10 febrero, 2012

Santa Escolástica


Oh, Santa Escolástica; vos,
sois la hija del Dios de la
vida, y, aquella santa mujer,
gemela hermana de San Benito,
que, os abrazasteis también
a la cruz de Cristo, fundando
de occidente, la comunidad
primera de occidente y que,
con vuestra entrega, amor y
fe supisteis, el labraros la
gloria del cielo, por el
angosto camino transitando,
que os condujo al gozo de la
vida eterna, allá, donde mora
Aquél que todo lo ve, y juzga
con la verdad y amor único.
Vos, un anoche cualquiera,
a Benito le pedisteis, que
se quedara, para conversar,
"cosas del cielo", y, él, os
respondió: ¿Cómo se te ocurre
hermana semejante petición?
¿No sabes que nuestros reglamentos
nos prohiben pasar la noche
fuera del convento? Y, ella a
Dios orando, os contestó:
“¿Ves hermano? Te rogué a ti
y no quisiste hacerme caso.
Le rogué a Dios, y El sí atendió
mi petición”. Y, hablando se
quedaron sobre las delicias
del cielo, mientras corría la
tormenta. Hoy, de luz coronada
brilláis, por la eternidad eterna;
oh, Santa Escolástica, santa.


© 2012 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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10 de Febrero
Santa Escolástica
Religiosa (año 543)


Era hermana gemela de San Benito, el santo que fundó la primera comunidad religiosa de occidente. Nació el año 480, en Nursia, Italia. Desde muy joven se dedicó también ella a la vida religiosa y fue superiora de un convento de monjas. Su hermano dirigía un gran convento para hombres en el Monte Casino, y Escolástica fundó un convento para mujeres a los pies de ese mismo monte.

Aunque eran hermanos y se amaban mucho, sin embargo San Benito no iba a visitar a Escolástica sino una vez cada año, pues él era muy mortificado en hacer visitas. El día de la visita lo pasaban los dos hablando de temas espirituales.

Pocos días antes de la muerte de la santa fue su hermano a visitarla y después de haber pasado el día entero en charlas religiosas, el santo se despidió y se dispuso a volver al monasterio. Era el primer jueves de Cuaresma del año 547.

Escolástica le pidió a San Benito que se quedara aquella noche charlando con ella acerca del cielo y de Dios. Pero el santo le respondió: ¿Cómo se te ocurre hermana semejante petición? ¿No sabes que nuestros reglamentos nos prohiben pasar la noche fuera del convento? Entonces ella juntó sus manos y se quedó con la cabeza inclinada, orando a Dios. Y en seguida se desató una tormenta tan espantosa y un aguacero tan violento, que San Benito y los dos monjes que lo acompañaban no pudieron ni siquiera intentar volver aquella noche a su convento. Y la santa le dijo emocionada: “¿Ves hermano? Te rogué a ti y no quisiste hacerme caso. Le rogué a Dios, y El sí atendió mi petición”.

Y pasaron toda aquella noche rezando y hablando de Dios y de la Vida Eterna.

Benito volvió a su convento de Monte Casino y a los tres días, al asomarse a la ventana de su celda vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo. Entonces por inspiración divina supo que era el alma de su hermana que viajaba hacia la eternidad feliz. Envió a unos de sus monjes a que trajeran su cadáver, y lo hizo enterrar en la tumba que se había preparado para él mismo. Pocos días después murió también el santo. Así estos dos hermanos que vivieron toda la vida tan unidos espiritualmente, quedaron juntos en la tumba, mientras sus almas cantan eternamente las alabanzas a Dios en el cielo.

El trabajo ofrecido por Dios es una gran oración (San Benito).


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