
Domingo 14 de Enero
Principales celebraciones de la Iglesia Católica y la vida, obra y milagros de los Santos de la Iglesia Católica.

Domingo 14 de Enero

¡Oh!, San Hilario, vos, sois el hijo de Dios de la Vida,
su obispo y santo, que ávido del saber cultivasteis las letras
y la filosofía. El Evangelio de San Juan iluminó vuestro
espíritu, recibiendo el bautismo, para vivir desde entonces
con singular honestidad y virtud tanto que, al fallecer el obispo
de Poitiers, fuisteis designado para ocupar aquella sede.
En vuestro tiempo pretendía brillar la herejía arriana, que,
afirmaba que el Verbo no era Dios, sino sólo la primera
de las criaturas creadas por Dios, pero vos, sosteníais la
Unidad de las Tres Personas, y que, el Verbo divino se había
hecho hombre para convertir en hijos de Dios a los que lo
recibiesen. Y, tan luego afirmasteis tal cosa, Constancio
emperador, partícipe de la herejía os desterró a Frigia.
Y vos, durante cuatro años recorristeis las ciudades de
Oriente, discutiendo y demostrando la verdad de corazón
diciendo: “Permanezcamos siempre en el destierro -repetíais-
con tal que se predique la verdad”; y al mismo tiempo enviabais
vuestro tratado de los Sínodos y los doce libros Sobre
la Trinidad, considerada vuestra obra cumbre. Os llamó
el emperador y asististeis al concilio de Seleucia de Isauria,
tratando allí, sobre los misterios de la fe. Después pasasteis
a Constantinopla, donde presentasteis al emperador como
el anticristo, pero, os consideraron como un agitador y
vuestros mismos enemigos os echaron de Oriente, volviendo
así a Poitiers. San Jerónimo, cuenta la alegría con que
fuisteis recibido por todos los católicos. Realizasteis
exégesis, sobre los divinos misterios, los salmos y sobre
san Mateo. Compusisteis himnos, entre ellos el “Gloria in
excelsis”. Isidoro de Sevilla, dice que vos, fuisteis el
primero que introdujisteis los cánticos en las iglesias de
Occidente. Pero el enemigo no duerme y combatisteis al arrriano
Auxencio, causa por la cual sois condenado a abandonar
Italia, con pretextos falsos. Además, vos, tuvisteis
numerosos discípulos y dentro de ellos, a san Martín de
Tours, y muchos herejes a los que convertisteis. Y, así y luego
de haber gastado vuestra santa vida en buena lid, voló vuestra
alma, para coronada ser con corona de luz eterna. A vos, os
conocen con el título de “Atanasio de Occidente”, y San Jerónimo
y San Agustín os llaman “gloriosísimo defensor de la fe”,
¡Oh! San Hilario de Poitiers, “vivo Atanasio del Dios de la Vida.»
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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13 de enero
San Hilario de Poitiers
Obispo, Doctor de la Iglesia
Su nombre significa “sonriente”, nació en Poitiers, Francia, hacia el año 315. Sus padres eran nobles, pero gentiles. Ávido de saber, cultivó las letras y la filosofía. Después dio con los libros sagrados, y el Evangelio de San Juan iluminó su espíritu. En el año 345 recibió el bautismo. Desde entonces vivió con tanta honestidad y virtud que, al fallecer el obispo de Poitiers, fue escogido para ocupar aquella sede. Era el año 350.
El siglo en que vivió Hilario estaba convulsionado por contiendas dogmáticas, sobre todo por la herejía arriana, que afirmaba que el Verbo no era Dios, sino sólo la primera de las criaturas creadas por Dios. Hilario sostenía, de acuerdo con la ortodoxia, la unidad de las tres personas, y que el Verbo divino se había hecho hombre para convertir en hijos de Dios a los que lo recibiesen. Los seguidores de Arrio consiguieron que el emperador Constancio, inficionado de la herejía, desterrase a Hilario a Frigia, provincia romana de Asia, situada en la extremidad del Imperio. Hacia allí se dirigió a fines del 356.
Durante cuatro años recorrió las ciudades de Oriente, discutiendo. “Permanezcamos siempre en el destierro -repetía- con tal que se predique la verdad”. Al mismo tiempo enviaba a Occidente su tratado de los Sínodos y en 359 los doce libros Sobre la Trinidad, que se consideraba su mejor obra.
Llamado por una orden general del emperador, asistió al concilio que se realizó en Seleucia de Isauria, ciudad del Asia Menor, en la región montañosa de Tauro. Allí trató Hilario sobre los altos y dificultosos misterios de la fe. Después pasó a Constantinopla, donde en un escrito presenta al emperador como Anticristo. Considerado como un agitador e intimidados por su intrepidez, sus mismos enemigos trabajaron para echarlo de Oriente.
Así volvió Hilario a Poitiers. San Jerónimo refiere el júbilo con que fue recibido por los católicos. Allí realizó una profunda labor de exégesis, en los tratados que escribió sobre los divinos misterios, sobre los salmos y sobre san Mateo. Compuso también himnos y algunos le atribuyeron el “Gloria in excelsis”.
Según Isidoro de Savella, Hilario fue el primero que introdujo los cánticos en las iglesias de Occidente. Vuelve a la lucha. En Milán está el arriano Auxencio. Hilario lo combate con su característica intrepidez y es condenado a abandonar Italia bajo pretexto de introducir la discordia en la Iglesia de esa ciudad.
Tuvo Hilario numerosos discípulos, el más ilustre de ellos san Martín de Tours, y muchos fueron los herejes que convirtió. Murió el 13 de enero del año 368. Sus reliquias reposaron en Poitiers hasta el año 1652, en que fueron sacrílegamente quemadas por los hugonotes. Se le ha dado el título de Atanasio de Occidente.
San Jerónimo y san Agustín lo llaman gloriosísimo defensor de la fe. Por la profunda influencia que ejerció como escritor, el papa Pío IX, a petición de los obispos reunidos en el sínodo de Burdeos, declaró a san Hilario doctor de la Iglesia.

¡Oh! Santa Margarita Bourgeoys, vos sois la hija del Dios
de la Vida y su amada santa, que fundasteis la Congregación
de las Hermanas de Nuestra Señora de Montreal, para la ayuda
de los niños de la naciente ciudad de Montreal. Vos, vuestra
vida la dedicasteis a las familias más necesitadas de vuestra
ciudad natal y más tarde en Montreal. Impartisteis instrucción
humana y cristiana tanto en las escuelas y las parroquias,
hasta vuestra muerte. Contagiasteis vuestro dinamismo en las
mujeres, y su formación con un espíritu cristiano. Por entonces
no se entendía, que las religiosas vivieran fuera de la clausura
de los conventos, pero vos, animada por el llamado de Dios,
fundasteis en Canadá la primera Congregación Femenina sin
clausura de la historia de la Iglesia. El gobernador de Montreal
por obra de Dios, os condujo a vuestra tarea de maestra, que
os hizo inaugurar la primera escuela de Montreal, que poco
a poco se fue consolidando. Y, Dios, siguió obrando para vos,
con más apoyo, alentada por el rey de Francia. No todo fue
color de rosa, se incendió vuestro convento y el nuevo obispo
deshizo vuestra comunidad y las integró a las ursulinas.
Vos, con tesón y porfía, rezasteis para que se manifieste la
voluntad de Dios y finalmente, veinticuatro primeras hermanas
hicieron la profesión de votos simples. Así, habíais fundado
la primera escuela para indios, en la que ya había, dos jóvenes
iroquesas. En Quebec, fundasteis la segunda de las más de
doscientas casas que lograron tener más tarde. Y, así y luego
de haberos gastado en buena lid, voló vuestra alma al cielo
para ser coronada de luz, como premio a vuestra entraga de amor;
¡Oh! Santa Margarita Bourgeoys, "vivo amor por el Dios Vivo".
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Enero
Santa Margarita Bourgeoys
Originaria de Troyes, Francia, donde nació en 1620. Se trasladó al Canadá donde fundó la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de Montreal, con la finalidad de asistir y enseñar a los niños de la incipiente ciudad de Montreal.
Santa Margarita Bourgeoys, que nació en Troyes (Francia), el año 1620, dedicó totalmente su vida a los más necesitados, a partir de la edad de 20 años. Su campo de acción fueron las familias pobres de la ciudad natal. Pero luego fue a Montreal (Canadá), entonces posesión francesa y allí durante largos años se entregó, juntamente con sus primeras hermanas, a impartir una instrucción humana y cristiana tanto en las escuelas como en las parroquias, hasta su muerte, que tuvo lugar en 1700.
De modo especial cooperó a la edificación de aquel nuevo país, intuyendo el papel determinante de las mujeres, y se afanó con asiduidad en su formación con un espíritu profundamente cristiano.
En una época en donde no se concebía religiosas que vivieran fuera de la clausura de los conventos, Margarita, animada por la certeza del llamado de Dios, fundó en Canadá la primera Congregación Femenina sin clausura de la historia de la Iglesia.
En 1652, Margarita se entera de que el gobernador de Montreal estaba buscando una maestra de escuela para su pequeña colonia, y ella interpretó esto como un signo de Dios, embarcándose rumbo a esta joven colonia americana para servir como maestra.
En 1657 inauguró la primera escuela de Montreal, que poco a poco va recibiendo más alumnos. Como ya no podía darse abasto y le preocupara también la educación de los niños indígenas, regresa a Francia por ayuda. Un año más tarde retorna con cuatro jóvenes y comienza a pensar en fundar una nueva congregación religiosa que recibe el aliento del Rey de Francia, al que visita en un nuevo viaje en busca de más jóvenes que quisieran vivir su llamado.
En 1676, el primer obispo de Quebec, Mons. Laval, quiere orientar a la nueva comunidad según sus ideas; en 1683, el convento se incendia y dos hermanas mueren carbonizadas, entre ellas su sobrina.
El nuevo obispo decide deshacer la comunidad e integrarla a las ursulinas que vivían en claustro. Margarita lucha y reza para que se manifieste la voluntad de Dios y finalmente, en 1698, las veinticuatro primeras hermanas pudieron hacer la profesión de votos simples, en la nueva Congregación.
Había fundado la primera escuela para indios en 1676. En 1679, había ya dos jóvenes iroquesas en la congregación. En 1685, fueron invitadas a Quebec, y allí fundaron la segunda de las más de doscientas casas que tendrán más tarde.
Murió el 12 de enero de 1700 en Montreal, Canadá. Fue beatificada por Pío XII en 1950 y canonizada en 1982 por Juan Pablo II.

¡Oh¡ Santo Tomás de Cori, vos sois el hijo del Dios de la Vida
y su amado santo. “El santito”, os llamaba la gente, y que,
en vuestras horas largas de soledad aprendisteis a ver a ver
a Dios en las cosas sencillas, en la naturaleza y, en la
oración. Os atraía, desde siempre ser discípulo de San
Francisco, pero la responsabilidad de vuestras hermanas os
impió hacerlo, esperando hasta que se casaran y luego, os
aceptaron y os enviaron a Orvieto a estudiar teología y en
ella os odenaron sacerdote y al poco tiempo, os nombraron
maestro de novicios. Vos, os retirasteis a vivir en el convento
de Bellegra. Allí escribisteis los estatutos para la formación
de los religiosos y también para normar la vida en los conventos
de retiro. Vuestra fama de santidad hizo que muchos religiosos
y laicos acudiesen a vos, para pedir consejo o dirección
espiritual. Vuestra predicación era clara y sencilla, tanto que,
conmovían a los más duros corazones, que se veían impulsados
a reconciliarse con Dios y a vivir la fe intensamente en sus
vidas. Vos pasabais largas horas ante el Santísimo sin que nadie
pudiera imaginar que por cuarenta vivierais una gran sequedad
espiritual, sufriendo la ausencia de todo consuelo en la oración
y en la vida espiritual, pero, nunca nadie os vió jamás triste,
siendo para vuestros hermanos un padre afable y lleno de
amabilidad. Algunos, se oponían a la reforma del convento,
pero vos los tratabais con suma paciencia y humildad, ganándoos
sus corazones a fuerza de caridad y de testimonio. Y, así,
y luego de haber gastado vuestra santa vida en buena lid, voló
vuestra al cielo, para ser coronada con corona de luz y eternidad;
¡Oh! Santo Tomás de Cori, «vivo Amor por la Santa Eucaristía».
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
11 de Enero
Santo Tomás de Cori
Nació en Cori (Italia), el 4 de junio de 1655. A los 14 años quedó huérfano y se quedó a cargo de sus dos hermanas menores. A fin de mantenerlas se dedicó al pastoreo. “El santito”, como cariñosamente lo llamaba la gente, en sus largas horas de soledad aprendió a ver a Dios en las cosas sencillas, en la naturaleza y, sobretodo, en la oración.
Un tiempo después tuvo contacto con los franciscanos de su pueblo y rápidamente se sintió llamado a ser discípulo de San Francisco. Sin embargo, no ingresó a la Orden hasta que ambas se casaron. Una vez aceptado, le enviaron a Orvieto a estudiar teología. En esa ciudad es ordenado sacerdote en 1683. Poco tiempo después fue nombrado maestro de novicios.
Los franciscanos se habían expandido por todo el mundo; pero no todos vivían con fervor su vocación. Por esos días, aparecieron en varios conventos los llamados “Retiros”, como una iniciativa en la que se acentuaba la vida espiritual y el espíritu de pobreza. Tomás pidió irse a vivir a uno de estos conventos en Bellegra. Allí escribió estatutos para la formación de los religiosos y también para normar la vida de este tipo de conventos-retiro.
La Orden reunida en Capítulo General en Murcia, en España, los generalizó para todos los conventos-retiro franciscanos del mundo.
La fama de santidad de Tomás suscitó que muchos religiosos y laicos acudieran a él para pedir consejo o dirección espiritual. Su predicación era de una claridad y sencillez tales que conmovía los corazones de aquellos que acudían a escucharlo y se veían impulsados a reconciliarse con Dios y a vivir la fe intensamente.
Tomás pasaba largas horas ante el Santísimo sin que nadie pudiera imaginar que por 40 años vivió una gran sequedad espiritual, sufriendo la ausencia de todo consuelo en la oración y en la vida espiritual. Nadie lo vio nunca triste.
Santo Tomás de Cori fue para sus hermanos un padre lleno de amabilidad. A algunos que se oponían a la reforma del convento, los trató con suma paciencia y humildad, ganándose sus corazones a fuerza de caridad y de testimonio.
Murió después de una larga jornada en el confesionario el 11 de enero de 1729. Fue canonizado por Juan Pablo II el 21 de noviembre de 1999.

10 de enero

¡Oh!, San Julián y Santa Basilisa, vosotros, sois los hijos Dios
de la Vida y sus amados santos, y, que, con vuestra esposa
vivisteis una vida virginal, porque Dios, os permitió ver, en
una visión las maravillas que guarda Él, para quienes puros
se conservan. Y, vuestra esposa aceptó, y luego, al desierto
marchasteis e hicisteis casas de oración en su honor. Desde
entonces, invitasteis a los jóvenes seguidores vuestros
en la pureza, a imitaros en vuestra santa cuaresma de ayuno,
oración, abstinencia y meditación los días todos de vuestra
santa vida. Y, estalló la persecución en Antioquía, y os
apresaron y a todos vuestros monjes. Y, en pleno martirio
defendisteis con valor a Cristo, negándoos a adorar falsos
dioses. Cuando os llegó vuestro turno, le dijisteis a vuestro
perseguidor: “Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios
del cielo. Mi jefe a quien adoro y obedezco es Nuestro Señor
Jesucristo. Él, ya resucitó y está sentado a la derecha de Dios
Padre. Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús,
que es muchísimo más importante y poderoso que el
emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar
los tormentos. Mis padres me están observando desde el cielo
y se sienten muy contentos y muy honrados de que yo proclame
mi fe en Cristo y derrame por El mi sangre”. Seguidamente
empezaron a daros latigazos, y uno de los verdugos se hiere
de un ojo, y escuchando sus terribles gritos vos, lo curasteis.
Luego, os cortan vuestra cabeza. Y, ¡milagro! En ese momento
Celso, hijo del cruel Marciano, al veros con qué valentía y
alegría fuisteis a la muerte por Cristo, os imita, declarándose
también, seguidor de EL, y cristiano se hace. Y, así, feliz
entregasteis, vuestra santa vida. Y, cada quien se preguntará
¿Dónde estaréis ahora? ¿Dónde? Y, la respuesta, esperar no
se deja, del lugar donde estáis, sino, que en el mismo cielo,
coronado de luz, como premio a vuestra entrega de amor;
¡oh!, San Julián y Basilisca; “vivos mártires del Amor de Cristo”.
© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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09 de Enero
San Julián y Santa Basilisa
Esposos y mártires
“Yo no adoro sino única y exclusivamente al Dios del cielo”, dijo San Julián ante el juez que lo condenó a morir degollado. Él y su esposa Santa Basilisa vivieron un amor virginal aprobado por el mismo Jesucristo. Él murió mártir. Ella falleció después, tras sobrevivir a la persecución. Ambos vivieron entre los siglos III y IV. La fiesta de estos esposos se celebra el 9 de enero.
San Julián era hijo único de una noble y rica familia. Tuvo una profunda formación en la fe cristiana. A los 18 años sus padres querían que él se casara con una joven noble llamada Basilisa, pero Julián había prometido a Dios mantenerse virgen.
Después de mucho ayuno y oración, Julián entendió que Dios tenía un camino especial trazado para él, y que al lado de Basilisa como esposa podría vivir su promesa de virginidad. San Julián y Santa Basilisa descubrirán juntos, posteriormente, las implicancias de ese camino de amor virginal. La tradición cuenta que el Señor Jesús se les apareció personalmente para darles la autorización de casarse y vivir el matrimonio en completa castidad.
Como muchos santos de los primeros siglos, los nuevos esposos repartieron sus bienes entre los pobres. Luego se retiraron a vivir en dos casas a las afueras de la ciudad, las que se convertirían en monasterios. Con San Julián acuden los varones y con Santa Basilisa van las mujeres. Mucha gente los buscaba para pedir consuelo espiritual y orientaciones para vivir más cristianamente.
El grupo de hombres nombró a San Julián como superior, o abad, de su comunidad. El Santo los dirigió con cariño y prudencia. Era el que más trabajaba, el que más ayudaba y oraba con mucho fervor, dando el ejemplo a sus hermanos. Dedicaba muchas horas a la lectura de textos religiosos antiguos y a la meditación. Fue también un asceta, por lo que vivió en permanente ayuno.
Cuando se trataba de reprender a algún hermano, lo hacía sin altanería, sin malos modos y siempre en privado. La amabilidad o fraternidad fue el sello de su gobierno espiritual. Los monjes se sentían muy cómodos con él y preferían el desierto y la disciplina antes de una vida de comodidades mundanas.
Santa Basilisa, a su vez, era seguida por una multitud de muchachas que se quedaban edificadas con su ejemplo de virtud. Muchas de ellas abrazaron la vida religiosa y vivieron en paz bajo su dirección.
Cabe recordar, que eran tiempos de la persecución de Diocleciano y Maximiano y que todo cristiano corría peligro de ser castigado, incluso con la muerte. Cuando encarcelaron a Julián, terminaron llevándose a todos los que vivían con él en el monasterio. Ante el juez, San Julián proclamó: “Dios ayuda a los que son sus amigos, y Cristo Jesús, que es muchísimo más importante y poderoso que el emperador, me dará las fuerzas y el valor para soportar los tormentos”.
San Julián fue condenado a muerte, pero antes fue azotado. Uno de los verdugos, al retirar rápidamente el fuete, se hirió a sí mismo en uno de sus ojos con la punta de hierro del látigo. En ese momento, el Santo pidió a Dios que curase al verdugo y efectivamente se produjo el milagro.
Al final, los verdugos le cortaron la cabeza y uno de ellos llamado Celso, hijo de Marciano, se convirtió al cristianismo al ver la valentía y alegría con la que murió este amigo de Cristo. Estos acontecimientos se dieron alrededor del año 304. Santa Basilisa, en cambio, murió por causas naturales.

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08 enero
San Severino
Abad y Predicador
«Si quieren tener la bendición de Dios, respeten mucho los derechos de los demás”, decía San Severino, patrono de las ciudades de Viena en Austria y de Baviera, Alemania. Fue un hombre apasionado por el anuncio del Evangelio, y muy preocupado por la salvación de las almas. Llamaba constantemente a la conversión y a la penitencia. Además, tenía los dones de curación y consejo. La Iglesia católica celebra su fiesta el 8 de enero.
San Severino nació en Roma (c.410) y provenía de una familia noble y rica. Sin embargo, respondiendo al llamado de Dios, quiso apartarse del mundo y vivir como un eremita. Vivió como tal por unos años, hasta que, conmovido por la destrucción y muerte que dejaban los invasores bárbaros, decidió ponerse al servicio de las poblaciones devastadas. Así, abandonó las tierras circundantes a Roma y se fue a predicar a orillas del río Danubio entre Austria y Alemania.
En esa región, aún provincia del Imperio romano, se estableció en la ciudad de Asturis (o Asturia), donde profetizó a los pobladores que si los no dejaban los vicios y se dedicaban a rezar más, con sacrificios y obras de caridad, sufrirían un terrible castigo. Nadie le tomó importancia. Tal rechazo lo motivó a irse a Cumana (o Cumagenis), una provincia cercana. No pasaría mucho tiempo para que las hordas de los hunos llegasen desde Hungría. Astura quedó semidestruida y su población masacrada.
En Cumagenis, Severino también profetizó castigos si los pobladores no se convertían. Nadie le creía, por lo que parecía que podía correr la misma suerte de Asturis, hasta que un sobreviviente de dicha ciudad llegó a Cumanegis y contó lo sucedido, cómo nadie hizo caso de las advertencias de San Severino. Por no escuchar al hombre que los quería ayudar, no se prepararon para defender sus tierras, siguieron viviendo frívolamente y de esa manera llegados los hunos cometieron un sinnúmero de atrocidades sin encontrar resistencia. En Comagenis, los pobladores se fueron a orar a los templos, cerraron cantinas y lugares de mal vivir y cambiaron su conducta haciendo sacrificios y penitencia. La población, aleccionada, se organizó para defenderse y detener la invasión. Lamentablemente todo esfuerzo en ese sentido parecía insuficiente. Es allí que sucedió algo que cambió el curso de los acontecimientos. Estando cerca los bárbaros, un tremendo terremoto se produjo en la región, aterrorizando a los hunos, quienes consideraron esto como un signo de mal augurio. Entonces decidieron huir y no entrar a la ciudad.
San Severino se hizo del respeto de todos, incluso entre los bárbaros. Muchas autoridades civiles e imperiales le manifestaron respeto. Fue él quien se convirtió en el intercesor y defensor de los que sufrían las consecuencias de las invasiones. Su fama se acrecentó porque hizo muchos milagros entre los enfermos. Sin embargo, no fue un “simple” taumaturgo. También enseñaba que a veces Dios permite el sufrimiento como un medio para alcanzarlo. Precisamente, hay una historia que la tradición recuerda en la que le dice a su discípulo Bonoso: “Enfermo puedes llegar a ser santo. Pero si estás muy sano te vas a perder». Por 40 años, Bonoso sufrió una enfermedad incurable y Dios quiso que fuese el camino por el que llegó a alcanzar la santidad. A San Severino le gustaba repetir frases de la Biblia y recordaba siempre que todo pecado trae consecuencias y, en muchas oportunidades, por la gravedad o insistencia en la falta, vienen castigos del cielo.
Durante 30 años se dedicó a fundar monasterios. Severino recorría descalzo las inmensas llanuras de Austria y Alemania, incluso en las heladas nieves. Su sencillez en el vestir, su túnica desgastada y vieja, y su espíritu de servicio le ganó el respeto de todos.
El 6 de enero del 482, tuvo una premonición sobre su propia muerte, así que mandó a llamar a las autoridades civiles de la ciudad de Nórico (provincia del Imperio donde vivía en ese tiempo) para pedirles que respeten los derechos de los demás si querían tener la bendición de Dios. “Ayuden a los necesitados y esmérense por ayudar todo en todo lo posible a los monasterios y a los templos».
Murió el 8 de enero del 482 pronunciando las palabras del Salmo 150: «Todo ser que tiene vida, alabe al Señor». Seis años su tumba fue abierta y encontraron su cuerpo incorrupto. Le levantaron los párpados y vieron que sus ojos azules aún brillaban. Sus reliquias se encuentran hoy en Nápoles.
(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-la-iglesia-universal-celebra-a-san-severino-69121)