26 enero, 2016

Santos Timoteo y Tito



¡Oh!, Santos Timoteo y Tito, obispos, vosotros, sois,
los hijos del Dios de la vida y sus amados santos y
discípulos del apóstol san Pablo, a quien ayudasteis,
presidiendo las Iglesias de Éfeso y de Creta. Timoteo,
tal y conforme significa vuestro nombre “Aquel que
siente amor o adoración a Dios” y Tito “Aquel que
es protegido y honrado”, ambos hicisteis honor a
vuestros nombres. Vos, Timoteo, sois la imagen del
discípulo ejemplar: obediente, discreto y valiente,
y por estas cualidades, Pablo quiso que fuerais su
compañero de apostolado, en vez de Juan Marcos,
durante el segundo viaje. Pablo, os encontró, en Listra,
durante su primer viaje, y fuisteis de los primeros
convertidos al Evangelio; pues habíais sido educado
en la religión hebrea por vuestra abuela Loida y por
vuestra madre Eunice. Desde entonces acompañasteis
a Pablo. En una palabra fuisteis el viajero incansable,
del apóstol de los gentiles, y mantuvisteis contactos
entre él, y las jóvenes comunidades cristianas recién
fundadas, llevando cartas y dándole noticias respecto
de las mismas comunidades. Estando como jefe de la
Iglesia de Éfeso, desde Roma Pablo os escribió una
otra carta, invitándoos a visitarlo antes del invierno,
pidiéndoos que os llevaseis el abrigo que había dejado
en Tróade, pues le serviría para el frío en la cárcel
de Roma. Además, vos, Timoteo estuvisteis presente
en el martirio de vuestro maestro Pablo; después
regresasteis a Éfeso, para entregar vuestra santa vida
cómo mártir. San Tito, el otro maravillosos amigo y fiel
colaborador de Pablo, convertido y bautizado por el
mismo apóstol, os trataba afablemente como “hijo mío”.
Con vos, hizo otro viaje misionero y fuisteis quien
llevó la “carta de las lágrimas” de Pablo a los fieles
de Corinto, restableciendo la armonía y organizó la
limosna para los pobres de Jerusalén. Luego del cautiverio
de Roma, Pablo, os dejó, con la misión de organizar la
primera comunidad cristiana. Aquí recibisteis la carta
de Pablo, después fuisteis a Roma y allí, os mandó a
evangelizar a Dalmacia, en donde aún, está difundido
vuestro culto. Finalmente, vos, entregasteis vuestra
alma al cielo, después de haberos gastado por Dios;
¡oh! Timoteo y Tito, “vivos y fieles amigos de Pablo”.

© 2016 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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26 de Eenro
Santos Timoteo y Tito
Obispos y Discípulos de San Pablo

Fuente: Archidiócesis de Madrid

Martirologio Romano: Memoria de los santos Timoteo y Tito, obispos y discípulos del apóstol san Pablo, que le ayudaron en su ministerio y presidieron las Iglesias de Éfeso y de Creta, respectivamente. Les fueron dirigidas cartas por su maestro que contienen sabias advertencias para los pastores, en vista de la formación de los fieles (s. I).

Etimología: Timoteo = Aquel que siente amor o adoración a Dios, es de origen griego.
Etimología: Tito = Aquel que es protegido y honrado, es de origen latino.

Breve Biografía

San Pablo nombró obispos a Timoteo y Tito, sus discípulos y colaboradores.
Los Santos Timoteo y Tito vivieron en la órbita del grande apóstol de las Gentes, y el nuevo calendario los coloca después de la fiesta de la “conversión” de San Pablo.

Timoteo es la imagen del discípulo ejemplar: obediente, discreto, eficaz, valiente. Por estas cualidades Pablo quiso que fuera su compañero de apostolado, en vez de Juan Marcos, durante el segundo viaje misionero en el año 50.

Había nacido en Listra, en donde Pablo lo encontró durante el primer viaje, y fue de los primeros convertidos al Evangelio; había sido educado en la religión hebrea por la abuela Loida y por la madre Eunice. Desde su encuentro con Pablo, siguió su itinerario apostólico; lo acompaña a Filipos y a Tesalónica.

Después los encontramos juntos en Atenas, en Corinto, en Éfeso y finalmente en Roma durante el primer cautiverio de Pablo. Fue un infatigable “viajero enviado” por el apóstol de las Gentes, y mantuvo los contactos entre Pablo y las jóvenes comunidades cristianas fundadas por él.

A menudo le llevaba las cartas y le daba noticias respecto de las mismas comunidades. Entre el 63 y el 66, cuando recibió la primera carta que le envió Pablo, Timoteo era el jefe de la Iglesia de Éfeso. Desde Roma Pablo le escribió una segunda carta, invitándolo a visitarlo antes del invierno. Es conmovedora la petición del anciano apóstol al “hijo” Timoteo, para que le llevara el abrigo que había dejado en Tróade, pues le servía para el frío en la cárcel de Roma. Timoteo estuvo presente en el martirio de Pablo; después regresó definitivamente a la sede de Éfeso, en donde, según una antigua tradición, murió mártir en el año 97.

El segundo fiel colaborador de Pablo fue San Tito, de origen pagano. Convertido y bautizado por el mismo apóstol, que lo llama “hijo mío”, se encuentra en compañía de Pablo en Jerusalén, en el año 49. Hizo con él el tercer viaje misionero y fue Tito quien llevó la “carta de las lágrimas” de Pablo a los fieles de Corinto, entre los cuales restableció la armonía y organizó la colecta para los pobres de Jerusalén.

Después del cautiverio de Roma, Pablo, de paso por Creta, dejó ahí a Tito con la misión de organizar la primera comunidad cristiana. Aquí recibió la carta de Pablo. Es un documento muy importante, porque nos informa sobre la vida interna de la Iglesia apostólica. Después Tito fue a Roma donde su Maestro, que lo mandó probablemente a evangelizar a Dalmacia, en donde todavía hoy está muy difundido su culto. Una antigua tradición, históricamente no confirmada, dice que Tito murió en Creta, de edad muy avanzada.

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