12 mayo, 2021

Santos Nereo , Aquileo y Pancrasio


Santos Nereo y Aquiles - 12 de mayo - Primeros Cristianos


Hoy es la fiesta de San Pancracio, patrono de los jóvenes que buscan trabajo

 

¡Oh!, Santos Nereo y Aquileo, vosotros, sois los hijos del Dios
de la vida, sus amados santos y mártires y que, san Dámaso, Papa,
dice de vosotros que, erais dos jóvenes que os habían enrolado
en el ejército y que, arrastrados por el miedo, dispuestos a
obedecer estabais las órdenes de un magistrado impío, pero que,
después de convertiros al Dios verdadero dejasteis el ejército,
arrojando vuestros escudos, armas y uniformes, y, que, rebosantes
de vuestro triunfo como confesores de Cristo, vuestras santas
vidas entregasteis en su honor y gloria. Vosotros, estabais
al servicio de Flavia Domitila, señora de alcurnia de Roma.
Eusebio, dice que ella, sobrina era, del Emperador Domiciano
y que, él mismo la envió al destierro, porque ella se declaró
cristiana y con ella os desterraron a vosotros también, porque
proclamasteis vuestra fe, en Cristo Jesús. San Jerónimo, dice
que vuestro destierro, fue cruel y largo y que, os sirvió
de martirio. Pasó el tiempo, y otro impío y cruel emperador
mandó que os cortaran la cabeza y así, el honor tuvieron
de derramar vuestra sangre por vuestra santa fe. San Dámaso,
papa, escribió la siguiente inscripción en vuestras tumbas:
“Nereo y Aquileo pertenecían al ejército del emperador. Pero
se negaron a cumplir ciertas órdenes que a ellos les parecían
crueles. Al convertirse al cristianismo abandonaron toda
violencia y prefirieron tener que abandonar el ejército antes
que ser crueles con los demás. Proclamaron su amor a Cristo
en esta tierra y ahora gozan de la amistad de Cristo en la
eternidad”. Y, así, vosotros, que, renunciando a servir a mortales
hombres, elegisteis poneros al servicio del Señor, que inmortal,
como es Él, os acogió en su Reino de plena luz inconmensurable,
donde ahora moráis eternamente, como premio a vuestro amor,
pues sabíais que, sin cruz, redención no hay. ¡Aleluya! ¡Aleluya!
!Oh!, Santos Nereo y Aquileo, “vivas luces del Dios vivo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
____________________________________________

12 de Mayo

Santos Nereo, Aquileo y Pancracio
Mártires

Martirologio Romano: Santos Nereo y Aquileo, mártires, los cuales, según refiere el papa san Dámaso, eran dos jóvenes que se habían enrolado en el ejército y que, arrastrados por el miedo, estaban dispuestos a obedecer las órdenes impías del magistrado, pero después de convertirse al Dios verdadero dejaron el ejército, arrojando sus escudos, armas y uniformes, contentos de su triunfo como confesores de Cristo. Sus cuerpos fueron sepultados en este día en el cementerio de Domitila, situado en la vía Ardeatina de Roma (s. III ex.).

Etimológicamente: Nereo = Aquel que domina el mar, es de origen griego.

San Nereo y Aquineo. Siglo I.

Estos dos militares estaban al servicio de Flavia Domitila una de las primeras señoras de Roma. El historiador Eusebio dice que esta noble dama era sobrina del Emperador Domiciano y que el tal mandatario la envió al destierro, porque ella se había declarado seguidora de Jesucristo. Con Domitila fueron enviados también al destierro San Nereo y San Aquileo, porque proclamaban su fe en el Divino Redentor.Afirma San Jerónimo que el destierro fue tan cruel y tan largo que les sirvió de martirio. Después otro emperador mandó que les cortaran la cabeza y así tuvieron el honor de derramar su sangre por proclamar su fe. El Papa San Dámaso escribió en el año 400 la siguiente inscripción en la tumba de estos dos mártires: “Nereo y Aquileo pertenecían al ejército del emperador. Pero se negaron a cumplir ciertas órdenes que a ellos les parecían crueles. Al convertirse al cristianismo abandonaron toda violencia y prefirieron tener que abandonar el ejército antes que ser crueles con los demás. Proclamaron su amor a Cristo en esta tierra y ahora gozan de la amistad de Cristo en la eternidad”.

San Pancracio. Año 304.

El doce de mayo se celebra también la fiesta de San Pancracio, un jovencito romano de sólo 14 años, que fue martirizado por declarase creyente y partidario de Nuestro Señor Jesucristo.

Dicen que su padre murió martirizado y que la mamá recogió en unos algodones un poco de la sangre del mártir y la guardó en un relicario de oro, y le dijo al niño: “Este relicario lo llevarás colgado al cuello, cuando demuestres que eres tan valiente como lo fue tu padre”.

Un día Pancracio volvió de la escuela muy golpeado pero muy contento. La mamá le preguntó la causa de aquellas heridas y de la alegría que mostraba, y el jovencito le respondió: “Es que en la escuela me declaré seguidor de Jesucristo y todos esos paganos me golpearon para que abandonara mi religión. Pero yo deseo que de mí se pueda decir lo que el Libro Santo afirma de los apóstoles: “En su corazón había una gran alegría, por haber podido sufrir humillaciones por amor a Jesucristo”. (Hechos 6,41).

Al oír esto la buena mamá tomó en sus manos el relicario con la sangre del padre martirizado, y colgándolo al cuello de su hijo exclamó emocionada: “Muy bien: ya eres digno seguidor de tu valiente padre”.

Como Pancracio continuaba afirmando que él creía en la divinidad de Cristo y que deseaba ser siempre su seguidor y amigo, las autoridades paganas lo llevaron a la cárcel y lo condenaron y decretaron pena de muerte contra él. Cuando lo llevaban hacia el sitio de su martirio (en la vía Aurelia, a dos kilómetros de Roma) varios enviados del gobierno llegaron a ofrecerle grandes premios y muchas ayudas para el futuro si dejaba de decir que Cristo es Dios. El valiente joven proclamó con toda la valentía que él quería ser creyente en Cristo hasta el último momento de su vida. Entonces para obligarlo a desistir de sus creencias empezaron a azotarlo ferozmente mientras lo llevaban hacia el lugar donde lo iban a martirizar, pero mientras más lo azotaban, más fuertemente proclamaba él que Jesús es el Redentor del mundo. Varias personas al contemplar este maravilloso ejemplo de valentía se convirtieron al cristianismo.

Al llegar al sitio determinado, Pancracio dio las gracias a los verdugos por que le permitían ir tan pronto a encontrarse con Nuestro Señor Jesucristo, en el cielo, e invitó a todos los allí presentes a creer siempre en Jesucristo a pesar de todas las contrariedades y de todos los peligros. De muy buena voluntad se arrodilló y colocó su cabeza en el sitio donde iba a recibir el hachazo del verdugo y más parecía sentirse contento que temeroso al ofrecer su sangre y su vida por proclamar su fidelidad a la verdadera religión.

Allí en Roma se levantó un templo en honor de San Pancracio y por muchos siglos las muchedumbres han ido a venerar y admirar en ese templo el glorioso ejemplo de un valeroso muchacho de 14 años, que supo ofrecer su sangre y su vida por demostrar su fe en Dios y su amor por Jesucristo.

San Pancracio: ruégale a Dios por nuestra juventud que tiene tantos peligros de perder su fe y sus buenas costumbres.

.(https://www.ewtn.com/es/catolicismo/santos/nereo-aquileo-y-pancracio-15024)

11 mayo, 2021

San Francisco de Jerónimo, Taumaturgo y orador sagrado

 

Evangelizó la ciudad y el reino de Nápoles. Con sus prédicas y celo apostólico obtuvo innumerables conversiones al catolicismo. Plinio María Solimeo

San Francisco de Jerónimo, santo poco conocido en América, a quien hoy presentamos. Francisco de Jerónimo nació en la pequeña ciudad de Grottaglie, cerca de Taranto, al sur de Italia, el día 17 de setiembre de 1642. Sus padres, Juan Leonardo de Jerónimo y Gentilesca Gravina, además de tener una posición honorífica en la región, se destacaban sobre todo por la virtud. Tuvieron once hijos, de los cuales Francisco fue el primogénito. A todos les proporcionaron una excelente educación religiosa. Como el hijo mayor mostraba una fuerte inclinación para la virtud, al cumplir los once años sus padres lo confiaron a una sociedad de sacerdotes que vivían santamente, sin obligarse por votos.


Debido a las excelentes cualidades del adolescente, fue encargado de enseñar catecismo a los niños y cuidar del orden en la iglesia. Impresionado por su piedad, el arzobispo de Tarento le confirió la tonsura eclesiástica a la edad de dieciséis años. Sus padres lo enviaron entonces a esa ciudad para estudiar filosofía y teología. Francisco fue después a Nápoles para estudiar derecho canónico y civil en el Gesù Vecchio, de los jesuitas, que figuraba en aquel tiempo entre las mejores universidades de Europa. 

Recibió la comunión directamente de Nuestro Señor Jesucristo Francisco de Jerónimo fue ordenado sacerdote en 18 de marzo de 1666. Después de pasar cuatro años en el cargo de prefecto de disciplina en el colegio jesuita de Nápoles, pidió su admisión en la Compañía de Jesús a los 28 años de edad. En el noviciado, a pesar de ser el más humilde, fervoroso, mortificado y obediente de todos, para probarlo, los superiores le prohibieron celebrar la santa misa más de tres veces por semana. Se cuenta que los otros días el mismo Jesucristo se le aparecía para darle la santa comunión. Francisco fue entonces enviado a las misiones populares acompañando a un famoso predicador de la época, el padre Agnello Bruno.

Durante tres años evangelizaron la región de Otranto convirtiendo a pecadores y fortificando a los justos, de tal modo que se decía en la región: “Los padres Bruno y Jerónimo parecen no ser simples mortales, sino ángeles enviados expresamente para salvar las almas”. Lo nombraron después predicador de la iglesia de Gesù Nuovo, la casa profesa de los jesuitas en Nápoles. Francisco comenzó por incrementar el entusiasmo religioso de una congregación de trabajadores, cuya finalidad era secundar la labor misionera de los padres jesuitas. Quería que los congregados, incluso los más humildes, tomaran muy en serio la religión: que frecuentaran los sacramentos los domingos y fiestas de la Santísima Virgen; que todos los días ellos hicieran oración mental, sin la cual no es posible el menor progreso verdadero en la vida espiritual; que practicaran también mortificaciones y penitencias para dominar el propio yo, y que fueran devotos del Via Crucis y de Nuestra Señora. Poco a poco esos trabajadores se volvieron excelentes cooperadores, haciendo mucho apostolado y trayendo una multitud de pecadores a los pies de San Francisco de Jerónimo.

Como vivían apenas del parco salario, el santo instituyó entre ellos una caja de auxilio que les permitiera contar con una módica suma para sus gastos en caso de enfermedad. Y, en caso de muerte, recibir un digno funeral, con el insigne privilegio de poder ser enterrados en el cementerio de la propia iglesia de Gesù Nuovo. San Francisco estableció también, en aquella iglesia, una comunión general el tercer domingo de cada mes. Sus congregados se dedicaban a difundir esa devoción, y lo hacían con tal éxito que era común ver a más de quince mil hombres comulgando los domingos.

Sus Indias y su Japón: el reino de Nápoles
Pero el celo apostólico de San Francisco no se limitaba a ello. Quería ir a las Indias para convertir infieles como su patrono San Francisco Javier. Pero sus superiores le respondieron que “sus Indias y su Japón” serían la ciudad y el reino de Nápoles. Durante 40 años él evangelizará
esta región de modo notable.

Salía a las calles de la ciudad predicando sobre la necesidad de la conversión y de la penitencia, de lo inesperado de la muerte y de la necesidad de estar preparado para ella, del terrible juicio de Dios, de los tormentos eternos del infierno. Escogía para sus sermones de preferencia las calles donde hubiese ocurrido algún escándalo. Algunos días de la semana visitaba los alrededores de Nápoles, a veces hasta 50 poblados en un sólo día. Predicaba en las calles, plazas e iglesias. Y el resultado era sorprendente. Documentos de la época describen a San Francisco de Jerónimo como de estatura alta, cejas amplias, grandes ojos oscuros, nariz aguileña, mejillas secas, pálido, y con una mirada que reflejaba su austeridad y vida ascética. Todo eso producía una maravillosa impresión. El pueblo se aglomeraba para aproximarse a él, verlo, besarle las manos y tocar su ropa.

Sus sermones cortos, pero enérgicos y elocuentes, tocaban las conciencias culpables de sus oyentes, operando conversiones milagrosas. Cuando exhortaba a los pecadores al arrepentimiento, adquiría aires de profeta del Antiguo Testamento y su voz se hacía más potente y terrible. Por eso el pueblo decía de él: “Es un cordero cuando habla, pero un león cuando predica”.

Prédicas, arrepentimientos y conversiones
Su método ordinario era el de mostrar primero la enormidad del pecado y el terror de los juicios divinos, para suscitar en los oyentes un santo temor e indignación a causa de sus pecados. Una vez obtenido eso, cambiaba totalmente el tono, y hablaba de la dulzura y de la bondad de Nuestro Señor Jesucristo, de modo que la esperanza sustituya a la desesperación y conquistar así los corazones más endurecidos. Era el momento que escogía para dirigir un llamado a la conversión, tan dulce y persuasivo que llevaba a muchos a caer de rodillas y pedir perdón por sus desmanes. Al final, añadía algún ejemplo categórico de los castigos o de las gracias de Dios para dejar en las almas una impresión más profunda. Ante un auditorio voluble e impresionable, Francisco utilizaba todo cuanto pudiera poner aquellas imaginaciones al servicio de sus propias almas.

Así, una vez trajo una calavera a su púlpito improvisado para hablar de la muerte. Otras, cuando nada parecía conmover a sus oyentes, paraba el sermón, descubría las espaldas y se flagelaba hasta correr sangre. El efecto era irresistible. Pecadores comenzaban a confesar sus crímenes en voz alta, mujeres de mala vida se arrodillaban delante del Crucifijo que él traía y se cortaban los cabellos en señal de arrepentimiento. San Francisco de Jerónimo fundó dos refugios para esas pecadoras arrepentidas y el Asilo del Espíritu Santo, que pronto cobijó a 190 hijos de esas infelices, para darles la oportunidad de encontrar un futuro menos sombrío. El santo tuvo la consolación de ver a 22 de esas mujeres abrazar la vida religiosa.

“Catalina, dime, ¿dónde estás?”
Pero no fue siempre así. Un día que predicaba en una plaza cerca de una casa de mala fama, la mujer que en ella habitaba comenzó a hacer todos los ruidos posibles para entorpecer la predicación. El santo continuó hasta el fin. Otro día, predicando en el mismo lugar y viendo la casa cerrada, preguntó qué había pasado. Le respondieron que la mujer, Catalina, había muerto súbitamente. “¡Muerta!” —exclamó San Francisco Jerónimo sorprendido. “Vamos a verla”. Y, en compañía del pueblo, subió la escalera hasta la sala donde estaba el cadáver de la infeliz. Se produjo un silencio sepulcral, que el santo quebró preguntando: “Catalina, dime, ¿dónde estás?” Dos veces repitió la misma pregunta. Cuando lo hizo por tercera vez con voz más autoritaria, los ojos del cadáver se abrieron, los labios temblaron y, a la vista de todo mundo, ella respondió con una voz que parecía venir del otro mundo: “¡En el infierno! ¡En el infierno!”. El susto que provocó fue tan grande, que todos huyeron de aquel lugar maldito. Y nadie tuvo el valor de volver a casa sin antes haber hecho una buena confesión.

La caridad de San Francisco de Jerónimo lo llevaba también hasta los condenados a las galeras, transformando aquel lugar de rebelión y dolor en refugio de paz y resignación. Allí, con su insuperable caridad y celo por los almas, consiguió la conversión de varios esclavos moros a la verdadera fe. Para que sus bautismos influenciaran a fondo los corazones, los celebraba lo más pomposamente posible. El santo quería trabajar hasta el fin de sus fuerzas. Decía: “Mientras yo conserve un aliento de vida iré, aunque sea arrastrado, por las calles de Nápoles. Si caigo debajo de la carga, daré gracias a Dios. Un animal de carga debe morir bajo su fardo”. Y eso sucedió el día 11 de mayo de 1716, cuando entregó su bella alma a Dios, a los 73 años de edad. 

(https://www.tesorosdelafe.com/articulo-822-san-francisco-de-jeronimo)

10 mayo, 2021

San Juan de Avila Misionero y Director de Almas

 Hoy es la fiesta de San Juan de Ávila, patrono de los sacerdotes españoles

 

¡Oh!, San Juan de Ávila, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo. Aquél, que, llamado
“Misionero y de almas Director”, quiso Él, daros
sublime misión: “guía ser de hombres y mujeres santos
y santas”, y que, desde el “vívido” sermón y los hechos,
multitudes quedaron cautivadas y satisfechas con la fuerza
de vuestro corazón hecho palabra, que, en caro amor
y esperanza, desbrozabais ante aquellos, que, hasta ayer,
impíos y herejes eran, y, todos luego, convertidos ya, rodillas
en loza por horas puestas, al cielo clamaban de alegría
y, a los que vos, el Santo Crucifijo les acercabais,
junto con el tierno Amor de María Santísima. Muchos
sacerdotes os seguían para ayudaros a confesar y hacer
catequesis para los niños y administrar los sacramentos.
Ricos y pobres, jóvenes y viejos, a escucharos acudían
pues de vos, dimanaban sabrosos trozos de cielo y miel
de vida. Vuestra devoción a Nuestra Señora, os hacía
exclamar: “Más preferiría vivir sin piel, que vivir sin
devoción a la Virgen María”. Fundasteis muchos colegios
y ayudabais a las universidades católicas. Vuestra
autoridad y vuestro ascendiente grande y considerado
era en todas partes. Vuestros últimos años fueron de enormes
sufrimientos. En vos, se cumplía aquello que dijo Jesús: “Mi
Padre, al árbol que más quiere, más lo poda, para que produzca
mayor fruto”. Pero, vos no dejabais de recorrer ciudades
y pueblos predicando, confesando, dando dirección espiritual
y edificando a todos con vuestra vida de gran santidad. Tres
temas os llamaban mucho la atención para predicar: la Eucaristía,
el Espíritu Santo y la Virgen María. Así fue, hasta el día
aquél, en que, agonizante respondisteis, invitado por Dios
Padre, al cielo anhelado, y viendo cómo, un sacerdote os
trataba con especial veneración le dijisteis: “Padre,
tráteme como a un miserable pecador, porque eso es lo que he
sido y nada más”. Entonces tomando el crucifijo entre vuestras
santas manos, exclamasteis: “Dios mío, si, sí te parece
bien que suceda, está bien, ¡está muy bien!”. “Jesús
y María” “Jesús y María”. Y, luego vuestra santa alma, voló
al cielo, para coronada ser, con justicia, con corona
de luz; como justo premio a vuestra entrega de amor y fe;
de todos los sacerdotes españoles, Santo Patrono y Guía”;
¡oh!, San Juan de Ávila; “vivo amor, fe y luz del Dios Vivo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
__________________________________________

10 de Mayo
San Juan de Avila
Misionero y Director de Almas
(1569)

Petición

San Juan de Avila: tú que con tus sermones lograste tantas conversiones de pecadores, alcánzanos del Señor Dios, que también nosotros nos convirtamos.

Juan significa: “Dios es misericordioso”. San Juan de Avila tuvo el privilegio de ser amigo y consejero de seis santos: San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, San Juan de Dios, San Francisco de Borja, San Pedro de Alcántara y Fray Luis de Granada. Dicen que él es la figura más importante del clero secular español del siglo 16.

Nació en el año 1500. De una familia muy rica, al morir sus padres repartió todos sus bienes entre los pobres y después de tres años de oración y meditación se decidió por el sacerdocio. Estudió filosofía y teología en la Universidad de Alcalá y allá hizo amistad con el Padre Guerrero que fue después arzobispo de Granada y su amigo de toda la vida.

Desde el principio de su sacerdocio demostró una elocuencia extraordinaria. El pueblo acudía en gran número a escuchar sus sermones donde quiera que él iba a predicar. Cada predicación la preparaba con cuatro o más horas de oración de rodillas. A veces pasaba la noche entera ante un crucifijo o ante el Santísimo Sacramento encomendando la predicación que iba a hacer después a la gente. Y los resultados eran formidables. Los pecadores se convertían a montones. A sus discípulos les decía: “Las almas se ganan con las rodillas”. A uno que le preguntaba como hacer para lograr convertir a alguna persona en cada sermón, le dijo: “¿Y es que Ud. espera convertir en cada sermón a alguna persona?”. “No, ¡eso no!”, respondió el otro. “Pues por eso es que no los convierte”, le dijo el santo, “porque para poder obtener conversiones hay que tener fe en que sí se conseguirán conversiones. ¡La fe mueve montañas!.”

A otro que le preguntaba cuál era la principal cualidad para poder llegar a ser un buen predicador, le respondió: “La principal cualidad es: ¡amar mucho a Dios!”. Pidió viajar de misionero a América del sur, pero su amigo el Arzobispo de Granada le dijo: “Aquí en España también hay muchos a quienes misionar y evangelizar. ¡Quédese predicando entre nosotros!”. Le obedeció y se dedicó a predicar por Andalucía, por todo el sur de España. Y las conversiones que conseguía eran asombrosas. Su predicación era fuerte. No prometía vida en paz a quienes querían vivir en paz con sus pecados, pero animaba enormemente a todos los que deseaban salir de su anterior vida de pecado. Un gran número de sacerdotes le seguía para ayudarle a confesar y colaborarle en la catequesis de los niños y en la administración de los sacramentos. Ricos y pobres, jóvenes y viejos, todos acudían con gusto a escucharle.

Dios le concedió a San Juan de Avila la cualidad especialísima de ejercer un gran ascendiente sobre los sacerdotes. Por eso el Sumo Pontífice lo ha nombrado “Patrono de los sacerdotes españoles”. Bastaba con que lo vieran celebrar misa o le oyeran un sermón para que los sacerdotes quedaran muy agradablemente impresionados de su modo de obrar y predicar. Y después en sus sermones, ellos estaban allá entre el público oyéndole con gran atención. El sabio escritor Fray Luis de Granada se colocaba cerca de él, lápiz en mano, e iba escribiendo sus sermones. De cada sermón del santo, sacaba el material para predicar luego diez sermones. Los sacerdotes decían que el Padre Juan de Avila predicaba como si estuviera oyendo al mismo Dios.

Fue reuniendo grupos de sacerdotes y por medio de hacerles meditar en la Pasión de Jesucristo y en la Eucaristía y de rezar y recibir los sacramentos, los iba enfervorizando y después los enviaba a predicar. Y los frutos que conseguía eran inmenoss. Unos 30 de esos sacerdotes se hicieron después Jesuitas. Otros colaboraron con la reforma que San Juan de la Cruz y Santa Teresa hicieron de los padres Carmelitas y muchos más llenaron de buenas obras las parroquias con su gran fervor.

Un día en Granada, mientras San Juan de Avila pronunciaba un gran sermón, de pronto se oyó en el templo un grito fortísimo. Era San Juan de Dios que había sido antes militar y comerciante y que ahora se convertía y empezaba una vida de santidad admirable. En adelante San Juan de Dios tendrá siempre como consejero al Padre Juan de Avila, a quien atribuirá su conversión.

Los enemigos y envidiosos lo acusaron de que su predicación era demasiado miedosa y de que se proponía hacer que las gentes fueran demasiado espirituales. Y el santo fue llevado a la cárcel y allí estuvo de 1532 a 1533. Aprovechó su prisión para meditar más y crecer en santidad. Cuando se le reconoció su inocencia y fue sacado de la prisión el pueblo lo ovacionó como a un héroe.

A muchas personas les dio dirección espiritual por medio de cartas. Después reunió una colección de esas cartas y las publicó con el título de “Oye hija” y fue un libro muy afamado y que hizo gran bien a los lectores.

Su devoción a la Virgen era tan grande que lo hacía exclamar: “Más preferiría vivir sin piel, que vivir sin devoción a la Virgen María”. Fundó más de diez colegios y ayudaba mucho a las universidades católicas. Su autoridad y su ascendiente eran muy grandes en todas partes.

Sus últimos 17 años fueron de enormes sufrimientos por su salud que era muy deficiente. En él se cumplía aquello que dijo Jesús: “Mi Padre, al árbol que más quiere, más lo poda, para que produzca mayor fruto”. Pero aunque sus padecimientos eran muy intensos, no por eso dejaba de recorrer ciudades y pueblos predicando, confesando, dando dirección espiritual y edificando a todos con su vida de gran santidad. Tres temas le llamaban mucho la atención para predicar: la Eucaristía, el Espíritu Santo y la Virgen María.

Una de sus cualidades más admirables era su gran humildad. A pesar de sus brillantes éxitos apostólicos, siempre se creía un pobre y miserable pecador. Cuando estaba agonizante vio que un sacerdote lo trataba con muy grande veneración y le dijo: “Padre, tráteme como a un miserable pecador, porque eso es lo que he sido y nada más”.

Cuando en su última enfermedad los dolores arreciaban, apretaba el crucifijo entre sus manos y exclamaba: “Dios mío, si sí te parece bien que suceda, está bien, ¡está muy bien!”. El 10 de mayo del año 1569, diciendo “Jesús y María” murió santamente. Fue beatificado en 1894 y el Papa Pablo VI lo declaró santo en 1970.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Juan_de_Avila_5_10.htm)

09 mayo, 2021

Domingo 6 (B) de Pascua

 

 Domingo VI (B) de Pascua | Luis Ernesto Chacón Delgado

 

Texto del Evangelio (Jn 15,9-17): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

»Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».

__________________________

«A vosotros os he llamado amigos» Rev. D. Francesc CATARINEU i Vilageliu (Sabadell, Barcelona, España)

Hoy celebramos el último domingo antes de las solemnidades de la Ascensión y Pentecostés, que cierran la Pascua. Si a lo largo de estos domingos Jesús resucitado se nos ha manifestado como el Buen Pastor y la vid a quien hay que estar unido como los sarmientos, hoy nos abre de par en par su Corazón.

Naturalmente, en su Corazón sólo encontramos amor. Aquello que constituye el misterio más profundo de Dios es que es Amor. Todo lo que ha hecho desde la creación hasta la redención es por amor. Todo lo que espera de nosotros como respuesta a su acción es amor. Por esto, sus palabras resuenan hoy: «Permaneced en mi amor» (Jn 15,9). El amor pide reciprocidad, es como un diálogo que nos hace corresponder con un amor creciente a su amor primero.

Un fruto del amor es la alegría: «Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros» (Jn 15,11). Si nuestra vida no refleja la alegría de creer, si nos dejamos ahogar por las contrariedades sin ver que el Señor también está ahí presente y nos consuela, es porque no hemos conocido suficientemente a Jesús.

Dios siempre tiene la iniciativa. Nos lo dice expresamente al afirmar que «yo os he elegido» (Jn 15,16). Nosotros sentimos la tentación de pensar que hemos escogido, pero no hemos hecho nada más que responder a una llamada. Nos ha escogido gratuitamente para ser amigos: «No os llamo ya siervos (…); a vosotros os he llamado amigos» (Jn 15,15).

En los comienzos, Dios habla con Adán como un amigo habla con su amigo. Cristo, nuevo Adán, nos ha recuperado no solamente la amistad de antes, sino la intimidad con Dios, ya que Dios es Amor.

Todo se resume en esta palabra: “amar”. Nos lo recuerda san Agustín: «El Maestro bueno nos recomienda tan frecuentemente la caridad como el único mandamiento posible. Sin la caridad todas las otras buenas cualidades no sirven de nada. La caridad, en efecto, conduce al hombre necesariamente a todas las otras virtudes que lo hacen bueno».

(https://evangeli.net/evangelio/dia/2021-05-09)

08 mayo, 2021

Beata Miriam Teresa Demjanovich

 

 

 

La hermana Miriam Teresa nació en Bayonne, Nueva Jersey en 1901, la más joven de los siete hijos de una familia católica rutena (de rito oriental) provenientes del este de Eslovaquia. Tuvo una vida breve pues murió a los 26 años, tras sufrir muchas enfermedades.

Desde joven estuvo vinculada a la congregación de las Hermanas de la Caridad de Santa Elizabeth, al principio a través del colegio de Santa Isabel y luego ingresó a la familia religiosa en 1925. Murió dos años después tras haberse destacado por la búsqueda de la perfección en la vida religiosa, por sus escritos espirituales, y su relación mística con el Señor.

Es autora del libro “Mayor perfección”, publicado póstumamente. Su causa de beatificación fue iniciada en la diócesis de Paterson en 1945. El Papa Benedicto XVI aprobó el decreto de sus virtudes heroicas y el Papa Francisco aprobó el decreto del milagro obrado por su intercesión el 17 de diciembre de 2013.

El Obispo de Paterson, Mons. Arthur Serratelli, escribió hace unos días que Miriam Teresa “se graduó de la secundaria pública local, disfrutaba la música, la poesía, el teatro y la danza apropiada para las jóvenes de su edad. Pero debajo de las experiencias ordinarias de la casa, la parroquia, la escuela y los amigos, estaba nutriendo una relación extraordinaria con Dios”.

“Su simplicidad, devoción y su oración dejaron una huella duradera en los que la conocieron. Su director espiritual inmediatamente reconoció su santidad única y le pidió escribir diversas conferencias para que él las pudiera dar a otras novicias”, dijo el Prelado.

Dios le dio la gracia de tener experiencias místicas y visiones, pero fue su constante esfuerzo por agradarle, incluso en las cosas más pequeñas, lo que la Iglesia “reconoce como ejemplo a seguir en el camino de la santidad. Su constante mensaje que todos estamos llamados a la santidad se anticipó a la enseñanza del Concilio Vaticano II”.

Se trata de un joven declarado ciego debido a la degeneración macular bilateral, cuya vista fue restaurada a partir de la oración con la intercesión de la hermana Miriam Teresa en 1964. El milagro se produjo en la arquidiócesis de Newark.

Las Hermanas de la Caridad fueron fundadas por Santa Elizabeth Ann Seton, en Maryland en 1809, en el espíritu de San Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac. Se dedican a la educación, cuidados de salud, servicios sociales en 22 diócesis de los Estados Unidos y en El Salvador y Haití.

El 4 de octubre de 2014 se convirtió en la primera en ser beatificada en suelo de los Estados Unidos.

(https://www.aciprensa.com/santos/santo.php?id=712)

07 mayo, 2021

Beata Madre María de San José

 

 Venezuela: La beata incorrupta que rinde homenaje a San José

Hoy, 7 de abril, celebramos a la primera beata nacida en Venezuela, la Madre María de San José. Ella fue una dedicada religiosa, cofundadora de la Congregación de las “Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús” y primera Superiora General de dicha comunidad. Las Hermanas Agustinas Recoletas están dedicadas a la atención de ancianos, pobres, niños abandonados y enfermos en general en los hospitales y albergues del país.

La Madre María de San José nació el 25 de abril de 1875 en el pueblo de Choroní, Venezuela, y fue bautizada en octubre de ese mismo año con el nombre de Laura Evangelista Alvarado Cardozo.

A los 5 años se mudó con sus padres a la ciudad de Maracay. El 8 de diciembre de 1888, día de la Inmaculada Concepción, con 13 años de edad, Laura recibió la Primera Comunión y prometió consagrarse a Dios guardando en virginidad perpetua.

En 1893, el sacerdote y párroco de Maracay, P. Justo Vicente López Aveledo, fundó la Sociedad de las Hijas de María, de la que Laura formaría parte, y en la que renovaría sus primeros votos a perpetuidad.

Ese mismo año, el P. López Avelado fundó el primer hospital de su ciudad, el Hospital San José, donde la Beata se dedicaría al cuidado de los enfermos. Posteriormente, el 22 de enero de 1901, Laura se consagró como hermana hospitalaria agustina, adoptando el nombre de Sor María de San José.

Cerca de cumplir los 24 años, Laura recibió del P. López el encargo de dirigir y administrar el hospital. Al poco tiempo, se fundó la congregación “Hermanas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús”, y en 1903 Laura se convirtió en su primera Superiora bajo el nombre de Madre María de San José.

La joven congregación se consagró tenazmente a trabajar por y con los más débiles. Se fundaron asilos, orfanatos, casas maternas, hospitales y colegios. En total, las Hermanas llegaron a fundar 35 casas a nivel nacional.

La Madre María falleció el 2 de abril de 1967 en su querida Maracay. Sus restos reposan en la Capilla de las Hermanas Agustinas del Hogar “Inmaculada Concepción” ubicado en esa ciudad, lugar donde la Madre permaneció la mayor parte de su vida.

En 1982 ocurrió el milagro por el cual sería beatificada: la curación de la hermana Teresa Silva, quien había quedado inválida debido a una penosa enfermedad y a quien la Madre le había profetizado su curación años antes.

El 7 de mayo de 1995, el Papa San Juan Pablo II la proclamó beata. “La Madre María es una mujer que supo fundir de manera admirable oración y acción (…) consumándose en un amor ilimitado hacia Dios y en la práctica de la más genuina caridad hacia el prójimo”, dijo el Santo Padre con ocasión de la beatificación.

(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-maria-de-san-jose-primera-beata-de-venezuela-58141)

06 mayo, 2021

Santo Domingo Savio: "Antes Morir Que Pecar"

 

Hoy la Iglesia celebra a Santo Domingo Savio, patrono de las embarazadas

 

¡Oh!, Santo Domingo Savio, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo. Adorabais a ¨Jesús Eucaristía”
y lo imitabais con ardor de corazón, amando a María, con
entrega total. Decíais vos: “Si vosotros sois santos,
alegres estad siempre”. Vuestra corta y santa vida, era
toda amabilidad, cortesía y alegría, diciendo a menudo:
“Prefiero morir antes que pecar”. Mamá Margarita, la madre
de San Juan Bosco, le dijo un día a él: “Entre tus alumnos
tienes muchos que son maravillosamente buenos. Pero ninguno
iguala en virtud y en santidad a Domingo Savio. Nadie tan
alegre y tan piadoso como él, y ninguno tan dispuesto
siempre a ayudar a todos y en todo”. Tres años ganasteis
el Premio de Compañerismo, entre todos los ochocientos
alumnos. Vos decíais: “Nosotros demostramos la santidad,
estando siempre alegres”. Un día, después de confesaros,
comulgar y recibir la Unción de los enfermos, sentisteis
que partíais al cielo y exclamasteis: “Papá, papá, qué
cosas tan hermosas veo”. Y, sonriendo expirasteis en paz.
Más tarde, a los ocho días, aparecisteis a vuestro padre
y le dijisteis que salvo era, luego a San Juan Bosco,
rodeado de muchos jóvenes le dijisteis: “Lo que más me
consoló a la hora de la muerte fue la presencia de la
Santísima Virgen María. Recomiéndele a todos que le recen
mucho y con fervor. Y, dígales a los jóvenes que los espero
en el Paraíso”. Don Bosco, os escuchó admirado, y escribió
sobre vos, el fiel retrato de vuestro amor a Jesús y María,
testimonio de oro, para la familia, los jóvenes y los
mayores. Hoy, desde el cielo, alumbráis el sendero de
los jóvenes del mundo, que os aman, porque vos, en vuestra
corta vida, entregasteis todo de sí, y con justicia Dios os
coronó de luz, por vuestra maravillosa entrega de amor y fe;
¡oh!, Santo Domingo Savio, “viva consagración al Dios Vivo”.

© 2021 by Luis Ernesto Chacón Delgado
__________________________________________

06 de Mayo
Santo Domingo Savio
Estudiante
(1857)

Historia

Domingo significa: El que está consagrado al Señor.

Entre los miles de alumnos que tuvo el gran educador San Juan Bosco, el más famoso fue Santo Domingo Savio, joven estudiante que murió cuando apenas le faltaban tres semanas para cumplir sus 15 años.

Nació Domingo Savio en Riva de Chieri (Italia) el 2 de abril de 1842.
Era el mayor entre cinco hijos de Ángel Savio, un mecánico muy pobre, y de Brígida, una sencilla mujer que ayudaba a la economía familiar haciendo costuras para sus vecinas.

Desde muy pequeñín le agradaba mucho ayudar a la Santa Misa como acólito, y cuando llegaba al templo muy de mañana y se encontraba cerrada la puerta, se quedaba allí de rodillas adorando a Jesús Eucaristía, mientras llegaba el sacristán a abrir.

El día anterior a su primera confesión fue donde la mamá y le pidió perdón por todos los disgustos que le había proporcionado con sus defectos infantiles. El día de su primera comunión redactó el famoso propósito que dice: “Prefiero morir antes que pecar”.

A los 12 años se encontró por primera vez con San Juan Bosco y le pidió que lo admitiera gratuitamente en el colegio que el santo tenía para niños pobres. Don Bosco para probar que tan buena memoria tenía le dio un libro y le dijo que se aprendiera un capítulo. Poco tiempo después llegó Domingo Savio y le recitó de memoria todo aquel capítulo. Y fue aceptado. Al recibir tan bella noticia le dijo a su gran educador: “Ud. será el sastre. Yo seré el paño. Y haremos un buen traje de santidad para obsequiárselo a Nuestro Señor”. Esto se cumplió admirablemente.

Un día le dijo a su santo confesor que cuando iba a bañarse a un pozo en especial, allá escuchaba malas conversaciones. El sacerdote le dijo que no podía volver a bañarse ahí. Domingo obedeció aunque esto le costaba un gran sacrificio, pues hacía mucho calor y en su casa no había baño de ducha. Y San Juan Bosco añade al narrar este hecho: “Si este jovencito hubiera seguido yendo a aquel sitio no habría llegado a ser santo”. Pero la obediencia lo salvó.

Cierto día dos compañeros se desafiaron a pelear a pedradas. Domingo Savio trató de apaciguarlos pero no le fue posible. Entonces cuando los dos peleadores estaban listos para lanzarse las primeras piedras, Domingo se colocó en medio de los dos con un crucifijo en las manos y les dijo: “Antes de lanzarse las pedradas digan: ”. Los dos enemigos se dieron la mano, hicieron las paces, y no se realizó la tal pelea.

Por muchos años recordaban con admiración este modo de obrar de su amiguito santo. Cada día Domingo iba a visitar al Santísimo Sacramento en el templo, y en la santa Misa después de comulgar se quedaba como en éxtasis hablando con Nuestro Señor. Un día no fue a desayunar ni a almorzar, lo buscaron por toda la casa y lo encontraron en la iglesia, como suspendido en éxtasis. No se había dado cuenta de que ya habían pasado varias horas. Tanto le emocionaba la visita de Jesucristo en la Santa Hostia.

Por tres años se ganó el Premio de Compañerismo, por votación popular entre todos los 800 alumnos. Los compañeros se admiraban de verlo siempre tan alegre, tan amable, y tan servicial con todos. El repetía: “Nosotros demostramos la santidad, estando siempre alegres”.

Con los mejores alumnos del colegio fundó una asociación llamada “Compañía de la Inmaculada” para animarse unos a otros a cumplir mejor sus deberes y a dedicarse con más fervor al apostolado. Y es curioso que de los 18 jóvenes con los cuales dos años después fundó San Juan Bosco la Comunidad Salesiana, 11 eran de la asociación fundada por Domingo Savio.

En un sueño – visión, supo que Inglaterra iba a dar pronto un gran paso hacia el catolicismo. Y esto sucedió varios años después al convertirse el futuro cardenal Newman y varios grandes hombres ingleses al catolicismo.

Otro día supo por inspiración que debajo de una escalera en una casa lejana se estaba muriendo una persona y que necesitaba los últimos sacramentos. El sacerdote fue allá y le ayudó a bien morir.

Al corregir a un joven que decía malas palabras, el otro le dio un bofetón. Domingo se enrojeció y le dijo: “Te podía pegar yo también porque tengo más fuerza que tú. Pero te perdono, con tal de que no vuelvas a decir lo que no conviene decir”. El otro se corrigió y en adelante fue su amigo.

Un día hubo un grave desorden en clase. Domingo no participó en él, pero al llegar el profesor, los alumnos más indisciplinados le echaron la culpa de todo. El profesor lo regañó fuertemente y lo castigó. Domingo no dijo ni una verdad, el profesor le preguntó por qué no se había defendido y él respondió: “Es que Nuestro Señor tampoco se defendió cuando lo acusaron injustamente. Y además a los promotores del desorden sí los podían expulsar si sabían que eran ellos, porque ya han cometido faltas. En cambio a mí, como era la primera falta que me castigaban, podía estar seguro de que no me expulsarían”.

Muchos años después el profesor y los alumnos recordaban todavía con admiración tanta fortaleza en un niño de salud tan débil.

La madre de San Juan Bosco, mamá Margarita, le decía un día a su hijo: “Entre tus alumnos tienes muchos que son maravillosamente buenos. Pero ninguno iguala en virtud y en santidad a Domingo Savio. Nadie tan alegre y tan piadoso como él, y ninguno tan dispuesto siempre a ayudar a todos y en todo”.

San Juan Bosco era el santo de la alegría. Nadie lo veía triste jamás, aunque su salud era muy deficiente y sus problemas enormes. Pero un día los alumnos lo vieron extraordinariamente serio. ¿Qué pasaba? Era que se alejaba de su colegio el más amado y santo de todos sus alumnos: Domingo Savio. Los médicos habían dicho que estaba tosiendo demasiado y que se encontraba demasiado débil para seguir estudiando, y que tenía que irse por unas semanas a descansar en su pueblo. Cada mes, en el Retiro Mensual se rezaba un Padrenuestro por aquel que habría de morir primero. Domingo les dijo a los compañeros: “el Padrenuestro de este mes será por mí”. Nadie se imaginaba que iba a ser así, y así fue. Cuando Dominguito se despidió de su santo educador que en sólo tres años de bachillerato lo había llevado a tan grande santidad, los alumnos que lo rodeaban comentaban: “Miren, parece que Don Bosco va a llorar”.

– Casi que se podía repetir aquel día lo que la gente decía de Jesús y un amigo suyo: “¡Mirad, cómo lo amaba!”. Domingo Savio estaba preparado para partir hacia la eternidad. Los médicos y especialistas que San Juan Bosco contrató para que lo examinaran comentaban: “El alma de este muchacho tiene unos deseos tan grandes de irse a donde Dios, que el débil cuerpo ya no es capaz de contenerla más. Este jovencito muere de amor, de amor a Dios”. Y así fue.

El 9 de marzo de 1857, cuando estaba para cumplir los 15 años, y cursaba el grado 8º. De bachillerato, Domingo, después de confesarse y comulgar y recibir la Unción de los enfermos, sintió que se iba hacia la eternidad. Llamó a su papacito a que le rezara oraciones del devocionario junto a su cama (la mamacita no se sintió con fuerzas de acompañarlo en su agonía y se fue a llorar a una habitación cercana). Y a eso de las 9 de la noche exclamó: “Papá, papá, qué cosas tan hermosas veo” y con una sonrisa angelical expiró dulcemente. A los ocho días su papacito sintió en sueños que Domingo se le aparecía para decirle muy contento que se había salvado. Y unos años después se le apareció a San Juan Bosco, rodeado de muchos jóvenes más que están en el cielo. Venía hermosísimo y lleno de alegría. Y le dijo: “Lo que más me consoló a la hora de la muerte fue la presencia de la Santísima Virgen María. Recomiéndele a todos que le recen mucho y con gran fervor. Y dígales a los jóvenes que los espero en el Paraíso”.

Hagamos el propósito de conseguir la hermosa Biografía de Santo Domingo, escrita por San Juan Bosco. Y hagámosla leer en nuestra familia a jóvenes y mayores. A todos puede hacer un gran bien esta lectura.

Domingo: ¡Quiero ser como tú!.

(http://www.ewtn.com/SPANISH/Saints/Domingo_Savio_5_6.htm)