15 febrero, 2024

San Claudio de la Colombiere, apóstol del Sagrado Corazón de Jesús

 San Claudio de la Colombiere

¡Oh!, San Claudio de la Colombiere, vos, sois el hijo del Dios
de la Vida y su amado santo, que fuisteis director espiritual
de Santa Margarita María Alacoque, propagadora de la devoción
al Sagrado Corazón de Jesús. Al principio erais temeroso de
entrar a una comunidad religiosa, pero vuestro paso por un
colegio jesuita, os dio entusiasmo y luego ser religioso jesuita.
El año en que declararon santo a Francisco de Sales, os dieron
la responsabilidad de hacer el sermón ante las religiosas Salesas
o de la Visitación, brillando de manera divina, porque cada
sermón lo preparabais con esmero, escribiéndolos antes de
pronunciarlos. En Avignon, en Inglaterra, y en París, vos
impresionasteis a los que os escuchaban. En medio de ellos,
descubristeis vuestra devoción al Sagrado Corazón de Jesús,
tomado de las revelaciones que recibisteis de Santa Margarita.
A la edad de Cristo, propusisteis hacer un mes de Retiros
Espirituales y luego, morir al mundo y a sus vanidades y os
dedicasteis a la oración, a la vida interior, a la predicación,
a la enseñanza del catecismo, y a dirigir cuantas más almas
pudieseis por el camino de la santificación. Santa Margarita
escribió: “El Padre Claudio vino a predicarnos un sermón,
y mientras él hablaba oí en mi corazón que Jesucristo me decía:
He aquí al sacerdote que te he enviado’. Después del sermón
fui a confesarme con él, y me trató como si ya estuviera
enterado e informado de lo que me estaba sucediendo. En la
segunda confesión que hice con él, le informé que yo sentía
una gran aversión y repugnancia a confesarme, y me dijo que
me felicitaba por esto, pues con vencer la tal aversión podía
cumplir aquel mandato de Jesús, que dice: ‘El que quiera
seguirme, que se niegue a sí mismo’. Este piadoso sacerdote
me fue guiando con gran sabiduría, y demostrando un gran respeto
por mi alma me fue diciendo todo lo bueno y lo malo que había
en mi corazón, y con sus consejos me consoló muchísimo. Me
insistía continuamente que aceptara cada día el que se cumpliera
en mí todo lo que la Santa Voluntad de Dios permitiera que
me sucediera, y me enseñó a apreciar los dones de Dios y a
recibir las comunicaciones divinas con fe y humildad”. El
Sagrado Corazón, os escogió para haceros sus revelaciones y
dedicaros toda vuestra vida en propagar por todas partes la
devoción del Corazón de Jesús. Vuestro tema favorito era la
devoción al Sagrado Corazón, pero los protestantes, os
inventaron calumnias y fuisteis preso y condenado a muerte.
Pero, intervino a favor vuestro el rey Luis catorce de Francia,
quien os salvó, y fuisteis expulsado de Inglaterra a Paray le
Monial, donde se propagó a todo el mundo la devoción al Corazón
de Jesús. Santa Margarita os anunció que vos, moriríais en
aquella ciudad, y así sucedió, volando vuestra alma al cielo,
luego de haberla gastado en buena lid, para recibir corona
de luz y eternidad. Y, Margarita recibió una revelación en la
cual se le decía que vos, estabais ya en el cielo. El Papa
Juan Pablo II, os declaró santo, para gloria del Dios de la Vida;
¡Oh!, San Claudio, «Vivo apóstol del Vivo Sagrado Corazón de Jesús».


© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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15 de Febrero
San Claudio de la Colombiere
(año 1682)

En la Iglesia Católica hay 12 santos que se llaman Claudio, y éste es el más moderno. Tiene el honor de haber sido el director espiritual de la propagadora de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, Santa Margarita María Alacoque. Nació cerca de Lyon, en Francia, en 1641. De familia muy piadosa y acomodada, al principio sentía mucho temor a entrar a una comunidad religiosa. Pero llevado a estudiar a un colegio de los Padres Jesuitas, adquirió un enorme entusiasmo por esta Comunidad y pidió ser admitido como religioso jesuita. Fue admitido y en la ciudad de Avignon hizo su noviciado y en esa misma ciudad dio clases por bastantes años.


El año en que fue declarado santo San Francisco de Sales (1665) los superiores encomendaron a Claudio de la Colombiere que hiciera el sermón del nuevo santo ante las religiosas Salesas o de la Visitación. Y en aquella ocasión brillaron impresionantemente las cualidades de orador de este joven jesuita, y las religiosas quedaron muy entusiasmadas por seguir escuchando sus palabras. El Padre Claudio preparaba con mucho esmero cada uno de sus sermones, y los escribía antes de pronunciarlos. No los leía al público, porque la lectura de un sermón le quita muchísima de su vitalidad, pero antes de proclamarlos se esmeraba por ponerlos por escrito. En Avignon, en Inglaterra, y en París impresionó muy provechosamente a los que lo escuchaban predicar. Uno de los más provechosos descubrimientos de su vida fue el de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, tomado de las revelaciones que recibió Santa Margarita.

Cuando Claudio cumplió los 33 años (edad en que murió Cristo) se propuso, después de hacer un mes de Retiros Espirituales, morir al mundo y a sus vanidades y dedicarse totalmente a la oración, a la vida interior, a la predicación y a la enseñanza del catecismo, y a dirigir cuantas más almas pudiera, por el camino de la santificación. En 1675 el Padre Claudio fue nombrado superior del colegio de los jesuitas en Paray le Monial, la ciudad donde vivía Santa Margarita.

Esta santa se encontraba en un mar de dudas, y no hallaba un director espiritual que lograra comprenderla. Le había contado a un sacerdote las revelaciones y apariciones que le había hecho el Sagrado Corazón de Jesús, pero aquel sacerdote, que sabía poco de mística, le dijo que todo eso eran engaños del demonio. Entonces ella se dedicó a pedirle a Nuestro Señor que le enviara un santo y sabio sacerdote que la comprendiera, y su oración fue escuchada. Escribe así Santa Margarita: “El Padre Claudio vino a predicarnos un sermón, y mientras él hablaba oí en mi corazón que Jesucristo me decía: ‘He aquí al sacerdote que te he enviado’. Después del sermón fui a confesarme con él, y me trató como si ya estuviera enterado e informado de lo que me estaba sucediendo. En la segunda confesión que hice con él le informé que yo sentía una gran aversión y repugnancia a confesarme, y me dijo que me felicitaba por esto, pues con vencer la tal aversión podía cumplir aquel mandato de Jesús que dice: ‘El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo’. Este piadoso sacerdote me fue guiando con gran sabiduría, y demostrando un gran respeto por mi alma me fue diciendo todo lo bueno y lo malo que había en mi corazón, y con sus consejos me consoló muchísimo. Me insistía continuamente que aceptara cada día el que se cumpliera en mí todo lo que la Santa Voluntad de Dios permitiera que me sucediera, y me enseñó a apreciar los dones de Dios y a recibir las comunicaciones divinas con fe y humildad”. Claudio no sólo dirigió espiritualmente a la santa que el Sagrado Corazón escogió para hacerle sus revelaciones sino que dedicó toda su vida restante y sus muchas energías en propagar por todas partes la devoción del Corazón de Jesús. Fue enviado el santo sacerdote a Inglaterra, y allí, como predicador de los altos empleados del gobierno, logró muchas conversiones de protestantes hacia el catolicismo.

Su tema favorito era la devoción al Sagrado Corazón. Pero los protestantes, que eran muy poderosos en aquel país, le inventaron toda clase de calumnias y obtuvieron que fuera puesto preso y condenado a muerte. Sólo la intervención del rey Luis XIV de Francia logró que no lo mataran.

Pero los meses pasados en la prisión le destruyeron casi por completo su salud. Fue expulsado de Inglaterra a Paray le Monial, la ciudad desde donde se propagó a todo el mundo la devoción al Corazón de Jesús. Santa Margarita le anunció que él moriría en aquella ciudad, y así sucedió el 15 de febrero del año 1682. Santa Margarita recibió una revelación en la cual se le decía que el Padre Claudio estaba ya en el cielo. El Papa Juan Pablo II lo declaró santo en 1992.

(http://www.ewtn.com/spanish/saints/Claudio_de_la_Colombiere.htm)


14 febrero, 2024

San Valentín Obispo, Mártir Patrón de los hogares y del amor conyugal

 Puede ser una imagen de 2 personas y texto que dice "14 de Febrero SAN VALENTÍN Patrono de los enamorados Arriesgó su vida para unir en Matrimonio a todas las parejas enamoradas y les regalaba flores ¡Feliz día del Amor y la Amistad!"

 

 ¡Oh!, San Valentín, vos, sois el hijo del Dios de la Vida,
su amado santo y mártir y que, de manera solícita abrazasteis
la gloriosa Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, y que, de amor
lleno, difundisteis con fervor las gracias que, por vuestra fe,
Aquél que todo lo ve y juzga, os dio para su eterna gloria.
“Si conocierais, señor, el don de Dios, y quién es Aquel a quien
yo adoro, os tendríais por feliz en reconocer a tan soberano
dueño, y abjurando del culto de los falsos dioses adoraríais
conmigo al solo Dios verdadero”. Así, os respondisteis al impío
emperador. Y, así, antes de vuestro martirio os pusieron a prueba
vuestra fe, para que devolvieses la visión a la hija del juez.
Y, vos, clamando a Dios, dijisteis: “Tú que eres, Señor, la luz
verdadera, no se la niegues a ésta tu sierva”. Y, Él, os escuchó,
ante la mirada absorta de vuestros captores. Y, aquella niña
inocente, volvió a la luz y, por ella, a su incrédula familia
convertisteis y a quienes os vieron, antes de marcharos
a la gloria de Dios. Y, vos, después de haberos sido encarcelado,
de cadenas cargado, y apaleado con varas nudosas hasta los huesos
quebraros, vuestra alma, voló rauda al cielo, luego de que os
degollaron para, corona de luz recibir, como justo premio
a vuestra entrega de amor. San Francisco de Sales, con juicio
y exquisitez a los jóvenes comprometidos, aconseja que vuestras
santas virtudes se imiten, rogando a vos, que alcancéis del
Señor, a la juventud cristiana que al matrimonio camina,
el don del puro amor, el amor santificador de la vida familiar.
Patrón de los hogares y del amor conyugal y de los enamorados;
¡oh!, San Valentín, «vivo Amor por la familia y los enamorados».

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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14 de Febrero
San Valentín
Obispo y Mártir
Patrón de los hogares y del amor conyugal

Mártir en Roma a finales del siglo III. Entre el pueblo, el día de San Valentín está considerado como «día de la suerte», sobre todo en Alemania; y en Francia, Bélgica, Inglaterra y especialmente América, como «día de los enamorados», en que éstos se hacen promesas, felicitaciones y regalos. Esta costumbre y aquella supersticiosa idea, obedecen a diversos orígenes folklóricos y también al prestigio popular del Santo como milagrero.

El árbol maravilloso del Cristianismo necesita siempre del riego fertilizante de la sangre de los mártires. Árbol que brotó de las ondas de un manantial divino en la cima del Calvario, sus primeros brotes adquirieron vigor y frescura en las rojas oleadas que alzaron las persecuciones de los primeros siglos de la Iglesia.

En sus tiempos primitivos, como en el siglo XX, en que vivimos, el cristianismo sigue vigorizándose con la sangre de sus héroes. Nunca han faltado ni jamás faltarán en la Iglesia de Cristo estos testigos de fe, que llegan hasta la generosa entrega de la vida.

La mayor parte de noticias que de San Valentín romano han llegado hasta nosotros proceden de unas actas apócrifas; por esta causa se hace difícil conocer con exactitud su vida e incluso distinguir entre los hechos que realmente le pertenecen y los de las vidas de otros varios santos que llevan su mismo nombre y que la iglesia desde muchos siglos venera también como mártires. Reseñaremos los que se le atribuyen unánimemente.

Con todo, lo importante en la historia de San Valentín, como en la vida de cuantos cristianos han sido elevados por la Iglesia al honor de los altares, es que seamos capaces de captar la lección que nos traen y que es, en definitiva, el fin principal que la ha movido a darles culto.

San Valentín es para nosotros una ciertísima lección de vida cristiana, llevada hasta el heroísmo, hasta la más plena identificación con Cristo: el martirio.

Situémonos a finales del siglo III. Es la era de los mártires. Por todo el Imperio romano corre el huracán de la persecución.

Valentín, presbítero romano, residía en la capital del Imperio, reinando Claudio II. Su virtud y sabiduría le habían granjeado la veneración de los cristianos y de los mismos paganos. Por su gran caridad se había hecho merecedor del nombre de padre de los pobres.

No podía ser desconocida de la corte imperial la influencia que ejercía en todos los ambientes romanos, y quiso el mismo emperador conocerlo personalmente. Valentín, en aquella entrevista, no dejaría de interceder en favor de su fe católica y contra el estado de persecución en que a menudo se encontraba sumida la Iglesia.

El soberano, que estaba interesado en granjearse la amistad y la colaboración del inteligente sacerdote cristiano, escuchó con agrado sus razones. Por eso intentó disuadirle del que él creía exagerado fanatismo; a lo que replicó Valentín evangélicamente: «Si conocierais, señor, el don de Dios, y quién es Aquel a quien yo adoro, os tendríais por feliz en reconocer a tan soberano dueño, y abjurando del culto de los falsos dioses adoraríais conmigo al solo Dios verdadero».

Asistieron a la entrevista, un letrado del emperador y Calfurnio, prefecto de la ciudad, quienes protestaron enérgicamente de las atrevidas palabras dirigidas contra los dioses romanos, calificándolas de blasfemas. Temeroso Claudio II de que el prefecto levantara al pueblo y se produjeran tumultos, ordenó que Valentín fuese juzgado con arreglo a las leyes.

Interrogado por Asterio, teniente del prefecto, Valentín continuó haciendo profesión de su fe, afirmando que es Jesucristo «la única luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo».

El juez, que tenía una hija ciega, al oír estas palabras, pretendiendo confundirle, le desafió: «Pues si es cierto que Cristo es la luz verdadera, te ofrezco ocasión de que lo pruebes; devuelve en su nombre la luz a los ojos de mi hija, que desde hace dos años están sumidos en las tinieblas, y entonces yo seré también cristiano».

Valentín hizo llamar a la joven a su presencia, y elevando a Dios su corazón lleno de fe, hizo sobre sus ojos la señal de la cruz, exclamando: «Tú que eres, Señor, la luz verdadera, no se la niegues a ésta tu sierva».

Al pronunciar estas palabras, la muchacha recobró milagrosamente la vista. Asterio y su esposa, conmovidos, se arrojaron a los pies del Santo, pidiéndole el Bautismo, que recibieron, juntamente con todos los suyos, después de instruidos en la fe católica.

El emperador se admiró del prodigio realizado y de la conversión obrada en la familia de Asterio; y aunque deseara salvar de la muerte al presbítero romano, tuvo miedo de aparecer, ante el pueblo, sospechoso de cristianismo. Y San Valentín, después de ser encarcelado, cargado de cadenas, y apaleado con varas nudosas hasta quebrantarle los huesos, unióse íntima y definitivamente con Cristo, a través de la tortura de su degollación.

¿Por qué el folklore se ha venido aliando tan intensamente y en tantos países con la festividad de San Valentín romano? Y reduciendo la cuestión: ¿Por qué se atribuye a San Valentín el patronazgo sobre el amor humano, atribución que es, evidentemente, el origen y la explicación de todas las restantes manifestaciones de la devoción o de la simpatía popular al Santo?

Aparte la posible trasposición de algún hecho, tradición o leyenda, de otros Valentines al mártir de Roma, que explicaría ciertas expansiones, dicha atribución puede ser debida a dos motivos, separadamente considerables o perfectamente conjuntables:

1º Nuestro San Valentín fue martirizado en la Via Flaminia hacia el año 270, seguramente en los inicios de la primavera, cuando en la naturaleza se anticipa el júbilo expectativo de la fecundidad y de la pujanza. En los siglos antiguos y medievales, empiezan a venir a Roma numerosos peregrinos, entrando por la Puerta Flaminia, que se llamó Puerta de San Valentín, porque allí, en recuerdo de su martirio, el Papa Julio I, en el siglo IV, mandó construir en su honor una basílica.

Esos romeros coincidían con los días del aniversario del Santo; y de retorno a sus países, se llevarían de él o de su templo alguna reliquia o memoria. Ahora bien: no es cosa rara en la primitiva Iglesia el empeño de cristianizar fiestas o costumbres de matiz pagano, y en primavera no faltaban en la Roma gentílica festejos dedicados al amor y a sus divinidades. Fácilmente se inclinaría a los fieles a invocar a San Valentín —mártir primaveral— como protector del amor honesto. La invocación brotaría en Roma y sería transportada por los romeros a sus tierras y naciones, principalmente por los que cruzaban la Puerta Flaminia, norte arriba de Europa.

2º motivo: Hemos hecho notar el prestigio de que gozaba el Santo como sacerdote. ¡En cuántas familias sería efectiva su influencia, cuántos enlaces matrimoniales habría bendecido! Positivamente, no faltan noticias biográficas tradicionales que así lo afirman.

En las Catacumbas y en casas de cristianos, no sumarían cantidad exigua los que habían sido asistidos por su presencia presbiteral al unirse, por el Santo Sacramento que los hizo esposos. Es natural que, después de su martirio, se le adjudicase la advocación de Patrón de los hogares y del amor conyugal.

Trábense estas consideraciones, y quedarán perfectamente señalados los orígenes de la devoción típica y del costumbrario en homenaje al Santo.

Lo cierto es que éste se conserva floreciente en los países del Norte europeo y americano.

Cosa curiosa: ya en el siglo XVII, ciertos protestantes lo censuraban como de cuño papista y, al mismo tiempo, pagano. Le reconocía cierto matiz pagano, San Francisco de Sales. Pero, saturado como siempre de buen juicio y de exquisita prudencia, lo que hace él es aconsejar a los jóvenes prometidos que imiten las virtudes de San Valentín. Esto es lo que hay que desear, principalmente; rogando al excelso presbítero mártir que alcance del Señor, a la juventud cristiana que al matrimonio camina, el don del puro amor, santificador de la vida familiar.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)

13 febrero, 2024

Santas Fusca y Maura, amigas entrañables y mártires de la fe

 

¡Oh!Santas Fusca y Maura, vosotras sois las hijas del Dios
de la Vida, sus amadas santas y mártires, contemporáneas de
Santa Águeda, que entregasteis vuestras vidas, en la persecución
del impío Decio. Vos, Fusca nacisteis al interior de una
familia pagana de Rávena, mientras vos, Maura servisteis como
nodriza de Fusca, criándola y cuidándola durante su infancia
y adolescencia. A los quince años vos Fusca, le dijisteis
secretamente a Maura, que teníais el deseo de convertiros al
cristianismo y que, ambas se bautizaran. Vosotras buscaron
a un sacerdote llamado Hermoloa, quien os instruyó en la fe,
y os bautizó. Cuando vuestro padre, Fusca; se enteró de los
hechos, montó en rabia y cólera contra vos, Maura; juzgándoos
de no haber cumplido con vuestro trabajo. Luego os mandó a
ambas al sótano, donde quedaron encerradas tres días sin comer
ni beber, para que reflexionaran sobre vuestras decisiones.
Vuestro padre, Fusca; buscó mil medios para que vosotras,
volviesen a las prácticas idolátricas, pero nunca jamás os
doblegaron vuestra voluntad. Luego os denunció al gobernador
Quinciano, quien había condenado al martirio a Santa Águeda,
tiempo atrás. Con todo ello, vos, Fusca; os encomendasteis a
Dios y diciéndole a él, que no temíais a los tormentos o a
la muerte, pues por fe, sabíais que resucitaríais. Entonces
Quinciano lleno de rabia, ordenó vuestra detención, pero Dios,
os envió un ángel, que se puso al lado vuestro, y los soldados
llenos de pavor, no se atrevieron a ejecutar las órdenes.
Luego, vosotras acudieron voluntariamente al tribunal para
declarar que creían en Cristo Jesús, Dios y Señor Nuestro.
Como respuesta os flagelaron y asesinaron cruelmente.
Y, así, volaron vuestras almas al cielo para coronadas ser
con coronas de luz, como justo premio a vuestro amor y fe;
¡Oh! Santas Fusca y Maura, «vivas apóstoles del Dios Vivo»

© 2024 by Luis ernesto Chacón Delgado

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13 febrero 2023
Santas Fusca y Maura
Mártires

Santas Fusca y Maura fueron dos laicas, contemporáneas a Santa Águeda de Catania, que murieron mártires durante la persecución del emperador romano Decio, en el siglo III. Según la tradición, Fusca nació al interior de una familia pagana de Rávena en la antigua Roma. Mientras que Maura sirvió como nodriza de Fusca, criándola y cuidándola durante su infancia y adolescencia.

Cuando tenía 15 años, Fusca le dijo en secreto a Maura que tenía el deseo de convertirse al cristianismo y que ambas se bautizaran.

Buscaron a un sacerdote llamado Hermoloa, quien las instruyó en la fe y luego les administró el sacramento del bautismo.

Cuando el padre de Fusca se enteró de lo sucedido montó en cólera contra Maura, juzgándola de haber realizado mal su trabajo. Luego mandó a ambas al sótano, donde quedaron encerradas tres días sin comer ni beber a fin de que reflexionaran sobre su decisión.

El padre buscó por diversos medios devolver a su hija a las prácticas de la idolatría. Pero como no pudo doblegar su voluntad, la denunció al gobernador Quinciano, quien ya había condenado al martirio a Santa Águeda poco tiempo atrás.

A pesar de ello, Fusca se encomendó a Dios y dijo que no temía a los tormentos o la muerte, pues estaba segura que resucitaría.

Quinciano envió a sus secuaces para detener a Fusca y a su nodriza, pero a la vista de un ángel que estaba al lado de la joven, los soldados no se atrevieron a ejecutar las órdenes.

Fue necesario que las dos cristianas acudieran voluntariamente al tribunal para declarar que creían en Jesucristo.

Fueron cruelmente flageladas y luego asesinadas el 13 de febrero del año 251.


(https://www.aciprensa.com/noticias/hoy-es-la-fiesta-de-santas-fusca-y-maura-martires-del-siglo-iii-35315)


12 febrero, 2024

Santa Eulalia, Niña Mártir y Patrona de Barcelona

 

 Imagen

 ¡Oh!, Santa Eulalia, vos, sois la hija del Dios de la Vida,
y su amada santa y, que, alguna vez dijisteis: “Al sólo Dios
del cielo adoro, a El únicamente le ofreceré sacrificios y
le quemaré incienso. Y a nadie más”. Daciano, antes de ello,
intentó ofreceros regalos y haceros promesas de ayuda para
que vos, de opinión cambiarais, pero vos, más convencida
seguisteis de vuestra fe cristiana. Entonces, mostrándoos
como iba a torturaros os dijo: “De todos estos sufrimientos
te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les
quemas este poquito de incienso en los altares de ellos”.
Vos, entonces lanzasteis lejos el pan y, echasteis por el
suelo el incienso. Entonces, el juez pagano mandó que os
destrozaran golpeándoos con varillas de hierro y que os
colocasen antorchas encendidas en vuestras heridas. Vuestra
cabellera se incendió y vos, ahogada expirasteis. Por ello,
a vuestra protección a los jóvenes de nuestro tiempo os
encomendamos para que se opongan a quienes desean que su
vida la dediquen a la sensualidad, a las drogas, a vicios
repugnantes y a las malas amistades, pues lo que ellos matan,
no es el cuerpo, sino, la vida del alma, que es la vida misma
de Dios. Prudencio, el poeta, constancia dejó de que al
morir vos, vio la gente una blanca paloma que salió de
vuestra boca y, que, vuestros verdugos huyendo salieron llenos 
de pavor, por haberos matado. Y, de pronto, cubrió la nieve
vuestro cadáver y el suelo, hasta que os dieron sepultura
honrosa. Allí mismo, y en vuestro honor, se levantó un templo,
donde los peregrinos a orar llegan, ante vuestros restos.
Hoy, en la estancia celeste vivís, toda coronada de luz,
como premio justo a vuestra entrega increíble de grande amor;
¡oh!, Santa Eulalia; “vivo amor del Dios de la Vida y del Amor”.

© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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12 de Febrero
Santa Eulalia
Mártir
(año 304)

Oración

Joven mártir Eulalia; a tu protección encomendamos tantas personitas jóvenes que en este tiempo tienen que enfrentarse, no ya, a los perseguidores que matan a quienes se niegan a ofrecer sacrificios a los ídolos, sino que tienen que oponerse a quienes quieren que dediquen su vida a la sensualidad, a las drogas, a los vicios, a las malas amistades y al pecado, que son monstruos mucho peores que los ídolos, y son perseguidores más crueles que los que mataban el cuerpo, porque lo que ellos matan es la vida del alma. Santa Eulalia; te recomendamos a nuestra juventud que vive en medio de tantos peligros y que corre cada día el riesgo de ser infiel a Cristo. Que de tan grandes peligros nos libre siempre el Señor.

Eulalia significa: “la que habla bien” Eu = bien, Lal = hablar.
Santa Eulalia es una de las santas más famosas de España. Los datos acerca de su vida y de su muerte los encontramos en un himno que en honor de ella se escribe el poeta Prudencio en el siglo cuarto. Y allí se cuenta lo siguiente:

Cuando Eulalia cumplió los doce años apareció el decreto del emperador Diocleciano prohibiendo a los cristianos dar culto a Jesucristo, y mandándoles que debían adorar a los falsos ídolos de los paganos. La niña sintió un gran disgusto por estas leyes tan injustas y se propuso protestar entre los delegados del gobierno.

Viendo la mamá que la jovencita podía correr algún peligro de muerte si se atrevía a protestar contra la persecución de los gobernantes, se la llevó a vivir al campo, pero ella se vino de allá y llegó a la ciudad de Mérida.

Eulalia se presentó ante el gobernador Daciano y le protestó valientemente diciéndole que esas leyes que mandaban adorar ídolos y prohibían al verdadero Dios eran totalmente injustas y no podían ser obedecidas por los cristianos.

Daciano intentó al principio ofrecer regalos y hacer promesas de ayudas a la niña para que cambiara de opinión, pero al ver que ella seguía fuertemente convencida de sus ideas cristianas, le mostró todos los instrumentos de tortura con los cuales le podían hacer padecer horriblemente si no obedecía a la ley del emperador que mandaba adorar ídolos y prohibía adorar a Jesucristo. Y le dijo: “De todos estos sufrimientos te vas a librar si le ofreces este pan a los dioses, y les quemas este poquito de incienso en los altares de ellos”.

La jovencita lanzó lejos el pan, echó por el suelo el incienso y le dijo valientemente: “Al sólo Dios del cielo adoro; a El únicamente le ofreceré sacrificios y le quemaré incienso. Y a nadie más”.

Entonces el juez pagano mandó que la destrozaran golpeándola con varillas de hierro y que sobre sus heridas colocaran antorchas encendidas. La hermosa cabellera de Eulalia se incendió y la jovencita murió quemada y ahogada por el humo.

Dice el poeta Prudencio que al morir la santa, la gente vio una blanquísima paloma que volaba hacia el cielo, y que los verdugos salieron huyendo, llenos de pavor y de remordimiento por haber matado a una criatura inocente. La nieve cubrió el cadáver y el suelo de los alrededores, hasta que varios días después llegaron unos cristianos y le dieron honrosa sepultura al cuerpo de la joven mártir. Allí en el sitio de su sepultura se levantó un templo de honor de Santa Eulalia, y dice el poeta que él mismo vio que a ese templo llegaban muchos peregrinos a orar ante los restos de tan valiente joven y a conseguir por medio de ella muy notables favores de Dios.

El culto de Santa Eulalia se hizo tan popular que hasta el gran San Agustín hizo sermones en honor de esta joven santa. Y en la muy antigua lista de mártires de la Iglesia Católica, llamada “Martirologio romano”, hay esta frase: “el 12 de febrero, se conmemora a Santa Eulalia, mártir de España, muerta por proclamar su fe en Jesucristo”.

Dijo Jesús: Quien sacrifica su vida por mi, la ganará para la vida eterna.

(http://www.ewtn.com/spanish/Saints/Eulalia.htm)


11 febrero, 2024

Domingo 6 (B) del tiempo ordinario

 Jesús y el leproso, o la ecología de la economía | Cristianismo y ecología

11 de Febrero
Domingo 6 (B) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 1,40-45): En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso suplicándole, y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio». Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.

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«Si quieres, puedes limpiarme»

Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos invita a contemplar la fe de este leproso. Sabemos que, en tiempos de Jesús, los leprosos estaban marginados socialmente y considerados impuros. La curación del leproso es, anticipadamente, una visión de la salvación propuesta por Jesús a todos, y una llamada a abrirle nuestro corazón para que Él lo transforme.

La sucesión de los hechos es clara. Primero, el leproso pide la curación y profesa su fe: «Si quieres, puedes limpiarme» (Mc 1,40). En segundo lugar, Jesús -que literalmente se rinde ante nuestra fe- lo cura («Quiero, queda limpio»), y le pide seguir lo que la ley prescribe, a la vez que le pide silencio. Pero, finalmente, el leproso se siente impulsado a «pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia» (Mc 1,45). En cierta manera desobedece a la última indicación de Jesús, pero el encuentro con el Salvador le provoca un sentimiento que la boca no puede callar.

Nuestra vida se parece a la del leproso. A veces vivimos, por el pecado, separados de Dios y de la comunidad. Pero este Evangelio nos anima ofreciéndonos un modelo: profesar nuestra fe íntegra en Jesús, abrirle totalmente nuestro corazón, y una vez curados por el Espíritu, ir a todas partes a proclamar que nos hemos encontrado con el Señor. Éste es el efecto del sacramento de la Reconciliación, el sacramento de la alegría.

Como bien afirma san Anselmo: «El alma debe olvidarse de ella misma y permanecer totalmente en Jesucristo, que ha muerto para hacernos morir al pecado, y ha resucitado para hacernos resucitar para las obras de justicia». Jesús quiere que recorramos el camino con Él, quiere curarnos. ¿Cómo respondemos? Hemos de ir a encontrarlo con la humildad del leproso y dejar que Él nos ayude a rechazar el pecado para vivir su Justicia.

Pensamientos para el Evangelio de hoy

  • «El amor de Cristo nos estimula y apremia a correr y volar con las alas del santo celo. Y, si uno no tiene celo, es señal cierta que tiene apagado en su corazón el fuego del amor, la caridad» (San Antonio Mª Claret)

  • «Jesús en su pasión llegó a ser como un ‘leproso’, hecho impuro por nuestros pecados, para obtenernos el perdón y la salvación» (Benedicto XVI)

  • «Jesús se aparta con frecuencia a la soledad en la montaña, con preferencia por la noche, para orar. Lleva a los hombres en su oración, ya que también asume la humanidad en la Encarnación, y los ofrece al Padre, ofreciéndose a sí mismo (…)» (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2602)

    (https://evangeli.net/evangelio/dia/2024-02-11) 


10 febrero, 2024

San José Luís Sánchez del Río, Mártir de la Guerra Cristera

 Grandes mensajes de la película de José Sánchez del Río | Desde la Fe

  

¡Oh! San José Luís Sánchez del Río, vos sois el hijo
del Dios de la Vida y su amado mártir. Desde pequeño
disteis muestras de fervor religioso y compromiso con
la Iglesia Católica, que se hallaba sometida a un
anticlericalismo. De pronto Calles, ordenó suspender
el culto público en vuestro país y vos, niño aún,
unisteis vuestra voz de protesta, al lado de laicos,
presbíteros y religiosos que tomando las armas en sus
manos se levantaron en defensa de la fe en Jesucristo.
A todos vosotros, os conocemos como “cristeros”. El
monigote Calles, decidió imponer su ley, para sofocar
la insurgencia, produciéndose la guerra civil, un baño
verdadero de sangre, en la que las milicias cristeras
llevaron la peor parte. La “Cristiada” sacrificó miles
y miles de cristianos, por la defensa de la fe en Cristo.
Vuestros hermanos, se unieron al grupo, pero vos, por
ser menor de edad, y porque vuestra madre os lo prohibió
en varias veces, solo logró que vos dijeses lleno de
emoción y fe: "Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse
el cielo como ahora,  y no quiero perder la ocasión".
Y, así, y ante las lágrimas de vuestra santa madre, os
enlistasteis bajo las órdenes del general Prudencio
Mendoza, jefe de la milicia cristera, con el vivo deseo
de contribuir a ‘la defensa de la causa de Cristo y
de su Iglesia’. Y hubo batalla, y qué batalla. Ambos
bandos se enfrentaron y tras ella, vos, fuisteis hecho
prisionero y os condujeron a la parroquia de Sahuayo,
donde quedasteis detenido. Y, allí, escribisteis a
vuestra amada madre despidiéndoos así: «Querida mamá:
Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que en
los momentos actuales voy a morir, pero no importa, mamá.
Resígnate a la voluntad de Dios. No te preocupes por mi
muerte, que es lo que me mortifica; antes diles a mis
hermanos que sigan el ejemplo que les dejó su hermano el
más chico. Y tú haz la voluntad de Dios, ten valor y
mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Saluda
a todos por última vez. Y tú, recibe el corazón de tu hijo,
que tanto te quiere y, verte, antes de morir, deseaba».
Antes de morir, os torturan y vuestros verdugos os
exigieron que renegaseis de vuestra fe y así salvar
vuestra vida, pero vos, os negasteis y os desollaron la
planta de los pies y así os condujeron descalzo hasta
el lugar de vuestra tumba. Mientras caminabais, vos,
orabais, rezabais y gritabais “¡Viva Cristo Rey y la
Virgen de Guadalupe!”. Os colgaron de un árbol y os
apuñalaron hasta que perdierais la vida. Uno de vuestros
verdugos llamado el Zamorano, os descolgó y os preguntó
qué mensaje quería que le diesen a vuestros padres. Y,
vos, agonizante respondisteis: “Que viva Cristo Rey, y que
en el cielo nos veremos”. Oída la respuesta, os dio un
tiro en la sien. Y así, voló vuestra alma al cielo, para
coronada ser con corona de luz y eternidad, por vuestro
increíble amor a Jesús, Dios y Señor Nuestro. ¡Aleluya!
¡Oh! San José Sánchez del Río, "vivo Amor del Dios Vivo".


© 2024 by Luis Ernesto Chacón Delgado
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10 de Febrero
San José Luís Sánchez del Río
Mártir de la Guerra Cristera
 
San José Luís Sánchez del Río, el niño mexicano que entregó la vida en el martirio durante la persecución religiosa desatada en México en la segunda década del siglo XX.
 
José Luis Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán (México). Fue el último de varios hermanos. Desde pequeño dio muestras de fervor religioso y compromiso con el catolicismo de su país, que se encontraba bajo la permanente amenaza del anticlericalismo imperante en los círculos de poder político.
 
Como muchos niños y jóvenes católicos del pueblo donde nació, José se unió a las ACJM (Asociación católica de juventud mexicana), organización fundada en 1913 por el sacerdote jesuita P. Bernardo Bergöend. A finales de la década de los veinte la ACJM se uniría a las protestas contra la denominada “Ley Calles”, hecha a la medida para cercenar la fe de un pueblo fervientemente católico como es el mexicano.
 
Ley Calles
 
En 1926, las leyes anticlericales del gobierno del presidente de México, Plutarco Elías Calles, obligaron a la Iglesia Católica a suspender el culto público en el país. En ese momento, José tenía apenas trece años y cinco meses.
 
Como respuesta a las disposiciones gubernamentales orientadas a restringir la libertad religiosa, laicos, presbíteros y religiosos decidieron levantarse en armas en defensa de la fe en Jesucristo. A este grupo de valientes católicos se les denominó “cristeros”. José, a pesar de su corta edad, terminaría formando parte de dicha milicia.
 
Producido el levantamiento de los cristeros, la orden del Presidente Calles fue imponer a cualquier costo la “Ley de tolerancia de cultos” (‘Ley Calles’) y sofocar cualquier insurgencia. La violencia con la que arremetió el ejército federal contra los fieles católicos fue tal que desató una guerra civil que no tardaría en convertirse en un baño de sangre, siendo las milicias cristeras las que llevaron la peor parte.
A esta guerra se le conoce como la “Guerra Cristera” o “Cristiada”; y se estima que fueron 250 mil personas las que perdieron la vida a causa de este conflicto entre los años 1926 y 1929.
El ‘fruto maduro’ de los Sánchez del Río
 
Los hermanos Sánchez del Río habían decidido unirse al grupo levantado en armas, pero por la corta edad de José, su madre le prohibió que siguiera a sus hermanos mayores. A pesar de los intentos de la mujer por disuadirlo, solo logró sacar de boca del jovencito las palabras que hoy lo identifican: "Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión".
 
“Joselito”, como le llamaban cariñosamente a José, se enlistó bajo las órdenes del general Prudencio Mendoza, jefe de la milicia cristera, con el deseo de contribuir a ‘la defensa de la causa de Cristo y de su Iglesia’.
 
¡Viva Cristo Rey!
 
El 6 de febrero de 1928 se produjo un duro enfrentamiento entre los cristeros y el ejército oficialista. Tras la batalla, San José Sánchez del Río fue capturado en Cotija y lo llevaron a la parroquia de Sahuayo, donde quedó detenido. Fue allí donde José escribió la célebre carta de despedida a su madre:
«Querida mamá: Fui hecho prisionero en combate en este día. Creo que en los momentos actuales voy a morir, pero no importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios. No te preocupes por mi muerte, que es lo que me mortifica; antes diles a mis hermanos que sigan el ejemplo que les dejó su hermano el más chico. Y tú haz la voluntad de Dios, ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Saluda a todos por última vez. Y tú, recibe el corazón de tu hijo, que tanto te quiere y, verte, antes de morir, deseaba».
 
El día 10 trasladaron a José rumbo a las instalaciones cercanas del ejército federal para torturarlo. Ese sería su último día de vida. José ya había cumplido los 14 años de edad. Sus verdugos, todos oficiales del gobierno del presidente Calles, le exigieron que reniegue de su fe a cambio de liberarlo; petición a la que el adolescente jamás accedió. Entonces le desollaron la planta de los pies y así lo condujeron descalzo hasta el lugar donde se hallaba la que sería su tumba. Mientras caminaba, ‘José Luis’ rezaba y gritaba “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”.
 
San José Luis fue colgado de un árbol ubicado frente al hoyo en tierra donde luego tiraron su cuerpo. Mientras era sometido a un ahorcamiento le daban de puñaladas. Finalmente, uno de los verdugos -al que llamaban ‘el Zamorano’- lo bajó y le preguntó qué mensaje quería que se le dé a sus padres. El niño respondió: “Que viva Cristo Rey, y que en el cielo nos veremos”. Oída la respuesta, el hombre le dio al santo un tiro en la sien.
 
Cristiada
 
San José Sánchez del Río fue beatificado en Guadalajara (México) el 20 de noviembre de 2005 por el Cardenal José Saraiva Martins, y canonizado en Roma (Italia) por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016 junto a otros seis beatos, entre ellos el sacerdote argentino ‘Cura Brochero’.
 
En el año 2012 fue estrenada “Cristiada”, una película que hace un recuento de varios momentos importantes de la Guerra Cristera y, en particular, de la participación en ella de personajes como el Beato Anacleto González, San José Sánchez del Río y otros santos mártires mexicanos.



09 febrero, 2024

Santa Apolonia Virgen y Mártir, Patrona de los Dentistas

Santa Apolonia

 ¡Oh!, Santa Apolonia, vos, sois la hija del Dios de la Vida
y su amada santa. Cristiana y bautizada desde pequeña os
educaron en la fe de vuestros padres, y más tarde decidisteis
quedaros sin matrimonio así, donando así, vuestra santa vida
a Jesús. Un día, casi de la nada, sale a la calle un poeta
y cantando va malos augurios; metido estaba en la magia y en
las vías y plazas alejandrinas grita los males, catástrofes
y calamidades que sobrevendrán a la ciudad si no se extermina
a los cristianos. El obispo Dionisio Alejandrino, relata esta
persecución así: Toman violentamente al anciano Metro y, sin
respetar sus canas; le exigen blasfemar contra Jesucristo y,
ellos, desalentándose con su negativa lo muelen a palos y pasan
a lapidarlo. Luego toman a la matrona Cointa, que es atada,
arrastrada y muerta a pedradas. De pronto la ciudad entera
arde, que parece en estado de guerra. La turba fuera de sí,
asalta las casas de los cristianos. A vos, os conocían por
vuestras obras de caridad, sólida virtud y vuestro retiro
en oración constante. Tiempo atrás, erais diaconisa de vuestra
iglesia local. Hoy, unas hordas os secuestran y pretenden
obligaros y os obligan a blasfemar contra Jesucristo. Pero
vos, fiel os negasteis a hacerlo, y entonces, con una piedra
os destrozan los dientes. Después os llevan fuera de la ciudad
amenazándoos con arrojaros al fuego, si no apostataseis. Vos,
entonces, pedís un tiempo a pesar del martirio, para reflexionar
y entráis en oración profunda. Luego, vos misma, con desprecio
a la vida y manifestando abiertamente de que vivir sin Dios
no vale; con valor y paso decidido, entrasteis en las llamas
con que os habían amenazado y donasteis así, vuestra santa vida
a quien os la dio: ¡Dios! Y, así, voló vuestra alma al cielo,
para corona de luz recibir, como justo premio a vuestra entrega
de amor y fe. Abogada contra todos los males de dientes y muelas,
Patrona Santa de todos los odontólogos del orbe de la tierra;
¡Oh!, Santa Apolonia, “vivo Amor y Fidelidad al Dios Vivo y eterno".

© 2024 by Luis ernesto Chacón Delgado
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9 de Febrero
Santa Apolonia
Virgen y Mártir, Patrona de los Dentistas

Martirologio Romano: En Alejandría, en Egipto, conmemoración de santa Apolonia, virgen y mártir, la cual, después de haber sufrido muchos y crueles tormentos por parte de los perseguidores, para no verse obligada a proferir palabras impías prefirió entregarse al fuego antes que ceder en su fe (c. 250).


Etimología: Apolonia = Aquella que desciende de Apolo, es de origen griego.

Sucedió en tiempos del emperador Felipe que es una época suave en la práctica de la fe cristiana. El lugar de los acontecimientos es Alejandría y por el año 248, previo a la persecución de Decio.

Sale a la calle un poeta con aires de profeta de males futuros; practicaba la magia, según se dice; va por las vías y plazas alejandrinas publicando, como agorero de males, las catástrofes y calamidades que van a sobrevenir a la ciudad si no se extermina de ella a los cristianos. No se sabe qué cosas dieron motivo para predecir esos tiempos aciagos, pero la verborrea produjo su efecto. El obispo Dionisio Alejandrino es el que relata el comienzo de la persecución. Tomaron violentamente al anciano Metro, sin respetar sus canas; le exigen blasfemias contra Jesucristo, se desalientan con su firmeza y acaban moliéndolo a palos y lapidándolo a las afueras de la ciudad. Luego van a por la matrona Cointa que es atada, arrastrada y también muerta a pedradas. Ahora la ciudad parece en estado de guerra; han crecido los tumultos; la gente va loca asaltando las casas donde puede haber cristianos. Se multiplican los incendios, los saqueos y la destrucción.

En Alejandría vive una cristiana bautizada desde pequeña y educada en la fe por sus padres; en los tiempos de su juventud decidió la renuncia voluntaria al matrimonio para dar su vida entera a Jesús. Se llama Apolonia y ya es entrada en años; los que la conocen saben mucho de sus obras de caridad, de su sólida virtud y de su retiro en oración; incluso presta ayuda a la iglesia local como diaconisa, según se estila en la antigüedad. Las hordas incontroladas la secuestran y pretenden obligarla a blasfemar contra Jesucristo. Como nada sale de su boca, con una piedra le destrozan los dientes. Después la llevan fuera de la ciudad amenazándola con arrojarla a una hoguera, si no apostata. Pide un tiempo para reflexionar. Se abisma en oración. Luego, ella misma es la que, con desprecio a la vida que sin Dios no vale, con paso decidido, pasa ante sus asombrados verdugos y entra en las llamas donde murió.

Los cristianos recogieron de entre las cenizas lo poco que quedó de sus despojos. Los dientes fueron recogidos como reliquias que distribuyeron por las iglesias.

Su representación iconográfica posterior la presenta sufriendo martirio de manos de un sayón que tiene una gran piedra en la mano para impartir el golpe que le destrozó la boca. Por eso es abogada contra los males de dientes y muelas.

También a nosotros nos asombra la decisión de santa Apolonia por parecerse al suicidio. Algún magnánimo escritor habla de que «eso sólo es lícito hacerlo bajo una inspiración de Dios». Desde luego es susceptible de más de una glosa. Sólo que los santos, tan extremosamente llenos de Dios, adoptan en ocasiones actitudes inverosímiles y desconcertantes bajo el aguijón del Amor y ¡quien sabe si esas son «locuras» sólo para quien no tiene tanto amor! Al fin y al cabo, cada santo es el misterio de responder sin cuento a Dios.

(http://es.catholic.net/santoraldehoy/)