25 marzo, 2021

Solemnidad de la Anunciación del Señor

 

Solemnidad de la Anunciación del Señor

 

¡Oh!, Solemnidad de la Anunciación del Señor;
en la que Vos, Padre de la Vida, amoroso y generoso
a vuestro Ángel Gabriel, el de las “buenas nuevas”,
enviasteis a María, sierva vuestra, a anunciarle
que, en su virginal seno, al Varón Perfecto y Salvador
del mundo albergaría. ¡Sí!, a Jesús, Hijo amadísimo
Vuestro, para la grande obra Redentora: el cumplir
con la salvación del hombre, que Vos, diseñado habíais,
desde antes de que, el mundo hecho fuera. Porque
Vos, nos amasteis de tal forma y manera, que nos
donasteis gratuitamente a vuestro único Hijo, ¡Jesús!
Él, Divino sí, por vuestra Divinidad, y Humano,
-y ¡qué ser Humano!-, por María, pues Ella, su humanidad
compartió feliz. ¡Alegraos pues, pueblos todos del
orbe de la tierra, porque, si en el pasado, por un
hombre, Adán, el pecado en el mundo entró, por otro,
Divino y grande, Cristo Jesús, la salvación para todos
llegó, en María inmaculada, Madre Vuestra y Nuestra;
¡oh!, Viva Solemnidad de la Anunciación del Señor.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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Día litúrgico: La Anunciación del Señor
Ver 1ª Lectura y Salmo

Texto del Evangelio (Lc 1,26-38): Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin».

María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?». El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios». Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel dejándola se fue.
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«Alégrate, llena de gracia»

Dr. Johannes VILAR
(Köln, Alemania)

Hoy, en el «alégrate, llena de gracia» (Lc 1,28) oímos por primera vez el nombre de la Madre de Dios: María (segunda frase del arcángel Gabriel). Ella tiene la plenitud de la gracia y de los dones. Se llama así: “keharitoméne”, «llena de gracia» (saludo del Ángel).

Quizás con 15 años y sola, María tiene que dar una respuesta que cambiará la historia entera de la humanidad. San Bernardo suplicaba: «Se te ofrece el precio de nuestra Redención. Seremos liberados inmediatamente, si tú dices sí. Todo el orbe está a tus pies esperando tu respuesta. Di tu palabra y engendra la Palabra Eterna». Dios espera una respuesta libre, y “La llena de gracia”, representando a todos los necesitados de Redención, responde: “génoitó”, hágase! Desde hoy ha quedado María libremente unida a la Obra de su Hijo, hoy comienza su Mediación. Desde hoy es Madre de los que son uno en Cristo (cf. Gal 3,28).

Benedicto XVI decía en un interview: «[Quisiera] despertar el ánimo de atreverse a decisiones para siempre: sólo ellas posibilitan crecer e ir adelante, lo grande en la vida; no destruyen la libertad, sino que posibilitan la orientación correcta. Tomar este riesgo —el salto a lo decisivo— y con ello aceptar la vida por entero, esto es lo que desearía trasmitir». María: ¡he aquí un ejemplo!

Tampoco San José queda al margen de los planes de Dios: él tiene que aceptar recibir a su esposa y dar nombre al Niño (cf. Mt 1,20s): Jesua, “el Señor salva”. Y lo hace. ¡Otro ejemplo!

La Anunciación revela también a la Trinidad: el Padre envía al Hijo, encarnado por obra del Espíritu Santo. Y la lglesia canta: «La Palabra Eterna toma hoy carne por nosotros». Su obra redentora —Navidad, Viernes Santo, Pascua— está presente en esta semilla. Él es Emmanuel, «Dios con nosotros» (Is 7,15). ¡Alégrate humanidad!

Las fiestas de San José y de la Anunciación nos prepararan admirablemente para celebrar los Misterios Pascuales.

(http://evangeli.net/evangelio/dia/2018-04-09)

24 marzo, 2021

Santa Catalina de Suecia

 Santa Catalina de Suecia - ACI Prensa

 

¡Oh!, Santa Catalina de Suecia, vos, sois la hija del Dios de la vida
y su amada santa, y que, siendo de honorable alcurnia, os educaron
las monjas del monasterio de Riseberga. Contrajisteis nupcias más
tarde con el conde Egar, vuestro esposo, con quien os pusisteis
de acuerdo en vivir vuestro matrimonio en castidad perpetua.
Así, vosotros influisteis de manera muy positiva en los ambientes
nobles, plagados de costumbres frívolas y profanas. Brígida, vuestra
madre, por revelación fundó la “Orden del Santísimo Salvador”
que tenía y tiene, como fin alabar al Señor y a la Santísima Virgen
según la liturgia de la Iglesia, reparar por las ofensas que recibe
de los hombres, propagar la oración contemplativa de manera
especial, los de la Pasión, para la salvación de las almas. Así, os
  encontramos en Roma y, cuando vos, os preparabais para volver a
  casa, vuestra madre Brígida, os comunica otra revelación
sobrenatural de Dios: “ha muerto su yerno”. Y, vuestra santa vida
cambia de manera radical. Y, ante el dolor y la depresión anímica
vuestra, os abrazáis a vuestra Madre Divina: la Virgen, quien os
saca de tamaño dolor, mostrando así, a vuestra madre la firme
disposición interna de pasar toda penalidad y sufrimiento
por Jesucristo. Así, vosotras dos juntas emprenden un tiempo
de oración intensa, de mortificación y pobreza extrema;
y vuestros cuerpos no conocen más, sino, el suelo duro para dormir;
visitan iglesias y hacen caridad. Vos, rechazabais proposiciones
matrimoniales impertinentes y acosadoras. Peregrinan a
los santuarios y viajan a Tierra Santa para empaparse de amor a
Dios en los lugares santos donde padeció y murió el Redentor.
Cuando muere vuestra madre Brígida, vos, os dais sepultura
provisional en la Ciudad Eterna, en la iglesia de san Lorenzo,
y luego trasladáis su cuerpo hasta Suecia, en una continua
actividad misionera, revelando la misericordia de Dios, que espera
siempre la conversión de los hombres. Allí, cuenta las revelaciones
y predicciones que Dios le hizo a vuestra madre. En Söderkoping,
dejáis los restos de vuestra madre y allí, suceden conversiones
y milagros que siguen hasta depositar sus restos en el monasterio
de Vadstena, y donde os quedáis practicando la regla que vivisteis
durante veinticinco años, con vuestra amada madre. Luego, viajáis
a Roma, para lograr el proceso de canonización de la futura
“santa Brígida”, vuestra madre y la aprobación de la Orden del
Santísimo Salvador. Así, y luego de haber gastado vuestra santa
vida en buena lid, voló vuestra alma al cielo, para coronada ser
con corona de luz, como justo premio a vuestra entrega de amor;
Se hablan de luces que rodean vuestro cuerpo inerte después
de vuestra muerte, de una estrella que pudo verse por un tiempo
señalando el lugar del reposo y de luminosidades que refulgían
junto a vuestro sarcófago. Por eso dicen que, que nunca mamasteis
la leche de la nodriza mundana, porque buscabais sí, el pecho
de vuestra madre santa y de otras mujeres honestas. Vos, que
librasteis a Roma, de inundación entrando tan solo vuestros pies
benditos en el Tiber y que liberasteis una a una posesa. ¡Aeluya!
¡Oh!, Santa Catalina de Suecia, “viva defensora de la virginidad”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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24 de Marzo
Santa Catalina de Suecia
Virgen

Catalina de Suecia o de Vadstena nació alrededor del año 1331 del matrimonio formado por el príncipe Ulf Gudmarsson y Brigitta Birgesdotter; fue la cuarta de ocho hermanos. La educaron, como era frecuente en la época, al calor del monasterio; en este caso lo hicieron las monjas de Riseberga.

Contrajo matrimonio con el buen conde Egar Lyderson van Kyren con quien acordó vivir su matrimonio en castidad; ambos influyeron muy positivamente en los ambientes nobles plagados de costumbres frívolas y profanas.

Brígida, su madre, ha tenido la revelación de fundar la Orden del Santísimo Salvador que tenga como fin alabar al Señor y a la Santísima Virgen según la liturgia de la Iglesia, reparar por las ofensas que recibe de los hombres, propagar la oración contemplativa -preferentemente de la Pasión- para la salvación de las almas.

Madre e hija se encuentran juntas en Roma. Cuando Catalina tiene planes de regresar a su casa junto al esposo, Brígida comunica a su hija otra revelación sobrenatural de Dios: ha muerto su yerno. Esto va a determinar el rumbo de la vida de Catalina desde entonces. Ante el lógico dolor y la depresión anímica que sufre, es sacada de la situación por la Virgen. Es en estas circunstancias cuando muestra ante su madre la firme disposición interna a pasar toda suerte de penalidades y sufrimientos por Jesucristo. Las dos juntas y emprenden una época de oración intensa, de mortificación y pobreza extrema; sus cuerpos no conocen sino el suelo duro para dormir; visitan iglesias y hacen caridad. La joven viuda rechaza proposiciones matrimoniales que surgen frecuentes, llegando algunas hasta la impertinencia y el acoso. Peregrinan a los santuarios famosos y organizan una visita a Tierra Santa para empaparse de amor a Dios en los lugares donde padeció y murió el Redentor.

En el año 1373 han regresado, muere en Roma Brígida y Catalina da sepultura provisional en la Ciudad Eterna al cadáver de su madre en la iglesia de san Lorenzo. El traslado del cuerpo en cortejo fúnebre hasta Suecia es una continua actividad misionera por donde pasa. Catalina habla de la misericordia de Dios que espera siempre la conversión de los pecadores; va contando las revelaciones y predicciones que Dios hizo a su santa madre.

Söderkoping es el lugar patrio que recibe la procesión en 1374 como si fuera un acto triunfal. Se relatan conversiones y milagros que se suceden hasta depositar los restos en el monasterio de Vadstena, donde entra y se queda Catalina, practicando la regla que vivió durante veinticinco años con su madre.

Un segundo viaje a Roma durará cinco años; tendrá como meta la puesta en marcha del proceso de canonización de la futura santa Brígida y la aprobación de la Orden del Santísimo Salvador. A su regreso a Vadstena, muere el 24 de marzo de 1381.

También se habla de luces que rodean el cuerpo inerte después de su muerte, de una estrella que pudo verse por un tiempo señalando el lugar del reposo y de luminosidades que refulgían junto al sarcófago. No es extraño que la leyenda haya querido dejar su huella intentando hacer que los sentidos descubran la magnanimidad de su alma que sólo es perceptible por lo externo. Por eso dijeron que nunca mamó la leche de la nodriza mundana mientras buscaba el pecho de su madre santa y de otras mujeres honestas. Igualmente contaron que libró a Roma de inundación entrando sus pies en el Tiber y hablaron de la liberación de una posesa.

De todos modos, los santos de ayer y de hoy, siempre han sido puntos de inflexión de la gracia para el bien de todos los hombres.
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Hoy, también celebramos a Santa Elba.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

23 marzo, 2021

Santo Toribio de Mogrovejo

Hoy la Iglesia celebra a Santo Toribio de Mogrovejo, Patrono del Episcopado Latinoamericano

 ¡Oh!; Santo Toribio de Mogrovejo, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, que abrazasteis la Cruz de Cristo
en el continente viejo, y extendisteis vuestro amoroso corazón
a la “américa morena”, y, como si el espíritu de San Pablo, viviese
en vos, “de palmo a palmo” la recorristeis, y extendisteis
la palabra del Dios Vivo, entre la gente de vuestro tiempo.
Vos, sabéis que no habrá, ni hay dicha más grande, que la que
Dios os concedió: confirmar en la fe de Nuestro Señor Jesús
a los que hoy, santos ya, como vos, la gloria de los cielos
comparten: Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y el “santo
de la escoba”: el milagroso San Martín de Porres. Celebrabais
la Santa Misa con gran amor y fervor, y varias veces os vieron
que mientras rezabais se os llenaba el rostro de resplandores.
Recorristeis unos cuarenta mil kilómetros visitando y ayudando
a vuestros fieles y, enviasteis al final de vuestra vida
una larga relación al rey, contándole que habías administrado
el sacramento de la confirmación a más de ochocientas mil
personas. Os propusisteis con fe, y así lo hicisteis, en reunir
a los sacerdotes y obispos de América, en Sínodos para dictar
leyes relativas al comportamiento de los católicos. Vos,
muy temprano solíais decir: “Nuestro gran tesoro es el momento
presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la
vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo
como hemos empleado nuestro tiempo”. Fundasteis el primer
Seminario de América, y pedíais a vuestros religiosos aceptar
parroquias en sitios pobres, y así, duplicasteis el número
de ellas en vuestro territorio. Vuestra gran generosidad
os llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseíais. Cuando
la epidemia llegó, gastasteis vuestros bienes en socorrer
a los enfermos, y vos, mismo recorristeis las calles acompañado
de una gran multitud, llevando en vuestras manos un gran crucifijo
rezándole a Dios por misericordia y salud para todos. Y, así,
transcurrió vuestra vida, y un día, luego de haberla gastado
en extraordinaria buena lid, voló vuestra alma al cielo mientras
estabais predicando y confirmando a los indígenas en la fe
de vuestro amado Cristo. Antes de morir repetisteis las palabras
de San Pablo: “Deseo verme libre de las ataduras de este cuerpo
y quedar en libertad para ir a encontrarme con Jesucristo”.
Moribundo casi, pedisteis a los que os rodeaban vuestro lecho
que entonaran el salmo que dice: “De gozo se llenó mi corazón
cuando escuché una voz: iremos a la Casa del Señor. Que alegría
cuando me dijeron vamos a la Casa del Señor”. Y, luego dijisteis
las palabras de salmo treinta: “En tus manos encomiendo mi
espíritu”. ¿Qué premio podríais tener vos, si la tarea vuestra,
fue hecha casi perfecta? ¡Solo una!:¡Corona de luz eterna recibir!
Que es la misma que lucís hoy, y cuya brillantez alumbra y guía
a todos vuestros fieles de hoy, como justa retribución a vuestra
gigante entrega de amor y fe, por la gloria del Dios de la Vida;
¡Oh!; Santo Toribio “vivo evangelizador del Dios de la Vida y del Amor”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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27 de Abril
Santo Toribio de Mogrovejo
Arzobispo de Lima
(año 1606)

Los historiadores dicen que Santo Toribio fue uno de los regalos más valiosos que España le envió a América. Las gentes lo llamaban un nuevo San Ambrosio, y el Papa Benedicto XIV dijo de él que era sumamente parecido en sus actuaciones a San Carlos Borromeo, el famoso Arzobispo de Milán.

Nació en Mayorga, España, en 1538. Los datos acerca de este Arzobispo, personaje excepcional en la historia de Sur América, producen asombro y maravilla.

Toribio era graduado en derecho, y había sido nombrado Presidente del Tribunal de Granada (España) cuando el emperador Felipe II al conocer sus grandes cualidades le propuso al Sumo Pontífice para que lo nombrara Arzobispo de Lima. Roma aceptó y envió en nombramiento, pero Toribio tenía mucho temor a aceptar. Después de tres meses de dudas y vacilaciones aceptó.

El Arzobispo que lo iba a ordenar de sacerdote le propuso darle todas las órdenes menores en un solo día, pero él prefirió que le fueran confiriendo una orden cada semana, para así irse preparando debidamente a recibirlas.

En 1581 llegó Toribio a Lima como Arzobispo. Su arquidiócesis tenía dominio sobre Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Bolivia, Chile y parte de Argentina. Medía cinco mil kilómetros de longitud, y en ella había toda clase de climas y altitudes. Abarcaba más de seis millones de kilómetros cuadrados.

Al llegar a Lima Santo Toribio tenía 42 años y se dedicó con todas sus energías a lograr el progreso espiritual de sus súbditos. La ciudad estaba en una grave situación de decadencia espiritual. Los conquistadores cometían muchos abusos y los sacerdotes no se atrevían a corregirlos. Muchos para excusarse del mal que estaban haciendo, decían que esa era la costumbre. El arzobispo les respondió que Cristo es verdad y no costumbre. Y empezó a atacar fuertemente todos los vicios y escándalos. A los pecadores públicos los reprendía fuertemente, aunque estuvieran en altísimos puestos.

Las medidas enérgica que tomó contra los abusos que se cometían, le atrajeron muchos persecuciones y atroces calumnias. El callaba y ofrecía todo por amor a Dios, exclamando, “Al único que es necesario siempre tener contento es a Nuestro Señor”.

Tres veces visitó completamente su inmensa arquidiócesis de Lima. En la primera vez gastó siete años recorriéndola. En la segunda vez duró cinco años y en la tercera empleó cuatro años. La mayor parte del recorrido era a pie. A veces en mula, por caminos casi intransitables, pasando de climas terriblemente fríos a climas ardientes. Eran viajes para destruir la salud del más fuerte. Muchísimas noches tuvo que pasar a la intemperie o en ranchos miserabilísmos, durmiendo en el puro suelo. Los preferidos de sus visitas eran los indios y los negros, especialmente los más pobres, los más ignorantes y los enfermos.

Logró la conversión de un enorme número de indios. Cuando iba de visita pastoral viajaba siempre rezando. Al llegar a cualquier sitio su primera visita era al templo. Reunía a los indios y les hablaba por horas y horas en el idioma de ellos que se había preocupado por aprender muy bien. Aunque en la mayor parte de los sitios que visitaba no había ni siquiera las más elementales comodidades, en cada pueblo se quedaba varios días instruyendo a los nativos, bautizando y confirmando.

Celebraba la misa con gran fervor, y varias veces vieron los acompañantes que mientras rezaba se le llenaba el rostro de resplandores.

Santo Toribio recorrió unos 40,000 kilómetros visitando y ayudando a sus fieles. Pasó por caminos jamás transitados, llegando hasta tribus que nunca habían visto un hombre blanco.

Al final de su vida envió una relación al rey contándole que había administrado el sacramento de la confirmación a más de 800,000 personas.

Una vez una tribu muy guerrera salió a su encuentro en son de batalla, pero al ver al arzobispo tan venerable y tan amable cayeron todos de rodillas ante él y le atendieron con gran respeto las enseñanzas que les daba.

Santo Toribio se propuso reunir a los sacerdotes y obispos de América en Sínodos o reuniones generales para dar leyes acerca del comportamiento que deben tener los católicos. Cada dos años reunía a todo el clero de la diócesis para un Sínodo y cada siete años a los de las diócesis vecinas. Y en estas reuniones se daban leyes severas y a diferencia de otras veces en que se hacían leyes pero no se cumplían, en los Sínodos dirigidos por Santo Toribio, las leyes se hacían y se cumplían, porque él estaba siempre vigilante para hacerlas cumplir.

Nuestro santo era un gran trabajador. Desde muy de madrugada ya estaba levantado y repetía frecuentemente: “Nuestro gran tesoro es el momento presente. Tenemos que aprovecharlo para ganarnos con él la vida eterna. El Señor Dios nos tomará estricta cuenta del modo como hemos empleado nuestro tiempo”.

Fundó el primer seminario de América. Insistió y obtuvo que los religiosos aceptaran parroquias en sitios supremamente pobres. Casi duplicó el número de parroquias o centros de evangelización en su arquidiócesis. Cuando él llegó había 150 y cuando murió ya existían 250 parroquias en su territorio.

Su generosidad lo llevaba a repartir a los pobres todo lo que poseía. Un día al regalarle sus camisas a un necesitado le recomendó: “Váyase rapidito, no sea que llegue mi hermana y no permita que Ud. se lleve la ropa que tengo para cambiarme”.

Cuando llegó una terrible epidemia gastó sus bienes en socorrer a los enfermos, y él mismo recorrió las calles acompañado de una gran multitud llevando en sus manos un gran crucifijo y rezándole con los ojos fijos en la cruz, pidiendo a Dios misericordia y salud para todos.

El 23 de marzo de 1606, un Jueves Santo, murió en una capillita de los indios, en una lejana región, donde estaba predicando y confirmando a los indígenas.

Estaba a 440 kilómetros de Lima. Cuando se sintió enfermo prometió a sus acompañantes que le daría un premio al primero que le trajera la noticia de que ya se iba a morir. Y repetía aquellas palabras de San Pablo: “Deseo verme libre de las ataduras de este cuerpo y quedar en libertad para ir a encontrarme con Jesucristo”.

Ya moribundo pidió a los que rodeaban su lecho que entonaran el salmo que dice: “De gozo se llenó mi corazón cuando escuché una voz: iremos a la Casa del Señor. Que alegría cuando me dijeron: vamos a la Casa del Señor”.

Las últimas palabras que dijo antes de morir fueron las del salmo 30: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.

Su cuerpo, cuando fue llevado a Lima, un año después de su muerte, todavía se hallaba incorrupto, como si estuviera recién muerto.

Después de su muerte se consiguieron muchos milagros por su intercesión. Santo Toribio tuvo el gusto de administrarle el sacramento de la confirmación a tres santos: Santa Rosa de Lima, San Francisco Solano y San Martín de Porres.

El Papa Benedicto XIII lo declaró santo en 1726.

Y toda América del Sur espera que este gran santo e infatigable apóstol, quizás el más grande obispo que ha vivido en este continente, siga rogando para que nuestra santa religión se mantenga fervorosa y creciente en todos estos países.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Toribio_de_Mogrovejo.htm)

22 marzo, 2021

Santa María Francisca de las Cinco Llagas

 

 Hoy se conmemora a Santa María Francisca de las 5 llagas

Santa María Francisca de las Cinco Llagas llevó en su propio cuerpo las heridas de Cristo: pies, manos y costado; razón por la cual su nombre religioso evoca las llagas que llevó Nuestro Señor. Hoy, después de varios siglos, sus restos permanecen incorruptos.

El nombre de pila de Santa María Francisca fue Anna María Gallo, una mujer nacida en Nápoles (Italia), hija de comerciantes residentes del antiguo barrio español, una zona precaria de la ciudad. Dios le concedió el don de profecía, además de compartir los dolores de su Pasión y Muerte. Los napolitanos le profesan una gran devoción y le atribuyen haber intercedido por ellos durante los bombardeos acontecidos durante la Segunda Guerra Mundial. A pesar de la continuidad y fiereza de los ataques, el barrio donde vivió permaneció intacto.

Anna María Gallo nació el 6 de octubre de 1715. De niña tuvo que trabajar obligada por su padre, que poseía un taller de hilados y mercería; mientras que su madre, una mujer muy piadosa, le leía libros sobre la fe y la llevaba a orar a la iglesia de Santa Lucía de la Cruz.

El párroco, admirado de su piedad y conocimiento del catecismo, le permitió que realice la Primera Comunión a los 8 años y que al año siguiente se convierta en catequista de niños.

Cuando cumplió 16 años, su padre decidió comprometerla en matrimonio con un joven rico que había pedido su mano, pero María Francisca le dijo que le había prometido a Dios permanecer soltera y virgen para dedicarse a la vida espiritual y la salvación de las almas.

Su padre rechazó tal posibilidad y la castigó encerrándola en su casa, propinándole azotes, alimentándola solo con pan y agua por varios días. Aquellos días fueron muy duros para Anna María, pero, al mismo tiempo, le ayudaron para acercarse aún más al corazón sufriente de Jeús, y compartir sus dolores. Su madre, por cuenta propia, logró que un sacerdote franciscano convenciera al padre de Anna María de que las pretensiones de su hija eran maduras y nacían de un corazón que amaba profundamente a Dios.

El 8 de septiembre de 1731 recibió el hábito de la orden terciaria franciscana y, contra lo que podía esperarse, la futura Santa María Francisca decidió seguir viviendo en la casa familiar como religiosa. Fue en su hogar, en el que se ocupaba de los quehaceres domésticos, donde compenetró su alma completamente con Dios en la oración. María Francisca entraba continuamente en éxtasis. La Virgen María solía aparecérsele dándole consuelo y encargándole algunos mensajes.

Tras la muerte de su madre, la Santa decidió abandonar su hogar y mudarse a una casa rural en la que permaneció los últimos 38 años de su vida. En esa casa continuó con la vida de oración, penitencia y sacrificio, los que siempre ofrecía por las almas del purgatorio y la conversión de los pecadores. Es en esta etapa de su vida donde recibiría los estigmas de Cristo.

Tras una serie de enfermedades que deterioraron su salud, murió santamente el 6 de octubre 1791.

Fue declarada venerable por Pío VII el 18 de mayo de 1803, beata por Gregorio XVI el 12 de noviembre de 1843 y santa por Pío IX el 29 de junio de 1867.

En 1901 fue declarada copatrona de la ciudad de Nápoles junto a San Genaro.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-conmemora-a-santa-maria-francisca-de-las-5-llagas-42389?fbclid=IwAR25263UY5ahJa5Rbp5HKCvpYKBOqCkghFm2BDF_YL-_A1jYA1ZNKft4ECU)

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-se-conmemora-a-santa-maria-francisca-de-las-5-llagas-42389?fbclid=IwAR25263UY5ahJa5Rbp5HKCvpYKBOqCkghFm2BDF_YL-_A1jYA1ZNKft4ECU)

21 marzo, 2021

Domingo 5 (B) de Cuaresma

 

 Una multitud sigue a Jesús (Marcos 3:7-12)

Domingo 5 (B) de Cuaresma

Texto del Evangelio (Jn 12,20-33): “En aquel tiempo, había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. Éstos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Él les respondió: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre. En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

»Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! Padre, glorifica tu Nombre». Vino entonces una voz del cielo: «Le he glorificado y de nuevo le glorificaré». La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: «Le ha hablado un ángel». Jesús respondió: «No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí». Decía esto para significar de qué muerte iba a morir”.

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«Si alguno me sirve, que me siga» Fr. Vimal MSUSAI (Ranchi, Jharkhand, India)

Hoy escuchamos un pasaje evangélico cuyas palabras —de la mano del discípulo amado— debieron transmitir un fuerte coraje en el camino de la fe durante las persecuciones que sufrieron los primeros cristianos. En aquellos días de las fiestas judías, algunos griegos acudieron a Jerusalén para rendir culto y quisieron ver a Jesús. Pidieron ayuda a los discípulos.

“Ver a Jesús” no significa simplemente mirarle, cosa que probablemente pretendían aquellos griegos. “Ver a Jesús” es entrar totalmente en su modo de pensar; significa entender por qué Él tenía que sufrir y morir para resucitar. Como el grano de trigo, Jesucristo tiene que dejarlo todo, incluso su propia vida, para poder traer vida para Él y para muchos otros.

Si no captamos esto como el núcleo de la vida de Cristo, entonces no le hemos visto realmente. En palabras de san Atanasio, sólo podemos ver a Jesús a través de la muerte mediante la Cruz con la cual Él trae muchos frutos para todos los siglos. “Ver a Jesús” quiere decir rendirse ante una inmerecida muerte que trae los dones de la fe y de la salvación para la humanidad (cf. Jn 12,25-26). Mahatma Gandhi refleja la misma idea diciendo que «el mejor camino para encontrarse con uno mismo es perderse en el servicio a los demás».

Las palabras de Jesús recuerdan a sus discípulos que deben seguir sus pasos, incluso hasta la muerte. El grano, por supuesto, realmente no muere sino que se transforma en algo completamente nuevo: raíces, hojas y frutos (la Pascua). De manera similar, la oruga deja de ser oruga para transformarse en algo distinto —y a la vez— frecuentemente mucho más bonito (una mariposa).

Y, si nosotros queremos “ver a Jesús”, tenemos que andar su camino. «Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor» (Jn 12,26). Esto supone recorrer con Jesucristo y con María todo el camino del Calvario, dondequiera que se encuentre cada uno de nosotros. Jesús, que dejó todas las cosas por nosotros, nos llama a estar con Él todo el recorrido, imitando su entrega y procurando que se cumpla la voluntad de su Padre.

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«Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)

Hoy, la Iglesia, en el último tramo de la Cuaresma, nos propone este Evangelio para ayudarnos a llegar al Domingo de Ramos bien preparados en vista a vivir estos misterios tan centrales en la vida cristiana. El Via Crucis es para el cristiano un “via lucis”, el morir es un volver a nacer, y, más aun, es necesario morir para vivir de verdad.

En la primera parte del Evangelio, Jesús dice a los Apóstoles: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). San Agustín comenta al respecto: «Jesús se dice a Sí mismo “grano”, que había de ser mortificado, para después multiplicarse; que tenía que ser mortificado por la infidelidad de los judíos y ser multiplicado para la fe de todos los pueblos». El pan de la Eucaristía, hecho de grano de trigo, se multiplica y se parte para ser alimento de todos los cristianos. La muerte del martirio es siempre fecunda; por esto, «quienes aman la vida», paradójicamente, la «pierden». Cristo muere para dar, con su sangre, fruto: nosotros le hemos de imitar para resucitar con Él y dar fruto con Él. ¿Cuántos dan en silencio su vida por el bien de los hermanos? Desde el silencio y la humildad hemos de aprender a ser grano que muere para volver a la Vida.

El Evangelio de este domingo acaba con una exhortación a caminar a la luz del Hijo exaltado en lo alto de la tierra: «Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). Tenemos que pedir al buen Dios que en nosotros sólo haya luz y que Él nos ayude a disipar toda sombra. Ahora es el momento de Dios, ¡no lo dejemos perder! «¿Dormís?, ¡el tiempo que se os ha concedido pasa!» (San Ambrosio de Milán). No podemos dejar de ser luz en nuestro mundo. Como la luna recibe su luz del sol, en nosotros han de ver la luz de Dios.

(http://evangeli.net/evangelio/dia/2021-03-21)

20 marzo, 2021

San Martín de Braga, Apóstol de los Suevos

 

 Hoy celebramos a San Martín de Braga, el apóstol de los suevos

 

San Martín de Braga fue un obispo, teólogo y escritor eclesiástico hispano de origen panónico (región de la antigua Europa central correspondiente hoy a Hungría), llamado «el apóstol de los suevos» por su dedicación a la evangelización de este pueblo de origen germánico que se estableció en Galicia en el siglo VI. Se le conoce también como “Martín de Dumio”, “Martín Dumiense” o “Martín de Panonia”.

La fecha exacta de su nacimiento no ha sido determinada con precisión pero se cree que nació en Panonia entre los años 510 y 520. De acuerdo a San Isidoro de Sevilla -su primer biógrafo-, la conversión de Martín al catolicismo se produjo alrededor del año 560.

Siendo muy joven e ilusionado con el descubrimiento de la fe en Cristo, peregrina a Palestina con la avidez de conocer, pisar, besar y tocar la tierra donde vivió Jesús. Allí dedica su tiempo a la oración, la mortificación y al estudio del griego, que le permite entrar en contacto con los textos de la Patrística. De Palestina toma rumbo hacia Roma, donde sigue los pasos del Apóstol Pedro y descubre la riqueza de la unidad de la Iglesia, para luego atravesar el reino de los francos, donde se encuentra con algunos suevos. Al parecer, aquel encuentro fue muy significativo para él, dado que pertenecía a esa etnia, por lo que se dirige como misionero a la ciudad de Bracara Augusta (hoy Braga, Portugal), capital de la provincia romana de Galicia, que había pasado a ser la capital del reino suevo.

Los suevos eran considerados un pueblo indomable, una amenaza para las antiguas provincias romanas. Atravesaron muchas de ellas dejando desolación a su paso. Después de abandonar su región de origen, se trasladaron por las riberas del Rhin y las del Miño; arrasaron a los francos y cruzaron los Pirineos. Finalmente se repartieron las tierras de Gallaecia (Galicia) y establecieron su capital en Braga. Desde allí siguieron siendo hostiles con las regiones cercanas: descendieron hasta Bética y conquistaron Sevilla, en las tierras llanas. San Martín de Braga -de acuerdo a San Isidoro- llegó a Galicia por mar, proveniente del Oriente europeo. Allí encontró al pueblo suevo; un pueblo que conocía algo de Cristo pero que estaba contaminado por el arrianismo.

San Martín contribuyó a la conversión del rey Charrarico -o Carriaricola-, rey suevo arriano quien envió a un grupo de sus representantes a la tumba de San Martín de Tours para pedir la curación de su hijo. Como la primera misión no consiguió el milagro anhelado; el rey envía una ofrenda del peso de su hijo en oro y plata, y promete su conversión si obtiene del santo de Tours lo que pide. El joven entonces recupera la salud y el rey decide abandonar el arrianismo, produciéndose la posterior conversión de todo el pueblo suevo. Fue Martin de Braga quien acompañó al rey en ese proceso, con su testimonio, con su enseñanza y oración.

Así, Martín abrió el corazón de los suevos al Evangelio. En Dumio fundó un monasterio -de allí llamar al Santo “Martín Dumiense”- que se convirtió en centro desde el que irradiaba la fe y se servía al pueblo de Dios. ¡Bien conocida tenía Martín la necesidad de la oración para extender el Evangelio! Quizás conoció el estilo de Arlés y posiblemente tuvo referencias de la regla de san Benito, pero en Dumio los monjes se gobiernan al ritmo que marca el abad -y ya obispo- Martín de Dumio.

San Martín regula la vida del clero formándoles según los cánones y los acuerdos de los concilios españoles y africanos; atiende a los campesinos entre los que abundan las supersticiones paganas, célticas y germánicas. Encarga a su monje Pascasio la traducción de “Las palabras de los ancianos” y él mismo traduce “Las sentencias de los Padres egipcios”; escribe para los suyos otras obras de piedad, ascéticas y doctrinales (como la “Formula vitae honestae” y “De correctione rusticorum”- como tratados cortos que rezuman sabiduría humana y espíritu cristiano.

San Martín de Dumio murió en Braga aproximadamente en el año 580.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-celebramos-a-san-martin-de-braga-el-apostol-de-los-suevos-26386)

19 marzo, 2021

San José, Casto Esposo de La Vírgen María, y Santo Patrono de la Iglesia Universal

 

8 datos que tal vez no sabías sobre San José

 ¡Oh!, San José:
Dios en la luz de los tiempos,
Y Mucho antes de que el mundo fuera hecho
Os pensó para convertiros por siempre,
En el terreno padre de Jesús, Su Amadísimo Hijo
Y, según San Mateo y San Marcos
Erais vos, un “tekton”: Un carpintero
Y Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”,
“El carpintero”. Y, vos, lo adoptasteis amorosamente
Y Jesús se os sometió como un buen hijo ante su padre
¡Maestro del Amor!
¡Maestro del Silencio!
¡Oh! San José, “Vivo Amor del Padre”.

© 2017 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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¡Oh!, San José, vos, sois el hijo del Dios de la Vida
 y su amado Santo, y al que Dios encomendó una maravillosa
tarea: Ser padre adoptivo del Niño Jesús y esposo virginal
de la Virgen María. Con el tiempo, vos, os habéis alzado
como el santo custodio de la Sagrada Familia, y además
sois el santo más cercano a Jesús y a Nuestra Santísima
Virgen María. San Mateo os llama hijo de Jacob y San
Lucas, os hace hijo de Helí. Nacido en Belén, la misma
ciudad del rey David, de la cual erais descendiente.
Vos, antes de la Anunciación, vivíais en Nazaret y según
San Mateo y Marcos, erais un “tekton”, es decir, un
maravilloso carpintero. San Justino, así lo confirma,
 y la tradición de la Iglesia, así lo acepta. Nuestro Señor
 Jesucristo,  fue llamado “vuestro Hijo”, o “el Hijo del
carpintero”, siendo verdaderamente Hijo de Dios y a quien
adoptasteis amorosamente. Jesús, os amó y respetó el tiempo
que vivió con vos, como un buen hijo ante su padre. Vos,
influenciasteis en su desarrollo humano de manera perfecta
dentro de vuestro ejemplar matrimonio con María Vírgen;
¡Oh! San José, “Vivo y Casto Esposo de La Vírgen María,
 y Santo Patrono de la Iglesia Universal. ¡Aleluya! ¡Aleluya!

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado

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San José, Casto Esposo de La Vírgen María, y
Santo Patrono de la Iglesia Universal.

Dios le encomendó la gran responsabilidad y privilegio de ser el padre adoptivo del Niño Jesús y de ser esposo virginal de la Virgen María. San José, el santo custodio de la Sagrada Familia, es el santo que más cerca está de Jesús y de la Santísima de la Virgen María.

San Mateo (1,16) llama a San José el hijo de Jacob; según San Lucas (3,23), su padre era Helí. Probablemente nació en Belén, la ciudad de David del que era descendiente. Al comienzo de la historia de los Evangelios (poco antes de la Anunciación), San José vivía en Nazaret.

Según San Mateo 13,55 y Marcos 6,3, San José era un “tekton”. La palabra significa en particular que era carpintero o albañil. San Justino lo confirma, y la tradición ha aceptado esta interpretación.

Nuestro Señor Jesús fue llamado “Hijo de José”, “el carpintero” (Jn 1,45; 6,42; Lc 4,22).

Como sabemos no era el padre natural de Jesús, quién fue engendrado en el vientre virginal de la Virgen María por obra del Espíritu Santo y es Hijo de Dios, pero José lo adoptó amorosamente y Jesús se sometió a él como un buen hijo ante su padre. ¡Cuánto influenció José en el desarrollo humano del niño Jesús! ¡Qué perfecta unión existió en su ejemplar matrimonio con María!

(https://www.aciprensa.com/recursos/san-jose-casto-esposo-de-la-virgen-maria-4355/)