18 abril, 2024

Beato José Moreau, Presbítero y Mártir

 Beato José Moreau 

18 de Abril

Beato José Moreau
Mártir
 
“El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras” (Mt 16, 27).
 
Cada 18 de abril la Iglesia Católica recuerda al Beato José Moreau, presbítero y mártir francés, quien murió guillotinado por odio a la fe durante la Revolución Francesa. Como él, muchísimos católicos padecieron la persecución y el martirio.
 
José Moreau nació en Saint-Laurent-de-la-Plaine (Francia) en 1763. Fue ordenado sacerdote y llegó a ser párroco de la ciudad donde nació, en la diócesis de Angers. Instaurada la Primera República tras la Revolución Francesa, se sucedieron varias olas de violencia, incluyendo las dirigidas contra los católicos.
 
Un Viernes Santo, a la espera del Domingo de Resurrección

Tanto a los clérigos como a los religiosos se les obligaba a jurar la denominada “Constitución Civil del Clero” y, con ello, someterse irrestrictamente al poder político anticlerical. Como el beato se negó a juramentar, fue arrestado. Un tiempo después pudo ser liberado gracias a la intervención del ‘Ejército católico y real de Vandea’ (Vendée, Loira, Francia), que aglutinaba a las diversas fuerzas antirrevolucionarias. Lamentablemente el P. Moreau volvió a ser detenido cuando retomaba su labor pastoral, y enviado nuevamente a prisión. Al cuestionar la proclama revolucionaria de “libertad e igualdad” y negarse por segunda vez a jurar la abusiva Constitución fue condenado a muerte.
 
El 18 de abril de 1794, día de Viernes Santo, el P. Moreau fue llevado a la plaza principal de Angers y fue guillotinado públicamente. En el Martirologio romano puede leerse en el propio del día: “En Anjou, en Francia, beato José Moreau, presbítero y mártir, que durante la Revolución Francesa fue degollado un Viernes Santo en odio a la fe cristiana (1794)”.
 
100 mártires
 
José Moreau fue beatificado el 19 de febrero de 1984 por San Juan Pablo II, dentro del grupo de los ’99 mártires de la diócesis de Angers’. Ese día, después del rezo del Ángelus, el Santo Padre dijo:
«Hoy he tenido el gozo de elevar al honor de los altares a un numeroso grupo de nuevos Beatos, mártires: 99 de ellos pertenecen a la diócesis del Oeste de Francia y sufrieron el martirio en Angers: durante la Revolución Francesa aceptaron la muerte para conservar "su fe y su religión" y para manifestar su adhesión a la Iglesia católica romana; eran sacerdotes, religiosas, hombres y, en su mayor parte, mujeres. Supieron seguir a Cristo por el camino doloroso de la cruz».
 
El mártir que completó la centena aquel día fue Juan Bautista Mazzucconi, asesinado en Oceanía, en 1855.(ACI prensa).

17 abril, 2024

Santa Catalina Tekakwitha, la primera santa piel roja

 

Santa Catalina Tekakwitha. La primera santa piel roja. Ella es considerada, junto a San Francisco de Asís, patrona de la naturaleza y de la ecología. Cabe señalar que en Estados Unidos -a diferencia del resto del mundo- su fiesta se celebra el 14 de julio.

Marcada por el dolor

Catalina nació en 1656 en Ossernenon (hoy Auriesville, Nueva York, Estados Unidos), una villa habitada en ese entonces por la tribu Mohawk. Su madre fue una mujer cristiana, integrante de la tribu algonquina, mientras que su padre fue jefe tribal de los Mohawk.

Con tan sólo cuatro años, Catalina perdió a sus padres y a su hermano a causa de una epidemia de viruela. Ella también contrajo la enfermedad, pero logró sobrevivir, aunque quedó con el rostro desfigurado y con la vista dañada. Serían sus tíos quienes la acogerían en su casa y se harían cargo de ella.

El don de la fe en Cristo

A los 11 años, Catalina tuvo la oportunidad de conocer la fe cristiana gracias a los jesuitas franceses que evangelizaron el territorio Mohawk. Sin embargo, es bien conocida la resistencia que había entre muchos pueblos nativos de Norteamérica para acoger el mensaje cristiano. Ese no fue el caso de Catalina, pero sí de su familia y su tribu.

La joven pidió ser bautizada a los 20 años, haciendo frente a la oposición de sus familiares y al rechazo de su comunidad. Convertida en blanco de numerosos maltratos, Catalina decidió dejar su pueblo y emprender camino hacia Sault Ste. Marie, un pueblo cristiano cerca de Montreal (hoy Michigan), habitado por indios conversos de Canadá. El trayecto recorrido para salvarse de la persecución fue de longitudes épicas: 320 km. (200 millas), a través de montañas, ríos y la inclemencia del clima.

Portadora del Evangelio

En Sault Ste. Marie, el día de Navidad, Santa Catalina hizo su Primera Comunión y prometió solemnemente a Dios permanecer virgen por el resto de sus días. Así, consagrada a Dios, se dedicó a la vida de oración y virtud. Se convirtió en evangelizadora de sus coetáneos y en ferviente defensora de los mismos. Acompañada por la guía espiritual de los miembros de la Compañía de Jesús, Catalina acrecentó día a día su amor por Cristo, especialmente presente en la Eucaristía; un amor que revertía en servicio a sus hermanos.

Partió a la Casa del Padre el 17 de abril de 1680, durante la Semana Santa de aquel año. Tenía tan sólo 24 años. Sus últimas palabras fueron: “¡Jesús, te amo!”. Su muerte fue ocasión de numerosas conversiones entre los suyos, al punto de que se hizo de su tumba en Caughnawaga -lugar donde murió- destino para los peregrinos. En 1884, el P. Clarence Walworth mandó erigir un monumento al lado de su sepultura.

Identidad católica de América

La dulce Catalina dejó una huella imborrable en la memoria de las tribus que formaban la nación iroquesa (una confederación de seis tribus nativas) y hoy es motivo de orgullo para todo el pueblo católico norteamericano. Ella es uno de los más hermosos frutos que el Evangelio ha producido en Estados Unidos y Canadá, un “puente” que une razas y tradiciones. Con justa razón se le conoce como “El Lirio de los Mohawks”.

Santa Catalina fue beatificada por San Juan Pablo II en 1980, y canonizada por el Papa Benedicto XVI en octubre de 2012.

(https://ec.aciprensa.com/wiki/Beata_Kateri_Tekakwitha)

16 abril, 2024

Santa Bernardette Soubirous, Vidente de la Virgen de Lourdes

 

Biografía de Santa Bernadette de Soubirous

 

  ¡Oh! Santa Bernardette, vos sois la hija del Dos de la Vida
vidente de Nuestra Señora de Lourdes y su amada santa
“Sí, Madre querida, tú te has abajado hasta la tierra para
aparecerte a una débil niña. Tú, reina del cielo y la tierra,
has querido servirte de lo que había de más humilde según
el mundo”; describisteis vuestra visión de que la Madre
de Dios, se os haya aparecido. Os bautizaron con el nombre
de Marie-Bernard, pero os llamaban “Bernardette”. Os
preocupaba el no poder prepararos para recibir la Primera
Comunión, y también no haber recibido aún la Eucaristía.
Por ello, pedisteis a vuestros padres retornar a casa para
recibir la preparación para la Primera Comunión, y ellos
os escucharon y como premio, se os aparece la Virgen María,
en la gruta de Lourdes, como “la Inmaculada Concepción”.
Luego de las apariciones, vos, mantuvisteis la sencillez y la
Modestia. Hicisteis vuestra Primera Comunión el Día del
Corpus Christi y seguidamente, fuisteis blanco de mofas
y burlas y con ello, vuestra salud, que era mala empeoró
y casi siempre estabais enferma. La Santa Madre de Nuestro
redentor os dijo: “No te prometo hacerte feliz en este
mundo, sino en el próximo”. Y aquellas palabras, con
creces se cumplieron. Decidisteis abrazar la vida religiosa
y visitasteis por última vez a vuestra amada gruta para
despediros antes de ingresar al noviciado. Durante la
ceremonia, solo pudisteis asentir con gestos para dar
vuestro consentimiento, ya que no podías hablar. Aquel
día recibisteis el velo de profesa y un año más tarde,
hicisteis vuestros votos perpetuos. Vuestros dolores
continuaron, quedando postrada definitivamente.
Padecisteis fuertes tentaciones, llegando a pensar que
no os salvarías, y que Dios os había abandonado y a
pesar de ello, vuestro amor por la Santa Madre de
Nuestro Redentor, os fortaleció y no venció el enemigo
En plena Semana Santa, pedisteis a las religiosas que
rezaran con vos, el Santo Rosario. Al terminar uno de
los Avemarías, vuestro rostro dibujó una sonrisa como
si vos vierais de nuevo a Nuestra Señora, en la gruta
de Lourdes. Poco después, en medio de la oración voló,
vuestra alma al cielo, para recibir corona de luz,
como justo premio a vuestra entrega de amor increíble;
exclamando: “Santa María, Madre de Dios, ruega por
mi, pobre pecadora, pecadora”, ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Oh! Santa Bernardette, “vivo amor por la Madre del Dios Vivo”

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

____________________________________

 

16 de Abril
Santa Bernardette Soubirous
Vidente de la Virgen de Lourdes

“Sí, Madre querida, tú te has abajado hasta la tierra para aparecerte a una débil niña… Tú, reina del cielo y la tierra, has querido servirte de lo que había de más humilde según el mundo”; con estas hermosas palabras, Santa Bernardette Soubirous, la vidente de la Virgen de Lourdes, describió su experiencia por el don inconmensurable de que la Madre de Dios se le haya aparecido. Su fiesta se celebra cada 16 de abril.

Santa Bernardette nació el 7 de enero de 1844 en Lourdes (Francia), en el seno de una familia muy pobre. Al ser bautizada recibió el nombre de Marie-Bernard, pero tanto sus familiares como sus amigos solían llamarla por el diminutivo “Bernardette”.

La pequeña Bernardette quedó a cargo de una nodriza, quien, una vez que alcanzó la edad propicia, la envió a pastorear ovejas. Era muy común que los niños en la campiña francesa, dada la carencia de recursos, tuviesen que trabajar desde muy pequeños. A Bernardette se le hacía muy difícil el trabajo, no porque no quisiese ayudar a la familia, sino porque le impedía prepararse para recibir la Primera Comunión. Era la única niña del pueblo que con casi 14 años no había recibido aún la Eucaristía. Esto se debía, paradójicamente, a que era muy buena pastora, por lo que la obligaban a cuidar más tiempo las ovejas.

Bernardette reclamó entonces que se haya descuidado así su vida espiritual, más cuando deseaba de corazón recibir a Cristo en la Eucaristía y llevarlo en el pecho. Debido a esto, pidió a sus padres retornar a casa para recibir la debida preparación para la Primera Comunión, largamente postergada. A Dios gracias, sus padres aceptaron y con el deseo de cumplir su sueño es que se le aparece la Virgen María, en la gruta de Lourdes. Era la Señora del Cielo frente a ella, presentándose a sí misma como “la Inmaculada Concepción”.

Después de las apariciones, Bernardette mantuvo la sencillez y la modestia, sin buscar el bullicio ni la popularidad. Hizo su Primera Comunión el 3 de junio de 1858, el día del Corpus Christi. Como otros videntes de la Virgen, Bernardette fue blanco de incomprensiones y burlas. Por otro lado, su salud era mala y casi siempre estaba enferma. Sufrió de vómitos de sangre, asma crónica, se enfermó de tuberculosis, problemas gástricos, caries en los huesos, abscesos en los oídos y al final le apareció un tumor de una rodilla.

La Virgen le había dicho a Santa Bernardette: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el próximo”. Aquellas palabras de María se cumplieron con creces.

En 1860 las Hermanas de la Caridad de Nevers, que servían en la escuela y el hospital, le ofrecieron asilo titular. Allí le asignaron una hermana para que le enseñe a leer y escribir. Más adelante decidió abrazar la vida religiosa y pidió ser aceptada por la Madre Superiora del Hospicio. A los 22 años va por última vez a la amada gruta para despedirse, antes de ingresar al noviciado.

Su salud decayó gravemente y la madre Superiora aceptó que hiciese sus votos prontamente, porque todo indicaba que la muerte se avecinaba. Durante la ceremonia, ella solo pudo asentir con gestos para dar su consentimiento, ya que no podía hablar. Aquel día recibió el velo de profesa. Era el 30 de octubre de 1867. Un año más tarde, en 1868, y con 23 años, hizo sus votos perpetuos.

Sus padecimientos continuaron, aunque solo cuando le apareció un tumor en la rodilla se vio obligada a quedar postrada definitivamente. Era el año de 1878. Muchos dolores en el alma acompañaron a los dolores físicos. A veces las tentaciones fueron muy duras. Por ejemplo, la hermana Bernardette llegó a pensar que no podría salvarse, o que Dios la había abandonado. A pesar de ello, su amor por la Virgen siempre la fortaleció y no se dejó vencer. Era evidente que la Madre de Dios siempre estaba a su lado.

Durante la Semana Santa de 1879 -el 16 de abril- pidió a las religiosas que rezaran con ella el Rosario. Al terminar uno de los Avemarías, su rostro dibujó una sonrisa como si viera de nuevo a la Virgen en la gruta de Lourdes. Poco después, en medio de la oración expiró. Era alrededor de las 3:15 pm de aquel día. “Santa María, Madre de Dios, ruega por mí pobre pecadora… pecadora”, fueron sus últimas palabras.

Hoy, su cuerpo permanece incorrupto en su capilla en Nevers, sin haber perdido la lozanía, tal y como si estuviese dormida.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-celebramos-a-santa-bernardette-soubirus-la-vidente-de-la-virgen-de-lourdes-87714)

15 abril, 2024

San Telmo, Patrono de los Navegantes y Marineros

 San Telmo

¡Oh!, San Telmo, vos sois, el hijo del Dios
de la vida y el mismo que dijo: “Ya que hoy
el mundo se ha burlado de mí, de ahora en
adelante yo me burlaré del mundo”, y así, de
lado dejando terrenales honores, vestisteis
hábitos dominicos y pronto, vuestra palabra
y sabia predicación, tocaba el alma y el ser
y el corazón. Miles de voces, os imploran
cuando perdidas en la inmensidad de la mar y
de la angustia se hallan y os Claman, que por
sus vidas intercedáis, porque, vos, cesáis
el tiempo malo y lo tornáis cual si fueran
palomas mansas, y, con su vanidad y orgullo
acabáis, como si se tratara del mismo hombre,
que, necio, no deja de ser y que, cuando en
desgracia está, sólo se acuerda de Dios, por
que su mal andar, lo ahogó, en un océano por
la oscuridad cubierto. Predicador de pescadores
de los siete mares y marineros; hoy brilláis
luciendo corona de luz, como justo premio a
vuestra entrega total de amor y fe. Santo
Patrono de los marineros y navegantes del Mundo
¡Oh! San Telmo, "viva fe en el Dios Vivo y eterno".

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado


______________________________________

20 de Abril
San Telmo
Predicador
(año 1240.)

Petición

Algo parecido queremos decir nosotros: cuando las olas de nuestras tentaciones y los huracanes de las pasiones quieran hundir la débil navecilla de nuestra alma, San Telmo bendito: ruega a Cristo por nosotros para que seamos salvos y logremos llegar al puerto de la eternidad feliz.

Su nombre era Pedro González Telmo, pero el pueblo lo llamaba Telmo, y como San Telmo ha sido invocado siempre por sus devotos que han conseguido de él muchos favores. En momentos de especial peligro los marineros han gritado: “San Telmo bendito, ayúdame”, y han recibido ayudas que nadie ha podido explicar.

Siendo sobrino del obispo de Astorga, este le costeó la educación religiosa para que se hiciera sacerdote, y una vez ordenado lo nombró presidente de los canónigos de esa ciudad. Pero su educación había sido más mundana que espiritual y lo que buscaba Telmo no era salvar almas sino conseguir honores, y en él dominaban más el orgullo y el deseo de aparecer, que la virtud. Y Dios dispuso corregirlo. Y así fue que el día en que se dirigía lleno de vanidad por las calles de Astorga a tomar posesión de su puesto de presidente de los empleados de la catedral, el caballo en el que viajaba con tanto orgullo y ostentación, empezó a corcovear y lo derribó entre un barrizal, en medio de las risas de la gente. Telmo se levantó de esa caída y exclamó: “Ya que hoy el mundo se ha burlado de mí, de ahora en adelante yo me burlaré del mundo”, y dejando sus puestos honrosos se entró de religioso dominico en un convento.

Después de haberse preparado muy cuidadosamente en la comunidad de los dominicos para dedicarse a la predicación, empezó sus sermones por pueblos y ciudades con gran aceptación de las gentes. Tenía que predicar en las plazas porque la gente no cabía en los templos. Su voz era sonora, su pronunciación perfecta y su estilo directo. Hablaba francamente contra los vicios y en favor de la buena conducta, y sus sermones producían efectos admirables. Pasaba muchas horas estudiando los sermones que iba a pronunciar, y muchas horas más rezando por los hombres a Dios, antes de hablarles de Dios a los hombres.

Y lo oyó predicar el rey San Fernando y quedó tan encantado de su modo de hablar que lo nombró capellán de su ejército que victorioso iba recobrando ciudad por ciudad y pueblo por pueblo, del poder de los moros. Allí en el ejército tuvo que dedicarse Telmo con todas sus energías a corregir vicios de los militares y a contenerlos para que en las ciudades que conquistaban no cometieran excesos y crueldades.

Un día unos militares disgustados dispusieron armarle una trampa a su castidad y le enviaron una mujer hermosa y corrompida a que tratara de hacerlo ofender a Dios. Cuando el santo vio que llegaba impúdicamente a su habitación, no teniendo otro medio de alejarla, prendió fuego a los materiales que allí lo rodeaban y entre llamas y humo hizo salir huyendo a la corruptora.

Los militares jóvenes de las altas clases sociales se sintieron muy molestos por los sermones de Telmo en el ejército, porque no les toleraba sus vicios y maldades y se propusieron amargarle la vida lo más posible. El, al darse cuenta de que el ambiente de allí no era apto para su modo de obrar y de pensar, se retiró del ejército y empezó otro apostolado muy especial: la evangelización de los pescadores y marineros en la región de Tuy. Y allí sí fue mejor aceptado. Lo primero que hizo fue organizarlos en asociaciones para que defendieran sus derechos y se ayudaran mutuamente.

Luego como sacerdote se dedicó a ser padre de los pobres, amigo de todos, consejero de los que necesitaban ser aconsejados, corregidor de vicios, pacificador de peleas y riñas y buen ejemplo para todos de una vida sin mancha y llena de espíritu y sacrificio y oración.

Y sucedió que los marineros y pescadores empezaron a encomendarse a las oraciones de Telmo cuando se iban al mar, especialmente en tiempos de tormentas y vendavales. “¡Fray Telmo, encomiéndenos hoy que el tiempo está difícil!”, le decían al embarcarse. El santo les prometía su oración y en plena mar brava cuando los remeros veían que se iban a hundir en las aguas formidables, exclamaban: “Dios mío, por las oraciones de Fray Telmo, ¡sálvame!”, y sentían que misteriosamente se libraban de aquellos inminentes peligros de muerte. En los procesos para su beatificación hay centenares de testimonios como estos. Un día en plena tempestad cuando varios pescadores estaban en grave peligro de perecer, San Telmo se puso a rezar por ellos y la tempestad se calmó rapidísimamente, sin que nunca antes hubieran visto una calma así de repentina.

En la Semana Santa a principios de abril al predicar un sermón se despidió de sus oyentes avisándoles que muy pronto pasaría a la eternidad. No era viejo. Había nacido en 1185 y apenas tenía 55 años. Pero su salud estaba muy débil a causa de tantos sacrificios y largas horas de estudio y frecuentísimas predicaciones.

Estaba verdaderamente desgastado por tantos años de esfuerzos por conseguir la gloria de Dios y el bien de las almas y su propia santificación. Y el 14 de abril del año 1240, durmióse para este mundo y despertó para empezar la vida eterna en el cielo.

Y desde entonces empezó una interminable serie de prodigios conseguidos por su intercesión: salvarse de naufragios que parecían irremediables. Calma instantánea de tempestades. Conversión de pecadores. Apaciguamiento entre los que estaban peleados. Solución de graves situaciones económicas. Y por muchos años y hasta siglos, los marineros de España y de Portugal, cuando estaban en gravísimos peligros, lo primero que gritaban era: “¡San Telmo bendito, protéjanos!”. Y cuando las tempestades arreciaban, los que estaban en alta mar repetían: “Es hora de invocar a San Telmo bendito”.




14 abril, 2024

3er Domingo de Pascua

 Tercer Domingo de Pascua 2024 | ACI Prensa

Domingo 14 de Abril
3er Domingo de Pascua 
 
Texto del Evangelio (Lc 24,35-48): En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.
 
Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».
_______________________________________
 
«Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo»
Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós (Barcelona, España)
 
Hoy, el Evangelio todavía nos sitúa en el domingo de la resurrección, cuando los dos de Emaús regresan a Jerusalén y, allí, mientras unos y otros cuentan que el Señor se les ha aparecido, el mismo Resucitado se les presenta. Pero su presencia es desconcertante. Por un lado provoca espanto, hasta el punto que ellos «creían ver un espíritu» (Lc 24,37) y, por otro, su cuerpo traspasado por los clavos y la lanzada es un testimonio elocuente de que se trata del mismo Jesús, el crucificado: «Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo» (Lc 24,39).
 
«Haz brillar sobre nosotros la luz de tu rostro, Señor», canta el salmo de la liturgia de hoy. Efectivamente, Jesús «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,45). Es del todo urgente. Es necesario que los discípulos tengan una precisa y profunda comprensión de las Escrituras, ya que, en frase de san Jerónimo, «ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo».
 
Pero esta compresión de la palabra de Dios no es un hecho que uno pueda gestionar privadamente, o con su congregación de amigos y conocidos. El Señor desveló el sentido de las Escrituras a la Iglesia en aquella comunidad pascual, presidida por Pedro y los otros Apóstoles, los cuales recibieron el encargo del Maestro de que «se predicara en su nombre (...) a todas las naciones» (Lc 24,47).
 
Para ser testigos, por tanto, del auténtico Cristo, es urgente que los discípulos aprendan -en primer lugar- a reconocer su Cuerpo marcado por la pasión. Precisamente, un autor antiguo nos hace la siguiente recomendación: «Todo aquel que sabe que la Pascua ha sido sacrificada para él, ha de entender que su vida comienza cuando Cristo ha muerto para salvarnos». Además, el apóstol tiene que comprender inteligentemente las Escrituras, leídas a la luz del Espíritu de la verdad derramado sobre la Iglesia.
_____________________________
 
Pensamientos para el Evangelio de hoy
 
«La Pascua es, para nosotros, la fiesta de las fiestas, la solemnidad de las solemnidades, superior a no sólo a las fiestas humanas y terrenales, sino también a las fiestas del mismo Cristo que se celebran en su honor» (San Gregorio Nacianceno)
«¿Cómo podemos nosotros ser testigos de “todo esto”? Sólo podemos ser testigos conociendo a Cristo y, conociendo a Cristo, conociendo también a Dios. Es un proceso existencial, es un proceso de la apertura de mi yo, de mi transformación por la presencia y la fuerza de Cristo» (Benedicto XVI)
«¿Cómo? Cristo resucitó con su propio cuerpo: ‘Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo’ (Lc 24,39); pero Él no volvió a una vida terrenal. Del mismo modo, en Él ‘todos resucitarán con su propio cuerpo, que tienen ahora’ (Concilio de Letrán IV), pero este cuerpo será ‘transfigurado en cuerpo de gloria’ (Flp 3,21), en ‘cuerpo espiritual’ (1Cor 15,44)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 999)
 

13 abril, 2024

San Hermenegildo, Mártir

 

 San Hermenegildo

¡Oh! San Hermenegildo, vos sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, que habiendo crecido
bajo la influencia del arrianismo, os convertisteis
en católico y entregasteis vuestra vida, martirizado
al negaros a recibir la comunión de manos de un obispo
arriano. Vuestro padre y rey Leovigildo, profesó
esta herejía, afianzando la misma entre los visigodos
de España. Vos, criado en el arrianismo, contrajisteis
nupcias con la princesa católica Ingunda y ella,
influenció en vuestra conversión al catolicismo.
A la vez, vuestro padre contrajo segundas nupcias
con Goswintha, viuda del rey Atanagildo, quien además
era abuela de Ingunda y una fervorosa arriana, que
en más de una oportunidad, intentó apartar a vuestra
esposa del catolicismo y ante su negativa, el rey Leovigildo
os envió a Córdova como gobernador. Pero, vuestra
madrastra, fanática religiosa y vuestro padre, que
trataba a los católicos severamente en España, hizo que 
vos, os vieseis obligado a tomar las armas para proteger a
vuestros hermanos cristianos, alzándoos con las mismas
contra vuestro padre, y proclamaros rey a sí mismo.
Y para veros fortalecido políticamente, hicisteis
alianza con los bizantinos. Tras cinco años de guerra
fuisteis derrotado y capturado en Sevilla por su
vuestro padre, y desterrado a Tarragona donde
finalmente os ejecutaron un mazazo en la cabeza, luego
de haberos negado a recibir la comunión de manos de un
obispo hereje. A vuestro padre, os sucedió vuestro
hermano Recaredo, quien se convirtió al catolicismo.
Vuestra sangre derramada, no fue envano, pues durante
el III Concilio de Toledo, el pueblo godo hizo profesión
solemne de la fe católica. Vos, fuisteis canonizado
por el Papa Urbano VIII, quien os declaró “patrono de
los conversos”, para alegría de toda la Iglesia Católica.
¡Oh! San Hermenegildo, "Vivo valor y fe con el Dios Vivo".

© by Luis Ernesto Chacón Delgado

 __________________________________

 13 de Abril
San Hermenegildo
Mártir

San Hermenegildo fue un príncipe visigodo que habiendo crecido bajo la influencia del arrianismo rompió lazos con este y se convirtió al catolicismo. Murió martirizado por mantenerse fiel a la Iglesia Católica, al negarse a recibir la comunión de manos de un obispo arrianista. Nació en Medina del Campo, Valladolid (España), alrededor del año 564.

El arrianismo es una herejía con base en la doctrina cristiana pero que distorsiona completamente la comprensión de la Santísima Trinidad y su dogma. Su origen se remonta a Arrio (Libia, 250 – Constantinopla, 336), que negaba la divinidad de Jesucristo sosteniendo que este había sido creado. El arrianismo fue adoptado por el pueblo visigodo y se convirtió en la práctica oficial.

El último monarca entre los visigodos que profesó esta herejía fue Leovigildo, padre de San Hermenegildo y quien afianzó la hegemonía de los visigodos en Hispania (España) entre 569 y 586.

San Hermenegildo, criado en el arrianismo, contrajo matrimonio en 576 con una princesa católica de origen franco, llamada Ingunda. Ella fue precisamente quien influiría en su conversión y acogida de la verdad católica.

Por otro lado, su padre contrajo segundas nupcias con Goswintha, viuda del rey Atanagildo, quien además era abuela de Ingunda y una fervorosa arriana anticatólica. Goswintha había intentado apartar a Ingunda del catolicismo. Ante la negativa de la joven y para zanjar el entredicho, en el año 579 el rey Leovigildo envió a Hermenegildo a la ciudad de Bética (hoy Córdoba, Andalucía) como gobernador.

Sin embargo, ante el insostenible fanatismo religioso de su madrastra y la severidad con que su padre trataba a los católicos en España, San Hermenegildo se vio obligado a tomar las armas para proteger a sus hermanos cristianos. Es decir, decidió alzarse en armas contra su padre, con el apoyo de Bética y Mérida, y se proclamó a sí mismo rey. Además, para verse fortalecido políticamente, hizo alianza con los bizantinos.

Tras cinco años de guerra civil, Hermenegildo fue derrotado y capturado en Sevilla por su padre. Después fue desterrado a Tarragona donde finalmente sería ejecutado de un mazazo en la cabeza, en la Pascua del año 585, luego de haberse negado a recibir la comunión de manos de un obispo hereje.

El rey Leovigildo murió en 586 y fue sucedido por el hermano de Hermenegildo, Recaredo, quien también se convirtió al catolicismo. Durante el III Concilio de Toledo (año 589), los principales representantes del pueblo godo hicieron profesión solemne de la fe católica. Aquel año (589) marcaría el inicio del vínculo entre España y el catolicismo, vínculo que se mantiene hasta hoy. Por otro lado, San Gregorio el Grande atribuye a los méritos de San Hermenegildo la conversión de su hermano Recaredo y de toda la España visigótica.

En 1585 Felipe II de España le pide al Papa Sixto V que autorice el culto al mártir Hermenegildo en todo el reino. Su festividad quedó fijada el día del aniversario de su muerte, es decir, el 13 de abril. San Hermenegildo fue canonizado por el Papa Urbano VIII en 1639, más de un milenio después, quien lo declaró “patrono de los conversos”.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-celebra-a-san-hermenegildo-martir-y-patrono-de-los-conversos-75335)

 

 

11 abril, 2024

Santa Gemma Galgani, la joven que recibió los estigmas con solo 25 años

 

 Santa Gemma Galgani

 

 ¡Oh! Santa Emma Galgani, vos, sois la hija del Dios de la Vida,
su amada sierva y santa. Vos, aunque pasasteis por numerosos
sufrimientos corporales, Cristo os concedió sus estigmas santos.
Vuestra fortaleza, siempre fue el amor que sentíais por los
pecadores y vuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús, lo
que os permitió desarrollar una espiritualidad sólida y profunda.
Desde muy niña evidenciasteis vuestra vocación al misticismo,
y por ello, os gustabais encerraros para rezar delante del santo
crucifijo familiar. Vuestra madre, os inculcó el amor por Cristo
Crucificado y por la Virgen María; y os animaba a hablar con
Jesús y a veces entre lágrimas, os dijo también el amor que Él,
mostró por los hombres. A lo largo de vuestra vida, estuvisteis
muy cerca a la Eucaristía y a la Santísima Virgen María, Madre
de Dios y Madre nuestra. A pesar de vuestra corta edad, el obispo
de Camigliano, Mons. Volpi, accedió a que recibierais la Primera
Comunión. Vuestra madre, sintiendo cercana la muerte, os encomendó
al cuidado del Espíritu Santo. Después de la muerte de vuestro
padre, os mudasteis con vuestros tíos a Camioer, descuidando
vuestra relación con Dios, llegando a dejar de orar por algún
tiempo. Pero, el Señor permitió que cayerais enferma para haceros
recapacitar, y, así fue, y tuvisteis que esforzaros por retomar
la vida de oración. Jesús os concedió diversas gracias, entre
las que se contaban numerosas experiencias místicas sobre la Pasión
de Cristo. A estas alturas, vuestra salud decreció y teníais
recaídas de vuestras dolencias, aprendiendo a aprovechar esos
momentos para ofrecer vuestros sufrimientos por la conversión de
los pecadores. Y, entonces, el maligno no demoró con sus ataques,
presentándoos tentaciones, hasta atacaros físicamente. Por vuestros
constantes padecimientos, los éxtasis en los que quedabais y por
mostrar los estigmas de Cristo, muchos se burlaban de vos, y os
creían loca. Pero, vos, nunca dejasteis de que os amedrentaran
y continuasteis amando y sirviendo a Jesús hasta el día de vuestra
muerte. Y, el día que tanto habíais anhelado llegó, y sintiéndoos
se cerca de morir, ofrecisteis este último sacrificio por la
conversión de un sacerdote caído en una vida mundana y desordenada.
El padre, al enterarse de vuestro sacrificio, se convirtió dos días
antes de que vuestra alma volara el cielo, para recibir corona
de luz y eternidad como justo premio a vuestra entrega de amor y fe.
El Padre Germán, os dió la extremaunción y vio cómo vos, colocabais
vuestro brazos imitando a vuestro único Maestro: ¡Cristo en la Cruz!
Luego, tomasteis el crucifijo en las manos y exclamasteis: «¡Jesús!
¡En vuestras manos encomiendo mi pobre alma!» y volviéndoos a la
imagen de María, añadisteis: «¡Mamá mía!, recomienda a Jesús mi
pobre alma… y dile que tenga misericordia de mí». !Aleluya! Y,
el Padre Germán escribió muy pronto vuestra biografía y la devoción
hacia vos, comenzó a extenderse de manera prodigiosa, no sólo en
Italia, sino por los confines de todo el orbe de la tierra. ¡Aleluya!
Os canonizaron durante la fiesta de la Ascensión de Nuestro Señor;
¡Oh! Santa Emma Galgani, «vivo amor por el Dios de la Vida y del Amor».

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado

________________________________________

11 de Abril
Santa Emma Galgani
Mística y Estigmatizada

Cuando Jesús entra en el corazón de una persona, su amor lo inflama de grandeza y caridad, tanto que a veces la naturaleza humana se ve superada o desbordada. Eso fue lo que le sucedió a Santa Gemma Galgani, una joven italiana que pasó por numerosos sufrimientos corporales y a quien Cristo le concedió sus estigmas.

Sus grandes fortalezas fueron el amor que sentía por los pecadores y su devoción al Corazón de Jesús, lo que le permitió desarrollar una espiritualidad profunda.

Gemma nació en Camigliano (Italia) el 12 de marzo de 1878. Sus padres fueron el farmacéutico don Enrique Galgani y doña Aurelia Landi. Fue la cuarta hija de ocho hermanos. Desde niña evidenció su particular vocación al misticismo. Entre otros signos, gustaba de encerrarse para rezar delante del crucifijo de la familia.

Su madre fue quien le inculcó el amor por Cristo Crucificado y por la Virgen María. Solía tomarla en brazos mientras le enseñaba el crucifijo. La animaba a hablar con Jesús y le recordaba siempre, a veces entre lágrimas, el inmenso amor que Jesús mostró por los hombres. Durante toda su vida, Gemma estuvo muy cerca a la Eucaristía y a la Madre de Dios. A pesar de su corta edad, el obispo de Camigliano, Mons. Volpi, accedió a que recibiera la Primera Comunión.

Cuando su madre empezó a sentir cercana la muerte, encomendó a Gemma al cuidado del Espíritu Santo. Aurelia alcanzó a prepararla para recibir el sacramento de la Confirmación, que le fue administrado en 1885 por el obispo de Lucca, Mons. Nicolás Ghilardi.

Durante la ceremonia, Gemma sintió que el Espíritu Santo le preguntaba si ella quería entregarle a su mamá. La niña respondió que sí, pero le pidió que la llevara también a ella. Sin embargo, eso no fue lo que sucedió, porque Dios tenía otros planes para ella.

Años más tarde, después de la muerte de su padre, Gemma se mudó con sus tíos a Camioer. Durante el año que permaneció con ellos, descuidó mucho su relación con Dios y llegó incluso a dejar de rezar por algún tiempo. Sin embargo, el Señor permitió que cayera enferma para hacerla recapacitar, y, gracias a Dios, así fue. Como Gemma requería de mayores cuidados regresó a Lucca, donde permaneció hasta su muerte.

Así, Gemma tuvo que esforzarse por retomar la vida de oración, para unirse a Cristo y nunca más abandonarlo. Jesús le concedió diversas gracias, entre las que se contaban numerosas experiencias místicas sobre la Pasión de Cristo.

Lamentablemente la salud de Santa Gemma no era buena y tenía constantes recaídas de sus dolencias. A pesar del dolor, aprendió a aprovechar esos momentos para ofrecer sus sufrimientos por la conversión de los pecadores.

Toda esa entrega y abnegación fueron motivo para que se convirtiese en blanco de los ataques del Maligno, que le presentaba tentaciones e incluso llegó a atacarla físicamente.

A causa de sus constantes padecimientos, los éxtasis en los que se quedaba y por mostrar los estigmas de Cristo, muchos se burlaban de ella y la creían loca. Pero Gemma nunca se dejó amedrentar por las burlas o insultos, y continuó amando y sirviendo a Jesús hasta el día de su muerte.

Finalmente, la Santa cayó gravemente enferma. Sintiéndose cerca de morir, Gemma ofreció este último sacrificio por la convresión de un sacerdote caído en una vida mundana y desordenada. El cura, al enterarse de su sacrificio, se convirtió dos días antes de que la muerte le sobreviniera sorpresivamente.

La joven italiana murió el 11 de abril de 1903, el día de Sábado Santo. El P. Germán le dio la extremaunción y vio cómo la Santa colocaba sus brazos imitando a Cristo en la Cruz. Después, Gemma tomó el crucifijo en las manos y exclamó: «¡Jesús!.. ¡En tus manos encomiendo mi pobre alma!»; y volviéndose a la imagen de María, añadió: «¡Mamá mía!, recomienda a Jesús mi pobre alma…Dile que tenga misericordia de mí».

El P. Germán escribió muy pronto la biografía y la devoción a Santa Gemma comenzó a extenderse de manera prodigiosa, no sólo en Italia, sino en muchos países del mundo.

Fue canonizada el 2 de mayo de 1940 durante la fiesta de la Ascensión del Señor. El Papa Pío XI dijo sobre la santa: “Será la joya de nuestro pontificado”.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-celebramos-a-la-joven-santa-gemma-galgani-84537)