Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.
11 diciembre, 2015
San Dámaso I, Pontífice
¡Oh!, San Dámaso vos sois, el hijo del Dios de la vida
y su amado santo, y que, a San Jerónimo, como secretario
tuvisteis. Humilde como erais, os sentisteis maravillado
por el obrar de tantos santos y mártires, que sus vidas
dieron por la causa de Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro.
Quizás por ello, vos mismo, sus epitafios redactasteis
en cada una de sus tumbas, para que, sus vidas, conocidas
fueran por siempre, en los cientos de miles de hombres
que clamaron y claman hoy, y por siempre, sus intercesiones.
Para vos, más y mayor manjar, no existió nunca jamás,
que, la lectura de la Biblia, donde sabiduría bebisteis y
que, la diseminasteis en cada palabra que, de vuestro
corazón salía en cada evangelizador sermón. A vos también
os pertenecen la santa oración que dice: “Gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio,
ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”. Y,
también aquella bellísima reflexión que dice: “Yo, Dámaso,
hubiera querido ser sepultado junto a las tumbas de los
santos, pero tuve miedo de ofender su santo recuerdo.
Espero que Jesús, que resucitó a Lázaro, me resucite
también a mí en el último día”. Santas palabras, que
brillaron y brillan por siempre, en la fe del hombre que
ama a Dios. Por todo ello, y después de haber gastado
vuestra santa vida en buena lid, corona de luz recibisteis,
como justo premio a vuestra grande entrega de amor y fe;
¡oh!, San Dámaso; “escriba de los santos del Dios vivo”.
© 2015by Luis Ernesto Chacón Delgado
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11 de Diciembre
San Dámaso I Pontífice
Año 384
Que San Dámaso y su secretario San Jerónimo nos consigan del buen Dios la gracia de amar, meditar y hacer amar y meditar mucho a Jesucristo.
Este Pontífice se hizo famoso por haber redactado y hecho grabar los epitafios o lápidas en los sepulcros de muchos famosos mártires de las catacumbas de Roma.
Era de familia española. Fue secretario de los Pontífices, San Liberio y San Félix, y al ser elegido Papa, en el año 366, hizo honor a su nombre, que significa “domador”, porque tuvo que sofocar una sangrienta rebelión que en Roma se levantó contra él.
Tuvo como secretario al gran San Jerónimo, al cual le encargó que tradujera la S. Biblia al idioma popular, y esta traducción llamada “La Vulgata”, fue la que empleó la Iglesia Católica durante 15 siglos.
San Jerónimo dice de él: “era un hombre puro, que fue elegido para dirigir a una Iglesia que debe ser pura”. Sus epitafios sobre las tumbas de los mártires en las catacumbas (o subterráneos de Roma) se han conservado muy bien, y de varios santos lo único que sabemos se debe a lo que él escribió sobre sus tumbas. Así por ej. de San Tarcisio, el mártir de la Eucaristía, etc. Era excelente poeta.
San Dámaso redactó su propio epitafio así: “Yo, Dámaso, hubiera querido ser sepultado junto a las tumbas de los santos, pero tuve miedo de ofender su santo recuerdo. Espero que Jesucristo que resucitó a Lázaro, me resucite también a mí en el último día”.
Desde muy joven, su lectura preferida fue la S. Biblia, y decía que el manjar más exquisito que había encontrado en toda su vida era la Palabra de Dios.
Dicen que él fue el que introdujo en las oraciones de los católicos el “Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, como era en un principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén”.
Durante todo su pontificado se preocupó por obtener que los obispos de todas las naciones reconocieran al Pontífice de Roma como el obispo más importante del mundo.
A la edad de ochenta años murió el 11 de diciembre del año 384 y fue sepultado en la tumba que él mismo se había preparado humildemente, alejado de las tumbas de los santos famosos de Roma. Después construyeron sobre su sepulcro la basílica llamada San Dámaso.
(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Damaso.htm)
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12/11/2015 07:59:00 a.m.
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10 diciembre, 2015
Nuestra Señora de Loreto
¡Oh!, Nuestra Señora de Loreto, Vos, sois la Santa Madre
del Redentor, y que, desde Tierra Santa, a haceros
de las europas vinisteis. Ante Vos, San Carlos Borromeo,
San Luis Gonzaga, Santa Teresita, San José Cupertino,
San Juan Bosco, y los Santos Papas Juan XXIII, Pablo
VI y Juan Pablo II, se postraron, porque, a los cruzados
bravos gracias, en vuestra tierra se sentían y más
cerca de Vuestro amor. Y, fueron los cruzados bravos,
quienes Jerusalén tomaron y, a Italia, materiales llevaron
para construir vuestra casita, donde Vos, vivisteis
con Vuestro Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo
y San José, vuestro fidelísimo esposo. Así, vuestra “Casa
de Loreto”, desde Nazaret llegó por los aires, llevada
por los ángeles, “volando”. Total que más da. ¿Acaso no
sois Vos, la Madre de Dios? ¡Qué duda cabe! Él lo quiso
y así fue. Porque para Dios nada imposible hay, ni habrá
jamás. ¡Oh!, Bendita entre todas las mujeres ¡oh!, Sin
Pecado Concebida. ¡Oh!, Santa Patrona de los aviadores;
¡oh!, Señora Nuestra de Loreto, “vivo Amor por los hombres”.
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
del Redentor, y que, desde Tierra Santa, a haceros
de las europas vinisteis. Ante Vos, San Carlos Borromeo,
San Luis Gonzaga, Santa Teresita, San José Cupertino,
San Juan Bosco, y los Santos Papas Juan XXIII, Pablo
VI y Juan Pablo II, se postraron, porque, a los cruzados
bravos gracias, en vuestra tierra se sentían y más
cerca de Vuestro amor. Y, fueron los cruzados bravos,
quienes Jerusalén tomaron y, a Italia, materiales llevaron
para construir vuestra casita, donde Vos, vivisteis
con Vuestro Amadísimo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo
y San José, vuestro fidelísimo esposo. Así, vuestra “Casa
de Loreto”, desde Nazaret llegó por los aires, llevada
por los ángeles, “volando”. Total que más da. ¿Acaso no
sois Vos, la Madre de Dios? ¡Qué duda cabe! Él lo quiso
y así fue. Porque para Dios nada imposible hay, ni habrá
jamás. ¡Oh!, Bendita entre todas las mujeres ¡oh!, Sin
Pecado Concebida. ¡Oh!, Santa Patrona de los aviadores;
¡oh!, Señora Nuestra de Loreto, “vivo Amor por los hombres”.
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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10 de Diciembre
Nuestra Señora de Loreto
Patrona de los aviadores
Nuestra Señora de Loreto
Patrona de los aviadores
Loreto significa: rodeado de árboles de laurel.
En el norte de Italia hay un santuario mariano sumamente famoso, visitado continuamente por millares de peregrinos. Se llama la Casita de Nazaret en Loreto.
En el norte de Italia hay un santuario mariano sumamente famoso, visitado continuamente por millares de peregrinos. Se llama la Casita de Nazaret en Loreto.
A este santuario han ido en peregrinación famosos santos. Por ej. San
Carlos Borromeo, San Luis Gonzaga, Santa Teresita, San José Cupettino,
San Juan Bosco, los Pontífices Juan XXIII, Pablo VI, y Juan Pablo II, y
muchos más. Es un templo muy amado por los católicos de Europa.
Empezó a existir este santuario cuando los Cruzados tomaron a
Jerusalén y hacia el año 1200 empezaron a llevar a Italia materiales de
la Tierra Santa para construir una réplica o imitación de lo que pudo
ser la casita de Jesús, José y María de Nazaret. Cuando después de
muchos viajes portando materiales lograron hacer una edificación
parecida a la que pudo habitar la Sagrada Familia, comenzaron a invitar a
los devotos a visitar aquel lugar sagrado y a honrar en él a la Madre
de Dios.
Y, como sucede en los santuarios de todo el mundo, comenzaron a
obrarse allí admirables milagros. Los santuarios son precisamente
lugares donde Dios, misteriosamente, sin saber por qué, concede
impresionantes favores a los que van allí a pedirle su ayuda. Quizás
porque la fe del peregrino es muy viva y se aumenta con el contagio del
fervor de los demás orantes en ese lugar, en cada santuario se consiguen
gracias que en otras partes no se habían logrado obtener. Y esto sucede
en Loreto continuamente.
Algunos, para darle más poesía a la existencia de la Casa de Loreto,
llegaron a afirmar que esa construcción había sido llevada por los
ángeles, volando por los aires, desde Nazaret. Por eso la Virgen de
Loreto es Patrona de los aviadores. Esa narración es sólo una bella
leyenda, pero a la gente le gustó y algunos hasta la creyeron.
Nosotros al recordar hoy en esta fiesta la Vida de María, José y el Divino Niño en Nazaret, nos alegramos de ser amigos y devotos de tan santas y amables personas, y pedimos a Jesús, José y María que sigan bendiciendo cada día más y más a nuestras familias y a nuestras casas. Quiera Dios que cada uno de nuestros hogares sea una réplica o imitación fiel del santo Hogar de Nazaret.
Jesús, José y María: Bendecid nuestros hogares.
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12/10/2015 10:37:00 a.m.
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09 diciembre, 2015
San Juan Diego Vidente de la Virgen de Guadalupe
¡Oh!, San Juan Diego, vos, sois el hijo del Dios de la vida y
su amado santo, y aquél, al que, la Santa Madre de Dios,
se reveló en toda su majestad, poder y esplendor. Humildad,
sencillez; obediencia y paciencia, los signos de vuestra
santa vida fueron, y los que, vuestro amor y fe forjaron,
de esperanza y caridad llenos. Hoy, en el cielo estáis, y
el Tepeyac, testigo mudo, en la tierra, habla de las “rosas
de Castilla” y, en vuestro ayate, la viva imagen de Santa
María, la “Reina del Cielo”, la “Guadalupana”, la Santa
Madre del Redentor. Alegraos pues, los hombres todos
de la América nuestra y también del orbe todo, que, en vos,
Juan Diego, se dio aquello que se dice, se siente y se
escucha, de que: “estamos todos llamados a ser santos”.
Porque, lo quiere así Dios, y así, lo espera Él, y así,
la también muy bien llamada “Gudalupana”, que lo desea
por siempre así. Y, en el “Nican motecpana”, se lee así,
de vos: “A diario se ocupaba en cosas espirituales y
barría el templo. Se postraba delante de la Señora del
Cielo y la invocaba con fervor; frecuentemente se confesaba,
comulgaba, ayunaba, hacía penitencia, se disciplinaba,
se ceñía cilicio de malla y escondía en la sombra para
poder entregarse a solas a la oración y estar invocando
a la Señora del cielo”. El Padre Luis Becerra Tanco,
decía de vos: “el indio Juan Diego y su mujer María
Lucía, guardaron castidad desde que recibieron el agua
del Bautismo Santo, por haber oído a uno de los primeros
ministros evangélicos muchos encomios de la pureza y
castidad y lo que ama nuestro Señor a las vírgenes, y
esta fama fue constante a los que conocieron y comunicaron
mucho tiempo estos dos casados”. Y un día, después de haber
sido guardián de la Reina del cielo, entregasteis vuestra
alma a Dios, y Él, en su amor insondable, os coronó
con corona de luz, como justo premio a vuestro amor y fe;
¡oh!, San Juan Diego, “vivo amor de la gloria de María”.
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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9 de Diciembre San Juan Diego Vidente de la Virgen de Guadalupe
P. Dr. Eduardo Chávez Sánchez
Juan Diego Cuauhtlatoatzin (que significa: Águila que habla o El que
habla como águila), un indio humilde, de la etnia indígena de los
chichimecas, nació en torno al año 1474, en Cuauhtitlán, que en ese
tiempo pertenecía al reino de Texcoco. Juan Diego fue bautizado por los
primeros franciscanos, aproximadamente en 1524.
En 1531, Juan Diego era un hombre maduro, como de unos 57 años de
edad; edificó a los demás con su testimonio y su palabra; de hecho, se
acercaban a él para que intercediera por las necesidades, peticiones y
súplicas de su pueblo; ya “que cuanto pedía y rogaba la Señora del
cielo, todo se le concedía”.
Juan Diego fue un hombre virtuoso, las semillas de estas virtudes
habían sido inculcadas, cuidadas y protegidas por su ancestral cultura y
educación, pero recibieron plenitud cuando Juan Diego tuvo el gran
privilegio de encontrarse con la Madre de Dios, María Santísima de
Guadalupe, siendo encomendado a portar a la cabeza de la Iglesia y al
mundo entero el mensaje de unidad, de paz y de amor para todos los
hombres; fue precisamente este encuentro y esta maravillosa misión lo
que dio plenitud a cada una de las hermosas virtudes que estaban en el
corazón de este humilde hombre y fueron convertidas en modelo de
virtudes cristianas; Juan Diego fue un hombre humilde y sencillo,
obediente y paciente, cimentado en la fe, de firme esperanza y de gran
caridad.
Poco después de haber vivido el importante momento de las Apariciones
de Nuestra Señora de Guadalupe, Juan Diego se entregó plenamente al
servicio de Dios y de su Madre, transmitía lo que había visto y oído, y
oraba con gran devoción; aunque le apenaba mucho que su casa y pueblo
quedaran distantes de la Ermita. Él quería estar cerca del Santuario
para atenderlo todos los días, especialmente barriéndolo, que para los
indígenas era un verdadero honor; como recordaba fray Gerónimo de
Mendieta: “A los templos y a todas las cosas consagradas a Dios tienen
mucha reverencia, y se precian los viejos, por muy principales que sean,
de barrer las iglesias, guardando la costumbre de sus pasados en
tiempos de su gentilidad, que en barrer los templos mostraban su
devoción (aun los mismos señores).”
Juan Diego se acercó a suplicarle al señor Obispo que lo dejara estar
en cualquier parte que fuera, junto a las paredes de la Ermita para
poder así servir todo el tiempo posible a la Señora del Cielo. El
Obispo, que estimaba mucho a Juan Diego, accedió a su petición y
permitió que se le construyera una casita junto a la Ermita. Viendo su
tío Juan Bernardino que su sobrino servía muy bien a Nuestro Señor y a
su preciosa Madre, quería seguirle, para estar juntos; “pero Juan Diego
no accedió. Le dijo que convenía que se estuviera en su casa, para
conservar las casas y tierras que sus padres y abuelos les dejaron”.
Juan Diego manifestó la gran nobleza de corazón y su ferviente
caridad cuando su tío estuvo gravemente enfermo; asimismo Juan Diego
manifestó su fe al estar con el corazón alegre, ante las palabras que le
dirigió Santa María de Guadalupe, quien le aseguró que su tío estaba
completamente sano; fue un indio de una fuerza religiosa que envolvía
toda su vida; que dejó sus casas y tierras para ir a vivir a una pobre
choza, a un lado de la Ermita; a dedicarse completamente al servicio del
templo de su amada Niña del Cielo, la Virgen Santa María de Guadalupe,
quien había pedido ese templo para en él ofrecer su consuelo y su amor
maternal a todos lo hombres y mujeres.
Juan Diego tenía “sus ratos de oración en aquel modo que sabe Dios
dar a entender a los que le aman y conforme a la capacidad de cada uno,
ejercitándose en obras de virtud y mortificación.” También se nos
refiriere en el Nican motecpana: “A diario se ocupaba en cosas
espirituales y barría el templo. Se postraba delante de la Señora del
Cielo y la invocaba con fervor; frecuentemente se confesaba, comulgaba,
ayunaba, hacía penitencia, se disciplinaba, se ceñía cilicio de malla y
escondía en la sombra para poder entregarse a solas a la oración y estar
invocando a la Señora del cielo.”
Toda persona que se acercaba a Juan Diego tuvo la oportunidad de
conocer de viva voz los pormenores del Acontecimiento Guadalupano, la
manera en que había ocurrido este encuentro maravilloso y el privilegio
de haber sido el mensajero de la Virgen de Guadalupe; como lo indicó el
indio Martín de San Luis cuando rindió su testimonio en 1666: “Todo lo
cual lo contó el dicho Diego de Torres Bullón a este testigo con mucha
distinción y claridad, que se lo había dicho y contado el mismo Indio
Juan Diego, porque lo comunicaba.” Juan Diego se constituyó en un
verdadero misionero.
Cuando Juan Diego se casó con María Lucía, quien había muerto dos
años antes de las Apariciones, habían escuchado un sermón a fray Toribio
de Benavente en el P. Luis Becerra Tanco: “el indio Juan Diego y su
mujer María Lucía, guardaron castidad desde que recibieron el agua del
Bautismo Santo, por haber oído a uno de los primeros ministros
evangélicos muchos encomios de la pureza y castidad y lo que ama nuestro
Señor a las vírgenes, y esta fama fue constante a los que conocieron y
comunicaron mucho tiempo estos dos casados”donde se exaltaba la
castidad, que era agradable a Dios y a la Virgen Santísima, por lo que
los dos decidieron vivirla; se nos refiere: “Era viudo: dos años antes
de que se le apareciera la Inmaculada, murió su mujer, que se llamaba
María Lucía. Ambos vivían castamente.” Como también lo testificó. Aunque
esto no obsta de que Juan Diego haya tenido descendencia, sea antes del
bautismo, sea por la línea de algún otro familiar; ya que, por fuentes
históricas sabemos que Juan Diego efectivamente tuvo descendencia; sobre
esto, uno de los principales documentos se conserva en el Archivo del
Convento de Corpus Christi en la Ciudad de México, en el cual se
declara: “Sor Gertrudis del Señor San José, sus padres caciques [indios
nobles] Dn. Diego de Torres Vázquez y Da. María del la Ascención de la
región di Xochiatlan […] y tenida por descendiente del dichoso Juan
Diego.”
Lo importante también es el hecho de que Juan Diego inspiró la
búsqueda de la santidad y de la perfección de vida, incluso en medio de
los miembros de su propia familia, ya que su tío, como ya veíamos, al
constatar como Juan Diego se había entregado muy bien al servicio de la
Virgen María de Guadalupe y de Dios, quiso seguirlo, aunque Juan Diego
le convino que era preferible que se quedara en su casa; y ahora tenemos
también este ejemplo de Sor Gertrudis del Señor San José, descendiente
de Juan Diego, quien ingresó a un monasterio, a consagrar su vida al
servicio de Dios, buscando esa perfección de vida, buscando la Santidad.
Es un hecho que Juan Diego siempre edificó a los demás con su
testimonio y su palabra; constantemente se acercaban a él para que
intercediera por las necesidades, peticiones y súplicas de su pueblo; ya
“que cuanto pedía y rogaba la Señora del cielo, todo se le concedía”.
El indio Gabriel Xuárez, quien tenía entre 112 y 115 años cuando dio
su testimonio en las Informaciones Jurídicas de 1666; declaró cómo Juan
Diego era un verdadero intercesor de su pueblo, decía: “que la dicha
Santa Imagen le dijo al dicho Juan Diego la parte y lugar, donde se le
había de hacer la dicha Ermita que fue donde se le apareció, que la ha
visto hecha y la vio empezar este testigo, como lleva dicho donde son
muchos los hombres y mujeres que van a verla y visitarla como este
testigo ha ido una y muchas veces a pedirle remedio, y del dicho indio
Juan para que como su pueblo, interceda por él.”
El anciano indio Gabriel Xuárez también señaló detalles importantes
sobre la personalidad de Juan Diego y la gran confianza que le tenía el
pueblo para que intercediera en sus necesidades: “el dicho Juan Diego,
–decía Gabriel Xuárez– respecto de ser natural de él y del barrio de
Tlayacac, era un Indio buen cristiano, temeroso de Dios, y de su
conciencia, y que siempre le vieron vivir quieta y honestamente, sin dar
nota, ni escándalo de su persona, que siempre le veían ocupado en
ministerios del servicio de Dios Nuestro Señor, acudiendo muy
puntualmente a la doctrina y divinos oficios, ejercitándose en ello muy
ordinariamente porque a todos los Indios de aquel tiempo oía este
testigo, decirles era varón santo, y que le llamaban el peregrino,
porque siempre lo veían andar solo y solo se iba a la doctrina de la
iglesia de Tlatelulco, y después que se le apareció al dicho Juan Diego
la Virgen de Guadalupe, y dejó su pueblo, casas y tierras, dejándolas a
su tío suyo, porque ya su mujer era muerta; se fue a vivir a una casa
Juan Diego que se le hizo pegada a la dicha Ermita, y allá iban muy de
ordinario los naturales de este dicho pueblo a verlo a dicho paraje y a
pedirle intercediese con la Virgen Santísima les diese buenos temporales
en sus milpas, porque en dicho tiempo todos lo tenían por Varón Santo.”
La india doña Juana de la Concepción que también dio su testimonio en
estas Informaciones, confirmó que Juan Diego, efectivamente, era un
hombre santo, pues había visto a la Virgen: “todos los Indios e Indias
–declaraba– de este dicho pueblo le iban a ver a la dicha Ermita,
teniéndole siempre por un santo varón, y esta testigo no sólo lo oía
decir a los dichos sus padres, sino a otras muchas personas”. Mientras
que el indio Pablo Xuárez recordaba lo que había escuchado sobre el
humilde indio mensajero de Nuestra Señora de Guadalupe, decía que para
el pueblo, Juan Diego era tan virtuoso y santo que era un verdadero
modelo a seguir, declaraba el testigo que Juan Diego era “amigo de que
todos viviesen bien, porque como lleva referido decía la dicha su abuela
que era un varón santo, y que pluguiese a Dios, que sus hijos y nietos
fuesen como él, pues fue tan venturoso que hablaba con la Virgen, por
cuya causa le tuvo siempre esta opinión y todos los de este pueblo.” El
indio don Martín de San Luis incluso declaró que la gente del pueblo:
“le veía hacer al dicho Juan Diego grandes penitencias y que en aquel
tiempo le decían varón santísimo.”
Como decíamos, Juan Diego murió en 1548, un poco después de su tío
Juan Bernardino, el cual falleció el 15 de mayo de 1544; ambos fueron
enterrados en el Santuario que tanto amaron. Se nos refiere en el Nican
motecpana: “Después de diez y seis años de servir allí Juan Diego a la
Señora del cielo, murió en el año de mil y quinientos y cuarenta y ocho,
a la sazón que murió el señor obispo. A su tiempo le consoló mucho la
Señora del cielo, quien le vio y le dijo que ya era hora de que fuese a
conseguir y gozar en el cielo, cuanto le había prometido. También fue
sepultado en el templo. Andaba en los setenta y cuatro años.” En el
Nican motecpana se exaltó su santidad ejemplar: “¡Ojalá que así nosotros
le sirvamos y que nos apartemos de todas las cosas perturbadoras de
este mundo, para que también podamos alcanzar los eternos gozos del
cielo!”
(http://www.mercaba.org/SANTORAL/Vida/12/12-09_S_juan_diego.htm)
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08 diciembre, 2015
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
¡Oh; Señora Nuestra Inmaculada!
¡Ave María Virgen!
¿Quién, si no Vos,
La nueva Eva
La llena de gracia
La Esclava del Señor?:
¡Sólo vos y nadie más!.
Oh; ¡Nuestra Señora Inmaculada!
¡María Ave Virgen!
Eva ayer
La oscuridad
Y Vos hoy
Perfecta luz
La Kejaritomene
¡oh, Santa Madre del Redentor!.
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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8 de Diciembre
Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María
Ya en el siglo II saludaba san Ireneo en la Madre de Jesús a la nueva Eva. Pero fue dentro del segundo milenio cuando poco a poco fue apercibiéndose la Iglesia del depósito revelado referente a la Inmaculada Concepción de María. El Papa Pío IX la proclamó solemnemente el 8 de diciembre de 1854. Hacía casi cuatro siglos que el papa Sixto IV había extendido la fiesta de la Concepción Inmaculada de María a toda la Iglesia de Occidente (1483).
Himno
I
De Adán el primer pecado
No vino en vos a caer;
Que quiso Dios preservaros
Limpia como para él.
De vos el Verbo encarnado
Recibió humano ser,
Y quiere todapureza
Quien todopuro es también.
Si Dios autor de las leyes
Que rigen la humana grey,
Para engendrar a su madre
¿no pudo cambiar la ley?
Decir que pudo y no quiso
Parece cosa cruel,
Y, si es todopoderoso,
¿con vos no lo habrá de ser?
Que honrar al hijo en la madre
Derecho de todos es,
Y ese derecho tan justo,
¿Dios no lo debe tener?
Porque es justo, porque os ama,
Porque vais su madre a ser,
Os hizo Dios tan purísima
Como Dios merece y es. Amén.
II
Eva nos vistió de luto,
De Dios también nos privó
E hizo mortales;
Mas de vos salió tal fruto
Que puso en paz y quitó
Tantos males.
Por Eva la maldición
Cayó en el género humano
Y el castigo;
Mas por vos la bendición
fue, y a todos dio la mano
Dios amigo.
Un solo Dios trino y uno
A vos hizo sola y una:
Más perfecta
Después de Dios no hay ninguna,
Ni es a Dios persona alguna
Más acepta.
¡Oh cuánto la tierra os debe!
Pues que por vos Dios volvió
La noche en día,
Por vos, más blanca que nieve,
El pecador alcanzó
Paz y alegría. Amén.
III
Ninguno del ser humano
Como vos se pudo ver;
Que a otros les dejan caer
Y después les dan la mano.
Mas vos, Virgen, no caíste
Como los otros cayeron,
Que siempre la mano os dieron
Con que preservada fuiste.
Yo, cien mil veces caído;
Os suplico que me deis
La vuestra y me levantéis
Porque no quede perdido.
Y por vuestra concepción,
Que fue de tan gran pureza,
Conserva en mí la limpieza
Del alma y del corazón,
Para que de esta manera
Suba con voz a gozar
Del que solo puede dar
Vida y gloria verdadera. Amén.
Oración I
Padre, la boca se nos llena de cantares y el corazón rebosa de alegría, porque se acerca el nacimiento de tu Hijo, que levantó del sueño a los pastores y sobresaltó a los poderosos. Pero sobretodo llenó de gozo a su Madre María, que había vivido un adviento de nueve meses. Ella, sencilla como la luz, clara como el agua, pura como la nieve y dócil como una esclava concibió en su seno la Palabra. Concédenos que, a imitación suya, seamos siempre dóciles al evangelio de Jesús y así celebremos en verdad de fe la Pascua de su nacimiento. Por nuestro Señor Jesucristo.
Oración II
Oh Dios, que por la Concepción Inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada, y en previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado, concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Por nuestro Señor Jesucristo.
( http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Inmaculada_Concepci%C3%B3n.htm)
(http://www.youtube.com/watch?v=dlYAbjsRVdI)
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07 diciembre, 2015
San Ambrosio
¡Oh!, San Ambrosio, vos, sois el hijo del Dios de la vida,
su amado santo y que, honor hicisteis al significado
de vuestro nombre: inmortal. Huérfano de padre, quedó
vuestra madre para daros una exquisita educación moral,
intelectual, artística y religiosa. Excelso poeta, hablabais
muy bien, y os dedicasteis a la abogacía. Y, con ella, a
los inocentes ante los romanos defendisteis con valor
tanto que, su alcalde, os nombró su secretario y ayudante.
A los treinta años, nombrado gobernador de todo
el norte de Italia. Un padre para todos y no negabais
favores a nadie en Milán. Y, una voz, de pronto se oyó
que gritó: “¡Ambrosio obispo!¡Ambrosio obispo!”. Y,
fuisteis Obispo y de inmediato os disteis a estudiar
la Santa Biblia, hasta comprenderla de maravillosa forma.
no dejasteis de lado a los sabios de vuestro tiempo, y
leísteis a San Basilio y San Gregorio Nacianceno. Y,
una vez, ordenado sacerdote y consagrado obispo, os
disteis a instruir a vuestro pueblo. Y, vuestros sermones
a San Agustín impresionaron, aún falto de conversión y,
vos, lo bautizáis. Os oponíais, a los gobernantes injustos,
corregíais a los emperadores y a las altas autoridades,
el tiempo todo. Un día, valentino emperador, os decía
en una carta: “Nos agrada la valentía con que sabe
decirnos las cosas. No deje de corregirnos, sus palabras
nos hacen mucho bien”. Y, cuando la emperatriz quitarles
quiso, un templo a los católicos, para dárselo a los herejes,
vos, os encerrasteis, con todo el pueblo en la iglesia, y
no dejasteis entrar allí, a los invasores, hasta lograr
vuestro cometido. Cierta vez, Teodosio, emperador creyente
católico, gran guerrero, por un empleado suyo muerto,
mató siete mil personas en venganza. Y, vos, le dijisteis:
“Eres humano y te has dejado vencer por la tentación.
Ahora tienes que hacer penitencia por este gran pecado”.
El emperador os escribió diciéndoos: “Dios perdonó a
David; luego a mí también me perdonará”. Y, contestasteis
así: “Ya que has imitado a David en cometer un gran pecado,
imítalo ahora haciendo una gran penitencia, como la que
hizo él”. Aceptó Teodosio, pidió perdón e hizo grandes
penitencias. En la Navidad de aquél año, lo recibisteis
como arrepentido pecador y más tarde, aquél hombre,
murió en vuestros santos brazos, y en la oración fúnebre
dijisteis: “Siendo la primera autoridad civil y militar,
aceptó hacer penitencia como cualquier otro pecador,
y lloró su falta toda la vida. No se avergonzó de pedir
perdón a Dios y a la Santa Iglesia, y seguramente
que ha conseguido el perdón”. Compusisteis cantos
hermosos y los enseñabais al pueblo y escribisteis bellos
libros, explicando la Santa Biblia, aconsejando métodos,
para adelantar en la santidad. Con vuestro tratado, sobre
la virginidad y la pureza, hicisteis ver los beneficios
de ambas, para el logro de la santidad. Cuando vuestro
fin llegó, expirasteis exclamando: “He tratado de vivir
de tal manera que no tenga que sentir miedo al presentarme
ante el Divino Juez”. Y, Dios, recibió vuestra alma,
para coronado ser, con corona de luz y de gloria, como
justo premio a vuestra entrega de amor, fe y esperanza;
¡oh!, San Ambrosio, “palabra viva e inmortal de Cristo".
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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7 de Diciembre
San Ambrosio
Arzobispo de Milán y
Doctor de la Iglesia
Año 397
su amado santo y que, honor hicisteis al significado
de vuestro nombre: inmortal. Huérfano de padre, quedó
vuestra madre para daros una exquisita educación moral,
intelectual, artística y religiosa. Excelso poeta, hablabais
muy bien, y os dedicasteis a la abogacía. Y, con ella, a
los inocentes ante los romanos defendisteis con valor
tanto que, su alcalde, os nombró su secretario y ayudante.
A los treinta años, nombrado gobernador de todo
el norte de Italia. Un padre para todos y no negabais
favores a nadie en Milán. Y, una voz, de pronto se oyó
que gritó: “¡Ambrosio obispo!¡Ambrosio obispo!”. Y,
fuisteis Obispo y de inmediato os disteis a estudiar
la Santa Biblia, hasta comprenderla de maravillosa forma.
no dejasteis de lado a los sabios de vuestro tiempo, y
leísteis a San Basilio y San Gregorio Nacianceno. Y,
una vez, ordenado sacerdote y consagrado obispo, os
disteis a instruir a vuestro pueblo. Y, vuestros sermones
a San Agustín impresionaron, aún falto de conversión y,
vos, lo bautizáis. Os oponíais, a los gobernantes injustos,
corregíais a los emperadores y a las altas autoridades,
el tiempo todo. Un día, valentino emperador, os decía
en una carta: “Nos agrada la valentía con que sabe
decirnos las cosas. No deje de corregirnos, sus palabras
nos hacen mucho bien”. Y, cuando la emperatriz quitarles
quiso, un templo a los católicos, para dárselo a los herejes,
vos, os encerrasteis, con todo el pueblo en la iglesia, y
no dejasteis entrar allí, a los invasores, hasta lograr
vuestro cometido. Cierta vez, Teodosio, emperador creyente
católico, gran guerrero, por un empleado suyo muerto,
mató siete mil personas en venganza. Y, vos, le dijisteis:
“Eres humano y te has dejado vencer por la tentación.
Ahora tienes que hacer penitencia por este gran pecado”.
El emperador os escribió diciéndoos: “Dios perdonó a
David; luego a mí también me perdonará”. Y, contestasteis
así: “Ya que has imitado a David en cometer un gran pecado,
imítalo ahora haciendo una gran penitencia, como la que
hizo él”. Aceptó Teodosio, pidió perdón e hizo grandes
penitencias. En la Navidad de aquél año, lo recibisteis
como arrepentido pecador y más tarde, aquél hombre,
murió en vuestros santos brazos, y en la oración fúnebre
dijisteis: “Siendo la primera autoridad civil y militar,
aceptó hacer penitencia como cualquier otro pecador,
y lloró su falta toda la vida. No se avergonzó de pedir
perdón a Dios y a la Santa Iglesia, y seguramente
que ha conseguido el perdón”. Compusisteis cantos
hermosos y los enseñabais al pueblo y escribisteis bellos
libros, explicando la Santa Biblia, aconsejando métodos,
para adelantar en la santidad. Con vuestro tratado, sobre
la virginidad y la pureza, hicisteis ver los beneficios
de ambas, para el logro de la santidad. Cuando vuestro
fin llegó, expirasteis exclamando: “He tratado de vivir
de tal manera que no tenga que sentir miedo al presentarme
ante el Divino Juez”. Y, Dios, recibió vuestra alma,
para coronado ser, con corona de luz y de gloria, como
justo premio a vuestra entrega de amor, fe y esperanza;
¡oh!, San Ambrosio, “palabra viva e inmortal de Cristo".
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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7 de Diciembre
San Ambrosio
Arzobispo de Milán y
Doctor de la Iglesia
Año 397
San Ambrosio: que así como tu palacio de Arzobispo estaba siempre
abierto para que entraran todos los necesitados de ayudas materiales o
espirituales, que así también cada uno de nosotros estemos siempre
disponibles para hacer todo el mayor bien posible a los demás.
Ambrosio significa “Inmortal”. Este santo es uno de los más famosos
doctores que la Iglesia de occidente tuvo en la antigüedad (junto con
San Agustín, San Jerónimo y San León).
Nació en Tréveris (sur de Alemania) en el año 340. Su padre que era
romano y gobernador del sur de Francia, murió cuando Ambrosio era
todavía muy niño, y la madre volvió a Roma y se dedicó a darle al hijo
la más exquisita educación moral, intelectual, artística y religiosa. El
joven aprendió griego, llegó a ser un buen poeta, se especializó en
hablar muy bien en público y se dedicó a la abogacía.
Las defensas que hacía de los inocentes ante las autoridades romanas
eran tan brillantes, que el alcalde de Roma lo nombró su secretario y
ayudante principal. Y cuando apenas tenía 30 años fue nombrado
gobernador de todo el norte de Italia, con residencia en Milán. Cuando
su formador en Roma lo despidió para que fuera a posesionarse de su alto
cargo dijo: “Trate de gobernar más como un obispo que como un
gobernador”. Y así lo hizo.
En la gran ciudad de Milán, Ambrosio se ganó muy pronto la simpatía
del pueblo. Más que un gobernante era un padre para todos, y no negaba
un favor cuando en sus manos estaba el poder hacerlo. Y sucedió que
murió el Arzobispo de Milán, y cuando se trató de nombrarle sucesor, el
pueblo se dividió en dos bandos, unos por un candidato y otros por el
otro. Ambrosio temeroso de que pudiera resultar un tumulto y producirse
violencia se fue a la catedral donde estaban reunidos y empezó a
recomendarles que procedieran con calma y en paz. Y de pronto una voz
entre el pueblo gritó: “Ambrosio obispo, Ambrosio obispo”.
Inmediatamente todo aquel gentío empezó a gritar lo mismo: “Ambrosio
obispo”. Los demás obispos que estaban allí reunidos y también los
sacerdotes lo aclamaron como nuevo obispo de la ciudad. Él se negaba a
aceptar (pues no era ni siquiera sacerdote), pero se hicieron memoriales
y el emperador mandó un decreto diciendo que Ambrosio debía aceptar ese
cargo.
Desde entonces no piensa sino en instruirse lo más posible para
llegar a ser un excelente obispo. Se dedica por horas y días a estudiar
la S. Biblia, hasta llegar a comprenderla maravillosamente. Lee los
escritos de los más sabios escritores religiosos, especialmente San
Basilio y San Gregorio Nacianceno, y una vez ordenado sacerdote y
consagrado obispo, empieza su gran tarea: instruir al pueblo en su
religión.
Sus sermones comienzan a volverse muy populares. Entre sus oyentes
hay uno que no le pierde palabra: es San Agustín (que todavía no se ha
convertido). Éste se queda profundamente impresionado por la
personalidad venerable y tan amable que tiene el obispo Ambrosio. Y al
fin se hace bautizar por él y empieza una vida santa.
Nuestro santo era prácticamente el único que se atrevía a oponerse a
los altos gobernantes cuando estos cometían injusticias. Escribía al
emperador y a las altas autoridades corrigiéndoles sus errores. El
emperador Valentino le decía en una carta: “Nos agrada la valentía con
que sabe decirnos las cosas. No deje de corregirnos, sus palabras nos
hacen mucho bien”. Cuando la emperatriz quiso quitarles un templo a los
católicos para dárselo a los herejes, Ambrosio se encerró con todo el
pueblo en la iglesia, y no dejó entrar allí a los invasores oficiales.
El emperador de ese tiempo era Teodosio, un creyente católico, gran
guerrero, pero que se dejaba llevar por sus arrebatos de cólera. Un día
los habitantes de la ciudad de Tesalónica mataron a un empleado del
emperador, y éste envió a su ejército y mató a siete mil personas. Esta
noticia conmovió a todos. San Ambrosio se apresuró a escribirle una
fuerte carta al mandatario diciéndole: “Eres humano y te has dejado
vencer por la tentación. Ahora tienes que hacer penitencia por este gran
pecado”. El emperador le escribió diciéndole: “Dios perdonó a David;
luego a mí también me perdonará”. Y nuestro santo le contestó: “Ya que
has imitado a David en cometer un gran pecado, imítalo ahora haciendo
una gran penitencia, como la que hizo él”.
Teodosio aceptó. Pidió perdón. Hizo grandes penitencias, y en el día
de Navidad del año 390, San Ambrosio lo recibió en la puerta de la
Catedral de Milán, como pecador arrepentido. Después ese gran general
murió en brazos de nuestro santo, el cual en su oración fúnebre exclamó:
“siendo la primera autoridad civil y militar, aceptó hacer penitencia
como cualquier otro pecador, y lloró su falta toda la vida. No se
avergonzó de pedir perdón a Dios y a la Santa Iglesia, y seguramente que
ha conseguido el perdón”.
San Ambrosio componía hermosos cantos y los enseñaba al pueblo.
Cuando tuvo que estarse encerrado con todos sus fieles durante toda una
semana en un templo para no dejar que se lo regalaran a los herejes,
aprovechó esas largas horas para enseñarles muchas canciones religiosas
compuestas por él mismo. Después los herejes lo acusaban de que les
quitaba toda la clientela de sus iglesias, porque con sus bellos cantos
se los llevaba a todos para la catedral de Milán. Sabía ejercitar su
arte para conseguirle más amigos a Dios.
Este gran sabio compuso muy bellos libros explicando la S. Biblia, y
aconsejando métodos prácticos para progresar en la santidad.
Especialmente famoso se hizo un tratado que compuso acerca de la
virginidad y de la pureza. Las mamás tenían miedo de que sus hijas
charlaran con este gran santo porque las convencía de que era mejor
conservarse vírgenes y dedicarse a la vida religiosa (Él exclamaba: “en
toda mi vida nunca he visto que un hombre haya tenido que quedarse
soltero porque no encontró una mujer con la cual casarse”). Pero además
de su sabiduría para escribir, tenía el don de poner las paces entre los
enemistados. Así que muchísimas veces lo llamaron del alto gobierno
para que les sirviera como embajador para obtener la paz con los que
deseaban la guerra, y conseguía muy provechosos armisticios o tratados
de paz.
El viernes santo del año 397, a la edad de 57 años, murió
plácidamente exclamando: “He tratado de vivir de tal manera que no tenga
que sentir miedo al presentarme ante el Divino Juez” (San Agustín decía
que le parecía admirable esta exclamación).
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12/07/2015 11:32:00 a.m.
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06 diciembre, 2015
Segundo Domingo de Adviento
Juan, abriendo el sendero
de los corazones de todos los hombres del mundo.
Escuchad hermanos míos. Dice Isaías, el Profeta del Señor
“Pueblo de Sión: Mira al Señor que viene a salvar a los pueblos.
El Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de vuestro
corazón. Yo envío mi mensajero delante de ti para que
te prepare el camino. Una voz grita en el desierto:
Preparadle el camino al señor, allanad sus senderos .
Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y
se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados.
Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban
sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido
de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y
se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
“Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco
agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado
con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo” “.
La luz de la Vida se abre paso en la oscuridad del mal
de los corazones de todos los hombres del mundo.
© 2015 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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6 de Diciembre
Segundo Domingo de Adviento.
Juan el Precursor
« Pueblo de Sión: mira al Señor que viene a salvar a los pueblos. El
Señor hará oír su voz gloriosa en la alegría de vuestro corazón. »
(Antífona de Entrada, Is, 30, 19.30)
« Señor todopoderoso, rico en misericordia, cuando salimos animosos
al encuentro de tu Hijo, no permitas que lo impidan los afanes de este
mundo; guíanos hasta él con sabiduría divina para que podamos participar
plenamente del esplendor de su gloria. Por nuestro Señor . » (Oración
Colecta)
Comienzo de la celebración en torno a la Corona de Adviento
Guía: En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Guía: Ven Espíritu Santo,
Todos: llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Guía: Envía tu Espíritu creador.
Todos: Y renovarás la faz de la tierra.
Guía: ¡Oh Dios, que has iluminado los corazones
de tus fieles con la luz del Espíritu Santo!, haznos dóciles a sus
inspiraciones para gustar siempre del bien y gozar de sus consuelos. Por
Jesucristo Nuestro Señor.
Todos: Amén.
Bienvenida
Guía: Una vez más nos reunimos, atentos al anuncio
de la llegada de Dios Nuestro Señor. Se acerca la gran fiesta de
Navidad, la fiesta del Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo en Belén y
en nuestros corazones. Preparémonos a recibir a nuestro Salvador
reuniéndonos en torno a esta corona.
(Se enciende la segunda vela)
Lectura de la Palabra de Dios
Guía: Escuchemos la palabra de Dios.
Lector: Lectura del Santo Evangelio según San Marcos (Mc 1, 1-8)
Allanad los senderos del Señor
« Está escrito en el Profeta Isaías: ‘ Yo envío mi mensajero delante
de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto:
Preparadle el camino al señor, allanad sus senderos’ . Juan bautizaba en
el desierto: predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se
les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén,
confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Juan iba vestido
de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se
alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba: ‘Detrás de mí
viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle
las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con
Espíritu Santo’.»
Lector: Palabra de Dios.
Todos: Gloria a Tí, Señor, Jesús.
Reflexión
Guía: La venida de Cristo exige una continua
conversión. El tiempo del Adviento, es una llamada a la conversión para
preparar los caminos del Señor y acoger al Señor que viene. El Señor ya
no quiere nacer en una cueva, el Señor quiere nacer, ahora, en cada uno
de los corazones de los hombres.
Diálogo
(Después de unos momentos de silencio el guía debe motivar que los
participantes hagan comentarios sobre el texto bíblico. Para terminar
este diálogo se invita a los presentes a hacer un compromiso.)
Compromiso
Guía: Pongámonos en presencia de Dios y meditemos:
En el contacto con Dios, a través de la oración nos damos cuenta de
lo que aún tenemos que cambiar. La conversión es un proceso de todos los
días, y tiene sólo un límite: el ser perfectos como nuestro Padre
celestial es perfecto.
(Reflexión en silencio)
Despedida
Guía: Señor, gracias por reunirnos una vez más en
torno a esta corona. Ayúdanos a vivir intensamente este Adviento y
prepararnos para recibirte. Por Cristo Nuestro Señor.
Todos: Amén.
Todos: Amén.
Guía: En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.
Todos: Amén.
(Se puede continuar la celebración con poesías, villancicos y juegos)
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12/06/2015 10:07:00 a.m.
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05 diciembre, 2015
Santa Ada (Adrehildis) de Le Mans
¡Oh!, Santa Ada, vos, sois la hija del Dios
de la vida y su amada santa, y que, honor
hicisteis al significado de vuestro nombre:
“Aquella que lleva adorno y es bella”. Y,
vuestro adorno y belleza, vuestro espíritu
de santidad, demostrado como fiel monja
y abadesa de Monasterio de Santa María,
y consagrada virgen. Y, así, luego de haber
gastado vuestra santa vida, voló al cielo
vuestra alma, para coronada ser de luz y
de eternidad como premio justo a vuestra
entrega de amor a Cristo Jesús, Dios y
Señor Nuestro. “Santa Patrona de todas las
mujeres religiosas y monjas de Francia”;
¡oh!, Santa Ada, “adornada del amor de Dios”.
de la vida y su amada santa, y que, honor
hicisteis al significado de vuestro nombre:
“Aquella que lleva adorno y es bella”. Y,
vuestro adorno y belleza, vuestro espíritu
de santidad, demostrado como fiel monja
y abadesa de Monasterio de Santa María,
y consagrada virgen. Y, así, luego de haber
gastado vuestra santa vida, voló al cielo
vuestra alma, para coronada ser de luz y
de eternidad como premio justo a vuestra
entrega de amor a Cristo Jesús, Dios y
Señor Nuestro. “Santa Patrona de todas las
mujeres religiosas y monjas de Francia”;
¡oh!, Santa Ada, “adornada del amor de Dios”.
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4 de Diciembre
Santa Ada (Adrehildis) de Le Mans
Abadesa
Santa Ada (Adrehildis) de Le Mans
Abadesa
Martirologio Romano: En Cenómano (hoy Le Mans), de Neustria, santa Adrehildis o Ada, abadesa del monasterio de Santa María (c. 692).
Etimología: Ada = “Aquella que lleva adorno y es bella”, es de origen hebreo
Fue monja, abadesa, y virgen consagrada. Vivió en el siglo VII. Ella era sobrina de San Engelbert quien fue asesinado por su propio primo. Ella y su familia eran muy devotos.
Fue monja en Soissons, Francia, y posteriormente abadesa de San Julien de Prés, Le Mans, Francia.
Es la santa patrona de las mujeres religiosas y monjas en Francia.
(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=34166)
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12/05/2015 06:28:00 p.m.
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