22 noviembre, 2019

Santa Cecilia


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 ¡Oh! Santa Cecilia, vos sois la hija del Dios de la Vida,
su amada santa y venerada por más de mil años en la
Iglesia Católica. Acostumbrabais vestir una túnica de
tela áspera y además, que habíais consagrado a Dios
vuestra virginidad. Vuestros padres os comprometieron
en matrimonio con Valeriano, pero vos, le dijisteis a él,
que vos, habíais hecho voto de virginidad y que, si él
quería ver al ángel de Dios, debía hacerse cristiano. Y, así
lo hizo, haciéndose instruir y bautizar por el Papa Urbano.
Luego entre vos, y Valeriano, convencisteis a Tiburcio,
el hermano de éste, logrando que se hiciera cristiano. Vos,
veíais a vuestro ángel de la guarda a cada nada, mientras
el alcalde de Roma, Almaquio, había prohibido sepultar
los cadáveres de los cristianos. Pero, Valeriano y Tiburcio,
se dedicaron a hacerlo con todos los cadáveres de cristianos
que encontraban, siendo por ello, arrestados y llevados ante el
alcalde, quien les pidió que declarasen que adoraban a Júpiter.
Ellos respondieron que únicamente adoraban al verdadero
Dios y a su Hijo Jesucristo, entonces fueron ferozmente
azotados, perdiendo así la vida. Los dos santos mártires
antes de morir, animaban con valor a los demás cristianos
de Roma a sufrir con gusto, antes de ser infieles a la santa
religión. Luego, vos, fuisteis arrestada y se os exigió que
renunciarais a Cristo, pero declarasteis con valor, que preferíais
la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Entonces
fuisteis llevada junto a un horno para tratar de asfixiaros, pero,
vos, cantabais gozosa canciones celestiales en honor a Dios.
Viendo que con ello, no podían acabar con vos, el cruel
Almaquio, ordenó que os cortaran la cabeza. Vos, antes de
de morir, le pedisteis al Papa Urbano, que convirtiera vuestra
casa, en un templo para orar. ¡Y así, lo hizo! ¡Aleluya!
¡Oh! Santa Cecilia, “vivo canto por el Dios de la Vida y del Amor”.


© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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22 de Noviembre
Santa Cecilia
Mártir
Año 177


Santa Cecilia bendita, dile a Dios que también nosotros prefiramos mil muertes antes que ser infieles a nuestra santa religión. No ofendas a nadie ni en mucho ni en poco (S. Biblia Ecl. 5, 15).
Por más de mil años Santa Cecilia ha sido muy venerada en la Iglesia Católica. Una tradición muy antigua dice que pertenecía a una de las principales familias de Roma, que acostumbraba vestir una túnica de tela muy áspera y que había consagrado a Dios su virginidad.

Sus padres la comprometieron en matrimonio con un joven llamado Valeriano, pero Cecilia le dijo a éste que ella había hecho voto de virginidad y que si él quería ver al ángel de Dios debía hacerse cristiano. Valeriano se hizo instruir por el Papa Urbano y fue bautizado. Luego entre Cecilia y Valeriano convencieron a Tiburcio, el hermano de éste, y lograron que también se hiciera cristiano.

Las historias antiguas dicen que Cecilia veía a su ángel de la guarda. El alcalde de Roma, Almaquio, había prohibido sepultar los cadáveres de los cristianos. Pero Valeriano y Tiburcio se dedicaron a sepultar todos los cadáveres de cristianos que encontraban. Por eso fueron arrestados. Llevados ante el alcalde, éste les pidió que declararan que adoraban a Júpiter. Ellos le dijeron que únicamente adoraban al verdadero Dios del cielo y a su Hijo Jesucristo. Entonces fueron ferozmente azotados y luego les dieron muerte.

Los dos santos mártires animaban a los demás cristianos de Roma a sufrir con gusto todos los horrores, con tal de no ser infieles a la santa religión. En seguida la policía arrestó a Cecilia y le exigió que renunciara a la religión de Cristo. Ella declaró que prefería la muerte antes que renegar de la verdadera religión. Entonces fue llevada junto a un horno caliente para tratar de sofocarle con los terribles gases que salían de allí, pero en vez de asfixiarse ella cantaba gozosa (quizás por eso la han nombrado patrona de los músicos).

Visto que con este martirio no podían acabar con ella, el cruel Almaquio mandó que le cortaran la cabeza. La santa, antes de morir le pidió al Papa Urbano que convirtiera su hermosa casa en un templo para orar, y así lo hicieron después de su martirio. Antes de morir, había repartido todos sus bienes entre los pobres.

En 1599 permitieron al escultor Maderna ver el cuerpo incorrupto de la santa y él fabricó una estatua en mármol de ella, muy hermosa, la cual se conserva en la iglesia de Santa Cecilia en Roma. Está acostada de lado y parece que habla. En Roma había ya en el año 545 un templo dedicado a esta gran Santa.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Cecilia.htm)

21 noviembre, 2019

La Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo

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 ¡Oh!, Santa María, Niña Nuestra, Vos,
sois la Hija del Dios de la Vida,
Su amadísima y predilecta.
Y, maravilla de maravillas, que en este
día, a Vos, os presentaron Joaquín
y Ana, vuestros amadísimos padres,
hijos del Dios de la Vida, y santos
en el Templo de Dios, para que Vos,
fuerais instruida sobre la fe de vuestros padres
y supierais vuestros deberes para con Dios.
Y, Él, Vuestro Padre, el “Alpha y el
Omega”, desde siempre y por siempre
os bendijo amorosa y eternamente por
los siglos de los siglos, ¡Aleluya! ¡Aleluya!
porque sabia Dios, Vuestro futuro de Amor;
¡Oh!, Santa María, Niña Nuestra, “¡Viva Luz y Amor!”.
 


© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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21 de noviembre
La Presentación de la Santísima Virgen María en el Templo


Honramos hoy la Presentación en el Templo de aquella Niña de bendición. Los orígenes de esta fiesta hay que buscarlos en una piadosa tradición que surge en el escrito apócrifo llamado el «Protoevangelio de Santiago». Según este documento la Virgen María fue llevada a la edad de tres años por sus padres San Joaquín y Santa Ana. Allí, junto a otras doncellas y piadosas mujeres, fue instruida cuidadosamente respecto la fe de sus padres y sobre los deberes para con Dios.

Históricamente, el origen de esta fiesta fue la dedicación de la Iglesia de Santa María la Nueva en Jerusalén , en el año 543. Todo eso se viene conmemorando en Oriente desde el siglo VI, y hasta habla de ello el emperador Miguel Comeno en una Constitución de 1166.

Un gentil hombre francés, canciller en la corte del Rey de Chipre, habiendo sido enviado a Aviñón en 1372, en calidad de embajador ante el Papa Gregorio XI, le contó la magnificencia con que en Grecia celebraban esta fiesta el 21 de noviembre. El Papa entonces la introdujo en Aviñón, y Sixto V la impuso a toda la Iglesia.

Oración
Oh Dios, que quisiste que en este día fuese presentada en el templo la Santísima Virgen María, morada del Espíritu Santo: suplicámoste por su intercesión nos concedas merecer ser presentados en el templo de tu gloria. Por nuestro Señor Jesucristo.
Amén.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Presentación_de_la_Virgen_María.htm)

20 noviembre, 2019

San Octavio, Solutor y Adventur, Mártires

 
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¡Oh!, San Octavio, y compañeros mártires, vosotros
sois los hijos del Dios de de la vida y sus amados santos,
que como San Ambrosio de Milán decíais: “Comenzad en
vosotros la obra de la paz, una vez que vosotros estéis
pacificados, llevaréis la paz a los demás”. Y, así lo
hicisteis, conjuntamente que Solutor y Adventor
vuestros valerosos e increíbles compañeros, y que hoy,
os celebran en la iglesia de Turín, porque valientes
y orgullosos en vuestra fe, confesasteis que Cristo
Jesús, es Dios y Señor Nuestro. A vosotros de tanta
entrega militar, se os compuso una “Pasión”,
donde se os resalta vuestro arrojo y vuestra
vida como mártires en plena persecución. Además
vuestra “Pasión”, narra, de cómo escapar lograron
de la masacre de Agaunum, pero, siendo capturados
enseguida, lograsteis fugaros una vez más y caminar
por inhóspitos y solitarios parajes. Esta vez, sobre
vuestra propia muerte y todo por la fe en el Dios
Vivo. Templo y más tarde un monasterio benedictino,
demolición y la “Consolata”, que os recibió, hasta
descansar en la Iglesia de los Mártires, en la que hoy
están, como justo premio a vuestra entrega de amor y fe;
¡oh!, San Octavio y compañeros “vivo amor, por el Dios Vivo”.

© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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20 de Noviembre
San Octavio, Solutor y Adventor, Mártires
Autor: P. Felipe Santos

Etimológicamente significa “octavo hijo”. Viene de la lengua latina.

La paz sobre la tierra comienza en nosotros mismos. San Ambrosio de Milán 

Ya en el siglo IV, san Ambrosio de Milán decía: “Comenzad en vosotros la obra de la paz, una vez que vosotros estéis pacificados, llevaréis la paz a los demás”.

Este joven, juntamente con Solutor y Adventor, se celebran hoy en la iglesia de Turín, Italia.
Eran soldados de la Legión Tebea. Combatían valientemente durante el imperio que mandaba por aquel tiempo Maximiano.

Eran valientes en la lucha y valientes en confesar su fe en Cristo el Señor. El clima y el ambiente no les eran propicios. Ya habían visto con sus propios ojos morir a muchos cristianos.

No hay datos exactos de cómo murieron. Sin embargo, a personas de tanto brillo militar y de tanta fama entre los creyentes, fue fácil componerles un teatro o “Pasión” entre los años 432-450.

Ellos murieron como mártires en el siglo III, es decir cuando las persecuciones arreciaron como nunca.
La “Pasión” narraba que lograron escapar de la masacre de Agaunum. Su fuga no pasó desapercibida. La policía militar los cogió en seguida. Los llevaron presos a Turín. También se escaparon de la prisión. Empezaron a caminar pro lugares inhóspitos. Y ya esta vez, fueron enviados a la muerte por su fe en Dios único y verdadero.

Los turineses le levantaron pronto un templo en su honor. Este templo se convertiría más tarde, por mandato del obispo Gezone, en un monasterio benedictino.

Cuando los franceses ordenaron la demolición del monasterio en 1536, los tres cuerpos fueron llevados a la Consolata y finalmente a la iglesia de los mártires, en la que están hoy en día.

(http://es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=13932)

19 noviembre, 2019

San Andrés Avelino

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 ¡Oh!, San Andrés Avelino; vos, sois el hijo del Dios
de la vida y su amado santo, y el mismo que al leer
en el Libro Santo la frase: “La boca que miente,
mata el alma”, fue suficiente argumento, para todo
abandonarlo. Y, así, supisteis que, jamás volveríais
a ser como antes, y por ello, os entregasteis con
amor, fe y pasión a abrazar la Cruz de Cristo, atrás
dejando fama, posición y dinero, para, el uniforme
de santo sacerdote vestir y con él, deslumbrar
a propios y extraños, usando vuestra palabra, por donde
fuerais, maravillas y milagros haciendo.En vuestra ciudad
de Nápoles, vuestra predicación convertía miles
de pecadores, y acompañabais vuestras palabras
con admirables milagros y sanaciones. Cuando el Señor
os llamó, acudieron a vos, grandes multitudes a visitaros
en vuestro ataúd y durante setentaidos horas vuestro
santo cadáver echó sangre de manera milagrosa,
cada vez que le hicieron alguna pequeña herida
y ella, la recogieron en frascos, y cuatro años
después empezó a hervir en el aniversario de vuestra
muerte. Había dicho Nuestro Señor Jesucristo: “Quien
renuncie a algo importante por amor a mí, recibirá
cien veces más”. Y, claro, vos, lo recibisteis, y hoy,
gozáis de las alegrías del cielo eterno, coronado de
luz como premio justo, a vuestra entrega grande de amor
¡Santo Protector contra la muerte repentina! ¡Aleluya!;
¡oh! San Andrés Avelino; “vivo amor y renuncia por Cristo”.



© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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19 de Noviembre
San Andrés Avelino
Año 1608


Que Dios que es tan bueno y tan generoso, nos envíe muchos predicadores que como San Andrés Avelino conviertan a los pecadores que asistan a sus sermones.

Quien renuncie a algo importante por amor a mí, recibirá cien veces más (Jesucristo).


El hecho más conocido de este santo es que siendo un abogado de fama, un día en un pleito dijo una mentira, pero luego leyó en la S. Biblia la frase que dice: “La boca que miente, mata el alma”, y se asustó tanto que dejó la abogacía y se dedicó al sacerdocio, a predicar y salvar almas.


San Andrés Avelino nació en Nápoles (Italia) en 1521. Entró a la comunidad de Padres Teatinos y allí dio tales muestras de sabiduría, que fue nombrado maestro de novicios y superior.


San Carlos Borromeo, que era Arzobispo de Milán, quedó tan admirado de las cualidades de ciencia y de santidad de San Andrés que pidió a los superiores de esa comunidad que se lo enviaran a Milán, y lo obtuvo, consiguiendo con ello un gran progreso para su ciudad, porque las predicaciones de Avelino convertían muchos pecadores.


Había un convento muy relajado y San Carlos envió al Padre Andrés a tratar de reformarlo. Lo amenazaron de muerte si se atrevía a entrar allá, pero fue valiente y acabó con todos los abusos. En la ciudad de Piacenza su predicación produjo un cambio tan grande en las costumbres, que los cantineros y dueños de casas de juegos se quejaron ante el gobernador porque se les había acabado la clientela. El gobernador llamó al santo para que le diera explicaciones y este le habló tan hermosamente acerca de lo importante que es evitar el pecado y salvar el alma, que desde ese día la esposa del gobernante lo escogió como director espiritual.


En su ciudad de Nápoles su predicación convertía miles de pecadores, y él acompañaba sus palabras con admirables milagros y sanaciones. San Andrés Avelino murió a la edad de 80 años en noviembre de 1608, y murió en el preciso momento en el que empezaba la santa misa. Al hacer la señal de la cruz para comenzar la celebración, cayó muerto de un ataque de apoplejía.


Acudieron grandes multitudes a visitarlo en su ataúd, y durante 72 horas su cadáver echó sangre cada vez que le hicieron alguna pequeña cortada. Esa sangre la recogieron en frascos, y cuatro años después empezó a hervir, en el aniversario e su muerte.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Andrés_Avelino.htm)

18 noviembre, 2019

Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo

 
 
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¡Oh!, Dedicación de las Basílicas de San Pedro
y San Pablo, vosotras sois el cúlmen de la fe Católica
pues, llevan los nombres de los dos apóstoles
y santos más amados del Dios de la Vida, y cuyo
carisma, eterno e impercedero, vive en la roca viva,
plasmado en gloriosos Templos, que nos recuerdan
vuestra grandeza singular. Vosotras dos, sois
columnas vivas de amor, fe y esperanza, al igual
que lo eran y lo son vuestras vuestras santas vidas
que hoy convertidos en  Templos de Amor” están,
sobre vuestras tumbas, hacia la Celeste Patria
apuntando, para recuerdo del hombre y del mundo
 y de vuestras increíbles entregas de amor y fe.
Vuestras construcciónes las empezaron el Papa Nicolás
V y la terminó y consagró el Papa Urbano VIII, para
la Basílica de San Pedro; y para la de San Pablo, el Papa
San León Magno y el emperador Teodosio, pero,
destruida por un incendio, se construyó la nueva,
consagrada por el Papa Pío Nono. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡oh!, Basílicas de San Pedro y San Pablo, “vivo Amor de Dios”.



© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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18 de Noviembre
Dedicación de las Basílicas de San Pedro y San Pablo

Propongámonos tener siempre el más grande respeto y veneración por nuestros templos.

La actual Basílica de San Pedro en Roma fue consagrada por el Papa Urbano Octavo el 18 de noviembre de 1626, aniversario de la consagración de la Basílica antigua. La construcción de este grandioso templo duró 170 años, bajo la dirección de 20 Sumos Pontífices. Está construida en la colina llamada Vaticano, sobre la tumba de San Pedro.

Allí en el Vaticano fue martirizado San Pedro (crucificándolo cabeza abajo) y ahí mismo fue sepultado. Sobre su sepulcro hizo construir el emperador Constantino una Basílica, en el año 323, y esa magnífica iglesia permaneció sin cambios durante dos siglos. Junto a ella en la colina llamada Vaticano fueron construyéndose varios edificios que pertenecían a los Sumos Pontífices. Durante siglos fueron hermoseando cada vez más la Basílica.

Cuando los Sumos Pontífices volvieron del destierro de Avignon el Papa empezó a vivir en el Vaticano, junto a la Basílica de San Pedro (hasta entonces los Pontífices habían vivido en el Palacio, junto a la Basílica de Letrán) y desde entonces la Basílica de San Pedro ha sido siempre el templo más famoso del mundo.

La Basílica de San Pedro mide 212 metros de largo, 140 de ancho, y 133 metros de altura en su cúpula. Ocupa 15,000 metros cuadrados. No hay otro templo en el mundo que le iguale en extensión.
Su construcción la empezó el Papa Nicolás V en 1454, y la terminó y consagró el Papa Urbano VIII en 1626 (170 años construyéndola). Trabajaron en ella los más famosos artistas como Bramante, Rafael, Miguel Angel y Bernini. Su hermosura es impresionante.

Hoy recordamos también la consagración de la Basílica de San Pablo, que está al otro lado de Roma, a 11 kilómetros de San Pedro, en un sitio llamado “Las tres fontanas”, porque la tradición cuenta que allí le fue cortada la cabeza a San Pablo y que al cortársela cayó al suelo y dio tres golpes y en cada golpe salió una fuente de agua (y allí están las tales tres fontantas).

La antigua Basílica de San Pablo la habían construido el Papa San León Magno y el emperador Teodosio, pero en 1823 fue destruida por un incendio, y entonces, con limosnas que los católicos enviaron desde todos los países del mundo se construyó la nueva, sobre el modelo de la antigua, pero más grande y más hermosa, la cual fue consagrada por el Papa Pío Nono en 1854. En los trabajos de reconstrucción se encontró un sepulcro sumamente antiguo (de antes del siglo IV) con esta inscripción: “A San Pablo, Apóstol y Mártir”.

Estas Basílicas nos recuerdan lo generosos que han sido los católicos de todos los tiempos para que nuestros templos sean lo más hermoso posible, y cómo nosotros debemos contribuir generosamente para mantener bello y elegante el templo de nuestro barrio o de nuestra parroquia.

(http://ewtn.com/spanish/Saints/Dedicación_de_las_basílicas_de_San_Pedro_San_Pablo.htm)

17 noviembre, 2019

Domingo XXXIII (C) del tiempo ordinarioDomingo XXXIII (C) del tiempo ordinario

Resultado de imagen para Texto del Evangelio (Lc 21,5-19): En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Él dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».  Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».  Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas». 


Día litúrgico: Domingo XXXIII (C) del tiempo ordinario
Ver 1ª Lectura y Salmo
 
Texto del Evangelio (Lc 21,5-19): En aquel tiempo, como dijeran algunos, acerca del Templo, que estaba adornado de bellas piedras y ofrendas votivas, Él dijo: «Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea derruida».

Le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo sucederá eso? Y ¿cuál será la señal de que todas estas cosas están para ocurrir?». Él dijo: «Mirad, no os dejéis engañar. Porque vendrán muchos usurpando mi nombre y diciendo: ‘Yo soy’ y ‘el tiempo está cerca’. No les sigáis. Cuando oigáis hablar de guerras y revoluciones, no os aterréis; porque es necesario que sucedan primero estas cosas, pero el fin no es inmediato».

Entonces les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino. Habrá grandes terremotos, peste y hambre en diversos lugares, habrá cosas espantosas, y grandes señales del cielo. Pero, antes de todo esto, os echarán mano y os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y cárceles y llevándoos ante reyes y gobernadores por mi nombre; esto os sucederá para que deis testimonio. Proponed, pues, en vuestro corazón no preparar la defensa, porque yo os daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos vuestros adversarios. Seréis entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de vosotros, y seréis odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de vuestra cabeza. 
Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
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«Mirad, no os dejéis engañar»

+ Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach (Vilamarí, Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos habla de la última venida del Hijo del hombre. Se acerca el final del año litúrgico y la Iglesia nos presenta la parusía, y al mismo tiempo quiere que pensemos en nuestras postrimerías: muerte, juicio, infierno o cielo. El fin de un viaje condiciona su realización. Si quieres ir al infierno, te podrás comportar de una manera determinada de acuerdo con el término de tu viaje. Si escoges el cielo, habrás de ser coherente con la Gloria que quieres conquistar. Siempre, libremente. Al infierno no va nadie por la fuerza; ni al cielo, tampoco. Dios es justo y da a cada uno lo que se ha ganado, ni más ni menos. No castiga ni premia arbitrariamente, movido por simpatías o antipatías. Respeta nuestra libertad. Sin embargo, hay que tener presente que al salir de este mundo la libertad ya no podrá escoger. El árbol permanecerá tendido por el lado en que haya caído.

«Morir en pecado mortal sin estar arrepentidos ni acoger el amor misericordioso de Dios, significa permanecer separados de Él para siempre por nuestra propia y libre elección» (Catecismo de la Iglesia n. 1033).

¿Te imaginas la grandiosidad del espectáculo? Los hombres y las mujeres de todas las razas y de todos los tiempos, con nuestro cuerpo resucitado y nuestra alma compareceremos delante de Jesucristo, que presidirá el acto con gran poder y majestad. Vendrá a juzgarnos en presencia de todo el mundo. Si la entrada no fuera gratuita, valdría la pena… Entonces se sabrá la verdad de todos nuestros actos interiores y exteriores. Entonces veremos de quién son los dineros, los hijos, los libros, los proyectos y las demás cosas: «No quedará piedra sobre piedra que no sea derruida» (Lc 21,6). Día de alegría y de gloria para unos; día de tristeza y de vergüenza para otros. Lo que no quieras que aparezca públicamente, ahora te es posible eliminarlo con una confesión bien hecha. No puedes improvisar un acto tan solemne y comprometedor. Jesús nos lo advierte: «Mirad, no os dejéis engañar» (Lc 21,8). ¿Estás preparado ahora?

(http://evangeli.net/evangelio/dia/2019-11-17)

16 noviembre, 2019

Santa Margarita de Escocia

 
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¡Oh!, Santa Margarita de Escocia; sois vos, la hija del Dios
de la vida, su amada santa, y que siempre supisteis que,
el amor a Dios, no es la simpleza de decir: “Yo amo a Dios
y punto”; sino, “viva” hacerla en cada prójimo, en cada pobre
y en cada desvalido; porque, sabíais, -como lo sabe todo el
mundo, pero no lo lleva a cabo-, que, en cada uno mora el Dios
Trino de la Vida: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo.
Visitabais y consolabais a los enfermos, limpiando sus heridas
y besando sus llagas. Ayudabais a familias pobres y numerosas;
socorríais a los indigentes con vuestros bienes y los del palacio,
hasta, vuestras joyas vender. Leíais a diario los “Libros
Santos”, meditándolos y, os esforzabais por imitar a Jesús,
sacando de ellos la luz y fuerza. Vuestro libro de rezos
se recuperó del lecho del río donde cayó, y se conserva
hasta hoy en la biblioteca bodleiana de Oxford. También os
ocupasteis en restaurar iglesias y levantar templos, entre ellos,
la edificación de la abadía de Dunferline. Eliminasteis del reino
los abusos en materia religiosa y os esforzasteis en poner fin
a las supersticiones. A la pérdida de vuestro esposo e hijo,
dijisteis: “Te doy gracias Dios mío, porque al mandarme
tan dolorosas noticias me purificas de mis pecados”. Vuestros
compatriotas, tienen hoy, el orgullo, de haber tenido, en vida
una mujer virtuosa que, dejando de lado su condición de reina,
prevalecer hizo, la de ser una cristiana convicta y confesa,
y con ello, muestras disteis de aquellos hombres, a los que Dios,
llamó “los pobres de espíritu”. Y, así, más tarde, no soportasteis
la codicia de Guillermo, “el usurpador”, además de vuestra
enfermedad que os llevó a la muerte en Edimburgo. Así,
entregasteis vuestra alma a Dios, para, coronada ser, con corona
de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor, imitando
en vuestra vida a Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro. Santa
Patrona de Escocia, por la gracia del Dios de la Vida. ¡Aleluya!
¡oh¡ Santa Margarita de Escocia, “viva imitación del Dios Vivo”.

 
© 2019 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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16 de Noviembre
Santa Margarita de Escocia
Reina



De estirpe regia y de santos. Por parte de padre emparenta con la realeza inglesa y por parte de madre con la de Hungría. Los santos son, por parte de padre, san Eduardo —llamado el “Confesor”— que era su bisabuelo y, por parte de madre, san Esteban, rey de Hungría.

Nació del matrimonio habido entre Eduardo y Agata, en Hungría, con fecha difícil de determinar. Su padre nunca llegó a reinar, porque al ser llamado por la nobleza inglesa para ello, resulta que el normando Guillermo el Conquistador invade sus tierras, se corona rey e impone el juramento de fidelidad; al poco tiempo murió Eduardo de muerte natural.

Pero esta situación fue la que hizo que Margarita llegara a ser reina de Escocia por casarse con el rey. Su madre había previsto y dispuesto que la familia regresara al continente al quedarse viuda tras la muerte de su esposo y, bien sea por necesidad de puerto a causa de tempestades, bien por la confianza en la buena acogida de la casa real escocesa, el caso es que atracaron en Escocia y allí se enamoró el rey Malcon III de Margarita y se casó con ella.

Es una mujer ejemplar en la corte y con la gente paño de lágrimas. Se la conoce delicada en el cumplimiento de sus obligaciones de esposa; esmerada en la educación de los hijos, les dedica todo el tiempo que cada uno necesita; sabe estar en el sitio que como a reina le corresponde en el trato con la nobleza y asume responsabilidades cristianas que le llenan el día. Señalan sus hagiógrafos las continuas preocupaciones por los más necesitados: visita y consuela enfermos llegando a limpiar sus heridas y a besar sus llagas; ayuda habitualmente a familias pobres y numerosas; socorre a los indigentes con bienes propios y de palacio hasta vender sus joyas. Lee a diario los Libros Santos, los medita y lo que es mejor ¡se esfuerza por cumplir las enseñanzas de Jesús! De ellos saca las luces y las fuerzas. De hecho, su libro de rezos, un precioso códice decorado con primor —milagrosamente recuperado sin sufrir daño del lecho del río en que cayó— se conserva en la biblioteca bodleiana de Oxford (Inglaterra).

También se ocupó de restaurar iglesias y levantar templos, destacando la edificación de la abadía de Dunferline.

Puso también empeño en eliminar del reino los abusos que se cometían en materia religiosa y se esforzó en poner fin a las abundantes supersticiones; para ello, convocó concilios con la intención de que los obispos determinaran el modo práctico de exponer todo y sólo lo que manda la Iglesia y las enseñanzas de los Padres.

“Gracias, Dios mío, porque me das paciencia para soportar tantas desgracias juntas”. Esta fue su frase cuando le comunicaron la muerte de su esposo y de su hijo Eduardo en una acción bélica. Fue cuando marcharon a recuperar el castillo de Aluwick, en Northumberland, del que se había apoderado el usurpador Guillermo. Ella soportaba en aquellos momentos la larga y penosísima enfermedad que le llevó a la muerte el año 1093, en Edimburgo.

Es la reina Margarita la patrona de Escocia, canonizada por el papa Inociencio IV en el año 1250. Pero no pueden venerarse sus reliquias por desconocerse el lugar donde reposan. Por la manía que tenían los antiguos de desarmar los esqueletos de los santos, su cráneo —que perteneció a María Estuardo— se perdió con la Revolución francesa, porque lo tenían los jesuitas en Douai y, desde luego, no salieron muy bien parados sus bienes. El cuerpo tampoco se pudo encontrar cuando lo pidió Gelliers, arzobispo de Edimburgo, a Pío XI, aunque se sabe que se trasladó a España por empeño de Felipe II quien mandó tallar un sepulcro en El Escorial para los restos de Margarita y de su esposo.

Aunque les duela esa carencia de reliquias a los escoceses, tienen sin embargo el orgullo de disfrutar en su historia de las grandes virtudes de una mujer que supo primar su condición cristiana a su condición de reina. O mejor, que ser reina no fue dificultad para vivir hasta lo más hondo su responsabilidad de cristiana. O aún más, supo desde la posición más alta ser testigo de Cristo. Y eso es mucho en cualquier momento de la Historia. ¿No será la gente como ella los que se llaman pobres de espíritu?

Fuente: Archidiócesis de Madrid

(http://www.es.catholic.net/op/articulos/32053/margarita-de-escocia-santa.html)