelista, sois vos,
 el hijo del Dios de la vida y su amado
 santo. Y, el mismo que, honor hicisteis
 al significado de vuestro nombre: “Dios
 es misericordioso” y que, en realidad
 así fue con vos. Un día, la voz de Juan
 el Bautista oísteis cuando, a Jesús
 viendo, dijo: “Este es el cordero de
 Dios, que el pecado del mundo quita”.
Y, vos, marchasteis con Él, feliz. Y,
 en el Tabor, monte de su transfiguración
 divina, testigo fuisteis. Y, del milagro
 de la vuelta a la vida de la hija de
 de Jairo. También, con amor, la última
 Cena preparasteis y testigo fuisteis
 de su agonía en el Huerto de los Olivos.
 Además, cuando todo consumado fue, al
 pie del Gólgota, en amadísimo guardián
 quedasteis de María, Madre del Redentor
 y Señora Nuestra, como si fuera vuestra
 madre. Visteis y creísteis que resucitó
 Jesús, y, más tarde, Dominiciano, impío
 emperador; quiso mataros, pero no pudo
 y de cólera y furia lleno, os desterró
 a Patmos, para gloria de Cristo Jesús,
 porque allí, el “Apocalipsis”, obra vuestra
 y extraordinaria escribisteis. ¿Qué premio
 os habrá dado nuestro amoroso Padre?
 ¿Qué premio?: ¡Corona de luz eterna!
 como justa recompensa a vuestro amor
 fiel y constante a Jesucristo y a María;
 Oh, San Juan Evangelista, “el más amado".


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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27 de Diciembre
San Juan Apóstol y Evangelista
Año 100


San Juan Evangelista: consíguenos de Dios la gracia especial de leer con fe y cariño tu santo evangelio, y obtener de su lectura gran provecho para nuestra alma. Dios es amor (San Juan).
 Juan significa: “Dios es misericordioso”.

Este apóstol tuvo la inmensa dicha de ser el discípulo más amado por Jesús. Y se ha hecho muy famoso por haber compuesto el cuarto evangelio.
 
Nació en Galilea. Era hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor. Su oficio era el de pescador. Parece que fue uno de los dos primeros discípulos de Jesús, junto con Andrés. Los dos eran también discípulos de Juan Bautista y un día al escuchar que el Bautista señalaba a Jesús y decía: “Este es el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, se fueron detrás de Él. Jesús se volvió y les dijo: “¿Qué buscan?”. Ellos le respondieron: “Señor: ¿dónde habitas?”. Y Jesús les dijo: “Vengan y verán”. Y se fueron con él y estuvieron en su compañía toda la tarde recibiendo sus enseñanzas. Durante toda su vida, jamás Juan podrá olvidar el día, la hora y el sitio en que se encontró por primera vez con Jesucristo. Fue el momento más decisivo de su existencia.
 
Juan estaba después un día con su hermano Santiago, y con sus amigos Simón y Andrés, remendando las redes a la orilla del lago, cuando pasó Jesús y les dijo: “Vengan conmigo y los haré pescadores de almas”. Inmediatamente, dejando a su padre y a su empresa pequeña, se fue con Cristo a dedicarse para siempre y por completo a extender el Reino de Dios.
 
Juan evangelista hizo parte, junto con Pedro y Santiago, del pequeño grupo de preferidos que Jesús llevaba a todas partes y que presenciaron sus más grandes milagros. Los tres estuvieron presentes en la Transfiguración, y presenciaron la resurrección de la hija de Jairo. Los tres presenciaron la agonía de Cristo en el Huerto de los Olivos. Junto con Pedro, fue este apóstol encargado por Jesús de prepararle la Última Cena.
 
Al ver la mamá de Santiago y Juan que Jesús los prefería tanto, y aconsejada por ellos dos, que eran bien orgullosos, se atrevió a pedirle al Señor una gracia muy especial: que cuando él empezara a reinar, nombrara a Juan primer ministro y a Santiago ministro también. Jesús le respondió que el señalar los primeros puestos en el Reino de los cielos le correspondía al Padre Celestial, y que estos ya estaban determinados para otros. Los demás apóstoles se indignaron contra estos dos vanidosos, pero Jesús aprovechó aquella ocasión para recordarles que en el Reino de los cielos ocuparán los primeros puestos los que se hayan dedicado a prestar servicios humildes a los demás.
 
A Juan y su hermano Santiago les puso Jesús un sobrenombre: “Hijos del trueno”. Y esto se debió a que un día fueron los apóstoles a pedir hospedaje en un pueblo de samaritanos (que odiaban a los judíos) y nadie les quiso proporcionar nada. Entonces estos dos hermanos, que eran violentos, le propusieron a Jesús que les mandara a aquellos maleducados samaritanos alguno de los rayos que tenía desocupados por allá en las nubes. Jesús tuvo que regañarlos porque no habían comprendido todavía que Él no había venido a hacer daño a ninguno, sino a tratar de salvar a cuantos más pudiera. Más tarde estos dos hermanos tan vanidosos y malgeniados, cuando reciban el Espíritu Santo, se volverán humildes y sumamente amables y bondadosos.
 
En la Última Cena tuvo el honor de recostar su cabeza sobre el corazón de Cristo. Juan Evangelista fue el único de los apóstoles que estuvo presente en el Calvario al morir Jesús. Y recibió de Él en sus últimos momentos el más precioso de los regalos. Cristo le encomendó que se encargara de cuidar a la Madre Santísima María, como si fuera su propia madre, diciéndole: “He ahí a tu madre”. Y diciendo a María: “He ahí a tu hijo”.
 
El domingo de la resurrección, fue el primero de los apóstoles en llegar al sepulcro vacío de Jesús. Se fue corriendo con Pedro (al oír la noticia de que el sepulcro estaba vacío), pero como era más joven, corrió a mayor velocidad y llegó primero. Sin embargo por respeto a Pedro lo dejó entrar a él primero y luego entró él también y vio y creyó que Jesús había resucitado.
 
Después de la resurrección de Cristo, cuando la segunda pesca milagrosa, Juan fue el primero en darse cuenta de que el que estaba en la orilla era Jesús. Luego Pedro le preguntó al Señor señalando a Juan: “¿Y éste qué será?”. Jesús le respondió: “Y si yo quiero que se quede hasta que yo venga, a ti qué?”. Con esto algunos creyeron que el Señor había anunciado que Juan no moriría. Pero lo que anunció fue que se quedaría vivo por bastante tiempo, hasta que el reinado de Cristo se hubiera extendido mucho. Y en efecto vivió hasta el año 100, y fue el único apóstol al cual no lograron matar los perseguidores.
 
Después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, Juan iba con Pedro un día hacia el templo y un pobre paralítico les pidió limosa. En cambio le dieron la curación instantánea de su enfermedad. Con este milagro se convirtieron cinco mil personas, pero los apóstoles fueron llevados al tribunal supremo de los judíos que les prohibió hablar de Jesucristo. Pedro y Juan les respondieron: “Tenemos que obedecer a Dios, antes que a los hombres”. Los encarcelaron, pero un ángel llegó y los libertó. Otra vez los pusieron presos y les dieron 39 azotes a cada uno. Ellos salieron muy contentos de haber tenido el honor de sufrir esta afrenta por amor al Señor Jesús, y siguieron predicando por todas partes.
Juan, para cumplir el mandato de Jesús en la cruz, se encargó de cuidar a María Santísima como el más cariñoso de los hijos. Con Ella se fue a evangelizar a Éfeso y la acompañó hasta la hora de su gloriosa muerte.
 
El emperador Dominiciano quiso matar al apóstol San Juan y lo hizo echar en una olla de aceite hirviente, pero él salió de allá más joven y más sano de lo que había entrado, entonces fue desterrado de la isla de Patmos, donde fue escrito el Apocalipsis.
 
Después volvió otra vez a Éfeso donde escribió el Evangelio según San Juan, que es el libro que lo ha hecho tan famoso. Este libro tiene un estilo elevadísimo e impresionantemente hermoso. Agrada mucho a las almas místicas, y ha convertido a muchísimos con su lectura.
 
A San Juan Evangelista lo pintan con un águila al lado, porque es el escritor de la Biblia que se ha elevado a más grandes alturas de espiritualidad con sus escritos. Ningún otro libro tiene tan elevados pensamientos como en su evangelio.
 
Dice San Jerónimo que cuando San Juan era ya muy anciano se hacía llevar a las reuniones de los cristianos y lo único que les decía siempre era esto: “hermanos, ámense los unos a otros”. Una vez le preguntaron por qué repetía siempre lo mismo, y respondió: “es que ese es el mandato de Jesús, y si lo cumplimos, todo lo demás vendrá por añadidura”.
 
San Epifanio dice que San Juan murió hacia el año cien, a los 94 años de edad. Poco antes había ido a un monte tenebroso a convertir a un discípulo suyo que se había vuelto guerrillero, y lo logró convertir volviéndolo bueno otra vez. Dicen los antiguos escritores que amaba mucho a todos pero que les tenía especial temor a los herejes porque ellos con sus errores pierden muchas almas.
 

26 diciembre, 2013

Falleció el Autor del libro "Para Salvarte" el R P. Loring SJ



Sacerdote jesuita con gran actividad pastoral y apologética

El sacerdote Jorge Loring, sj, ha fallecido este miércoles en Málaga a los 92 años de edad. Muy vinculado a la iglesia de Santiago y a la hermandad de La Piedad se encontraba muy grave después de haber sufrido un ataque cerebrovascular. En los últimos años había sido sometido a numerosas intervenciones quirúrgicas. Fue nombrado Hijo Adoptivo de Cádiz, cuyo ayuntamiento ha lamentado su muerte y ha ordenado mantener las banderas a media asta durante tres días.
 
(Agencias/InfoCatólica) Jorge Loring Miró S.J. nació en Barcelona el 30 de septiembre de 1921. Bisnieto de Jorge Loring y Oyarzábal e hijo del ingeniero Jorge Loring Martínez estudió seis años en el Colegio de Nuestra Señora del Pilar, de los marianistas de Madrid. En el verano de 1936, durante la Guerra Civil, los republicanos asesinan a su padre en Madrid. Se traslada a Málaga donde estudia el bachillerato en el Colegio San Estanislado de Kostka y regresa a Madrid para cursar ingeniería en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (ICAI) ordenándose sacerdote en 1954, a la edad de 33 años.
 
Reconocido por su labor de difusión y evangelización que lleva años realizando por televisión, radio y conferencias por todo el mundo, ha escrito varios libros, siendo el más popular el titulado ‘Para Salvarte’, que ha alcanzado la edición número sesenta y tres, superando el millón de ejemplares vendidos en España, siendo editado también en México, Ecuador, Perú, Chile, EE.UU., Egipto, Israel, Rusia, etc. Además de sus publicaciones, ha grabado algunas de sus conferencias en video, y ha aparecido en televisiones católicas como EWTN.
 
Hijo adoptivo de Cádiz

El Ayuntamiento de Cádiz ha lamentado el fallecimiento acaecido este miércoles del jesuita. Muy conocido y querido en la ciudad, en 2006 fue nombrado Hijo Adoptivo de Cádiz. En honor a su figura, el Ayuntamiento mantendrá las banderas a media asta durante tres días.

Obras

‘Para salvarte’: Enciclopedia del católico (63 ediciones), Edibesa
‘Motivos Para Creer’ (30 de diciembre de 1999), Editorial Planeta S.A. (Barcelona)
‘Los Evangelios. 2000 Dudas Resueltas’, (octubre de 2002), Planeta Pub Corp,
‘La Sábana Santa, dos mil años después’ (enero de 2003), Editorial Planeta
‘Más de 200 respuestas a preguntas que usted se ha hecho sobre la fe, la moral y la doctrina católica’ (febrero de 2010), Editorial Libros Libres


(http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=19519&utm_medium=twitter&utm_campaign=NoticasTw&utm_source=infocatolicatw)

San Esteban



Oh, San Esteban, Protomártir, vos,
 sois el hijo del Dios de la vida y,
 su amado santo. En aquél tiempo, tembló
 el Sanedrín, al oíros hablar del Dios
 de la vida, Cristo Jesús, Señor y Dios
 Nuestro. Y, entre cólera y rabia,
 vuestra muerte decidieron. Y, visteis
 vos, la gloria de Dios y, a Jesús
 estar de pie, a la derecha de Dios
 y exclamasteis a viva voz: “Estoy
 viendo los cielos abiertos y al Hijo
 del hombre en pie, a la derecha de Dios”.
Y, ellos, llenos de más ira os lapidaron
 sin misericordia alguna. Y, mientras
 eso sucedía, vuestro cuerpo todo, como
 el oro brillaba. Y, en ese instante
 mismo se oyó, a vos decir: “¡Señor Jesús!;
 mi espíritu recibid y no les tengáis
 en cuenta el crimen contra mi”. Y,
 el Dios de la vida todo conmovido, os
 extendió sus amorosos brazos para
 recibiros y coronaros con corona
 de luz y eternidad, como justo premio
 a vuestra entrega de amor y de fe;
 ¡oh! San Esteban, “morir por la fe”.


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Diciembre
San Esteban
Protomártir
Siglo I


Se le llama “protomartir” porque tuvo el honor de ser el primer mártir que derramó su sangre por proclamar su fe en Jesucristo.
 
Después de Pentecostés, los apóstoles dirigieron el anuncio del mensaje cristiano a los más cercanos, a los hebreos, despertando el conflicto por parte de las autoridades religiosas del judaísmo.
 
Como Cristo, los apóstoles fueron inmediatamente víctimas de la humillación, los azotes y la cárcel, pero tan pronto quedaban libres, continuaban la predicación del Evangelio. La primera comunidad cristiana, para vivir integralmente el precepto de la caridad fraterna, puso todo en común, repartían todos los días cuanto bastaba para el sustento. Cuando la comunidad creció, los apóstoles confiaron el servicio de la asistencia diaria a siete ministros de la caridad, llamados diáconos.

 Entre éstos sobresalía el joven Esteban, quien, a más de desempeñar las funciones de administrador de los bienes comunes, no renunciaba a anunciar la buena noticia, y lo hizo con tanto celo y con tanto éxito que los judíos “se echaron sobre él, lo prendieron y lo llevaron al Sanedrín. Después presentaron testigos falsos, que dijeron: Este hombre no cesa de proferir palabras contra el lugar santo y contra la Ley; pues lo hemos oído decir que este Jesús, el Nazareno, destruirá este lugar y cambiará las costumbres que nos transmitió Moisés”.
 
Esteban, como se lee en el capítulo 7 de Los Hechos de los apóstoles, “lleno de gracia y de fortaleza”, se sirvió de su autodefensa para iluminar las mentes de sus adversarios. Primero resumió la historia hebrea desde Abrahán haste Salomón, luego afirmó que no había blasfemado contra Dios ni contra Moisés, ni contra la Ley o el templo. Demostró, efectivamente, que Dios se revela aun fuera del templo, e iba a exponer la doctrina universal de Jesús como última manifestación de Dios, pero sus adversarios no lo dejaron continuar el discurso, porque “lanzando grandes gritos se taparon los oídos…y echándolo fuera de la ciudad, se pusieron a apedrearlo”.
 
Doblando las rodillas bajo la lluvia de piedras, el primer mártir cristiano repitió las mismas palabras de perdón que Cristo pronunció en la cruz: “Señor, no les imputes este pecado”. En el año 415 el descubrimiento de sus reliquias suscitó gran conmación en el mundo cristiano.
 
Cuando parte de estas reliquias fueron llevadas más tarde por Pablo Orosio a la isla de Menorca, fue tal el entusiasmo de los isleños que, ignorando la lección de caridad del primer mártir, pasaron a espada a los hebreos que se encontraban allí. La fiesta del primer mártir siempre fue celebrada inmediatamente después de la festividad navideña, es decir, entre los “comites Christi”, los más cercanos a la manifestación del Hijo de Dios, porque fueron los primeros en dar testimonio de él.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

25 diciembre, 2013

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo


“No temáis
 os traigo
 una buena noticia
 una gran alegría para
 todo el pueblo
 Hoy en la ciudad de David
 os ha nacido un Salvador:
 el Mesías, el Señor.”


En Dios Padre estaba la Luz
Y la Luz penetraba
Y envolvía a Dios Padre
Y Dios Padre era la Luz


En Dios Hijo estaba la Luz
 Y la Luz penetraba
 Y envolvía a Dios Hijo
 Y Dios Hijo era la luz


En Dios Espíritu Santo estaba la Luz
Y la Luz penetraba
Y envolvía a Dios Espíritu Santo
Y Dios Espíritu Santo era la Luz


Y Dios que tanto amó al mundo
Envió a su unigénito hecho Luz
Para tomar carne
Y habitar entre nosotros


Y la Luz se posó en María
Y Ella le concedió su humanidad
Y Dios su Eterna Divinidad
Y así habitó entre nosotros
Igual en todo
Menos en el pecado


¡Al Rey de Reyes
Que ha nacido
Sea por siempre

El poder
El honor y
La gloria!

“No temáis
 os traigo
 una buena noticia
 una gran alegría para
 todo el pueblo
 Hoy en la ciudad de David
 os ha nacido un Salvador:
 el Mesías, el Señor.”


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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25 de Diciembre
Manifestación del Verbo de Dios a los hombres
La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo


Con la solemnidad de la Navidad, la Iglesia celebra la manifestación del Verbo de Dios a los hombres”. En efecto, éste es el sentido espiritual más importante y sugerido por la misma liturgia, que en las tres misas celebradas por todo sacerdote ofrece a nuestra meditación “el nacimiento eterno del Verbo en el seno de los esplendores del Padre (primera misa); la aparición temporal en la humildad de la carne (segunda misa); el regreso final en el último juicio (tercera misa)” (Liber Sacramentorum).
 
Un antiguo documento del año 354 llamado el Cronógrafo confirma la existencia en Roma de esta fiesta el 25 de diciembre, que corresponde a la celebración pagana del solsticio de invierno “Natalis solis invicti”, esto es, el nacimiento del nuevo sol que, después de la noche más large del año, readquiría nuevo vigor.
 
Al celebrar en este día el nacimiento de quien es el verdadero Sol, la luz del mundo, que surge de la noche del paganismo, se quiso dar un significado totalmente nuevo a una tradición pagana muy sentida por el pueblo, porque coincidía con las ferias de Saturno, durante las cuales los esclavos recibían dones de sus patrones y se los invitaba a sentarse a su mesa, como libres ciudadanos. Sin embargo, con la tradición cristiana, los regalos de Navidad hacen referencia a los dones de los pastores y de los reyes magos al Niño Jesús.
 
En oriente se celebraba la fiesta del nacimiento de Cristo el 6 de enero, con el nombre de Epifanía, que quiere decir “manifestación”; después la Iglesia oriental acogió la fecha del 25 de diciembre, práctica ya en uso en Antioquía hacia el 376, en tiempo de San Juan Crisóstomo, y en el 380 en Constantinopla. En occidente se introdujo la fiesta de la Epifanía, última del ciclo navideño, para conmemorar la revelación de la divinidad de Cristo al mundo pagano.
 
Los textos de la liturgia navideña, formulados en una época de reacción contra la herejía trinitaria de Arrio, subrayan con profundidad espiritual y al mismo tiempo con rigor teológico la divinidad y realeza del Niño nacido en el pesebre de Belén, para invitarnos a la adoración del insondable misterio de Dios revestido de carne humana, hijo de la purísima Virgen María.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

24 diciembre, 2013

Adviento



Oh maravilloso Adviento, que revestido de amor
 significas simplemente “venida”. Y, que, en cuatro
 semanas, nos has preparado para el Nacimiento del Dios
 de la vida. Con tu color litúrgico “morado” significas
 penitencia y conversión, y que, revestida está,
 de esperanza ante la inminente llegada de Nuestro
 Señor. Oh, Adviento, que eres tiempo de privilegio
 para los los cristianos, porque invitas a el pasado
 recordar, vivir el presente y el futuro preparar.
 Oh, Adviento, que eres memoria del misterio de gracia
 del nacimiento del Niño Dios, y eres además, memoria
 de la encarnación y memoria de las maravillas que Dios
 hace en favor de todos los hombres y eres memoria
 de la primera venida del Señor. Eres en sí, oh,
 adviento, viva historia porque eres la llamada de vivir
 el presente de nuestra cristiana vida, comprometida
 a experimentar y testimoniar la presencia del Niño
 del Pesebre, entre nosotros, con nosotros, por nosotros.
 Oh, Adviento, que nos interpelas a vigilantes vivir
 siempre, transitando por los caminos del Señor,
 en la justicia y en el amor. Oh, Adviento, que presencia
 eres del cristiano encarnada, y que, cada vez que
 el bien hace, revive la encarnación y la natividad
 de Jesucristo. Oh, Adviento que preparas y anticipas
 el futuro e invitas a preparar la segunda y definitiva
 venida de Jesucristo, en toda “majestad de su gloria”,
como Señor y como Juez. Oh, Adviento, que nos haces
 proclamar la fe en su venida gloriosa y nos ayudas
 a prepararnos a ella eternamente. Oh, Adviento, vida
 futura, Reino, escatología, tiempo para revisar
 nuestra vida a la luz, de vida de Cristo, a la luz
 de las promesas bíblicas y mesiánicas. Oh, Adviento
 que eres adecuado tiempo, para el examen de conciencia
 continuo, arrepentido y agradecido y eres además,
 proyección de vida, de hombre nuevo, de conversión
 permanente, de cielo nuevo, de tierra nueva, logradas
 con personal esfuerzo, con cada afán, negándose
 a sí mismo, para, en los demás crecer y vivir. Finalmente,
 oh, Adviento glorioso, que eres tiempo maravilloso
 de María de Nazaret, que dijo sí, y confío en la palabra
 de Dios y en quien floreció y alumbró el Niño Dios;
 oh, Adviento, que eres espera del Amor del mundo.


© 2013 by Luis Ernesto Chacón Delgado

Feria privilegiada de Adviento


24 de Diciembre
Día litúrgico
Feria privilegiada de Adviento


Texto del Evangelio (Lc 1,67-79)
 
En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
 
Comentario: Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents (Terrassa, Barcelona, España)

Harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas
 
Hoy, el Evangelio recoge el canto de alabanza de Zacarías después del nacimiento de su hijo. En su primera parte, el padre de Juan da gracias a Dios, y en la segunda sus ojos miran hacia el futuro. Todo él rezuma alegría y esperanza al reconocer la acción salvadora de Dios con Israel, que culmina en la venida del mismo Dios encarnado, preparada por el hijo de Zacarías.
 
Ya sabemos que Zacarías había sido castigado por Dios a causa de su incredulidad. Pero ahora, cuando la acción divina es del todo manifiesta en su propia carne —pues recupera el habla— exclama aquello que hasta entonces no podía decir si no era con el corazón; y bien cierto que lo decía: «Bendito el Señor Dios de Israel…» (Lc 1,68). ¡Cuántas veces vemos oscuras las cosas, negativas, de manera pesimista! Si tuviésemos la visión sobrenatural de los hechos que muestra Zacarías en el Canto del Benedictus, viviríamos con alegría y esperanza de una manera estable.
 
«El Señor ya está cerca; el Señor ya está aquí». El padre del precursor es consciente de que la venida del Mesías es, sobre todo, luz. Una luz que ilumina a los que viven en la oscuridad, bajo las sombras de la muerte, es decir, ¡a nosotros! ¡Ojalá que nos demos cuenta con plena conciencia de que el Niño Jesús viene a iluminar nuestras vidas, viene a guiarnos, a señalarnos por dónde hemos de andar…! ¡Ojalá que nos dejáramos guiar por sus ilusiones, por aquellas esperanzas que pone en nosotros!
Jesús es el “Señor” (cf. Lc 1,68.76), pero también es el “Salvador” (cf. Lc 1,69).
 
Estas dos confesiones (atribuciones) que Zacarías hace a Dios, tan cercanas a la noche de la Navidad, siempre me han sorprendido, porque son precisamente las mismas que el Ángel del Señor asignará a Jesús en su anuncio a los pastores y que podremos escuchar con emoción esta misma noche en la Misa de Nochebuena. ¡Y es que quien nace es Dios!